jueves, 30 de abril de 2009

Los esclavos 41t

Testigo, Diego Ortiz, vecino de Sevilla y morador en esta Villa. A la primera, conoce a Rodrigo Franco y a Francisco su esclavo de 9 años a esta parte, a Alonso Franco y a Cristóbal de un año, y a Juan de Vega desde que se sabe acordar. Tiene 40 años y no es pariente de ninguna de las partes. A la segunda, que son hombres tranquilos y pacíficos, y buenos cristianos. A la tercera, que lo que sabe es que ha oído decir a mucha gente que Juan de Vega, caballero en una bestia y viniendo de Sevilla, que venía sin vara de Justicia y fue maltratado sin autoridad de Alcalde. A la cuarta, que cree que no conocen Alcaldes por lo poco que vienen a esta Villa, y que no tienen pleitos. A la quinta, que este testigo hace lavar sus tinajas cada año y manda tirar la lía a la calle, y así lo ha visto hacer a los demás bodegueros y nunca han sido penados por ello. Hizo la señal que acostumbra a hacer1.

1.- Aunque solo es referido por nombre y primer apellido, no caben confusiones con otro Diego Ortiz, vecino de Castilleja pero simple trabajador. Éste es, en cambio, bodeguero importante, y sabemos que se trata de Diego Ortiz de Juan Guren el mozo porque, analfabeto, usaba una característica señal en lugar de firma, al contrario que su padre homónimo, Diego Ortiz de Juan Guren el viejo, hombre medianamente letrado. Pronto veremos morir a Diego Ortiz de Juan Guren el mozo, de un tajo de espada en la cabeza propinado por Bernardo de Oliver, "maestro de hacer espadas", según se ha adelantado en "Bautismos 3, nota 7".

Y ahora y para terminar resuena la altitonante voz de la Condesa de Olivares doña Francisca de Ribera Niño colocando el punto y final a este escandaloso episodio de lías derramadas que conmovió la vida monótona de nuestro pueblecito, Condesa que suple a su marido en la administración de justicia en el Estado porque él habita en Madrid sin haberse dignado visitar ni una sola vez en su vida ni su Villa de Olivares, y mucho menos las demás del Señorío. Cita Antonio Herrera García en su obra "El Estado de Olivares" al "Libro de la vida y costumbre de don Alonso Enríquez de Guzmán", publicado por Hayward Keniston en Madrid, 1960 (BAE., 126) pág. 260, en donde se cuenta que le argumentaron que si vivía en Madrid debía ser porque allí tenía más posibilidades de que sus hijos habidos y por haber llegaran a cardenales o a maestres de la Orden de Santiago, a lo que repondió en un arranque de soberbia: "no han menester los fijos de los señores nada deso, porque nacen señores. Los fijos de los escuderos que se tienen por cavalleros lo an menester".
Doña Francisca de Ribera, nos hace saber Antonio Herrera García en su referida obra, nació en Toledo, y en 1539, al casarse con don Pedro el Conde, estaba recién enviudada de don Pedro Lopez de Ayala, conde de Fuensalida. Pedro Barrantes Maldonado, historiador contemporáneo, atestigua de ella que era una "sabia e onrrada señora", y Juan Alonso Martinez (Sánchez) Calderón, Notario del Santo Oficio y "profesor de ambos derechos" allá por el siglo XVII, que era "joven, rica y muy hermosa". Como por este tiempo don Pedro de Guzmán se afanaba en acrecentar sus posesiones aljarafeñas, sospéchase que el matrimonio, sin menosprecio de las virtudes de la viuda aristócrata, era una jugada de él en el camino de dicho objetivo de adquirir riquezas.

Alcaldes de mi Villa de Castilleja de la Cuesta cada uno y cualquier de vos ante quien pasó la querella que se dió de Rodrigo Franco, sabed que he sido informad[a] que la parte perdió la querella y que son amigos y que tenéis preso al dicho Rodrigo Franco; envióme a suplicar le hiciere merced de mandarlo dar fiado; yo os mando que si así es que lo déis fiado a personas legas, llanas y abonadas y asentéis la fianza ante Miguel de las Casas, escribano de esta dicha mi Villa, y dada, soltadlo de la prisión, lo cual os mando que así lo hagáis y cumpláis. Hecho en Sevilla a dos de agosto de mil quinientos cincuenta y siete.

Los esclavos 41s

Testigo, Elvira Sanchez. Conoce a Rodrigo Franco y a Francisco su esclavo de 9 años a esta parte, a Alonso Franco y a Cristóbal de un año, y a Juan de Vega de más de 30 años. Tiene 56 años y no es pariente de ninguno. A la segunda, repite que son hombres temerosos de Dios, de vidas cristianas, quietos y pacíficos. A la tercera, que no la sabe. A la cuarta, dice que no conocerán a los Alcaldes porque vienen poco a esta Villa, y añade que no tienen pleitos. A la quinta, que desde que se sabe recordar ha visto tirar lía a la calle y no se ha penado a nadie por hacerlo. No sabe escribir.

Testigo, Leonor Martin de Baena1. A la primera, conoce a Rodrigo Franco y a Francisco su esclavo de 9 años a esta parte, a Alonso Franco y a Cristóbal de un año, y a Juan de Vega desde que se acuerda. Tiene 38 años y es prima de Juan de Vega, y de los demás no es pariente. A la segunda, que son hombres honrados y pacíficos y temerosos de Dios y de sus conciencias. A la tercera, que al oir voces salió de su casa y entró en la vecina bodega y vió a Juan de Vega con una capichuela so el brazo y maltratado en una oreja y sin vara de Alcalde, y a otras muchas gentes, y luego se salió para irse a su casa. A la cuarta, le parece que no deben conocer a los Alcaldes, y que no tienen pleitos. A la quinta, que desde que sabe recordar ha visto a los bodegueros tirar la lía a las calles y que mientras vivió Diego Martin Bermejo su padre veía la testigo cada año echar la lía a la calle, de la que sacaban de las tinajas, y que lo mismo ha mandado hacer la testigo a sus mozos y echa la lía de las tinajas a la calle, y que no ha visto penar a nadie por ello sino antes públicamente la echan y así mismo lo ha hecho y visto esta testigo. No sabe firmar.

Testigo, Isabel Sanchez. A la primera, conoce a Rodrigo Franco y a Francisco su esclavo de 9 años a esta parte, a Alonso Franco y a Cristóbal de un año, y a Juan de Vega desde que sabe recordar. Tiene 20 años y no es pariente de ninguna de las partes. A la segunda, dice que son hombres muy cristianos y temerosos de Dios y de sus conciencias, tranquilos y pacíficos y quietos. A la tercera, que vio venir a Juan de Vega montado en su bestia desde Sevilla, con una capa vieja y no traía vara de Justicia y así lo vio pasar por la puerta de su madre. A la cuarta, que le parece que no deben conocer a los Alcaldes, y que son hombres sin pleitos. A la quinta, que siempre ha visto a los viñeros hacerlo y nunca los vio ser penados. No sabe escribir.

Testigo, Juan Sanchez Vanegas, trabajador. A la primera, conoce a Rodrigo Franco y a Francisco su esclavo de 9 años a esta parte, a Alonso Franco y a Cristóbal de un año, y a Juan de Vega desde que se sabe acordar. Tiene 30 años y no es pariente de ninguno. A la segunda, que son hombres tranquilos y pacíficos, y buenos cristianos. A la tercera, que vio venir a Juan de Vega caballero en su montura desde Sevilla, que venía con sus ropas que se suelen traer entre semana y que vio que no traía vara de Justicia ni autoridad de Alcalde. A la cuarta, que son hombres sin pleitos, pero que no sabe si conocen a los Alcaldes. A la quinta, como capataz que ha sido y es de muchos años de Cosme Rodriguez Farfán2 y de sus hijos, hace sacar la lía cada año y manda echarla en la calle, y lo ha visto hacer a todos los viñeros y nunca ha visto penar a nadie por ello. No sabe escribir.

1.- Se recordará que, como esposa del escribano Miguel de las Casas, era vecina inmediata del acusado Rodrigo Franco.

2.- Importantísimo personaje. General de la Armada (Almirante) y pieza clave en las comunicaciones interoceánicas, tuvo posesiones en Castilleja de la Cuesta, la cuales heredaron sus hijos. Anotamos, antes de desarrollar más sus circunstancias, que era dueño de una viña en el Pago de la Alberquilla (ver "Bocetos del siglo XVI, 3"), lugar que —provisionalmente y a la espera de mayor confirmación documental— hemos de localizar en la zona de jardines de la Casa de la Cultura, antigua hacienda de los marqueses de la Reunión de la Nueva España.

Los esclavos 41r

Testigo, Lorenzo Sanchez; conoce a Rodrigo Franco y a Francisco su esclavo de 9 años a esta parte, a Alonso Franco y a Cristóbal de un año, y a Juan de Vega desde que se sabe acordar. Tiene 40 años y no es pariente de ninguna de las partes. Tiene a Rodrigo Franco y a Alonso Franco por hombres muy honrados, pacíficos, quietos y de buena vida, así el testigo como todas las personas que los conocen. La tercera pregunta no la sabe. La cuarta, que son vecinos que vienen de cuando en cuando a ver su heredad en esta Villa. Que no sabe si conocen a los alcaldes, y que no tienen pleitos. A la quinta, que él mismo, cuando cada años manda lavar las tinajas de su propia bodega hace tirar la lía en medio de la calle, y que así lo hacen los demás dueños de bodegas, y nunca ha visto que se penase a nadie por ello. Firmó de su nombre.

Testigo, Alonso de Trujillo. A la primera, conoce a Rodrigo Franco y a Francisco su esclavo de 9 años a esta parte, a Alonso Franco y a Cristóbal de un año, y a Juan de Vega desde que nació. Tiene 70 años de edad y no es pariente de ninguna de las partes. A la segunda, dice que son hombres muy cristianos y temerosos de Dios y de sus conciencias, y pacíficos y quietos. A la tercera, dice que al oir la barahúnda salió de su casa con un templón1 y llegó al sitio, y vio a una bestia con dos seros encima, y entró en la bodega y vio a Juan de Vega sin vara y con una capa que lo cobijaba como hombre que venía de Sevilla, y luego este testigo se volvió a su casa. A la cuarta, que Rodrigo Franco y Alonso Franco son vecinos originales y antiguos de la ciudad de Sevilla, pero que hará poco que vienen a esta Villa y no conocían a los Alcaldes, y que Alonso Franco hace un año poco más o menos que vino de las Indias, y por eso es muy cierto que no conoce a Alcalde ninguno, y que los tiene por hombres pacíficos y quietos y sin pleitos. A la quinta, que él también manda tirar la lía a la calle cuando cada año hace limpieza de tinajas como hacen los demás dueños de bodegas, y que nunca ha visto penar a ningún vinero por hacerlo. Firma de su nombre.

1.- Aunque imaginamos que debe ser algún tipo de arma, no hemos logrado conocer con exactitud el significado del vocablo "templón", ni aún como localismo.

Testigo, Paula Rodriguez. Conoce a Rodrigo Franco y a Francisco su esclavo de 9 años a esta parte, a Alonso Franco y a Cristóbal de un año, y a Juan de Vega desde que se sabe acordar. Tiene 17 años de edad. A la segunda, dice que son hombres muy cristianos y temerosos de Dios y de sus conciencias, sin pleitos y pacíficos y quietos. A la tercera, que vio venir a Juan de Vega de Sevilla cabalgando en una bestia con dos seros, con una capichuela prieta cobijado como hombre que venía de camino, y no traía vara de alcalde. A la cuarta, que sabe que Rodrigo Franco y Francisco Franco son vecinos de Sevilla y que de vez en cuando los ve venir a una heredad de casas y viñas que tienen en esta Villa, y que porque Alonso Franco hace un año que vino de las Indias, no conoce a Alcalde alguno; sabe que son hombres sin pleitos. A la quinta, que desde que recuerda ha visto a los viñeros tirar la lía a la calle y no se ha penado a ninguno por ello. No sabe firmar.

Los esclavos 41q

El sábado 31 de julio el Alcalde Ordinario Bernabé Martin dijo que hacía e hizo cabeza de proceso contra los dichos Rodrigo Franco, Alonso Franco y Cristóbal y Francisco sus esclavos, en razón de la acusación de Juan de Vega, y les mandó notificar que dentro de tres días respondan a la dicha cabeza de proceso lo que vieren que les convenga.

