sábado, 23 de junio de 2018

Notas varias, 2z.


Y con lo que sigue finalizamos este repaso a las directrices del Arzobispo, comentadas con más o menos acierto pero siempre con el afán de denunciar los más relevantes aspectos de una enfermiza sociedad, la castillejense, y los de sus no menos enfermizos dirigentes espirituales.


"Cofradías: Visiten las cofradías y reconozcan si tienen regla aprobada y cumplen con ella; y a las que no la tuvieren asígnenles un breve término en que la hagan y traigan a nuestro provisor para que la apruebe.
Tomen las cuentas, sin dejarlas sometidas a los vicarios o curas, porque no tienen utilidad, pues sabemos que esto causa nota en los lugares (1): las que hallaren tomadas en buena forma, apruébenlas, y no admitan por descargo gastos superfluos o profanos, ajenos del instituto de las cofradías; y den providencia para su buen gobierno, y especialmente prohiban que los mayordomos presentes nombren a sus sucesores, sino que esto se haga por votos secretos de los cofrades, con asistencia de los vicarios o curas más antiguos."

"Hospitales: Visiten con singular cuidado y caridad los hospitales, sus iglesias, sagrarios, sacristías, enfermerías y oficinas, e infórmense si tratan a los enfermos con la asistencia necesaria a su alivio y curación; y aunque sean exentos, dénnos cuenta en la resulta de la visita por si hubiera algo que remediar. Y en los sujetos a nuestra jurisdicción, tómense las cuentas jurídicamente y hagan escrutinio del administrador y ministros; y porque hemos reconocido en algunas cuentas que algunos administradores o hermanos mayores remiten fácilmente los alcances que hacen, estamos persuadidos que no se apuntan las entradas con toda fidelidad; y encargamos a nuestros visitadores apliquen el remedio posible para que haya toda cuenta y razón de las limosnas que entran.
Infórmense si hay alguna falta en la administración de sacramentos y asistencia a los moribundos; en el aseo y limpieza de las camas, entierros, aplicación de los expolios, etc (2).
En los hospicios donde se albergan peregrinos y mendicantes, inquieran si se les asiste con todo lo que se ha destinado por los fundadores; si se enseña la doctrina cristiana y hace cumplir con el precepto anual de la confesión y comunión a su tiempo; y si se les da la lumbre necesaria para su abrigo, si se separan los hombres de las mujeres, si se reconocen los papeles que traen y fé de casamiento de los que dicen ser casados."

"Visitas de capillas, hermitas y oratorios: Visiten las capillas, hermitas y oratorios públicos y privados y vean si los altares y ornamentos y demás cosas necesarias para el culto divino están con las calidades y decencia que se debe; si en el sitio de los oratorios o lugar inmediato a ellos o las oficinas que están sobre sus techos hay alguna indecencia; si los breves o licencias dadas subsisten en su fuerza y valor, y hallando algún defecto substancial, suspendan la celebración de la misas y dénnos cuenta.
Infórmense si los hermitaños son de buena fama y costumbres, de dónde han venido y en qué se ocupan, y qué gente tienen consigo o va a visitarlos; si tienen licencia de nuestro provisor, y pídase la cuenta de las limosnas que juntan y en qué las distribuyen; y los que no fueren a propósito, despídanlos, y si hubieren cometido delitos, hágales causa y remítanla.
Sepan si han hecho veladas de noche en alguna de las iglesias (3), capillas o hermitas de su visitas, o si se abren las puertas en las fiestas que en ellas se celebran antes del amanecer, o no se cierran antes del anochecer, y darán providencia necesaria para que no haya desórdenes ni ofensas de Dios en tales concursos."

"Visitas de los juzgados de testamentos: En las ciudades de Écija y Xeréz, villas de Marchena y Lepe, visiten los juzgados de testamentos que en ellas hay, y reconozcan si los libros y papeles están en buena forma, si se guardan los aranceles y costumbres de este juzgado para su buen gobierno, y expediente de los negocios; vean los testamentos pendientes dentro del año, y los atrasados; y si hubiere alguna omisión, apliquen puntual remedio; y si hallaren algún procedimiento contra derecho o en perjuicio de las partes, o contra el bien de las almas y puntual complimiento de los sufragios y legados, infórmennos con toda individualidad para que lo remediemos."

"Visitas de casas de recogidas: Visiten los recogimientos y casas de beatorios, colegios de niñas, etc. y vean si están con la custodia y buen gobierno que se debe; visiten los altares y ornamentos y si hubiere sacramento, el sagrario, con todas las prevenciones ya expresadas.
Infórmense si en los beatorios se procede con la rectitud, modestia y buen ejemplo que se debe; se guarda las constituciones que tuviere; y si las mujeres que están allí retiradas dan alguna nota o escándalo, encargándo a los vicarios, madres o superioras se apliquen a cuidar del mayor aumento espiritual y temporal de las casas, y al remedio de lo que se necesitase; y que traten a las beatas y recogidas con amor y caridad, y gobiernen con prudente celo y discreción; y si les pareciere conveniente podrán hacer escrutinio, para mejor informar a nos y nuestro visitador de monjas, por cuya mano hemos ordenado se dirijan y gobiernen los beatorios.
En las casas de recogidas forzadas, vean las mujeres que hay e infórmense de las causas de la reclusión de cada una y de su enmienda, y dénnos cuenta con lista aparte en que se exprese el delito, el estado de cada mujer, su patria, quién la puso, cuántos años ha estado, y el juicio que se hace de su arrepentimiento, y si allí dentro cometen algunas culpas hagan que se castiguen según merecieren; y sepan si las madres mayores a cuyo cargo están, son mujeres de valor y entereza, con caridad y prudencia, y tales como se requiere para el ministerio."

"Demandas de que han de conocer los visitadores: En el tiempo actual de la visita puedan proceder a mandar pagar los alcances de fábricas, patronatos y cofradías y a sus mayordomos o administradores, y dejar comisión a los vicarios o curas más antiguos para que procedan contra ellos, cuando no se consiga entonces; pero acabada la visita no han de poder sacar estos negocios a otros lugares ni volver a introducirse en ellos; y los vicarios o curas a quienes dejen comisión o instrucción del modo como han de proceder y actuar, remitan los autos a nuestro provisor si llegaren  proceder judicialmente, como si la provisión dimanase de su juzgado.
Y también oirán los visitadores las demandas que se intentaren contra eclesiásticos por deudas, y contra las fábricas, patronatos y cofradías, pero no podrán conocer de causas matrimoniales, decimales ni beneficiales; y las criminales, hecha la sumaria, las han de remitir a nuestro provisor; y en las de divorcio podrán extrajudicialmente ver si pueden componer y ajustar a las partes, y no consiguiéndolo, darán cuenta a nuestro juez de la iglesia para que proceda contra ellos. En las de inmunidad podrán con más razón lo que permite el sínodo a los vicarios foráneos."

"Visita de lo perteneciente a regulares: Los patronatos, capellanías y memorias que estuvieren fundados en conventos de regulares las han de visitar nuestros visitadores y conocer su estado y cumplimiento, aunque los bienes se administren por los mismos regulares y esté de su cargo el cumplir los gravámenes píos; y en cuanto al modo de apuntar las misas los capellanes, guárdese lo dispuesto de que no sólo se abonen por la certificación de los prelados, que atestan haberles visto frecuentar aquella iglesia y decir misas, sino que las han de firmar también en una de nuestras colecturías, la que estuviere más cercana al convento donde están las capellanías.
Hagan también la visita y tomen cuentas en los hospitales, conventos de San Juan de Dios cuyo número de religiosos no llega a doce, según lo dispuesto por Urbano VIII y Innocencio X y costumbre de este arzobispado.
Informense extrajudicialmente y con gran recato y secreto, de los procedimientos de los regulares, especialmente de lo que se nota extra claustra.
Inquieran cómo han procedido los predicadores de Cuaresma; de su ejemplo, modo de predicar, asistencia al confesonario, desinterés, y si han cumplido con la instrucción que se les da, y nos darán especial e individual nota de todo."

"Conventos de monjas: En las ciudades o villas donde hubiere conventos de monjas, sujetas o no a nuestra jurisdicción ordinaria, inquieran con discreción y prudencia si hay frecuentes visitas que llaman devociones, de que resulta alguna nota o escándalo, y si hallaren algo nos darán aviso de las personas que frecuentan los conventos; infórmense también cómo se guarda la clausura, por si hubiere algo que remediar de lo que nos está mandado y encargado por el Santo Concilio de Trento y Bulas Apostólicas.
No pasen a visitar sagrarios, iglesias ni otra cosa alguna dependiente de los conventos de monjas de nuestra filiación sin especial mandato nuestro; pero siempre que llegaren a donde hay tales conventos darán aviso a nuestro visitador general de monjas por si hubiere algo que encomendarles; y verán también a las superioras de nuestra parte, y nos informarán extrajudicialmente del gobierno de los conventos, así de lo espiritual como en lo temporal, y de los procedimientos de los confesores, capellanes, mayordomos y demás ministros."

"Personas de informe: Aunque tenemos dado orden circular para que los vicarios o curas más antiguos nos participen todo lo que ocurriese digno de nuestra consideración, expresando lo cierto como cierto y lo dudoso como tal, distinguiendo entre lo público y lo oculto, y todas las circunstancias que condujeren para la instrucción de nuestro ánimo; demás de eso, en cualquier lugar que hallaren otras personas de secreto, prudencia, celo y confianza, les encargarán lo mismo; y en el  informe secreto que nos hacen los visitadores de lo que ha resultado del escrutinio y visita, pondrán los nombres de los sujetos a quien dejan encargado este cuidado, para que nos podamos valer de ellos cuando conviniere (4).

"Aranceles: Guarden los visitadores por sí y sus contadores, en cuanto a derechos de visita, el arancel que sobre ello hemos expedido en 10 de marzo de este presente año de 1705. Inquieran con vigilancia si en las ciudades, villas y lugares de este arzobispado observan otro expedido en 24 de abril de este mismo año sobre los derechos que han de llevar los vicarios o los curas más antiguos que hacen sus veces, y sus notarios, por los despachos, autos y diligencias que se hacen de oficio o por comisión; si los receptores que van con comisiones se arreglan en sus derechos a la tasa y aranceles de nuestros juzgados e instrucción de la colecturía general, en lo respectivo a sus diligencias; y si las hacen bien y debidamente, o si se conciertan con las partes y disimulan por alargar más las costas, o por otros fines y empeños, en grave perjuicio de la justicia o interesados."

