domingo, 12 de agosto de 2018

Notas varias, 3g.


En la ciudad de México a 27 de agosto de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: Bartolomé Ruiz de Navarrete, en la causa que trato con los bienes, albaceas y herederos del doctor Navarrete, difunto, en razón de la esclava llamada Gracia para que se me entregue y  por ella su precio y valor, digo que para que conste que la dicha esclava es mía propia y como tal me pertenece, y que aunque estaba en poder del dicho difunto al tiempo de su muerte  y como sus bienes fué inventariada por sus albaceas, fué la causa el habérsela remitido para que la vendiese como cosa mía propia y su precio lo cobrase y remitiese, y por no haber tenido efecto la dicha venta, los dichos albaceas no pudieron vender ni disponer de la dicha esclava, y habiendo pedido para que lo susodicho constase que las escrituras de venta por donde a mi parte pertenece la dicha esclava las exhibiese el licenciado Sebastián Sánchez uno de los albaceas, presentaron las dichas escrituras, las cuales reproduzco en el término de la prueba, por lo que a mí me toca. A Vuestra Merced pido y suplico que habiéndolas por reproducidas y pues por ellas consta que la dicha esclava negra Gracia es mía propia y que me pertenece como tal, se me mande adjudicar como tengo pedido. Y asimismo reproduzco la declaración hecha por don Francisco Navarrete, hijo y heredero del dicho difunto, y que los testigos que presentare se examinen al tenor de esta petición, y pido justicia para ello. Y que se remitan a las escrituras en lo que no supieren. El licenciado López de Úbeda.
Auto. El señor Corregidor mandó dar traslado a la otra parte, y con lo que dijere o no, se traigan los autos, y así lo proveyó, y examínense en lo pertinente. Don Francisco Dávila. Juan Pérez de Rivera, escribano público.
En la ciudad de México en 27 de agosto de 1625 notifiqué el traslado de arriba a Agustín Díez, procurador en nombre de su parte, y de ello doy fé, Diego de Cisneros, escribano real. En la ciudad de México en 29 de agosto de 1625 notifiqué el traslado de arriba a Gerónimo de Aguilera en nombre de su parte. Diego de Cisneros, escribano real.
Probanza. Probanza hecha por parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete. En la ciudad de México en 29 de agosto de 1625 el dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete para su información presentó por testigo a Bernardino Adame, vecino de esta ciudad al barrio de Santa Catalina Mártir, del cual recibí juramento por Dios y la cruz en forma de derecho, y lo hizo y prometió de decir verdad, y siendo preguntado por el pedimento, dijo que conoce a las partes y que tiene noticia de esta causa, y lo que sabe es que estando este testigo en esta ciudad en casa del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, médico de Su Excelencia, difunto, vió cómo Bartolomé Ruiz de Navarrete le remitió desde la ciudad de Los Ángeles la negra Gracia contenida en el dicho pedimento, y con ella poder para que la vendiese por su cuenta y le enviase su procedido a la dicha ciudad, de más de lo cual se lo dijo el dicho doctor muchas veces a este testigo, que el dicho Bartolomé Ruiz se la había enviado para el dicho efecto, y sabe que la dicha negra es la misma que envió el dicho Bartolomé Ruiz al dicho doctor porque este testigo la vió muchas veces en el servicio del dicho Bartolomé Ruiz y que la poseía por suya en la dicha ciudad de Los Ángeles en conformidad de la venta que de ella tiene, que está presentada en el pleito, a que este testigo se remite, y esta es la verdad so cargo del dicho juramento, en que se ratificó y declaró ser de edad de 50 años poco más o menos, y las generales no le tocan, y lo firmó ante mí, Esteban Bernal, escribano público. En la ciudad de México a 29 de agosto de 1625 Bartolomé Ruiz presentó por testigo a Diego Pérez del Campo, boticario vecino de dicha ciudad de México a la Plaza del Volador (1), del cual se recibió juramento, etc. Conoce a las partes de muchísimo tiempo a esta parte, y declara en los mismos términos que el anterior, y tiene 40 años.

(1) Por el ritual, de origen prehispánico, que allí se celebraba.



En la ciudad de México en 10 de septiembre de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: Gerónimo de Aguilera, curador ad litem de don Juan Ortiz Navarrete, menor hijo y heredero con beneficio de inventario del doctor Francisco Ortiz Navarrete, médico, su padre difunto, en la causa con el licenciado Sebastián Sánchez su albacea sobre la cuenta de sus bienes y lo demás que de la causa hago presentación de la curaduría del dicho don Juan Ortiz que me fué discernida, y digo que V. M. mandó dar traslado a las partes de lo que en esta causa se ha pedido por parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete, y recaudos que ha presentado, y se me notificó para que mi letrado lo vea y responda lo que convenga, y al derecho del dicho menor es necesario se me dé el proceso. A V. M. pido y suplico haya por presentada la dicha curaduría y mande se me dé el proceso de esta dicha causa para responder a lo susodicho, y que hasta que se me dé no me corra el término, para ello pido justicia. Gerónimo de Aguilera.
Auto. El señor Corregidor mandó que se ponga en el proceso, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.

En la ciudad de México a 12 de marzo de 1625 ante el Adelantado de las Filipinas don García de Legazpi y Acuña (1), Alcalde Ordinario de esta ciudad por Su Majestad y Caballero del Hábito de Santiago, se leyó esta petición que presentó el contenido: don Juan Ortiz de Navarrete, hijo legítimo del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, digo que yo soy menor de 25 años y mayor de 18, y tengo necesidad de parecer en juicio y hacer diligencias y aceptar sobre la legítima y herencia que me pertenece de los bienes del dicho mi padre, y de nombrar curador ad litem que me ayude y defienda en mis pleitos y causas, para lo cual nombro por tal mi curador ad litem a Gerónimo de Aguilera, de quien tengo satisfacción que lo hará bien y como a mí me convenga. A V. M. pido y suplico haya por nombrado al susodicho y le mande lo acepte y haga el juramento y demás diligencias de derecho necesarias  y se le discierna el cargo, y pido justica para ello y en lo necesario. Don Juan Ortiz Navarrete.

(1)  Don García de Legazpi Albornoz y Acuña, III Adelantado de las Filipinas, nacido en México en 1585, y casado con doña María Ortíz de Oraá. Don García era hijo de Melchor López de Legazpi y de doña Luisa de Albornoz y Acuña (casados en 1572), y su abuelo fué el celebérrimo colonizador de las Filipinas Miguel López de Legazpi (¿1503?-1572).
El 5 de enero de 1625 se le entregó la vara de Alcalde Ordinario. El 1º de enero de 1626 dejaron las varas los alcaldes Ordinarios del año pasado, García de Legaspi y Albornos y Andrés de Tapia Ferrer. Se les nombró como alcaldes de Mesta. El 9 de enero de dicho año, habiéndose reunido en Cabildo el corregidor Francisco Enríquez Dávila y el Correo Mayor Pedro Díaz de la Barrera, no se pudo tener Cabildo porque faltaron los demás Capitulares. Se mandó billete para el día siguiente, con pena de 50 pesos a los que no asistan. Y el 13 de febrero el corregidor Francisco Dávila estuvo esperando concurrencia para hacer Cabildo pero no llegaron los Regidores. El 25 de mayo El corregidor Francisco Enríquez Dávila informa que Fray Antonio de los Santos, Prior del convento y hospital de los desamparados de la orden de Juan de Dios, le manifestó la necesidad que tenía dicho establecimiento de agua para los pobres, por no haber ahí pila pública. Propuso dicho religioso que se ponga una pila en dicho hospital, y a cambio uno de los de ese hermanos Barbero y Cirujano de ese establecimiento curaría gratuitamente a los pobres de la cárcel. El corregidor propone que para el sustento de los barrios de la Veracruz y San Hipólito se haga una pila en la esquina de la calle de San Agustín, dándosele un real de agua por un cañón que ingiera por la atarjea, y que desde esa pila se introduzca el agua al hospital. La obra ascendería a 1,000 pesos, que se tomarían de la Sisa. Podría hacerse también por 300 pesos la introducción de agua a la pila que está en la esquina de la huerta del Marqués del Valle, con lo que se excusarían bombas.



El Alcalde hubo por nombrado por curador ad litem del dicho don Juan Ortiz Navarrete al dicho Gerónimo de Aguilera (1), el cual estando presente por S. M. aceptó el dicho cargo y juró a Dios y a la cruz de lo hacer bien y fielmente a su leal saber y entender, seguirá los pleitos y causas que el dicho menor tiene y tuviere y se le ofrecieren, demandando y defendiendo para en su favor todo aquello que convenga y necesario sea, y donde su parecer no bastare le tomará de letrado y personas que se lo deban dar, y en todo hará lo que como buen curador de leyes es obligado, y si por su culpa o negligencia algún daño viniere al dicho menor o a sus bienes se lo pagará por su persona y bienes, que para ello obligo, y dió por su fiador a Juan Santos de Rivera, escribano real, que estando presente dijo que fía al dicho Gerónimo de Aguilera en la manera que hará y cumplirá lo que jurado y prometido tiene sin que falte en cosa alguna, y lo contrario pareciendo, y si se le siguiere daño o pérdida por su causa al dicho menor o a sus bienes lo pagará como tal fiador y principal pagador, haciendo como para ello hizo de deuda y causa ajena suya propia y sin que contra el dicho Gerónimo de Aguilera ni sus bienes se haga diligencia alguna de fuero ni de derecho, cuyo beneficio renunció, y obligó su persona y bienes, y ambos dieron poder a las Justicias Reales para que les apremien como por sentencia pasada en cosa juzgada, y  renunciaron las leyes de su favor y la general del derecho, y visto por el señor Alcalde Ordinario dijo que de oficio de la Real Justicia discernía y discirnió al dicho Gerónimo de Aguilera el dicho cargo de tal curador ad litem del dicho don Juan de Navarrete, y le dió poder cuan bastante de derecho se requiere para que le use y ejerza en favor del susodicho en cualesquier sus pleitos y causas civiles y criminales que tiene y tuviere sobre su herencia u otros, parezca ante cualesquier Justicias de Su Majestad de cualquier tribunal les haga pedimentos, ponga demandas, pida y tome cuentas, nombre terceros contadores, haga ejecuciones, prisiones, embargos, requerimientos y protestaciones, presente testigos, escritos y escrituras, los saque de poder de cualesquier escribanos u otras personas, y recuse jueces, letrados, escribanos, apele y suplique de cualesquier autos y sentencias, siga las apelaciones y en todas vías e instancias, haga todos los demás autos y diligencias que judicial y extrajudicialmente convengan y sean necesarias, y pida y saque censuras de excomunión y las haga leer, y todo lo que dicho menor hacer pudiera siendo de edad cumplida, que para ello y lo dependiente dió poder bastante con general administración y facultad de enjuiciar, jurar y sustituir y lo relevar, y lo firmaron todos a quienes yo el escribano doy fé que conozco, testigos Juan de Rivera, y Juan de Valdivieso, vecinos de esta ciudad. El Adelantado de las Filipinas. Gerónimo de Aguilera. Juan Santos de Rivera. Ante mí Juan Pérez de Rivera, escribano público.

(1) Gerónimo de Aguilera, procurador del número de la Real Audiencia de la ciudad de México de la Nueva España, dice que en él como mayor ponedor, por muerte de Martín Alonso de Morales su antecesor, se remató el dicho oficio en almoneda pública por cuantía de 1.654 pesos y 3 tomines y 3 granos de oro común, de los cuales dió satisfacción conforme al remate el 30 de abril de 1594, y atento a ello el Virrey le dió el título para ejercerle por los días de su vida, que con esta presenta, con que dentro de 3 años llevase confirmación de V. A.
El 5 de abril de 1595 en México dió poder a Esteban Adarzo de Santander y a Gabriel de Arriaga, estantes en la Corte de Su Majestad, para que en su nombre ante el Consejo de Indias obtuviesen la confirmación real de su título, siendo testigo Joseph de Celi.
El día 3 de agosto de 1629 mediante una real cédula fué recomendado al marqués de Cerralvo, Virrey de Nueva España.
"Como estas ventas se hacían en almoneda pública y al mejor postor, los agraciados eran siempre los más ricos o los que mayor sacrificio hacían para adquirir un oficio llevando algún plan preconcebido que les hiciera no sólo compensar el sacrificio pecunario hecho para obtener el puesto, sino la adquisición de meditada ganancia. El mérito no era parte para alcanzar uno de aquellos empleos, que sin estar al alcance de la inteligencia y de la probidad eran de fácil acceso para la ignorancia o la corrupción con tal de que los acompañara la riqueza". Vicente Riva Palacio. México a través de los siglos. Tomo VII. Editorial Cumbre. México, 1986, pág. 21.

Petición. En la ciudad de México en 3 de septiembre de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad se leyó esta petición: Agustín Díez en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, en la causa que Bartolomé Ruiz de Navarrete trata ante V. M. sobre el entrego de una negra esclava llamada Gracia, respondiendo a unas peticiones presentadas del susodicho en que pretende ser suya la dicha esclava y pertenecerle y habérsele de entregar, digo que se ha y debe de negar lo que pide declarando por bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete la dicha esclava por lo dicho, y actuando en favor de los dichos bienes y albacea de ellos mi parte, resulta general y porque al tiempo y cuando falleció el dicho doctor estaba en la posesión de la dicha esclava y la poseía como suya sin que importasen los recaudos dados porque no se verifica por ellos que sea la dicha esclava de quien la pide, y así lo contradigo en forma, por tanto a V. M. pido y suplico mande declarar y declare no haber lugar lo que la parte del dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete pide, y débese declarar pertenecer y haber quedado la dicha esclava por bienes del dicho doctor, y en todo pido justicia y costas. Agustín Díez. El licenciado Valle.
Auto. El señor Corregidor mandó dar traslado a las partes y se ponga en el proceso y se le lleven los autos, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.
En la ciudad de México en 3 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de arrriba a Bartolomé Ruiz de Navarrete en su persona y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
En la ciudad de México en 3 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de arriba a Gerónimo de Aguilera en nombre de la parte en su persona, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
Auto. En la ciudad de México en 3 de septiembre de 1625, vistos estos autos por don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, mandó que este pleito se le entregue por tres días al curador ad litem de don Juan Ortiz de Navarrete, menor, para que dentro de ellos alegue lo que le convenga, y pasados los traiga para proveer justicia. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.

