jueves, 28 de mayo de 2020

Historia de los apellidos, 21o.



En Hernán Cortés en Castilleja de la Cuesta (Actas de los VII Encuentros de estudios comarcales Vegas Altas, La Serena y la Siberia, Octubre de 2014, Villanueva de la Serena) su autor el profesor de educación primaria Fernando Gallego Gallardo (1) remite a una descripción muy completa del interior del palacio montpensieriano de Castilleja que en La Ilustración Española y Americana del 15 de abril de 1877 (2) apareció, en forma de carta dirigida a don Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca, firmada por Cecilia Böhll de Faber, Fernán Caballero,

(1) Dice el señor Gallego que Cortés se vino a Castilleja a una casa humilde cuya planta baja carecía de ventanas para preservar el interior del polvo de la Calle Real*. Y añade: "estaba enfermo de disentería según unos, otros de viruela y varicela, algunos otros opinaron que de una enfermedad tropical y otros se inclinaron por la sífilis.[...] Como extremeño, vivió una realidad social y territorial que dejó en él una profunda huella por la larga tradición guerrera contra los musulmanes, el antagonismo castellano-portugués y la propia guerra civil castellana desembocada a la muerte de Enrique IV de Trastamara. De tal manera que se desenvolvió en un territorio de disposición permanente de acceso a las armas. De ahí su afán de aventuras.
Cita al libro Crónica de la eternidad del historiador francés Christian Duverger, quien trata de demostrar que "Bernal Díaz del Castillo, a los 84 años, nunca pudo escribir La historia verdadera de la Conquista de la Nueva España y que su autor no fue otro que el propio Hernán Cortés". Sigue documentándonos el señor Gallego: "Su hijo Martín Cortés, segundo Marqués del Valle, le dedicó el siguiente epitafio [inscrito en la lápida de San Isidoro del Campo]:
Padre cuya muerte impropiamente
aqueste bajo mundo poseía.
Valor que nuestra edad enriquecía,
descansa ahora en paz, eternamente.
[...] En 1832, simulación de traslado de los huesos de Hernán Cortés por amenaza de profanación por parte de un grupo de independentistas. [...] Con motivo de la visita de Fernán Caballero al palacio en el año 1868, más o menos, confeccionó un catálogo con lo que aquellos años contaba esta residencia".
* Erróneamente. En esto como en casi todo su trabajo el señor Gallego bebe directamente de Fernán Caballero, la cual se refiere con lo de una casa sin ventanas para proteger el interior del polvo de la Calle Real de Castilleja, al mismísimo palacio de los duques ya en el siglo XIX, y no a la casa del Jurado. El estilo mudéjar de las ventanas del palacio, estrechas, casi aspilleras, se prestaba con completa propiedad a esa protección contra el polvo de la calle, y en las edificaciones del desierto, que el Duque había conocido en 1844 y 1845, v.i., tienen su remoto origen. Pero el artículo del señor Gallego nos va a dar mucho de sí, con la nota sobre el traslado simulado de los huesos de Cortés para librarlos de las profanaciones independentistas (v.s.), hecho que se repitió en la Cuba de tiempos del general Antonio Venenc con otros restos. Añadiremos en próxima entrada cómo nuestro general se cubrió de gloria defendiendo a un grupo de estudiantes cubanos independentistas, acusados de intentar profanar la tumba de cierto importante escritor criollo partidario de la Cuba española. Fueron fusilados en aquella isla por orden de las autoridades peninsulares.

(2) El rey Alfonso XII, que este año de 1877 visitó Andalucía acompañado de la princesa de Asturias, paseó por el centro de Sevilla en un brioso caballo del duque de Montpensier, giró visita a la Cartuja y estuvo en el palacete de Castilleja el día 27 de marzo. El anterior día 21 había inaugurado el monumento ecuestre a San Fernando en la Plaza Nueva hispalense. "El duque de Montpensier obsequió el miércoles a S.M. el rey con un espléndido almuerzo dado en la casa donde murió Hernán Cortés en Castilleja de la Cuesta. S.M., según dicen los periódicos de Sevilla, iba vestido a la andaluza con el traje que le ha regalado un industrial sevillano". La Correspondencia de España, 31 de marzo de 1877, pág. 2.
Tras la expulsión de Isabel II en 1868, su cuñado el duque de Montpensier se había movido activamente por alcanzar el trono vacante, y se decía que estuvo a la cabeza de la conspiración que derrocó a su suegra, así como del asesinato del general Prim.
"En septiembre de 1862, la Reina Isabel II, junto a los Duques de Montpensier, recorre la calle Real de Castilleja para alojarse en el Palacio de Hernán Cortés. En el año de 1876, nuevamente, la Reina Isabel II se alojaría en el palacio castillejano. El 28 de marzo de 1877, es el rey Alfonso XII quién visita el palacio de Castilleja de la Cuesta [como queda dicho, v.s.], junto a su futura esposa, la Infanta María de las Mercedes, donde almorzaron y pasearon por sus jardines. Al salir el carruaje del palacio hacia Sevilla, en la calle Real, el pueblo los vitoreó, escuchándose entre la aclamación un grito de “¡Viva el Rey!” y de “¡Viva la Reina!”, siendo este último viva la primera vez que fue pronunciado por el pueblo español. Curiosamente, el 8 de diciembre de 1877, solemnidad de la Inmaculada Concepción, fue pedida en matrimonio la Infanta María de las Mercedes por el Rey: “Ayer, día feliz para mí, fiesta de la Santísima Virgen, la Inmaculada Concepción, Patrona de mi querido país, fui pedida en matrimonio por un enviado extraordinario del Rey de España.
El 27 de diciembre, nuevamente el Rey Alfonso XII, junto a su prometida María de las Mercedes y familiares, volvieron al palacio de Hernán Cortés en Castilleja de la Cuesta, visitando la capilla y la salas con recuerdos de México. Pasearon por las habitaciones, y subieron a la azotea y a los torreones. El Rey no se cansaba de admirar el paisaje, mientras Mercedes le señalaba todos los pueblos que se ven en lontananza. El Duque de Montpensier, sonriente, se acercó a ellos y les dijo: “Mercedes: tu madre y yo hemos decidido que esta finca que tanto te gusta entre en tu Corbeille de mariage”. La Infanta abrazó a su padre, emocionada y feliz. Para Mercedes, Castilleja de la Cuesta era el sueño de su infancia. Fue junto a la tapia del Palacio donde una gitana le dijo que veía en su mano una corona de Reina, y fue también en Castilleja donde oyó la primera ovación. El 23 de enero de 1878, se casan el rey Alfonso XII con la reina María de las Mercedes, que llevaba de dote el palacio de Hernán Cortés. A partir de entonces, Castilleja de la Cuesta se convierte en “el pueblo de su Real Sitio”. ABC de Sevilla, 5 de septiembre de 2013.

La epístola de Fernán Caballero en La Ilustración Española y Americana a la que Fernado Gallego Gallardo se refiere (v.s) es la que sigue, con un preámbulo del propio periódico:

La casa en que murió Hernán Cortés en Castilleja de la Cuesta. Casi en los mismos momentos en que llegaba a nuestro poder el presente bellísimo artículo, recibíamos la noticia  infausta, aunque esperada, del fallecimiento de su ilustre autora, D.ª Cecilia Böll de Faber y Larrea, Fernán Caballero.
Al Director-Propietario de La Ilustración Española y Americana, que publicó en Cádiz la primera obra literaria, titulada Lágrimas, de aquella insigne escritora, le cabe hoy la triste satisfacción de publicar en las columnas de este periódico el último fruto del vigoroso ingenio de Fernán Caballero. — Elevamos preces al Cielo por el eterno descanso de aquella mujer incomparable, que mereció en vida los privilegiados títulos de paladín del bien y ángel de la caridad. (Nota de la Dirección).

