domingo, 16 de julio de 2017

Notas varias, 2e.

Casado el 5 de diciembre de 1605 con María Alonso como acabamos de ver, Oliver el Aguardentero otorgó carta de recibimiento de dote unos días antes, acaso una semana o dos (al documento le falta el último folio, que debía traer la fecha de la carta). Por tal carta sabemos de un parco ajuar, pero lo más importante —para nuestros afanes genealogistas— es que da a conocer la filiación de su mujer, no inscrita en la antedicha partida matrimonial por ser viuda, según la costumbre particular del párroco:

En el nombre de Dios, amén. Sepan cuantos esta carta vieren como yo, Bernardo de Oliver el viejo, hijo legítimo que soy de Bernardo de Oliver y de Magdalena de Vega, vecino de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, otorgo y conozco a vos, María Alonso, hija legítima de Andrés Suárez y de Catalina Martín, vecina de esta Villa, y digo que por cuanto para servicio de Dios Nuestro Señor está concertado que nos casemos y velemos según orden de la Santa Madre Iglesia de Roma, y para sustento de las cargas del matrimonio recibo en dote y casamiento con vos la dicha María Alonso, y por vuestro propio dote y caudal conocido treinta y nueve mil doscientos diecinueve maravedíes en bienes de ajuar y preseas de casa, apreciados por personas que de ello sabían, de nuestro acuerdo y conformidad, en los bienes y precios siguientes: primeramente una media cama de madera en cinco ducados; item cuatro sillas de respaldo a medio traer en siete ducados; item dos guadamecíes* en diez ducados; item dos colchones llenos de lana en diez ducados; item un cobertor de lana blanco y una carpeta de lana en cinco ducados; item dos cojines de cuero llenos de lana en dos ducados; item dos almohadas con dos cojinicos, la una labrada de seda azul y la otra de hilo azigado** y los cojinicos, en tres ducados; item dos calderas, la una grande y la otra más pequeña, y un acetre y unas trébedes y un candil y un candelero de palo y una alcuza en siete ducados; item una mesa de cadena en un ducado; item un arca grande de madera de castaño en cuatro ducados; item una cama de lienzo y red que tiene cuatro paños con el cielo en doce ducados; item dos pares de artes de lienzo y red en doce reales; item dos pares de mangas de la cama de red en dos ducados; item tres sábanas de lienzo casero de a tres piernas en ochenta y un reales; item otra sábana de crea*** con sus randas de hilo azigado y blanco en dos ducados y medio; item seis pañuelos de mesa caseros en dieciocho reales; item una tabla de manteles caseros en tres ducados y medio; item un paño de rostro**** labrado de hilo azigado con su red de lo mismo en dos ducados; item otro paño de rostro casero en ocho reales; item dos almohadas, la una labrada de seda de grana y la otra de hilo azigado en dos ducados; item un camisón de un hombre (sic) labrado de pita***** de Holanda y mas un cuello de Holanda de filete en sesenta y cuatro reales; item tres camisas de mujer labradas de pitas con sus encajas (sic) de pita en diez ducados. Los cuales dichos treinta y nueve mil doscientos diecinueve maravedíes valen los dichos bienes en los dichos precios, y los recibo, en dote y casamiento, de la dicha María Alonso, de ella y con ella por su propio dote y caudal conocido, realmente y con efecto delante del presente escribano y testigos de esta carta, y son en mi poder, de la cual paga y entrega yo, Juan de las Cuevas, escribano de Su Majestad, doy fé que se hizo y pasó en mi presencia y de los testigos de esta carta, y el dicho Bernardo de Oliver los recibió de la dicha María Alonso los dichos bienes, y quedaron en su poder, y yo el dicho Bernardo de Oliver me obligo de tener los dichos treinta y nueve mil doscientos diecinueve maravedíes de este dote, y me obligo de los tener, y sobre todos mis bienes muebles y raices por vuestro propio dote y caudal conocido, los cuales para ... os doy y empeño ... por nombre del empeño ... no los venderé ... a ninguno ... deuda de cualquier ... y cada vez que nuestro matrimonio fuere disuelto o separado por cualquier de los casos que el derecho permite, que ninguna persona pueda entrar en mis bienes hasta que seáis pagada de esta dicha vuestra dote, y si de vos acaeciere finamiento antes que de mí, que podáis dejar vuestros bienes en quien quisiéredes, que vos así dejándolos me obligo de los dar y pagar luego que lo tal sucediere, sin hacer ninguna dilación ni retención, sobre que remito cualesquier leyes de que en este caso me pudiera aprovechar, y a mayor abundamiento remito ¿el auxilio que tercia de tener la dote ... año?, y para la paga y cumplimiento de lo que dicho es obligo mi persona y bienes habidos y por haber, y doy poder cumplido a cualquier (roto). Falta el folio final.

* GUADAMACIL. Cabritilla adobada, en que à fuerza de la prensa se forman por el haz diferentes figuras de diversos colores. Es voz Arábiga. (Diccionario de Autoridades). Del árabe hispaño ḡadamisí, y este del árabe ḡadāmisī 'de Gadames', ciudad de Libia (en el desierto del Sáhara). Cuero adobado y adornado con dibujos de pintura o relieve. (RAE).



                                       Guadamecí; cuero metalizado, policromado y mateado.

** Labrada (o sea, bordada) de hilo azigado. "AZIGE. adj. Lo mismo que Azéche. Véase. Viene del arábigo Zig, que significa cosa negra. AZECHE. adj. Cierto género de tierra negra, que se halla en las bocas de los mineráles de cobre, à manéra de sal: la qual ordinariamente sirve para hacer tinta, y por otro nombre se llama tierra de Sevilla, por cogerse en sus cercanías. Puede venir esta voz del rio Azéche, que corre bien cerca de Sevilla: vocablo Arábigo, que vale tanto como rio negro, o rio tinto." (Diccionario de Autoridades). El onubense río Tinto, en efecto, también se conocía como rio Azeche. [...] el clérigo Diego Delgado, quien visita las minas en 1556 ... informaba que "andando en el dicho descubrimiento fuimos a ver otra cueva, la qual estaba llena de agua, y salía de debajo della un rio, el qual rio se dize Riotinto. La causa porque se diçe Riotinto es porque nasçe por veneros de caparrosa, que por otras partes se diçe aceche, de lo que sirve para tinta, y ansí todas las orillas deste río o çercanos son obligados cada conçejo de enviar sus cuadrillas de mugeres y moças e moços en todo el mes de agosto a coger este açeche y con este açeche pagan al arçobispo de Sevilla çiertos tributos de los quales ellos están obligados. Los conçejos y otras personas no lo pueden coger en ningún tienpo porque es suyo del arçobispo so pena de graves penas" [...]  (Citado por Julio Sánchez Gómez. De mineria, metalúrgica y comercio de metales, 1450-1610. Instituto Tecnológico GeoMinero de España. Colección Memorias, vol. 1º, pág. 689). ACECHE , aside, azeche, aziche, azige, azije.- Cast. "aceche" o "caparrosa", empleado en la Edad Media como medicinal y tintóreo. Del ár. "az-zag", vitriolo. La arroba del asije abona una blanca en el puerto de Málaga (1501, pubi. GÁRCIA-GOYENA Docs, hist. Málaga, II, p. 141).  Véanse Dic, hist. lengua espª, voz "aceche" (doc. desde 1250); Cejador, Vocab. medieval, voz "aceche" (doc. s. XIV); Dozy, Glosaire, voz "aciche"; Eguilaz, voz "azache"  (Miguel Gual). En  http://www.um.es/lexico-comercio-medieval/index.php/v/lexico/2181/aceche
En definitivas cuentas: vitriolo, caparrosa, aceche, procedente del árabe زَاج‏ (zāj), y este del persa زاگ‏ (zâg).


                                                 Sedimentos de aceche en el rio Tinto. Huelva.

*** Crea. Cierto género de tela ò lienzo, que no es de los mas finos ni de los mas toscos, que sirve para hacer camisas, sábanas y otras cosas. Llámase comunmente Leóna, porque viene de Leon de Fráncia. (Diccionario de Autoridades).

**** Paño de rostro. Paño de camino o viaje; cubría parte del rostro y especialmente la boca para evitar, sobre todo, el polvo de los malos caminos. (María Ángeles González Mena.  Colección pedagógico textil de la Universidad Complutense de Madrid).

***** Pita. La planta "agave americana", presente como planta ornamental en parques, jardines, setos y rotondas urbanas, que todavía se cultiva para producir cuerdas, redes y otros objetos. https://es.wikipedia.org/wiki/Agave_americana


                                                                                      Pita

Ahora centrémonos en un personaje, del cual imaginamos profunda influencia  en Bernardo en lo que toca al oficio: ya su cuñado de éste, Francisco Vázquez, en el trance de dictar su testamento, se refiere a él:  "Declara que debe a Josepe Cornelio doce reales, y en prenda tiene Josepe una almohada de su madre [Gerónima de Vargas], manda que le paguen y se devuelva la almohada a su madre."


El maestro de hacer aguardiente Jusepe Cornelio (estamos ahora por julio de 1594, evitando las lluvias y el mal tiempo, enemigos de los albañiles) especifica ante el escribano Hernando de las Cuevas las condiciones que exige al maestro albañil que acometa unas obras de reforma en las casas de su morada:

— Primeramente, con condición que el maestro que esta obra tomare ha de ser obligado a derrocar las paredes de la calle y los vallados que están entre la viña de doña María de Portes y las casas del dicho Jusepe, y ha de abrir una sanja (sic) en la pared de la calle, de tres ladrillos de ancho, y la ha de ahondar una vara de hondo (83,5905 cm.) hasta llegar a lo firme, y después de haber llegado a lo firme lo sanje, echándoles sus tongas* de cal y tierra unas y otras de ripio** y piedra, yendo bien manteada de agua hasta que la suba tres cuartas, y luego forme su sepa de dos ladrillos y medio, y después de formada la sepa, la suba tres hiladas, que formen luego sus simientos (sic) de dos ladrillos, hasta que los suba encima de la tierra de la calle, y son tres hiladas con la de agujeros***, y luego haga toda esta pared de la calle de dos ladrillos, y la suba todo el largo de la calle de tres tapias de alto****, hecho de muy buena obra, y haciendo en esta pared de la calle cuatro rafas***** de buena albañilería.

* Tonga. Del latin tunĭca, "túnica", y de ahí, "capa", que es el sentido que tiene en albañilería. La expresión ha llegado hasta nuestros días en la jerga del oficio.

** Ripio, del latín replēre, "rellenar". Cascajo o fragmentos de ladrillos, piedras y otros materiales de obra de albañilería desechados o quebrados, que se utiliza para rellenar huecos de paredes o pisos.


                                      De construcciones como esta, del siglo XV, se obtendrían los ripios, machacando vetustos ladrillos a golpe de mazo. Ésta en concreto se descubrió en el derribo de la casa aledaña a la iglesia de Santiago de nuestra Villa. Ver foto siguiente.



*** "...con la de agujeros...". Creo que se refiere a la última hilada —a ras de tierra—, con orificios para desagüe de las lluvias o del riego de la huerta hacia el exterior.

**** Tres tapias de alto. Aunque se usaba "tapia" como medidad de superficie — una tapia eran 50 pies cuadrados— sobre todo en el empedrado del suelo, no encontramos ejemplos de su uso en medida de longitud, en altura, como especifica Cornelio. No cabe una errata y que fuera "largo" en vez de "alto" porque repite la expresión varias veces; de esa forma una tapia de superficie sería un cuadrado de siete pies de lado (cada pie son 27,863 cm., que multiplicado por siete nos da la altura que, salvo error u omisión, exigía el holandés: 195,041 cm., casi dos metros, lo usual en cercas de este tipo). Todo lo cual encajaría con las cuatro rafas —ver infra— delimitantes de los tres paños.

***** Rafa. La fuerza de cal y ladrillo ò piedra, que se pone entre tapia y tapia, para la seguridad de la paréd, o para reparar la quiebra, o hendedúra que padece. (Diccionario de Autoridades).

— Item con condición que abra otras dos zanjas, la una entre la viña de doña María de Portes y las dichas casas del otorgante, del largo que se le pidiere hasta venir al tercer aceituno, sacando derecha y a hilo la pared, y de ahí vuelva con la otra sanja, volviendo a dar derecho y a juntarse con otra pared que está hecha en el patio de las dichas casas del otorgante, adonde está hecho un colgadizo adonde se hace el aguardiente, y estas dos zanjas las ha de ahondar hasta llegar a el pan* y tierra firme, y después de llegado a la tierra firme, hasta el hondor que el señor de la obra quisiere, y después de haber ahondado estas zanjas, las abran del anchor de dos ladrillos y medio de ancho, y luego, desde la tierra firme y recia los saquen a pisón echándole sus tongas, una de tierra y cal y otra de ripio, manteándola con su agua, bien sazonándola a uso de buena obra, y luego lo suba hasta que haga tres hiladas de cepa** hasta enrasar con la tierra, y luego forme su simiento de ladrillo y medio y lo suba tres hiladas sobre la tierra, y luego lo tapie en redondo de tres tapias de alto, haciendo a todas estas paredes cinco rafas de buena albañilería, formando la una de estas rafas su portada, y haciendo al otro lado otra rafa con sus batientes, y haga y cerque todas estas paredes de tapias en redondo, de tres tapias de alto, haciendo estas tapias de muy buena obra, yendo bien sazonadas de agua y bien pisadas.