En la ciudad de México en 5 de septiembre de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: Gerónimo de Aguilera, curador ad litem de don Juan Ortiz de Navarrete, menor hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, médico difunto su padre, en la causa con el licenciado Sebastián Sánchez su albacea sobre la cuenta de sus bienes, y con Bartolomé Ruiz de Navarrete sobre que pide se le entregue una negra nombrada Gracia, esclava del dicho doctor difunto, de que se mandó dar traslado, se me notificó, y no he respondido hasta hoy porque no se me ha dado antes el proceso aunque lo he pedido para ello, por haberlo tenido las otras partes, y respondiendo, digo que se debe y ha de negar al dicho Bartolomé Ruiz Navarrete lo que pide, por lo que del proceso y autos resulta, porque la dicha esclava Gracia no es del dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete, sino del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, que como suya la poseía y tuvo en su poder y servicio mucho tiempo hasta que murió, y en su testamento bajo cuya disposición falleció la nombró y declaró expresamente por bienes suyos con los demás esclavos que asimismo nombró por suyos, lo cual no hiciera si no fuera suya, y es cosa cierta que si fuera del dicho Bartolomé Ruiz la dicha esclava, el dicho doctor lo declarara en el dicho su testamento, como dijo y declaró otras muchas cosas de más y de menos importancia, y a esta buena fé se debe estar, y no a lo que ahora después de muerto viene a pedir el dicho Bartolomé Ruiz, pues no lo ha pedido en más de dos años que ha que está la dicha negra en poder del dicho doctor difunto, y menos se ha de estar a la declaración que en razón de esto hizo su hijo el doctor Francisco Ortiz Navarrete, por ser como es yerno (1) del dicho Bartolomé Ruiz Navarrete, por el daño y perjuicio que contra ella quiere hacer a los demás hermanos herederos del dicho doctor difunto su padre, y tampoco han de ser ni son bastantes las escrituras del contrario presentadas, de venta de la dicha negra, pues estaban en poder del dicho difunto juntamente con la que a él le hizo el dicho Bartolomé Ruiz después de ellas, la cual no se presenta con ellas y se oculta, y menos caso se debe hacer de los dichos testigos que ahora por su parte se han presentado, porque aunque fuese así lo que dicen y ellos lo supiesen, pudo ser que no supiesen la venta que después hizo el dicho Bartolomé Ruiz Navarrete al dicho doctor difunto de la dicha negra. Por todo lo cual y lo demás que hace o hacer puede en favor del dicho mi menor y a su derecho conviene, a V. M. pido y suplico mande declarar y declare no haber lugar lo pedido por el dicho Bartolomé Ruiz Navarrete, y que la dicha negra Gracia es esclava del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, y a mayor abundamiento a V. M. suplica y pide que dé por libres a sus  bienes, albaceas y herederos de lo contra ellos pedido por el susodicho, y sobre todo pido justicia, y si otro mejor y más jurídico pedimento me conviene hacer lo hago y he por hecho. Gerónimo de Aguilera.
Auto. El señor Corregidor mandó dar traslado a las otras partes y se le lleven los autos y así lo proveyó, y sea sin perjuicio del estado del pleito. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.

(1) Se van clarificando los intereses de los personajes. Francisco Ortiz es yerno del curador de su hermano Juan y, por tanto, lo apoya aunque redunde en menoscabo de la herencia. Así, se enfrenta al tenaz albacea de su padre. Hay que tener en cuenta que Francisco desempeña un cargo importante, el de abogado en la Audiencia Real de la Nueva España, tribunal superior donde va a parar el pleito en grado de apelación después de que el Corregidor sentencie en favor de dicho suegro y curador, respectivamente, de los dos hermanos herederos. Pero todo es más complicado, si cabe, porque el nuevo curador (ad litem) del menor Juan Ortiz, también se opone a que Gracia sea devuelta a Bartolomé Ruiz (curador ad bona del mismo menor, recuérdese). He aquí un doblez contradictorio que debió quitar el sueño a los involucrados, y en especial al joven Juan Ortiz de Navarrete. Lo vemos seguidamente.

En la ciudad de México en 5 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de esta otra parte del Alcalde a Agustín Díez, procurador, en nombre de su parte, en su persona, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
En México en 5 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de esta otra parte a Bartolomé Ruiz de Navarrete en su persona, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
Auto. En la ciudad de México a 6 de septiembre de 1625, vistos estos autos por don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, en el artículo del pedido por Bartolomé Ruiz de Navarrete en razón de que se le entregue el precio de Gracia, negra que se vendió por bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete siendo esclava del dicho Bartolomé Ruiz, que se la había enviado con poder para que la vendiese, dijo que declaraba y declaró por bienes del dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete la dicha negra Gracia y su valor, y no ser ni pertenecer al dicho difunto ni a sus herederos, y en su consecuencia mandaba y mandó que el albacea del dicho difunto, dentro de dos días después de la notificación de este auto dé y pague al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete 280 pesos que es el precio en que se vendió la dicha negra Gracia, y pasado el dicho término no lo habiendo hecho se despache mandamiento de ejecución por esta cantidad contra los bienes del dicho difunto, y por este mi auto así lo pronuncio y mando, con costas. Don Francisco de Ávila. El licenciado Juan de Medina Vargas. Esteban Bernal, escribano público.
En la ciudad de México a 6 de septiembre de 1625 notifiqué el auto de arriba a Agustín Díez, procurador, en nombre de su parte, el cual dijo que lo oye, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.
En la ciudad de México a 6 de septiembre de 1625 yo el escribano yusoescrito leí y notifiqué el auto a esta otra parte a Gerónimo de Aguilera en nombre de su parte, el cual dijo lo oye, testigos Juan Andino y Antonio Hernández, escribano real, vecinos de esta ciudad. Diego de Cisneros, escribano real.


Y, como decíamos, ya está el pleito en la Real Audiencia, apelado tanto  por el albacea del difunto doctor como por el curador ad litem de su hijo menor:
Relación. Muy Poderoso Señor (1), Agustín Díez, en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, capellán del Hospital Real de esta ciudad, albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en el pleito que  contra los bienes del dicho doctor difunto trata Bartolomé Ruiz Navarrete sobre que se le entregue a Gracia, negra, y lo demás que es esta causa, apelo y me presento ante V. A. en grado de apelación y agravio de un auto que en la causa pronunció don Francisco Dávila, Corregidor de esta ciudad, en que mandó que mi parte pague a la contraria como tal albacea dentro de segundo día 280 pesos que dicen se vendió la dicha negra, y en su defecto se diese mandamiento de ejecución contra los dichos bienes, como se contiene en el dicho auto, en lo cual mi parte es agraviada, por lo que protesto alegar en forma, por tanto, a V. A. suplico que habiéndome por presentado en el dicho grado, mande que el escribano de la causa la pase a esta Real Audiencia para que estándolo se revoque el dicho auto, pido justicia y costas. Agustín Díez. En México a 11 de septiembre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y vista, mandaron la hubieren por presentada en el dicho grado de apelación, y que el escribano pase el pleito a esta Real Audiencia, siendo definitivo, y si es ejecutivo, pagada la parte. Rivera. En México a 9 de septiembre de 1625 el contenido la presentó ante mí, con protestación en forma, fuera de audiencia. Medina, escribano.

(1) Se refieren al Virrey, (Su Alteza) que era a la vez Presidente de la Real Audiencia, a la sazón Rodrigo Pacheco y Osorio, III Marqués de Cerralbo.


                                      Rodrigo Pacheco y Osorio


Repartimiento. En 16 de septiembre de 1625 al Secretario Rivera. Paga de derechos. En 17 de septiembre de 1625, pagó la parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete de los derechos de cincuenta hojas 18 reales y no más. Doy fé. Rivera. Navarrete. Paga. En 22 de septiembre de 1625 pagó la parte del licenciado Sebastián Sánchez de los derechos de este pleito dos ¿pesos? al Secretario, y no más, doy fé. Rivera. Martínez. Paga. En 6 de noviembre de 1625 pagó la parte de Juan Ortiz Navarrete de los derechos de este pleito que tuvo cincuenta hojas 18 reales y no más, doy fé. Rivera.

Muy Poderoso Señor, Gerónimo de Aguilera, en nombre y como curador ad litem de don Juan Ortiz de Navarrete, menor hijo del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, en la causa que contra sus bienes y herederos trata Bartolomé Ruiz, en que pide se le dé y entregue una negra nombrada Gracia, esclava, por decir que es suya, siendo del dicho doctor difunto, y habiendo quedado por bienes con los demás, apelo y me presento ante V. A. en grado de apelación, nulidad y agravio y como mejor haya lugar en derecho, de la sentencia en esta causa pronunciada por el Corregidor de esta ciudad en que declaró ser la dicha negra Gracia del dicho Bartolomé Ruiz, y mandó se le dé y entregue, la cual se ha de revocar y enmendar, por ser como es en perjuicio del dicho menor y lo demás, y para ello, a V. A. pido y suplico me haya por presentado en el dicho grado y mande que el escribano luego pase el pleito a esta Real Audiencia, y se revoque y enmiende la dicha sentencia, sobre que pido justicia, y en lo demás de ella. Gerónimo de Aguilera.
Auto. En la ciudad de México a 9 de septiembre de 1625 estando en audiencia los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y vista, lo hubieron por presentado en el dicho grado de apelación, y mandaron que el escribano pase el pleito a esta Real Audiencia, siendo definitivo, y si es ejecutivo, pague la parte. Rivera.

Muy Poderoso Señor: Juan de Buiza, en nombre de Bartolomé Ruiz de Navarrete, en el pleito con los albaceas y herederos del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, en razón de que se le vuelva una su esclava llamada Gracia y por ella su justo precio y valor, digo que don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad, dió y pronunció sentencia por la cual mandó que el dicho albacea pague a mi parte 280 pesos en que parece haberse vendido la dicha esclava, dentro de segundo día, de la cual sentencia la parte contraria apeló por esta Real Audiencia, y porque es justo y a derecho conforme se ha y debe confirmar, mandando se lleve adelante la ejecución, y así lo pido por lo que de los autos resulta en favor de mi parte está dicho y alegado que es por expreso general y siguiente. Lo otro que como parte tiene verificado, le toca y pertenece la dicha esclava por ser suya propia, y en haberse hallado en los bienes del dicho difunto no hubo más causa que habérsela enviado mi parte con su poder para que la vendiese y remitiese su procedido, y por haber muerto en este tiempo no hubo efecto la dicha venta, y así quedó en su casa cuando murió, y siendo así se le debe volver y restituir a mi parte, libremente y sin costas algunas como está mandado, por todo lo cual y lo demás favorable, a V. A. pido y suplico mande declarar por mal apelado y bien sentenciado, y confirmar la sentencia dada por el dicho Corregidor, devolviendo esta causa por que se cumpla y ejecute, sobre que pido cumplimiento de justica y costas para ello y concluyo definitivamente. El licenciado López de Úbeda. Otrosí a V. A. suplico mande que el procurador de la audiencia ordinaria que dicho es de la parte contraria sustituya el poder que tiene en uno de los del número de esta Real Audiencia, con quien se siga esta causa, y pido ut supra. Auto. En México en 19 de septiembre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España, se leyó esta petición, y vista, mandaron dar traslado a la otra parte y que el procurador de la Audiencia Ordinaria sustituya el poder que tiene en procurador de número de esta Real Audiencia. Rivera.
En la ciudad de México a 19 de septiembre de 1625 yo el escribano notifiqué la petición de esta otra parte y auto de ella proveído como en él se contiene a Agustín Díez, procurador de la Audiencia Ordinaria de esta ciudad y por los herederos de Francisco Ortiz de Navarrete le apercibí sustituya el poder que tiene para seguir esta causa en procurador de la Real Audiencia, al cual relevase según el lugar y obliga los ... que les están obligados, y pide se le notifique todo lo susodicho al dicho Juan Martínez, y lo firmó, testigos Juan Pérez de Rivera, escribano público, y Juan de Valdivieso, vecinos de México. Agustín Díez. Gerónimo de Aguilera. Francisco Alfonso de Contreras, escribano real. En la ciudad de México a 19 de septiembre de 1625 yo el escribano notifiqué la petición y auto de esta otra parte como en él se contiene a Gerónimo de Aguilera como a curador ad litem del menor don Juan Ortiz de Navarrete, hijo del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, en su persona, y dijo que lo oye, testigos Pedro de Matienzo y Juan de Esquivel, vecinos de México. Francisco Alfonso de Contreras, escribano real.

Muy Poderoso Señor,  Joseph de Celi (1), en nombre de Bartolomé Ruiz de Navarrete en el pleito que trata con Hernán (sic) Sánchez, presbítero albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, y Gerónimo de Aguilera, curador ad litem de don Juan Navarrete su hijo menor, sobre pesos de oro y lo demás, digo que desde mi petición en la cual queda bien probado y concluí definitivamente se dió traslado a las partes contrarias, y aunque se le notificó no han dicho cosa alguna en el término que lo debían hacer en ... el día que les acuso, a V. A. pido y supllico que habiéndola por acusada mande hacer en la causa según y como por mi parte está pedido, con justicia y costas y en lo necesario. Joseph de Celi.
Auto. En México a 23 de septiembre de 1625 estando en audiencia pública los señores Presidente y Oidores de la Audiencia Real de la Nueva España se leyó esta petición, y hubieron este pleito por concluso, pasó presente Bartolomé Navarro (sic) y se le notificó. Rivera.

(1) Josephe de Zeli, procurador del número de la Real Audiencia de México de la Nueva España, dice que en él fué rematado el dicho oficio [en 1595] en almoneda pública como mayor ponedor  por muerte de Álvaro Ruiz su antecesor, en precio de 1.000 pesos de oro de minas, de que dió satisfacción conforme al dicho remate, y atento a ello el Virrey le dió el título del dicho oficio, que con esta presenta, con que dentro de tres años llevase confirmación de V. A.


                                                     Firma de Josephe de Celi

viernes, 10 de agosto de 2018

Notas varias, 3f.


En 28 de enero se le dieron a Bartolomé Ruiz de Navarrete, curador de don Juan de Navarrete, 40 pesos para ayuda a gastos de los negocios tocantes al dicho menor, dí carta de pago. Diego de Torres, escribano real.

