sábado, 18 de agosto de 2018

Notas varias, 3i.





Juan de Vidales, defensor de Bienes de difuntos, por los del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en la causa con el bachiller Sebastián Sánchez, su albacea, sobre que dé cuenta de ellos en este Juzgado y de haberlos enviado a Castilla a la mujer e hijos del dicho doctor difunto que están en la ciudad de Sevilla, y aunque se le mandó y notificó muchas veces en su vida nunca hizo ni cumplió, y ahora ha pocos días que murió, y dejó por su albacea al contador Pedro de la Cerra (1), el cual como tal debe y ha de dar la dicha cuenta por el dicho bachiller Sebastián Sánchez, albacea del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete, a V. S. pido y suplico mande que el dicho contador Pedro de la Cerra, como albacea que es del dicho bachiller Sebastián Sánchez, difunto, dé la dicha cuenta de los bienes del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete en este Juzgado, donde está el testamento, inventario y almonedas del dicho doctor, para que se envíen a los Reinos de Castilla a su mujer y herederos, y pido justicia, Juan de Vidales.
Auto. En la ciudad de México a 16 de marzo de 1627 ante el señor don Diego de Avendaño, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandó que el dicho contador Pedro de la Cerra, albacea del bachiller Sebastián Sánchez, difunto, el cual lo había sido del doctor Francisco Ortiz Navarrete, exhiba sus testamentos e inventarios y almonedas, o dé razón porqué no lo debe hacer, y así lo proveyó y mandó ante mí, Pedro López Velarde.

(1) Pedro de la Cerra Sañudo. "A building for theatrical purposes was erected in the patio of the Hospital Real de los Indios, which was on San Juan de Leltrán Street, south of the Franciscan Monastery; but this was destroyed by the inundation of 1629, and a new one begun some ten years later. (Pedro de la Cerra Sañudo to the viceroy, November 15, 1638, in Historia 467, Exp. 1. The plan of this theater was published by Luis González Obregón in his México Viejo, México, 1900, pág. 332). The Theater in New Spain in the Early Eighteenth Century. Jefferson Rea Spell. Hispanic Review, tomo 15, nº 1, 1947, pág. 137.

En la ciudad de México a 6 de mayo de 1627 notifiqué la petición de esta otra parte y auto de arriba a ella proveído al contador Pedro de la Cerra como albacea que dicen es del licenciado Sebastián Sánchez, difunto, que el susodichos lo fué del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, y dijo que lo oye, testigos el contador Andrés Gutiérrez, de lo que de ello doy fé. Sebastián Jiménez, escribano de Su Majestad.

El contador Pedro de la Cerra, digo que como albacea del licenciado Sebastián Sánchez, que lo fue del doctor Francisco Ortiz Navarrete, se me ha notificado por mandado de V. S. exhiba el testamento del dicho doctor Navarrete, en cuyo cumplimiento lo presento ante V. S., a quien suplico le haya por presentado y mande declarar haber cumplido con lo que por parte de V. S. se mandó, y pido justicia. Pedro de la Cerra.
Auto. En la ciudad de México a 3 de julio de 1627, ante el señor doctor don Diego de Avendaño, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandó dar traslado al defensor de este Juzgado, y así lo proveyó y mandó. Pedro López Velarde. En la ciudad de México a 15 de octubre de 1625 ante el señor don Francisco Dávila, Corregidor en ella por su Majestad, se leyó esta petición: Agustín Díez en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, capellán del señor Marqués de Gelves, albacea del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, digo que al derecho de mi parte conviene que el presente escribano público me dé un traslado del inventario que hizo de los bienes que quedaron del dicho difunto, y asimismo quedando un traslado en su poder del testamento que el dicho difunto otorgó, se me devuelva el original, que mi parte tiene presentado ante el dicho Juzgado, y un traslado de la almoneda que se hizo de los bienes del dicho difunto, y asimismo otro traslado de dos memorias que ante el dicho escribano están, donde se declaran los bienes que los herederos del dicho difunto sacaron, todo lo cual quiere para en guarda de su derecho; por tanto a V. M. pido y suplico mande se me dén los dichos traslados autorizados en pública forma, para el dicho efecto, y pido justicia. Agustín Díez.
Auto. El señor Corregidor mandó que Esteban Pérez de Angulo, escribano público, dé al dicho licenciado Sebastián Sánchez el traslado del inventario y almoneda y memorias y testamento que esta parte refiere, autorizados en pública forma para el efecto que lo pide, y haga la fé que hubiere lugar de derecho. Don Francisco Dávila. Juan Pérez de Rivera, escribano público.
En cumplimiento de lo cual yo Esteban Pérez de Angulo, escribano público del número de esta ciudad de México, de los recaudos que la petición refiere hice sacar un traslado, el tenor de los cuales es como se sigue: (y siguen copias de dichos documentos, que ya conocemos letra por letra, que son el testamento, el inventario, la almoneda, las cuentas de gastos de pregonero, escribano, indios auxiliares, etc., la memoria de la ropa, menudencias y otras cosas que sacaron los dos herederos, memoria de los pagos hechos para sus gastos, memoria de los gastos del enterramiento y cumplimiento de mandas, y del pleito con Bartolomé Ruiz de Navarrete).

Juan de Vidales, defensor de Bienes de difuntos, por los del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, en lo que tengo pedido que el contador Pedro de la Cerra dé cuenta de ellos como albacea que es del bachiller Sebastían Sánchez, que lo fué del dicho doctor Navarrete, y en su vida se le mandó y notificó y nunca lo hizo, habiendo presentado el testamento, inventario y almoneda que hizo de ellos, que están en este Juzgado, y en el proceso que a él se trajo de la Audiencia Ordinaria adonde pasaba, por lo cual ahora yo no pedí que el dicho Pedro de la Cerra lo exhibiese, sino que conforme a ellos dé la dicha cuenta en este Juzgado, como la había declarado el dicho Sebastián Sánchez, por ser en este tribunal la parte y lugar donde se debe y ha de dar, por estar la mujer y herederos del dicho doctor Navarrete en los Reinos de Castilla, y ahora el dicho Pedro de la Cerra ha exhibido otro traslado del dicho testamento del dicho doctor Navarrete, y el inventario y almoneda de ellos, lo cual no se debe recibir ni admitir,  pues no es menester, pues todo ello está en el proceso como va dicho, y no sevir sino de hacer más costas a los bienes, por tanto a V. S. pido y suplico mande que el dicho Pedro de la Cerra dé la dicha cuenta de los bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete conforme al testamento, inventario y almoneda que de ellos hizo el dicho Sebastián Sánchez, que por él están presentados en el proceso de esta causa, y que no se admitan ni pongan en el proceso los que ahora exhibe el dicho Pedro de la Cerra, pues que no son menester, pues son los mismos que están en el proceso y no servirá sino de hacer más costas a los dichos bienes, lo cual es en daño y perjuicio de ellos, sobre todo pido justicia. Juan de Vidales.
Auto. En la ciudad de México a 17 de julio de 1627 ante el señor doctor don Diego de Avendaño, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandó se le traigan los autos para proveer justicia. Pedro López Velarde.
Auto. En la ciudad de México a 20 de julio de 1627 el señor doctor don Diego de Avendaño, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España, habiendo visto este proceso y autos hechos sobre los bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, por lo que toca a las mandas que el susodicho dejó para los Reinos de Castilla, y lo pedido por el defensor de este Juzgado cerca de que el contador Pedro de la Cerra, albacea del licenciado Sebastián Sánchez, que el susodicho lo había sido del dicho doctor Francisco Ortiz, dé cuenta en este dicho Juzgado de los bienes del dicho Francisco Ortiz Navarrete conforme al testamento e inventario y almoneda que de sus bienes hizo el dicho licenciado Sebastián Sánchez, y que los recaudos que presenta el dicho contador Pedro de la Cerra no se admitan ni pongan en los autos de esta causa, por estar en ella copia de ellos, dijo que mandaba y mandó que el dicho contador Pedro de la Cerra dé cuenta de los bienes del dicho Francisco Ortiz Navarrete ante el de este Juzgado, y siendo necesario a ello sea apremiado, y así lo proveyó y mandó ante mí, Pedro López Velarde.
En la ciudad de México a 30 de julio de 1627 yo el escribano leí y notifiqué el auto de esta otra parte como en él se contiene al contador Pedro de la Cerra como albacea que es del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, que lo fué el susodicho del doctor Francisco Ortiz Navarrete, el cual dijo que por este testamento del dicho licenciado Sebastián Sánchez parece declarar deber a bienes del dicho doctor Navarrete hasta 200 pesos, y éstos está presto de pagarlos a quien los debiere de haber, cobrado que los haya de las personas que deben al dicho licenciado Sebastián Sánchez, y a mayor abundamiento siendo necesario lo libra en la persona o personas que deben a los dichos bienes, y esto dió por su respuesta, y lo firmó, Pedro de la Cerra. Sebastián Jiménez, escribano de Su Majestad.

Auto. En la ciudad de México a 31 de mayo de 1628 el señor licenciado don Juan de Álvarez Serrano, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España, habiendo visto estos autos en razón de los bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, y lo pedido por el defensor de este Juzgado cerca de que el contador Pedro de la Cerra, albacea del licenciado Sebastián Sánchez, que el susodicho lo fué del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete, dé cuenta en este Juzgado de sus bienes, dijo que mandaba y mandó se notifique por segundo y último término al dicho contador Pedro de la Cerra dé la dicha cuenta de los bienes del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete como le esá mandado, y siendo necesario, el Alguacil de este Juzgado a ello lo apremie, y así lo proveyó y mandó, el licenciado don Juan de Álvarez Serrano ante mí, Pedro López Velarde.

Rodrigo González, en nombre y con poder del doctor Francisco Ortiz y Navarrete, abogado de esta Real Audiencia, vecino de la ciudad de Los Ángeles, hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz y Navarrete, médico difunto, de cuyo poder hago presentación con el juramento necesario, digo que al derecho de mi parte conviene que el presente escribano me dé un traslado autorizado en pública forma del testamento so cuya disposición falleció el dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete su padre, el año pasado de 1624, y asimismo de los inventarios de bienes que hicieron sus albaceas, con las almonedas de ellos, y de las cartas de pago de su funeral, misas y demás gastos y pagas que constaren estar en poder del dicho escribano, por tanto, a V. S. pido y suplico así lo provea y mande, y pido justicia. Doctor don Francisco Ortiz y Navarrete.
Auto. En la ciudad de México a 23 de octubre de 1628 ante mí el presente escribano y testigos el doctor don Francisco Ortiz y Navarrete, vecino de la ciudad de Los Ángeles y abogado de esta Real Audiencia de esta Nueva España, a quien doy fé que conozco, otorgó su poder cumplido el necesario en derecho a Rodrigo González, residente en la dicha ciudad de México, especial para que en su nombre parezca ante todas  y cualesquier justicias y jueces de Su Majestad de cualesquier partes que sean, y presente la petición de la plana de atrás, y pida se le dé un traslado de los papeles que en ella se expresan, los cuales saque de poder de cualesquier escribanos o personas en cuyo poder entuvieren, y en su razón haga todas las diligencias judiciales y extrajudiciales hasta que lo contenido en ella tenga debido efecto, que para ello y lo de ello dependiente y para todo le dá este dicho poder, con libre y general administración y facultad de judiciar y traer y sustituir y le relevar a sus sustitutos, y lo firmó, testigos Francisco Pérez de Alvarado y Juan Maldonado y García de Malpartida, vecinos de esta ciudad. Doctor don Francisco Ortiz y Navarrete. Pasó ante mí e hice mi signo en testimonio de verdad, Antonio López Montalvo, escribano público.
En la ciudad de México a 6 de noviembre de 1628 ante el señor licenciado don Juan de Álvarez Serrano, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España se leyó la petición de esta otra parte, y vista, mandó que se le dé al dicho Rodrigo González el traslado que por la dicha petición pide, con citación del defensor de este Juzgado, y así lo proveyó y mandó ante mí, Pedro López Velarde.
En la ciudad de México a 7 de noviembre de 1628 yo el escribano cité con la petición de la hoja antes de ésta y su proveimiento para el traslado que por ella se pide a Juan de Vidales, defensor de Bienes de difuntos, el cual dijo que lo oye, testigos Gerónimo de Aguilera y yo, que de ello doy fé. Pedro López Velarde.

Gerónimo de Aguilera, defensor de Bienes de difuntos, por los del doctor Francisco Ortiz Navarrete, médico difunto, en la causa que sobre ellos en este Juzgado se ha tratado y trata contra el licenciado Sebastián Sánchez su albacea y tenedor de ellos, sobre que dé cuenta de todos los que entraron en su poder, y se metan en la caja de este Juzgado para que por su orden se envíen a los herederos del dicho doctor Navarrete a los Reinos de Castilla donde están, en la ciudad de Sevilla, digo que estando mandado que el dicho licenciado Sebastián Sánchez diese la dicha cuenta, murió sin darla, y dejó por su albacea y tenedor de sus bienes al contador Pedro de la Cerra, el cual tomó en su poder todos los bienes que dejó el dicho licenciado Sebastián Sánchez, así los suyos como los del dicho doctor Navarrete, que los tenía en su poder y estaban todos juntos por no haber dado la cuenta de ellos como va dicho, como todo consta de los autos de esta causa a que me remito, y por ser esto así se pidió que el dicho Pedro de la Cerra diese la cuenta como la había de dar el dicho Sebastián Sánchez, como persona que tiene ahora todos los bienes de ambos los dichos difuntos en su poder, y no hay otra persona a quien se puedan pedir, por lo cual el señor don Diego de Avendaño por su auto mandó que el dicho Pedro de la Cerra diese la dicha cuenta, y asimismo V. S. por otro auto lo tiene mandado, y los dichos autos se han notificado al dicho Pedro de la Cerra y no ha querido ni quiere cumplir lo que por ellos le está mandado, por tanto a V. S. pido y suplico mande que el dicho Pedro de la Cerra sea compelido a que dé la dicha cuenta como le está mandado por los dichos autos, que como vá dicho se le han notificado, y que el ejecutor de este Juzgado le apremie y haga que lo cumpla, sobre que pido justicia, y para ello firmo, Gerónimo de Aguilera.
Auto. En la ciudad de México a 31 de enero de 1629 (1) ante el señor licenciado don Juan de Álvarez Serrano, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España, se leyó esta petición, y vista, mandó se cumpla el auto proveído por el dicho señor Oidor en razón de lo que pide el defensor, y así lo mandó ante mí, Pedro López Velarde.