Carta de Fernan Caballero al Sr. D. Fernando de Gabriel y Ruiz de Apodaca (1).
Dice un periódico: "Escriben de Valladolid lo siguiente:
La antigua y monumental casa donde murió el célebre Colon, investigador de mundos desconocidos, y cuya fama póstuma se lega imperecedera de generación en generación, se halla en estado de ruina tan próxima, que su dueño ha tenido necesidad de colocar, no un apoyo, sino un madero que impida el tránsito cercano, con el objeto de evitar alguna desgracia, caso de desprendimiento (2).
Leía estos desconsoladores renglones, casualmente el día después de haber estado en Castilleja de la Cuesta y visitado la casa en que murió Hernán Cortés, casa que estaría aún en peor estado que la que menciona el anterior suelto, si sobre ella no hubiesen extendido los Serenísimos Infantes Duques de Montpensier sus restauradoras manos (3).
Se que complaceré a V., querido amigo, hablándole de esta restauración con algún detenimiento, persuadido (4), como estoy, del interés que le inspira cuanto contribuye a conservar viva y a enaltecer la memoria de aquel insigne compatriota de usted (5), en todos conceptos grande y heroico cuan ninguno.
El día en que tuvo lugar mi excursión, aunque fue a fines de Mayo, era en extremo frescco y agradable. El cielo, para valerme de una de las graciosas imágenes del país, estaba remendado: aquí se extendía una blanca nube como formada de ligeros copos de nieve; más allá se cernía pesadamente otra gris, como si fuese un montón de cenizas lanzadas al aire por un volcán, y entre ellas asomaba el azul del cielo sin el brillo que le presta el sol, pero tan puro cual si las volanderas nubes hubiesen tenido por misión la de ser otros tantos finos paños que le purificasen de las empañaduras del polvo que alza la tierra.
Pasemos el camino que desde Sevilla conduce a Castilleja; subamos la pendiente que le proporciona su distintivo de la Cuesta; entremos en la calle principal que la atraviesa, y a poco hallaremos en ella un pequeño castillo edificado con suma exactitud y buen gusto en estilo moruno, sobre la casi arruinada casa en que murió Hernán Cortés.
Esta casa no perteneció a Cortés; fue de D. Alonso (sic) Rodríguez, que por lo visto se la brindaría al ilustre caudillo para reponer en aquellos aires puros su quebrantada salud.
Con el peculiar tino y singular buen gusto que distinguen a S.A.R. el Excmo. Sr. Infante Duque de Montpensier, eligió para restaurarla el género de arquitectura indicado, pues sobre estar muy en armonía con el que también concuerda con los recuerdos de un país que de él conserva tan preciosos restos, era por su incomunicación con el exterior el único que podía evitar el que esta morada, si llegaba a convertirse en regia, no tuviese ventanas a una vía pública muy transitada, cuyo grosero tráfico y constante polvo había sido intolerable en ella, puesto que de esta vía no separa el edificio sino un corto espacio, cercado por una preciosa reja (6).
El solo hueco que en el piso bajo tiene a la calle es la puerta, que continúa siendo la misma de épocas anteriores, y está formada de consistente caoba tachonada con grandes clavos de metal de cabeza dorada, salientes y labrados, según la usanza de los tiempos en que se hizo, por lo que se conserva fuerte y entera, sin más detrimento que faltarle algunos de estos clavos, vendidos por sus anteriores dueños o arrendatarios a ricos viajeros o curiosos anticuarios. Sobre esta puerta se ostenta un busto de hierro del hombre que en aquel lugar halló el solo enemigo que lo rindió: la muerte.
En el piso bajo, a la derecha, se encuentra una sala con puertas de cristales al jardín, del que la separa una galería techada por un emparrado. El emparrado es en España entre las plantas lo que el pan entre los comestibles, y los pobres entre los hombres; entran y son atendidos así en la casa más humilde como en los palacios.
Esta sala es un Museo Arqueológico de objetos concernientes al grande hombre que allí murió para revivir allí mismo 320 años después, tan altamente honrado, que nadie saldrá de aquel lugar, dedicado a su memoria, sin el más solemne sentimiento de admiración y de respeto.
El testero, frente al jardín, se halla colocado un precioso mueble, sobre el que se ve un busto grande de bronce dorado que representa dignamente el Conquistador de Nueva España. En este mueble se guardan objetos y copias de documentos de mayor interés. El busto ha sido enviado de Italia por S.A. el Duque de Aumale, tan aficionado y entendido en materia de Historia y de Arqueología como su augusto hermano, y que de aquel país lo ha remitido por hallarse hoy la casa de Cortés, Marqués del Valle, unida por alianza a la del Duque de Monteleone y de Terranova (7), establecida en Palermo. Asimismo remitió copia de un magnífico retrato que existe en el palacio de dicho Duque, y que positivamente ["positivamente", o sea, el original, el cierto, el verdadero. Diccionario de Autoridades] se hallaba en el Hospital de Jesús, fundado por Cortés en 1529 (8). Su Alteza Real ha reunido en este Museo cuantos retratos de su héroe se conocen. Además del ya mencionado se ven: otro que representa a su modelo en toda la lozanía de su juventud, y es copia del que se conserva en el Archivo de Indias de Sevilla, y otro del que existe en París en el Museo del Louvre, y que por el estilo de la pintura se cree que pueda ser contemporáneo.
Otro, litografiado, sacado de uno que existe en la galería de Versalles.
Otro, de cuerpo entero, cuyo original es de Velázquez, y está en el Museo de Madrid.
Representa a Hernán Cortés, ya viejo, rodeado de algunos trofeos guerreros: en el fondo se distinguen sus naves incendiadas. Este retrato no está señalado en el Catálogo de Madrid como de Cortés; pero la casualidad, que suele mostrarse propicia a los que, como S.A.R., no se cansan en sus estudios e investigaciones de solicitar sus favores, puso en manos de este Príncipe una estampa antigua, en la que reconoció al mencionado cuadro de Velázquez, aun antes de leer el letrero que tenía, que con el nombre del grabador, expresaba el del pintor y el del original del cuadro que reproducía.
Este retrato está colocado al lado izquierdo del mueble ya mencionado, mientras que a la derecha le hace juego el que representa a Cortés en todo el vigor de su edad y de su fuerza. Nada puede hallarse que sea más español que aquella figura, cuyas finas, rectas y pronunciadas facciones parecen con su característica palidez, esculpida por delicado cincel en mármol. ¡Qué poder, qué arrojo, qué decisión, unido a la serenidad de la fuerza en la mirada de aquellos ojos negros! Con aquella mirada, en aquella actitud sería dada, por el que allí contemplamos, la orden más audaz, osada y heróica que se ha dado en el mundo. Es, por cierto, interesante, aunque muy triste, observar el contraste que forman ambas figuras. Hay naturalezas tan poderosas y excepcionales, que cuando en ellas se observa la destructora influencia del tiempo, se nos presenta terrible y con todo su incontrastable poderío nuestra humana miseria.
Ha reunido allí además S.A.R. otros retratos análogos, como son: uno de Cristóbal Colón, dibujo alemán muy notable; otro de Magallanes; otro de Pizarro, y colocado en lugar preferente, el del sabio Solís, historiador digno del gran conquistador de Mejico.
En el mueble que he mencionado están cuidadosamente guardadas muchas curiosidades fabricadas por los indios, y otras de diversa procedencia; pero la más notable de las alhajas que allí se conservan, en un precioso estuche, es el cáliz de plata y oro primorosamente cincelado, que perteneció y llevó consigo a la guerra Fr. Bartolomé de Olmedo, fraile mercenario (sic), que acompañó a Hernán Cortés.
En un cajón de este mueble se hallan reunidos y guardados en una lujosa carpeta de tafilete dorado la colección de copias de interesantes documentos de que he hecho ya mérito, y que son en número de 64, referentes a Cortés.
Uno de los más notables, que está señalado en el Catálogo con el número 1, es las Ordenanzas militares, dadas por el gran caudillo a sus tropas.
Es pasmosa, me decía con esta ocasión el coronel D. Miguel Velarde (9), ayudante de S.A.R., a cuya aptitud reconocida y a cuya amable fineza y complacencia debo estos pormenores técnicos: es pasmosa la suma de grandes dotes y conocimientos militares que estas ordenanzas prueban, y cuánto valor daba el que las promulgó a la disciplina y unidad de los ejércitos. La sagacidad, prudencia, constancia y valor descollaban unidos y en grado eminente en el gran caudillo. Cortés no era de aquellos rudos guerreros que, como Pizarro, no sabían manejar más que la espada; nacido de ilustre familia, recibió educación muy esmerada y estudió con aprovechamiento en Salamanca. Una de las cosas que más agradablemente impresionan en este conquistador es ver la constante solicitud y desvelo que manifiesta en sus Ordenanzas a favor de los buenos indios mejicanos, y muy particularmente por desarraigar en ellos los horrores de su idolatría y abrir sus ojos a la luz y civilización del cristianismo. La primera vez que visitó a Moctezuma en su palacio abordó la cuestión religiosa, y consiguió que este Rey idólatra prohibiese en su mesa la carne humana, etc.
El documento designado con el número 13 es copia de cartas escritas por Hernán Cortés a S.M. sobre la conveniencia de enviar a Nueva España religiosos para la conversión de los indios.
El número 22 es la Real cédula de Carlos V nombrando a Hernán Cortés Marqués del Valle de Oajaca, fechada en Barcelona, en 6 de julio de 1529.
El número 32 es un asiento sobre 23.000 vasallos que S.M. tenía concedidos en Nueva España al Marqués del Valle.
El 47 es copia de una carta a S.M. en que Cortés se queja de los agravios que recibe de la Administración de Justicia en sus pleitos, añadiendo que le cuesta más defenderse del fiscal, que le había costado ganar las mercedes que le estaban otorgadas por S.M.
El 52 es una Memoria de los plumajes y joyas que envía a España para repartir a las iglesias y monasterios.
El 53, unas Ordenanzas y capítulos publicados por Hernán Cortés para el buen régimen y buen trato de los indios por los españoles.
El 41 es una carta de Hernán Cortés a Cristóbal de Oñate avisándole de su llegada, y causa de haber puesto a aquel puerto el nombre de Santa Cruz, por haber arribado a él el día 3 de Mayor, en que se celebra esta fiesta.
¡Con cuánta pena se nota aquí la guerra y contrariedades de que han sido siempre blanco los hombres superiores por parte de las medianías y nulidades!
Mas ya esta enumeración va siendo larga, y sólo mencionaré un documento más moderno, pero curioso, que es el Acta de la Independencia del Imperio mejicano, levantada por  Itúrbide, el 10 de Septiembre de 1821, original, con todas las firmas.
También se ve allí el sable de Itúrbide. (Continúa en la siguiente entrada).

(1) Nacido en Badajoz en 1828, coronel de Artillería, de ascendientes aristocráticos, parlamentario conservador en la Restauración y diputado por el distrito de Sanlúcar la Mayor en 1864, desapareció durante el Sexenio Democrático y regresó a la diputación del distrito de Sanlúcar en 1876 y 1879, en que fue sustituido por Luis Albareda. Consejero de la Compañía de los Ferrocarriles de Sevilla a Huelva y a las Minas de Rio Tinto. Escribió poesías. También escribió unos apuntes biográficos y un artículo necrológico sobre Cecilia por su fallecimiento, según cuenta el P. Coloma en Recuerdos de Fernán Caballero. Coloma, de Jerez de la Frontera, era una pesona especialmente bien informada por su trato con Cecilia, siendo veinteañero y ella octogenaria. Luego de su etapa de estudiante en Sevilla —vivió en una pensión de la calle O`Donnell — ingresó en la orden de San Ignacio.

(2) Estas líneas son mal interpretadas por los autores de Los palacios de los duques de Montpensier. Arquitectura y metamorfosis urbana en Villamanrique, Sanlúcar de Barrameda y Castilleja de la Cuesta, obra que cité en la entrada anterior, quienes atribuyen la descripción de la ruinosa casa vallisoletana de Cristóbal Colón que ejecuta Fernán Caballero a la de Hernán Cortés en Castilleja de la Cuesta, quizá para aparentar más conocimientos sobre ésta y para, en la misma línea que Cecilia, continuar con la mixtificación Cortés-Orleans en su edificio castillejense: "La escritora Cecilia Böhll de Faber y Larrea, que firmaba como Fernán Caballero y era muy amiga de la familia Orleans-Borbón, describió el estado de conservación de la casa cuando la adquirieron los duques de Montpensier en 1853. En un artículo publicado por La Ilustración Española y Americana años después escribió que se encontraba en peor estado del que, desconsolada, había leído en la prensa: `se hallaba en estado de ruina tan próxima, que su dueño ha tenido necesidad de colocar, no un apoyo, sino un madero que impida el tránsito cercano, con el objeto de evitar alguna desgracia, caso de desprendimiento`". Mercedes Linares Gómez del Pulgar y Antonio Tejedor Cabrera. Obra citada.
Dicho sea de paso, proclamó la "galleguidad" de Cristóbal Colón el historiador pontevedrés Celso García de la Riega (1844-1914), quien situaba su casa natal en Porto Santo, parroquia del ayuntamiento de San Salvador, Pontevedra.


Casa donde murió Cristóbal Colón, en Valladolid. Fotografía hecha poco antes de que su dueño la apuntalara como cuenta Fernán Caballero. Estaba por entonces dedicada al despacho de leche de vaca y de burra, esta última popularizada como sustituto de la de las madres humanas.

(3) Los duques no restauraron nada en absoluto, como es archisabido. Al contrario, arrasaron con los escasos restos que pudieran haber quedado de la casa del Jurado Juan Rodríguez, casa que era, por cierto, "principal" —se llamaban entonces "casas principales" a las que tenían piso alto—. Una línea después Fernán Caballero vuelve a insistir en la restauración de la casa, sin duda empeñada  en enaltecer el nuevo edificio decimonónico, otorgándole valor histórico para complacer a los duques y no ni muchísimo menos por fidelidad a la historia. Pero de la casa del Jurado, exceptuando el pozo, no había quedado nada, en parte porque los anteriores dueños, desde el siglo XVII, habían reconstruido todo según sus propias necesidades y gustos, y porque por fin el Duque transformó las dichas reformas, modernizándolas también a efectos de habitabilidad y estética. El resultado último se ve en la siguiente foto, que también pretende presentar —al estilo fernancaballeriano— un símil de la casa original. A poco que el más lego se sumerja en la historia de las relaciones entre Cecilia y los Montpensier se muestra con toda evidencia que la "protección" que SS.AA.RR. prestaron a la prolífica escritora, pagándole pensión y casa y dándole tratamiento especial, no tenía otra finalidad que servirse de su pluma a efectos publicitarios y políticos. Fernán Caballero se prestó a ello, prostituyendo sus escritos hasta grados grotescos.


Fotografía tomada desde el jardín* del palacio de los Montpensier. Al fondo, la supuesta restauración de la casa del Jurado Juan Rodríguez de Medina.
* Diseñado y realizado por el ingeniero agrícola francés André Lecolant (1818-1898), quien también se empleó en el del palacio de San Telmo, gran parte del cual fue cedido a la ciudad por la infanta —la hermana de Isabel II, viuda ya del Orleans, María Luisa Fernanda de Borbón— el 19 de junio de 1893. Lecolant, que ostentaba el cargo de "director de los jardines y bosques de SS.AA.RR. los Serenísimos Señores Infantes Duques de Montpensier", solía dar a sus jardines un carácter boscoso. Venía casi a diario a Castilleja para supervisar los trabajos, y ameritó un elogio Real en 1858 por su labor, exhibida en la Exposición Agrícola, Industrial y Artística que se celebró en Sevilla entre el 15 y el 25 de abril de dicho año.

(4) Cecilia todavía usa el género masculino de su seudónimo, Fernán Caballero*. En este mismo número de La Ilustración que estamos estudiando se refieren a ella como "el inolvidable Fernán Caballero", firmante de la carta sobre el viaje a Castilleja, sin embargo de que en otro de los artículos necrológicos de dicho número, firmado por Ramiro Franco, amigo y admirador de la escritora finada, está plenamente identificada como mujer. Es más, la escritora sigue aplicándose el dicho género en cartas personales, como las que dirigió al coronel Miguel Velarde, ayudante de campo de Montpensier, que comento en la nota 9, v.i. "Ya sabe usted que no tiene mejor ni más simpático amigo que el que s. m. b., Fernán Caballero", aunque también alterna con "su más sincera amiga". Al dicho Valverde contó que con ocasión de que el gobierno belga había decidido otorgar a Fernán Caballero la Cruz de Leopoldo, el general Wan Halen, muy amigo de la familia, creyó oportuno precisar que se trataba de una señora, por lo cual Cecilia no recibió la Cruz.
* Adoptó este seudónimo por la villa de Ciudad Real: "gustóme ese nombre por su sabor antiguo y caballeresco, y sin titubear un momento lo envié a Madrid, trocando para el público, modestas faldas de Cecilia por los castizos calzones de Fernán Caballero". El nombre de Fernán Caballero se atribuye al reconquistador y primer señor de la población, cuya versión a principios del siglo XIV se escribía como Ferrant Cavallero. Cecilia contaba que lo envió a Madrid porque desde allí se lo exigió su tercer marido, Antonio Arrom de Ayala, para firmar la novela La Gaviota, cuyo manuscrito original en francés él había llevado sin el consentimiento de ella a la redacción de El Heraldo —propiedad del ministro don Pedro de Egaña— para ser publicado, tras su traducción al castellano de mano de don José Joaquín de Mora. De forma que cuando Cecilia recibió carta de su marido solicitándoselo, buscó afanosamente algún nombre pegadizo en un periódico que tenía cerca, y viendo cierta noticia de un hecho luctuoso y sangriento acaecido en aquella localidad, eligió su topónimo. El referido manuscrito de La Gaviota era el preferido de Antonio Arrom y él mismo se había ocupado de ilustrarlo con unos dibujos de su autoría en los márgenes de los folios. Los amigos y familiares de Fernán Caballero hubieron de recurrir más de una vez a estratagemas semejantes para conseguir publicar sus escritos. La Gaviota vió la luz en El Heraldo en 1845, contando su autora más de 52 años de edad, a pesar de lo cual todavía le daba vergüenza que su nombre apareciera en la tribuna pública, quizá por amor a la tranquilidad y a la vida sosegada. Seguidamente fueron apareciendo al público sus demás obras, que tenía escondidas celosamente. Se empezó a sospechar que Fernán Caballero era la duquesa de Montpensier, hermana de Isabel II, y cuando se supo quién era en realidad, se le ofreció la casa en el Patio de Armas e incluso puestos oficiales de profesora de príncipes en Madrid.

