viernes, 1 de abril de 2011

Los Juanguren y el espadero 14

El miércoles día 30 muy temprano, la parte de Juan Haldón se dirigió a la casa de Hernando Jayán —situada aproximadamente en lo que hoy ocupa la calle de Lepanto— para presentarle la documentación habida el día antes en el Alcázar hispalense. Cuando el grupo llegó a la puerta se miraron unos a otros con los ojos muy abiertos, y como en una transmisión de pensamiento por telepatía, casi al unísono repararon en un detalle principal que hasta ahora había permanecido esquivo en los vericuetos de sus planes: Hernando Jayán y Diego Ortiz de Juanguren eran uña y carne, compadres, amigos íntimos, camaradas, y además vecinos. Mediando esta circunstancia, tenían el pleito perdido.
Todavía no habían accionado el aldabón de la puerta del Juez de Comisión, así que en voz baja improvisaron la siguiente actuación: Catalina y Ana de Tovar entregarían los papeles del Conde, dilatando en lo posible la diligencia que Jayán debía emprender a tenor de lo mandado en ellos, y mientras, el Alguacil y el playero volverían otra vez a Sevilla, a plantear una recusación en forma. Con suerte podrían estar de vuelta al mediodía, trayendo lo que don Pedro de Guzmán proveyese.
Y se puso en ejecución el plan. Ana y Catalina fueron recibidas con frialdad, pero eran mujeres inteligentes y decididas, y lograron su propósito. Más de una hora tardó el escriba en hacer acto de presencia, y otro par se empleó en redactar las copias para el Registro.

Hernando Jayán, mi vasallo de mi Villa de Castilleja de la Cuesta, ved la petición de esta otra parte escrita, que me fué dada por Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, vecino de la dicha mi Villa, preso en la Cárcel de ella, y cerca de lo en ella contenido yo os mando que hagáis información de lo que sobre ello pasa, la cual, con la que está hecha cerca del desacato y palabras que el dicho Juan Martín Haldón hizo a Diego Ortiz, me la enviad, para que lo mande ver, y proveer justicia, y tened (en blanco) preso y a buen recaudo al dicho Juan Martín Haldón hasta tanto que yo mande otra cosa, hecha el 29 de octubre de 1555.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta, a 30 de octubre de 1555, ante Hernando Jayán y en presencia del escribano Juan Vizcaíno, pareció Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, que está preso, y presentó ante el dicho Señor Hernando Jayán la Provisión y Comisión del Muy Ilustre Señor Don Pedro de Guzmán arriba dicha, la cual pidió que la acepte y cumpla como en ella se dice, y lo pidió por testimonio.

Hernando Jayán dijo que la aceptaba y aceptó, y que está presto a hacer justicia, y lo mandó poner en la diligencia, y asimismo dijo que mandaba y mandó a Catalina Hernandez que traiga y presente a los testigos, que él está presto a los recibir y hacer justicia.

La estratagema funcionó. Ajeno al doble juego de los partidarios del preso, el Juez de Comisión se las prometió muy felices con una querella que a todas luces percibía decidida y sentenciada. Su compadre Diego agradecido de por vida, y él mismo con motivos de regocijo durante la suya era el balance. A aquellos pueblerinos analfabetos, pero soberbios, le sería fácil engañar. Acordó con las dos mujeres y con Juan Vizcaíno seguir la gestión tras el almuerzo, dando así tiempo a que Catalina reuniese a sus testigos.
Después de comer, Jayán no esperaba que, en lugar de los declarantes, aparecieran en su puerta el playero y el Alguacil, quienes, serios y en silencio, le tendieron los documentos que habían conseguido arrancar a los burócratas del de Olivares:

Muy Ilustrísimo Señor: Catalina Hernandez, digo que yo supliqué a Vuestra Señoría mandase cometer la causa de entre Juan Martín Haldón mi marido con Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, a persona sin sospecha para que hiciese la información y me hize (sic) justicia, y Vuestra Señoría lo cometió a Hernando Jayán, el cual es íntimo amigo y compadre del dicho Diego Ortiz de Jujén (sic), yo y el dicho mi marido no entendemos alcanzar justicia, por tanto yo, como mujer y conjunta persona del dicho mi marido, pido y suplico a Vuestra Señoría mande cometer esta causa a un criado de su Casa, a quien se envíe hacer la información y en castigar los culpados, y a que suelte al dicho mi marido y le desagravie, y si necesario es, recuso al dicho Hernando Jayán, y juro a Dios que esta recusación no la hago de malicia, y que es buena y verdadera. Otro sí, a Vuestra Señoría pido y suplico tenga consideración a que el dicho mi marido no hizo desacato alguno, ni hubo causa para que el dicho mi marido fuese preso, y que el dicho mi marido no le quebró la vara de justicia, y que el dicho Diego Ortiz fué la causa, y debiera tener consideración a que el dicho mi marido estaba fuera de su juicio, por cierta enfermedad que tiene, y suplico a Vuestra Señoría tenga consideración a esto, por lo cual ¿fue?, y si la vara amaneció quebrada, que no sé ni afirmo fué porque la traía quebrada y encerada, y un abad se la quebró, y no mi marido1.

