sábado, 28 de abril de 2012

Los Juanguren y el espadero 37m


Oigamos a los testigos sevillanos presentados por Catalina García, interrogados por el Teniente de Asistente de Sevilla a instancias del Alcalde Mayor del Conde:

Testigo, Martín ¿Martínez?, sedero, vecino de la collación de San ¿Miguel?; conoce a Catalina García de 5 años, y no conoce a Vasco Díaz; tiene 30 años de edad y no le tocan las generales; dice que hace mucho tiempo que Catalina García hace caireles1, por un real al día, y la tiene por una mujer honrada.

1.- Vivía nuestra viuda de hacer caireles para zapatos. Lo más aproximado a aquellos caireles son las figuritas colgantes de cuero que hoy adornan los botos camperos. Cairelado: la obra que lleva cairéles. Latin, Pendulis floccis ornatus [adorno de hilacha, hilo o fleco que cuelga o cae]. Pragmática de tassas, año 1627, folio 7: un par de zapátos desde quatro a siete puntos cairelados, de dos suelas, à cinco reales y medio. Cairelar: guarnecer con fluecos de hilos pendientes, los extrémos de las ropas. (Diccionario de Autoridades).
He aquí a una mujer modesta y empobrecida tras su viudedad, que se vé agraciada con unas pequeñas posesiones en Castilleja en forma de casita y viña, —probablemente por alguna herencia—, y se traslada a vivir a dicha Villa en busca de olvido, tranquilidad y paz.
Añadamos por curiosidad y porque la polisemia de las palabras brindan complejidad al alma humana y al fenómeno social —y una historia, si ha de ser completa, debe reparar con detenimiento en ellos—, que Covarrubias dice en su Tesoro: "mudar los cayreles, cuando trocamos las suertes entre dos, de como antes teníamos concertado", porque en su fabricación había que entrecruzar los dedos de las manos [o más bien las manos]. Y Autoridades contempla otro sentido: Lista negra ù obscúra, que forma el polvo que se suele recojer entre las uñas, mayormente quando están crecidas. En esta acepción se usa en plurál. Latin, Ungibus situs [uña con herrumbre, moho, suciedad, roña, orin, desaliño, desaseo].
Además, en el habla del hampa del Siglo de Oro los caireles eran "los azotes que el verdugo da al reo condenado a ellos", y cairelar era "pagar a la ramera su cliente. En el doble sentido de darle el caire, y de que éste cambia de mano, como sucede literalmente en la fabricación de los caireles"; y dar el caire, o palmar el caire, era "pagar la prostituta a su rufián la cuota convenida entre ambos en relación con el negocio en el que se ejercita y la protección que el rufián le dispensa" (Léxico del marginalismo del Siglo de Oro. José Luis Alonso Hernández. Universidad de Salamanca, 1976). Corominas lo encuentra documentado por primera vez en castellano en 1497 y procedente del occitano antiguo cairęl (pasamano que adorna el borde de un traje o sombrero), diminutivo de caire (canto, esquina, borde), éste del latín quadrum (cuadrado, piedra escuadrada). Quadrum también es en latín "formar un todo armonioso, equilibrado; ser simétrico, ajustado, completo" (Nuevo diccionario etimológico Latín-Español y de las voces derivadas. Santiago Segura Munguía. Universidad de Deusto), un significado de quadrum más acorde con "cairel" que el que propone Corominas.

Testigo, ¿María? Rodríguez, mujer de Francisco García, tenderos en La Magdalena junto a San Pablo; conoce a Catalina García de 4 años; tiene 25 años de edad y no le tocan las generales; dice que Catalina García hacía caireles para zapatos; sabe que le dieron un golpe en la cabeza en la Villa de Castilleja de la Cuesta; dice que es mujer honrada.

Testigo, Francisco García [marido de la anterior], cordonero, vecino en la collación de La Magdalena; conoce a Catalina García de 4 años; tiene 25 años de edad y no le tocan las generales; dice que Catalina García hacía caireles para zapatos; sabe que le dieron un golpe en la cabeza en la Villa de Castilleja de la Cuesta; dice que es mujer honrada.

Y así, entre dilaciones, pachorras y desintereses, pasó un mes largo. La parte de la viuda insiste, aprovechando que el Alguacil Bartolomé Moreno ha regresado al pueblo, y con ello se entabla el típico tira y afloja de peticiones, notificaciones y respuestas que tanto engordaban las bolsas de escribanos, jueces y procuradores:

Catalina García acusa al Alguacil ante el Alcalde Mayor, y a Lorenzo Sánchez, diciendo que estaban concertados; pide que condene al Alguacil y que le pague 50 ducados.

El día 23 de julio se notificó de ello a Bartolomé Moreno; responde negando todas las acusaciones, y diciendo que aseguró bien a Vasco Díaz, como fiel Alguacil, y que por ser hombre pobre (prove, en el original) tuvo que irse a segar para mantener mujer e hijos, y lo hizo saber a Lorenzo Sánchez, y le requirió que pusiese guarda, respondiéndole que se fuese en horabuena, y que él lo proveería; estuvo más de 40 días segando; pide la absolución.

Catalina García responde al pedimento de Bartolomé Moreno, diciendo que tiene culpa como Lorenzo Sánchez; pide que manden tenerlo preso a Bartolomé Moreno. El 30 de julio se notificó de ello al dicho Bartolomé Moreno. En dicho día se declaró a Vasco Díaz en segunda rebeldía. Fueron testigos Hernando Jayán, Diego Ortiz de Juanguren y Bernabé Martín.

Bartolomé Moreno contesta que es uso en esta Villa que los Alguaciles salgan a trabajar, a sembrar, segar o  podar, porque si no, morirían de hambre ellos y sus familias; pide que se le dé por libre de la acusación.

viernes, 27 de abril de 2012

Los Juanguren y el espadero 37l


El viernes 17 de junio Salvador Hernández en nombre de Catalina García presentó a Miguel de las Casas una petición: Catalina García dice al Alcalde Mayor que mande prender a Lorenzo Sánchez y ponerlo en la Cárcel, porque estando suelto ella no podía alcanzar justicia1. También pide interrogatorio sobre dos testigos que tiene en esta Ciudad. (Que veremos de inmediato).

1.- Aunque no estaba exactamente suelto, sino que "tenía la Villa y sus términos por cárcel"; o en todo caso tenía como carcelero a Diego Ortiz, pero nada de esto apaciguaba a la parte demandante.


El Alcalde Mayor manda a Miguel de las Casas que notifique a Lorenzo Sánchez la petición de Catalina García, y que haga Carta de Justicia Requisitoria para la Justicia de Sevilla, para que reciban y tomen los testigos que Catalina García presentase en la dicha causa, pagándo los debidos salarios.

Lorenzo Sánchez, ante el Alcalde Mayor, responde al pedimento de Catalina García, y dice que no ha lugar; dice ser buen cristiano y temeroso de Dios, y que de él no se debe presumir que ha hecho semejante delito de soltar a Vasco Díaz; que el cargo de cuidar los presos pertenece a Bartolomé Moreno el Alguacil; que él le mandó al dicho Alguacil poner a Vasco la mejor cadena que tiene la Cárcel; que dicho Alguacil y su mujer tenían las llaves, y que ya se le han ido otros presos por su culpa. Pide que le absuelva y dé por libre de dicho pedimento.

Salvador Hernández en nombre de Catalina García dice que el Alcalde Mayor está obligado a encerrar a Lorenzo Sánchez; dice que Lorenzo Sánchez ha quebrantado la carcelería muchas veces. El jueves 23 de junio se da traslado de ello a Lorenzo Sánchez. Lorenzo contesta repitiendo que él entregó a Vasco al Alguacil, y dice que es a éste a quien hay que demandar, y que si el Alguacil no dejara las llaves a alguien ni a su mujer, Vasco Díaz no se hubiera escapado; dice que negligentemente se le han ido muchos presos. Otro sí, dice que él no ha quebrantado Cárcel alguna porque está de fiado.

Catalina García pide al Alcalde Mayor que mande hacer publicación de testigos, porque el término de la prueba es pasado.
Catalina García insiste al Alcalde Mayor que tenga preso a Lorenzo Sánchez y que le condene, que aunque el Alguacil tiene alguna culpa, eso no descarga al dicho Lorenzo Sánchez, antes ambos son culpables y deben pagarle sus intereses1; y dicho Lorenzo Sánchez quebrantó la carcelería, y por lo uno y por lo otro debe el Alcalde Mayor ponerlo preso; pide además que le traigan a Vasco Díaz.