 (5) Es decir, Hernán Cortés. Ambos eran pacenses.

(6) Un zarpazo prepotente de Antonio de Orleans al espacio público de la Calle Real, por cierto, como puede comprobarse hoy. Es característico en los edificios montpensierianos la tendencia al aislamiento, que puede verse también en el palacio de San Telmo, antigua Universidad de Mareantes. Aislamiento encaminado a definir la construcción y a aumentar su seguridad. En el caso de Castilleja se llegó a abrir una calle nueva en el limite de poniente que separó el palacio de las casas aledañas. Este callejón al menos tuvo la virtud de comunicar la Calle Real con el Camino Nuevo ahorrando a los vecinos el rodeo por la calle del cementerio o hasta arriba por el antiguo camino de Bormujos, aunque al poco tiempo el pasaje cayó en desuso y se convertiría en un vertedero de escombros y basuras donde medraban las ratas y evacuaba el vientre de urgencia cualquier necesitado. Para el común era más práctica esta última utilización, que resistió mucho tiempo a cuantos intentos de saneamiento efectuaba el Ayuntamiento hasta que se optó por taponar el infecto y hediondo callejoncillo con dos viviendas, una a cada extremo.


En esta fotografía de la fachada norte del palacio de San Telmo, hecha a finales del siglo XIX, vemos otro ejemplo de ese carácter de marcaje de territorio y de evitación de contacto con la plebe que caracteriza a esta familia. Sus verjas culminaban con flores de lis (lirio) forjadas, como puntas de astas, figura heráldica antiquísima desde la época minoica, que a modo de emblema eligió la Casa Real de Francia, a cuyos miembros se les denominaba "princes des fleurs de lys". El lirio, sinónimo de pureza, refuerza simbólicamente la finalidad anticontaminante de las verjas aislantes.

(7) Ducado de Monteleone, título del Reino de Nápoles creado por Carlos V en 1527 a favor de Ettore Pignatelli y Carraffa, virrey de Sicilia y Nápoles, casado con una catalana. En nuestros días, el descendiente del Conquistador, Ascanio Pignatelli Aragona Cortés, y el de Moctezuma, Federico Acosta, protagonizan en México actos de reconciliación televisivos que encuentran dura crítica y oposición en otros de los cientos de descendientes del emperador mexica que existen hoy. Uno de estos descendientes —de undécima generación— fue Francisco Javier Girón, duque de Ahumada y fundador de la Guardia Civil; y otro, Alonso Marcilla de Teruel, alcalde de Madrid en tiempos de Fernando VII.
Nieta de Antonio de Orleans, duque de Montpensier, Luisa Francisca María Laura de Orleáns (1882-1958), —abuela materna del rey Juan Carlos I—, tuvo por camarera a la VII marquesa del Valle de Oaxaca Juana de Aragón Carrillo de Mendoza y Cortés, quien se casó con Héctor Pignatelli, duque de Monteleone.
"De los Cortés a los Pignatelli. Martín, el segundo marqués, obtuvo de Felipe II el perdón real en 1574, lo que le permitió regresar a España de su exilio en Orán*, al noroeste de Argelia, y recuperar parte de sus propiedades incautadas en México. Sin embargo, se sostuvo la prohibición de su regreso a Nueva España, pagó una multa de 50,000 ducados y prestó 100,000 más a la Corona.​ Murió en Madrid en 1589 y fue sucedido en el título por su hijo mayor, Hernando Cortés, tercer marqués del Valle de Oaxaca, a quien le fue reintegrado el resto de su patrimonio en 1593, con la ayuda de su cuñado, Diego Fernández de Cabrera, tercer conde de Chinchón**, asesor cercano del rey.​ El tercer marqués no dejó hijos legítimos, por lo que a su muerte el título pasó a su hermano, Pedro Cortés, cuarto marqués del Valle de Oaxaca, quien pudo asentarse en Nueva España y asumir personalmente la gestión de la propiedad, que había sido controlada por administradores desde 1567.
El cuarto marqués también murió sin descendientes, por lo que, con los nietos, en 1629, terminó la línea directa de Hernán Cortés. El Marquesado fue heredado por la hermana de Hernando y Pedro, Juana Cortés, la quinta marquesa, esposa de Pedro Castillo de Mendoza, Conde de Priego. A su muerte, su hija mayor, Estefanía Carrillo de Mendoza y Cortés, casada con el duque de Terranova, Diego de Aragón, heredó el título, lo que la convirtió en la sexta marquesa. Tras la herencia del título, de acuerdo con el mayorazgo o vinculación, la familia adoptó el nombre de Aragona Tagliavia Cortés, aunque comúnmente se conoce como Tagliavia d'Aragona.
Estefanía y Diego tuvieron una sola hija, Juana (Giovanna), una de las más ricas herederas de su tiempo, que se casó con Héctor (Ettore) Pignatelli, quinto duque de Monteleone, dando a luz a una dinastía que reunió a la inmensa riqueza de la Aragonas, la Tagliavias, los Pignatelli y Cortés, sus títulos y sus feudos, entre los cuales el marquesado mexicano fue la joya de la corona. Tras el matrimonio, el esposo asumió el nombre de Aragona Pignatelli Cortés para él y todos sus descendientes, pero de hecho se le conoce como Pignatelli de Aragón.
Los Pignatelli continuaron recibiendo de la Monarquía Española las mercedes otorgadas por Carlos V a Hernán Cortés de manera regular, incluso después de realizarse la independencia de México, ya que al principio las deudas públicas del virreinato fueron reconocidas íntegramente por el nuevo país.
En la primera mitad del siglo XIX, los Pignatelli designaron a Lucas Alamán como su apoderado en México, quien defendió la continuidad del pago de las rentas del Marquesado, pero los liberales cancelaron dichos pagos. Rotos los lazos económicos, los Pignatelli vendieron sus propiedades en México.
El título nobiliario fue rehabilitado por el rey Alfonso XIII en 1916 a favor de José Pignatelli Aragón Cortés y Fardella, quien continuó radicando con su familia en Italia".​ (Wikipedia).
* No es correcta la expresión, porque Martín Cortés nunca llegó a estar exiliado en Orán. Fue sentenciado a ello pero se le condonó el destierro a última hora.
** Diego Fernández de Cabrera, III conde de Chinchón. Su sucesor el IV conde, Luis Gerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla (1589-1647) fue el XIV virrey del Perú, y lo recordamos porque su esposa dio nombre a otra denominación del febrífugo quina-quina: "En España fue el propio médico de los condes de Chinchón, el Dr. Juan de la Vega *, quien la introdujo hacia 1640, iniciando su comercio en Sevilla". (Miguel Ángel Puig-Samper. José Celestino Mutis, estudio crítico. Fundación Ignacio Larramendi, 2017).
* "La planta americana que adquirió una importancia considerable desde el siglo XVII fue la quina. Tradicionalmente se ha aceptado la leyenda de la condesa de Chinchón, esposa del virrey del Perú, según la cual fue esta dama la primera europea en utilizar el polvo de la corteza del quino y difundirlo. De ahí que Linneo la llamara Cinchona". Historia de los apellidos, 21h. Abril de 2020.
En relación con Fernán Caballero, o más exactamente con su madre y una pariente de ésta, también irlandesa, cuenta el padre Coloma un hecho protagonizado por un Pignatelli en el Cádiz turbulento de principios del siglo XIX: perseguía la chusma por el centro de la ciudad al marqués del Socorro, a la sazón gobernador de la Tacita de Plata, acusándolo de afrancesado porque no se decidía a declarar la guerra a los galos invasores. Saqueada e incendiada su casa, el general huyó por las azoteas hasta la vecina de su amiga María Tuker, la cual lo escondió en una leñera junto a la chimenea de su salón y le preparó un hábito de fraile para que escapase a la primera oportunidad ganando algún convento inviolable. Se presentó la turba aporreando la puerta, penetraron en la casa de la irlandesa, y por información de antiguos empleados, descubrieron al general en su escondrijo. Arrastrado hasta la plaza de las Nieves entre golpes e insultos le echaron una cuerda al cuello para colgarlo en la plaza de San Juan de Dios, en la misma horca que él había mandado levantar para ajusticiar a los bandoleros de las partidas de Pichardo y del Zapatero de Jerez. En ese momento "un grumetillo llamado Florentino Sanz acercóse a él, y con una navajilla pequeña asestóle una puñalada". Desfallecido por la pérdida de sangre se sentó el hombre sobre un montón de piedras al tiempo que arribaban a la tumultuosa escena dos personajes semiocultos con sus capas y sombreros. Uno de ellos se acercó al general, y hablándole un momento al oído, le descerrajó en mitad del pecho un pistoletazo, emprendiendo luego la huida. El otro personaje, pequeño y de aspecto debilucho, resultó ser un cura, que intentó impedir la profanación de cadáver, sin conseguirlo. El tal cadáver del general fue colgado en la dicha horca. Por su parte María Tuker se refugió en casa de su amiga y pariente doña Francisca de Larrea, madre de Fernán Caballero, y al otro día huyeron las dos hacia el Puerto de Santa María en un falucho, continuando después hacia Chiclana en coche de colleras. Acerca del que mató al general hubo muchas hipótesis hasta que en 1858 Adolfo de Castro en su Historia de Cádiz estampó: "según voz que corría, había sido un íntimo amigo suyo llamado D. Carlos Pignatelli". Después, en 1880, hablando el jesuita Coloma del sangriento suceso con su amigo el Conde del Real, éste le aclaró que Pignatelli, su tío abuelo, era efectivamente quien libró al marqués del Socorro, del cual era ayudante, del suplicio que le esperaba a manos de los gaditanos. Pignatelli se ocultó, luego huyó a Inglaterra, pasó a París a la caída de Bonaparte, y ya anciano y sin familia volvió a Madrid con sus sobrinos los duques de Villahermosa, muriendo en esta capital después de 1830. Fernán Caballero nunca supo quien fue el que ayudó a morir dignamente al amigo de su madre.
Este marqués del Socorro, muerto y ahorcado en 1808, era venezolano de nacimiento. "Inicialmente, dado el parecido físico, confundieron [las masas gaditanas] al general Solano con el capitán José de San Martín, a la sazón oficial de guardia, ayudante de campo del general Solano y años más tarde uno de los principales próceres de la secesión de los territorios españoles en Hispanoamérica. San Martín resultó herido mientras el general Solano logró escapar y refugiarse en la casa de una amiga irlandesa, la señora María Tuker, viuda de Strange". Real Academia de la Historia. Biografía de Francisco María Solano Ortiz de Rozas, marqués del Socorro.

(8) Algunos retratos de Cortés. Simulando un emperador romano, el escultor Manuel Tolsá labró en 1792 un busto en bronce, con unas grecas mexicas en el pedestal, cuya copia en escayola sobredorada se puede contemplar hoy en el Archivo de Indias. Alejandro Carnicero realizó hacia 1731 un medallón con su efigie, uno de los 88 que hoy coronan los arcos de la Plaza Mayor de Salamanca. En la sevillana Plaza de España hay otro de estos medallones también coronando uno de sus arcos. Esculpieron al conquistador de cuerpo entero Randolph John Rogers en 1853 y Antonio Colmeiro Tomás en 1932; y de autor desconocido es el busto que en la actualidad se encuentra sobre la entrada principal del palacio de Castilleja, cuya fotografía abre esta entrada. Ver http://www.medellinhistoria.com/secciones_2/iconografia_cortesiana_escultura_121 y sobre todo la colección iconográfica del Museo del Prado en https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=hern%C3%A1n%20cort%C3%A9s&ordenarPor=pm:relevance
El cuadro original cuya copia, junto con el busto, envió el de Aumale a Antonio de Orleans, estaba en el Hospital de Jesús fundado por Cortés en México en 1529 para atender a sus combatientes heridos o enfermos. Financiada con rentas propias, le dejó a esta institución en su testamento varios campos de labor para su mantenimiento.

