sábado, 26 de marzo de 2011

Los Juanguren y el espadero 13

Estamos en la tarde del martes 29 de octubre, otra vez en el hogar de Diego Ortiz de Juanguren y de nuevo con Hernando Jayán y Juan Vizcaíno, y vamos a oir lo que dijo el primero de los testigos del viejo hidalgo:

Testigo, Luis de Casana, vecino de Sevilla y morador en esta Villa. Dijo que conoce al Señor Diego Ortiz y sabe que es Alcalde Ordinario; dijo que este testigo salió anoche a las ocho horas de la noche, poco más o menos, de las casas de su morada que son en esta dicha Villa, y cuando salió a la calle vió cómo estaba en la calle el dicho Juan Martín Haldón y el dicho Señor Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y el dicho Señor Alcalde quería llevar a la Cárcel al dicho Juan Martín Haldón, y el dicho Juan Martín Haldón se defendía del dicho Señor Alcalde y no se dejaba prender, y estaba sentado en el suelo, y este testigo dijo al Señor Alcalde que se reportase, que sin nada de aquello él se lo llevaría a la Cárcel, y luego el dicho Señor Alcalde lo dejó, y este testigo ayudó a levantar al dicho Juan Haldón, y levantado tornó a hacer fieros y a no querer ir a la Cárcel, y luego el dicho Señor Alcalde dió un rempujón al dicho Juan Haldón para que se fuese hacia la Cárcel, y como le dió el dicho rempujón, el dicho Juan Haldón arremetió contra el dicho Señor Alcalde y le asió de las barbas y le dió dos o tres mojicones con el puño en la cara, y de los mojicones anduvieron entrambos al puñete, asidos el uno de las barbas del otro y el otro de las barbas del otro, hasta que entrambos cayeron al suelo, y a la barahúnda acudió gente, y llevaron a la Cárcel al dicho Juan Martín Haldón; fuéle preguntado que porqué lo llevaba a la Cárcel el dicho Señor Alcalde al dicho Juan Haldón, dijo que ha oído decir este testigo que lo llevaba a la Cárcel porque estaba borracho, y porque dicen que deshonraba a Juan de Vega, vecino de esta Villa, y que no sabe otra cosa; fuéle preguntado que si sabe que el dicho Juan Haldón haya hecho otros desacatos contra la Justicia, u otros delitos, dijo que no sabe, mas que ha oído decir por esta Villa a muchas personas que es un hombre incorregible, y que esta es la verdad por el juramento que hecho tiene.

Ha aquí lo que manifestó el segundo, dicho Juan de Vega, al cual ya conocemos:

Testigo, Juan de Vega, trabajador. Conoce a Diego Ortiz y sabe que es Alcalde Ordinario; dijo que estando el lunes por la noche a su puerta, oyó ruido en la calle abajo hacia la casa del dicho Juan Haldón, y este testigo conoció en la habla al dicho Señor Alcalde y al dicho Juan Haldón, y como los oyó fuése la calle abajo adonde sonaban, y cuando allegó este testigo adonde estaban vió cómo el dicho Señor Alcalde llevaba a la Cárcel al dicho Juan Martín Haldón, y este testigo rogó al dicho Señor Alcalde que no lo llevase a la Cárcel, porque no perdiese hoy martes de ir a chiflar y tomar zorzales, y el dicho Señor Alcalde lo dejó, y dijo a este testigo que llevase al dicho Juan Martín Haldón a su casa, y este testigo lo llevó a su casa y lo metió dentro de su casa, y entonces empezó a decir el dicho Juan Martín Haldón a este testigo: "Vos, Don Puerco y el Alcalde, entrad acá a beber", y este testigo, por su importunación, entró en la casa del dicho Juan Haldón y bebieron un poco de vino, y luego el dicho Juan Haldón se tornó a la puerta, y este testigo le dijo que no saliese de casa, que lo llevaría a la Cárcel el dicho Señor Alcalde, y como no quiso estar en la casa el dicho Juan Haldón, este testigo fue a la Plaza, adonde estaba el dicho Señor Alcalde, y le dijo que no quería estar en la casa el dicho Juan Haldón, que lo llevase a la Cárcel hasta la mañana, y luego el dicho Señor Alcalde fue a la puerta del dicho Juan Martín Haldón, y lo echó a su puerta de casa fuera en la plazeta, y lo tomó y lo llevó a la Cárcel, y ya que allegaban junto a la puerta de la de Casana, el dicho Juan Haldón hizo parada y dijo que no quería ir a la Cárcel, y este testigo y el dicho Alcalde y otras personas tuvieron al dicho Juan Haldón, y teniéndolo asido se quiso huir y por huir cayó en un lodo, y lo tornaron a tomar y esto mandólo el dicho Señor Alcalde, que echó mano por los cabezones al dicho Juan Haldón, y el dicho Juan Haldón no quería ir preso, y como no quería ir preso, el dicho Señor Alcalde le comenzó a dar de puñetazos, y el dicho Juan Haldón por el consiguiente comenzó de dar de puñadas en la cara al dicho Señor Alcalde, y así se dieron de puñadas el uno al otro y el otro al otro, y luego se asieron de las barbas el uno al otro y el otro al otro, y así favorecieron al dicho Señor Alcalde y trajeron a la Cárcel al dicho Juan Haldón, y que no sabe otra cosa; fuéle preguntado que porqué llevaba a la Cárcel el dicho Señor Alcalde al dicho Juan Haldón, dijo que porque decía el dicho Señor Alcalde que estaba borracho y porque no hiciese algunos desatinos, y así le pareció a este testigo que estaba destinado el dicho Juan Martín Haldón, y por eso dijo al dicho Señor Alcalde que lo llevase a la Cárcel, porque no hiciese algún mal recaudo aquella noche, y que no sabe otra cosa; fuéle preguntado que si sabe que el dicho Juan Haldón haya hecho y cometido algunos delitos en esta Villa, dijo que es público y notorio en esta Villa y en los lugares comarcanos que el dicho Juan Martín Haldón es y ha sido un hombre incorregible y revoltoso, y este testigo, siendo Alcalde Ordinario de esta Villa, lo tuvo preso tres o cuatro veces, porque lo hallaba en las calles desde que se embeodaba, haciendo travesuras, y que ha sido público y notorio en esta Villa que, puede haber tres años poco más o menos tiempo, que el dicho Juan Martín Haldón tomó dos pollos a un muchacho en los callejones de Albarjáñez, por fuerza y contra la voluntad del dicho muchacho, y que oyó decir que era el muchacho de un carpintero, y que no sabe otra cosa, y esta es la verdad. No firmó.

El tercer testigo:

Testigo, Francisco de Aguilar, trabajador. Conoce al dicho Juan Martín Haldón, que está preso, de más de quince años; fuéle preguntado que qué delitos ha visto que ha hecho el dicho Juan Martín Haldón que está preso, de cuatro años a esta parte, dijo que puede haber tres años poco más o menos que, yendo este testigo en compañía de Diego Verde y de Juan de Vega y otros vecinos de esta Villa, a ver un toro a Salteras, en el callejón de Albarjáñez toparon un muchacho que estaba llorando, y este testigo y los que iban con él preguntaron al dicho muchacho que porqué lloraba, y dijo que porque un hombre le había tomado dos pollos que traía, y se había metido en las viñas con ellos, y luego vio este testigo cómo entró en las dichas viñas Leonis Bravo, vecino de esta Villa, y halló al dicho Juan Martín Haldón en una viña, y dió voces diciendo: "acá, acá", y este testigo y sus compañeros acudieron donde estaba el dicho Leonis Bravo, y cuando allegaron vieron salir de una mata al dicho Juan Martín Haldón, y vió cómo estaban en la dicha mata dos pollos piando, y luego vino el dicho muchacho que estaba llorando y conoció los dichos pollos, y dijo que eran aquellos los que le había tomado el dicho hombre, y luego como vió al dicho Juan Martín Haldón el dicho muchacho dijo que aquel hombre era el que le había tomado los dichos pollos, y el dicho Juan Haldón conoció que era verdad que él le había tomado los dichos pollos al dicho muchacho, y que esta es la verdad y que no sabe que haya hecho otros hurtos ni delitos, mas que le ha visto al dicho Juan Martín Haldón andar por esta Villa fuera de seso, de beber vino muchas veces, y cuando anda fuera de seso anda haciendo desatinos como borracho, diciendo palabras de hombre borracho, y que no sabe otra cosa ni ha visto que haya hecho otros delitos, y lo firmó de su nombre, y dijo que es de edad de cuarenta años.