1.- Sabe Catalina que es poco lo que puede esperar del paupérrimo segador, y por ello no abandona la presa más sustanciosa que es Lorenzo Sánchez. Éste superaba a duras penas el calvario de prisiones e imputaciones, agravado por su enfermedad, con el apoyo de su mujer Ana de Orihuela; a ella le esperaban no menores penalidades: el 17 de noviembre de 1572 (el mismo año en que María la Rubia tachó de negro y de casado con judía a Diego Gonzalez —ver capítulo anterior—) el Teniente de Asistente de Sevilla dirigió Carta Requisitoria al Concejo de Castilleja informándoles del pleito que Ana había levantado contra su nuevo marido, un tal Juan Pérez, a cuenta de unos bienes en litigio que aseguraba ella que le pertenecían. Ana dijo al Teniente "que andando haciendo la probanza, el sábado que pasó fué a Castilleja, haciendo tres meses que no entraba en su casa, y diciéndole [a su marido] que la dejase, le dijo que le había de costar caro andar con la Justicia, y que a ella y a los testigos los había de castigar, y no contento con esto arremetió con ella y la arrimó a la pared y allá le dió muy crueles golpes en la pared en su cabeza y en todo el cuerpo, en que le hizo un gran bollo en la cabeza y en las sienes, que tuvo muy hinchadas, y necesidad de curarse de ellas, y se curó, y se le ha ... la hinchazón y así le ha quedado y queda ¿cicatrices? del golpe, y la matara si no fuera por Gonzalo Domínguez, capataz de su hacienda, quien allí se halló, y su mujer, y la quitaron de sus manos, y además de esto fué al Señor Alcalde ante quien pasaba esta causa, a estorbarle que no lo hiciese esta probanza y pidiéndole con mucha instancia que se la mostrase, y amenazó a los testigos diciendo que los había de matar y otras palabras semejantes, en lo cual cometió delito y desacato notable". El Teniente de Asistente requiere a las autoridades castillejanas que, a petición de Ana, prendan a su marido, y que busquen a los testigos de lo que pasó, e interrogándolos, hagan la correspondiente probanza.



El Alcalde Mayor del Estado de Olivares, Licenciado Diego López de Herrera, se dirige el 17 de junio al Asistente de Sevilla y su Tierra, a sus lugartenientes y a otros jueces y justicias de ella, y les hace saber el pleito de Catalina García contra Lorenzo Sánchez; les dice que, desde el miércoles 25 de mayo, ambas partes no han probado cosa alguna; y les exhorta, pide y ruega que manden parecer a todos los testigos de Catalina García y les pregunten sobre las preguntas del anterior interrogatorio. Y que manden las declaraciones cerradas y selladas a la parte de Catalina García. La Carta Requisitoria fué presentada el día 18 ante el Señor Teniente de Asistente Damián González, en Sevilla.

La exhortación anterior es un bonito ejemplo de colaboración entre Señorío y Realengo; mas en gran cantidad de ocasiones, ¡cuantos intereses, cuantas trampas, cuanto barrer hacia adentro cada uno! Ya hemos visto, y seguiremos viendo, las luchas de los alcabaleros de cada jurisdicción por apropiarse de impuestos y tasas de la contraria, o las estratagemas de los contribuyentes cuyas viviendas estaban a caballo entre los dos territorios, dejando portezuelas abiertas para trasvasar el ganado —cerdos, vacas— de uno al otro cuando la sombra de algún inspector amenazaba la faltriquera, o los enrevesados pleitos sobre quién, por cuánto y dónde contrataba mano de obra y estipulaba jornales, o la elaboración de escrituras "estando en la huerta de Fulano", "estando en el corral de las casas de Mengano", sin mencionar a la pura delincuencia que se refugiaba como "en sagrado" bajo la protección de una u otra autoridad. Se dice de don Gaspar, —el Conde-Duque propiamente dicho y nieto de don Pedro de Guzmán—, que fué bajo capa un gran padrino y fiador de cuanto converso así se lo solicitaba, aunque cierto y verdad es que lo mismo se dice de otros señores de la aristocracia andaluza. Probablemente su abuelo el Conde don Pedro ya hacía tales prácticas, habida cuenta de la patente ascendencia judía del apellido Pérez de Guzmán, que fué el de su padre don Juan Alonso, III duque de Medina Sidonia. Ascendencia tan patente como la de su segunda esposa y madre de sus nueve hijos, doña Francisca de Ribera, hija del converso Lope Conchillos* y, ya viuda, mandamás de Castilleja de la Cuesta como Villa que era de su esposo. Siendo así, no nos extrañemos de que la mujer de Diego Gonzalez (ver capítulo anterior) fuera judía, como aseguraba María Rubia, o de que dos personajes tan conocidos y omnipresentes en nuestro pueblo como fueron Miguel de las Casas y Hernando Jayán —ambos de padres señalados por la Inquisición, según veremos— progresaran socialmente en la pequeña Villa del Estado de Olivares.

* Así comienza su artículo en el número 33 del año 2006 de la revista Historia, Instituciones, Documentos, titulado  "El primer oro de Las Indias. La fortuna de Lope Conchillos, secretario de Fernando el Católico", el profesor de la Universidad de Cádiz Alfonso Franco Silva: Desvergonzado explotador de las Indias, prevaricador, infidente, corrupto, ladrón, estos son algunos de los adjetivos que le adjudica el profesor Gimenez Fernández, en su monumental biografía sobre el padre Las Casas, a Lope Conchillos, secretario de Fernando el Católico y gobernador absoluto del Consejo de Indias entre 1509 y 1515 ( GIMENEZ FERNÁNDEZ, M. Bartolomé de Las Casas II. Política Inicial de Carlos I en Indias, Sevilla, 1960, pp. 144 y 419); y añade entre un sinfín de datos sobre el padre de la Condesa de Olivares, que "Cuando casa con María Niño, Conchillos era un hombre ya maduro, que había perdido el pelo a consecuencia de su estancia durante algún tiempo en una mazmorra húmeda del castillo de Vilvorde [Vilvoorde, en Bruselas], prisión ésta en la que le había encerrado Felipe el Hermoso por haber formado parte de una embajada en Flandes que trató de conseguir sin éxito de la reina Juana la loca plenos poderes para dar la gobernación de Castilla a Fernando el Católico (SANTA CRUZ, Alonso de, Crónica de los Reyes Católicos, editada por Juan de M. Carriazo, Sevilla, 1951, Tomo II, pp. 5 a 8. Ver también a este respecto RODRÍGUEZ VILLA, Bosquejo biográfico de la reina doña Juana, p. 21, citado por GIMENEZ FERNÁNDEZ, M. Bartolomé de las Casas I. El Plan Cisneros-Las Casas para la reformación de las Indias, Sevilla, 1953, pp. 10 y ss.).

martes, 24 de abril de 2012

Los Juanguren y el espadero 37k


Hemos encontrado más información sobre "La Rubia", y podemos además seguirle la pista en las partidas de bautismos del año anterior:

En domingo 21 de marzo de 1557 el clérigo Francisco de Vega, por mandado de Rodrigo de Cieza, bautizó a Maria, hija de Julian de Cervantes y de Maria la Rubia. Fueron sus compadres Francisco de Aguilar, Tomé Hernandez, y Francisco Lopez y el dicho beneficiado Rodrigo de Cieza.

El miércoles 10 de abril de 1557 bautizó Rodrigo de Cieza a Maria, hija de Julian Cervantes y de Maria la Rubia. Fueron sus compadres Diego de Benavides, clérigo, Francisco de Vega, clérigo, y Diego Ortiz e Isabel Garcia.

