viernes, 22 de abril de 2011

Los Juanguren y el espadero 18

En dos autorremisiones (Los Juanguren y el espadero 16 y 17), el profesor Juan Gil nos dirigió a su artículo "Marinos y mercaderes en Indias, 1499-1504" en el Anuario de Estudios Americanos nº 42 del año 1985; artículo que tiene la categoría de libro no sólo por su extensión, sino por la abundancia y densidad de sus informes. En él, consultado en la biblioteca de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos en Sevilla, hemos comprobado que las cartas que dicho profesor transcribe, dirigidas por Bastidas al trapero y a su hijo Antón, son las mismas que obran en el Archivo de Indias en el legajo del pleito del cual ya hemos hecho estracto.
En la primera de ellas, fechada el 14 de noviembre de 1505, con un "Muy virtuoso señor compadre" Bastidas da cuenta a Alonso —por entonces Mayordomo de Sevilla*— de que unas cartas escritas anteriormente no le pudieron llegar porque las naves que las traían sufrieron desperfectos en una tormenta y volvieron a puerto. Le notifica que se venden bien las arrobas de aceite, los tocinos, pescados, harina y vinos, que por no haberlo en las islas "mueren por ello", y le pide paciencia porque cree las pocas ganancias habidas van a tornarse en fructíferos negocios. Le dice que ha vendido una yegua overa por 164 pesos de oro, aunque al fiado en cuatro meses, y la "blanquita" por 90 pesos, porque habiendo cargado guijarros en La Gomera, la referida yegua, al pisarlos, se lastimó de una mano, amén de un ojo tuerto que ya traía. Y termina encomendándole que le envíe lo que mejor se vende: seda, terciopelo bueno, paños negros de contray y florete negro.
La segunda carta es del 4 de agosto. Empieza por excusarse por no haberle escrito antes, debido a que no había de qué, porque "las ganançias d´ellas acá son delgadas"; habiéndole por ello con anterioridad Alonso propuesto deshacer la compañía, le contesta que era lo mejor y que confíe en que, mientras, le seguirá enviando hasta el último maravedí de lo que obtuviere con los negocios.
La tercera es del 4 de octubre. Achaca las pocas ganancias con las mercancías que le envía Alonso a "estar esta tierra en poder de judíos". Han invertido en minas de oro y en su fundición, pero tampoco resulta productivo.
La cuarta, del 30 de diciembre de 1506, es la relación de un rosario de calamidades que el conquistador dice estar padeciendo: se han muerto muchos de sus deudores, así como "un cavallo e la burra grande que me enbiastes e avérseme perdido e ido al monte çiento e çincuenta cabeças de puercos e aver cabo de cuarenta e ocho ánimas de esclavos que conpré fiados en el almoneda de los del Rey, que hasta agora de muertos e huídos no me quedavan sino siete, que quinze días a se me huyeron a su tierra, por manera que me han venido buenos escaldones". Pone a los cuatro santos Evangelios por testigos de que dos yeguas que el trapero le envió, y que vendió fiadas, no las ha cobrado porque "me enbolbió el diablo con tranposos por codiçia de una d´ellas por más". Le promete reembolso de todo lo invertido, no por las amenazas que Alonso le hace, sino "por el mucho amor e amistad que entre nosotros a avido e avrá", y le asegura que irá antes contra sí mismo que contra él.
La quinta y última, de fecha 5 de septiembre de 1519 en La Española, va en contestación de una del hijo del trapero ya difunto, Antón Rodriguez Navarrete. Le suplica que le quiera perdonar, y dice que en todo caso actúe según lo razonable, (o sea, que si lo considera justo, recurra a la justicia), puesto que los argumentos que le ofrece, —reconoce—, ya no tienen ningún peso. Le promete que en octubre, un mes después de la redacción, le enviará la carta con su sobrino, y que si no le llega, que no lea ninguna carta posterior de él y haga que actúe la justicia; así, tiene siquiera el rasgo digno de aceptar sus propias responsabilidades y culpas.
En 1531 Antón Rodriguez presentó las cinco cartas en el proceso contra Bastidas, las cuales junto con otros papeles importantes de aquel negocio habían estado en poder del canónigo Gonzalo Ortiz de Juanguren desde el 11 de abril de 1514, cuando Juan Ortiz de Juanguren, poseedor de todos los documentos tocantes a tal asunto se las traspasó en nombre de los menores herederos de Alonso y a requerimiento del Alcalde de Sevilla.
No queda —pasando a otro tema— fehacientemente demostrado con la única prueba que aporta el profesor Gil, la transcripción de una petición al Cabildo sevillano el 3 de octubre de 1485, que Alonso Rodriguez fuera natural de Baeza como asegura en "Los conversos", aunque sí que no lo era de Sevilla:

Nobles e virtuosos señores, Luis de Haro e Alonso Rodriguez e Juan de la Maestra e Alfonso de Herrera e Alonso Pinto e Gonçalo Núñez, traperos estantes en esta çibdad, con la devida reverençia nos encomendamos en vuestra merçed, la cual sepa que nos estamos en esta çibdad vendiendo paños, algunos por nuestros padre e algunos por nuestros señores, que son vezinos de la çibdad de Baeça, e nos en esta çibdad no tenemos casas ni asiento salvo las tiendas donde vendemos nuestros paños e ende dormimos por guardallos; e nuestros padre e señores, cuyos fazedores nosotros somos, en la dicha çibdad de Baeça, donde son vezinos, pechan e sirven así en las faziendas que allí tienen como por la que acá enbían, segund paresçe por estas escripturas públicas que presentamos; e porque pechando e sirviendo allá acá indevidamente, no siendo nosotros vezinos ni teniendo casas pobladas, antes siendo estranjeros que traemos cosas de proveimiento para la república, los jurados del barrio de Francos indevidamente nos fazen pechar y nos toman lo que tenemos e nos lo venden para pagar lo que ellos quieren saber de pecho, no deviendo pagar pecho alguno, así que indevidamente somos fatigados e tomado lo nuestro; e poque a vuestra merçed pertenesçe en semejante caso prover, umillmente le suplicamos que sobre ello nos provea de remedio de justiçia, mandando que, pues no somos obligados a pagar cosa alguna, no nos sea pedido pecho e lo que nos han llevado indevidamente nos sea restituido: e en esto vuestra merçed administrará justiçia e nos fará grand bien e merçed, el estado de la cual Nuestro Señor prospere a su santo serviçio.

Aunque luego se le nombra como "Alonso Rodriguez de Baeça". Sin casa propia este año, pronto prosperó convirtiéndose en un pudiente mercader de paños y vestimentas de lujo, hasta el punto que en 1505 tuvo capacidad económica para arrendar el mayordomazgo de Sevilla. Además en la primera expedición de Bastidas en 1500 invirtió como armador "encandilado con el Descubrimiento" 50.000 maravedíes. Fallecida la Reina Isabel**, el 16 de mayo de 1505 recibió 46.202 maravedíes por ocho lobas*** de luto para ocho miembros del Cabildo, y 5.805 maravedíes por 51 varas y media de terciopelo negro, con la misma finalidad. Un año después, por la defunción de don Felipe****, entregó a regidores y oficiales hispalenses 95 lobas de sus almacenes, que le reportaron 101.000 maravedíes.
A raíz de este arrendamiento del mayordomazgo aparece el entronque mercantil con los Juanguren, aunque ya había formado familia con Beatriz; entonces, dos de sus cuñados salen de fiadores: el Jurado Rodrigo Ortiz con medio millón de maravedíes y su hermano Luis Ortiz con 300.000. Además de los dichos, lo avalan Hernando Perez Melgarejo y los mercaderes Alonso de Medina, Pedro Chacón —también de Baeza— y Bernardino de Isla, con 750.000 maravedíes cada uno. Este último comerció activamente en Indias, y en 1509 tenía un criado y un primo por representantes suyos en La Española. Descendiente del mercader Bernardino, el religioso Padre Bernardino de Isla llegaría a tener intereses familiares y económicos en nuestro pueblo, como veremos.

* En Sevilla existían dos mayordomos, uno hidalgo y otro ciudadano, pero el que desempeñaba las funciones propias del cargo, es decir, ser responsable de la gestión de los bienes y recursos del concejo, era el ciudadano. De hecho, normalmente se emplea el nombre del cargo a secas, sin añadir la condición de ciudadano. (EL PRIMER ARRIENDO DEL OFICIO DE MAYORDOMO DEL CONCEJO DE SEVILLA, Antonio Collantes de Terán Sánchez).
El mismo nos informa de que se empezó a arrendar el oficio de mayordomo hacia el año 1448, entre las protestas de los miembros del Cabildo sevillano, pero antes en la sesión capitular del 2 de septiembre de 1446 el duque de Medina Sidonia había planteado la cuestión, para incrementar los recursos de la ciudad; además, "inmediatamente antes de la intervención del duque, se había vuelto a plantear la necesidad de encontrar dinero para pagar al alcalde mayor don Pedro de Guzmán los 50.000 maravedíes que había gastado de su patrimonio en la guarda del castillo de Fregenal, los cuales venía demandando de tiempo atrás".
Con toda evidencia fruto de estos favores, el duque de Medina Sidonia don Juan de Guzmán y don Pedro de Guzmán, Alcalde Mayor de Sevilla, junto a otros aristócratas parientes y deudos, otorgaron en dicha ciudad el 23 de febrero de 1448 una escritura de "confederación y amistad", jurándola en manos del caballero Álvaro de Esquivel.

