domingo, 9 de septiembre de 2012

Los Juanguren y el espadero 41


El Licenciado Guillermo Borgoñón, en nombre de Bernardo de Oliver, ante Su Merced y los Señores Alcaldes del Crimen de la Real Chancillería de Granada, dice que habiendo estado su parte preso en la cárcel de Castilleja, lo han llevado a las casas de sus mismos contrarios1, y no dan lugar a que sea visitado por persona alguna, y aunque hasta ahora no le hubiesen hecho malos tratamientos es probable que, puesto en poder de sus mortales enemigos, lo podrían matar muy fatalmente cada y cuando quisiesen, lo cual no se debe permitir. Por lo que pide y suplica que su parte sea sacado de la casa en que se halla, y puesto en lugar seguro.

1.- En realidad la nueva casa-cárcel fué —como vemos en el capítulo anterior— alquilada por estos mismos "contrarios" (o sea, Pedro Ortiz y Bernardina) a los herederos de Cristóbal de Castro, difunto ya en 1557. Ejerció Cristóbal de albañil y dejó extensa familia. Ver "Los esclavos 75i", entrada de octubre de 2009, y "Los esclavos 75d", entrada de septiembre de dicho año.


Pedro Ortiz dice que se ve en peligro y que no puede tener en su guarda a Bernardo de Oliver. Diego Gonzalez, Alguacil de la Villa, se obliga a guardarlo por las noches, los domingos y las fiestas de guardar, corriendo la guarda de día a cargo del dicho Pedro Ortiz.
Diego debía estar hirviendo de ira e indignación; cuenta Quevedo en "El alguacil endemoniado" que fué a ver a un amigo clérigo en cierta iglesia, y lo encontró en una sala dándole voces a un hombre, alguacil de profesión, del cual decía que estaba endemoniado. Pronto, a instancias de los conjuros del clérigo, oyóse una voz cavernosa desde el interior del guardián del orden, implorando piedad y argumentando de las siguientes maneras:
"... se ha de advertir que los diablos en los alguaciles estamos por fuerza y de mala gana; por lo cual, si queréis acertar, debéis llamarme a mí demonio enaguacilado, y no a éste alguacil endemoniado..."; "... persuádete que el alguacil y nosotros todos somos de una orden, sino que los alguaciles son diablos calzados y nosotros diablos recoletos..."; "... y ten lástima de mí y sácame del cuerpo deste alguacil, que soy demonio de prendas y calidad, y perderé dempués mucho en el infierno por haber estado acá con malas compañías...".
No era Francisco de Quevedo el único hombre de letras que no simpatizaba con las fuerzas del orden público. Lope de Vega los ridiculizó con ahinco. Y se cuenta una anéctoda sobre Alejandro Dumas que, paseando por París, fué abordado por un grupo de señoras emperifolladas y con huchas en las manos; estaban haciendo una colecta para sufragar con dignidad los funerales de un policía pobre recien fallecido, y le solicitaron 25 francos "para el entierro de un alguacil" —le dijeron—, a lo que contestó el autor de Los Tres Mosqueteros: "tomen ustedes 50 y entierren a dos".
Además, el refranero hispano se ha hecho depositario y reflejo de la desconfianza y recelo que producen en el pueblo los guardias; vayan estos dos dichos como ejemplo: "diez ladrones y diez alguaciles, veinte hombres viles", y "si quieres saber quién es Gil, dale la vara de alguacil".
A propósito de sus varas, ya conocemos a lo largo de esta historia de Castilleja cómo para dichos vigilantes suponían emblema de poder, y cómo eran para la población llana casi más temidas como una espada. Quebrarle la vara en el forcejeo de una disputa o riña a uno de estos oficiales de la justicia suponía indefectiblemente hacer mérito a un duro castigo. En sus rondas por las calles de nuestra Villa, Diego Gonzalez o Bartolomé Moreno —por nombrar a los dos últimos de los que hemos documentado hechos— siempre la ostentaban aparatosamente y con no disimulado orgullo, y en las riñas y contiendas las enarbolarban en alto bien visibles, lo que significaba traer a colación toda la autoridad del Conde de Olivares y de su sombra, el propio Rey. De hecho, los vasallos estaban obligados de acudir de inmediato, dejando cualquier ocupación por importante que fuere, al grito de "¡auxilio a la vara de la justicia! o ¡favor a la vara del Rey! proferido por un alguacil en los apuros propios de su cometido. Era muy característico en los díscolos más bravucones intentar arrebatarle al atribulado servidor del orden el símbolo de su autoridad y, conseguido, sujetarlo horizontalmente por los extremos con firmeza con ambas manos, para de un seco rodillazo partirlo en dos, arrojar con desprecio los fragmentos a un lado y, encarándose con el humillado alguacil, espetarle un "¿¡qué!?" como un trallazo.
Por lo poco que conocemos de las varas de las justicias castillejanas, sabemos que eran de madera común y tenían tallados en un extremo el escudo del Estado de Olivares y una cruz cristiana; no tenían ninguna semejanza, toscas y rudimentarias como solían ser, con las lujosas varas de plata que en las ceremonias de los concejos de las comunidades ricas se entregaban a los dignatarios, o con las fastuosas que agitan los jefes de los batallones en los desfiles conmemorativos, o con las refulgentes que portan los  dirigentes cofrades en las hermandades religiosas, pero a efectos prácticos cumplían similares funciones: sobre ellas se juraba en ocasiones urgentes, por ejemplo, poniendo la mano en la cruz
A propósito de "cruz", es el momento de examinar la entrada "vara" en el "Diccionario de símbolos", de Juan-Eduardo Cirlot: "En realidad toda vara es un vector (segmento dotado de dirección, longitud y sentido) siendo estos elementos que lo constituyen, o los símbolos adicionales, si los hay, en su terminación [en nuestro caso, el escudo de Olivares y la cruz son símbolos adicionales] los que refuerzan o determinan el sentido simbólico. La vara, en sí, como el bastón y el cetro, es símbolo de poder. La lanza, el asta pura (lanza sin hierro que se daba como premio en el ejército romano), el signum [sīgnum, señal, signo; marca, impronta, huella], el caduceo, el tirso, el tridente, e incluso la antorcha son formas derivadas de la vara o relacionadas con ella."
Al respecto de la voz "cruz" en el referido Diccionario cita Cirlot al eminente psicoanalista Jung, el que pensaba que "en algunas tradiciones en que aparece la cruz como símbolo del fuego y del sufrimiento existencial, puede deberse a que sus dos maderos se relacionan, en su origen, con los empleados para producir la llama, a los que se considera por los primitivos como masculino y femenino". Nada más claro: el hombre prehistórico para hacer fuego mantenía fijo con una mano un trozo de madera (extático, femenino) mientras que lo frotaba con el otro trozo (el pene dinámico), y así la obtención de la llama equivaldría al orgasmo, a la iluminación, al calor. Nótese como en la imaginería cristiana abundan las superposiciones de los dos maderos cruzados del sacrificio de Jesús —el referido "sufrimiento existencial" de Jung— con un corazón inflamado (¡de amor!), con unos rayos, con un resplandor, etc. Los avispados embaucadores que desde sus púlpitos y sus medios de comunicación pretenden la remodelación de las conciencias según sus propias y patentes neurosis han sido calificados con total acierto como "los asesinos de Eros", el poderoso dios griego, "una de las fuerzas primordiales que dominaban el mundo antes del nacimiento de los inmortales y de la aparición de los hombres. Su poder se extendía no sólo a los seres, sino también a los vegetales, los minerales, los líquidos, los fluidos, en suma a todo lo existente. Eros une, mezcla, agrupa. Posee la atractiva virtud que incita a las cosas a unirse y a crear vida. No hay que confundirlo con Cupido, dios romano, o bien con el Amor, a pesar de que la época clásica y los poetas lo convirtieran en un auxiliar del Amor, en un hijo de Hermes y de Afrodita, o los artistas lo representaran como un niño alado que atraviesa con sus flechas el corazón de los hombres o enciende en sus almas el fuego de la pasión". (Del Diccionario de mitología griega y romana. Joël Schmidt. Larousse, 1993).
Y en este punto convendría cerrar la divagación volviendo al quevedesco alguacil endemoniado en las feroces manos del clerigo exhorcista, que en el fondo, y sátiras aparte, retrata una flagrante castración espiritual. Es muy realista imaginarse a nuestros alguaciles en la intimidad del hogar al abrigo de ojos inquisitoriales bromear con sus esposas levantándoles los faldellines con la vara —endemoniados, diría don Rodrigo de Cieza, cura de la iglesia de Santiago—, mas ya lo expresó con rotundidad el historiador romano Salustio (Amiternum 1 de octubre de 86 a.C. - Roma 13 de mayo de 34 a.C.): "el mundo es un objeto simbólico".

También dijo: "Difícil es templar en el poder a los que por ambición simularon ser honrados". Lo que es aplicable a Rodrigo de Cieza y a sus secuaces que han sido, son y serán.

martes, 4 de septiembre de 2012

Los Juanguren y el espadero 40


Pedro Ortiz de Juanguren, representante de la viuda Bernardina de Sagredo, —homónima del agresor de su marido—, alega que los testigos del capítulo anterior le tienen mala voluntad, y que declararon apasionadamente e incurrieron en falso testimonio.

De esta siguiente anotación en los autos, abstrusa y plagada de palabras ilegibles, no podemos deducir si Simón de Valencia estaba también preso y por consiguiente en compañía de Bernardo de Oliver, —a no ser que su arresto fuera domiciliario—, o si estaba constituído por depositario de los bienes del espadero. O si en cambio lo era Miguel de las Casas.

En lunes 30 de enero de 1559, ante Miguel de las Casas, el depositario de los bienes del preso, Simón de Valencia, entregó a Benito Macías, ... Ana de Valladares ... ... . Testigos, Hernando Jayán, vecino de Sevilla y morador en esta Villa, y Salvador Perez, escribiente.

Mas en ningún caso en los pormenorizados documentos que siguen, referidos a la prisión de Bernardo durante varios meses, se hace referencia a Simón.

Seguidamente nos encontramos con una sentencia que revoca otra anterior de menor autoridad; de esta última no hay rastro documental.

Sentencia:  Hallo que Pedro Sanchez [Vanegas], Alcalde Ordinario que de este pleito ... , que la sentencia que en él dió juzgó mal, revoco su sentencia y haciendo justicia por la culpa que por este proceso resulta contra el dicho Bernardo de Oliver, que lo debo de condenar y condeno a que de la cárcel donde está sea sacado caballero en una bestia de albarda, pies y manos atados, desnudo hasta la cinta, con voz de pregonero que manifieste su delito, y por las calles acostumbradas de esta Villa le sean dados doscientos azotes, ... le condeno a destierro de esta Villa y su término perpetuamente, el que dicho destierro salga a cumplir luego que fuese suelto de la cárcel, y no lo quebrante so pena de cumplir diez años sirviendo en las galeras de Su Majestad, por galeote al remo sin sueldo, y en las costas de este proceso, la tasación de las cuales en mí reservo, y juzgado así, lo promulgo. El Licenciado Diego de General.

El martes 4 de abril de 1559, por mano de Miguel de las Casas, le fue notificada la anterior sentencia a Bernardo de Oliver, en la Cárcel Pública de Castilleja de la Cuesta.

Sentencia firmada por un licenciado, pero que debió ser dictada por el Alcalde Mayor, hombre inflexible del que ya sabemos que sin ninguna misericordia mandó clavar la mano de Vasco Díaz en el rollo de la Plaza. Pero esta sentencia de azotes a Oliver no se ejecutó de ninguna manera, porque como comprobamos de inmediato, un mes después el maestro de hacer espadas seguía detenido en la casa-cárcel del Alguacil Diego Gonzalez, si bien tan extraordinariamente supervisado que es el mismo Alcalde Mayor quien inspecciona el cepo, los grillos y la cadena que lo inmovilizan.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta en martes 16 de mayo de 1559, Diego Lopez de Herrera, Alcalde Mayor de esta dicha Villa, visitando la Cárcel de ella visitó las prisiones del dicho Bernardo de Oliver, que está preso ... , que tenía puestos dos grillos cada uno en su pie, y sus chavetas remachadas en ambos pies, y un cepo y una cadena pasada por ambos peales de los dichos grillos y metida por un agujero, y al cabo de ella echado un candado con su llave dentro del aposento de Diego Gonzalez, Alguacil, al cual le ... que tenga preso en las dichas prisiones como ahora está, sin soltarle de ninguna de ellas ... y tenga muy buen ... y recaudo permanezca ... el que el dicho preso esté seguro en la dicha prisión so pena de 20.000 ... a la Cámara de Su Majestad, del que mi señor de ... de las penas que caen los alguaciles y carceleros que ... los presos de los jueces y se van por su ... guarda ... ; el cual dijo que era trabajador y no tiene bienes de que sustentar él y su mujer ... de los jornales que gana por su persona y que ... la de ir ahora a segar, que pide y suplica a Su Merced y si es necesario ... acatamiento ... obligadamente a Pedro Ortiz en su persona, que asiste en nombre de la mujer e hijos de Diego Ortiz, difunto, a acusar al dicho Bernardo de Oliver, que le pague sus jornales, y que está presto, de pagándoselos, de guardarle cumplidamente y que le pongan personas que lo guarden. Pidió y suplicó ante Juan ... , Juan Sanchez Delgado y Bartolome de Alfaro, vecinos de Sevilla, y Juan Vega, vecino de esta Villa.

Por el final reconocemos el lugar común de los míseros alguaciles del pueblo, sin sueldo para suplir la falta de ingresos que su obligatoria ocupación les imponía. En este caso Diego Gonzalez sugiere que sea la acusación quien le pague un sueldo, lo que indica que no tenía ni remotas esperanzas de que se lo pagara la administración de la Villa. Acto seguido la parte de Bernardina se niega rotundamente a ello, aseverando que los gastos han de correr a costa de la Justicia, o ¡del propio preso! Adivinamos en este asunto un a modo de preludio de la amenaza que en nuestro siglo se cierne sobre la gestión de las instituciones penitenciarias: su privatización, su venta a empresas particulares, que conlleva a convertirlas en puro negocio.