Para este matrimonio, ver la nota de "Los Juanguren y el espadero 28", diciembre de 2011. No sabemos si se trata de la misma María la Rubia. Julián de Cervantes consta ya en un documento de 1547, mas tampoco sabemos si murió tras estos dos bautizos (con toda seguridad de mellizas; la primera fallecería acaso con sólo días de vida, y a la segunda, en su recuerdo, le repitieron el nombre; la tardanza en bautizar a esta última debió ser porque se encontraba también delicada de salud, y hasta que no se restableció no la llevaron a la pila).
Si estamos ante la misma mujer, "La Rubia", vuelta a casar —ahora con Bartolomé Hernández Vizcaíno— extrañamente tan sólo un año después de enviudar de Cervantes, sólo la inspección futura de escrituras lo dilucidarán.
La enfermera improvisada María la Rubia fué protagonista, allá en 1572 o sea, 14 años después de que ayudase a Catalina García a sobrellevar sus lesiones, de un descomunal escándalo cuya plasmación documental arroja múltiples noticias de tipo sociológico sobre el sector más popular de la comunidad alixareña; en cualquier caso, ella era mujer de armas tomar, como seguidamente podemos comprobar:

"El lunes 29 de junio de 1572 ante el Alcalde Ordinario Miguel de las Casas y Hernando de las Cuevas, escribano público y del Concejo de esta Villa, pareció Diego González, Regidor y vecino de ella, y se querelló de María la Rubia en razón y diciendo que estando este querellante seguro y sin decir ni hacer cosa alguna por donde mal hubiese de recibir, la susodicha, sin temor de Dios y en menosprecio de la Justicia Real lo ha injuriado llamándole de regidorsillo (sic), "qué negro1 regidor de mierda nos ha venido", ... , bellaco, boborrecio, y a su mujer de este querellante la ha injuriado llamandole de bellaca judía2, y se le ha alzado con unas casas que este querellante tiene junto a las casas de la dicha María la Rubia diciento que son suyas, y a los arrendadores que este querellante envía a visitar dicha casa no los deja entrar, y este querellante no osa entrar en las dichas sus casas por miedo de la dicha María Rubia, porque no ... alguna palabra con que se echa a perder, y la dicha María Rubia es mujer incorregible y fasenerosa (sic) y muy revoltosa, y al dicho Bartolomé Hernández su marido, que es tío de este querellante, dice que lo ha de algojar (¿por ahogar?) una noche en la cama, o delle (darle) de comer regolgar (¿algún veneno?), que pedía y pidió al dicho Señor Alcalde le reciba su querella y le haga entero cumplimiento de justicia, y juró esta querella en forma.
El Señor Alcade le recibió su querella y le mandó que dé información, que él está presto de la recibir y hacer justicia. Y luego el dicho Diego González presentó por testigos a los siguientes:
Juana Delgada, viuda vecina de esta Villa, testigo presentado por el sobredicho en la dicha razón, habiendo jurado según derecho, y siendo preguntada por el tenor del dicho pedimento de querella, dijo que lo que sabe es que estando esta testigo en su casa, que es junto a la casa de la dicha María Rubia, puede haber mes y medio poco más o menos, esta testigo vió cómo Sebastián de Contreras3, vecino de esta Villa, fué a ver las casas del dicho querellante, que están junto a la de la dicha María Rubia, para arrendárselas, y desde a un poco esta testigo vió cómo vino la dicha María Rubia, y así como vino, Andrés Hernández Vizcaíno le dijo a la dicha María Rubia cómo habían venido a arrendar las dichas casas, y la dicha María Rubia respondió al dicho querellante que mal que le pesase al dicho Diego González había de vivir en las dichas casas, que eran suyas y de sus abuelos del dicho Bartolomé Hernández Vizcaíno su marido, y que el dicho querellante era un bellaco boborrecio, y de que tenía fantasía y es casado con una judía, y él era un bellaco borracho, y esto sabe y no otra cosa y es la verdad por el juramento que hizo y dijo que no sabe escribir, y que es de edad de 30 años poco más o menos. Firmó Hernando de las Cuevas.
Testigo, el dicho Francisco de Aguilar, testigo presentado por el sobredicho en la dicha razón, habiendo jurado según derecho y siendo preguntado por el tenor del dicho pedimento de querella, dijo que lo que sabe es que este testigo ha visto y vé cómo la dicha María Rubia es mujer incorregible y fasenerosa y muy mala de su lengua, que vive en unas casas que están junto a las de Diego González, y que este testigo ha oído a la dicha María Rubia cómo injuriaba al dicho Diego González, "que más regidor ¿nuevo? nos es venido", "que tiene muchos duelos y que entiende de los ajenos", y a este testigo el dicho Diego González4, porque este testigo se lo preguntó que porqué le decía aquellas palabras a cada paso la dicha María Rubia, porque vivía por su padre y por su tía, y que esto sabe y no otra cosa y es la verdad por el juramento que hizo, y dijo que no sabe escribir, y que es de edad de 50 años poco más o menos, y firmólo de su nombre5. Fco de Aguilar.

1.- Tomemos nota del "insulto" por si algún dato futuro confirma que el Regidor fuera esclavo horro.

2.- Peligroso apelativo en aquellos años, que equivaldría poco más o menos en lo que a represalias oficiales se refiere a ser hoy día tildada de "terrorista".

3.- Quedó "manco" del dedo pulgar por la pelea con el tabernero ("Los Juanguren y el espadero 37a", febrero de 2012).

4.- Interesante personalidad la de Diego González, "negro" y casado con "una judía", según las acusaciones de María Rubia. Abundan las partidas de bautismo con Diego González como padre o como padrino: el sábado 21 de septiembre de 1556 se bautizó a Violante, hija de Diego Gonzalez Alcalde y de Mari Jimenez. El domingo 6 de marzo de 1558 se bautizó a Alonso, hijo de Diego Gonzalez y de Isabel Garcia. El lunes 16 de febrero de 1562 se bautizó a Luisa, hija de Diego Gonzalez y de Isabel Garcia. En domingo 4 de febrero de 1565 se bautizó a Sebastian, hijo de Juan Moreno y de Ana de Valer; padrinos, Diego Gonzalez y su mujer Elvira Jimenez. En viernes de San Mateo Apóstol y 23 de septiembre de 1565 se bautizó a ... , ¿hijo/a? de Cristobal de Tejeda y de Catalina Sanchez; padrinos, Diego Gonzalez y su mujer Elvira Jimenez. El domingo 12 de octubre de 1567 se bautizó a Juan, hijo de Bartolome de Espino y de Catalina Suarez; padrinos, Diego Gonzalez y su mujer Elvira Jimenez. El 4 de julio de 1568 se bautizó a Juana, hija de Diego Gonzalez y de Elvira Jimenez. El 22 de febrero de 1573 se bautizó a Ana, hija de Diego Gonzalez y de Elvira Jimenez. El domingo 12 de abril de 1573 se bautizó a Maria, hija de Juan Martinez y de Maria Garcia; padrinos, Diego Gonzalez e Isabel Hernandez la "Rendona", su mujer, vecinos de Triana. El viernes 14 de octubre de 1575 se bautizó a Diego, hijo de Diego Gonzalez y de Elvira Jimenez. El domingo 26 de enero de 1578 se bautizó a Sebastian, hijo de Diego Gonzalez y de Elvira Jimenez.
De forma que, por trabajar sobre una pareja en concreto, parece de elección la formada por Diego Gonzalez y Elvira Jiménez. De futuros hallazgos en la investigación dependerá si hemos acertado o no, puesto que no hay más datos, a día de hoy, sobre el Regidor maltratado por "La Rubia".

5.- No sabe escribir pero firma, y por cierto, con excelente caligrafía; nada extraño si recordamos lo dicho en "Los Juanguren y el espadero 26", nota 2, noviembre de 2011. Ahora al respecto ya queda fuera de toda duda que Francisco de Aguilar sólo había uno en el pueblo, y que dispondría —como nuevo rico que era— de algún criado culto que firmaba por él, o acaso aprendió a hacerlo por sí, menos probable esto último porque, repetimos, la firma, estampada en muchos protocolos notariales, denota un completo dominio de la escritura.

Pero volvamos a 1558 con el caso del portugués Vasco Díaz:

El Alcalde Mayor manda a Miguel de las Casas que haga saber al Alguacil su obligación de buscar a Vasco Díaz1. El jueves 16 de junio Lorenzo Sánchez presentó su petición a Miguel de las Casas, y éste le ordenó dar fianza. Luego Diego Ortiz de Juanguren2, vecino de Sevilla, recibió por encarcelado a Lorenzo Sánchez. Testigos, Salvador Pérez y Juan Sánchez Delgado, vecino de Sevilla y morador en la Calle Real.

1.- Difícilmente podía hacerlo, ya que Bartolomé Moreno se había hecho humo.