1.- De este misterioso abad no volvemos a saber nada. Comoquiera que la recusación siguió el camino que ahora veremos, se supone que nadie lo tomó en cuenta.

Hernando Jayán, mi vasallo vecino de esa mi Villa de Castilleja de la Cuesta, yo os mando que veáis la petición de esta otra parte escrita, que me fué dada por Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, y viendo lo en ella contenido, yo os mando que toméis (en blanco) a Alonso de Trujillo, vecino de esa mi Villa, y nulo ajuntament gralos informándolo de lo que pasa entre Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y Juan Martín Haldón, y a tomar los procesos criminales que contra él hay, de cualesquier delitos y pendencias que haya tenido, y haced que los testigos ratifiquen, y concluid con él para dar definitiva, y con consejo de letrado (en blanco) lo que halláreis por justicia, y mando al dicho Alonso que acepte lo susodicho ... y le doy poder cumplido ... ... de octubre de 1555.

El 30 de octubre de 1555, ante el Juez de Comisión Hernando Jayán, pareció Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, y presentó la Provisión y Comisión del Conde arriba puesta, y vista por el Señor Hernando Jayán, dijo que está presto de hacer cumplir todo lo que Su Señoría manda, y mandó al escribano Juan Vizcaíno que notificase del acompañamiento al dicho Alonso de Trujillo, para que lo acepte y se junte con él.

Así lo hizo Juan Vizcaíno. Del día 31 de octubre no disponemos de documentación al respecto. Se puede suponer que aquel jueves, víspera del Día de Todos los Santos, el anciano Alonso de Trujillo platicara con Jayán, e incluso que fuesen informados de ello los familiares de Haldón. No sabemos adónde condujeron las reuniones ni qué pudo ocurrir para que, después de tantos trabajos y carreras, al día siguiente los defensores de Haldón anularan la recusación, permitiendo a Hernando Jayán continuar como Juez, y dejando así descansar al septuagenario Alonso de Trujillo, quien con su edad bien lo agradecería.

Y luego, en 1 de noviembre (viernes, Dia de Todos los Santos), ante dicho escribano Juan Vizcaíno, pareció Catalina Hernandez, y dijo que no quería y quiere usar de la dicha recusación que puso contra Hernando Jayán, sino que lo consiente y da por bien el dicho Hernando Jayán, por sí solo si desacompañado reciba ... (sic). 30 días de octubre ... ... ... . La discordancia de fechas parece error de Vizcaíno.

Mas esta extraña retirada de la recusación quizá tuviera algo que ver con los acontecimentos que se aproximaban, acaso ya por entonces siendo proyectos claros en las mentes del Alguacil, de Ana y de Catalina. Por fin, sin fecha conocida, pero casi seguro que el día 2, Día de los Difuntos, Catalina Hernandez trajo y presentó sus testigos siguientes:

Testigo, Juan de Vega, trabajador vecino de esta Villa, presentado por parte de Juan Martín Haldón que está preso. Dijo que este testigo ha dicho su declaración sobre esta causa, por parte del dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y le ha dicho todo lo que sabía y vió de este negocio, y pidió a dicho escribano Juan Vizcaíno le leyese su dicho, y siéndole leído dijo que lo contenido en él es la verdad, y en ello se afirmaba y afirmó, y si fuese necesario lo decía de nuevo, y que de más de lo que dicho tiene, se acuerda este testigo que, estando en la Cárcel, el dicho Señor Alcalde daba voces y decía que le diesen una soga, que había de ahorcar a aquel bellaco borracho, y que vió que le puso guardas al dicho Juan Martín Haldón, y que vió cómo el dicho Juan Martín Haldón, como no quería ir a la Cárcel, lo desgarraron, y que Luis Ortiz dijo al dicho Diego Ortiz que bien podía ahorcar al dicho Juan Haldón, pues tal lo había parado, y que no vió ni sabe otra cosa. No firmó.