"Familia que ha de llevar el visitador, y cómo se ha de portar en los lugares de la visita: Vayan los visitadores con el menor gasto y aparato que fuere posible a su decencia; y así no lleven más de un criado y el contador o contadores que les destinaremos, y oficiales que les permitiremos.
Antes que pasen a algún lugar, avisen con bastante tiempo el día en que han de ir, y remitan copia de los libros y papeles que les han de tener prevenidos, para no detenerse ni perder tiempo.
Avisen se les ponga casa por las justicias, y que no sea la del vicario, cura, mayordomo o otros eclesiástico de los que han de ser especialmente visitados, y obsérvese esto como se manda, porque tendremos especial cuidado de saber si se cumple, y procederemos como contra inobedientes.
Pórtense con gran circunspección, modestia y ejemplo, sin estrechar amistad con ningún eclesiástico ni seglar, ni permitir que vengan a tenerle conversación y a ver lo que pasa en su despacho; y en ningún modo se hallen en divertimentos públicos; atiendan mucho a las personas de quien toman los informes; óiganlos a todos; hagan reflexión sobre las dependencias y encadenamientos de unos con otros, sus amistades, odios, pleitos, etc. para sacar con gran madurez y prudencia la verdad, y venir en conocimiento de lo que han de proveer.
La mesa y alimento de sus personas y comitiva sea parco, sin escasez, y de que no resulte nota ni mal ejemplo; y en ningún modo reciban regalos aunque sean de cosas comestibles y los que los envían no hayan de ser visitados, pues por las circunstancias deben prudentemente creer que todo va con intención, y que están los dependientes atendiendo a cuanto pasa en su posada.
Y porque hemos sabido que corriendo el gasto por mano de los mayordomos no va bien arreglado, a veces por exceso y otras por defecto, de aquí en adelante en los lugares donde está asentado, que las fábricas hagan el gasto por todo el tiempo o por algunos días,  no corra éste por mano del mayordomo, sino que los visitadores lo hagan por sí mismos, pidiendo dinero al mayordomo y encomendándolo a alguno de su familia que con toda distinción dé la cuenta al fin de la visita, procediendo con toda la moderación posible en beneficio de las fábricas, y la mostrarán a los vicarios, curas y beneficiados, y dejarán un tanto de ella para la visita siguiente, aunque en el libro se ponga toda en menos partidas para que se abonen en visita siguiente, no con título de ayuda de costa, sino de gasto de comida, ama, limpiar ropa, bagajes, etc.
También somos informados que en algunos lugares hay estilo de dar cantidad determinada para que el visitador se haga el gasto: donde se hallare legítimamente asentado, obsérvese, pero póngase claro en las cuentas, y de ninguna manera se embeba en otras partidas, porque ni esto es conveniente, ni indicio de hallarse legítimamente introducido, sobre lo cual encargamos la conciencia a los visitadores; de cualquier suerte que esto se haga, pongan con toda distinción en la relación que nos hacen de la visita los días que se han detenido en cada lugar, y lo que ha importado el gasto hecho con sus personas y familia, como también el de los derechos de visita separadamente, sin contentarse con el tanteo que suelen hacer, regulando los gastos por quinquenios."

"Ayudas de costa: No se dén ayudas de costa a los mayordomos, como ya se ha dicho, ni a los contadores, aunque sea con motivo de algún trabajo sobresaliente, ni a los alguaciles, organistas, sacristanes o monacillos, aunque haya ejemplares de otras visitas, pero será justo paguen el trabajo a los que les asistieren a la expedición más breve de la visita, como para hacer recados, llamar a esta o a la otra persona, etc. Y en los lugares donde se dá cantidad señalada por la fábrica y obras pías para el gasto del visitador y su familia, tampoco se han de dar ayudas de costa a las amas, lavanderas, ni a los que traen la despensa, etc., porque esto debe ser de cuenta de los visitadores. Sobre todo lo cual les encargamos la conciencia, con obligación de restituirlo a las fábricas y obras pías (5)."

Mandatos:
Sean muy moderados y circunspectos en poner mandatos nuevos o revocar los ya dejados en otras visitas, ni siquiera introducir devociones según su afecto, pero promuevan mucho la del rosario: regularmente solo manden lo que se necesita para el remedio de las faltas que hallaren en lo sacramental, ornamentos, asistencia al culto divino, buen gobierno de las colecturías y providencia para la mejor adminstración de fábricas según la práctica más común y asentada en el arzobispado; remedio de abusos ya notados, como comunicación de capitulados; observancia de fiestas, desórdenes en procesiones de Semana Santa, o material de otros edictos expedidos por nos o nuestro provisor, y si ocurriere otra cosa, consúltennos primero y de ningún modo manden dar observaciones en entierros, bautismos y velaciones, o semejantes funciones a pertigueros, organistas o alguaciles de la iglesia, aunque sus provechos sean cortos.
En cuanto a las obras y reparos, guárdese lo dispuesto por la sinodal, y no porque esté sobrada la fábrica han de querer distribuir en obras su caudal (6), sino ver si hay tributos que quitar, o alguna posesión que mejorar en beneficio del mayor aumento de las rentas de la fábrica.
En las constituciones que hallaren no estar en observancia, y juzgaren conveniente restablecerlas con mandato especial, consúltennos primero los motivos que tuvieren y los inconvenientes que pueden temerse en volverlas a mandar y hacer obedecer y cumplir.

Resulta de visita:
Del libro particular que han de llevar para sus apuntamientos, han de sacar el informe o relación que nos han de hacer de su visita, y en él han de poner con distinción y claridad, pero con la brevedad posible, la visita a sagrarios, pila bautismal, crismeras, altares, caudal de fábricas, alcances de mayordomos, colectores, nombramientos de ambos, número de capellanías, patronatos, y el estado de las cuentas de éstos, copia de los eclesiásticos, su edad y su suficiencia, renta, genio y modo de vida de cada uno, los que asisten o no al coro y a conferencias morales, las culpas y escándalos que hubiere, el remedio que ha puesto, y los mandatos que ha dejado, y lo demás que entendiere ser digno de nuestra consideración según lo que dejamos advertido ya, e insinuado.
Y respecto de que en las resultas de la primera visita general que se ha hecho nos han puesto relación larga de la fábrica material, capillas y retablos de cada iglesia, en estas relaciones no tendrán que repetirlo, sino añadir lo que de nuevo se hubiere obrado.
Y porque en provincia tan dilatada como es la de la visita, no es posible dar providencia para todo en esta breve introducción, nos remitimos en lo demás al sínodo y a la que al fin de él está impresa, y a la prudencia y discreción de los visitadores. Y mandamos se observe lo aquí expresado inviolablemente, con apercibimiento que estaremos a la vista de los procedimientos de cada uno de los visitadores, y premiaremos al que más se esmerare, o pasaremos a deponer de oficio al que en negocio tan grave no se portare como se necesita para el descargo de nuestra pastoral obligación y conveniencia.

Dada en Sevilla, en nuestro Palacio Arzobispal, en 20 de septiembre de 1705. Manuel, Arzobispo de Sevilla. Por mandado del Arzobispo mi señor, don Joseph Bernardo de la Peña Pedrero, secretario.


(1) Y tanto. Que cuando los curas pretenden administrar las cofradías, se "causa nota en los lugares". "Nota" aquí está usado muy en la línea y al modo de la delicadeza diplomática de los pálidos burócratas arzobispales; uso este del que debe provenir "dar la nota" o "caer en nota" (dar motivo de escándalo o murmuración). Escándalo se aproxima más a lo que solía y suele ocurrir en Castilleja de la Cuesta cuando un cura —generalmente recien llegado— intenta extender sus dictámenes del plano espiritual al plano material, cosa la primera que soportan los hermanos cofrades más para reírse de dichos dictámenes que para acatarlos y practicarlos. Referente al plano material, el conflicto está servido. A los curas intervencionistas se los suele "desbravar" de cargas teóricas de seminario con acciones tales como arrojarles gatos muertos en el zanjuán de sus casas, tal y como aconteció a uno excesivamente rígido que oficiaba en los últimos años del franquismo, o como darle unos buenos zarandeos con vozarrones y puño en ristre, como aconteció no hace mucho a uno en plena sacristía por parte de un rudo cofrade celoso de sus derechos.

(2) Repárese cómo en estos establecimientos asistenciales se encomienda al Visitador cuidar principalmente de la enseñanza de la doctrina cristiana, del estado material de las iglesias, sagrarios y sacristías de ellos, de hacer cumplir con el precepto anual de la confesión y comunión a su tiempo etc., y sólo en segundo término y como si fuese cosa de menor importancia se mencionan aspectos tan vitales como las enfermerías y oficinas —cocinas, retretes—, la comprobación de si tratan a los enfermos con la asistencia necesaria a su alivio y curación, o si se les da la lumbre necesaria para su abrigo. La filosofía de la resignación aplicada a machamartillo especialmente sobre los más vulnerables ha dado a la Iglesia Católica un gran poder y prestigio entre las clases políticas dominantes, que siempre contemplan a las capas bajas de la sociedad como un factor de desestabilización.
Queda pendiente de mayor desarrollo lo que ahora abocetamos tocante a cierto mendigo que allá a finales del siglo XVI llegó una tarde al pueblo a cobijarse en el hospital, —fundado y mantenido por Hernando Jayán—. Se le define como un joven rubio, de piel clara, "con los dientes podridos", y sin papeles identificativos de ninguna clase. La cocinera, una mujer viuda que pasaba de los cincuenta, le sirvió de cena un huevo duro hervido en la cocinilla aneja al establecimiento. Se le proveyó de una estera y se le señaló un rincón para dormir, en la misma sala donde lo hacía otro viajero, ya anciano, que llevaba allí alojado un par de semanas, que tosía continuamente y al que también se le dió un huevo hervido aquella noche. Al día siguiente por la mañana cuando se reabrió el hospital no había ni rastro del joven mendigo. También su compañero de dormitorio había desaparecido. Buscóseles por todas partes, y se encontró por fin el cuerpo del recién llegado, ya sin vida, en el fondo de un pozo situado en el corral del establecimiento caritativo, seco y sin brocal ni señalización alguna y cuya boca permanecía semioculta entre la profusión de malvas y jaramagos que medraban entre los viejos muros. De inmediato la Justicia del Concejo se hizo cargo de la recuperación del cadáver mediante cuerdas y un empleado que descendió con no poca dificutad. Como quiera que urgía saber algo acerca de la personalidad del difunto, la autoridad optó por dejar el cuerpo expuesto públicamente en la Plaza de Santiago, extendido sobre una mesa, con la esperanza de que alguien lo reconociese de alguna manera. Así estuvo, a la vista de todo, una buena porción de horas. Hubo de ser aquel episodio un espectáculo morboso para la curiosidad de aquella sociedad grosera, con niños y mayores apelotonados en corro alrededor del desgraciado, haciendo comentarios de toda índole y, a espaldas del Alguacil, acaso moviéndole los miembros con sus bastones o lanzándole piedrecitas a la boca hedionda, abierta como de asombro y ahora habitada por un negro enjambre de moscas que se disputaba los restos de huevo libando el escaso fluido salival que el aire de la sierra no había llegado a evaporar todavía, entre risas de campesinos, persignaciones ostentosas de beatas, gritos de espanto de muchachas, bromas de borrachos y cavilaciones de viejos ceñudos.

(3) Nos remitimos a lo ya dicho.

(4) "Personas de informe", vulgarmente conocidas como delatoras, soplonas, espías, cómplices, chivatas, mironas, echadizas, fisgonas, atisbadoras, escuchas, entremetidas, excusañas, curiosas, escudriñadoras, delatoras, cotillas, chismosas, cañutas, bramonas, acusicas, traidoras ... Llama poderosamente la atención que el Arzobispo recomiende a su Visitador que "en el informe secreto que nos hacen los visitadores de lo que ha resultado del escrutinio y visita, pondrán los nombres de los sujetos a quien dejan encargado este cuidado [o sea, los nombres de los chivatos susodichos], para que nos podamos valer de ellos cuando conviniere". En el Archivo del Palacio Arzobispal sevillano debe obrar alguna que otra de estas listas.

(5) Se movía una curiosa industria alrededor de las Visitas.

(6) La típica megalomanía de la Iglesia Católica, cuyo máximo exponente se encuentra, en estas latitudes, en la catedral hispalense.
 

lunes, 18 de junio de 2018

Notas varias, 2y.





Más instrucciones del arzobispo Manuel Arias, cuyo padre, dicho sea de paso, le dejó siendo jovencito unos Avisos Morales y Políticos a modo de guía vital, ya que con tan solo 14 años, en 1652, se había instalado en Malta, sirviendo como caballero de la Orden de San Juan. El progenitor, naturalmente, debía andar preocupado por su retoño, casi tanto como Aristóteles por Nicómaco, el suyo.