Se les notificó a los cuatro, siendo testigos Antón Lopez* y Salvador Perez. Luego el Alcalde mandó a Rodrigo Franco que nombrase defensor a sus esclavos, y respondió que él los quiere defender como su señor. Luego parecieron los cuatro y dijeron que negaban la cabeza de proceso, y que alegan sus confesiones. El Alcalde recibe a prueba la cabeza de proceso y se les notifica de ello.

* Antón Lopez, como dijimos, el otro hermano —además de Francisco Franco el médico— de Rodrigo Franco.

Fianza de cárcel segura. Luego, estando presente Antón Lopez1, vecino de Sevilla y morador en esta Villa, otorgó que recibía y recibió por encarcelados a los cuatro, y se obligó como carcelero público a darlos presos en la Cárcel Pública de esta Villa o en la prisión en que ahora están cada vez y cuando por el Alcalde o por otro Juez competente se le requiriera, y se sometió a las leyes de los carceleros públicos; firmó de su nombre, siendo testigos Juan de Matute, vecino de Sevilla, y Salvador Perez.

1.- Nótese la descomunal irregularidad al encomendar esta importante responsabilidad a una parte tan íntimamente involucrada con los reos.

El lunes 2 de agosto los testigos de Juan de Vega juraron; a Ana de Tovar le fue leída su declaración y se ratificó en ella, haciendo constar que tiene 30 años de edad. Lo mismo hicieron Juana Gomez, de 26 años, Ana Sánchez, de 30 años, Isabel Sánchez, de 20 años, y Juan Sánchez Vanegas, de 30 años.

El miércoles 4 de agosto los cuatro encausados se ratifican también en lo declarado y se disponen a presentar sus testigos. El Alcalde manda hacerles a estos testigos las siguientes preguntas: si conocen a las partes; si conocen a Juan de Vega; si saben si Alonso Franco y Rodrigo Franco son hombres honrados, quietos y pacíficos; si saben si cuando ocurrió la cuestión traía Juan de Vega su vara de alcalde; si saben que los dichos Rodrigo Franco y Alonso Franco son vecinos de Sevilla y no de Castilleja de la Cuesta, y si saben si conocen a los Alcaldes de Castilleja, y si son hombres que tiene pleitos; si saben que en esta Villa las personas y esclavos que tienen bodegas cuando limpian las tinajas echan la lía a las calles, y por esto nadie se queja, antes se hace públicamente.
El jueves 5 de agosto se examinaron los testigos aportados por los Franco, que fueron: Elvira Sanchez, viuda; Francisco Sanchez Ladrillero; Paula Rodriguez, moza doncella hija de la dicha Elvira, vecinas de esta Villa; Alonso de Trujillo, vinero vecino de Sevilla y morador en esta Villa; Leonor Martin de Baena, mujer de Miguel de las Casas; Isabel Sanchez, mujer de Diego Rodriguez; y Juan Sanchez Vanegas, Diego Ortiz, y Lorenzo Sanchez, vecinos de Sevilla y moradores en esta Villa, de todos los cuales fue recibido juramento.

Los esclavos 41p

Declaración de Alonso Franco. En dicho día viernes treinta de julio de mil quinientos cincuenta y siete, por mandado del Señor Bernabé Martin, Alcalde Ordinario de esta Villa, fue recibido juramento en forma de derecho de Alonso Franco y le fueron hechas las preguntas siguientes: fuéle preguntado que cuyo hijo es, y dijo que de Rodrigo Franco; fuéle preguntado que de donde es vecino, dijo que de la ciudad de Sevilla; fuéle preguntado que si este declarante conoce a Juan de Vega, vecino de esta dicha Villa, y si sabe que es Alcalde Ordinario de ella, dijo que no lo conoce ni sabe si es Alcalde Ordinario; fuéle preguntado que si el sábado que se contaron veinte y seis de junio próximo pasado este declarante salió de la casa bodega del dicho su padre a la calle de esta dicha Villa donde estaba el dicho Juan de Vega caballero en una bestia, trabándose a palabras con él el dicho su padre, con dos piedras en la mano y se fué derecho al dicho Juan de Vega y lo derribó de la dicha bestia, dijo que lo que pasó es que estando un esclavo negro del dicho su padre, que se llama Cristóbal, echando una paileta de lía en la calle, estaba este declarante en la dicha bodega del dicho su padre, y que oyó a un hombre estar hablando con soberbia con el dicho esclavo y con el dicho su padre de este declarante, y oyó este declarante decir al dicho su padre: "pues mucho de enhoramala echando la lía por la calle todos cuantos hay y ya no les dice nada... ¿y esta hiede más que ninguna?", y que respondió un hombre que no sabe este declarante como se llama y quien es: "mala sea para quien mal habla", y oyéndolo este declarante salió luego de la dicha bodega corriendo a la calle, y vió a un hombre caballero en una bestia sentado entre dos canastas que iban en un serón, y se fué este declarante hacia él, y desde que el dicho hombre vió venir a este declarante saltó de la bestia y tomó una piedra, y desde que este declarante le vió tomar la piedra tomó otra este declarante y todavía se fué para él este declarante, y en esto vió este declarante llegar a un negro del dicho su padre que le dice Cristóbal, y luego como allegó el dicho esclavo echó mano del dicho hombre y lo derribó en el suelo; fuéle preguntado que si este declarante ayudó a derribar al dicho Juan de Vega, dijo que lo niega; fuéle preguntado que si después que el dicho Juan de Vega estaba en el suelo este declarante le dio muchos golpes y puñadas y le arrancó las barbas y cabellos, y dijo que después que el dicho hombre estaba en el suelo este declarante con la una mano le echó mano de las barbas y con la otra le dio de puñadas; fuéle preguntado que si oyó dar voces al dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario, y decir: " que me matan, aquí de la Justicia del Conde, que matan su Justicia", dijo que estando de esta manera dicho hombre por el suelo llegó el dicho Rodrigo Franco su padre y los quitó de encima del dicho hombre, y desde que lo dejaron se levantó y empezó a dar voces el dicho hombre, diciendo: "aquí del Rey y del Conde de Olivares, de esta manera se trata a la Justicia"; fuéle preguntado que si a las dichas voces que dio el dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario, vio venir mucha gente en su favor, dijo que sí; fuéle preguntado que si cuando vio venir la gente en favor de la Justicia se metió en la casa del dicho su padre él y los esclavos, y tomaron lanzas y alavesas y espadas, y dijo que como vio venir tanta gente le dijo su padre a este declarante: "anda y corre, y salíos por la puerta de la Calle Real e iros a la ciudad de Sevilla", y yéndose este declarante para empezar de ir como el dicho su padre se lo mandaba, vio estar mucha gente con armas en las dichas casas del dicho su padre a lo matar, y este declarante tomó una espada y se defendió de ellos, y hasta tanto que el dicho su padre a voces le tornó al dicho segunda vez que se fuese, y entonces este declarante se fue; fuéle preguntado que si esta cuestión porque lo querían prender se ausentó de esta Villa y sus términos, y dijo que él no sabe si lo querían prender, mas de que por estar tanta gente que lo quería matar se fue de esta Villa y sus términos, y que esto sabe para el juramento que hizo, y lo firmó de su nombre, y dijo que es de edad de veinte y cinco años poco más o menos.

Los esclavos 41o

Declaración de Francisco, esclavo. En dicho día viernes treinta de julio de mil quinientos cincuenta y siete, por mandado del Señor Bernabé Martin, Alcalde Ordinario de esta Villa, fue recibido juramento en forma de derecho de Francisco, esclavo de Rodrigo Franco, y le fueron hechas las preguntas siguientes: preguntado que si este declarante vió sacar de la bodega del dicho su amo lía a la calle o si la sacó él, dijo que este declarante estaba en una tinaja metido, sacando de ella lía y dió a Cristóbal su compañero una caldera que sacó a la calle, mas que él no sacó ninguna; fuéle preguntado si conoce a Juan de Vega, Alcalde Ordinario de esta Villa y si sabe que es Alcalde Ordinario de ella, dijo que sí; fuéle preguntado que si este declarante el dicho día sábado salió a la calle con el dicho su amo y Alonso Franco y Cristóbal su compañero y derribaron al dicho Juan de Vega de una bestia en la que venía de Sevilla, dijo que lo niega; fuéle preguntado que si después de que el dicho Juan de Vega estaba en el suelo le dieron muchas puñadas y golpes y le arrancaron las barbas y los cabellos y casi una oreja, dijo que lo niega; fuéle preguntado que si oyó dar voces al dicho Juan de Vega y pedir favor a la Justicia, dijo que lo niega; fuéle preguntado que si vió venir gente a las voces que daba el dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario, lo niega; fuéle preguntado que si cuando vió venir gente se metió este declarante allá dentro de las dichas casas, él y el dicho su amo y Alonso Franco y Cristóbal su compañero y tomaron lanzas y espadas y alabardas para defenderse de la Justicia, dijo que este declarante estaba allá dentro de la bodega y vió entrar dentro mucha gente con armas, y él, como aquéllo vió, tomó una lanza y fue a ver que era; fuéle preguntado si vió que Juan de Vega, Alcalde Ordinario, quería prender al dicho su amo y a Alonso Franco y a este declarante y a su compañero, dijo que no lo sabe; fuéle preguntado que si este declarante y los dichos sus amos y su compañero se fueron y ausentaron de esta Villa y sus términos, dijo que sí; y que esta es la verdad para el juramento que hizo y no lo firmó porque dijo que no sabía, y dijo que es de edad de cuarenta años poco más o menos.

Los esclavos 41n

En "Los esclavos 38" había declarado Rodrigo Franco. Luego le tocó el turno al esclavo Cristóbal:

Declaración de Cristóbal, esclavo. En dicho día viernes treinta de julio de mil quinientos cincuenta y siete, por mandado del Señor Bernabé Martin, Alcalde Ordinario de esta Villa, fue recibido juramento en forma de derecho de Cristóbal, negro esclavo medio bozal de Rodrigo Franco, y le fueron hechas las preguntas siguientes: fuéle preguntado cómo se llama, dijo que Cristóbal; fuéle preguntado quien cuyo esclavo es, dijo que de Rodrigo Franco; fuéle preguntado si es cristiano, dijo que sí; fuéle preguntado que si conoce a Juan de Vega, vecino de esta Villa, y si sabe que es Alcalde Ordinario, dijo que no lo conoce ni sabe si es Alcalde; fuéle preguntado que si el sábado que se contaron veinte y seis de junio próximo pasado este declarante sacó lía a la calle de la bodega de dicho su amo, dijo que sacó una paila1 de lía; fuéle preguntado si pasó por allí el dicho Juan de Vega y le dijo que hiciese un hoyo vera de la pared de su amo y echase allí la lía, dijo que cuando salió con la caldera pasó un hombre caballero en una bestia y le dijo eso exactamente; fuéle preguntado que si este dicho declarante y Rodrigo Franco su amo y Alonso Franco y Francisco su compañero arremetieron con el dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario y lo derribaron de la bestia abajo y le dieron muchos golpes y puñadas y le arrancaron de los cabellos y de las barbas, dijo que lo niega; fuéle preguntado que si el dicho Juan de Vega dió voces pidiendo que le favoreciesen, dijo que bien oyó a aquel hombre dar voces y pedir que le favoreciese a la Justicia; fuéle preguntado que si vió venir a mucha gente a dar favor al dicho Juan Vega, Alcalde Ordinario, dijo que lo niega; fuéle preguntado si después que vieron venir gente, este declarante con el dicho Rodrigo Franco y Alonso Franco y Francisco su compañero se metieron dentro de las dichas casas de su amo y tomaron lanzas y partesanas y espadas y se defendían de la Justicia, dijo que lo niega; fuéle preguntado que si este declarante, porque no lo prendiese la Justicia se fué huyendo de esta dicha Villa y sus términos, dijo que sí; y esto sabe por el juramento que hizo, y es la verdad, y dijo que es de edad de veinte y cuatro años poco más o menos, y que no sabía escribir.

1.- Paila (Del lat. patella, padilla). Vasija grande de metal, redonda y poco profunda. RAE.

martes, 28 de abril de 2009

Los esclavos 41m

Para, ya por fin, terminar de componer la personalidad del médico Francisco Franco recurrimos a un original testimonio que parece dictado, libre de trabas y prejuicios, por un hombre independiente, agudo, valiente y razonador, el cual nos asegura que en la sevillana casa del hermano del bodeguero Rodrigo Franco "todos los dotores de Mediçina o la mayor parte d´ellos tenían cada día práctica y exerçiçio escolástico"; era —apunta— Francisco Franco "el gallo de todos ellos" (Juan Méndez Nieto*, Discursos Medicinales, páginas 98 y 101). Los Discursos Medicinales era una obra típica de aquellos tiempos, plagada de chascarrillos y chistes, anécdotas, versos e historias, además de las correspondientes observaciones clínicas, cuestiones médicas y consejos terapéuticos.