* Pan [de tierra] vale como "cepellón": pella de tierra que se deja adherida a las raíces de los vegetales para trasplantarlos. (RAE). Esto da idea de la profundidad requerida por Jusepe Cornelio.

** Cepa, pariente de cepellón —ver supra—, quizá aquí con el significado de origen, raíz, fundamento.

— Item con condición que, después de enrasadas estas tres paredes en redondo, haga su caballete de cuatro hiladas de altura, con su cuarterón, encalándolo a dos manos, la una de barro y la otra de cal.
— Item con condición que, entre la pared que está al pozo y el colgadizo de la caldera, abra otra zanja del mismo ancho y tamaño que las demás, haciéndole los cimientos y cepa y tapia conforme a lo demás, con su caballete.
— Item con condición que el maestro que esta obra tomade (sic) ha de ser obligado a sacar toda la tierra que sobrare de esta obra y fuere menester para hacer las tapias, de la parte y lugar que mejor fuere para la tapiería y mezclas, como no se ... y a contento del señor de la obra.
— Item con condición que el maestro que esta obra tomare sea obligado a poner manos de maestro, peones, herramientas, esportones, tapiales, sogas y todo lo demás que fuere menester para hacer esta obra, y ha de sacar el agua del pozo y traerla a su costa para hacer la dicha obra.
—Item con condición de que el señor de la dicha obra ha de ser obligado a dar dos azadas y cuatro cubos para hacer la dicha obra.
— Item con condición que si alguna cosa se quedare por olvido de hacer en esta dicha obra, que el maestro que la tomare la ha de hacer sin entrar por mayorías ningunas, porque con esta condición se da.
— Item con condición que ha de ser obligado a asentar puertas y umbrales.
— Item con condición que ha de hacer un arquillo pequeño con un caño por adonde salga la lía, del ancho y tamaño que el señor de la obra quisiere.

Y con estas condiciones Juan Rodríguez, maestro de albañiría (sic) vecino de Sevilla, le pone dicha obra en 550 reales.
El día 5 de julio de 1594 ante el escribano Hernando de las Cuevas pareció Jusepe Cornelio, vecino de esta Villa, por una parte, y por la otra Juan Rodríguez, maestro de albañiría, vecino de Sevilla en la collación de San Roque, y dijeron que son concertados y que la comenzará mañana día 6 de julio, y si no, que lo pueda ejecutar por su solo juramento. Cobrará en tres partes, al principio, a la mitad y al final del trabajo. Lo hará so las penas contenidas en las condiciones, mas 10.000 maravedíes para el contratante, mas las costas. Testigos, Juan de las Cuevas y Juan Díaz.
Por marzo de 1596 Juan Rodríguez formaliza con él otro contrato, ver infra.

Jusepe Cornelio, flamenco* natural de Amberes y vecino de esta Villa, da poder a Guillermo Tremaras ... , vecino de Amberes, ausente, para que venda todos los pedazos de tierra que él posee, para sembrar y para pasto de ganados, en dicho Amberes. Dado en esta Villa a 1º de octubre de 1594. Testigos, Hernando el mozo, Pedro de las Casas, Bartolomé Ruiz y Domingo Pérez, vecinos de esta Villa.
Así, Cornelio quema todos sus barcos, definitivamente olvidados sus orígenes y su terruño. Ya solo le ocupa la mente lo que le depare el futuro en la pequeña población aljarafeña.



Se ha convenido entre la mayoría de los historiadores usar el gentilicio "flamencos" para los habitantes de aquella región que permanecieron fieles a España, y el de "holandeses" para los que se rebelaron. Justo diez años antes de que Jusepe formalizara con el albañil las condiciones de la obra en su casa (v. s.), o sea, en pleno verano de 1584, tuvo lugar el asedio de Amberes por parte de la monarquía hispana, protagonizado por "El Rayo de la Guerra". Sitio de Amberes (1584-1585).
Se está de acuerdo también en que uno de los factores que impulsaron el aluvión de inmigrantes de los Países Bajos hacia la península ibérica fue el de la Guerra de los Ochenta Años, y desde luego deberíamos contabilizar también esta decisiva y central acción de la conquista de Amberes en dicho periodo, la cual tuvo que significar una verdadera catástrofe para aquella sociedad, ya pretraumatizada con los horribles hechos del Saqueo de Amberes —o "Furia Española"—, cuando en 1575 los soldados amotinados por no haber cobrado sus salarios arrasaron la ciudad, por entonces habitada por 100.000 personas, exterminando durante tres días a varios millares de ellas. Jusepe debió vivir de cerca todos aquellos trágicos días, que significaron que varias otras provincias se rebelaran uniéndose a las que ya estaban enfrentadas a la corona española. Pero el futuro aguardentero vecino de nuestra Villa demostró tener suficiente estómago para digerir desastre tras desastre, y para acabar perfectamente amoldado a la sociedad sevillana. Como muchos otros, algunos de los cuales vamos a conocer, dado sus estrechos vínculos con Castilleja. Vaya por delante el primero:

Pedro Pomares Bramantino, natural de Amberes y vecino de esta Villa, conoce a Pedro Moreno, vecino de esta Villa, presente, y dice que por cuanto Luisa de Briones, viuda de Hernando Jayán, le dió a Pomares a censo y tributo unas casas en esta Villa, linde con casas de Juan Moreno y con viñas de Diego de Portes, y por delante la calle, por 12 ducados y una gallina, según escritura ante Hernando de las Cuevas del lunes 16 de noviembre de 1579, y porque ahora Luisa de Briones le ha puesto demanda diciendo que le diese fianzas para seguridad de la paga, diciendo él quererse ir a Flandes y a Sanlúcar* y haber hecho mudamiento de estado, como se contiene en la demanda que Luisa puso ante Diego González, Alcalde Ordinario, y ante Hernando el escribano, el viernes 5 de noviembre de este presente año, y Pomares fue preso por la dicha demanda hasta tanto que no se ausentare de esta Villa y diese fianzas, y Pedro Moreno a su ruego ha salido por su fiador, y que si se fuese a Flandes sería por un año solamente y volviendo luego a vivir a esta Villa, y porque al tiempo que pasó dicha obligación Pomares quedó con cargo de dar a Luisa un resguardo de que no se ausentaría de esta dicha Villa, y que si no, lo pagase de los bienes siguientes: una caldera grande de cobre que tiene su cabeza y cañón, que hace 60 arrobas; otra caldera mediana con cabeza y cañón, de 22 arrobas; otra chica con un cobertizo, de 4 arrobas; un escritorio de cedro con sus pies; un cofre viejo de Flandes. Todo lo cual Pomares entrega a Pedro Moreno en resguardo, y si desde hoy en un año no hubiese vuelto, que los dichos bienes y las casas sean para dicho Pedro, y si no alcanzare a pagar los 12 ducados y la gallina a Luisa, que pueda vender los dichos bienes y pagar lo que faltare, y para adobar las dichas casas, y que sea creido Pedro solo por su juramento y sin otra averiguación, y si vuelve Pomares antes del año, que todo quede como estaba. Pedro Moreno acepta. Dado en el Señorío, sábado 6 de noviembre de 1582, testigos, Diego Lopez, Pedro de las Tejas y Diego González.



                                               Firma del amberino Pomares.

* Se entiende, primero a Sanlúcar de Barrameda y desde allí embarcarse hacia Flandes.


                                                                     Amberes


                                                 Alejandro Farnesio el año del Sitio.

No hay duda de que Jusepe Cornelio se convirtió en un castillejano de pro, al menos entre el estamento oficial.  Porque el sentir de los viejos castillejanos de a pie, con raíces desde el siglo XV, ya sería otro cantar:

En 1593 el Concejo de esta Villa nombró por Receptor de las Bulas de la Santa Cruzada a Jusepe Cornelio*. El 25 de febrero de dicho año el Padre fray Bartolomé Bautista, de la orden de los dominicos y Comisario de dichas Bulas vino a Castilleja para recolectarlas. Bernardo el aguardentero contribuyó con cuatro reales de plata, y el mismo Jusepe Cornelio con diez. A veces los contribuyentes vuelven a aparecer en la lista aportando sumas similares, no sabemos por qué razón. Y hay casos en que colaboran en nombre de otra persona aunque ya lo hayan hecho por ellos mismos. Estas listas tienen un gran valor porque hacen la función de auténticos Padrones del vecindario, ya que  prácticamente nadie se negaba a contribuir, a pesar de ser un acto voluntario, y en cualquier caso, las de los más pobres las pagaban sus allegados o amigos más pudientes.
Cornelio entregó la suma total recaudada, ante Hernando de las Cuevas el escribano, a Diego de Balentino, Alguacil Receptor de la dicha Santa Cruzada, que vino con el dicho Señor Comisario. Testigos, Juan de Castro, Alcalde Ordinario, Cristóbal Andrés y Hernando de las Cuevas el mozo.

* Ya aparece casado con una castillejense, Catalina Gallegos.

La relación de Jusepe con Bernardo se extendía a otras industrias aparte de la elaboración de licor:

Por noviembre del dicho 1594 muchos vecinos de Castilleja reciben en préstamo trigo del Pósito de la Villa para sembrar este año. Entre ellos, Bernardo de Oliver, con su fiador Francisco de Castro, vecino de esta Villa, saca dos fanegas. Lo cual indica que Bernardo era dueño de algún terreno, un par de aranzadas a lo sumo. Se obligan a devolver las dos fanegas por el día de Santiago en julio de 1595. También sale Bernardo por fiador de otros receptores de trigo del Pósito, como Antón de Valencia o, en reciprocidad, el dicho Francisco de Castro. En noviembre de este último año, 1595, se vuelve a repetir el reparto de fanegas de trigo en préstamo:
Bernardo de Oliver, vecino de esta Villa, y Jusepe Cornelio como su fiador, pagarán al Pósito dos fanegas de trigo que recibe en préstamo. Dado en el Señorío a ... de noviembre de 1595.
El día 15 de dicho mes se presta una fanega y media de trigo a Alonso Martín, morisco*, y es su fiador Bartolomé Jiménez, ambos vecinos de esta Villa. Y el día 11 recibe Francisco Miguel** dos fanegas.
Con posterioridad, a principios del siglo XVIII, aparece algún Bernardo de Oliver poseedor de pequeñas suertes con viña en Gines, lindantes con el término castillejano.

* Pronto llegaría esa auténtica vergüenza que fue la Expulsión de los Moriscos.

** Francisco Miguel aparecerá en un futuro gráfico genealógico de los Oliver más completo. Es marido de Marina de Vega, hermana de Magdalena, la mujer de Bernardo el Espadero. Sobre él y como prólogo podemos ver que Francisco Miguel vende bueyes como si de rosquillas se tratase:

Un buey color bermejo que toca en rucio (pardo claro) con una lista en la frente por 24 ducados al vecino de Bormujos Bartolomé Rodríguez el viejo, estante en esta Villa de Castilleja; pagará en mayo de 1598 y a ello hipoteca dicho buey y otros dos que ya posee, "Secutor", de color hosco (muy oscuro, casi negro) enjalbardado, y "Copete", de color bermejo. Dado en casa de Hernando de las Cuevas el escribano, 27 de octubre de 1597, siendo testigos Hernando de las Cuevas el mozo y Juan de Chávez, vecinos de esta Villa, y Juan Martín, vecino de Bormujos.
Cuatro, uno color ceniza rusullo (¿) bragado entrepelado, otro castaño, otro apavonado y otro ... al vecino de Camas Cristóbal Rodríguez y a su fiador Pedro Rodríguez, por 109 ducados; pagarán por San Juan de junio de 1598, y a ello hipotecan los cuatro dichos bueyes y otros cuatro que tiene Cristóbal: uno color bermejo, otro color castaño bragado, y los otros dos color blanco encerado. Dado en casa del escribano Hernando, 1 de ... de 1597. Testigos, Pedro de las Casas, Hernando de las Cuevas el mozo y Roque de las Casas.
Dos novillos, uno cojo y el otro que está encalmado, por 49 ducados al vecino de Bormujos Juan Martín de los Negros y a su fiador ... ... , también vecino de Bormujos. Pagarán en 1598, y a ello hipotecan dichos novillos. Dado en casa del escribano Hernando en esta Villa, 2 de noviembre de 1597. Testigos, ... ... y Juan Ximeno de Ribera (mayordomo del Conde de Olivares).
Dos bueyes: "Rosado", color de ... , y "Merino", de color bermejo, a Pedro Asencio, vecino de Bormujos, y al dicho Juan Martín de los Negros como su fiador. (Roto e ilegible). Testigos, Juan Ximeno de Ribera, Juan de Chávez y Bartolomé de ¿Vega?.