"Visita de altares y sacristía: Visiten después los altares y sepan si conservan las aras fijas y algo levantadas de la planicie, para que se distinga por el tacto lo que es ara de lo que no lo es, los tres manteles, sacras y cruces que ordenan las rúbricas del Misal y constituciones sinodales y se han mandado por las visitas antecedentes; si están limpios y aseados no solo al tiempo de la visita sino entre años (1); si se cuida de quitar el polvo de las aras y mesas de los altares por debajo de los manteles; si en las imágenes y adornos del altar hay el mismo cuidado; y si hay algún exceso o defecto en las que son vestidas.
Reconozcan los cálices, patenas, viriles y vasos sagrados que sirven inmediatamente para la Sagrada Eucaristía, si están dorados al menos por dentro, y si se guardan en parte decente; si se lavan los purificadores y corporales a menudo, y si hay los suficientes; vean los misales, breviarios de coro y rituales y demás libros de canto y dispongan que queden en buena forma, mandando renovar lo que estuviere maltratado y añadir lo que faltare. Visiten en la misma conformidad los ornamentos, agua, maniles y todo lo pertenenciente al culto divino, dando las providencias concernientes con toda economía en cuanto la fábrica tenga caudal suficiente, prefiriendo lo que fuere más inmediato a lo que no lo es tanto.
Pidan los inventarios y reconozcan por ellos si falta alguna cosa de las que están inventariadas, o si se ha añadido en ellos lo que se haya hecho de nuevo; informen de las finanzas que tienen dadas los sacristanes para lo que está a su cargo, y no siendo abonadas o manteniéndose en el mismo crédito que cuando fueron admitidas harán las renueven a su satisfacción, y nos darán cuenta."

"Visita de la iglesia y cementerio: Visitarán el cuerpo de la iglesia, capillas y retablos, torre y campanas y verán si los techos, puertas y murallas necesitan de algún reparo, para que se aplique antes de que sea mayor el daño, y en las capillas que son de patronatos particulares celarán con especialidad si se han ejecutado los mandatos de visitas antecedentes en orden a su adorno, y nos darán aviso de la omisión que hubiese habido. Verán si en el cuerpo de la iglesia hay escaleras, bancos, tablas, pedazos de monumentos u otros trastos del servicio de ellas, para que se quiten y pasen al taller, y si no lo hubiere, dispongan que se haga en el sitio más cómodo e inmediato a la iglesia.
Visiten el cementerio, y si hubiese algunos huesos por enterrar, hagan que se entierren en lugar sagrado, y si no hubiere cruz, que se ponga, y que en lo inmediato a la iglesia y cementerio no haya oficinas inmundas, ni tiendas, ni corrillos de conversaciones (2), y en todo se guarde lo que está dispuesto por el Sínodo, título de Religiosis domibus."

"Visita y escrutinio de eclesiásticos: Vicarios. Reconozcan si el vicario o cura más antiguo cumplen con lo que se les manda en el título e instrucción de vicarios foráneos; si tienen omisión en corregir las culpas, o por respetos particulares no hacen sumarias de las causas que se les denuncian, o escritas no las remiten, o no ejecutan con puntualidad y legalidad las órdenes que por nos o por nuestros vicarios generales se les envían, o las que dejaron los Visitadores antecedentes; si se portan con la rectitud, integridad y limpieza que deben, o en sus costumbres personales tuvieren algunos defectos que los haga indignos o menos hábiles para el oficio, y de lo que resultare del escritinio e informes de satisfacción, y de lo que entendieren por las mismas operaciones de los vicarios nos darán especial e individual noticia, como del dictamen que formaren de su juicio, prudencia, literatura, desinterés y buen ejemplo, etc.
Con especialidad se han de informar si el vicario o cura más antiguo hacen guardar las fiestas, así dentro de los lugares como en las labores del campo; si celan y aplican el cuidado necesario para que los capitulados para casarse no se comuniquen ni dilaten el contraer matrimonio, vicios que no acaban de desarraigarse, y necesitan de especial vigilancia y aplicación en toda la diócesis; si en los escrutinios e informaciones que hacen para los ordenandos guardan la instrucción del Sínodo y la que les hemos dado; si obran con la entereza y celo que pide la gravedad de este negocio; si cuidan de que los curas, beneficiados, capellanes y sacristanes cumplan con su obligación, haciéndose respetar; si son omisos, tímidos, o amigos de vivir con todos, teniendo presente que contra los vicarios que se portan con mayor independencia, celo y rectitud suele haber mayores émulos; y que es menester proceder con gran prudencia y tiento, haciendo reflexión sobre la materia que se les imputa, y calidades de los delatores y todas las circunstancias, para que de nuestra orden y no sin ella se proceda; sino es que la precisión del tiempo y peligro de la dilación en algún caso particular no diere lugar a la consulta."

"Curas: Informáranse con individualidad de la virtud y aplicación de los curas a su ministerio, si asisten al confesonario con el hábito que manda el ritual, y a las horas competentes que van los feligreses a confesarse, sin hacerlos aguardar; si confiesan en los confesonarios y por las rejillas o rallos, especialmente a mujeres; si teniendo ayudantes seculares o regulares lo dejan todo a su cuidado, excusandose del trabajo; si residen y viven dentro de la parroquia; si se ausentan sin licencia nuestra, y por qué tiempo, aunque dejen quien administre los Santos Sacramentos, contra lo dispuesto en el decreto que sobre ello hemos expedido; si empadronan y desempadronan (sin excepción de personas) por si mismos, y con qué cuidado, o si lo fían a sacristanes u otros ministros, y si ponen en ellos a todos los que llegan a siete años, para que por lo menos confiesen y se vayan habituando y disponiendo para comulgar cuando tengan suficiente discreción; encárguenles que nos envíen copia de los padrones con la puntualidad que les hemos mandado, con listas de las personas que no hubieren cumplido los preceptos, con expresión de su edad, estado, calidad, oficio y modo de vida; y que repitan la publicación de los excomulgados en algunos días festivos para más confusión de ellos, y para que no los comuniquen los fieles pensando que ya están absueltos (3); sepan si explican y enseñan la doctrina cristiana, si visitan enfermos y si asisten a los moribundos, especialmente cuando no hay otros que lo hagan por devoción; si tratan con amor y caridad a los feligreses y cumplen con lo demás que se les manda en las cartas de curas y en el sínodo, título de Offic Rectoris."

"Beneficiados: Demás de lo que en el sínodo, título Clericis non residentibus, y en el de celebratione Missarum se manda y previene a los beneficiados, de cuya observancia deberán los visitadores darnos individual noticia, se informarán con especialidad si residen como deben, por sí mismos, o sus servidores, y si complen las misas de dotaciones con la solemnidad y circunstancias que corresponde a cada una de ellas, y hallando haber faltado los multarán a su arbitrio y no las pasarán en cuenta; si llevan más derechos que los que se señalan en los aranceles por las misas cantadas, fiestas, procesiones y entierros, y si hubieren excedido lo harán restituir a las partes; si las misas de tercia que han de ser po el pueblo las aplican por alguna memoria particular o fiesta votiva, no las pasen en cuenta y vean los títulos de los propietarios o las licencias de los servidores dadas por nuestro provisor; y si estos fueren arrendadores de los frutos de los beneficios de sus propietarios, suspéndanlos del ejercicio, dando cuenta a nos o a nuestro provisor, para proceder contra ellos. No residiendo personalmente los poseedores de beneficios pontificales y prestameras, infórmense donde habitan, quienes administran estas piezas y en dónde viven los administradores, y hagan relación de todo en la resulta."

"Clérigos: Infórmense con especial cuidado de la virtud, suficiencia y demás prendas de los eclesiásticos, de su modo de vida, costumbres, empleos, traje, conforme al edicto expedido por nuestro provisor en el tiempo de su gobierno, asistencia a la iglesia y coro, a las conferencias morales que hemos mandado tener con especial encargo a los vicarios o curas más antiguos; si son negociantes, o se ejercitan en algunas de las cosas que les están prohibidas por derecho y por constituciones sinodales de este arzobispado, título de vita honest cleric y en otras partes.
Con especialidad se informarán cómo proceden los que pretenden acceder a las órdenes, si ejercitan las recibidas, si frecuentan los sacramentos, si traen hábito clerical de día y de noche, así dentro como fuera de los lugares (sin excepción de personas) y si rezan el oficio divino cuando son obligados por la renta eclesiástica que gozan, aunque no sean de orden sacro; si los que se han ordenado de corona o de epístola han hecho alguna suposición de la congrua  o parte de ella, aumentando el valor con escrituras o testigos falsos, arrendamientos supuestos, y quiénes han concurrido a esto, para proceder contra todos los que resultaren culpados; si los pretendientes de primera tonsura son de buena vida y costumbres, estudiosos, de limpia y casta generación o si tienen algún impedimento canónico, o no muestran inclinación o vocación al estado eclesiástico."

"Sacristanes: Infórmense si cada uno de estos cumple con lo que se les manda en el título de officio sacristae, y es de su obligación y oficio, especialmente en el aseo y limpieza de la iglesia y ornamentos; si educan bien a los monacillos; si hacen ausencias notables y con qué licencia; y si aunque la tengan legítima dejan sustitutos a satisfacción, sin que baste que el menor supla por el mayor, ni al contrario."

"Alguaciles y notarios de la vicaría: Examinen también si estos cumplen con su obligación en lo que les toca; si los alguaciles registran el campo para hacer observar el edicto de las fiestas; si los notarios guardan los aranzeles, secreto y fidelidad; si algunos de estos se conciertan con las partes en lo respectivo a sus oficios."

"Escrutinio del pueblo: Habiéndose informado del vicario o cura y eclesiásticos de virtud y celo, se informarán de las justicias y de los seglares más acreditados de juicio y buen ejemplo cerca de las cosas que hubiere que remediar en el pueblo, procediendo con gran ciscunspección, madurez y prudencia, y advirtiendo a cada uno la obligación que tienen de dar noticia de las ofensas de dios y abusos dignos de remedio, que es el fin de la visita, como se les apercibe y manda en el edicto, donde también se especifican las cosas de que se ha de hacer inquisición y escrutinio.
Infórmese con la misma prudencia y secreto cómo proceden los corregidores y alcaldes mayores y demás ministros de justicia, así en sus oficios como en lo personal de sus costumbres (4).
Vean si hay regulares de asiento o por tiempo notable en lugares adonde no hay convento de su orden, sin licencia nuestra, y de sus prelados; infórmense también de los que viven extra claustra, y no pasen en cuenta las misas que hubieren firmado en colecturía, no exhibiendo licencia nuestra o de nuestro provisor.
Infórmense si hay hospitales, escuelas, cárceles, y cómo se procede en cada uno de estos puestos; reconozcan los títulos de los maestros, su vida o costumbres, los libros que usan, la doctrina y educación que siguen; si enseñan la doctrina cristiana por catecismo aprobado; si los niños y niñas están separados.
Examinen las parteras (5), y generalmente hagan diligente examen de pecados públicos, observancia de edictos, abusos quitados por mandato de nuestros antecesores, como el aderezarse cruces e imágenes en casas particulares para hacer concurso de hombres y mujeres, de que se siguen muchas ofensas de dios, desórdenes en las noches de navidad, mañana de resurrección (6), misas de aguinaldo, etc., si han vuelto a introducirse; si hay algunos contratos o comercios que necesiten de examinarse, aunque no sean notoriamente usurarios.
Reconozcan si algunas personas se dejan y permanecen en la excomunión por omisión, culpa o desprecio, y a los insordescentes háganles causa; y de los que no pudieren cumplir lo que se les manda por nuestro jueces darán cuenta a cada uno respective, informándose antes de la imposibilidad, o de di dándoles algunos términos podrán mejor cumplir, en parte o todo, sobre que les encargamos la conciencia.
Infórmense también si hay algunos enemistados, o casados, que viven separados por autoridad propia: soliciten la unión, y no pudiendo conseguirla, den cuenta a nuestro juez de la iglesia. Si hay algunos que no hubieren cumplido con la iglesia, procúrenlos atraer con suavidad y amor. Si dan muestras de querer disponerse, absuélvanlos de las censuras, y si fueren contumaces, préndanlos, para que conozcan su mal estado y soliciten salir de él; entre estos tengan especial cuidado con los gitanos, vagamundos, mendigos (7), etc."

