martes, 29 de septiembre de 2009

Los esclavos 75f

Los ruidos fueron más que las nueces aquella noche guzmareña, y todo se resolvió por medio de las "instancias superiores", por lo cual ni se necesita referir que los escándalos nocturnos continuaron en la borrachería de Juan Rodriguez.
En honor a la verdad y a Juana Hernandez dejamos constancia de que la sacrificada mujer agotó todas las posibilidades que el mercado del trabajo le ofrecía, antes de emprender la referida arriesgada actividad en el tugurio de ludópatas de la vecina villa. Véase como ejemplo este contrato —hecho un mes después de la muerte de su marido— para efectuar recolección de aceitunas en un extenso olivar que abarcaba parte del término de dicha Castilleja de Guzmán y parte del de Valencina:
En la Villa de Castilleja de la Cuesta en miércoles 3 de junio de 1545 ante el Señor Alcalde Ordinario otorga Juana Hernandez, mujer que fue de Juan de Padilla, difunto, vecina en la Calle Real de esta dicha Villa de Castilleja de la Cuesta, al Señor Veinticuatro Antonio de Soria, vecino de Sevilla, y a Pedro Cornejo1 en su nombre, ausente, de se le dar una cogedera2 para coger aceituna en sus olivares que tiene en Albarjáñez este presente año, con Ana Rodriguez su hija3, y se obliga de ir a coger desde el primero día que fuere llamada en adelante, hasta ser acabado de coger todo el esquilmo, so pena de media arroba de aceite por cualquier día que dejare de ir4; por precio los primeros y postreros sueldos de 12 maravedíes de jornal, y cada canasta a 8 maravedíes5. Otorga que ha recibido del dicho Pedro Cornejo 2 ducados de oro para los desquitar en la cosecha o tasa. Testigos, Antón Millán, Francisco ¿Perez? y Cristóbal Bernal, escribano público. (Tachado en el original).

1.- Ambos el Veinticuatro don Antonio Hernandez de Soria, dueño de la heredad de Albarjáñez (con la hacienda en términos de Valencina), y su mayordomo Pedro Cornejo, contrataban una gran masa de jornaleros llegada la época de la cosecha olivarera, y por lo que aparece en la documentación tenían especial predilección por los matrimonios con o sin hijos y por las viudas con hijos, todos ellos vecinos de las localidades circundantes y, como es obvio, integrantes de la clase social más humilde. Era costumbre casi obligada dar como anticipo a estos cabezas de familia 2 ducados, a descontar del importe del sueldo final.
La hacienda de Albarjáñez constituía por sí misma casi una población autónoma. Poseía capilla con cura particular, en la cual se celebraban matrimonios, bautizos, etc. Tenía también su cementerio. Debía disponer de viviendas para los abundantes empleados fijos, como eran los encapachadores y los molineros de sus varias almazaras.

2.- Cogedera. Parece localismo. Ni en el "Tesoro" de Covarrubias ni en el Diccionario de Autoridades se encuentra el término mas que con un sentido aproximado al que se le da en estos contratos. El más cercano lo encontramos en "cogedora" en el Vocabulario Andaluz de Antonio Alcalá Venceslada: Femenino. En la recolección de aceituna, operaria que la recoge.
También como adjetivo lo encontramos en el epigrama dedicado al pueblo de Valencina del "Recibimiento que hizo la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla a la C.R.M. del Rey don Felipe N.S.", de Juan de Mal Lara (1524-1571): "A la otra parte de la muralla fingida, estaba Valencina, una mujer aldeana en hábito de cogedera, con una basquiña azul* y ropa colorada, en la mano izquierda una cesta de aceitunas, con un delantal blanco y unos pollos. Según dice el cantar, es del Aljarafe. Tiene las particularidades que los otros. Viven en ella algunos caballeros de Sevilla.

Sunt oleae, sunt oua mihi, raucaque palumbes,

Et valeo olaceas stringere, robur inest.
Paruula sum censu, sed amico magna Philippo
Piam, Maiestas si mea rura perit.

(Tengo aceitunas, huevos y roncas palomas;
puedo coger aceitunas y tengo fuerzas para ello.
Pequeña soy en la renta, pero podré ser grande con el servir a Felipe,
si la majestad viene por mis heredades).

Mirad vuestra servidora,
que lo soy por vida mía,
y de lo que aquí se cría
recibid, que en tan buen hora
tengo yo nueva alegría.
Pobre soy, pero muy rica,
si vos, Señor, me miráis
y del olio os contentáis,
si con esta palomica
y huevos no os enfadáis.

En muchas partes de estos epigramas procuré contrahacer la forma de las razones que diría cada uno de los pueblos a Su Majestad cuando le hablase, una más avisada de que otra, guardando el decoro cuanto mejor pude."

* Basquiña. Ropa, ò saya que trahen las mugéres desde la cintúra al suelo, con sus pliegues, que hechos en la parte superiór forman la cintúra, y por la parte inferior tiene mucho vuelo. Pónese encima de los guardapieses y demás ropa, y algunas tienen por detrás falda que arrastra. (Diccionario de Autoridades). En "Rodrigo de Cieza 11, nota 2", entrada de diciembre de 2008, se proporcionan más detalles de esta indumentaria femenina.

Parece deducirse del texto documental que hemos transcrito que Juana Hernandez y su hija con su "cogedera" iban a practicar la técnica conocida como "ordeño", consistente en coger los frutos del olivo a mano, depositándolos en un cesto colgado en bandolera, en lugar de los otros sistemas de vareo o de sacudido. Este cesto se conoce en Andalucía como "macaco": Macaco. Masculino. Cesta que se cuelga al cuello el que ordeña aceituna, para recogerla. Vocabulario Andaluz, A. Alcalá Venceslada.
El sustantivo santanderino "cogedera" —o sea, época de la recolección de los frutos— lo usó José María de Pereda (1833-1906) en "La Puchera".

3.- Ana tenía que ser una adolescente en los tiempos de su reciente orfandad.

4.- En semejante contexto de monocultivo el aceite adquiría valor monetario per se.

5.- 8 maravedíes la canasta, aparte del jornal diario, era un poderoso aliciente para trabajar al máximo rendimiento.

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