domingo, 18 de octubre de 2009

Los esclavos 75l

Si el lunes 9 de marzo dio un poder el carnicero a su mujer para cobrar de los tabanqueros del Arenal lo que le debían, dos días antes, el sábado, le había otorgado otro para que se presentara en Sevilla ante el Alcalde Ordinario por Sus Majestades, el Honrado Señor Gonzalo Martinez, a fin de continuar un pleito que por entonces sostenía contra un tal Francisco de Carmona. Tuvieron que recurrir a la jurisdicción hispalense porque los testigos que pretendían presentar en su probanza eran vecinos de dicha ciudad.
Ciertamente el matrimonio debía estar muy acosado por escribanos, procuradores, acreedores, justicias, etc., pero la carga principal era soportada por Juana Hernandez, habida cuenta de la enfermedad de su marido.
Francisco de Carmona, la parte demandada, era vecino de Gines. Hombre ya bien entrado en años por la fecha que tratamos, había vivido acontecimientos importantes en su localidad, de los que fue partícipe directo y de los que se vanagloriaba. De rala cabellera blanquísima y dulce calva, corpulento y más bien alto, aparentaba bondad con sus ademanes parsimoniosos y con su grave voz, nunca alterada por las emociones. Después de desempeñar en varias ocasiones la alcaldía ordinaria de su patria chica, y ya —debido a los años— algo venido a menos en lo que respecta a energía física, accedió, mediante la pertinente puja en la Plaza, a la renta de las carnicerías de Castilleja de la Cuesta en el año 1541, y obligado a ellas era cuando se dieron las circunstancias que le llevaría a ser demandado por Juan de Padilla.
Francisco de Carmona pasaría a formar parte sustancial de la historia de los grandes acontecimientos gineños cuando, como Alcalde Ordinario nombrado por Luis de Zúñiga*, le fue leída públicamente en la plaza de su pueblo el domingo 26 de octubre de 1522, por el tutor curador de los hijos de Elvira de Narváez**, la Carta Requisitoria del Teniente de Asistente de Sevilla por la cual exigía para sus tutelados la entrega y posesión de la cuatro quintas partes de Gines, su término, jurisdicción y todo lo demás dependiente y anejo al Señorío. El Alcalde Francisco de Carmona, convenientemente respaldado, puso en efecto tácticas dilatorias, como la de reclamar copia de la Carta Requisitoria y la de pedir tiempo para preparar su respuesta. Al cabo de un mes y ya en su poder la copia solicitada, fue requerido por segunda vez de la misma forma y en el mismo lugar, a lo que contestó prometiendo que al siguiente día se personaría él mismo en la capital porque necesitaba asesoramiento de su letrado, el procurador Lope de Segovia; luego —aseguró— respondería lo que conviniese. Al estar la posesión del lugar pendiente de pleito en la Audiencia de los Grados de Sevilla, el procurador Lope de Segovia encontró en ello argumento idóneo para negar el pedimento de posesión hasta tanto no concluyese su veredicto la justicia sevillana. El representante de los hijos de Elvira de Narváez denunció a Francisco de Carmona ante la Real Audiencia de Granada, tribunal que estaba por encima del de Sevilla, exigiendo además que le condenasen en las costas judiciales. Luis de Zúñiga, apoyando a su alcalde, alegó repitiendo que hasta que se fallase el pleito pendiente en Sevilla él seguía siendo "Señor de Gines por justos y derechos títulos", mas aunque movió todos los resortes que pudo, el 13 de diciembre de dicho año sentenciaron desde Granada en su contra y ordenaron a Francisco de Carmona que diese la posesión a los hijos de Elvira de Narváez. Tras algún tira y afloja y alguna suplicación, en la Nochebuena el conflicto estaba decidido a favor de los dichos hijos, y el 16 de marzo del siguiente año, 1523, el marqués de Ayamonte*** tomó el tan disputado dominio tras haberlo comprado a sus nuevos poseedores. La parte principal del texto de la ceremonia se puede ver en "Gines. Historia de la Villa bajo el Régimen Señorial", de Antonio Herrera García:

E luego incontinenti el dicho señor marqués tornó a entrar en las dichas casas principales e hizo llamar ante sí a Francisco de Carmona, alcalde ordinario del dicho lugar y, estando ante él presente, le preguntó si había en el dicho lugar otro alcalde o regidores, el cual dijo que no. E luego el dicho marqués dijo al dicho alcalde que bien sabía cómo él había comprado las cuatro quintas partes del dicho lugar e, por virtud de la dicha compra, había tomado la posesión del dicho lugar; y, porque también le convenía tomar la posesión de la justicia y jurisdicción civil y criminal del dicho lugar, por ende que le pedía y requería y pidió y requirió que de e entregue la vara de la justicia en señal de la posesión; e luego el dicho alcalde se hincó de rodillas delante del dicho marqués y le besó la mano por su señor y le dio y entregó la vara de la justicia, que tenía en la mano, y con ella dijo que le daba y entregaba y le dio y entregó la posesión de la justicia y jurisdicción civil y criminal, alta y baja, mero mixto imperio, por razón de las dichas cuatro quintas partes que a su señoría pertenecen. Y el dicho señor marqués recibió la dicha vara en su mano y la dio y entregó a Juan Vallejo, su criado, vecino de la ciudad de Sevilla, que presente estaba, y dijo que le hacía e hizo merced del dicho oficio de alcalde ordinario del dicho lugar, por razón de las dichas cuatro quintas partes, por tanto tiempo cuanto fuese su voluntad.

Y en su amenísima y rica en matices historia novelada de Gines, "Memoria de al-Xines", José Luis Montiel Hurtado pone voz a un Francisco de Carmona recordando aquel acto con sus contertulios Cristóbal Jiménez el secretario y Diego Perez el alguacil:

—El marqués de Ayamonte —dijo el ex-alcalde Francisco Carmona mientras miraba desde la casa ayuntamiento los jaramagos de la torre de Gines— tomó posesión del señorío en 1523 con la teatralidad con que se mueve siempre la nobleza. En la ceremonia de toma de posesión del señorío entregué al marqués la vara de la justicia y, de rodillas, le besé la mano, según era costumbre en este tipo de ceremonias.
Y añade que: Lo mismo hicieron Diego Perez el alguacil y el secretario Cristóbal Jiménez. Los nuevos señores de Gines, con natural displicencia, revisaron las estancias de la hacienda y se fueron en el mismo carruaje con que habían llegado a la plaza del pueblo.

No sin antes "dejarlo todo como estaba", porque como nos cuenta el profesor Antonio Herrera Garcia en su mencionada "Historia de Gines", el marqués de Ayamonte dejó a Francisco de Carmona de casero e inquilino en su casa principal, sita en la plaza ginense donde tenían lugar las referidas ceremonias; le devolvió el oficio de escribano público a Cristóbal Jimenez, quien también lo acababa de entregar; y restituyó los cargos de justicia:

E luego el dicho señor marqués dijo que, porque el dicho Juan de Vallejo, a quien había dado la vara de alcalde ordinario, no podía residir en el dicho lugar e porque no quede el dicho lugar sih persona que administre la justicia, que hacía e hizo merced de la dicha vara y oficio de alcalde ordinario al dicho Francisco de Carmona, que primero la solía tener, para que lo tenga por su señoría cuanto fuere voluntad; e mandó al dicho Juan de Vallejo que le dé y entregue la vara, el cual luego se la dio y entregó al dicho Francisco de Carmona, el cual la recibió y por ella besó la mano al dicho señor marqués. Y asimismo el dicho señor marqués volvió la vara al dicho Diego Perez, alguacil, para que use del dicho oficio de alguacil cuanto fuere la voluntad de su señoría, y el dicho Diego Perez la recibió y besó la mano al dicho señor marqués.

* Luis de Zúñiga, hijo mayor de Gonzalo de Zúñiga (fallecido en el año 1521) y de Beatriz de Villafañe. Gonzalo era heredero del lugar de Gines según testamento otorgado por su madre doña Mencía de Zúñiga el 19 de junio de 1491; Luis se consideraba con derecho al señorío de Gines como su sucesor, y de hecho disfrutaba de los frutos y rentas que producía. Pero se encontró con la oposición de su madrastra, Elvira de Narváez.
El abuelo materno de Luis de Zúñiga, una vez viudo, tomó el estado eclesiástico, fue obispo de Jaén y, hecho prisionero por los moros granadinos, murió martir (Antonio Herrera Garcia, "Historia de Gines).

