viernes, 30 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza y 28

En aquella carrera contra reloj para recuperar todas las copias de la historia del Perú que circulaban fuera de su control, Rodrigo de Cieza empezó a sentirse perdedor a los pocos años, y se atormentaba pensando que de la noche a la mañana podían aparecer editadas bajo el nombre y autoría de algún usurpador sin escrúpulos, invalidando como un huracán inutiliza la llama de un mechero todos los sacrificios y desvelos que desde que murió su hermano lo habían inquietado y a la vez alimentado y mantenido con ilusión y esperanza hora tras hora.
Cuando pensaba en ello invariablemente caía en un lugar deprimente de sus cavilaciones, en el que se le representaba el orgullo de su familia tirado por los suelos y pisoteado por los politicastros y leguleyos que tanto y tanto despreciaba, y que se reían sarcásticamente ante la hábil forma con la que habían arrebatado al insignificante beneficiado de Castilleja su tesoro. El fantasma de Pedro de Cieza parecía pedirle cuentas en silencio, en las madrugadas de insomnio, desde un rincón de la alcoba, con una mirada fija, fría y acusadora, y le hacía sentirse desgraciado con la consideración que le asaltaba de que, como su hermano mayor que era, le había fallado en el cumplimiento de sus últimos deseos, y había por añadidura despojado a toda la familia de la honra que implicaba tener en su seno a semejante personaje. Y si lo ya editado por el cronista a su vuelta de Indias constituía por sí un buen legado, no llegaba ello a compensar el sentimiento de impotencia que había arraigado en su espíritu por la irremediable pérdida del resto de la obra.
Cuando el 29 de enero de 1578 (véase Rodrigo de Cieza 16) reclamó de nuevo los manuscritos solicitando que se los restituyeran tal como consta en el Registro de Peticiones del Consejo de Indias (Archivo General de Indias, Indiferente General, legajo 1086, Registro de Peticiones, libro de 1578, folio 30), dejó al descubierto su secreto que, como depositario del escrito original merced al albaceazgo otorgado por su hermano, había ocultado celosamente desde siempre:
"Rodrigo de Cieza dice que Pedro de Cieza su hermano, después de haber servido muchos años en el Perú y hecho señalados servicios, escribió por orden del de La Gasca, gobernador que fue en aquellas provincias, todo lo sucedido en el descubrimiento de ellas y en las guerras que en ella hubo, y teniendo los libros de lo que así escribió en su poder se le tomaron por mando de este real Consejo y se trajeron a él, y habiendo acudido a pedirlo y gratificación de sus servicios murió asistiendo a ella, y al dicho Rodrigo de Cieza dejó por heredero; suplica que atento a ellos se le mande volver los dichos libros pues fue despojado de ellos siendo suyos y teniéndolos en su poder. Sépase donde está y tráiganse al Consejo" es el texto de dicho Registro de Peticiones. Varios historiadores han hecho notar un detalle que delata el doble juego de don Rodrigo el cura, y es el de que afirma que los libros estaban ya en el Consejo de Indias cuando aconteció la muerte de su hermano, lo cual no es cierto. Intenta, creemos, responsabilizar de su "filtrado" al propio difunto, cuando la verdad es que fué él mismo el que propició la pérdida cuando encomendó al Doctor Gonzalo de Zúñiga que los publicase en Madrid (véase Rodrigo de Cieza 17).
Las lecturas de las crónicas del Nuevo Mundo que efectuaba en el patio de su casa para regocijo de vecinos y parroquianos acabaron por perder sabor e interés para él, y decidió suspenderlas cuando ya eran solo un memorial de su fracaso como albacea. Llenaba aquellas horas sentado en el lugar de los recitales de antaño, mirando sin ver cómo el sol se perdía en la copa del naranjo y oyendo sin escuchar los ruidos de los enormes conejos de Flandes, que entraban en una frenética actividad en esos melancólicos momentos del atardecer.

miércoles, 28 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 27

Sobre la incorporación de los manuscritos ciezanos a la biblioteca de la reina sueca se barajan otras hipótesis, como es por ejemplo la de que le fueran proporcionados por el embajador de España en Estocolmo*, o la casi improbable de que Pedro o su hermano Rodrigo de Cieza hubieran enviado los manuscritos a Amberes.
Al final del año 1655 recaló la reina —con su inseparable colección de libros y documentos— en Roma, donde cinco años después revisaron dicha colección su bibliotecario Lucas Holstenius y el sucesor de este último, el anticuario Giampietro Bellori. Fué el tesoro bibliográfico instalado en el palacio Riario, estando abierto al público estudioso y siendo uno de los lugares predilectos de los religiosos eruditos benedictinos para realizar sus investigaciones. A la muerte de Cristina el cardenal Decio Azzolini se hizo cargo de él, y fallecido éste, su sobrino Pompeo, para satisfacer a los herederos, lo vendió por 8.000 escudos al cardenal Pietro Ottoboni, que el 6 de octubre de 1689 se convertiría en papa con el nombre de Alejandro VII. En el siglo XVIII todavía desconocían los archiveros romanos el nombre del autor de la historia del Perú. Cuando las tropas napoleónicas ocuparon la capital de Italia importante parte de la Biblioteca Vaticana fué trasladada a París, incluídos los manuscritos de Pedro de Cieza, pero al ser Napoleón derrotado definitivamente volvieron al Vaticano, el día 23 de octubre de 1815.
Por algunas referencias que hace don Antonio de Herrera y Tordesillas, nombrado en mayo de 1596 Cronista Mayor de Su Majestad de las Indias y Cronista de Castilla, se sabe que la obra del llerenense pasó desde la Inquisición (que ya hemos visto en "Rodrigo de Cieza 18" ) y el Consejo de Indias (idem "Rodrigo de Cieza 16" ) a la Cámara del Rey, sin que se sepa cómo ni de qué manera salieron desde allí las copias que pararon en los tan diferentes destinos. Ambrosio de Morales los seleccionó desde la Cámara para que formaran parte de la Biblioteca de San Lorenzo del Escorial, y en este monasterio fueron localizados en el siglo XIX por Jiménez de la Espada, quien los publicó en el año 1880. Desde el Escorial se efectuaron otras copias, una hoy en la Academia de la Historia de Madrid, otra en la Public Library de Nueva York (de la que derivaron importantes publicaciones), y otra en la Hispanic Society de esta dicha ciudad. Otro manuscrito, al parecer el único completo además del descubierto por Francesca Cantú, se encuentra en poder de un australiano avecindado en Irlanda, John Galvin, que afirma haberlo adquirido en California a la firma John Howell Books, pero no permite que sea consultado, para frustación de todos los estudiosos.

* El General Conde Antonio Pimentel del Prado, su amigo y confidente, que como católico que era con toda probabilidad la aconsejó y orientó en sus inquietudes religiosas. Se dice que Cristina se enamoró de él perdidamente, lo cual entra en flagrante contradicción con la fama de lesbiana que le ha acompañado siempre, fama basada especialmente en una cantidad importante de cartas de amor que le dirigió a su ayuda de cámara la condesa Ebbe "Belle" Sparre, con la que mantuvo correspondencia de este tipo incluso tras casarse esta última.