* El médico, escritor, músico y poeta Juan Méndez Nieto (1531-1616) nació en Miranda de Duro, cerca de Oporto en Portugal. Estudió filosofía, lógica, gramática, arte y medicina en Salamanca, ocultando el nombre de sus padres por temor a las leyes antijudías. Tuvo que huir de Toledo donde había sido llevado para tratar de unas fiebres cuartanas a Ruy Gomez, Príncipe de Éboli, por negarse a tratar también al Príncipe don Carlos. El de Éboli le concedió licencia para viajar a Indias, y le obsequió con 100 escudos.
Hasta aproximadamente 1558 vivió en Sevilla, ejerciendo en el Hospital del Amor de Dios (para dicho hospital ver "Rodrigo de Cieza 6, nota 2"), y en esta ciudad conoció a Marta Ponce de León, con la que contrajo matrimonio y con la que huyó a las Islas Canarias, viajando desde allí a Santo Domingo cargados de cuatro cajas de libros. Arribaron a la Isla el 26 de enero de 1562. Decía Méndez Nieto que "había cuatro médicos [en la ciudad de Santo Domingo], todos ellos a tono de los que suelen pasar a las Indias, que son los deshechados, que no pudieron sustentarse en España porque no les darán una mula para que curen, se vienen acá todos, como a tierra de ciegos, donde el tuerto es el rey, o rejidor por lo menos". Se rumorea de algunos problemas con la Inquisición en el puerto a su llegada, a causa de los libros que portaba.
La descripción de un legajo del Archivo de Indias, Sección Justicia, dice: 1567-1577. El fiscal con el licenciado Juan Méndez Nieto, médico, residente en Santo Domingo, sobre haber pasado sin licencia a Indias. 1 pieza.
La Audiencia de Santo Domingo lo condenó al destierro perpetuo de las Indias y le confiscó todos sus bienes, pero consiguió trasladarse a Cartagena donde vivió más de cincuenta años, hasta el fin de su vida poco después de 1616. Cosechó abundantes éxitos como profesional, viviendo "en un medio marcado por una profunda diversidad social, cultural y étnica, y tuvo por costumbre desplazarse para ver a sus pacientes donde se le requería. Cuando iba a las posadas del arrabal de Getsemaní donde se brindaba hospedaje a quienes llegaban de paso a Cartagena, mulatas como la "Mycina y la Castañeda", lo retaban diciéndole: "Aquí quiero yo ver agora su ciençia y esos milagros que dizen que aze". Y él les respondía en diálogos de desafío y réplica que quedaron plasmados en sus discursos. En los recorridos que hacía como médico visitaba igualmente a quienes se hospedaban en las "casillas que estavan en la plaçuela adonde agora se fabrican las galeras y acogían también pobres y de poca monta". Martha Lux Martelo. Historia Crítica No. 31, Bogotá, enero-junio 2006, pp. 53-76. Entre comillas, citas de los "Discursos Medicinales".

Y desde este momento, sin más dilaciones y tal como prometimos, vamos a saber del final del conflicto entre Juan de Vega y los violentos bodegueros.

Los esclavos 41l

Y ahora nos corresponde conocer el desenlace de la trifulca por los vertidos de lía en plena Calle Real, episodio que habíamos dejado en suspenso tras la declaración de Rodrigo Franco en "Los esclavos 36".
Pero antes permítasenos añadir, a riesgo de abusar de la paciencia del lector, una nota sobre su célebre hermano el médico Francisco Franco. Además del "Tratado de la nieve" escribió el "Libro de las enfermedades contagiosas", créese que inspirado en su estancia en Écija al tiempo de una fuerte epidemia. De esta obra extraemos un párrafo que evidencia lo que el profesor Miguel Ángel Ladero Quesada refirió en su "Historia de Sevilla" como cristianismo sociológico*, aunque nos tomamos la libertad de corregirlo por cristianismo político. Vamos a él:

[...] Y esta mala calidad, es cierto auerla en las pestilencias, demanera que quatro grados de calor son de grande efficacia, para traer à si la sangre para fauor y socorro de las partes interiores, pues aql poco calor las pone en aprieto en las enfermedades pestilenciales: lasquales como sean veneno, derechamente van al coraçon: y con el tienen su pendencia, como con parte mas principal: de quanta fuerça sea el veneno, que para en parte principal vimos lo aqui en Seuilla, en vn caso notable que acaescio a vna señora monja, en el insigne monesterio de Sancta Maria de las Dueñas: la qual se llamaua Doña Francisca de Montaluo: la qual estaua enferma: y el phisico de aquella casa mandola sangrar a la visita de la mañana, y la sangria difiriose para la tarde de vno de los braços, à tiempo que le auia abaxado su regla, hizo tan gran reuulsion, que dentro de pocas horas acabo la vida con muy grandes vascas: y la causa desta muerte tan breue fue que, la sangre menstrual la qual (segun todos) es veneno, pues si vn perro la gusta, en la misma hora le da mal de rauia1: como dize Plinio, arrebatada arriba para el coraçon: y subitamente se resoluio el spiritu vital. Es tan dañoso subirle la sangre menstrual a las partes altas y principales. De quanta vtilidad es abaxar al tiempo de alguna gran necesidad (como dize Hyppocrates) que de las mugeres aquellas se libraron en la constitucion pestilencias à las quales en aquel tiempo les abaxo su regla: y cierto a ellas les es vn remedio natural: porque muchas vezes veemos que estan muy fatigadas, y con grandes accidentes que suelen poner las enfermedades de las mugeres, en mucho trabajo y cuydado à los phisicos por mas estirados que sean: y con abaxarles su regla todo queda remediado: y por esta causa Galeno llama al fluxo menstrual [...].

1.- Se creía que para curar la mordedura de un perro bastaba con aplicar sobre la herida un pelluzgón de pelo del perro en cuestión.


Asociamos el "Libro de las enfermedades contagiosas" con el cristianismo político por razones obvias, patentes incluso hasta hoy en la ideología de la doctrina cristiana. A la sociedad del Siglo de Oro se le ofrecían desde el poder dos alternativas radicales: o aceptaba el dogma de la pureza de la madre de Cristo o caía intoxicada como si de canes se tratase, habida cuenta de la "terrorífica" puerta de salida al mundo que Dios le había impuesto a cada uno de sus individuos. Y aquí juega un papel fundamental el sacramento del bautismo como rito de limpieza y purificación, como llave de vida cuya administración y usufructo pertenecían a los detentadores del poder. Que para los escolásticos la religión era la ideología básica para explicar no solamente la razón de ser histórica, sino la científica, queda también manifiesto en la postura de los físicos de entonces, como Francisco Franco, quienes a poco que hubieran observado el comportamiento de perros con acceso a fluidos menstruales deberían de haber salido de su nefasto —para las mujeres en especial— error. Pero tan aberrante presentación favorecía el estatus de la Inmaculada y se convertía así en otra de las herramientas de tortura, en este caso psicológica, con la que aterrorizar a las masas, en persecución del inconfesable y despreciable objetivo de lograr su completo control.
En su página critico-satírica de The Olive Press, nº 27 de la Western Edition, Maximilian Bartie sintetiza con exactitud las intenciones de aquellos (que son estos en muchos aspectos) dirigentes y teóricos sociales:

The fact that, like parliamentary statutes, holy rule books have always been used to control the people and centralise power is blindingly obvious to anyone with an IQ a smidge higher than that of kelp. Unfortunately there are many, multitudes, who would not pass this most elementary of tests.

* La sociedad del XVI no era especialmente creyente o, mejor dicho, no lo era en absoluto ni podía serlo en modo alguno. El hombre medio, normal, se desenvolvía entre dudas y escepticismo en todos los ámbitos existenciales, tal como hoy se desenvuelve. Tan sólo las personas anormales, en cuanto excesivamente presionadas quizá, acaso atemorizadas por especiales circunstancias, puede que ambiciosas, o engañadas, incluso psicóticas o con demasiado afán de protagonismo, hacían, y siguen haciendo, semejantes alardes patológicos de fe y creencias, con sus estrambóticos y en muchas ocasiones peligrosos correlatos conductuales. Ladero Quesada se hace eco de ellos achacando a la sociedad bajomedieval y moderna en su conjunto unas certidumbres que sólo en base a formulas documentales vacías de contenido o a mascaradas y festejos con origenes precristianos se pueden mantener.

domingo, 26 de abril de 2009

Los esclavos 41k

Era muy respetado en el pueblo, rodeado por la aureola famosa de los antiguos guerreros como si de una sagrada coraza se tratase, y por esta u otra razón no se le conocieron pleitos vecinales. Aunque en cierta ocasión estuviera al borde de uno de ellos con el alcabalero del Conde, no existen datos fehacientes sobre los que involucrarlo.
Se originó el asunto porque a nuestro hombre le hacía falta un jumento para cargas y trabajo en general en sus viñas, y el anciano indagó aquí y allá acerca de algún animal apropiado con vistas a su adquisición. En el mismo mesón le habló un vecino de Camas, Francisco Jimenez, sobre el tema de su interés:
—Señor Martín, sepa vuestra merced que mi compadre Pedro tiene lo que busca.
El viejo conquistador se acercó a la mesa del cameño con parsimonia, bamboleándose a un lado hacia adelante por efecto de las fracturas de su pierna.
—No lo dudo, viniendo esas palabras de quien viene. Tómate un jarro que invita la casa, y hablemos si lo estimas conveniente.
Se sentó con él, y prestó atención a cuanto le decía.
El otro compadre, dueño del burro, era Pedro Sanchez Vanegas, y según supo, había recientemente comprado el animal por 10 ducados en la feria de Santiponce; pero había un pero: lo había hecho sin pagar la correspondiente alcábala, impuesto sobre cualquier compraventa que se cobraba en nombre de don Pedro de Guzmán, conde de Olivares. Eso suponía un serio inconveniente, y así se lo expuso el de Camas, innecesariamente por otra parte, puesto que Martin conocía perfectamente la aplicación y el alcance de semejantes leyes. Pese a todo y en contra de su costumbre el conquistador transigió, con la franca intención de que luego podría arreglar el asunto con el alcabalero, oficio que este año recaía en Íñigo Ortiz de Juan Guren, cuyo padre Diego Ortiz de Juan Guren y él tenían gran amistad*.
De forma que instó al intermediario Jimenez a traer a Pedro Sanchez para concertar la compra, y al poco rato éste hablaba con el viejo mesonero en la puerta de su establecimiento; una vez acordado el negocio, Pedro Sanches Vanegas fué a su casa por el animal. Íñigo, enterado de la fraudulenta operación, empezó a atacar la parte más débil y demandó a Pedro Sanchez Vanegas por vender por valor de 30 ducados, el del asno entre ellos, pero no obtuvo mucho resultado. Hasta varias semanas después.
El lunes 2 de noviembre de 1551 solicitó al Alcalde Ordinario que declarara a Pedro en primera rebeldía. Esta vez el demandado acudió a declarar, y a la acusación de haber vendido un burro a Martin de Alfaro por 10 ducados y medio sin pagar alcábala respondió negándolo rotundamente. Dijo que era verdad que había vendido el cuadrúpedo a Martin de Alfaro, y dijo que hizo con él el concierto estando con el animal en las puertas del mesón en la Calle Real, que Martin de Alfaro le había dicho que lo quería ver, y él fué a su casa y lo trajo hasta su puerta, pero que no habían hablado de precio hasta después. Acerca de este pleito declaró el tabernero Pedro de Miranda, vecino del Camino Real, de 55 años de edad y presentado por el alcabalero Íñigo Ortiz. Dijo conocer a las dos partes desde 3 años a esta parte, y que sabía que Pedro había vendido el asno a Martin porque hacía dos meses poco más o menos, estando en la puerta del mesón, había oído decirle Martin de Alfaro a Pedro Sanchez que se había enterado de que había comprado un burro por 10 ducados y que él le daba eso y 3 reales de ganancia si se lo revendía. El testigo vió que se concertaron y que de inmediato Pedro Sanchez Vanegas trajo el jumento.
El otro testigo llamado a declarar fue el intermediario de Camas, que incidió en que Pedro accedió a vender el animal a Martin porque él, como su compadre que era, le insistió rogándole encarecidamente que lo hiciera.