(1) El 1629, año de la gran inundación acaecida en la ciudad de México, se suspendió el trabajo de los tribunales, aunque en lo que a Navarrete respecta no pareció detenerse la maquinaria burocrática novohispana, que al menos fué preservada a salvo. El más próximo documento sobre nuestros personajes, a partir de este auto del Oidor Álvarez Serrano, tiene fecha de 29 de noviembre de 1630 (v. i.).
El origen de la catástrofe se manifestó prácticamente desde el verano, con fuertes y tempranas lluvias que el Virrey Marqués de Cerralbo y otros muchos personajes reportaron en sus notas y escritos. El 21 de septiembre comenzó una aparatosa tormenta que duró según las crónicas oficiales 40 horas sin interrupción. Pronto el nivel de las aguas en ciertos barrios alcanzó más de dos metros, y los vecinos —los que disponían de casa— buscaron la seguridad de tejados y azoteas. Hubo, sin duda, una importante pérdida de población por ahogamientos, hambre y las epidemias subsiguientes, afectando sobre todo a los indios y pobres, pero no es comparable al éxodo que se produjo hacia las localidades próximas sitas en terrenos más elevados, como Tacuba, Coyoacan, Mexicaltzingo y Tacubaya. Hubieron de transcurrir cuatro años para que este éxodo se revirtiera. El Cabildo y el Virrey junto a los Oidores de la Real Audiencia organizaron el aprovisionamiento de comida y la disponibilidad de refugios para el peor deparado estrato social. Los Regidores proporcionaron 6.000 pesos de forma inmediata para comprar y distribuir alimentos diariamente, con la ayuda del clero regular. Para evitar especulaciones de los proveedores de carne el Virrey centralizó los mataderos en la Plaza del Volador, prohibiendo que se vendiese en otros lugares, y extendió esta medida poco después al pescado y las verduras. Con las vías de comunicación inundadas e intransitables, el suministro de la ciudad exigió que Cerralbo organizara un sistema de transporte con base en indios y canoas, ordenando a los Alcaldes Mayores de Xochimilco y Chalco reunirlos y mandarlos a la ciudad. Las aguas destruyeron el teatro del Hospital Real de los Indios como queda dicho, siendo el albacea de su capellán mayor, Pedro de la Cerra (v. s.) quien se preocupó de su reconstrucción. A estas alturas de la narración ya llevaba muerto el albacea de nuestro médico un par de años, y, desde luego, sin dar cuenta de los bienes del susodicho; mandó, por cierto, en su testamento, ser enterrado en el dicho Hospital Real de los Indios. Quizá las aguas furiosas, por obra de la mano todopoderosa de Tláloc aquel aciago año de 1629, escandalizado por el nuevo Dios que aquellos piojosos navegantes barbudos habían traído a sus dominios, descubriesen con sus espumosos envites el cráneo mondo y lirondo del presbítero Sebastián Sánchez, capellán del Virrey y del Hospital de los Naturales de la ciudad de México y albacea del doctor originario de la Villa de Castilleja de la Cuesta Francisco Ortiz de Navarrete.



                                                         Tláloc, el dios de la lluvia


El Contador Pedro de la Cerra Sañudo, albacea y tenedor de bienes del licenciado Sebastián Sánchez, capellán mayor que fué del Hospital Real de los Indios de esta ciudad, dice que como parece por el testamento del dicho licenciado declara en él ser deudor a los bienes del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, de quien fué albacea, 200 pesos de oro común, de resto de todo lo que entró en su poder como tal albacea, y mandó se los paguen a sus herederos, y por esta ... y habérsele notificado al dicho Contador los entregue en la caja de Bienes de difuntos para que se remitan a quien los ha de haber, a V. S. suplica mande se le despache recaudo en forma para ser apremiado a ello, y se le dé por testimonio, con que está presto de entregar los dichos 200 pesos que ha retenido en su poder para el dicho efecto en la cuenta que dió del dicho albaceazgo ante el juez de Testamentos, y que se le devuelva el dicho testamento que presenta, quedando un traslado si fuere necesario, y pide justicia, Pedro de la Cerra Sañudo.
Auto. En la ciudad de México a 29 de noviembre de 1630 ante el señor doctor don Juan ¿Canselo? Quiñones, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España, se leyó esta petición, y vista, dijo que mandaba y mandó que el Alguacil ejecutor de este Juzgado compela con prisión y todo rigor de derecho al dicho contador Pedro de la Cerra a que luego exhiba y meta en la caja de dichos bienes los 200 pesos que ha retenido y tiene en su poder, pertenencientes al doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, por deuda que le quedó debiendo el licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, de quien fué albacea el dicho contador Pedro de la Cerra, lo cual se ejecute en virtud de este auto que sirva de mandamiento, y porque por el testamento del dicho licencido Sebastián Sánchez parece que el susodicho debe otras cantidades y hace mandas a otras personas residentes en los Reinos de Castilla, cuya ejecución toca a este Juzgado, el dicho contador Pedro de la Cerra dé cuenta con pago de todo, y teniéndola dada la exhiba dentro de tercero día con apercibimiento que no lo cumpliendo se proveerá lo que convenga, y así lo proveyó ante mí, Pedro López Velarde.
En la ciudad de México a 4 de febrero de 1631 yo el escribano leí y notifiqué el auto de suso al contador Pedro de la Cerra en su persona, el cual dijo que está presto a lo cumplir, testigos, Juan de ¿Arbitra? y Luis M. Díez, vecinos de México. Pedro López Velarde.


miércoles, 15 de agosto de 2018

Notas varias, 3h.


El historiador alza y engrosa su constructo con base en el esqueleto documental, y lo efectúa un poco —o bastante— para sí mismo, para su crecimiento personal, para otearse desde la última altura lograda. Desde allí resuenan muy lejanas y secundarias las críticas y opiniones. En su magnífica soledad desprecia e ignora el roce de los ojos lectores sobre su escritura y el cuchicheo de los pensamientos que  ellos engendran, centrado como está, por naturaleza esencial, en que los soplos que las palabras que dicta su ego lo inflen más y más y a más velocidad, viaje multidireccional que trascienda el inercial tiempo muerto de las cosas ya pretéritas.
Convertido por este mecanismo en puro evento histórico, enseñoreado sobre Cronos, corazón de un solo pálpito interminable, el historiador duerme, recostado sobre sí, y sueña...

En la tarde de luz imperceptible, de pupila muerta, descenso de pétalos descoloridos, pájaros sedientos de antiguo estrellados contra las puertas cerradas, el historiador sueña recostado sobre sí.

De pronto, sobresalto. Llaman desde la calle. ¿Quién es? ¡Voy, ya voy!
Escándalo. Alboroto. Gritan violentos varios personajes que la resaca de un lejano ayer arrojó, títeres desarticulados, a la solitaria playa del durmiente arenoso. Le increpan, le recriminan por la soberbia pretenciosa de querer dar cuenta de sus vidas —inconmensurables— con raquíticas palabras. Y la protestación es tormenta de navajas, de luna fragmentada.




Muy Poderoso Señor, Juan Martínez en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero albacea del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, en la causa con Bartolomé Ruiz de Navarrete sobre el entrego de una negra esclava llamada Gracia, respondiendo a una petición presentada por parte del dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete en que, alegando de bien sentenciado, pretende se confirme el auto en esta causa pronunciado por el Corregidor de esta ciudad en que declaró pertenecer al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete la dicha negra y su valor, y no ser del dicho difunto, y mandó que mi parte como su albacea dentro de dos días de la notificación del dicho auto diese y pagase al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete 280 pesos que fué el precio en que se vendió y lo demás contenido en el dicho auto, digo que sin embargo de lo alegado en contrario, se ha y debe revocar el dicho auto y por lo menos declarar que en caso que la dicha negra haya de pertenecer al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete, entregársela, y no lo procedido de ella, por todo lo que de derecho y actuado en favor de mi parte y de los dichos bienes resulta general y siguiente: lo primero, porque al tiempo y cuando falleció el dicho doctor Francisco Ortiz de Navarrete poseía la dicha esclava por bienes suyos y se inventarió y remató en pública almoneda por mi parte, y así no hubo justificación para mandarle entregar la cantidad de pesos de oro procedidos de la dicha negra al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete, ni los recaudos en que se funda para pedir la dicha esclava son suficientes y bastantes. Lo otro, caso negado que el dicho Bartolomé Ruiz tuviera algún derecho para que se le hubiera de entregar la dicha esclava y fuera suya, mi parte había cumplido con entregársela y no lo procedido de ella, respecto de que la persona que la compró ha puesto demanda a mi parte en razón de la dicha venta y se la quiere volver por ciertos defectos que tiene (1), y volviéndola, es fuerza que mi parte le ha de volver su dinero, y así no será justo le haya de volver al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete dinero alguno, sino la dicha esclava en caso que le pertenezca, y para que conste de lo referido protesto presentar testimonio del litigio que hay en razón de la venta de la dicha esclava. A V. Alteza pido y suplico, sin embargo de lo en contrario alegado, mande revocar y revoque el dicho auto y en caso que algún derecho tenga la parte contraria a la dicha esclava, se declare haber cumplido la mía con entregársela, y no dinero como en el dicho auto se declara, pido justicia y costas, protesto en lo necesario. Juan Martínez. El licenciado Valle.

(1) La viuda vecina de México María de Ávila, nueva dueña de Gracia, nos resulta sospechosa de connivencia con una de las parte en litigio. Por desgracia no hemos podido localizar esta demanda contra Bartolomé Ruiz, o mejor dicho, contra el albacea y los bienes del doctor difunto, "por defectos de la mercancía".


En México a 23 de septiembre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandaron dar traslado a la otra parte. Rivera. En México en 23 de septiembre de 1625 yo el escribano notifiqué esta petición y decreto a ella proveído a Joseph de Celi (v. i.) como a procurador de Bartolomé Ruiz de Navarrete, y dijo la oía, de ello doy fé, Gerónimo del Castillo, escribano de Su Majestad. En México en 23 de septiembre de 1625 yo el escribano leí y notifiqué la petición de esta otra parte y auto a ella proveído a Gerónimo de Aguilera, curador ad litem del menor del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, testigos Juseph de Celi y Blas de Arriaga, vecinos de México. Francisco Alfonso de Contreras, escribano real.

Poder. En la ciudad de México a 24 de septiembre de 1625 ante mí el escribano y testigos pareció Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de la ciudad de Los Ángeles, a quien doy fé que conozco, y otorgó su poder cumplido el que se requiere de derecho a Joseph de Celi, procurador de esta Real Audiencia, especialmente para que en su nombre siga y fenezca y acabe por toda instancia y sentencias el pleito y causa que sigue y trata contra el heredero y bienes del doctor Francisco Ruiz (sic) de Navarrete, difunto, sobre el valor de una esclava y lo demás que esta causa, en cuya razón presente los pedimentos, peticiones, testimonios, escrituras y otros recaudos que convengan, pida terminación y prorrogaciones, presente testigos y demás géneros de prueba que le convengan y ponga tachas a los testigos de contrario y les fuere presentes, y abone los de su parte, y concluya, oiga sentencias, y las de su satisfacción consienta y las de contrario apele, y publique y siga la dicha apelación y suplicación donde le convenga hasta sacar ejecutoria de lo determinado y presentarla y pedir su cumplimiento, que para ello y lo dependiente le doy el poder que se requiere, con aprobación y ratificación de lo hecho en su nombre por el dicho Joseph de Celi, y con libre y general administración y redención en forma  y facultad de enjuiciar, jurar, sustituir en cuya firmeza obligo su persona y bienes, y no firmó por no saber, firmó por él un testigo, testigos, Juan de Barrientos, Agustín Franco de Medina. Esteban Niño de Rivera, vecinos de México. Ante mí, Francisco Alfonso de Contreras, escribano real.
Muy Poderoso Señor, Joseph de Celi en nombre de Bartolomé Ruiz de Navarrete en el pleito con los bienes y albaceas de Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, en razón de Gracia, negra esclava de mi parte, presupuesto a una petición presentada por la contraria en que pretende satisfacer a lo alegado por la mía, digo que sin embargo se ha y debe hacer según y como tengo pedido, por lo dicho y alegado y siguiente: lo otro, que el auto del Corregidor está justificado en haber mandado pagar a mi parte el precio de la dicha esclava pues consta estar vendida en la cantidad contenida en el dicho auto y haberle recibido el dicho albacea, y pues el efecto para que mi parte envió la dicha esclava fué el venderse, y por haberse muerto el dicho doctor el dicho su albacea lo hizo, se ha y debe entregar a mi parte el precio procedido y no la dicha esclava como se pretende de contrario, y si alguna obligación tiene mi parte sólo puede ser para manifestar la dicha venta y para eso está presto de hacerlo llanamente, por lo cual y lo demás favorable a V. Alteza pido y suplico mande hacer en la causa según y como tengo pedido, confirmándo el auto del Corregidor de esta ciudad, y justicia y costas. Y que el procurador traiga estos los autos. Joseph de Celi. El licenciado López de Úbeda.
Auto. En México en 26 de septiembre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandaron traer los autos. Rivera.

Muy Poderoso Señor, Bartolomé Navarro en nombre de María de Ávila, viuda, vecina de esta ciudad, digo que al derecho de mi parte conviene que Diego de Rivera, escribano de Cámara, me dé un testimonio en relación de la causa y demanda que pasa en esta Real Audiencia por apelación entre partes Bartolomé Ruiz Navarrete y los bienes y albaceas del doctor Navarrete, sobre una esclava llamada Gracia, el cual quiero para presentar ante el Provisor de este Arzobispado, por tanto a Vuestra Alteza pido y suplico mande se me de dicho testimonio citado los albaceas del dicho doctor, y pido justicia. Bartolomé Navarro.
Auto. En México en 26 de septiembre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la  Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandaron que se le dé el testimonio que pide, citada la parte, pasó presente Joseph de Celi, y se le notificó. Rivera.
En la ciudad de México a 27 de septiembre de 1625 ante mí el escribano y testigos Gerónimo de Aguilera, que doy fé que conozco, otorgó que como curador ad litem que es de don Juan Orrtiz de Navarrete, menor hijo y uno de los herederos del doctor Francisco de Navarrete, difunto, con beneficio de inventario, da su poder a Bartolomé Navarro, procurador de esta Real Audiencia, para que en su nombre y del dicho menor siga y fenezca y acabe por todas instancias y sentencias el pleito y causa que contra los bienes del dicho doctor difunto trata Bartolomé Ruiz Navarrete sobre el precio y valor de una negra nombrada Gracia, y en él haga todos los autos y diligencias que convengan y menester sean, que para todo ello le dá el dicho poder con libre y general administración y con la relevación de derecho necesaria, y a la firmeza obligó su persona y bienes, y lo firmó. Luis de Aguilar, Antonio de Lugones, Gabriel Hidalgo, vecinos de esta ciudad. Gerónimo de Aguilera, ante mí Diego de Velasco, escribano real.

En el acuerdo de 2 de octubre de 1625 se encomendó este pleito al doctor Herrera.

Auto. En la ciudad de México a 7 de octubre de 1625 los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España, habiendo  visto este proceso y autos que entre partes de la una Bartolomé Ruiz de Navarrete y de la otra los bienes del doctor Francisco Ortiz de Navarrete sobre el valor de una negra llamada Gracia, dijeron que mandaban y mandaron que este pleito se traiga visto en definitiva, y así lo pronunciaron y mandaron, pasó presente Bartolomé Navarro. Joseph de Celi, y se le notificó en pública audiencia. Diego de Rivera.
En México a 7 de octubre de 1625 notifiqué este auto a Juan Martínez, procurador de esta Real Audiencia, por quien es parte en esta causa, testigos Cristóbal Vicente y Gerónimo del Castillo, escribano de Su Majestad.
Tasación. La tasa de la vista de este pleito en cincuenta hojas, de las cuales ha de llevar el relator sus derechos conforme a la ordenanza. Diego de Rivera.