"Títulos y licencias de eclesiásticos: Pidan los títulos de orden y licencias de celebrar, confesar y predicar, y cartas de curas; vean si han celebrado o confesado sin licencia o después de su cumplimiento, o excediendo los límites de la confesión, y si el vicario o cura más antiguo lo ha tolerado, debiendo tener copia de las licencias, y por ellas saber si están o no cumplidas.
Reconózcan si los títulos son legítimos, si están canónicamente ordenados según el santo concilio de trento y bula de inocencio XII y si hallaren algún dolo o fraude, hagan sumaria, o nos darán cuenta, para que demos providencia según fuere el caso.
Si se hallare algún religioso con hábito eclesiástico regular y que celebra sin nuestra licencia, o que confiesa y predica en virtud de las licencias que obtuvo cuando vivía en religión, mandarán al religioso que no celebre ni use de las demás licencias, y a los vicarios, curas y sacristanes que no se les dé recado ni le admitan el ejercicio de sus órdenes hasta tanto que se presente ante nos o ante nuestro provisor, aunque haya probado nulidad de profesión o haya salido por otra legítima causa; y lo mismo harán con algunos que hacen tránsito a religiones de que se duda, si en ellas viget regularis observantia o si lo han hecho con las licencias y requisitos legítimos.
Reconozcan la suficiencia de los vicarios, curas, presbíteros y demás eclesiásticos, y si fuere necesario examínenlos en latinidad, moral y ceremonias de la misa cantada y rezada, y a los que hallaren no estar capaces manden que no usen de sus licencias, pero no las prorroguen ni den de nuevo porque esto lo tenemos reservado a nos, precediendo aprobación de nuestra junta de examinadores. Mas si hallaren algún eclesiástico impedido de venir a esta ciudad por enfermedad o ancianidad, nos darán aviso para que con el informe de sus achaques demos comisión para el examen si nos pareciere justo el motivo.
Visiten los títulos de vicario, notario y ministros, y pidan los de los notarios particulares, y si estos fueren limitados y cumplido el término los usaren, les harán causa; y no concedan ninguno de nuevo, pero nos informarán de la necesidad que hubiere y de las personas idóneas que podrán ejercer debidamente este oficio.
Visiten los títulos de los beneficiados, servidores, sacristanes, organistas y demás ministros de la iglesia, maestros de gramática y de escuela, santeros o hermitaños, etc, y no siendo legítimos, suspéndanles de sus ocupaciones, y nos darán cuenta.
No concedan título nuevo de sepultura ni refrenden los que se hubieren dado, ni asiento, ni tribunas ni otra preeminencia o particular derecho en las iglesias, antes bien, si hallaren haberse introducido algun abuso o usurpación en esto, lo mandarán quitar, o nos darán aviso si hubiere dificultad en el remedio."

"Visita y cuentas de fábricas, capellanías, patronatos y memorias: Antes de formar la cuenta de la fábrica reconózcase la antecedente por si hubiere habido algún yerro de suma o pluma, o se hubiere hecho algún cargo, o abonado descargo notoriamente injusto.
Cítense los curas y beneficiados para que se hallen presentes a las cuentas, y acabadas, no se aprueben sin leérselas de verbo ad verbum, y oírles los reparos que se les ofrecieren. Aplíquense los visitadores y contadores con mucho desvelo para que las cuentas de fábrica (y lo mismo de las demás cosas) se ajusten con la brevedad posible, sin multiplicar razones ni empapelar, en que se suele confundir más que expresar lo necesario.
Las partidas de cargo que notoriamente son fallidas no se pongan, pues se multiplican sin fruto y se vuelven a repetir en el descargo y se hace lo mismo en las cuentas siguientes; pero para memoria de los números, por si en algún tiempo volvieren a mejorarse, se podrá poner en un renglón "tal número no se pone por estar fallido", y sacar la partida en blanco.
Sepan con individualidad los principales de censos que están depositados por haberse redimido, y hagan que en ejecución de la comisión que para la redención o imposición hubiere habido, se imponga. Y porque muchos no se imponen por respeto a los depositarios, constando que el depósito ha más de seis meses que está hecho, remuévanlo y pónganlo en el arca de depósitos si la hubiere, y no habiéndola, en persona llana y abonada, y no omita cargar las prorratas de los réditos caídos, antes y después de la redención.
Si en el cargo dieren por infructuosas algunas fincas, o alegaren haber tenido menos valor en todo el tiempo o parte del de la cuenta, no pasen a omitir o minorar el cargo sin conocimiento particular.
Si el mayordomo hubiere vendido granos de la fábrica sin licencia de nuestro provisor, cárguenlos al precio más subido que se pudiere lograr, y si aunque haya habido licencia se hubieren hecho algunas suposiciones, como suele suceder, se le hará causa, y el cargo a los  precios referidos.
Infórmense si hubiere alguna manda o legado hecho a la fábrica, y hagasele cargo de ella al mayordomo si desde luego la hubiere percibido o entrado en la posesión de sus frutos. Y si fuere el legado para después de la vida o vidas de algunas personas o a falta de sucesión téngase razón particular en los libros de fábrica, como ya se ha mandado.
En la data y descargo del mayordomo procedan nuestros visitadores con la advertencia de no permitir a los contadores que pasen a abonar partida alguna sin expreso orden suyo por decreto rubricado, conteniendolos a que no se tomen más mano que la que por su ejercicio les compete.
En los gastos de cera, aceite, vino y otras cosas que están tasadas por visitas antecedentes, no solamente no abonen el exceso, si lo dieren, sino que antes de admitir en data dichos gastos, se informen de los curas, beneficiados y sacristanes si los mayordomos han correspondido como debían o han escaseado por codicia los géneros de dichos gastos en detrimento del culto divino.
Ténganse separados y divididos los caudales propios de las fábricas y los de las capellanías y patronatos que ellas administran, para que se sepa cual es el caudal fijo que cada fábrica tiene, y según él, se moderen sus gastos y no haya descuentos de fábricas, patronatos y capellanías, ni al contrario; porque esto es en grave perjuicio de las rentas de las fábricas.
No se abonen a los mayordomos gastos de obras que excedan de 200 reales sin licencia de nuestro provisor o mandato del visitador general antecedente; y aunque hayan gastado con licencia, no se abonen las partidas sin mucha justificación y sin que primero reconozcan los visitadores por sus personas las obras que se han hecho de nuevo o lo que se ha mejorado o aderezado, para entender si corresponden al gasto que se supone haber hecho; o si ha habido algún engaño en perjuicio de la fábrica o porqué las obras no se han hecho como debían hacerse para su duración, o porque los materiales no corresponden a los precios, o cosa semejante.
Fenecidas las cuentas harán que las consienta y firme el mayordomo, y no se ha de volver a elegir si no es conociendo que se sigue utilidad grande a la fábrica (8), proponiéndole los curas y beneficiados por escrito y firmada su proposición al pié de la cuenta y habiéndonos antes consultado sobre ello si hubiere tiempo; y en caso de reelección ha de dar fianzas de nuevo, haciéndoles a éstas saber el alcance antecedente; y si no se continuare el mayordomo mismo, no se admita el que hubiere sido su fiador, o pariente dentro del segundo grado, sin especial licencia nuestra in scriptis.
Han de procurar que los alcances de los mayordomos, siendo de alguna consideración, se despositen antes de salir de los lugares en parte segura de la iglesia, dejando alguna porción competente al mayordomo siguiente para los gastos corrientes, para mientras entra a percibir rentas de la fábrica, conque poder hacerlos; y no pudiendo conseguirlo, dejarán comisión a los vicarios y curas para proceder por vía ejecutiva contra los mayordomos y sus fiadores hasta que efectivamente de positen los alcances.
Suponemos que los mayordomos de fábrica, aunque sean legos, están sujetos por la administración a nuestra jurisdicción ordinaria; con todo eso a mayor abundamiento, para quitar cualquier pleito, cuando los elijan harán que ellos y sus fiadores por cláusula expresa se sujeten con todo lo perteneciente a la administración y cobranza de sus alcances a nuestra jurisdicción, y a no declinarla en manera alguna.
No se aumenten salarios a los mayordomos, ni se les den ayudas de costa por pretexto alguno, y aunque parezca causa legítima, sin expresa licencia nuestra por escrito, sobre que les encargamos la conciencia a los visitadores, con obligación de restitución a las dichas fábricas.
Y mandamos a nuestros visitadores y notarios contadores, pena de privación de oficios, no saquen los libros de los lugares donde se hace la visita, sino que allí se concluyan y acaben las cuentas; y entréguenlos a la persona a cuyo cargo están, tomando recibo de ellos; permitimos empero que las cuentas de las fábricas de algunas aldeas de corta vecindad puedan tomarse en la cabeza de partido, como ya se ha dicho.
Siempre que se nombra de nuevo, o se continúa el mayordomo, se ha de hacer la proposición con los curas y beneficiados, como queda ya expresado, otorgando escritura ante escribano con bastantes fianzas según la cantidad de la administración, así de la fábrica como de sus agregados; y anotando el escribano el día, mes y año en el libro de fábrica, y remitiéndonos testimonio a la secretaría de cámara; y de ningún modo se entrometan a solicitar con los beneficiados o curas que propongan a este o aquel sujeto, ni aún les signifiquen el que será de su gusto o aprobación, sino que les dejen hacer libremente su proposición; pero si los visitadores reconocen no ser a propósito, nos representarán las razones que tuvieren, para dar la providencia que juzgaremos conveniente.
Sepan finalmente el estado de las fincas y posesiones de la fábrica (lo mismo de las obras pías) si están bien reparadas, arrendadas o afianzadas; si se sacan a pregón público para hacer los arrendamientos (y lo mismo de las posesiones de patronatos, capellanías y obras pías) porque de lo contrario pueden seguirse muchos fraudes; si hay algunos que impiden que esto se haga con toda libertad; y si es menester, que reconozcan de nuevo algunos de los que pagan tributos. Vean por los apeos e inventario si falta algo: si se ha apuntado lo que se hubiere hecho de nuevo: y si las alhajas de plata no estuvieren por peso, pésense, y entéguese de todo el mayordomo nuevo; y reconozcan también si los vicarios y mayordomos cumplen con lo que en los títulos de la sínodo, que hablan de sus oficios, se les manda cerca de esto."

