sábado, 13 de febrero de 2010

Los esclavos 82f

Antes de continuar con el desglose de las cantidades que Pedro de Cifontes se jugaba en el pleito iniciado por su hijastra, detalles por los que obtendremos una idea de los negocios que le permitieron establecerse con todo lujo en la Villa de Castilleja y adquirir en ella poder y renombre, sepamos, retrocediendo al año 1526, algo que clarifica las relaciones con dicha su hijastra y la complejidad de su vida en Santo Domingo:

Real Provisión de los Reyes Dn. Carlos y Dª Juana a Jerónimo de Medina, estante en la Isla Española, emplazándole en el término de cien días, a partir de la notificación de esta, para que comparezca ante el Consejo de Indias para declarar en la causa que tiene pendiente en grado de apelación con Pedro de Cifontes, vecino de la ciudad de Santo Domingo, de aquella Isla.

Don Carlos y doña Juana su madre, a vos Gerónimo de Medina, estante en la Isla Española, salud y gracia. Sepáis que Pedro de Cifontes, vecino de la ciudad de Santo Domingo de la dicha Isla, nos hizo relación que puede haber tres años poco más o menos que él desposó a una doncella, hija de Mari Téllez su mujer, con un Juan Carrasco, vecino de San Juan de la Maguana1, que se llama Juana Téllez, y que luego como se desposó, el dicho Juan Carrasco fue a la Nueva España y dejó a la dicha su esposa con la dicha su madre, y que vos con poco temor de Dios y en menosprecio de la nuestra justicia, con promesas que le hiciste por hacerla a que cumpliese vuestra voluntad y la corrompiste y usasteis su virginidad, y que no contento con esto la sacaste muchas veces de la dicha su casa y la llevaste donde queríais, y trataste mal, y así injuriabais a la dicha su mujer, y que aunque de ello se quejó ante el Gobernador y Alcalde Mayor de la dicha Isla, no le fue hecha justicia, y que después prosiguiendo en vuestro mal propósito, por encima de las paredes de su casa sacaste a la dicha Juana Téllez y llevaste con ella más de trescientos pesos de oro, de lo cual todo dice que se quejó ante los nuestros Oidores que residen en esa Isla, y os mandaron prender, y tuvieron preso cierto tiempo, y que no embargante que él perdonó dicho delito y robo y fuerza, os mandaron soltar y dieron por libre aunque él por muchas peticiones pidió en la dicha Audiencia que restituyeses en la dicha su hija con lo que con ello habíais robado, y no lo quisieron hacer, y que aunque de todo apeló ante nos le denegaron la dicha apelación diciendo que conforme a las Ordenanzas de la dicha Audiencia no había lugar la dicha apelación, en todo lo cual había recibido mucho agravio y daño y menoscabo, y pidió por merced lo mandásemos recibir en el dicho grado de apelación y hacerle en todo cumplimiento de justicia, y como la nuestra merced fuese así, porque para determinación de lo susodicho vos debéis ser citado y llamado, fue acordado debíamos mandar con esta nuestra carta para voz en la dicha razón, y nos tuvímoslo por bien, por la cual os mandamos que del día que os fuere notificada en vuestra persona y si pudiereis ser habido, si no ante las puertas de las casas de vuestra morada donde más continuamente hacéis vuestra habitación diciéndolo o haciéndolo saber a vuestra mujer e hijos si los hubiereis, si no a vuestros criados o vecinos más cercanos para que os lo digan y hagan saber, por manera que venga a vuestra noticia y de ello no podáis pretender ignorancia diciendo que no lo supisteis ni vino a vuestra noticia, hasta cien días primeros siguientes, los cuales os damos y asignamos por todos plazos y término perentorio y acabado vengáis y parezcáis ante nos en el nuestro Consejo de las Indias, por vos o por vuestro procurador suficiente con vuestro poder bastante, bien instruido e informado en seguimiento de la dicha causa y apelación, y a dar y alegar cerca de ello en guarda de vuestro derecho todo lo que decir y alegar quisiereis, y a oír y ser presente a todos los autos del dicho pleito principales y accesorios, anexos y conexos, sucesivos uno en pos de otro hasta la sentencia definitiva inclusive y tasación de costas si las hubiere, para lo cual oír Y para todo lo demás que dicho es, que los del dicho nuestro Consejo os oirán y en todo guardarán vuestra justicia, en otra manera el dicho término pasado vuestra ausencia y rebeldía no embargante habiéndola por presencia, oirán a la otra parte en todo lo que más decir y alegar quisiere, y sobre todo librarán y determinarán lo que hallaren por justicia sin os citar, llamar ni atender sobre ello, y así por esta nuestra carta mandamos a los dichos Oidores que luego tomen y reciban de vos fianzas llanas y abonadas, que si al saber la dicha causa os fuere mandado que parezcáis personalmente ante nos en el dicho nuestro Consejo, lo cumpliréis y vendréis a él en persona, y otro sí por esta nuestra carta mandamos al escribano o escribanos ante quien el proceso de la dicha causa haya pasado que dentro de ocho días primeros siguientes después que con ella fueren requeridos, lo den todo en limpio a la parte del dicho Pedro de Cifontes para que lo pueda traer y presentar ante nos en el dicho nuestro Consejo, para guarda y conservación de su derecho, pagándole por ello su justo y debido salario que por ello hubiere de haber, y de como esta nuestra carta os fuere notificada y la cumpliereis mandamos so pena de la nuestra merced de diez mil maravedíes para nuestra Cámara a cualquier escribano público que para esto fuere llamado, que de al que se la mostrare testimonio signado con su signo porque nos sepamos en como se cumple nuestro mandado, dada en Sevilla a 28 de abril de 1526 años, Yo el Rey2. Yo Francisco de los Conos, Secretario de su Cesárea y Católica Magestad, la hice escribir por su mandado, firmada del Obispo de Osma y Carvajal, y Obispo de Canarias y Doctor Beltrán y Obispo de Ciudad Rodrigo.

1.- San Juan de la Maguana. Ciudad fundada en 1503 por Nicolás de Ovando en la Isla Española y que hoy está situada en la parte correspondiente a la República Dominicana. Nominada así por San Juan Bautista y por el término taíno "maguana", valle o vega pequeña.

2.- Sevilla fue el escenario del matrimonio del Emperador con su prima la princesa Isabel de Portugal, efectuado en el Alcázar el 11 de marzo de 1526. Un mes después despachaba la anterior Real Provisión a instancias de Pedro de Cifontes, contra el raptor y abusador de su hijastra.

Y ya en Granada en septiembre, hubieron de insistir en nombre y mandato de Carlos V sobre tan escabroso asunto con dos cédulas, ambas con la misma fecha:

Real Cédula a los oidores de La Española, para que a petición de Pedro de Cifontes, vecino de Santo Domingo, saquen del poder de Jerónimo de Medina una doncella, hija de aquél, y la devuelvan a sus padres. Granada, 9 de septiembre de 1526.
Real Cédula a los oidores de La Española, para que si Jerónimo de Medina no diera ciertas fianzas, le prendan, a causa de un proceso que pende entre aquél y Pedro de Cifontes, vecino de Santo Domingo, por el rapto de una hija de éste. Granada, 9 de septiembre de 1526.

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