martes, 11 de enero de 2011

Los esclavos 83a

Al Factor Francisco Duarte no le fue del todo mal en la vida; casi podríamos sospechar que en el trapicheo con los restos auríferos y argentíferos del naufragio de Zahara salió ganando más de lo que pudiera parecer, a juzgar por los fastos que organizó con ocasión del matrimonio de su hija: toros en la sevillana plaza de San Francisco y celebraciones por toda la ciudad, que atrajeron a propios y extraños. Y entre estos últimos, a varios castillejenses aficionados a presenciar la canallesca tortura de los nobles cornúpetas que ha llegado hasta nuestros días para vergüenza de la humanidad.
Recordaremos que el afortunado Duarte, estando en Cádiz, requirió de su oficio a ciertos buzos para buscar en las someras y turbias aguas de la costa cuanto cofre de alhajas u objeto de valor en general pudiesen encontrar entre los despojos de los pobrecitos indianos.
Y son esta arriesgada profesión de inmersión y el grupo referido de habitantes de Castilleja de la Cuesta los elementos que constituyen el contenido del siguiente documento, que aunque algo posterior al acontecer narrado en esta serie de capítulos, nos va a adelantar las peripecias vitales de unos paisanos ya archiconocidos por nosotros, como es el caso de Juan de Vega. El documento está transcrito en su totalidad.