Nombramiento de curador ad bona [esto es, de los bienes]. Don Juan Ortiz de Navarrete, mayor de 14 años y menor de 25, hijo legítimo y uno de los herederos del doctor Francisco Ortiz y Navarrete mi padre difunto, digo que a mi derecho conviene nombrar curador ad bona para los dichos bienes que por fin del dicho mi padre me pertenecen como un de los herederos, para cuyo efecto nombro a Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de esta ciudad, por mi curador ad bona, persona de quien tengo entera satisfacción y que me alimentó en mis estudios, por tanto, a V. Merced pido y suplico mande haberle por nombrado por tal curador ad bona, y le mande acepte y afiance la dicha curaduría en la forma que el derecho dispone, y que se le discierna, pido justicia. Don Juan Ortiz y Navarrete.
En la ciudad de Los Ángeles, en 2 de enero de 1625 ante Juan Lozano Sandoval, alcalde ordinario por Su Majestad en esta ciudad, se leyó esta petición que presentó el contenido.
Auto. El alcalde hubo por nombrado al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete por tal curador ad bona del dicho Juan Ortiz de Navarrete, al cual mandó parezca y acepte dicho cargo y dé las fianzas que están obligadas, y esto hecho está presto a discernir el dicho cargo y darle poder para el uso de él, y así lo proveyó Juan Lozano Sandoval ante mí Alonso Corona, escribano público.
En la Ciudad de los Ángeles a 2 de enero de 1625 ante Juan Lozano Sandoval, Alcalde Ordinario por Su Majestad en esta ciudad, pareció Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de ella, y aceptó el cargo de curador ad bona de don Juan Ruiz (sic) y Navarrete, hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz y Navarrete, y juró a Dios y a la cruz de usarlo bien y fielmente como debe y es obligado, allegando su provecho y apartando su daño, y seguir sus pleitos y causas con cuidado y vigilancia, y no lo dejar indefenso, y regir y administrar sus bienes, y dar a cuenta cierta, leal y verdadera de los bienes que en su poder entraren al dicho menor pertenecientes cada que se le mande y en él expirare esta curaduría, y pagará el alcance que se le hiciere y el daño o daños que por su culpa y negligencia le vinieren por su persona y bienes, dió poder a las Justicias de Su Majestad y en especial a las de esta ciudad para que a ello le apremien como por sentencia definitiva pasada en cosa juzgada, renunció leyes en su favor y la general del derecho, y lo firmó con el dicho Alcalde, testigos Juan Guerra, Juan de Vique y Juan Bautista Romero, vecinos de esta ciudad. Y dándole a firmar dijo no saber el dicho Bartolomé Ruiz, firmólo a su ruego uno de los testigos. Juan Lozano Sandoval. Testigo, Juan Guerra. Ante mí Alonso Corona, escribano público.
En la Ciudad de los Ángeles a 11 de enero de 1625 ante Juan Lozano Sandoval, Alcalde Ordinario, y ante mí el escribano y testigos pareció el capitán Francisco de Aguilar, vecino de ella, a quien doy fé que conozco, y otorgó que se constituía por fiador de Bartolomé Ruiz de Navarrete en tal manera que hará y cumplirá lo que tiene jurado y prometido en la aceptación de suso a la curaduría ad bona de don Juan Ortiz y Navarrete, y por su efecto el otorgante como tal fiador y principal pagador, haciendo de negocio ajeno propio dará la dicha cuenta y pagará los alcances y daños que se le hicieren, a todo lo cual obligó su persona y bienes, y lo firmó con el Alcalde, testigos Juan Guerra, Juan de Vique y Juan Bautista Romero.
Discernimiento. En la Ciudad de los Ángeles a 11 de enero de 1625, habiendo visto la aceptación, juramento y fianza hecha por Bartolomé Ruiz, dijo que tanto puede y ha lugar de derecho, lo discernía y discirnió el cargo de curador ad bona de don Juan Ortiz y Navarrete, y le dio poder judicial para el uso y ejercicio con general administración de lo que al dicho menor se le adjudicare de cualesquier maravedíes, pesos de oro y de plata, esclavos, mercadurías y otras cosas que le deban y debieren por cualquier manera, y ante las justicias eclesiásticas pida y saque censuras y las haga leer, íntimas y públicas, hasta las de anatema y testimonio de lo que por virtud de ellas resultare, y dijo que interponía e interpuso su autoridad judicial y decreto, y lo firmó, siendo testigos Juan Guerra, Juan de Vique y Juan Bautista Romero.

Posesión. En la ciudad de México en 29 de enero de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, corregidor en ella por Su Majestad, se leyó esta posesión. Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de la Ciudad de los Ángeles, curador ad bona de don Juan de Navarrete, hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz y Navarrete, difunto, digo que como consta de estos recaudos de que hago ante V. M. presentación, a mí se me discirnió judicialmente el cargo de tal curador ad bona, y para que los bienes que pertenecen al dicho mi menor y están en poder de los albaceas se me entreguen, tengo necesidad de que V. M. mande librarme su mandamiento para que los dichos albaceas en cuyo poder entraron los dichos bienes, dando cuenta de ellos, me los entreguen, los cuales pertenecen al dicho mi menor. Por tanto a V. M. pido y suplico haya por presentados los dichos recaudos y en su cumplimiento mande se me entreguen los dichos bienes que así pertenecen al dicho mi menor, pido justicia, y no firmo por no saber.
Auto. El señor Corregidor mandó traer los autos y que se lleven al doctor Cifuentes, y así lo proveyó, don Francisco de Ávila. Esteban Pérez de Angulo, escribano público.
En la ciudad de México en 25 de enero de 1625 ante don Francisco Enríquez de Ávila la presentó el contenido.
Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de la ciudad de Los Ángeles, digo que yo envié a esta ciudad una esclava mía nombrada Gracia al doctor Francisco Ortiz de Navarrete, que es difunto, con un poder para que me la vendiera, y es así que entre los bienes que entraron en poder del licenciado Sebastián Sánchez entró la dicha esclava y las escrituras y poder que yo asimismo envié al dicho doctor, y porque la dicha negra es mía, a V. M. pido y suplico mande que el dicho albacea exhiba la dicha escritura y poder y me entregue la dicha esclava, pues es justicia que pido, y atento a que se ha vendido y yo, como bienes míos, tengo ratificada la venta, se me entregue el precio de ella que son 280 pesos, y si necesario es para que conste ser mía la dicha esclava se le notifique al doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, hijo y heredero del dicho difunto, con juramento declare cómo la negra es mía y me pertenece, pido ut supra.
El Corregidor mandó dar traslado a las otras partes y que el dicho doctor declare conforme se le pide por el pedimento, y lo cometió a cualquier escribano real, a quien dió comisión, y así lo proveyó y mandó, don Francisco Dávila. Esteban Pérez de Angulo, escribano.
En la ciudad de México en 27 de enero de 1625 yo el escribano leí y notifiqué la petición de esta otra parte y lo en ella proveído al doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, y le apercibí para la declaración que por el dicho auto se manda, y habiendo jurado por Dios Nuestro Señor y por la señal de la cruz, por el tenor del pedimento, dijo que la dicha esclava nombrada Gracia contenida en este pedimento es y le pertenece al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete, porque el susodicho se la envió al doctor Francisco Ortiz de Navarrete su padre difunto, con el título de venta y un poder para que se la vendiese, y por no haber hallado comprador para ella la tenía en su poder al tiempo y cuando murió, y la dejó entre los demás bienes, la cual se vendió en almoneda como por bienes del dicho su padre difunto, sin que le pertenezca a este declarante como heredero ni a los demás sus hermanos, y así consiente y tiene por bien que el dicho precio procedido de ella se le entregue al dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete, porque por la razón que tiene dicha le pertenece como bienes suyos, y que se vendieron en virtud del poder que el dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete le envió al dicho difunto, con el título de la dicha venta, y esto es la verdad para el juramento hecho, en que se afirma y ratifica, y declaró ser de edad de 28 años poco más o menos, y lo firmó ante mí, Esteban Pérez de Angulo, escribano público.
En 27 de enero de 1625, estando en el convento de San Francisco de Tacuba (1), yo el escribano susoescrito leí y notifiqué la petición de esta hoja y auto a ella proveído al licenciado Sebastián Sánchez, presbítero albacea que dijo ser del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto; el cual dijo que lo oye, y que se le dé esta petición para responder. Testigos, Sebastián Martinez y Luis de Chávez Villavicencio, estantes en el dicho pueblo. Bartolomé Galindo, escribano real.
En México en 27 de agosto de 1625 notifiqué esta petición y auto a ella proveído a Gerónimo de Aguilera como curador ad litem de don Juan de Navarrete, menor hijo y heredero que dicen fué del doctor Francisco de Navarrete; el cual dijo que hasta ahora no es parte en este pleito y nunca ha hablado en él. Testigo, Diego de Torreblanca. Y de ello doy fé, Diego de Velasco, escribano real.

En la ciudad de México en 29 de enero de 1625 ante don Francisco  Enríquez  Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta petición: Bartolomé Ruiz y Navarrete, en la que tengo pedido sobre se me entregue la negra nombrada Gracia que yo envié al doctor Francisco Ortiz  y Navarrete con los títulos de ella para que me la vendiese, y por fallecimiento del dicho doctor, etc. etc.; digo que el doctor Francisco Ortiz y Navarrete, heredero del dicho difunto, ha declarado pertenecerme y ser mía, y de los recaudos que se ha hecho demostración consta ser mía. A V. M. pido y suplico me la mande entregar, pido justicia en forma.
Auto. El señor Corregidor mandó traer los autos y se les lleven al doctor Cifuentes para que los vea y los determine, y así lo mandó. Don Francisco Dávila. Esteban Pérez de Angulo, escribano público.

(1) Tlacopan era el nombre original del pueblo asentado en la ribera occidental del Lago de Texcoco, en el que desembocaba la calzada que lo conectaba con la Gran Tenochtitlán; al paso del tiempo, castellanizado su nombre pasó a ser Tacuba, y la calzada siguió siendo la misma, la México Tacuba. En el sitio acontecieron cosas importantes como el pasaje del salto de Alvarado y el episodio de la Noche Triste.
Tlacopan en en el idioma náhuatl significa "lugar sobre las varas", de tlacotl  (vara) y pan (lugar sobre). Rémi Simeón. Diccionario de la lengua nahuatl o mexicana. México, Siglo Veintiuno.
Con el triunfo de los españoles sobre la población indígena, Tacuba, al igual que el resto de las tierras aledañas a Tenochtitlán, comenzó a poblarse. Cortés comenzó a repartir las tierras fértiles con fines agrícolas. El sistema de repartimiento de tierras y la encomienda fueron establecidos. Las tierras se repartían como retribución a los soldados por los servicios prestados a la corona durante la guerra de Conquista. En cada repartimiento aplicaba la encomienda, es decir, al nuevo propietario se le encomendaba garantizar que determinado número de indios recibiría doctrina cristiana y protección (lo que se prestó a esclavitud y explotación). Además, se establecieron impuestos y se fundó la Real Audiencia. Tacuba sufrió cambios importantes durante este periodo, particularmente en su urbanización. Por la calzada de Tacuba (ya repartida en el s. XVI) entraba diariamente maíz, trigo, frutas; fue un puente importante para la economía en la Colonia. Cortés pensó establecerse en Tacuba pero finalmente llevó su gobierno a Coyoacán debido a las inundaciones que afectaban (y siguen afectando) a esta zona en época de lluvias. Aquí fue uno de los primeros lugares donde se llevó a cabo la catequización. Entre 1533 y 1535 los frailes franciscanos erigieron el templo y el convento de Tacuba, donde vivían 5 religiosos encargados de evangelizar a los indios de 18 comunidades.



                   Parroquia y convento franciscano de San Gabriel Arcángel, Tacuba.


Poder. En la ciudad de México a 18 de enero de 1625 ante mí el escribano y testigos, el licenciado Sebastián Sánchez, presbítero vecino de esta dicha ciudad, como albacea que dijo ser del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto, otorgó su poder de derecho bastante a Diego de Torres y a Sebastián Martinez, vecinos de esta dicha ciudad, a ambos a dos y a cualquiera de ellos in solidun para que, en su nombre, de cuenta a quien la deba dar de los bienes que como tal albacea son a su cargo, en cuya razón presente cualquier peticiones, pedimentos, probanzas, testigos y otros cualesquier papeles y recaudos tocantes a esta dicha cuenta, y los saque de poder de cualquier escribano y otras personas en cuyo poder estuvieren, y hecha la dicha cuenta en el dicho nombre la acepte o adicione, y haga todos los demás autos y diligencias judiciales y extrajudiciales que convengan, que para todo y lo dependiente les dió este dicho poder con libre y general administración, y con facultad de enjuiciar, jurar y sustituir en un procurador, dos o más, y el otorgante, que yo el escribano doy fé que conozco, lo firmó, testigos Juan de Monleón, Gerónimo de Marchena y Gregorio Carrasco, vecinos de México. El licenciado Sebastián Sánchez, ante mí Juan Ramírez de Cartagena, escribano de Su Majestad.

Auto. En la ciudad de México a 31 de enero de 1625 don Francisco Enríquez de Ávila, Corregidor, habiendo visto estos autos y lo pedido por parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete sobre que se le entregue el precio de Gracia, negra esclava que se vendió por bienes del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, a quien el dicho Bartolomé Ruiz de Navarrete dice haberla enviado con poder para que la vendiese, dijo que mandaba y mandó se notifique a quien fuere parte legítima por don Juan Ortiz de Navarrete, menor, el traslado mandado dar del pedimento del dicho Bartolomé Ruiz, y con lo que dijere o no, desde luego recibió esta causa a prueba con término de seis días con todo cargo de publicación y concluso, y así lo proveyó y mandó. Doctor Luis de Cifuentes. Esteban Pérez de Angulo, escribano.
En México a 27 de agosto de 1625 notifiqué el auto de prueba de esta otra parte contenido, como en él se contiene, a Gerónimo de Aguilera, como curador ad litem de don Juan de Navarrete, menor hijo y heredero del doctor Francisco de Navarrete, y le cité en forma de derecho para el ver, presentar, jurar y conocer de los testigos que fueren presentados por parte de Bartolomé Ruiz de Navarrete, el cual dijo que lo oye, testigo Diego de Torreblanca. Y de ello doy fé, Diego de Velasco, escribano real.

En la ciudad de México en 27 de agosto de 1625 notifiqué los seis días de término con que se recibió esta causa a prueba, contenidos en el auto de esta otra parte, a Agustín Díaz, procurador, en nombre de esta parte, y a Bartolomé Ruiz de Navarrete, en sus personas, y de ello doy fé. Diego de Cisneros, escribano real.

Poder. Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo el licenciado Sebastián Sánchez, presbítero capellán mayor del Hospital Real de los Indios de esta ciudad de México (1), otorgo que por mí y como albacea testamentario del doctor Francisco Ortiz Navarrete y Francisco de Corpa, difuntos, cuyos albaceazgos tengo aceptados, otorgo por esta carta que doy mi poder cumplido como de derecho se requiere y es necesario a Agustín Díez, procurador de la Audiencia Ordinaria de esta ciudad, y a Sebastián Martinez, vecino de ella, y a cada uno y cualquiera de ellos in solidun, generalmente para todos mis pleitos, causas y negocios civiles y criminales movidos y por mover, que yo he y  tengo con cualesquier personas, y las tales y otras cualesquier contra mí los han o esperan haber y tener y mover en cualquier manera, así demandando como defendiendo, y para que pueda recibir, haber y cobrar cualquier maravedíes, pesos de oro y plata, joyas, esclavos, mercaderías, derechos, acciones y otros cualesquier bienes raíces y muebles que me deban y debieren, así por obligaciones, conocimientos, traspasos, sentencias, cuentas de libro o en otra cualquier manera, y de lo que recibiere y cobrare pueda dar las cartas de pago, finiquito y lasto (2) que convengan y valgan como si yo las diese siendo presente, y en razón de los dichos mis pleitos y cobranzas de los dichos mis bienes pueda parecer ante el Rey Nuestro Señor y ante sus Presidente y Oidores de las sus Reales Audiencias y ante cualesquier Alcaldes, Jueces y Justicias eclesiásticas y seglares de cualesquier partes que sean y ante cualesquier de ellas pueda demandar, responder, defender, negar, conocer, pedir, requerir, querellar, protestar testimonios, pedir y tomar, y para declinar jurisdicción y poner artículos y posiciones y a las de otras partes responder, y para jurar en mi ánima cualesquier juramentos de verdad, decirlos, diferir con las otras partes con quien litigare, y para dar y presentar cualesquier cartas de justicia y pedir cumplimiento de ellas y sacar cartas y censuras y presentar testigos, escritos y escrituras y probanzas y los abonar y los dé en contrario presentados, tachar y contradecir en dichas y en personas y recusar cualesquier jueces y escribanos y apartarse de ellas y sacar de poder de cualesquier escribanos y otras personas cualesquier escrituras y probanzas a mí tocantes, y siendo pagadas las cancelar y dar lasto de ellas y dar y hacer entregas, ejecuciones, prisiones, ventas de bienes y remates de ellos, y jurar costas, tasarlas y verlas, jurar y tasar a las otras partes, concluir razones y pedir sentencias y las consentir, y las dé en contrario, apelar y publicar, y las seguir donde con derecho deba hacer y haga así en primera como en todas otras instancias todos los demás autos y diligencias judiciales y extrajudiciales que convengan de se hacer, aunque sean de calidad que para todo ello se requiera y deba haber otro mi mas especial poder y mandado en presencia personal y en su lugar y en mi nombre lo pueda hacer y sustituir en quien quisiere y revocar los sustitutos y otros de nuevo entrar, quedando siempre en este dicho poder principal, que para todo ello y lo de ello dependiente se lo doy cumplido con todas sus incidencias, dependencias, anexidades y conexidades y con libre y general administración, y a sus sustitutos en forma de derecho, y para lo haber por firme obligo mi persona y bienes habidos y por haber. Hecho en la ciudad de México en 5 de abril de 1625, y el otorgante, que yo el escribano doy fé que conozco, lo firmó, siendo testigos Juan de Narváez y Juan Sánchez Quijada y Pedro García, vecinos de México. El licenciado Sebastián Sánchez. Ante mí Luis de Villarroel, escribano real.