** En Medina del Campo (Valladolid), el día 26 de noviembre de 1504, por un cáncer de útero.

*** Loba. Primera documentación, en 1455, en la Relación de los bienes que quedaron del conde de Plasencia don Pedro de Zúñiga. Era esencialmente un sobretodo vueludo y despegado del cuerpo, sin mangas, bien completamente cerrado, bien con dos aberturas laterales para sacar los brazos, llamadas maneras. También se dió el nombre de loba a sobretodos con maneras, como los descritos, pero abiertos por delante. En el siglo XV había sido una prenda de uso general. En el siglo XVI las mujeres continuaron usando la loba durante cierto tiempo; pero entre los hombres se convirtió pronto en un traje propio de médicos, doctores, estudiantes y clérigos. Son muy numerosos los textos que contienen noticias sobre la loba. Me limito a recordar los que sirven para justificar la identificación que he hecho de esta prenda. Existen dos detalladas descripciones de ella, una de 1535 y otra de 1611, que coinciden en lo esencial. La primera está en el curioso documento en que Pedro Girón describe los trajes que él recordaba haber sido usados en España: "también traían lobas que son todas cerradas y sin capilla, sino con un collarico de un dedo o poco más en lo alto y con aberturas de tres o cuatro dedos por delante, y abiertas las maneras por delante para sacar los brazos; algunos usaban estas lobas todas abiertas por delante. Estas lobas comunmente fué hábito de hombres de letras y hacíanlas algunas de color morado o gris o de otros colores honestos o de paños muy finos" (Noticia de los antiguos trajes de España. Biblioteca Nacional). Esta observación se comprueba en numerosos textos que describen lobas de paño muy fino, de terciopelo negro (Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V, Amberes, 1681, pág. 6), de damasco plateado o de cuero negro, forradas en paño negro (Inventario de las cosas que están en los alcázares de Segovia, 1503, págs. 118 y 119), de saya negra (Inventario de los bienes repartidos entre la viuda del tesorero de Isabel la Católica y su hijo. Zaragoza, 1509. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, LXVIII, 1, 1960, pag. 88), de grana morada (Inventario de los bienes de Alonso Enríquez, Caballero de la Orden de Santiago. Sevilla, 1512. Propiedad particular, Madrid), y de brocado negro forradas de damasco blanco (Question de Amor. Primera edición, 1513, en Menéndez y Pelayo: Orígenes de la novela. Nueva Biblioteca de Autores Españoles, VII. Madrid, 1905, pág. 84). La descripción de 1611 se debe a Covarrubias, quien define la loba como "vestidura clerical, talar, que llega al suelo, a todo ruedo y cerrada, con golpes para sacar los brazos (Tesoro de la lengua castellana o española). Golpes era lo mismo que aberturas. La pragmática de 1502 sobre los lutos añade a los datos de Girón y Covarrubias, que además de las lobas con maneras había otras completamente cerradas, puesto que dispone lo siguiente: "por las personas reales traigan los hombres lutos de lobas cerradas e con falda —es decir, con cola— e capirotes, todo de paño negro tondido... e por los grandes e prelados e personas de título traigan los hombres lobas cerradas por los lados, sin falda ..., e por las otras personas lobas largas, con maneras abiertas por los lados, que allegen más de fata el suelo y que no rastren" (Lutos, por quien e como se han de traer, 1502, fol. CLVI, en Pragmáticas y leyes hechas y recopiladas por don Fernando y doña Isabel, con adición de muchas pragmáticas, Medina del Campo, 1549). Es de notar que cuanto más larga fuera la cola y más cerrado el traje, se expresaba un luto más riguroso. Un tercer tipo de loba era la abierta toda por delante, aludida en el texto de Girón y en algunos inventarios; por ejemplo, en uno de 1508 figuran "una loba de paño de florencia, abierta, ribeteada con una tira de damasco, y una loba de Ruan verde oscura, abierta, guarnecida con raso verde" (Inventario de los bienes de Juan de Pimentel, 1508, Archivo Histórico Nacional). En otro inventario de 1512 figura "una loba abierta de chamelote". Lobas femeninas se mencionan en inventarios de 1511 (Inventario de los bienes de Estefanía Carroç de Arborea. Barcelona, 1511. Boletin de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, 1929-30, pág. 294), 1515 (El equipo de boda de Doña Isabel de Aragón. Anuario del Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecarios y Arqueólogos, II, 1934, págs. 233 y 234), 1518 (Testament de doña Johana, muller del magnifich mossén Dalman de Navel. 1518. Boletin de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, XIV, 1929-30, pág. 287), 1523 (Inventario de los bienes de Pedro Galcerán de Cartiliano, 1523. Estudis Universitaris Catalans, IV, 1910, págs. 164 y 168) y 1539 (Inventario de las ropas y alhajas de la sra. emperatriz fecho en Toledo, año 1539. Archivo de Simancas). Estas solían ser también de colores oscuros, pero no faltan alusiones a lobas carmesíes (El equipo de boda de Doña Isabel de Aragón. Anuario del Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecarios y Arqueólogos, 1934, pág. 233) y de damasco azul o blanco (Inventario de las ropas y alhajas de la sra. emperatriz fecho en Toledo, año 1539. Archivo de Simancas). La loba pertenecía a la misma familia que el capuz y el tabardo, pues las tres prendas eran esencialmente sobretodos holgados y despegados del cuerpo, con aberturas laterales para sacar los brazos, en el caso de que, por ser completamente cerradas, los brazos no se sacasen levantando el borde de la falda. Ello es la causa de que en algunos textos se confunda el tabardo y el capuz, o la loba y el tabardo. Por ejemplo, la pragmática de 1515 permite que las mujeres forren las alas de las lobas de seda o tafetán (Pragmáticas y leyes hechas y recopiladas por don Fernando y doña Isabel, con adición de muchas pragmáticas. Medina del Campo, 1549, II, pág. 306), y un inventario de 1523 alude a una loba femenina "ab les manegues y devant forrades de vellut" (Inventario de los bienes de Pedro Galcerán de Cartiliano, 1523. Estudis Universitaris Catalans, pág. 164). En uno y otro caso se trata, sin duda, de las mangas flotantes típicas del tabardo. También se alude a una loba femenina con mangas en la relación de las ropas de la Emperatriz; en 1526 se hizo en Granada una loba "de raso morado, forradas las mangas del mismo raso con dos ribetes de terciopelo morado" (Relacion de las ropas que la emperatriz trajo de Portugal y de las que se han hecho en Castilla hasta principios del año 1529, Archivo de Simancas). Carmen Bernis, INDUMENTARIA ESPAÑOLA EN TIEMPOS DE CARLOS V. C.S.I.C. Madrid, 1962.
Loba (Del gr. λώπη, especie de manto de piel).1. f. sotana (‖ vestidura talar). ~ cerrada. 1. f. Manto o sotana de paño negro que con el capirote y bonete formaba el traje que fuera del colegio usaban los colegiales y otras personas autorizadas por su estado o ejercicio para el uso de esta vestidura. Diccionario de la Real Academa Española de la Lengua.

**** Felipe el Hermoso, fallecido en Burgos el día 25 de septiembre de 1506, se dice que por haber bebido agua fría acalorado tras jugar a la pelota.

jueves, 21 de abril de 2011

Los Juanguren y el espadero 17

El pleito se fué alargando debido a que una de las partes litigantes —la del Gobernador— y muchos de los testigos estaban en Ultramar, y se necesitaron prórrogas y plazos de hasta diez meses para localizarlos e interrogarlos. Entre los de Antón Rodriguez Navarrete se contaban el mercader Alonso Ruiz, Pedro Díaz de Jerez y Hernando de Nebreda, que declararon tan tarde como en junio de 1530*. En este año, decíamos, la parte de Bastidas se encuentra en Indias, y está representada por el Procurador Francisco Jiménez. Un año después, el lunes 8 de mayo de 1531 Miguel Ortiz —que por entonces debía ser estudiante— dió poder a su hermano Antón Rodriguez, otorgado en la sevillana plaza de Santa Catalina en casa de un escribano conocido nuestro: Juan de la Rentería, el comprador del oficio de Bernardo de Ulloa previa intermediación de su hijo Francisco Mejía (Los Juanguren y el espadero 7, marzo de 2011).
Por entonces era fallecido don Pedro Pérez de Guzmán, por lo que doña María Ortiz experimentaba viudedad por partida doble.
En la misma casa de Juan de la Rentería en Santa Catalina, cuando alcanzó la mayoría de edad Miguel Ortiz y ya conseguido en Salamanca su título de Bachiller, —título que con letra de trazos seguros encabeza ahora su firma—, reemplazó el martes 11 de noviembre de 1533 a su hermano como gestor de los intereses de la familia en la deuda con los herederos de Bastidas, a saber: Isabel Rodríguez de Romera Tamaris su viuda, y el hijo de ambos, de igual nombre que el padre y Deán de la Santa Iglesia de Sevilla entre otros cargos.
Poco antes de ceder el apoderamiento, Antón Rodriguez había hecho una probanza con unos testigos, todos ellos sevillanos, cuyas edades denotan la extraordinaria dilatación del contencioso: Juan Guillén, de 70 años; Diego de Padilla, de 65 (marino al que le fue encomendada la cargazón); el Comendador Rodrigo de Grajeda, de más de 50; Juan Hernández de las Varas, de 50; el boticario Ordoño Ordóñez, de 50; Bartolomé Arias, de 50; Luis Diaz Navarrete (que surge de sopetón como hermanastro de Antón, o sea, hijo de Alonso Rodriguez Navarrete "y de otra madre"; de esta manera el trapero se nos desvela, además de dueño de haciendas y esclavos, un libertino consumado); Juan de Sevilla, de 35 años (nacido y criado pared por medio de la casa del dicho Alonso); el dorador Hernando de Toledo, de 50 años; Isabel Hernandez, viuda del batihoja Francisco Sanchez; Diego Perez el viejo, de 83 años; el corredor de lonja Pedro Ruiz, de 50; Alonso de Córdoba, de 60; María Sanchez, de 50 y viuda del librero Juan de Morales; Catalina Hernandez, de 60 años y viuda del zapatero Antón Martínez Garrote; Pedro García, tundidor.
Vivieron estas personas en la calle de La Trapería** o en sus inmediaciones, conocieron a Alonso y a Beatriz, y vieron crecer a sus hijos. Se refieren al año de 1507 como "el año de la pestilencia grande en Sevilla"***, y casi todas ellas fueron requeridas también por los herederos de Bastidas para declarar, además de un Juan de Loya, mercader.
Parece ya claro que Antón Rodriguez era hijo de Alonso. Queda por dilucidar qué parentesco tenía con nuestro Diego Ortiz de Juanguren. Éste dice claramente que su padre es el hidalgo Pedro Ortiz, más a la vez nombra, repetimos, como su hermano a Antón, en contradicción flagrante. Podríamos partir de una solución equidistante, y es que el trapero Alonso fuera tío político del hacendado castillejense. Beatriz sería en este caso su tía carnal, hermana del tal hidalgo Pedro. Sobre esta hipótesis, los Ortiz de nuestro interés no serían originarios de Baeza como lo era dicho trapero. Dejémoslo en este punto, por ahora, atendiendo al castizo dicho de "lo que sea, sonará".
Sobre Rodrigo de Bastidas**** ya tenemos una referencia en "Los esclavos 82e", febrero de 2010.

