martes, 1 de marzo de 2011

Los Juanguren y el espadero 5

Desde al menos el siglo XIV, cuando el 7 de abril de 1330 se redactaron las Ordenanzas del vino por el Concejo de Sevilla, estaban fijadas las condiciones para "meter vino en la ciudad"; en uno de sus apartados se dice:

Primeramente, por razon que en este anno en que estamos son puestos fieles para guarda del dicho vino, e del su tienpo les finca por seruir muy poco tiempo, mandamos e tenemos por bien que en este tienpo que finca de los fieles que vos los jurados que pongades el mejor recabdo e guarda que pudieredes poner, asi en vuestras collaçiones conmo en las puertas de la villa, e de fuera en el camino, porque se pueda mejor guardar de cada dia, asi que non entre vino en Seuilla sinon de los vezinos que tienen sus casas pobladas, con sus cuerpos, e con sus mugeres, e con sus fijos, continuadamente todo el anno. E el tienpo de estos fieles conplido, que la guarda e la fialdat del vino que la ayades vos los jurados con los vezinos de vuestras collaçiones, e que la guarda que sea en esta manera: que el vezino de Sseuilla que ouiere de meter vino de las sierras e del Axarafe, o de otro logar que aya de meter, que el vezino que lo ouiere de meter que tome aluala de los jurados de la collaçion donde fuere vezino, jurando sobre santos Euangelios quel vino que quiere meter en Seuilla que es de sus vinnas, e quanto es; e que los jurados que le den aluala para los alcalles del pueblo donde quieren traer el vino, e para que los escriuanos publicos del logar que den fe, porque se sepa por verdat quanto es el vino, porque non traya mas de quanto deue; e si por auentura fuere fallado que metio mas vino en Seuilla, que pierda quanto vino metio, e si vendido lo ouiere que le prenden de sus bienes tanto quanto el vino valia, para dar a las guardas que los jurados con los otros vezinos que en este fecho pusieren, e para las cosas que su menester para este fecho; e demas, porque juro e fue contra el ordenamiento del conçejo, que non meta vino de las vinnas que ouiere en el termino. E los jurados e los omnes buenos de las collaçiones que fagan padrones de las alualaes que dieren por esta rrazon, e del vino que entrare, porque se sepa quanto es e onde se pone porque mejor se pueda guardar todo este fecho.
Otrosi, el vino de los vezinos que ouiere de entrar en Seuilla, conmo dicho es, que entre por la puerta de Triana, o por la puerta de la Macarena, o de Carmona, e si por otra puerta entrare que lo pierda, saluo si los porteros de las otras puertas por do non deue entrar el vino lo encubriesen por cometer, que pechen quanto vale el vino.
Otrosi, que los tauerneros e tauerneras del castillo de Triana, e de la puebla deste dicho logar, e de los bodegones, e de los otros logares terminos de Seuilla, que non vendan vino de la sierra nin del Axarafe nin de otros logares,saluo de lo que conpraren de los vezinos e moradores de Seuilla, que han de su cogecha; e si otro vino conpraren, o lo vendieren, e les fuere prouado, que lo pierdan o la valia dello si vendido fuere.
Otrosi, la vua que entra en cargas de Sanlucar la Manyor, e de Sanlucar de Albayda, e de Estercolinas (Olivares), e de sennorios de ordenes, e de otros muchos logares del Axarafe de cada anno, porque nos los vezinos e moradores de Seuilla rresçebimos muny gran danno, que se non meta en Seuilla, saluo de los vezinos de Seuilla que moran y continuadamente, e de derecho lo deuen meter; e si por auentura lo metieren, non guardando esto, que pierdan la vua que metieren e de mas que se paren a la merçed del conçejo.
Otrosi, si alguno troxiere panpanos de las vinnas para vender que por esto, porque fazen en ello gran danno e desrraygamiento, que el que lo fiziere que lo echen en la carçel por pena e escarmiento del, e que le den çinquenta açotes; e que ninguna regatera non sea osada de los conprar para rreuender, e si los conprare e le fuere prouado, que aya essa mesma pena.
(Un testimonio sobre el robo de sarmientos: Don Juan Perez de las Roelas, vecino de Sevilla, otorga poder a su casero y capataz Francisco Sanchez, para demandar a quienes hubieren entrado o entraren en las viñas y hacienda que tiene en esta Villa de Castilleja de la cuesta o en otros lugares para hurtarle uvas, cepas, sarmientos u otras cualesquiera cosa que le hurtaren, o cuantos delitos contra él se cometieren o hayan cometido, por daños o quebrantos en las viñas, para que aprese a y cobre de los autores, y para pleitos, probanzas, etc. Domingo 29 de octubre de 1559.
El problema del robo de cepas siguió vigente en nuestra Villa al menos hasta el siglo XIX, cuando constan las últimas denuncias.)