martes, 27 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 26

Desperdigáronse tanto los manuscritos y las copias desde que el albacea don Rodrigo se hizo con los primeros, que todavía hoy y en el mundo entero sus avatares siguen dando dolores de cabeza a los estudiosos americanistas. Recientemente fué descubierto por la historiadora italiana Francesca Cantú una copia en la Biblioteca Apostólica Vaticana, correspondiente a la Tercera Parte de la "Crónica". Estaban en el fondo Reginensi Latini, formado por documentos de variada procedencia aunque con una base principal constituída por los de la biblioteca de la reina Cristina de Suecia (1626-1689)*, incorporada en 1690 a la del Vaticano.
A la biblioteca "cristina" pudieron llegar desde Amberes, ciudad-mercado de libros y manuscritos en castellano al abrigo de la intolerancia de los censores peninsulares; según Francesca Cantú y Jean F. Peeters Fontainas, fué el fundador de la renombrada imprenta de Martin Nutius** en esta ciudad europea, quien había estado relacionado con Pedro de Cieza en razón del encargo que recibió de éste para efectuar la reedición de la Primera Parte de la Crónica, puesta a la venta en 1554, la persona que pudo haberse hecho con algunos manuscritos de los que con tanta vehemencia perseguía el cura de Castilleja de la Cuesta.
Desde el acceso al trono de Suecia de la reina Cristina en 1644 hasta el final de la guerra de los Treinta Años, implicadas en ella todas las casas reinantes del Viejo Continente bajo la superficial apariencia del catolicismo frente al protestantismo, pero en realidad por motivo de una confrontación por causas puramente económicas entre los nobles terratenientes y la Iglesia de Roma en una parte, y en la otra los burgueses industriales y comerciantes en pujante ascenso social, pero en todo caso verdadera hecatombe que sumió a Europa en un vendaval bélico de saqueos y destrucciones, la Realeza sueca enriqueció sus colecciones de libros y documentos con los fondos robados como botines de guerra de las bibliotecas del centro y del oriente europeo.
Cuando en 1654 la culta e ilustrada reina Cristina (la apodaban Minerva por su amor a las letras) abdicó del trono y abjuró del protestantismo, se llevó consigo su biblioteca al abandonar el nórdico país, y un año después la había instalado en la dicha Amberes, en el edificio de la Bolsa. Vossius su librero se movió afanosamente durante esa época, adquiriendo manuscritos en el Flandes rebosante de ellos, entre los que pudo estar —otra hipótesis— el grupo de los de Cieza.

* ¿Quizá el gran filósofo Descartes se deleitó leyendo la Crónica de Pedro de Cieza? Invitado a Estocolmo como profesor, la reina Cristina le exigía iniciar las clases a las cinco de la mañana, lo que contribuyó a que adquiriese una neumonía. Estaba el pensador acostumbrado, en su Francia natal, a trabajar en la cama durante la mayor parte del día, y la falta de sueño que las exigencias de Cristina le producía mermó, sin duda, muy seriamente su sistema inmunológico; falleció en dicha capital de Suecia el 11 de febrero de 1650.

** Era un destacado especialista en textos españoles, tanto literarios como científicos o religiosos. Conocía España, adonde había estado durante varios años, aprendiendo castellano. Murió en Amberes en el año 1558, pero su industria siguió activa en manos de su viuda y de Martinus II y Philippus, sus dos hijos.

domingo, 25 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 25

Don Rodrigo de Cieza en las diferentes temporadas vacacionales que disfrutó en su patria chica Llerena siempre era requerido por algún matrimonio para que apadrinase a sus hijos. Y entre estas ceremonias con sus fiestas asociadas y el reencuentro con familiares y amigos de la infancia el cura de Castilleja volvía de Extremadura como recién creado, lleno de energía y con fuerzas para continuar la brega con los castillejanos. Era un hombre —ya va siendo hora de prestar atención a su aspecto físico—, ancho y fuerte, con cierto aspecto de gran simio especialmente en cara y andares, precedidos estos últimos siempre por un bamboleo de sus fornidas extremidades superiores que nunca se retrasaban por detrás del plano medio de su macizo cuerpo, como si quisiese hacer ver que era hombre más de obra práctica que de intelectualidad; en cuanto a su rostro, a pesar de lo que acabamos de apuntar no estaba exento de cierta bondadosa mansedumbre, que se le adivinaba sobretodo en sus ojillos pequeños y color de miel, semihundidos y casi invisibles, semejantes a dos joyas de luz y vitalidad entre las sombras de su prominente arco superciliar.
Nuestro beneficiado se encontraba en Llerena el 14 de diciembre de 1551, apadrinando a Teresa, hija de Gonzalo de Palencia y de Leonor Álvarez. Otros dos hijos de este matrimonio, Juan de Palencia Zapata y Francisco Zapata Palencia acompañaron, en calidad de criados, al Contador de la ciudad de Trujillo en el Perú Juan de Cieza (pariente de nuestro cura) a aquellas tierras, cruzando el Océano el día 17 de junio de 1578.
Un año después el cura de la Iglesia de Santiago de Castilleja de la Cuesta volvió a su pueblo, requerido para apadrinar su sobrino recién nacido Juan, hijo de su hermana María, cosa que hizo el 6 de enero de 1552. Y al siguiente año sostuvo sobre la pila a una niña, Elvira, hija de Juan de Galvez y de Isabel de la Fuente.
Su hermana María, que había adoptado el apellido Álvarez, tuvo seis hijos con su esposo Lorenzo Hernández Vizcaíno: Gonzalo, nacido en 1541, María, en 1544, Lorenzo, en 1549, Juan, que acabamos de nombrar, María, nacida en 1553, e Isabel, en 1558.
Leonor, la otra hermana, se casó con el viudo Luis Zapata del Bosque, con el que tuvo dos niños, Francisco y Manuel, y una niña, Beatriz del Bosque, que resultó beneficiada en el testamento de su tío el cronista Pedro de Cieza de León.
Bartolomé del Bosque, hermano del susodicho Luis Zapata del Bosque, emigró con su mujer y sus tres hijos a México en el año 1521, instalándose en Colima*, donde aparece como residente en el año 1535, y donde llegó a ocupar el cargo de Regidor; participó en las campañas conquistadoras, y en las maniobras de pacificación de la Nueva Galicia fué herido.
La familia Cieza de Llerena era muy extensa, y sus miembros más afortunados tuvieron ocasión de codearse con los componentes más relevantes del ambiente culto y distinguido de la villa extremeña en el siglo XVI: el conde de la Puebla del Maestre, don Luis Zapata de Chavez, el descubridor del Cañón del Colorado don García López de Cárdenas o el Rector de la Universidad de Salamanca don Gabriel de Cárdenas.
Valgan el entramado familiar llerenense-ultramarino expuesto y las peculiaridades referidas para esbozarnos una ligera idea de las circunstancias en las que se desenvolvieron los dos hermanos y los apoyos que con toda seguridad recibieron, Pedro el conquistador y Rodrigo el eclesiástico, cuando tras emprender el viaje al Nuevo Mundo tuvieron que enfrentarse a las nuevas condiciones de existencia.

* Hoy una ciudad de un cuarto de millón de habitantes (incluidos los de su área metropolitana).

domingo, 18 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 24

Por fin son interrogados los dos últimos testigos, marido y hermano de María de Aguilar.

Testigo, Antón Moreno, trabajador vecino de esta Villa; dice que conoce a Beatriz desde hace 4 años, y a Alonso Muñoz desde 2 meses; dice tener 25 años y no ser pariente de ninguna de las partes; que tiene al dicho Alonso por hombre honrado; que dicha Juana fue a espigar el verano pasado, y a coger aceitunas, y no sabe otra cosa; que este testigo ha visto a algunos hombres, que no sabe sus nombres, que estaban ... la Iglesia1, que entraban y salían de casa de la dicha Juana de Ocaña, pero que no sabe nada más; que sabe que las dos van a espigar, y que no sabe otra cosa; no sabe firmar. Testigos, los mismos.

1.- Como su esposa María, alude también a hombres de Iglesia entre los concurrentes a los servicios de Beatriz y Juana. En todo caso nadie se atrevió a nombrar a don Rodrigo de Cieza, acaso porque éste había sabido disimular bien sus visitas bajo el pretexto de "consejero, confesor y asistente espiritual" de las dos mujeres, o, lo más probable, por puro miedo, por las razones que ya hemos esgrimido.