 (9) El coronel Miguel Velarde y Menéndez-Valdés (1826-1913), gijonés, guía de Cecilia en Castilleja de la Cuesta, intercambió con ella en forma epistolar múltiples vivencias y experiencias. Muy apreciado por los Montpensier, recibió de don Antonio licencia para participar en la Guerra de África. Durante la Revolución de 1868, disconforme con la actuación de su señor el Infante pidió el retiro, cesando como su ayudante de campo. Archivo Hispalense, n.º 71, 1955.
Se conservan 56 cartas de Cecilia a Miguel en el Archivo del Ateneo de Madrid, publicadas en 1912 en el "Espistolario", tomo XIV de sus Obras Completas, Tipografía de la Revista de Archivos, Madrid. Hoy digitalizadas en la Biblioteca Virtual de Andalucía. En estas cartas —desde 1859— Cecilia recomienda a Velarde literatos principiantes y pobres viudas para que medie por ellos ante el Duque en pos de que éste les proporcione trabajo o publicaciones. La empalagosidad de los elogios que la aduladora escritora dedica al Montpensier son nauseabundos: "Como S.A.R. el Serenísimo señor Infante, entre otros muchos dones, tiene en el más alto grado el del acierto, que le acompaña en todas sus disposiciones, así en las más grandes como en las más pequeñas ..." es un ejemplo. Con ocasión de la marcha de Velarde a la guerra africana, le escribe: "Ustedes elevan su patria a la perdida altura y llevan consigo las simpatías de la Europa culta y del orbe cristiano. Los guía el dedo de Dios, y así fiemos en su santa protección. ¡Victoria contra los infieles! Diariamente eleva la Iglesia esta plegaria al cielo, y el cielo, a quién place, la atenderá. ¡Feliz viaje! Pronta y afortunada vuelta es el más vehemente deseo de su amiga y segura servidora, q. s. m. b." ( carta del 22 de octubre de 1859). "Guerra con fieras en un país salvaje", o despectivamente "moritos", u "horribles, sucios, bárbaros, feroces y esforzados moros", llega a decir en las siguientes misivas, prodigando los vivas al ejército, a España y al caudillo O`Donnell. Sobre los heridos que van llegando repatriados comunica al coronel: "Los heridos fueron recibidos aquí en triunfo; están acariciados y mimados; ninguno muere, y todos alegres claman por su pronta curación, no para irse a restablecer a sus casas, sino para volver a África", y de los que quedan en el frente: "Están ustedes tostados y barbudos. Mejor, así tendrán ustedes cara feroz para el enemigo, en lugar de tenerla bella y simpática, como naturalmente y siempre la tienen. Los que no han ido a África están mustios, por más que lo disimulan*" (carta del 7 de agosto de 1860). Hacia 1863 habla Cecilia de "la bestialidad de mi criada", "esta criada mía es el non plus ultra de la estupidez", y "gentes de esa clase viven para ejercer la paciencia de sus semejantes". Tanto como ensalza y glorifica a los poderosos, Fernán Caballero humillaba y despreciaba a los humildes, no solamente con sus actos de "caridad", sino de manera más despiadada: "hoy [19 de octubre de 1868, en plena Revolución Septembrina] una inmensa turba de trabajadores a los que el municipio pagaba seis reales y que habiéndole rebajado el jornal a cinco gritaron que no los querían, pasando por aquí [el Patio de Banderas del Alcázar sevillano, donde ella vivía] gritando, me asusté horriblemente. ¿Dónde iban? Mandé saber. Iban a la Fábrica a buscar a las cigarreras para que se uniesen a ellos. Los detuvo un humilde emisario del soberbio municipio para comunicarles que éste cedía a las exigencias de su Soberano [es decir, el mismo Pueblo]; pero el Soberano, engreído con su fácil triunfo, dijo que éstas se elevaban a querer ocho reales y el pan a dos reales**. Y esta fiesta anda hoy por las calles. ¡Cómo le están enseñando al pueblo a revolucionarse! Él hará progresos y, como sucede siempre, sus maestros serán sus víctimas. [...] Acaban de pasar todas las cigarreras que irán probablemente al Ayuntamiento a pedir aumento de salario. Estamos bien.".
 * Podría pensarse, no sin asombro, en una alusión al Duque de Montpensier, v.s., pero éste no estaba excluido de trifulcas en aquella zona, siquiera años antes y bajo la bandera de su país. En efecto, don Antonio  de Orleans ya entonces era de los que en España se denominaron "militares africanistas". Llegó la palmera datilera a ser su árbol favorito. "En 1844 combatió contra Abd al-Qádir, en la campaña de Argelia, distinguiéndose en Biskra, méritos por los que le otorgarían la Gran Cruz de la Legión de Honor el 24 de junio de 1844. El 8 de agosto del mismo año le nombraron jefe de escuadrón y el 22 de marzo de 1845 fue nombrado teniente coronel, distinguiéndose nuevamente en combate contra las Cabilas. Ese mismo año inició un viaje a Oriente Próximo, en el que visitó Turquía, Alejandría, Grecia y Egipto acompañado por su secretario, Antoine de Latour". (Wikipedia). Abd al-Qadir (1808-1883), fundador de la nación argelina, fue escritor, poeta, sufí y estudioso de la obra del gran maestro Ibn Arabi —nacido en Murcia pero trasladado a Sevilla con su familia— y del pensador Ibn Jaldún —nacido en Túnez pero de origen sevillano—. La historia de Biskra, fortificada por los franceses en este año de 1844, nos introduce en el Sáhara más profundo, el de los legendarios tiempos de Jugurta y de la Vescera romana. Desde 1830 con la toma de Argel los galos dominaron el área hasta 1962. Y desde 1860 tras la Guerra de África en la que participó Velarde, los españoles poseyeron otra parte de aquel territorio hasta 1976, de tal manera que algunas tribus saharauis quedaron administradas por las dos naciones colonizadoras. A finales del siglo XIX los franceses controlaron Indochina, y ya en el siglo XX y para mantener allí su dominación enrolaban en su ejército a soldados saharauis, hasta la intervención norteamericana. Yo conocí hacia 1973 en el desierto a ancianos excombatientes que habían servido a los franceses en el Extremo Oriente, y que hablaban francés y español, además de hassania. También el ejército español, en plena guerra del Vietnam envió allá a militares, para cumplir un compromiso que Franco adquirió con los estadounidenses. Se trató en concreto de grupos de médicos, en dos o tres expediciones. Descendientes de uno de ellos viven hoy en Castilleja de la Cuesta. 
** "... grave crisis de subsistencias en 1867 y 1868 motivada por la malas cosechas de esos años. Los afectados no fueron los hombres de negocios o los políticos, como en la crisis financiera, sino las clases populares debido a la escasez y carestía de productos básicos como el pan. Se desataron motines populares en varias ciudades, como en Sevilla, donde el trigo llegó a multiplicar por seis su precio ... " (Wikipedia).


Fernán Caballero (1) murió el 7 de abril de 1877 a las diez de la mañana en la calle de Juan de Burgos, hoy calle Fernán Caballero, donde se domicilió después de ser expulsada del Patio de Banderas en el Alcázar de Sevilla en 1868, año de la Revolución, lugar en el que vivía desde 1856 por concesión de Isabel II. Los revolucionarios de La Gloriosa dijeron que querían vender las casas del Patio, y de allí la lanzaron a punta de trabuco. Como Rita Hayworth, Cecilia Boll de Faber tuvo madre irlandesa. El padre, alemán, era cónsul, escritor, hispanista, y estaba inmerso en negocios vinateros en el sur peninsular: "Vinos de España - Sherry. Fundada en 1772 por el inglés Thomas Osborne Mann en El Puerto de Santa María, la firma tuvo conexiones tempranas y cercanas con el cónsul británico, sir James Duff de la famosa firma de Duff Gordon, que finalmente la adquirió. Ambas firmas compartieron el mismo gerente, Juan Nicolás Böhl de Faber, cuya hija Cecilia se convertiría en el famoso escritor Fernán Caballero, mientras que la otra hija, Aurora, se casaba con Thomas Osborne". https://goodwinesforyou.com/es/40/winery/pedro-ximenez-1827
Por lo tanto a Cecilia no le podía ser ajeno el tema de los caldos andaluces, al punto que escribe: "En ocasión de anotar aquí, ya que en Castilleja de la Cuesta nos encontramos, que el Pedro Jiménez, ese vino que es hoy día el de más precio que crían las afamadas viñas de Jerez fue, trasplantado a ellas de Castilleja , donde primero fue aclimatada la vid que lo da por un vecino del mismo pueblo llamado Pedro Jiménez, soldado de los tercios de Flandes, y que, hombre industrioso, se hizo a su regreso de sarmientos de las viñas del Rhin, las cuales, perdiendo en este suelo y bajo este sol el sabor acidulado de su mosto, lo trocaron en el pastoso y dulce del vino generoso que hoy se conoce con el nombre de su introductor en nuestro país". Vulgaridad y Nobleza. Fernán Caballero. Madrid, Librería de Antonio Rubiños, 1917. Hoy en día, al igual que ocurre con fray Antonio Vázquez de Espinosa, nos disputan los jerezanos el lugar de nacimiento de Pedro Ximénez.

(1) En su favor añadiré que era visceralmente antitaurina, como lo fue su discípulo y biógrafo el jesuita Coloma, v.s. Pero a ella además se le podría calificar como animalista, en el sentido amplio y actual del término. Muestra su repugnancia y horror ante el espectáculo que ofrecía el centro de Sevilla durante la segunda mitad del siglo XIX, con los vecinos y matarifes degollando a los cerdos en mitad de las calles a cualquier hora y sin reparar hacerlo incluso frente a la puerta principal de la Catedral. Luchó la escritora por suprimir esta práctica en un artículo publicado en La Andalucía del 24 de enero de 1863, en donde también ataca el maltrato de que eran objeto otros animales a manos de cocheros, pastores, gañanes, cazadores, ganaderos, etc.

sábado, 23 de mayo de 2020

Historia de los apellidos, 21n.



Dibujo de La Ilustración Española y Americana, del año 1877. Obsérvese la irregular superficie de la Calle Real terriza (1). A la izquierda de la foto, por donde marcha el transeúnte, que coincide exactamente con la boca de salida de la calle Hernán Cortés, se percibe un ascenso del terreno. Hoy se puede comprobar su máxima altura en las casas enfrente del convento, en la esquina a dicha calle de Hernán Cortés, y también en las siguientes casas de dicha calle, hilera de la izquierda si vamos hacia la Plaza de Santiago (1). Casi todas ellas en esta acera tienen dos o tres elevados escalones en sus entradas, y la que no los tienen es porque son de edificación posterior y nivelaron sus pisos con el de la propia calle. Debemos tener en cuenta que también este piso de la calle ha sido elevado, como lo ha sido casi todo el del caso urbano de la Villa, incluidas la Plaza y la misma Calle Real. Por eso, antes de los rellenos del siglo XX, la calle Hernán Cortés presentaba el aspecto que vemos en la foto que muestro seguidamente, v.i., con las referidas casas a una altura muy superior a la de la calle. De forma que se dieron dos intervenciones en la zona, de signo contrario: la primera excavó la Calle Real a pico y pala, así como la salida de la calle Hernán Cortés (2), y la segunda, reciente, fue rellenando con escombros el área, elevándolo hasta donde hoy se aprecia.