Auto. En la ciudad de México a 9 de octubre de 1625 los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España, habiendo visto este proceso y autos que entre partes la una Bartolomé Ruiz de Navarrete y de la otra los bienes del doctor Francisco Ortiz de Navarrete sobre el valor de una negra llamada Gracia, dijeron que mandaban y mandaron dar traslado de dicha causa a Maria de Ávila, poseedora de la dicha esclava, y con lo que dijere o no, recibían y recibieron esta causa a prueba con término de 20 días primeros siguientes, con todo cargo de publicación y concluso, y las partes se citen en forma, y así lo pronunciaron y mandaron ante mí, Diego de Rivera.

Muy Poderoso Señor, Joseph de Celi en nombre de Bartolomé Ruiz de Navarrete, en el pleito con los albaceas y herederos del doctor Francisco Ortiz de Navarrete en razón de que se vuelva a mi parte lo procedido de una venta de la negra llamada Gracia y lo demás que es el pleito, suplico del auto de esta Real Audiencia en que se mandó dar traslado a María de Ávila, en quien se dice se remató la dicha negra esclava, y se recibió a prueba con cierto término, y hablando debidamente el dicho auto se ha de suplir, revocar y enmendar, y se ha de confirmar el auto en esta causa proveído por don Francisco Dávila, Corregidor de esta ciudad, y así lo pido por lo que de los autos resulta en favor de mi parte, que está dicho y alegado y probado, que es por expreso general y siguiente: lo otro, que esta causa se ha seguido con los herederos y albaceas del dicho difunto, que son partes legítimas y con ellos está sustanciada y para verse en definitiva, y no es parte la dicha María Dávila en esta causa, pues sólo se trata de que a mi parte se le entregue lo que es procedido de la venta de la dicha esclava, que fueron 280 pesos, por ser como era suya y haberla enviado al dicho doctor Navarrete para que la vendiese, el cual como su mandatario recibió la dicha esclava, y por haber muerto en este tiempo no tuvo efecto, y los dichos albaceas después de su muerte la vendieron y remataron en pública almoneda, con que quedaron deudores a mi parte del dicho procedido, y en razón de lo susodicho ningún derecho puede tocar ni toca a la dicha María Dávila, ni de los autos consta que le tenga, por todo lo cual y lo demás favorable, a Vuestra Alteza pido y suplico mande revocar, suplir y enmendar el dicho auto y confirmar el proveído por el dicho Corregidor, y concluyo definitivamente y pido justicia y costas. Joseph de Celi. El licenciado López de Úbeda.
Auto. En México a 10 de octubre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandaron dar traslado a la otra parte. Rivera. En la ciudad de México a 11 de octubre de 1625 notifiqué el traslado de esta petición a Juan Martínez, procurador de esta Real Audiencia, por quien es parte en esta causa, y de ello doy fé. Gerónimo del Castillo, escribano de Su Majestad. En la ciudad de México a 11 de octubre de 1625 hice otra tal notificación como la de arriba a Bartolomé Navarro, procurador de esta Real Audiencia por quien es parte en esta causa, en su persona, de que doy fé. Gerónimo del Castillo, escribano de Su Majestad.

Muy Poderoso Señor, Joseph de Celi en nombre de Bartolomé Ruiz de Navarrete, en el pleito con el licenciado Sebastián Sánchez, albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete y consortes sobre que se le entregue una negra su esclava llamada Gracia o lo procedido de ella, digo que de la petición de suplicación y agravios por mi parte en esta causa presentada contra el auto de esta Real Audiencia en que se mandó dar traslado a María Dávila, y aunque se le notificó y es pasado el término no ha respondido cosa alguna, en cuya rebeldía que le acuso, a Vuestra Alteza pido y suplico la haya por acusada y mande hacer en esta causa según que tengo pedido, y justicia y costas, en lo necesario. Joseph de Celi.
Auto. En México a 14 de octubre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandaron traer los autos. Rivera.

Muy Poderoso Señor, Juan Martínez en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, sobre que se le entregue el procedido de Gracia, negra, y lo demás que es el pleito, digo que el dicho mi parte tiene pleito pendiente ante el Provisor de este Arzobispado sobre el remate de la dicha negra, y para que conste del litigio y pleito que en esta Real Audiencia se sigue sobre lo procedido de ella, conviene a su derecho que el secretario Diego de Rivera, ante quien pasa, me dé un testimonio en relación de la vista del dicho pleito para presentar ante el Provisor de este Arzobispado. A Vuestra Alteza pido y suplico mande que el secretario Diego de Rivera me dé el dicho testimonio autorizado en manera que haga fé, y pido justicia y en lo necesario, Juan Martínez.
En México en 8 de noviembre de 1625 estando en audiencia los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, mandaron que se le dé el testimonio que pide citada la parte. Rivera.
En la ciudad de México a 10 de noviembre de 1625 yo el dicho cité en la petición de esta otra parte y decreto a ella proveído a Joseph de Celi, procurador de esta Real Audiencia, que dicen es de Bartolomé Ruiz Navarrete, el cual dijo que lo oye, y de ello doy fé, Miguel Jiménez, escribano de Su Majestad.


Desde la Real Audiencia, tras tres meses de tira y afloja, ahora dan la razón al Corregidor:

Auto. En la ciudad de México en 23 de diciembre de 1625 los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España, habiendo visto este proceso y autos que es entre partes la una Bartolomé Ruiz de Navarrete y de la otra los bienes y herederos del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, sobre que se le entreguen 280 pesos de oro común en que se vendió en el almoneda por bienes del dicho doctor una negra nombrada Gracia, dijeron que sin embargo de la apelación interpuesta por parte de los dichos herederos, confirmaban y confirmaron el auto en esta causa proveído por don Francisco Dávila, Corregidor de esta ciudad, en 6 de septiembre de este dicho año, en que declaró por bienes del dicho Bartolomé Ruiz Navarrete la dicha negra y su valor, y no pertenecer al dicho doctor ni a sus bienes, y mandó que el albacea dentro de dos días diese y pagase al dicho Bartolomé Ruiz los dichos 280 pesos en que se vendió la dicha negra, y que pasado el dicho término no habiéndolo hecho se despachase mandamiento de ejecución por ellos contra los bienes del dicho difunto, y así lo pronunciaron y mandaron este dicho día, mes y año dichos. Se pronunció el auto de suso contenido en pública audiencia. Diego de Rivera.
Muy Poderoso Señor, Joseph de Celi, en nombre de Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de la ciudad de Los Ángeles, en el pleito con los herederos del doctor Francisco Ortiz y Navarrete, difunto, y el licenciado Sebastián Sánchez su albacea, sobre que me den y entreguen 280 pesos que es el precio en que se vendió la esclava nombrada Gracia, digo que habiendo apelado la parte contraria de una sentencia pronunciada por don Francisco Dávila, Corregidor de esta ciudad, en que mandó se me entregue el precio de la dicha negra por ser mía, la dicha sentencia se confirmó en esta Real Audiencia, y para que se lleve a debida ejecución conviene al derecho de mi parte, atento a que la causa es de menor cuantía, se devuelva al juez a que pertenece, por tanto a Vuestra Alteza pido y suplico mande devolver al dicho Corregidor la dicha causa, para que se lleve a debida ejecución, y pido justicia y costas y en lo necesario. El licenciado López de Úbeda.
Auto. En México a 14 de enero de 1626 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandaron traer los autos. Rivera.
Auto. En la ciudad de México a 16 de enero de 1626 los señores Presidente y Oidores de esta Audiencia Real de la Nueva España, habiendo visto este proceso y autos que es entre partes de la una Bartolomé Ruiz Navarrete y de la otra los bienes del doctor Francisco Ruiz (sic) de Navarrete en razón de que le entregue el precio de una negra, dijeron que mandaban y mandaron que este pleito se devuelva para que se cumpla lo determinado por esta Real Audiencia, y así lo pronunciaron y mandaron.
Poder. Sepan cuántos esta carta vieren cómo yo Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de la ciudad de Los Ángeles, otorgo que doy todo mi poder cumplido que en bastante de derecho se requiere al licenciado Hernando García de la Hacha, vecino de la ciudad de México, especialmente para que por mí y en mi nombre y como yo propio pida, reciba y cobre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero vecino de la dicha ciudad de México, y de sus bienes y de quien mas fuere obligado, 280 pesos de oro común en que fué condenado por ejecutoria real de la Real Audiencia de esta Nueva España en grado de apelación en el pleito que contra él y los bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, se ha seguido por mi parte, como más largo consta del dicho pleito a que me remito, y del recibo otorgue cartas de pago y lasto con renunciación de la prueba y leyes del entrego, prueba y paga como en ella se contiene, y sobre su cobranza parezca ante las Justicias de Su Majestad y haga pedimentos, ejecuciones, prisiones, ventas y remates de bienes, y tome posesión y amparo y haga los demás autos y diligencias que judicial y extrajudicialmente convengan de se hacer y que yo haría y hacer podría siendo presente en todas instancias y por todas sentencias, con poder de jurar y enjuiciar hasta lo fenecer y acabar y cobrar la dicha cantidad y con libre y general administración, y que lo pueda sustituir en lo tocante a juicio y pleito y no más, con la relevación y obligación en derecho necesarias, que es hecha en la ciudad de Los Ángeles a 19 de enero de 1626, y el otorgante que yo el escribano público doy fé que conozco lo firmó a su ruego un testigo porque dijo no saber, testigos Nicolás de Andrada, Pedro de Perea y Sebastián Pérez, vecinos y estantes en esta ciudad. Ante mí, Fernando de Rosas, escribano público.
En la ciudad de México en 7 de febrero de 1626 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: el licenciado Fernando García de la Hacha en nombre de Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de esta ciudad de Los Ángeles, digo que habiéndosele adjudicado por V. M. a mi parte la esclava nombrada Gracia y por haberse vendido su valor el albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, y sus herederos apelaron para ante la Real Audiencia, y la dicha sentencia por V. M. pronunciada se confirmó en todo y por todo, y el pleito se devolvió a V. M. para que la dicha sentencia se ejecute y para que lo dicho tenga efecto, a V. M. pido y suplico así lo provea y mande, que es justicia que pido y en lo necesario. El procurador Hernando García de la Hacha.
Auto. El señor Corregidor mandó se le notifique al dicho licenciado Sebastián Sánchez como albacea y tenedor de bienes del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, dentro de segundo día dé y pague a la parte del dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete los 280 pesos del valor de la esclava llamada Gracia, con apercibimiento que no lo haciendo se despachará mandamiento de ejecución contra los bienes del dicho difunto, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Juan Pérez de Rivera, escribano público. En la ciudad de México en 7 de febrero de 1626 leí y notifiqué la petición y auto de esta otra parte al licenciado Sebastián Sánchez, clérigo presbítero, en su persona, y de ello doy fé, Diego de Cisneros, escribano real.
En la ciudad de México en 10 de febrero de 1626 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: el licenciado Hernando García de la Hacha, en nombre de Bartolomé Ruiz Navarrete, vecino de la ciudad de Los Ángeles, en el pleito con el albacea y herederos del doctor Francisco Orrtiz Navarrete, difunto, sobre los 280 pesos del valor de la negra mía nombrada Gracia, digo que por mandado de V. M. se le notificó al albacea pagase los dichos pesos dentro de segundo día, o por su defecto se me librase mandamiento de ejecución, y el dicho término es pasado y no me ha pagado la dicha cantidad, y para que la cobre, a V. M. pido y suplico mande se me libre mandamiento de ejecución contra los bienes del dicho difunto, pido justicia. El bachiller Hernando García de la Hacha.

Auto. El señor Corregidor mandó traer los autos, y vistos, dijo que se le despache mandamiento de ejecución contra los bienes del dicho doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, hasta en la dicha cantidad de los dichos 280 pesos de oro común del valor de la dicha negra Gracia, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Juan Pérez de Rivera, escribano público.

En la ciudad de México en 5 de febrero de 1626 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: el doctor Francisco Ortiz y Navarrete, abogado de esta Real Audiencia, hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz y Navarrete mi padre difunto, digo que por su fin y muerte quedó nombrado por albacea y tenedor de bienes el licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, y el año del albaceazgo es pasado, por cuya causa conviene a mi derecho y al de doña Isabel Meléndez mi legítima madre, y al de mis hermanos ausentes por quienes presto voz y ... de rato y grato, que el dicho licenciado dé cuenta con pago de los bienes que por fin y muerte del dicho mi padre quedaron, entregándome proindiviso los que así están en su poder para que como persona interesada y a quien conforme a derecho compete la tenencia y administración de los dichos bienes así por lo que a mí toca como a la dicha mi madre y hermanos ausentes, yo los administre y tenga bien parados y los acreciente, ofreciendo como ofrezco fianza la que convenga de indemnidad, y de dar cuenta con pago a los dichos mis hermanos y herederos cada que por parte de cada uno de ellos se me pida, por tanto a V. M. pido y suplico mande que el dicho albacea me dé cuenta de los dichos bienes y me entregue proindiviso los que así resultaren estar en su poder, en conformidad de la fianza que ofrezco, librándome para el dicho efecto el recaudo que convenga, pido justicia. Doctor Navarrete.
Auto. El señor Corregidor mandó dar traslado al curador ad litem y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Juan Pérez de Rivera, escribano público. En México en 5 de febrero de 1626 leí y notifiqué la petición y auto de arriba a Gerónimo de Aguilera en su persona y de ello doy fé, Diego de Cisneros, escribano real.
En la ciudad de México en 9 de febrero de 1626 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: el doctor Francisco Ortiz y Navarrete, abogado de esta Real Audiencia, hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz y Navarrete, difunto, en lo que tengo pedido sobre que debajo de la fianza de indemnidad que tengo ofrecida se me entreguen proindiviso los bienes que quedaron por fin y muerte del dicho mi padre, digo que V. M. mandó dar traslado a Gerónimo de Aguilera, curador ad litem de don Juan Ortiz y Navarrete, menor, mi hermano y asimismo heredero del dicho mi padre, y se le notificó, no ha respondido cosa alguna, acúsole la rebeldía, a V. M. pido y suplico la haya por acusada y mande hacer según y que le tengo pedido, pues es justicia. Doctor Navarrete.
Auto. El señor Corregidor mandó se le notifique a Gerónimo de Aguilera como curador ad litem del dicho don Juan Ortiz de Navarrete, por segundo y último apercibimiento, responda a la petición del dicho doctor, y con lo que dijere o no se traigan los autos, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Juan Pérez de Rivera, escribano público.