(1) El Hospital se construyó a espaldas del convento de San Francisco (no se refiere al también franciscano de Tacuba que ya conocemos, claro está) y contiguo al Real Colegio de Niños Estudiantes de San Juan de Letrán (que como hemos visto surtía de jóvenes de compañía en los entierros de gente importante).
"Mientras la Comision Federal de Electricidad, CFE, estaba haciendo una excavación para instalar una bóveda eléctrica, surgieron entre el lodo restos óseos de hasta unas 70 personas que estaban en un par de osarios, en el cementerio que probablemente fuera la fosa común del Hospital de Indios (otro nombre para el Hospital Real de San José de los Naturales)". Tania Campos, www.xataka.com.mx/  21 de julio de 2016.



(2) Lasto, lastar, quizá del gótico *laistjan, "seguir los pasos de alguien". Suplir lo que alguien debe pagar, con el derecho de reintegrarse. RAE.


En la ciudad de México a 26 de agosto de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor en ella por Su Majestad, se leyó esta petición: Agustín Díez en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, Capellán Mayor del Hospital de los Indios de esta ciudad, albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en el pleito que contra los bienes del dicho difunto trata Bartolomé Ruiz Navarrete sobre haber enviado una esclava suya nombrada Gracia al dicho doctor para que se la vendiese, y que se le debe de entregar o su valor, y lo demás que es la causa, digo que el susodicho pidió que el dicho mi parte exhibiese en esta causa las escrituras de venta y poder que dice haber enviado al dicho doctor, de lo cual se dió traslado a mi parte, y respondiendo y satisfaciendo a la dicha petición es así que la dicha negra quedó por bienes del dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete, y así se inventarió por sus bienes como parece por el dicho inventario, de suerte que como bienes suyos se vendió y de su procedido se cumplieron algunas mandas y legados que dejó el dicho difunto, de suerte que mi parte no está en obligación de entregar ni satisfacer el valor de la dicha negra, por haber sido bienes del susodicho, por tanto, a V. M. pido y suplico mande declarar no deber mi parte ni los dichos bienes a entregar la dicha negra ni su procedido, pido justicia y costas y que se me dé el pleito para alegar de la justicia de mi parte. Otrosí hago presentación de estas dos escrituras y poder, cumpliendo con lo pedido por el dicho Bartolomé Ruiz Navarrete, para que se pongan en esta causa, pido ut supra, Agustín Díez.
Auto. El señor Corregidor lo hubo por presentado y mandó dar traslado a las otras partes y que se le dé el pleito, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Esteban Bernal, escribano público.
En México en 26 de agosto de 1625 yo el escribano notifiqué este traslado a Bartolomé Ruiz de Navarrete en su persona, y de ello doy fé, Diego de Cisneros, escribano real.

En la ciudad de México en 12 de febrero de 1626 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por el Rey Nuestro Señor, se leyó esta petición: Agustín Díez en nombre del licenciado Sebastián Sánchez, presbítero, albacea del doctor Francisco de Navarrete, en el pleito que contra los dichos bienes ha seguido Bartolomé Ruiz Navarrete en razón de una negra, digo que en esta causa mi parte presentó los títulos de la dicha esclava, y atento a que esta causa está fenecida y acabada, tiene necesidad se le devuelvan las dichas escrituras, quedando un traslado en la causa. A V. M. pido y suplico así lo provea y mande, pido justicia, firma Agustín Díez.
Auto. El señor Corregidor mandó que cualquier escribano público o real saque un traslado de las escrituras que la petición refiere, autorizado en pública forma, y se pongan en los autos y se le entreguen los originales a la parte del dicho licenciado Sebastián Sánchez, y así lo proveyó. Don Francisco Dávila. Juan Pérez de Rivera, escribano público.
En cumplimiento de lo cual yo Diego de Cisneros, escribano de Su Majestad, hice sacar un traslado de las escrituras que la petición refiere, el tenor de lo cual es como sigue:

Poder. Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo, Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de la ciudad de Los Ángeles, estante al presente en esta villa de Carrión, Valle de Atrisco (1), otorgo por esta carta que doy mi poder cumplido cuan bastante de derecho se requiere y es necesario al doctor Francisco Ortiz de Navarrete, médico vecino de la ciudad de México, generalmente para en todos mis pleitos, causas y negocios civiles y criminales movidos y por mover que yo he y tengo  con cualesquier personas, y las tales y otras cualesquier contra mí lo han o esperen haber y tener en cualquier manera, así demandando como defendiendo, y para que pueda recibir y cobrar cualesquier maravedíes, pesos de oro y plata, esclavos, mercadurías, derechos, acciones y otros cualesquier bienes raíces y muebles que me deban y debieren, así por obligaciones, conocimientos, traspasos, sentencias, cuentas de libro o en otra cualquier manera, y de lo que recibiere y cobrare pueda dar las cartas de pago, finiquito y lasto que convengan, y valgan como si yo las diese siendo presente, y en razón de los dichos mis pleitos y cobranzas de los dichos mis bienes pueda parecer ante el Rey Nuestro Señor y ante sus Presidentes y Oidores de las sus Reales Audiencias, y ante cualesquier Alcaldes, Jueces y Justicias eclesiásticas y seglares de cualquier parte que sean, y ante cualesquier de ellas pueda demandar, responder, defender, negar y conocer, pedir y requerir, querellar y protestar, testimonios pedir y tomar, y para declinar jurisdicción y poner artículos y posiciones, y a los de las otras partes responder, y para jurar en mi ánima cualesquier juramentos de verdad decir, y los diferir en las otras partes con quien litigare, y para dar y presentar cualesquier cartas de justicia y pedir cumplimiento de ellas y sacar cualesquier cartas y censuras y presentar testigos, escritos y escrituras y probanzas y los abonar, y los de contrario presentados tachar y contradecir en dichos y en personas, y recusar cualesquier jueces y escribanos y jurar en mi ánima las tales recusaciones y apartarse de ellas, y sacar de poder de cualesquier escribanos y otras personas cualesquier escrituras y probanzas a mí tocantes, y siendo pagadas las cancelar y dar lasto de ellas, y dar y hacer entregas, ejecuciones, ventas de bienes y remates de ellos, y jurar costas, tasarlas y verlas, jurar y tasar a las otras partes, concluir razones y pedir sentencias y las consentir, y las de contrario apelar, y suplicar y las seguir donde en derecho deba hacer y haga así en primera como en todas otras instancias todos los demás autos y diligencias judiciales y extrajudiciales que convengan de se hacer aunque sean de calidad, que para todo ello se requiera y deba haber, otro mi más especial poder y mandado en presencia personal y en su lugar y en mi nombre lo pueda hacer y sustituir en quien quisiere, y revocar los sustitutos y otros de nuevo crear, quedando siempre en este dicho poder principal, que para todo ello y lo de ello dependiente se lo doy cumplido, con todas sus incidencias, dependencias, anexidades y conexidades y con libre y general administración, y lo relevo y a sus sustitutos en forma de derecho, y para lo haber por firme obligo mi persona y bienes habidos y por haber. Otrosí, le doy este dicho poder para que en mi nombre pueda vender de contado o fiado, como le pareciere, una negra mi esclava nombrada Gracia de la Tierra, y edad que parecerá por una escritura de venta y título que de ella tengo, la venda por mí propia como lo es, libre de empeño o hipoteca y de dicho enagenamiento, y sin asegurarla de cosa alguna de más de lo que está dicho, y la dicha cantidad que por ella le dieren la reciba, y no siendo el entrego presente renuncie leyes del entrego y su prueba como en ellas se contiene, y me desista y aparte del derecho y acción que a la dicha esclava tengo, y lo ceda en el comprador y me obligue al saneamiento de ella en la más bastante forma que puedo y de derecho soy obligado, en cuya razón otorgue escritura de venta que le fuere pedida con todas las fuerzas, vínculos y firmezas, renunciaciones de leyes y las demás que para su efecto y validación convengan, que siendo hechas y otorgadas por el susodicho yo desde luego para entonces la otorgo y apruebo y ratifico, a cuya firmeza obligo mi persona y bienes habidos y por haber, y doy poder a las Justicias de Su Majestad donde en virtud de este dicho poder fuere sometido, donde me someto y renuncio mi fuero y jurisdicción, domicilio y vecindad y la ley si conveneri devieri divisione omniren rudiceum, para que a ello me apremien como si fuera por sentencia definitiva de juez competente pasada en cosa juzgada, renuncio leyes de mi favor y la general del derecho, que es hecha en la villa de Carrión en 12 de junio de 1624, y yo el escribano doy fé que conozco al otorgante, el cual no firmó porque dijo no saber, a su ruego lo firmó un testigo, siendo testigos Gerónimo de Salazar, Andrés Jiménez y Cosme de ¿Trueba?, vecinos y estantes en esta villa. Ante mí Manuel Enríquez, escribano de Su Majestad.

(1) Villa de Carrión, Valle de Atrisco ( Atlixco, nombre azteca formado de Atl, Agua; Ixtla, llanura, valle (de Ixtli, cara, superficie); Tla, abundancia, y de la final co, que indica en; el conjunto forma la palabra Atl-ix-co que significa "Agua en el valle o en la superficie del suelo". http://www.inafed.gob.mx/work/enciclopedia/EMM21puebla/municipios/21019a.html ).
“Sabrá vuestra majestad que en esta ciudad se coge el mejor pan que hay en todo el mundo...alcanza un valle por su término, que por su fertilidad, sanidad, grandeza y abundancia excede al ajarafe de Sevilla y a la vega de Granada, que se llama Atrisco y por sus excelencias se nombra el Val de Christo, de donde se provee el pan, bizcocho, harina y muy buenos tocinos y carnes todos los navíos, así como los que van para España, como para el Perú y las tierras nuevas del mar de mediodía”. Informe del Ayuntamiento de la ciudad de los Ángeles al Consejo de Indias en 1537. Citado en "La familia Furlong Malpica y sus áreas de influencia en la Puebla de los Ángeles. 1750-1941". Luz Marina Morales Pardo (Tesis). Universidad del País Vasco. Bilbao, 2016.


Escritura. Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo Martín Gómez de Cabrera (1), boticario vecino de la ciudad de Los Ángeles, otorgo que vendo en venta real a Bartolomé Ruiz de Navarrete, vecino de esta ciudad, una negra llamada Gracia de Tierra, angola, de edad de 20 años poco más o menos, y se la vendo por libre de hipoteca, empeño u otra obligación que no la tiene, y sin se la asegurar como no se la aseguro de tacha, defecto ni enfermedad pública ni secreta que tenga o pareciere tener, porque con las que pareciere tener en cualquier manera que sea se la vendo, y en precio de 300 pesos de oro común que por ella me ha dado y pagado en reales de contado ante el escribano público y testigos de esta escritura de que yo el dicho escribano doy fé de la dicha paga, entrego y recibo, porque pasó en mi presencia y de los dichos testigos, y que el dicho otorgante como contento y pagado del precio de la dicha esclava me desisto y aparto de la propiedad, poderío y posesión que a ella había y tenía y hoy tengo, y lo renuncio, cedo y transfiero en el dicho comprador, a quien se la tengo entregada en señal de posesión y tradición verdadera, y como real vendedor y como mejor puedo y de derecho soy obligado, me obligo a su evicción y saneamiento en la más bastante forma que por derecho soy obligado por mi persona y bienes habidos y por haber, y doy poder a las Justicias de Su Majestad y en especial a las de esta dicha ciudad de Los Ángeles, donde me someto y renuncio mi propio fuero y jurisdicción, domicilio y vecindad, con la ley sicombeneri de jurisdicione para que me apremien como por sentencia pasada en cosa juzgada, y renuncio leyes y derecho de mi favor y la general del derecho, que es hecha en la ciudad de Los Ángeles en 21 de septiembre de 1623, y el dicho otorgante que yo el escribano doy fé que conozco lo firmó, testigos Hernando de Valencia y Sebastián de Ayarsa y Diego Ortiz, vecinos de esta ciudad y estantes en ella. Martín Gómez de Cabrera ante mí Fernando de Rosas [o Rozas], escribano público.

(1) "En una visita realizada a la botica de Martín Gómez de Cabrera en la ciudad de Puebla en el año de 1629, se registraron diversas sustancias que se utilizaban para la preparación de medicamentos. En los más sobresalientes se encuentran las siguientes: topacios, esmeraldas, safiros (sic), rubíes, ámbar, coral, perlas, lapislázuli, cuerno de ciervo, plomo, marcasitas, alcanfor, castoreo mungo, amapolas, cauda equina, polipodio, poleo, dimato cretense, meliloto, mirabolanos, setrinos, pimienta larga, pimienta blanca, nuez moscada, clavo, anís castas, ciruelas pasas, raíz de conjubro, raíces de hinojos, raíz de aditamo, raíz de alcaparras, azar, goma de hinojo, goma de Aurelio, sarco cola, amoníaco y goma yedra, entre otros". Puebla de los Ángeles: historia de una ciudad novohispana : aspectos sociales, económicos y demográficos. Miguel Angel Cuenya y Carlos Contreras Cruz. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2007, págs 186-87.


Escritura. Sepan cuantos esta carta vieren cómo yo el licenciado Tomás de Acevedo, médico vecino de la ciudad de México, otorgo que vendo en venta real a Martín Gómez de Cabrera, boticario vecino de la ciudad de Los Ángeles, una negra llamada Gracia de Tierra, angola, de edad de 20 años poco más o menos, que la hube y compré de Gabriel de Anzúrez Guevara (1), vecino de esta ciudad, por escritura ante Alonso Corona, escribano público, y se la vendo por libre de empeño e hipoteca u otra enajenación que no la tiene, sin la asegurar, como no se la aseguro, de ninguna tacha, vicio, defecto ni enfermedad pública ni secreta  que tenga o pareciere tener, porque con las que tuviere os la vendo, en precio de 300 pesos de oro común, que por ella me habéis dado y pagado en reales de contado, sobre que renuncio las leyes del entrego y prueba de él y excepción de la pecunia, y me desisto y aparto del derecho y acción, propiedad y señorío que tengo a la dicha esclava, y lo cedo y renuncio y transfiero en el comprador, a quien tengo entregada en señal de posesión y tradición verdadera y como real vendedor me obligo a su evicción, seguridad y saneamiento de la dicha esclava en la más bastante forma que por derecho soy obligado por mi persona y bienes habidos y por haber, y doy poder a las justicias de Su Majestad y en especial a las de esta ciudad, a cuyo fuero y jurisdicción me someto en forma, y renuncio el mío propio, domicilio y vecindad con la ley si conveneri de uridicione para que a ello me apremien con el rigor de sentencia pasada en cosa juzgada, renuncio las leyes de mi favor y la general del derecho, que es fecha en la ciudad de Los Ángeles a 8 de junio de 1623, y el otorgante que doy fé que conozco lo firmó, siendo testigos Hernando de Valencia, Bernardino de Mendoza y Diego de Echavarría, vecinos de esta ciudad. El licenciado Tomás de Acevedo. Ante mí Hernando de Rosas, escribano público. Corregido con los originales que llevó en su poder la parte del dicho licenciado Sebastián Sánchez a que me refiero, y del dicho pedimento y mandamiento dí el presente en la ciudad de México a 12 de febrero de 1626, siendo testigos Alonso de Figueroa, Roque Arias y Francisco Gómez, residentes en esta dicha ciudad. En testimonio de verdad hice mi signo. Diego de Cisneros, escribano real.