Pedro Ortiz, ... en el pleito con Bernardo de Oliver, maestro de hacer espadas ... , en cuanto el auto es contra mis menores ... el Alguacil es obligado a guardarlo de día y de noche, y si es pobre han de poner en el dicho oficio persona suficiente y rica ... y esto no ha de ser a costa de mis partes, sino a costa del preso o de la Justicia. Por tanto pido a Vuestra Merced anule o revoque lo que tiene proveído. Firma el Doctor Gonzalo de Zúñiga1

1.- Gonzalo de Zúñiga se comprometió a editar en Madrid los libros de la historia del Perú en poder de don Rodrigo de Cieza; ver "Rodrigo de Cieza 17", enero de 2009.

Por fin el Alcalde Mayor obliga a Pedro Ortiz a hacerse cargo del preso.

En Castilleja de la Cuesta en sábado 26 de mayo de 1559, ante el señor Hernando Jayán, Alcalde Ordinario, y Miguel de las Casas, compareció Pedro Ortiz, al cual se le presentó un escrito de mandamiento del señor Diego Lopez de Herrera, Alcalde Mayor de esta Villa. 
Por dicho escrito Hernando Jayán ordena a Pedro Ortiz que busque una casa lo suficientemente adecuada como para que pueda estar seguro el preso, ordenándole además que corra con los gastos de alquiler de dicha casa, y con los salarios de las personas encargadas de vigilar al maestro espadero. Pedro, como hemos visto, se resiste, pero tras ser instado dos veces por el Alcalde Mayor, se ve obligado a presentar casa habilitada como prisión, que resulta ser la de los herederos del difunto Cristóbal de Castro. El ¿28? de mayo es trasladado Bernardo de Oliver a la nueva cárcel, cargado con todas sus prisiones y a costa y riesgo de Pedro Ortiz, que aparentaba sentirse en extremo agraviado. El traslado, efectuado con la máxima teatralidad, tuvo lugar entre tan extremas como innecesarias medidas de seguridad, con Hernardo Jayán acompañado de mucha gente del pueblo, escribano y escribiente, Alcalde Mayor y una docena de chiquillos silenciosos y asombrados ante tamaño espectáculo.

El Alcalde Mayor le echó los pies ambos y un cepo y con sus peales a los pies y con dos cadenas ... dos peales con sus chavetas por el cepo y por un agujero de una pared y con un cadenado (sic) con su llave a ambas cadenas, y dos grillos a cada pie su grillo, y no se le echaron más prisiones porque el Alguacil de esta Villa no tiene otras, habiéndole echado todas las dichas prisiones. Mandó el señor Alcalde a Isabel Garcia, mujer de Diego Gonzalez , que tenga las llaves en su poder como se las tenía, hasta que el señor Alcalde Mayor mandara otra cosa, y mandó a Pedro Ortiz que ni él, ni su mujer, ni ningún pariente del difunto Diego Ortiz vivan en dicha casa1. Y así, Pedro se da por entregado del preso, firmando la escritura de recibimiento ante los testigos Salvador Perez, Diego de Vega, Pedro Sanchez Vanegas, Bartolome ... y Juan de Vega.
Luego, el dicho escribano y el Alcalde, asistidos por una mujer llamada Catalina Lopez, le cataron al preso las ropas de su cuerpo y un calzoncillo muy viejo que tenía2, para ver si tenía alguna otra cosa, y no le hallaron nada. 

1.- Para evitar situaciones que favorecieran la venganza y el tomarse la justicia por su mano. Recordemos cómo el viejo Diego Ortiz de Juanguren vapuleó al zorzalero Haldón estando ya sujeto al cepo. Con el mandamiento parece apuntarse directamente a la viuda Bernardina de Sagredo, cuyo trauma debía potenciarse con el embarazo que soportaba, un futuro hijo que era recuerdo constante de su difunto marido.

2.- Era prenda interior, propicia para ocultar objetos si se le cosía un bolsillo falso, por ejemplo. De los calzoncillos nos dice el Diccionario de Autoridades que "Son los calzónes de lienzo anchos, que se trahen debaxo de los otros calzónes: no porque sean menores, sino porque no tiene entretelas, ni otra cosa mas que las costúras. Del latín Intima femoralia" (Intima: las partes interiores, íntimo, recóndito, que está en el fondo, y femoralia: fémur, hueso del muslo).
Por esta fuente sabemos que en 1680 costaba lavar cada par de calzoncillos 6 maravedíes; en la cata a los calzoncillos de Bernardo de Oliver no se encontró nada, excepto lo usual en aquellos tiempos: parásitos abundantes y todo tipo de gérmenes.
Los calzones mencionados en el Diccionario son confundidos muchas veces con los zaragüeyes, porque ambas prendas eran usadas por las clases más desfavorecidas, esclavos incluidos. Sobre los calzones, derivado de "calza" y vestidos encima de nuestro calzoncillo, nos ilustra la profesora Carmen Bernis en "Indumentaria española en tiempos de Carlos V", Madrid, 1962: "... eran de hechura mucho más sencilla [que las calzas], pues ni se amoldaban a la forma de las piernas ni se complicaban con cuchilladas y forros. Por ser prenda de menos categoría que las calzas, aparece en los textos formando parte del traje de pastores, labradores, marineros, etc. Había calzones largos parecidos a los pantalones actuales y calzones cortos hasta la rodilla. Según inventarios diversos, los calzones se hacían de paño, de grana, de cuero, de estameña y de lienzo.

sábado, 25 de agosto de 2012

Los Juanguren y el espadero 39


En mal estado de conservación, abundan las palabras y frases borrosas, y las roeduras de los insectos hacen ilegibles otras.

Testamento de Diego Ortiz de Juan Guren. En el nombre de Dios, amén. Sepan cuantos esta carta de testamento vieren como yo, Diego Ortiz de Juan Guren, vecino de esta ciudad en la collación de San Lorenzo, estando enfermo del cuerpo y sano de la voluntad y en mi completo entendimiento y en mi cumplida y buena memoria y juicio que Dios Nuestro Señor tuvo por bien me dar, y creyendo como tengo creído todo lo que enseña nuestra Santa Madre Iglesia de Roma como católico que soy, y temiendo de la muerte, que es cosa natural y buscando por mi ánima en carrera de salvación hago y ordeno este mi testamento y última voluntad de la forma y tenor siguiente: cuando muera mando ser enterrado donde, iglesia o monasterio, mis albaceas dispongan, y con las misas y sacrificios que ellos decidan. Mando ... reales de plata para la cera de la dicha iglesia o convento. Declaro que debo a Miguel de las Casas, vecino de Castilleja de la Cuesta, ... de la ... que tengo de ... dicho Miguel de las Casas ... que son en esta Villa de Castilleja de la Cuesta ... de ellos ... primero ... año ... y la otra en fin de marzo del año venidero de cincuenta y nueve ... los dichos ¿pleitos? se le paguen. Item declaro que debo a doña Francisca de Ribera, Condesa de Olivares, 13 ducados ... ... porque yo tengo arrendada por ... de cincuenta y ocho la renta de los menudos de esta Villa de Castilleja, porque lo ... ... dichos derechos ... ... el dicho Miguel de las Casas ... ... de los que no le dió reconocimiento ... mando ... que ... . Declaro que debo a Hernando Garcia, trabajador ¿criado? de los frailes del monasterio y convento de San Agustín 25 reales de plata que me prestó por ... en 6 reales, mando que se le paguen de mis bienes. Mando que (cláusula ilegible, en la que parece encomendar a sus albaceas el pago de algunas deudas). Declaro que me debe Pedro Sanchez Vanegas, vecino de Castilleja de la Cuesta, el diezmo de los menudos que ... de pagar en dicho año de cincuenta y ocho ... ... y mando que se le cobre. Declaro que me debe ¿Contreras ... Torres?, vecino de dicha Villa, el dicho diezmo de los menudos. Declaro que me debe la hija de Leonis Bravo, mujer que fué de Andres Hernandez, difunto, vecina de Castilleja de la Cuesta, el diezmo de los dichos menudos de este año. Declaro que me debe ¿Gonzalo Ramos?, vecino de esta Villa, el dicho diezmo. Mando que se cobre de ¿Juan? ... lo que pudiere debérseme del diezmo de las ¿cañas? de la dicha Villa de Castilleja de la Cuesta en dicho año de cincuenta y ocho, de que él es arrendador. Mando que (cláusula ilegible sobre un ¿dolo? habido entre él y Hernando Jayán). Bernabé Martin me debe por los menudos. Mando que se cobren de Isabel ¿Mencía? lo que dijere ella que me debe. Cristóbal Garcia, vecino de esta dicha Villa, me debe 9 reales. Me debe ... Pérez, vecino de esta Villa, 20 reales. Declaro no haber recibido dote alguna de mi mujer, Bernardina de Sagredo. Al tiempo de mi casamiento heredé de Diego Ortiz de Juan Guren, mi padre, y hubo partición entre mis hermanos. Mando que a Diego1, mi criado, por el mucho servicio que me ha hecho y por el amor que le tengo ... que yo ... de hierro ... y los ... que le pareciere, y queriéndose ir a su tierra luego ... que lo lleve y le den al dicho ... la que den a su ¿padre? del dicho Diego porque no los gaste los dichos ... . Nombro por mis herederos a Bartolomé de Sagredo y a Beatriz ¿Quijada?, mis hijos legítimos con mi mujer Bernardina de Sagredo, y al póstumo o póstumos que ... está preñada, habiendo a luz y viniendo, a todos los cuales instituyo por mis legítimos herederos. El remanente lo doy a Isabel Ortiz, Beatriz Ortiz, Íñigo Ortiz y Luis Ortiz, mis hermanos, por el amor que les tengo y porque rueguen a Dios por mi alma. Nombro tutora y curadora de mis menores hijos a mi mujer Bernardina de Sagredo, que está preñada, por la gran confianza que le tengo, y venido que sea el dicho Íñigo Ortiz, mi hermano, de las Indias del mar Océano donde ahora se encuentra, que sea también tutor y curador de los dichos mis hijos, juntamente con mi mujer Bernardina de Sagredo. Nombro para cumplir este mi testamento como mis albaceas a mi hermana Beatriz Ortiz y a Luis de Figueroa, clérigo presbítero, vecinos de Sevilla en la collación de San Lorenzo. Estando en las casas de la morada del otorgante, sábado, 29 de octubre de 1558. Dijo no saber escribir. Testigos, Pedro Lasso y Pedro de Almonacir. Escribano, Mateo de Almonacid.

1.- Diego de Mesas, el mozo de 14 años del capítulo anterior, único testigo de lo acontecido entre su amo y el espadero.

Muerto Diego Ortiz el miércoles 2 de noviembre de 1558, no fué sino hasta enero de 1559 cuando se detuvo y encarceló al maestro espadero. Debió tenerse en cuenta, para tal dilación, la buena fama de Bernardo y su contrapartida, la mala del difunto; o bien tras la muerte del joven Diego, su familia comenzó a presionar en Castilleja para que la justicia interviniese, sin conseguir resultados hasta tan tarde. Veámoslo:

Día (ilegible) de enero de 1559. Este día puse por preso a Bernardo de Oliver, siendo presentes a todo esto Salvador Perez, Francisco Garcia, Pedro de las Casas, Francisco de Aguilar y Diego de Vega.

Con esta fecha aparece una especie de inventario de utensilios que obraban en la Cárcel, el cual el Alguacil lleva a cabo pormenorizadamente:

... una cadena gorda con 27 eslabones; una mediana con 23; una argolla y un ¿botador? de hierro; 5 peales y 16 chavetas de hierro; 2 grillos de hierro; un martillo; 2 cadenados con sus llaves; un cepo de madera con seis ojales de pies y dos de cabeza, y su telera de hierro.

Y a modo de ilustración marginal, anotemos que: Este mismo día se nombraron, como Cuadrilleros de la Santa Hermandad, a Antón Martín Bernal y a Alonso Dominguez, los cuales juraron sus cargos.

Y es entonces en realidad cuando comienzan los episodios rocambolescos que, sin duda alguna, convertirían al armero desterrado en poco menos que un personaje legendario en la Villa. Los prolegómenos vinieron caracterizado por su defensa, ejercida por un representante legal, un procurador de la capital inmediatamente contratado. El consiguiente testimonio que presenta Bernardo, ya preso, inmediatamente admitido por el Alcalde Lorenzo Sánchez, está respaldado por testigos de prestigio en el pueblo, lo inicia dicho Alcalde con un interrogatorio, y del cual falta alguna hoja de apertura (transcribo las respuestas más ilustrativas):

"Lorenzo Sanchez, Alcalde Ordinario, toma declaración a Pedro ..., que dice conocer a la mujer e hijos de Diego Ortiz de cuatro años a esta parte, y al dicho Bernardo de Oliver de cuatro meses a esta parte poco más o menos, y que conoce al dicho Diego Ortiz de veinticinco años a esta parte poco más o menos; dijo que tenía cuarenta años de edad poco más o menos, y que no es pariente de ninguna de las partes, salvo que es compadre de Diego Ortiz; dijo que tuvo a Diego Ortiz de Juanguren por hombre de muy mala lengua, que por muy livianas cosas se enfrentaba a muchas personas, tratándolas mal de palabra; dijo que estando en la Iglesia de Santiago de Castilleja de la Cuesta oyendo una misa que cantó Francisco de Vega, clérigo vecino de esta dicha Villa, estando el testigo junto a Diego Ortiz sentados en un poyo junto al altar mayor donde decían la dicha misa, vió el testigo que el dicho Diego Ortiz tuvo palabras con un mancebo, Luis de Casana1, que estaba sentado en un poyo junto al dicho Diego, ... sintió furia, se levantó del dicho poyo y echó mano a una espada, y con ella le tiró una cuchillada fuera de la vaina y no le alcanzó, y al tiempo hubo muy grande alboroto en la dicha Iglesia, siendo Diego Ortiz la causa del alboroto.
A la 4ª pregunta dijo que puede hacer ¿seis? días poco más o menos que, estando este testigo en la Villa de Castilleja de Guzmán un día que hicieron fiesta del Corpus2, viniendo la procesión por una calle, a la puerta de un Gerónimo de Ordiales , morador de la dicha Villa, y viniendo el Santísimo Sacramento por la dicha puerta, vió el presente testigo que el dicho Diego Ortiz se ... a palabras ... volvió con un hombre vecino de la ciudad de Sevilla que había ido a la dicha fiesta, y vió que le dijo el dicho Diego Ortiz que quién le había mandado echar mano a una saya que estaba puesta a una ventana del dicho Gerónimo de Ordiales, donde estaba puesta la mujer del dicho Diego Ortiz, y en esto vió el testigo que el hombre respondió a Diego: por Dios, señor, que me estaba levantando, y luego al momento sacaron las espadas y se dieron cuchilladas junto al Santo Sacramento hasta que la Justicia les echó mano y los desarmó, y después los hicieron amigos.
A la 5ª pregunta dice que desde que llegó a esta Villa Bernardo de Oliver no ha tenido pendencias, y que lo tiene por hombre de bien.
A la 6ª pregunta, que Diego Ortiz tuvo la culpa, y no Bernardo. Y termina el interrogatorio firmando con los testigos.