2.- Es nuestro hombre, la futura víctima del espadero Bernardo de Oliver. Podríamos en esta ocasión conocer un testamento que otorgó con vistas a emigrar a las Indias, todavía soltero y jovencísimo —ahora, cuando sale de fiador carcelero de Lorenzo Sánchez, tiene dos hijos pequeños y su mujer está embarazada del tercero—. Era costumbre extendida hacer testamento antes de cruzar el Océano:
"En jueves 22 de julio de 1546 hace testamento Diego Ortiz, hijo de Diego Ortiz de Juanguren y de Anastasia Quixada, difunta, vecino de Sevilla, estando sano y de encaminamiento para las Indias; ni debe alguna cosa ni le deben; manda que el día que se supiere su fallecimiento le digan 12 misas, una cantada y las 11 rezadas y ofrendadas de pan, vino y cera, y 2 treintanarios de misas en la Iglesia de Santiago de esta Villa, uno cerrado y otro abierto; manda 5 misas de San Agustín por su ánima, y 12 misas rezadas por las ánimas del Purgatorio; manda a la imagen de Nuestra Señora de la Vera Cruz 2 ducados para ornamentos; a Francisca de Cárdenas y a Ana Morena su hermana, vecinas de Sevilla, 20 ducados a cada una para ayuda a sus casamientos, las que conoce y sabe quién son su hermano Íñigo Ortiz y Beatríz Ortiz su hermana, que se los den dentro de un año cuando supieren su fallecimiento; manda a Isabel, hija de Alonso Gil "el Sordo", vecino de la Calle Real, 3.000 maravedíes dentro de un año para ayuda a su casamiento; manda a Leonor de Valencia, mujer de Diego Verde, vecina de esta Villa, 2.000 maravedíes por las buenas obras que de ella ha recibido, que se los den dentro de un año; manda las mandas acostumbradas, y a la obra de la Iglesia de Santiago 1.000 maravedíes, y a la ... otros 1.000; manda al Señor San Sebastián de esta Villa 500 maravedíes para ornatos. Nombra como herederos a Íñigo Ortiz y a Beatríz Ortiz sus hermanos, por iguales, con tal cargo y condición que si la dicha Beatríz falleciere sin dejar hijos legítimos de legítimo matrimonio, que lo que hubiere heredado se vuelva a Íñigo Ortiz. Nombra por albaceas a los dichos Íñigo Ortiz y Beatríz Ortiz sus hermanos. Testigos, Simón de Valencia, Francisco Rodríguez Hidalgo, Diego Hernández y Bartolomé Hernández Vizcaíno.
Creemos, porque no hay constancia alguna de un Diego Ortiz en las listas de pasajeros al Nuevo Mundo del Archivo General de Indias, que el susodicho no efectuó el viaje al fin.

viernes, 20 de abril de 2012

Los Juanguren y el espadero 37j


Ίστορΐα en griego significaba antiguamente "conocimiento adquirido mediante investigación", "información adquirida mediante búsqueda". Una descripción de los datos obtenidos por medio de la Ίστορΐα lleva a una narración, a un relato de los hechos; este relato no tiene otra opción que ser cronológico si ha de ser ordenado, o comprensible. El tratado aristotélico Ηερί τα ςώα ίστορία ha sido traducido al latín como Historia animalium, y así, "Historia" ha venido a significar relato de hechos. De ahí que la historia sea el conocimiento de los hechos, pero hay una tendencia a contemplar estos hechos sólo cuando están en relación con asuntos humanos. Determinar estos hechos es nuestra intención, o más ambiciosamente, determinar la "realidad" de estos hechos; podemos establecer que "fueron reales" pero otra cosa es la idea que de ellos tenemos, el falseamiento o tergiversación que los cambios de mentalidad y de valores, influyentes decisivamente en la intepretación de las fuentes, producen en nuestros enjuiciamientos de ellos, o en la manera de observarlos. Husserl encontró una distinción entre hecho (Tatsache) y esencia (Wesen) y a la vez puso de relieve la inseparabilidad (Untrennbarkeit) de ambos. A partir de conceptos tan generales como Esencia, Ser, nos conviene retroceder, siquiera para tomar impulso: volvamos desde el Cosmos infinito, desde la Eternidad insondable donde habitan dichos conceptos (diluidos también en nosotros mismos), en un tornaviaje que sólo el pensamiento investigador puede permitirse, al intimismo entrañable de nuestra Villa del siglo XVI, de nuestros antepasados cuyo polvo forma parte hoy de las tierras que remueven máquinas excavadoras para cimentar urbanizaciones o para trazar autopistas. Amamos, odiamos, existimos sobre ellos, y desde tal posición de privilegio los hechos —sus hechos— nos forman, nos hacen, valga la redundancia.
Miguel de las Casas, Catalina García, Lorenzo Sánchez, Vasco Díaz y la realidad de sus hechos nos interesan ahora.

En casa de Catalina, la testigo María Hernández Rubia —Rubia era apodo que pasó a transformarse en apellido— ayuda solidariamente a su vecina, quien está ya dando algunos torpes pasos de convaleciente. "La Rubia", al final de la veintena, es una mujerona gruesa cuya presencia comunica salud animal, fuerza bruta, ordinariez; tiene los ojos azules hundidos en gordezuelos cachetes rojos, y melena y cejas trigueñas. Ahora se ha detenido pensativa en el patio tras volver a dejar en la cama a la vendada Catalina. Es mediodía, y cavila sobre qué hacer de comer, adecuando también el condumio para la delicada circunstancia de la agredida. Hace sol; en una tosca mesa de madera descolorida por la intemperie reposa una base rota de cántaro de barro arcilloso que con las lluvias pasadas retiene una porción de agua; en el fondo el polvo y las briznas vegetales de la atmósfera han ido depositando un sedimento marrón, y en la superficie del líquido flota con las alas abiertas el cadáver de un enorme abejorro que acaso su malsana curiosidad narcisista ahogó; María la Rubia lo examina con detenimiento y no hace ascos a darle un toquecito con la sucia uña de su dedo índice; la luz solar que incide directamente en los transparentes élitros del insecto proyecta en el terroso fondo, a través del agua, unos minúsculos fantasmas de oro resplandeciente, de luz y fuego, naranjiamarillo espejismo reverberante cuyos rayos refractos tiemblan sobre las irregularidades del légamo oscuro, incendiándolo con su mínima caricia alucinante.
Catalina duerme ya, inquieta, cuando "La Rubia" sale de la casa cerrando sin ruido la puerta y dispuesta a preparar para las dos una reconfortante olla en su cocina. Todavía no sabía qué cocinar, pero el zumbido de un abejorro que en mitad de la calle batía la luz en la altura —¿pareja del náufrago?— le brindó la solución: tenía un par de zorzales comprados el día anterior y ya desplumados y sin tripas, y suficiente carbón para el fogoncillo. Tuvo una idea, para la que su realización la soledad del mediodía caluroso en las calles del pueblo venía pintiparada; Vasco se había volatilizado y su familia ahora habitaban en la otra punta de la Calle Real; el huerto, por falta de riego y cuidados, iba a la ruina; decidió aprovechar lo que buenamente pudiese recuperar de él para cocer los zorzales, y, armándose de un cuchillo, se deslizó con cautela a lo largo de la tapia que deslindaba el sembrado, ahora plagado de hierbajos con más de dos palmo de talla y con el suelo resquebrajado y endurecido por la carencia de agua; vió con disgusto algún rastro oscuro de la sangre ya reseca de Catalina, y, escandalizada, el ladrillo manchado con el que el portugués la atacó, el cual no había sido utilizado como elemento probatorio, delatando así la desidia y el desprecio que las autoridades respecto al trágico suceso mostraban. Se dirigió espantando a una bandada de gorriones hacia un mato de berenjenas todavía rozagantes, lo que comprobó presionando con la yema del pulgar en la piel de uno de los frutos cárdenos, que de inmediato recuperó su forma indicando así que su estado era óptimo para la mesa; cortó varias que puso en el vuelto faldón de su sayo, y avanzó hacia el plantel de cebollas lirias, de las que arrancó —no sin esfuerzo— media docena; completó la carga con unas habas que languidecían en sus caballones sedientos; y con varios puñados de higos que maduraban en un solitario y arrinconado árbol, frutos que destinaría a una cocción laxante porque Catalina le había confesado encontrarse terriblemente estreñida, dió fin a su garrama. Ya tenía de sobras para el guiso.


El miércoles día 15 mandó el Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez poner edictos instando a Vasco Díaz a que se presente en el término de 20 días a purgarse y salvarse del proceso, bajo pena de ser declarado en rebeldía. Mandó pregonar dicho edictos a Alonso Martín, pregonero del lugar de Tomares en primero, segundo y tercer pregón, y que el edicto se fije en la esquina de las casas que son de Pedro de la Palma, en la Plaza pública de esta Villa.

Ante el Alcalde Mayor pareció Lorenzo Sánchez y dijo que él no es culpable de haberse soltado Vasco Díaz, porque no es obligado a guardar los presos, y es el Alguacil, el cual se anda paseando1 y no quiere hacer diligencias para prenderlo; dice que él no está obligado de hacer las diligencias, pero que además, por estar preso y encarcelado, no puede hacerlas. Por tanto, pide que se le suelte de la prisión, y que si no ha lugar, que le mande dar en fiado. Pide justicia.