Y para poner broche final a las actividades del flamenco Jusepe (en lo que respecta a esta entrada, porque continuaremos con sus hechos en la siguiente), este contrato de venta:

Jusepe Cornelio, flamenco, vecino de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, vende a Miguel de Neve*, tonelero vecino de Sevilla en la Carretería, collación de Santa María, una su esclava, de color negra y de nombre Cristina, de 25 años de edad, y se la vende por de buena guerra y no de paz, y que es borracha, ladrona, huidora, ética, endemoniada, que tiene los ojos claros y no ve**, con mal de bubas y de fuera. Por precio y cuantía de 150 ducados, que recibe del comprador al contado. Dado en el Señorío de esta dicha Villa, a 13 de abril de 1597, siendo testigos Hernando de las Cuevas el mozo, Juan de Linares (barbero cirujano), Martín Cabrera y Antón de Valencia.

* Otro flamenco, antecesor de Justino de Neve.

** Se creía que los esclavos de ojos claros tenían disminuidas sus capacidades visuales, especialmente de noche y en la oscuridad. Ver para más detalles http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2009/08/los-esclavos-71.html

domingo, 9 de julio de 2017

Notas varias, 2d.


Pocos meses después ya habían desaparecido las molestias de la estocada en el hombro y Bernardo, con un Juan Vázquez (¿Pacheco?) del cual sospechamos estrecho parentesco, se afanan ocupados entre bodegas y lagares, viñas y carretadas de uva:

Fernando de las Cuevas, escribano público y del Concejo de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, doy fé que hoy día de la fecha de esta fé, a pedimento de Juan de Nápoles, vecino de la ciudad de Sevilla, a quien yo el dicho escribano conozco, parecieron Bernardo de Oliver y Juan Vázquez Pacheco*, vecinos de esta dicha Villa, y juraron en forma de derecho por Dios y por Santa María, y dijeron que ellos vieron que el dicho Juan de Nápoles compró este presente año de 1599 de la Hacienda de doña María de las Roelas, vecina de la ciudad de Sevilla, cuarenta  y tres carretadas de uva, las veintitrés de Juan Escobar por la dicha doña María de las Roelas, y las dieciséis de Bartolomé Millán, y las cuatro de Juan Rodríguez de Espino. La cual dicha uva vieron que dicho Juan de Nápoles las hizo lagarear** aparte de su cosecha, y de elllas hinchó (llenó) treinta y ocho pipas, las cuales vieron que las puso el dicho Juan de Nápoles distintas de su bodega, y las metió en una cuadra que tiene en las casas de su morada, y en la dicha su bodega no metió uva ni mosto de ella, porque lo lagareó en un lagar que tiene a renta del capitán Cristóbal Romero***, y que lo saben porque ayudaron a traer la dicha uva y la echaron y vieron echar el dicho mosto en las dichas treinta y ocho (tachado en el original) cinco pipas, y que así era la verdad para el juramento que hicieron, y que no saben otra cosa en contrario, y firmólo de su nombre el dicho Bernardo de Oliver y el dicho Juan Vázquez no lo firmó por no saber escribir, y así era la verdad para el juramento que hicieron, y yo el dicho escribano doy fé de que a pedimento del dicho Juan de Nápoles entré en las casas de su  morada que son en esta dicha Villa, en una cuadra que tiene en las dichas casas, que está distinta y apartada de la bodega de las dichas casas, adonde bide (ví) que en la dicha cuadra había las dichas treinta y ocho pipas, las cuales dijeron ser del mosto de la uva contenida en este testimonio, en fé de lo cual dí la presente a pedimento del dicho Juan de Nápoles, que es fecha en esta dicha Villa en 16 de octubre de 1599. Firma de Hernando de las Cuevas.

* Juan Vázquez Pacheco, que en 1600 ejerció de Alcalde Ordinario, amerita la referida sospecha de parentesco, por Vázquez y porque un par de generaciones después Pacheco es un apellido ligado al de Oliver en muchos descendientes.


                                               Firma de Bernardo de Oliver.


                                             Firma de Juan Vázquez Pacheco.



** Lagar, de lago, por el pequeño estanque o alberquilla con una espita, en la que se prensaba la uva. De los residuos de la uva prensada, fermentados, se elaboraba el aguardiente por medio de la destilación en alambique (o alquitara, inventada por el sabio persa Al-Razi ), merced a la vaporización y a la condensación. Alquitara, de "gotear" ( القطارة ), está relacionado etimológicamente con alquitrán, otro arabismo del castellano. Y desde luego con Qátar, la nación del Golfo. Fueron los árabes los que trajeron a Occidente este sistema de separación de los componentes de un líquido fermentado, aunque en sus orígenes persas el aparato se usaba para elaborar perfumes. Otros historiadores remontan la destilación a Alejandría, a los tiempos de la alquimia griega 300 años a. de C., aunque habiendo recogido experiencias egipcias y babilónicas.




*** En 17 de junio de 1599 ante Hernando de las Cuevas, escribano, pareció doña Catalina Perea, mujer de Cristóbal Romero, y por virtud de su poder que pasó ante Gabriel de Salmerón, escribano de Sevilla, otorgó que arrendaba a Francisco Carreño, vecino de Sevilla, presente, una bodega con su lagar y viga moliente y corriente, con los demás pertrechos y aparejos y pertenecientes (sic) y con dieciséis tinajas para echar vino, la cual dicha bodega es en el Señorío de esta Villa, linde con bodega del Conde de Olivares; y se la arrienda por un año, que corre desde fin del mes de julio que viene, por precio de 440 reales que recibe al contado de Carreño, e cual deberá devolver los aparejos tal y como los recibió, y las tinajas limpias y desembarazadas, y si no, que ella pueda hacer vaciar y limpiar dichas tinajas a su costa. Testigos, Hernando el mozo, Pedro de las Casas y Juan de las Cuevas. Firmó Francisco Carreño.





Ahora vamos a adelantarnos un lustro:

(Nota en el margen del folio: "Para que Bernardo de Oliver, tutor, pague [en blanco] ducados).  Sepan cuantos esta carta vieren como yo, Francisco Vázquez, vecino que soy de la ciudad de Sevilla en la collación de Santa María, otorgo y conozco que doy todo mi poder cumplido cuan bastante de derecho se requiere y es necesario a Bernardo de Oliver mi hermano, vecino de la Villa de Castilleja de la Cuesta que está presente, especialmente para que de mi nombre y como yo mismo pueda parecer ante las Justicias de la dicha Villa de Castilleja de la Cuesta y otras que con derecho deba, y pedir se me manden dar de mis bienes y hacienda, de que es tutor Bernaldo (sic) de Oliver mi tío, cualesquier cuantía de maravedíes y otras cosas para mis alimentos y para curarme de la enfermedad que al presente tengo, y para ello pueda presentar cualesquier pedimentos y requerimentos y testimonios y escrituras y testigos y probanzas y otros recaudos cualesquier, en todo cuanto se me mandare dar por las dichas Justicias en cualquier cantidad que sea, y lo pueda pedir y demandar y  recibir y cobrar del dicho Bernardo de Oliver mi tutor, y de sus bienes y de quien con derecho deba, y darle ... cartas de pago, finiquitos y gastos y otros recaudos que convengan, renunciando en lo que conviniere la execución de los ... y de la ..., y paga como en ella se contiene, y en razón de la cobranza pueda parecer ante cualesquier Justicia que con derecho deba, y hacer y poner cualesquier demandas, pedimentos, requerimentos, acciones, protestaciones, juramentos, embargos, ejecuciones, prisiones, consentimiento de ... , ventas y remates de ellos y todos los demás autos y diligencias judiciales y extrajudiciales y convengan de se hacer, que para ello le doy este dicho poder, con libre y general administración, y con facultad de que lo pueda sustituir en quien quisiere, y lo revocar y nombrar ... ... según derecho, y a su firmeza obligo mi persona y bienes habidos y por haber, fecha la carta en Sevilla a 5 días del mes de abril de 1605, y el dicho otorgante dijo que no sabía escribir*, y a su ruego lo firmó un testigo, y presentó por testigos de su conocimiento y juraron en forma de derecho que lo conocen y saben que es el mismo aquí contenido y se llama como se ha nombrado, a Catalina de Fuentes, que dijo ser mujer del otorgante, y a Catalina Infanta, que así se nombraron y ser vecinas de Sevilla a Santa María. Testigos, Francisco Tello y Alonso de Santaella, escribanos de Sevilla. Firma Francisco Hurtado, escribano público de Sevilla.




* Algún escribano de Sevilla firmaba en este bloque documental, no se sabe con qué intención, por Francisco Vázquez y por su hermano Bernardo, ambos analfabetos. Dicho Francisco Vázquez había vuelto a la "patria hispalense" de su abuelo, y vive en la misma collación de Santa María que, precisamente, incluía la calle de las Sierpes, antiguamente de Espaderos porque allí vivían los del gremio, y allí tenían su hospital y su hermandad. En una ordenanza del siglo XV mandada hacer por los Reyes Católicos constan los dos nombres, de Espaderos y de Sierpes.
Nos queda por investigar a los familiares de Bernardo de Oliver en Sevilla, los contemporáneos y los anteriores al maestro de hacer espadas.

(Nota en el margen del folio: "Hecho con los autos"). En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 5 de abril de 1605, ante Juan de Chávez, Alcalde Ordinario de esta Villa, presentó esta petición Bernardo de Oliver en nombre de su hermano Francisco Vázquez. Bernardo de Oliver en nombre de Francisco Vázquez ... malo de un dolor de costado* y tengo necesidad que Bernardo de Oliver mi tutor me dé doce ducados para curarme. Pido  y suplico a Vuestra Merced sea servido de mandar que el dicho Bernardo de Oliver mi tutor me dé los dichos doce ducados para curar la dicha mi enfermedad, que es cosa muy justa que se me den para el dicho efecto, y para ello se me dé mandamiento para que el dicho mi tutor me dé los dichos doce ducados, y pido justicia.

* Probablemente una pleuritis ( llamada por entonces "mal de costado"), consecuencia de una neumonía.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 5 días del mes de abril de 1605 años Juan de Chávez, Alcalde Ordinario de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, habiendo visto esta petición, dijo que atento que le consta que está malo el dicho Francisco Vázquez, que para curarse se le den los doce ducados que pide, y se le notifique a Bernardo de Oliver luego lo dicho, y pague, y si razón tiene para no hacerlo ha de (sic), y así lo mandó y firmó. Juan de Chávez.

En Castilleja de la Cuesta en 5 de abril de 1605 años yo, el presente escribano, notifiqué el auto de esta otra a Bernardo de Oliver, y de ello doy fé. Firma Juan de las Cuevas, escribano del Concejo de esta Villa.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 5 de abril de 1605 ante mí el presente escribano y testigos pareció Bernardo de Oliver el mozo en nombre de Francisco Vázquez que es su hermano, y por virtud de su poder confesó haber recibido de Bernardo de Oliver su tío y tutor los doce ducados que para curarse el dicho su hermano se le mandan pagar, y de ellos se dió por entregado, y remite la ... pecunia ... ... carta de pago como conviene a su derecho, y obligó su persona y bienes, y no lo firmó por no saber escribir, siendo testigos Francisco de Palencia, Pedro Librero y Pedro Macías, vecinos de esta Villa, y doy fé que conozco a los testigos. Juan de las Cuevas, escribano de esta Villa.

En 10 de abril de 1605 ante Juan de Chávez, Alcalde Ordinario presentó una petición Bernardo de Oliver en nombre de su hermano Francisco Vázquez, diciendo que dicho Alcalde mandó que para curarse le diesen doce ducados, los cuales se le dieron y el susodicho los ha gastado en curarse de su enfermedad, y porque el susodicho está muy malo y a riesgo de muerte, y para curarse tiene necesidad de que dicho Alcalde le mande dar de sus bienes y hacienda lo que hubiere menester para curarse, por tanto pide que mande a Bernardo de Oliver su tutor que le dé todo lo que hubiere menester para la dicha su enfermedad, y pide justicia. El Alcalde mandó que dé información.

En dicho día Bernardo de Oliver en nombre de su hermano presentó por testigo a Juan Millán, vecino de esta Villa, que dijo conocer a Francisco Vázquez y lo ha ido a visitar y visto que está muy malo y a punto de muerte de un dolor del costado, y está muy probe (sic), y si dicho su tutor no le da con qué se pueda curar podría ser que se muriese de la dicha enfermedad, por estar tan probe como está. Dijo ser de edad de diecinueve años poco más o menos y no firmó por no saber hacerlo.

En dicho día Bernardo de Oliver en nombre de su hermano presentó por testigo a Miguel Vázquez, vecino de esta Villa, que dijo conocer a Francisco Vázquez y que lo ha ido a visitar y visto que está muy malo y a punto de muerte de un dolor del costado, y está muy probe, y si dicho su tutor no le da con qué se pueda curar podría ser que se muriese de la dicha enfermedad, por estar tan probe como está. Dijo ser de edad de veintidós años poco más o menos y no firmó por no saber hacerlo.

Auto. En 10 de abril de 1605 el Alcalde Ordinario, habiendo visto la causa, mandó que le dé otros doce ducados su tutor, a cuenta del principal y corridos de la hacienda que tiene tutelada del dicho menor, y si tiene alguna razón para no darlos, que lo diga.

En 11 de abril pareció presente Bernardo de Oliver el mozo, y confesó haber recibido de Bernardo de Oliver el viejo ciento diez reales, a cuenta de los maravedíes de su tutela. No firmó por no saber escribir. Testigos, Francisco de Palencia, Roque de las Casas y Francisco de Castro.


