jueves, 23 de febrero de 2012

Los Juanguren y el espadero 37


Permítasenos, antes de continuar, un apunte de la mano de un profesor de Salamanca, mediante el cual sabremos más de las condiciones de vida de nuestro maestro armero:

"Por cuanto se refiere al cumplimiento de los castigos, se observa en las justicias cierta despreocupación y pérdida de control sobre la materia. Los desterrados podían volver clandestinamente, pues los jueces se conformaban con la certificación de haber salido a cumplir la sentencia, y de hecho ignoraban el lugar donde se encontraba el condenado". José Luis de las Heras Santos. LOS GALEOTES DE LOS AUSTRIAS: LA PENALIDAD AL SERVICIO DE LA ARMADA. Universidad de Salamanca.

Y es que, como también pone de manifiesto Luis Benítez Carrasco en su obra "Apuntes para la historia de la justicia en Andalucía Occidental en el Siglo de Oro":

"... la unidad jurisdiccional no existía ... Convivían unas jurisdicciones con las otras, lo que dió lugar a muchos roces". Y relaciona a la de los "Contadores Mayores del Reino", la del "Honrado Consejo de la Mesta", la de los "Monederos de la Ceca o Casa de la Moneda", a la universitaria, a la de los "Hidalgos", a la de las "Galeras Reales" (en el Puerto de Santa María pero con tribunales en Sevilla), a la del Santo Tribunal de la Inquisición, a la justicia eclesiástica, a la de los "Señores de Vasallos", etc., todo lo cual hacía que "en aquellos tiempos dichosos, la justicia de Castilla y la de todas partes era una burla sangrienta de lo que su augusto nombre debe significar", citando a Gregorio Marañón en "Antonio Pérez", o que "en la metrópoli andaluza había muy poca justicia, mientras al contrario, eran harto numerosos los que la administraban, vendían, alquilaban, exprimían, la trocaban en favores y la escarnecían, como que gran número de ellos (alguaciles auténticos y algún que otro fingido), pululaban por calles y plazas, tabernas y bodegas, claro que para dar cima a empresas non sanctas, citando a Francisco Rodriguez Marín en su prólogo a "Rinconete y Cortadillo", la célebre novela de Cervantes.

La picaresca —en su sentido más realista y crudo, o sea, el de la delincuencia más descarnada e inhumana— que propiciaba esta situación, también, como es natural, alcanzaba al gremio de los espaderos:

RUBIO (JUAN BAUTISTA). Espadero. Memorial dirigido al Cabildo de la Ciudad en ¿1562? quejándose del nombramiento que los diputados de dicho Cabildo habían hecho en favor de Juan Salas, para veedor del oficio.- Tom. I. Escrib. de Cab.º - Siglo XVI. Letra H. Arch. Mun.
En 1574 fué fiador de la Carta de exámen del espadero Juan Palacios de la Tasa.
Como veedor del gremio dirigió un memorial sin fecha a la Ciudad, quejándose del nombramiento que los diputados del Cabildo habían hecho para veedores en favor de Juan Gil y Pedro Sánchez, por no incurrir en ellos los requisitos exigidos por las Ordenanzas, pues el Sánchez no era hábil ni suficiente para usar su oficio, pues debió ser aprobado en su exámen al favor de sus amigos. Además acostumbraba ir a las Gradas a vender espadas "que son quebradas y sin marcar y para venderlas lleva consigo amigos que hacen pujas falsas, así las que él vende como las que vende por pregonero y tiene a los pujadores gratos (sic) para que pujen las dichas espadas, lo cual es gran daño. También acostumbra al ir a vender sus espadas, que se torna y riñe con los pregoneros a cuchilladas y les haze y persuade que vendan las espadas primero que las de otros oficiales y riñó con el veedor que fué el año 61 y lo sacó al campo porque no le marcaba las espadas como él quería." Además compraba muchos balones de espadas, lo cual no puede hacer sin dar parte a otros oficiales, y si nó siendo veedor hace esto, con más facilidad lo hará, al ejercer el cargo de veedor que es de gran confianza. Opúsose asimismo al nombramiento de veedor de Juan de Cazalla, por haber sido sentenciado en un proceso a la inhabilitación para ejercer el cargo.- Colec. Varios antiguos. Menestrales. Arch. Mun. José Gestoso. Pág. 260. ESP. Tomo I. Ensayo de un diccionario de los artífices que florecieron en Sevilla: desde el siglo XIII al XVIII inclusive.