1.-  Luis de Casana, ver "Los Juanguren y el espadero 14", entrada de abril de 2011.

2.-  Microcosmos del Corpus de Sevilla. Ver la nota 1 de "Los Juaguren y el espadero 37h", abril de 2012.

Diego de Vega, mancebo soltero, hijo de Juan de Vega, vecino de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, habiendo jurado sobre las probanzas de Pedro Ortiz y siendo preguntado, dijo:
A la 1ª pregunta, que conoce a Bernardo de Oliver de cinco meses a esta parte, y que conoce a Diego Ortiz y a un niño hijo suyo; tiene veintidos años y no es pariente de ninguna de las partes. Dice que Diego era pendenciero y mal hablador; coincide con la declaración del testigo anterior sobre la pendencia ocurrida en la Iglesia, donde al tiempo del Credo desenvainaron las espadas, y que Casana también le tiró a Ortiz una cuchillada.
A la 4ª pregunta repite punto por punto lo ocurrido en la fiesta del Corpus Cristi en Castilleja de Guzmán, según lo expuesto por el anterior testigo. Por fin añade que Bernardo es un buen trabajador en su oficio de espadas, y un buen maestro. Que la culpa de todo lo ocurrido es de Diego, y no de Bernardo.

El jueves 26 de enero de 1559 declara Juan de Vega, vinero vecino de esta Villa de Castilleja de la Cuesta. Dice que conoce a la mujer e hijos de Diego Ortiz desde seis años a esta parte, a Bernardo de Oliver desde cinco meses, y a Diego desde veinticinco años; dice tener cuarenta y cinco años y no ser pariente de ninguna de las partes; que Diego era pendenciero; que Luis de Casana también le tiró una cuchillada, en la misa tras el Evangelio; que Bernardo es hombre de bien; y que toda la culpa de lo acaecido es de Diego Ortiz.

Por último declara Francisco Sanchez Ladrillero, mancebo soltero y vecino de Castilleja de la Cuesta. Tiene veinticinco años y no es pariente de ninguna de las partes. Conoce a Bernardo de Oliver desde hace cinco meses. Repite lo ya conocido sobre la riña en la Iglesia de Santiago. Declara que en la procesión del Corpus de Castilleja de Guzmán, él portaba una cruz, y que los contendientes con el alboroto de las cuchilladas casi echan abajo al Sacramento. Termina diciendo que Bernardo era hombre pacífico, trabajador haciendo espadas.

En base a tal información, Bernardo de Oliver declara (en una escritura muy mal conservada):

Bernardo Oliver, preso por el pleito con la mujer e hijos de Diego Ortiz, digo que por mi parte está probado todo lo que me ... probar con suficiente número de testigos y mayores de todas ... con los cuales he probado que el dicho Diego Ortiz era hombre escandaloso, pendenciero y revoltoso, y los ... alborotos que por su causa hubo y que ... y murmurador de mala lengua, y que yo he sido siempre muy pacífico y que si alguna pendencia hubo entre mí y el dicho Diego Ortiz sería y fué la causa el dicho Diego Ortiz, y a mi parte se ha de dar más crédito que no a la de la parte contraria, porque mis testigos deponen de afirmativa y los de la parte contraria de negativa, conforme a lo que ... quimera ... que yo hubiese hecho sería y fué para mi defensa, y por ello no se me puede imputar ... alguna. Por lo que pido y suplico a Vuestra Merced haga y mande hacer que todo ... y como tengo pedido, y lo que más a mi favor de derecho se pudiere y se hubiere de hacer ... imploro ... y pido ... .

martes, 5 de junio de 2012

Los Juanguren y el espadero 38


Los hechos de la pendencia que condujo a la muerte de Diego Ortiz de Juanguren el mozo fueron presenciados por un joven criado de éste, que luego los referiría en testimonio ante  el escribano Juan de Aguilar en Sevilla el miércoles 2 de noviembre de 1558. Transcribo, adelantando acontecimientos, el documento completo:

Fé de la muerte de Diego Ortiz. Juan de Aguilar, escribano de Su Majestad y de la Justicia en Sevilla por el Muy Noble Caballero Alonso Aguado, Aposentador de Su Majestad y su Escribano Mayor, dá fé que en miércoles 2 de noviembre de 1558, estando en unas casas en la collación de San Llorente donde vive Íñigo Ortiz1, en un palacio bajo de las dichas casas, en un lecho, estaba echado un hombre muerto, que personas que estaban dijeron que se llamaba Diego Ortiz, el cual estaba en el hábito de San Francisco y tenía la cabeza atada con unos paños,  y en presencia de mí el escribano y testigos susoescritos le fueron quitados dichos paños, y tenía una herida cuchillada en la cabeza, a la parte trasera hacia el lado derecho, la cual dicen que le fué dada en la Villa de Castilleja de la Cuesta puede haber 15 días poco más o menos, y que se la dió un hombre espadero que estaba en la dicha Villa y que al presente está preso en la dicha Villa, y que de la dicha herida ha estado malo hasta que anoche serían a las diez poco más o menos, que falleció de la dicha herida, a lo cual que dicho es fueron presentes por testigos Juan Bautista y (en blanco) ¿Vallalido? y Gonzalo García, vecinos de esta ciudad. Firma, Juan de Aguilar.

1.- Ya presenté a Íñigo como hermano del difunto, esposo de Luisa de Rojas y ausente en Indias. En cambio parece este Íñigo tratarse de otra persona, puesto que los siguientes testigos se refieren a él como tío del referido difunto.


En este dicho día para información y averiguación de la dicha muerte del dicho Diego Ortiz fué recibido juramento de Gonzalo García, trabajador, vecino de esta ciudad en casa de Luis Ortiz, que vive en cal de Catalanes1, el cual, habiendo jurado por Dios y por una señal de la cruz que hizo decir verdad en todo cuanto le fuere preguntado, dijo que conoce a Diego Ortiz de más de 10 años, y que hace 10 días oyó decir que estaba malherido por un espadero en la Villa de Castilleja de la Cuesta, y luego oyó decir que era muerto, y fué a casa de Íñigo Ortiz y allí lo vió muerto, y que no sabe otra cosa; es de edad de 50 años.

1.- Hoy es Albareda y Carlos Cañal. La primera documentación como calle de Catalanes es de 1379, aunque con anterioridad ya había originarios de Cataluña concentrados en ella. Según una leyenda, cierto negro a principios del siglo XVII se ofreció voluntariamente en venta para sufragar una función de desagravio a la Pura Concepción, ultrajada por ofensas verbales de otras personas. (Diccionario histórico de las calles de Sevilla. Director, Antonio Collantes de Terán Sánchez).
Muy clásico el acto del individuo que se sacrifica por sus "ideales religiosos", pero que en la mayoría de los casos lo que persigue es fama y promoción social. Por otra parte, las "ofensas verbales" consistirían, como casi siempre, en poner en duda en una u otra forma el absurdo dogma de la Iglesia de una virgen madre de un dios.


Testigo, Juan Bautista, vecino de Sevilla en la collación de Santa María, en la calle de la Borzeguenería (sic)1; conoce a Diego Ortiz de 8 años; hace 12 días oyó decir que estaba herido y lo habían hecho en Castilleja de la Cuesta, donde vivía, un espadero desterrado desde esta ciudad a la dicha Villa, y luego supo que habían traído al dicho Diego Ortiz a esta ciudad para curarlo, y este testigo lo fué a ver a casa de Íñigo Ortiz su tío, donde lo vió herido en una cama y lo vió curar la herida, y que tenía cortado cuero y carne y le salía sangre, y le curaron el doctor Cueva y el doctor ¿Ardino?, médicos, y decían que tenía cortado el casco, y que anoche este testigo estuvo presente con el dicho Diego Ortiz, y murió de la dicha herida serían a las 10 horas poco más o menos, y este testigo lo vió muerto como ahora está, que no lo han enterrado; tiene 35 años, y firmó de su nombre.

1.- Hoy es la calle de Mateos Gago, aunque la antigua Borceguinería —porque allí tenían sus tiendas estos fabricantes de zapatos o borceguíes desde el siglo XIII— ocupaba solamente desde la plaza Virgen de los Reyes hasta la confluencia de Mesón del Moro. (Antonio Collantes de Terán, obra citada).


Testigo, Diego de Mesas, mozo de 14 años, criado que dijo ser del dicho Diego Ortiz, difunto; dijo que puede hacer 15 días poco más o menos, que estando este testigo en casa del dicho Diego Ortiz en la Villa de Castilleja de la Cuesta donde él vivía, vió que el dicho Diego Ortiz cabalgó en una jaca para ir fuera, y dijo al espadero su vecino, dentro de su casa, que guardase un acetre y un pollo que allí estaba, porque no lo hurtasen1, y el dicho espadero le dijo: "ponéos del lodo vos, y el acetre y el pollo, bellaco borracho", y el dicho Diego Ortiz respondió: "¿qué será un bellaco?"2 y se apeó, y entre tanto el dicho espadero tomó una espada, y el dicho Diego Ortiz echó mano a un puñal que tenía en la cinta, y antes que llegasen el uno al otro llegó Antonio García, compadre del dicho Diego Ortiz, y se abrazó con él para detenerlo porque no riñesen, y teniéndolo abrazado llegó por detrás el dicho hombre espadero y le dió gran golpe en la cabeza, de que lo hirió y le cortó cuero y carne y le salió mucha sangre, y como el dicho Diego Ortiz se vió herido se quiso soltar, y el dicho Antonio García por quitarle el puñal le segó la mano y le salió mucha sangre, y el dicho Diego Ortiz arremetió con el dicho espadero y anduvieron asidos al puñete, y el dicho espadero le dió un bocado en la barba y otro en la oreja, y todavía lo tuvo recio hasta que vino la Justicia y lo prendió y llevó preso, y luego enviaron por un maestro, y fué el doctor ¿Andino? [no nos decidimos entre Ardino y Andino] y lo curó, y puede haber 7 u 8 días que por mandado del dicho doctor ha estado echado en cama, y lo trajeron a esta ciudad, donde ha estado echado en cama en casa de Íñigo Ortiz su tío, que anoche murió de la dicha herida, y este testigo lo vió muerto como ahora está, que lo quieren llevar a enterrar.

1.- Se desprende de la encomienda una burla que Bernardo de Oliver no estaba dispuesto a soportar, en gran parte por las antipatías que sentía hacia el hidalgo desde meses antes. Ahora, desde la altura dominante en su jaca, Diego Ortiz se mofa del desterrado que se afana en la puerta de su humilde casa en elaborar sus espadas. Imaginemos un pozo, una tinaja o un barril de agua, acaso para beber, porque acetre "se llama en el Réino de Granada y en otras partes la calderilla ò caldéro pequeño, con que se saca agua de las tinájas o pozos, que ordinariamente es de cobre. Latín, situla [cubo]" (Diccionario de Autoridades). En derredor, la tierra encharcada —de ahí la siguiente alusión al lodo—, y picoteando en ella, un pollo.

2.- Como diciendo "no sé que es ser bellaco, pero tú, porque lo dices, sí lo sabes, y si lo sabes, lo eres". Por otro lado, Diego Ortiz en cierta manera admite el apelativo de "borracho"; probablemente lo fuera.


Lo cual firmé yo, el escribano Juan de Aguilar, de pedimento de doña Beatriz Ortiz, mujer de Francisco de Morales1, como hermana legítima que dijo ser del dicho Diego Ortiz, difunto, y por mandado del Magnífico Señor Licenciado Diego de la Calle, Teniente de Juez de Residencia de esta ciudad y su tierra, que es hecho a 4 de noviembre de 1558.

1.- Varios Francisco de Morales resuenan en Castilleja en aquellos años. Una Beatriz Ortiz fué tía del difunto, y la hija pequeña de éste llevó también el mismo nombre y apellido.

Y presentada según dicho es, luego la dicha Bernardina de Sagredo dijo que el dicho Diego Ortiz su marido era muerto y pasado de esta presente vida, y que había muerto y fallecido de la dicha herida, como el Señor Alcalde ha visto por la dicha información, y que ella, en nombre de sus hijos y del dicho Diego Ortiz, y como su tutora y curadora que dice ser nombrada en la dicha cláusula del testamento que el dicho Diego Ortiz su marido hizo al tiempo que falleció ante Mateo de Almonacid, escribano público de Sevilla1, pedía y pidió al dicho Señor Alcalde le haga justicia. Testigos que fueron Salvador Pérez, Pedro López y Hernán Dominguez, vecinos de Castilleja de la Cuesta. Firma, Miguel de las Casas.
El Alcalde mandó a Bernardina de Sagredo mostrar la fé de la cláusula de cómo es tutora y curadora. Bernardina dijo que al presente no la tiene, y que la traerá. El Alcalde le dió un día de término para hacerlo, y si no, nombraría él tutor.