En el año de la brega de Bernardo de Oliver con las exigencias de sus sobrinos tenemos que incardinar esta partida de su(s) casamiento(s):

En lunes 5 de diciembre de 1605 años yo, Juan Ramos Zambrano, cura beneficiado de la iglesia de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, habiendo precedido las diligencias conforme al concilio tridentino, casé por palabras de presente a Bernardo de Oliver, viudo de Inés Pérez*, y a María Alonso, viuda de Cristóbal Asensio, vecinos de esta dicha Villa. Fueron testigos Juan Alonso, Juan de las Cuevas y Roque de las Casas, todos vecinos de esta dicha Villa.
En lunes 30 de enero de 1606 el bachiller Diego de Henao, vicecura de la iglesia de esta Villa, dió las bendiciones nupciales a Bernardo de Oliver y a María Alonso. Padrinos, Juan de Castro el mozo e Inés Díaz su mujer, vecinos de esta Villa.

* Tuvo que ser un matrimonio efímero. La partida de casamiento no está registrada en el archivo parroquial de Castilleja.

El matrimonio de los dos viudos hacía una intensa vida social: Bernardo de Oliver y  María Alonso, padrinos de la velación de Juan Lázaro de Corrales y de su esposa Ana Cabrera en 17 de febrero de 1610. Bernardo de Oliver, aguardentero, y María Alonso su mujer, padrinos de la velación de Alonso de Montiel y de su esposa Ana López, todos vecinos de esta Villa. Jueves 9 de septiembre de 1610. Juan López de la Cava, vicecura de esta Villa.
Por esta fecha tenían una hija de unos cuatro años llamada como su madre, María  Alonso.

Y luego llegó el matrimonio de su sobrino homónimo:

Lunes 7 días del mes de enero de 1613 años yo, Juan López de la ... cura de la iglesia de Santiago de esta Villa, con licencia del Licenciado Juan Ramos, beneficiado de ella, habiendo precedido las diligencias y requisitos necesarios y con mandamiento y diligencias del doctor Jerónimo de ¿Cepeda?, juez apostólico por Su Santidad, por un breve y letras apostólicas en que dispensó en el cuarto grado de consanguinidad, casé a Bernardo de Oliver, tonelero, hijo de Francisco Vázquez, difunto, y de Juana (de Vega), y a Juana de Castro (sic) hija de Juan Muñoz, barbero, vecinos de esta Villa en la Calle Real. Los desposé y velé in face eclesia siendo testigos Bernardo de Oliver, aguardentero*, Antón Pérez Navarro y Juan Vázquez de Morón. (Archivo parroquial de Castilleja de la Cuesta. Libro de matrimonios).

* El tío, tutor recalcitrante, alguacil burlado, malogrado espadachín y viudo reincidente. La familia no ha seguido la tradición paterna del yunque y la fragua, y ahora se dedica en pleno a la elaboración de aguardiente, como ya habíamos apuntado. El tío es aguardentero y el sobrino tonelero, lo que  produce una excelente combinación, ya que se usaba desde tiempo inmemorial a cierta madera para prestar sabor al licor.
 Hacia el año 1618 ya no existía Bernardo de Oliver:

En 11 de julio de 1618 Zambrano casó a María Alonso, viuda de Bernardo de Oliver, con Juan de Castro, viudo de (en blanco)*. Testigos Alonso Pérez, Juan de Castro y Francisco de Castro. Padrinos Pedro Montiel e Isabel de Sevilla.

* Juan de Castro también ejerció de aguardentero. Muchas de las partidas de casamientos de los descendientes de Bernardo de Oliver El Desterrado, de las que hemos encontrado en el registro de la primera mitad del siglo XVII, hacen constar dispensas de tercer y cuarto grado de consanguinidad. Endogamia aguardientesca.

sábado, 8 de julio de 2017

Notas varias, 2c.

Continuación de Notas varias, 2b.

Y luego, en este dicho día, mes y año susodichos, el dicho Juan de Castro, Alcalde Ordinario de esta dicha Villa, para averiguación de lo susodicho recibió juramento en forma de derecho de Francisco Vázquez (ver nota en la anterior entrada), Regidor, vecino de esta Villa, so cargo del cual prometió decir verdad de lo que supiese y fuese preguntado, y siendo preguntado por la dicha cabeza de proceso, dijo que lo que sabe es que hoy dicho día este testigo vió que vinieron al mesón de esta dicha Villa tres hombres, que uno se llama Francisco Díaz Cabezón y el otro dicen que se llama Zambrano y el otro Juan Palanquín, los cuales estaban con dos o tres mujeres en el dicho mesón, y luego vió este testigo que el dicho Francisco Díaz Cabezón salió a la calle con una cota puesta y una espada y un broquel, y los dichos Juan Palanquín y el otro Zambrano salieron a la calle con sus espadas en las manos, los cuales sabe este testigo que andan retraídos de la ciudad de Sevilla por delitos que han hecho, y así como salieron a la calle vió este testigo que estaban en la dicha calle Bernardo de Oliver hablando con este testigo, y Antón Navarro y Diego de Castro y Juan de Vega y Diego de Vega y Pedro Librero, mesonero, y otros que no conoce este testigo, y así como salieron los dichos Francisco Díaz Cabezón, Juan Palaquín y Zambrano, salieron del dicho mesón y se pararon en la calle, y el dicho Bernardo de Oliver dijo a este testigo y a otros: "aquellas tres cargas que vienen allí son de gibias", y entonces el dicho Zambrano dijo al dicho Bernardo de Oliver: "buena comida es, metérsela en el cuerpo con una escopeta de siete plomos que tengo", y el dicho Bernardo de Oliver respondió: "yo tengo un mosquete muy bueno para esa escopeta, y una espada de cinco palmos para cuando fuere menester", y el dicho Zambrano le respondió: "tráigala luego, que para luego es tarde", y estando en esto, venía Pedro de las Casas la calle abajo y allegó donde estaban los dichos Bernardo de Oliver, Francisco Díaz, Juan Palanquín y Zambrano, y como los vió alborotados que querían reñir, les dijo a todos: "señores, no hagan enojo entre ellos, porque parece muy mal de cosas de tan poco momento alborotar el pueblo", y entonces los dichos Juan Palanquín y sus compañeros se subieron la cabezada (caezada en el original) arriba diciendo que cualquiera cornudo bellaco que hubiese dicho de sus leones de sus borceguíes era un bellaco cabrón, y que luego él lo daría a entender, y el dicho Pedro de las Casas respondió entonces, diciendo que ningún hombre de los que allí estaban era hombre que dijese tal palabra, y que allí no había ningún cabrón, y que mentía en lo que decía, y luego todos tres los dichos Francisco Díaz Cabezón y Zambrano y Juan Palanquín echaron mano a sus espadas y desnudas fuera de las vainas y comenzaron a dar de cuchilladas al dicho Bernardo de Oliver, Pedro de las Casas y Diego de Castro y los demás que allí estaban, y los dichos Pedro de las Casas, Diego de Castro y los demás echaron mano a sus espadas defendiéndose de los dichos Francisco Díaz Cabezón, Juan Palanquín y  Zambrano, y luego vió este testigo cómo le dieron una estocada al dicho Bernardo de Oliver debajo de un hombro, que al parecer de este testigo le dió el dicho Francisco Díaz Cabezón, y el dicho Bernardo de Oliver comenzó a decir: "¡ay, que me ha muerto este traidor!", diciendo por el dicho Francisco Díaz Cabezón, y luego oyó decir este testigo que habían herido al dicho Pedro de las Casas en un muslo, y luego vió este testigo que en favor de los dichos Zambrano, Francisco Díaz y Juan Palanquín se puso a su lado Francisco Carbonero, riñendo contra los dichos Pedro de las Casas, Diego de Castro y Bernardo de Oliver y los demás, y este testigo y otros se metieron de por medio a meterlos en paz, y desque los tuvieron metidos en paz, vió este testigo que el dicho Francisco Díaz estaba herido en las espaldas, y otra herida como de pedrada en la cabeza, mas no vió este testigo quién lo hirió ni lo sabe, porque había mucha gente y muchas espadas, y al tiempo que este testigo miró al dicho Francisco Díaz Cabezón le vió que tenía una cota puesta, y luego, estando en la dicha pendencia, se fueron huyendo los dichos Zambrano y Juan Palanquín y Francisco Carbonero y sus amigas, y decían que llevaban, una de las dichas sus amigas, un pistolete, y que esto es lo que sabe y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y señalólo de una señal que acostumbra a hacer por firma, y dijo que es de edad de treinta y nueve años poco más o menos. Firmaron el Alcalde Ordinario y el escribano Hernando de las Cuevas.


                                            Señal del Regidor Francisco Vázquez.


Y luego, en este dicho día, mes y año susodichos, el dicho Señor Alcalde Ordinario, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma de derecho de Antón de Valencia, Regidor, vecino de esta dicha Villa, so cargo del cual prometió de decir verdad de lo que supiese y fuese preguntado, y siendo preguntado por la dicha cabeza de proceso dijo que lo que sabe este testigo es que viniendo hoy dicho día hacia la pescadería de esta dicha Villa como a las cuatro de la tarde oyó grita como que reñían, y fué corriendo y al tiempo que allegó vió este testigo que Francisco Díaz Cabezón estaba metido en casa de Andrés López, y Francisco Vázquez a la puerta deteniendo a la gente, que no entrasen dentro donde estaba el dicho Francisco Díaz, y este testigo se puso a la dicha puerta, que no entrasen dentro, porque había mucha gente así del pueblo como forastera, que no conoció quién era, mas que luego entró este testigo donde estaba el dicho Francisco Díaz y lo vió herido en las espaldas, y este testigo le preguntó, el cual le dijo que Diego de Castro, su amigo, y un hijo del escribano* lo habían herido,  y asimismo oyó decir este testigo que el dicho Francisco Díaz había herido a Bernardo de Oliver de una estocada, y que aunque hubiera muerto al dicho Francisco Díaz Cabezón, que estuviera bien muerto por haber tenido la culpa de la dicha pendencia y dado la causa de ella, y que esto es lo que sabe, y no otra cosa, y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y firmólo de su nombre, y que es de edad de treinta años poco más o menos.



* Se refiere a Pedro de las Casas, hijo del escribano Miguel de las Casas, difunto ya por entonces y sustituido por Hernando de las Cuevas.

Y después de lo susodicho, en el dicho día, mes y año susodichos, el dicho Alcalde Ordinario, para averiguación de lo susodicho, fué al mesón de esta dicha Villa, adonde estaba echado en una cama un hombre que se dijo llamar Francisco Díaz Cabezón, y recibió de él juramento en forma de derecho por Dios y por Santa María y por la señal de la Cruz, so cargo del cual prometió decir verdad de lo que supiese y le fuere preguntado, y habiéndolo prometido le fué preguntado diga quién lo hirió, y cómo y porqué pasó la pendencia; dijo que lo que pasa es que este declarante venía, el lunes que pasó, de la dicha ciudad de Sevilla a esta dicha Villa, y en el camino encontró a Juan Ruíz y a Zambrano, que venían a esta dicha Villa, y como los encontró y eran sus amigos se vinieron juntos al mesón de esta dicha Villa, adonde estuvieron aquella noche, y después hoy dicho día martes como a las cuatro de la tarde poco más o menos estaba este declarante hablando con Antón Navarro en la calle, y oyó que los dichos Juan Ruíz y Zambrano estaban hablando con un hombre que dicen se llama Bernardo de Oliver y Diego de Castro y con Juan de Vega, alto como de manera que reñían, sobre un cuello borceguíes (sic), y luego vió que los dichos Zambrano y Juan Ruíz echaron mano a las espadas y se comenzaron a dar cuchilladas con los dichos Diego de Castro y Juan de Vega y con otros hombres que allí estaban, entre los cuales decían estaba Pedro de las Casas y Juan Rodríguez Gordo, y todos echaron mano a sus espadas, y este declarante echó mano a la suya en favor de los dichos Juan Ruíz y Zambrano, y se comenzaron a dar todos de cuchilladas, y a este declarante le dieron un golpe en la cabeza con una daga, mas no vió quién le dió ni lo sabe, y después andando en la dicha pendencia acudió mucha gente y le tiraban muchas pedradas a este declarante mas no sabe quiénes eran, y le dieron una pedrada en la boca que le quebraron un diente, y le dieron otras pedradas en la cabeza y en un brazo, y luego vió este declarante que el dicho Diego de Castro le dió una cuchillada a este declarante en la cabeza, de que le cortó cuero y carne y le salía mucha sangre, y le dieron una estocada en las espaldas, entendido este declarante que se la dió el dicho Pedro de las Casas, aunque dicho Juan Rodríguez Gordo le tiraba muchas cuchilladas, y no sabe cual de los dichos Juan Rodríguez Gordo y Pedro de las Casas lo hirió, y que asimismo le dieron un rasguño en el lado izquierdo en el pecho, y que por llevar como llevaba este declarante cota no lo pasaron, y que cuando se comenzó la dicha pendencia este declarante había respondido, cuando vió enojados a los dichos Juan Ruíz y Zambrano, y que reñirían con los dichos Bernardo de Oliver y los demás uno a uno y dos a dos, y que este declarante no tenía enojo ninguno, sino antes había dicho al dicho Antón Navarro que ya se iba a Sevilla y que se quedase con Dios, y entonces le dieron a este declarante con la dicha daga, que no sabe quién le dió; fuéle preguntado diga y declare quién hirió al dicho Bernardo de Oliver y si lo hirió este declarante y le dió una estocada en un hombro que se lo pasó, dijo que este declarante nunca lo hirió ni sabe quién, mas que algunos le han dicho a este declarante que este declarante lo hirió, y que esto niega y no lo confiesa, y esta es la verdad de lo que pasa y no otra cosa, y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y dijo que no sabía escribir, y que es de edad de treinta años poco más o menos. Firmaron el Alcalde Ordinario y el escribano Hernando de las Cuevas.