(1) Un 22 de marzo de 1649, el Ayuntamiento de Puebla, acordó en sesión de cabildo participar en la actividades para festejar la consagración de la Catedral, para esto, en el acta disponible en el Archivo Municipal, se establece que los regidores aprobaron el sorteo de los participantes en el juego de cañas que se verificaría en la plaza pública durante el novenario. En el libro "485 Años de Historia, Archivo General Municipio de Puebla" se indica que de este sorteo resultaron electos para formar las cuadrillas de combatientes: el depositario general Juan de Carmona Tamariz y los regidores Bernardo Zerón Zapata, Gabriel de Anzures Guevara, Juan Gómez de Vasconcelos, Juan Ortiz de Castro, Gerónimo del Castillo Villegas y Diego [Ruiz] Machorro. "Todos ellos recibieron seis pesos cada uno por su participación en los mencionados juegos. La singular fiesta de consagración, cuyo costo fue de cuatro mil pesos, contó con el beneplácito del excelentísimo Marcos de Torres y Rueda, obispo de Yucatán, virrey de la Nueva España y presidente de la Real Audiencia, quien murió poco después", cita la publicación. Cabe mencionar que la consagración de la Catedral de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Puebla, se realizó el 18 de abril de 1649 por parte del obispo Juan de Palafox y Mendoza, hubo grandes festividades de lujo y esplendor "de la que era considerada la segunda ciudad más importante de la Nueva España". El “juego de cañas”, de origen árabe y practicado con frecuencia en las plazas mayores de la España renacentista, consistía  en simular una acción bélica o de combate. "Se formaban hileras de hombres montados a caballo (los cuales eran normalmente nobles) que tiraban cañas a manera de lanzas o dardos para ser paradas con el escudo; así se simulaban combates para escapar luego en círculos o semicírculos en grupos de hileras". http://www.urbanopuebla.com.mx/sociedad/noticia/4873-efem%C3%A9rides-en-1649-sesiona-cabildo-de-puebla-para-definir-festejos-por-consagraci%C3%B3n-de-la-catedral.html
Como tal regidor, Anzúres recibió mandamiento del Marqués de Cerralvo, gobernador de Nueva España, para guardar y cumplir la petición de Pedro de Ayora y Luis Espíndola, vecinos y labradores en el pueblo de Acazingo, jurisdicción de Tepeaca, quienes se quejaron de que, teniendo "haciendas de labor donde siembran cantidad de trigos y otras semillas y en ellas algunos indios e indias gañanes para el beneficio de ellas, y algunas personas, por hacerles mal, les han sonsacado y llevado algunos indios y otros ídoseles, en que están empadronados y les obligan a que paguen los tributos por ellos... ". Hecho en México a 30 de junio de 1636. De Fuentes para la historia del trabajo en Nueva España. María Castelo de Zavala. Volumen 8, pág 406.
The size and coherence of the immigrant group [de briocenses en Puebla] guaranteed multiple connections of kinship, compadrazgo, and friendship that helped new arrivals establish themselves. Although many families remained close to their commercial and working-class origins, immigrants were more than willing to involve themselves in a variety of enterprises. Economic success anda advantageous marriages certainly could pave the way for upward mobility over generations. Among the children of Pedro de Anzures and his wife, doña Isabel de Vargas, for example, don Diego de Anzures eventually sat on the cabildo, Bach. Pedro de Anzures became an ordained priest, and Lic. don Josephe de Anzures, who died on the way to Spain in 1625, was a lawyer of the Audiencia and server as governor of Tlaxcala three times. Their first cousin Gabriel de Anzures Guevara, son of the labrador Francisco Barbero, was an escribano and also served as alguacil mayor of Huejotzingo. All in all, immigrants´ careers, activities, anda marriages and the strength and duration of the connection between Brihuega and Puebla offer ample proof that they found a good life in New Spain. [...]. The briocenses´ strengh in the notarial profession also gave them an entrée into local politics, although here again, in the absence of personal connections, this king of background would not necessarily have brought them much closer to the real center of power and influence. In this arena of officeholding as well Diego de Anzures led the way. Son of a man who was both a textile manufacturer and notary in Brihuega, Anzures obtained appointment as notary of the city council in 1566, a position he subsequently passed on to his younger brother Pedro de Anzures, who assumed office in 1570. Their nephew Gabriel de Anzures Guevara also was an escribano (although not of the cabildo) in Puebla, as were at least three other briocenses in the early seventeenth century. [...]. These familial clusters underscore the strength of the tie between siblings, who frequently looked after one another, especially if parents were absent or dead. [...] Gabriel de Anzures Guevara, son of the immigrants Francisco Barbero and Isabel de Anzurez, in 1605 donated his inheritance from his father (who died in 1598) together with whatever legacy he would inherit from his mother to his "hermanas doncellas (maiden sisters), Juana and Ana. [...]. Transatlantic ties in the Spanish Empire. Brihuega, Spain & Puebla, Mexico, 1560-1620. Ida Louise Altman. Stanford University Press. 2000, págs. 79, 93 y 141.


Árbol genealógico de la familia de Gabriel de Anzúres Guevara. Obra citada.

domingo, 5 de agosto de 2018

Notas varias, 3e.



Como estamos viendo, Francisco Ortiz Navarrete el Desheredado, nuestro doctor en México, está ampliamente protocolizado en esa monumental memoria de Indias que es el Archivo sevillano del mismo nombre. Como lo está también su hijo y heredero, homónimo y, repetimos, ostentador que llegaría a ser del importante cargo de teniente del Asistente de la ciudad de Sevilla.

Sigamos pues, por ahora, con el padre: entre los expedientes de bienes de difuntos formados entre 1636 y 1642 está el que sigue: "Autos sobre los bienes del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, natural de Sevilla, médico (1) del Virrey de Nueva España, el Marqués de Gelves; casado con Isabel Méndez (Meléndez), vecina de Sevilla. Hijos: el licenciado Francisco de Navarrete, Juan de Navarrete y Catalina y María Ortiz, monjas del convento de Santa Paula (Santa Clara más abajo por error) de Sevilla. Muere en México. con testamento. Albaceas: el licenciado Sebastián Sánchez, capellán del Marqués de Gelves y Alonso López Romero, secretario del dicho Marqués de Gelves. Herederos: sus hijos".
El primer folio de los 352 que forman estos autos dice: " Bartolomé de Celada en nombre del doctor don Francisco Ortiz y Navarrete, teniente de Asistente de esta ciudad, hijo y heredero del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, difunto en Indias, digo que como consta de esta fé de la Contaduría de esta Casa que presento por bienes del dicho difunto, se trajeron de la Nueva España el año pasado de 1633 en la flota del General Martín de Vallecillos 186 pesos y un tomín inclusos en partida de 8.020 pesos y 6 tomines que entraron en las arcas de bienes de difuntos de esta Casa, y la dicha partida de 186 pesos y un tomín, bienes del padre de mi parte, los ha de haber y le pertenecen como tal su hijo y heredero, porque aunque instituyó por su testamento por sus herederos a mi parte y a don Juan Ortiz de Navarrete y a dos hijas suyas monjas que son doña Catalina y doña María Ortiz de Navarrete sus hijos y hermanos de mi parte, el dicho don Juan Ortiz de Navarrete murió mozo soltero y sin dejar hijos, abintestato, y en el derecho que le tocó de la dicha herencia sucedió mi parte como tal su hermano legítimo, de que ofrezco información juntamente de cómo el dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, difunto en Indias, de cuya herencia se trata, fue natural de esta ciudad, nacido y criado en ella; y asimismo pertenece a mi parte la dicha herencia por entero porque como consta de la escritura que presento, las dicha doña Catalina Ortiz y doña María Ortiz de Navarrete con monjas en el convento de Santa Clara de esta ciudad, profesas, y la herencia que les pudo pertenecer así del dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete su padre como otras cualesquiera se la renunciaron a mi parte, conque se justifica le pertenece la dicha partida y se la ha de adjudicar Vuestra Señoría.
A Vuestra Señoría pido y suplico que, habida la dicha información que ofrezco por esta petición, mande se de carta de diligencias para que se lea y publique en el Sagrario de la Santa Iglesia de esta ciudad y en la plaza de la Lonja de ella conforme a las ordenanzas, y hecho, adjudique a mi parte los dichos 186 pesos y un tomín como a tal heredero, y que para su efecto se entregue los autos al Relator, y pido justicia.

(1) Siendo Navarrete médico del Virrey viviría desde luego, en primera persona —probablemente en los prolegómenos de su enfermedad, porque siete meses después, en agosto, ordenó su testamento (v. i.)— las convulsiones político-sociales producidas en la Nueva España cuando su señor "se topó con la Iglesia". Dice Wikipedia: Conflicto con el Arzobispo y revuelta en el Palacio Real / Nacional. Recibió numerosas quejas [el Virrey marqués de Gelves] contra el arzobispo de México, Juan Pérez de la Serna, referentes a su venalidad y fundadas en la manifiesta injusticia de las sentencias que se dictaban en su tribunal eclesiástico, y de ahí nació un conflicto entrambas autoridades y jurisdicciones. El virrey dio instrucciones al arzobispo para no conceder divorcios tan fácilmente, para no aceptar regalos, y no practicar el alza de los precios en la carne (de la cual algunas órdenes religiosas poseían haciendas con innumerables cabezas de ganado).
Estas diferencias entre los dos llevó a la ruptura final, la cual ocurrió debido a un proceso legal contra Melchor Pérez de Baraiz e Ibero, el corregidor de la Ciudad de México y alcalde mayor de Metepec. Acusaron a Pérez de Veraiz de que apoyaba la monopolización del maíz a favor de terceros y practicaba la granjería con fines ilícitos. Él huyó al convento de Santo Domingo para evitar la detención. Los jueces fijaron a guardias alrededor del convento, pero el arzobispo, solicitó la inmunidad eclesiástica y amenazó de excomunión a los jueces, sus aliados y a los soldados.​ El virrey y la Audiencia apelaron al obispo de Puebla, quien era el juez apostólico en tales casos, y se le pidió absolver la amenaza de excomunión. El prelado respondió con una prohibición general cerrando todas las iglesias en la capital por algunos días. El 11 de enero de 1624, el arzobispo hizo una visita inesperada al Palacio Virreinal en silla de manos. Estando presente el virrey quien, junto con la Real Audiencia, habían determinado el destierro y encierro del arzobispo en San Juan de Ulúa, a quien mandaron embarcar para Europa. El arzobispo respondió ya estando en San Juan Teotihuacán con la excomunión tanto del virrey como de todos los miembros de la Audiencia, ordenando también que clérigos a caballo montaran por las calles de la capital gritando "¡Viva Cristo!" y "¡Muera el mal gobierno!". Por tal medida el virrey arrestó al arzobispo ordenando una escolta que lo acompañara de regreso a España. Tres de los miembros de la Audiencia revocaron la orden de deponer al arzobispo, pero el virrey también los tomó prisioneros, por desacato. Como consecuencia de las medidas en contra del arzobispo se originó una revuelta popular el 15 de enero de 1624 que culminó con la quema de las puertas del Palacio Virreinal y la exigencia de destitución de Carrillo de Mendoza y Pimentel. La Audiencia destituyó al virrey (que no había logrado dominar el motín) del alto puesto que desempeñaba, nombrando en su lugar al oidor licenciado Pedro Vargas Gabiría como capitán general. El desatinado arzobispo, quien había conseguido escapar, se autoproclamó como virrey desde el 15 de enero hasta el 3 de noviembre del corriente [en 29 de agosto, en plena autoproclamación del arzobispo,  Francisco Ortiz otorgaba su testamento] en que tomaría posesión del reino el III marqués de Cerralbo. La noche del incendio Carrillo de Mendoza y Pimentel pudo escapar del asalto a palacio disfrazado como un sirviente, consiguiendo refugiarse en el Convento de San Francisco el Grande siendo custodiado durante su estancia en la Nueva España con una escolta de honor. Siguiendo las órdenes del rey, cuando Cerralbo llegó a Nueva España ordenó la inmediata remoción del arzobispo rebelde y restableció a Gelves como virrey por dos días no más (del 31 de octubre al 3 de noviembre) como muestra de que la autoridad del soberano estaba por encima de cualquier grupo social, económico y hasta religioso de la Nueva España. A primeros de 1625 Carrillo de Mendoza y Pimentel se embarcó para la Península Ibérica, donde tuvo audiencia con el rey Felipe IV para responder por los actos de su gobierno y administración. La majestad católica aprobó parte de las disposiciones tomadas contra el arzobispo, pero desautorizó otras medidas de su virrey. (Wikipedia. Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, I marqués de Gelves).


                                    Diego Carrillo, marqués de Gelves y Virrey de la Nueva España


  Los Señores de la Casa de la Contratación de Sevilla mandaron recibir la información ofrecida por Bartolomé de Celada. Don Diego de Villegas, Juez y Contador perpetuo por Su Majestad de dicha Casa certificó, de pedimento de dicho Bartolomé de Celada, que por bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, se trajeron en 1633 en la flota del General Martín de Vallecilla (1) 186 pesos y un tomín, inclusos en la partida de 8.020 pesos y 6 tomines de a ocho que remitió a esta Casa don Íñigo de Argüello Carvajal, Oidor de México, la cual partida está en las arcas de bienes de difuntos y ausentes de esta dicha Casa, para que los cobre quien los hubiere de haber, menos las costas y averías. Dado en Sevilla a 4 de noviembre de 1636.