"Capellanías. Ajústense estas cuentas con la misma brevedad y claridad posible, haciendo el encargo como se ha expresado, y la data por libramientos, misas apuntadas y demás descargos legítimos que hubiere; y para obviar fraudes no se abonen notas de bajas puestas al margen de los alcances antecedentes, aunque sean en virtud de libramientos, si no es que estas notas se hallen rubricadas de los visitadores. Los gastos que se hubieren hecho en utilidad de las fincas con legítima justificación, bájense del cúmulo de las rentas, y la que restare, aplíquese a misas y superavit, le sobrare renta al capellán, los gastos no han de disminuir el número de las misas, si otra cosa no se hubiere dispuesto por el fundador: para lo cual, y para hacer que los capellanes (en cuanto se pueda) observen y cumplan todas las calidades y condiciones, han de solicitar reconocer todas las escrituras de fundaciones que se hallaren, o la razón que hubiere en los protocolos de las iglesias.
En el testimonio de alcances que se remite a la colecturía general, se ha de expresar las que se hubieren ajustado en rebeldía, y ha de reverse todo por los visitadores, y venir con nota y rúbrica suya, para que el colector general se satisfaga de que viene legítimamente hecho y sin faltar nada.
Si los capellanes de misas de alba o de postre no hubieren cumplido con esta obligación, los multarán a su arbitrio, y a ninguno pasarán en cuenta las misas que hubieren dicho en otra forma que como por el fundador se dispone.
En algunos lugares se ha hallado que padecían muchos pobres la ignorancia de que las redenciones se hacen validamente con entregar el capital al capellán sin otra autoridad ni intervención para seguridad del depósito: vayan con ese aviso y adviertan lo que se debe hacer, donde hubiere necesidad: y lo mismo hagan en otras dotaciones de obras pías, pues tampoco se cumple con entregarlos a los patrones o administradores.
Reconozcan los títulos de capellanías y vean si son legítimos o supuestos, y pidan a los administradores fé de vida de los poseedores; y no exhibiéndola o constándoles por otra vía, embárguense los frutos y nómbrese administrador y depositario abonado, generalmente de todas las capellanías y obras pías cuyos poseedores no se conocen, dándose por el contador memoria de todas las fincas e inquilinos, para que en la cuenta siguiente se pida razón de lo que sobre esto se hubiere obrado: y obsérvese esto con toda rectitud. Y en el testimonio del alcance póngase el nombre del administrador, y no habiéndolo, el de los inquilinos, y lo mismo se observe en las capellanías vacantes, sacando memoria de ellas para remitirla a nuestro provisor.
Infórmese si hay alguna persona que tenga usurpados bienes o rentas de alguna capellanía, memoria u obra pía con pretexto de patronato o adminstración o título de capellán, y hallando alguna cosa de estas, hagan sumaria y manden comparecer a los reos ante nuestros jueces.
Sepan también qué capellanías están adjudicadas, y con qué termino, y de las que hallaren estar cumplido, envíen copia a nuestro provisor, mandando a los que las tienen que dentro de un breve término parezcan ante nos para ordenarse y colarse las capellanías, con apercibimiento que, pasado, se darán por vacantes; y remitirán a nuestro provisor todos los autos y notificaciones que sobre ello hicieren.
Infórmense con mucho cuidado del estado de las fincas de las capellanías, y si necesitan de repararse, hagan que los capellanes lo cumplan, aunque sea secuestrando los frutos y poniéndolos en administración. Y si conviniere que algunas posesiones se arrienden de por vida o se den a tributo, mandarán que el capellán comparezca ante nuestro provisor con informe que le darán del estado de los bienes, y de las razones que tienen para juzgarlo por conveniente.
No se saquen alcances de misas de capellanías, memorias, patronatos y demás obras pías cuyos bienes se han perdido y no se les conoce posesión ni tributo alguno, ni menos se remitan a la colecturía general con el testimonio, pues sólo sirve de más confusión."

"Colecturías particulares: Ajusten las cuentas de colecturías por las cláusulas de los testamentos, depósitos, etc., y vean si hay encuentos de misas, cotejando las que cada sacerdote ha apuntado en los libros de testamentos, depósitos y cuadrante: y si hallaren que alguno ha apuntado más de una en un día, háganle causa y remítanla.
Remitan a la colecturía general testimonio de todos los alcances de misas que faltaren por decir, y sólo dejen en las colecturías las que puedan decirse en un mes por los sacerdotes de aquellas iglesia cuyas son; y esto sea en dinero efectivo. Y en ningún modo dejen alcances de capellanías aunque los colectores lo pidan.
Hagan que los mayordomos de cofradías o administradores de obras pías depositen en las colecturías las misas corrientes que deben hacer decir, no teniendo designación particular por su instituto o fundación; y que en caso de haber bastante número en dichas colecturías, con certificación de los colectores acudan a nuestra colecturía general por libramientos para los conventos del lugar o circunvecinos, con apercibimiento que en la visita siguiente no se abonarán las que se hubieren dicho en otra forma.
Pongan gran cuidado en la elección de colectores y que dén buenas fianzas: y tampoco haya reelecciones sin nuestra licencia, habiendo tiempo para consultanos. Examinen si se aprovechan de los depósitos, retardando las misas, o se conciertan con los conventos, dándoles frutos en pago de libramientos, etc.
Mandamos a nuestros visitadores, pena de privación de oficio, no dejen misas de sus alcances a los clérigos particulares, ni se entrometan en librarlos, remitirlos o concertarlos: ni tomen para sí más misas que las que celebraren en los días que visitaren cada parroquia: y si dijeren de las alcanzadas, pónganlas, con expresión en el testimonio de alcances."

"Memorias particulares, y patronatos: Visiten las memorias particulares, pidiendo los libros al colector, y en ningún modo lo omitan, sobre que les encargamos la conciencia. Si hallaren algunos alcances, podrán complirlas por sí (arreglándose a la fundación, que deberán reconocer) los días que se detuvieren en la visita de cada lugar, expresándolo en el testimonio, como queda prevenido en el párrafo antecedente; pero no sacarlas, aunque vayan a lugar donde no esperan hallar misas, ni aun decir de las corrientes, aunque lo permitan los interesados, pena de privación de oficio; y tengan muy especial cuidado de cumplirlo así, porque les conviene mucho para su buen nombre e independencia.
Donde no hubiere tablas de memorias hagánlas hacer, y que estén puestas en lugares públicos, y no permitan que los beneficiados o servidores dividan por hijuelas el  cumplimiento de las memorias ni la administración de los números de los tributos y posesiones, antes si hallaren haberse hecho división, vuelvan a unirlo todo; e informense del estado de las fincas y den las providencias convenientes para que no se deterioren y se repare lo que necesitare de remedio.
Visiten los patronatos que están fundados para efectos píos y ajusten las cuentas, reconociendo primero las fundaciones, y viendo cómo se cumple con lo dispuesto por ellas, y no abonen más de lo que corresponde a cada cosa de las donadas por el fundador, y al tiempo que se tomen cuentas, pues sabemos que muchos administradores por fines particulares adelantan unas y dejan atrasadas otras; y donde hallaren algo de esto, dejen providencia para que en adelante se eviten; hagan especial inquisición si los patrones o administradores pagan enteramente las dotes en moneda de contado y sin retardación, informándose de los interesados y otras personas de conciencia si toman las cartas de pago por entero, quedándose con alguna porción, precisando a las partes a que se den por satisfechas por no perderlo todo, o cobrar algo para satisfacer sus necesidades.
También somos informados que hay algunos patronatos con especiales dotaciones para limosna en dinero para pobres del lugar o parroquia, y que la cuenta del cumplimiento de ellas se toma por sola la declaración de los administradores: donde no haya ya mandato, pónganlo de que se repartan estas limosnas con intervención de los vicarios, y que se tome primero informe de los curas para graduar las necesidades; y que cuando ocurren algunas especiales por noticia que dan los curas, se socorran de estas dotaciones con la misma intervención, y que conste todo por escrito.
Pongan especial cuidado en el nombramiento de administradores para ello, y procedan a la cobranza de los alcances de los antecedentes, que tampoco han de ser reelegidos sin grande utilidad y beneplácito nuestro, y cuando no puedan conseguirlo antes de salir de los lugares de la visita, dejen comisión para que se cobren con toda brevedad y se distribuyan en los fines a que están destinados por los fundadores, y que nos den cuenta los vicarios o curas de haberse así cumplido dentro del término, que dejarán señalado según su prudente arbitrio."

"Baja de censos, o tributos: Por la pragmática de su majestad (Dios le guarde) de 13 de febrero de este año de 1705 y publicada en esta ciudad en 26 de dicho, es preciso haya novedad en el ajuste de cuentas de capellanías, memorias y patronatos que tuvieren por fin algunos censos redimibles, pues se han minorado sus rentas de cinco a tres por ciento; y para que los contadores procedan en ellas con la advertencia que se debe, ordenamos que en cuanto a las capellanías cuya renta es redimible y dispone el fundador, se convierta toda en misas a razón de seis y ocho reales. v. gr. sin señalar número determinado, sino que por la visita se le asignó el de cien misas, que cabían a dicho seis u ocho reales, estas se deben reducir a las que cupieren a dicho respecto según la renta que le quedare líquida; pero si las fundaciones ponen número determinado como de cien misas a seis reales, estas cabiendo en la renta a razón de a cuatro reales, que es la tasación de este arzobispado, se han de cumplir enteramente, no obstante el que haya tenido quiebra su renta, si no es que prevenga el fundador el que si se minora la dicha renta, se minore también el dicho número de misas.
En las memorias de misas cantadas cuyos principales fueren redimibles, por cuya razón se minoró su renta; y estas el fundador dispuso se le cumpliesen con ministros, órgano o mayor solemnidad, a que hoy no alcanzare la renta, no se ha de minorar el número de misas, como quepan enteramente y se puedan cumplir llanas, sino minorarlas en cuanto a la solemnidad, pues esto mira más a la voluntad de dicho fundador.
En los patronatos que por dicha reducción de tributos viniere a menos su renta, y esta dispone el fundador se convierta en una capellanía de cincuenta ducados v. g. en cada un año, y que se reparta entre pobres cien reales, y otras donaciones a este modo, si por la fundación no les da prelación a alguna de ellas, deben gozar todas prorrrata de la  quiebra, pero si alguna de ellas fuere preferida en la fundación, declarando el fundador que se le cumpla en primer lugar, esta se ha de cumplir enteramente, como el dicho fundador no le haya asignado fincas especiales a cada legado, que en tal caso cada uno tendrá la quiebra que le correspondiere al tributo que le asignó.
Y finalmente, para el mayor acierto, atenderán los visitadores a las cláusulas de las fundaciones, e instrucciones, y según ellas y las advertencias expresadas y estilo de este arzobispado, que es la más segura interpretación de las cláusulas dudosas, darán a los contadores la orden más justificada, y si todavía tuviere alguna dificultas en algún caso particular, nos le consultarán para que demos providencia."




(1) 3.000 maravedíes, a 1500 cada año (1591-92), gastó la fábrica de la iglesia de Santiago en salarios de una mujer por lavar la ropa de dicha iglesia.

(2) En Los esclavos, 43 nos referimos a los problemas que se ocasionaban en estas áreas apartadas del tránsito como eran los cementerios: "...  no era raro casi tropezarse con las parejas que, entre las tumbas tumbados, se refocilaban practicando sexo comercial, y tampoco lo era despertarse a altas horas de la noche por culpa de los altercados y peleas que conllevaba —y conlleva, por desgracia— semejante actividad." No así ocurría, obviamente, en el interior del templo donde se abrían las sepulturas de la gente acomodada; en 1593 se pagaron al albañil Juan Ramírez 7 reales por solar las sepulturas de la iglesia.

(3) A los excomulgados se les sometía a un férreo aislamiento social, publicando sus nombres desde el púlpito en algunos días festivos "para más confusión de ellos" y para que los demás vecinos "no los comuniquen pensando que ya están absueltos".

(4) Elemento de fricción el pretender controlar también a los alcaldes mayores, corregidores y ministros de justicia, cargos dependientes del Señor de la Villa. A lo largo de esta historia vimos varios escándalos fenomenales por este motivo.

(5) Idóneas suministradoras de informes sobre quienes practicaban sexo extramatrimonial debieron ser las parteras.

(6) Ya se contemplaba a principios de siglo XVIII como algo inadmisible lo que ha llegado hasta nuestros días en Castilleja: la célebre Vuelta de Resurrección.

(7) Figuras que por lo general escapaban a cualquier control social. La inclusión de los gitanos denota el fortísimo componente racista del sistema.

(8) Este apartado no se observaba tampoco, al menos en el caso del bachiller Francisco Gallego Becerra, quien se las ingenió para ser reelegido una y otra vez mayordomo de la fábrica de la iglesia de Santiago a pesar de haber sido alcanzado varios años con importantes sumas de maravedíes.



domingo, 10 de junio de 2018

Notas varias, 2x.