Último testigo, Francisco Aguilar, trabajador1 vecino de esta Villa. Conoce a Beatriz de 30 años a esta parte, a Juana desde que nació, y a Alonso desde el mes de agosto; dice tener 45 años de edad, y que es compadre de la dicha Beatriz2, pero que no por eso dejaría de faltar a la verdad; dice que tiene a Alonso por hombre pacífico, de buena vida, y que es buen cristiano; dice que ha oído decir a muchas personas que no se acuerda de sus nombres, cómo la dicha Juana, yendo a espigar ella y su madre a Valencina, que se echaba con hombres la dicha Juana, y que no estaba doncella, lo cual era público y notorio en esta Villa; dice que la susodicha ha ido a coger aceitunas con su madre y otras personas honradas; que yendo el testigo a preguntar a Beatriz que porqué metía gente en su casa, que se decía en Castilleja que no lo hiciese, y a este testigo le respondió Beatriz que era verdad que entraban hombres en su casa, muy de bien y muy a su honra; que es cuanto sabe; dice que oyó decir a Sebastián de Contreras que en casa de Beatriz Martinez estaban encerrados un clérigo y una mujer, y que Beatriz tiene por uso lo contado en esta pregunta; dice que oyó decir a la dicha Juana Ocaña cómo dormía en las eras cuando iba a espigar. Testigos, Pedro Sanchez, Alcalde, y Miguel de las Casas.

1.- El calificativo de trabajador no implicaba, en algunos casos, pertenencia a la clase más baja de la sociedad; de hecho en este ejemplo se aplica a un hombre que posee algunas viñas y otros bienes, y que es requerido por el Conde de Olivares y sus electores para ejercer, como ya hemos dicho, puestos de responsabilidad en el gobierno de Castilleja de la Cuesta.

Por desgracia desconocemos el desenlace de este pleito y sus repercusiones en la vida cotidiana de Beatriz Martinez y de su hija Juana de Ocaña, porque las últimas hojas de los autos se han extraviado. Existían otras mujeres de "mala fama" en aquellos años, especialmente esclavas, bien residentes en el pueblo o bien forasteras. La misma Juana de Ocaña tuvo profunda amistad con una muchacha mulata de "actividad desordenada", propiedad de Rodrigo Franco, comerciante indiano vecino de Sevilla y con diversas heredades en Castilleja, sujeto que pronto conoceremos como protagonista de uno de los más sonados escándalos de los que, de cuando en cuando, sacudían a aquella sociedad tranquila y pacífica.
Los legajos de los notarios aparecen abundantemente salpicados de casos referentes al comercio carnal de las esclavas, muchos de tales comercios ya ejercidos cuando la mujer había alcanzado su libertad, por razón de no encontrar medios para subsistir en un nuevo mundo en el que, sin el paternalismo de sus antiguos dueños, tenía que buscarse la vida por ella misma, a veces con la carga de uno o más hijos o de algún familar anciano o enfermo. En las otras circunstancias, la conducta de la esclava le acarreaba la reprobación de su señor, que la denunciaba a la justicia y la estigmatizaba de por vida mencionando en contratos de compra-venta o en otros documentos personales su condición de ramera, para que futuros compradores y público en general supieran a qué atenerse. Las cárceles de los Concejos, particularmente los de las ciudades importantes, albergaban gran cantidad de esclavas jóvenes, detenidas en relación a este menester. En otras ocasiones no menos abundantes, el señor explotaba a su criada, bien directamente utilizándola como objeto sexual, bien actuando como proxeneta, o bien las dos cosas a la vez, situación que parece transparentarse en el ejemplo de un espartero vecino de Triana que en el año 1515 compró a Juan Perez Hurtado una esclava de 25 años llamada Catalina documentada por el vendedor como "puta, borracha, ladrona y huidora" y que le costó 11.000 maravedíes, porque, en otro caso, ¿para que querría una mujer de semejantes características?

sábado, 17 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 23

Testigo, Leonor Rodriguez, doncella hija de Diego Rodriguez Carnicero, presentada como todos los demás por Alonso Muñoz. Dice que conoce a las partes de un año a esta parte; dice tener 19 años de edad, y no ser pariente de ninguna de dichas partes; tiene a Alonso por buen hombre, de buena fama y buen cristiano; dice que oyó decir, pero no se acuerda a quién, que Juana no estaba doncella, porque se había echado con un hombre en el campo cuando iban a espigar; dice que oyó decir a la dicha Beatriz y a dos hombres extranjeros que dormían y comían en su casa; dice que oyó decir a María de Aguilar1, que metió en su casa a una mujer y a dos abades con ella, de un mes a esta parte poco más o menos; dice que oyó decir a las dichas madre e hija que dormían en las eras, pero que no sabe si lo hacían con hombres; no sabe firmar. Testigos, los dichos.

1.- Es la primera declarante (Rodrigo de Cieza 21), que se ensañó con detalles tan escabrosos como el de las felaciones que practicaba Juana de Ocaña a sus compañeros, huéspedes e invitados. Era esposa de Antón Moreno; ambos apadrinaron a Juana, hija de Juan Dominguez y de Leonor Martin, el domingo 30 de marzo de 1561 (Bautismos 8); en esta ceremonia actuó apadrinando a la niña otro matrimonio directamente emparentado con ellos: Francisco de Aguilar e Isabel Rodriguez. Él, Francisco, es personaje importante en estas décadas, omnipresente en infinidad de documentos, y fué nombrado Alcalde de la Santa Hermandad en Castilleja, la célebre organización policíaca, y Alcalde Ordinario algunos años, lo cual tendría su influencia en el desparpajo y audacia con que su hermana efectúa la declaración contra las prostitutas. Ofreceremos los vínculos con los Aguilar del siglo XVIII que hemos presentado en los primeros capítulos de esta historia.

Testigo, Isabel Mejía, viuda de Eneas Guillén, vecina de esta Villa; dice que conoce a Beatriz y a Juana desde que nació hace 20 años poco más o menos; dice que tiene 70 años poco más o menos1, y que no es parienta de ninguna de las partes; dice que oyó decir a una mujer que llaman Contreras, que Juana no era doncella, porque yendo a espigar la corrompieron; que vió que Juana iba a coger aceitunas, pero que no sabe con quién; no sabe firmar. Testigos, los mismos.

1.- Una de las personas más longevas del pueblo, debió conocer la caída de Granada ante los Reyes Católicos, y el descubrimiento del Nuevo Continente por Cristóbal Colón.

Testigo, Beatriz Perez, mujer de Juan Diaz, cortador de carne1, vecina de esta Villa; dice que conoce a Beatriz y a Juana, a ésta desde que nació hace 20 años; dice tener 50 años de edad, y no ser pariente de parte alguna. Al igual que la anterior testigo, dice no saber casi ninguna de las preguntas; dice que ha visto a Juana ir a espigar; no sabe firmar. Los mismos testigos.

1.- Era este un oficio casi esclusivamente practicado por moriscos y conversos. Todavía en el siglo XVIII uno de los insultos más ofensivos que se podían proferir a una persona era el de tildarle de "descender de cortadores".

Rodrigo de Cieza 22

Los dos declarantes siguientes se muestran más moderados; el primero no parece tener intención de comprometerse, y su información es muy ambigua, y la segunda habla fundamentalmente de oídas.

Testigo: Diego Rodriguez Carnicero, presentado por el dicho Alonso Muñoz. Dice que conoce a Beatriz de veinte años a esta parte, y a Juana desde que nació; y a Alonso Muñoz desde un año a esta parte. Tiene el testigo de edad cincuenta años poco más o menos, y no es pariente ni enemigo de ninguna de las partes. Dice que Alonso Muñoz es hombre honrado; sabe que Juana va a coger aceitunas fuera de este lugar, con otras mujeres, pero que no sabe si son buenas o malas; dice que ha visto que han dormido en casa de Juana hombres de este pueblo muchas veces, y comer y beber en la dicha casa, y que ha oído decir muchas cosas a gentes de Valencina; no firma porque dice no saber hacerlo. Estaban presentes el Alcalde, Gomez de León y Miguel de las Casas.