* Sobre los Ortiz de Juan Guren, ver "Bocetos del siglo XVI, 5".

Los esclavos 41j

Entre los viejos papelotes que guardaba en su escritorio del piso alto de su vivienda-mesón en la Calle Real, Martin de Alfaro contaba con dos escrituras, de las cuales existen copias en el Archivo General de Indias, que vuelven a testimoniar las ambiciones de las "retaguardias administrativas" con respecto a las riquezas ultramarinas:

Sobrecédula al presidente y oidores de la Audiencia de México, sobre otra anterior que ordena que no se remuevan ni quiten al soldado Martín, mientras que esté ausente, ciertos pueblos de indios que tiene en esa tierra, y que le fueron dados por Don Hernando Cortés, en renumeración de sus servicios. Madrid, 23 de octubre de 1529.

Y,

Real Cédula de Dª Isabel al Presidente y oidores de la Audiencia de Nueva España, para que hagan justicia, conforme a la Cédula que va inserta, dada en Toledo a 21 de mayo de 1529, sobre que le sean restituidos los sueltos de indios que le fueron quitados a Dn. Fernando Cortés, Marques del Valle, a Francisco de las Casas, Diego de Ordaz, Angel de Villafañe, Andrés de Tapia1, Juan de Laso, Diego Hurtado, Vasco Porcelo, Juan de Alvarado, Diego Becerra, Juan de Villagómez, Fernando de Salazar, Pedro Fernández de Nanqueterre, Alonso de Monroy, Dominso Martin, Francisco de Grijalva, Diego Fernandez, Juan de Morales, Martin Soldado y Juan de Herrera, vecinos de Nueva España, y cuyos pueblos de indios les fueron encomendados por sus servicios. Medina del Campo, 15 de julio de 1532.

1.- De Andrés de Tapia tenemos noticias por Pedro Zamorano en "Los esclavos 41e".


Felipillo, el hijo de su esclava Felipa, contaba un año largo de vida cuando Martin de Alfaro, dejándose llevar por el vaivén de su hamaca tras haber recibido la noticia de la gresca entre el Alcalde Vega y los hacendados Franco, repasaba, distrayéndose mentalmente del episodio, todas las peripecias y personas de sus ya pretéritas aventuras y hazañas bajo los frondosos limoneros.
Gustaba de tener en sus brazos al simpático negrito mientras se mecía, acariciándole los incipientes rizos de pelo brillante que crecían en su amable cabecita y contemplando lleno de ternura y admiración sus límpidos ojos, confiados y abiertos, fijos en aquel peludo rostro surcado de lívidas cicatrices que era, para la mente en formación del negrito, el centro del misterioso mundo de la huerta y el complemento del maternal. Martin Ramos llegaba con frecuencia a emocionarse en estos momentos, con unas lágrimas de anciano pugnando por aflorar. Y el agradable paroxismo del sentimiento que le embargaba con el niño llegaba a su culminación cuando conseguía hacerle componer el preludio de una risa que, cantarina como el trino de un pájaro de embeleso, imponíase por su armoniosa sencillez sobre todos los demás sonidos reinantes en el lugar.
Y de esta manera transcurría la vida del viejo conquistador. Gestionaba sus viñas y supervisaba las comidas que se servían en el establecimiento hotelero, hacía algunas transacciones y compraventas de caballerías o ganado de carne, iba pacientemente a las misas de Rodrigo de Cieza, participaba sin mucho ardor en las pujas de las almonedas dominicales en la Plaza, visitaba a su hermana, esposa de Juan Sanchez Delgado, recibía y acompañaba a su pariente el doctor Nicolás Monardes de Alfaro, aceptaba el padrinazgo de algún recien nacido, y dejaba que la vejez lo fuera alcanzando en su camino, meditando más sobre lo habido que sobre lo haber.
Atrás quedaron los días de las tertulias compartidas con el Marqués del Valle, y los de su consiguiente triste agonía y muerte, a la que asistió, apenas tres casas más abajo de la suya.

Los esclavos 41i

(viene del capítulo anterior)

En último término se relacionan los firmantes, entre los que encontraremos otros personajes que protagonizaron hechos en Castilleja según iremos viendo a lo largo de esta historia.

Pedro de Alvarado, alcalde. Diego de Ordaz, regidor. Cristóbal Dolí. Juan Rodríguez de Villafuerte. Luis de Marín, alcalde. Pedro de Ircio, alcalde. Francisco de Orozco, regidor. Cristóbal Martín de Gamboa. Francisco de Solís. Cristóbal Corral, regidor. Alonso Dávila. Rodrigo Álvarez Chico. Diego de Valdenebro. Juan de Salamanca. Bernardino Vázquez de Tapia. Gonzalo de Sandoval. Juan Jaramillo. Juan de Mansilla. Sebastián de Porras. Antonio Quiñones. Martín Paz. Pedro Rodríguez de Escobar. Antonio de Villaroel. Luis de Ojeda. Francisco de Vargas. Sebastián de Grijalva. Francisco de San Martín. Juan Bono de Quexo. Cristóbal de Guzmán. El bachiller Alonso Pérez. Gutierre de Badajoz. Gerónimo de Aguilar. Alonso de Mendoza. Andrés de Tapia. Gómez de Alvarado. Vasco Porcallo. Pedro de ... Alonso de Castillo Hernando de Lerma. Hernán Gutiérrez. Alonso de Morales. Hernando Hallaus. Pedro de Villalobos. Juan del Valle. Antonio de Villafranca. Alonso Romero. Andrés de Portillo. Lope de Ávila. Hernando Jerez. Gutierre de Samos. Alonso de Alduines. Alonso Nortes. Nicolás Gómez. Juanes Terrón. Francisco de Estrada. Lucas Juan López. Pero Sánchez. Martín García. Juan de León. Juan Díaz, clérigo. Francisco Daza de Alconchel. Bartolomé Franco. Francisco Maldonado. Juan Rico de Alanis. Antonio de Quemada. Mendo Juárez. Juan López. Pedro Bamba Cabeza de Vaca. Juan López. Juan Navarro. Juan Zamudio. Juan Bueno. Juan Volante. Rodrigo de Salazar. Alonso González. Juan García Méndez. Diego de Mola. Francisco Velázquez. Alonso de la Puente. Francisco Montaño. Juan de Vergara. Alonso de Trujillo. Alonso de... Juan Rodríguez. Alonso de Contreras. Cristóbal Ortiz. Andrés Campos. Alonso Álvarez. Agustino Pérez. Martín Vélez. Pedro Nieto. Alonso Quintero. Bautista Genovés. Francisco García, teniente. Bartolomé Alonso de la Puebla Juan Rubio. Diego Naipes. Pedro Romero. Cristóbal Rodríguez. Juan de Axeces. Francisco de Casanova. Alonso Morcillo. Francisco de Alburquerque. García de Bibriesca. Domingo Martín. Francisco Márquez. Sancho de Barahona. El comendador Leonel de Cervantes. Miguel de Villasanta. Alonso de Ojeda. Francisco de Lugo. Francisco de Arévalo. Francisco García. Alonso de... Antón de Molina. Francisco Quintero. Francisco Bernal. Juan de Alcántara. Pedro López. Ramón Ginovés. Luis de Cárdenas. Hernando de Llanimpinto. Luis de Frías. Andrés Valiente. Martín de Jaén. Antonio de Saldaña. Benito de Vejer. Pedro Rodríguez Carmona. Rodrigo de Nájara. Francisco Vázquez. Juan de Cárdenas. Francisco Marroquí. Rodrigo de Castañeda. Juan de Zamudio. Alonso de Salvatierra. Bartolomé Tamayo. Juan Durán. Pedro Romero. Juan de Villacorta. Pedro Zamorano1. Alonso de Salamanca. Sebastián Benítez. Pedro Gómez. Juan Bautista. Diego Fernández. Luis Velázquez. Diego Sanabria. Gonzalo Sobrino. Cristóbal Martín. Francisco de Castro. García de Aguilar. Pedro de Sepúlveda. Diego Moreno. Nicolás Palacios. Alonso de Navarrete. Pedro de Benavente. Blasco Hernández. Martín de Vergara. Alonso Cabello. Pedro de Villaverde. Pedro Romero. Pedro Moreno. Juan Larios. Pedro Vizcaíno. Alonso del Rio. Juan Ballesteros. Gaspar de Tarifa. Gonzalo de Solís. Marcos Ginovés. Pedro Gallego. Hernando de Torres. Juan Rodríguez. Juan de Leiva. Esteban de Ponte. Francisco Rodríguez. Alonso de Pastrana. Juan Tomboria. Pedro Gallardo. Sebastián de Lorca. Francisco de... Francisco de Utrera Núñez. Pedro Valencia. Hernando de Aguilar. Hernando Dozma. Alonso Rieros. Juan Sedeño. Diego Juárez. Diego Rubio. Pedro Ruiz. Alonso Esturiano. Juan de Cabra. Cristóbal Gallego. Diego Castellano. Juan Rico. Juan Pérez. Domingo Ginovés. Pedro de Abarca. Juan de Placencia. Francisco López. Juan de Nájara. Alonso de Gibraltar. Martín de Chaves. Juan Ortiz. Juan de Santana. Pedro Hernández. Francisco de Evia. Hernán Martín. Andrés García. Juan de Grijalva. Pedro Sabiote. Pedro Calvo. Rodrigo Fernández. Martín Soldado2. Pedro de Villoria. Martín de la Cruz. Alonso Núñez. Diego Díaz. Andrés Farfán. Francisco Velázquez. Pedro García. Gonzalo de Al... Rodrigo Ramírez. Miguel Jiménez. Diego de Santiago. Juan Fernández Macías. Felipe Napolitano. Nuño Gentil Rey. Esteban Can... Diego de Ayamonte. Diego Montero. Francisco de Gil. Bartolomé de Campos. Juan Vizcaíno. García Martín. Miguel Gómez. Juan Flamenco. Antón de Veintemilla. Alonso García. Tomás de Riscola. Juan Cermeño. Pedro de Rodas. Martín de las Casas. Álvaro González. Gonzalo Sánchez, Andrés Alonso. Nicolás Rodríguez. Bartolomé de Villanueva. Jorge de Alvarado. Sebastián Olanos. Francisco de Alvarado. Hernando Lozano. Juan de Arriaga. Juan Ramos de Torres. Pedro de Alanis. Cristóbal Pacheco. Antonio de Silva. Bartolomé Román. Francisco de Santa Cruz. Álvaro Becerra. Pedro de Abascal. Andrés de Monjaraz. Diego Holguín. Gómez Gutiérrez. Julián de la Muda. Pedro González de Harinas Alcázar. Alonso Fernández. García de Espíndola. Andrés de Santiesteban. Bernardino de Santiago. Juan Méndez. Juan de Aparicio. Alonso Quiñones de Herrera. Juan Fraile. Juan de... Juan Pérez de Aquitiano. Juan de Yajestas. Francisco Moralesnetros. García del Pilar. Francisco de... Juan de... Cristóbal Hernández. Diego de Villareal. Pedro de Guzmán. Andrés Alonso. Gonzalo Gutiérrez. Gonzalo Mejía. Hernando de Frías. Andrés de Eibar. Pedro del Arnés de Sopuerta. Francisco de Oliveros. Alonso de Jerez. Francisco de Bernal. Guillen Tillalo. Hernando Burgueño. Hernán Llanos. Francisco Martín. Hernando de Toral. Francisco Vázquez. Fray Bartolomé. Alonso de Villanueva. Francisco López. Francisco Rodríguez. Diego de Porras. Alonso de Herrera. Pedro González. Diego Badales. Maestre Juan. Cristóbal Díaz. Juan de Ávila. Juan Bellido. Pedro de Solís. Hernando de Rojas. Alonso Bello. Gonzalo Domínguez. Gerónimo Salinas. Juan de Cuéllar. Juan Ochoa de Elexalde. Alonso de Portillo. Pedro Gutiérrez de Valdelomar. Alonso Basurto. Juan Pérez. Francisco Dolanos. Juan de Cuéllar. Alonso de Torres. Lorenzo Dava. Hernando de Tapia. Alonso de Ledesma. Juan Moreno. Gregorio Sedeño. Diego de Soto. Bartolomé López. Ginés Pinzón. Juan Pinzón. Luis de... Hernando de Robles. Alberto de Cisneros. Juan García. Garci Caro Gutiérrez. Juan Gómez. Diego Martín. Diego de Llerena. Diego de Salamanca. Juan Álvarez. Pedro Fernández. Gaspar Alemán. Hernán de Trujillo. Hernando Juárez. Gonzalo de Lagos. Juan Carlos de San Remón. Juan del Puerto. Andrés Núñez. Cristóbal Garrido. Cristóbal Flores. Francisco Flores. Sebastián de Duero. Ochoa de Azúa. Tomás de Gaona. Esteban Colmenero. Juan Ceciliano. Gonzalo López. Martín López. Andrés de Trujillo. Francisco del Barco. Gerónimo Tebiano. Juan Bono. Hernando Porego. Alonso de Yerena. Pedro de Jibaja. Alonso de Villanueva. Juan Jiménez. Hernando de Illescas. Maestre Pedro. Bartolomé Sánchez. Sancho de Salcedo. Juan de Ávila. Pedro de las Asturias. Cristóbal Farfán. Diego... Alonso de Cárdenas. Pedro Gutiérrez. Antón Bravo. Gaspar Gutiérrez. Alonso Pérez. Martín del Puerto. Domingo Gómez. Álvaro Pérez. Gómez de Balderrama. Pedro Rodríguez. Simón López Gabriel. Juan Mayor. García... Juan de Valladolid. El bachiller Alonso Pérez. Pedro Centeno. Alonso Gutiérrez Nájera. Juan de Valladolid. Juan Muñoz. Pedro Álvarez. Alonso Hidalgo. Martín Dorantes. Pedro González Nájara. Francisco García. Pedro de Ocaña. Pedro Blanes. Melchor de San Miguel. Rodrigo de Peña. Juan de Manzanilla. Pedro de Trujillo. Martín Fernandez. Martín Barahona. Pedro Fernandez. Diego de Fonseca. Francisco de Aguilar. Lucas Montañés. Bartolomé de Paredes. Lucas de Escalona. Cristóbal Martín. Juan de Rivera. Juan Rodríguez. Pedro Calvo. Juan de Carmona. Antón de Rodas. Francisco de Salazar. Juan Avalano. Gonzalo de Uriola. Juan de Cáceres. Alonso de Nasciel. Gonzalo de Medina. Juan Melgarejo. Alonso Fernández. Andrés de Hoces. Antón Gabarro. Gonzalo Martín...Gonzalo Hernando Cortés de Mérida. Lorenzo Payno. Benito Gallego. Alonso de Toledo. Juan Montañés. Bernardino de Oviedo. Juan de Morales. Juan... Martín de Morales. Rodrigo de Valladolid. Hernando Rodríguez de Prado. Gregorio Muñoz. Alonso de Salamanca. Diego Gómez Cornejo. Lorenzo González. Juan de Trevejo. Pedro del Barco. Pedro de Palma. Pedro de S... Juan de Espinosa. El Vizcaíno. Gonzalo de Valte. Martín de Segura. Rodrigo González. Rodrigo de Moguer. Bartolomé Pardo. Esteban de Carmona. Martín de Oredo. Sebastián Rodríguez. Diego Martín. Pedro de Xorista. Rodrigo Rengel. Antonio de Arizavalo. Simón de Cueva. Pedro de Maluenda. Francisco Solís. Juan Díaz. Juan de Jerez. Juan Ruiz de Viana. Martín Dircio. Juan Vélez de Abella. Pedro Domínguez. Pedro de Villar. Benito Pérez Cuenca. Juan de Almodóvar. Juan de Maya. Pedro de Mendía. Juan Gómez. Gonzalo de Robles. Juan de Espinar. Francisco de Vega. Juan Durán. Diego Bermúdez. Bartolomé de Porras. Juan Álvarez. Rodrigo de Ávila. Juan de Moguer. Francisco Díaz. Alonso Lores Baena. Juan Salgado, Gonzalo García, García Paz, Juan García Camacho. Juan... Juan García. Francisco de Escobedo. Francisco Ballesteros. Pedro Báez, Juan de Aguilera. Juan Antón Reciño. Gonzalo Rellero. Andrés de Mola. Juan de Tapia. Francisco Miguel de Salamanca. Gaspar de Ávila. Bartolomé Xanuto. Juan de Madrigal. Tomás Rojo. Francisco Gallego. Francisco Morales. García Alonso Galeote. Juan de Solórzano, Diego de Porras. Hernando de Rivera. Hernán Muñoz. Juan de Avo. Hernando Cabrero. Alonso Fernández. Alonso Sánchez de Montejo. Hernando de Porras. Alonso Fernández Pablos. Juan Álvarez Galeote. Alonso Ortiz. Alonso de Moro. Diego Ruiz de Yesares. Cristóbal Lobato. Alonso Montes. Gonzalo de Arcos Cervera. García Fernández. Gonzalo Gordillo.-HERNANDO DE AVESALLA, escribano de S. M.