1.- El segundo y definitivo testamento (que veremos en el siguiente capítulo). El primero, con ocasión de su proyectado viaje a Indias, en "Los Juanguren y el espadero 37k", abril de 2012.

Bernardina de Sagredo, vecina de Sevilla en la collación de San Vicente y al presente moradora en Castilleja de la Cuesta, dá poder a Pedro Ortiz, vecino de Sevilla en la collación de Santa María la Mayor, en su nombre y en el de sus menores hijos, especialmente para el pleito que sigue con Bernardo de Oliver. Dado en Castilleja de la Cuesta, en miércoles 9 de noviembre de 1558.

jueves, 31 de mayo de 2012

Los Juanguren y el espadero 37s


El padre del difunto General Cosme se obligó como tutor y curador de sus menores nietos en Sevilla, el día 9 de septiembre de 1558, el mismo día que Lorenzo Sánchez era recluido en su domicilio por el Alcalde Mayor del Conde de Olivares a cuenta de la denuncia de Catalina García. Por dicha fecha uno de los nietos —sobrino de Lorenzo, no lo olvidemos— llamado Francisco Rodríguez Farfán, tenía entre 20 y 25 años y era casado, con hijos. Ordenóse la partición de los bienes que dejó el General, nombrándose como tercer contador y partidor Alonso de Alfaro, vecino de Sevilla en la collación de la Magdalena.
El viernes 12 de mayo de 1559 los hijos del General se presentaron ante el Alcalde de Sevilla y pidieron otro tutor, porque su tío Lorenzo Sánchez era fallecido; para tal ocasión nombraron al boticario Pedro de Monsálvez, vecino de Sevilla en la collación de San Lorenzo.
Dicho Alonso de Alfaro —familia del conquistador Martín de Alfaro en mayor o menor grado— y otro partidor, un tal Juan Francisco, nombraron a su vez a los castillejanos Bernabé Martín y Francisco de Contreras, como personas hábiles y suficientes conocedores de la hacienda de los menores, para que apreciasen los bienes raíces, y para los bienes muebles a Catalina Bernal y a Catalina de ¿Barcasaco Roderal?, vecinas de Sevilla. Los dos castillejanos figuran como vineros de profesión, y las dos últimas como correderas1. Los cuatro juraron ante el Alcalde de Sevilla cumplir fielmente sus cometidos.
Al abuelo Gonzalo Rodríguez Farfán se le hace cargo de unos bienes que vendió: la madera de una cama de campo, dorada, vieja; una mesa vieja, con su banco, de cadenas; el vino de cosechas de las viñas de sus nietos; y varias rentas de juros. Se le hace descargo en: cobijas que gastó en las viñas de Castilleja; jornal al capataz, a los peones que sacaron las lías de las tinajas en Castilleja; 43 peones para agostar dichas viñas; carretas, pilas, sogas, arrobas de pez para la vendimia; guardas en las viñas de Gines y Castilleja en los años 1557 y 58; pago al escribano; fanega de cebada para el macho, y su carga de paja y un freno de 2 reales y medio, y 58 maravedíes por herrarlo; lo que gastó Francisco Farfán en su ida a La Alameda, para ir a Ronda a asentar la cédula de su mujer, y un hombre que fué a Ronda también, para lo susodicho; costas de pleitos, entre ellos el de Pedro Milanés, y pagos a Oficiales de la Casa de la Contratación (a veces en especia, como una carga de aceitunas); 4 varas de lienzo para calzones a Andrés, el esclavo; el salario del capataz para los esclavos; el adobo de la silla del macho; una toca para Margarita, negra; jabón para todo el año; un real de unas botas para el esclavo Andrés; 216 maravedíes a Antón Moreno del servicio de Su Majestad de los ... del año 1558; el tributo a Francisco Andrés, vecino de Gines, por las viñas en dicho término; otros tributos por viñas en Bormujos; 2 reales a Francisco Rodríguez, sastre, por la hechura de los calzones del esclavo Andrés; 8 reales por un capote para el dicho esclavo Andrés; 6 reales por vara y tres cuartos de fusa para unos faldellines a Beatriz, esclava; 210 maravedíes para la tela de un sayo para Antón, esclavo, con los ... de tundir; 2 reales al sastre Francisco Rodríguez por la hechura de las susoescritas ropas; 206 maravedíes de 60 tejas, a 3 blancas cada una, para la bodega de Castilleja de la Cuesta, y 3 reales de un albañil; 6 reales a Cristóbal de Escobar para ir a Ronda a cobrar lo que se debe a los menores; 44 maravedíes de una camisa y unos zapatos para Andrés el negro en la víspera de Pascua de 1558; 2 reales de unos zapatos para Margarita la negra; 68 reales a Francisco Farfán para gastos de él y su mula en 8 días a Ronda para cobrar lo que allí se debe. Año 1559: 70 peones a podar las viñas de Castilleja y Gines, a 2 reales cada peón; 2 reales y medio a 2 peones que trasegaron el vino madreado de Castilleja y limpiaron las tinajas; pago a los procuradores del pleito con Pedro Milanés; herraduras al macho; pago a peones por echar cepas en El Candelero y abriendo y cerrando vallados; 2 reales y medio por 2 calabazas para el ... de la dicha cavada; de cortar la caña del cañaveral de Castilleja para rodrigones; zapatos al negro; vallado del cañaveral de la casa del cercado; de fés de traer el vino de Castilleja; peones para cavar en la suerte de La Mora, y en la de Alonso Guillén; pago a 20 y 30 peones cavando y rodrigonando en La Alberquilla; 2 reales de juncia para el rodrigón; cebada para el macho; 22 peones en Los Candeleros; para un sayuelo para Margarita la negra; diezmo de la carne de Diego Ortiz del año 1558; peones y capataz para cavar en la viña de Alonso Guillén; juncia para abrazar; 4 peones abrazando; 3 reales de una ¿canezada?; unas botas al negro, y 61 maravedíes de unos zapatos a Margarita la negra; a Miguel de las Casas por la alcábala del vino.
Cuenta con Francisco Farfán: 300 reales que Francisco hubo cuando fué a la Corte; otras varias cantidades; 4 ducados a doña Francisca, mujer del dicho menor Francisco Farfán, por varios mandados a Ronda.
Cuenta con Agustín Farfán: pago a un barquero de Sanlúcar que tuvo dicho Agustín; pago por un ... que hizo en Canarias; 3 reales de unos zapatos; 9 varas de lienzo; 6 maravedíes por unas calzas de terciopelo; paño negro para una capa y un sayo, y 2 reales de seda para coserlos, y 46 botones para el sayo; ... de holanda para 2 jubones, 2 varas de presilla para apresto de dichos jubones, y seda y cañamazo para ellos; 5 reales de 44 botones para los dichos jubones; 13 reales de pago a Francisco Rodríguez, sastre, de la hechura de la capa y el sayo, y la caperuza del ¿uso? aforrada de tafetán; unas botas; gasto de ir a ver a su hermana; pago a Duarte Fernández, que le debía dicho Agustín Farfán, por lo cual estuvo preso; cabezadas y suelas de unas botas tapetadas; un real de una vaina de espada; otras botas de cordobán; un sombrero aforrado con tafetán; zapatos, calzas, cintas; pago por una espada que le prestó a Francisco Farfán; otras diversas cantidades en metálico; pagos para una gorra, un manto y otras cosas, todo ello anotado en el libro del dicho tutor; y medio real cada día.
Cuenta con Juan Rodríguez Farfán: calzas, jubón, una gorra de medio ducado; una docena de cintas, 3 varas de paño negro de Segovia para capa y sayo, y una vara y media de mitán para aforrar el sayo; tafetán para forrar, 5 varas de Ruán; pago a Francisco Rodríguez por los botones del sayo y por su hechura y la de la capa; calzas, paño leonado; medio real de tundir el paño del sayo; zapatos, jubones, botas; 2 camisas y su hechura; 16 reales y medio a Gaspar Bello, maestro que enseña al dicho menor a leer y escribir y contar, a cuenta de los 3 ducados que concertó con él; otro ducado y medio al dicho Gaspar Bello; un real de papel y tinta; 4 reales para aguilando (sic) al dicho maestro el 3 de enero de 1559; pago a Morcillo, calcetero, por varias calzas; 2 reales de un libro blanco, y ¿blanco de ... ? de papel para contar; 14 maravedíes de una llave para su arca; otro real de papel y tinta; zapatos; y medio real cada día, todo anotado en el libro del abuelo Gonzalo Rodríguez Farfán. Mas una gorra, un bonete y un sayo.
Cuenta con María de Morales: vara y media de paño blanco; raso leonado para guarnecer una saya; mitán para forro de un sayito; tafetán blanco; 4 reales de una onza de entorchada para su ropa; botones y cintas blancas; hechura de ropa y camisas; una frezada; cosas de menudencias que se llevaron al monasterio de Santa María de las Dueñas (en 1559); pago a la depositaria del dicho monasterio; paño, fusa y estameña; presilla; una polla, 2 reales de miel al monasterio; un brasero para la menor; un cuarto de un queso; un real de llevar todo esto al monasterio; 8 varas de cotonías para 2 fustanes para el sastre Francisco Rodríguez; una toca; 2 gallinas y fruta al monasterio; pago a la depositaria del dicho monasterio; 6 reales por una ¿ternuela? de puerco que se llevó al monasterio; zapatos; un palomino; alimentos de Andrés y Margarida (sic) y sus hijos, esclavos de los dichos menores.
Bienes muebles: paños de corte, cama de damasco, cojines de carmesí, salero de plata dorada, águila de plata para un espejo, aro guarnecido de plata, caja guarnecida, caja de cedro, caja ¿ensayalada?, ropas, sábanas, almohadas, un peinador, paños de rostro, saleros de peltre, colchones, mesas, candeleros de alzófar, braseros de cobre, calderas, acetre, 3 esclavos de los menores, que son una esclava que nombran Margarita, de 30 años, con 2 hijos suyos, que al uno nombran Antón, de 2 años, y a la otra Beatríz, de un año, todos en 100 ducados; otro esclavo, de nombre Andrés, de 30 años poco más o menos, en 70 ducados; un juro sobre la Villa de Zalamea; una partida de plata que vino junto con vino y lanas a la Casa de la Contratación en la nao del maestre Alonso Pérez Maldonado por bienes de dichos menores, que pesa dicha plata 80 marcos y 5 onzas, de 178.181 maravedíes; otra partida de plata, vino y lanas en la nao de Marcos de Torres, de 108.290 maravedíes; un tejuelo de oro que pesa 303 pesos, de buen oro, de 136.450 maravedíes, todo ello depositado en dicha Casa de la Contratación; sillas de cadera, viejas; un aparador de madera con su cerradura y llave; cierta cantidad del Concejo de la ciudad de Ronda.
Todo el valor de dichos bienes se repartió entre los menores, y a María de Morales le correspondió además la mitad del valor de los esclavos.
Se dispuso el pago a los acreedores de Cosme Rodríguez Farfán nombrados en su testamento: Diego Felipe y Cristóbal Romero.

1.- Según la Real Academia de la Lengua es sinónimo de alcahueta, o mujer que concierta una relación amorosa. Ni por asomo puede pensarse ese sentido aquí; no he encontrado ningún otro que pueda encajar.

Llama la atención en este documento la gran cantidad de jornaleros que precisaba el cuidado de las viñas de los herederos del General, cuyo mantenimiento constituiría, así, un activo impulsor de la economía del pueblo. Nótese también el gasto en las indumentarias de los menores, que debieron formar parte de una elegantísima élite cuya presencia en nuestra Villa impresionaría a sus sencillos habitantes con sus vistosos atuendos y sus séquitos de esclavos, éstos no menos bien equipados. La niña María de Morales, homónima de su madre, sobrina de Lorenzo Sánchez e ingresada en Las Dueñas, tuvo que ser el ideal espejo donde se miraban todas las pequeñas castillejanas, y por su cultura adquirida con las monjas, alguien inaccesible, etérea y endiosada a los ojos llenos de curiosidad que, en sus visitas a Castilleja, la convertirían en el centro de atención allá donde compareciera.
Los ricos, los pobres. Igual que siempre. Entre éstos, almas envidiosas, llenas de aspereza y de rencor, culpantes a todos y a todo desde sus grietas hediondas; o llenas de sabiduría innata, naturalmente lúcidas, despreciadoras de lo que no fuera la Idea resplandeciente. Y entre aquéllos, pedernales obtusos, ramas secas de gigantescos pinos ancestrales, petrificados, inamovibles desde las cimas de sus barrancas; o cándidas almas espirituales, manos albas de uñas transparentes, abstraídas en la contemplación artística del Ser. El cielo rebosa de camellos minúsculos que transitaron por ojos de aguja grandes como un atardecer aljarafeño. Los castillejanos llenaban las horas del Siglo de Oro de afanes morbosos o de apacibilidades oníricas, esperando la anhelada señal del dedo ciego de la Fortuna, cuya marca silenciosa y enorme supondría paz interior, acaso disfrazada de oro y caballos, acaso de piojos y pan duro.

jueves, 17 de mayo de 2012

Los Juanguren y el espadero 37r


Resta transcribir el testamento —o sus partes más interesantes— otorgado por el General Cosme Rodríguez Farfán, según había yo prometido al principio de esta serie de subcapítulos, para ponerle fin y continuar con el episodio del espadero Bernardo de Oliver.
En sí la disposición de última voluntad fué otorgada el jueves 15 de octubre de 1556, pero diligencias como reparticiones y aceptación de tutorías se llevaron a efecto hasta en septiembre y octubre de 1558, en Castilleja y por el padre del ya difunto navegante, en los días en que su cuñado Lorenzo Sánchez bregaba con el pleito de Vasco Díaz. También veremos estos documentos antes de concluir.