Testigo, Juana Rodriguez, mujer de Diego Hernandez, trabajador, vecina de esta Villa; dice que conoce a las partes desde hace un año, y que es de edad de de 27 años; no es pariente ni enemiga de dichas partes. Dice que Alonso es hombre de buena fama, y que sus parientes son buenos cristianos; dice que ha oído decir a un mancebo que le llaman Baltasar, hijo de Leonis Bravo1, por el mes de agosto: "cuésteme lo que me costare, que no tengo de dejar de decir la verdad: que yo me he echado con Juana de Ocaña, a pierna tendida con ella, cuantas veces he querido; que el sastre no le llevó el virgo". Y dice que de lo demás de la pregunta no tiene noticia sino por lo que ha oído; dice que no sabe los hombres que usaba, y que lo único que ha visto es a la madre e hija espigando en el campo de Valencina; que ha visto entrar en casa de Juana a hombres extrajeros ... , un hombre una vez en su casa, y haber estado en la cama de la dicha Ocaña dicho hombre, y que no sabe si durmió; dice que ha oído decir a un hijo del ... de Valencina, a un criado suyo, que las dos dormían en las eras, y que por las noches entraban hombres con ellas; no sabe firmar. Testigos, Pero Sanchez, Alcalde, Gomez de León y Miguel de las Casas.

1.- Leonis Bravo y su mujer Leonor de Mena fueron padrinos de Beatriz, la hija de Juan Prieto, que nació en 1575 (ver la nota 3 de "Rodrigo de Cieza 21"). El domingo 17 de octubre del año anterior habían bautizado Leonis y Leonor a su hijo Francisco (Bautismos 21). Y el jueves 9 de julio también actuaron de padrinos en lo que parecen dos bautizos, probablemente el mismo anotado dos veces por error: en el de Isabel, hija de Pedro Suarez y de María Hernandez, y en el ¿otra? Isabel, hija de Pedro Suarez y de Mari Lopez (Bautismos 20).

Lo que Juana Rodriguez no se atrevió ni siquiera a insinuar era las regulares visitas de clérigos juerguistas a la morada de las aceituneras (aunque no faltaría quien lo hiciese por ella, como en seguida veremos); la inmensa mayoría de los castillejanos rehuía inmiscuírse en las vidas de los curas, evitando los problemas con el estamento eclesiástico habida cuenta de los poderes que las actividades de prestamistas de dinero o especies proporcionaban a sus privilegiados componentes.

martes, 13 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 21

Probanza de Alonso Muñoz.
Testigo: Maria de Aguilar, mujer de ¿Antón? Moreno, trabajador; vecina de esta Villa, presentada como testigo por dicho Alonso Muñoz.
Dice conocer a Alonso de siete meses a esta parte, poco más o menos; tiene 20 años poco más o menos; no es pariente de ninguna de las partes, ni le va interés en esta causa; dice que desde que ha tratado a Alonso Muñoz lo ha visto como hombre honrado, de buenos parientes, buen cristiano, etc.; que en Valencina la dicha Juana de Ocaña era mala de su cuerpo, porque estaba corrompida1, y que tenía cuentas con hombres ... media fanega de trigo, y que usaba de la garganta y no otra cosa2, y que en Valencina era lo susodicho pública voz y fama; dice que desde hace tiempo ha tenido la testigo y otras personas a la presunta Juana por mujer disoluta, y que se acompaña con malas mujeres, muy disolutas y deshonestas; que todo ello lo ha oído a muchas personas de Castilleja de la Cuesta; que conoce muy bien a la dicha Juana, y que todo ello es pública voz y fama; dice que ha visto en la casa de Beatriz y Juana a muchos mozos solteros, de este pueblo y de fuera de él, y a un Juan Prieto, ¿mulato?3 que reside en este pueblo, y que le ha oído decir a la dicha Ocaña que les lavaban en su casa la ropa y les guisaban de comer, y que dormían en su cama de la dicha Juana, y que la testigo ha visto muchas veces que se iba la madre fuera de su casa, y dejaba a la hija con hombres dentro de noche y de día, y que todo es público y notorio en esta Villa; que desde este verano pasado metían en su casa a mujeres casadas y solteras, para que tuviesen cuenta carnal con hombres, y que esta testigo vió que Beatriz metió en su casa a una mujer casada de este pueblo, para que se echase con un hombre, y que Beatriz metió a un hombre, y que la casada se salió porque no había querido acostarse con él; dice que vió a una soltera de este pueblo, que fué llamada por Beatriz, y al poco salió la dicha mujer deshonrando a la dicha Beatriz de alcahueta, y esta testigo le preguntó que porqué la había deshonrado, y la moza le contestó que Beatriz la había llevado a su casa ¿para casarla con Alonso Muñoz?; y que por el mes de julio que ahora pasa, la dicha Juana vino a esta testigo a rogarle que se echara con un hombre de este pueblo, y un día se lo metió en su casa de esta testigo la dicha Juana, y la testigo la deshonró; y que lo que hubiera hecho con el hombre se lo pagarían. Jura haber dicho toda la verdad. No sabe firmar. Estaban presentes Miguel de las Casas y Gomez de Leon. (Continúa en el próximo capítulo)

1.- Concebir el sexo como una actividad impura y sucia era —y lo sigue siendo hoy en día— una característica psicológica de las gentes menos dotadas o capacitadas para practicar dicho sexo.

2.- Nótese como la testigo María de Aguilar tiende a resaltar detalles que agravaban su acusación; especificar de forma tan clara que Juana de Ocaña ejecutaba felaciones principalmente conllevaba el estigma "contranatura" tan castigado por las autoridades de aquella sociedad.

3.- Recuérdese lo dicho en la nota 1 del capítulo "Bocetos del siglo XVI,2". Prieto se convirtió en apellido de esta forma, lo que no quiere decir que todos los Prieto tengan este mismo origen. El 22 de abril de 1571,un Juan Prieto, casado con Catalina Suarez, hizo bautizar a un niño con el nombre de Juan (Bautismos 18); el domingo 18 de enero de 1573 a niña, Beatriz (ver Bautismos 20), y dos años después, en marzo (Bautismos 22) volvieron a bautizar a otra niña, también llamada Beatriz, probablemente porque la primera murió y siguiendo la costumbre de aquella época pusieron a la nueva hija el mismo nombre de la fallecida. Quizá este Juan fuera nuestro esclavo, que había obtenido su libertad.
En "Agua y hambre (IV)" nos encontramos a otro Juan Prieto, ermitaño de Guía y marido de María de Amores, aunque de éste se especifica con claridad que era de origen gallego, y una Gerónima Prieto era la esposa de Fernando de Aguilar, que según se nos cuenta en "Inundación en la Vega (y II)", perdió la vida en la riada del año 1758.

domingo, 11 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 20

Cuando llegó, el alma llena de incertidumbres y fantasías, don Rodrigo golpeó suavemente la puerta; le abrió Juana, resplandeciente y en sus ojos el brillo de una promesa risueña; el nacimiento de sus jóvenes senos se mostraba orlado por una camisa bordeada de encajes, blanquísima; olía a limpio. Detrás, como una diosa surgiendo de la cálida penumbra, Beatriz saludó al beneficiado con su ancha sonrisa de dientes perfectos.
Y al penetrar a través del umbral, don Rodrigo supo que iba a sucumbir.

La envidia actuaba subrepticia como una serpiente. Madre e hija fueron llevadas ante la Justicia del pueblo por uno de sus clientes, quizá el más falso y mezquino de cuantos habían disfrutado de sus besos y abrazos. Este hombre se llamaba Alonso Muñoz, y su matrimonio había sido un estrepitoso fracaso desde el principio, en cuanto a que su mujer se opuso desde la primera noche a ciertas prácticas que Alonso consideraba necesarias y vitales, pero que a ella le parecían una inaceptable intromisión en su intimidad. Unos meses después pudo el tal Alonso llevarlas a cabo con Beatriz, con Juana o con ambas a la vez, según su propio capricho. Todo hubiera ido sobre ruedas de no mediar la desaparición de una bolsa con varios ducados de oro que, en una de las sesiones en la casita del placer, el hombre había dejado entre sus ropas revueltas mientras, abandonado en una cama, recibía las enervantes dádivas de madre e hija, ambas compitiendo en ser la mejor, la más dulce y la más tierna.