1.- Pedro Zamorano, cuyo hijo intercede por nuestro hombre ante Carlos I en Madrid (ver "Los esclavos 41e).

2.- Helo aquí: Martin Soldado, apodo de Martin de Alfaro (ver "Los esclavos 41f").

Documento disponible en www.cervantesvirtual.com

Los esclavos 41h

(sigue del capítulo anterior)

... e los dichos Indios en el dicho alzamiento por otras partes han hecho otros muchos daños, en tal manera, que se halla por cuenta que así en la dicha ciudad como en sus provincias y en las otras que se rebelaron, han muerto más de quinientos Españoles que iban a la dicha ciudad en seguimiento del dicho capitán general para servir a V. M. en lo que les fuera mandado, según que de todo a V. M. será hecha por nuestra parte más entera relación; e aun con todo el dicho alzamiento, de que ha sido causa el dicho Diego Velázquez e Pánfilo de Narváez, el dicho capitán con todo amor e benevolencia e por las vías que han sido más necesarias, ha tornado a pacificar e poner debajo de su real señorío muchas provincias de las que se habían alzado y rebelado; por manera que a nosotros nos ha movido, viendo los muy señalados servicios que el dicho capitán ha fecho en estas partes, poniéndose, como ha puesto, a mucho riesgo e peligro de su persona, e se espera, según está informado de muchas más tierras e riquezas que en estas partes hay, que a V. M. hará en ella muy más señalados servicios; e porque nos parece que a su real servicio conviene que en el dicho capitán estén los dichos cargos e oficios e no en otro ninguno, por lo que dicho es, y porque todos los que en su real servicio andamos en estas partes en conquistar e pacificar los Indios e naturales dellas lo deseamos tener por nuestro capitán e justicia mayor, porque de él somos tenidos en paz e justicia, e conviene que así sea para la buena pacificación e población de estas partes, porque los dichos Indios que han venido e vienen para servir a V. M., de él han sido e son bien tratados; e a fama del buen tratamiento que les ha fecho e hace, muchos de los Indios que se rebelaron han venido e vienen a él a se someter debajo del dominio e señorío de V. M. como lo habían fecho, e así esperamos que vengan muy presto los Indios, así de la dicha ciudad como de las otras ciudades e tierra a ella sujetas; e si otro viniese con los dichos cargos e oficios, como el dicho Narváez se nombraba que los tenía, sería causa que se tornasen a rebelar los dichos Indios, como lo hicieron cuando el dicho Narváez vino, por no saberse que los trujese; e alzándose e rebelándose otra vez, para los tornar a ganar e poner de paz, sería con mucho trabajo, e costas, e daños, e muertes; e por ser las gentes de estas partes innumerables, e tener muchas fuerzas, e ser guerreros, como lo hemos visto por experiencia e obra en lo hasta ahora descubierto; por lo que a V. M. suplicamos e pedimos, que pues los dichos Diego Velázquez e Pánfilo de Narváez han sido causa de tantas muertes e daños, como dicho es; e pues al dicho Diego Velázquez no pertenecen los dichos oficios e cargos ni alguno de ellos, no embargante cualquiera merced que V. M. le hiciese justamente, la dicha merced no fue fecha verdadera relación, porque si de la verdad fuera V.M. informado, la dicha merced no le fuera concedida ni fecha, como si necesario fuese por nuestra parte será hecha; e en semejantes tierras que nuevamente se empiezan a poblar e pacificar, como ésta, de nuevo, que por V. M. al presente conquistamos e poblamos, porque no se impida y cese de hacer, no se debe de dar lugar a pleitos, ni debates, ni diferencia, especialmente siendo esta tierra como es tan grande e rica, e por cualquiera impedimento que en ella hubiese, a V. M. será hecho grande servicio por todo lo que dicho es; e pues que el dicho capitán Hernando Cortés en todo lo hecho hasta agora, a V. M. ha hecho muy señalados servicios, e esperamos que hará, por estar informado de las cosas de estas partes y de las riquezas de ellas; e pues que conviene a la buena población e pacificación de esta tierra, que V. M. sea servido de nos le mandar dar por nuestro capitán e justicia mayor en estas partes por V. M., como lo ha sido e al presente lo es, antes que a otro ninguno, porque en ello a nosotros será hecha muy señalada merced, e excusarse han los impedimentos e debates que se esperan haber, a causa que por parte del dicho Diego Velázquez no fue hecha a V. M. verdadera relación para poder hacer la dicha merced de los dichos oficios e de cada uno de ellos: e en todo mande proveer aquello que más convenga a su real servicio, e a la buena población e pacificación de la tierra.

(continúa en el siguiente capítulo)

Los esclavos 41g

Martin de Alfaro firma (como "Martin Soldado" tal cual hemos dicho), entre otros muchos, la siguiente carta, en la que se detallan las peripecias de Hernán Cortés y los suyos frente al acoso de Pánfilo de Narváez.

Carta del ejército de Cortés al emperador.