De forma que, cuando los guardas de la puerta de Triana, con los malos modos de que hacían gala, prohibieron un buen día del otoño de 1540 a los carreteros de Diego Ortiz de Juanguren adentrarse en la ciudad con sus cargas de mosto, alegando que no constaba en el último padrón de vecinos de la ciudad, el viejo hidalgo montó en cólera maldiciendo los tiempos modernos en los que no se respetaba ya nada.
Pero, siendo como era una magna pérdida en dinero, lo que le dolía más profundamente era la desconsideración que, por parte de aquellos "modernos" del Concejo hispalense, semejante atropello a su linaje significaba. Si no reaccionaba con energía, perdería todos los privilegios que la hidalguía heredada de sus ancestros conllevaba, y pasaría a la crónica familiar como el torpe dilapidador de la fama y alcurnia de los Juanguren, además de convertirse en el hazmerreír de la región entera. Por eso no tardó en, consultando prestigiosos asesores, contraatacar en debida forma:

En la ciudad de Sevilla, a viernes 21 de enero de 1541, en el Cabildo fue presentado y leído un escrito de Relación y Parecer, firmado de los Señores el Licenciado Arias, Teniente de Alcalde Mayor, y García Tello, Veinticuatro, y Gonzalo de Molina, Jurado, como Diputados por virtud de la comisión que la Ciudad les dió sobre una petición que fue presentada por parte de Diego Ortiz de Juanguren y de Pedro Ortiz su hermano, su tenor de la cual y de la dicha Comisión y Parecer es este que se sigue:

Muy Ilustres Señores: Diego Ortiz de Juanguren y Pedro Ortiz decimos que nosotros tenemos nuestras heredades de viñas en el término de Castilleja de la Cuesta, y de un tiempo a esta parte habemos metido nuestros vinos en esta ciudad porque los Fieles del vino nos han dado afueros y licencias para meterlos, y ahora que los pedimos a los que son Fieles ahora, no nos lo quieren dar, diciendo que no residimos en esta ciudad, y que no residimos porque tenemos nuestras casas y asientos en Castilleja de la Cuesta no tiene razón de tenerlos, porque nosotros somos vecinos originarios de esta ciudad, y si es causa que no pagamos la blanca de la imposición de la carne, nosotros no la debemos, porque somos hijosdalgo, porque somos hijos de Pedro Ortiz de Juanguren, que fue hombre hijodalgo y por tal está declarado y mandado guardar las libertades que se guardan a los hombres hijosdalgo. Suplicamos a Vuestra Señoría que mande y provea que los Fieles del vino nos den nuestros afueros para meter nuetros vinos en esta ciudad, y en mandarlo proveer así nos hará merced.

En la ciudad de Sevilla, miércoles 15 de diciembre de 1540, en el Cabildo, fue presentada y leída esta petición, la cual, vista por la ciudad y por el Señor Licenciado Alonso de Soto Calderón, Teniente de Asistente, fue acordado que los Señores el Licenciado Arias, y Francisco del Alcázar y García Tello, Veinticuatros, y Gonzalo de Molina, Jurado, Diputados de la blanca de la imposición de la carne, vean esta petición y averigüen la verdad de lo que pasa acerca de lo en ella contenido, y hagan relación a la Ciudad con su parecer, para que, visto, se provea. Gonzalo de Baeza, escribano.

Los Diputados dan su parecer, diciendo que los hermanos Diego y Pedro Ortiz son vecinos originarios de Sevilla, y siempre, por ello, se les ha dado sus afueros libremente para meter sus vinos en esta ciudad, y que no encuentras causas para que no se les den, y que Su Señoría debe mandar que se los den como a los demás vecinos de la ciudad.
Lo cual, visto por el Teniente de Asistente Soto, mandó que se cumpla lo en él contenido, y que los Señores Fieles Diputados del vino les den sus afueros, pagando lo que deben de la blanca de la imposición del tiempo que no han residido en esta ciudad, sino en Castilleja de la Cuesta y otros lugares de la Tierra.

Pero hacerles pagar la blanca de la carne, aunque fuera solamente durante el tiempo vivido en Castilleja, era tanto como considerarlos plebeyos por otra vía. No iban a darles la razón a aquellos burócratas envidiosos, algo a lo que los Juanguren no estaban dispuestos de ninguna de las maneras. Y es que en Sevilla las carnicerías no discriminaban entre plebeyos y nobles, o dicho de otra forma, no había diferencia en tales establecimientos al respecto, al contrario que en otras ciudades, donde existían carnicerías para clientes específicamente hidalgos, concebidas porque los nobles poseían el privilegio de no pagar el impuesto de la sisa, que consistía en una blanca por cada libra de carne adquirida.
En la capital andaluza se optó porque todo el mundo, sin distinción alguna, pagara dicha blanca al comprar productos cárnicos, y posteriormente, los hidalgos que así lo solicitaban para hacer prevalecer sus derechos, reclamaban ese impuesto. Cuando desde el Concejo se aceptaban sus reclamaciones y se les devolvía el total pagado, según recibos de compras que solicitaban a los carniceros, obtenían, mas que la irrisoria cantidad de moneda menuda, el reconocimiento de sus privilegios como tales hidalgos.