** Elvira de Narváez, segunda esposa y viuda de Gonzalo de Zúñiga, tuvo con él cuatro hijos: Gonzalo de Zúñiga, Leonor, Mencía y Rodrigo de Narváez. Litigó en nombre de éstos contra las pretensiones de su hijastro Luis sobre el lugar de Gines. Hizo que exigieran al Alcalde Ordinario de Gines Francisco de Carmona la entrega y posesión de la cuatro quintas partes de Gines, su término, jurisdicción y todo lo demás dependiente y anejo al Señorío, según se ha referido más arriba.

*** Francisco de Zúñiga y Guzmán —de otra de las ramas de la familia de los Zúñiga—, primer marqués de Ayamonte, segundo hijo de don Pedro de Zúñiga, duque de Béjar, y de doña Teresa de Guzmán, de la casa de Medina Sidonia y Niebla. Casado con Leonor Manrique de Castro. El profesor Antonio Herrera Garcia se inclina a suponer que este marqués se erigió en protector y valedor de Elvira de Narváez, ya viuda, y de sus hijos, en el pleito que sostuvieron con Luis de Zúñiga, en base a que ella residía en las casas del dicho marqués (en la sevillana collación de San Pedro), a que allí había firmado algunos documentos, y a que justo cuando finalizó dicho pleito el marqués le adquirió Gines y sus dependencias.

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De modo y manera que el ex-alcalde de Gines Francisco de Carmona era hombre de experiencia, a quien se solía ver rodeado de parroquianos, oyentes atentos a cuanto refería con su tono amable y tranquilo, ya fuera en las tertulias en la población, ya en las reuniones que propiciaban los descansos en las tareas del campo. Frecuentaba al final de sus días el ginense pago de Pino Franco, linde con el callejón de Las Escaleras, para charlotear con los hortelanos y los pastores. También tenía muy buenos amigos en Castilleja de la Cuesta.
Todavía andaba bregando entre las dos Villas cuando Juan de Padilla languidecía de sus lobanillos espaldares, pero ya las antiguas diferencias eran gestionadas por Juana Hernandez como hemos visto. Durante este año de 1545 se animó, al contrario que su rival ahora enfermo, haciéndose cargo de las carnicerías de Gines, lo cual le ofreció múltiples oportunidades de trato y comercio con los carniceros castillejenses, pero también el reavivamiento del pleito con el ahora casi indigente Juan de Padilla. En todo caso, Juana Hernandez lo odiaba profundamente, y cuando coincidían por alguna calle, ella cruzaba en ángulo recto al otro lado, tiesa y con la mirada altiva y el gesto adusto. Estaba cansada, agotada, exhausta, tras sus últimos viajes a Sevilla, y aquel vejestorio se resistía a pagar lo que les debía.
Dos semanas después de los días de las tramitaciones que la mujer efectuaba en la capital, el miércoles 18 de marzo, Francisco de Carmona, obligado de las carnicerías de Gines como hemos dicho, y presentando como su fiador a su paisano el vinero Francisco Andrés*, se comprometió a pagar, ante el escribano Juan Vizcaíno en su pupitre del atrio de la Iglesia de Santiago, 22 ducados de oro al vecino de la Calle Real Francisco Hernandez Labrador, también presente, por dos bueyes, el uno hosco** y el otro bermejo, ya ambos en su poder y satisfechos ya también por su parte los derechos de alcábala. Concertaron en hacer el pago el día de Todos los Santos y testificaron el trato Lorenzo Sanchez y Gerónimo de Lucena, vecinos de Sevilla. Ni Francisco ni su fiador firmaron, por no saber escribir.

* Francisco Andrés fué Regidor del Concejo de Gines en 1553, y Alcalde de la Santa Hermandad en 1555 y en 1559. Fué además casero de la hacienda de los Zúñiga y de los Guzmán en dicha Villa.

** Hosco (Del lat. fuscus, oscuro). Adjetivo. Dicho del color moreno: muy oscuro, como suele ser el de los indios y mulatos. RAE.

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