1.- Peyorativamente se expresa el Alcalde Ordinario respecto a la ausencia de Bartolomé de Castilleja para poner más de relieve su supuesta culpa, cargándolo así a ojos de procuradores y jueces. Malintencionadamente usado así y en semejante contexto, "pasear" tiene connotaciones de las expresiones germanescas de la época: mandar, sacar, condenar a pasear era "ser condenado a ser azotado, castigo que se cumple llevando al reo subido en un asno por las calles de la ciudad" —recordemos el "mandar a paseo" de hoy—, y "paseante de a pie", "el hombre ocioso que pasa el día paseando a pie por las calles de la ciudad sin tener otra cosa que hacer". (José Luis Alonso Hernández. Léxico del marginalismo del Siglo de Oro. Universidad de Salamanca, 1976).
En un hombre con abundancia de caballos y criados como lo era Lorenzo, se echa de ver a distancia el desprecio que siente por un triste segador acuciado por el hambre y la miseria, como lo era el Alguacil Bartolomé.

martes, 17 de abril de 2012

Los Juanguren y el espadero 37i


Siquiera fuera por no haber vuelto a Castilleja el día del Corpus cuando fué informado de la evasión del portugués,

El Alcalde Mayor mandó a Lorenzo Sánchez tener su casa por cárcel y no quebrantarla so pena de 20.000 maravedíes para la Cámara de Su Señoría, y le mandó además buscar al preso Vasco Díaz so la dicha pena. El día 11 de junio (el sábado, tras tomarle la declaración vista en el anterior capítulo) se notificó de ello al dicho Lorenzo Sánchez.

Y a pesar de lo que hoy conocemos por "arresto domiciliario",

El Alcalde Mayor mandó a los Alcaldes Ordinarios que a todas las personas que Catalina García o quien su poder hubiere señalare para testigos, les compelan y apremien para parecer ante ellos y ante Lorenzo Sánchez, Juez de la Causa, y para que les pongan las penas, y que les sentencien en ellas si no lo hicieren.

Pero Lorenzo Sánchez desde su casa son pocas las diligencias que puede efectuar, por lo que don Diego López de Herrera le amplía la "cárcel":

Dicho Alcalde Mayor manda a Lorenzo Sánchez que salga de su casa y tenga por prisión la Villa y su término sin salir de ella ni en sus piés ni en los ajenos, so pena de los dichos 20.000 maravedíes por quebrantamiento, atento a que está malo y enfermo1, y que dé fianza de ella. Juan García2, ... acepta el cargo de carcelero y se obliga, sin firmar por no saber hacerlo. Testigo, Salvador Pérez, Diego Rodríguez de Jaén, Alguacil, y Francisco de Contreras, Alcalde Ordinario. El día 15 de junio se notificó a Salvador Hernández en nombre de Catalina García, siendo testigos Juan de Aguilar y Miguel de las Casas.

1.- Recordemos que un año después ya había fallecido.

2.- Bartolomé Moreno continuaba segando (oficialmente); podríamos pensar que más bien se evadía de sus acusadores.


El Alcalde Mayor, el martes 14 de junio, hace saber a Miguel de las Casas la recusación de Catalina García1, y nombra a Juan de Aguilar, escribano de Su Majestad, mandando a Miguel que lo acompañe y que no haga autos ningunos ni tome testigos, y que esté y resida donde dicho Juan de Aguilar, so pena de 5.000 maravedíes. Y asimismo manda a Miguel de las Casas que llame por edictos y pregones al dicho Vasco Díaz. El día 15 Juan de Aguilar notifica de ello a Miguel de las Casas.

1.- Al siguiente año nuestro escribano tenía conflictos con el Alcalde Mayor, aunque no sabemos si relacionados con, o a consecuencia de, esta sustitución: Miguel de las Casas da su poder a Alonso Álvarez ... de Cerdas, vecino de Granada, para sus pleitos, etc., y  especialmente para parecer ante Sus Mercedes los Oidores de la Chancillería de la ciudad de Granada ... ... grado de apelación de cierto agravio notorio que le ha hecho el Licenciado don Diego Lopez de Herrera, Alcalde Mayor de esta dicha Villa. Dado el sábado 4 de agosto de 1559.
Miguel de las Casas otorga poder a su escribiente Salvador Perez para que le tramita sus pleitos y causas, el martes 12 de septiembre de 1559.

Ahora actúa el calcetero en nombre de la agredida. Con sus testigos muestra y demuestra que Vasco Díaz tenía pésimos antecedentes; aun el recusado Miguel de las Casas se ve en la tesitura de ser fiel a la verdad:

Salvador Hernández presenta por testigo al dicho Miguel de las Casas; dijo que conoce a Vasco Díaz de 12 ó 13 años, y a Catalina García de un año; tiene 45 años de edad, y no es pariente de ninguno de ellos; dice que hace 8 ó 9 años, siendo este testigo Alcalde Ordinario de esta Villa, hizo prender a Vasco Díaz de oficio, porque le hallaron dos bueyes yuntados, los cuales tenía dados para que se los pesasen en las carnicerías de esta Villa, y luego, al prenderlo y tomarle confesión, espontáneamente declaró que los bueyes no eran suyos, que los trajo hurtados de ... en Cuaresma, y luego el dicho Vasco Díaz, estando en prisión, puso fuego al cepo en que estaba preso1, y estándose quemando el dicho cepo lo sintió Alonso Martín Revuelta, a la sazón Alguacil, y ... ... prisiones de hierro ... . Dijo que tiene por mujer honrada a dicha Catalina García y que ha podido perder por el daño entre 5 y 9 ducados. Firmaron dicho Miguel, Juan Aguilar y Lorenzo Sánchez.

1.- Probablemente maniobrando hasta colocarlo sobre algún tipo de braserillo con el que se entibiaba la fría atmósfera del calabozo. El olor de madera quemada lo delató.

Testigo, Juan de Vega, hijo de Juan de Vega; dijo que conoce a Vasco Díaz desde que se sabe acordar, y a Catalina García de un año; tiene 14 años de edad y no le tocan las generales; dice que hace un mes, estando este testigo cavando en una viña de su padre junto a la casa de Vasco Díaz y de Catalina García oyó dar voces, y fué a ver, y vió a Vasco Díaz que salió de su casa con un lanzón, etc., etc. Dice que Catalina García es honrada y discreta y pacífica, y que ha podido perder por el daño entre 5 y 9 ducados. No sabe escribir. Firmaron Miguel de las Casas, Juan Aguilar y Lorenzo Sánchez.

Testigo, Leonor de Valencia, mujer de Diego Verde, hombre del campo vecino de esta Villa; conoce a Vasco Díaz de 10 años, y a Catalina García de un año; tiene 40 años de edad y no le tocan las generales; dijo que sabía que Vasco Díaz había estado en la Cárcel por haber hurtado los dos bueyes, y que había jurado matar a Bernardo de León, clérigo cura que fué de la iglesia de Castilleja de Guzmán. Tiene a Catalina García por mujer honrada, que ha podido perder por el daño entre 5 y 9 ducados, y no firma por no saber escribir. Firmaron Miguel de las Casas, Juan Aguilar y Lorenzo Sánchez.

Testigo Leonor López, mujer de Juan Jiménez, trabajador vecino de esta Villa; conoce a Vasco Díaz desde hace 10 años, y a Catalina García de un año; tiene 30 años de edad y no le tocan las generales; dijo que un día después de la cuestión fué esta testigo a casa de Catalina García, por candela, y la vió en cama, descalabrada; dice que oyó decir que Vasco Díaz, estando preso, había quemado el cepo y se había ido de la Cárcel1; tiene a Catalina García por mujer honrada, y que ha podido perder por el daño entre 5 y 9 ducados; no sabe escribir. Firmaron Miguel de las Casas, Juan Aguilar y Lorenzo Sánchez.

1.- Leonor, o más exactamente sus informantes, contradicen a los demás testigos en cuanto a si Vasco se fugó o si fué descubierto por el Alguacil Alonso Martín Revuelta cuando prendió fuego al cepo que lo aprisionaba.

Testigo, Hernando Jayán, vecino de Sevilla y morador en esta Villa; conoce a Vasco Díaz de 10 años, y a Catalina García de 6 meses; tiene 35 años de edad y no le tocan las generales; no supo que Vasco Díaz había descalabrado a Catalina García, pero se enteró luego; sabe que Vasco Díaz había estado preso por el hurto de los 2 bueyes; tiene a Catalina García por mujer honrada, y que ha podido perder por el daño entre 5 y 9 ducados. Firmó su declaración, junto con Juan de Aguilar, Lorenzo Sánchez y Miguel de las Casas.

Testigo, Juan de Vega, labrador vecino de esta Villa; conoce a Vasco Díaz de 10 años, y a Catalina García de 3 ó 4 meses; tiene 45 años de edad y es cuñado del dicho Vasco Díaz1, pero no faltará por ello a la verdad; sabe que Vasco Díaz estuvo en la Cárcel por el hurto de los 2 bueyes, y que intentó escaparse, pero que fué descubierto por el Alguacil; dice que Catalina García ha podido perder entre 5 y 9 ducados por el daño; no sabe escribir. Firmaron Miguel de las Casas, Juan Aguilar y Lorenzo Sánchez.