                                        Firma de Bartolomé de Celada

(1) Salió de Sanlúcar el 20 de mayo de 1631, y de Cádiz en conserva de la Armada y la Flota de Tierra Firme el 24 de junio de dicho año. Llevaba 5.000 toneladas de mercancías y 2.347 quintales de azogue.
Regreso (con los bienes del difunto Navarrete): después de reunirse en la Habana con la Flotas de Tierra Firme de don Juan de la Vega Bazán y la Armada al mando de don Tomás de Larraspuru, zarpan juntas las tres formaciones y llegan a Cádiz el 3 de julio de 1633. http://todoavante.es/index.php?title=1631_-_Flota_de_Nueva_Espa%C3%B1a#Mando:


Los señores presidente y jueces oficiales de Su Majestad de la Casa de la Contratación de las Indias de esta ciudad de Sevilla hacen saber a todas las personas estantes y habitantes de esta ciudad de Sevilla cómo por bienes del doctor Francisco Ortiz Navarrete, médico que fue del Marqués de Gelves, Virrey que fue por Su Majestad de la provincia de Nueva España, donde murió el dicho doctor Navarrete, han venido y están en las arcas de bienes de difuntos de los alcaldes del Tesoro de la dicha Casa de la Contratación 186 pesos y un tomín y asimismo el testamento del dicho doctor, en el cual están las cláusulas del tenor siguiente:

Item declaro que yo tengo por mis hijos legítimos de legítimo matrimonio con doña Isabel mi mujer, que está en Castilla, al licenciado don Francisco de Navarrete, y a don Juan de Navarrete y a otras dos hijas monjas profesas en Castilla a las cuales les tengo dados sus dotes, y a don Francisco le tengo satisfecho bastantemente lo que por razón de legítima le pudiera pertenecer, en los gastos que con él tengo hechos en graduarlo y ponerlo en el estado que al presente está, de abogado de esta Real Audiencia, y así por estas causas y otras justas y por ser mi voluntad, en la mejor vía y forma que haya lugar de derecho hago mejora en el dicho don Juan mi hijo menor del tercio y quinto y remanente de todos mis bienes, derechos y acciones que me pertenezcan en cualquier manera, con los gravámenes y requisitos que el derecho dispone aunque aquí no vayan expresados, para que prosiga sus estudios con más comodidad, y que con la voluntad de Dios Nuestro Señor haya y goce el dicho don Juan mi hijo la dicha mejora en la dicha forma para siempre jamás, y quien por ello hubiere título o causa.
Y cumplido y pagado este mi testamento, mandas y legados, dejo y nombro por mis universales herederos al dicho don Francisco de Navarrete y al dicho don Juan y a las dichas dos mis hijas monjas por iguales partes del remanente de los dichos mis bienes, sacado el dicho tercio y quinto de mejora hecho en el dicho don Juan mi hijo, y revoco y doy por ninguno otro cualquier testamento o testamentos o codicilo que antes que este haya otorgado, y quiero que este valga por mi testamento o codicilo y última voluntad en la mejor manera a que haya lugar de derecho, y para cumplir este mi testamento nombro por mis albaceas al licenciado Sebastián Sánchez, capellán de Su Excelencia, y a Alonso López Romero su secretario, insolidun, para que cualquiera de ellos entren en mis bienes y lo cumplan, para lo cual les doy poder en forma y declaro que al presente tengo en mi casa por mis esclavos un negro y dos negras, y una librería, y dos candeleros de plata, y una salvilla y salero, y otras cuatro o cinco piezas, y unas sortijas de oro y ropa de cama y mesa y escritorios y cuadros y un caballo y en una talega poco más o menos de 200 pesos, y otras menudencias, y lo otorgo ante el escribano y testigos en la ciudad de México a 29 de agosto de 1624, siendo testigos Juan de Frías y Pedro de Mieres y Francisco de Luna, vecinos de México, y el dicho otorgante que yo el presente escribano doy fé que conozco lo otorgó y firmó, testigos Francisco Navarrete Ampani, Diego de Torres, escribano real, en testimonio de verdad, Diego de Torres, escribano real.

Y la dicha partida la pretende y que se le adjudique como a heredero del dicho Francisco Ortiz Navarrete el doctor don Francisco Ortiz Navarrete, Teniente de Asistente de esta ciudad, su hijo, por decir ser muerto el dicho don Juan su hermano sin hijos ni herederos, y las dos hermanas suyas, hijas del dicho difunto doña Catalina y doña María Ortiz Navarrete ser monjas profesas en el convento de Santa Paula de esta ciudad y haber renunciado la herencia en que el dicho doctor don Francisco Ortiz Navarrete pretende haber sucedido, y para cumplir con lo que Su Majestad tiene mandado por sus Reales Ordenanzas de la dicha Real Audiencia, citan y llaman por la presente a todas y cualesquier personas que pretendan tener derecho a la dicha partida, así por título de herederos como de acreedores o en otra cualquier manera, parezcan ante los dichos Señores a pedir y mostrar su derecho dentro de tercero día de la última publicación de esta carta, que pareciendo en el dicho término les oirán y guardarán justicia, y pasado no lo habiendo hecho procederán  en la causa como hallaren por derecho sin le más citar ni llamar, que por la presente les citan y llaman especial y perentoriamente, y los autos de esta causa se notificarán en los estrados de la dicha Real Audiencia que les señalan, y para que venga a noticia de todos mandaron que la presente se pregone en la Lonja de esta ciudad y en el Sagrario de la Santa Iglesia de ella, y todo se ponga por testimonio. Dada en Sevilla en la Casa de la Contratación de las Indias, en 22 de noviembre de 1636. Firmó el licenciado Antonio de Medina Sánchez.

Yo, Álvaro de la Cerda, notario apostólico, certifico y doy fé que en el Sagrario de la Santa Iglesia de esta ciudad de Sevilla leí y publiqué lo contenido en estos escritos en 20 días del mes de junio en tres días con el del día del presente año de 1640, de que doy fé.

En primero de agosto de 1640 (1) y por voz del pregonero del Concejo de Sevilla Lázaro Martín se pregonó la carta en las gradas de la Lonja citando a quienes dijeren tener derecho a la dicha partida. Escribano, Gonzalo de Avellán.

(1) Durmió siete años —desde el año 1633— su sueño amarillo el oro del médico en el arca de bienes de difuntos de la Casa de la Contratación.

En la Casa de la Contratación en 22 de mayo de 1642 el doctor Francisco Ortiz Navarrete presentó la información que le estaba mandado dar, con el primer testigo llamado don Gonzalo Ortiz Pacheco, vecino de dicha ciudad en la collación de San Vicente, quien dijo conocer al doctor que lo presenta por testigo, y conoció a su padre y a su madre, y sabe que este es ya difunto, y que los dichos fueron marido y mujer porque les vió hacer vida maridable en esta ciudad de Sevilla, y sabe que procrearon a los cuatro hijos dichos, y que don Juan Ortiz Navarrete es difunto ha más de 14 años y las dos hijas son monjas en el convento de Santa Paula. Firmó.


                                         Firma de Gonzalo Ortiz Pacheco


En Sevilla en la Casa de la Contratación en 16 de junio de dicho año de 1642 el doctor don Francisco Ortiz de Navarrete para la dicha información presentó por testigo a doña Beatríz de Ulloa, viuda de don Gaspar de Córdoba, vecina de esta ciudad de Sevilla en la plazuela de San Julián, de la cual fue recibido juramento en forma de derecho y lo hizo y prometió de decir verdad, y siendo preguntada por el dicho pedimento, dijo que conoce al dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete que la presenta por testigo, porque es sobrino de esta testigo, hijo del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, hermano de esta testigo (1), que murió en la ciudad de México el año de 1624, y conoce a doña Isabel Meléndez, mujer del dicho don Francisco Ortiz Navarrete y madre del dicho don Francisco Ortiz Navarrete, y conoce a doña Catalina y doña María de Navarrete, hijas de los dichos Francisco Ortiz Navarrete y de la dicha doña María (sic) Meléndez su mujer, y conoció a don Juan Ortiz de Navarrete, asimismo hijo de los susodichos, que es ya difunto, hermano del dicho don Francisco Ortiz de Navarrete, y sabe esta testigo que los dichos Francisco Ortiz Navarrete y la dicha doña Isabel Meléndez fueron marido y mujer legítimos, casados y velados según orden de la Santa Madre Iglesia, y que durante su matrimonio hubieron y procrearon por sus hijos legítimos al dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete que la presenta por testigo, y a los dichos don Juan Ortiz de Navarrete y a las dichas doña Catalina y doña María Ortiz de Navarrete que hoy son monjas profesas en Santa Paula, porque como tales marido y mujer les vió esta testigo hacer vida maridable en esta ciudad en una casa y compañía a los dichos Francisco Ortiz Navarrete y doña Isabel Meléndez su mujer, y que vió cómo trataban, alimentaban y nombraban por sus hijos legítimos al dicho doctor don Francisco Ortiz Navarrete y a las dichas doña Catalina y doña María Ortiz Navarrete y al dicho don Juan Ortiz de Navarrete, y sabe esta testigo que el dicho Francisco Ortiz Navarrete el viejo murió en la ciudad de México de la Nueva España, sin dejar más hijos que a los dichos don Francisco Ortiz de Navarrete y al dicho don Juan Ortiz de Navarrete y a las dichas doña Catalina y doña María Ortiz de Navarrete, y asimismo sabe que el dicho don Juan Ortiz es muerto y pasado de esta presente vida, que habrá que murió por el año de 1625, que murió en esta ciudad mozo soltero y por casar, sin dejar herederos forzosos, y sabe asimismo que las dichas doña Catalina y doña María Ortiz son monjas profesas en el convento de Santa Paula de esta ciudad podía haber 20 años poco más o menos, y que tienen renunciada la herencia, y esta testigo vió muerto al dicho don Juan Ortiz. Y sabe asimismo que el dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete tiene en su casa y compañía a la dicha doña Isabel Meléndez su madre, por todo lo cual sabe esta testigo que le pertenece la herencia del dicho su padre al dicho doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, y que esto que tiene dicho es la verdad so cargo del juramento que tiene hecho, y que es de edad de 70 años poco más o menos, y lo firmó.



                                                 Plaza de San Julian (Sevilla)

(1) Más exactamente hermanastro. Recordemos que Francisco Ortiz era hijo de la segunda mujer (¿legítima?) de Alonso Ortiz Navarrete, Juana Hernández. (Ver http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2018/07/notas-varias-3.html)


                                    Firma de la septuagenaria doña Beatriz de Ulloa

En dicho día 16 de junio de 1642 el doctor don Francisco Ortiz de Navarrete presentó por testigo a Francisco de Aguayo, vecino de Sevilla en la collación de San Julián, quien dijo conocer a tal doctor desde más de 22 años, y a las dos monjas de Santa Paula y a doña Isabel Meléndez, y conoció a don Juan Ortiz en cuyo entierro en esta ciudad se halló, y al padre de todos ellos, fallecido en México. Declaró en los mismos términos que los anteriores testigos, y dijo ser de edad de 36 años. Firmó


                                           Firma de Francisco de Aguayo

A continuación extracto el testamento del doctor don Francisco Ortiz de Navarrete el viejo, excepto las dos cláusulas que ya conocemos (v. s.). Lo otorga en la ciudad de México estando enfermo en la cama. "Y si, lo que Dios no permita, en el artículo de mi muerte o en otro cualquier tiempo, por persuasión del demonio o por gravedad de enfermedad, robado el entendimiento, alguna cosa hiciere o dijere contra lo que aquí confieso, lo revoco y protesto que es contra mi voluntad". Manda ser enterrado con el hábito del Señor San Francisco en la Iglesia Mayor de la ciudad de México, en la sepultura que por sus albaceas fuere ordenado. Manda 200 misas por su alma en la parroquia y monasterio que decidan sus albaceas, y se pague la limosna de sus bienes. Manda a los hospitales y ermitas de dicha ciudad un tostón (1) ¿aladaceno?, que se apartará de sus bienes. Doña Isabel Meléndez su mujer se encuentra en Castilla a la sazón. Declara que debe a don Juan de Soto, maestresala de Su Excelencia, 300 pesos, y manda que se le paguen. Debe al secretario de Su Excelencia Alonso López Romero una cantidad de pesos de oro, y manda que se le paguen conforme a lo que el susodicho declare. Declara que le ha servido en su casa doña Magdalena de Ávila (2) tiempo de 2 años, teniendo cuenta con el gobierno de ella con mucha fidelidad, y asistiendo y haciendo de su parte lo posible en su enfermedad, en consideración de lo cual y de su buena voluntad manda se le den de sus bienes 100 reales de oro común, contando que con ellos se satisfaga del dicho servicio y de finiquito en favor de él y de sus herederos. Dado en la ciudad de México a 29 de agosto de 1624. Escribano, Diego de Torres.

(1) Tostón. "Tostón" fue el nombre que se le dio a las monedas de plata de forma redonda, peso irregular y canto liso acuñadas por España en sus colonias americanas en el siglo XVI y tenían valor de medio duro o real de a cuatro. Su nombre proviene del italiano "testone", palabra que se daba a ciertas monedas de Milán con la cabeza ("testa") del rey. En Portugal también estuvo, a partir del reinado de Manuel I, en circulación el tostón con el nombre de "tostão". Wikipedia.
"Moneda portuguesa de plata que corresponde a cien reis, aunque la hay de cincuenta y llaman medios tostones". Diccionario de Autoridades.
(2) Esta fiel y entregada sirvienta, Magdalena de Ávila, compró una esclava de su amo en la almoneda que sigue ("una negra llamada María en doña Magdalena de Ávila en 220 pesos"):