* Año de 1530. Diego Ortiz de Juanguren recuerda, mientras convalece, complicadas las secuelas de los traumatismos de la pelea con una neumonía insidiosa que le produjo un descuido por la noche con la ropa de cama y el consiguiente enfriamiento. Durante toda su vida hasta rondar la madurez, un tema recurrente del que oía hablar con semblantes serios a sus mayores fue el pleito con Rodrigo de Bastidas. De muy niño, cuando en los días de fiesta era llevado a la casa de la Alcaicería sevillana a visitar a la familia, rememoraba alguna que otra frase de sus tíos, captada entre juego y juego, acerca de la eterna y omnipresente querella, y luego de joven sabía de idas y venidas de escribanos cargados de legajos, de reuniones con testigos y de comentarios de vecinos y conocidos, siempre alrededor del centro gravitatorio que era la palabra clave: Bastidas.
Todo lo cual formó en su espíritu una imagen demonizada del conquistador trianero que ahora, diluídos los límites y perfiles en su mente enfebrecida por la afección pulmonar, llegaba a confundir con el pajarero Haldón. Pese a todo y en su delirio de anciano enfermo, se sentía triunfador, en la vida en general y en este último conflicto, a pesar de que el resultado había sido tener que guardar cama y recibir atención médica. En todo caso, tenía claro como un faro en la noche tenebrosa de su imaginación que su contrincante estaba en peor situación, lo cual era una estimulante fuente de energía para sobrellevar su estado.
En efecto. Juan Martin Haldón intentaba reposar tumbado de espaldas en el colchoncillo, dejando pasar las horas negras del calabozo sin mover ni un músculo, con los ojos cerrados y el pensamiento, muy a su pesar, bullente. Voces mudas en la oscuridad le repetían insistentes que los pobres no tienen derecho alguno y que su peor pecado era haber formado una familia que, como las de todos los desheredados de la fortuna, estaba abocada a la miseria, a la esclavitud y a la servidumbre. Era así, la cruda realidad se le representaba vívida e hiriente, y aquella representación se reforzaba de forma insoportable cuando la puerta se abría y su esposa, portando alguna vianda, lo visitaba. Con un fuerte sentimiento de culpa le preguntaba mecánicamente por la pequeña Leonor, y ella le contestaba lacónica: "bien está, no os preocupéis". Por nada del mundo hubiera permitido que su hijita lo viera en semejante situación.
Luego, otra vez solo, volvían los fantasmas, y veía a los nietos de Juanguren, sonrosados y rientes, jugando bajo las umbrías arboledas de hermosas mansiones con surtidores de agua cristalina, entre maravillosas mariposas y pájaros que ni por asomo eran sus tristes zorzales, y las carcajadas infantiles iban en aumento, en aumento, hasta que percibía con sobresalto y horror que se convertían en pájaros crueles riéndose de él, y entonces se sabía derrotado y la amargura de aquel yugo añadíasele a la opresión del cepo hasta asfixiarlo y anularlo. La noche así era un suplicio psíquico que lo dejaban exánime durante el siguiente día.

** Calle de la Trapería, tiene que ser la que Antonio Collantes de Terán contempla como calle de Traperos en su Diccionario Histórico de las calles de Sevilla. Se trataría del segundo tramo de la hoy denominada calle Hernando Colón, que conecta la plaza de San Francisco con la calle Alemanes. Sastres, tudidores y mercaderes de paños la habitaron desde muy antiguo, y en tiempos de la Sevilla musulmana era arteria principal de la Alcaicería, "barrio de tiendas de artículos selectos y de alto valor en el mundo árabe". A fines del siglo XVI Morgado la describe de esta manera: "Y la otra suma riqueza de la Alcaycería o Alcaycería de Oro y plata, perlas, cristal, piedras preciosas, esmaltes, coral, sedas, brocados, telas riquísimas, toda sedería y paños muy finos. Es la Alcaycería vn barrio de por sí lleno de tiendas de plateros y escultores, sederos y traperos, con toda la inmensa riqueza que se vela de noche, con sus puertas y alcaide, que también de noche las cierra con llave".
Queda explicado así cómo el oficio de Alonso Rodriguez Navarrete se encontraba en las antípodas de lo que en nuestro tiempo se entiende por "trapero".

*** 1507, conocido como el Año de la Peste. Esta epidemia, que vació también el Aljarafe, se llevó a Alonso Rodriguez Navarrete y pocas semanas después, a su mujer Beatriz Ortiz. Cuentan que en más del 80% de los casos, un infectado contagiaba a alguien de su familia.

**** Rodrigo de Bastidas, natural de Triana y notario de profesión, se lanzó a la aventura como tantos otros lo hacían, sin distinción de clase social; hizo asiento para salir a descubrir, con los Reyes Católicos, el 5 de Junio de 1500. Fue Adelantado de Santa Marta de Indias. Lo hirió traidoramente Juan de Villafuerte, muriendo en Cuba en 1527, de resultas de las heridas recibidas. Vimos en "Los esclavos 82e" nota primera, —febrero de 2010—, que Rodrigo Álvarez Palomino fué elegido por "el común" para reemplazar al trianero Rodrigo de Bastidas en el gobierno de Santa Marta, apuñalado Bastidas en su bohío por uno de sus subalternos y muerto por ello poco después, en Cuba, en junio o julio de 1527. También tuvo un final trágico Palomino, ahogado en un río en el año 1528.
Es digno de resaltar que mientras Antón Rodriguez Navarrete seguía pleito contra Bastidas por deudas, Pedro de Cifontes lo hacía por lo mismo contra su sucesor en la gobernación de Santa Marta, el referido Rodrigo Álvarez Palomino.
Los restos del trianero Bastidas reposan en la capilla edificada por su hijo en la iglesia de la Catedral de Santo Domingo. Su mujer era Isabel Rodríguez de Romera Tamaris, y nacieron de esta unión Isabel de Bastidas y Rodríguez de Romera, quien se casó con Hernando de Hoyos, y
Rodrigo de Bastidas y Rodríguez de Romera, Deán, además de la de Sevilla, de la Iglesia de Santo Domingo por nombramiento de 7 de Octubre de 1521, y Obispo de Venezuela en 1531, el primero en tal cargo; lo fue luego de Puerto Rico y de Santo Domingo, y Visitador Real de Puerto Rico y dos veces Gobernador de Venezuela. Junto con su madre fundó mayorazgo el 24 de Mayo de 1551, con la condición de que para disfrutarlo era requisito indispensable usar como primer apellido Bastidas, y llamando como primer poseedor a su sobrino Rodrigo de Bastidas, hijo de Hernando de Hoyos y de la referida Isabel.
El apellido Bastidas es encomiado por muchos pseudogenealogistas como originado de la invención de una máquina de guerra, la bastida, que consistía en una torre de madera con ruedas, en cuya cima y debidamente parapetados los soldados podían acceder a las altas murallas de las ciudades sitiadas, acercando esta máquina a ellas.
Nos fiamos más de la información que proporciona nuestro guía en este asunto del trapero y el conquistador, el profesor Juan Gil.
Un buen ejemplo de mercader metido a descubridor lo constituye Rodrigo de Bastidas, que fue tildado de "nieto de judío çancarrón1" por los franciscanos estantes en La Española2 (cf. J. Meseguer, "El arzobispo Cisneros y la Iglesia misionera en América (1500-1512)", AIA, XLV [1985] 477). Como primera providencia, pues, despejo la nebulosa que se cierne sobre su genealogía, nunca suficientemente estudiada (pero cf. mis "Marinos y mercaderes, p. 23ss.). En esta familia de muy mediano pasar sólo destaca aparte de Rodrigo de Bastidas una prima suya, Leonor de Morales, que casó en primeras nupcias con Ruy López y en segundas con el licenciado Fernando de Rojas, que fue alcalde mayor de Sevilla. Los demás (Rodrigo y Juan de Bastidas, Cristóbal de Sanabria) son sombras que se mueven en torno a la figura del mercader enriquecido en las Indias: gracias a él Rodrigo llegó a ser obispo de Venezuela y después de San Juan, y Juan, arcediano de la catedral dominicana.

1.- Çancarrón, el pie enxuto sin carne. Este nombre han puesto a los hombres de poca suerte, y que en su professión saben poco. Tamarid dize ser nombre arábigo. (Covarrubias).
Zancarrón. Metaphoricamente se aplica al Professor de ciencias, que no sabe bien, ù de alguna arte, que entiende poco; porque assi como al zancarrón le falta la sustancia de la pulpa: assi al Professor ignorante la de su facultad. Zancarrón de Mahoma. Llaman por irrision los huessos de este falso Propheta, que van à visitar los Moros à la Mezquita de Meca. (Diccionario de Autoridades).

Vieja blanca a puros Moros,
Solimanes, y Albayaldes,
vestida sea el zancarrón,
y el puro Mahoma en carnes.
(Francisco de Quevedo, Las Musas).

