sábado, 19 de diciembre de 2009

Los esclavos 76

Ya poseemos acerca de la personalidad del Alcalde de la Santa Hermandad Francisco de Aguilar el conocimiento que nos posibilita emitir un juicio; su incalificable proceder contra el huérfano del carnicero Padilla nos muestra con transparencia la miserable mentalidad del captor de los dos negros, uno de los cuales, recordemos, ha sido dado en fianza (Los esclavos 75, entrada de septiembre de 2009). Queda en el calabozo acondicionado en la casa del Alguacil Bartolomé Moreno, encadenado y aprisionado con cepo, el joven Antón, lloroso, deprimido y debilitado por las vicisitudes de su escapada a Carmona.
Mayo de 1558, con sus esporádicos chaparrones y sus soleados ratos explotaba de vida y belleza al otro lado del ventanuco de la casa-cárcel, pero en el interior el habitáculo era tenebroso y húmedo, la soledad aplastante, la comida escasa. Ésta se la proporcionaban algunas caritativas almas, en su mayor parte vecinas que, ante el cargo de conciencia que suponía dejar morir de hambre a un preso, aunque fuese negro esclavo y forastero, no tenían reparos en apartar unas cucharadas de la olla familiar en un plato y acercárselo al desgraciado. De no ser por estos loables hábitos mal se las hubieran visto los presos pobres, dependiendo esclusivamente de lo que las autoridades hubiesen dispuesto para su manutención.
Pero dentro de Antón había un fuego, una fuerza brutal y viva que alimentaba el odio que hacia aquellos fantasmas de piel blanca y oscuras barbas sentía, y que hacía crecer en su pecho el ansia de libertad y en su cabeza la nítida conciencia de sus propias capacidades, puestas a prueba con su huida del yugo opresor del amo sevillano.
El cual no daba señales de existir. El silencio era la respuesta a las inquisiciones y exhortos que Francisco de Aguilar, como juez del caso, dirigía al Concejo de Sevilla. El bodeguero estaba ilocalizable, parecía haberse desentendido del díscolo siervo, ninguna reclamación obraba en los asuntos pendientes de las justicias hispalenses, nadie pensaba en el joven africano. Y pese a las limosnas y caridades del pueblo, mantener a un preso significaba un gasto que había que recortar en lo posible. Ya solo el dedicar un guardia a tal efecto suponía un fuerte desembolso para las arcas públicas.

Muy Ilustre Señor Asistente de la ciudad de Sevilla, y Muy Magníficos Señores sus lugartenientes y otros Jueces y Justicias cualesquiera de la dicha ciudad a quienes Dios Nuestro Señor concerbe en su santo cervicio, Yo, Francisco de Aguilar, Alcalde de la Santa Hermandad de esta Villa que es del Ilustre Señor Don Pedro de Guzmán, Conde de la Villa de Olivares en quien me encomiendo, y Vuestra Señoría y Mercedes y en cada uno de ellos y les hago Señores saber cómo en la Cárcel Pública de esta Villa tengo preso a un esclavo de color negro atezado que ha nombre de Antón, por cierto hurto que yo propio le tomé en unas viñas del Jurado Pedro ... Bazo que son cerca de esta Villa y en el término de ella, el cual dicho esclavo en la confesión que le tomé declara ser de Benito Diaz1, mercader de vinos en la calle de las Bodegas2 en esa ciudad, el cual dicho esclavo está preso seis días hasta hoy día día de la fecha y nunca ha aparecido el dicho Benito Diaz ni otra persona alguna a defender el dicho esclavo, y visto por mí que no pareció el dicho Benito Diaz ni otro por él nombrado para defender y librar al dicho su esclavo, mandé dar y dí la presente para Vuestra Señoría y Mercedes en la manera aquí contenida, por la cual de parte de Su Majestad y Justicia les pido y requiero y de la mejor forma ruego y pido por merced que luego que con ella fueren requeridos manden notificarlo en su persona al dicho Benito Diaz todo lo susodicho, y que yo lo mando que parezca ante mí personalmente dentro de tercero día que esta mi Carta le fuere notificada, a defender o poner defensa al dicho su esclavo y a decir y alegar lo que quisiere, que yo le oiré y guardaré su justicia, y en otra manera el término pasado no pareciere, en su ausencia y rebeldía habiéndola por presencia haré y determinaré en todo este caso justicia, y poner defensor a su costa al dicho esclavo sin mandar citarlo ni llamar, que por esta presente Carta lo cito y emplazo perentoriamente para en todos los autos de este pleito hasta la sentencia definitiva ¿intensivi? y tasación de costas si las que ... hubiere y le señalo los estrados de mi Audiencia, donde le serán notificados los autos de este pleito y todo lo susodicho y en lo así Señores mandar hacer y harán bien y justicia y lo que deben y son obligados y a mí me harán merced y quedaré en obligación lo mismo viendo sus cartas y mandamientos mediante justicia, en fe de lo cual que dicho es mandé dar y dí la presente firmada de mi nombre y del notario de mi Audiencia, fecha en la dicha Villa de Castilleja de la Cuesta a cinco de mayo de mil quinientos cincuenta y ocho. Francisco de Aguilar y Miguel de las Casas.

1.- En la declaración tomada a Antón, ya preso, aparece como el apellido de su dueño Sanchez en lugar de Diaz.

2.- Podría tratarse de la Cuesta del Rosario, en aquellos años un dédalo de callejuelas abundantes en hornos de cocer pan y en tabernas.

Quién no olvidaba lo acontecido era Pedro de Cifontes, que había visto su hacienda de Pero Mingo desvalijada y ahora se encontraba con sus hurtadas pertenencias y con el mismísimo ladrón en la propia Castilleja de la Cuesta. En su casera de la hacienda de Carmona y como directamente afectada María Rodriguez recayó la responsabilidad de presentar ante Francisco de Aguilar las oportunas reclamaciones y la acusación formal, y el inconveniente de su ignorancia y analfabetismo y de la distancia se arregló nombrando a vecinos castillejanos apoderados de la susodicha mujer; no faltaban en este pueblo gentes deseosas de servir al importante hacendado. Y mientras María, traída a la capital para efectuar su otorgamiento de poder, relataba al escribano pormenores del robo, en la cárcel de Castilleja ocurrían cosas que vamos a ver en el siguiente capítulo.

Sepan cuantos esta carta vieren como María Rodriguez, vecina de Carmona, da poder a Juan de Vega y a Lorenzo Sanchez, vecinos de la Villa de Castilleja de la Cuesta, para todos sus pleitos y causas civiles, [etc. etc.], dado en las casas de la morada de Pedro Gutiérrez de Padilla, escribano público, jueves 12 de mayo de 1558, y porque la dicha María Rodriguez dijo que no sabía escribir, a su ruego firmaron por ella Bernardo de Almasa y ... ... .

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