Pleito seguido por Alonso Muñoz contra Beatriz Martinez y su hija Juana de Ocaña.
Preguntas que, por el Licenciado ¿Diego? Alcázar, se ordena hacer a los testigos: si saben si Alonso Muñoz es hombre honrado, de buenos deudos y parientes, de buena vida y fama y conciencia, fiel católico y ... temeroso de Dios ... apartado de cometer semejantes delitos; si saben que por el mes de mayo de 1559 y muchos días antes, la dicha Juana, hija de Beatriz, no era doncella, antes era corrompida y ... de varón, porque tenía fama de ello, y era pública voz y fama en esta Villa y en su comarca y en otras partes; si saben que la dicha Juana de Ocaña, por el dicho tiempo y muchos días antes, ha sido y es mujer de ... , cojiendo aceitunas en compañía de muchas gentes de mal vivir, así en el término de esta Villa como en el de Valencina, Salteras, Castilleja de Guzmán y otras partes; si saben que las dichas madre e hija, cada una de ellas, han tenido por uso y costumbre de muchos días a esta parte, y hoy día lo tienen, de tener y hacer en su casa mozos solteros, y esclavos, así naturales como extranjeros, los cuales duermen en su casa, y están de día y de noche, y les lavan la ropa y les dan ... ... y muchas otras, de día y de noche, la dicha Beatriz Martinez, y cuando Beatriz se va de la dicha su casa deja a su hija con los mozos y esclavos extranjeros, y con otras gentes; si saben que Beatriz, de más de cuatro años a esta parte, ha tenido por continuo trato de acoger y encerrar en su casa mujeres con hombres, así casadas como solteras, y a que tengan conversación, lo cual se lo pagan; si saben que las dichas Beatriz y Juana, de más de tres años a esta parte, han ido e iban al ... dormían en las eras en el campo, y venían allá ¿mozos? de otras eras a estar con ellas todas las noches, y si así lo vieron los testigos; y si saben que todo ello es pública voz y fama. Firma, el dicho Licenciado ¿Diego? Alcázar.

(Continúa en el próximo capitulo)

Rodrigo de Cieza 19

Beatriz Martinez era una mujer como de cuarenta años, alta y esplendorosa a pesar de la dura vida que había llevado desde su niñez. Y su hija Juana de Ocaña era heredera de toda su belleza, realzada por unos detalles exóticos que la hacían blanco de la atención de propios y extraños. Rubia con güedejas de oro destellante, con unos ojos azules y apasionados y una piel mezcla de leche y fresas, cuando recogía aceitunas con su madre, o cuando recostada en un montón de paja de cualquier era reía los galanteos de los muchachotes, el sólo hecho de contemplar su cara constituía el mejor descanso y el mejor refresco que se pudiese anhelar, contrapartida abismalmente superior a los rigores de las hoces y la sed, las varas y las escaleras. Pronto, una primavera Juana alcanzó esa edad en la que los hombres vuelven la cabeza embrujados para admirar el paso de una muchacha perfecta, y Beatriz su madre, por su propio temperamento y por su propia mentalidad, decidió que el destino de todo aquel encanto y belleza sería en provecho de ellas mismas y de nadie más.
Mujer sensible e inteligente, Beatriz Martinez, desde la ruptura con su marido había sabido explotar los embriagadores secretos de su escultural cuerpo ofreciéndolos a los campesinos y pastores en secretas citas que efectuaba en su casita de morada, muchas veces también en plena faena agrícola, revolcándose entre las espigas maduras de un trigal u oculta con alguien tras un añoso olivo, y toda aquella pasión —y sus frutos en forma de un costal de granos, de unas monedas, de un par de hogazas o de unos chorizos—, toda aquella febril actividad tan reconfortante y placentera, todo el éxito que sus rotundos senos, sus muslos, sus brazos, cabello y boca y voz y entregada actitud suscitaban entre los hombres del campo propició que su espíritu se formara en una filosofía de vida enormemente humana, enormemente abierta, sencilla, sincera y honesta. Y, consciente de la hipocresía de una sociedad regida por sus más bajos instintos, repugnada de engañarse a sí misma, quiso hacer de su preciosa hija su propia imagen y proyectó en ella todos aquellos buenos sentimientos que había ido madurando en su comercio carnal.
Lo cual culminó, si esto puede se concebible, el vaso desfondado de la envidia. Educaba a su hija en pleno sentido comunitario, y la había enseñado a compartir lecho y juegos amorosos con ella y con sus eventuales huéspedes, generalmente humildes labriegos, solitarios esclavos o extranjeros y gente de paso, a quienes ofrecía su casa y su asistencia, complementando el servicio con lavados de ropa y preparación de comidas. La muchacha se deleitaba hundiendo la cara en el canasto de ropa de hombre y aspirando a pleno pulmón los aromas varoniles de sus dueños.
Con el paso de los años y la extensión de la "voz y fama" sus clientes se diversificaron. Se decía que hasta algunos abades y otras gentes de iglesia acudían a horas intempestivas a la casita, lo cual era fehacientemente cierto. También hija y madre diversificaron y ampliaron su oferta, ofreciendo abiertamente en alquiler camas y habitaciones a algunos vecinos y vecinas de Castilleja, tanto solteros como casados, a quienes concertaban emparejamientos y preparaban aventuras, "casándolos" con excepcional psicología y sentido de las compatibilidades.
Los alrededores de su humilde hogar quedaron malditos, y mil ojos espiaban el momento para asestar un duro golpe que terminara derrumbando aquella insostenible situación. No les perdonaron a hija y madre que fueran bellas, que fueran trabajadoras, que fueran felices. Y sobre todo no les perdonaron que sus conductas fueran razonables, lógicas, naturales. Y pronto se les presentó a la población ostentadora de la moral oficial la oportunidad de dar salida a borbotones a todos aquellos bastardos sentimientos ácidos que la corroía.
Antes de que tal cosa ocurriera, los parroquianos más intransigentes de don Rodrigo lo habían presionado para que interviniera, y el cura hubo de ceder a tales presiones. Eligió, para entrevistarse con las dos mujeres, un atardecer cálido de agosto, después de haber puesto en marcha algunos contactos discretos porque no deseaba en manera alguna dar más publicidad a todo aquel asunto.

Rodrigo de Cieza 18

Andrés Gasco no pudo ocultar de las pesquisas de chivatos y espías su preciada posesión, quizá porque él mismo la expuso a la luz, acaso en tertulias semejantes a las que don Rodrigo de Cieza realizaba en el patio de su casa, y pronto la voz llegó a la Corte. Tenía además este inquisidor sevillano la obra de otro célebre cronista, Gonzalo Fernandez de Oviedo, y desde el Consejo de Indias no tardaron en exigírselas ambas:

El Rey: Licenciado Andres Gasco ynquisidor en la çiudad de Seua. yo e sauido que vos teneis dos libros escritos de mano que hizo un padre1 de çieça vezno. desa çiudad que tratan sobre cosas del piru y que ansi mesmmo teneis otros libros escritos de gonçalo fenez. de ouiedo alcide. de santo domingo de la ysla española que tratan de las yndias que no estan vistos ni examinados ni con la autoridad que se Requiere para se poder comunicar y porque a nuestro serviçio conviene que los dichos libros se traygan al nuestro consejo de las yndias vos encargo que luego questa ueais envieis con toda diligençia e buen rrecaudo los dichos libros originalmente al dicho nuestro consejo de las yndias para que en el uistos y examinados mandemos prouer çerca dello lo que mas conbenga fecha en monzon de aragon a veynte nueue de nob. de mill y quis. y sesenta e tres años yo el Rey Refrendada y señalada de los dichos.

1.- Curiosísimo el detalle: ¿se refieren a don Rodrigo? ¿sabían o intuían el "mangoneo de copias" que el cura de Castilleja se traía entre manos? ¿o quizá es una errata, de "padre" por "Pedro"?.