Muy Ilustres Señores Presidentes y Jueces de la Casa de la Contratación de las Indias de esta Ciudad, que Nuestro Señor guarde en su Servicio, el Licenciado Diego de la Peña, Alcalde de la Justicia en esta Ciudad de Sevilla y su Tierra por el Muy Ilustre Señor Don Hernando de Torres y Portugal, Conde de El Villar, Señor de la Villa de Escamilla, Asistente en esta Ciudad de Sevilla y su Tierra por Su Majestad, hago saber a Vuestras Señorías que en esta Ciudad en catorce días del mes de junio de mil y quinientos setenta y ocho años ante el Licenciado Juan Quijada, Alcalde de la Justicia que fue de esta Ciudad, pareció Juan de Vega1, labrador vecino de la Villa de Castilleja, como padre legítimo de Marcos de Vega su hijo, y dio una querella su tenor de la cual con la información que cerca de ella dio es del tenor siguiente: En Sevilla sábado catorce días del mes de junio de mil y quinientos setenta y ocho años para ante el Señor Licenciado Juan Quijada, Alcalde de la Justicia de esta Ciudad de Sevilla pareció Juan de Vega, labrador vecino de la Villa de Castilleja de la Cuesta en la parte que es de Señorío, y como padre legítimo de Marcos de Vega su hijo legítimo que está debajo de su poder paternal, y se querelló de Gaspar Hernández, buzo2, y dijo que un día del mes de octubre del año próximo pasado de setenta y siete estando el dicho Marcos de Vega su hijo en El Arenal del río de esta Ciudad cerca de los cordoneros [Gaspar Hernández] echó mano a una espada que traía y con ella fuera de la vaina le dio una cuchillada en el brazo izquierdo de que le cortó cuero y carne y le salió sangre y se lo descanilló, y de la dicha herida ha estado malo en cama curándose y en peligro de muerte, pidió justicia y juró la querella en forma.
El Señor Alcalde de la Justicia mandó que de información, que él proveerá justicia.
Y luego el dicho Juan de Vega presentó por testigo a Francisco Vázquez, labrador vecino de la dicha Villa de Castilleja, del cual fue recibido juramento en forma de derecho so virtud del cual prometió decir verdad, y siendo preguntado dijo que lo que sabe es que un día del mes de octubre del año próximo pasado de setenta y siete que fue cuando se hicieron las fiestas por el casamiento de la hija de Francisco Duarte, Factor de la Casa de la Contratación de las Indias, por la tarde yendo este testigo y Diego Navarro a la dicha Villa de Castilleja, y llegando al Arenal del río de esta Ciudad donde trabajan los cordoneros vio que el dicho Gaspar Hernández, buzo, tenía un espada desenvainada contra Marcos de Vega y Diego Verde, los cuales no tenían armas, y el dicho Marcos de Vega le rogaba al dicho Gaspar Hernández que no riñese con él ni con el dicho Diego Verde, y el dicho Gaspar Hernández no quiso y se fue para el dicho Diego Verde y le tiró de cuchilladas y el dicho Diego Verde echó mano a la suya y le tiró de cuchilladas y el dicho Gaspar Hernández se huyó y yendo huyendo halló al dicho Marcos de Vega que lo tenían asido dos hombres porque no fuese a la cuestión con su espada que tenía desnuda, y el dicho Gaspar Hernández, teniéndolo asido los dos hombre, le dio una cuchillada al dicho Marcos de Vega en el brazo izquierdo hacia el molledo, de que le cortó cuero y carne y le salió mucha sangre, y estuvo muy malo de la dicha herida curándose en la cama y a peligro de muerte, y lo curó Juan Rodriguez, cirujano vecino de Triana, y que este testigo no sabe sobre qué fue la cuestión, y que es de edad de cuarenta años, y no le tocan las demás pregunas generales, y dijo que no sabía firmar.
El Señor Alcalde de la Justicia mandó dar mandamiento para prender al dicho Gaspar Hernández.