Muy alto y muy poderoso Príncipe, y muy católico y muy grande Emperador, Rey y Señor.-Los vasallos de V. R. M. que de yuso firmamos nuestros nombres, que en su real servicio estamos conquistando e pacificando estas partes de la Nueva España, besamos las imperiales manos de V. M., e con el acatamiento que debemos le hacemos saber e decimos, que algunos de nosotros pasamos en su real servicio a estas partes de esta dicha Nueva España con Hernando Cortés, su capitán general e justicia mayor en ellas; e desque a estas partes llegamos de asiento, a V. M. enviamos la relación de las riquezas e cosas de esta tierra, y que fuese servido de nos hacer merced de confirmar los dichos oficios en el dicho Hernando Cortés, según que todo muy largamente por nuestra relación e suplicación se contenía; e nosotros viendo ser cumplidero a su real servicio, poblamos e hicimos una villa nombrada la Vera Cruz, e de ahí adelante acabamos de poblar e pacificar más tierras de que se tenía noticia; para que V. M., vista nuestra relación e suplicación que sobre ello le suplicamos, mandase proveer lo que a su real servicio más cumpliese; e así es que después de la dicha relación, el dicho Hernando Cortés, como su capitán general e justicia mayor, con ánimo e voluntad de le hacer más mayores e más señalados servicios, desde entonces acá ha procurado de conquistar e pacificar muchas ciudades e tierras que ha conquistado e pacificado; especialmente conquistó e pacificó e puso debajo del dominio e señorío de V. R. M. una grande e maravillosa e muy rica ciudad, que se dice Temistitán, que está cercada de agua de una laguna o ojo de mar, e muy fuerte, con otras muchas ciudades e lugares a ella sujetos, poniendo, como ha puesto, su persona e de los que con él iban, a mucho riesgo e peligro; e estando en la dicha ciudad entendiendo en lo que a su real servicio convenía, e dando orden para ir o enviar a otras muchas tierras, de que tenía noticia por un señor de la dicha ciudad e de las otras a ella sujetas e de otras muchas, que tenía preso por seguridad de la tierra e para saber los secretos de ella, el cual se decía Moteuzuma, para descubrir muchas riquezas de diversas maneras, especialmente las minas de la plata, de que tenía él fundada muy grande muestra, supo e vino a su noticia, cómo a un puerto que dicen San Juan, de esta tierra, habían llegado ciertos navíos e gente; y de a ciertos días fue informado que era Pánfilo de Narváez que venía de guerra por Diego Velázquez, alcalde e capitán e repartidor de la isla Fernandina, contra él e contra nosotros, deshonrando e disfamando nuestras personas, diciendo e publicando que éramos traidores, porque habíamos enviado la relación de las cosas de esta tierra a partes de V. M. e no al dicho Diego Velázquez, como el dicho Narváez hacía; e intentó de hacer, como saltó en tierra en el dicho puerto, muchos desaguisados e cosas no lícitas ni cumplideras a su real servicio, ni a la buena población ni pacificación de estas partes; antes siendo sabedor de cierta ciencia que el dicho Hernando Cortés e todos los que en estas partes con él estábamos en su real servicio, que teníamos hecha e poblada la villa de la Vera Cruz, que el dicho Hernando Cortés tenía por V. A. los dichos cargos e oficios de capitán general e justicia mayor en estas partes, e que estaba en el uso y ejercicio de ellos, no lo pudiendo ni debiendo hacer, ni teniendo para ello derecho ni título alguno, e si lo tenía sin nos lo mostrar ni requerir con él como en tal caso se requiere, intentó de facer una villa en el dicho puerto, nombrando e haciendo alcaldes e regidores a las personas que con él venian, nombrándose e intitulándose de teniente, e gobernador, e capitán general en estas partes por el dicho Diego Velázquez, en mucho perjuicio de su jurisdicción real, e alborotando e escandalizando los Indios naturales de estas partes, diciéndoles, como les decía e hacia entender a todos los que lo iban a ver, que él era el capitán e justicia mayor, e no el dicho Hernando Cortés; e no contento con lo susodicho, dijo e publicó a muchos Indios señores de tierras que venían a verlo de las dichas ciudades, que venía a prender al dicho capitán general Hernando Cortés e a muchos de nosotros que con él estábamos, e a soltar el dicho Moteuzuma; e que en prendiendo e soltando al dicho Moteuzuma se había de ir desta tierra, que no quería oro ninguno; habiéndose con los dichos Indios en tal manera, les dio a entender lo que dicho es, e les dijo otras cosas, por manera que los dichos Indios, viendo que todos los Españoles estábamos deficientes, según lo que el dicho Narváez les dijo, así los Indios de la ciudad de Temistitán como todos los otros a ellos sujetos, e de otras provincias que estaban puestas de paz, se alzaron e rebelaron contra todos los Españoles, que en estas partes estaban, en tal manera, que al tiempo que se rebelaron, el dicho capitán e nosotros estábamos en la dicha ciudad de Temistitán para ir a servir a V. M. adonde por el dicho capitán nos fuese mandado, los dichos Indios nos cercaron dándonos muy recio combate e guerra, en tal manera, que viendo el dicho riesgo que teníamos e peligro en que estábamos, por ser la dicha ciudad muy fuerte, e las casas de ella de azoteas e terrados cercados de agua, e que los Indios se aprovechaban en la dicha guerra de los dichos Españoles desde las dichas azoteas e terrados, desde donde los herían y fatigaban, y los dichos Españoles no se podían aprovechar de ellos, e que la salida de la dicha ciudad era muy mala, por tener en ella los dichos Indios recias fuerzas en muchas puentes que en ella hay, e que cada día las fortalecían más; e que tardándose en salir de la dicha ciudad, ninguno podía escapar; por manera que el dicho capitán, por importunidad de muchos de los que con él en la dicha ciudad estábamos, acordó de salir della, e a la salida se recrecieron innumerables Indios defendiéndola, en lo cual mataron cierto número de Españoles e caballos, e tomaron mucho oro e joyas, así de V. A. como de muchos de nosotros, en más cantidad de cuatrocientos mil pesos de oro... ;

(continúa en el siguiente capítulo)

Los esclavos 41f

Por fin llegó el día de la partida del hijo del conquistador Pedro Zamorano hacia Madrid, y Martin de Alfaro le hizo entrega de la escritura por la que le otorgaba poder según referido queda en el capítulo anterior:

Martin de Alfaro, vecino de Sevilla en la collación de Santa Maria Magdalena, morador de la Calle Real, da todo su poder cumplido a Pedro Zamorano el mozo, hijo de Pedro Zamorano el viejo, conquistador de la Nueva España, estante en la dicha ciudad de Sevilla, para que en su nombre y propia persona pueda parecer y parezca ante su Cesárea y Católica Majestad y ante el Of. Ss. del Alto Consejo de Contadores, Mayores, Presidentes y Oidores a él ... y notarios de Su Casa y Corte, Consejeros y cualquiera de ellos, pueda pedir y demandar para mí y para un hijo mío los indios que yo tenía y poseía y me cupieron de repartimiento mío en la Nueva España, de la provincia de Matalango1, y al tiempo que yo andaba de la conquista y era conquistador me llamaban Martin Soldado2, y ahora desde que yo de ella vine me llamo y nombro Martin de Alfaro, porque mis deudos y parientes se llaman así, de la cual dicha conquista yo salí muy ¿librado? (¿lisiado?)3 y ... y por las heridas que me dieron en la dicha Nueva España y en Cabo de Honduras ... a Su Majestad de lo ... si fuere necesario pueda el dicho Pedro Zamorano el mozo dar información entera y bastante de todo ello, porque yo me ofrezco de darla en cuanto me sea pedida, y para que pueda por mí y en mi nombre y como yo mismo pedir y demandar los dichos indios para dármelos como yo los tenía y poseía ... y para todo ello pueda presentar y presente cualesquiera peticiones, pedir y sacar y ganar ... cualesquier cartas y probaciones que a mi derecho convenga pedir y demandar, y responder y negar y conocer y defender, pedir y requerir y querellar y afrontar y protestar, para que pueda dar poder a otras personas para que presenten lo que necesario fuere. En viernes veinte y dos de ¿octubre? de mil quinientos cincuenta y siete.
Firmaron de testigos Salvador Perez, escribiente de Miguel de las Casas, Juan de Vega* y Hernan Dominguez.

* Ya repuesto de la agresión dos meses antes a manos de Rodrigo y Alonso Franco y sus esclavos.

1.-Existe en el Archivo General de Indias un plano parcial de esta provincia mexicana, fechado hacia 1558.
En el ítem número 29 de su testamento Hernán Cortés declara "que todas las vacas é ovejas que están en Matalango son de la dicha doña Catalina mi hija é de la dicha Leonor Pizarro, é mas todas las yeguas é potros que están en Taltizapan con su seña que es una E grande en el anca".

2.- Ver "Bautismos 3, nota 6".

3.- Tambien Pedro Zamorano sufrió heridas durante la conquista, y así lo hace constar en la información (cuaderno con memorial mencionado al final del capítulo anterior) elaborada en la ciudad de México en 1547, pocas semanas antes de la muerte en Castilleja de la Cuesta de su jefe el capitán Cortés.

Los esclavos 41e

Martin de Alfaro armó su paraíso colgante atado por cada extremo a dos añosos limoneros de más de 10 metros de altura, árboles de robustas ramas y espesa fronda junto al mato de tabaco en su huerta, protegido del sol, los vientos y las miradas indiscretas por una alta tapia que limitaba el recinto por el este. Prefería esta situación a la del barco, y también a la de los largos descansos que le permitían los productivos indios de su encomienda de Matalanga en México. Aquí, en España, era diferente, envuelto en el aire de la tierra de sus antepasados, entre los aromas de la madre patria y ya su vida en el remanso tranquilo de aguas quietas que perezosamente buscan la desembocadura del río existencial, por fin apaciguadas y exentas de turbulencias.
Usaba para disfrutar al máximo del balanceo y a modo de pértiga impulsora un palitroque que conservaba a mano con el que, apoyándose sobre las irregularidades de la pared del vecino muro, obtenía un momento en las pendulaciones con tiempo suficiente hasta que la modorra se apoderaba de sus sentidos. Mientras llegaba el irreal instante del abandono le parecía que el universo era el que, centrado en su cuerpo, giraba graciosamente pendiente de su bienestar, y la centrifugacidad leve de las amplias mecidas asentaba los humores de su cuerpo, distribuyéndolos por todos los recovecos de su organismo y llenándolo así de vida y de energía, y renovando incesante el preludio y desarrollo de los sueños.
La fresca armonía de aquel fluido que lo contenía en sus repetitivos viajes nadando en la brisa estaba transida de perfume de azahar cuando recibió, por boca de una doña Aldara con los ojos desencajados, la noticia de la pelea entre los Franco y el Alcalde Ordinario Juan de Vega.
Pero Martin de Alfaro tenía sus propios problemas. La administración no se portaba con los excombatientes de forma justa, pensaban él y todos sus compañeros de la gran aventura. Recordaba a su capitán y con él el viejo refrán: "cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar". No quería morir pobre, y dejar a su hijo un legado de miseria material y a su mujer la zozobra de una situación económica degradada. Hernán Cortes murió desposeído de riquezas, falto de cuantos tesoros había obtenido y almacenado durante sus innumerables aventuras y él mismo, si no obraba pronta y decididamente, corría igual suerte. Estaba en urgentes negociaciones con el hijo de su camarada Pedro Zamorano*, muchacho de igual nombre que su padre y que pensaba hacer un viaje a la Corte madrileña en un futuro próximo, para que lo representara ante el emperador Carlos I y los oficiales del Consejo de Indias y reclamara para él y su propio hijo, Alonso de Alfaro, la encomienda mexicana que ya, en sus horas bajas, daba por perdida entre las garras de los burócratas cortesanos que, implacables en sus ambiciones y rapiñas, se aprovechaban de los frutos de sus esfuerzos guerreros.

* Según Peter Gerhard, "Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821", citado por Guadalupe Yolanda Zamudio en su "Tierra y sociedad en el Valle de Toluca, siglo XVI", a Pedro Zamorano, —reiteradamente calificado como "uno de los primeros conquistadores de la Nueva España"—, correspondió la encomienda de Ocuilan, a medias con Serván Bejarano en Coatepec, ambas de la jurisdicción de Malinalco. Fueron las encomiendas que más temprano se otorgaron en el valle de Toluca, en 1526.
Pedro Zamorano presenció el sacrificio del soldado Cristóbal de Olea, merced al cual el futuro Marqués del Valle se salvó de ser aniquilado por los mexicas, y relató este episodio en 1561: "Andrés de Tapia hizo un recuentro que vino el marqués junto a esta cibdad de Mexico, en una calzada pequeña que se nombra agora la Calzada de San Martín... vido este testigo que los naturales pusyeron e tanto peligro e trabajo al marqués... y a su capitanía que hera de gentiles hombres y sobresalientes, donde yba este testigo1, que si no fuera por el dicho Andrés de Tapia y su gente llevaran los naturales el dicho marqués, porquel socorro llegó al tiempo que hizo tan gran fruto que se llevaron un soldado que se dezía Olea, que estaba en la capitanía del dicho capitán Andrés de Tapia, e por su buen socorro e buena industrya no llevaron al dicho marqués, e con todo esto perdieron cuarenta y cinco hombres los españoles que los naturales sacrificaron aquel día en el qu de Uchilobos en el Tlatelulco".
En 1558, el 10 de noviembre, se expidió en Valladolid una Real Provisión ejecutoria de las sentencias dadas en el pleito entre Pedro Zamorano y el fiscal sobre el pueblo de indios de Ocatlán, a petición del dicho Pedro Zamorano, documento que obra en el Archivo General de Indias, lo que nos demuestra que la desposesión a que se veían sometidos los conquistadores era generalizada. Igualmente en el Archivo de Indias (Audiencia de México) está depositado un cuaderno con memorial e información de oficio y parte sobre los hechos de Pedro Zamorano en la conquista de la Nueva España, con abundantes testimonios de muchos testigos.