De semejante "maremagnun" fué desterrado Bernardo de Oliver. Comparado con él, nuestra pequeña Villa era un paraíso de paz, un balcón a salvo en el que se podía filosofar observando en la distancia el escenario, en el cual se representaba El Mal, la tenebrosa comedia del encanallamiento humano, cuyos actores eran "gentes de cien naciones".
Hablábamos de su casi inmediata adaptación. Otro testimonio de algo menos de dos meses desde su llegada nos lo muestra bregando por "gangas" en lo más parecido a un mercadillo en rebajas de nuestros días: una almoneda en la Plaza de Santiago (documento que transcribimos íntegro en "Los esclavos 75j", octubre 2009, pero que por su interés volvemos a reproducir):

El domingo 2 de octubre estando en la Plaza ante Miguel de las Casas y Alonso Martin, pregonero del lugar de Bormujos y mucha gente, a pedimento de Pedro de Castellanos, escribano público de Sevilla, en nombre y voz de Diego Martin el mozo, que está en las Indias, hijo y heredero de Diego Martin Bermejo y de Beatriz Martin de Baena su mujer, difuntos, y de Juan de Vega en nombre y voz de María Gómez y Leonor y Beatriz, menores hijas de Hernán Martin Bermejo y nietas y herederas de los dichos Diego Martin Bermejo y Beatriz Martin de Baena, el dicho Juan de Vega como tutor y curador de las tres menores, y a pedimento también del dicho Miguel de las Casas en nombre de Leonor Martin de Baena su mujer1, hija y heredera de los susodichos, se vendieron en almoneda ciertos bienes que quedaron de los susodichos: Hernán Dominguez se llevó dos lanzas viejas por un real y un cuartillo; el mismo, unas tobajas de lienzo de lino, raídas, por 46 maravedíes; Ana de Ojeda, viuda vecina de Sevilla, otras tobajas por un real; Juan de Vega, una tobaja de lino casero ... con ... azulados raída, en 2 maravedíes y medio; el mismo, una ... de cobre viejo en 2 reales; el mismo, un paño de rostro labrado de ... y raído, en 6 reales y medio; Simón de Valencia, un jugón de tafetán picado, viejo y roto, por 2 reales y un cuartillo; Bernardo de Oliver, una tobaja 2 labrada de seda azul raída y con sus cabos, 61 maravedíes; Beatriz ..., viuda, un arca de madera vieja con su cerradura y llave, por 7 reales y un cuartillo; Martin Ramos, un candelero de azófar viejo en 55 maravedíes; Hernán Dominguez, un paño de rostro labrado de negro muy viejo, un real y cuartillo; Isabel Sanchez, mujer de Antón Navarro, unos manteles de lienzo casero en 3 reales y medio y un cuartillo; Simón de Valencia, unas artes de lienzo con unas tiras coloradas raídas, por 12 maravedíes; Bernardo de Oliver, 4 pañuelos de mesa raídos, los 3 alemanes y el otro casero, por 2 reales; Simón de Valencia, un paño de rostro labrado de colorado viejo, en 44 maravedíes; Andrés Hernandez Vizcaíno, un bonete negro raído, un real y medio. Y los pedidores lo pidieron por testimonio, etc. Testigos, Hernando Jayán, Diego Ortiz y Gerónimo Rodriguez, vecinos de Sevilla y moradores en esta Villa, y Antón Navarro, Simón de Valencia y Salvador Perez, vecinos de esta Villa.