En la Ciudad de Sevilla lunes diez y seis días del mes de junio de mil quinientos setenta y ocho años el querellante presentó por testigo a un hombre que se dijo llamar Bartolomé Rodriguez, trabajador y ladrillero vecino del lugar (sic) de Castilleja de la Cuesta en el Señorío de ella, al cual fue recibido juramento en forma de derecho, so cargo del cual prometió decir verdad, y siendo preguntado dijo que conoce al querellante y conoce a Marcos de Vega su hijo mancebo desde que se sabe acordar, y conoce de vista a un hombre que no le sabe el nombre, mas que ha oído decir que se dice Gaspar Hernández y que es buzano, y lo que sabe de este caso es que puede haber ocho meses poco más o menos, que fue el día que se hicieron fiestas y corrieron toros en la plaza de San Francisco por el casamiento de la hija de Francisco Duarte, y el dicho día en la tarde este testigo y el dicho Marcos de Vega, hijo del querellante, y otro hermano suyo que se dice Bartolomé de Vega, salieron juntos por la puerta del Arenal, que se iban a Castilleja, y llegando donde trabajaban unos cordoneros en El Arenal se apartó un poco este testigo del dicho Marcos de Vega, y en apartándose topó allí con el dicho Gaspar Hernández, buzano, y vio este testigo que el dicho Gaspar Hernández, buzano, alzó la espada y le dio un cintarazo al dicho Marcos de Vega con vaina y todo, y luego echó mano a la espada y el Marcos de Vega a la suya, y estando en esto, antes de que se dieran de cuchilladas llegaron unos cuadrilleros y asieron al dicho Marcos de Vega, y a esto un Diego García, vecino de Castilleja que iba con este testigo y con el dicho Marcos de Vega dijo al dicho Gaspar Hernández: "¿esto es de veras o buceando?"3, y el dicho Gaspar Hernández dijo: "de veras, y para vos también", y empezó a tirar de cuchilladas al dicho Diego García, y el dicho Diego García echó mano a su espada para él y se dieron de cuchilladas y el dicho Diego García hizo huir al dicho Gaspar Hernández, y yendo el susodicho huyendo topó con el dicho Marcos de Vega que lo tenían asido los cuadrilleros y le dio una cuchillada con el espada que llevaba en la mano, en el codo del brazo izquierdo de que le cortó cuero y carne y le salió sangre y estuvo muchos meses herido y a punto de muerte, y queda manco a lo que dicen del brazo, y luego que lo hubo herido se entró corriendo en el hospital que está en El Arenal, y que este testigo no sabe sobre qué fue la cuestión ni otra cosa mas de lo que dicho tiene, todo lo cual es verdad para el juramento que hecho tiene, y que es de veinte y siete años, y no firmó porque dijo que no sabe escribir, ni le tocan las generales.
Y ahora pareció ante mí Marcos de Vega, hijo del dicho Juan de Vega, y se querelló del dicho Gaspar Hernández en razón de haberle dado la dicha herida y ratificó la querella e información que el dicho su padre había dado, y me pidió mi Carta Requisitoria para embargar al dicho Gaspar Hernández y que se remitiese a la Cárcel Real de esta Ciudad, y mas pidió justicia, y por mí visto mandé dar y dí la presente para Vuestras Señorías, por la cual de parte de Su Majestad les requiero y de la mía ruego y pido de merced que siéndole presentada por parte de Cristóbal Rodriguez Torquemada mande el dicho Marcos de Vega manillar y enviar preso y a recaudo al dicho Gaspar Hernández que está preso en la Cárcel de esa Villa, ante mí a la Cárcel Real de esta Ciudad para que cumpla de derecho al dicho Marcos de Vega en razón de haberle dado la dicha herida, y Vuestra Señoría lo mandará remitir luego que sea castigado por lo que está preso, y que lo así Vuestra Señoría mandar hacer harán justicia, que allí tanto haré por la suya cada que las vea instancia mediante, hecho en Sevilla, lunes nueve días del mes de enero de mil y quinientos y ochenta y uno.
En Sevilla en la Casa de la Contratación de las Indias diez días del mes de enero de mil quinientos ochenta y uno, ante los Señores Jueces y Oficiales de Su Majestad de la dicha Casa se presentó esta Carta Requisitoria, y vista por los Señores Jueces y Oficiales la Carta Requisitoria del Señor Licenciado Diego de la Peña, Alcalde de la Justicia de esta Ciudad, dijeron que la mandaban y mandaron cumplir y ejecutar como en ella se contiene, y en su cumplimiento mandaron que se recomiende por preso al dicho Gaspar Hernández, buso (sic), en la Cárcel de esta Casa donde al presente está para acabar la causa sobre que está preso se remita al dicho Señor Alcalde de la Justicia y se notifique al Alcaide de ella lo tenga por recomendado por esta causa, y así lo proveyeron y mandaron.