2.- Aunque bastantes años después, franciscano en La Española fué también el cura de la Iglesia de Santiago don Rodrigo de Cieza: Fray Rodrigo de Cieza. Oficiales de el ... y Mi Señor que reside en la ciudad de Sevilla, en la Casa de la Contratación de las Indias. Fray Rodrigo de Cieza, de la Horden de San Francisco, que ha hecho relación que él tomó el hábito en la Isla Española... (Rodrigo de Cieza 15, enero de 2009).

Los padres del Gobernador Rodrigo de Bastidas fueron Ana de Bastidas y Alonso Fernández Ojos.
Otra relación entre él y Castilleja, si bien en extremo indirecta, es que socorrió con una flotilla de tres naves a Hernán Cortés en 1521.

sábado, 16 de abril de 2011

Los Juanguren y el espadero 16

De la mano del profesor Juan Gil en "Los conversos y la Inquisición sevillana", vamos a afinar la genealogía de Diego Ortiz de Juanguren, para luego continuar con el desenlace del juicio a Juan Martín Haldón. De esta forma conoceremos más y mejor las circunstancias de la prominente familia y en especial las del valetudinario Alcalde, que día a día va recuperándose de los golpes y zarandeos de la noche de autos.
Dice Juan Gil:

ORTIZ. "El apellido de Ortiz quieren algunos que proceda de un duque de Normandía que lo guió un lucero y le puso en Toledo" (Ramírez de Guzmán, Libro de algunos ricos-hombres y cavalleros hijodalgo que se allaron en la conquista de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, p. 939 ss.); como si hubiese sido un Rey Mago. Sólo una observación: en los orígenes brumosos el cronista Ortiz de Zúñiga es mal consejero, a pesar de lo que cree Saus ( Anales eclesiásticos y seculares de la ciudad de Sevilla, pp. 338-39): le pesa el estigma ancestral; por lo tanto, parece preferible quedarse con la "oscuridad" en que dejaba sumida la estirpe M. Borrero a seguir insinuaciones de lazarillos interesados. Es sobremanera difícil no perderse en la selva de los Ortices, tan prolíficos, incluso con la guía del Discurso de Ortiz de Zúñiga y de Saus, XVI. Además del elenco de los reconciliados, me limito a presentar a las personas y a las familias que pueden tener antepasados conversos.

ORTIZ DE JANGUREN (sic). Hermanos:

1) Rodrigo Ortiz (San Isidoro). Fue nombrado jurado de Santa Cruz el 20 de junio de 1494 (Registro General del Sello, XI, nº 2173 [p. 330]1; Tumbo de los Reyes Católicos del Concejo de Sevilla, VII p. 36)2.

2) Beatriz Ortiz, mujer del trapero Alonso Rodriguez, natural de Baeza. Alonso hizo compañía mercantil con Rodrigo de Bastidas y fue mayordomo de Sevilla en 1506; falleció el 1 de enero de 1507, dejando a la mujer y a los hijos sumidos en una marea de pleitos, tanto con su socio como con la ciudad (cf. Gil, "Marinos y mercaderes", p. 116 ss.). Beatriz falleció en marzo de 1507. Hijos:
I) Antonio Rodriguez Navarrete. Vendió al jurado Ruy Pérez de Esquivel un esclavo negro de Guinea, Juan, de veinte años de edad, por 9.750 mrs. (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, III 1519, al 8 de julio).
II) Pedro Ortiz.
III) Miguel Ortiz. Estudió en Salamanca (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, I 1535 [=48], f. 780v).
IV-VII) Juan, María, Catalina e Isabel.

3) Juan Ortiz de Janguren, jurado, marido de Leonor de Esquivel, hermana de Juan de Esquivel. Fue tutor de los hijos de su hermana Beatriz. Recibió en su nombre 80.650 mrs. que el comendador Jerónimo de Cabrera debía a Alonso Rodriguez (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, XV 1508, 2 f. 164r).

4) Gonzalo Ortiz, canónigo. Dejó por herederos a los hijos de su hermana Beatriz, que aceptaron la herencia el 21 de marzo de 1520 (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, IV 1520, 1 f. 806).



1.- Sello. 20 de junio de 1494. Medina del Campo. Fol. 77. Juradería de Sevilla a Rodrigo Ortiz, vecino de Sevilla.- Reyes.

2.- Tumbo. IV-208. Carta de prouisión de la juradería de Sancta Cruz en Rodrigo Ortis. 1494, junio, 20. Medina del Campo.
Don Fernando e donna Ysabel, por la graçia de Dios rey e reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Seçilia, de Granada, de Toledo, de Valençia, de Galizia, de Mallorcas, de Seuilla, de Çerdenna, de Córdoua, de Córçega, de Murçia, de Iahén, de los Algarbes, de Algezira, de Gibraltar e de las yslas de Canaria, conde e condesa de Barçelona e sennores de Vizcaya e de Molina, duques de Athenas e de Neopatria, condes de Rosellón e de Çerdania, marqueses de Oristán e de Goçiano. Por fazer bien e merçed a vos, Rodrigo Ortis, vezino de la muy noble çibdad de Seuilla, acatando los buenos e leales seruiçios que Iohan de Ouiedo, nuestro jurado de la dicha çibdad de Seuilla, nos ha fecho e faze de cada día, en alguna emienda e renumeraçión (sic) dellos, tenemos por bien e es nuestra merçed que, agora e de aquí adelante para en toda vuestra vida, seades nuestro jurado de la dicha çibdad de Seuilla de la collaçión de Sancta Cruz en logar del dicho Iohan de Ouiedo, nuestro jurado de la dicha collaçión, por quanto nos le fezimos merçed del dicho ofiçio de juradería al dicho Iohan de Oviedo por vacaçión e priuaçión de Pero Gonçález de Seuilla1a, el qual fue priuado della por el delitto de la herética prauidad, e el dicho Juan de Ouiedo renunçió e traspasó en vos el dicho ofiçio de juradería e nos suplicó e pidió por merçed que vos fiziésemos merçed dél por su petiçión e renunçiaçión, firmada de su nombre e signada de escriuano público.
E por esta nuestra carta, mandamos al conçejo, asistente, alcaldes, alguazil mayor, veynte e quatro caualleros regidores, jurados, escuderos, ofiçiales e omes buenos de la dicha çibdad de Seuilla e al cabildo de los jurados della, e a los vezinos e moradores de la dicha collaçión de Sancta Cruz de la dicha çibdad que, juntos en su cabildo e ayuntamiento, segund que lo han de vso e de costunbre, sin nos requerir ni consultar sobre ello ni esperar otra nuestra carta nin mandamiento, reçiban de vos, el dicho Rodrigo Ortiz, el juramento e solepnidad que en tal caso se requiere. El qual por vos fecho, vos ayan e reçiban por nuestro jurado de la dicha collaçión, en logar del dicho Juan de Ouiedo, e vsen con voz en el dicho ofiçio e voz recudan e fagan recudir con la quitaçión e derechos e salarios e otras cosas al dicho ofiçio de juradería anexos e pertenesçientes e que por razón dél podedes e deuedes aver e leuar, e vos guarden e fagan guardar todas las honrras, graçias e merçedes, franquezas e libertades e perrogatiuas (sic) e exençiones e todas las otras cosas e cada vna dellas que por razón del dicho ofiçio deuedes aver e vos deuen ser guardadas, segund que mejor e más conplidamente vsaron e vsan e recudieron e recuden e fueron e son guardadas al dicho Iohan de Ouiedo e a cada vno de los otros nuestros jurados de la dicha çibdad. E que en ello, ni en cosa alguna ni parte dello, vos non pongan ni consientan poner enbargo ni contrario alguno, ca nos, por esta dicha nuestra carta, vos reçebimos e avemos por reçebido al dicho ofiçio de juradería e al vso e exerçiçio dél e vos damos poder e facultad para los vsar e exerçer en caso que por ellos o por alguno dellos non seades reçebido al dicho ofiçio. La qual dicha merçed de juradería vos fazemos biuiendo el dicho Iohan de Oviedo veynte días contados desde el día que hizo la dicha renunçiaçión, segund la forma de la ley por nos fecha en las cortes de Toledo que en este caso habla.
E los vnos nin los otros non fagades nin fagan ende al por alguna manera, so pena de la nuestra merçed e de diez mill maravedíes para la nuestra cámara a cada vno por quien fincare de lo así fazer e cunplir. E demás, mandamos al ome que les esta dicha nuestra carta mostrare, que los enplaze que parezcan ante nos en la nuestra corte, doquier que nos seamos, del día que vos enplazare a quinze días primeros siguientes, so la dicha pena. So la qual, mandamos a qualquier escriuano público, que para esto fuere llamado, que dé ende al que ge la mostrare testimonio signado de su signo, porque nos sepamos en commo se cunple nuestro mandado.
Dada en la villa de Medina del Campo, a veynte días del mes de junio, anno del nasçimiento de nuestro Saluador Iesu Christo de mill e quatroçientos e nouenta e quatro annos.
Yo, el rey. Yo, la reyna.
Yo, Françisco de Madrid, secretario del rey e de la reyna, nuestros sennores, a fiz escriuir por su mandado.
E en las espaldas estaua escripto lo siguiente: En forma. Rodericus, doctor. Registrada, Doctor. Alonso Gutiérrez, chançiller. E sellada.

1a.- Esta es una familia caída en desgracia. Hermanos:
1) Diego González, bachiller.
2) Pedro González de Sevilla, jurado (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, XXIII 1472 [=15963], f. 232v.), reconciliado, marido de Isabel Rodriguez, reconciliada (San Nicolás). Los reyes le quitaron la juradería "por el delitto de la herética pravidad", concediéndosela a Juan de Oviedo el 20 de junio de 1494 (Tumbo, VII, p. 36ss.). Junto con su hijo Rodrigo compró 330 libras de seda por 264.004 mrs. a Antonio de Sobranis y a Jerónimo Salvago (Archivo Provincial de Sevilla, XV 1506 [=9103], f. 389r. al 16 de febrero). Hijo:
I) Rodrigo Rodriguez, mozo soltero (Archivo General de Simancas, Padrón de los habilitados en Sevilla en 1494-96, nº 771). En 1506 se llamaba Rodrigo de Sevilla. (Juan Gil, obra citada).