Testigo. En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 6 días de dicho mes de marzo, el dicho Alcalde Ordinario, para averiguación de lo susodicho recibió juramento en forma de derecho de Francisco Gutiérrez, vecino de la ciudad de Sevilla en la collación de San Isidro, so cargo del cual prometió decir verdad de lo que supiese y le fuese preguntado, y siendo preguntado por la dicha cabeza de proceso dijo que lo que sabe es que estando este testigo en la pescadería de esta dicha Villa el martes que pasó que se contaron dos días de este presente mes de marzo como a las cuatro de la tarde poco más o menos, vió que Francisco Díaz y Juan Palanquín, que por otro nombre se dice Juan Ruíz, y Zambrano, estaban todos tres juntos en una rueda (¿una piedra de molino?) en la calle junto al mesón de esta dicha Villa con sus espadas, y el dicho Francisco Díaz con un broquel, y apartados de ellos estaban parados hablando Bernardo de Oliver y Antón Navarro y Diego de Castro y Pedro de las Casas y Juan Rodríguez Gordo, hijo de Francisco Rodríguez Gordo, y otros hombres que no se acuerda quién eran, y este testigo se allegó a la rueda donde estaban los que dicho tiene, y estando así parados, el dicho Juan Palanquín dijo a los que allí estaban: "cualquiera que dijere de mi cuello y de mis borceguíes es un cabrón cornudo y miente", y el dicho Pedro de las Casas dijo entonces: "el que dijere que yo lo he dicho miente y es un cabrón", y echó mano a su espada y le dió con ella en el sombrero al dicho Francisco Díaz, y según oyó decir este testigo a otras personas que el dicho Francisco Díaz había dicho venía a reñir y reñiría uno a uno y dos a dos, que a eso había venido a esta Villa, y luego el dicho Francisco Díaz echó mano a la espada y desnuda fuera de la vaina le dió una estocada al dicho Bernardo de Oliver, y le dió en los pechos junto al hombro, y luego el dicho Bernardo de Oliver dió voces diciendo: "¡ay, que me han muerto!", y como los dichos Pedro de las Casas y Diego de Castro y Juan Rodríguez Gordo y Antón Navarro y Juan de Vega y otros que allí estaban y otros que no se acuerda sus nombres, vieron que el dicho Bernardo de Oliver daba voces que lo habían muerto, echaron mano a las espadas, y los dichos Juan Ruíz Palanquín y Zambrano y Francisco Carbonero echaron mano a sus espadas y se pusieron al lado del dicho Francisco Díaz, y se comenzaron a dar de cuchilladas los unos con los otros, y así dándose de cuchilladas estuvieron un rato hasta que los metieron en paz, porque los dichos Juan Ruíz Palanquín y Zambrano y Francisco Carbonero echaron a huir, y luego vió este testigo que el dicho Francisco Díaz estaba herido en las espaldas, mas no vió este testigo quién lo hirió (sigue una línea ilegible por rotura) al dicho Francisco Díaz fué a ver este testigo, y el dicho Francisco Díaz dijo que de ninguno del pueblo se quejaba, aunque lo mataran, sino de su amigo que había cenado con él, que lo había herido, y que este testigo no sabe quién era el amigo del dicho Francisco Díaz, y que esto es lo que sabe y no otra cosa, y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y firmó de su nombre, y que es de edad de treinta y tres años poco más o menos. Firmaron también el Alcalde Ordinario y el escribano Hernando de las Cuevas.




Y luego, en este día, mes y año susodichos, el dicho Alcalde Ordinario, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma debida de derecho debido de Gerónimo de Alcántara*, reconero (¿recovero?), vecino de la ciudad de Sevilla en la collación de San Isidro, so cargo del cual prometió decir verdad de lo que supiese y fuese preguntado, y siendo preguntado por la dicha cabeza de proceso dijo que lo que de este caso sabe es que estando este testigo a la puerta del mesón de esta dicha Villa el martes que pasó que se contaron dos días de este presente mes de marzo, como a las cuatro de la tarde poco más o menos, y vió que estaban en la calle, frontero al dicho mesón, Francisco Díaz Cabezón y Juan Ruíz Palanquín y Zambrano, y estaban en la calle parados muchos vecinos de esta Villa que no se acuerda quiénes eran, los cuales estaban quietos y pacíficos, y estando así pacíficos el dicho Juan Ruíz Palanquín dijo a los del pueblo que estaban allí: "quien dijere de mi cuello y borceguíes es un bellaco cornudo cabrón y miente", y el dicho Francisco Díaz dijo que si tenían ganas de reñir, saliesen uno a uno y dos a dos, que él reñiría con todos, y este testigo como vió que querían reñir entró en el mesón a tomar una espada para meterlos en paz, y cuando quiso salir el huésped había cerrado la puerta y no lo dejaron salir, y después que abrieron y salió este testigo, estaba la dicha pendencia acabada, y vió que el dicho Francisco Díaz estaba herido mas no vió este testigo quién lo hirió ni lo ha oído decir, y que esto es lo que sabe y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y firmó de su nombre, y que es de edad de más de cuarenta y siete años. Firmaron además el Alcalde Ordinario y el escribano Hernando de las Cuevas.

* La firma de Gerónimo de Alcántara está en la foto siguiente, como otro testigo que fué de este último documento.


En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 10 días del mes de marzo de 1599 ante mí, Hernando de las Cuevas, escribano público y del Concejo de esta dicha Villa, y testigos que a ello fueron presentes, y ante Juan de Castro, Alcalde Ordinario de esta dicha Villa, pareció Francisco Díaz Cabezón, vecino de Sevilla en Triana, y dijo que por cuanto el martes que pasó, que se contaron dos días de este presente mes de marzo, había reñido en esta dicha Villa con Pedro de las Casas y Diego de Castro y otros vecinos de esta dicha Villa, y en la dicha pendencia le habían dado una herida estocada en las espaldas y tres heridas en la cabeza, y hecho otros malos tratamientos, y porque de las dichas heridas estaba sano y fuera de todo peligro y es amigo de los dichos Pedro de las Casas y Diego de Castro y demás personas de la dicha pendencia, por tanto por esta presente carta por aquella cual forma que mejor haya lugar de derecho perdonaba y perdonó a los dichos Pedro de las Casas y Diego de Castro y demás personas que se hallaron en la dicha pendencia, y se obligó de no les pedir ni demandar cosa alguna en razón de las dichas heridas que le fueron dadas, y pidió a las Justicias de Su Majestad que den perdones a los dichos Pedro de las Casas y Diego de Castro y demás personas de la dicha pendencia, y le remitan su justicia, y juró por Dios Nuestro Señor que este perdón no lo hace de malicia ni por miedo ni temor de no alcanzar justicia, sino por servicio de Dios Nuestro Señor y ruegos de buenas personas que se lo han rogado, y para la fuerza de ello obliga su persona y bienes, y no lo firmó por no saber escribir. Testigos, Gerónimo de Alcántara, Francisco Gutiérrez, Cristóbal Rodríguez, Pedro Martín, Juan Martín, vecinos y estantes en esta dicha Villa, y yo el dicho escribano doy fé que conozco al dicho otorgantes.




En su reflejo en los protocolos del escribano Hernando, al menos en los que se han conservado, la historia termina así. Es interesante notar que en esta carta de perdón otorgado por Cabezón a los castillejenses no consta Bernardo de Oliver aun siendo el más damnificado de todos los que participaron en la riña. Esto podría indicar que el hijo del espadero no aceptó la reconciliación y había incoado pleito contra él, que por entonces se estaría desarrollando, o bien en Castilleja, o quizá en Sevilla e incluso en la Real Chancillería de Granada.



Notas varias, 2b.

En 1599, cuando hay que suponer a Magdalena de Vega y a su yerno Francisco Vázquez* ya fallecidos, ocurrió un altercado del que salió herido con una estocada en un hombro su hijo varón Bernardo de Oliver, el antiguo Alguacil de la pendencia en las carnicerías diez años antes. En esta ocasión fué en el mesón. Recuérdese que mesón y carnicería lindaban, uno junto con la otra.

* Aunque un Francisco Vázquez, Regidor, actúa de testigo en la cabeza de proceso por la estocada a Bernardo —ver infra—. Al parecer hay al menos dos familias Vázquez en el pueblo, sin relación parental. También cabe la posibilidad de que el Francisco Vázquez, cuñado de Bernardo de Oliver el joven, que otorgó su testamento según vimos en Notas varias, 2, se recuperase de su enfermedad hasta el punto de ocupar al cabo de los años un cargo en el Concejo —el de dicho Regidor—, y participar en una pendencia entre espadachines. Plausible, porque ahora figura con una edad cercana a la cuarentena (39 años poco más o menos) que encaja con la del Vázquez de referencia.


En la Villa de Castilleja de la Cuesta, en 2 de marzo de 1599, ante Hernando de las Cuevas, escribano público y del cabildo de dicha Villa, el Alcalde Ordinario Juan de Castro* dijo que a su noticia había venido que en esta Villa habían reñido tres hombres de la ciudad de Sevilla con Bernardo de Oliver y con otros vecinos de esta Villa, los cuales dichos tres hombres habían venido con mano armada y sobre acuerdo y efecto pensado con espadas y dagas y broqueles** y cotas*** y con un pistolete****  y dos sus amigas, y porque el dicho Bernardo de Oliver había dicho que venían tres cargas de gibias*****, los susodichos habían dicho que le meterían las gibias por el cuerpo con un arcabuz, y que era un bellaco, que saliese a reñir con él, porque ellos venían para reñir uno a uno o dos a dos o tres a tres, y porque Pedro de las Casas le había dicho que no hubiese enojo entre ellos ni alboroto en el pueblo, los dichos hombres le habían respondido que callase, y que cualquiera que hubiese dicho de sus borceguíes y de los leones que en ellos traían era un bellaco cornudo, y que le había de quitar los cuernos como chivato, y porque el dicho Pedro de las Casas había dicho que allí no había hombre que hubiese de ninguna cosa de aquello, los dichos tres hombres, dándose favor los unos a los otros, habían echado mano a sus espadas, y dándoles de cuchilladas a los dichos Bernardo de Oliver y Pedro de las Casas y a Diego de Castro y a otros que estaban allí, y uno de los dichos tres hombres, que se llama Francisco Díaz, había dado una estocada al dicho Bernardo de Oliver en un hombro, que lo había pasado (traspasado, atravesado); y asimismo salieron de la dicha pendencia heridos los dichos Pedro de las Casas y Francisco Díaz Cabezón. Y para que se sepa la verdad de lo susodicho, hizo la siguiente información. Firma Hernando de las Cuevas.

* ¿El mismo que en 1589, en la entrada anterior, con diez años más de edad?. Pero la diferencia entre la señal con que rubricaba entonces (ver entrada anterior) y su firma de ahora puede hacer pensar lo contrario. Quizá en esta decena de años aprendiese a, torpemente como se vé, escribir su nombre.



                                                          Firmas de Juan de Castro.

** Broquel, escudo pequeño. "Todo es dar en los broqueles", cuando en las disputas y altercaciones se entretienen en lo que no importa, sin tocar la dificultad ni el punto sustancial del negocio; tomada la semejança de los que esgrimen, que tirando muchos taxos y reveses, se reparan todos en los broqueles, sin que reciba el cuerpo ningún golpe. "Abroquelarse" un hombre es apercibirse para la defensa de quien tiene algún negocio contra él. "Salir a cada repiquete de broquel", es con qualquiera ocasión, tomar contienda o estar apercibido para en travándose la qüestión acudir a ella. [...]. "Broquelero", el amigo de pendencias, que para ellas va apercibido con su broquel. "Abroquelarse", repararse del golpe del contrario. (Tesoro de la Lengua Castellana. Covarrubias). Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Broquel

*** Cota. Covarrubias dice en su Tesoro que las primeras cotas fueron de cueros de bueyes y búfalos, y que después para ganar en ligereza hicieron correas de estos cueros y anudándolas unas con otras consiguieron, además, más fortaleza. Luego a estos entramados de correas les añadieron anillos de hierro, y por fin desecharon las correas y las construyeron de anillos metálicos en su totalidad, llamándolas de malla porque se cerraban las argollas a martillazos (se equivoca cuando relaciona etimológicamente malla y martillo). Añade que de algodón pespuntado, retorcido y anudado y de tres dedos de grueso hacía los indios sudamericanos sus cotas, largas hasta los pies, las cuales, por su peso, les obligaban a luchar contra los españoles a pié firme sin moverse del sitio. Ver http://www.cotasdemalla.es/historia.htm


                                                        Piezas de una cota de malla

**** Pistolete. Se consideraba un arcabuz pequeño, y también que las armas de fuego de longitud menor de tres palmos eran propias de traidores. Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Pistolete

***** Xibia. Pez semejante al Pulpo; que cerca de la cabeza tiene una bolsa, ú depósito, y en ella un humor tan negro como tinta, el cual derrama en el agua, y la turba, y oscurece, para escapar, sin ser visto de los Pescadores. Su escama, ó concha, es durísima, y la carne mui blanda, y mui blanca. Latin Sepia. (Diccionario de Autoridades).
Por el Camino Real, ya en la Calle del mismo nombre, venían desde Huelva playeros con sus caballerías cargadas de pescado. Si el mesón se situaba donde imaginamos —en la desembocadura de la calle de Hernán Cortés—, las cargas de gibias que divisó Bernardo de Oliver debían estar hacia arriba, aproximadamente a la altura de la desembocadura de la calle de Pedro Oyega, hoy de Manuel García-Junco.