                               Manuel Arias y Porres, arzobispo de Sevilla (1702-1717)


Por continuar con la materia de la entrada anterior, merece echemos una ojeada a  las instrucciones que a sus Visitadores encomendó el arzobispo sevillano Manuel Arias y Porres, con fecha de 1705, de entre las cuales instrucciones se pueden entresacar algunas que reflejan las situaciones que se daban en parroquias de igual categoría que la castillejana, desde muchos años antes de su promulgación hasta nuestros días. Por ejemplo:

"Lleven edictos de pecados públicos y léanse en todos los lugares aunque sean pequeños, convocando para ello al pueblo con las campanas (1), y después fíjese uno en la puerta de cada iglesia; y visiten a todas por pequeñas que sean, aunque no tengan sagrario ni pila bautismal, e informen del modo de proceder del cura, sacristán, capellán y vecinos, aunque las cuentas puedan tomarlas en otro lugar vecino que les sea más cómodo (2)."

"Leído y publicado el Edicto de Pecados harán una breve plática para dar a entender al pueblo el fin de la visita y la obligación de denunciar a los comprendidos en el Edicto, y exhortarán también a que le ayuden con noticias para conseguir más copioso fruto de la visita, advirtiendo que en las culpas secretas procederán como padres, procurando sólo la enmienda y no el castigo, y que llevan facultad para absolver de casos reservados al arzobispo en el fuero de la conciencia."

"Después de hecha la Procesión de Difuntos visitarán los sagrarios como ordena el Pontifical Romano; se informarán de si se renueva de 8 a 8 días lo más tarde; y si se hace con la solemnidad que prescriben los Ceremoniales; no dejen dentro del tabernáculo vaso alguno vacío ni otro que contenga otra cosa que la sagrada Eucaristía, aunque sea el Santo Óleo; hagan que la cajita pectoral esté siempre prevenida con una o dos formas por lo menos, para llevar a Nuestro Señor de secreto en cualquier caso repentino; examinen si los curas fían las llaves de los sagrarios a los sacristanes o monacillos, o si los semaneros dejan de llevarlas al cuello como loablemente se practica en varios lugares de la diócesis; si se manifiesta el Santísimo con decencia; y si se llevan a los enfermos con el aparato posible; si se abusa del permiso de llevarlo en secreto; si arden las lámparas de día y de noche, o si hay en esto algún descuido (3)."

"Visiten después la pila bautismal; si está con el aseo, adorno y custodia que está mandado; si se renueva el agua (además de las Bendiciones que se hacen en el Sábado Santo y Vigilia de Pentecostés) cuando se experimenta que se corrompe; y si se usa de la concha y sumidero que está hecho en las pilas para celebrar los bautismos según el ritual; si hay piscina en debida forma, etc."

"Visiten luego el Santo Crisma y Santos Óleos y sus vasos, y vean si se llevan de esta ciudad [Sevilla] o de la cabeza de partido con la decencia y custodia, y al mismo tiempo que mandan las Constituciones de este Arzobispado, en que somos informados que hay mucha omisión, y multarán a los negligentes, dándonos cuenta después.
Visiten también los Libros corrientes de bautismos y confirmaciones, matrimonios y velaciones, y reconozcan si están en buena forma los capítulos que a cada libro tocan, con inserción de los despachos de nuestros Jueces para los casos en que son necesarios; vean los que faltan por velarse y apremien a que reciban las bendiciones nupciales  como son obligados; si hay negligencia o dilación en asentar las partidas, haciendo algunas pruebas para comprobarlo; y si en las taquillas hubiere alguna humedad darán providencia para que se repare el daño o se muden a otro sitio (4). Reconozcan también el sitio donde se guardan los demás libros antecedentes, y prohíban con severas penas (donde hubiere necesidad) que se saquen de la iglesia sin licencia nuestra o de nuestro Provisor, dada por escrito, o que se dejen ver y registrar de personas eclesiásticas o seculares, mandando que los curas por sí mismos saquen las certificaciones que se les pidiere, o al menos se saquen en su presencia por persona de confianza."



(1). Convocatorias de obligada asistencia, toda vez que faltar a ellas podía conllevar multas pecuniarias y, por reiteración, incluso pena de encarcelamiento. Héme aquí a toda Castilleja, hasta los últimos labriegos y pastores de sus zonas más alejadas, pendientes del toque de campanas.

(2) Todo el mundo era potencial confidente, y para evitar susceptibilidades, acusaciones y venganzas el arzobispo recomienda a sus delegados asentar por escrito los informes de los chivatos en otro lugar, "donde sea más cómodo".

(3) En 2 de noviembre de 1591, estando en esta Villa de Castilleja de la Cuesta Alonso de Cerezedo, religioso profeso de la Orden y Hábito de Santiago de Mérida, con comisión de Su Señoría don Rodrigo de Lorenzana, Prior de la Provincia de León con mas las villas y lugares a ella comprendidos, del Consejo del Rey, por virtud de la comisión que para ello mostró, firmada de su mano y de Simón de Salazar, notario, su fecha en Mérida a 6 de octubre del presente año, de que el escribano iusoscripto da fé que vio la dicha comisión, que por su prolijidad no va aquí incorporada, después de haber visitado el Santísimo Sacramento de la iglesia mayor del Señor Santiago y la pila de bautismo, mandó parecer ante sí a Francisco Miguel, mayordomo de la dicha fábrica, para le tomar las cuentas [...]. Y luego dijo el Señor Visitador que de la visita que hizo a la iglesia parroquial de Santiago parece que dentro del Sagrario donde está el Santísimo Sacramento está la crisma y óleo yn fermorum, a causa de cuando lo sacan para los bautismos y enfermos se abre el Sagrario no con la decencia que conviene; mandó que en la capilla donde está la pila de bautismo el mayordomo de la dicha fábrica haga, dentro de 30 días, en la parte y lugar que dentro de la dicha capilla convenga, haga una alacena en la pared con sus puertas con dos llaves, encalándola y solándola, y hecho, se ponga en ella los vasos donde está la crisma y óleo, teniendo cuenta y razón de los maravedíes que gasta.
Otro-sí, de la Visita parece que el Sagrario no tiene en las puertas mas que una llave y se podría fehacientemente perder, y necesariamente se habría de descerrajar para sacar el Santísimo Sacramento para algún enfermo, y podría en esto haber peligro algún enfermo en la tardanza; mandó que el mayordomo haga, en 8 días, otra llave, a costa de la dicha fábrica.
Otro-sí, de la dicha Visita parece que la dicha iglesia tiene una Custodia de plata donde se pone el Santísimo Sacramento, la cual está quebrada la vidriera y el tornillo de la copa; mandó que el mayordomo, dentro de 2 meses, adobe la dicha Custodia a costa de la fábrica, la cual esté dentro del Sagrario o en otra parte a buen recaudo.
Otro-sí, parece que en la dicha iglesia tienen necesidad de manteles para los altares, porque los que tiene son viejos y no hay más de para cada altar unos manteles; mandó que dicho mayordomo haga una tabla de manteles para el altar mayor, a costa de la fábrica, dentro de los dichos 2 meses.
Otro-sí, parece que la dicha iglesia tiene una casulla cortada, de damasco azul, la cual está por hacer, la cual dio doña Juana Alemán, y ha muchos años que dicen está cortada y por hacer; mandó que dicho mayordomo la mande hacer, a costa de la fábrica, lo más breve que pudiere.
Otro-sí, parece que el mayordomo de dicha fábrica da cada año 2 @ de aceite para encender la lámpara del Santísimo, a cuya causa la dicha lámpara está todo lo más del día apagada, de lo cual viene a causar que el Santísimo está sin lumbre; mandó que de aquí en adelante el mayordomo que fuere de la dicha fábrica de y pague al sacristán que fuere 6 @ de aceite, al cual mandó que tenga la dicha lámpara encendida de día y de noche, porque con ellas y otras 10 @ que da la Cofradía de Santiago para encender su lámpara hay aceite bastante para encender ambas dos lámparas de día y de noche, y mandó que los maravedíes que gastare se reciban en cuenta.
Otro-sí, parece y consta que los curas que han sido de la dicha iglesia, en el libro de la Colecturía no asientan y escriben por buen orden los testamentos, y no tienen todos los que han fallecido ... por decir que los asienta cuando los comienza a cumplir y comienzan a pagar la limosna de ellos, por cuya causa no se puede ver por el dicho libro las misas que cada uno manda por su testamento, y si se han cumplido; mandaba y mandó al bachiller Francisco Gallego Becerra, cura de la dicha iglesia, pena de descomunión (sic), que dentro de 15 días asiente en el dicho libro de Colecturía todos los que han fallecido en su tiempo, poniendo las misas que cada uno dejó, e inquiera y sepa qué testamentos están por cumplir antes que fuese cura, de sus antecesores, y los asiente en el dicho libro de Colecturía para que se cumplan los testamentos, y de las misas que encomendaren decir algunos clérigos tome sus cartas de pago, so pena que no se le pasarán en cuenta.
En Castilleja en 2 de noviembre de 1591 el escribano del Concejo Hernando de las Cuevas notificó los mandatos del señor Visitador Cerezedo al bachiller Francisco Gallego Becerra en su persona. Testigos, Hernando de las Cuevas el mozo, vecino de esta Villa, y Francisco Díaz, vecino de Villanueva del Ariscal, estante en esta dicha Villa.
Pagó el mayordomo Francisco Miguel al Señor Visitador 8 reales, y 6 reales al dicho escribano Hernando de las Cuevas por un día de ocupación.


                     Firma del Visitador Alonso de Cerezedo en Castilleja, noviembre de 1591

 Alonso de Cerezedo Alvear era hijo de Juan de Cerezedo, maestro mayor de la catedral de Oviedo y señor de la casa de Cerecedo del Calçe, y de su mujer Catalina Fernández de Alvear, y hermano de María de Cerezedo Alvear, mujer del maestro de cantería Pedro Gutiérrez de Alvear. En agosto de 1605 nuestro Visitador compró por 550 ducados a su dicha hermana, ya viuda, la casa, declarando en la escritura de compraventa descender de dicha casa "con su solar de cien carros", la cual "linda con el camino real y el río y con montes de la casa de Alvear y de Cerrilla". Esta operación la realizó en su nombre su sobrino, hijo de su hermana María, Diego de Alvear, que también era religioso de la Orden de Santiago y canónigo de San Marcos de León. El Visitador murió en 1607. De su padre Juan el cantero se nos dice en "España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia. Asturias y León. Don José María Quadrado. Barcelona, 1885":
"Falta a tan pintorescos contornos [de la ciudad de Oviedo] un río que los vivifique, pues el Nora que es el más cercano corre a media legua de distancia: pero a las fuentes públicas trae copiosas y frescas aguas desde la falda de Naranco un magnífico acueducto, que arrancando junto a la pequeña iglesia de San Pedro, atraviesa el valle para llegar a la población sobre cuarenta arcos de sillería, obra ensayada en 1564 con menos éxito que otras por el nombrado Juan de Cerecedo, y reedificada a fines del mismo siglo con más solidez y grandiosidad por Gonzalo de la Barcena. (En 1582 se declaró inútil por su poca elevación y solidez la obra de Juan de Cerecedo que sólo había costado por subasta 1.900 ducados, y sacada otra vez a remate, encargóse de ella dicho Bárcenas, fontanero mayor de Valladolid, por 8.100 ducados)".
Ver https://loscerecedo.files.wordpress.com/2010/09/el-viejo-hogar-i3.pdf y https://books.google.es/books?id=aOPjqXTeXAsC&pg=PA482&lpg=PA482&dq=fray+alonso+de+cerecedo&source=bl&ots=6IdGWEJkFx&sig=ZQ-8dmOzl6fFYJTjLglYSNXCW_M&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwi0_qjH2MjbAhUFNxQKHb1sCGAQ6AEIQDAI#v=onepage&q=fray%20alonso%20de%20cerecedo&f=false

(4) Al respecto y a caballo entre los siglos XX y XXI el archivo parroquial de Castilleja se encontraba en un estado desastroso de abandono y descuido; en un mísero armario empotrado en el húmedo muro de la sacristía se amontonaban con los libros de bautismos, defunciones y casamientos que se habían salvado de "anónimos coleccionistas", —de algunos de los cuales, antiguos del siglo XV, sólo restaban puñados de folios sueltos. rotos y mezclados—, viejas herramientas, vestiduras eclesiásticas desechadas, cuadernos de censos y padrones en completo desorden, cachivaches de toda índole que nadie se había preocupado de clasificar, y un sin fin de objetos heterogéneos, todo ello rebozado de mugre, polvo y hongos. A saber si los de las orgías (ver la entrada anterior) habían usado los manuscritos como papel higiénico.

martes, 17 de abril de 2018

Notas varias, 2v.