De los hermanos Juaguren que relaciona el profesor Gil debemos detenernos en Beatriz Ortiz, no tanto por ella como por su marido, el trapero Alonso Rodriguez, que suscita la más jugosa documentación dada su estrecha relación con persona de tanto relieve histórico como fue el Gobernador de Santa Marta Rodrigo de Bastidas.
Observemos, de paso, que hay piezas que no encajan, como por ejemplo el hijo de este trapero y de Beatriz, Antón Rodriguez Navarrete, al cual Diego Ortiz, nuestro hacendado en Castilleja, se refiere como "su hermano" en alguna ocasión. O Pedro Ortiz, nombrado también por Diego como "su padre", aun cuando no aparece en esta genealogía de "Los Conversos" como tal padre.
Por lo tanto y en evitación de mayores confusiones, optamos por basarnos en los informes que aparecen en la documentación custodiada en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, la cual viene dando cimientos a esta historia de Castilleja. A partir de ella, priva el método comparativo con otras fuentes, cual las que maneja el profesor Juan Gil. En este Archivo sobre el que trabajamos los personajes aparecen con sus más nítidas dimensiones, dado que los manuscritos fueron elaborados en nuestro pueblo, por gente conocedora de lo que aquí "se cocía". Las almas de dichos personajes, como vamos comprobando, fluyen de los protocolos, y rien, lloran, sienten, padecen, odian y aman más vívidamente que en cualquier otro lugar, lo cual justifica sobradamente nuestra preferencia.
Y puestos a comparar, comparemos lo que obra en el Archivo General de Indias en referencia a Bastidas y el pleito tocante a este Antón Rodriguez Navarrete, cuya disparidad de apellidos no debe hacernos olvidar que es un Juanguren de pura cepa (ver "Los Juanguren y el espadero 6", marzo de 2011).
Por fortuna nos fue fácil acceder al cuadernillo del pleito entre los herederos de Bastidas y los del trapero Alonso Rodriguez, perfectamente conservado en el Archivo de Indias y, aunque no digitalizado todavía, sí de fácil y cómoda lectura.
He aquí un estracto de su contenido: en la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española, el día 26 de enero de 1526, ante los Señores Oidores de su Audiencia y el escribano público de ella, pareció Antón Rodriguez Navarrete, y en nombre de su hermana doña María Ortiz, mujer de don Pedro Perez de Guzmán y tutora y curadora de Miguel, Isabel y Juan, sus hijos y a la vez herederos de Alonso Rodriguez Navarrete su padre, difunto, puso pleito a Rodrigo de Bastidas.
Un mes antes, el 27 de diciembre de 1525, doña María, vecina de Sevilla en la collación de San Llorente, había dado el poder a su hermano Antón, vecino de Sevilla en la collación de Santa Catalina, mediando la necesaria licencia de su marido don Pedro Perez de Guzmán, "para cobrar todos los maravedíes, oro, plata, etc. en Las Indias, que se le deben a su padre Alonso Rodriguez Navarrete". Este apoderamiento tuvo lugar en Paterna del Campo ante su escribano público Pedro Lopez de Aguilar, siendo testigos Juan de Horro, Rodrigo Perez, Ruy Lopez y Juan de Esquivel, vecinos de Paterna. Por lo que se ve, María Ortiz, analfabeta que no sabía firmar pero merecedora del título de "doña", residía con su marido en una villa tranquila, lejos del mundanal ruido de la urbe.
Pero si retrocedemos un lustro, sabremos de una doña María veinteañera que ya había vivido experiencias importantes, como es un matrimonio anterior y la consiguiente viudedad: En Sevilla, el lunes 1º de agosto de 1519 a las nueve horas antes del mediodía, estando en las casas de la morada de Antón Rodriguez Navarrete, ante Diego del Postigo, Alcalde Ordinario de dicha ciudad de Sevilla, y en presencia del escribano público Diego Lopez y los testigos susoescriptos, parecieron María Ortiz, mujer de Luis de Aranda, mercader, de edad de veinte años poco más o menos, y Miguel Ortiz, su hermano de diez y siete años, e Isabel Ortiz, de quince años, todos hermanos, hijos de Alonso Rodriguez Navarrete, Mayordomo que fué de la dicha ciudad de Sevilla, y de Beatriz Ortiz su mujer, vecinos que fueron de dicha ciudad de Sevilla en la collación de Santa María, difuntos, y María Ortiz con licencia de su marido Luis Aranda, dijo que por cuanto Alonso y Beatriz procrearon a ellos y a Antón Rodriguez Navarrete, hermano mayor de veinte y cinco años, y a Juan su hermano, menor de catorce años, y sus dichos padres los dejaron a todos por herederos y los dichos menores están indefensos, pidieron por tanto al dicho Señor Alcalde que le provea de curaduría, y nombraron para ello a Antón Rodriguez Navarrete, el cual aceptó el cargo, presentando como su fiador al dicho Luis de Aranda, siendo testigos Gonzalo de Almonacid y ... Ramírez, escribano de Sevilla. Firmaron Antón Rodriguez y Luis de Aranda.
Antón, como tutor y curador de sus hermanos menores y en nombre de su hermana doña María, ya desde Sevilla había intentado incoar autos contra Rodrigo de Bastidas, frustados según se desprende del viaje que tuvo que hacer —ver supra— a Santo Domingo para continuar litigando. En esta primera diligencia Antón demanda a Bastidas diciendo que en 29 de junio de 1504 dicho Gobernador y Alonso su padre formaron compañía en Sevilla para llevar a Indias yeguas, asnos, burras, ropa, brasil, 33 arrobas de vino tinto de Aracena, vino añejo fino de Cazalla, vino blanco de Alájar, 30 arrobas para el brevaje de los hombres, piezas de lienzo, varas de holanda, camisas de hombre, camisones de mujer, caparazones de Londres, capirotes, 80 jarras para vino, papel, cofres, navajas, espejos, mazos de cartas verdes, agujas, pesos, dos docenas de ayudas a 320 maravedíes*, peines, zapatos, ladrillos, alpargatas moriscas, cuchillos con sus vainas, jubones blancos, hachas de cera blanca, clavos de herrar, azuelas, trébedes, zurrones, maderos para hacer pesebreras, bonetes, naguas, escribanías, 16 sayos de colores (de Pedro de Ávila), sillas de caderas, escobejas de limpiar ropa, sombreros, espadas, puñales, espuelas, un freno plateado...: la cargazón no puede ser más heterogénea.
Además un Antón minucioso hasta la última moneda deduce como gastos del viaje la compra de un perro, de barriles de aceitunas, de una jarretera de atún, los salarios de mozos en La Gomera, la paja de las yeguas, los jornales de los indios, el pago de la alcábala en la sevillana Puerta de Jerez... todo ello para exigir de los herederos del Gobernador de Santa Marta 4.969 castellanos y 4 tomines de oro.

* Ayudas. Los clysteles llaman ayudas porque ayudan a naturaleza cuando ella sola no puede descargar la ocupación del estómago y vientre.
Clystel. Es la melecina o gayta que se echa al enfermo para lavarle o purgarle el vientre. Es nombre griego, xλυστΥρ, clyster, vale tanto como lavatorio, porque con él se lavan las tripas; del verbo xλυζειν, quod est abluere. Tómase algunas vezes por el mesmo instrumento con que se echa, que suele ser de una bexiga de vaca o de cuero, que llaman melecina, a medento, o de un cañuto de metal, y a éste lo llaman geringa, que vale fístula, por ser como cañuto, nombre griego, συρυξ, syrinx. Fingen los poetas aver sido Syringa una ninfa que, persiguiéndola el dios Pan y no pudiendo escapar de sus manos, los dioses la convirtieron en unas cañas palustres, y de aquí llamaron también gayta la melezina, o geringa, o por la semejança que tiene a la gayta en el cañón y el odrecillo de cuero. Plinio, lib. 8, cap. 27, cuenta deverse esta medicina del clister a una ave que se cria en Egypto, dicha ibis, porque sintiéndose embaraçado del vientre, hinchendo el cuello de agua, mete el largo pico que tiene por su trasero y hinche el vientre de agua, con que se purga, enjuagándole y lavándole con ella.(Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana).
Se comprende que con las tensiones del viaje y el cambio de horarios y hábitos alimentarios los severos estreñimientos hicieran estragos, y resultara productivo comerciar con estos instrumentos terapéuticos.