1.- Apoderado de María Rodriguez —casera de Pedro de Cifontes en la hacienda de Pero Mingo— en el pleito contra el esclavo Antón por el robo en dicha hacienda (Los esclavos 79, diciembre de 2009). Además, desde "Los esclavos 7", entrada de febrero de 2009, encontraremos múltiples referencias a Juan de Vega, especialmente en el conflicto que mantuvo con los Franco.

2.- Buzo. Contemplado por el Diccionario de Autoridades también como "buzano", era, contra lo que se pudiera creer, una antigua actividad. Dice: "El hombre que con habilidad de gran nadador, deteniendo por largo espacio el aliento, saca del fondo del mar ù de los rios las cosas sumergidas en el agua: y tambien sirve para la seguridád de los navíos, que cuando hacen agua toman el rumbo por donde se introdúce, y clavándole una tabla, ò calafateándole con estópas, embarazan que entre.
Buzano. Lo mismo que Buzo, aunque en lo moderno con menos uso". Y Covarrubias en su "Tesoro": Buzano. "El que se hunde debaxo del agua, como hacen los que pescan las perlas y el coral y otras cosas que se caen en la mar".
Indicios de submarinismo existen desde tiempos prehistóricos, fecha de yacimientos de conchas de moluscos que vivieron a varios metros de profundidad, encontrados en la región del Báltico y en costas de Portugal, concheras que aportan abundantes datos arqueológicos. El pavimento del santuario de El Carambolo se elaboró con conchas de un molusco marino, el berberecho cardium edule, incrustadas sobre un lecho de barro; pensándose que tenían para los tartesos un valor ritual litúrgico.
Fueron buzos los que en el año 168 A.C. recuperaron el tesoro que Perseo, último rey de Macedonia, arrojó al mar. En el Museo Británico se exhiben bajorrelieves esculpidos en el siglo IX A.C., que muestran a submarinistas ayudándose de odres llenos de aire.
Aristóteles mencionó un antecedente de la campana, un recipiente que se hundía en el agua invertido, aprisionando en su interior una cantidad de aire suficiente como para que uno o más hombres pudiesen, haciendo salidas al exterior, aprovisionarse de oxígeno; fue utilizada por Alejandro el Grande en el año 332 A.C., en el sitio de Tiro. Y otros historiadores también tocaron el tema, tales como Tucídides (que habla de buzos aserrando las estacas que defendían la entrada al puerto de Siracusa, en el 414 A.C.), Heródoto (con su historia del 460 A.C. del buzo griego Scyllis y de su hija Cyana, quienes porque el rey Xerxes los retuvo, cortaron las amarras de su flota en plena tormenta, ocasionándole un grave revés), Plinio (el cual en el año 77 menciona la existencia de buzos militares, y cita por vez primera tubos para respirar), Polibio (testigo con Escipión de la toma de Cartago en España, donde se utilizaron combatientes entrenados en el submarinismo), o Plutarco (que nos relata en referencia a Marco Antonio y Cleopatra la estratagema del primero para impresionar a la segunda, mandando a sus buzos que engancharan en su anzuelo peces. Cuenta el historiador que Cleopatra fingió maravillarse, hasta que al siguiente día hizo que uno de sus buzos ensartara en el anzuelo de Marco Antonio un mequetréfico pez seco salado). Nos hace recordar los chascarrillos que durante la segunda mitad del siglo XX hacían mofa del dictador genocida Franco, gran aficionado a la pesca e infinitas veces fotografiado con gigantescos barbos, carpas, etc., que supuestamente había capturado gracias a su "destreza". Todo parece indicar que a su heredero Juan Carlos de Borbón también le facilitan la cobranza de algún que otro oso "salvaje" previamente drogado, con el cual encandilar a su real consorte.