El licenciado Gonzalo de Paredes, defensor de Bienes de difuntos, digo que en esta ciudad falleció ha más de un año el doctor Francisco Ortiz de Navarrete, natural de Sevilla en los Reinos de Castilla, donde tenía mujer e hijas, a quien dejó ordenado se remitiesen todos sus bienes, pagadas deudas, y para que se sepa del cumplimiento de su voluntad conviene que el licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, que fué su albacea, exhiba el testamento e inventario y almonedas de los bienes del dicho difunto, y cumplimiento de su voluntad, y para que no siendo cumplida se pueda hacer y remitir en la flota de próximo a los herederos lo que les pertenece (1), a V. S. suplico mande que el dicho albacea adentro de breve término exhiba los recaudos que tengo pedidos según justicia. El licenciado Paredes.
Auto. En la ciudad de México a 19 de abril de 1625 ante el señor licenciado Alonso Vázquez de Cisneros, Oidor de esta Real Audiencia, juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España, se le presentó esta petición, y vista, mandó que Sebastián Sánchez, contenido en esta petición, exhiba el testamento y demás recaudos que en ella se refiere para que, vistos, se provea lo que convenga, y así lo proveyó. Pedro López Velarde.

(1) "Y en cuanto a los documentos que debían acompañar al envío, además de la relación donde constare el nombre y apellidos y sobrenombre del difunto, y lugares de donde eran naturales, las escrituras e inventarios de los bienes, los testamentos, la relación de almonedas, cuenta y razón y recaudos que hubiere, así como todas las demás escrituras existentes sobre los mismos, y como medida de precaución debían remitirse copias en diferentes bajeles. Por último, los bienes deberían ser recogidos por los generales de galeones y flotas en los diferentes puertos de Indias, para su traslado a Sevilla, y habían de venir registrados en cuenta aparte de los demás bienes y hacer el viaje por cuenta y riesgo de los citados bienes, pagando el viaje con cargo a los mismos y consignados a la Casa de la Contratación de Sevilla". Faustino Gutierrez Alviz. Los bienes de difuntos en el Derecho Indiano, Sevilla, 1942, págs 11, 12 y notas al pié.


En la ciudad de México a 24 de abril de 1625 notifiqué la petición de esta otra parte y auto a ella proveído por el señor Oidor al licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, como albacea que dicen es del licenciado (sic) Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, y de ello doy fé. Gonzalo Jiménez, escribano de Su Majestad.
El licenciado Gonzalo de Paredes, defensor general de Bienes de difuntos, digo que en esta ciudad murió el doctor Francisco Ortiz de Navarrete, y en el testamento so cuya disposición falleció declaró tener su mujer, hijos y herederos en los Reinos de Castilla en la ciudad de Sevilla, y dejó por su albacea y tenedor de bienes al bachiller Sebastián Sánchez, presbítero, y por parte de uno de los herederos del dicho difunto, que está en esta ciudad, ante el Corregidos de ella se ha pedido que el dicho albacea dé cuenta de los bienes del dicho difunto que tiene en su poder, y que para ello exhiba el testamento, inventario y almoneda y los demás papeles para ello necesarios, y el Corregidor mandó que el dicho albacea dé la dicha cuenta y dichos recaudos y se le notificó, y por petición que ha dado ha dicho que está presto de darla, y para ello ha presentado un inventario y almoneda que hizo de los dichos bienes, y la cuenta escrita y firmada de lo que de ellos ha gastado en el cumplimiento del dicho testamento, y de todo ello se ha hecho proceso que pasa ante Esteban de Angulo, escribano público, que lo tiene en su poder. Y pues esta causa legitimamente es de este Juzgado de Bienes de difuntos por estar la mujer, hijos y herederos del dicho difunto en los Reinos de Castilla y habérsele de enviar allá los dichos bienes, y el dicho albacea quiere dar la cuenta de ellos y entregarlos para que esta se haga en este Juzgado que es donde se debe hacer, conviene que a él se traiga el dicho proceso y los dichos recaudos que están en poder del dicho escribano, para que por su orden se le envíen en esta flota a los dichos herederos, para lo cual a V. S. pido y suplico mande que el ejecutor de este Juzgado vaya al Oficio del dicho Esteban de Angulo, escribano público, y de él cobre y traiga el dicho proceso ante V. S. para que provea y mande lo que convenga en razón de este mi pedimento, sobre que pido justicia. El licenciado Paredes.
Decreto. En 16 de mayo de 1625 Esteban de Angulo, escribano público, venga en la primera ocasión a hacer relación con los autos que refiere esta petición ante mí. Pedro López Velarde.
El licenciado Gonzalo de Paredes, defensor de Bienes de difuntos, por los del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, digo que atento a que por el testamento so cuya disposición falleció el susodicho, declara tener mujer e hijos y herederos en los Reinos de Castilla, y de mi pedimento V. S. mandó que Esteban de Angulo, escribano público de esta ciudad ante quien pendían autos sobre la cobranza de los dichos bienes, viniese a hacer relación de ellos, y porque dicho Esteban de Angulo está indispuesto, a cuya causa cedí la tal diligencia con riesgo de los bienes a que no se debe dar lugar, para este remedio a V. S. suplico mande que los dichos autos se traigan del Oficio del dicho escribano público para el que de este tribunal haga la dicha relación y se vea según que tengo pedido justicia y costas y para ello, el licenciado Paredes.
Auto. En la ciudad de México a 12 de septiembre de 1625 ante el señor licenciado Alonso Vázquez de Cisneros, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandó que el dicho Esteban de Angulo venga a hacer la relación como está mandado, y no pudiendo venir, por su asistencia la venga a hacer otro cualquiera escribano a quien se le entregue el pleito, y no lo queriendo hacer, el Alguacil de este Juzgado se apremie a ello, y así lo proveyó y mandó ante mí, Pedro López Velarde.
Juan de Vidales, defensor de Bienes de difuntos, por los del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en la causa con el bachiller Sebastián Sánchez su albacea sobre que dé cuenta en este Juzgado de todos los bienes del dicho difunto y se pongan en la caja de este Juzgado para que por su orden se envíen a los Reinos de Castilla a sus herederos que están en la ciudad de Sevilla, digo que yo he pedido, y se ha mandado, que el pleito en que el dicho albacea ha ofrecido dar la dicha cuenta, que pasa ante la Justicia Ordinaria de esta ciudad, se pase a este Juzgado por ser aquí el lugar donde se ha de seguir y no en otra parte, y se ha mandado que para ello Esteban de Angulo, escribano público ante quien pasa, venga a hacer relación,  y porque ha mucho tiempo que está enfermo no se ha hecho, y conviene que este dicho pleito se traiga a este Juzgado para que los dichos bienes vayan en esta flota a los Reinos de Castilla, porque ha ya casi tres años que murió el dicho difunto, por tanto a V. S. pido y suplico mande que el ejecutor de este Juzgado cobre el dicho pleito del Oficio del dicho Esteban de Angulo y lo traiga a este Juzgado, sobre que pido justicia, Juan de Vidales.
Auto. En la ciudad de México a 19 de febrero de 1627 ante el señor licenciado don Diego de Avendaño, Oidor de esta Real Audiencia y juez general de Bienes de difuntos en esta Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandó que Juan de Ardiles, alguacil ejecutivo de este Juzgado, compela con ¿prisión? y todo rigor de derecho al escribano que asiste en el Oficio de Esteban de Angulo, escribano público, o su oficial mayor, vengan a hacer la relación que se pide para el martes 23 de este presente mes, y así lo proveyó y mandó ante mí, Pedro López Velarde.
Doy fé que Juan Andino queda ¿preso? y asentado en el libro de entradas de mi cargo, en 26 de febrero de 1627, por la causa del auto de arriba. Juan Bautista Núñez, escribano.

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Y así vamos a dejar este embrollado asunto por ahora, para continuarlo en la próxima entrada, en la que veremos que el albacea del doctor fallece (no se sabe si habiendo "soltado" los 280 pesos del valor de Gracia). Disponemos de su interesante testamento, en el que nombra por su propio albacea a un tal Pedro de la Cerra Sañudo, contador, que va a hacerse cargo del pleito ahora abierto por Francisco Ortiz y Navarrete hijo —el Mozo, por usar la acostumbrada expresión— sobre que se le devuelvan los bienes de su padre para administrarlos.

domingo, 12 de agosto de 2018

Notas varias, 3g.


En la ciudad de México a 27 de agosto de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: Bartolomé Ruiz de Navarrete, en la causa que trato con los bienes, albaceas y herederos del doctor Navarrete, difunto, en razón de la esclava llamada Gracia para que se me entregue y  por ella su precio y valor, digo que para que conste que la dicha esclava es mía propia y como tal me pertenece, y que aunque estaba en poder del dicho difunto al tiempo de su muerte  y como sus bienes fué inventariada por sus albaceas, fué la causa el habérsela remitido para que la vendiese como cosa mía propia y su precio lo cobrase y remitiese, y por no haber tenido efecto la dicha venta, los dichos albaceas no pudieron vender ni disponer de la dicha esclava, y habiendo pedido para que lo susodicho constase que las escrituras de venta por donde a mi parte pertenece la dicha esclava las exhibiese el licenciado Sebastián Sánchez uno de los albaceas, presentaron las dichas escrituras, las cuales reproduzco en el término de la prueba, por lo que a mí me toca. A Vuestra Merced pido y suplico que habiéndolas por reproducidas y pues por ellas consta que la dicha esclava negra Gracia es mía propia y que me pertenece como tal, se me mande adjudicar como tengo pedido. Y asimismo reproduzco la declaración hecha por don Francisco Navarrete, hijo y heredero del dicho difunto, y que los testigos que presentare se examinen al tenor de esta petición, y pido justicia para ello. Y que se remitan a las escrituras en lo que no supieren. El licenciado López de Úbeda.
Auto. El señor Corregidor mandó dar traslado a la otra parte, y con lo que dijere o no, se traigan los autos, y así lo proveyó, y examínense en lo pertinente. Don Francisco Dávila. Juan Pérez de Rivera, escribano público.
En la ciudad de México en 27 de agosto de 1625 notifiqué el traslado de arriba a Agustín Díez, procurador en nombre de su parte, y de ello doy fé, Diego de Cisneros, escribano real. En la ciudad de México en 29 de agosto de 1625 notifiqué el traslado de arriba a Gerónimo de Aguilera en nombre de su parte. Diego de Cisneros, escribano real.
Probanza. Probanza hecha por parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete. En la ciudad de México en 29 de agosto de 1625 el dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete para su información presentó por testigo a Bernardino Adame, vecino de esta ciudad al barrio de Santa Catalina Mártir, del cual recibí juramento por Dios y la cruz en forma de derecho, y lo hizo y prometió de decir verdad, y siendo preguntado por el pedimento, dijo que conoce a las partes y que tiene noticia de esta causa, y lo que sabe es que estando este testigo en esta ciudad en casa del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, médico de Su Excelencia, difunto, vió cómo Bartolomé Ruiz de Navarrete le remitió desde la ciudad de Los Ángeles la negra Gracia contenida en el dicho pedimento, y con ella poder para que la vendiese por su cuenta y le enviase su procedido a la dicha ciudad, de más de lo cual se lo dijo el dicho doctor muchas veces a este testigo, que el dicho Bartolomé Ruiz se la había enviado para el dicho efecto, y sabe que la dicha negra es la misma que envió el dicho Bartolomé Ruiz al dicho doctor porque este testigo la vió muchas veces en el servicio del dicho Bartolomé Ruiz y que la poseía por suya en la dicha ciudad de Los Ángeles en conformidad de la venta que de ella tiene, que está presentada en el pleito, a que este testigo se remite, y esta es la verdad so cargo del dicho juramento, en que se ratificó y declaró ser de edad de 50 años poco más o menos, y las generales no le tocan, y lo firmó ante mí, Esteban Bernal, escribano público. En la ciudad de México a 29 de agosto de 1625 Bartolomé Ruiz presentó por testigo a Diego Pérez del Campo, boticario vecino de dicha ciudad de México a la Plaza del Volador (1), del cual se recibió juramento, etc. Conoce a las partes de muchísimo tiempo a esta parte, y declara en los mismos términos que el anterior, y tiene 40 años.

(1) Por el ritual, de origen prehispánico, que allí se celebraba.



En la ciudad de México en 10 de septiembre de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: Gerónimo de Aguilera, curador ad litem de don Juan Ortiz Navarrete, menor hijo y heredero con beneficio de inventario del doctor Francisco Ortiz Navarrete, médico, su padre difunto, en la causa con el licenciado Sebastián Sánchez su albacea sobre la cuenta de sus bienes y lo demás que de la causa hago presentación de la curaduría del dicho don Juan Ortiz que me fué discernida, y digo que V. M. mandó dar traslado a las partes de lo que en esta causa se ha pedido por parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete, y recaudos que ha presentado, y se me notificó para que mi letrado lo vea y responda lo que convenga, y al derecho del dicho menor es necesario se me dé el proceso. A V. M. pido y suplico haya por presentada la dicha curaduría y mande se me dé el proceso de esta dicha causa para responder a lo susodicho, y que hasta que se me dé no me corra el término, para ello pido justicia. Gerónimo de Aguilera.
Auto. El señor Corregidor mandó que se ponga en el proceso, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.

En la ciudad de México a 12 de marzo de 1625 ante el Adelantado de las Filipinas don García de Legazpi y Acuña (1), Alcalde Ordinario de esta ciudad por Su Majestad y Caballero del Hábito de Santiago, se leyó esta petición que presentó el contenido: don Juan Ortiz de Navarrete, hijo legítimo del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, digo que yo soy menor de 25 años y mayor de 18, y tengo necesidad de parecer en juicio y hacer diligencias y aceptar sobre la legítima y herencia que me pertenece de los bienes del dicho mi padre, y de nombrar curador ad litem que me ayude y defienda en mis pleitos y causas, para lo cual nombro por tal mi curador ad litem a Gerónimo de Aguilera, de quien tengo satisfacción que lo hará bien y como a mí me convenga. A V. M. pido y suplico haya por nombrado al susodicho y le mande lo acepte y haga el juramento y demás diligencias de derecho necesarias  y se le discierna el cargo, y pido justica para ello y en lo necesario. Don Juan Ortiz Navarrete.