Un día después, el 30 de agosto, ante don Francisco de Ávila, corregidor de dicha ciudad, el licenciado Sebastián Sánchez, albacea del doctor Navarrete (el otro albacea, Alonso López Romero, dice que está impedido), pide licencia para hacer inventario y almoneda de los bienes del difunto ( que debió morir en menos de 24 horas tras testar). El corregidor le dio la licencia, y con la asistencia del escribano Esteban Pérez de Angulo se procedió, en dicho día 30, a inventariar los bienes:
"Primeramente se abrió con su llave una caja grande, de madera de caoba, y en ella había lo siguiente: una talega de lienzo, y en ella 212 pesos de oro común en reales; una petaquilla con su llave, y en ella lo siguiente: una salvilla de plata dorada, un bernegal (1) de plata dorado y un bernegal de plata, ¿prando?, blanco. Un frasco de plata blanco; una copa dorada de pie alto; un salero pequeño de plata, de tres piezas, sobredorado, viejo; una salvilla de plata delgada, ¿pranada?, pequeña; dos barquillos de plata, delgados, pequeños, blancos; cuatro cucharas de plata, viejas; dos tenedores de plata, de a tres ganchos, pequeños; un ferreruelo de paño con su sotana de luto, traído; un ferreruelo de gorbarán (2) de Italia, traído, forradas las delanteras en tafetán; una sotanilla de gorbarán de la tierra, raída, guarnecida con un pasamano; otro ferreruelo de paño negro, viejo; otro ferreruelo de paño negro, muy viejo; una sotanilla de capichola, vieja, muy rota; unos calzones de damasquillo de China, azul, con cinco caracolillos de oro por guarnición; un jubón de lo mismo; un vestido, ferreruelo, ropilla y calzón de paño pardo de Castilla, viejo; unos calzones de terciopelo negro liso, muy viejos; un jubón viejo de franela negra; una gualdrapa de paño negro, colchada; otras dos gualdrapas viejas, de paño de Castilla; un gabán de damasquillo pardo, traído; un fieltro morado con sus faldones; un forro de felpa negra, viejo, de un ferreruelo; unas ligas negras, traídas; un agnus dei con cercado de madera, labrado; otro agnus dei pequeño, de lo mismo; un gabán verde, de jergueta, traído; una colcha de la India, de raso naranjado y azul; un tapetillo pequeño, traído; una sobremesa de paño azul.
En otra arca blanca, lo siguiente: nueve camisas de Ruán, traídas; ocho pares de calzones de lienzo, traídos; una tabla de manteles alemanescos, grande, traída; cuatro tablas de manteles ordinarios, traídas; nueve servilletas, traídas; una toalla (3) de Holanda, deshilada, con puntas; una delantera para altar, de lo mismo, con puntas; otra toalla, traída, con deshilados; otra toalla, llana y vieja; unos calzones nuevos, de Holanda; dos almohadas y dos acericos bordados, bordadas de puntos altos, nuevas; una camisa vizcaína, labrada, nueva; otra toalla, de lienzo casero, nueva; una almohada vieja con su funda de tafetán; cinco acericos llanos, traídos; otras cuatro almohadas de lienzo, llanas; dieciocho lenzuelos de Holanda, nuevos; seis sábanas de Ruán, traídas; un pabellón de gasa azul, con su manga, traído; una cama de granadillo, entera, con sus varas de hierro; tres colchones de lienzo, con su lana; una frezada de Castilla, colorada, vieja; un relicario de bronce dorado, grande; dos escudillas de tecali (4), grandes; un pedazo de paño de musela de la tierra; una muceta de doctor (5), de terciopelo negro, forrada en raso amarillo, guarnecida de pasamano de oro; un ferreruelo de raja, verde, traído; tres sombreros muy viejos; dos pares de zapatos, nuevos; un ferreruelo y dos ropillas de paño de la tierra, viejos, de negro; una maleta de paño verde, traída; unas botas de hule; una espada; una daga; un montante; un broquel, otra espada, sin vaina; un escritorillo con su llave y las gavetas con asillas de plata; una caja para anteojos, con su palillo de oro esmaltado; una sortija de oro, grande, con esmeralda grande, de médico (6); otra sortija grande, de oro, con un rubí; otra sortija grande de oro y una piedra morada; otra sortijuela sin piedra; otra sortijuela con cruz de San Juan; un estuche de cirujano; cuatro pares de anteojos; un atril para escribir, de terciopelo azul, viejo; dos pares de guantes de ámbar, los unos viejos y los otros nuevos; otro escritorillo pequeño, con papeles; un bolsico pequeño, de ámbar; dos pares de cajas de anteojos, de Carey; otra caja de anteojos con su palillo de oro; un almirez con su mano quebrada; un palo para mosqueador, con una asilla pequeña de plata; un pesillo de balanzas con su ¿mano? y otra pesa para pesar moneda; una bacía de cobre, de barbero; una jeringa (7); tres frasqueras otra petaquilla pequeña, con llave; la una frasquera de las tres de arriba con cuatro frascos; la otra con diez frascos; la otra con cinco frascos; un cajón de libros con treinta libros; otro cajón con otros treinta libros; otro cajón con otros treinta libros; dos quitasoles, el uno encerado y el otro no; un espejo grande; una cajeta de Carey, para ostias; fuera de cajones doscientos setenta y cuatro libros pequeños; cinco banquillos de estos cajones; otro cajón grande con cien libros de todos tamaños; un sello de cerrar cartas, de plata y maceta de piedra; un cuadro grande de hechura de un crucifico y san Ignacio y santa Teresa, con marco dorado; otro lienzo sin marco, de Ntra. Sra. y san José; otro cuadro grande de Ntra. Sra. de la Concepción; otro cuadro grande con su marco dorado de Tobías; una mesa de pino, blanca; nueve sillas y un taburete, viejos; un bufete de caoba, grande y nuevo; dos cuadros pequeños, de ermitaños; otro cuadro, con su marco, grande, de Susana y los Viejos; otro cuadro grande, de Abraham; dos escaños viejos, de pino; dos celosías; otro cuadro grande, de Adán y Eva; dos celosías verdes, con encerados; un escritorio largo, como contador, de atarjía; un negro angola llamado Manuel; una negra angola llamada Maria Lacubin, casada; otra negra llamada Gracia, moza soltera; un cuadro pequeño de san Cosme y san Damián; un caballo morcillo cuatralbo; una silla de cordobán con su freno y cabezadas de lo mismo.
Y en este estado se acabó el dicho inventario, y todos los bienes en él contenidos los recibió en sí el dicho licenciado Sebastián Sánchez, y de ello se hizo cargo y juró in verbo sacerdotis poniendo la mano en el pecho en forma de derecho no sabía de otros bienes que hayan quedado por fin y muerte del dicho doctor Navarrete, difunto, y cada y cuando que a su noticia venga de otros algunos bienes que pertenezcan al dicho difunto, hará inventario de ellos. Y lo firmó, testigos, Miguel de Abecía y el licenciado Bernal, presbítero, y el licenciado Luis de Mendoza, vecinos de México. El licenciado Sebastián Sánchez ante mí, Diego de Torres, escribano real.
Prosigue el inventario. En la ciudad de México a 3 de septiembre de 1624 el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, prosiguió en el dicho inventario, y en un escritorio de madera de los inventariados se halló lo siguiente: primeramente tres navajas viejas; cuatro peines pequeños, ordinarios; un cuchillo de cortar plumas; dos pares de tijeras viejas; un Niño Jesús de marfil, pequeño, metido en una cajuela colorada.
Todo lo referido recibió en sí el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, y lo firmó ante mí, Diego de Torres, escribano real.
Prosigue. En la ciudad de México a 3 de septiembre de dicho 1624 el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea del dicho doctor Navarrete, difunto, prosiguiento en el inventario de sus bienes dijo que entre los papeles que se hallaron en un escritorio había los siguientes: una carta-cuenta entre el dicho doctor Francisco Ortiz Navarrete y el bachiller Hernando García de la Hacha, en la cual parece están veintiuna partidas firmadas del dicho bachiller Fernando García, en dos hojas y que montan seiscientos veinticuatro pesos y seis tomines, y se ha de ajustar la cuenta para verificar lo que de ella se resta debiendo al dicho difunto; item una cédula escrita en medio pliego de papel, firmada de Francisco Calderón, por la cual parece deber al dicho difunto treinta pesos de oro común, de plazo pasado. La cual dicha carta-cuenta y la dicha cédula de treinta pesos el dicho albacea recibió en sí para tenerlo de manifiesto como los demás bienes. Diego de Torres, escribano real.

(1) Bernegal. Taza para beber, ancha de boca y de forma ondeada. RAE.
(2) Gorbarán, especie de alepín (por la ciudad de Alepo), con urdimbre de seda y entramado de lana.
(3) Diríase que mientras en la Península se mantenía "tobaja", en América ya se había normalizado la forma actual "toalla".
(4) Tecali. Ónix u ónice. México es en nuestros días uno de los primeros países extractores de este material. "Alabastro oriental de colores muy vivos que se halla en Tecali, villa mexicana del Estado de Puebla". Diccionario ilustrado de americanismos. Editorial Ramón Sopena, 1983.
(5) Esclavina que cubre el pecho y la espalda, y que, abotonada por delante, usan como señal de su dignidad los prelados, doctores, licenciados y ciertos eclesiásticos. RAE.
(6) "Al profesional con título academico lo distinguía socialmente su atuendo: la ropilla larga propia del universitario, la capa o ferreruelo, la gorra con que cubría su cabeza y los guantes, usados éstos de manera que permitiese hacer ostentación de la sortija que proclamaba su condición de médico (...). La barba confería al médico especial dignidad". Luis Sánchez Granjel, médico e historiador de la medicina (1920-2014), citado por Adelina Sarrión Mora en Médicos e Inquisición en el siglo XVII. Universidad de Castilla-La Mancha, 2006, pág. 38.
"Si quieres ser famoso médico, lo primero linda muda, sortijón de esmeralda en el pulgar, guantes doblados, ropilla larga y en verano sombrerito de tafetán. Y en teniendo esto, aunque no hayas visto libro, arras y eres doctor, y si andas a pie aunque seas Galeno, eres platicante".Quevedo. Libro de todas las cosas. Obras Completas, Aguilar, 1961.
"En España existían dos grandes grupos de médicos y otros menores. Unos eran fieles al hipocratismo y otros seguían distinto sistema y atendieron más a las discusiones abstractas. En este siglo [XVII] la medicina hispana cayó en el marasmo por la pobreza en que se sumió el país por las guerras. Por Real Decreto de 1617 la carrera de cirujano se dividió así: cirujanos latinos, que tenían derecho a usar borlas, birrete y anillo de esmeralda en el pulgar; y cirujanos romancistas, que no conocían más que el idioma del pueblo o romance y eran simples barberos que usaban trajes cortos." http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0045-91782004000200007
(7) Los griegos inventaron un instrumento rudimentario, una vejiga con una caña, que hacia finales del siglo XV se transformó en las famosas lavativas. Los primeros intentos de usar algo similar a una jeringuilla se realizaron en el siglo XVII, cuando se intentó inocular medicamentos analgésicos justo en el lugar afectado por el dolor.




Almoneda. En la ciudad de México a 28 de septiembre de 1624 por ante mí el escribano y testigos el licenciado Sebastián Sánchez,, presbítero albacea del doctor Francisco Ortiz Navarrete, médico difunto, dijo que usando del albaceazgo y de la licencia del Señor Corregidor, quiere hacer almoneda de los bienes que quedaron por fin y muerte del dicho difunto, y para el dicho efecto ha hecho traer a la plaza pública de esta ciudad los dichos bienes, y por voz de Juan de Saucedo, pregonero, se vendieron y remataron los siguientes: primeramente se remató un bufete de caoba en Pedro Basurto, en 30 pesos; nueve sillas y un taburete en 30 pesos en el dicho; una colcha de la India, naranjada, en el dicho en 16 pesos; una sobremesa de paño azul en Juan de Isas en 4 pesos y 2 tomines; una cama de granadillo, entera, en Pedro Lorenzo, en 46 pesos; quince varas  y media de paño de la tierra a 18 reales la vara en Juan López; tres colchones con su lana en 20 pesos en Luis de Lizarra; un ferreruelo de jergueta verde, viejo, en 3 pesos y medio en Pedro Adame. Y en este estado quedó la dicha almoneda este dicho día, y el dinero procedido de ella lo recibió en su poder el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, siendo testigos el doctor don Francisco Ortiz de Navarrete, hijo del dicho difunto y uno de sus herederos, que se halló presente a la dicha almoneda, y don Juan de Aranda y don Pedro de Valenzuela, y lo firmó el dicho albacea el licenciado Sebastián Sánchez, ante mí Diego de Torres, escribano real.
En este dicho día, mes y año dichos el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, pagó al alcabalero por la alcábala de lo vendido en este día a 3 pesos y 6 tomines, y al pregonero por su trabajo conforme a la ordenanza 4 pesos, y de ello doy fé, y mas a los indios que llevaron la ropa, 1 peso.
Diego de Torres, escribano real. En la ciudad de México en 2 de octubre de 1624 el dicho licenciado Sebastián Sánchez, presbítero albacea, dijo que para proseguir en el almoneda se llevan a la plaza pública los bienes del difunto, y habiéndose llevado, por ante mí el escribano y por voz de Juan de Saucedo, pregonero, se vendieron y remataron los siguientes: primeramente se remataron en el capitán Mosquera unos calzones de Holanda en 3 pesos; una camisa vizcaína, labrada, en 6 pesos en el dicho; un ferreruelo de paño y sotana de lo mismo, de luto, traído, en 37 pesos en Luis de Lizarra; un vestido de paño pardo de Castilla, calzón, ropilla y ferreruelo viejo en 18 pesos en Pedro Basurto; un ferreruelo y sotana de gorbarán, forradas las delanteras en tafetán, en 25 pesos en don Francisco de Navarrete; un forro de felpa de ferreruelo, viejo, en 5 pesos en Diego de Torres; un gabán de damasquillo pardo, traído, en Juan Fernández en 14 pesos; un gabán de jerqueta verde, traído, en 8 pesos en don Francisco de Navarrete; un fieltro con sus faldones en Gregorio Ruíz, alcaide de la Alhóndiga, en 7 pesos; una bacía de barbero en 14 reales en Juan López, barbero; una gualdrapa vieja en el licenciado Frías en 3 pesos; una ampolleta de reloj en 12 reales en Gaspar de Benavides; una sortija grande de oro con una esmeralda en 20 pesos en Gerónimo de Medina; una espadilla de oro y piedras blancas en 10 pesos en don Francisco de Navarrete; una sortija grande de un rubí en el dicho en 10 pesos; una sortija grande de un jacinto o piedra morada en 8 pesos en Pedro López; una sortija de un ¿ribaso? en 4 plesos en don Francisco Navarrete; dos cajas para anteojos, de oro esmaltadas, en 20 pesos en el secretario Romero; otro reloj, desbaratado, en 12 reales en Juan de la Serna. Y en este estado se suspendió la dicha almoneda, y el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, recibió en su poder todas las partidas que por los márgenes de estos autos consta haber pagado, y  lo firmó de su nombre, testigos don Francisco Ortiz de Navarrete y don Pedro de Valenzuela y don Juan de Aranda, estantes en México. En ese dicho día se pagaron al alcabalero dos pesos de oro común, y al pregonero por su trabajo cuatro pesos, y de ello doy fé, Diego de Torres, escribano real.
En la ciudad de México a 12 de octubre de 1624 por ante mí el escribano y testigos el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, por voz de Juan de Saucedo, pregonero, prosiguió en la dicha almoneda de los bienes del dicho doctor Navarrete, difunto, habiéndolos llevado para este efecto a la plaza pública, y entre ellos los tres esclavos negros, y se vendieron y remataron los siguientes: primeramente se remató el caballo cuatralbo ensillado y enfrenado en 50 pesos en Luis Valentín Carrillo, escribano de Su Majestad; una frasquera con nueve frascos en 5 pesos en el susodicho; un arca grande de caoba en 17 pesos en el licenciado Gaspar Bernal; un escritorillo de nogal con su llave en 6 pesos en un religioso de San Francisco; un relicario grande de bronce dorado en 20 pesos en el dicho; otro escritorio pequeño de caoba con su llave en 9 pesos en el dicho; otro escritorillo con asillas de plata en las gavetas en Luis de Lizarra en 9 pesos; un ferreruelo de paño viejo del negro en Luis López en 4 pesos y medio; dos cuadros ermitaños en 4 pesos en Diego de Torres; una negra llamada María en doña Magdalena de Ávila en 220 pesos. Y en este estado se suspendió la dicha almoneda y lo procedido de ella conforme a las márgenes lo recibió el dicho albacea en su poder. En dicho día se pagó al pregonero 4 pesos y al alcabalero 3. Diego de Torrres, escribano real.
Rematáronse en Pedro López Velarde, escribano del Juzgado de Bienes de Difuntos los siete cuadros grandes en 125 pesos de oro común, los cuales pagó luego; vendióse el esclavo negro llamado Manuel al Sr. Oidor don Juan de Álvarez en 350 pesos, y fué condición con el corredor que lo que se sacase por el demás de 320 pesos había de ser para el corredor; vendióse la esclava negra llamada Gracia a María de Ávila (1) en 280 pesos, que pagó luego; vendióse un ferreruelo de paño negro viejo en 7 pesos a  doña Magdalena de Ávila; vendióse una escribanía abierta, de terciopelo azul, vieja, en 2 pesos a Diego de Soria.
Memoria de la ropa que sacaron del almoneda por tasación don Francisco de Navarrete y don Juan su hermano, hijos del dicho doctor Navarrete, difunto: cuatro sábanas en 12 pesos; una tabla de manteles en 2 pesos; otras dos tablas de manteles, traídas, en 3 pesos; otras dos tablas de manteles muy rotas en 1 peso; tres almohadas y tres acericos llanos en 4 pesos; cuatro camisas llanas a 2 pesos; dos pares de calzones de lienzo en 3 pesos; otro par de calzones de Holanda en 2 pesos; una toalla de lienzo casero en 1 peso; otra toalla de lienzo casero en 2 pesos; un paño de altar, de Ruán, de cofre, en 4 pesos; otro pañito de altar, pequeño, en 2 pesos; una toalla con sus puntas y encajes en 6 pesos; una almohada de cadeneta en 2 pesos; nueve lenzuelos de narices en 4 pesos; un pabellón de gasa azul con su manga en 15 reales; un tapetillo en 8 pesos; un gabán verde de jergueta en 8 pesos; una media docena de servilletas viejas en 1 peso y medio; un escritorio-contador largo de atarfe en 15 pesos; una espada y un broquel en 5 pesos; una frezada colorrada en 3 pesos; un quitasol encerado en 4 pesos.
Lo que sacó don Juan. Don Juan sacó lo siguiente: tres almohadas y tres acericos en 4 pesos y medio; dos camisas traídas en 4 pesos; otras cuatro camisas viejas en 6 pesos; cinco pares de calzones de lienzo 5 pesos; nueve lenzuelos de narices a 4 pesos; unos calzones y un jubón de damasco azul de China a 12 pesos; un ferreruelo de paño negro en 16 pesos; unos calzones de terciopelo negro liso, viejos, en 3 pesos; 10  pesos en reales para ir a La Puebla. Diego de Torres, escribano real.