El Inquisidor debía ser irresoluto amante de las letras, coleccionista empedernido o especulador político empecinado, o todo ello y algo más, porque obligó, póstumamente, porque había fallecido, al Consejo de Indias a insistir en la requisa tres años después, el día 24 de julio de 1566:

El Rey: Herederos del ynquisidor Andres Gasco saued quel dicho ynquisidor tenia en su poder una coronica que hizo y ordeno pedro de çieça de las cosas de las yndias y porque a nuestro seruo. conuiene que la dicha coronica se traya al nuestro consejo dellas vos mando que entre las escripturas y papeles que tenia y dexo el dicho ynquisidor hagais buscar la dicha coronica y hallada la enbieis al dicho nuestro consejo como por nos fue mandado al dicho ynquisidor en su vida que lo hiziese y no fagades endeal por alguna manera so pena de la nuestra mrd. y de diez mill mrs. para la nuestra camara fha en el bosque de segovia a XXIV de jullio de mill y quis. y sesenta y seis años yo el Rey refrendada de "rasso señalada del consejo.

Rodrigo de Cieza 17

Sepan cuántos esta carta vieren como yo, el doctor Gonzalo de Zúñiga, vecino que soy de la Ciudad de Sevilla en la collación de San Salvador, otorgo conozco que tengo recibido y recibí de vos, el beneficiado Rodrigo de Cieza, clérigo presbítero vecino de la dicha ciudad de Sevilla, que en ella está de presente, conviene a saber: la Crónica del Perú, que Pedro de Cieza, su hermano, cronista de Su Majestad, compuso, y que ahora yo recibo, junto con El Descubrimiento y Conquista del Perú, con el de la Tierra de los Indios y el Libro de las Indias, que es todo ello el dicho Libro de las Indias en ochenta y ocho hojas, en ... cuadernos que tienen todos ciento treinta y dos hojas de papel y un librete encuadernado en pergamino que es Relación del Camino del Perú, que tenía doscientas hojas poco más o menos, y acaba diciendo: "desta Çibdad del Cuzco a dos de abril de mill e quinientos e treynta e nuebe años", todo ello escrito de letra y de mano del dicho cronista vuestro hermano, lo cual me dais y entregais, y yo de voz, ... y me otorgo de voz por bien contento y entregado a mi voluntad, y por la presente me obligo de ir a la Corte de Su Majestad, y llevar los dichos libros, cuadernos e historia, y negociar y sacar para la impresión de ellos por privilegio real de Su Majestad, y los hacer ... y ¿concitar? para que se impriman según la orden y manera que a vos y a mí pareciere, y todo lo que se hubiere de ganar, y que se adquiriese, se reparta entre mí y voz, llevando y que lleve yo de todo ello la mitad por razón del trabajo y negociación y solicitud que en lo antedicho se debe tener, y que vos el dicho beneficiado se lleve la otra mitad, y prometo y me obligo, de ganado que se haya el dicho privilegio real para la dicha impresión de ... declarada, y no los hacer impresos ... sacar ... de alguno de ellos traslado y trasladar sin voluntad y expreso consentimiento vuestro, y de acudir y que acudiré a vos el dicho beneficiado con la mitad de cualquier aprovechamiento que haya por y en razón de lo ... y de vos tratar y traer en todo ello verdad y fidelidad, y ... hoy día de la fecha de esta carta hasta un año ... no diere negociado el dicho privilegio y ¿concitado? todo lo susodicho por la forma y ... sea pagado, prometo y me obligo por mí y por mis bienes y herederos ... de vos tornar, volver y entregar a vos el dicho beneficiado o a los vuestros todos los dichos cuadernos, crónicas y libros de ... originalmente tal y como ahora ... aunque ... de ello me quede traslado ... pena de vos, dar y pagar por dicha razón de ello 500 ducados de oro ... que el dicho plazo de un año sea pasado, los cuales dichos ducados vos daré y pagaré, o a quien de vos hubiere título y carta ... por pena y nombre de propio interés y conveniencia ... al que con vos hago y pongo y la dicha pena pagada, para lo que obligo mi persona y bienes habidos y por haber.

Don Rodrigo de Cieza, al final del documento otorga que admite dicha obligación, y le concede amplios poderes. Fechado el sábado 25 de septiembre de 1557, ante los testigos Juan Sanchez Vanegas, Pedro Lopez y Bartolome Vazquez, vecinos de esta Villa.

En una nota final, " Y no embargante que esta escritura dice que el dicho beneficiado Rodrigo de Cieza se ha obligado a pagar la mitad de todas las costas ... cuanto al camino ni a la saca del privilegio ni a las ... que el dicho Doctor Gonzalo de Zúñiga hiciere ... negocios ... salvo las dichas costas tocantes a la impresión del dicho libro". Vuelven a firmar los testigos, y los dos interesados.

Rodrigo de Cieza 16

Se sugiere en la edición de las obras completas del hermano de don Rodrigo que publicó el Centro Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, en 1985, que los libros de Pedro estaban en 1566 en poder del Licenciado Andres Gasco, Inquisidor de la ciudad de Sevilla, y que por tanto no los poseían ninguno de sus albaceas ni el fraile Bartolome de las Casas*. El Inquisidor, que actuaba como una especie de censor extraoficial, se demoró en leerlos tanto como Rodrigo de Cieza se demoró en pedir que se los devolvieran**, hasta que algún funcionario del Consejo de Indias advirtió de la existencia de aquellos escritos y la conveniencia de someterlos a un más alto tribunal de censura que el que representaba el Inquisidor Gasco.
Se recuerda también que en aquellas fechas se discutía el problema de la perpetuidad de las encomiendas*** y que cualquier dato estampado en los papeles de Cieza podía resultar decisivo para las esperanzas de más de uno. El Consejo se hizo con los dichos papeles, pero ocurrió con ellos lo mismo que en el despacho de Gasco: durmieron olvidados largamente. Por esta misma edición del CSIC sabemos que las gestiones de Rodrigo de Cieza consistieron en varias cartas al Consejo de Indias. La primera obtuvo respuesta el 19 de octubre de 1568, instando los Señores del Consejo de Indias al cosmógrafo Alonso de Santa Cruz a que devolviese los papeles al beneficiado de Castilleja de la Cuesta. No contestó el cosmógrafo y el 29 de enero de 1578 don Rodrigo insiste de nuevo. Repite su petición un mes después, en febrero del mismo año, añadiendo que sabe que los documentos se hallan en poder del geógrafo Lopez de Velasco. Tampoco consiguió resultado positivo alguno.

* El primer testimonio de que los escritos peruanos habían llegado a manos extrañas desde las fraternales de don Rodrigo lo encontramos en el Archivo Provincial de Sevilla, ignorado por los estudiosos puesto que se encuentra enterrado en una masa de papelotes anodinos que, al parecer, nadie había tenido paciencia de espigar, dado que muchas de las hojas se hallan plegadas, adheridas o cosidas desde aquellos años del siglo XVI. Ofrecemos estas vírgenes escrituras en el siguiente capítulo (Rodrigo de Cieza 17).

** El cura de Castilleja, hombre avisado y conocedor de la malicia del alma humana, había sabido guardar la ropa antes de echarse a nadar desde el principio de toda esta cuestión de los papeles de su hermano. Al día siguiente del que vió el traslado de los documentos desde Sevilla a Castilleja de la Cuesta habló con el escribano Miguel de las Casas, con el cual mantenía una relación de confianza y respeto, para solicitarle que le "prestase" a su auxiliar el escribiente Salvador Perez durante unas jornadas; no dudó Miguel en hacerlo, y en menos tiempo del que se tarda en contarlo disponía el beneficiado de Santiago de una copia de la historia del Perú, en excelente papel y con tinta de calidad, esmeradamente efectuada por el criado del fedatario oficial.
Respiró tranquilo cuando la hubo, y la depositó en el fondo de un arca, bien resguardada bajo llave, calibrando la posibilidad en un futuro cercano de esconderla en algún lugar secreto, bajo tierra o en el interior de algún muro.
Su insistencia tenaz en recuperar los originales de las garras del Inquisidor Gasco queda explicada por el temor a que gente ajena adquiriese los privilegios de su publicación, incluída —con toda probabilidad— la autoría de ellos.