He aquí el dicho testamento que otorga "El General Cosme Rodríguez Farfán, vecino de Triana, estando enfermo del cuerpo y sano de la voluntad". Manda ser enterrado en la sepultura que tiene en la Iglesia de Santa Ana. Manda asimismo diversas misas. El primer item es: "Declaro que me está adjudicado y mandado dar por sentencia de los Señores Jueces de esta ciudad de Sevilla de la Casa de la Contratación de ella ... y treinta y tantos mil maravedíes de lo que se escapó de la playa de Zahara, como consta por el proceso que está ante Juan Díaz, escribano de la Casa de la Contratación, y son ... por el Alcalde Salazar, de que tiene la memoria del proceso Juan Bautista, mi procurador. Mando que se cobre para mis herederos".
Dice que le debe el Jurado García de León1 de resto de una libranza de 600.000 maravedíes, que son 700 ducados poco más o menos; manda que se averigüe la cuenta con él por su libro y el de él, y se cobre de ello lo que le debe, y se le paguen de ello 6... de negros que le dió.
Le deben ...sesenta y tantos ducados poco más o menos, de resto de su salario, del cual le está mandado dar libranza por los Señores Jueces de la Casa de la Contratación; manda que se saque la dicha libranza y que se cobre para sus herederos.
Le debe Pedro Milanés2 y sus herederos 1.000 pesos de ... , que por los cuales le tiene hecha ejecución; manda que se siga y cobre para sus herederos, y asimismo que se siga el pleito que con los dichos herederos trae sobre lo que dicho Pedro Milanés le debe, y que se cobre a ellos de los bienes de dicho Pedro Milanés.
Le debe el Jurado Alonso Vázquez 101.000 maravedíes, y manda que se le cobren.
Manda que se cobre todo lo que aparezca que le deben, por contratos o en otra manera.
Debe a Madrid, canónigo de Santo Domingo, 100 ducados de resto de cuentas; manda que se le paguen.
Debe a Jaúregui3, escribano público del Nombre de Dios, difunto, 10.000 maravedíes que le dió para hacer una paga.
Debe a Juan Cristóbal, su tío, de ciertos vinos que el testador vendió a cierto vecino del Nombre de Dios; manda que se averigüe si los han de haber los herederos del dicho Jaúregui, que al que testa se los dió, o si los ha de haber el vecino del Nombre de Dios que compró los vinos; y a quien los hubiere de haber, que se le paguen, y el dicho Juan Cristóbal su tío tendrá claridad de quién es el dicho vecino del Nombre de Dios que compró los vinos, para que se averigüe a quien se debe, y que se pague.
Declara que en la cuenta de Diego Felipe, de las barras que el que testa traía por cuenta de los ... de ... no se escapó ... ... , que se trajo Antonio Corzo y podría valer hasta 250 pesos, la cual dicha barra el que testa le dió al dicho Antonio Corso y la ... , y Gonzalo Rodríguez, padre del que testa, cobró al dicho Antonio Corso en su nombre, "y yo la tengo cobrada del dicho mi padre, y lo demás se perdió en la costa de Zahara, sobre que hay pleito pendiente en grado de apelación en el Consejo de Hacienda de Su Majestad".
Declara que una barra de plata de 227 pesos que le trajo Diego de Lepe "yo se la dí ... que era mía, la que hube de Francisco Bravo, y así lo digo y declaro por descargo de mi conciencia, y la tengo cobrada del dicho Diego de Lepe como cosa mía".
"Declaro que el dicho Diego Felipe me debe 90 pesos de mi nao que por mí cobró en la Nueva España del depósito que estaba hecho de lo de la nao que el ... Francisco de Leiva; mando que se cobre de él, y sobre ello haga la cuenta de lo que ha de haber de la barra que trajo el dicho Antonio Corso, y se le pague lo que más vale la dicha barra".
"Item declaro que yo ... del maestre de la nao Gallega que fué la capitana, que yo llevé 200 pesos poco más o menos por las jarcias y aparejos de ella, ¿en razón? que se aparejó la dicha nao Gallega, de los cuales el dicho Diego Felipe y Cristóbal Romero han de haber la quinta parte como señores de la quinta parte de la dicha urca; mando que se le paguen de mis bienes".
"Item declaro que la pieza de bronce [un cañón] que compró Bautista Preve era de la dicha urca, y pertenece la quinta parte a los dichos Diego Felipe y Cristóbal Romero su tío; mando que se cobren al dicho Bautista Preve la dicha quinta parte, y asimismo declaro que otra pieza de bronce que se tomó para ¿Su Majestad? para Puerto Rico, que por ella están librados en Francisco Tello por provisión de su ... que yo ... ... señalo ... Cristóbal Romero y Diego Felipe la quinta parte; mando que se cobre la dicha libranza y se lleve su cuenta, y asimismo declaro que una pieza de bronce pequeña que está a la puerta de Juan Cristóbal, se venda y se dé la quinta parte a los dichos Cristóbal Romero y Diego Felipe".
"Item declaro que en el pleito que está pendiente ante los Señores del Consejo de la Hacienda de Su Majestad en el artículo 24 barras de plata que venían por registrar, y se pidieron ... según está probado en el dicho proceso y se piden por bienes de la dicha urca, mando que si se adjudicare que los dichos Diego Felipe y Cristóbal Romero hallan la parte que ellas les cupiere, tengan las cuentas".
Manda un novenario de misas en la Iglesia de Santa Ana, y honras en el monasterio del Carmen a María de Morales, su mujer, con misas cantadas, y a su padre Gonzalo Rodríguez Farfán, para que ... y se cubra su sepultura donde está enterrada su mujer (¿su madre?) para el responso. Manda 10 misas en la Iglesia del Espíritu Santo de Triana. Manda para cera y para pan a los pobres varias limosnas.
Declara que vendió 4 lombardas de la urca por 40 ducados, de los cuales se hicieron 2 de costas; manda la quinta parte a los dichos Cristóbal Romero y Diego Felipe, de los 38 ducados que quedaron liquidados.
Declara que de la urca quedó una ancla que él tiene a la puerta de su casa; manda venderla y que se dé la cuarta parte a Cristóbal Romero y Diego Felipe. Y un ancla que Hernán Pérez, hermano de dicho Diego Felipe, dejó en Puerto Rico, manda que se cobre al dicho Hernán Pérez; y tres cuartas partes de ello para él y la otra cuarta parte para Diego Felipe y Cristóbal Romero.
Declara que en la nao de Pedro Ochoa4 venía cierta jarcia de dicha urca, la cual el que testa metió en la nao del dicho Pedro Ochoa para que la trajese a esta ciudad de Sevilla, y Pedro Ochoa la vendió a Diego García, maestre, por 70 ducados, de que le hizo obligación para pagárselos al dicho Pedro Ochoa en esta ciudad de Sevilla, y dicha obligación se hizo en Puerto Rico y la tiene Pedro Ochoa, y porque el dicho Diego García se ahogó y no se hallan bienes suyos no se han podido cobrar los dichos 70 ducados; manda que se cobren y se dé una cuarta parte a los dichos Diego Felipe y Cristóbal Romero.
Declara que a Escobar, ama de casa, su mujer le mandó 50 ducados, los cuales no se le han pagado; manda que se le den, y otros 30, que son 80 en total, por sus servicios y para que ruegue a Dios por su alma.
Nombra por sus herederos a Francisco, Agustín, Juan Farfán y María de Morales, sus hijos. Nombra tutor y curador de Francisco, de 18 años, de Agustín, de 15 años, de Juan, de 11 años, y de María, de 3 años poco más o menos, a su padre Gonzalo Rodríguez Farfán. Nombra por sus albaceas a dicho su padre y al dicho maestre Juan Cristóbal.
Dado en las casas del testador, jueves 15 de octubre de 1556. Escribano, Pedro de Castellanos5. Firmó de su nombre.
Item declara que a los dichos Diego Felipe y Cristóbal Romero pertenece pagar un cuarto de las costas por el tiro de bronce que se tomó para Puerto Rico, y asimismo han de pagar la parte que les perteneciere del pleito que se trata en Corte y en el Consejo de Hacienda por las dichas barras.
Item declara que el dicho Hernán Pérez, como maestre de la dicha urca, fué a cargo de cobrar 100 ducados de Pero López, pasajero cerrajero que fué en dicha urca, y Diego Felipe su hermano como su fiador y quien lo puso de maestre en ella.
Item declara que le debe el dicho Hernán Pérez 4 varas de lienzo que le dió en La Habana, y que quedó en dárselas, y otras 4 varas de lienzo .

1.- El Jurado García de León, vecino de Sevilla, fué "Receptor de las averías que se cobran para los gastos de las Armadas". En el Archivo de Indias, además de muchos pleitos que sostuvo por razón de su oficio, están las "Cuentas de receptores de avería de 1554 a 1555. Son las del jurado García de León, pertenecientes a la armada al cargo del general Cosme Rodríguez Farfán", Signatura, CONTRATACIÓN, 4340.
Fué notario, según este otro documento, también en el Archivo de Indias: "Real Cédula al licenciado Salgado Conea, asesor de la Casa de la Contratación, en respuesta a su carta, y aprobando que se emplee al jurado García de León, escribano real, para tomar ante él las cuentas de las armadas".

2.- Pedro Milanés, maestre de nao, vecino de Sevilla en Triana. Una curiosidad sobre él en el año 1550: "Real Cédula a los oficiales de Tierra Firme, a petición de Alonso Diaz de León para que le devuelvan una esclava negra que el envió a la Indias en una nao de que iba por maestre Pedro Milanés, y que le decomisaron porque, por error, en el registro constaba como esclavo".
Este marino se avecindó en Castilleja, adquiriendo aquí varias propiedades entre casas y viñas; en Gines en concreto, sus menores hijos heredaron unas viñas con la respetable extensión de 8 aranzadas, que lindaban precisamente con otras de Diego Agustín Farfán, vecino de Triana y menor de edad en 1557, cuyo tutor era Gonzalo Rodríguez Farfán, el padre de nuestro General. (Ver "Los Juanguren y el espadero 37f", abril de 2012).

3.-Debe ser Asencio de Jáuregui, vecino de la Villa de Mondragón, escribano del número del concejo de la ciudad de Nombre de Dios, confirmado en su oficio el 26 de abril de 1547. Noticia de su fallecimiento, en 18 de diciembre de 1552: "Real Cédula al gobernador de Tierra Firme, para que haga que se entreguen a Juan López de Lersundi, escribano del número y concejo de Nombre de Dios, por renuncia de su hermano Miguel de Lersundi, que tuvo los dichos oficios por muerte de Ascensio de Jaúregui, todos los registros y demás escrituras pertenecientes a éste y sus antecesores. Y que tase moderamente lo que por ello ha de pagar el citado López de Lersundi a los herederos de Jaúregui." (Archivo de Indias).

4.- . En este legajo del Archivo de Indias vemos algunos de los nombrados en el testamento, entre ellos a Pedro Ochoa:
"Registro de las naos que iban a salir desde Nombre de Dios para España, en la armada del general Cosme Rodríguez Farfán:
- Nao Capitana: al mando del general. - Santa María de Begoña: maestre Juan García. - Santa María: maestre Diego de Lepe. - San Miguel: maestre Alonso Pérez Granillo. - San Salvador: maestre Diego Bernal. - Santa Cruz: maestre Cosme Buitrón. - Santiaga: maestre Martín García. - Doña Juana: maestre Diego García. - Regina Celi: maestre Pedro Ochoa de Trabudo." Corresponde a la flota que se hundió en la playa de Zahara, "donde pereció gran número de prisioneros".

5.- Ya hemos visto que el escribano Pedro de Castellanos vivió varios años en La Plaza, vecino con Luisa de Rojas, la mujer de Íñigo Ortiz de Juanguren. En la recientísima obra "El notariado andaluz. Institución, práctica notarial y archivos. Siglo XVI", editada por M. A. Moreno Trujillo, J. M. de la Obra Sierra y M. J. Osorio Pérez, Universidad de Granada, 2011, se recoge el estudio de la profesora Reyes Rojas García titulado "La práctica diaria de los escribanos públicos de Sevilla: El Manual de Pedro de Castellanos", que en una próxima ocasión comentaré.

viernes, 11 de mayo de 2012

Los Juanguren y el espadero 37q


En (ilegible) de agosto de 1558, Catalina García, en el pleito contra Vasco Díaz, Lorenzo Sánchez y Bartolomé Moreno, dice que estuvo muchos días mala a punto de muerte, y que según Mencía Rodríguez y Catalina Sánchez, sus testigos, Lorenzo Sánchez sacó del cepo a Vasco Díaz, y como Bartolomé Moreno le había dicho que pusiese cobro a dicho preso, el dicho Lorenzo Sánchez debe ser castigado y le ha de pagar, y que Bartolomé Moreno se fué de esta Villa al efecto de que Vasco Díaz se fugase, comunicado con Lorenzo Sánchez. Por tanto pide penas corporales y pecuniarias a Lorenzo Sánchez y a Bartolomé Moreno, y pide 50 ducados de oro, y que se les enjuicie nuevamente, mas las costas. Firma el Licenciado Frías de Salazar.


En martes (ilegible) de agosto Bartolomé Moreno presenta una protestación acerca de la acusación de Catalina García.

En dicho día parece Lorenzo Sánchez y dice que a los testigos presentados por Catalina García no se les debe dar crédito, especialmente a Mencía Rodríguez, por ser mujer del Alguacil.

El día ... de septiembre de 1558 el Alcalde Mayor mandó a Lorenzo Sánchez que tuviese su casa por Cárcel, so pena de 50.000 maravedíes para la Cámara de Su Señoría1. Fueron testigos Salvador Pérez y Bartolomé Moreno. Dicho día el Alcalde Mayor entregó por preso a Francisco de Contreras a Bartolomé Moreno, y le dijo que lo tenga a buen recaudo y que no se vaya, so pena de 50.000 maravedíes; y Francisco de Contreras2 dijo que lo recibía como preso. Testigos, Salvador Pérez y Sebastián Romero, vecinos de Sevilla y estantes en esta Villa.