Por mediación de las visitas anuales efectuadas por las máximas autoridades religiosas de la provincia para supervisar el estado y buen gobierno de la parroquia del Señor Santiago hemos conocido más a fondo la actividad de Juan de Saucedo en el día a día como albañil* mantenedor de la iglesia de dicha advocación. Habida cuenta de los perjuicios que a los bienes eclesiásticos localizados en el pueblo podían ocasionar las "conductas desviadas" de algunos de sus habitantes, incluidos párrocos, mayordomos o sacristanes, estas visitas eran extremadamente rigurosas, y sus ministros pasábanse varios días alojados en la Villa a expensas del Concejo, junto con sus notarios y otros acompañantes delegados del Arzobispo, tomando nota por escrupuloso escrito de los más nimios detalles. El temor a las pérdidas materiales de patrimonio que el afán de lucro de ciertos castillejanos suscitaba en las altas instancias sevillanas hacía que se controlase exaustivamente incluso a estos visitadores, exigiéndoseles exacto complimiento de sus policiales cometidos por medio de un sistema perfectamente reglado.
Estos bienes materiales a que nos referimos —desde el primer ladrillo de los cimientos de la iglesia hasta la veleta de su torre, además de todo lo anejo a ella como son ermitas, oratorios, etc.— entraban de alguna manera en la categoría de sacros**, aunque como exige la liturgia, con diferentes valores, valores que alcanzaban su mayor extensión a un nivel simbólico en el espacio reservado al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, que debía estar perennemente iluminado con una vela o lámpara de aceite, el precio de cuyo combustible era sometido a un singular escrutinio.
Lo primero que hacía el visitador al llegar a Castilleja era inspeccionar con todo detenimiento y ciscunspección la iglesia, prestando especial observancia a dicho Santísimo Sacramento, a los altares y a la pila bautismal. Acto seguido hacía comparecer al mayordomo de su fábrica, quien casi siempre era la misma persona que el cura beneficiado, y le tomaba minuciosa cuenta de los gastos que había efectuado desde la última visita y de los ingresos habidos por tributos, donaciones y herencias que los fieles habían otorgado en favor de dicha fábrica.
La bestia negra de los altos mandatarios que ejecutaban las visitas era la desacralización o profanación de aquellos espacios y de los objetos en ellos contenidos. Entendiendo el acto de profanar en sentido amplio, hemos de considerar tal el simple hurto de unas monedas del cepillo de limosnas, por ejemplo.

* Además de otras actividades que la revisión de otras fuentes nos va deparando. Por ejemplo, aquí lo encontramos dedicado a la tarea de armar a la milicia castillejense, faena que, a las órdenes del Concejo, le correspondía como Alguacil que de la Villa era:
Juan de Saucedo, vecino de esta Villa, y Pedro de Doyga (o sea, Pedro de Oyega, en su forma ya fijada posteriormente) su fiador, también vecino de Castilleja, pagarán al Concejo de esta dicha Villa 48 reales, los cuales son que por mandamiento de dicho Concejo cobró Saucedo siendo Alguacil; 30 de ellos de Alonso Sánchez por un arcabuz, 4,5 de Juan González por una pica, otros 4,5 de Francisco Núñez por otra pica, 4,5 de Hernando de Castro por otra, y 4,5 que él mismo, Saucedo, debía por otra, que todo monta los 48 reales, que ya están en poder de Saucedo y de su fiador, los cuales se obligan a devolverlos en 15 días. Otrosí se obligan a que si el repartimiento de los arcabuces y picas que el Concejo dió y entregó a los vecinos de esta Villa, de que se entregó copia y mandamiento a dicho Saucedo, pareciera haber cobrado algunos maravedíes de las dichas armas, los  pagará con sólo el juramento del mayordomo de dicho Concejo. Dado en el Señorío de Castilleja a 10 de diciembre de 1594, siendo testigos Hernando de las Cuevas el mozo y Francisco Márquez.     
Como vemos el Concejo no "daba" las armas a los vecinos según se afirma en esta carta de obligación, sino que cobraba por ellas: un arcabuz valía al vecino receptor 30 reales, y una pica 4,5.
Y este otro extracto de protocolo quizá explique la causa de que Juan de Saucedo fuese maestro albañil en el mantenimiento de la iglesia de Santiago:
Juan de Saucedo, vecino de esta Villa y Prioste de la Cofradía del Señor Santiago y San Sebastián de esta dicha Villa, en nombre y voz de dicha Cofradía y con su poder, recibe de Luis Suárez, notario apostólico vecino de Sevilla en la collación de Omnium Sanctorum, presente, 2.822 maravedíes, de los cuales 2.130 son de principal y a cumplimiento de 4.000 maravedíes de tributo corrido que debía doña Francisca de Mendoza y Pedro de Cifontes (sic) su marido, por la donación que le hizo doña Leonor de Anasco (o Añasco) de una heredad de casas y viñas en esta Villa, de que donó los dichos 4.000 maravedíes de tributo al año a dicha Cofradía, y sucedió en dicha heredad Francisco de Figueroa y su hijo con el dicho cargo del dicho tributo ¿según? de la paga que se cumplió por fin de abril pasado de este presente año, y los 668 maravedíes restantes, de costas hechas en el pleito ejecutivo que siguió contra la dicha heredad por los dichos 4.000 maravedíes que debían de lo corrido, y ahora le paga los dichos 2.822 maravedíes de principal y costas el dicho Luis Sánchez como persona que tomó posesión y amparo de la dicha heredad por deuda que se le debía, y que recibe ahora ante el presente escribano Hernando de las Cuevas. Dado en esta Villa a 29 de junio de 1598, siendo testigos Juan de Castro y Hernando  de las Cuevas el mozo.



              Arcabuz y cabeza de pica, arma ésta de asta larga.

** Sacro, del latin sacer, que indicaba lo augusto, lo santo y venerado, pero también —y figuradamente— lo maldito, execrable, abominable, detestable, como en la interjección sacer esto (maldito sea), en auri sacer fames (maldita sed de oro), en sacer libellum (librejo detestable), o en sacrae panduntur portae (ábrense las puertas infernales).
El derivado sacerdote es un compuesto de sacer y el sufijo indoeuropeo *dhē-, "hacer", con el sentido original de poner, arreglar; raíz esta, dhē-, que con algún otro aditamento forma palabras como bodega, botica, biblioteca, hipoteca, potingue, tesis, anatema, taimado, condimento, esconder, escusado, faena, factible, hazaña, afeitar, afectivo, aprovechar, artefacto, certificar, cohecho, confite, fecha, frigorífico, hechizo, provecho, purificar, acera, faceta, fácil, faz, o nefasto entre muchas más.
Volviendo al referido sentido negativo de sacer, anotemos que produjo sacre (ave de rapiña) documentado en el castellano del año 1252, y también con el significado de ladrón en 1613 a través probablemente del árabe saqr (siglo X, acaso ya en el siglo VII; en árabe estandar moderno encontramos  سارق con ese sentido de ladrón).
Parece fuera de toda duda o discusión que el concepto de sacralidad hunde sus raíces en el de lo sobrenatural, siendo este último uno de los más definitorios de nuestra propia esencia como animales humanos capaces de elaborar abstracciones mentales a partir de las experiencias sensoriales. Lo sobrenatural no se presupone en nuestros hermanos los animales, ni aún entre los más evolucionados: para todos ellos es natural todo, desde la tempestad con el fragor de los rayos y los truenos hasta el hecho de ser devorado por otro ser viviente —dejando al margen la capacidad de sufrimiento, porque también para ellos sufrir o ser amado forma parte de ese universo natural en el cual están inmersos—; entonces, ¿cual es el origen del concepto de lo sobrenatural en nuestra especie?; esta pregunta es contestada por la antropología científica sobre la hipótesis de que lo sobrenatural, y por ende lo sacro, surgió en la mente de los primeros homínidos con base en experiencias involuntarias con alucinógenos componentes de los vegetales y frutas que consumían. A mí me parece una hipótesis sólida, muy plausible, sobre la que merece la pena dedicar trabajo experimental y de investigación, cosa que se viene haciendo desde tan temprano como el siglo XIX, habiéndose demostrado además por los registros arqueológicos que ya en la prehistoria de todas las civilizaciones las drogas estaban indisolublemente unidas a las experiencias místicas, y que eran usadas metódicamente por las primeras élites religiosas. Expertos hay que rastreando la Biblia, sin ir más lejos, encuentran rastros todavía de estos usos iniciáticos con sustancias estupefacientes.


Rondan la memoria del autor de esta historia mientras la escribe los coincidentes testimonios orales de cierto episodio, recogidos de varios ancianos sin vinculación unos con otros, lo que certifica que tales testimonios tienen visos de verdad y realidad. Contáronle los sobredichos viejos que en vísperas de una señaladísima festividad de Castilleja, varios "camareros" oficiales y ayudantes, —especie de clan o grupo de presión de una cofradía cuyo común denominador era la pública y declarada homosexualidad de sus miembros—, dedicábanse toda la noche anterior a aderezar la imagen de una virgen venerada en grado sumo por el común de la feligresía, con la finalidad de presentarla impecablemente ataviada para la procesión de la mañana siguiente. Aquella noche de marras, cerradas a cal y canto las puertas de la iglesia, lo que debía ser una delicada labor fervorosa de almas enaltecidas por semejante privilegio, degeneraba en una alborozada orgía de bailes por sevillanas, risas, juegos sexuales, bromas y frecuentes libaciones a chorro de las botellas del clásico aguardiente, bebida tempranera compaña de fiestas populares de toda índole. Recalcaban coincidentes los ancianos informantes un detalle que por sí solo describe a la perfección aquellas jornadas: uno de los "capillitas", consumado bailador, tras cepillar, peinar y abrillantar la peluca de la virgen, sedosa, lisa, espesa, larga y negra cabellera creo que de pelo natural donado por alguna de las fieles beatas, se la encasquetaba y entre baile y baile y trago y trago hacía las delicias de sus camaradas, arrancándoles risotadas que a buen seguro eran oidas por el vecindario, todo ello bajo la mirada de la calva virgen, acaso reprobatoria, o quizá condescendiente ante la desinhibición de sus hijos más íntimos y predilectos, que de esta forma se liberalizaban siquiera un día al año de la opresora estructura eclesial y castrante, cuyos componentes* en esta etapa álgida del franquismo se habían enseñoreado de todos los aspectos de la vida política, social y económica. Y...por otro lado, ¿como no ver en las clandestinas conductas de estos homosexuales alixeños reminiscencias de aquellas élites de las remotas religiones protohistóricas drogadas —ahora con alcohol—, o siglos después con las bacanales romanas, por ejemplo, en las cuales, "las demostraciones sexuales se canalizan mayormente no mediante grandes festivales de sexo sino encauzándolas en las diferentes festividades religiosas que se celebran en la ciudad a lo largo del año. En general, los cultos romanos ligados a la vida sexual están relacionados mayoritariamente con la reproducción y la fertilidad, aunque también interviene el placer. Se celebraban durante el mes de Abril, que es el mes de Venus." ( http://editorial-streicher.blogspot.com.es/2015/05/sobre-la-sexualidad-en-la-antigua-roma.html ).