*** Sin ir más lejos, tenemos un ejemplo local en el exconquistador Martin de Alfaro, quien, como dijimos, había acompañado a Hernán Cortés en sus correrías de rapiñas depredatorias por el Nuevo Mundo (ver la nota 6 del capítulo "Bautismos 3"). Pronto sabremos más de este extraño personaje, que fué testigo del fallecimiento de dicho Cortés.

jueves, 1 de enero de 2009

Rodrigo de Cieza 15

Don Rodrigo consiguió su objetivo con el apoyo de las "fuerzas vivas" del pueblo, y pasó largos años a cargo de la parroquia, dedicado a sus menesteres hasta el punto de llegar a sentirse un castillejano más; cuando el Papa Paulo IV murió, cuentan las crónicas que el pueblo de Roma, enfurecido con su odiada persona, quemó la Cárcel de la Inquisición liberando a los presos (habida cuenta de que, en lo que a la Inquisición italiana respecta, fué este Papa su consolidador en aquellas tierras, y uno de sus más temibles dirigentes); también destrozó la multitud una estatua suya, mutilándola y arrojando su cabeza al Tíber, además de otros actos de violencia. Y es que la política emprendida por el Sumo Pontífice había resultado nefasta para el pueblo romano en particular, e italiano en general.

Acto seguido transcribimos un pedimento que el entonces franciscano fray Rodrigo elevó a las autoridades que entendían de los viajes a América, por el que sabemos de su estancia allá. Se conserva este escrito en el Archivo General de Indias, Signatura INDIFERENTE, 1963,L,9,F,86V, y parece haber pasado desapercibido a los investigadores que han publicado estudios sobre la vida del cronista del Perú, su hermano Pedro de Cieza de León:

Fray Rodrigo de Cieza. Oficiales de el ... y Mi Señor que reside en la ciudad de Sevilla, en la Casa de la Contratación de las Indias. Fray Rodrigo de Cieza, de la Horden de San Francisco, que ha hecho relación que él tomó el hábito en la Isla Española, que estando en ella, por persuasión de sus deudas y con licencia del General, vino a estos Reinos, donde ha residido seis años de más1, aunque agora se querrían volver a la dicha Isla donde tomó el hábito, para lo cual le ha dado licencia su Provincial, ... ... que la mandase ... ... como la ... fuese ... por bien, por ende yo vos mando que ... consintáis pasar a la dicha Isla Española al dicho fray Rodrigo de Cieza, sin que en ello le pongáis ni consintáis poner embargo ni impedimento alguno. Fecha en Valladolid en veinte y tres de junio de mill y quinientos y quarenta y quatro años. Yo, el Príncipe2. Vº. de Samano, señalada del Cobp. de Cuenca y Bernal, y Gutiérrez Velázquez, y Gregorio Lopez, y Salmerón.

1.- Según lo cual en 1538 se encontraba todavía en dicha Isla. A su vuelta le ocurriría la transferencia a los Canónigos Regulares de San Agustin que mencionan los Señores del Concejo castillejano, según puede leerse en nuestro capítulo anterior.

2.- Tiene que ser, con toda seguridad, Felipe II, que se encontraba en la ciudad castellana por esa fecha.

Si en 1553 don Rodrigo ya estaba en Castilleja (ver Bautismos 2), pudo en los nueve años intermedios entre la solicitud de licencia para volver a La Española que acabamos de ver y su presencia en esta dicha Villa haber efectuado el segundo viaje, para el que ya contaba con licencia de su Provincial, aunque por ahora nada sabemos de este quizá nunca realizado posterior periplo. La narración de una historia es un continuo hacer y deshacer, en la medida en que aparecen día a día nuevos datos que pueden contradecir, afirmar, limitar o complementar los ya conocidos. La investigación histórica en ninguna manera puede ser una labor individual, y aun así hasta los hechos cuya reconstrucción parece más sólida e indudable pueden, de la noche a la mañana, venirse abajo merced a un hallazgo fortuito.

Rodrigo de Cieza 14

... y otrosí dijeron que por cuanto el dicho beneficiado don Rodrigo de Cieza fue religioso de la Orden de San Francisco de Observancia, y por autoridad apostólica fue transferido a la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín, y además, por la misma autoridad apostólica, fue dispensado con él para poder tener el dicho su beneficio, y mediante la dicha dispensación fue proveído del dicho su beneficio canónicamente por el Reverendísimo Prior de San ... de León, Maestrazgo de Santiago, de cuyo Prior ... ordinaria de la dicha Villa de Castilleja de la Cuesta, de ... de los cuales ... dispensaciones ... tenerlos bastantes y canónicos ... y buenos, y ahora, mediante la Extravagante1 que ... del dicho Nuestro Muy Santísimo Padre Paulo, Papa Cuarto hizo contra los que han sido religiosos, en mandando que se vuelvan a sus Órdenes, y asimismo mediante ciertas letras en particular por Su Santidad concedidas a la dicha Orden de San Francisco de Observancia los dichos religiosos de la dicha Orden de San Francisco y prelados de ella han molestado al dicho beneficiado don Rodrigo de Cieza, y ... por los ¿Señores? de la ¿Audiencia? Real de la dicha ciudad de Sevilla, quienes insistentemente le molestaban diciendo que canónicamente estaba transferido, y asimismo con ... las dispensaciones y provisiones tiene el dicho señor beneficiado mandaron amparar mandándole ... las apelaciones que interpuso delante de ¿Su Santidad?; y así se las otorgaron, y porque el dicho señor beneficiado es persona muy necesaria para la administración de la dicha Iglesia y de ... su beneficio, y para el régimen, amor, paz y concordia de los parroquianos de la dicha Villa, y los dichos Constituyentes, deseando como desean la utilidad y bien común de la dicha Villa, quieren que por su ... se suplique a Su Santidad que ... las loables costumbres del dicho señor beneficiado, y a que el dicho beneficio le ... y pobre, por no llevar como no lleva de ... algunas, y que es de la dicha Orden de San Francisco, y que religiosos de ella lo han acostumbrado a tener y poseerlos ... militan debajo de la Orden de San Agustin, de cuya Orden es canónigo regular el dicho señor beneficiado, a tenor de lo cual Su Santidad sea servido hacerles bien, y mande dejar al dicho señor beneficiado don Rodrigo de Cieza a que prosiga y acabe su vida continuando sus loables costumbres, y que por tanto ... los susodichos, por sí mismos y en nombre de toda la comunidad y vecinos de la dicha Villa de Castilleja de la Cuesta, en los mejores modos, vías, forma y causa que podían y de derecho debían, otorgaron y otorgaban que daban y dieron todo su poder cumplido bastante tal cual de derecho ... conviene a saber ... ... de Matute y Francisco de Aguilar, Procuradores de Causas de la ciudad de Sevilla, in solidum, para que como ellos mismos parezcan ante Su Santidad y ante quien deban, y pedir y suplicar que a tenor a las causas susodichas Su Santidad les deje al dicho beneficiado Rodrigo de Cieza, derogando la dicha Nueva Extravagante, y asimismo le ... a la dicha Orden de San Francisco concedidas, y ... si necesario fuere la traslación, provisión y dispensación al dicho señor beneficiado para que, libre y lícitamente, pueda permanecer en el dicho beneficio y en la dicha Villa de Castilleja de la Cuesta, como si nunca se hubiera concedido la dicha Extravagante ni las dichas letras particulares ni todo lo demás en contra de él concedido, y si necesario fuere suplicar y apelar por el interés y derecho del dicho Concejo y Regimiento de la Extravagante ... y pedir que se cometan las dichas apelaciones interpuestas por dicho señor beneficiado, las que se interpusieren por este Concejo y Regimiento y las de los dichos prelados de la Orden de San Francisco, así como de cuantos deben y deban conocer de la dicha causa, y asistir en ella y seguirla; y pedir y contradecir y apelar y suplicar. Fueron a todo ello testigos Salvador Perez, Diego ... , Bernabe Martin y Simón de Valencia. Ante el escribano Miguel de las Casas. Firmaron los Señores del Concejo, excepto el Alguacil y el Mayordomo, que no sabían escribir.