1.- Siendo así, Juana Rodríguez, esposa de Vasco Díaz, era hermana de Juan de Vega, ya que la mujer de éste, Inés Martín, es altamente improbable que fuera de nacionalidad portuguesa (hermana de Vasco). Pero: Juana Ana Rodríguez, mujer de Vasco Díaz, con licencia de su marido, le da poder para demandar bienes de la herencia de su padre Alonso Rodríguez Fraile [contribuyente apuntado en el Libro de Heredamientos de 1514], vecino que fué de Triana y morador en esta Villa, en sábado 18 de agosto de 1554, siendo testigos, Miguel de las Casas, Urban de Peralta y Francisco de Salamanca, vecinos y estantes en esta Villa. En tal caso, ¿Alonso Rodríguez Fraile fué padre de Juan de Vega?; consideremos provisionalmente que hubo por medio viudo o viuda vuelto a casar —de ahí que Juan llame "mi cuñado" al portugués—, hasta que nuevas transcripciones arrojen luz sobre este entramado familiar.

Testigo, María Hernández Rubia; dijo que se rectificaba (por ratificaba) y rectificó de anteriores declaraciones; conoce a Vasco Díaz de 10 años, y a Catalina García de uno; tiene 28 años de edad y no le tocan las generales; dice que ahora Catalina García está levantada ya de la cama; tiene a la dicha Catalina por mujer honrada y cuerda, y que ha podido perder por el daño entre 5 y 9 ducados; dice que oyó decir lo de la prisión de Vasco Díaz a ... de Cervantes, primo de su marido, que era entonces Alguacil del Conde. Firmaron Juan de Aguilar, Lorenzo Sánchez y Miguel de las Casas.


En  "Los Juanguren y el espadero 37f", abril de 2012, expusimos genealogía de Ana de Orihuela, y ya  presentamos al padre de Lorenzo Sánchez como "teniente de ensayador de la Casa de la Moneda" y acusado de herejía (Los Juanguren y el espadero 37g", abril de 2012). Ahora surge un documento que viene a completar nuestro conocimiento del Alcalde Ordinario:

Lorenzo Sánchez, clérigo presbítero vecino de Sevilla y estante en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, capellán de la capellanía que instituyó Alonso Sánchez su hijo1, difunto que Gloria haya, según cláusula de su testamento, que pasó ante Gómez Álvarez de Aguilera, escribano público de Sevilla, el jueves 19 de marzo de 1534, y para que dijese y cantase dicha capellanía el dicho Alonso Sánchez dejó y dotó y ... un su mesón en Sevilla en la Puerta de Triana, que es enfrente de la Barrera de los Confites, que se dice el mesón del Atajo Mil, que linda con otras casas pequeñas que asimismo dejó el dicho Alonso Sánchez, y por ende, otorga como capellán que da todo su poder a su otro hijo Lorenzo Sánchez para que arriende dicho mesón y las casas pequeñas, y para dar cartas, etc., etc. Dado en Castilleja de la Cuesta, en casa del dicho Lorenzo Sánchez, miércoles 30 de diciembre de 1546. Testigos, Alonso de Trujillo y Francisco de Trueba.

1.- En el siglo XVI el término "clérigo", con un significado mucho más amplio que hoy, abarcaba a todo cristiano recipiente de la tonsura, incluso niños; y antes en el XV el 50% de los sacerdortes eran hombres casados, completamente aceptados por la sociedad; no sería hasta el Concilio de Trento cuando se estableció el monstruoso absurdo de que el celibato y la virginidad son superiores al matrimonio. "Hubo clérigos legalmente casados hasta bien entrado el siglo XVI" (José Sánchez Herrero. "Amantes, barraganas, compañeras, concubinas clericales". Clío & Crimen, nº 5, año 2008, págs. 106-137). De perseguido por la Inquisición a clérigo y capellán, Lorenzo Sánchez el viejo no era un caso excepcional en aquella inestable y caótica sociedad, sometida a fuerzas opuestas y a impulsos contradictorios.

viernes, 13 de abril de 2012

Los Juanguren y el espadero 37h


¿Disfrutaba Vasco Díaz de la protección y el amparo de Lorenzo Sánchez y de Miguel de las Casas? En cualquier caso, era perro viejo en lo referente a escurrir el bulto de las varias prisiones que conoció durante los aproximadamente 15 años que llevaba residiendo en nuestra localidad. Debió llegar a ella, según nuestras cuentas, hacia 1543, y desde entonces no hubo ni cepo, ni grilletes ni cadena que se le resistieran. Veamos su último afufón:

El viernes 10 de junio el Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez y el escribano Miguel de las Casas fueron a la Cárcel, y hallaron que Vasco Díaz se había ido y salido de las prisiones en que estaba preso, y el dicho Señor Alcalde visitó las prisiones en que estaba preso y halló una chaveta de dos que tenía en un peal quebrantada y medio quebrada, y la otra no la halló porque el dicho Vasco Díaz la llevó o la echó en alguna parte donde no la hallasen, y el otro peal que en el otro pié tenía, porque tenía pasada la cadena por entre ambos piés, lo halló sano, y que parece que sacó el pié por el dicho peal, y asimismo halló unos grillos que le había mandado echar, quitado de ellos una chaveta con que cierran, y no sabe si le hizo alguna cosa para sacarla, y habiéndo visto el dicho Señor Alcalde todo lo susodicho, me lo pidió a mí, Miguel de las Casas, por fé y testimonio, ante los testigos Salvador Pérez, Juan Sánchez Vanegas, Francisco de Aguilar y Diego Rodriguez de Jaén.

Tras la fuga de Vasco, al día siguiente Catalina por medio de su apoderado nos demuestra que ni el Alcalde Ordinario, ni el escribano, ni el Alguacil jugaban limpio. En nombre de la herida, el calcetero Salvador Hernández se dirige al Alcalde Mayor —recuérdese, autoridad por encima de todos los concejos del Estado de Olivares y dependiente directamente del Conde— y le expone sin tapujos la situación:

El sábado 11 de junio pareció ante el Alcalde Mayor [el Licenciado Diego López de Herrera1] la querellante Catalina García, por el denegamiento de término que el Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez le había hecho. Pide que se le concedan los 20 días, y pide que pase ante un escribano del Rey "cual Vuestra Merced señalase, porque yo tengo por odioso y sospechoso a Miguel de las Casas, escribano de esta Villa, y por tal lo recuso, y juro a Dios y a esta Cruz que esta recusación no la hago por malicia". Otro sí, "me querello ante Vuestra Merced de Bartolomé Moreno, Alguacil de esta Villa, y de las demás personas que parecieran culpadas, y digo que por enemistad que me tiene, y por querer favorecer al dicho Vasco Díaz, lo soltaron y dejaron ir de la Cárcel donde estaba preso, pido y suplico a Vuestra Merced mande hacer información de lo susodicho y mande prender al dicho Bartolomé Moreno, Alguacil, y a los demás que parecieren culpados, porque yo los entiendo acusar ante Vuestra Merced del dicho delito ... ".
El Alcalde Mayor Diego López lo hubo por presentado y le concedió 10 días de término, y mandó llamar por edictos, y declaró en rebeldía, y señaló letrados de la Audiencia a los que notificar los autos, que retuvo en sí.

1.- Diego López de Herrera amerita nota aparte, siquiera sea por la durísima sentencia —fuera de lo corriente y absolutamente ejemplarizante— que pronunció contra Vasco Díaz y que conoceremos al final de estos capítulos. Por los dos intentos de embarcar a Santo Domingo sabemos de su hijo Rodrigo, y que su mujer se llamaba Ana:
Rodrigo de Herrera, natural de Sevilla, soltero, hijo del licenciado Diego López de Herrera y de doña Ana de Herrera, a Santo Domingo. 12 de septiembre de 1565. Y
Rodrigo de Herrera, natural de Sevilla, hijo del licenciado Diego López de Herrera y de doña Ana de Herrera, que tenía licencia para Santo Domingo en 12 de septiembre de 1565, no pasó y se le refrenda ahora. 8 de enero de 1569. (Archivo General de Indias).
El Licenciado moriría en la Villa de La Calzada al pié de las primeras estribaciones de Sierra Morena en su parte norte, entre el 23 de diciembre de 1575 y el 21 de marzo de 1579, años durante los que, como tal Licenciado, participó en la relación y respuesta a los capítulos enviados a dicha Villa de La Calzada por el Rey y conforme al mandamiento del doctor Andrade, Alcalde Mayor del Partido de Calatrava de la Gobernación de Almagro (Ciudad Real), a la que pertenecía dicha Villa.
Conocida hoy por Calzada de Calatrava, es cuna del cineasta Pedro Almodóvar y del empresario Gregorio Imedio, inventor del pegamento que lleva su apellido.