(1) "Hasta al menos el siglo XVIII no se acometió el allanamiento, a pico y pala, que nivelaría el trayecto, salvando las jorobas, hondonadas y elevaciones del terreno que convertían el Camino Real en un tobogán a su paso por el centro del pueblo. Desde entonces se ofreció el panorama de la capital y la Vega ya desde la entrada occidental tal como lo disfrutamos ahora, puesto que antes quedaba ocultada ora sí y ora no por los badenes descritos. Producto de dicha nivelación dieciochesca fueron los acantilados a un lado y otro de la Calle, patentes especialmente a su entrada y salida y conocidos por la denominación popular de "Barranquillas" durante los siglos XIX y XX [...] De esta forma, esa Calle Real que alguien ha denominado metafóricamente como "El Río" distaba mucho de serlo en anterioridad al Siglo de las Luces, cuando no ofrecía, ni muchísimo menos, el aspecto de vaguada o canal que hoy muestra. Varias calles "afluentes" también fueron talladas artificialmente buscando sus nivelaciones sobre todo en los tramos inferiores, como son las actuales Doctor Fleming, García Babio [error que corrijo ahora: es Justo Monteseirín] o Diego de los Reyes en su extremo occidental". Los Juanguren y el espadero 36. Febrero de 2012.
"Se alzaba en la última elevación que bordeaba la Calle Real a su salida hacia Gines, elevaciones conocidas en la localidad por "barranquillas", hoy totalmente domesticadas por medio de modernos ladrillos, losetas y barandas metálicas que forman rampas, escaleras y pasajes. Esta última barranquilla estaba justo enfrente del portalón de la hacienda San Ignacio, y su solar —con parte del del cine— lo ocupa hoy Neumáticos y Servicios "El Cruce" [...]  Fueron las barranquillas callerrealengas elementos característicos de Castilleja. No conozco documentación al respecto, pero según mis cálculos, la Calle Real fue nivelada en la segunda mitad del siglo XVIII, a fin de evitar la media docena de cuestecillas que, aunque de poca inclinación, estaban tan seguidas unas de otras que debería ser muy penoso, sobre todo para animales de tiro, el tránsito hacia el interior del Aljarafe. Originalmente este Camino Real por el interior del pueblo propiciaba que las casas de un lado y otro de él estuvieran al mismo nivel, mas cuando se encajonó la vía terraplenando las jorobas naturales del terreno, la comunicación entre los vecinos de dichas casas con las de enfrente quedó interrumpida. Así, quedaron unos barrancos desiguales justo a la salida de tales casas, y el ir y venir de sus habitantes hubo de efectuarse por los estrechos pasillos superiores, con poca comunicación para cruzar la calle. En principio estas barranquillas eran terrizas y al poco tiempo los hierbajos las tapizaban, por lo que paulatinamente los interesados fueron labrándolas por medio de pequeños diques de obra y aun construyendo escaleritas de ladrillo que les permitían bajar a la calzada. Las mujeres solían sembrar geranios, lavandas o hierbabuenas en minúsculas terrazas, que fueron dando a las barranquillas un aspecto agradable. Poco a poco se fueron transformando, hasta que por sucesivas intervenciones de los ayuntamientos obtuvieron el aspecto que presentan hoy, con sus barandas metálicas, su embaldosado, sus rampas de cemento y sus escaleras de losetas". Historia de los apellidos, 20. Julio de 2019.
(Debo rectificar estas entradas citadas, a la luz del dibujo del palacio de los Duques: el allanamiento se efectuó ya en el siglo XIX).


Tan tarde como en 1918 la Plaza presentaba este aspecto, también con un suelo muy irregular. Como es lógico y natural, los primeros grupos de casas castillejanas se alzaron sobre las prominencias, para evitar el estancamiento de aguas de las hondonadas. Bien es verdad, por otra parte, que los nutrientes que las lluvias arrastraban de las partes altas se acumulaban en estas hondonadas, convirtiendo a sus suelos en áreas de extraordinaria fertilidad que hacían brotar huertos y jardines como por arte de magia. Creo que la calle del Convento y la Hernán Cortés son las más antiguas del pueblo.

(2) El mismo palacio de Montpensier —que el artista de La Ilustración dibuja con grandes desconchados en la fachada, v.s.—, está un poco en alto respecto a la Calle, y mucho en dirección a Sevilla. En el siglo XVI esto debió ser un camino encajonado entre dos prominentes montículos a un lado y otro de él, que comenzaban a alzarse viniendo de Sevilla al llegar a la calle Hernán Cortés*. El "tallado" de la entrada del palacio y de todo el largo donde va la verja hubo de llevarse a cabo antes que cualquier otro en aquella parte.
* Quizá el origen de esta calle —conocida en lo antiguo como calle Mariquita—   esté en la evitación de esta cuesta callerrealenga, de manera que el acceso desde la Vega a La Plaza, —centro neurálgico del pueblo entonces, por cierto—, y por ella a la Calle Real e interior del Aljarafe, exigía un rodeo y, así, se hacía por la calle del Convento, se proseguía por Hernán Cortés, y ya una vez en "el viejo sendero tarteso", como se le ha llamado alguna vez, la accesibilidad a todo el occidente se ofrecía con total comodidad.
Antonio Herrera García nos proporciona en De caminos y de comunicaciones viarias aljarafeños (Noticias de los siglos XVI-XVIII), publicado en Espérides. Anuario de investigaciones. Número 3, 1995, una visión general de la vieja vía cuyo detalle junto a la casa del Jurado Juan Rodríguez estamos viendo. "El Aljarafe ha constituido  desde antiguo una de esas comarcas de numerosa población y de intensa actividad, lo que ha tenido como consecuencia en este aspecto la existencia de una red viaria de notable densidad. Atravesada desde fechas muy tempranas en sentido este-oeste por una destacada vía de comunicación, la que unía Híspalis e Itálica con Niebla y Onuba, que más tarde seguiría el camino Sevilla-Lisboa por Beja, la Pax Julia hispanorromana —según el autor del Ajbar Machmúa [crónica anónima del siglo XI], los cristianos de Sevilla, huyendo de las tropas de Musa, se refugiaron en Beja [al sur de Portugal], siguiendo este camino, que, por otra parte, aparece ya trazado en el Reportorio de Villuga—, todas las circunstancias fácilmente imaginables que conllevaban la mera existencia de esta vía y el tráfico que por ella discurría concitaron el deseo y/o la necesidad en los núcleos de población adyacentes, que se hallaban más o menos alejados de ella, de abrirse un camino de paso hacia la misma". De lo que parece desprenderse que Castalla Talaçana, la alquería árabe que conquistaron los castellanos del rey Fernando, estaba más cerca del camino principal del Aljarafe, si no en él mismo, y que la construcción almohade cuyo único vestigio es la torre de la iglesia de Santiago, con toda probabilidad una atalaya encaminada a la vigilancia, fue erigida en tal lugar elevado porque dominaba mejor y más la Vega del Guadalquivir.


En esta fotografía de principios del siglo XX —hecha desde el torreón de los Montpensier— se aprecia la acera izquierda de la calle Hernán Cortés, reacondicionada tras la excavación de la calzada. Hubo que construir escaleras y rampas de obra de albañilería para poder acceder a las viviendas después de socavar el terreno original. Posteriormente, hacia el siglo XX como dijimos, se procedió a elevar el suelo de la calle mediante vertidos de escombros de derribos y ripios de las fábricas de ladrillos.
Lo que ocurrió en Castilleja no fue diferente a lo ocurrido en infinidad de poblamientos, en los que el denominador común era que cuando un colono obtenía el solar de su futura vivienda del señor "solariego", no se preocupaba mas que de allanar someramente el área donde pensaba edificar. Así debió ocurrir con la casa del Jurado Juan Rodríguez


.En este dibujo he realzado los accidentes topográficos por mor de una más clara visión del "escalón" que discurría de norte a sur, borde de una meseta cuyos límites eran aproximadamente al sur el Camino Nuevo, hoy calle Diego de los Reyes, al este dicho barranquillo, y al norte la calle de Enmedio aproximadamente. Meseta que se asemeja, en una muy inferior escala, a la aljarafeña: un plano inclinado ascendente de este a oeste. El eje Coria del Río-Valencina de la Concepción del Aljarafe equivaldría al eje Camino Nuevo (Diego de los Reyes)-calle de Enmedio de Castilleja, grosso modo.
Si para acceder al Aljarafe se utilizó lo que luego sería calle del Convento —de mucha más suave pendiente natural— fue, por un lado para salvar la corta y aguda cuesta cuyo final estaba a la altura de la casa del Jurado hospedador de Hernán Cortés, y por el otro porque el entorno de la antigua iglesia santiaguista, de origen almohade, era como queda dicho, el centro habitacional, comercial, administrativo y religioso de la localidad, que por ello atraía a los viajeros como un imán. El trayecto sobre el que se formaría la calle del Convento salvaba así, especialmente en épocas de lluvia, la impracticable cuestecilla en el Camino Real.
El punto violeta indica el camino que formaría luego la calle del Convento. El rojo, la iglesia y el área de la Plaza. El trazo verde señala el espacio donde se alzó la hilera de casas, con espléndida vista de la Vega, de sus contornos y de la capital, hilera que originaría la posterior calle de Hernán Cortés. Y el punto amarillo indica el lugar donde se erigió el palacio de los Montpensier. Piensa quien esto escribe que un factor que coadyuvó a desplazar el centro vital de la Villa desde el Señorío a la Calle Real fue el terraplenamiento de ésta, que propició el desarrollo económico que conlleva un tráfico de personas y mercancías más fácil y fluido.
"El arrecife provincial y camino de cordel que conectaba Sevilla con Huelva atravesaba su reducido término provincial [...]  Madoz escribió  que la villa de Castilleja de la Cuesta contaba con `193 casas, seis calles y una plaza, en cuya entrada por los lados E., S. y O. se elevaban tres arcos de construcción antigua, varios pozos, de cuyas aguas regulares se surte el vecindario, por carecer de fuentes´ [...] Los 35 m. de anchura del camino de cordel pasaban a ser 14 m., dimensión media de una calle considerada entonces "de primer orden". [...] La estructura parcelaria era la típica de las pequeñas fincas agrícolas de explotación familiar, con la cabecera de la calle Real y la trasera en el camino Nuevo que conectaba con el camino de Tomares que conducía al cementerio municipal situado al Sur. El frente urbano de esta parte meridional de la villa debemos imaginarlo como una fachada irregular, de casas de una planta en general y con altas tapias que cerraban los huertos de hortalizas y frutales, cítricos y olivos, algunos de ellos regados gracias a las norias de sangre. En la irregular conformación de esta fachada, la casa nº 66 era la protagonista de la historia de la villa,  pues su antiguo propietario, Alonso [sic. Era Juan exactamente] Rodríguez, se la había ofrecido a Hernán Cortés "para reponer en aquellos aires puros su quebrantada salud" [...] El otro frente de la calle debía mostrar también un perfil irregular de casas bajas puntualmente alterado por el volumen de la iglesia de la Concepción". Los palacios de los duques de Montpensier. Arquitectura y metamorfosis urbana en Villamanrique, Sanlúcar de Barrameda y Castilleja de la Cuesta. Mercedes Linares Gómez del Pulgar y Antonio Tejedor Cabrera. Editorial Universidad de Sevilla, 2016.





El fotógrafo sevillano Reynoso, que vio notablemente impulsada su actividad merced al duque Antonio de Orleans, estuvo a cargo de un reportaje fotográfico del palacio del dicho Montpensier. Su producción se conserva en álbumes, en concreto en el conocido por 112-F, guardado en la Fundación Infantes Duque de Montpensier (retratos y vistas). Ver La biblioteca fotográfica de Antonio de Orleans, Duque de Montpensier (1847-1890). Carlos Sánchez Gómez y Javier Piñar Samos.
La casa barcelonesa Soler y Llach, que ofreció en subasta fotos de Reynoso, catalogó mal la última foto, situándola en "la galería interior del palacio de San Telmo", un error que perdura hasta hoy en publicaciones de primera categoría, como por ejemplo, Europeana, https://classic.europeana.eu/portal/es?utm_source=new-website&utm_medium=button