Siguen las explicaciones del cuarto:

Testigo, Alonso de Trujillo, vecino de Sevilla y morador en esta Villa. Conoce a Juan Martín Haldón de más de veinte años. Fuéle preguntado lo mismo, dijo que le había visto tener del dicho tiempo a esta parte pendencias con muchas personas que al presente no se acuerda de sus nombres, porque son tantas que no hay cuenta, porque este testigo lo ha visto andar desatinado y fuera de seso como hombre borracho, y que es público y notorio que el dicho Juan Martín Haldón es un hombre incorregible, y por tal es público y notorio que el dicho Juan Martín Haldón está desterrado de la Villa de Gines y de Valencina, por ser como es incorregible, y esta es la verdad. Firmó, y que es de edad de más de setenta años.

El quinto testigo, que es el luso homosexual criado del querellante:

Testigo, Alonso de Mendoza, portugués estante en esta Villa. Conoce al dicho Señor Alcalde y sabe que lo es porque lo ha visto y ve usar su oficio de Alcalde Ordinario, y lo que sabe es que estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado a buen rato de la noche, oyó voces y barahúnda la calle arriba hacia casa de doña Isabel Cataño, y este testigo fue adonde sonaban las voces, y cuando allegó vió cómo estaba echado y caído en el suelo el dicho Juan Haldón que está preso, y como allegó, el dicho Señor Alcalde que estaba allí mandó a este testigo que echase mano al dicho Juan Haldón, para lo llevar a la Cárcel, y luego se levantó el dicho Juan Haldón y desde a un poco vió cómo el dicho Señor Alcalde estaba con la vara de justicia quebrada, y no vió este testigo quién se la quebró porque se allegó a la barahúnda mucha gente, y vió cómo estaba el dicho Señor Alcalde sin gorra ni capa, y desde a un poco vió este testigo cómo el dicho Juan Haldón dió al dicho Señor Alcalde una o dos puñadas en las narices y boca, y el dicho Señor Alcalde echó mano de las barbas al dicho Juan Martín Haldón después que le había dado las puñadas, y luego vió cómo lo llevaron al dicho Juan Haldón a la Cárcel, y luego este testigo se vino y salió de la Cárcel, y no vió ni supo otra cosa, y esta es la verdad; fuéle preguntado que si el dicho Juan Haldón fué desacatado contra el dicho Señor Alcalde, dijo que sí fué, y lo que tiene dicho; y siendo preguntado por lo contenido en la querella contra el dicho Alcalde Ordinario dada por la dicha Catalina Hernández, mujer del dicho Juan Martín Haldón que está preso, dijo que además de lo que tiene dicho, se acuerda que estando en la Cárcel el dicho Señor Alcalde decía que le diesen una soga y un clavo, que sin verdugo había de ahorcar al dicho Juan Haldón, y que no sabe ni vió otra cosa más de lo que tiene dicho. Firmó de su nombre.

Y el último, que reseñó:

Testigo, Francisco Fuerte. Dijo que este testigo no sabe ni vió los desacatos que hizo y dijo el dicho Juan Haldón al dicho Señor Alcalde; fuéle preguntado que qué delitos sabe que ha hecho el dicho Juan Martín Haldón, y desacatos contra la Justicia y otras personas, dijo que ha visto y vé cómo el dicho Juan Martín Haldón muchas veces anda por esta Villa desatinado, y es público y notorio que es hombre incorregible y de mala desistión (sic), y que puede haber tres años poco más o menos tiempo que, yendo este testigo en compañía de Diego Verde y de Francisco de Aguilar y de otras muchas personas a Salteras a ver un toro, toparon en el callejón de Albarjáñez un mozuelo que venía llorando, y este testigo y sus compañeros preguntaron al dicho mozo que porqué lloraba, y el dicho mozo dijo que porque un hombre que no sabía quién era le había tomado en el camino dos pollos que traía, y luego desde a un poco este testigo y sus compañeros entraron en la viña de Cosme Farfán, que se dice La Alberquilla, y hallaron al dicho Juan Haldón escondido con los dichos dos pollos, y luego vino el dicho mozo y le dieron los dichos pollos y se los tomaron al dicho Juan Haldón, y este testigo no conoció al dicho mozo, y que no sabe otra cosa, y esta es la verdad. No firmó.