Luego Catalina García dijo que el Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez tenía las llaves del preso y estaba a cargo de él, y que está presta a dar información de lo que dicho tiene.

El sábado 11 de junio el Alcalde Mayor tomó declaración al Alcalde Ordinario, quien dijo conocer a Catalina García y a Vasco Díaz; que no sabe si la hirió; que, como Juez, tenía preso a Vasco Díaz; que mandó a Bartolomé Moreno, Alguacil, prenderlo y guardarlo; preguntado si cuando el Alguacil se fué a segar, lo tomó él y recibió las llaves, dijo que lo niega; dijo que no sabía que el Alguacil se había ido; dijo que supo que Vasco Díaz se había escapado el jueves a mediodía, estando en la ciudad de Sevilla1; dijo que no hizo diligencias por ello porque no lo tenía a su cargo; preguntado si sabe que, como Justicia, es obligado a su cargo, dijo que no lo sabe; y que esta es la verdad, y que es de edad de 40 años.

1.- En la fiesta del Corpus Christi —el jueves día 9 de junio— Lorenzo Sánchez disfrutaba de la Tarasca, de los bailes y de la música cuando Antón Navarro, obligado de las Carnicerías de esta Villa, el cual también fué a Sevilla a ver la procesión, se lo encontró entre la multitud y le informó de la fuga de Vasco Díaz. Lorenzo Sánchez se desentendió de ello, sin pensar ni un momento en regresar a Castilleja para hacer las obligadas investigaciones, perdiéndose en este caso la celebración. Los festejos ejercían un fuerte atractivo sobre la población sevillana y sobre los provincianos, que acudían a ellos como mosquitos a la luz. Sin ser Lorenzo Sánchez persona inculta, antes al contrario, también se encontraba entre los incondicionales de los espectáculos, quienes, absortos, contemplaban los decorados que transfiguraban calles y plazas, las comedias y autos itinerantes que sobre carros interpretaban actores de mil procedencias, los desfiles de gigantes y cabezudos, los de las cofradías, los músicos y los cantores, y en los márgenes sociales todo el variopinto mundo, a veces sombrío y violento y otras lleno de vida y luz, que formaban los desfavorecidos de la fortuna, el lumpemproletariado, las clases ínfimas de aquel compendio de la Humanidad que era la capital andaluza, en especial en tan señalado día.
La Contrarreforma había herido de muerte el espíritu carnavalesco que permeaba toda la experiencia festiva desde la más remota antigüedad (como muy bien demostró el filósofo y antropólogo Mikhail Bakhtin), y acaso en el sur peninsular era —y es— donde tal espíritu más y mejor se resistía a los embates de la opresora religión oficial, siempre castrante y obsesa en pro del control político-social, condición necesaria para ejercer su suprema pretensión: el dominio espiritual y material del orbe. Pero y a pesar de los esfuerzos de la Corona y la Iglesia, —dos caras de la misma moneda— las autoridades no podían reprimir a aquella masa, que las sobrepasaba y desbordaba con sus mil formas: corría el vino, y aquí y allá sobre el mar de cabezas veíanse jarras y botillas elevándose y dejando caer los dorados chorros en las sedientas bocas; pronto se poblaron las calles de borrachos tirados en los suelos, escarnecidos por las bandas de pilluelos, revolcándose en sus propios vómitos y profiriendo incoherencias y eructos; saltaban por encima de ellos los ladrones, urgidos por colocar el producto de sus robos —joyas, guantes, bastones, puñales, sombreros, pañuelos bordados, estuches finos, dijes y hasta anteojos—, acaso sustraídos al descuido en la entrada a una calle y de inmediato vendidos por unas monedas en la salida; en las bullas muchachos introvertidos y ancianos desesperados acechaban la ocasión de rozarse con mujeres desprevenidas o acaso provocadoras y complacientes, a veces junto a sus distraídos maridos e hijos; vendedores ambulantes transportando canastas vociferaban sus productos, entre los que descollaban las frutas confitadas y las semillas saladas; saltaembancos y malabaristas ocupaban cada encrucijada; bandadas de prostitutas hacían su agosto, trabajando a destajo en cualquier lugar y, concluido el contrato, volviendo a la multitud, a enganchar a su próximo cliente arrastrándolo tras cualquier esquina; en la céntrica calle de Las Sierpes, tras la tapia semiderruída de un solar abandonado, el carnicero Antón Navarro había disfrutado de los servicios sexuales de una muchacha pálida, en los puros huesos y con la cara plagada de eczemas, asombrándose del reguero de parejas que accedía al recinto, a pesar de estar a escasos metros de las procesiones, hecho que comentó entre sonrisas maliciosas en su casual encuentro con el Alcalde Ordinario de Castilleja, tras darle cuenta de la fuga del luso.
Proliferaban las peleas y riñas, muchas de ellas sangrientas; como en todas las aglomeraciones de personas, se producían desmayos y lipotimias, que no alcanzaban a prevenir los entoldados que protegían las plazas y calles de los rigores del sol de junio; abundaban las caídas o los accidentes con las caballerías, o los desprendimientos de cornisas; perdíanse niños con frecuencia, viéndoselos desorientados y aterrados, todo lágrimas, deambular sorteando piernas de adultos hasta que algún alma caritativa —o lo que es peor, algún pederasta, algún brujo satánico— reparaba en ellos.
Volvió Antón Navarro a Castilleja al caer la tarde, tambaleándose sobre la albarda de su pollino, empapado en mosto y con la faltriquera floja. A Lorenzo Sánchez lo invitó un amigo sevillano, cofradiero de los de "orden" y persona económicamente boyante, a disfrutar de un banquete en su casa en la collación de San Juan de la Palma; era costumbre extendida abrir puertas de par en par a propios y extraños para agasajarlos, y las familias pudientes tenían a honra y orgullo preparar en extensas mesas en los patios de sus domicilios montañas de tentempiés y entremeses diversos, rápidamente devoradas por cuantos, a puro capricho, entraban a ellos, en un ambiente cordial de camaradería y llaneza. Pero almuerzos formales, con toda la ceremonia, solo se ofrecían en privado y entre allegados, cuando la fiesta coleaba entrada ya la tarde, como fué el caso con el Alcalde Ordinario de nuestra Villa, quien por otra parte ya se encontraba total y completamente olvidado de sus deberes en ella.
Como hoy, las capas sociales superiores en este aspecto no se diferenciaban notablemente de las bajas: en estos convites se presentaban las deseadas ocasiones de hacer una excepción con la bebida, de exteriorizar el histrión que todo ser humano alberga dentro de sí, de llevar a cabo ese tan soñado encuentro íntimo con la esposa del vecino siquiera bajo los dictados de la premura, de realizar y experimentar por fin tantas y tantas apetencias y pasiones reprimidas durante todo el año por los estrechos decretos impuestos por la vida social:
"... no puede dejar de mencionarse cómo se solía prolongar la fiesta religiosa también en las convivencias posteriores de los hermanos y vecinos, ya que esta del Corpus era una de las celebraciones principales del calendario y como tal suponía uno de los momentos privilegiados del año para el disfrute general. Pues bien, entre la función de la mañana y la procesión de la tarde era costumbre que el mayordomo convidase con cargo a las arcas de la hermandad no sólo a los demás oficiales, religiosos, músicos, diáconos, integrantes del Concejo y demás participantes en la fiesta, sino a otras muchas personas que se unían, lo que a veces derivaba en excesos y desórdenes... ". (Francisco Amores Martínez, "Culto y fiesta en torno al Santísimo Sacramento en los pueblos del Aljarafe de Sevilla, 1550-1835", Acta del Simposium "Religiosidad y ceremonias en torno a la Eucaristía", San Lorenzo del Escorial, septiembre de 2003).
En "Fiesta Grande: el Corpus Christi en la historia de Sevilla", Biblioteca de Temas Sevillanos, 1980, dice Vicente Lleó Cañal: "... la magnificencia de su celebración en los siglos posteriores [al XIII, XIV y XV] la hizo descollar [a Sevilla el Corpus] entre las restantes ciudades españolas. Así lo expresa un cronista [Reyes Messia de la Cerda], que escribía en 1594: "Y aunque en todos los lugares de España se celebran estas fiestas con increyble solemnidad y varios plazeres, no quitándoles la gloria a las ciudades famosas que en esto gastan parte de sus thesoros, pueden todas rendir vasallaje a la ynsigne ciudad de Sevilla, que en celebrar estas fiestas les haze notables ventajas y con razón, pues siendo ella el luzero de España y el archivo y thesoro de su honor y grandeza, parece que de derecho está obligada a mostrar en estas sanctas ocasiones más gravedad y pompa como más señora y con cuyo poder ninguna de las del mundo puede competir".