(1)  Don García de Legazpi Albornoz y Acuña, III Adelantado de las Filipinas, nacido en México en 1585, y casado con doña María Ortíz de Oraá. Don García era hijo de Melchor López de Legazpi y de doña Luisa de Albornoz y Acuña (casados en 1572), y su abuelo fué el celebérrimo colonizador de las Filipinas Miguel López de Legazpi (¿1503?-1572).
El 5 de enero de 1625 se le entregó la vara de Alcalde Ordinario. El 1º de enero de 1626 dejaron las varas los alcaldes Ordinarios del año pasado, García de Legaspi y Albornos y Andrés de Tapia Ferrer. Se les nombró como alcaldes de Mesta. El 9 de enero de dicho año, habiéndose reunido en Cabildo el corregidor Francisco Enríquez Dávila y el Correo Mayor Pedro Díaz de la Barrera, no se pudo tener Cabildo porque faltaron los demás Capitulares. Se mandó billete para el día siguiente, con pena de 50 pesos a los que no asistan. Y el 13 de febrero el corregidor Francisco Dávila estuvo esperando concurrencia para hacer Cabildo pero no llegaron los Regidores. El 25 de mayo El corregidor Francisco Enríquez Dávila informa que Fray Antonio de los Santos, Prior del convento y hospital de los desamparados de la orden de Juan de Dios, le manifestó la necesidad que tenía dicho establecimiento de agua para los pobres, por no haber ahí pila pública. Propuso dicho religioso que se ponga una pila en dicho hospital, y a cambio uno de los de ese hermanos Barbero y Cirujano de ese establecimiento curaría gratuitamente a los pobres de la cárcel. El corregidor propone que para el sustento de los barrios de la Veracruz y San Hipólito se haga una pila en la esquina de la calle de San Agustín, dándosele un real de agua por un cañón que ingiera por la atarjea, y que desde esa pila se introduzca el agua al hospital. La obra ascendería a 1,000 pesos, que se tomarían de la Sisa. Podría hacerse también por 300 pesos la introducción de agua a la pila que está en la esquina de la huerta del Marqués del Valle, con lo que se excusarían bombas.



El Alcalde hubo por nombrado por curador ad litem del dicho don Juan Ortiz Navarrete al dicho Gerónimo de Aguilera (1), el cual estando presente por S. M. aceptó el dicho cargo y juró a Dios y a la cruz de lo hacer bien y fielmente a su leal saber y entender, seguirá los pleitos y causas que el dicho menor tiene y tuviere y se le ofrecieren, demandando y defendiendo para en su favor todo aquello que convenga y necesario sea, y donde su parecer no bastare le tomará de letrado y personas que se lo deban dar, y en todo hará lo que como buen curador de leyes es obligado, y si por su culpa o negligencia algún daño viniere al dicho menor o a sus bienes se lo pagará por su persona y bienes, que para ello obligo, y dió por su fiador a Juan Santos de Rivera, escribano real, que estando presente dijo que fía al dicho Gerónimo de Aguilera en la manera que hará y cumplirá lo que jurado y prometido tiene sin que falte en cosa alguna, y lo contrario pareciendo, y si se le siguiere daño o pérdida por su causa al dicho menor o a sus bienes lo pagará como tal fiador y principal pagador, haciendo como para ello hizo de deuda y causa ajena suya propia y sin que contra el dicho Gerónimo de Aguilera ni sus bienes se haga diligencia alguna de fuero ni de derecho, cuyo beneficio renunció, y obligó su persona y bienes, y ambos dieron poder a las Justicias Reales para que les apremien como por sentencia pasada en cosa juzgada, y  renunciaron las leyes de su favor y la general del derecho, y visto por el señor Alcalde Ordinario dijo que de oficio de la Real Justicia discernía y discirnió al dicho Gerónimo de Aguilera el dicho cargo de tal curador ad litem del dicho don Juan de Navarrete, y le dió poder cuan bastante de derecho se requiere para que le use y ejerza en favor del susodicho en cualesquier sus pleitos y causas civiles y criminales que tiene y tuviere sobre su herencia u otros, parezca ante cualesquier Justicias de Su Majestad de cualquier tribunal les haga pedimentos, ponga demandas, pida y tome cuentas, nombre terceros contadores, haga ejecuciones, prisiones, embargos, requerimientos y protestaciones, presente testigos, escritos y escrituras, los saque de poder de cualesquier escribanos u otras personas, y recuse jueces, letrados, escribanos, apele y suplique de cualesquier autos y sentencias, siga las apelaciones y en todas vías e instancias, haga todos los demás autos y diligencias que judicial y extrajudicialmente convengan y sean necesarias, y pida y saque censuras de excomunión y las haga leer, y todo lo que dicho menor hacer pudiera siendo de edad cumplida, que para ello y lo dependiente dió poder bastante con general administración y facultad de enjuiciar, jurar y sustituir y lo relevar, y lo firmaron todos a quienes yo el escribano doy fé que conozco, testigos Juan de Rivera, y Juan de Valdivieso, vecinos de esta ciudad. El Adelantado de las Filipinas. Gerónimo de Aguilera. Juan Santos de Rivera. Ante mí Juan Pérez de Rivera, escribano público.

(1) Gerónimo de Aguilera, procurador del número de la Real Audiencia de la ciudad de México de la Nueva España, dice que en él como mayor ponedor, por muerte de Martín Alonso de Morales su antecesor, se remató el dicho oficio en almoneda pública por cuantía de 1.654 pesos y 3 tomines y 3 granos de oro común, de los cuales dió satisfacción conforme al remate el 30 de abril de 1594, y atento a ello el Virrey le dió el título para ejercerle por los días de su vida, que con esta presenta, con que dentro de 3 años llevase confirmación de V. A.
El 5 de abril de 1595 en México dió poder a Esteban Adarzo de Santander y a Gabriel de Arriaga, estantes en la Corte de Su Majestad, para que en su nombre ante el Consejo de Indias obtuviesen la confirmación real de su título, siendo testigo Joseph de Celi.
El día 3 de agosto de 1629 mediante una real cédula fué recomendado al marqués de Cerralvo, Virrey de Nueva España.
"Como estas ventas se hacían en almoneda pública y al mejor postor, los agraciados eran siempre los más ricos o los que mayor sacrificio hacían para adquirir un oficio llevando algún plan preconcebido que les hiciera no sólo compensar el sacrificio pecunario hecho para obtener el puesto, sino la adquisición de meditada ganancia. El mérito no era parte para alcanzar uno de aquellos empleos, que sin estar al alcance de la inteligencia y de la probidad eran de fácil acceso para la ignorancia o la corrupción con tal de que los acompañara la riqueza". Vicente Riva Palacio. México a través de los siglos. Tomo VII. Editorial Cumbre. México, 1986, pág. 21.

Petición. En la ciudad de México en 3 de septiembre de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad se leyó esta petición: Agustín Díez en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, en la causa que Bartolomé Ruiz de Navarrete trata ante V. M. sobre el entrego de una negra esclava llamada Gracia, respondiendo a unas peticiones presentadas del susodicho en que pretende ser suya la dicha esclava y pertenecerle y habérsele de entregar, digo que se ha y debe de negar lo que pide declarando por bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete la dicha esclava por lo dicho, y actuando en favor de los dichos bienes y albacea de ellos mi parte, resulta general y porque al tiempo y cuando falleció el dicho doctor estaba en la posesión de la dicha esclava y la poseía como suya sin que importasen los recaudos dados porque no se verifica por ellos que sea la dicha esclava de quien la pide, y así lo contradigo en forma, por tanto a V. M. pido y suplico mande declarar y declare no haber lugar lo que la parte del dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete pide, y débese declarar pertenecer y haber quedado la dicha esclava por bienes del dicho doctor, y en todo pido justicia y costas. Agustín Díez. El licenciado Valle.
Auto. El señor Corregidor mandó dar traslado a las partes y se ponga en el proceso y se le lleven los autos, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.
En la ciudad de México en 3 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de arrriba a Bartolomé Ruiz de Navarrete en su persona y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
En la ciudad de México en 3 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de arriba a Gerónimo de Aguilera en nombre de la parte en su persona, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
Auto. En la ciudad de México en 3 de septiembre de 1625, vistos estos autos por don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, mandó que este pleito se le entregue por tres días al curador ad litem de don Juan Ortiz de Navarrete, menor, para que dentro de ellos alegue lo que le convenga, y pasados los traiga para proveer justicia. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.

En la ciudad de México en 5 de septiembre de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: Gerónimo de Aguilera, curador ad litem de don Juan Ortiz de Navarrete, menor hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, médico difunto su padre, en la causa con el licenciado Sebastián Sánchez su albacea sobre la cuenta de sus bienes, y con Bartolomé Ruiz de Navarrete sobre que pide se le entregue una negra nombrada Gracia, esclava del dicho doctor difunto, de que se mandó dar traslado, se me notificó, y no he respondido hasta hoy porque no se me ha dado antes el proceso aunque lo he pedido para ello, por haberlo tenido las otras partes, y respondiendo, digo que se debe y ha de negar al dicho Bartolomé Ruiz Navarrete lo que pide, por lo que del proceso y autos resulta, porque la dicha esclava Gracia no es del dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete, sino del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, que como suya la poseía y tuvo en su poder y servicio mucho tiempo hasta que murió, y en su testamento bajo cuya disposición falleció la nombró y declaró expresamente por bienes suyos con los demás esclavos que asimismo nombró por suyos, lo cual no hiciera si no fuera suya, y es cosa cierta que si fuera del dicho Bartolomé Ruiz la dicha esclava, el dicho doctor lo declarara en el dicho su testamento, como dijo y declaró otras muchas cosas de más y de menos importancia, y a esta buena fé se debe estar, y no a lo que ahora después de muerto viene a pedir el dicho Bartolomé Ruiz, pues no lo ha pedido en más de dos años que ha que está la dicha negra en poder del dicho doctor difunto, y menos se ha de estar a la declaración que en razón de esto hizo su hijo el doctor Francisco Ortiz Navarrete, por ser como es yerno (1) del dicho Bartolomé Ruiz Navarrete, por el daño y perjuicio que contra ella quiere hacer a los demás hermanos herederos del dicho doctor difunto su padre, y tampoco han de ser ni son bastantes las escrituras del contrario presentadas, de venta de la dicha negra, pues estaban en poder del dicho difunto juntamente con la que a él le hizo el dicho Bartolomé Ruiz después de ellas, la cual no se presenta con ellas y se oculta, y menos caso se debe hacer de los dichos testigos que ahora por su parte se han presentado, porque aunque fuese así lo que dicen y ellos lo supiesen, pudo ser que no supiesen la venta que después hizo el dicho Bartolomé Ruiz Navarrete al dicho doctor difunto de la dicha negra. Por todo lo cual y lo demás que hace o hacer puede en favor del dicho mi menor y a su derecho conviene, a V. M. pido y suplico mande declarar y declare no haber lugar lo pedido por el dicho Bartolomé Ruiz Navarrete, y que la dicha negra Gracia es esclava del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, y a mayor abundamiento a V. M. suplica y pide que dé por libres a sus  bienes, albaceas y herederos de lo contra ellos pedido por el susodicho, y sobre todo pido justicia, y si otro mejor y más jurídico pedimento me conviene hacer lo hago y he por hecho. Gerónimo de Aguilera.
Auto. El señor Corregidor mandó dar traslado a las otras partes y se le lleven los autos y así lo proveyó, y sea sin perjuicio del estado del pleito. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.

(1) Se van clarificando los intereses de los personajes. Francisco Ortiz es yerno del curador de su hermano Juan y, por tanto, lo apoya aunque redunde en menoscabo de la herencia. Así, se enfrenta al tenaz albacea de su padre. Hay que tener en cuenta que Francisco desempeña un cargo importante, el de abogado en la Audiencia Real de la Nueva España, tribunal superior donde va a parar el pleito en grado de apelación después de que el Corregidor sentencie en favor de dicho suegro y curador, respectivamente, de los dos hermanos herederos. Pero todo es más complicado, si cabe, porque el nuevo curador (ad litem) del menor Juan Ortiz, también se opone a que Gracia sea devuelta a Bartolomé Ruiz (curador ad bona del mismo menor, recuérdese). He aquí un doblez contradictorio que debió quitar el sueño a los involucrados, y en especial al joven Juan Ortiz de Navarrete. Lo vemos seguidamente.

En la ciudad de México en 5 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de esta otra parte del Alcalde a Agustín Díez, procurador, en nombre de su parte, en su persona, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
En México en 5 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de esta otra parte a Bartolomé Ruiz de Navarrete en su persona, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
Auto. En la ciudad de México a 6 de septiembre de 1625, vistos estos autos por don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, en el artículo del pedido por Bartolomé Ruiz de Navarrete en razón de que se le entregue el precio de Gracia, negra que se vendió por bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete siendo esclava del dicho Bartolomé Ruiz, que se la había enviado con poder para que la vendiese, dijo que declaraba y declaró por bienes del dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete la dicha negra Gracia y su valor, y no ser ni pertenecer al dicho difunto ni a sus herederos, y en su consecuencia mandaba y mandó que el albacea del dicho difunto, dentro de dos días después de la notificación de este auto dé y pague al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete 280 pesos que es el precio en que se vendió la dicha negra Gracia, y pasado el dicho término no lo habiendo hecho se despache mandamiento de ejecución por esta cantidad contra los bienes del dicho difunto, y por este mi auto así lo pronuncio y mando, con costas. Don Francisco de Ávila. El licenciado Juan de Medina Vargas. Esteban Bernal, escribano público.
En la ciudad de México a 6 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de arriba a Agustín Díez, procurador, en nombre de su parte, el cual dijo que lo oye, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
En la ciudad de México a 6 de septiembre de 1625 yo el escribano yusoescrito leí y notifiqué el auto a esta otra parte a Gerónimo de Aguilera en nombre de su parte, el cual dijo lo oye, testigos Juan Andino y Antonio Hernández, escribano real, vecinos de esta ciudad. Diego de Cisneros, escribano real.


Y, como decíamos, ya está el pleito en la Real Audiencia, apelado tanto  por el albacea del difunto doctor como por el curador ad litem de su hijo menor:
Relación. Muy Poderoso Señor (1), Agustín Díez, en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, capellán del Hospital Real de esta ciudad, albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en el pleito que  contra los bienes del dicho doctor difunto trata Bartolomé Ruiz Navarrete sobre que se le entregue a Gracia, negra, y lo demás que es esta causa, apelo y me presento ante V. A. en grado de apelación y agravio de un auto que en la causa pronunció don Francisco Dávila, Corregidor de esta ciudad, en que mandó que mi parte pague a la contraria como tal albacea dentro de segundo día 280 pesos que dicen se vendió la dicha negra, y en su defecto se diese mandamiento de ejecución contra los dichos bienes, como se contiene en el dicho auto, en lo cual mi parte es agraviada, por lo que protesto alegar en forma, por tanto, a V. A. suplico que habiéndome por presentado en el dicho grado, mande que el escribano de la causa la pase a esta Real Audiencia para que estándolo se revoque el dicho auto, pido justicia y costas. Agustín Díez. En México a 11 de septiembre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandaron la hubieren por presentada en el dicho grado de apelación, y que el escribano pase el pleito a esta Real Audiencia, siendo definitivo, y si es ejecutivo, pagada la parte. Rivera. En México a 9 de septiembre de 1625 el contenido la presentó ante mí, con protestación en forma, fuera de audiencia. Medina, escribano.

(1) Se refieren al Virrey, (Su Alteza) que era a la vez Presidente de la Real Audiencia, a la sazón Rodrigo Pacheco y Osorio, III Marqués de Cerralbo.