Testigo, Juan Garcia, tabernero, vecino de esta Villa. Dijo que estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado en su casa, que es casa de trato, a buen rato de la noche entró en su casa de este testigo el dicho Juan Martín Haldón, y pidió que le diesen medio cuartillo de vino, y este testigo, porque le pareció que iba fuera de seso y juicio natural, no se lo quiso dar, y luego comenzó a cantar y bailar el dicho Juan Haldón, y Ana Cárdenas, mujer de este testigo, le dijo que se fuese a su casa, y el dicho Haldón nunca quiso, y desde a un poco vino Diego Ortiz, Alcalde, y como entró, este testigo le rogó que le echase de casa al dicho Juan Haldón, porque no le revolviese la gente que estaba en casa, y el dicho Señor Alcalde mandó al dicho Haldón que se saliese y fuese a su casa, y el dicho Juan Haldón se salió a la calle y comenzó a hacer alharacas, y que le diesen un cuartillo de vino que había pagado, y no lo había pagado, y luego se vinieron el dicho Diego Ortiz, Alcalde, y el dicho Juan Haldón la calle arriba, y luego tornaron entrambos a casa de este testigo, y el dicho Juan Haldón decía que se le había perdido una bolsa con dineros, y dos chifles, y el dicho Señor Alcalde y este testigo buscaron la dicha bolsa y nunca la hallaron, y como el dicho Señor Alcalde vió que le había burlado el dicho Juan Haldón, lo tomó y llevaba a la Cárcel, y luego lo tornó a soltar, y no sabe ni vió otra cosa, y esta es la verdad para el juramento que hizo. No firmó, y es de ... años de edad.

Testigo, Hernán Dominguez, trabajador estante en esta Villa1. Dijo que lo que sabe es que, estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado, en el portal de la iglesia de esta Villa, oyeron gritos hacia casa de doña Isabel Cataño, mujer de Cazana, y fueron este testigo y Alonso de Mendoza, que estaba con este testigo, adonde sonaban los dichos gritos, y cuando allegaron hallaron que el dicho Juan Haldón, que está preso, estaba echado en el suelo, y el dicho Diego Ortiz, Alcalde, dijo a este testigo que lo echasen mano, y luego el dicho Juan Haldón se levantó, y como se levantó arremetió al dicho Señor Alcalde y le dió una o dos puñadas, y luego anduvieron a los brazos el dicho Juan Martin y el dicho Alcalde, y luego el dicho Alcalde asía del pescuezo al dicho Juan Haldón, y por traerlo a la Cárcel le daba de rempujones y le llamaba de bellaco borracho, y le pareció que entreoyó que le había llamado de salteador de caminos2, y así lo llevaron a la Cárcel, y entrando en la Cárcel este testigo se salió de la Cárcel, y no vió otra cosa. Y lo firmó.

1.- Portugués, un hombre controvertido. Ver "Los esclavos 75h" y ss., octubre de 2009.

2.- Insulto cierto o invención del testigo, es una clara alusión al episodio de los pollos en el camino de Albarjáñez.

Testigo, Leonor Sanchez, mujer de Francisco Fuerte1. Dijo que conoce al dicho Juan Martín Haldón, que está preso, y al dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y que el lunes en la noche próximo pasado, estando esta testigo en su casa, oyó barahúnda en la calle, y abrió la puerta de la calle, y cuando la abrió, vió que el dicho Diego Ortiz, Alcalde, y otras personas que iban con él, llevaban preso al dicho Juan Martín Haldón hacia la Cárcel de esta Villa, y que no sabe ni vió otra cosa. No firmó.

1.- Testigo por parte de Diego Ortiz de Juanguren.

Testigo, Alonso Rodriguez de Triana, vecino y Alguacil de esta Villa. Dijo que no sabe cosa alguna de lo contenido en la querella. No firmó.

Testigo, Luis de Casana, vecino de Sevilla y morador en esta Villa, presentado por parte de Juan Martín Haldón. Conoce al dicho Juan Martín Haldón y al Señor Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y que este testigo ha dicho su declaración en esta causa por parte del dicho Señor Alcalde, y pidió que le fuese leído, y siéndole leído por el escribano Juan Vizcaíno, dijo que es la verdad, y que además de lo que dicho tiene, se acuerda que el dicho Alcalde, por llevar a la Cárcel al dicho Juan Haldón, le debiera de rasgar las ropas, porque este testigo vió cómo el dicho Juan Haldón, estando en la Cárcel luego que le prendió el dicho Señor Alcalde, tenía rompidos (sic) la camisa y el sayo, y que, por meterle miedo, el dicho Señor Alcalde decía que lo había de ajorcar (sic) al dicho Juan Haldón1, y vió cómo le echó unos grillos y una cadena de hierro, y entrambos pies en el cepo, y le puso dos hombres que lo guardasen, y que no sabe ni vió otra cosa. Firmó.