martes, 12 de abril de 2011

Los Juanguren y el espadero 15

La mañana del Día de los Difuntos, con sol a ratos y grandes nubes altísimas y blancas, la pasó Alonso de Trujillo renqueando entre los enterramientos en la iglesia de Santiago, colocando algún ramillete de flores, enderezando alguna cruz, limpiando alguna telaraña parsimoniosa y ritualmente, imaginando que así colaboraba con Dios en hacer que la estancia de sus allegados en la Gloria fuese más pura, más inmaculada, tal era el estado mental a que lo habían conducido los años y los disgustos, los sermones y las doctrinas.
Se le acercó un momento don Rodrigo de Cieza, surgiendo fantasmal del rincón más tenebroso de la nave mayor, siniestra y subrepticiamente como para regodearse comprobando el alcance destructor que su obra ideológica había ocasionado en aquella mente ya senil.
—Dios os guarde, señor Alonso.
El anciano volvió la cabeza destocada, apenas con unos mechones de canas. No fué de la inmensa mayoría de los que copiaron el corte de pelo que Carlos V importó de Europa, y peinó siempre una larga melena castaña, derramada por hombros y espalda, pero ahora su cabeza era un erial desagradable y costroso. Parecía, interrumpido por el religioso, un pájaro desorientado, derribado súbitamente de la elevada abstracción de sus pensamientos.
—Buenos días, padre —articuló con voz quebrada.
—He sabido que el señor Hernando Jayán vuelve a ser Juez en los autos contra Haldón el zorzalero.
—¿Cómo dice vuestra merced, padre? —inquirió Alonso abriendo al máximo la boca desdentada y con un brillo de imbecilidad en sus mortecinas pupilas*. Le temblaban las manos mientras sostenía un florero de hojalata oxidada.
Don Rodrigo desistió. Le dió un par de palmaditas fraternales en la huesuda chepa y se despidió de él.
El viejo Alonso tenía idea de visitar acto seguido el hogar donde balbuceaba regurguitando leche su nuevo nieto, con la esperanza de que no le impidieran, entre su hija y su yerno, padres de la criatura, tenerlo siquiera un momento en brazos.
Tuvo suerte: su hija Mencía estaba de buen humor tras dar de mamar a Juanito, y su yerno el escribano, ajeno a todo —ni siquiera le devolvió el saludo—, dedicaba su atención a un libraco a la luz ora brillante ora tenue que penetraba por la ventana.
Ya a estas alturas el lector habrá adivinado quiénes eran los felices progenitores; en efecto, Juan Vizcaíno, escribano público y del Concejo de la Villa de Castilleja de la Cuesta por el Conde de Olivares su señor, era el esposo de Mencía de Trujillo y ésta, la persona que más quería en el mundo el viejo Alonso, dejando aparte a su nietecito.
Mas, ¡ay!, la fortuna, el destino o lo que quiera que sea que rige nuestras vidas, si alguna regencia es posible o concebible, hizo con un helado soplo que aquella nube de felicidad y paz en que se asentaba dicho hogar se disipara sin dejar rastros. Faltando poco para la entrada del invierno de 1559 hubo en La Plaza una subasta para alquilar los bienes heredados por dos niños que habían perdido a sus padres y a su abuelo**. Juana y Juan eran tan pequeños que olvidarían pronto hasta los rasgos faciales de sus antecesores.

* Quizá el lamentable estado del carcamal explique, al menos en parte, que Catalina Hernández no siguiera adelante con la recusación a Hernando Jayán. Designar a un anciano demenciado como Juez de Comisión sólo podía comprenderse como una broma sarcástica de un Conde de Olivares desconsiderado y burlón con sus súbditos menos pudientes.

** El acta de la almoneda nos informa de que el 12 de noviembre de 1559 (cuatro años después del altercado Juanguren-Haldón) se remató en la Plaza el arrendamiento de los bienes de de Juana y Juan, menores hijos y herederos de Juan Vizcaíno y de Mencía de Trujillo, su mujer, difuntos, y nietos y herederos de Alonso de Trujillo, difunto. Actuó Alonso Martin, pregonero del lugar de Bormujos, y dió fé de todo ello el nuevo y flamante escribano Miguel de las Casas. El tutor de los menores es Garcia de las Cuevas.
La heredad tiene viña, lagar, casa y huerta, bodega, vasija y todas sus pertenencias en esta Villa, y otras viñas en los términos de Camas y Valencina, —en total nueve aranzadas más o menos—. La almoneda fue para arrendar la heredad durante un periodo de cinco años, y aparecieron como pujadores Hernando Jayán, ofreciendo 12.000 maravedíes anuales; Francisco Aguilar, 20.000; de nuevo Hernando Jayán, 24.000; y Francisco Aguilar, 25.000. Se suspendió el remate hasta el domingo siguiente, 19 de noviembre. Apareció entonces Alonso Miguel, obligado de las carnicerías públicas de la Calle Real, que ofertó 26.000 maravedíes; respondió Francisco Aguilar con 27.000; pujó Juan de ¿Jerez?, vecino de Sevilla, con 28.000; Francisco Aguilar respondió con 29.000; y Juan de Jerez se la adjudicó elevando la oferta hasta los 30.000 maravedíes, contra los que nadie quiso o pudo optar por superar.
Existió —anotamos marginalmente— una familia apellidada Hernández Vizcaíno en la Castilleja de aquellos años, cuyo vínculo si lo hay con el escribano Juan esperamos que surga en la próxima documentación a estudiar.
En cuanto a la heredad de la parejita de huérfanos, vemos que consistía en bienes de superior cuantía. Sin duda que Juan y Mencía mejoraron lo que ellos por su parte pudieran haber heredado de sus mayores, pero es el abuelo el que plantea algun dilema al respecto: acostumbrábase a escribir el nombre propio "Alonso" abreviado con una A mayúscula, una l y una o volada, Alº; con el nombre "Juan" se hacía otro tanto, usando en este caso una J, Jº, por el antiguo Joan; y es el caso que un Juan de Trujillo consta en el Libro de los Heredamientos que el Comendador Alonso de Esquivel manejaba (ver "Los Juanguren y el espadero 11", entrada de marzo de 2011); muy probablemente se trata de la misma persona, cuyo nombre ha sido confundido por una mala lectura.

Y ahora, quizá pecando de brusquedad en el cambio de tema, terminamos este capítulo con unas consideraciones acerca del oficio —porque eso era entonces, e incluso sigue siendo hoy en día— de cazador de zorzales, consideraciones que nos han de hacer recordar a Juan Martín Haldón aprisionado también como un pájaro, en casa de Alonso y Ana.
Si el ahora reo hubiese podido disponer de los modernos medios de observación que disfrutamos en la actualidad, cuales son unos buenos prismáticos y un bagaje teórico adecuado, se habría explicado esa extraña impresión que desde niño le producía la agresiva batalla aérea que, cuando un ave ajena a la colonia invadía el espacio propio de los zorzales autóctonos, desarrollaban entre estridente piar y vuelos de embestida los machos del grupo, especialmente en época de cría. Juan Haldón siempre pensó, viendo la guerra a lo lejos, en la altura, que las aves que eran su medio de vida y sustentaban a su familia atacaban con las garras y los picos, e incluso, con la sugestión de su engaño, creía ver flotando alguna pluma desprendida en los encontronazos.
Nada más falso. Los zorzales bombardean con sus propios excrementos a los intrusos plumíferos que quieren neutralizar, impregnándolos de sustancias oleaginosas que les impiden desenvolverse en el aire. Así que este sistema de dejar caer sobre las alas del enemigo tal materia, ácida y maloliente, escapaba de las observaciones de nuestro castillejano. En contrapartida, Martín Haldón tenía bien documentado el sistema que utilizan los pintados pájaros para romper la concha de su alimento preferido: el caracol. Allá donde veía, junto a una piedra del camino, un tocón de árbol o la base de un muro, un montoncito de fragmentos de conchas, podía asegurar que los zorzales andaban cerca; en efecto, contra estos "rompederos" el pájaro destroza el duro e indigesto recubrimiento de su manjar.
Luego está el canto, armonioso e inspirador de poetas. Los zorzales se crían en Europa del este, y con los primeros fríos se dirigen en grandes bandadas a las zonas más cálidas del sur, entre las que se encuentra Andalucía. Se creía que hacían estragos en las cosechas, pero a decir verdad, compensan con creces el daño por la limpieza que llevan a cabo en los campos de toda clase de orugas e insectos dañinos.
El método de captura que practicaba Haldón era el de chifle, el más común en la época. En sentido estricto, el chifle es un silbato que imita el canto del zorzal, atrayéndolo hacia la trampa, que en el caso que nos ocupa consistía en un pegamento llamado "liga" que se huntaba en las ramas de algún árbol familiar a la colonia, quedando así los animales, al posarse en ellas, adheridos por contacto*. Los chifles con los que Juan engañaba a sus presas eran de latón, y probablemente de esta clase eran los dos que dijo que llevaba en su zurrón cuando recaló en la taberna-posada de La Plaza la noche del escándalo y la subsiguiente pelea con Diego Ortiz de Juanguren.
Lo que ocurre es que todo parece indicar que el término "chifle", al menos en nuestra localidad, poseía un significado más amplio que el que documentan las obras de referencia al uso**. Así lo constatamos en los protocolos notariales, en los que, por ejemplo, se habla de chifle junto a árboles frutales, dando a entender ser otro árbol: "... en la esquina de la viña hay cinco higueras, dos naranjos y un chifle..."; y también "... Fulano arrienda a Mengano un chifle ... " que sugiere que el objeto del contrato es un lugar o puesto de caza; o incluso "... cortar las ramas de un chifle ..." y "... podar un chifle ... ". En algún lugar lo hemos leído identificado como encina***.
Por otra parte, abundaba en la terminología alixareña el verbo "chiflar", igualmente con un sentido más extenso que el de meramente soplar el reclamo. Se trataría "ir a chiflar o ir al chifle" de "ir a cazar zorzales", y en algun documento, del acto ya referido de podar o cortar las ramas del árbol que serviría de puesto.
Añadiremos que esta actividad está prohibida en nuestro tiempo, debido al peligro de extinción que se cierne sobre el turdus philomelos. En estos días pueden leerse en la prensa noticias sobre detenciones, multas y denuncias a cazadores furtivos que ejercen esta práctica****.
El antiguo pito zorzalero ha evolucionado hasta convertirse en un sofisticado artilugio digital que se puede adquirir en Internet por un precio que ronda los 80 euros; consiste en un aparato del tamaño de un teléfono móvil con una pantallita que ofrece un menú de cantos de varias clases de aves, para elegir el que convenga. Entre ellos, el armonioso gorjeo del zorzal. Pero probablemente a nadie llegue tan profundo como a Haldón llegó la música de estas aves. Le hablaban, reían con él, lo retaban y, en ocasiones, con sus gorgoritos le contaban sus cuitas, y el cazador soñaba con ellas de día y de noche, y con sus fraseos limpios había construido un universo linguístico interior que soportaba mucha de su filosofía vital. "El zorzal —decía en sus ratos de inspiración— tiene en el buche las claves de Dios", y sus contertulios lo miraban con reprobación, temiendo cercanos oídos inquisitoriales; "como a un volátil vos han de asar los señores", le avisaban.

