viernes, 16 de diciembre de 2011

Los Juanguren y el espadero 29


Por la siguiente declaración, la de Leonor Sánchez, queda confirmado que Bartolomé Hernández era hermano del Alguacil Alonso. Un punto aclarado, pero hay otro que añade más confusión a la identidad de esta persona, y es que ahora aparece su mujer como Juana Sánchez. No obstante, lo que apuntábamos en el capítulo anterior respecto a Gonzalez/García vale también para Sánchez (ver infra), otro apellido común que se representaba con un signo muy parecido a los anteriores. Estudiemos la referida declaración antes de aventurar una hipótesis sobre el apellido — o cuál de los tres diferentes apellidos— de la mujer de Bartolomé.

Testigo, Leonor Sánchez, mujer de Francisco Fuerte, vecina de esta Villa. Preguntada que si sabe quién soltó al dicho Juan Martín Haldón de la prisión en que estaba, o le dió la llave o favor y ayuda para que se soltase, dijo que so cargo del dicho juramento no lo sabe, ni sabe otra cosa mas que estando esta testigo a su puerta puede haber tres o cuatro horas, que es junto a casa del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil de esta dicha Villa, vió cómo se paró a la puerta Juana Sánchez, mujer de Bartolomé Hernandez, hermano del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, y dando voces preguntó a esta testigo que si había visto a Ana de Tovar, mujer del dicho Alguacil, que no estaba en la Carcel el dicho Juan Martín Haldón, y esta testigo fué corriendo la calle abajo hacia casa de Bartolomé Moreno, y preguntó a Mencía Rodriguez su mujer, que si había visto a la dicha Ana de Tovar, mujer del dicho Alonso Rodriguez de Triana, y la dicha Mencía Rodriguez fué a buscar a la dicha Ana de Tovar, y desde a un poco vinieron entrambas, y esta testigo se vino con la dicha Ana de Tovar a su casa, y cuando entraron hallaron que el dicho Juan Martín Haldón no estaba preso y se había ido, y vió cómo estaban la cadena y cepo y todas las prisiones sanas, y vió cómo estaba la llave del candado de la Cárcel metida en dicho candado y todo sano, y esta testigo se asomó a la huerta del Señor Hernando Jayán*, que linda con el corral de las casas de la morada del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, y vió en la dicha huerta los grillos y el martillo de la Carcel, y lo trajo a la Cárcel, que no sabe otra cosa; fuéle preguntado quién alzó el hato del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, dijo que como vino la dicha Ana de Tovar su mujer, y halló que se había huído de la Cárcel el dicho Juan Martín Haldón, llevó todo el hato que tenían a la Calle Real, y lo metió por la huerta de Juan de Torres; fuéle preguntado que quién le ayudó a pasar el dicho hato a la dicha Ana de Tovar, dijo que una mujer y una negra de casa del dicho Juan de Torres, que no sabe cómo se llaman, y una negrilla de doña Isabel de Cazana (sic) que se dice Juana, y dos niñas de Juan de Vega, que la llaman la una Marina y la otra Catalina, y que no sabe otra cosa; fuéle preguntado que si ha visto esta mañana venir a la Cárcel a la mujer del dicho Juan Haldón o a otra persona alguna, dijo que esta mañana se paró por encima de la pared del corral de las casas de la morada de esta testigo, que lindan con el corral del dicho Alonso Rodriguez, Alguacil*, y llamó a la dicha Ana de Tovar para que le diese una poca de leña, y que oyó hablar en la Cárcel a Catalina Hernandez, mujer del dicho Juan Martín Haldón, y que no sabe otra cosa, mas que oyó decir esta testigo a la dicha Ana de Tovar que había venido esta mañana a la Cárcel Isabel García, viuda vecina de esta Villa, y le había pedido un poco de sal, y que se lo había dado y que después que se lo dió se asentó (sic) la dicha Isabel García, y como se asentó, que le preguntó qué cuya era una escalera que estaba allí, y que le había dicho que era del Viejo de la Plaza, y que como le dijo que era del Viejo, que le dijo: "pues qué, porque no se la llevaba, que había estado dando voces esta mañana por la dicha escalera", y se la había llevado y que se había ido con ella la dicha Isabel García, y que cuando allegaron a la Plaza no halló al dicho Viejo en su casa, y que como no lo halló, le dijo la dicha Isabel García que no dejase la dicha escalera en su casa, y que la había dejado en casa de la dicha Isabel García, y como la dejó se venía, y ya que se venía la dicha Isabel García le dijo que entrase, y vería a su hija Ana García que estaba mal, y entró y estuvo un poco con la dicha Isabel García y Ana García su hija, y cuando salió topó a la puerta de la calle a Catalina Hernandez, mujer del dicho Juan Haldón, y le había dicho que había pescado en la Calle Real, y que se había ido con ella a la Calle Real, y que, entretanto, que se había ido el dicho Juan Haldón, y que esta es la verdad. No firmó.**