* Salvo alguna honrosa excepción, como se echa de ver en estas noticias periodísticas que siguen, sobre el párroco Ignacio Gómez del Toro, coetáneo de otro "sacrílego profanador" llamado Antonio de los Reyes, que veremos después:

Un cura hombre.
Cuéntase, dice El Baluarte, que en Castilleja de la Cuesta, pueblecillo a corta distancia de Sevilla, hay un cura que, en su buen deseo de cumplir las palabras de Cristo, Crescite et multiplicamine, ha llegado al colmo.
Enterado el Arzobispo del incremento que iba tomando la población de aquel pueblo, y no muy satisfecho con la conducta del pater procreador, mandó otro cura a sustituirle.
Pero el pater no se amilanó; antes al contrario, se arremangó las faldas, se metió la llave de la iglesia en el bolsillo y se plantó en medio del arrecife diciendo: —¡Esta llave es el pan de mis hijos, y a nadie se la entrego!
Y notario eclesiástico para acá, notario eclesiástico para allá..., y así están las cosas, con gran contentamiento mío.
Pero no el contentamiento maligno del impío que goza con todo aquello que a la religión perjudica, sino el del hombre que aplaude todo lo que es humano; y nada lo es tanto como un padre defendiendo el pan de sus  hijos contra imposiciones absurdas.
Lo mejor hubiera sido abstenerse de trabajar tanto por el aumento de la cristiandad; mas habiéndolo hecho, y estando los chicos ya aquí, lo honrado y lo decente es prescindir de votos estúpidos y mandar a paseo a notarios, obispos y cuantos traten de apartarlo del cumplimiento del primero de los deberes: ser hombre.
Y más cuando puede bien decirles a todos los del gremio: "el que esté sin pecado, que me tire la primera piedra". (El Motín, 24 de febrero de 1899).

El cura párroco del pueblo de Castilleja de la Cuesta, D. Ignacio Gómez del Toro, ha sido suspendido en sus licencias ministeriales y parroquiales por las autoridades eclesiásticas de la diócesis de Sevilla.
Respecto a este particular, vea usted esto que dice un periódico de allí:
"Un cura que se defiende". Por las autoridaddes eclesiásticas de la diócesis de Sevilla ha sido suspendido en sus licencias ministeriales y parroquiales el cura párroco del pueblo de Castilleja de la Cuesta D. Ignacio Gómez del Toro.
Quejas formuladas en repetidas ocasiones por el vecindario de dicho pueblo obligaron al tribunal eclesiástico a imponer al referido párroco unos días de ejercicios. Y como se negara a cumplirlos, fue preciso que el provisor del arzobispado, Sr. Álvarez Troya, le hiciese comparecer en el palacio arzobispal para notificarle que, por disposición superior, había sido suspendido dicho párroco en sus licencias ministeriales y parroquiales, y estaba nombrado para sustituirle D. Juan Luis de ¿Covas? (ilegible).
Al presentarse este señor al día siguiente de su nombramiento para tomar posesión del curato, no lo pudo conseguir por oponerse a ello el Sr. Gómez del Toro.
Tuvo, por fin, que constituirse el sábado último en Castilleja el tribunal eclesiástico,  compuesto por el provisor D. Jerónimo Álvarez Troya, el fiscal D. Bartolomé Romero Gago, el notario mayor D. Luis Montoto, y el alguacil mayor D. Ángel Saavedra, para destituir por completo a D. Ignacio Cómez del Toro y dar posesión a D. Juan Luis de ¿Covas?, acto que se realizó sin el menor contratiempo.
De curas no hay más por hoy. (Las Dominicales del Libre Pensamiento, 2 de marzo de 1899).


Sabemos por la prensa de la época, principiado el año 1898, de una desacralización cometida por el castillejano Antonio de los Reyes en la ermita de Guía, lugar muy a propósito para efectuar tales actos por estar apartado del núcleo urbano, y solitario y desprotegido la mayor parte del día. En otra ocasión apunté que aquella zona se prestaba a altercados, peleas y emboscadas por tales razones, de las cuales ya relatamos varias.

Sevilla. — En Castilleja de la Cuesta, pueblo de aquella provincia, se ha cometido un horrible sacrilegio.
Antonio Reyes, que tenía enferma a su madre, hizo una promesa, en el caso de que áquella recobrase la salud, ante la efigie del milagroso Cristo de Guía, que se venera en una ermita situada a la entrada del pueblo.
La madre de Reyes falleció a consecuencia de la enfermedad que la aquejaba.
Poco después, Reyes se presentó en la ermita diciendo que iba a rezar.
La mujer encargada de la portería no advirtió que Reyes estaba ebrio y le permitió la entrada.
En cuanto Reyes se halló dentro, rompió el cristal que resguardaba la imágen del Cristo, y valiéndose de un cuchillo, le sacó los ojos y le golpeó hasta separar la cabeza del cuerpo.
Avisado el presbítero encargado de la ermita, acudió inmediatamente y encontró a Reyes, que se mostraba satisfecho de haber vengado, destrozando la efigie, la muerte de su madre.
La Guardia civil ha detenido al sacrílego.
Los vecinos de Castilleja están horrorizados. (La Época. Martes 11 de enero de 1898).

Un sacrilegio y una peregrinación. Sevilla 28, 8 de la noche. Hace ya días que un sujeto del inmediato pueblo de Castilleja de la Cuesta entró violentamente en la ermita del Cristo de Gina (sic), cerca del pueblo, y destrozó la veneranda imagen a garrotazos por no haber obtenido de ella una gracia que pidió en sus oraciones.
Después de cometido este sacrilegio, oyósele decir que "estaba vengado".
El hecho escandalizó al pueblo de Castilleja y a los demás inmediatos a Sevilla.
Muchos devotos acudieron al arzobispo pidiendo un desagravio.
S. I. ha publicado una pastoral, que se ha leído en las parroquias de Sevilla, convocando a los fieles para una peregrinación a la citada ermita, que se verificará el día 30.
A las diez y media estarán los peregrinos en la plaza del pueblo de Castilleja, donde se dirá una misa, y de allí se dirigirán a la ermita.
El arzobispo ha nombrado una Junta, presidida por el dean, para organizar la peregrinación. (El Liberal, 24 de enero de 1898).

Peregrinación de desagravio. En Sevilla se está organizando una solemne y fervorosa peregrinación al Santuario del Cristo de Guía, que se venera en Castilleja de la Cuesta.
El sacrilegio que días pasados cometió en dicha iglesia un malvado, que con furor verdaderamente satánico se lanzó sobre la imagen de Cristo, garrote en mano, y a fuerza de descargar sobre ella golpes la dejó destrozada, sembró el pánico y la consternación en Castilleja y en toda la provincia hispalense y todos los espíritus católicos, levantados al cielo, pensaron en celebrar una función de desagravio a nuestro Dios por tamaña salvajada.
El Rvdmo. Arzobispo de Sevilla, Sr. Spínola, ha dirigido a sus diocesanos una notable y piadosa Pastoral invitándolos a tomar parte en esa peregrinación al mencionado santuario. Para organizar y promover ésta, se han nombrado Comisiones del Cabildo catedral y del clero parroquial hispalense.
Antes de salir de Sevilla, los peregrinos se congrerarán en la iglesia del Salvador, donde se administrará la sagrada comunión a cuantos deseen prepararse para la mayor eficacia del acto de desagravio.
Los fieles podrán trasladarse al cercano pueblo de Castilleja de la Cuesta en la forma que tengan por conveniente.
En la explanada que hay a la subida de la cuesta que conduce al pueblo, donde está la ermita del Cristo profanado, se reunirán todos los peregrinos a la hora señalada, y de allí será conducida procesionalmente a la plaza pública la Virgen de Nuestra Señora de Guía.
Esto ha de impresionar profundamente a los católicos de aquel pueblo, pues nunca ha salido en procesión dicha imagen sola.
En la plaza se celebrará la misa.
Aunque todavía no está decidido, es probable que el sermón sea pronunciado por el magistral de esta Basílica, Sr. Roca y Ponsa.
Terminada la misa, se formará nuevamente la procesión, y rezando el Rosario se dirigirá a la ermita, donde los fieles podrán apreciar el estado de la efigia de Jesús después del atentado de que fue objeto, y dirigir sus rezos y plegarias en desagravio de aquella impiedad.
Presidiendo la procesión irá el Sr. Arzobispo. (La Unión Católica, martes 25 de enero de 1898).

El Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo de Sevilla ha dirigido una circular a sus diocesanos, en la que expresa su gratitud y satisfacción por la gran concurrencia de fieles que asistieron a la peregrinación de Castilleja de lal Cuesta.
En dicho documento episcopal se hace público el arrepentimiento del sacrílego que profanó, apaleó y destrozó la devota imagen del Cristo de Guía. (La Unión Católica, 11 de febrero de 1898).

La destrozada imágen del Cristo de Guia, de Castilleja de la Cuesta (Sevilla), ha sido conducida a la capital, previo permiso de las autoridades civiles y religiosas, para su restauración.
El laureado artista D. Andrés Cánovas se ha encargado gratuitamente de llevar a cabo tan delicado trabajo. (La Unión Católica, 11 de febrero de 1898).

Vivía Antonio de los Reyes con 15 años de edad según el padrón eclesiástico del año 1887 en el número 81 de la Calle Real, parroquia de la Concepción, con sus padres Antonio de los Reyes Cálceres, de 56 años, y Rita Rosales Sánchez*, de 51, y con sus hermanos Manuel, soltero de 24, Francisco, también de 15, y Dolores de 10. Esta última a juzgar por la cruz que marca su nombre, hecha por el autor del padrón, parece haber fallecido prematuramente poco después.

* En la Villa de Castilleja de la Cuesta, Diócesis y Provincia de Sevilla, en el día seis de diciembre de mil ochocientos noventa y siete, Yo, D. Juan Jiménez Romay, Pbro. Cura Ecónomo de la Iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Concepción de esta Villa, mandé dar sepultura eclesiástica en el cementerio de San Pablo de la misma al cadáver de Rita Rosales Sánchez, natural de esta Villa, de sesenta y dos años de edad, casada con Antonio de los Reyes e hija de Antonio y Manuela; falleció el día anterior a las cuatro de la tarde en su domicilio, Calle Real número setenta y siete, de la enfermedad pulmonía, según certificación del Facultativo D. José Payán; recibió los Santos Sacramentos de Penitencia y Extremaunción; se le hizo funeral y transporte de cuarta clase, y fueron testigos Gabriel Villalva y Baldomero Tovar, vecinos de esta Villa, en fé de lo cual lo firmo, fecha ut supra.

Así las cosas, Antonio se pasó atormentado por la falta de respuesta del Cristo de Guía desde las cuatro de la tarde del día 5 de diciembre de 1897 hasta el domingo 9 de enero del siguiente año, algo más de un mes, cuando por fin decidió lleno de furia y de desesperación destrozar a palos la imagen de quien no solo lo había ninguneado de aquella atroz manera, sino que había enviado desde sus gloriosos reinos una implacable pulmonía que acabó con la vida de su queridísima madre, todo ello sin, hasta la presente, dar mayores explicaciones.

Notas varias, 2z.

Y con lo que sigue finalizamos este repaso a las directrices del Arzobispo, comentadas con más o menos acierto pero siempre con el afán de ...