domingo, 6 de febrero de 2011

Los Juanguren y el espadero 1

Sin perjuicio de una continuación de la serie "Los esclavos", continuación necesaria considerando la enorme cantidad de interesantísima documentación que hemos encontrado acerca de los de Castilleja de la Cuesta en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, emprendemos con este capítulo la ilustración de otra nueva rama de este árbol de la historia que el tiempo y la consulta de documentos va haciendo frondoso, con la esperanza y el deseo de que sus dichas ramas, y unas a otras, se complementen y ayuden y se vivifiquen y nutran entre ellas para hacer que el conjunto resultante brinde al lector en su andadura la bienhechora sombra desde la cual contemplar los caminos y acaeceres pasados, lejanos sí, pero nítidos en sus detalles.
Dejamos a un joven Lope de Aguirre en camaradería con Diego Ortiz de Juanguren. Para empezar la descripción de esta familia de ascendencia vasca y asentada en nuestro pueblo —su hacienda y casa principal estaba a las espaldas de la iglesia de Santiago— partimos con las transcripciones de las gestiones hechas en la Casa de la Contratación por uno de sus hijos, Íñigo Ortiz de Juanguren, con vistas a "hacer las Indias" comerciando allí con variados artículos.
En pocos años desde el Descubrimiento, como se apunta en la nota tercera del capítulo anterior, las autoridades centrales de la Monarquía se habían visto obligadas a controlar mucho más férreamente el tránsito de personas y bienes al nuevo territorio, única forma de impedir las revueltas y rebeliones en aquellas latitudes y el contrabando y los fraudes que sangraban la gran vena de riquezas que mantenía al Imperio. Al contrario que antes, ahora se exigía, para obtener la licencia de viaje, un fárrago de certificados de limpieza de sangre, de testimonios de estado civil y vecindad, y de fes de intenciones y declaraciones de actividades que, y a pesar de su complejidad, no frenaban a quienes, como Íñigo, eran conscientes de lo que podrían obtener a cambio. Se valió el mercader, como era usual en estos casos, de la influencia de su familia y del clientelismo adyacente para reunir sus testigos. Declararon entre otros, varios conocidos nuestros:

Testigo, Hernando Jayán, mercader vecino de esta Ciudad en la collación de Santa María, testigo presentado en esta razón juró en forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo desde puede haber ocho años poco más o menos el cual sabe este testigo que es mercader tratante en Indias porque del dicho tiempo al presente siempre le ha visto tratar en mucho género de mercaderías y que sabe este testigo que al presente tiene en esta Ciudad cargazón de mercaduría para Tierra Firme en mucha cantidad de mil ducados lo cual tiene cargado como parecerá por el registro, y que el dicho Íñigo para ir dice que registró por tal mercader y eso dijo y tiene al dicho Íñigo y ve que por eso es tenido y esta es la verdad por el juramento que hizo y firmó de su nombre. Hernando Jayán.

Melchor Sánchez, mercader vecino de esta Ciudad en la collación de San Bernabé, testigo presentado en esta razón juró según forma de derecho y siendo preguntado por las preguntas dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz puede haber más tiempo de quince años el cual sabe este testigo que es vecino de esta Ciudad y que es mercader tratante en Indias porque este testigo le ha visto de muchos días a esta parte tratar en Indias en mucha cantidad de mercadurías y por tal mercader es habido y tenido y que sabe este testigo que al presente tiene una cargazón de mercadurías con la cual dice que se quiere pasar a Las Indias a las provincias de Tierra Firme y el Perú, que esta es la verdad por el juramento que zizo y firmólo. Melchor Sánchez.

Testigo, Juan Sánchez Dalvo, vecino de esta ciudad, testigo presentado en esta razón juró según derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz puede haber cuatro años poco más o menos y que sabe este testigo que es mercader tratante en Indias y que al presente tiene hecha una cargazón para Indias para las provincias de Tierra Firme en la nao de Bautista Preve y que le parece a este testigo que valdrá más de mil y quinientos ducados y que este testigo ha oído decir al susodicho que quiere ir con las dicha mercaderías a las dicha Indias y que por tal mercader como al dicho este testigo tiene al dicho Íñigo Ortiz y que es habido y tenido y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo. Juan Sánchez.