El episodio del niño con los dos pollos amerita un párrafo aparte. Ya sabemos de la mórbida atracción que muchos castillejanos sentían —y, desgraciadamente, sienten— por la barbarie sangrienta del sacrificio de un animal tan magnífico como es el toro ibérico. A satisfacer este bajo instinto marchaba el "numeroso grupo" a Salteras, donde debía celebrarse uno de estos deleznables actos. Por el camino de Albarjáñez salían al cordel de los Carboneros, cuando encontraron al chico roto en llanto.
Diez minutos antes, Juan Martín Haldón había pasado por el mismo camino que los patológicos "taurófilos", y lo que vio al encontrarse con el hijo del carpintero, lo indignante de la escena, le produjo una fuerte desazón. Cierto y verdad que, —en plena formación de la consciencia el niño—, el pajarero adivinó que no ponderaba lo que hacía, pero Juan Haldón consideró que la ocasión se prestaba a darle una lección, como a él mismo en otro tiempo otros hombres ya pasados le habían dado.
Ocurría que el chiquillo, o bien por comodidad, o por esa característica de la niñez que da en experimentar con todo aun a pesar de infrigir un sufrimiento innecesario, llevaba los dos pollos atados por las patas, boca abajo tal y como se los habían entregado en Albarjañez mas, en parte debido a su corta estatura, los indefensos animales habían tenido que ir haciendo esfuerzos por no arrastrar las cabezas por el pedregoso y polvoriento carril, y aun así sus cuellos y buches al poco de la andadura ya no sólo habían perdido casi todas las plumas sino que sangraban ostensiblemente y, agotados cuando Haldón los avistó, estaban tan desfallecidos que, ojos, picos y crestas enterragados, se habían entregado al tormento de una muerte cierta.
Juan Haldón no pronunció ni una palabra. Su método de pedagogía en aquella circunstancia estribó en impresionar con fuerza al educando, en producirle una marca emocional que no olvidase nunca, lo que con razonamientos y palabras intuyó que no se produciría. Así que, dando un salto le arrebató de un tirón las dos moribundas aves, saltó agilmente el ribazo con ellas y emprendió una carrera desenfrenada hacia una viña próxima donde, con la intención de asustar al niño durante un momento, se ocultó. Tras unas vides, a la sombra, reconfortó a los pollos con un chorro de agua de su calabaza, mientras observaba el camino a la espera de la reacción del muchacho. Entonces oyó voces que se acercaban y reconoció al castillejano Leonis Bravo en un energúmeno gesticulante que, señalando hacia él, lo acusaba desde la cerca.
Por equívocos de este jaez en Gines y Valencina tuvo problemas parecidos, pero los testigos, claramente inclinados a favorecer al hacendado Juanguren, ofrecieron al escribano las caras más negativas de aquellos acontecimientos. En este año del episodio de los pollos, 1552, uno de los testigos de Juanguren, Francisco de Aguilar (ver supra) que marchaba al evento taurino de Salteras también, protagonizó un percance con la viuda Juana Hernández con el agravante de ostentar la alcaldía de la Santa Hermandad, y en la ocasión, el 21 de abril del expresado año, testimonió Juan Martín Haldón a favor de Juana:

Testigo, Juan Martin Haldón el mozo, que dijo que estando sentado a la puerta de la casa de Alonso Gil vio ir a Francisco Aguilar calle arriba hacia la casa de Juana Hernandez, y estando ella a la puerta le dijo: "¿vos queréis ser bien criada?", y ella dijo: "sí soy, y porque sois Alcalde de la Hermandad no habéis de dar a mi hijo, que me lo tenéis muerto", y luego Francisco de Aguilar dio un rempujón a ella diciéndole que se metiera en su casa, y luego comenzó a andar calle abajo, y asomó Juana Hernandez y le dijo que porque era Alcalde de la Hermandad hacía aquello, y Francisco Aguilar volvió hacia ella y le dijo que no volviese a decir aquellas palabras, si no, que juraba a Dios que la tomaría por los cabellos y la arrastraría; y que antes le había dicho Francisco Aguilar que debiera estar borracha desconcertada. No firmó. (Los esclavos 75o, noviembre de 2009).

Parece que Francisco de Aguilar no olvidó aquella declaración.

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Notas varias, 3i.

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