María de las Mercedes, hija de Antonio de Orleans. Casi todos los comentaristas e historiadores coinciden en que María de las Mercedes, futura esposa de Alfonso XII y muerta prematuramente, estaba algo "hechizada" con su mansión de la cornisa aljarafeña, donde su padre debió instilar en su personalidad todavía verde afanes imperialistas en pro de la España Gloriosa e Inmortal de la que no quedaba sino restos miserables. En la fotografía se la puede observar acaso mirando melancólicamente por una ventana del palacete castillejano cuyas vidrieras fueron encargadas a José Rautenstrauch, quien las instaló en 1855. Este industrial vidriero o cristalero probablemente estaba vinculado por vecindad a Sanlúcar de Barrameda y, por tanto, a los Montpensier y a su otro palacio en la localidad costera, a juzgar por los datos de las siguientes personas: 
El el padrón de la capital andaluza de 1902, calle Santas Patronas, nº 44, hay dos vecinas, madre e hija: Isabel Rautenshau (sic) Felipe, de 75 años, nacida en Sevilla en 1827, viuda, oficio su casa, hija de Carlos e Isabel, empadronada en Sanlúcar de Barrameda (1) el año anterior. Isabel Felipe Rautenstrau (sic), hija, de 39 años, natural de Sanlúcar de Barrameda, hija de Agustín y María (sic). Por otra parte, la madre del erudito sevillano Luis Montoto fue María de los Ángeles Rautenstrauch y Giovanelli, fallecida de cólera en 1854 e hija del checo (o bohemio) Wenceslao Rautenstrauch Hike y de la sevillana Josefa Giovanelli Geztler. Wenceslao consta como abuelo materno de Maria Ramona Eulalia, nacida en Sevilla en 1857, en la casa número 6 de la calle de Los Lombardos, parroquia de la Magdalena, hija de Mariana Rautenstrauch y del comerciante barcelonés Carlos Santigosa. Los padrinos de la niña fueron don Ramón Bonaplata y María Giovanelli. Y en 1895 en la calle Zaragoza n.º 50 vivían el periodista granadino de 79 años Antonio María Otal Vázquez  con su esposa Carmen de 62 (hija del dicho Wenceslao Rautenstrauch), y Antonio, hijo de ambos, soltero de 45 años, marino, que se encontraba "en la mar", Ángeles, hija viuda de 33 años, y sus hijos Alejandro Miranda Otal, de 13 años y nacido en Valverde del Camino, Ángeles Miranda Otal, de 11 años y nacida en Sevilla, Antonio Miranda Otal, de 4 años y nacido en Huelva; mas otra nieta del viejo periodista, Eugenia García de Leaniz Otal, de 26 años, nacida en Sevilla, soltera, hija de Juan y Francisca. Los criados de la familia eran María Chávez Núñez, de 19 años, natural de Gerena, hija de Gonzalo y Rosa, y Miguel Gallego Rojas, de 17, natural de El Arahal, hijo de Juan y Francisca.
Antonio María Otal fue director y editor de un semanario, La Agricultura Española, Periódico andaluz de intereses materiales, y además director de una compañía de seguros, comerciante, y agente especulador del sevillano Ignacio Vázquez Gutiérrez, hacendado que en tiempos de Isabel II levantó un imperio rural de unas 6.000 hectáreas, que hicieron de él el terrateniente más importante de la provincia de Sevilla, tras el duque de Osuna. Ignacio se enriqueció con la desamortización, acaparando tierras que, a pesar de confesarse católico, obtuvo de las requisadas a la Iglesia; escribió en el referido periódico de su agente Antonio María Otal, fue alcalde de Sevilla y cuñado de Manuel Cortina, liberal que llegó a ser ministro del gobierno. Ver Adrian Shubert. Historia social de Sevilla (1800-1990). Londres, 1990.
Antonio María Otal también compró para el dicho terrateniente Ignacio Vázquez bonos del gobierno a buenos precios en la Bolsa de Madrid, lo que permitió a éste pagar gran parte de las tierras con bonos cuyo valor nominal era muy superior al precio pagado por ellos.

(1) En Sanlúcar de Barrameda el 5 de febrero de 1890 murió el duque: "Antonio de Orleáns murió en su finca sanluqueña de Torrebreva* el 5 de febrero de 1890,​ a los sesenta y cinco años de edad, víctima de una apoplejía cerebral. Sus restos mortales fueron enterrados en el mismo coto, en un lugar denominado Corro del Piñón. Por otro lado, su esposa, Luisa Fernanda de Borbón, falleció en el sevillano palacio de San Telmo, el 1 de febrero de 1897 a los sesenta y cinco años. Los restos de los duques descansan hoy en el Panteón de Infantes del monasterio de San Lorenzo de El Escorial, así como varios de sus hijos". (Wikipedia).
* El viajero inglés Henry Vizetelly (1820-1894) describió la vendimia en Torre Breva en su obra publicada en Londres en 1876: "Antes de regresar a Sanlúcar, presenciamos la cena de los vendimiadores en la `casa de la gente`, que es una construcción auxiliar, larga, baja, estrecha, débilmente iluminada, con un suelo de losas y un par de hogares, coronados de grandes chimeneas acampanadas, que parecían dividir la habitación en tres. Ésta es, al mismo tiempo, el refectorio y dormitorio de unos 120 de los 214 obreros empleados en la vendimia. Alineadas a iguales distancias del centro del local, había un número de mesitas, apenas suficientes para contener un inmenso caldero, del tamaño de una tina, lleno hasta los bordes de caliente sopa de pan y cebolla. Sentados alrededor de cada una de ellas, con los ojos intensamente fijos en las cazuelas, se encontraban siete hombres hambrientos, que rápidos como las ideas, hundieron las cucharas de que estaban armados, primero en la humeante sopa, y después, entre sus distendidas mandíbulas, y todo con especial cuidado de no hacer nunca un movimiento falso y sacar siempre las cucharas tan llenas como era posible, hasta que las cazuelas, antes rebosantes, quedaron completamente vacías... Apaciguado el apetito, los hombres echaron mano de sus cigarrillos y enseguida comenzaron a desarrollar las esteras, que colgaban de sus respectivas perchas, y a tenderse sobre ellas cuan largos eran... se envolvieron en la enea, como si fuese una cálida capa, y pronto quedaron completamente inmóviles, sumidos en el sueño".


Otro de los suministradores de material para la construcción del palacio castillejano de los Montpensier fue la fábrica de Pickman y Cía, constando que el 19 de agosto de 1854 se pagó a esta fábrica por dos millares de ladrillos corianos raspados. (Archivo de la Fundación de los Infantes Duques de Montpensier. Castilleja, gastos de junio a noviembre de 1854). Luego comentaremos la visita que en 1877 Alfonso XII, nuero del duque Antonio de Orleans, hizo a la fábrica de Pickman, en la que los obreros "modélicos, ejemplares y productivos", en fila, repeinados y vestidos de domingo, ovacionaron al monarca. Cuarenta años depués, por 1919, los trabajadores que los reemplazaron no se les parecían ni por asomo: en una "Lista de los operarios que se han distinguido más en la propaganda social, ya por exigencias, mala fé, revoltosos, etc." se les califica según la gravedad de sus faltas, entre regulares, regulares con rastras [resultas de una acción que obliga a una restitución del daño causado, o a la pena del delito, o trae otros inconvenientes. RAE], malos y malísimos. Entre los últimos figura Manuel Castellano, que trabajando en la sección de balsas cobraba 8 ¿reales? y es tildado además de anarquista. Otro "malísimo" era Manuel Sanromán, de empaquetación, con sueldo de 9 y medio. Las limpiadoras señaladas fueron Dolores Martín, Carmen Jiménez, Josefa Lusin —malísima—, Rosario Fernandez, Luisa Jiménez, Reyes Rivas, Rosario Ponce, Adela López, Concepción Soria, Juana Barrio, Dolores Sánchez, Josefa Rivas, Cándida Crespo y Eduarda Hernández, esta última tildada de figurar en la directiva de los activistas, aunque entre paréntesis una rectificación del denunciante dejaba lugar a la esperanza: "(creo que no)".


                        Similares a este fueron los ladrillos utilizados en el palacio de Castilleja

"En el año 1931 sucedió un triste hecho en la fábrica: en el seno de una supuesta revuelta laboral, un guardia civil aplicó la ley de fuga a un joven alfarero disparándole por la espalda, a consecuencia de cuya herida murió; esto motivó, lógicamente, una gran malestar entre los obreros. [...] En 1936, el Frente Popular obliga a los Pickman a readmitir a los obreros despedidos en 1934 y 1935, suponiendo un coste adicional para la empresa. Sin embargo, poco después, Queipo de Llano visitó la fábrica y le devolvió todas sus prerrogativas (despido de obreros, subida de precios y bajada de salarios), de tal suerte que en 1937, los jornales estaban un 20 % más bajos que en 1934". Historia de los apellidos, 3. Abril de 2019.
Desde muy antiguo ha habido nexos especiales entre Castilleja de la Cuesta y el monasterio de Santa María de las Cuevas, luego fábrica de Pickman, donde han trabajado muchos vecinos de nuestra Villa hasta el siglo XX, y de donde a principios del XV hubieron de salir los franciscanos que, tras variadas peripecias, llegando a Castilleja recalaron en el desocupado convento de las dominicas. Ver la entrada anterior. 
"En el 1400 el arzobispo Gonzalo de Mena y Roelas llegó a un acuerdo con los franciscanos, a los que, a cambio de la ermita de Santa María de las Cuevas, les fueron entregados un templo en San Juan de Aznalfarache, que había sido iglesia parroquial, y la Iglesia de San Juan de Moraniña, en la localidad de San Juan del Puerto, del condado de Niebla". (Wikipedia). De esta manera los alborotadores franciscanos —ver la entrada anterior— que sustituyeron a las dominicas en la calle del Convento provenían de San Juan de Aznalfarache. 
"Don Vicente el vinatero expandía su negocio pero apenas llegaría a ver el rédito puesto que le quedaba poco tiempo de vida. Tras la ampliación de su bodega vendría la adquisición de las gigantescas tinajas que los alfareros de las orillas del Guadalquivir elaboraban. Tierra muy apreciada para ello fué hasta el siglo XIX la del nacimiento de la cuesta de Castilleja en La Pañoleta, la de la arcillosa cárcava oriental del Aljarafe; y el célebre monasterio de Santa María de las Cuevas que hoy alberga el Museo de Arte Contemporáneo adoptó tal apellido por las oquedades que la extracción de tierra exigida por la alfarería ocasionaba: "Antes de pasar a ser terreno monástico, los almohades en el siglo XII le dieron uso ubicando en el lugar hornos alfareros de cocción aprovechando su situación junto al río y dada la existente abundancia de arcillas, que la extraían labrando cuevas; (más tarde continuarían con la extracción de arcilla también los alfareros de Triana)". De hecho el primer caudillo almohade, Abd al-Mumín, era hijo de un alfarero, nos dice Ana Martos Rubio en su Breve historia de Al-Ándalus". Orsuche, Orsuchi, Orsucci... (4). Mayo de 2016.
"Cuentan las crónicas de la época que don Rafael de León y Primo de Rivera, convertido en Marqués consorte al casarse con la hija de Charles Pickman, llevaba una vida holgada y ostentosa en la Sevilla de principios del siglo XX. [...] el segundo Marqués de Pickman, procedente de una familia aristocrática de origen cordobés, fue más dado al ocio y la vida placentera que a los negocios. Hasta el punto que su fortuna menguó y se vió en la necesidad de pedir un prestamo a un guardia civil amigo suyo, el coronel Vicente García de Paredes. Según relatan varios cronistas de la época [año de 1904], el militar se mofó del Marqués en público asegurando que se cobraría el préstamo con los favores sexuales de la Marquesa de Pickman [corría el rumor de que la cortejaba]. Estos hechos llegaron a oídos de don Rafael de León, que plantó cara al coronel y lo abofeteó en público en el teatro Cervantes de Sevilla. Esta afrenta no podía quedar impune para el militar, que lo retó a duelo de pistolas. [...] Sería a las cuatro de la tarde, en la Hacienda del Rosario [en Sevilla Este], a una distancia de quince pasos. El Marqués erró el disparo, pero no el coronel García de Paredes. Allí mismo murió el marido de la Marquesa de Pickmanm, y dos días después miles de sevillanos se echaron a la calle para acompañar al difunto en su sepelio. El tumulto se produjo cuando el Cardenal Spínola prohibió el entierro del Marqués de el cementerio católico, por morir en duelo, y que debía recibir sepultura en el cementerio de los «disidentes». Cuentan los periódicos de la época que los cerca de cuatro mil asistentes al entierro cogieron el féretro y llevaron hasta el pateón familiar. Aunque finalmente, las autoridades ordenaron devolver el cuerpo al cementerio civil". ABC de Sevilla, 10 de octubre de 2017.
La marquesa de Pickman —María de las Cuevas Pickman— insultada por el coronel de la Guardia Civil, tercera de ese título, era hija natural del segundo marqués y de una obrera de la fábrica.