* Siendo así y como ya hemos visto que la casa de Hernando Jayán lindaba con el Hospital, éste con la casa de Alonso Rodriguez de Triana y ésta con la casa de su hermano Bartolomé Hernández, hay que deducir que había al principio de la calle de Los Jayanes (hoy calle de Enmedio) un conjunto de viviendas. Es posible que esta casa de la declarante tuviera su fachada hacia lo que hoy es la calle de Lepanto y que fué, hasta el siglo XIX, un espacio abierto conocido como Plaza de la Zarza, conectado con la de Santiago. Otra posibilidad es que dicha casa de Leonor y Francisco Fuerte perteneciera a otra calle, suponemos que apenas sin dibujar entonces, y que hoy está materializada como calle Príncipe de Asturias, con lo cual el fondo de su corral lindaría con el del corral de la casa del Alguacil en la calle de Enmedio en parte, y con el del corral de Hernando Jayán en la misma calle, como declara.

** Nótese como los personajes citados parecen actuar como si representaran una extraña comedia con sombras que van y vienen: la mujer de Bartolomé, cuñada política de la del Alguacil, pregunta por ésta a la testigo, la cual a su vez pregunta a Mencía, la cual busca a Ana de Tovar y la trae al escenario de los hechos. La viuda Isabel García es descrita con todos los tintes de la intriga, como una anciana empeñada en alejar a Ana de Tovar distrayéndola de su labor de vigilancia, para propiciar la fuga de Haldón, o al menos es lo que aparentemente intentan hacer creer las testigos al Juez de Comisión, porque el hecho indubitable es que el Alguacil fué cómplice y su mujer Ana no tenía por menos que estar al tanto de sus intenciones de marcharse con el zorzalero, siendo así, por tanto, tan cómplice como él. La viuda Isabel García a su vez introduce a otro personaje tan borroso e irreal como ella misma: El Viejo de la Plaza, que grita a horas tempranas quejándose porque no le han devuelto su escalera; y a su propia hija Ana García, enferma en cama, idóneo pretexto para retardar la vuelta de Ana de Tovar a la prisión. Todo un enrevesado montaje, expresado en forma tan prolija que resulta increíble que el escribano lo recogiera tan al detalle como lo recogió, y con el que irremediablemente dejarían a Hernándo Jayán en extremo confundido.


Para terminar el capítulo y continuando con —sospechamos— los intentos por parte de todos de engarbullar al Juez de Comisión, la documentación nos induce a incluir en estos intentos nada menos que al propio escribano Juan Vizcaíno. A esta hipótesis nos referíamos al principio; de esta forma quedaría explicado el uso de tres apellidos para la mujer de Bartolomé Hernández so pretexto de que sus abreviaturas eran parecidas, a fin de embrollar más los autos. Nada de extraño, habidos los vínculos sentimentales que ya conocemos entre Vizcaíno y Juan Martín Haldón ("Los Juanguren y el espadero 27").
Otra incógnica cuya resolución positiva abundaría en favor de lo expuesto es la de que Juan Vizcaíno y Bartolomé Hernández Vizcaíno estuviesen emparentados, con lo cual el escribano también lo estaría con el Alguacil en el mismo grado. Los protocolos pendientes de estudio guardan la respuesta.
Añadiremos, concluyendo, que la actividad en este 4 de noviembre de 1555 tenía otros aspectos paralelos, otras caras colaterales y otros desenvolvimientos dobles, que vamos a ir viendo. Se había puesto en marcha una maquinaria tan compleja, que en un pueblo tan pequeño debió significar que todas las mentes de sus habitantes estaban elucubrando sin interrupción alrededor del mismo asunto.

No hay comentarios:

Notas varias, 3i.

Juan de Vidales, defensor de Bienes de difuntos, por los del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en la causa con el bachiller S...