1.- Hija de Diego Martín Bermejo, como vemos, era Leonor Martín de Baena, segunda esposa del escribano Miguel de las Casas, con el que no tuvo hijos. Los hijos de Miguel en su primer matrimonio —con Elvira Sánchez— fueron Juana de las Casas, Pedro de las Casas y Francisca de las Casas. Esta última se casaría con el escribano sucesor de su padre, Hernando de las Cuevas, demostrando así la endogamia que imperaba en el oficio de la péndola. De Hernado, hijo de Francisco García de las Cuevas y de Juana de Montemayor, hemos de decir que emparentaba por medio de un matrimonio De la Cueva-De las Cuevas con el archicelebrado poeta coetáneo Juan de la Cueva. La saga de los escribanos De las Cuevas llegó hasta el siglo XVIII (ver "Los caldereros franceses VIII, julio de 2008).

2.- TOBAJA ò TOBALLA, lo mismo que Toaja, o Toalla (Diccionario de Autoridades).

Una semana después de adquirir de los bienes de los Martín Bermejo lo dicho, Bernardo se compromete mediante contrato a seguir produciendo tizonas, lo cual certifica definitivamente la normalidad con que se desenvolvía.

Bernardo de Oliver, vecino al presente en esta Villa, otorga todo su poder cumplido a Garicabe Vizcaíno, cantero1 vecino de Sevilla, ausente, para que en su nombre venda a las personas que quisiere y por el precio o los precios de maravedíes y otras cosas que le pareciere, todas las espadas que le enviare, en ellas escrito y asentado su nombre2, y los maravedíes y otras cosas que recibiere por ellas los pueda recibir y dar sus cartas de pago y vales de finiquito. Domingo, 9 de octubre de 1558. No sabe escribir. Testigos, Salvador Perez y Alonso Delgado, vecinos de esta Villa.

1.- No entendemos la relación entre un cantero y el comercio de armas. Quizá de parentesco o amistad con el desterrado, o quizá un caso de pluriempleo.

2.- Ya nos referimos en una ocasión a las marcas de los espaderos, que son estudiadas hoy en día con pasión por los expertos y coleccionistas. Una forma estilizada de perro o animal similar, punzonada y rellena de cobre, era la marca del espadero Julián del Rey, llamado también Julián el Moro, armero hispanoárabe del siglo XV cristianizado bajo el padrinazgo de Fernando el Católico. Las espadas del "perrillo" adquirieron gran fama durante los siglos XVI y XVII, y sus posibles imitadores han sido estudiados por J. J. Rodriguez Lorente en "La marca del perrillo del espadero español Julián del Rey". A veces un mismo espadero poseía y utilizaba varias marcas, abundando entre ellas formas muy similares a las que exhiben los actuales ganaderos de reses bravas. Daban los espaderos gran importancia a sus marcas, señalando que las poseían "por carta executoria e provision reales", como hacía grabar Juan de Vidaguren en las suyas, según cuenta Germán Dueñas Beraiz en "LA PRODUCCIÓN DE ARMAS BLANCAS EN BILBAO DURANTE EL SIGLO XVI", quien dice además que "se producían fraudes gracias a que algunos espaderos falsificaban, contrahacían, las marcas de otros espaderos de la ciudad; utilizaban las de otros de más renombre, el uno toma la muesca del otro; o simplemente le quitaban a la espada una marca y le colocaban otra, mudaban las marcas", hasta el punto que se obligó a registrarlas en un libro del Concejo, al lado del nombre del espadero.
En museos toledanos se exponen troqueles con las marcas de los afamados armeros de la ciudad, cuya actividad está documentada en tiempos anteriores a la Era cristiana.

Para terminar, una anécdota curiosa. En el derribo de una antigua casa de la Calle Real fué testigo quien esto escribe, entonces un niño, de cuando los albañiles extrajeron de un muro lo que parecía ser argolla de alambre de tendedero de ropa, —de hecho ese uso había tenido durante muchos años— pero que resultó ser el guardamano de una espada rota, que alguien de espíritu práctico había cementado entre los ladrillos para servir de enganche al dicho alambre. Faltándole la mitad de la hoja, pasó a ser juguete predilecto de chiquillos de ilimitadas fantasías guerreras.

No hay comentarios:

Notas varias, 3i.

Juan de Vidales, defensor de Bienes de difuntos, por los del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en la causa con el bachiller S...