3.- "Buzeando". Dos lecturas caben en el original, siendo la otra "bureando". Esta última puede ser una verbalización de "bureo", que según el Diccionario de Autoridades, además de ser "un Tribunal ò Junta en que preside el Mayordomo mayor de la Casa Real, y en que asisten los Mayordomos de semana, el Contralor, y otros Gefes de la Casa, y adonde se tratan y deciden las cosas que se ofrecen tocantes al gobierno de ella. Y por alusion festíva se llama Buréo qualquiera Junta ò conferéncia", dice en su segunda acepción ser y significar "también regocijo, entretenimiento, fiesta y holgúra: y las mas veces no licita". Lo cual cuadra a la perfección en el contexto de la pelea de los espadachines en El Arenal.
Atendiendo a la primera posibilidad, un buzo, además de la definición de la nota 2 anterior a ésta, nos encontramos en dicho Diccionario con que "En la Germanía significa el Ladrón mui diestro, ò que vé mucho", siendo así "buzear" equivalente a "ladronear". Pero además la curiosa expresión que según el ladrillero testigo Bartolomé Rodriguez le profirió Diego García al buzo Gaspar Hernández en pleno repartimiento de mandobles de espada podría derivarse del pronombre arcaico "Buzé, que atendiendo a nuestra fuente de Autoridades es "Lo mismo que Vuessa merced. Es término syncopado, y del uso de los que llaman Xaques, guapos y valentones, que en lugar de decir Usted (como de ordinario se dice familiarmente) en señal, y distintivo de valentía, y fanfarronería, dicen Buzé." En este caso "buzear" tendría un claro paralelismo con "tutear".
En casi todas las posibilidades que hemos contemplado, la expresión utilizada por el espadachín de Castilleja tiene claras connotaciones burlescas, satíricas, insultantes. La profesión de buzo a esas alturas del siglo XVI habría dejado de estar considerada con un aura semilegendaria, semimágica, debido al despertar del raciocinio occidental que, en pleno auge de los Descubrimientos, prosiguió a la Edad Media, y los castillejanos, al contrario que sus abuelos, ya no se dejaban impresionar por ello.
Basaban los orígenes del mundo los mesopotámicos en una forma acuática de donde brotaba la tierra. En Babilonia se creía que Oannes, quien enseñó a los mortales la escritura y la astrología, fue un hombre-pez salido del océano, y en las teogonías de Micenas y Creta el origen de los seres vivientes está también en el mar, de donde evolucionaron desde formas primarias, como las algas, los moluscos o los cefalópodos. De esta manera, el hombre-pez formaba parte del imaginario colectivo en muchas sociedades a lo largo de los siglos, siendo así que si Gaspar Hernández hubiera nacido algunos antes, podría haber controlado la complicada situación con total facilidad. Volviendo a citar a Plinio, sabemos por él de la aparición en aguas gaditanas de un "hombre marino", según informaron al historiador unos caballeros romanos presentes en el suceso, y de esta noticia puede proceder la célebre leyenda del Peje Nicolao, individuo capaz de salvar grandes distancias a nado, usado como correo marítimo entre el continente italiano y sus islas del sur. Se sitúa su existencia a fines del siglo XII, y cuentan que el rey Federico de Nápoles y Sicilia, para comprobar qué había de cierto sobre su fama, lo llevó al renombrado remolino de Caribdis, que se forma en el estrecho de Mesina, y tirando al agua una copa de oro se la ofreció en propiedad si era capaz de recuperarla. Nicolao se zambulló y trajo la copa, mas venía desencajado, narrando entre balbuceos un mundo plagado de monstruos horrendos.
Autores ingleses publicaron versiones similares en los años siguientes, y a pesar de que el genio cervantino supo darle la estocada de muerte —o el letal arponazo— al mito cuando en el capítulo XVIII de la Segunda Parte de su "Quijote" hace decir al loco manchego, mientras platicaba con don Lorenzo acerca de los conocimientos que han de adornar a los caballeros andantes, que los tales —entre los que se incluía— "han de saber nadar como dicen que nadaba el peje Nicolás o Nicolao", autores de prestigio continuaron desarrollando el tema, aunque la agudeza suspicaz del pueblo llano, como hemos podido ver y Cervantes fijó, ya había arrojado por la borda muchas creencias fantásticas.
Entre estos "autores de prestigio" (o más probablemente pseudointelectuales que encontraban su modo de vida y fuente de ingresos en dar pábulo y continuidad a tales cuentos) figuran Antonio de Torquemada con su "Jardín de flores curiosas", Salamanca, 1570, Juan Eusebio Nieremberg con su "Curiosa y oculta filosofía", Alcalá, 1649, Juan Botero Benes con su "Relaciones universales del mundo", Valladolid, 1599, Sebastián de Comellas, con su "Relación impresa", Barcelona, 1608, fray Antonio de Fuente Lapeña con su "El ente dilucidado", Madrid, 1676, Juan de Mandevilla, con su "Libro de las maravillas del mundo", Valencia, 1515, Olanus Magnus, obispo de Upsala, con su "Historia de la gente y de la naturaleza de las cosas septentrionales", Italia, 1565, y otros muchos, uno de los cuales y el más cercano a nuestra historia de Castilleja, el humanista Pedro Mexía (Sevilla 1497- ídem 1551) con su "Silva de varia lección", en cuyo capítulo 24 del libro 1º, aunque confiesa: "bien sé que hombre racional no lo ay sino en la tierra, y que en el agua no habitan ni viven los hombres", se extiende de tal modo recabando testimonios de autoridades antiguas y contemporáneas, entre los que predominan hallazgos de peces con cabeza, torso y brazos de mujer, que da que pensar si el reconocido escritor norteamericano de relatos de terror y de ciencia-ficción H. P. Lovecraft no bebió de él.
Pero es el ilustrado padre Feijoo en su "Teatro Crítico Universal", Madrid, 1771, quien a pesar de publicar su incredulidad ante estos seres extraordinarios demostró, en flagrante contradición, su convencimiento de la existencia de hombres-peces, y concretamente uno del que hace amplia referencia en su dicha obra, llamado el Pez de Liérganes (también estudiado por Caro Baroja). Liérganes, pueblo de Santader, fue la cuna de Francisco de la Vega Casar (nótese la coincidencia con los Vega castillejanos de la riña con el buzo en El Arenal). El santanderino Francisco —narra Feijoo—, excepcional nadador conocido por "El Sireno", hijo de Francisco de la Vega y de María del Casar y nacido en 1658 ó 1660, la noche de San Juan de 1674, nadando en el río Miera, desapareció corriente abajo. Cinco años después unos pescadores gaditanos encontraron a un "hombre marino" enredado en sus artes, el cual apenas pronunciaba la palabra "Liérganes", y los compasivos rescatadores intentaron integrarlo en su sociedad, encomendándole sencillos trabajos. Hasta que ciertas personalidades establecieron la conexión con Santander, adonde fue llevado por fin.
Para terminar estas notas, cuya amplitud creemos justificada en base a la revolución que supuso en ámbito tan principal e importante como era el Océano en el mundo renacentista la preponderancia de la nueva mentalidad científica sobre los antiguos mitos y supersticiones, mencionaremos que el problema de la visión bajo el agua ya lo habían superado pueblos polinésicos, inventando un armazón de madera que incluía, como improvisado cristal, una lente hecha de una fina lámina de carey u otro caparazón de tortuga.
Desde la toma de Sevilla a los árabes por los castellanos, se organizó la profesión de buceador, sobre todo con fines militares. En el siglo XVI el buceo conoció innovaciones técnicas muy sonadas, y en 1538, en Toledo y ante el Emperador Carlos V y una muchedumbre de curiosos, unos buzos demostraron la posibilidad de mantenerse bajo el agua —en las del río Tajo— durante largo tiempo, por medio de una campana como la que Aristóteles mencionó.

No hay comentarios:

Notas varias, 3h.

El historiador alza y engrosa su constructo con base en el esqueleto documental, y lo efectúa un poco —o bastante— para sí mismo, para su c...