1.-  Extravagante. (Por estar fuera del cuerpo canónico). f. Cada una de las constituciones pontificias que se hallan recogidas y puestas al fin del cuerpo del derecho canónico, después de los cinco libros de las Decretales y Clementinas. RAE.
 

Rodrigo de Cieza 13

Este joven franciscano del cual hemos hecho referencia en el anterior capítulo no era otro que don Rodrigo. Todo parece indicar que tomó los hábitos en Santo Domingo, y con toda probabilidad efectuó el viaje a la dicha isla pocos meses después que su hermano.
Cierto es que nuestro beneficiado, del Nuevo Mundo solo conoció La Española, sin salir de ella ni hacia otras islas del Caribe ni a Tierra Firme; que su estancia en la Isla debió ser de muy poco tiempo, nunca más de dos años; y que este poco tiempo además tuvo que estar limitado a las restringidas actividades de un novicio franciscano recluído la mayor parte de los días en su convento. 
En principio vamos a transcribir un escrito encontrado en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla que nos testimonia la filiación como religioso de la Orden de Francisco de Asís del cura de Santiago. Está algo deteriorado el documento, pero su contenido se hace patente a pesar de algunas palabras ilegibles:

... por el presente ... sea ... y manifiesto cómo ... Villa de Castilleja de la Cuesta ... cerca de la ciudad de Sevilla en domingo 7 de mayo de 1559 ... y del Pontificado de Nuestro Muy Santo Padre Paulo por la providencia, papa cuarto1 ... estando juntados en su Cabildo y Ayuntamiento ... como lo han de uso y costumbre los Señores del Concejo y Regimiento de la dicha Villa, llamados para ... conviene a saber: Hernando Jayán y Pedro Sanchez Vanegas, Alcaldes Ordinarios; Diego ¿Garcia? ... Alguacil; Pedro de las Casas y Sebastian de Contreras, Regidores, y Juan ¿Rodriguez?, mayordomo, dijeron que por cuanto al muy reverendo señor Rodrigo de Cieza, beneficiado de la dicha Villa, ha tiempo de 6 años que tiene y sirve el dicho beneficio de la Iglesia del Señor Santiago de la dicha Villa, y lo ha servido y sirve loablemente, dando de sí grande ejemplo y buena ... , así en lo espiritual tocante a la administración de la dicha Iglesia, como por lo temporal, poniendo siempre las concordias entre los parroquianos de la dicha Villa y haciendo obras de caridad con los pobres y enfermos, de tal manera que los vecinos de la dicha Villa se han ... hacer las mismas obras buenas, de lo cual resultan muchos servicios a Dios Nuestro Señor, ... (Continúa en el siguiente capítulo).

1.-  Paulo IV, furiosa y comprensiblemente antiespañol —había visto invadido su Nápoles natal por los ejércitos de Carlos V—, llegó hasta el punto de excomulgar a este Emperador y a su hijo Felipe II, en su tenaz afán de expulsar a los españoles de Italia. Era además un teócrata integral, que dejó paralizado el Concilio de Trento porque no quería compartir el poder en ninguna clase de asamblea. Primero él y Dios Padre antes que nadie, y todos los príncipes del mundo y de la Iglesia sobraban. Solía decir: "nunca he conferido un favor a un ser humano". Consiguió romper la alianza hispano-francesa y hacer que el país vecino se enfrentara al duque de Alba en la península italiana, aunque ninguna de sus estratagemas lo libró de tener que implorar casi de rodillas, tras el descalabro de San Quintín, la paz al dicho duque Fernando Álvarez de Toledo. Moriría el 18 de agosto de 1559, tres meses después de la redacción del escrito que transcribimos, en el cual el Concejo de Castilleja intercede ante él por don Rodrigo de Cieza y su beneficio de la Iglesia de la Plaza.
Una sobrina de Paulo IV fue madre del músico Carlo Gesualdo, príncipe y conde que habiendo descubierto a su mujer en pleno adulterio la asesinó de forma brutal, junto con su amante. Masoquista, se hacía azotar por efebos, y al parecer, en una de estas sesiones, en el año 1613, perdió la vida. 

Rodrigo de Cieza 12

"Y para cunplir y pagar este dicho mi testamento y hazer todo lo en el contenido dexo y nonbro por mis albaçeas al dicho juan de llerena mi suegro y al dicho Rodrigo de çieça mi hermano y al bachiller Rodrigo de Ribera clérigo a los quales y a cada uno dellos doy poder conplido... ", dejó escrito Pedro de Cieza en su testamento, como hemos visto. Juan de Llerena era hombre poco interesado en lo que no fueran cargazones de mercaderías desde Flandes a las Indias, y no se preocupó ni mucho ni poco por los papelotes que el difunto había dejado en su bufete, revueltos con cartas personales, recibos de préstamos los más de ellos en su debe, y un sin fin de notas y cuentas variopintas. En cambio el otro albacea, el bachiller Rodrigo de Ribera, a ojos de don Rodrigo era más peligroso, en cuanto que hombre despierto y de inquietudes intelectuales, que conocía muy de antemano el valor de los manuscritos peruanos y el poder político que podrían proporcionarle caso de hacerse con ellos. 
Pero por ley natural y derecho de sangre, nadie discutió que el cura de Castilleja se constituyera en depositario, y que trasladara los legajos y la totalidad de la masa de escritos a su casa junto a la Iglesia de Santiago, empeñado como estaba en hacer imprimir la crónica con todas las de la ley, certificando a perpetuidad la autoría de ella. Don Rodrigo, en la minuciosa inspección en el bufete de la casona de la calle de Las Armas, tuvo ocasión de recordar viejos tiempos, cuando tropezó con algunas cartas de su puño y letra que había dirigido a su hermano desde la Península, junto con sus correspondientes contestaciones, y en ciertos momentos de su relectura se le empañaban los ojos de la emoción de aquellos tiempos, veinte años atrás. Lógico y normal, estando además presente todavía en aquellas habitaciones el espíritu doliente del pobre Pedro, cuyos restos yacían ahora ya para siempre en la Iglesia de San Vicente.
Pero, de entre todo el legado de papeles, a nosotros nos interesa en especial algunas misivas que, fechadas en la Isla La Española, un novicio franciscano dirigió a sus padres en la villa de Llerena de la provincia de Badajoz, y no por sus contenidos, que el de estas cartas ultramarinas no tienen nada de particular en cuanto que manifestaban las inquietudes y anhelos de un muchacho normal inmerso en un mundo inimaginado. Es el hecho de las cartas en sí, que testimonian un episodio de la vida de don Rodrigo obviado por la historia.

Se hace hincapié por parte de la mayoría de los historiadores que a este tema han estado dedicados, en haber identificado los vínculos familiares en Indias de Pedro y Rodrigo, principalmente los hijos de su tío el renombrado notario sevillano Alonso de Cazalla. Entre estos primos resaltan otro Alonso de Cazalla, a quién Pedro de Cieza encontró en Panamá; o Sebastian de Cazalla, de la misma edad que Pedro y a cargo de una encomienda de indios en el Cuzco, y sobre todos ellos a Pedro Lopez de Cazalla, secretario de hombres tan importantes como Francisco Pizarro, Cristóbal Vaca de Castro y Pedro de la Gasca. Pedro Lopez fue escribano mayor de la Nueva Castilla y escribano de la Cámara de la Audiencia, allá por el año 1544, y de él ya hemos anotado algún detalle biográfico, exactamente en el capítulo "Rodrigo de Cieza 3". Todos estos primos debieron allanar el camino del joven en sus exploraciones geográficas y en sus investigaciones de las culturas indias, pero también facilitaron el poco conocido viaje y estancia de don Rodrigo de Cieza en la isla La Española.

Notas varias, 2o.

De entre los personajes destacados en los documentos sobre Francisco de Vilches, figuran: — El  Teniente de Pagador de las Armadas Reale...