1.- Nótese como Luis de Casana exculpa a Diego Ortiz de Juanguren, so pretexto de que actuó en plan paternalista. Este Luis era un hombre joven de buena familia, de desenvainar fácil, y de pocos escrúpulos a la hora de robar una yegua para darse cabalgadas por pura diversión, como iremos viendo.

Testigo, Diego de Cárdenas, de nación indio, trabajador estante en esta Villa, juró en forma de derecho, y siendo preguntado por lo contenido en la querella, dijo que lo que sabe en razón de lo contenido en la dicha querella es que, estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado, a buen rato de la noche, en casa de Juan García, tabernero, donde vive y mora este testigo1, y vió cómo estaba allí el dicho Juan Martín Haldón, y ¿valió? (¿bailó?) con este testigo y con otras personas que estaban en casa, y tomó una vihuela al esclavo del cura2 y comenzó a tañer y a hacer varahúnda (sic), y como le vió Ana de Cárdenas, mujer del dicho Juan García, andar desatinado, dijo que se saliese de su casa, y nunca quiso el dicho Juan Haldón, y desde a un poco vino el Señor Alcalde y entró en casa, y como entró, la dicha Ana de Cárdenas dijo al Señor Alcalde que echase de casa al dicho Juan Haldón, y el dicho Señor Alcalde mandó al dicho Juan Haldón que se saliese de casa de la susodicha y se fuese a su casa el dicho Juan Haldón, y el dicho Juan Haldón volvió con el dicho Señor Alcalde, diciendo que se le había perdido una bolsa con dos chifles y cuatro reales que tenía dentro de la dicha bolsa, y pedía al dicho Señor Alcalde que se la hiciese dar, y el dicho Señor Alcalde buscó la dicha bolsa y nunca pareció, y del enojo que con él tomó por la burla que le había hecho, mandó a este testigo que llevase a la Cárcel al dicho Juan Haldón, y este testigo con el dicho Señor Alcalde llevaron al dicho Juan Haldón hasta la puerta del dicho Señor Hernando Jayán, y allí lo dejaron y no lo llevó a la Cárcel, sino mandó le metiesen en su casa y no saliese de ella hasta otro día, y este testigo se vino a su casa, y no vió ni sabe otra cosa en razón de lo contenido en la dicha querella, y esta es la verdad para el juramento que hizo, y no firmó, y dijo que es de ... años.

1.- De nación indio, Diego de Cárdenas era con toda probabilidad un esclavo sudamericano ahorrado, antigua propiedad de los taberneros y ahora reconvertido en sirviente, a juzgar por su apellido, que coincide con el de la mujer de Juan García, Ana de Cárdenas. Era usual que los amos dieran sus apellidos a los esclavos que poseían.

2.- Amplia información sobre este esclavo de don Rodrigo de Cieza en "Los esclavos 1" y ss., febrero de 2009.

Testigo, Ana de Tovar, mujer de Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil de esta dicha Villa, juró en forma de derecho, y siendo preguntada por lo contenido en la querella de la dicha Catalina Hernandez, dijo que lo que sabe en razón de lo contenido en la querella es que, estando esta testigo el lunes en la noche a buen rato de la noche próximo pasado en las casas de la morada de esta testigo, donde al presente es la Cárcel del Concejo de esta Villa, vió cómo el dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, trajo preso al dicho Juan Martín Haldón, y como lo metió dentro de la Cárcel, lo hizo asentar encima del cepo, y allí le dijo y llamó de ladrón salteador1, matahombres, y le dió de puñadas en la cara y cuerpo, y le mesaba las barbas y le dió de estirones, y le rompió un sayo prieto y la camisa, y pedía una soga, diciendo que, por las entrañas de la Virgen María, que lo había de ahorcar, y que si lo ahorcaba, que se quedaría ahorcado hasta ciento y un años, y que Luis Ortiz dijo que pusiesen allí un clavo y lo ahorcasen al dicho Juan Haldón, y que ahorcado se quedaría, y que no lo demandaría rey ni roque, y que si el Alcalde no fuera su parte, que otramente se librara, y que no sabe otra cosa en razón de lo contenido en la querella, y que esta es la verdad para el juramento que hizo, y no firmó, y dijo que es de edad de ... años.2

1.- Nueva alusión al chico de los pollos.

2.- Como era de esperar, toda su declaración respira animadversión hacia el viejo hidalgo, consecuencia además del aprecio que sentía por Juan Haldón y Catalina.

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Notas varias, 2v.

Por mediación de las visitas anuales efectuadas por las máximas autoridades religiosas de la provincia para supervisar el estado y buen gob...