1.- Bajo las imaginables presiones sociales, el Alcalde Mayor vuelve a encerrar en su domicilio a Lorenzo Sánchez. Entre estas presiones, la ya anunciada por la parte de Catalina de llevar el asunto hasta el Conde de Olivares.

2.- Francisco de Contreras queda de esta manera ejerciendo como Alguacil de la Villa, porque no se trata de una fianza de cárcel sino de una prisión pura.


Y por fin, en estos principios de septiembre, emite sus sentencias el Alcalde Mayor, estando de visita en Castilleja durante el primer fin de semana.

Visto el presente proceso y autos anteescritos de él: Fallo, por la culpa que de este proceso resulta contra el dicho Vasco Díaz que lo debo de condenar y condeno que, cuando sea tomado, sea caballero en una bestia de albarda, desnudo hasta la cintura, atado de piés y manos, y con una soga de esparto le sean dados 100 azotes por las calles de esta Villa, y sea traído al rollo y picota de esta Villa1, y le sea enclavada la mano derecha, y no sea quitado de allí sin licencia y mandado del Conde o Condesa mis señores, y mía en su nombre, y mas lo condeno al destierro de esta Villa y sus términos por tiempo de 6 años, y no lo quebrante so pena que los cumpla en las galeras sirviendo en ellas para Su Majestad por galeote al remo, y le condeno que de 5 días primeros siguientes dé y pague a la dicha Catalina García 8 ducados, mas lo que gastó en curarse de la herida que le dió el dicho Vasco Díaz, y en dietas y medicinas, y en lo que dejó de ganar, y en las costas de este proceso, tasación de las cuales en mí reservo, y juzgando así lo pronuncio y mando, y mas en los ... y rebeldías ... ... y condénole mas en 600 maravedíes de la sangre y ... , para la Cámara de Su Señoría. Firma, el Licenciado Herrera.
Dió y pronunció esta sentencia el Muy Magnífico Señor Licenciado Diego López de Herrera, Alcalde Mayor del Estado del Conde de Olivares, estando en esta dicha Villa de Castilleja de la Cuesta, sábado 3 de septiembre de 1558, y notifiqué al dicho Vasco Díaz en los estrados de su Audiencia.

1.- "Constaba de una cruz hecha generalmente de hierro forjado y colocada sobre un capitel de piedra que tenía tallado el escudo heráldico del Rey o del señor de la población; debajo de la cruz y encima del capitel de la columna salían varias cabillas de hierro, curvadas hacia arriba y terminadas en picos aguzados, donde se clavaban las cabezas cortadas de los ajusticiados por delitos muy graves. Este capitel estaba a su vez colocado encima de una columna de piedra, asentada sobre una basa de manpostería formada por varios escalones." (Luis Benítez Carrasco. Apuntes para la historia de la justicia en Andalucía Occidental en el Siglo de Oro. Cádiz, 1998).
El "rollo" o "picota" solía estar a la entrada de la población, para escarmentar o avisar a los transeúntes y en especial a los forasteros; en el concreto caso de nuestra Villa, como ya sabemos, la justicia era administrada por don Pedro de Guzmán, exceptuando en la parte que jurisdiccionalmente pertenecía a Tomares (calle Real y terrenos aledaños); por ello dicha picota estaba situada en La Plaza, en su centro. Pensamos que, a juzgar por la descripción que antecede, el monumento duró hasta el siglo XIX, cuando durante la Revolución de 1868 fué derribado por izquierdistas, entre ellos el Teniente de Alcalde del Ayuntamiento, Tovar de apellido; estos actos fueron después denunciados por un testigo de ellos, el entonces cura de la iglesia de Santiago, quien dejó testimonio detallado escrito en uno de los libros parroquiales, que transcribiremos en su momento.
Hay creencia de que la cruz de forja que corona el antiguo horno de incineración de restos mortales en el cementerio municipal, horno que marca la ampliación de la parte antigua de dicho camposanto y que se conserva meramente como recuerdo, es la misma que el edil Tovar y sus camaradas —entre ellos un par de sus hijos— derribaron durante "La Gloriosa"; en tal caso, muy probablemente sea la que podemos ver hoy una reproducción decimonónica de alguna otra a su vez copia de la original del siglo XVI.

Fallo: que por la culpa que de este proceso resulta contra Lorenzo Sánchez, Alcalde Ordinario de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, y contra Bartolomé Moreno, Alguacil de ella, los debo de condenar y condeno en la prisión ... por pena, y en destierro de esta Villa y sus términos por tiempo de ... lo que fuere la voluntad del Conde o Condesa mis señores ... , mas les condeno que dentro de 6 días primeros siguientes a la notificación de esta mi sentencia, den y paguen los 8 ducados cada uno ..., en los cuales condené por mi sentencia al dicho Vasco Díaz ..., y modere lo que la dicha Catalina García habrá gastado en curarse, cirujano, dietas y medicinas, y en lo que había dejado de ganar por la herida que le dió el dicho Vasco Díaz, pues parece que se fué y huyó de la Cárcel el dicho Vasco Díaz por su culpa de los susodichos, y mas les condeno en las costas que se hicieron por la dicha Catalina García después que se fué de la Cárcel el dicho Vasco Díaz, cada uno por mitad ... dicho es, y reservo su derecho a salvo a los dichos Lorenzo Sánchez y Bartolomé Moreno para que pidan lo que pagaren, por quien y ante quien vieren lo que les conviene, y en las costas de este proceso, la tasación de las cuales me reservo, y juzgando así lo pronuncio y mando. Herrera.
Dió y pronunció esta sentencia el Muy Magnífico Señor Licenciado Diego López de Herrera, Alcalde Mayor del Estado del Conde de Olivares, estando en esta dicha Villa de Castilleja de la Cuesta, domingo 4 de septiembre de 1558, de consentimiento de las partes, las cuales, estando presentes, dijeron que habían por bien que hoy dicho día se dijese la dicha sentencia. Testigos, Salvador Pérez, Diego ... , Hernando Jayán y Diego Ortiz de Juanguren. Firma el escribano Miguel de las Casas.

Bartolomé Moreno, preso, consintió la sentencia; Lorenzo Sánchez, preso, pidió traslado de ella. 
Catalina García dijo que la consentía en cuanto a la parte de Bartolomé Moreno, y en cuanto a la parte de Lorenzo Sánchez, pidió traslado de ella.

El dicho día 4 el Alcalde Mayor fué a la Cárcel y le pidió a Bartolomé Moreno, preso, los 4 ducados, y dijo que no los tenía, y Bartolomé Moreno dió al Señor Alcalde un manto de paño negro, y dijo que se obligaba y obligó a que dentro de 10 días dará y pagará los 4 ducados, y si no, que le vendiesen el manto; puso de depositario a Francisco de Contreras. En dicho domingo mandó soltar de la prisión a Bartolomé Moreno. Luego el Alcalde Mayor fué a casa de Lorenzo Sánchez, le pidió los 4 ducados, éste se los dió, y quedaron en depósito de Miguel de las Casas. Luego el Alcalde Mayor alzó de las carcelerías al dicho Lorenzo Sánchez.

El miércoles 14 de septiembre le dieron los 4 ducados a Catalina García.


El martes 4 de octubre, Francisco de Contreras en nombre y voz de Bartolomé Moreno, pagó 3 ducados a Catalina García y dejó a deber uno. La susodicha se dió por recibida y contenta.

En cuanto al portugués fugado, anduvo por Sierra Morena unos días hasta que se enroló en una partida de fugitivos y malhechores capitaneada por cierto arriscado fraile de la Meseta que se había echado al monte por divergencias con su Arzobispo, pero el carácter de Vasco Díaz no armonizaba con disciplinas ni autoritarismos y pronto desistió de aquella dura vida de bandidaje, recalando en Baeza, ciudad donde sobrevivió como mendigo hasta que un arriero de Camas que por allí transitaba lo reconoció, delantándolo por mor de la recompensa; las Requisitorias de busca y captura no dejaban lugar a dudas sobre su persona, por lo que convenientemente encadenado fué trasladado por los cuadrilleros de la Santa Hermandad bastetana, en un largo y penoso viaje con pernoctaciones en los calabozos más siniestros de los villorios del intinerario, y puesto por fin en manos de la justicia castillejense. Había transcurrido un año y medio desde que escapó de las cadenas de Bartolomé Moreno, pero nada quedaba en olvido desde entonces.
Se le concedió un par de días de recuperación, y en la nublosa mañana del viernes 9 de febrero de 1560 cumplióse la sentencia. Solicitado el verdugo a Sevilla, persona diestra en anatomía más que muchos cirujanos de la época, fué el portugués, tras la consabida tanda de azotes "por las calles acostumbradas", llevado por aquel y por el Alguacil y el pregonero a la picota, donde, en un madero fijado al capitel, el susodicho agente carnífice le clavó la mano derecha con una gruesa alcayata de siete centímetros de larga, sin que profiriera ni un gemido. Aunque el Conde don Pedro de Guzmán había anunciado su asistencia al acto, —eran tanto él como su esposa muy aficionados a presenciar los terroríficos eventos de quemas de herejes que tanto proliferaban en la Sevilla de aquellos años—, al final no compareció, mas no faltó alguna que otra personalidad y, desde luego, la consabida turba de curiosos tanto autóctonos como foráneos; entre ellos y en primera fila una Catalina García algo pálida y apagada, reflexionando sobre el Más Allá y el Menos Acá mientras los secos golpes del mazo articulaban el espeso silencio reinante.
Vasco permaneció largas horas hasta la noche en el suplicio, primero en pié, desafiante frente a los esporádicos espectadores, y luego sedente, ya debilitado. Llovió menudamente a ratos, lo cual hizo temer que se desangrara al impedir el agua la coagulación, cosa que no ocurrió. Las madres intentaron ocultar a la chiquillería el escalofriante espectáculo, sin embargo no siempre lo lograron. Algunas almas caritativas abrigaron al reo, o le suministraron alimentos. Otras, en cambio, vengativas, vacías de empatía o sádicas, se permitían comentarios, sonrisas, gestos zahirientes.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Los Juanguren y el espadero 37p


El miércoles 17 de agosto1 Lorenzo Sánchez presenta sus testigos, con el siguiente interrogatorio: si saben que Lorenzo Sánchez tomó las llaves a Bartolomé Moreno porque ya se le había ido un esclavo, para que no se le fuese también Vasco Díaz, y que después que Bartolomé Moreno trajo el esclavo fugado le devolvió las llaves, requiriéndole que no se le fuese como los demás presos.

1.- Habiendo regresado ya al pueblo el Alguacil Bartolomé, Lorenzo Sánchez pone en marcha su coartada. Hoy este hombre —ya marcado por una definitiva enfermedad— sería calificado como "El Cuñadísimo" o con una expresión parecida. Pero en el fondo todo el mundo sabía que el General Cosme Farfán era un mujeriego empedernido y que por ello, la hermana de nuestro Alcalde Ordinario, María de Morales, debía estar pasando jornadas amargas mientras su disoluto marido cruzaba y descruzaba el Atlántico con su flota de naos.
Sevilla, año de 1555. El Fiscal de Su Majestad con el Capitán Cosme Rodriguez Farfán, vecino de la Ciudad de Sevilla, que fue por Capitán General a las Indias el año de 1554, amancebado con Francisca de la Cruz, habiéndo sido excomulgado por esto. ("Los esclavos 83", enero de 2011).

Probanza de Lorenzo Sánchez, en dicho día:


Testigo, Diego Ortiz de Juanguren; conoce a Lorenzo Sánchez desde que sabe acordarse, a Bartolomé Moreno de 11 años, a Vasco Díaz, portugués, de 11 años, y a Catalina García de un año; tiene 40 años de edad y no le tocan las generales; vió preso en la casa de Bartolomé Moreno a Vasco Díaz; oyó decir a Lorenzo Sánchez que quitase Bartolomé Moreno el cepo de los piés a Vasco Díaz y le pusiese una cadena con sus peales y chavetas, sacada por un agujero hasta un palacio al lado fijada con un cadenado, y le dió las llaves a Bartolomé Moreno y le dijo: "Moreno, mira, no sea lo pasado"; dice que ha oído decir a muchos viejos antiguos de esta Villa que en sus tiempos la casa del Alguacil era la Cárcel; dice que tiene noticia de que a Bartolomé Moreno se le han ido un hombre blanco y un negro; no firmó porque no sabía hacerlo. Firma, Miguel de las Casas.

Testigo, Francisco Aguilar; conoce a Lorenzo Sánchez de más de 24 años, a Bartolomé Moreno de 12 años, a Vasco Díaz de 12 años y a Catalina García de uno; tiene 45 años de edad y no le tocan las generales; dice que el día que trajeron a un negro que se había escapado, estaba preso Vasco Díaz con un cepo en los piés, y Lorenzo Sánchez mandó a Bartolomé Moreno que se lo quitase, y le dió las llaves diciéndole: "Moreno, abre los ojos, no sea lo pasado", y el dicho Bartolomé Moreno le respondió: "yo juro a Dios, señor, que no se me vayan"; dice que sabe que las llaves estaban en casa de Bartolomé Moreno en poder de su mujer, mientras estuvo segando; dice que a Bartolomé Moreno se le fué un negro, y que lo sabe porque era Alguacil de la Hermandad en la causa en este año. Firmó de su nombre, con Miguel de las Casas.

Testigo, Simón de Valencia; conoce a Lorenzo Sánchez desde que sabe acordarse, a Bartolomé Moreno de 12 años, a Vasco Díaz de 12 años, y a Catalina García de uno; tiene 40 años y no le tocan las generales;  dice que ha oído decir a sus mayores y ancianos que siempre ha sido la Cárcel la casa de los Alguaciles Ordinarios; dice que sabe que a Bartolomé Moreno se le han ido tres presos, el primero, la primera vez que fué Alguacil, y los otros dos, este año de 1558, un negro y el dicho Vasco Díaz; dice que Lorenzo Sánchez ha usado bien su oficio, con mucha diligencia, y que es hombre de buena vida y fama, temeroso de Dios y de su conciencia; firmó de su nombre, con Miguel de las Casas.