Relación de las mercaderías que Íñigo Ortiz tiene registradas en esta Casa de la Contratación de las Indias de esta ciudad de Sevilla este presente año de mil y quinientos y cincuenta y cinco años en la nao nombrada Nuestra Señora del Rosario de que es maestre Baltasar de Jaén consignadas al dicho Íñigo Ortiz a su riesgo porque son suyas y son las siguientes:

Primeramente ocho barriles de jabón quintalenos.
mas un balón de papel
mas va en un cajón las cosas siguientes:
una pieza de colonia de treinta y dos varas.
mas catorce libras de seda de todas colores.
mas tres piezas de tafetán doblete que tiene ciento y diez y siete varas.
mas tres piezas de tafetán cencillo (sic) que tiene ciento y diez y nueve varas.
mas tres libras de cintas de seda de encordonar
mas cuatro libras de hilo portugués.
mas una libra de bolillos.
mas cien docenas de cintas del tudesco.
mas dos cajetas de peines.
mas una docena de escribanías.
mas seis docenas de cuchillos1.
mas cincuenta pares de borceguíes.
mas dos docenas de bonetes de grana.
mas dos docenas de gorras.
mas cuatro docenas de tijeras de barbero.
mas cuatro docenas de machetes.
mas dos libras de azafrán en dos botes.
mas tres libras de pimienta.
mas dos libras de clavos.
mas dos libras de canela.
mas dos libras de jenjibre.
mas dos libras de menjuí.
mas dos libras de almáciga.
Un manto de tafetán negro traído.
mas dos libras de estoraque.
mas veinte libras de hilo blanco y prieto.
mas dos libras de hilera delgada.
mas va en la dicha caja de atrás:
una camisola de terciopelo negro usada.
mas una saya de terciopelo negro usada.
mas un sombrero de terciopelo negro usado.
mas dos piezas de holanda.
mas dos docenas de pares de zapatos tapetados.
mas va en otra caja las cosas siguientes:
primeramente ciento y diez camisas de hombre labradas de blanco y negro.
mas una docena de camisas de mujer labradas de blanco y negro.
mas veinte y seis jubones de holanda.
y cincuenta y un fruteros de Ruán.
mas ciento y cincuenta pares de calcetas.
mas una pieza de tocas de lino que tiene treinta y nueve varas.
mas dos docenas de capillejos de seda.
mas otra docena de capillejos de hilo.
mas dos docenas de cofias blancas de lienzo.
mas catorce pañuelos de narices.
mas una pieza de mengalas.
Íñigo Ortiz. Fecha en Sevilla dentro de la Casa de la Contratación de las Indias a quince días del mes de agosto de mil y quinientos y cincuenta y cinco años.

1.- "Seis docenas de cuchillos". Decíamos que Íñigo Ortiz era perfectamente consciente de las ganancias que le esperaban. Ningún mercader aventuraba su dinero ni lo dejaba en manos del azar. El detalle de los cuchillos habla por sí solo; estos 72 podrían reportarle 1.080 pesos si la información que le había llegado por vía de su propio padre era cierta. Éste, Diego Ortiz de Juanguren, participaba con gran interés en las tertulias que don Rodrigo de Cieza organizaba en el patio de su casa comentando las Crónicas del Perú que su hermano había escrito (ver "Rodrigo de Cieza 1", entrada de noviembre de 2008). Todos los presentes en aquellas tranquilas tardes adivinaban que el acto de la lectura iba más allá del simple descifrado de los signos ortográficos, del natural reconocimiento de los vocablos, de la sencilla comprensión de las oraciones. Era su propio hermano, ya difunto, era su letra, y en aquellos renglones palpitaba su personalidad, formada entrañablemente emparejada junto a la suya en tierras extremeñas. El cura de Castilleja adivinaba y asumía, como si de sí mismo se tratase, en cada giro, en cada detalle estilista e incluso en las puras formas que el manejo del cálamo había plasmado en el recio papel las emociones, el pulso, el estado de ánimo de su querido Pedro, que creció con él en la añorada Llerena al cálido abrigo de sus amados padres, cuya tierna herencia parecía resucitar llena de vida en aquellos renglones. Uno de los párrafos en los que el "Rey de los cronistas" se refiere al precio de las cosas llamó de tal manera la atención de Diego Ortiz, cuyo hijo andaba ya en diligencias y trámites para viajar a Tierra Firme, que hizo que don Rodrigo se lo repitiera: "Cuando mataron a este que digo [Cristóbal de Ayala, muerto por los indios de las cumbres de la cordillera de los Andes] se vendieron sus bienes en la almoneda a precios muy excesivos, porque se vendió una puerca en mil seiscientos pesos, con otro cochino, y se vendían cochinos pequeños a quinientos, y una oveja de las del Perú en doscientos ochenta pesos; yo la ví pagar a un Andrés Gomez, vecino que es agora de Cartago, y la cobró Pedro Romero, vecino de Ancerma; y los mil y seiscientos pesos de la puerca y del cochino cobró el adelantado don Sebastián de Belalcázar de los bienes del mariscal don Jorge Robledo, que fué el que los mercó; y aun ví que la misma puerca se comió un día que se hizo un banquete, luego que llegamos a la ciudad de Cali con Vadillo; y Juan Pacheco, conquistador que agora está en España, mercó un cochino en doscientos y veinte y cinco pesos; y los cuchillos se vendían a quince pesos; a Jerónimo Luis Tejelo oí decir que cuando fué con el capitán Miguel Muñoz a la jornada que dicen de la Vieja mercó una almarada para hacer alpargates por treinta pesos, y aun yo he mercado unos alpargates en ocho pesos de oro." (Pedro de Cieza de León, La Crónica del Perú, capítulo XXVI. Colección Austral de Espasa Calpe, Argentina, 1945).