Testigo. Luego, en este día, mes y año susodichos, el dicho Alcalde, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma debida de derecho de Diego Martín de Vega, vecino de esta dicha Villa, so virtud del cual prometió de decir verdad de lo que supiese y le fuese preguntado, y siendo preguntado por el tenor de la cabeza de proceso, dijo que lo que sabe es que estando este testigo ayer lunes primero de este presente mes de marzo en la noche, vió este testigo  cómo vinieron al mesón de esta dicha Villa tres hombres, que en sus trajes parecían rufianes, porque venían alborotados y buscando ocasiones para reñir con la gente que estaba en el dicho mesón, los cuales se quedaron en el dicho mesón aquella noche, y uno de los dichos tres hombres dicen que se llama Cabezón, y el otro  Planquín (o Palanquín) y por su propio nombre Juan Luis, y el otro Alonso Ruíz, y estaban con sus espadas y dagas, y hoy dicho día dos de marzo, en la tarde como a las cuatro de la tarde volvió este testigo hacia el dicho mesón, y vió a los dichos tres hombres, que se llaman Cabezón, y Juan Luis Palanquín y Alonso Ruíz, que estaban en la calle con sus espadas y dagas, y el dicho Cabezón con su broquel, y en la dicha calle estaban Bernardo de Oliver y Diego de Castro y otros, hablando, y el dicho Bernardo de Oliver vió que venían unas cargas que eran de Carrión, que entendió que eran de gibias, y como las vió el dicho Bernardo de Oliver dijo: "aquellas cargas que vienen allí son de gibias", y uno de los dichos tres hombres que vinieron al mesón como rufianes dijo al dicho Bernardo de Oliver: "esa gibia cómasela", y el dicho Bernardo de Oliver respondió: "con aquella que viene se guisa de comer", y el dicho hombre respondió: "comella y hacérsela comer he, y después sacársela y echársela fuera con un arcabuz", y el dicho Bernardo de Oliver dijo: "entonces, yo tengo un mosquete para defendello", y el dicho hombre respondió que él tenía dos, y el dicho Bernardo de Oliver dijo que no era menester mosquete ninguno si no era una de cinco palmos*, cuando fuese de menester, y el dicho hombre respondió que para luego era tarde, y el dicho Bernardo de Oliver dijo: "no me han hecho vuestras mercedes nada", y en esto vió este testigo que venía Pedro de las Casas la calle abajo, y como vió a los dichos tres hombres estar riñendo con Bernardo de Oliver, se allegó hacia ellos diciéndoles: "señores, no hagan enojo entre ellos, y no alboroten el pueblo", y diciendo esto, todos los dichos  tres hombres echaron mano a las espadas, diciendo uno de ellos: "cualquiera que dijere de mis borceguíes y de los leones de ellos** es un gran bellaco cornudo cabrón", y que "luego se lo daría a entender", y el dicho Pedro de las Casas respondió que ningún hombre de los que allí estaban era hombre que dijese tales palabras, y que allí no había ningún cabrón, que mentía en lo que decía, y el dicho Cabezón dijo: "voto a Dios que uno a uno y dos a dos o tres a tres riño con todos, que a eso venimos a esta Villa", y con las dichas espadas desnudas comenzaron a dar de cuchilladas a los dichos Pedro de las Casas y Bernardo de Oliver, y a los otros que allí estaban, y el dicho Cabezón vió este testigo que dió una estocada al dicho Bernardo de Oliver en un hombro, de que le cortó el cuero y carne y le salía mucha sangre, y luego los dichos dos hombres que se llaman Planquín y Zambrano se fueron huyendo. Y andando en la dicha pendencia ha visto este testigo que acudió mucha gente a ella, y andando en la dicha pendencia vió este testigo que el dicho hombre que se llama Cabezón salió de la dicha pendencia herido en la cabeza y espaldas, mas no sabe este testigo ni vió quien lo hirió, porque acudió mucha gente a la dicha pendencia, y este testigo oyó decir luego que los dichos tres hombres eran unos rufianes valentones, y que andaban huidos y retraidos de la ciudad de Sevilla por delitos que habían hecho, y que cuando vinieron a esta Villa habían venido con ellos sus amigas, y que esto es lo que sabe y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y dijo que no sabía escribir y que es de edad de treinta años poco más o menos. Firmaron el Alcalde Ordinario y el escribano.

* Se notaba que era hijo de un maestro de hacer espadas. Ver nota supra, sobre pistoletes.

** Quizá "león" fuese un adorno moderno de los borceguíes, que por su novedad se prestaba a burlas, pero no he podido acreditarlo. En el Diccionario de Autoridades una de las acepciones de "león" es precisamente rufián, matón, valentón de baja estofa. También se refiere en las deposiciones de los testigos a un rufián a murmuraciones sobre su "cuello". El atuendo de los tres forasteros despertó suspicacias entre los castillejanos.


Y luego dicho Alcalde, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma debida de derecho de Juan de Vega, vecino de esta dicha Villa, so cargo del cual prometió de decir verdad de lo que supiese y le fuese preguntado, y siendo preguntado por la dicha cabeza de proceso, dijo que lo que sabe es que este testigo vió que ayer lunes en la noche, que se contaron primer día de este presente mes de marzo, vinieron al mesón de esta dicha Villa tres hombres, que el uno oyó decir que se llamaba Francisco Díaz, y el otro Juan Ruíz, y el otro Zambrano, los cuales parecían en sus trajes valentones y rufianes, porque venían con sus espadas y dagas, y sus amigas consigo, y posaron aquella noche en el mesón dicho, y después hoy dicho día como a las cuatro de la tarde poco más o menos estaban a la puerta del dicho mesón los dichos tres hombres, y un poco más adelante estaba Bernardo de Oliver, Diego de Castro y otros, y este testigo vió que por el camino venían tres o cuatro cargas de carbón (sic) y el dicho Bernardo de Oliver como las vió dijo: "aquellas cargas que vienen allí son de xivias", y los dichos tres hombres que dicho y declarado tiene dijeron al dicho Bernardo de Oliver que se las comiese, y otras muchas palabras de enojo, y que si querían reñir con ellos que saliesen uno a uno o dos a dos y tres a tres, que a eso habían venido a Castilleja, a reñir, y en esto allegó Pedro de las Casas y les dijo: "señores, no hagan enojo entre ellos ni alboroto en el pueblo", los cuales dichos tres hombres le dijeron al dicho Pedro de las Casas que cualquiera que había dicho de sus borceguíes y leones de ellos era un bellaco cornudo cabrón, y que se lo darían a entender así, y el dicho Pedro de las Casas dijo: "ninguno de los que están aquí no ha dicho tal cosa de eso", y luego los dichos tres hombres echaron mano a las espadas que tenían con ellos, fuera de las vainas, y comenzaron a dar de cuchilladas a los dichos Bernardo de Oliver y Pedro de las Casas y Diego de Castro y a los otros que allí estaban, y vió este testigo que el dicho Francisco Díaz Cabezón dió una estocada al dicho Bernardo de Oliver, que estaba sin espada, en un hombro, de que le cortó cuero y carne y le salía mucha sangre, y luego vió este testigo que acudió mucha gente con espadas y piedras y anduvieron buen rato riñendo hasta que se apaciguó la dicha pendencia, y después de acabada la dicha pendencia vió que el dicho Francisco Díaz estaba herido de una estocada en las espaldas y otra en la cabeza, de que tenía cortado cuero  y carne y le salía mucha sangre, mas no sabe ni vió quién lo hirió, porque había mucha gente, y que esto es lo que sabe y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y dijo que no sabía escribir y que es de edad de treinta y cuatro años poco más o menos. Firmaron el Alcalde Ordinario y el escribano Hernando de las Cuevas.

Y después de lo susodicho, en la Villa de Castilleja de la Cuesta, en dicho día, mes y año susodichos, el dicho Alcalde Ordinario, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma debida de derecho de Leonor de Ledesma, mujer de Juan de Vega*, vecina de esta dicha Villa, so virtud del cual prometió de decir verdad de lo que supiese y le fuese preguntado, y siendo preguntada por el tenor de la dicha cabeza de proceso, dijo que lo que sabe es que esta testigo vió que el lunes que pasó, en la noche, que se contaron primero día de este presente mes de marzo, vinieron al mesón de esta dicha Villa Francisco Díaz Cabezón y otros dos en su compañía, que oyó nombrarlos Zambrano a el uno, y a el otro Juan Ruíz, mas que no los conoce, los cuales dichos tres hombres trajeron consigo unas mulatas, las cuales decían que eran sus amigas, las cuales durmieron aquella noche en el dicho mesón con los dichos tres hombres en un aposento, que lo vió esta testigo porque vive en el dicho mesón, y que a las dichas mulatas no las conoce ni si las viese las conocería, a los cuales dichos tres hombres le pareció a esta testigo que eran hombres rufianes, porque a lo que decían y hablaban le parecía que buscaban pendencias y escándalos, porque decían: "voto a Dios que a un cornudo le he de cortar un cuerno", y después, hoy dicho día martes dos de marzo, como a las cuatro de la tarde poco más o menos vió esta testigo que estaban en la calle junto al dicho mesón Bernardo de Oliver y Antón Navarro y Diego de Castro y Pedro de las Casas y otros, y como los dichos tres hombres los vieron, abajaron del dicho mesón y se pusieron en la puerta de él, y ... vió esta testigo que dicho Bernardo de Oliver decía que aquellas cargas que venían por aquella calle abajo eran de gibias, y uno de los dichos tres hombres le dijo al dicho Bernardo de Oliver: "aquella gibia coméosla vos, que en mi casa tengo una escopeta de cinco plomos, con que os la saque del cuerpo", y sobre esto hubieron otras palabras que esta testigo no entendió porque estaba en los corredores del dicho mesón, y luego vió esta testigo que los dichos tres hombres echaron mano a las espadas contra los dichos Bernardo de Oliver y Pedro de las Casas y Diego de Castro y Antón Navarro y otros que no conoció, y los susodichos echaron mano a sus espadas y comenzaron a darse de cuchilladas los unos a los otros, y después que la dicha pendencia se apaciguó vió esta testigo que los dichos Bernardo de Oliver y Francisco Díaz Cabezón estaban heridos, el dicho Bernardo de Oliver en un hombro y el dicho Francisco Díaz en la cabeza y las espaldas, mas esta testigo no vió quien los hirió porque había mucha gente y muchas espadas, y cuando estaban en la dicha pendencia vió esta testigo que un niño, hijo de esta testigo, entró en el aposento donde estaban y habían dormido los dichos tres hombres con sus amigas, y había sacado un pistolete que tenían en una canasta, y esta testigo se lo quitó al niño y lo tornó a poner donde lo había sacado, y luego vió esta testigo que entraba una de las dichas mulatas, que es una delgada que si la viese la conocería, y tomó la canasta donde estaba el dicho pistolete y se fué*, y esto es lo que sabe y no otra cosa, y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y dijo que no sabía escribir, y que es de edad de veinte y cuatro años poco más o menos. Firmaron el Alcalde Ordinario y el escribano Hernando de las Cuevas.

* Juan de Vega, el anterior testigo. Así, Juan y su mujer Leonor eran empleados del mesón, mientras que Pedro Librero —ver infra— era el mesonero propiamente dicho, quien se lo tenía arrendado al Conde de Olivares. El niño del matrimonio completa el cuadro, enredando por los corredores y por los aposentos de los huéspedes.

** Sabemos —ver infra— que cerraron la puerta del mesón al empezar la trifulca, y estando los adultos en su interior distraídos mirando por las ventanas, el niño aprovecharía para hacer una incursión en los aposentos, en uno de los cuales llamaron su atención los objetos personales de las mulatas y entre ellos, esta canasta que se podría traducir por cesta, a modo del bolso en los complementos de la indumentaria femenina en nuestros días. Nada ha cambiado, en cuanto que hoy, en los Estados Unidos por ejemplo, no son pocas las mujeres que portan una pistola en sus bolsos. De semejante manera, una de las mulatas llevaba en el suyo el pistolete.




