jueves, 22 de abril de 2010

Los esclavos 82m

Sebastián Rodriguez Pavón había dado poder al también sevillano Procurador de Causas Antonio del Castillo, el 6 de diciembre de 1535, otorgándoselo en el monasterio de Santa Clara* de la capital andaluza, lo que parece demostrar que no andaba muy desencaminado Pedro de Cifontes cuando lo acusó de huir y esconderse en iglesias, monasterios y otros lugares privilegiados para, acogido a la jurisdicción eclesiástica, no rendirle cuentas.
La contestación a la demanda no se hace esperar; alega la parte contraria que el albañil tenía un tercio de interés en la nave y que por ello iba bajo su gobernación; que Martín Lopez Vizcaíno se fue y despidió al llegar a La Gomera por su propia voluntad; que fue sustituido de inmediato por otro piloto examinado y con experiencia, —un tal Alonso de Plasencia—; que los fletes que hizo en el Caribe no supusieron tanta ganancia como quiere hacer creer el demandante; que en Cartagena rindió cuentas al suegro de Cifontes, Juan Caldera**, mediando en ello la Justicia; que este Caldera cobró toda la parte que le correspondía a su yerno; que el navío se vendió fiando la mitad de su precio porque no había persona que lo ofreciera al contado y aun así no se pudo cobrar todo por entero; y termina exigiendo que se le paguen las expensas, gastos y soldadas que le costó mantener a los marineros y gente de la nao, que sumaban más de 260 castellanos —compruébese aquí como la mejor defensa es un buen ataque—, y alegando por último que es falso que se haya escondido en monasterios e iglesias.
Empieza la lucha. Durante todo febrero y marzo de 1536 se intercambian las protestas, las contradicciones, las peticiones de recibimiento a prueba y de conclusión, etc., entre los dos Procuradores en nombre de sus representados, hasta que el martes 21 de dicho mes de marzo aparece otro personaje en liza: un tal Diego Diaz, también albañil y vecino de Sevilla, que dice que Sebastián Rodriguez Pavón, "que ya es difunto", (es la primera constancia que tenemos del fallecimiento del demandado, porque con anterioridad ni su Procurador Antonio del Castillo ni el demandante Cifontes hicieron referencia alguna a ello), cuando fue de maestre del galeón*** "Santa María la Blanca", del que eran sus socios Cifontes y Bartolomé Lopez, recibió un préstamo de 35 ducados de una tal Ana Quijada, para fornecimiento y otras cosas, y habiéndose obligado a devolverlo en cierto plazo no lo hizo así; y como quiera que su fiador fue precisamente Diego Diaz y tuvo que, por tanto, pagar la deuda, ahora quiere ser resarcido de la referida paga y de las costas que se le han recrecido, y quiere serlo primeramente y antes que los demás acreedores que pretenden cobrar de los bienes secuestrados (embargados) de Sebastián.
Ni que decir tiene que las partes de éste y de Cifontes se muestran en total desacuerdo, asegurando el Procurador Álvaro de Baena, entre otras razones, que Sebastián pagó la deuda a Ana Quijada inmediatamente después de su vuelta a Sevilla desde Cartagena. Y en éstas estaban cuando se presentó el mes de abril. En el cual mes surgió otra complicación, personificada en una tal Felipa de la Cruz. Felipa es vecina de San Salvador en Sevilla y pertenece a una familia de doradores; del oficio son su padre y su hermano Luis de Orozco****, al cual lo ha apoderado para que la represente en sus pleitos movidos y por mover, según documento hecho en la sevillana Plaza de San Francisco, estando en el Oficio de la escribanía de Gómez Álvarez de Aguilar, escribano público, en sábado 1º de abril de 1536, fecha que nos indica que Felipa de la Cruz va al grano y ha tomado la ocasión por los pelos. De forma que el dorador Luis de Orozco, armado con el poder fraternal, se presenta a los Jueces exigiendo, al igual que el albañil Diego Diaz, preferencia para cobrar de los bienes del difunto Sebastián Rodriguez Pavón. Pero antes de hacer relación de las causas por las que Felipa y su hermano actuaban inmiscuyéndose en el complicado asunto, este es el momento de anotar un cambio que aconteció en el estamento dispensador de justicia:

En la dicha ciudad de Sevilla miércoles cinco días del mes de abril, año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil y quinientos y treinta y seis años, ante el Señor Licenciado Gonzalo Hernandez, Juez Subdelegado por los dichos Señores Jueces por estar ellos ocupados en cosas del juicio de Sus Majestades con el Señor Licenciado Carvajal de Su Consejo, pareció Luis de Orozco en nombre de Felipa de la Cruz [...]

Y ahora sí podemos inspeccionar las circunstancias que llevan a Felipa a "meter la cuchara", si se nos es permitido el uso de la coloquial expresión. Y fue que Luis de Orozco, siempre en su nombre, acusaba a Sebastián Rodriguez Pavón y a su mujer Leonor Ortiz de haber vendido a su hermana 1.500 maravedíes de tributo sobre unas casas al parecer realengas en San Vicente en Sevilla, lindando con las casas de Diego Ochoa, con las casas de la viuda de Rodrigo de los Ríos, y por delante con la calle Real, vendido por precio de 15.000 maravedíes, con la condición de que si no fuesen realengas o si Sebastián enajenase las casas sin licencia de Felipa, debería devolverle el doble de lo pagado, o sea, 30.000 maravedíes. El albañil cuasi pirata ya apuntaba maneras poco ortodoxas en sus negocios y deberes, así que ni corto ni perezoso vendió las casas a un tal Villalobos, vecino de Sevilla, sin tomarse la molestia de cumplir la condición a que se obligó con Felipa. Por todo lo cual, ahora el dorador Luis pretende que de sus bienes embargados se extraigan los 30.000 maravedíes que pertenecen a su hermana, más las costas y, al igual que el anterior acreedor Diego Díaz, exige ser primero y preferido en dicho cobro. El contrato de venta del tributo, otorgado el viernes 8 de mayo de 1534 en las casas de la morada de los vendedores, nos permite saber que Felipa de la Cruz era de estado honesta e hija de Juan de Orozco, difunto ya, y de Beatriz Martinez, vecina de San Salvador, y que la casa poseía casapuerta, patio, palacios, portales, salas altas y bajas y huerta.
De las pretensiones de los hermanos Luis y Felipa se notificó a los dos Procuradores, a Diego Díaz y al tercer socio de Cifontes, Bartolomé Lopez, que también participaba en la demanda contra Sebastián, dando ocasión al consecuente y tenaz tira y afloja, como canes que se disputan la presa.
La viuda de Sebastián, Leonor Ortiz, tiene motivos para agregarse a la disputa, y en estos días por medio de su Procurador, Gutiérrez de Andino, dice "que ya saben Vuestras Mercedes como todos los bienes que quedaron al tiempo que el dicho Sebastián Pavón falleció están secuestrados a pedimento de Bartolomé Lopez y de Pedro de Cifontes, y por estar así secuestrados yo no tengo de qué me proveer, suplico a Vuestras Mercedes que de los bienes que están secuestrados se me den los dichos alimentos sobre lo cual pido cumplimiento de justicia".
Y llegó mayo, y con él arreciaron los zarpazos y mordiscos. Diego Díaz presentó un interrogatorio, cada cual seguía refiriéndose a sus razones y negando las de los demás, y Leonor Ortiz encontró otro resorte para doblegar voluntades y encabezar la cola de acreedores recurriendo a sus derechos de dote y casamiento; el jueves 11 de dicho mes su representante expuso que hacía 31 años que había contraído el matrimonio, aportando en dineros, ropas, ajuar, alhajas y preseas de casa 29.544 maravedíes, y como su marido "estuvo a inopia por su culpa"*****, ella tiene que ser pagada antes que cualquier otro acreedor, especialmente ahora que los vinos embargados a Sebastián "está en la mano su venta". Eran, según la carta de dote otorgada en Sevilla el 7 de noviembre de 1505, él hijo de Alonso Rodriguez, vinero, y de Juana Rodriguez, vecinos de San Vicente, y élla, hija de Fernán Garcia, cerrajero, y de Catalina Ortiz, vecinos de San Salvador.
En este punto de las diligencias se observa un gran salto cronológico, puesto que la siguiente notificación en los autos lleva fecha de martes, 30 de enero de 1537. Es de suponer que cada cual siguió esgrimiendo su argumento hasta este día, mas nosotros vamos a aprovechar el lapsus para pasar al siguiente capítulo de esta indagación en el pasado de Pedro de Cifontes, hacendado en Castilleja, Villa donde acabaron sus días, ya convertido en un anciano sexagenario.