De esta manera, la obra de expolio colonizador que realizaban los comerciantes hallaba pie y sustento en el trabajo intelectual efectuado por cronistas que, como el hermano de Rodrigo de Cieza, acaso observaban y escribían sus obras con toda la inocencia del mundo, movidos por el puro afán de saber, por esa curiosidad innata que en el ser humano observó Aristóteles, pero cuyas referidas obras otros más avisados y egoístas sabían aprovechar en beneficio propio.
Volvamos a la transcripción de los trámites que Íñigo llevaba a cabo:

Vista la dicha información por los dichos Señores Jueces dijeron que daban licencia y dieron licencia al dicho Íñigo Ortiz para que pueda pasar y pase por tal mercader a las dicha provincias de Tierra Firme y el Perú con las dichas sus mercadurías por tiempo de tres años como Su Majestad manda y dando información no ser de los prohibidos.

En la ciudad de Sevilla sábado diez y siete días del mes de agosto de mil y quinientos y cincuenta y cinco años ante el Muy Noble Señor Alonso de Ilpes, Alcalde Ordinario de esta dicha ciudad por Su Majestad y en presencia de mí Alonso de Silva, escribano de Su Majestad y su notario público en la su Corte, Reinos y Señoríos pareció Íñigo Ortiz, vecino de esta ciudad y dijo que a su derecho conviene probar y averiguar cómo es natural de esta ciudad y que es cristiano viejo y de limpia generación y que no es hijo ni nieto de quemado ni de reconciliado ni de casta de moros ni de los nuevamente convertidos a nuestra Santa Fe y que él ni sus padres ni abuelos no fueron castigados ni penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición ni por vía femenina como masculina pide a Su Merced mande recibir la información que sobre ello presenta y los testigos que sobre ello presentare les mande examinar por el tenor de este su pedimento y lo que dijeren o depusieren escrito en limpio firmado del dicho Señor Alcalde y firmado y signado de mí el dicho escribano se lo mande dar en pública forma en manera que haga fe interpolando en ello su autoridad y decreto judicial para que valga y haga fe en juicio y fuera de él y pidió justicia.

Y luego el dicho Señor Alcalde dijo que mandaba y mandó al dicho Íñigo Ortiz que traiga y presente los testigos de que se entiende aprovechar y que está presto de los mandar recibir y hacer justicia.

Y luego el dicho Íñigo Ortiz trajo y presentó por testigos en la dicha razón a Luis de Figueroa, clérigo, y a Diego Quijada y a Melchor Sanchez y a Gaspar Sanchez, mercaderes vecinos de esta ciudad de los cuales y de cada uno de ellos fue tomado y recibido juramento por Dios y por Santa María en forma de derecho en virtud del cual prometieron decir verdad de lo que supiesen y les fuese preguntado en este caso en que son presentados por testigos y lo que dijeron y depusieron en sus dichos y deposiciones es esto que se sigue:

Testigo, Luis de Figueroa, clérigo presbítero vecino de esta ciudad en la collación de San Román, testigo presentado en esta razón, juró según forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz puede hacer diez y seis o diez y siete años, que es hombre mediano de cuerpo, moreno de rostro, tiene la nariz un poco gruesa donde acaba, la barba negra y poca, de edad de treinta años poco más o menos, y que este testigo sabe que el susodicho es cristiano viejo y de limpia generación e hijodalgo y que el dicho Íñigo Ortiz ni sus padres ni alguno de ellos no son judíos ni moros ni de casta de ellos ni lo fueron sus abuelos por vía femenina ni masculina y que otra cosa fuera o alguna cosa de lo susodicho les tocara o fueran castigados por el Santo Oficio este testigo lo viera y supiera o lo oyera decir por el mucho trato y conversación que con él y sus padres y parientes ha tenido y tiene y porque conoce a Diego Ortiz de Juanguren su padre y conoció a Anastasia Quijada su madre que es difunta y a muchos parientes suyos a los cuales no les toca cosa alguna de lo susodicho y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo y que es de edad de cincuenta años poco más o menos. Luis de Figueroa.