No fue García de Paredes el único transgresor de la ley que prohibía los duelos. El mismo duque de Montpensier se batió con su primo Enrique de Borbón, duque de Sevilla, porque se sentía ultrajado con artículos de prensa que le dirigía. Antonio de Orleans lo mató en desafío a pistola. 
He aquí, publicado por un periódico londinense, un recorte de prensa que, sobre el juicio al duque, he elegido, porque brinda la visión de terceros en la conflictiva política decimonónica:
Sentence on the duke of Montpensier. (From an occasional correspondent). Madrid, April 16. The Councill of War (1) assembled to try the Duke of Montpensier have sentenced him to no punishment at all. True they have condemned him to a month´s banishment from Madrid, which is simply giving him permission to return  to his family at Seville, and to pay a compensation of $6.000 to the family of his unfortunate cousin, which is simply giving him the opportunity of contributing to the poor orphans a part of what he had already offered them, but which they had refused. Nevertheless, light as the sentence is, it is generally approved, for the public, while pitying Don Henri for his sad fate, recognize in him the aggressor, who brought all upon his own head by his own wilful and obstinate persecution of the Duke.
The Juez de Primera Instancia of Getafe, in whose judicial district the fatal duel occurred, pursued the necessary investigations up to a certain point, when the Military Tribunals stepped in and claimed the jurisdiction in the case (2). The Duke, in the mean-time, had stripped the matter of much difficulty, by refusing to lend himselt to the subterfuge resorted to by his seconds, —namely, that the death of Don Henri occurred through the accidental discharge of a pistol he was trying. To the legal interrogatories of the Fiscal he replied, withont evasion or prevarication, that his cousin had died by his hands in the fatal duel ol the 12th of March. The Council or War consisted of Brigadiers Burgos, Tassara, Saenz Delcourt, Negror, and Emile, General Peralta, the Military Governor of Madrid, an General Izquierdo, the Captain-General of the district, —the latter acting as president. They assembled on Wednesday for the trial. We ara particularly told that the first thing they did was to hear mass, and they then proceeded with the business of the day. Brigadier Vargas acted as prosecuting fiscal, and General Messina as defender. The prosecutor related the circumstances which arose out of Don Henri´s published letter of the 7th of March, adressed "A los Montpensieristas" (3), which article he assumed entire responsibility for, and for which he refused to give the Duke of Montpensier any other satisfaction than an appeal to arms. The Duke felt his own and his family`s honour did not permit him to refuse the only satisfaction offered him, and the conditions of the duel were arranged (4). It was to be a duel `a primera sangre`, at ten paces distance and with pistols, at the `Dehesa de los Carabancheles`, the military practising ground. The result was the death of Don Henri at the third fire of the Duke. The prosecutor went at great length into the history of duelling, citing the laws passed to proscribe it, and admitting their inefficiency in the face of custom. He urged that the law should not be violated with impunity by any one, and he therefore claimed public atonement from the Duke, though, out of regard to the extenuating circumstances, and especially to the fact that he was provoked to the challenge by Don Henri, he thought justice would be satisfied by the Council reprimanding the Duke in any form they saw fit, besides sentencing him to banishment from Madrid, or a radius of ten leagues around it for one month, and to the payment of an indemnification of $6.000 to the family of the deceased.
General Messina made a brilliant defence, detailing the persistency with which Don Henri had, without cause, insulted the Duke in private circles and in the public Press, and the patience of the Duke under these uncalled-for insults, until he felt it necessary, as an officer and a gentleman, to vindicate his honour and that of his family (5). The old General said: "Military uniform among us can never consent to offence or dishonour, and, although the law condems duelling, public opinion and our customs sanction; it so much so that I do not remenber any instance within my time of sentencde having been passed by any tribunal on the survivors of the many fatal duels which have occurred among us".
He then pleaded the extenuating circumstances of the present case, and  concluded by asking for a complete acquittal of the Duke, showing that both by the Penal Code and by Military Ordinances the sentences were designedly light where extenuating circumstances could be proved, and, in fact, were left entirely to the discretion of the Judges.
Two declarations from the Duke of Montpensier were then put in and read. The first was his admission of the deed and his justification of himself: "For a long time the Infante Don Henri de Bourbon endeavoured to provoke me. On the 21st of December, 1863 (6), he published his first letter, a copy of which is anexed, in which I don`t know which he tried to insult most, my ancestors, my family, or myself. On the 14th of January of the present year he published his second letter, directed to the Regent, in which he repeated the grosscat insults against me. No living in the place where he published these writings, I did not try to require explanations from him respecting them, but on the 7th ult. both of us being in Madrid, he published a fly-sheet entitled A los Montpensieristas, which was circulated with great profusion in all parts, and was even printed in some of the newspapers. In it, as will be seen by the copy herewith, he repeated and augmented his insults to my person and my family, so much so that no one who values his honour and the good name of his family could have possibly allowed the matter to pass unnoticed. In wiew of such persistence in provocation, without my having given any motive for it, and desirous of avoiding a scandal, I sent to him to ask if it was written by him, and he having replied that it was, and that he ratified it and assumed its responsibility, I saw myself under the necessity of asking from him a retractation of such insults. Not having been able to obtain any kind of satisfaction, we met in the Dehesa de los Carabancheles on the morning of the 12th of March. My Adjuntant, Colonel Solís, accompanied my, and there appeared there also Generals Cordova and Alaminos, who, being informed of the question between us, at my request came to an understanding with Don Henri and three persons who there met with him, and who I learnt were Don Federico Rubio, Don Edmigio Santamaría, and Don Andrés Ortiz. After various fruitless attemps to come to an arragement in presence of the six persons just mentioned, he refused to give me other satisfaction than with arms, and my offended honour and that of my ancestors, as an officer and a gentleman, forbad me to refuse to accept it. The preliminaries and preparations being settled, and we both being placed opposite each other the duel occurred. The Infante fired and I answered, and so on successively, until at my third discharge I saw him fall to the ground, with a mortal wound, from which he died. Greatly affected by this result, which I would have wished to have done everything to avoid, I retired to my house, accompanied by Señor Rubio and General Cordova, where I have been interrogated, and where I await the consequences to which this lamentable act may give rise".
The second document put in was the Duke`s answer to the charges the Fiscal made against him, reminding him that the laws prohibit duelling:
"I certanly do not deny the existence of the laws, both civil and military, which prohibit duelling in our country. I recognize the penalties imposed on those who forget these prescriptions, and I not forget the duties imposed by our holy religion. I have proved this by the patience with which I have once and again suffered his insults —all the more affronting when they were launched by a person tied to my family by the bonds of kinship and by the obligations of gratitude. Not only did he repeatedly insult me, but also my forefathers and ancestors, as may be seen in the said letters. My pruden silence in reference to his first provocation did not suffice, but was wrongly interpreted by the Infante, and animated him to repeat his provocation, for it made him believed he could do so with impunity. He insulted me publicly for the third time what he liked about me, but a regard to what is most dear to every man —the honour of his person and that of his family. Notwithstanding this I even yet took one step more towards conciliation. I did not credit the articles published with his name until I asked him expressly if they were his or not, expecting he would reflect upon the matter within himself. His answer was a fresh insult. In this situation I could not suffer in silence, red with shame, all the insults he had for more than a year been publicly directing against me. I was obliged to accept the only reparation he offered me, —namely, to vindicate with arms the infamously calumniated honour of myself and my forefathers. Neither my family nor my rank, nor the honoured uniform I wear, permitted me to hesitate a moment. It was not my choosing. I accepted the only choice he gave me. Terrible has been the conclusion; very painful to me. I did all I could to obtain another species of reparation. If he fell, it certainly was not because I desired it —the Divine will ordered it so. The law must judge me. With tranquillity I await its sentence, though I am grieved to have seen myself obliged to give occasion for it".
The Council deliberated, and eventually passed the sentence which I telegraphed you on Wednesday night, —namely, one month`s banishment from Madrid and $6.000 indemnity to Don Henri`s children. As I said before, the public are satisfied. The Duke of Montpensier left last night for Seville, having readily paid the fine, visited the Regent, and received a visit in return, besides attending service in several of the churches, and leaving behind him a handsome contribution for the Madrid poor.
The insurrection, if such one may calla it at, Barcelona and Gracia is over, and we now wait the next disturbance and the next cannonading. Ill blood exists here in Madrid between the troops and the Volunteers of Liberty".

(1) Consejo de Guerra puesto que el Duque era militar.

(2) Es sospechoso de corporativismo el que el Tribunal Militar "arrebatara" el caso al Juez civil de Getafe, acaso porque la investigación de este último, muy completa ya a esa fecha, parecía que iba a abocar en fuerte condena al de Orleans.

