miércoles, 3 de febrero de 2010

Los esclavos 82c

Por los dichos Presidente y Oidores fue visto el dicho pleito y mandaron a la parte de Pedro de Cifontes que sacase un traslado de él y en el primer navío que saliese para estos Reinos desde dicho puerto de Santo Domingo lo trajese ante Sus Majestades, y que la parte de Juana Téllez enviase su proceso y seguimiento de la dicha causa con ciertos apercibimientos, y notificado ello a las dichas partes Pedro de Cifontes fue presentado conforme a lo que le había sido mandado, presentando una petición de agravios en que dijo que la dicha sentencia había sido ninguna e injusta y muy agraviada y de revocar, porque no había sido dada con parte, ni el proceso estaba en tal estado, y estando el dicho su parte ausente de la dicha Isla Española y habiendo muchos años que había mudado su casa y domicilio a la dicha ciudad de Sevilla, y sin tener información para defenderse, y lo otro porque el dicho su parte había casado con la dicha Maria Téllez su legítima mujer en la dicha ciudad de Sevilla, atento lo cual y que el dicho su parte era reo y que el contrato de matrimonio había sido en la dicha ciudad de Sevilla, ser convenido y no en otro lugar lo que había sido opuesto y alegado al principio de dicho pleito en tiempo y en forma, de donde resultaba que el dicho Pedro de Cifontes había sido ninguno y de ningún efecto; lo otro porque en caso que los dichos Presidente y Oidores fueran jueces competentes debieran dar el término consultorio que por el dicho Pedro de Cifontes les había sido pedido; lo otro porque dice que si fuera oído y legítimamente defendido, probara que la dicha Mari Téllez no tenía ningunos bienes, ni dotales ni gananciales al tiempo de su muerte, porque aunque según su testamento aparecía la poca dote que había traído, y por el dicho proceso y por la probanza de los pocos bienes que tenía cuando se casaron, y puesto que durante el dicho matrimonio el dicho Pedro de Cifontes tratase y negociase y pareciese que tenía hacienda, lo cierto y la verdad era al contrario, porque al tiempo de la muerte de la dicha Mari Téllez estaban cargados de deudas y a muchas personas de quien había tomado fiado y prestado y trataban y negociaban con su hacienda y mercaderías, las cuales dichas deudas sumaban un ( ilegible ) y doscientos y noventa y cinco mil y cinco maravedíes poco más o menos, y las había pagado al dicho Pedro de Cifontes despues de la muerte de la dicha su mujer de los bienes que quedaron, que dice que eran tan pocos que no bastaron para pagar las dichas deudas, y las acabó de pagar de otros bienes que después adquirió y buscó como mejor pudo, según constará en las obligaciones y cartas de pago de que había presentación, juntamente con un memorial de lo que había pagado y con dos inventarios que había hecho de los bienes y hacienda que quedaron al tiempo de la muerte de la dicha su mujer, lo cual si el dicho procurador supiera y estuviera instruido e informado de ello, no se diera la dicha sentencia como se dió, ni el dicho Pedro de Cifontes fuera condenado en cosa alguna, antes había de cobrar y le había de ser pagado la mitad de la dote de la dicha Juana Téllez, que él había pagado de su hacienda y así lo había dispuesto la dicha Mari Téllez en su testamento, de lo cual por vía de reconvención mutua petición le ponía nueva demanda como mejor podía de derecho* y lo mismo de los otros legados y derechos que le pertenecían por el dicho testamento a que se refería, para tener regreso sobre cualesquier bienes que de la dicha difunta fuesen hallados; lo otro porque el juicio y sentencia que los dichos Presidente y Oidores habían pronunciado tasando y arbitrando los dichos bienes gananciales en 600 pesos de oro había sido juicio y albedrío incierto, confuso e inadecuado, que no se regía del Concejo ni de las ordenanzas de él, y mas parecía que había sido injusto y nulo e inmoderado y que debía ser revocado como hecho sin ningún fundamento, por lo cual y por lo que más del dicho proceso, se colegía que la dicha ejecución que se había mandado hacer estaba hecha efectualmente en bienes del dicho Pedro de Cifontes y había sido y era ninguna y muy injusta, agraviada, y suplicó a los Reyes ante todas las cosas que mandaran revocarla y reponerla en que fuesen restituidos los dichos 600 pesos de oro en que había sido ejecutado, con más las costas, y se ofreció de dar fianzas llanas y abonadas en la dicha cuantía, sobre que pidió cumplimiento de justicia y ser recibido a prueba de lo alegado y no probado y de lo nuevamente alegado por la vía que mejor de derecho hubiere lugar, y asimismo fueron presentadas por parte del dicho Pedro de Cifontes otras muchas respuestas y fes del Consejo de la Casa de la Contratación de las Indias que reside en la dicha ciudad de Sevilla, de las cuales y de la dicha petición por los Señores del dicho Consejo fue mandado dar traslado a la parte de la dicha Juana Téllez, que vino en seguimiento de la dicha causa, y su procurador en su nombre presentó otra petición en respuesta en que dijo y alegó muchas razones y sobre ellos por ambas las dichas partes fue dicho y alterado hasta tanto que el dicho pleito fue visto por los Señores del Consejo de Indias y dieron su sentencia en que en efecto recibieron a las dichas partes a prueba con cierto término, y de ciertas prorrogaciones que sobre ello se dieron por ambas las dichas partes fueron hechas sus probanzas, y de ellas fue pedida y hecha publicación, y dicho y alegado de bien juzgado, y sobre ello el dicho pleito fue concluso, y visto por los del dicho Consejo Real dieron y pronunciaron un ( ilegible ) su tenor del cual es este que se sigue:

"En la Villa de Valladolid a primero de septiembre de mil y quinientos y treinta y seis años, visto este proceso por los señores del consejo de las indias de su majestad dijeron que debían de mandar y mandaron que las partes dentro del tercer día nombrasen dos contadores, los cuales se junten con Hernando Chavez, Relator del Consejo y vean y averigüen lo que por este proceso pareciere haber habido de gananciales y pérdidas durante el matrimonio entre los dichos Pedro de Cifontes y Mari Téllez su mujer, y nombrados den su parecer dentro de otros tres días, y si no los nombraren y nombrados no se concertasen con el dicho Hernando Chavez como tercio con el que así se nombrare de en ello su parecer para que por los dichos Señores sea visto y provean lo que hallaren por justicia."

* Pedro de Cifontes parece querer vengarse de su hijastra, ambos, probablemente, de la misma edad. "La mejor defensa es un buen ataque".

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