1.- Y Martin de Alfaro, como veremos inmediatamente.

sábado, 25 de abril de 2009

Los esclavos 41d

Tejida de la corteza del hamak*, se dice que fue Colón quien sustituyó las pétreas camas de los barcos por este apreciado e higiénico invento para dormir, ganando así un valiosísimo espacio que de la otra forma hubieran seguido ocupando los duros catres marineros. Nos estamos refiriendo a la hamaca. La hamaca, símbolo de la remota y profunda América, cuyo origen muchos coinciden en situar en el mundo maya, constituía para nuestro maltrecho Martin de Alfaro el refugio ideal donde aislarse en las interminables travesías oceánicas bajo las órdenes del capitán Hernán Cortes. Cangrejil en sus evoluciones para encaramarse a la mecedora porque sus heridas y traumatismos de guerra lo obligaban a desenvolverse con la característica torpeza y lentitud de este crustáceo, una vez cómodamente instalado solía, si la luz del cubículo era suficiente, intentar concentrarse en la lectura de algún libraco de viajes, pero por lo general acababa ensimismado en —músicas para él— los crujidos del navío y el batir suave del oleaje en su casco, placenteras nanas de monotonías que seguían con él mismo y con su espíritu un suave ritmo oscilante lleno de paz.
En el siglo XVI ilustraron la hamaca en sus escritos el portugués Pedro Vaz de Caminha y los españoles Gonzalo Fernandez de Oviedo y fray Bartolomé de las Casas —perteneciente a los De las Casas sevillanos de los que también formaba parte nuestro escribano Miguel—; este último, el fraile cronista, nos da una descripción muy completa del artefacto:

"...los que fueron de los navios a traer el agua dijeron al Almirante que habían estado en sus casas y que las tenían de dentro muy limpias y que sus camas y paramentos1 de casa eran como redes de algodón.
[...] estas llaman en esta Española hamacas, que son de hechuras de hondas, no tejidas como redes, los hilos atravezados, sino los hilos a la luenga, van sueltos, que pueden meter los dedos, tajados con otros hilos tupidos como randas2, muy bien artificiadas, de la hechura de los arneros3 que en Sevilla se hacen de esparto. Estas hamacas tienen un buen estado4 de cumplido o de largo, y a los cabos deste largo dejan, de los mismos hilos della muchas asas, y en cada una una braza de cada parte, y al cabo de todos ellos juntanse como en un puño, y deste puño de los postes de las casas los atan de ambas partes, y así quedan las hamacas en el aire y allí se echan, y como ellas sean las buenas de tres y cuatro varas y más en ancho, ábrenlas cuando se echan como abriríamos una honda que fuese muy grande, ponense atravesados como en sosquín5, y así sobra de la hamaca con que cobijarse y porque no hace frio alguno, bastanles. Para quien usa dormir en ellas cosa es descansada, son muy limpias y para los caminos, aun en Castilla los veranos, serían harto estimadas."

* Hamaca. Corominas lo hace proceder del taíno de Santo Domingo, enseña que quien primeramente documentó el término fue Fernandez de Enciso en 1519, y cita la crónica latina de Pedro M. de Angleria (1515) como testimonio de su origen haitiano. Dice que en la pronunciación actual de Cuba, Costa Rica, Honduras, Colombia y otros países tropicales, suena todavía jamaca, lo cual prueba que la h- era originariamente aspirada; añade que del español pasó el vocablo a todos los idiomas europeos (en la relación alemana de N. Federmann, años 1529-31, en la francesa del italiano Pigafetta, año 1519, etc.) y además que pronto extendieron los españoles nuestro dicho vocablo por todo el continente americano.

1.- Paramento. Adorno ù atavío con que se cubre alguna cosa. Latín, paratus. Antonio de Guevara, Menosprecio de corte y alabanza de aldea, capítulo 7: "Al que se abasta ... una colcha de Bretaña, unos paramentos de farga, unas estéras de Murcia ... y una moza que le ponga la olla". Francisco de Quevedo, Las Musas, 6: Jaques desembarazado / el estómago y el pecho, / daba mil tiernos abrazos / à un banco y à un paramento.
Llamanse particularmente assi las sobrecubiertas ò mantillas de los caballos. DICCIONARIO DE AUTORIDADES.

2.- Randa. Guarnición de encaje con que se adornan los vestidos, la ropa blanca y otras cosas. RAE.

3.- Harnero. Quasi harinero, aunque este nombre se ha estendido a sinificar las crivas con que se limpian el trigo, la cevada y la paja. Bien se vee que tomó el nombre de la harina; pero éste ya le perdió, porque se le dieron al çedaço, o sea de cerdas o sea de toca, que es el más ordinario. Vide çedaço. Hazer a un hombre un harnero, es darle muchas puñaladas, que también dezimos hazerle una criva. TESORO DE LA LENGUA CASTELLANA.

4.- Estado. Es cierta medida, de la estatura de un hombre, y miden por estados las paredes de cantería, y entre ellos ay estados comunes que hazen tantos pies, y estados o tapias reales que son mayores. La profundidad de poços o de otra cosa honda, se mide por estados. TESORO DE LA LENGUA CASTELLANA.

5.- En o de sosquín (locución adverbial). De través. RAE.

domingo, 5 de abril de 2009

Los esclavos 41c

Así escribió Nicolás Monardes de Alfaro acerca del tabaco importado de las Indias Occidentales y reproducido con éxito en frondosos planteles de su huerto, tabaco que utilizó para aliviar a Rodrigo Franco:

Del tabaco y sus virtudes
Esta yerba que comúnmente llaman tabaco es yerba muy antigua y conocida entre los indios, mayormente entre los de Nueva España; que después que se ganaron aquellos reinos por nuestros españoles, enseñados por los indios, se aprovecharon della en las heridas que en la guerra recibían, curándose con ella, con grande aprovechamiento de todos1.
De pocos años a esta parte se ha traído a España más para adornar jardines y huertos que con su hermosura diese agradable vista, que por pensar que tuviese las maravillosas virtudes medicinales que tiene. Agora usamos della más por sus virtudes que por su hermosura, porque cierto son tales que ponen admiración2.
El nombre propio suyo entre los indios es picietl, que el de tabaco es postizo3 de nuestros españoles, por una isla do hay mucha cantidad dél llamada este nombre "Tabaco".
Hayla y nace en muchas partes de las Indias, ordinariamente en lugares húmidos y sombríos; es menester que sea la tierra bien cultivada do se sembrare y que sea tierra libre. Siémbrase en todo tiempo en las tierras calientes y en todo tiempo nace; en las frías se ha de sembrar por el mes de março porque se defienda de las heladas.
Es yerba que crece y viene a mucha grandeza, muchas veces a ser mayor que un limón; echa un tallo desde la raíz que sube derecho, sin declinar a ninguna parte; echa muchos virgultos derechos, que casi igualan con el tallo principal. Su hoja es casi como de cidro, salteadas; vienen a mucha grandeza, en especial las baxas, que son mayores que de romaza; son de color de un verde verdoso y deste color es toda.
Es vellosa la planta y sus hojas. Puestas en las paredes, enjardinan como los cidrones y naranjos, porque todo el año está verde y tiene hojas; si algunas se secan, son las baxas.

1.- En efecto, su pariente Martin de Alfaro sufrió numerosas heridas en las batallas libradas por el ejército de Hernán Cortés contra los mexicas de la Nueva España, habiendo aprendido en sus propias carnes del prodigioso poder desinfectante y cicatrizante de la planta solanácea. Martin cultivó tabaco con la colaboración inestimable de su esposa doña Aldara de Vaca en un solar aledaño a la casa-mesón que administraba en la Calle Real de Castilleja, desde donde partieron las semillas que habrían de germinar en el huerto del doctor Monardes de Alfaro en la calle Sierpes sevillana.

2.- Según lo dicho no se puede explicar sin apelar y hacer atribución a las bajas intenciones humanas cómo Monardes afirma que de pocos años a esta parte se ha traído a España más para adornar jardines y huertos que con su hermosura diese agradable vista, que por pensar que tuviese las maravillosas virtudes medicinales que tiene. En cierta manera usurpa así los méritos de Martin de Alfaro, quien ya había divulgado —en la medida de lo posible— las propiedades terapéuticas del picietl. Parece querer atribuirse el médico el descubrimiento de sus maravillosas virtudes medicinales, aun cuando como queda referido ya Martin de Alfaro, su informante, se las había comunicado en manera altruista y desinteresada.

3.- Postizo. Adj. Que no es natural ni propio, sino agregado, imitado, fingido o sobrepuesto, RAE. Es un término que de por sí, y más en el contexto en el que se desenvuelve el tratadista Monardes, resulta patentemente despectivo, como encaminado a menospreciar o ningunear todavía más la incipiente actividad tabaquera de los conquistadores y de su principal representante en la zona, su pariente Martin. Todo lo cual creó cierta tensión entre soldado y médico, si bien disimulada por ambos.

Los esclavos 41b

Nicolás Monardes de Alfaro escribió abundantemente; introductor de la flora medicinal americana en España, su principal obra, "Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales", impresa por vez primera en 1565, trata de botánica de Ultramar. Aunque se había enriquecido también con el comercio de esclavos, contra lo que pudiera parecer lógico Nicolás nunca cruzó el Atlántico. Su principal libro fue elaborado en base a testimonios de viajeros y soldados en aquellas tierras, de los cuales también obtuvo mucho material para su huerto y sus investigaciones. Y Martin de Alfaro, como ex-conquistador que era, actuó como uno, quizá el principal, de cuantos le aportaron documentación y datos, así como especímenes variados de tierras americanas. Cuando Monardes pasaba algún día en Castilleja siempre volvía a la ciudad con algún suplemento de información que el viejo soldado Martin había recordado desde su último encuentro. Como no podía ser menos, en Castilleja de la Cuesta atrajo su atención el enfermo Rodrigo Franco y le hizo varias visitas durante las cuales, percibido el mal aliento que al bodeguero producía el putrefacto tumor que crecía en su pecho, le recetaba tabaco, entonces considerado una panacea para muchas enfermedades, entre las que se incluían los dolores de muelas, de estómago y de cabeza, la artitris, las heridas y el mencionado mal aliento. Se suministraba en infusiones y también en píldoras.
Era el médico Monardes en aquellos tiempos un hombre pequeño de cuerpo y tan friolero que iba siempre ataviado con enorme sombrero y pelliza de invierno. Tenía una indefinible expresión de pesadumbre en su rostro, adornado con unos poblados bigotes canosos y caídos a cada lado de una barbita de chivo viejo, y sus ojos cansados de los esfuerzos intelectuales estaban orlados de hinchazones pálidas.
Solía hacerse acompañar de Cristóbal, el esclavo de su paciente que luego se involucraría en la pelea con el Alcalde Juan de Vega, para ir al campo a recolectar piezas para su museo, el cual había montado en su casa de la calle Sierpes para complementar sus estudios hortícolas, museo en el que almacenaba ordenadamente cortezas y resinas, piedras preciosas y minerales, animales disecados, etc., y el negro constituía una valiosa ayuda en cuanto a capturas de insectos alfarafeños se refiere, y tampoco hacia ascos a hundirse hasta las rodillas en el cieno de una charca para arrancar una hierba de toro o un laurel de San Antonio que Monardes utilizaría como astringentes. Era capaz de perseguir una libélula hasta el fin del mundo. Tenía Cristóbal destacada habilidad para extraer de sus agujeros, usando una larga pajita, las enormes tarántulas pardas, de vientre y patas anaranjadas, que poblaban los claros de matorral y los pastizales castillejanos; en el fondo tenebroso de sus guaridas brillaban fosforescentes los ojillos de los arácnidos alertando al negro Cristóbal. Cuando tenían media docena de insectos debidamente guardados en una caja plana de tapa de vidrio que el médico se había hecho construir al efecto, daban por terminada la jornada de caza pero, indefectiblemente, los animalitos enfurecidos por el inesperado encierro se atacaban unos a otros y a Sevilla sólo llegaba vivo uno de ellos, mas por lo general mutilado de varias patas por efecto de la cruenta lucha.

sábado, 4 de abril de 2009

Los esclavos 41a

Con toda probabilidad Rodrigo Franco conoció los escritos de su docto hermano, puesto que tras su recuperación, como hemos visto, vivió largos años, y siendo por añadidura como era hombre con gran afición a las letras. Dice el profesor Juan Gil en LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN SEVILLANA (donde incluye a los Franco como probables descendientes de judíos) que nuestro mercader afincado en Castilleja de la Cuesta hizo su testamento definitivo el 9 de agosto de 1563.

Francisco Franco había nacido en Xátiva hacia 1515 y se graduó de Bachiller en Artes en la Universidad de Valencia antes de que, como dijimos, estudiara medicina en Alcalá de Henares. Su esposa se llamaba María de la Quadra. El "Tratado de la nieve y del uso de ella" fué la primera obra monográfica en Europa sobre este tema cuando se recuperó y se desarrolló en el Renacimiento, también en su aspecto puramente lúdico de alimentos fríos o helados, tanto sólidos como líquidos.
Dos años más tarde de la impresión del "Tratado de la nieve" publicó el también médico Nicolás Monardes* el "Libro que trata de la Nieve y sus propiedades; y del modo que se ha de tener en el bever enfriado con ella; y de los otros modos que hay de enfriar", en Sevilla en 1571. Como no podía ser menos, fue en las latitudes meridionales hispanas donde el resurgimiento de tan deleitosas prácticas tuvo su principal manifestación, promovido por los estratos aristocráticos y refinados de la sociedad. A la obra de Monardes siguió la de Francisco Micó "Alivio de sedientos, el cual se trata la necesidad que tenemos de beber frío y refrescado con nieve, y las condiciones que para esto son menester, y cuales cuerpos lo pueden libremente soportar", editada en Barcelona en 1576, y este mismo año vieron la luz, también en Sevilla, los "Libros de los provechos y daños que provienen con la sola bebida del agua: como se deba escoger la mejor y rectificar lo que no es tal, y como se ha de beber frío en tiempo de calor sin que haga daño", de Alonso Diez Daza.