Testigo, Antón Navarro, obligado de las Carnicerías de esta Villa; conoce a Lorenzo Sánchez de 10 años, a Bartolomé Moreno de 2 años, a Vasco Díaz de un año y a Catalina García de un año; tiene 34 de edad y no le tocan las generales; vió a Vasco Díaz preso, con cepo y cadena, y que el dicho Lorenzo Sánchez pidió las llaves a la mujer de Bartolomé Moreno, porque él no estaba, que era ido en busca de un negro que se le había ido, y el dicho Lorenzo Sánchez mandó abrir el candado para quitarle el cepo, y mandó pasar la cadena por el agujero, y echó la llave, y se la quedó, diciendo: "yo juro a Dios que no os váis, como se han ido los otros"; dice que el día del Corpus fué a la casa de Bartolomé Moreno y halló las prisiones cerradas, pero no a Vasco Días, y luego se fué a Sevilla a la fiesta, y halló allá al dicho Lorenzo Sánchez, y se lo contó; y que Lorenzo Sánchez es hombre muy honrado y de buena vida; no firma.

Testigo, Juan Sánchez Vanegas. Conoce a Lorenzo Sánchez desde que sabe acordarse, a Bartolomé Moreno de 12 años, a Vasco Días de 12 años, y a Catalina García de un año; tiene 30 años y no le tocan las generales; dice que estando este testigo preso en la casa de Bartolomé Moreno, vió que un día de mayo trajo preso a Vasco Díaz y le puso cepo y cadena, y luego el dicho Bartolomé Moreno se fué en busca de un negro que se le había ido, y al rato llegó Lorenzo Sánchez y pidió las llaves a la mujer de Bartolomé Moreno, y mandó abrir el cepo y pasar la cadena al palacio donde dormía el dicho Alguacil, por un agujero en la pared, y echó candados y se llevó las llaves; dice que cuando Bartolomé Moreno trajo al negro Lorenzo Sánchez le devolvió las llaves, y vió que después Vasco Díaz tenía además unos grillos; y oyó decir a Lorenzo Sánchez: "cata, aquí están las llaves, y mira no sea lo pasado", y este testigo vió todo lo susodicho porque siempre estuvo preso; dice que un día fué Lorenzo Sánchez a la Cárcel y mandó a Bartolomé Moreno quitar el cepo a Vasco Díaz, y echarle una cadena con grillos a los piés, con sus peales y chavetas, y así estuvo Vasco Díaz 15 días, y en este tiempo Bartolomé Moreno se fué a segar, y dejó las llaves a su mujer, y el día del Corpus por la madrugada, estando este testigo acostado en la dicha Cárcel, oyó abrir la puerta de la Cárcel, y este testigo, como lo oyó, se levantó y salió corriendo a la calle a ver qué era, y vió huir corriendo a un hombre y fué tras él hasta la puerta de la Iglesia, donde vió al dicho Vasco Díaz estar asido al cerrojo de la puerta de la Iglesia, y este testigo se volvió a la Cárcel y miró las prisiones, y halló una chaveta de los peales quebrantada, y la otra no la halló ni pareció, y halló y vió el cadenado cerrado y como lo habían dejado; dice que estando preso como dicho tiene, una noche se fué un negro que estaba de piés en el cepo este año, siendo Alguacil Bartolomé Moreno, y que oyó decir que se le había ido otro preso; dice que Lorenzo Sánchez ha usado muy bien su oficio, y que es hombre honrado y de buena vida; no firmó.

Testigo, Juan de Vega, vinero. Conoce a Lorenzo Sánchez de 20 años, a Bartolomé Moreno de 15, a Vasco Díaz de 9 ó 10, y a Catalina García de uno; no le tocan las generales; vió preso a Vasco Díaz y sabe que a Bartolomé Moreno se le han ido 2 presos; dice que  Lorenzo Sánchez es hombre honrado y de buena vida; no firma.

Testigo, Juan Sánchez Vanegas; dice que Bartolomé Moreno es muy pobre; dice que oyó decir a Bartolomé Moreno a Francisco de Contreras, Alcalde Ordinario, que proveyesen otro Alguacil porque tenía que irse a segar; dice que en el tiempo en que Bartolomé Moreno se fué a segar no había en Castilleja a qué entender ni qué ganarse para comer.

Testigo, Simón de Valencia; idem., idem.


Testigo, Juan de Vega; idem., idem.
(En los folios del auto se repiten los testigos sin que preceda un nuevo interrogatorio, por lo que opto por transcribirlos tal y como los elaboró el escribano; hay que sospechar de alguna estratagema para alargar las escrituras, y así aumentar los honorarios).

Testigo, Francisco de Aguilar; idem.; dice que vió a la puerta de Bartolomé Moreno a los Alcaldes Ordinarios Lorenzo Sánchez y Francisco de Contreras, y que Bartolomé Moreno les dijo que tenía que irse a segar, que nombrasen a otro Alguacil, como Diego Rodríguez, que estaba allí también, y los Alcaldes le dijeron que se fuera enhorabuena, que ellos no lo podían hacer, que hablarían a Su Señora la Condesa; firmó, junto con Miguel de las Casas.

Como se puede comprobar, todos coinciden en que a Bartolomé Moreno se le había fugado —entre otros presos— un negro. Es el momento de que, como en un sistema de cremallera, hagamos encajar los dientes de cada lado, uniendo así solidariamente cada uno de los discursos. El del negro fugado fué referido con todo lujo de detalles en "Los esclavos 77" de diciembre de 2009. Para contextualizar ese episodio conviene tener en cuenta toda la serie de "Los esclavos" y en especial desde el capítulo 70. Decididamente, el Alguacil del año 1558 Bartolomé Moreno dejaba mucho que desear en lo que atañe al cumplimiento de sus obligaciones. Diremos en su descargo que, puesto en la tesitura de, o guardar presos o buscar alimento, cualquier ser humano se decidiría por lo segundo.


Bartolomé Moreno pide que no le corra el término mientras la parte contraria tenga el pleito para verlo con su letrado. El Alcalde Mayor Herrera accede a ello.

jueves, 3 de mayo de 2012

Los Juanguren y el espadero 37o


En el Archivo Histórico Provincial de Sevilla acabo de encontrar esta mañana un documento —que será transcrito y analizado a su tiempo— citando a Juan Díaz, portugués de 60 años de edad y morador en Castilleja, como testigo en un pleito de 1573. No se pasará por alto en esta historia la coincidencia de apellido, nacionalidad y lugar de residencia, para buscar vínculos con Vasco, nuestro acusado, declarado rebelde por tercera vez y acaso presa de la saudade lusitana (por partida doble) donde quiera que estuviese, saudade que ya hacía estragos —como lo hacía el temperamento andaluz— en cada una de las respectivas sociedades en el siglo XVI, según, entre otros muchos, el testimonio de un hombre cultísimo a quien se refiere Máxime Chevalier en "Lectura y lectores en la España del siglo XVI y XVII". Ediciones Turner. Madrid. 1976: «... paralelo [entre Boscán y Garcilaso] trazado en 1593 por don Juan de Silva, conde de Portalegre, caballero de los cultos que tuvo la España de los Austrias:

"Dicen [los portugueses] que la saudade1 significa la soledad con gran pena de un sentimiento muy agudo: también dijo Boscán de la ausencia que "aviva a la memoria su sentido"; dicen que aquella palabra exprime una mezcla del cuidado muy trabado con la pena de estar solo, y no es otra cosa la soledad: "levanta su cuidado"; que también da a entender un deseo muy ardiente que los derrite: lo mismo es verse "de su bien tan apartado", "hace su desear más encendido". No dirán que lo levanto de mi cabeza, que doctor era Boscán de los más graves de esta facultad de apurar sentimientos, y tan abonado para ella como cuantos nacieron en Lisboa, y, hablando de veras, sin duda era ingenioso, y más especulativo que Garcilaso, el cual (a mi parecer) no hace menos ventaja a los enamorados en padecer penas que a los poetas en escribirlas. (Manuscrito 1.439 de la Biblioteca Nacional de Madrid, folio 2, r.v.)».

1.- "Dulce palabra de perfiles ambiguos" la llamó Pablo Neruda.
Pero dejemos esta digresión, para entrar en otra mayor: recuerda quien esto escribe el primer portugués que apareció en su vida.
Siendo muy niño venía a su arrabal, denominado "La Barriada", tres o cuatro veces a la semana después de recorrer todo el pueblo, un basurero municipal al que todos conocían así, como "El Portugués"; hombre que desde aquella perspectiva infantil parecía fantasma ceniciento, gigante de cara borrosa acaso ciego bajo el roto sombrero de paja trenzada —apariencia para nosotros porque quizá de puro miedo no nos atrevíamos a fijar la vista en él—, y desde luego de talante mudo, conduciendo un mastodóntico carro destartalado de descentradas ruedas de radio infinito, con abultados serones de esparto pringoso a modo de vientres colgantes en los bajos, artefacto maloliente desplazado por un mulo siniestro y no menos grande, orlado de moscas. Una cansina y mínima jauría de perros astrosos y moribundos no le faltaba nunca como compañía. El deprimente conjunto subía penosamente la calle deteniéndose en cada puerta, donde esperaban puntuales los recipientes improvisados de cada familia, —cubos de hojalata medio desfondados, oxidados latones de aceite—, rebosando restos de achicoria, cascarones de huevos y recortes de corteza de melón, los cuales El Portugués silencioso y estoico elevaba con sus brazos barrosos por encima del tablazón de su vehículo y tras su vaciado volvíalos a dejar en el suelo, como una señal para que la oscura bestia arrancara hasta la próxima casa. El basurero, estribándose en el cubo de la rueda con su alpargata mugrienta, inspeccionaba a veces el interior de la caja.
El vertedero donde volcaba su contenido era el paraíso de la pandilla de La Barriada. Terreno que, si se terciaba, disputábamos con otras hordas de harrapiezos que incursionaban desde Castilleja o desde Gines, y a las que ahuyentábamos con granizadas de piedras, puesto que el amontonamiento de detritus nos pertenecía por derecho. Este sagrado lugar, que nos surtía de insólitos utensilios, de mágicos juguetes y de inimaginables objetos, y al que llamábamos "La Basura", situado en terreno ginecino pero limitando al Este con el término alixareño, hoy está ocupado por viviendas, garajes, chalés y una altísima torre de telefonía móvil que es la pesadilla de aquel vecindario. Entonces llamábase el paraje La Era, tierra de sembradura que familiares de Pilar Tovar, abuela paterna de quien esto escribe, alquilaban a su dueño para labrar en ella y criar habas, melones, tomates o lechugas con cuya venta sustentarse. Apuntemos para no perdernos que dicho terreno perteneció en el siglo XVI a la familia de la mujer de Lorenzo Sánchez, Ana de Orihuela. La Era en el siglo XX poseía un pozo de agua fresquísima a la sombra de un melocotonero, donde tras una caminata por el campo se podía saciar la sed, y un cobertizo de palma donde, a su sombra acogedora, se podía igualmente descansar sentado charlando con los agricultores; rodeaba La Era por todas partes a La Basura, —que le servía de fuente de abono—, excepto por la antigua Hijuela de la Gitana que partía los términos de las dos poblaciones y que hoy se conoce por calle de Joaquín Romero Murube, gestionada por el Ayuntamiento de Gines.
Cuando a los chiquillos el tedio nos abrumaba aburridos en cualquier rincón de La Barriada siempre alguien recordaba la gran opción de divertimento y a voz en grito proponía: "¿Vamos a buscar a La Basura?", y entre exclamaciones alegres de asentimiento corríamos los cuatro o cinco habituales hacia el lugar, dispuestos a escarbar con lo que primero se presentase a mano —un palo, un trozo de teja—, o a pié, —la pura sandalia o botín— en aquella cordillera pestilente y negruzca, con más valor para nosotros que Potosí. Los soldaditos de plástico eran piezas codiciadísimas. Los viejos tebeos. Juguetes o cosas susceptibles de ser convertidas en juguetes. Piezas metálicas que ejercían atractivo por cualquier peculiaridad. Adornos de todo tipo, cucharas, tijeras, pelucas, pequeños electrodomésticos, y ¡oh, regalo de los dioses! ¡un minúsculo motorcito eléctrico, del tamaño de media nuez, arrancado a un cochecito roto, probado in situ con una vieja pila de petaca semiagotada, ronroneando a la perfección, con la deliciosa cosquilla de sus vibraciones en nuestros cochambrosos deditos!
Había que vigilar de vez en cuando por si aparecía la sombra de El Portugués con su fantasmagórico carro, su mulo y sus perros mortecinos.
Mi especialidad eran las medicinas deshechadas, los cuentagotas viejos, las jeringas obsoletas, los folletos, radiografías y revistas médicas con sus mórbidas fotos en blanco y negro y en color, todo lo que los enfermos de Castilleja y los profesionales de la sanidad de dicha Villa tiraban al cubo de los desperdicios con completa despreocupación.
Con los medicamentos se elaboraba lo que denominábamos "La Cuchilina": cuando hacía ya rato que el sol tras el lejano caserío de Gines se había ocultado —las tardes volaban en La Basura— y la noche se presentaba, enorme y prometedora sobre el campo y sobre nosotros, unos preparábamos combustible de leña para hacer una fogata en algún sitio discreto del olivar, y otros buscaban un viejo caldero, una palangana metálica o una olla, donde preparábamos una suerte de poción mágica con los contenidos de las botellas de antitusivos, de matadolores y de reconstituyentes, con las cremas y pomadas de tubos y frascos, con las multiformes y multicolores píldoras de las cajas caducadas, con los extraños líquidos de las ampollas, con los polvos varios de los botes; veíamos el menjunge hervir en silencio, todos en círculo expectante alrededor del fuego, a la espera acaso del surgimiento, entre las vaharadas olorosas del cocimiento, de un mago oriental que nos satisficiese tres deseos. Al no cumplirse nada sobrenatural y ya cansados de la inacción, solíamos orinarnos todos a un tiempo en La Cuchilina borbolleante y tras ello la volcábamos de una patada en las brasas, para volver de inmediato cada mochuelo a su olivo en busca de la riña maternal, surtida con alpargatazos o golpes de caña de escoba, por llegar tan tarde a casa. Nuestros padres no permitían en modo alguno que almacenásemos los tesoros en el hogar; "allí van a coger algo malo cualquier día", repetían como cantilena, pero no encontraban forma de sujetarnos.
Los deshechos de los galenos que recuperábamos en La Basura daban más juego. Se ejecutaba en "El Laboratorio", consistente en una amplia cabaña de paredes y techo de ramajos, con su suelo limpio de hierba, construída en lo más profundo del olivar más inculto y abandonado, al abrigo de la mayor espesura de matorral, cardos y varetones, apoyada en el tronco y brazos de algún añoso aceituno. En semejante lugar hacíamos "Los Experimentos". Para ello una sección de cazadores capturaba salamanquesas y lagartijas, sapos y ranas bastantes; dispuestos en estanterías, mesas y cajas, esperaban a los otrora libres organismos el instrumental —esencialmente jeringas, bisturíes y tijeras— y los materiales —pastillas molidas y aceites, ungüentos y liquidos—, con los cuales serían llevadas a cabo las actuaciones de los pequeños científicos. Retorcíanse boqueando los animalitos con los efectos de la inoculación o ingurgitación de aquellas desconocidas sustancias, emitiendo en ocasiones audibles estertores.
Nada hay nuevo bajo el sol. El autor de estas líneas ha leído hace poco ciertos escritos de un médico del Siglo de Oro que no puede citar por fallo de la memoria, que se congratulaba de que los niños de su pueblo sacaban los ojos a los grajos, porque ello demostraba la curiosidad innata de la humanidad hacia la Naturaleza.
Ya casi nadie recuerda La Era (que identificamos con el dieciochesco Pago del Pino Franco; ver "Las Escaleras III", junio de 2008), o La Basura. Los arrendadores de aquella suerte, en tiempos de mi niñez, fueron los últimos en usar arado del tipo romano, de cuchilla, tirado por mulos. Era maravilloso ver como la brillante hoja curva hendía la roja tierra levantando una suave polvareda al abrir los perfectos surcos, movida por dos mulos enfilados, muy desiguales los animales: el uncido a los varales de la estructura del arado, mucho más potente porque llevaba el peso del esfuerzo, mas el delantero, por no trabajar tanto era el que se ganaba el grueso de los trallazos. Así o con bueyes y con la misma paciencia se ararían en el XVI, y desde luego en el XVIII, las tierras de los Orihuela que luego abonarían los esfuerzos de El Portugués.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Los Juanguren y el espadero 37n