En Sevilla, el lunes 24 de enero de 1541, en el Cabildo, fue presentada por Diego Ortiz de Juanguren y Pedro Ortiz una Carta y Provisión de la Ciudad, dada en su favor sobre su exención y libertad, hecha en 1º de agosto de 1485, la cual se llevaron en su poder originalmente, y quedó un traslado de ella en los Libros del Cabildo, junto con una petición que los susodichos sobre esto dieron, su tenor de la cual es este que se sigue:

Muy Ilustres Señores: Diego Ortiz de Juanguren y Pedro Ortiz, hijos de Pedro Ortiz de Juanguren, vecinos de esta ciudad, besamos las manos de Vuestra Señoría, y decimos que Vuestra Señoría, por otra petición que dimos, nos manda dar nuestros afueros para meter nuestros vinos que tenemos en Castilleja de la Cuesta, porque a Vuestra Señoría constó ser vecinos originarios de esta ciudad, con que pagásemos la blanca de la imposición de la carne del tiempo que no residimos, lo cual es en nuestro perjuicio porque nosotros no la debemos pagar, por ser hombres hijosdalgo de solar conocido, como a Vuestra Señoría constará por esta Escritura de Privilegio de que hago presentación, el cual le fue guardado al dicho nuestro padre, cuyos hijos legítimos somos, y no menos se nos debe guardar a nosotros. Suplicamos a Vuestra Señoría que libremente nos mande dar nuestros afueros, porque los dichos vinos se nos pierden, y nos mande guardar nuestra hidalguía y libertades y exenciones que tenemos, y si necesario es daremos información bastante de la dicha hidalguía, y fianzas en el entretanto bastantes para estar a justicia, y pagar lo juzgado en cuanto la dicha imposición si la debiéramos pagar, en lo cual Vuestra Señoría hará justicia y a nosotros bien y merced.

Lo cual, visto por la Ciudad y por el Señor Teniente Calderón, fue acordado mandar que se les de su afuero libremente a Diego y Pedro Ortiz, y que los Señores Fieles del vino que les despachen luego sin poner impedimento alguno. De lo cual dió traslado y testimonio en dicho día, mes y año el escribano Gonzalo de Baeza.

Muy Ilustres Señores: Diego Ortiz de Juanguren, digo que soy hijodalgo notorio y de solar conocido, y Vuestra Merced mandó guardar a mi padre, Pedro Ortiz de Juanguren, sus exenciones y libertades, y mandó poner la fe de todo ello en el Libro del Cabildo, y demás de eso, por el año pasado de 1541 años, Vuestra Merced mandó que no se cobrasen de mí la blanca de la imposición del tiempo que había vivido fuera de esta ciudad, sino que el afuero de mis vinos se me diese libremente, por tenerlo por cosa notoria, como parece por este testimonio que presento, y porque yo ahora de dos años a esta parte he estado y residido en esta ciudad, pido y suplico a Vuestra Señoría que, como tal hijodalgo notorio, me mande volver la blanca de la imposición del dicho tiempo, según que a los otros hidalgos se suele y acostumbra volver, en lo cual de más de administrar justicia recibiré bien y merced.

De esta manera, Diego Ortiz de Juanguren no solo se niega a pagar dicho impuesto durante el tiempo vivido en Castilleja, como hemos visto, sino que, como hidalgo que es, exige que se le devuelva el pagado durante los dos años que —dice— ha vivido en Sevilla.

En la ciudad de Sevilla, miércoles 8 de julio de 1545, en el Cabildo de esta ciudad fue presentada la petición de esta otra parte, escrita, la cual, vista y leída por la dicha Ciudad y por el Muy Ilustre Señor el Marqués de Cortés, Mariscal de Navarra, Asistente en ella y en su Tierra por Sus Majestades, fue acordado que los Señores Diputados de la imposición, y el Procurador Mayor y Letrados de la ciudad, juntamente con Su Señoría, la vean, y la escritura que con ella va y todo lo demás que les pareciere, y se informen de todo y hagan relación a la Ciudad con su parecer de lo que sobre ello se debe hacer, para que, visto, la Ciudad lo vea y provea lo que convenga. Pedro de Pineda, Escribano Mayor.

No podemos saber el final del pleito, pero los folios conservados nos ofrecen una estampa detallada del asunto. En definitivas cuentas, por ellos ahora sabemos que Pedro Ortiz de Juanguren, padre de nuestro hacendado en Castilleja, residía en Sevilla al menos desde el 1º de agosto de 1485*, día en que obtuvo la Carta y Provisión de la Ciudad, dada en su favor sobre su exención y libertad, Carta que luego sus hijos Diego y Pedro exhibirían ante el Cabildo sevillano, "quedándose con el original".

* El año en que nació, en Medellín (Badajoz), Hernán Cortés.

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