* ...tenía, además, mil otras habilidades. Era gran ginete y desbravador; con una escopeta en la mano, ponía la bala donde ponía el ojo; preparaba como nadie un arroyo con esparto y liga para coger jilgueros; tocaba divinamente el chifle debajo de un olivo para que acudiesen los zorzales y se quedasen ahorcados en la percha. ("Mariquita y Antonio", de Juan Valera).

** Chiflar, verbo transitivo. Cazar zorzales en la "chifla" (época de otoño e invierno propia para cazar zorzales con reclamo). Tesoro Léxico de las Hablas Andaluzas. Alvar.

*** En estos versos de la reconocida poetisa argentina Teresa Parodi, "...Vuelan los lazos, canta el pial, y un chifle en llamas para incendiar, la volteada en el palmeral... (de Viejo Narciso), parece haber reminiscencias del chifle como vegetal, aunque nos ha sido imposible documentarlo con más detalle en Latinoamérica.

**** Más de cien vecinos de Adamuz (Córdoba) se concentraron ayer ante el Ayuntamiento para exigir la legalización de la caza del zorzal mediante la denominada técnica «chifle», en la que se utiliza un reclamo mecánico. ABC, 16 de noviembre de 2010.
El Seprona cierra el operativo 'Chifle' con 30 denuncias por caza furtiva. Los agentes han intervenido 420 aves muertas de distintas especies, entre las que destacan zorzales, petirrojos, lavanderas, currucas y papamoscas, entre otros. El Día de Córdoba, 2 de marzo de 2009.
La Guardia Civil, a través del Equipo del SEPRONA, estableció un dispositivo de servicio orientado hacia la zona del paraje "Casa de Cebadillas", con el que se logró detectar sonidos que al parecer eran emitidos por un reclamo mecánico de zorzal, una modalidad conocida en la zona del Alto Guadalquivir como "Chifle". Diario de Córdoba, 24 de octubre de 2008.

viernes, 1 de abril de 2011

Los Juanguren y el espadero 14

El miércoles día 30 muy temprano, la parte de Juan Haldón se dirigió a la casa de Hernando Jayán —situada aproximadamente en lo que hoy ocupa la calle de Lepanto— para presentarle la documentación habida el día antes en el Alcázar hispalense. Cuando el grupo llegó a la puerta se miraron unos a otros con los ojos muy abiertos, y como en una transmisión de pensamiento por telepatía, casi al unísono repararon en un detalle principal que hasta ahora había permanecido esquivo en los vericuetos de sus planes: Hernando Jayán y Diego Ortiz de Juanguren eran uña y carne, compadres, amigos íntimos, camaradas, y además vecinos. Mediando esta circunstancia, tenían el pleito perdido.
Todavía no habían accionado el aldabón de la puerta del Juez de Comisión, así que en voz baja improvisaron la siguiente actuación: Catalina y Ana de Tovar entregarían los papeles del Conde, dilatando en lo posible la diligencia que Jayán debía emprender a tenor de lo mandado en ellos, y mientras, el Alguacil y el playero volverían otra vez a Sevilla, a plantear una recusación en forma. Con suerte podrían estar de vuelta al mediodía, trayendo lo que don Pedro de Guzmán proveyese.
Y se puso en ejecución el plan. Ana y Catalina fueron recibidas con frialdad, pero eran mujeres inteligentes y decididas, y lograron su propósito. Más de una hora tardó el escriba en hacer acto de presencia, y otro par se empleó en redactar las copias para el Registro.

Hernando Jayán, mi vasallo de mi Villa de Castilleja de la Cuesta, ved la petición de esta otra parte escrita, que me fué dada por Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, vecino de la dicha mi Villa, preso en la Cárcel de ella, y cerca de lo en ella contenido yo os mando que hagáis información de lo que sobre ello pasa, la cual, con la que está hecha cerca del desacato y palabras que el dicho Juan Martín Haldón hizo a Diego Ortiz, me la enviad, para que lo mande ver, y proveer justicia, y tened (en blanco) preso y a buen recaudo al dicho Juan Martín Haldón hasta tanto que yo mande otra cosa, hecha el 29 de octubre de 1555.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta, a 30 de octubre de 1555, ante Hernando Jayán y en presencia del escribano Juan Vizcaíno, pareció Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, que está preso, y presentó ante el dicho Señor Hernando Jayán la Provisión y Comisión del Muy Ilustre Señor Don Pedro de Guzmán arriba dicha, la cual pidió que la acepte y cumpla como en ella se dice, y lo pidió por testimonio.

Hernando Jayán dijo que la aceptaba y aceptó, y que está presto a hacer justicia, y lo mandó poner en la diligencia, y asimismo dijo que mandaba y mandó a Catalina Hernandez que traiga y presente a los testigos, que él está presto a los recibir y hacer justicia.

La estratagema funcionó. Ajeno al doble juego de los partidarios del preso, el Juez de Comisión se las prometió muy felices con una querella que a todas luces percibía decidida y sentenciada. Su compadre Diego agradecido de por vida, y él mismo con motivos de regocijo durante la suya era el balance. A aquellos pueblerinos analfabetos, pero soberbios, le sería fácil engañar. Acordó con las dos mujeres y con Juan Vizcaíno seguir la gestión tras el almuerzo, dando así tiempo a que Catalina reuniese a sus testigos.
Después de comer, Jayán no esperaba que, en lugar de los declarantes, aparecieran en su puerta el playero y el Alguacil, quienes, serios y en silencio, le tendieron los documentos que habían conseguido arrancar a los burócratas del de Olivares:

Muy Ilustrísimo Señor: Catalina Hernandez, digo que yo supliqué a Vuestra Señoría mandase cometer la causa de entre Juan Martín Haldón mi marido con Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, a persona sin sospecha para que hiciese la información y me hize (sic) justicia, y Vuestra Señoría lo cometió a Hernando Jayán, el cual es íntimo amigo y compadre del dicho Diego Ortiz de Jujén (sic), yo y el dicho mi marido no entendemos alcanzar justicia, por tanto yo, como mujer y conjunta persona del dicho mi marido, pido y suplico a Vuestra Señoría mande cometer esta causa a un criado de su Casa, a quien se envíe hacer la información y en castigar los culpados, y a que suelte al dicho mi marido y le desagravie, y si necesario es, recuso al dicho Hernando Jayán, y juro a Dios que esta recusación no la hago de malicia, y que es buena y verdadera. Otro sí, a Vuestra Señoría pido y suplico tenga consideración a que el dicho mi marido no hizo desacato alguno, ni hubo causa para que el dicho mi marido fuese preso, y que el dicho mi marido no le quebró la vara de justicia, y que el dicho Diego Ortiz fué la causa, y debiera tener consideración a que el dicho mi marido estaba fuera de su juicio, por cierta enfermedad que tiene, y suplico a Vuestra Señoría tenga consideración a esto, por lo cual ¿fue?, y si la vara amaneció quebrada, que no sé ni afirmo fué porque la traía quebrada y encerada, y un abad se la quebró, y no mi marido1.

1.- De este misterioso abad no volvemos a saber nada. Comoquiera que la recusación siguió el camino que ahora veremos, se supone que nadie lo tomó en cuenta.

Hernando Jayán, mi vasallo vecino de esa mi Villa de Castilleja de la Cuesta, yo os mando que veáis la petición de esta otra parte escrita, que me fué dada por Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, y viendo lo en ella contenido, yo os mando que toméis (en blanco) a Alonso de Trujillo, vecino de esa mi Villa, y nulo ajuntament gralos informándolo de lo que pasa entre Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y Juan Martín Haldón, y a tomar los procesos criminales que contra él hay, de cualesquier delitos y pendencias que haya tenido, y haced que los testigos ratifiquen, y concluid con él para dar definitiva, y con consejo de letrado (en blanco) lo que halláreis por justicia, y mando al dicho Alonso que acepte lo susodicho ... y le doy poder cumplido ... ... de octubre de 1555.

El 30 de octubre de 1555, ante el Juez de Comisión Hernando Jayán, pareció Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, y presentó la Provisión y Comisión del Conde arriba puesta, y vista por el Señor Hernando Jayán, dijo que está presto de hacer cumplir todo lo que Su Señoría manda, y mandó al escribano Juan Vizcaíno que notificase del acompañamiento al dicho Alonso de Trujillo, para que lo acepte y se junte con él.

Así lo hizo Juan Vizcaíno. Del día 31 de octubre no disponemos de documentación al respecto. Se puede suponer que aquel jueves, víspera del Día de Todos los Santos, el anciano Alonso de Trujillo platicara con Jayán, e incluso que fuesen informados de ello los familiares de Haldón. No sabemos adónde condujeron las reuniones ni qué pudo ocurrir para que, después de tantos trabajos y carreras, al día siguiente los defensores de Haldón anularan la recusación, permitiendo a Hernando Jayán continuar como Juez, y dejando así descansar al septuagenario Alonso de Trujillo, quien con su edad bien lo agradecería.

Y luego, en 1 de noviembre (viernes, Dia de Todos los Santos), ante dicho escribano Juan Vizcaíno, pareció Catalina Hernandez, y dijo que no quería y quiere usar de la dicha recusación que puso contra Hernando Jayán, sino que lo consiente y da por bien el dicho Hernando Jayán, por sí solo si desacompañado reciba ... (sic). 30 días de octubre ... ... ... . La discordancia de fechas parece error de Vizcaíno.