Estamos ante un claro caso de actitud patriarcal. "En el sistema patriarcal todas las parcelas del poder dan carta de naturaleza a los postulados misóginos, empezando por las ideologías de las Iglesias, y siguiendo por las disciplinas intelectuales, la filosofía, la medicina, el derecho, el magisterio, etc.; toda actividad es absorbida en el supuesto “deber ser” de una naturaleza que se impone a la humanidad por fuerza de su división en dos sexos diferentes" (El Sistema Patriarcal, desencadenante de la Violencia de Género. Ana Mª Pérez del Campo Noriega, Presidenta en España de la Federación Estatal de Mujeres Separadas y Divorciadas). No podía ser menos en Castilleja de la Cuesta y en el siglo XVI.
Y en "La agresividad humana" de Anthony Storr, Alianza Editorial, El Libro de Bolsillo, 1981, pág. 109, se dice: "La diferencia biológica de cantidad y calidad en la agresividad masculina implica que no son intercambiables [ésta y la femenina]. Los machos tienen un modo de ser agresivo biológicamente apropiado, y las hembras, otro. Esto explica nuestro sentimiento profundo de que la caricatura del hombre-mono con el garrote tiene algo de legítimo, o que carece al menos de connotaciones vergonzosas; mientras que la imagen de la hembra voluminosa que domina al hombrecillo hace recaer igual oprobio sobre ambos". Se refiere a un párrafo anterior de la citada obra, —pág. 107—: "En nuestra sociedad todo el mundo está familiarizado con dos situaciones de caricatura. La primera representa a un hombre simiesco con un garrote que arrastra por el cabello a una hembra conquistada; la otra retrata a una hembra imponente y dominante que da órdenes o pone en aprietos a un hombre de aspecto incapaz."
Que toda esta actitud mental, individual y social, pesaba sin remisión en uno de los platillos de la balanza de la "justicia" en torno a la agresión contra Catalina es, a ojos vista, tan obvio como vergonzante. ¿La victoria de la cairelera en su demanda haría "recaer el oprobio sobre ambos", —ella y el portugués—, en la consideración de que llevaban a término una "batalla, pugna, lucha" judicial? Sospechamos que sí. Ya hay indicios de esta extendida actitud hacia víctima y victimario, hembra y macho, en las palabras de Lorenzo Sánchez que vamos a conocer infra.

El día 4 de agosto Catalina García presentó el siguiente testigo:
Francisco de Aguilar; dijo que conoce a Lorenzo Sánchez de más de 24 años, a Vasco Díaz y a Bartolomé Moreno de más de 12 años, y a Catalina García de un año; tiene 45 de edad, y no le tocan las generales; vió preso a Vasco Díaz en casa de Bartolomé Moreno muchos días; siempre ha visto que la casa de los Alguaciles es la Cárcel.


Lorenzo Sánchez pide 80 días más para hacer su probanza, porque los testigos que tiene que presentar son idos fuera y los tiene que buscar. Catalina García contesta el 8 de agosto que no ha lugar el término de 80 días, por ser notoria malicia por dilatar la causa1; que están juramentados.

1.- Ciertamente, 80 días parece un plazo excesivo. Es el que solía darse a los que tenían sus testigos en Ultramar.

Por el Licenciado Frías de Salazar se añaden dos preguntas más a los testigos presentados por Catalina García: si saben que Lorenzo Sánchez riñó con el Procurador de Catalina García un día antes de la fuga de Vasco Díaz, diciéndole "que para qué hacía molestias al dicho Vasco Díaz y lo tenía preso sin culpa, y otras palabras"; y si saben que cuando el Procurador se fué tras presentar el escrito al Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez, éste dijo en presencia de muchas personas que quería soltar a Vasco Díaz y que se fuera a trabajar y ganar su vida", y que el dicho Alcalde se avendría con la dicha Catalina García.

Testigo, Francisco de Aguilar; dijo que estando sentado en un poyo en la Plaza, junto a Lorenzo Sánchez y Miguel de las Casas, cuando llegó el Procurador y le dió al dicho Lorenzo Sánchez un escrito, y éste se lo pasó a Miguel de las Casas, que se lo leyó ante varias personas; y Lorenzo Sánchez dijo que lo quería consultar con su Asesor, y asimismo dijo que este negocio había de venir a la Condesa; tiene 45 años de edad.

Testigo, Juan Sánchez Vanegas; conoce a Lorenzo Sánchez de 20 años, a Bartolomé Moreno de 12, a Vasco Díaz de 12, y a Catalina García de uno; tiene 30 años de edad; dice que estando preso en la Cárcel vió que Bartolomé Moreno trajo a ella a Vasco Díaz y vió que le echó las prisiones, y al preguntar supo que había descalabrado a Catalina García; dijo que este testigo estuvo más de 2 meses preso1; no sabe firmar.

1.- Estaba preso por deudas. Era la suya una prisión muy atenuada ya que tenían sus guardadores grandes consideraciones con él; no se encontraba sujeto con grillo o cadena alguna y deambulaba por la casa de Bartolomé Moreno como por la suya; salía a menudo de la Cárcel a pasear, a comer o dormir en su propio hogar, etc.; lo comprobaremos pronto, cuando el espadero Bernardo de Oliver, capturado por agredir a Diego Ortiz de Juanguren, se convierta en su compañero de mazmorra.

Testigo, Diego Ortiz de Juanguren; conoce a Lorenzo Sánchez de más de 24 años, a Bartolomé Moreno de más de 12 años, y a Vasco Díaz de más de 13 años, y a Catalina García de un año; tiene 40 años y no le tocan las generales; vió preso a Vasco Díaz en casa de Bartolomé Moreno; dijo que un día de junio fué este testigo con Lorenzo Sánchez a la Cárcel, y Lorenzo Sánchez dijo a Bartolomé Moreno que sacase los piés del cepo a Vasco Díaz y le pusiese una cadena gorda con grillos, peales y chavetas, y ante otras personas el Alguacil lo hizo así, y luego supo que el día del Corpus Cristi se había fugado. De las pregunas añadidas, dice no saber nada. No firmó.


El sábado 13 de agosto fué presentado por testigo Sebastián de Contreras; conoce a Lorenzo Sánchez y a Bartolomé Moreno de 13 años, a Vasco Díaz de 10 años, y a Catalina García de un año; tiene 34 años de edad y no le tocan las generales; vió a Vasco Díaz preso, y no sabe nada de las preguntas añadidas.

En dicho día presentó por testigo a Juan Millán; conoce a Lorenzo Sánchez de 15 años, a Bartolomé Moreno de 11 años, a Vasco Díaz de 10 y a Catalina García de uno; tiene 31 años y no le tocan las generales; dice que oyó decir a muchas personas que Bartolomé Moreno había apresado a Vasco Díaz porque le dieron, o prometieron dar, 12 reales1; no firmó.


1.- Otro lugar común en la literatura de la época: el alguacil proclive al soborno.

El domingo día 14 fué presentado por testigo Miguel de las Casas, que juró decir la verdad ante Francisco de Contreras, Alcalde Ordinario, por mandamiento del Alcalde Mayor; conoce a Lorenzo Sánchez de 25 años, a Bartolomé Moreno de más de 13, a Vasco Díaz de 12 y a Catalina García de uno; tiene 45 años y no le tocan las generales; dice que de 30 años a esta parte ha visto que la casa del Alguacil sirve de Cárcel; dice que estando un día de junio en la plazuela que le dicen de Alaraz1, junto a la Cárcel que ahora es de esta Villa, llegó Lorenzo Sánchez y le dijo: "señor, lleguémos a la Cárcel"; y allí mandó a Bartolomé Moreno sacar los piés del cepo a Vasco Díaz, y que le echasen los grillos y la cadena, y luego este testigo salió y no vió nada más; dijo que un día antes de la fuga, estando en la Plaza con Lorenzo Sánchez, llegó un Procurador de Catalina García y presentó un escrito, y este testigo lo leyó, y Lorenzo Sánchez dijo que lo iba a consultar con su Asesor, y que haría lo que él le dijese, y no sabe este testigo qué respondió el dicho Procurador; que el dicho Lorenzo Sánchez le dijo que "pues estaba buena su cuñada2 ¿para qué hacían tantas molestias a aquel hombre?, que lo tenía bien preso y con hartas prisiones, y que este negocio lo había de saber la Condesa3, para que en ello remediase con su justicia". Firmó de su nombre.

1.- Plazuela de Alaraz, seguramente por Cristóbal Martín de Alaraz, clérigo cura beneficiado de la Iglesia de Santiago a quien sucedió Rodrigo de Cieza.

2.- La tenacidad de la viuda cairelera se explica así: este Procurador, por ser su cuñado, se empleaba a conciencia en el asunto.

3.- A estas palabras nos referíamos al principio de este capítulo; en evitación del "oprobio para ambos", el Alcalde Ordinario aboga por dejar las cosas como estaban.
No comprendemos porqué el Alcalde Ordinario se refiere a la Condesa en lugar de al Conde, ya que éste seguía con vida y activo en 1558. Probablemente doña Francisca de Ribera se encontraba cerca en Sevilla o quizá en la misma Villa de Olivares.

De estos testigos presentado por el Licenciado Frías de Salazar, dos tocan un elemento crucial que apoya lo que sospechábamos: que Vasco Díaz, a pesar de su escandalosa vida, gozaba de cierta connivencia por parte de, al menos, Lorenzo Sánchez, machismos imperantes aparte. En cambio Miguel de las Casas en su declaración parece dar marcha atrás ahora y optar por la verdad, aun a costa de endilgarse la enemistad del Alcalde Ordinario. Por otra parte, el Procurador aludido entra en la categoría de los "funcionarios insaciables" que apuntábamos en el capítulo anterior. Nadie como Mateo Alemán (1547-¿1615?) en su "Guzmán de Alfarache" los retrató (bien hasta el punto de inspirar nada más y nada menos que a Quevedo); decía de ellos el novelista sevillano: "Y mira que te digo que no te digo nada dél [del Procurador], porque tiene su tiempo y cuándo, como empanadas de sábalo por la Semana Santa. Su semana les vendrá.
En resolución, por no detenerme dos veces con una misma gente, digo que serán tus dueños y has de sufrirles y a el solicitador, a el escribano, a el señor del oficio, a el oficial de cajón, a el mozo de papeles y a el muchacho que ha de llevar el pleito a tu letrado. Pues ya, cuando a su casa llegas y lo hallas enchamarrado, despachando a otros y esperando tu vez, como barco, quisieras esperar antes a un toro.
Diráte, cuando le hagas larga relación, que abrasará sus libros cuando no saliere con tu negocio. Todos lo dicen; pocos aciertan y ninguno los quema. Impórtate la diligencia. No está el escribiente allí para hacerla, porque fue a llevar los niños a la escuela o a misa con la señora. Pásase la ocasión por no escribirse la petición". (Guzmán de Alfarache. Edición de José María Micó. Cátedra, Letras Hispánicas. 1987; tomo II, págs. 192-193).


Y va pasado otro mes interminable entre réplicas y contrarréplicas:

El día 16 de agosto le fué leído lo susodicho y las confesiones a Mencía Rodriguez, mujer de Bartolomé Moreno, y dijo que se ratificaba y ratificó. También le fueron leídas a Catalina Sánchez, viuda de Bartolomé Rodriguez Cordobés, que también se ratificó.

Este dicho día se declaró a Vasco Díaz en tercera rebeldía.

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