* Monasterio de Santa Clara, construido en un solar que Sancho IV regaló a las monjas clarisas en 1289, cuyo anterior propietario fue don Fadrique, hijo de Fernando III el Santo, el cual hijo hizo levantar en él la famosa Torre de don Fadrique.
Después de pasar por otros conventos y monasterios, en este de las discípulas de Francisco de Asís, en una de sus salas de enfermería —cada planta poseía una de ellas— moriría nuestro albañil Sebastián Rodriguez Pavón.
Hoy el monasterio de Santa Clara está en trance de reconversión en centro cultural, comentándose que albergará la Fundación Rafael Cansinos Assens, y la última fecha que se baraja para su apertura como tal centro es en esta primavera del presente año de 2010 plena de aguaceros, cuyos monótonos repiqueteos sirven de fondo sonoro a la elaboración de la entrada que estamos leyendo.

** Juan Caldera no puede ser otro que el padre de la viuda Mari Téllez, primera mujer de Pedro de Cifontes. Pronto estudiaremos un pleito que suegro y yerno entablaron en 1538, continuidad del que ahora estamos refiriendo: "Juana Rodríguez, vecina de Sevilla, como heredera de Sebastián Rodríguez Pavón [era su sobrina], apela al Consejo la sentencia dictada por los jueces de la Audiencia de la Contratación en el pleito que tiene con Pedro de Cifontes y Juan Caldera, mercaderes, vecinos de Sevilla, sobre pago de una deuda. Es sólo la presentación ante el Consejo. Inserta el traslado del proceso actuado ante la Audiencia de la Contratación. Fecha de inicio: 18 de febrero de 1538. 41 folios". Archivo General de Indias.
Además de Visitador de las naos de las Indias, Juan Caldera fue un próspero traficante de esclavos.

*** Galeón, nao, carabela, que de las tres formas fue clasificada la "Santa María la Blanca", según las reformas que sufría en aras a sacarle mayor rendimiento. Veremos como los tres mercaderes le hicieron grandes cambios en Sevilla tras comprarla, y cómo en cierta isla caribeña otros le suprimieron el puente, (en el siglo XVI, el puente era la cubierta superior sobre la cual van los castillos de proa y popa), para aumentar el espacio a fin de transportar caballos a Tierra Firme.

**** Registrado por José Gestoso y Perez en su Diccionario de los artífices que florecieron en Sevilla desde el siglo XIII al XVIII inclusive. Orosco (Luis de). Dorador. Vivió al Salvador, en 1534, según consta del Padrón de dicho año. Carpeta de Privilegios nº 125. Archivo Municipal.

***** Inope, pobre. Inopia, pobreza, ò falta de lo necessario. Es voz puramente Latina Inopia. Diccionario de Autoridades, que cita a Juan de Mena en "El Comendadór Griego sobre las 300": Los Afros gente son mui imperitas, que de casas y hierro padecen inópia.

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