Mas esta extraña retirada de la recusación quizá tuviera algo que ver con los acontecimentos que se aproximaban, acaso ya por entonces siendo proyectos claros en las mentes del Alguacil, de Ana y de Catalina. Por fin, sin fecha conocida, pero casi seguro que el día 2, Día de los Difuntos, Catalina Hernandez trajo y presentó sus testigos siguientes:

Testigo, Juan de Vega, trabajador vecino de esta Villa, presentado por parte de Juan Martín Haldón que está preso. Dijo que este testigo ha dicho su declaración sobre esta causa, por parte del dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y le ha dicho todo lo que sabía y vió de este negocio, y pidió a dicho escribano Juan Vizcaíno le leyese su dicho, y siéndole leído dijo que lo contenido en él es la verdad, y en ello se afirmaba y afirmó, y si fuese necesario lo decía de nuevo, y que de más de lo que dicho tiene, se acuerda este testigo que, estando en la Cárcel, el dicho Señor Alcalde daba voces y decía que le diesen una soga, que había de ahorcar a aquel bellaco borracho, y que vió que le puso guardas al dicho Juan Martín Haldón, y que vió cómo el dicho Juan Martín Haldón, como no quería ir a la Cárcel, lo desgarraron, y que Luis Ortiz dijo al dicho Diego Ortiz que bien podía ahorcar al dicho Juan Haldón, pues tal lo había parado, y que no vió ni sabe otra cosa. No firmó.

Testigo, Juan Garcia, tabernero, vecino de esta Villa. Dijo que estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado en su casa, que es casa de trato, a buen rato de la noche entró en su casa de este testigo el dicho Juan Martín Haldón, y pidió que le diesen medio cuartillo de vino, y este testigo, porque le pareció que iba fuera de seso y juicio natural, no se lo quiso dar, y luego comenzó a cantar y bailar el dicho Juan Haldón, y Ana Cárdenas, mujer de este testigo, le dijo que se fuese a su casa, y el dicho Haldón nunca quiso, y desde a un poco vino Diego Ortiz, Alcalde, y como entró, este testigo le rogó que le echase de casa al dicho Juan Haldón, porque no le revolviese la gente que estaba en casa, y el dicho Señor Alcalde mandó al dicho Haldón que se saliese y fuese a su casa, y el dicho Juan Haldón se salió a la calle y comenzó a hacer alharacas, y que le diesen un cuartillo de vino que había pagado, y no lo había pagado, y luego se vinieron el dicho Diego Ortiz, Alcalde, y el dicho Juan Haldón la calle arriba, y luego tornaron entrambos a casa de este testigo, y el dicho Juan Haldón decía que se le había perdido una bolsa con dineros, y dos chifles, y el dicho Señor Alcalde y este testigo buscaron la dicha bolsa y nunca la hallaron, y como el dicho Señor Alcalde vió que le había burlado el dicho Juan Haldón, lo tomó y llevaba a la Cárcel, y luego lo tornó a soltar, y no sabe ni vió otra cosa, y esta es la verdad para el juramento que hizo. No firmó, y es de ... años de edad.

Testigo, Hernán Dominguez, trabajador estante en esta Villa1. Dijo que lo que sabe es que, estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado, en el portal de la iglesia de esta Villa, oyeron gritos hacia casa de doña Isabel Cataño, mujer de Cazana, y fueron este testigo y Alonso de Mendoza, que estaba con este testigo, adonde sonaban los dichos gritos, y cuando allegaron hallaron que el dicho Juan Haldón, que está preso, estaba echado en el suelo, y el dicho Diego Ortiz, Alcalde, dijo a este testigo que lo echasen mano, y luego el dicho Juan Haldón se levantó, y como se levantó arremetió al dicho Señor Alcalde y le dió una o dos puñadas, y luego anduvieron a los brazos el dicho Juan Martin y el dicho Alcalde, y luego el dicho Alcalde asía del pescuezo al dicho Juan Haldón, y por traerlo a la Cárcel le daba de rempujones y le llamaba de bellaco borracho, y le pareció que entreoyó que le había llamado de salteador de caminos2, y así lo llevaron a la Cárcel, y entrando en la Cárcel este testigo se salió de la Cárcel, y no vió otra cosa. Y lo firmó.

1.- Portugués, un hombre controvertido. Ver "Los esclavos 75h" y ss., octubre de 2009.

2.- Insulto cierto o invención del testigo, es una clara alusión al episodio de los pollos en el camino de Albarjáñez.

Testigo, Leonor Sanchez, mujer de Francisco Fuerte1. Dijo que conoce al dicho Juan Martín Haldón, que está preso, y al dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y que el lunes en la noche próximo pasado, estando esta testigo en su casa, oyó barahúnda en la calle, y abrió la puerta de la calle, y cuando la abrió, vió que el dicho Diego Ortiz, Alcalde, y otras personas que iban con él, llevaban preso al dicho Juan Martín Haldón hacia la Cárcel de esta Villa, y que no sabe ni vió otra cosa. No firmó.

1.- Testigo por parte de Diego Ortiz de Juanguren.

Testigo, Alonso Rodriguez de Triana, vecino y Alguacil de esta Villa. Dijo que no sabe cosa alguna de lo contenido en la querella. No firmó.

Testigo, Luis de Casana, vecino de Sevilla y morador en esta Villa, presentado por parte de Juan Martín Haldón. Conoce al dicho Juan Martín Haldón y al Señor Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y que este testigo ha dicho su declaración en esta causa por parte del dicho Señor Alcalde, y pidió que le fuese leído, y siéndole leído por el escribano Juan Vizcaíno, dijo que es la verdad, y que además de lo que dicho tiene, se acuerda que el dicho Alcalde, por llevar a la Cárcel al dicho Juan Haldón, le debiera de rasgar las ropas, porque este testigo vió cómo el dicho Juan Haldón, estando en la Cárcel luego que le prendió el dicho Señor Alcalde, tenía rompidos (sic) la camisa y el sayo, y que, por meterle miedo, el dicho Señor Alcalde decía que lo había de ajorcar (sic) al dicho Juan Haldón1, y vió cómo le echó unos grillos y una cadena de hierro, y entrambos pies en el cepo, y le puso dos hombres que lo guardasen, y que no sabe ni vió otra cosa. Firmó.

1.- Nótese como Luis de Casana exculpa a Diego Ortiz de Juanguren, so pretexto de que actuó en plan paternalista. Este Luis era un hombre joven de buena familia, de desenvainar fácil, y de pocos escrúpulos a la hora de robar una yegua para darse cabalgadas por pura diversión, como iremos viendo.

Testigo, Diego de Cárdenas, de nación indio, trabajador estante en esta Villa, juró en forma de derecho, y siendo preguntado por lo contenido en la querella, dijo que lo que sabe en razón de lo contenido en la dicha querella es que, estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado, a buen rato de la noche, en casa de Juan García, tabernero, donde vive y mora este testigo1, y vió cómo estaba allí el dicho Juan Martín Haldón, y ¿valió? (¿bailó?) con este testigo y con otras personas que estaban en casa, y tomó una vihuela al esclavo del cura2 y comenzó a tañer y a hacer varahúnda (sic), y como le vió Ana de Cárdenas, mujer del dicho Juan García, andar desatinado, dijo que se saliese de su casa, y nunca quiso el dicho Juan Haldón, y desde a un poco vino el Señor Alcalde y entró en casa, y como entró, la dicha Ana de Cárdenas dijo al Señor Alcalde que echase de casa al dicho Juan Haldón, y el dicho Señor Alcalde mandó al dicho Juan Haldón que se saliese de casa de la susodicha y se fuese a su casa el dicho Juan Haldón, y el dicho Juan Haldón volvió con el dicho Señor Alcalde, diciendo que se le había perdido una bolsa con dos chifles y cuatro reales que tenía dentro de la dicha bolsa, y pedía al dicho Señor Alcalde que se la hiciese dar, y el dicho Señor Alcalde buscó la dicha bolsa y nunca pareció, y del enojo que con él tomó por la burla que le había hecho, mandó a este testigo que llevase a la Cárcel al dicho Juan Haldón, y este testigo con el dicho Señor Alcalde llevaron al dicho Juan Haldón hasta la puerta del dicho Señor Hernando Jayán, y allí lo dejaron y no lo llevó a la Cárcel, sino mandó le metiesen en su casa y no saliese de ella hasta otro día, y este testigo se vino a su casa, y no vió ni sabe otra cosa en razón de lo contenido en la dicha querella, y esta es la verdad para el juramento que hizo, y no firmó, y dijo que es de ... años.

1.- De nación indio, Diego de Cárdenas era con toda probabilidad un esclavo sudamericano ahorrado, antigua propiedad de los taberneros y ahora reconvertido en sirviente, a juzgar por su apellido, que coincide con el de la mujer de Juan García, Ana de Cárdenas. Era usual que los amos dieran sus apellidos a los esclavos que poseían.

2.- Amplia información sobre este esclavo de don Rodrigo de Cieza en "Los esclavos 1" y ss., febrero de 2009.

Testigo, Ana de Tovar, mujer de Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil de esta dicha Villa, juró en forma de derecho, y siendo preguntada por lo contenido en la querella de la dicha Catalina Hernandez, dijo que lo que sabe en razón de lo contenido en la querella es que, estando esta testigo el lunes en la noche a buen rato de la noche próximo pasado en las casas de la morada de esta testigo, donde al presente es la Cárcel del Concejo de esta Villa, vió cómo el dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, trajo preso al dicho Juan Martín Haldón, y como lo metió dentro de la Cárcel, lo hizo asentar encima del cepo, y allí le dijo y llamó de ladrón salteador1, matahombres, y le dió de puñadas en la cara y cuerpo, y le mesaba las barbas y le dió de estirones, y le rompió un sayo prieto y la camisa, y pedía una soga, diciendo que, por las entrañas de la Virgen María, que lo había de ahorcar, y que si lo ahorcaba, que se quedaría ahorcado hasta ciento y un años, y que Luis Ortiz dijo que pusiesen allí un clavo y lo ahorcasen al dicho Juan Haldón, y que ahorcado se quedaría, y que no lo demandaría rey ni roque, y que si el Alcalde no fuera su parte, que otramente se librara, y que no sabe otra cosa en razón de lo contenido en la querella, y que esta es la verdad para el juramento que hizo, y no firmó, y dijo que es de edad de ... años.2

1.- Nueva alusión al chico de los pollos.

2.- Como era de esperar, toda su declaración respira animadversión hacia el viejo hidalgo, consecuencia además del aprecio que sentía por Juan Haldón y Catalina.

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