(1) Gracia va a ocasionar un pleito interminable, que examinaremos, entre el tutor curador de Juan Ortiz Navarrete y el albacea de su padre difunto. El tutor reclama la esclava como bien de su propiedad, y como tal legítimo propietario exige que se la retorne a su poder o, en todo caso, que se le paguen los 280 pesos por los que se ha vendido; tiene a su favor y lo apoya en su reivindicación el heredero Francisco Ortiz, por lo cual éste se hallaría enfrentado al albacea de su padre, ya que el referido albacea, capellán Sebastián Sánchez, se opone tajantemente a desgajar esta esclava del conjunto de los bienes del difunto. Este asunto engendró folios y folios, entre los que resaltaremos algunas curiosidades, como por ejemplo el testamento de dicho albacea, o los varios amos que la negra Gracia tuvo antes de caer en manos del doctor Navarrete.




Más almoneda. En 10 de diciembre de 1624 por orden del dicho licenciado Sebastián Sánchez se sacaron a la plaza los bienes que quedaron por venderse del dicho difunto, y por voz de Juan de Saucedo, pregonero, se vendieron los siguientes rematándolos en el mayor ponedor: vendióse una gualdrapa de paño negro, colchada, en 16 pesos,  y se remató en el doctor Betanzos, médico; item se remató en el dicho doctor Betanzos una frasquera de frascos ochavados [de perfil octogonal] en 5 pesos. Y en ese estado se suspendió la almoneda, y se volvieron los demás bienes a la parte y lugar donde estaban, y de ello dio fé el escribano, testigos don Juan de Aranda y don Juan de Illescas.
En la ciudad de México a 11 de diciembre de dicho año se vendió lo siguiente como bienes del doctor Navarrete, por orden del albacea: tres navajas viejas en 12 reales a Juan de Acosta; cuatro peines chicos para la cabeza en 2 reales en el dicho; un cuchillo de cortar plumas y dos pares de tijeras viejas en 1 peso en el dicho; una muceta de terciopelo con un pasamano de oro ¿angosto? en 12 pesos y medio en Mateo de Oviedo; vendióse mas una petaquilla pequeña en 3 pesos a Juan de Sojo; vendióse un bufete o mesa de pino blanca, quebrada, en 4 reales al dicho; vendiéronse doce ¿lejías? verdes en 8 pesos a don Pedro de Torres. Diego de Torres, escribano real.
Memoria de las menudencias que los dichos don Francisco y don Juan tomaron sin aprecio por no ser cosas de valor. don Francisco lo siguiente: una caja blanca de madera; los dos relicarios con cercos de madera; un sello de plata. Don Juan lo siguiente: un tintero y salvadera de piedra; una caja blanca de madera; unas botas; dos pares de zapatos nuevos.
Memoria de lo que ha recibido don Francisco: para un luto, 27 pesos; para el gasto del viaje primero a La Puebla y pagar al Colegio, 40 pesos; mas 10 pesos para el gasto de la gente de casa; 50 pesos por un billete de señor licenciado Sebastián Sánchez que dió Diego de Torres; por otro billete el dicho, 25 pesos y medio; mas 4 pesos, carta de pago Contador Cerrilla; para pagar el el Colegio de La Puebla el pupilaje de don Juan su hermano, 40 pesos; mas los bienes que sacó del almoneda, y por aprecio queda atrás lo que menta; mas almoneda y venta de la plata y sortijas de oro que le faltaba por vender del dicho doctor Navarrete, difunto: pesó un salero de tres piezas y una salva y bernegal dorado y taza de pie alto 8 marcos y seis onzas y media, a 10 pesos monta 88 pesos y un tomín, vendiéronse al secretario Romero. Pesaron las demás piezas de plata blanca contadas en el inventario, menos el frasco que se pesó y vendió por sí, 9 marcos y 2 onzas, a 8 pesos el marco, vendióse al dicho secretario Romero, monta 72 pesos. Pesó el frasco de plata blanco 35 pesos y medio, vendióse al capitán Garci Pérez. Vendióse una cuchara y un tenedor de plata en 14 reales que pesó, vendóse la cuchara y el tenedor dichos a Sebastián Martinez, y mas dos sortijuelas de oro sin piedra ¿lacena? Cruz de San Juan en 21 reales que pesó.
Yo el dicho licenciado Sebastián Sánchez, albacea, certifico ser cierto y verdadero lo arriba referido, y lo firmé de mi nombre en México a 16 de enero de 1625. Diego de Torres, escribano real.
Memoria del gasto que el licenciado Esteban (error, debe ser Sebastián) Sánchez, albacea del doctor Navarrete, difunto, ha hecho en orden al cumplimiento de su testamento, desde el 21 de agosto que falleció, en adelante: primeramente 4 reales por el doble de la parroquia; doce misas rezadas en altares privilegiados el día del fallecimiento; del entierro con treinta clérigos y misa cantada de cuerpo presente, 57 pesos, como consta de la carta de pago de la parroquia; de cuarenta libras de cera, con la que se gastó en las doce hachas que acompañaron el cuerpo, y misas, y seis pesos que se dieron en dineros por la velas que faltaron para los religiosos de San Francisco, San Agustín y Santo Domingo, que ellos no llevaban nada, 46 pesos y carta de pago del cerero; seis varas de bayeta para el bufete adonde se puso el cuerpo, que después se distribuyeron entre las negras para vestirlas (1), 8 pesos; a las hermanas de San Hipólito por acompañar el cuerpo, 8 pesos; del alquiler del ataúd, 3 pesos; de la sepultura y campanas, 5 pesos; en este día a 30 de septiembre para el gasto de los criados y negras dí 10 pesos; de un hábito de San Francisco en que fue enterrado, 10 pesos; de la limosna de veinte misas en San Francisco, 10 pesos, carta de pago; de otras cincuenta misas al Guardian y Vicario de San Francisco, 25 pesos, hay carta de pago; de diez misas del Padre Adame, 5 pesos, y carta de pago; de veinte misas, al padre fray Francisco, cantor, 10 pesos, hay carta de pago; mas otras veinticuatro misas en San Francisco al Vicario de coro, hay carta de pago; en Ntra. Sra. de las Mercedes treinta misas, hay carta de pago, 15 pesos; en Santo Domingo 30 misas, 15 pesos, hay carta de pago; a los niños de San Juan de Letrán (2), 10 pesos por acompañar el cuerpo; en 11 de septiembre dí a don Francisco Navarrete para despachar un hombre a La Puebla que acudiese al pleito de Bartolomé Ruiz de Navarrete 20 pesos; el mismo día dí a doña Magdalena 10 pesos para el gasto suyo y de don Juan y de los negros; a las hermanas de Juan de Díaz por llevar el cuerpo del difunto, 10 pesos, hay carta de pago; en 28 de septiembre, de llevar y traer la ropa a el almoneda, a unos indios 9 reales; al pregonero, 4 pesos; a Negrete, alcabalero, de lo que se vendió, otros 4 pesos de alcábala; al dicho don Francisco de Navarrete para comer él y su hermano le dí este día otros 10 pesos, 28 de septiembre; en 2 de octubre pagué al pregonero por la almoneda de este día 4 pesos, y al dicho alcabalero por lo que se vendió 2 pesos; al dicho don Francisco de Navarrete para su gasto y el de su hermano le dí este día otros 10 pesos; a don Francisco de Navarrete le dí 40 pesos para que pagase en La Puebla el pupilaje de su hermano, mas otros 100 pesos que pagué a doña Magdalena de Ávila de la manda del testamento, porque se le bajaron de la compra que hizo de la negra María, como consta de la venta que se otorgó en que se declara pagó 120 pesos y los 100 de la dicha manda, y yo me hago cargo en mi cuenta del cargo de todos los ¿250? pesos de la dicha venta; item que pagué a don Juan de Soto, maestresala del Señor Marqués de Gelves, 300 pesos por otros tantos que por cédula le debía el difunto como consta de su testamento, cédula y carta de pago; item que pagué a Alonso López Romero, secretario del dicho Señor Marqués, 200 pesos en virtud del dicho testamento y declaración del dicho secretario, con carta de pago; mas se pagaron a Bartolomé de Gemara, cirujano, 53 pesos y medio en virtud de mandamiento de la Real Audiencia de una revocación de condenación que había hecho, y carta de pago; al secretario de la dicha causa, por el mandamiento de desembargo del negro Manuel, 4 pesos; a su oficial mayor 1 peso por su trabajo; al alcayde de la cárcel de la soltura con la entrada, 1 peso; a Juan de Sandatigui 1 peso por el testimonio que dio de estar pagada la Cámara de la condenación de Bernardo de Gomara para que esto menos pagase el difunto; de unos zapatos y unas medias que se compraron a Manuel, negro, 20 reales; a doña Magdalena para el gasto de los negros otros 7 pesos en dos veces; de salate para el caballo en diferentes veces, 1 peso; a Juan de Saucedo, pregonero, por su trabajo de otras tres almonedas, la mitad de lo que por la ordenanza puede llevar, 6 pesos; al dicho Negrete, alcabalero, por lo procedido de las dichas tres almonedas, 7 pesos y medio; de su trabajo al escribano, de cinco almonedas, 20 pesos; de enero de este año de 1625, 17 pesos de oro común a Manuel López Núñez, arrendatario de la alcábala de los esclavos, por el alcábala de la venta de Manuel y María y Gracia, que sus procedidos montaron 850 pesos, hay carta de pago. El licenciado Sebastián Sánchez. Diego de Torres, escribano real.

(1) Se supone que tras lavar bien las seis varas de bayeta para eliminar el olor a cadaverina.
(2) Era costumbre entre gente con posibilidades. En el entierro de Pedro Martinez de Aguilar, catalogado en el grupo de los ricos, se pagó por el acompañamiento de estos niños 2.856 maravedíes. Riqueza y sociedad en la Sevilla del Siglo XVII. Jesús Aguado de los Reyes. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1994, pág. 156.


En la ciudad de México a 17 de enero de 1625, por ante mí el escribano se otorgó escritura de distrato por el señor don Juan de Álvarez, Oidor de esta Real Audiencia, en razón de la que había otorgado en su favor el licenciado Sebastián Sánchez, albacea, de venta; mas que pagué al dicho don Francisco de Navarrete otros 29 pesos y medio, hay carta de pago y ha de dar cuenta de ellos como de la partida de arriba; mas que se gastó en 9 varas de bayeta para en luto al dicho don Francisco, 20 reales, diéronse por mano de Diego de Torres. Esto es lo gastado y pagado hasta hoy 16 de enero de 1625, jurado y firmado por el albacea ante Diego de Torres, escribano. Item pagaron en 17 de enero de este año de 1625 17 pesos de oro común a Manuel López Núñez, arrendatario de la alcábala de los esclavos, por el alcábala de la venta de Manuel, María y Gracia, que sus procedidos montaron 850 pesos, hay carta de pago. El licenciado Sebastián Sánchez. Diego de Torres, escribano real.
En la ciudad de México a 17 de enero de 1625 por ante el dicho escribano se otorgó escritura de distrato por el señor don Juan de Álvarez, Oidor de esta Real Audiencia, en razón de la que había otorgado en su favor el licenciado Sebastián Sánchez, albacea, de venta de Manuel, negro, por las causas contenidas en el dicho distrato, y el dicho albacea volvió al dicho señor Oidor los 320 pesos en contado, y recibido en sí el dicho negro, para tenerlo de manifiesto como bienes del dicho doctor Navarrete, difunto, y así se le han de bajar al dicho albacea de su cuenta del cargo los dichos 320 pesos como consta del dicho distrato, y el dicho albacea lo firmó.
En este día se pagaron a Juan Ramírez de Cartagena 4 reales de los derechos de un poder para pleitos; mas 4 reales al pregonero por el remate de la librería.
En la ciudad de México a 21 de enero de 1625, en la plaza pública por voz de Juan de Saucedo, pregonero público, se remató la librería y cajones del dicho doctor Francisco Ortiz de Navarrete en el doctor don Francisco de Navarrete su hijo (1), estando presente Bartolomé Ruiz de Navarrete, curador de la persona y bienes de don Juan de Navarrete su menor y de su consentimiento, el cual pagó de contado la dicha cantidad, siendo testigos el almirante Lariz y el dicho don Juan de Navarrete y Pedro de Perea, de que doy fé, y el dicho curador lo firmó. Por testigo, Miguel de Santa María, ante mí Diego de Torres, escribano real.
En la dicha ciudad de México a 23 de enero de 1625 el licenciado Sebastián Sánchez, albacea, vendió dos libros que llaman Juntinos (2) a don Francisco de Arellano, vecino de esta ciudad, por tasación de Diego Garrido, librero que declaró valen 18 pesos, los cuales dichos 20 pesos de oro común pagó en reales el dicho don Francisco de Arellano, y de ello doy fé. Diego de Torres, escribano real.
En la ciudad de México a 24 de enero de 1625 en la plaza pública por voz de Pedro Pérez, pregonero, se remató un negro llamado Manuel, que era esclavo del doctor Francisco Ortiz de Navarrete, médico difunto, en don Pedro Serrano del Arco, en 300 pesos de oro común, y de la dicha venta y recibo del dinero ha de otorgar el dicho albacea, testigos, Bartolomé Ruiz de Navarrete y don Francisco de Navarrete. En ese día se vendieron unas almohada y dos acericos labrados de pita en 20 pesos a Miguel de Santa María, vecino de La Puebla, de consentimiento de los dichos hermanos herederos del difunto.

(1) Hemos contado como formantes de la biblioteca de Francisco Ortiz de Navarrete 454 libros, "entre grandes y pequeños".
(2) Libros Juntinos. Por el matemático y astrónomo florentino Francesco Giuntini. http://www.treccani.it/enciclopedia/francesco-giuntini_(Dizionario-Biografico)/

Notas varias, 3g.

En la ciudad de México a 27 de agosto de 1625 ante don Francisco Enríquez Dávila, Corregidor de esta ciudad por Su Majestad, se leyó esta p...