Testigo, Diego Quijada, vecino de esta ciudad en la collación de Santa María, testigo presentado en esta razón, juró según forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz puede haber más tiempo de veinte años el cual sabe este testigo que es natural de esta ciudad y vecino y casado en ella y sabe que no es hijo ni nieto de quemado ni de reconciliado ni de casta ni de moros por vía femenina ni masculina ni él ni sus padres ni abuelos no fueron ni han sido castigados ni penitenciados por el Santo Oficio antes es hijodalgo notorio y por tal tenido y habido que como a tal se tiene por el ... de pagar los ¿precios? en monedas foreras y por tal hijodalgo es tenido y que si otra cosa fuera este testigo lo viera y supiera y hubiera oído decir por el mucho trato y conversación que con él ha tenido del dicho tiempo a esta parte y porque conoce a Diego Ortiz de Juanguren su padre y conoció a Anastasia Quijada su madre y que conoce a muchos parientes suyos los cuales son tenidos por tales personas como al dicho y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo de su nombre y que es de edad de treinta y ocho años poco más o menos.

Testigo, Melchor Sánchez, vecino de esta ciudad en la collación de San Bartolomé, testigo presentado en esta razón juró según forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz ha más tiempo de quince años el cual sabe este testigo que es natural de esta ciudad y que no es hijo ni nieto de quemado ni de reconciliado ni de casta de moros ni judíos ni castigados ni penitenciados por el Santo Oficio ni de los nuevamente convertidos, antes hijodalgo, y que si otra cosa fuera este testigo lo supiera y no pudiera ser menos por el mucho trato y conversación que con el dicho Íñigo Ortiz y sus padres y parientes ha tenido y tiene de mucho tiempo a esta parte porque conoce a Diego Ortiz de Juanguren su padre y conoció a Anastasia Quijada su madre, vecinos de esta ciudad los cuales son tales personas como dicho tiene y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo y que es de edad de cuarenta y cinco años poco más o menos.

Testigo, Gaspar Sanchez, vecino de esta ciudad en la collación de San Bartolomé, testigo presentado en esta razón, juró según forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz de diez y seis años poco más o menos el cual sabe este testigo que es natural de esta ciudad y vecino de ella y sabe asimismo que es cristiano viejo y de limpia generación y que no es hijo ni nieto de quemado ni de reconciliado ni de casta de moros ni de los nuevamente convertidos a nuestra santa fe por vía femenina ni masculina y que si lo fuera este testigo lo supiera y no pudiera ser menos por el mucho trato y conversación que con él ha tenido del dicho tiempo a esta parte y que conoce a Diego Ortiz de Juanguren su padre y conoció a Anastasia Quijada su madre y que es difunta y a muchos parientes suyos a los cuales no les toca cosa alguna de lo susodicho y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo y que es de edad de más de cuarenta y ocho años.

Y visto por el dicho Señor Alcalde la dicha información dijo que a él le consta que el dicho Íñigo Ortiz es tal persona como en la dicha información se contiene y que interponía e interpuso en ella su autoridad y decreto judicial para que valga y haga fe en juicio y fuera de él y que mandaba y mandó a mí el dicho escribano le dé un traslado autorizado al dicho Íñigo Ortiz para que lo presente donde vea que le conviene y lo firmó de lo cual que dicho es según que ante mí el dicho escribano pasó y por lo susodicho pareció a que me refiero de pedimento del dicho Íñigo Ortiz y por mando del dicho Señor Alcalde dí el presente testimonio firmado del dicho Señor Alcalde y firmado y signado de mi firma y signo que es hecho en la dicha ciudad de Sevilla los dichos días, mes y año susodichos. Alonso de Salvatierra. Alonso de Yepes.

Vista la dicha información por los dichos Señores Jueces en Sevilla a veinte días del mes de agosto de mil y quinientos y cincuenta y cinco años dijeron que daban y dieron licencia al dicho Íñigo Ortiz para que pueda pasar y pase a las dichas Indias a las provincias de Tierra Firme y el Perú con las dichas sus mercaderías por el dicho tiempo de tres años conforme a la cédula de Su Majestad con la cual le ponga la edad y ... del susodicho.

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