                                      Rodrigo Pacheco y Osorio


Repartimiento. En 16 de septiembre de 1625 al Secretario Rivera. Paga de derechos. En 17 de septiembre de 1625, pagó la parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete de los derechos de cincuenta hojas 18 reales y no más. Doy fé. Rivera. Navarrete. Paga. En 22 de septiembre de 1625 pagó la parte del licenciado Sebastián Sánchez de los derechos de este pleito dos ¿pesos? al Secretario, y no más, doy fé. Rivera. Martínez. Paga. En 6 de noviembre de 1625 pagó la parte de Juan Ortiz Navarrete de los derechos de este pleito que tuvo cincuenta hojas 18 reales y no más, doy fé. Rivera.

Muy Poderoso Señor, Gerónimo de Aguilera, en nombre y como curador ad litem de don Juan Ortiz de Navarrete, menor hijo del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, en la causa que contra sus bienes y herederos trata Bartolomé Ruiz, en que pide se le dé y entregue una negra nombrada Gracia, esclava, por decir que es suya, siendo del dicho doctor difunto, y habiendo quedado por bienes con los demás, apelo y me presento ante V. A. en grado de apelación, nulidad y agravio y como mejor haya lugar en derecho, de la sentencia en esta causa pronunciada por el Corregidor de esta ciudad en que declaró ser la dicha negra Gracia del dicho Bartolomé Ruiz, y mandó se le dé y entregue, la cual se ha de revocar y enmendar, por ser como es en perjuicio del dicho menor y lo demás, y para ello, a V. A. pido y suplico me haya por presentado en el dicho grado y mande que el escribano luego pase el pleito a esta Real Audiencia, y se revoque y enmiende la dicha sentencia, sobre que pido justicia, y en lo demás de ella. Gerónimo de Aguilera.
Auto. En la ciudad de México a 9 de septiembre de 1625 estando en audiencia los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y vista, lo hubieron por presentado en el dicho grado de apelación, y mandaron que el escribano pase el pleito a esta Real Audiencia, siendo definitivo, y si es ejecutivo, pague la parte. Rivera.

Muy Poderoso Señor: Juan de Buiza, en nombre de Bartolomé Ruiz de Navarrete, en el pleito con los albaceas y herederos del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, en razón de que se le vuelva una su esclava llamada Gracia y por ella su justo precio y valor, digo que don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad, dió y pronunció sentencia por la cual mandó que el dicho albacea pague a mi parte 280 pesos en que parece haberse vendido la dicha esclava, dentro de segundo día, de la cual sentencia la parte contraria apeló por esta Real Audiencia, y porque es justo y a derecho conforme se ha y debe confirmar, mandando se lleve adelante la ejecución, y así lo pido por lo que de los autos resulta en favor de mi parte está dicho y alegado que es por expreso general y siguiente. Lo otro que como parte tiene verificado, le toca y pertenece la dicha esclava por ser suya propia, y en haberse hallado en los bienes del dicho difunto no hubo más causa que habérsela enviado mi parte con su poder para que la vendiese y remitiese su procedido, y por haber muerto en este tiempo no hubo efecto la dicha venta, y así quedó en su casa cuando murió, y siendo así se le debe volver y restituir a mi parte, libremente y sin costas algunas como está mandado, por todo lo cual y lo demás favorable, a V. A. pido y suplico mande declarar por mal apelado y bien sentenciado, y confirmar la sentencia dada por el dicho Corregidor, devolviendo esta causa por que se cumpla y ejecute, sobre que pido cumplimiento de justica y costas para ello y concluyo definitivamente. El licenciado López de Úbeda. Otrosí a V. A. suplico mande que el procurador de la audiencia ordinaria que dicho es de la parte contraria sustituya el poder que tiene en uno de los del número de esta Real Audiencia, con quien se siga esta causa, y pido ut supra. Auto. En México en 19 de septiembre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España, se leyó esta petición, y vista, mandaron dar traslado a la otra parte y que el procurador de la Audiencia Ordinaria sustituya el poder que tiene en procurador de número de esta Real Audiencia. Rivera.
En la ciudad de México a 19 de septiembre de 1625 yo el escribano notifiqué la petición de esta otra parte y auto de ella proveído como en él se contiene a Agustín Díez, procurador de la Audiencia Ordinaria de esta ciudad y por los herederos de Francisco Ortiz de Navarrete le apercibí sustituya el poder que tiene para seguir esta causa en procurador de la Real Audiencia, al cual relevase según el lugar y obliga los ... que les están obligados, y pide se le notifique todo lo susodicho al dicho Juan Martínez, y lo firmó, testigos Juan Pérez de Rivera, escribano público, y Juan de Valdivieso, vecinos de México. Agustín Díez. Gerónimo de Aguilera. Francisco Alfonso de Contreras, escribano real. En la ciudad de México a 19 de septiembre de 1625 yo el escribano notifiqué la petición y auto de esta otra parte como en él se contiene a Gerónimo de Aguilera como a curador ad litem del menor don Juan Ortiz de Navarrete, hijo del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, en su persona, y dijo que lo oye, testigos Pedro de Matienzo y Juan de Esquivel, vecinos de México. Francisco Alfonso de Contreras, escribano real.

Muy Poderoso Señor,  Joseph de Celi (1), en nombre de Bartolomé Ruiz de Navarrete en el pleito que trata con Hernán (sic) Sánchez, presbítero albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, y Gerónimo de Aguilera, curador ad litem de don Juan Navarrete su hijo menor, sobre pesos de oro y lo demás, digo que desde mi petición en la cual queda bien probado y concluí definitivamente se dió traslado a las partes contrarias, y aunque se le notificó no han dicho cosa alguna en el término que lo debían hacer en ... el día que les acuso, a V. A. pido y supllico que habiéndola por acusada mande hacer en la causa según y como por mi parte está pedido, con justicia y costas y en lo necesario. Joseph de Celi.
Auto. En México a 23 de septiembre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y hubieron este pleito por concluso, pasó presente Bartolomé Navarro (sic) y se le notificó. Rivera.

(1) Josephe de Zeli, procurador del número de la Real Audiencia de México de la Nueva España, dice que en él fué rematado el dicho oficio [en 1595] en almoneda pública como mayor ponedor  por muerte de Álvaro Ruiz su antecesor, en precio de 1.000 pesos de oro de minas, de que dió satisfacción conforme al dicho remate, y atento a ello el Virrey le dió el título del dicho oficio, que con esta presenta, con que dentro de tres años llevase confirmación de V. A.


                                                     Firma de Josephe de Celi

viernes, 10 de agosto de 2018

Notas varias, 3f.


En 28 de enero se le dieron a Bartolomé Ruiz de Navarrete, curador de don Juan de Navarrete, 40 pesos para ayuda a gastos de los negocios tocantes al dicho menor, dí carta de pago. Diego de Torres, escribano real.

Nombramiento de curador ad bona [esto es, de los bienes]. Don Juan Ortiz de Navarrete, mayor de 14 años y menor de 25, hijo legítimo y uno de los herederos del doctor Francisco Ortiz y Navarrete mi padre difunto, digo que a mi derecho conviene nombrar curador ad bona para los dichos bienes que por fin del dicho mi padre me pertenecen como un de los herederos, para cuyo efecto nombro a Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de esta ciudad, por mi curador ad bona, persona de quien tengo entera satisfacción y que me alimentó en mis estudios, por tanto, a V. Merced pido y suplico mande haberle por nombrado por tal curador ad bona, y le mande acepte y afiance la dicha curaduría en la forma que el derecho dispone, y que se le discierna, pido justicia. Don Juan Ortiz y Navarrete.
En la ciudad de Los Ángeles, en 2 de enero de 1625 ante Juan Lozano Sandoval, alcalde ordinario por Su Majestad en esta ciudad, se leyó esta petición que presentó el contenido.
Auto. El alcalde hubo por nombrado al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete por tal curador ad bona del dicho Juan Ortiz de Navarrete, al cual mandó parezca y acepte dicho cargo y dé las fianzas que están obligadas, y esto hecho está presto a discernir el dicho cargo y darle poder para el uso de él, y así lo proveyó Juan Lozano Sandoval ante mí Alonso Corona, escribano público.
En la Ciudad de los Ángeles a 2 de enero de 1625 ante Juan Lozano Sandoval, Alcalde Ordinario por Su Majestad en esta ciudad, pareció Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de ella, y aceptó el cargo de curador ad bona de don Juan Ruiz (sic) y Navarrete, hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz y Navarrete, y juró a Dios y a la cruz de usarlo bien y fielmente como debe y es obligado, allegando su provecho y apartando su daño, y seguir sus pleitos y causas con cuidado y vigilancia, y no lo dejar indefenso, y regir y administrar sus bienes, y dar a cuenta cierta, leal y verdadera de los bienes que en su poder entraren al dicho menor pertenecientes cada que se le mande y en él expirare esta curaduría, y pagará el alcance que se le hiciere y el daño o daños que por su culpa y negligencia le vinieren por su persona y bienes, dió poder a las Justicias de Su Majestad y en especial a las de esta ciudad para que a ello le apremien como por sentencia definitiva pasada en cosa juzgada, renunció leyes en su favor y la general del derecho, y lo firmó con el dicho Alcalde, testigos Juan Guerra, Juan de Vique y Juan Bautista Romero, vecinos de esta ciudad. Y dándole a firmar dijo no saber el dicho Bartolomé Ruiz, firmólo a su ruego uno de los testigos. Juan Lozano Sandoval. Testigo, Juan Guerra. Ante mí Alonso Corona, escribano público.
En la Ciudad de los Ángeles a 11 de enero de 1625 ante Juan Lozano Sandoval, Alcalde Ordinario, y ante mí el escribano y testigos pareció el capitán Francisco de Aguilar, vecino de ella, a quien doy fé que conozco, y otorgó que se constituía por fiador de Bartolomé Ruiz de Navarrete en tal manera que hará y cumplirá lo que tiene jurado y prometido en la aceptación de suso a la curaduría ad bona de don Juan Ortiz y Navarrete, y por su efecto el otorgante como tal fiador y principal pagador, haciendo de negocio ajeno propio dará la dicha cuenta y pagará los alcances y daños que se le hicieren, a todo lo cual obligó su persona y bienes, y lo firmó con el Alcalde, testigos Juan Guerra, Juan de Vique y Juan Bautista Romero.
Discernimiento. En la Ciudad de los Ángeles a 11 de enero de 1625, habiendo visto la aceptación, juramento y fianza hecha por Bartolomé Ruiz, dijo que tanto puede y ha lugar de derecho, lo discernía y discirnió el cargo de curador ad bona de don Juan Ortiz y Navarrete, y le dio poder judicial para el uso y ejercicio con general administración de lo que al dicho menor se le adjudicare de cualesquier maravedíes, pesos de oro y de plata, esclavos, mercadurías y otras cosas que le deban y debieren por cualquier manera, y ante las justicias eclesiásticas pida y saque censuras y las haga leer, íntimas y públicas, hasta las de anatema y testimonio de lo que por virtud de ellas resultare, y dijo que interponía e interpuso su autoridad judicial y decreto, y lo firmó, siendo testigos Juan Guerra, Juan de Vique y Juan Bautista Romero.

Posesión. En la ciudad de México en 29 de enero de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, corregidor en ella por Su Majestad, se leyó esta posesión. Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de la Ciudad de los Ángeles, curador ad bona de don Juan de Navarrete, hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz y Navarrete, difunto, digo que como consta de estos recaudos de que hago ante V. M. presentación, a mí se me discirnió judicialmente el cargo de tal curador ad bona, y para que los bienes que pertenecen al dicho mi menor y están en poder de los albaceas se me entreguen, tengo necesidad de que V. M. mande librarme su mandamiento para que los dichos albaceas en cuyo poder entraron los dichos bienes, dando cuenta de ellos, me los entreguen, los cuales pertenecen al dicho mi menor. Por tanto a V. M. pido y suplico haya por presentados los dichos recaudos y en su cumplimiento mande se me entreguen los dichos bienes que así pertenecen al dicho mi menor, pido justicia, y no firmo por no saber.
Auto. El señor Corregidor mandó traer los autos y que se lleven al doctor Cifuentes, y así lo proveyó, don Francisco de Ávila. Esteban Pérez de Angulo, escribano público.
En la ciudad de México en 25 de enero de 1625 ante don Francisco Enríquez de Ávila la presentó el contenido.
Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de la ciudad de Los Ángeles, digo que yo envié a esta ciudad una esclava mía nombrada Gracia al doctor Francisco Ortiz de Navarrete, que es difunto, con un poder para que me la vendiera, y es así que entre los bienes que entraron en poder del licenciado Sebastián Sánchez entró la dicha esclava y las escrituras y poder que yo asimismo envié al dicho doctor, y porque la dicha negra es mía, a V. M. pido y suplico mande que el dicho albacea exhiba la dicha escritura y poder y me entregue la dicha esclava, pues es justicia que pido, y atento a que se ha vendido y yo, como bienes míos, tengo ratificada la venta, se me entregue el precio de ella que son 280 pesos, y si necesario es para que conste ser mía la dicha esclava se le notifique al doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, hijo y heredero del dicho difunto, con juramento declare cómo la negra es mía y me pertenece, pido ut supra.
El Corregidor mandó dar traslado a las otras partes y que el dicho doctor declare conforme se le pide por el pedimento, y lo cometió a cualquier escribano real, a quien dió comisión, y así lo proveyó y mandó, don Francisco Dávila. Esteban Pérez de Angulo, escribano.
En la ciudad de México en 27 de enero de 1625 yo el escribano leí y notifiqué la petición de esta otra parte y lo en ella proveído al doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, y le apercibí para la declaración que por el dicho auto se manda, y habiendo jurado por Dios Nuestro Señor y por la señal de la cruz, por el tenor del pedimento, dijo que la dicha esclava nombrada Gracia contenida en este pedimento es y le pertenece al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete, porque el susodicho se la envió al doctor Francisco Ortiz de Navarrete su padre difunto, con el título de venta y un poder para que se la vendiese, y por no haber hallado comprador para ella la tenía en su poder al tiempo y cuando murió, y la dejó entre los demás bienes, la cual se vendió en almoneda como por bienes del dicho su padre difunto, sin que le pertenezca a este declarante como heredero ni a los demás sus hermanos, y así consiente y tiene por bien que el dicho precio procedido de ella se le entregue al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete, porque por la razón que tiene dicha le pertenece como bienes suyos, y que se vendieron en virtud del poder que el dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete le envió al dicho difunto, con el título de la dicha venta, y esto es la verdad para el juramento hecho, en que se afirma y ratifica, y declaró ser de edad de 28 años poco más o menos, y lo firmó ante mí, Esteban Pérez de Angulo, escribano público.
En 27 de enero de 1625, estando en el convento de San Francisco de Tacuba (1), yo el escribano susoescrito leí y notifiqué la petición de esta hoja y auto a ella proveído al licenciado Sebastián Sánchez, presbítero albacea que dijo ser del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto; el cual dijo que lo oye, y que se le dé esta petición para responder. Testigos, Sebastián Martinez y Luis de Chávez Villavicencio, estantes en el dicho pueblo. Bartolomé Galindo, escribano real.
En México en 27 de agosto de 1625 notifiqué esta petición y auto a ella proveído a Gerónimo de Aguilera como curador ad litem de don Juan de Navarrete, menor hijo y heredero que dicen fué del doctor Francisco de Navarrete; el cual dijo que hasta ahora no es parte en este pleito y nunca ha hablado en él. Testigo, Diego de Torreblanca. Y de ello doy fé, Diego de Velasco, escribano real.