Y luego, en este dicho día, mes  y años susodichos, el dicho Alcalde Ordinario, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma debida de derecho, por Dios y por Santa María y por las palabras de los Santos Evangelios y por la señal de la cruz, de Antón Navarro el viejo, vecino de esta Villa, so cargo del cual prometió decir verdad de lo que supiese y le fuese preguntado, y siendo preguntado por la dicha dijo que lo que sabe y lo que este testigo vió que ayer lunes primero de este presente mes de marzo vinieron a esta dicha Villa tres hombres, que uno dicen se llama Francisco Díaz que por otro nombre se dice Cabezón, y el otro se dice Zambrano y el otro El Plagosni (sic), con sus amigas, las cuales trujeron al mesón de esta dicha Villa, y posaron en el mesón de esta dicha Villa con ellas, los cuales venían en hábito de rufianes, y hoy dicho día vió este testigo que hoy dicho día como a las cuatro de la tarde estaban los dichos tres hombres a la puerta del mesón de esta dicha Villa, donde estaba Bernardo de Oliver parado y otros hombres de esta dicha Villa que no se acuerda, entre los cuales estaba Juan de Vega y Diego de Vega y Francisco Vázquez, Regidor, y otros, y Francisco Gutiérrez y Diego de Castro y Pedro Librero y otros que no se acuerda quién son, y este testigo vió que estaban riñendo con el dicho Bernardo de Oliver los dichos tres hombres, de palabra, diciéndole: "aquellas cargas que vienen allí no son xibias, si no, métaselas en el cuerpo, y sacárselas he yo con un arcabuz", lo que les decían al dicho Bernardo de Oliver, y el dicho Bernardo de Oliver respondió a Zambrano, que le decía: "yo tengo un mosquete", y sobre esto se hicieron palabras, y estando en esto allegó Pedro de las Casas y les dijo: "señores, no hagan enojo entre ellos, y no alboroten el pueblo", y diciendo esto, los dichos tres hombres echaron mano contra el dicho Bernardo de Oliver, y el dicho Francisco Díaz Cabezón le dió una estocada al dicho Bernardo de Oliver en un hombro, de que le cortó el cuero y la carne y le salió mucha sangre, y acudió mucha gente, y el dicho Planquín le dijo al dicho Pedro de las Casas: " ... ... de  mi cuello y borceguíes que cualquier bellaco cornudo que lo dijo aquí esto, y salga uno a uno y tres a tres, que a eso hemos venido a Castilleja, a pelear y buscar con quien reñir", y el dicho Francisco Díaz, puesta una cota y un broquel echó mano a la espada contra el dicho Pedro de las Casas y los otros que estaban allí, y comenzaron a darse cuchilladas, al dicho Pedro de las Casas y al dicho Diego de Castro y a los otros que allí estaban, y este testigo se metió de por medio con su espada desnuda en la mano, y andando en la dicha pendencia vió este testigo que acudió mucha gente, y el dicho Bernardo de Oliver estaba diciendo: "¡ay, que estoy muerto!", y luego se apartaron los unos de los otros, y después de apartados vió este testigo que el dicho Francisco Díaz estaba herido de una heridad estocada en las espaldas, mas no vió este testigo quién lo hirió porque había mucha gente con espadas, y este testigo le oyó decir al dicho Francisco Díaz Cabezón que había venido aquí huyendo por unas justicias y otras pendencias, y que los demás y Planquín son hombres que tienen muchos delitos y están acostumbrados a hacer otros muchos delitos, y de ordinario arman muchas pendencias y resistencias, y que esto es la verdad de lo que vió, por el juramento que hizo, y que es de edad de cuarenta y seis años poco más o menos.

Continúa en la siguiente entrada, Notas varias, 2c.

miércoles, 5 de julio de 2017

Notas varias, 2a.


         Aproximación a la genealogía de los primeros Oliver de Castilleja de la Cuesta.


Bernardo de Oliver el joven, ya viuda su madre, fue nombrado Alguacil Ordinario en 1589. Por entonces su hermana Juana de Vega ya le habría dado algún sobrino. En el ejercicio de su función de aguacilazgo tuvo un altercado con un Alguacil y varios cuadrilleros de la Santa Hermandad de la ciudad de Sevilla que, al parecer, no reconocían la autoridad del Conde de Olivares en el Señorío de Castilleja de la Cuesta, y no vacilaban a la hora de desenvainar las espadas para demostrarlo, frente al más pintado:


En la Villa de Castilleja de la Cuesta a 16 de septiembre de 1559 (error en el original: debe decir 1589), ante Juan de Castro, Alcalde Ordinario de esta dicha Villa y en presencia de mí, Hernando de las Cuevas, escribano público y del Cabildo de esta dicha Villa, pareció presente Bernardo de Oliver, Alguacil de esta dicha Villa y vecino de ella, y dijo que se querellaba y se querelló criminalmente de Simón Lascano, Alguacil que dicen ser de la Hermandad de la ciudad de Sevilla, y de Romero y de otros tres criados suyos*, que protesta de declarar sus nombres en la prosecución de la causa, en razón que estando este querellante como Alguacil Ordinario que es de esta dicha Villa, el dicho Simón de Lascano y los demás que venían en su compaña, con poco temor de Dios Nuestro Señor y en menosprecio de la Justicia Real y en quebrantamiento de la jurisdicción de Su Señoría el Conde de Olivares, entraron con vara a esta dicha Villa en el dicho Señorío, y entraron en las carnicerías de esta dicha Villa, adonde este querellante estaba, diciendo que él tenía jurisdicción en esta dicha Villa y que podía entrar en ella mejor que ninguno, y que el Conde de Olivares le había de mostrar los títulos por donde podían sus Alguaciles desarmar en esta dicha Villa, y arremetieron con este querellante con espadas y dagas desnudas fuera de las vainas, dándole de cuchilladas, y arremetieron con este querellante y le dieron muchos puñetazos y le hicieron otros muchos malos tratamientos, y el dicho Simón de Lascano le quitó una daga que tenía y con ella le tiró dos puñaladas, y le quebraron la vara de justicia que tenía en la mano**, y porque los quiso prender, se le resistieron, en lo cual cometieron grave delito que les deben de ser castigados en las más graves penas en derecho establecidas contra los semejantes, que pedía y pidió al dicho Alcalde le reciba su querella y le haga entero cumplimiento de justicia, y juró la querella en forma, y no lo firmó por no saber escribir***. El escribano, Hernando de las Cuevas.

* Todas las apariencias apuntan a otro conflicto jurisdiccional más entre la administración del de Olivares y la de Sevilla, uno de tantos como se daban, de los que ya hemos contemplado varios a lo largo de esta Historia.

** Sobre las varas de justicia, ver: http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2012/09/los-juanguren-y-el-espadero-41.html

*** Poco más adelante veremos que empieza a esbozar una firma rudimentaria. Al cabo de los años va adquiriendo soltura y se permite algunas originalidades personales. Probablemente no supo escribir nunca más allá de su firma.


Auto. Y luego el dicho Alcalde Ordinario recibió su querella al dicho Bernardo de Oliver, y le mandó que dé información, que él la verá y proveerá justicia, y así lo proveyó y mandó, y rubricó de su señal acostumbrada, siendo testigos Juan de las Cuevas y Bartolomé Martín, vecinos de esta dicha Villa.


 La señal con que rubricaba el Alcalde Ordinario Juan de Castro no podía ser más simple.

En dicho día Bernardo de Oliver presentó por testigo a Alonso Ramos, vecino de esta Villa, quien dijo que estando hoy dicho día, podían ser como a las diez de la mañana poco más o menos, junto a la carnicería, vió cómo Simón Lascano, Alcalde de la Hermandad de Sevilla, y Romero, y otros cuatro o cinco hombres con él, que el uno se llama Alonso, allegaron a la carnicería del Señorío de esta dicha Villa, adonde estaba Bernardo de Oliver, Alguacil de ella, y luego vió este testigo como Romero y otro que se llama Alonso, criado del dicho Simón Lasxcano (sic), echaron mano a las espadas y con ellas desnudas fuera de las vainas comenzaron a dar de cuchilladas al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y los dichos Simón Lascano y los demás sus criados en favor de los dichos Romero y Alonso sus criados fueron contra el dicho Bernardo de Oliver, y le echaron mano quebrantando la jurisdicción del Conde de Olivares, dándole muchos rempujones y puñetazos hasta le quitar una daga que tenía, y haciéndole mucha resistencia le quebraron la vara de justicia que tenía en la mano, diciéndole que le habían de quitar las armas que tenía, mas que este testigo oyó decir que fué la dicha pendencia porque los dichos criados del dicho Simón Lascano le querían quitar una daga al dicho Alguacil porque estaba en las carnicerías de esta dicha Villa, y sabe este testigo que le hicieran muchos malos tratamientos si no acudieran gente a favorecerlo, y luego vió este testigo que allegó Juan de Castro, Alcalde Ordinario de esta dicha Villa, y prendió a tres criados del dicho Simón Lascano y los llevó a la Cárcel de esta dicha Villa, y esto es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, y dijo ser de edad de treinta años poco más o menos, y no firmó porque dijo no saber escribir. Hernando de las Cuevas.

Testigo, Juan de Chávez, vecino de esta Villa, en dicho día presentado por Bernardo de Oliver. Dijo que estando en el mesón de esta dicha Villa, que es junto a la carnicería que es del Señorío, podía ser hora de las diez del día de por la mañana poco más o menos, vió que Simón Lascano, Alcalde de la Hermandad de la ciudad de Sevilla, y Romero y otros cuatro o cinco criados suyos, entraron en esta dicha Villa al Señorío de ella y se fueron a la carnicería del Señorío de esta dicha Villa y luego entraron dentro de la dicha carnicería, y oyó dar voces este testigo a Bernardo de Oliver, Alguacil de esta dicha Villa, que decía: "¡aquí... y favoreced a la Justicia!", y este testigo fué corriendo, y cuando entró en la dicha carnicería halló al dicho Romero con una espada desnuda fuera de la vaina, tirándole de cuchilladas al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario de esta dicha Villa, y luego los demás criados del dicho Simón Lascano fueron en favor del dicho Romero, y todos arremetieron al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y dándole muchos rempujones le quitaron la daga que tenía en la cinta, y el dicho Bernardo de Oliver decía: "dádme mi daga, que me la habéis quitado mal quitada", y este testigo vió que el dicho Romero y los demás le hacía mucha resistencia al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y el dicho Simón Lascano, Alguacil (sic) dijo a voces que era más su jurisdicción que la del Conde de Olivares, y que él podía entrar en las carnicerías mejor que ninguno, y que le habían de dar los títulos que el Conde de Olivares tenía en esta dicha Villa para que el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario, pudiera desarmar en esta dicha Villa, porque él tenía más jurisdicción que no ¿él? y lo podía hacer en esta dicha Villa; y sabe este testigo que si este testigo y otros no acudieran a favorecer al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, lo maltrataran y le hicieran muchos otros malos tratamientos más que los que le hacían, y en la dicha pendencia sacó el dicho Bernardo de Oliver quebrada la vara, y que esto es lo que sabe, y es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, y dijo ser de edad de cuarenta y tres años poco más o menos, y no firmó porque dijo que no sabía escribir. Hernando de las Cuevas.

En dicho día presentó Bernardo de Oliver al testigo Francisco Núñez*, vecino de esta dicha Villa, que estando en el mesón a las diez poco más o menos oyó dar voces a las carnicerías, y luego entró un hombre dando voces diciendo que mataban a Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario de esta dicha Villa, y este testigo salió corriendo y vió que Simón Lascano y Romero y otros sus criados, algunos de ellos con espadas desnudas y otros con ellas (sic), estaban dando de rempujones al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y algunos de ellos le tiraron de cuchilladas, y vió este testigo que trataban tan mal al dicho Bernardo de Oliver como si no fuera Alguacil, y la dicha pendencia oyó decir este testigo que era porque le habían quitado una daga al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, la cual dicha daga vió este testigo que tenía en la mano el dicho Simón Lascano, y porque el dicho Bernardo de Oliver quiso prender al dicho Romero y a los otros criados del dicho Simón Lascano, se le resistieron dándole de cuchilladas y le quebraron la vara de Justicia que tenía en la mano, y este testigo y otras personas se metieron de por medio y apartaron al dicho Simón Lascano y a sus criados, y si no los apartaran, mataran al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, porque el dicho Bernardo de Oliver no tenía espada y los demás las tenían, y desnudas fuera de las vainas, y que esto es lo que sabe y es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, y dijo que es de edad de cuarenta años poco más o menos, y lo firmó de su nombre.

* Francisco Núñez (de Ribera), vecino de esta Villa, vende a Hernando de Castro, vecino de esta Villa, presente (padre del Alcalde Ordinario Juan de Castro que lleva la querella del Alguacil Bernardo de Oliver que nos ocupa), dos tinajas de vino que él tiene en la bodega de doña Isabel de Alfaro en esta dicha Villa de Castilleja, de la cosecha de mil quinientos ochenta y ocho, y se lo vende por tocado y madreado, al precio de cuatro reales la arroba, que habrá ciento veinte arrobas. Dado en el Señorío de esta Villa, en las casas de morada del dicho Francisco Núñez, martes 25 de julio de 1589. Testigos, Juan de las Cuevas y Juan Sánchez Vanegas.