* El sevillano Nicolás Monardes de Alfaro (1493-1588) también había estudiado en Alcalá, obteniendo el Bachiller en Medicina en 1533, diez años antes que Francisco Franco. Sus padres eran hermanastros: él, Juan Bautista Monardes, hijo de un librero de origen genovés, Niculoso de Monardis, y ella, Leonor de Alfaro, una de las hijas de Ana de Alfaro, viuda de Juan Ruiz y vuelta a casar con el dicho Niculoso.
En la familia pesaba la influencia de la personalidad del padre de su abuela, el bachiller Martin de Alfaro, médico-cirujano de quien dice la historiadora Ruth Pike que era "cirujano converso". De toda esta rama de los Alfaro sevillanos formaba parte otro Martin de Alfaro morador en Castilleja (ver "Rodrigo de Cieza 16", nota tercera), y Monardes nunca perdió la oportunidad de pasar una jornada en la casa de su pariente en el tranquilo pueblecito, recogiendo en sus alrededores semillas y esquejes para su jardín botánico instalado en la parte trasera de la casa que trajo su madre de dote al matrimonio, en la calle Sierpes (en la actual relojería "El Cronómetro" de la familia Sanchis), un huerto donde cultivaba plantas medicinales, tanto autóctonas como procedentes de las Indias: carlo santo, girasoles, guayabas, cachos, cuentas jaboneras y tabaco. De menor importancia que los de sus amigos Simón de Tovar o Rodrigo Zamorano, no dejó de ser uno de los jardines más conocidos en su tiempo.

Los esclavos 41

En India y China se empleó la nieve en el seno de las más importantes familias, y sus usos y aplicaciones fueron adoptados por los musulmanes, quienes nos los hicieron conocer a su llegada a España. También las culturas clásicas griega y romana testimoniaron en sus escritos sobre su uso, especialmente como conservante de alimentos perecederos, y los médicos prescribían la aplicación del frío con objetivos medicinales, aunque en muchas ocasiones algunos se manifestaban en contra de él; trataron sobre ello Hipócrates, Aristóteles, Plutarco, Plinio el Joven, Suetonio, Galeno, Marcial, Lucillius, Plinio Secundus, etc.
Se menciona la fabricación y consumo de helados en los Libros de Cuentas de la Casa Real de Pedro III de Aragón (1240-1285), y en libros de cocina durante todo el período medieval. El rey de Navarra Carlos III el Noble (1361-1425) poseía en su castillo de Olite —donde murió— un pozo de nieve. Existieron estos pozos también en la Sierra Norte sevillana, desde donde el hielo era transportado por arrieros hasta la capital (en Constantina se documentan pozos de nieve para el abasto de Sevilla en el siglo XVII), pero era la rondeña Sierra de las Nieves, hoy declarada por la UNESCO Reserva de la Biosfera, el principal suministrador de dicha ciudad, y se refiere que desde el mirador de la Giralda en los días claros que propicia el viento norte se podían ver las cumbres albas de la malagueña sierra.

¿Cómo no recordar en la infancia los primeros contactos con la nieve? Cuando en los mediodías tórridos del verano andaluz quien esto escribe —a la sazón niño de corta edad— oía el bronco vozarrón del hombre del hielo pregonando su mercancía, protegida de los furiosos rayos solares con toscos sacos de arpillera en el fondo de la caja del pesado triciclo, salía a reunirse con todos los chiquillos de la calle, ansioso por recibir en su manita la limosna de un fragmento de aquella maravillosa materia para lamerlo con fruición, ignorante de su alto contenido de venenoso amoníaco. Situado en el ya conocido por nuestros lectores "Pago de Las Escaleras", el barrio era atendido por suministradores —panaderos, fruteros, pescaderos— de Gines, localidad que estaba con el referido barrio mejor comunicada que el propio pueblo de Castilleja. Eran los entrañables tiempos de las primeras "neveras" para conservar alimentos en el ámbito domestico, enfriadas con un bloque de hielo que el hombre cortaba de la barra con maestría inigualable con un punzón. La industria de fabricación de hielo florecía por doquier en los pueblos andaluces.
Muy "normalizado" el maltrato animal entre la chiquillería de aquellos años, acaso con el atenuante del deseo incontrolable de experimentar cual diminutos científicos, atormentábamos hasta la muerte a algún desgraciado sapo capturado en cualquier charca, alberca, alcantarilla o pozo séptico aplicándole en la panza, ajenos a su sufrimiento, un trozo de hielo.
Cuando en la ex-colonia española del Sáhara Occidental se estableció la primera fábrica de hielo, sita en El Aaiún, fué fácil para el ejército ocupante transportarlo hasta los últimos confines del territorio, donde incluso los ancianos centenarios lo desconocían, reaccionando a su contacto de manera indescriptible.
Si, como se afirma al principio de la divagación en que se ha convertido este capítulo, los musulmanes hacia el siglo VIII nos enseñaron el uso práctico de la nieve y el hielo, en el siglo XX y en el desierto saharaui tuvimos oportunidad de devolverles, en ínfima parte, su colosal aporte a nuestra cultura.

jueves, 2 de abril de 2009

Los esclavos 40

El hermano de Rodrigo Franco había obtenido el doctorado de medicina en la Universidad de Alcalá de Henares, en 1543. Mientras actuaba de profesor de botánica terapéutica en la Universidad de Coimbra y de médico de cámara del mismísimo Juan III el Piadoso enfermó su hermano, nuestro bodeguero; fué avisado pero ignoró olímpicamente la mala nueva, pensando que en Sevilla había también muy buenos médicos para atenderlo. Por el tiempo en que Rodrigo Franco se dedicaba a apalear al Alcalde Ordinario Juan de Vega, él viajaba por diversos países europeos tras dejar la corte lusitana en 1555, pero pocos años después volvió a la Península y se asentó en Sevilla, ocupando la cátedra de Prima de Medicina en la Universidad de esta ciudad hasta —se cree— su muerte.
Durante esta última etapa sevillana hizo uno de los retratos más exactos del estío andaluz de cuantos pueden leerse en autores del Quinientos; incluido en una de sus obras, "Tratado de la nieve y del uso de ella", folleto de quince folios impreso en casa de Alonso de la Barrera en Sevilla en 1569, decía:

Ase offrescido tractar si conviene a la salud de los honbres enfriar el vino y el agua que se beue con nieve, que es lo mismo que inquirir si es vtil beuer frio o no. No ay que dubdar sino que la beuida fria agrada mucho. Todos los estremos son viciosos: no quiera nadie ser tan curioso que eche la misma nieue dentro de la beuida, porque desto se sigue grandes inconuenientes, pues la agua de la nieue y de yelo es la peor de las aguas por quanto consta de las partes mas gruessas de la agua. Y por esta razon agua de nieue y de yelo es vituperada de todos los Auctores no para enfriar, porque de enfriarse el vino o el agua arrimando como dizen a la nieue el barril de plata o de vidro como doctamente dixo Plinio, gozase del deleyte de la frialdad sin los vicios de la nieue. No ay cosa que se yguale al consuelo que da un vaso de agua fria al que tiene sed. E quando no es fria no la beuemos, y el que la beue queda tan sediento despues de auerla beuido como antes, señaladamente quando la sed prouiene por abundancia de calor. Porque la sed se haze de dos maneras, o por priuacion de humidad, o por abundancia de calor. Y por esta causa dize Galeno que con el vinagre alguna vez se puede apaziguar la sed, y no con vino. De muchas maneras nos enseñan los antiguos a enfriar el agua: o puesta en lugar alto al ayre frio para que le de el sereno toda la noche, o en barriles bien atapados [...].
Empero el enfriar con nieue es de mucha vtilidad, y fueron las delicias de los antiguos. Ni puedo pensar que son estos tan grandes miedos, ni de donde nascieron, que tiene la gente noble de Seuilla, siendo assí que si en alguna parte de España ay necessidad de este regalo es Seuilla, pues en ella desde mayo dexa el Sol de callentar y abraza1, ni se puede andar por las calles: y assi dixo muy bien Paulo Vineta que los días Caniculares comiençan desde veynte y quatro de Junio hasta el fin de Agosto, segun es el calor que reyna en esta ciudad, que cierto aun antes deste tiempo y despues se representa la obra de esta constelacion. Digo pues que se verifica bien el dicho de Paulo en Seuilla.

1.- En Davies, Mark. (2002-) Corpus del español (100 millones de palabras, siglo XIII - siglo XX). Disponible en http://www.corpusdelespanol.org., existen 15 ejemplos de utilización de brasa en otras tantas obras literarias ya en el siglo XIII, y 6 ejemplos de brazo. El término abrasar estaba documentado en el siglo XV en el "Dictionarium hispano-latinum" de Antonio de Nebrija, y abrazar fue utilizado al menos por Cristóbal Colón en sus documentos también en dicho siglo XV según la misma fuente. Siendo como eran dos formas fijadas y perfectamente diferenciadas desde mucho antes del tiempo que nos ocupa, hay que sospechar que o bien Francisco Franco o su impresor se aprovecharon del ceceo andaluz creando un juego de palabras con el que es plausible interpretar un sol antropomorfo "abrazando" a los viandantes sevillanos estrecha y calurosamente.

miércoles, 1 de abril de 2009

Los esclavos 39

Podríamos calificar la recuperación de Rodrigo Franco de milagrosa si no fuera porque creemos que los milagros solo existen en los delirios de mentes calenturientas. El hecho incuestionable y cierto es que por el mes de octubre de dicho año de 1550 comenzó a sentirse mejor, y tan grado a grado como había enfermado fuése aliviando para asombro y pasmo de todos, en especial de los médicos que lo habían asistido. Entre recetas expedidas por sanitarios oficiales y tratamientos con medicinas legales, Rodrigo admitía, presa de la desesperación, los sortilegios que su antigua concubina la india Francisca le administraba a hurtadillas y al abrigo de los inquisidores ojos del Santo Oficio sevillano, institución que por aquella mitad del siglo se cebaba especialmente en brujas y hechiceras, quienes secretamente luchaban por adquirir su parcela de poder en aquella variopinta sociedad renacentista.
Tenía la vieja india su panoplia de remedios, entre los que se encontraba media docena de idolillos de barro cocido que ella misma se había encargado de, a partir de barro moldeado con sus propias manos, llevar a endurecer al horno de las panaderías de la Calle Real so pretexto de que eran "juguetes para los nietecitos del señor"*; luego, en algún rato escamoteado a su apretado programa de servicios domésticos en la hacienda de la Calle Real, los había coloreado toscamente a imagen y semejanza de lo que había visto hacer en su niñez a los enigmáticos chamanes de su poblado inca cuando la llevaban sus padres a cumplir con los rituales de su cultura.
Francisca usaba también de la herboristería, con la misma fe y soltura con que recitaba antiguos conjuros a la cabecera de la cama de su amo el mercader, los dos solos en la penumbrosa habitación, quemando manojos de jaramagos secos y acariciándole la hinchada cara con suaves amapolas mientras bisbiseaba sus mantras indígenas poniendo los ojos en blanco y los brazos en cruz. Y cuando el cáncer de pulmón fue remitiendo se autoconvenció, rebosante de orgullo, de las bondades de su ciencia oculta.
Pero la medicina oficial era la medicina oficial, y aunque algunos sospechaban de las actividades prohibidas que la esclava estaba llevando a cabo con tanto sigilo, la pregunta principal que se hacía la mayoría era el porqué de la ausencia del otro hermano del enfermo, Francisco Franco, médico y no precisamente de los mediocres, el cual no había sido visto por Castilleja durante toda la etapa de la enfermedad de Rodrigo. Pero eran muy pocos los que conocían las desavenencias de aquella familia y que por lo tanto sabían la respuesta.

* Los panaderos se reían de aquellas panzas infladas y de aquellos ojos saltones como de ranas, bromeando con la anciana sobre si pretendía, más que entretener a los niños, volverlos locos a fuerza de pesadillas.

Notas varias, 2o.

De entre los personajes destacados en los documentos sobre Francisco de Vilches, figuran: — El  Teniente de Pagador de las Armadas Reale...