En la ciudad de México en 29 de enero de 1625 ante don Francisco  Enríquez  Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: Bartolomé Ruiz y Navarrete, en la que tengo pedido sobre se me entregue la negra nombrada Gracia que yo envié al doctor Francisco Ortiz  y Navarrete con los títulos de ella para que me la vendiese, y por fallecimiento del dicho doctor, etc. etc.; digo que el doctor Francisco Ortiz y Navarrete, heredero del dicho difunto, ha declarado pertenecerme y ser mía, y de los recaudos que se ha hecho demostración consta ser mía. A V. M. pido y suplico me la mande entregar, pido justicia en forma.
Auto. El señor Corregidor mandó traer los autos y se les lleven al doctor Cifuentes para que los vea y los determine, y así lo mandó. Don Francisco Dávila. Esteban Pérez de Angulo, escribano público.

(1) Tlacopan era el nombre original del pueblo asentado en la ribera occidental del Lago de Texcoco, en el que desembocaba la calzada que lo conectaba con la Gran Tenochtitlán; al paso del tiempo, castellanizado su nombre pasó a ser Tacuba, y la calzada siguió siendo la misma, la México Tacuba. En el sitio acontecieron cosas importantes como el pasaje del salto de Alvarado y el episodio de la Noche Triste.
Tlacopan en en el idioma náhuatl significa "lugar sobre las varas", de tlacotl  (vara) y pan (lugar sobre). Rémi Simeón. Diccionario de la lengua nahuatl o mexicana. México, Siglo Veintiuno.
Con el triunfo de los españoles sobre la población indígena, Tacuba, al igual que el resto de las tierras aledañas a Tenochtitlán, comenzó a poblarse. Cortés comenzó a repartir las tierras fértiles con fines agrícolas. El sistema de repartimiento de tierras y la encomienda fueron establecidos. Las tierras se repartían como retribución a los soldados por los servicios prestados a la corona durante la guerra de Conquista. En cada repartimiento aplicaba la encomienda, es decir, al nuevo propietario se le encomendaba garantizar que determinado número de indios recibiría doctrina cristiana y protección (lo que se prestó a esclavitud y explotación). Además, se establecieron impuestos y se fundó la Real Audiencia. Tacuba sufrió cambios importantes durante este periodo, particularmente en su urbanización. Por la calzada de Tacuba (ya repartida en el s. XVI) entraba diariamente maíz, trigo, frutas; fue un puente importante para la economía en la Colonia. Cortés pensó establecerse en Tacuba pero finalmente llevó su gobierno a Coyoacán debido a las inundaciones que afectaban (y siguen afectando) a esta zona en época de lluvias. Aquí fue uno de los primeros lugares donde se llevó a cabo la catequización. Entre 1533 y 1535 los frailes franciscanos erigieron el templo y el convento de Tacuba, donde vivían 5 religiosos encargados de evangelizar a los indios de 18 comunidades.



                   Parroquia y convento franciscano de San Gabriel Arcángel, Tacuba.


Poder. En la ciudad de México a 18 de enero de 1625 ante mí el escribano y testigos, el licenciado Sebastián Sánchez, presbítero vecino de esta dicha ciudad, como albacea que dijo ser del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, otorgó su poder de derecho bastante a Diego de Torres y a Sebastián Martinez, vecinos de esta dicha ciudad, a ambos a dos y a cualquiera de ellos in solidun para que, en su nombre, de cuenta a quien la deba dar de los bienes que como tal albacea son a su cargo, en cuya razón presente cualquier peticiones, pedimentos, probanzas, testigos y otros cualesquier papeles y recaudos tocantes a esta dicha cuenta, y los saque de poder de cualquier escribano y otras personas en cuyo poder estuvieren, y hecha la dicha cuenta en el dicho nombre la acepte o adicione, y haga todos los demás autos y diligencias judiciales y extrajudiciales que convengan, que para todo y lo dependiente les dió este dicho poder con libre y general administración, y con facultad de enjuiciar, jurar y sustituir en un procurador, dos o más, y el otorgante, que yo el escribano doy fé que conozco, lo firmó, testigos Juan de Monleón, Gerónimo de Marchena y Gregorio Carrasco, vecinos de México. El licenciado Sebastián Sánchez, ante mí Juan Ramírez de Cartagena, escribano de Su Majestad.

Auto. En la ciudad de México a 31 de enero de 1625 don Francisco Enríquez de Ávila, Corregidor, habiendo visto estos autos y lo pedido por parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete sobre que se le entregue el precio de Gracia, negra esclava que se vendió por bienes del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, a quien el dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete dice haberla enviado con poder para que la vendiese, dijo que mandaba y mandó se notifique a quien fuere parte legítima por don Juan Ortiz de Navarrete, menor, el traslado mandado dar del pedimento del dicho Bartolomé Ruiz, y con lo que dijere o no, desde luego recibió esta causa a prueba con término de seis días con todo cargo de publicación y concluso, y así lo proveyó y mandó. Doctor Luis de Cifuentes. Esteban Pérez de Angulo, escribano.
En México a 27 de agosto de 1625 notifiqué el auto de prueba de esta otra parte contenido, como en él se contiene, a Gerónimo de Aguilera, como curador ad litem de don Juan de Navarrete, menor hijo y heredero del doctor Francisco de Navarrete, y le cité en forma de derecho para el ver, presentar, jurar y conocer de los testigos que fueren presentados por parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete, el cual dijo que lo oye, testigo Diego de Torreblanca. Y de ello doy fé, Diego de Velasco, escribano real.

En la ciudad de México en 27 de agosto de 1625 notifiqué los seis días de término con que se recibió esta causa a prueba, contenidos en el auto de esta otra parte, a Agustín Díaz, procurador, en nombre de esta parte, y a Bartolomé Ruiz de Navarrete, en sus personas, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.

Poder. Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo el licenciado Sebastián Sánchez, presbítero capellán mayor del Hospital Real de los Indios de esta ciudad de México (1), otorgo que por mí y como albacea testamentario del doctor Francisco Ortiz Navarrete y Francisco de Corpa, difuntos, cuyos albaceazgos tengo aceptados, otorgo por esta carta que doy mi poder cumplido como de derecho se requiere y es necesario a Agustín Díez, procurador de la Audiencia Ordinaria de esta ciudad, y a Sebastián Martinez, vecino de ella, y a cada uno y cualquiera de ellos in solidun, generalmente para todos mis pleitos, causas y negocios civiles y criminales movidos y por mover, que yo he y  tengo con cualesquier personas, y las tales y otras cualesquier contra mí los han o esperan haber y tener y mover en cualquier manera, así demandando como defendiendo, y para que pueda recibir, haber y cobrar cualquier maravedíes, pesos de oro y plata, joyas, esclavos, mercaderías, derechos, acciones y otros cualesquier bienes raíces y muebles que me deban y debieren, así por obligaciones, conocimientos, traspasos, sentencias, cuentas de libro o en otra cualquier manera, y de lo que recibiere y cobrare pueda dar las cartas de pago, finiquito y lasto (2) que convengan y valgan como si yo las diese siendo presente, y en razón de los dichos mis pleitos y cobranzas de los dichos mis bienes pueda parecer ante el Rey Nuestro Señor y ante sus Presidente y Oidores de las sus Reales Audiencias y ante cualesquier Alcaldes, Jueces y Justicias eclesiásticas y seglares de cualesquier partes que sean y ante cualesquier de ellas pueda demandar, responder, defender, negar, conocer, pedir, requerir, querellar, protestar testimonios, pedir y tomar, y para declinar jurisdicción y poner artículos y posiciones y a las de otras partes responder, y para jurar en mi ánima cualesquier juramentos de verdad, decirlos, diferir con las otras partes con quien litigare, y para dar y presentar cualesquier cartas de justicia y pedir cumplimiento de ellas y sacar cartas y censuras y presentar testigos, escritos y escrituras y probanzas y los abonar y los dé en contrario presentados, tachar y contradecir en dichas y en personas y recusar cualesquier jueces y escribanos y apartarse de ellas y sacar de poder de cualesquier escribanos y otras personas cualesquier escrituras y probanzas a mí tocantes, y siendo pagadas las cancelar y dar lasto de ellas y dar y hacer entregas, ejecuciones, prisiones, ventas de bienes y remates de ellos, y jurar costas, tasarlas y verlas, jurar y tasar a las otras partes, concluir razones y pedir sentencias y las consentir, y las dé en contrario, apelar y publicar, y las seguir donde con derecho deba hacer y haga así en primera como en todas otras instancias todos los demás autos y diligencias judiciales y extrajudiciales que convengan de se hacer, aunque sean de calidad que para todo ello se requiera y deba haber otro mi mas especial poder y mandado en presencia personal y en su lugar y en mi nombre lo pueda hacer y sustituir en quien quisiere y revocar los sustitutos y otros de nuevo entrar, quedando siempre en este dicho poder principal, que para todo ello y lo de ello dependiente se lo doy cumplido con todas sus incidencias, dependencias, anexidades y conexidades y con libre y general administración, y a sus sustitutos en forma de derecho, y para lo haber por firme obligo mi persona y bienes habidos y por haber. Hecho en la ciudad de México en 5 de abril de 1625, y el otorgante, que yo el escribano doy fé que conozco, lo firmó, siendo testigos Juan de Narváez y Juan Sánchez Quijada y Pedro García, vecinos de México. El licenciado Sebastián Sánchez. Ante mí Luis de Villarroel, escribano real.

(1) El Hospital se construyó a espaldas del convento de San Francisco (no se refiere al también franciscano de Tacuba que ya conocemos, claro está) y contiguo al Real Colegio de Niños Estudiantes de San Juan de Letrán (que como hemos visto surtía de jóvenes de compañía en los entierros de gente importante).
"Mientras la Comision Federal de Electricidad, CFE, estaba haciendo una excavación para instalar una bóveda eléctrica, surgieron entre el lodo restos óseos de hasta unas 70 personas que estaban en un par de osarios, en el cementerio que probablemente fuera la fosa común del Hospital de Indios (otro nombre para el Hospital Real de San José de los Naturales)". Tania Campos, www.xataka.com.mx/  21 de julio de 2016.



(2) Lasto, lastar, quizá del gótico *laistjan, "seguir los pasos de alguien". Suplir lo que alguien debe pagar, con el derecho de reintegrarse. RAE.


En la ciudad de México a 26 de agosto de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor en ella por Su Majestad, se leyó esta petición: Agustín Díez en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, Capellán Mayor del Hospital de los Indios de esta ciudad, albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en el pleito que contra los bienes del dicho difunto trata Bartolomé Ruiz Navarrete sobre haber enviado una esclava suya nombrada Gracia al dicho doctor para que se la vendiese, y que se le debe de entregar o su valor, y lo demás que es la causa, digo que el susodicho pidió que el dicho mi parte exhibiese en esta causa las escrituras de venta y poder que dice haber enviado al dicho doctor, de lo cual se dió traslado a mi parte, y respondiendo y satisfaciendo a la dicha petición es así que la dicha negra quedó por bienes del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete, y así se inventarió por sus bienes como parece por el dicho inventario, de suerte que como bienes suyos se vendió y de su procedido se cumplieron algunas mandas y legados que dejó el dicho difunto, de suerte que mi parte no está en obligación de entregar ni satisfacer el valor de la dicha negra, por haber sido bienes del susodicho, por tanto, a V. M. pido y suplico mande declarar no deber mi parte ni los dichos bienes a entregar la dicha negra ni su procedido, pido justicia y costas y que se me dé el pleito para alegar de la justicia de mi parte. Otrosí hago presentación de estas dos escrituras y poder, cumpliendo con lo pedido por el dicho Bartolomé Ruiz Navarrete, para que se pongan en esta causa, pido ut supra, Agustín Díez.
Auto. El señor Corregidor lo hubo por presentado y mandó dar traslado a las otras partes y que se le dé el pleito, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.
En México en 26 de agosto de 1625 yo el escribano notifiqué este traslado a Bartolomé Ruiz de Navarrete en su persona, y de ello doy fé, Diego de Cisneros, escribano real.

En la ciudad de México en 12 de febrero de 1626 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por el Rey Nuestro Señor, se leyó esta petición: Agustín Díez en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, albacea del doctor Francisco de Navarrete, en el pleito que contra los dichos bienes ha seguido Bartolomé Ruiz Navarrete en razón de una negra, digo que en esta causa mi parte presentó los títulos de la dicha esclava, y atento a que esta causa está fenecida y acabada, tiene necesidad se le devuelvan las dichas escrituras, quedando un traslado en la causa. A V. M. pido y suplico así lo provea y mande, pido justicia, firma Agustín Díez.
Auto. El señor Corregidor mandó que cualquier escribano público o real saque un traslado de las escrituras que la petición refiere, autorizado en pública forma, y se pongan en los autos y se le entreguen los originales a la parte del dicho licenciado Sebastián Sánchez, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Juan Pérez de Rivera, escribano público.
En cumplimiento de lo cual yo Diego de Cisneros, escribano de Su Majestad, hice sacar un traslado de las escrituras que la petición refiere, el tenor de lo cual es como sigue:

Poder. Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo, Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de la ciudad de Los Ángeles, estante al presente en esta villa de Carrión, Valle de Atrisco (1), otorgo por esta carta que doy mi poder cumplido cuan bastante de derecho se requiere y es necesario al doctor Francisco Ortiz de Navarrete, médico vecino de la ciudad de México, generalmente para en todos mis pleitos, causas y negocios civiles y criminales movidos y por mover que yo he y tengo  con cualesquier personas, y las tales y otras cualesquier contra mí lo han o esperen haber y tener en cualquier manera, así demandando como defendiendo, y para que pueda recibir y cobrar cualesquier maravedíes, pesos de oro y plata, esclavos, mercadurías, derechos, acciones y otros cualesquier bienes raíces y muebles que me deban y debieren, así por obligaciones, conocimientos, traspasos, sentencias, cuentas de libro o en otra cualquier manera, y de lo que recibiere y cobrare pueda dar las cartas de pago, finiquito y lasto que convengan, y valgan como si yo las diese siendo presente, y en razón de los dichos mis pleitos y cobranzas de los dichos mis bienes pueda parecer ante el Rey Nuestro Señor y ante sus Presidentes y Oidores de las sus Reales Audiencias, y ante cualesquier Alcaldes, Jueces y Justicias eclesiásticas y seglares de cualquier parte que sean, y ante cualesquier de ellas pueda demandar, responder, defender, negar y conocer, pedir y requerir, querellar y protestar, testimonios pedir y tomar, y para declinar jurisdicción y poner artículos y posiciones, y a los de las otras partes responder, y para jurar en mi ánima cualesquier juramentos de verdad decir, y los diferir en las otras partes con quien litigare, y para dar y presentar cualesquier cartas de justicia y pedir cumplimiento de ellas y sacar cualesquier cartas y censuras y presentar testigos, escritos y escrituras y probanzas y los abonar, y los de contrario presentados tachar y contradecir en dichos y en personas, y recusar cualesquier jueces y escribanos y jurar en mi ánima las tales recusaciones y apartarse de ellas, y sacar de poder de cualesquier escribanos y otras personas cualesquier escrituras y probanzas a mí tocantes, y siendo pagadas las cancelar y dar lasto de ellas, y dar y hacer entregas, ejecuciones, ventas de bienes y remates de ellos, y jurar costas, tasarlas y verlas, jurar y tasar a las otras partes, concluir razones y pedir sentencias y las consentir, y las de contrario apelar, y suplicar y las seguir donde en derecho deba hacer y haga así en primera como en todas otras instancias todos los demás autos y diligencias judiciales y extrajudiciales que convengan de se hacer aunque sean de calidad, que para todo ello se requiera y deba haber, otro mi más especial poder y mandado en presencia personal y en su lugar y en mi nombre lo pueda hacer y sustituir en quien quisiere, y revocar los sustitutos y otros de nuevo crear, quedando siempre en este dicho poder principal, que para todo ello y lo de ello dependiente se lo doy cumplido, con todas sus incidencias, dependencias, anexidades y conexidades y con libre y general administración, y lo relevo y a sus sustitutos en forma de derecho, y para lo haber por firme obligo mi persona y bienes habidos y por haber. Otrosí, le doy este dicho poder para que en mi nombre pueda vender de contado o fiado, como le pareciere, una negra mi esclava nombrada Gracia de la Tierra, y edad que parecerá por una escritura de venta y título que de ella tengo, la venda por mí propia como lo es, libre de empeño o hipoteca y de dicho enagenamiento, y sin asegurarla de cosa alguna de más de lo que está dicho, y la dicha cantidad que por ella le dieren la reciba, y no siendo el entrego presente renuncie leyes del entrego y su prueba como en ellas se contiene, y me desista y aparte del derecho y acción que a la dicha esclava tengo, y lo ceda en el comprador y me obligue al saneamiento de ella en la más bastante forma que puedo y de derecho soy obligado, en cuya razón otorgue escritura de venta que le fuere pedida con todas las fuerzas, vínculos y firmezas, renunciaciones de leyes y las demás que para su efecto y validación convengan, que siendo hechas y otorgadas por el susodicho yo desde luego para entonces la otorgo y apruebo y ratifico, a cuya firmeza obligo mi persona y bienes habidos y por haber, y doy poder a las Justicias de Su Majestad donde en virtud de este dicho poder fuere sometido, donde me someto y renuncio mi fuero y jurisdicción, domicilio y vecindad y la ley si conveneri devieri divisione omniren rudiceum, para que a ello me apremien como si fuera por sentencia definitiva de juez competente pasada en cosa juzgada, renuncio leyes de mi favor y la general del derecho, que es hecha en la villa de Carrión en 12 de junio de 1624, y yo el escribano doy fé que conozco al otorgante, el cual no firmó porque dijo no saber, a su ruego lo firmó un testigo, siendo testigos Gerónimo de Salazar, Andrés Jiménez y Cosme de ¿Trueba?, vecinos y estantes en esta villa. Ante mí Manuel Enríquez, escribano de Su Majestad.

(1) Villa de Carrión, Valle de Atrisco ( Atlixco, nombre azteca formado de Atl, Agua; Ixtla, llanura, valle (de Ixtli, cara, superficie); Tla, abundancia, y de la final co, que indica en; el conjunto forma la palabra Atl-ix-co que significa "Agua en el valle o en la superficie del suelo". http://www.inafed.gob.mx/work/enciclopedia/EMM21puebla/municipios/21019a.html ).
“Sabrá vuestra majestad que en esta ciudad se coge el mejor pan que hay en todo el mundo...alcanza un valle por su término, que por su fertilidad, sanidad, grandeza y abundancia excede al ajarafe de Sevilla y a la vega de Granada, que se llama Atrisco y por sus excelencias se nombra el Val de Christo, de donde se provee el pan, bizcocho, harina y muy buenos tocinos y carnes todos los navíos, así como los que van para España, como para el Perú y las tierras nuevas del mar de mediodía”. Informe del Ayuntamiento de la ciudad de los Ángeles al Consejo de Indias en 1537. Citado en "La familia Furlong Malpica y sus áreas de influencia en la Puebla de los Ángeles. 1750-1941". Luz Marina Morales Pardo (Tesis). Universidad del País Vasco. Bilbao, 2016.


Escritura. Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo Martín Gómez de Cabrera (1), boticario vecino de la ciudad de Los Ángeles, otorgo que vendo en venta real a Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de esta ciudad, una negra llamada Gracia de Tierra, angola, de edad de 20 años poco más o menos, y se la vendo por libre de hipoteca, empeño u otra obligación que no la tiene, y sin se la asegurar como no se la aseguro de tacha, defecto ni enfermedad pública ni secreta que tenga o pareciere tener, porque con las que pareciere tener en cualquier manera que sea se la vendo, y en precio de 300 pesos de oro común que por ella me ha dado y pagado en reales de contado ante el escribano público y testigos de esta escritura de que yo el dicho escribano doy fé de la dicha paga, entrego y recibo, porque pasó en mi presencia y de los dichos testigos, y que el dicho otorgante como contento y pagado del precio de la dicha esclava me desisto y aparto de la propiedad, poderío y posesión que a ella había y tenía y hoy tengo, y lo renuncio, cedo y transfiero en el dicho comprador, a quien se la tengo entregada en señal de posesión y tradición verdadera, y como real vendedor y como mejor puedo y de derecho soy obligado, me obligo a su evicción y saneamiento en la más bastante forma que por derecho soy obligado por mi persona y bienes habidos y por haber, y doy poder a las Justicias de Su Majestad y en especial a las de esta dicha ciudad de Los Ángeles, donde me someto y renuncio mi propio fuero y jurisdicción, domicilio y vecindad, con la ley sicombeneri de jurisdicione para que me apremien como por sentencia pasada en cosa juzgada, y renuncio leyes y derecho de mi favor y la general del derecho, que es hecha en la ciudad de Los Ángeles en 21 de septiembre de 1623, y el dicho otorgante que yo el escribano doy fé que conozco lo firmó, testigos Hernando de Valencia y Sebastián de Ayarsa y Diego Ortiz, vecinos de esta ciudad y estantes en ella. Martín Gómez de Cabrera ante mí Fernando de Rosas [o Rozas], escribano público.

(1) "En una visita realizada a la botica de Martín Gómez de Cabrera en la ciudad de Puebla en el año de 1629, se registraron diversas sustancias que se utilizaban para la preparación de medicamentos. En los más sobresalientes se encuentran las siguientes: topacios, esmeraldas, safiros (sic), rubíes, ámbar, coral, perlas, lapislázuli, cuerno de ciervo, plomo, marcasitas, alcanfor, castoreo mungo, amapolas, cauda equina, polipodio, poleo, dimato cretense, meliloto, mirabolanos, setrinos, pimienta larga, pimienta blanca, nuez moscada, clavo, anís castas, ciruelas pasas, raíz de conjubro, raíces de hinojos, raíz de aditamo, raíz de alcaparras, azar, goma de hinojo, goma de Aurelio, sarco cola, amoníaco y goma yedra, entre otros". Puebla de los Ángeles: historia de una ciudad novohispana : aspectos sociales, económicos y demográficos. Miguel Angel Cuenya y Carlos Contreras Cruz. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2007, págs 186-87.


Escritura. Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo el licenciado Tomás de Acevedo, médico vecino de la ciudad de México, otorgo que vendo en venta real a Martín Gómez de Cabrera, boticario vecino de la ciudad de Los Ángeles, una negra llamada Gracia de Tierra, angola, de edad de 20 años poco más o menos, que la hube y compré de Gabriel de Anzúrez Guevara (1), vecino de esta ciudad, por escritura ante Alonso Corona, escribano público, y se la vendo por libre de empeño e hipoteca u otra enajenación que no la tiene, sin la asegurar, como no se la aseguro, de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad pública ni secreta  que tenga o pareciere tener, porque con las que tuviere os la vendo, en precio de 300 pesos de oro común, que por ella me habéis dado y pagado en reales de contado, sobre que renuncio las leyes del entrego y prueba de él y excepción de la pecunia, y me desisto y aparto del derecho y acción, propiedad y señorío que tengo a la dicha esclava, y lo cedo y renuncio y transfiero en el comprador, a quien tengo entregada en señal de posesión y tradición verdadera y como real vendedor me obligo a su evicción, seguridad y saneamiento de la dicha esclava en la más bastante forma que por derecho soy obligado por mi persona y bienes habidos y por haber, y doy poder a las justicias de Su Majestad y en especial a las de esta ciudad, a cuyo fuero y jurisdicción me someto en forma, y renuncio el mío propio, domicilio y vecindad con la ley si conveneri de uridicione para que a ello me apremien con el rigor de sentencia pasada en cosa juzgada, renuncio las leyes de mi favor y la general del derecho, que es fecha en la ciudad de Los Ángeles a 8 de junio de 1623, y el otorgante que doy fé que conozco lo firmó, siendo testigos Hernando de Valencia, Bernardino de Mendoza y Diego de Echavarría, vecinos de esta ciudad. El licenciado Tomás de Acevedo. Ante mí Hernando de Rosas, escribano público. Corregido con los originales que llevó en su poder la parte del dicho licenciado Sebastián Sánchez a que me refiero, y del dicho pedimento y mandamiento dí el presente en la ciudad de México a 12 de febrero de 1626, siendo testigos Alonso de Figueroa, Roque Arias y Francisco Gómez, residentes en esta dicha ciudad. En testimonio de verdad hice mi signo. Diego de Cisneros, escribano real.

(1) Un 22 de marzo de 1649, el Ayuntamiento de Puebla, acordó en sesión de cabildo participar en la actividades para festejar la consagración de la Catedral, para esto, en el acta disponible en el Archivo Municipal, se establece que los regidores aprobaron el sorteo de los participantes en el juego de cañas que se verificaría en la plaza pública durante el novenario. En el libro "485 Años de Historia, Archivo General Municipio de Puebla" se indica que de este sorteo resultaron electos para formar las cuadrillas de combatientes: el depositario general Juan de Carmona Tamariz y los regidores Bernardo Zerón Zapata, Gabriel de Anzures Guevara, Juan Gómez de Vasconcelos, Juan Ortiz de Castro, Gerónimo del Castillo Villegas y Diego [Ruiz] Machorro. "Todos ellos recibieron seis pesos cada uno por su participación en los mencionados juegos. La singular fiesta de consagración, cuyo costo fue de cuatro mil pesos, contó con el beneplácito del excelentísimo Marcos de Torres y Rueda, obispo de Yucatán, virrey de la Nueva España y presidente de la Real Audiencia, quien murió poco después", cita la publicación. Cabe mencionar que la consagración de la Catedral de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Puebla, se realizó el 18 de abril de 1649 por parte del obispo Juan de Palafox y Mendoza, hubo grandes festividades de lujo y esplendor "de la que era considerada la segunda ciudad más importante de la Nueva España". El “juego de cañas”, de origen árabe y practicado con frecuencia en las plazas mayores de la España renacentista, consistía  en simular una acción bélica o de combate. "Se formaban hileras de hombres montados a caballo (los cuales eran normalmente nobles) que tiraban cañas a manera de lanzas o dardos para ser paradas con el escudo; así se simulaban combates para escapar luego en círculos o semicírculos en grupos de hileras". http://www.urbanopuebla.com.mx/sociedad/noticia/4873-efem%C3%A9rides-en-1649-sesiona-cabildo-de-puebla-para-definir-festejos-por-consagraci%C3%B3n-de-la-catedral.html
Como tal regidor, Anzúres recibió mandamiento del Marqués de Cerralvo, gobernador de Nueva España, para guardar y cumplir la petición de Pedro de Ayora y Luis Espíndola, vecinos y labradores en el pueblo de Acazingo, jurisdicción de Tepeaca, quienes se quejaron de que, teniendo "haciendas de labor donde siembran cantidad de trigos y otras semillas y en ellas algunos indios e indias gañanes para el beneficio de ellas, y algunas personas, por hacerles mal, les han sonsacado y llevado algunos indios y otros ídoseles, en que están empadronados y les obligan a que paguen los tributos por ellos... ". Hecho en México a 30 de junio de 1636. De Fuentes para la historia del trabajo en Nueva España. María Castelo de Zavala. Volumen 8, pág 406.
The size and coherence of the immigrant group [de briocenses en Puebla] guaranteed multiple connections of kinship, compadrazgo, and friendship that helped new arrivals establish themselves. Although many families remained close to their commercial and working-class origins, immigrants were more than willing to involve themselves in a variety of enterprises. Economic success anda advantageous marriages certainly could pave the way for upward mobility over generations. Among the children of Pedro de Anzures and his wife, doña Isabel de Vargas, for example, don Diego de Anzures eventually sat on the cabildo, Bach. Pedro de Anzures became an ordained priest, and Lic. don Josephe de Anzures, who died on the way to Spain in 1625, was a lawyer of the Audiencia and server as governor of Tlaxcala three times. Their first cousin Gabriel de Anzures Guevara, son of the labrador Francisco Barbero, was an escribano and also served as alguacil mayor of Huejotzingo. All in all, immigrants´ careers, activities, anda marriages and the strength and duration of the connection between Brihuega and Puebla offer ample proof that they found a good life in New Spain. [...]. The briocenses´ strengh in the notarial profession also gave them an entrée into local politics, although here again, in the absence of personal connections, this king of background would not necessarily have brought them much closer to the real center of power and influence. In this arena of officeholding as well Diego de Anzures led the way. Son of a man who was both a textile manufacturer and notary in Brihuega, Anzures obtained appointment as notary of the city council in 1566, a position he subsequently passed on to his younger brother Pedro de Anzures, who assumed office in 1570. Their nephew Gabriel de Anzures Guevara also was an escribano (although not of the cabildo) in Puebla, as were at least three other briocenses in the early seventeenth century. [...]. These familial clusters underscore the strength of the tie between siblings, who frequently looked after one another, especially if parents were absent or dead. [...] Gabriel de Anzures Guevara, son of the immigrants Francisco Barbero and Isabel de Anzurez, in 1605 donated his inheritance from his father (who died in 1598) together with whatever legacy he would inherit from his mother to his "hermanas doncellas (maiden sisters), Juana and Ana. [...]. Transatlantic ties in the Spanish Empire. Brihuega, Spain & Puebla, Mexico, 1560-1620. Ida Louise Altman. Stanford University Press. 2000, págs. 79, 93 y 141.


Árbol genealógico de la familia de Gabriel de Anzúres Guevara. Obra citada.

Notas varias, 3i.

Juan de Vidales, defensor de Bienes de difuntos, por los del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en la causa con el bachiller S...