                                             Firmas del testigo Francisco Núñez..

En dicho día el Alguacil Ordinario Bernardo de Oliver presentó por testigo a ¿Gerónimo de Anguila?, cortador de carne vecino de Triana, que estando en las carnicerías del Señorío a las diez de la mañana poco más o menos vió como Simón Lascano irrumpió y otros sus criados vinieron a las dichas carnicerías, y así como entró el dicho Simón Lascano arremetió con el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario de esta dicha Villa, y le quitó una daga que tenía, y porque el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, fué a tomar al dicho Simón Lascano, el dicho Simón Lascano le tiró dos puñaladas con ella al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y luego los criados del dicho Simón Lascano arremetieron con el dicho Alguacil dándole de puñetazos, y el dicho Romero y un mulato alto que este testigo conoce de vista, echaron mano a sus espadas y el otro a un cuchillo, y con él y las dichas espadas tiraron de cuchilladas y puñaladas al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, entonces quiso prender a los criados del dicho Simón Lascano, dando voces diciendo: "¡favor a la Justicia, en nombre del Rey!", y el dicho Simón Lascano y los demás tomaron en medio al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y le dieron muchos puñetazos, resistiéndose y diciéndole muchas palabras injuriosas, y este testigo vió que acudió mucha gente en favor del dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y se metieron de por medio, porque si no acudiera gente, entiende este testigo que mataran o hirieran al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, porque le tiraban muchas cuchilladas y puñaladas, y que esto es lo que sabe y no otra cosa, y es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, en que se afirma y reafirma, y dijo que es de edad de veinte y cuatro años poco más o menos, y no firmó porque dijo que no sabía escribir. Hernando de las Cuevas.

En dicho día Bernardo de Oliver presentó por testigo a Juan Ponce, hijo de Baltasar Ponce, vecino de Sevilla en la collación de Santa Marina, que dijo que estando en la carnicería del Señorío dicho día como a las diez poco más o menos, vió que Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario de esta dicha Villa, estaba en la carnicería del Señorío de esta dicha Villa, y entró un hombre allí con una capa verde y con una espada en la cinta, en la dicha carnicería, y como el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, lo vió, le dijo: "dad acá el espada*, que no podéis entrar aquí con ella", y el dicho hombre dijo: "no os la puedo dar, y soy cuadrillero", y el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, le dijo que le mostrara por dónde era cuadrillero, y el dicho hombre le dijo que no quería, y el dicho Alguacil arremetió con el dicho hombre a quitarle la dicha espada, y el dicho hombre se hizo fuerte y no la quiso dar y anduvieron al puñete ambos, y en esto el dicho Simón Lascano, Alguacil de la Hermandad de Sevilla, entró en la dicha carnicería y se fué al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, diciendo: " dejádlo vuestra merced, que yo le haré dar el espada", y como vió ¿quería? arremetió con el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y le quitó una daga que tenía, y la alzó contra el dicho Alguacil amagándole, que le quería dar con ella en la mano, y en esto el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, pidió favor a la Justicia, y luego acudió gente, metiéndolos en paz**, y andando en esta refriega le quebraron la vara al dicho Bernardo  de Oliver, Alguacil, y luego vió espadas desnudas, las cuales una de ellas tenía Romero, criado del dicho Simón Lascano, y luego vió que los metieron en paz, y luego vió que tiraban pedradas un mozo que no conoce de vista, y que esto es lo que sabe y no otra cosa, y es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, en que se afirma y reafirma, y dijo ser de edad de diecinueve años poco más o menos, y no firmó porque dijo que no sabía escribir. Hernando de las Cuevas.

* Para espada se usaba tanto el masculino como el femenino.

** "Paz", curiosa coincidencia. Cuando a un documento se le sitúa en su contexto, cada palabra y cada giro lingüístico adquiere significaciones complejísimas y enriquecedoras. Los juegos del lenguaje. Esa es la magia de la escritura, y es tarea del historiador pulcro descubrir tales significaciones y considerarlas a la hora de la interpretación de los textos. Francisco de Paz, vecino de Triana, era el obligado de la carnicería escenario de la pelea que estamos estudiando. El obligado, que accedía al puesto mediante puja en subastas celebradas a principio de cada año, administraba el establecimiento y recibía por ello un porcentaje de las ganancias.
En una población pequeña todo el mundo está relacionado: el padre del Alcalde Ordinario, Hernando de Castro (v. s.) arrienda a Francisco de Paz, vecino de Triana, presente, unas casas-carnicerías que él tiene a renta del Conde de Olivares en el Señorío, con el alcábala de la carne y el "hacimiento ... " de la carnicería Nueva que el dicho Conde tiene, que es donde al presente dicho Hernando de Castro vive y mora, linde con el mesón del dicho Conde, y no entra en este arrendamiento el alcábala ni la carnicería Vieja, que está en la calleja como van a la Iglesia de la Calle Real (¿la actual calle Hernán Cortés? Pero dice claramente "calleja"), porque esta renta es de Francisco Jiménez; y se la arrienda por todo el tiempo que le queda por cumplir, desde Año Nuevo que viene de 1588 hasta Carnestolendas de dicho año, por precio de trescientos ducados, y con las mismas condiciones con que dicha renta se arrendó a Juan de Castro su hijo (también el Alcalde de 1589 participaba); y si en Carnestolendas no hubieren pujado por la carnicería de la Calle Real que Hernando de Castro tiene a renta, que Francisco de Paz le dé una casa donde vivir, pagando Hernando de Castro la renta. Dado en el Señorío, en casa de dicho Hernando de Castro, jueves 31 de diciembre de 1587, siendo testigos Hernando de las Cuevas el mozo, Juan Millán y Diego Dávila, vecinos de esta Villa.
Debió irle bien el negocio a Paz, dado que dos años después seguía con el mismo asunto: Francisco de Paz, obligado de las carnicerías del Señorío de esta Villa, vende a Pedro Ruíz, vecino de la Calle Real, presente, todos los menudos de vacas, bueyes, terneras, puercos y puercas que se mataren en dicha carnicería hasta el día de Carnestolendas de 1590, a cinco reales menos un cuartillo los menudos de vacas y bueyes, a dos reales los de terneras, y a tres reales los de puercos y puercas, a pagar cada jueves de cada semana. Pedro Ruíz es obligado a llevar los menudos desde la carnicería a la casa donde los limpiare, y si algo se perdiere será a su costa, limitándose Francisco de Paz a echarlos al suelo en la matanza, y este ayudará a pagar la alcábala con cincuenta y cinco reales. Dado en el Señorío, en casa de Francisco de Paz, sábado 31 de junio de 1589, siendo testigos Cristóbal Martín de Escobar y Juan de Robles, vecinos de Sevilla, y Francisco Miguel, vecino de esta Villa.


Seguimos con el pleito:

Y luego, el dicho Alcalde Ordinario Juan de Castro, vista la dicha información, mandó dar y dió su mandamiento para prender al dicho Simón Lascano y a sus criados, el cual dicho mandamiento se dió en forma, y señalólo de una señal que acostumbra a hacer por firma por no saber escribir. Hernando de las Cuevas.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta, en sábado día 25 de noviembre de 1589 años, ante mí Hernando de las Cuevas, escribano público y del Cabildo de esta dicha Villa pareció Diego García de la Torre en nombre del Conde de Olivares, y presentó una Provisión de los Señores Alcaldes del Crimen de la Audiencia Real de la ciudad de Sevilla, cuyo tenor del cual es el que sigue:
Los Alcaldes del Crimen que por el Rey Nuestro Señor residimos en la Audiencia Real de esta ciudad de Sevilla, a vos, Hernando de las Cuevas, escribano público y del Cabildo de la Villa de Castilleja de la Cuesta en el Señorío, que ante Nos pareció Rodrigo de Ávila, procurador de esta Real Audiencia,  y mandó de parte del Conde de Olivares por su persona que presentó, nos hizo relación diciendo que por su parte había menester para presentar a tenor en cierto pedimento que trata contra Simón de Lascano, Alguacil de la Hermandad de esta ciudad de Sevilla, un escrito de un pleito que ante vos pasó contra el dicho Simón de Lascano, y pidió justicia; y por Nos visto, mandamos dar y dimos la presente para vos, por la cual vos mandamos que luego que la viéredes y os fuere notificada, saquéis o hagáis sacar un traslado de dicho pleito que se hizo contra el susodicho diciendo haber quebrantado la jurisdicción, y en pública forma y manera que haga fé, lo dad a la parte del dicho Conde de Olivares para que lo presente ante Nos y sobre todo se provea justicia, lo cual cumplid, pagándoos vuestros derechos, so pena de diez mil maravedíes para la Cámara de Su Majestad, so la cual pena mando a cualquier escribano lo ... de fé de ello. Hecho a 24 días del mes de noviembre de 1589.

(El resto del pleito, con las conclusiones y las sentencias, debe obrar en algún archivo sevillano. No perdamos la esperanza de tropezar con él algún día).


Siguen algunos extractos de protocolos del Oficio del escribano Hernando de las Cuevas que reflejan la actividad de varios de nuestros personajes durante aquel año de 1589.

Juana de Vega, vecina de esta Villa, mujer de Francisco Vázquez, presente, con licencia de su marido da todo su poder al susodicho para que la obligue a pagar, ambos de mancomún, a Juan Pérez y a Juan de la Fuente, 46.155 maravedíes de lo procedido del carbón que a ella dieron fiado, a cuarenta y dos maravedíes y medio la arroba. Dado en el Señorío en casa de los otorgantes, lunes 13 de marzo de 1589. Testigos, Sebastián Gutiérrez Calderón y Juan de las Cuevas.
Fabián López, vecino de esta Villa, conoce a Francisco Vázquez, presente, y dice que por cuanto dicho Francisco Vázquez y Lázaro Martín se obligaron a pagar a Juan Pérez y a Juan de la Fuente y a otros sus compañeros 1.300 reales, por escritura que pasó ante Juan Díaz de Ayala, escribano público de la Villa de Olivares, y porque dicho Francisco Vázquez se temía que Lázaro Martín, por ser mozo soltero, se iría y ausentaría, y él tendría que pagar su parte, sacó mandamiento para prenderlo hasta que diese fianza; por tanto, por la presente dicho Fabián López sale como fiador de dicho Lázaro Martín. Dado en casa del escribano Hernando de las Cuevas que es en el Señorío, viernes 8 de septiembre de 1589. Testigos, Hernando de las Cuevas el mozo, Diego García de la Torre y Bernardo de Oliver (cuñado de Fco. Vázquez como ya sabemos).
Estos 1.300 reales equivalen a los 46.155 maravedíes de la primera deuda del matrimonio por el carbón que recibieron al fiado. Todo indica que los dos Juanes, Pérez y de la Fuente, " y otros sus compañeros, eran carboneros de la sierra norte sevillana, que entraba en la jurisdicción de la Villa de Olivares, donde formalizan sus documentos de compra-venta.
Me parecen muchas arrobas de carbón para consumo doméstico, y por tanto aventuro que la elaboración de aguardiente —a la que se dedican varios descendientes de El Desterrado como veremos de inmediato— exigía grandes cantidades de combustible que proporcionara mucha cantidad de calor a las calderas en las que se hervía y se hacía evaporar el vino.
Desde los hornos de carbón de la serranía se traía el material, ya enfriado, por medio de angarillas en interminables recuas de mulos o asnos a través de "el Cordel de los Carboneros" que pasa por Aznalcóllar, Albaida del Aljarafe, Olivares, Salteras, Valencina de la Concepción y Camas, hasta los depósitos de la capital, sitos junto a la Torre de la Plata (existió allí en la muralla un postigo llamado "del Carbón".
Hoy, debido a la desidia de las administraciones municipales de dichos pueblos, el Cordel está orlado de escombros y basuras, y en algunos casos ocupado por edificios residenciales y chalés que obligan a ciclistas y excursionistas a dar frustrantes rodeos.



El Cordel de los Carboneros con la ciudad al fondo y la "torre Pelli" en la última fase de construcción.

Juan de Saucedo, vecino de esta Villa, vende a Bernardo de Oliver, igualmente vecino de esta Villa, presente, un asno color pardo, que ha cerrado, con un ... en el hocico, y con una cuchillada en el anca*, y con una catadura en los ¿riñones?, por precio y cuantía de siete ducados, los cuales recibe de contado ante el escribano Hernando de las Cuevas. Dado en el Señorío de esta Villa, miércoles 5 de julio de 1589. Testigos, Hernando de las Cuevas el mozo, Benito Esteban, vecinos de esta Villa, y Juan de Mendoza, notario estante en esta Villa.

* Nos imaginamos el cuadro: a un canalla, acaso ebrio de mosto, se le detiene el animal, siendo objeto por ello de las burlas de los presentes, no menos canallas. Así que, para alardear de hombre duro, extrae su navaja y se la clava al asno. Sobre la aberrante lacra del maltrato animal en todas sus formas, la humanidad ha erigido su superioridad "intelectual, artística, civilizada, moral y ética". Hoy nada ha cambiado al respecto, aunque todo el mundo asume —falsamente— que estamos progresando.


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