(3) Una hoja volante, detonante del desafío que le costó la vida, transcrita en el periódico La Época del miércoles 9 de marzo de 1870:
"A los Montpensieristas:
Cumple a mi honor romper el silencio cuando desde la llegada a Madrid del Duque de Montpensier se hace correr la especia de hallarme acobardado o en tratos sumisos con aquél, cual si fuera un héroe conquistador* que a todos debe atar a su carro.
La especie es tan malévolamente calumniosa y tan inicua, como la que hace depender la coronación de Antonio I por el distinguido general Prim en un depósito de millones como pago del servicio.
Del ilustre Presidente del Consejo de Ministros no es necesario proclamar lo que, en honra suya, nadie ignora y prueban sus terminantes palabras, así como que yo no necesitaría repetir a no haber interés montpensierista en olvidarlo.
Primero. Que soy y seré mientras viva el más decidido enemigo político del Duque francés.
Segundo. Que no hay causa, dificultad, intriga ni violencia que entibie el hondo desprecio que me inspira su persona, sentimiento justísimo que por su truhanería política experimenta todo hombre digno en general y todo buen español en particular.
Nada me importa provocar iras y sordos propósitos vengativos de los que se han envilecido besando, al pesarlo, el dinero montpensierista.
Emigrado yo y trabajador liberal en París, cuando Narváez y González Bravo, hablo con conocimiento de causa referente a la cuestión Montpensier.
Este Príncipe, tan taimado como el jesuitismo de sus abuelos, cuya conducta infame tan claramente describe la Historia de Francia**, habría sido proclamado Rey en las aguas de Cádiz*** si un ilustre compañero mío de marina no se negara a manchar su uniforme indisciplinándose por Montpensier y no rechazara con toda energía, como dignidad, la mayor traición que conocen los tiempos modernos.
Dicen los mercenarios ¡que Montpensier es un ser perfecto, iris de paz y Dios de bondad! ... Por eso, cuánta sangre se ha derramado y tal vez se derrame antes de su completa desaparición, que cae sobre su cabeza de pretendiente. ¡Mala manera de levantar una corona caída por tierra!
El liberalismo de Montpensier, conducido por la fiebre de hacerse Rey, es tan interesado que se merece la terrible lección que, de cuando en cuando, impone la justicia de las naciones indignadas****.
Soy español y experimento las nobles impresiones de mi país.
Siempre que navegando pasaba por delante de Gibraltar he exclamado: "¡Cuándo seremos completamente españoles!, y siempre que paso por el augusto monumento del Dos de Mayo***** repito: ¡Cuándo seremos del todo españoles!".
En 1808, cuando mi padre provocaba el levantamiento del valiente pueblo de Madrid, era la invasión armada contra nuestra Patria; hoy es la invasión hipócrita jesuítica y sobornadora de los orleanistas contra nuestro país, tan desilusionado y tan ametrallado por sus gobiernos.
Por fortuna, las sombras gloriosas de Daoiz y Velarde y de los mártires del Carral no han desaparecido aún y están presentes para todo buen español.
Montpensier representa el nudo de la conspiración orleanista contra el emperador Napoleón III, conspiración en la que entraron ciertos españoles de señalada clase. Pero que sepan estos conspiradores de Francia y España que, caída la dinastía imperial, no la heredarían los Orleans, sino Rochefort o, lo que es lo mismo, ¡la República francesa!
Que sepan también que el esclarecido Espartero es el hombre de prestigio y el objeto de la veneración nacional y de ninguna manera el hinchado pastelero francés.
Madrid, 7 de marzo de 1870.
Enrique de Borbón".
* Directísima alusión al palacio de Castilleja de la Cuesta y a lo que significaba históricamente. Por pertenecerle y habitarlo, podría atribuirse a la personalidad del duque Antonio de Orleans una especial influencia de la de Hernán Cortés, como si el viejo fantasma del Conquistador, vagando por los corredores del palacio, lo hubiera poseído o lo dirigiera de alguna manera.
"No te estoy maldiciendo por mi muerte, dijo el emperador [Cuauhtémoc a Hernán Cortés], sino por las de todos los demás: en esta tierra nadie va a decir tu nombre sin vergüenza. Muy probablemente las cuatro mil misas que Cortés mandó decir por el descanso de su alma se concibieron en ese momento.
Cuando yo mismo visité el convento de las hermanas irlandesas en Castilleja de la Cuesta, le pregunté a la madre superiora por el fantasma del conquistador. A él nunca lo hemos visto, dijo con toda seriedad, aunque hubo madres en el pasado con las que trató de ejecutar el fornicio. Y siguió: Lo que sí nos dejó fue un montón de muertos a los que no les entendemos nada, porque hablan una lengua del otro lado. Hay uno muy guapo, me dijo, que no puede caminar; tiene una coleta muy rara, por arriba de la cabeza en lugar de por detrás. ¿Les da lata?, le pregunté. Está sentado en esa silla, me dijo". Álvaro Enrigue. Muerte súbita. Premio Herralde de novela en 2013. Editorial Anagrama. 
Cierto y verdad es que se barajaba la posibilidad de que el duque de Sevilla accediera al trono de Méjico, mas él nunca pareció interesarse por ello. Se proclamaba revolucionario e incluso solicitó afiliarse a la Primera Internacional, lo que le costó ser despojado de sus títulos. Fue varias veces desterrado, una de ellas a Tenerife. Nacido el 17 de abril de 1823 en el Alcázar de Sevilla, a donde el gobierno liberal había hecho trasladar la corte ante el avance hacia Madrid de los Cien Mil Hijos de San Luis, fue hijo del infante Francisco de Paula de Borbón y de su primera esposa la princesa Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, y nieto del rey Carlos IV por vía paterna. Quien sí pujó por el trono azteca fue su primo y matador, el duque Antonio de Orleans, aunque Napoleón III lo descartó de entre los candidatos que tenía en mente. "El horrible drama de Méjico, no se ha borrado de la memoria de nadie ... ¡Que la ambición no turbe, pués, al Duque de Montpensier hasta el grado de hacerle olvidar, con la esperanza de algunas horas de reinado, la suerte del infeliz Maximiliano!". Enrique de Borbón, duque de Sevilla. París, 28 de enero de 1869.
** Montpensier, Counts and Dukes of: The French lordship of Montpensier (department of Puy-de-Dome), which became a countship in the 14th century, was sold in 1384 by Bernard and Robert de Ventadour to John, duke of Berry, whose daughter Marie brought the countship to her husband, John I, duke of Bourbon, in 1400. The countship was subsequently held by Louis de Bourbon, younger son of Duke John, and by his descendants up to Charles de Bourbon-Montpensier, the famous constable, who became duke of Bourbon by his marriage with his cousin, Suzanne de Bourbon, in 1505. Confiscated by King Francis I, the countship was restored in 1538 to Louise de Bourbon, sister of the constable, and widow of the prince de La Roche-sur-Yon, and to her son Louis (I513-1582), and was erected into a duchy in the peerage of France (duche-pairie) in 1539. Marie, daughter and heiress of Henri de Bourbon, duke of Montpensier, brought the duchy to her husband Gaston, duke of Orleans, brother of Louis XIII, whom she married in 1626, and their daughter and heiress, known as La Grande Mademoiselle, was duchess of Montpensier. The title subsequently remained in the Orleans family, and was borne in particular by Antoine Philippe (1775-1807), son of Philippe Egalit, and Antoine Marie Philippe Louis (1824- 1890), son of King Louis Philippe and father-in-law of King Alphonso XII. of Spain.
Confiscado por Francisco I, el ducado fue restaurado en 1538, leemos v.s. Por una curiosa coincidencia, el nieto de este rey llevaba el mismo nombre que el antijesuita duque de Sevilla: Enrique.
A este Enrique lo mató un religioso a puñaladas el 1 de agosto de 1589. Se asegura que el asesino actuó instigado por los jesuitas, quienes lo ensalzaron después como si de un santo se tratara. A la muerte de Enrique los partidarios de los jesuitas se echaron a las calles de Francia alborozados. La duquesa de Montpensier se arrojó al cuello del primero que le trajo la noticia, y con desacompasada alegría exclamó: "¡Ah, que seáis bien venido, amigo! ... ¿Es verdad? ¿No me engañáis? ¿Ha muerto ese traidor, ese pérfido, ese tirano? ¡Dios mío, cuán feliz me habéis hecho! Solo un pesar empaña mi contento, y es que él no haya sabido antes de morir que soy yo quien le ha hecho asesinar". Esta princesa inmoral y viciosa recorría luego las calles de París gritando ¡buenas noticias! mientras los predicadores se desgañitaban en los púlpitos llamando a Clemente [el asesino] Santo Mártir [porque resultó muerto él también en el regicidio]. Retrato al daguerrotipo de los Jesuitas, sacado de sus escritos, máximas y doctrinas. Joaquín María Nin. Barcelona, 1852. 
Para construir los jardines de su palacio de San Telmo el duque adquirió el edificio y la huerta del antiguo convento franciscano de San Diego, cuyo dueño era el curtidor británico Nathan Wetherell, quien la adquirió después que los franciscanos se mudaran al convento de San Luis que habían dejado libre los jesuitas expulsados en 1767.
*** "Para mí, lo más indigno es lo que voy a leerte: `Este Príncipe, tan taimado como el jesuitismo de sus abuelos, cuya conducta infame tan claramente describe la Historia de Francia, habría sido proclamado Rey en las aguas de Cádiz si un ilustre compañero mío de Marina no se negase a manchar su uniforme indisciplinándose por Montpensier ... `. Si lo dice por Topete, miente el bellaco, pues Topete no proclamó a la Infanta, porque Prim ¡ay! le ganó la acción echando por delante la Soberanía Nacional y diciendo a Topete (él mismo me lo ha contado): `Luego se verá... Que la Nación decida`. Y la Nación no ha dicho todavía que sí ni que no... Este papelucho habla del dinero montpensierista, dando a entender que habrá diputados que voten al Duque mediante conquibus... No mil veces, Infante loco: le votarán por convicción y patriotismo", hizo decir Benito Pérez Galdós a sus personajes de la Quinta Serie de los Episodios Nacionales. Juan Bautista Topete y Carballo (1821-1885), firmó el 17 de septiembre de 1868 la primera proclamación de la Revolución, La Gloriosa, estando a bordo de la fragata acorazada Zaragoza, fondeada en la bahía de Cádiz. Era montpensierista y aceptó unirse a Prim si se nombraba rey al Duque, quien, intrigante, se había colocado del lado de los enemigos de Isabel II con la vana esperanza de hacerse con el trono de España. El enfrentamiento en duelo con su primo dió al traste con sus aspiraciones. También Topete —nacido en México— se batió en duelo, nada menos que con el poeta Campoamor, pero usaron sables en lugar de pistolas, y el lance acabó inmejorablemente bien para ambas partes. Resulta que tras su participación en la Guerra de África —en la que a Montpensier no le fue permitido participar a pesar de sus deseos de hacerlo—, fue nombrado ministro de Marina Augusto Ulloa Castallón, en contra del parecer de los oficiales, y Ramón de Campoamor, ferviente partidario de la monarquía isabelina, escribió un artículo contra los jefes de la Armada en el que decía: "¿Por qué no queréis al Sr. Ulloa? ¿Porque no ha cogido una ostra en su vida?". Los marinos, apenas lo leyeron en La Epoca, nombraron a Juan Bautista Topete, gran tirador al sable y a la pistola, para que desafiase a Campoamor en duelo. Éste lo hirió un par de veces, intervinieron los jueces del duelo, se dieron un abrazo. (Wikipedia). Años después, cuando Topete era ministro, Campoamor lo halló en el Congreso cierto día. "¡Ay, amigo mío!" —le dijo aquél.— "¿Por qué no me abrió usted la cabeza en dos mitades?"- "¿A qué viene eso, D. Juan?" -"¡Porque estoy aburrido, harto de la vida!" —repuso el héroe del Callao.
Pocos días antes de morir, le dijo a Campoamor, mostrándole una panoplia: "Mira, mira el sable con que deseaba yo que Topete te matara".
**** Aquí apela Enrique a la justicia popular, "la justicia de las naciones indignadas", a la cual, haciéndose portavoz de "las nobles impresiones de mi país". azuza en contra del Duque de Montpensier.
***** El monumento antifrancés por antonomasia.

(4) Entre estas condiciones estaba la de que Antonio de Orleans podría usar gafas "porque lo hacía cotidianamente", aunque en ningún retrato aparece con ellas.

(5) Nótese cómo el general defensor Messina* apela al "honor militar" del acusado, actuación muy en armonía con lo que expongo en la nota 2, v.s. Alegó Messina seguidamente algo que deja patente el referido corporativismo, que traduzco: "Entre nosotros el uniforme militar no debe nunca consentir ofensa ni deshonor, y aunque la ley condena el duelo, la opinión pública y nuestras costumbres lo sancionan; no recuerdo ningún ejemplo, desde hace mucho tiempo, en que un tribunal haya sentenciado a los sobrevivientes de los muchos duelos fatales que han ocurrido entre nosotros". Messina pidió la absolución de Antonio de Orleans.
* Félix María de Messina e Iglesias (1798-1872), hijo de napolitano, marqués consorte de la Serna, ejerció como gobernador y capitán general de Puerto Rico entre 1862 y 1865, donde impulsó la creación del Instituto de Voluntarios de Puerto Rico, fuerza armada civil para la defensa de la isla contra piratas e invasores extranjeros y para prevenir el independentismo. Messina hizo allí obligatoria, por primera vez, la enseñanza primaria para estudiantes de ambos sexos, exigiendo a los maestros currículo y requisitos de graduación de normal.
Una docena de años antes de la arribada de Messina a la Isla caribeña, el capitán castillejano Francisco Oliver López servía a la Corona española en su capital San Juan, episodio de ese mi antepasado que tengo pendiente de publicar en esta Historia. En la cita inmediata y en las entradas siguientes pueden verse sus primeros pasos militares y su actuación en la Primera Guerra Carlista, antes de ser destinado a Puerto Rico: "Regimiento de Infantería de Saboya. Caja de Quintos.
El encargado de la conducción de Quintos Pedro de Silva ha presentado en esta Caja a los individuos del Pueblo de Castilleja de la Cuesta Antonio Jiménez, Francisco Oliver Cabrera y Francisco Oliver López, los cuales quedan admitidos en este día; y para que conste firmo esta en Sevilla a 12 de Julio de 1827. El Capitán Encargado de la Admisión, Pedro de la Iglesia". Padrón 1i. Octubre de 2015.
"Pero es dable y lógico suponer ascendencia esclavizada de todos los actuales sudamericanos de piel negra, siendo la excepción la que confirme la regla. El estigma llegó hasta el siglo XIX. Dieciocho días después de llegar a la guarnición de Puerto Rico el capitán Francisco Oliver López tuvo ocasión de leer en la Gazeta de dicha isla una noticia semejante a las que en la prensa de nuestros días anuncian mascotas u objetos extraviados:
La Gazeta de Puerto Rico, nº del 20 de octubre de 1842: "En el pueblo de Sabána-grande ha sido capturada una negra, natural de Guadalupe, que dice llamarse Fany, de las señales siguientes: cuerpo regular, un diente de menos en la mandíbula superior, algunas cicatrices de foetazos [golpes de foete] en las espaldas y brazo izquierdo siendo unas frescas y otras viejas, como de 25 á 40 años, y lleva consigo una jigüera [recipiente hecho de un fruto caribeño] con las iniciales M.A.P.  Lo que se hace saber al público por disposición del Excmo. Sr. Gobernador y Capitan jeneral, para que llegado á conocimiento del dueño de dicha negra se presente á reclamarla con las formalidades correspondientes". Orsuche, Orsuchi, Orsucci... (4). Mayo de 2016.
Por cierto que el general Prim, asesinado a instancias de Montpensier según coinciden la mayoría de los historiadores, comandó tropas en la Primera Guerra Carlista entre 1834 y 1840, y luego fue, como Messina, capitán general de Puerto Rico en los tiempos en que Francisco Oliver estaba en aquella isla.
Ya retirado Francisco Oliver López en su casona de la Plaza de Santiago, debió "beber" las noticias que del duque de Montpensier, cuyo palacio podía divisar nítido desde su azotea, se publicaban en periódicos de todo el mundo. El viejo militar retirado bajaría tranqueando la calle Hernán Cortés a diario para ver si había alguna actividad en el palacio callerrealengo.

(6) En dicho día, lunes, en La Época: "¨Las noticias de Méjico que trae el telégrafo no pueden ser más favorables a la Francia. Querétaro ha sido tomado por el ejército francés, el ejército mejicano disuelto y Juárez obligado a refugiarse en San Luis de Potosí, de donde pasará a los Estados Unidos".
El domingo 27 de diciembre de 1863 en la capilla del palacio de San Telmo se adminstró la primera comunión a Amalia y Cristina, las hijas de los Montpensier. Se abrieron los jardines al público en general.
Parece que Enrique aprovechó para publicar su primer ataque el que su primo viajaba a Madrid desde Sevilla este mes para asistir al parto de la Reina.

Los padres de don Enrique estuvieron en Madrid involucrados en maniobras políticas en las que participaba el espía Eugenio de Avinareta, inmortalizado por Pío Baroja, su descendiente. Avinareta, habiendo sido detenido en Portugal, pasó por la Calle Real de Castilleja hacia la prisión de Sevilla en una berlina cerrada y acorazada, con gran despliegue de fuerzas de seguridad. Ver Las memorias de un hombre de acción, Avinareta o la vida de un conspirador, y La Isabelina. Pío Baroja.

Para revivir la memoria del ignorado don Enrique de Borbón, duque de Sevilla, ver de María Teresa Menchén Barrios, El infante Don Enrique de Borbón y su participación en la política española del siglo XIX. (Tesis Doctoral). Universidad Complutense. Madrid, 2015; y El destierro en Tenerife del infante Don Enrique de Borbón.



Don Enrique con su familia poco antes del duelo. Montpensier, v.s. ofreció a los huérfanos una indemnización extrajudicial, que la familia rechazó.



Historia de los apellidos, 21o.

En Hernán Cortés en Castilleja de la Cuesta (Actas de los VII Encuentros de estudios comarcales Vegas Altas, La Serena y la Siberia, Oc...