A la declaración de Lorenzo Sánchez siguieron —el 16 ó 17 de junio— las de dos mujeres que vivían con el Alguacil Bartolomé Moreno en la casa-cárcel: su esposa y una viuda, aunque todavía joven acogida allí por pura compasión; eran de esperar sus deposiciones, ya que puestas a elegir entre acusar de la fuga de Vasco Díaz al marido y huésped o al Alcalde Ordinario, el resultado no podía ser otro:

Testigo, Mencía Rodriguez, mujer del dicho Alguacil Bartolomé Moreno. Preguntada que dónde está su marido, dijo que hace 7 ó 8 días se fué a segar; dijo que él lo hizo saber a los Alcaldes Ordinarios de esta Villa, para que pusiesen cobro a los presos (pronto veremos quienes eran los otros); dijo que lo dijo a Lorenzo Sánchez y a Francisco de Contreras; dijo que no se acuerda si Lorenzo Sánchez ha entrado a ver a los presos después; dijo que Lorenzo Sánchez fué quien sacó a Vasco Díaz de sus cadenas; dijo que Lorenzo Sanchez tenía las llaves. Declaró ser de 28 años de edad, y no firmó por no saber escribir.

Testigo, Catalina Sánchez, viuda de Bartolomé Rodríguez Cordobés; vive en casa del Alguacil Bartolomé Moreno; dijo que fué Lorenzo Sánchez quien sacó al preso, y que ella lo había visto llegar a la Cárcel algunas veces y mirar a los presos; tiene 30 años de edad, y no firmó.

domingo, 8 de abril de 2012

Los Juanguren y el espadero 37g


El Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez mandó al Alguacil Bartolomé Moreno prender al dicho Vasco Díaz. Luego dicho Alcalde Ordinario fué a la casa del dicho Vasco Díaz, e hizo secuestrar todos sus bienes1: las casas de su morada, linde con casas de Magdalena Rodriguez y con casas de Hernán Rodriguez, y con la calle por delante; un colchón de lienzo lleno de tascos; una sábana de lienzo de estopa, raída; una espada vieja, sin vaina; unos bancos, un camisón y una media manta, vieja; un paramento de lienzo, viejo; 3 sillas de costillas2, raídas; una mesa de palo, de 4 piés; un candelero de madera; una cuna de madera con una almohada en ella; 2 cedazos, un arnero y una calabaza.
Todos los dichos bienes puso el Alguacil en depósito de Juan de Vega, que se obligó como tal depositario, siendo testigos Salvador Pérez y Pedro Sánchez.

1.- Durante toda la tarde del jueves día 12 el portugués aguardó, oculto en la viña de Castilleja de Guzmán, hasta que entrada ya la noche regresó a su casa, ya embargada por el Alcalde junto con sus demás pertenencias. Dicho embargo pesaba sobre su persona y no afectaba a los demás miembros de la familia; por ello, su esposa podía seguir habitando el domicilio, aunque no era el caso porque se trasladó provisionalmente con su hijo y su sobrina a casa de una vecina, a un ambiente más apacible y tranquilo. Aquella noche, de todas formas, no faltó a Vasco un rincón, proporcionado por algún conocido, para guarecerse hasta la mañana siguiente, cuando fué prendido por el Alguacil Bartolomé Moreno y llevado a la Cárcel.

2.- La silla de costillas carecía de respaldar, disponiendo sólo de reposabrazos sustentados por cuatro o cinco listones curvos que, solidarios con el asiento, recordaban los costillares abiertos de un esqueleto.


Mientras Lorenzo Sánchez actúa, nada nos impide saber más de él y de su familia. El profesor Juan Gil en "Los conversos..." de nuevo aporta detalles que lo resucitan como alguien nítido y animado moviéndose en las brumas fantasmales de la historia:

Lorenzo Sánchez, teniente de ensayador de la casa de la Moneda, marido de Francisca de Morales, hija del mercader de vinos Cristóbal Rodríguez y de Ana Sánchez de Salazar al 5 de octubre de 1479. Comerció con aceite (Enrique Otte, "Sevilla y sus mercaderes, pág. 39). Fué confiscada una heredad suya. Hijos: Agustín de Gracia, Lorenzo, Cristóbal y María de Morales.

Lorenzo Sánchez, ensayador de la Casa de la Moneda, fué acusado de "çierto delito": muy probablemente de herejía, a juzgar por el sigilo y los rodeos empleados1. El juez aplicó al fisco una heredad que tenía en los términos de Castilleja de la Cuesta, Gines y Bormujos. Dicha heredad salió a subasta y se remató por 666.000 maravedíes en el suegro de Lorenzo, el mercader de vinos Cristóbal Rodríguez2, que la compró para Agustín, Lorenzo, Cristóbal y María, los hijos del condenado. De esa cantidad les correspondieron a los menores 150.000 maravedíes de la dote de su madre y 258.000 del multiplicado3.

1.- Tacha el manuscrito: "por mandado de[l doctor Pedro Díaz], teniente, çierto juez", refiriéndose sin duda al inquisidor. Hay escrituras de Lorenzo Sánchez en el Archivo de Protocolos de Sevilla, IX 1479 al 5 de octubre, y IV en 1515.

2.- Cristóbal Rodríguez se casó hacia 1489 con Ana Sánchez de Salazar, que le aportó una dote de 45.000 maravedíes. Hizo testamento el 26 de ¿marzo? de 1524, dejando por herederas a sus hijas y sus nietos. Eran éstas Juana Suárez, Guiomar (Rodríguez) de Tovar, mujer de Fernando de Fuentes, Beatriz de Morales, mujer de Diego de Biedma, y Francisca de Morales, la viuda de Lorenzo Sánchez.

3.- Después la abuela, Ana Sánchez de Salazar, mandó en su testamento que todos sus herederos tuviesen en la dicha herencia 117.000 maravedíes —la cantidad que pagó el abuelo de su propio dinero— más los intereses que hubiese rentado dicha cantidad desde la muerte del abuelo, esto es, 21.100 maravedíes (o sea, un interés del 11 % o de a 11.000 maravedíes el millar, por dos años). En la partición les cupo de esa cantidad a los menores 58.930 maravedíes, a Beatriz de Morales 71.501 maravedíes y medio y a Juana Suárez 8.668 maravedíes y medio. Fueron testigos de la probanza el clérigo Juan Ruiz, Catalina Martín, viuda de Juan Caldera (hermana del abuelo de los menores), y Francisco de San Clemente. Sigue la partición de la herencia y el inventario de bienes (Archivo de Protocolos de Sevilla, XVIII, al 5 y al 26 de mayo de 1528).

Y ya ahora podemos verle más de cerca, orgulloso cuñado del General Cosme y satisfecho por el apresamiento del lusitano feminicida Vasco Díaz; mas no indican los datos que vamos a estudiar que el Alcalde Ordinario se dispusiera a administrar justicia con imparcialidad; antes al contrario, todo inclina a sospechar que Lorenzo Sánchez simpatizaba más de lo aceptable con dicho portugués, y que gozaba aquel sábado porque en la actual circunstancia tenía la posibilidad de demostrarle esa simpatía.


El sábado 14 de mayo el Alcalde Ordinario fué a la Cárcel, a tomar declaración a Vasco Díaz, el cual dijo ser vecino de esta Villa, y trabajador; preguntado si vió a Catalina García en una huerta junto a las casas del declarante, que era de Alonso Rodriguez Fraile1, dijo que sí; preguntado si sabe que dicha Catalina García vive allí, y si la conoce, dijo que sí; preguntado si cuando la vió en la huerta la deshonró de puta probada, y deshonrándola se fué cara a ella y le dió de puñetazos, y después le dió con un ladrillo estero2 en la cabeza, de que la hirió y cortó cuero y carne y salió mucha sangre, dijo que lo que pasa es que este declarante, estando en su casa, vió venir a la dicha Catalina García hacia su solar de este declarante, y este declarante le dijo una, y dos, y tres veces: "señora, no paséis por ahí, que no es mi voluntad", y en esto, la dicha Catalina García, como esto oyó, empezó a dar gritos y a decir que aunque le pesase había de pasar por allí, y entonces este declarante tomó un ladrillo ¿gabusín?3 en la mano, y le tiró con él, ¿y salió corriendo?; preguntado si le dió con él, dijo que no lo sabe si le dió o si no; preguntado si después que le tiró dicho ladrillo le vió correr sangre o alguna herida en la cabeza, dijo que no lo vió; preguntado que si después que le dió a la dicha Catalina García la vió echar a huir y salir por un vallado huyendo, dijo que no; preguntado que si como le echó luego a huir la dicha Catalina García, este declarante entró en su casa y sacó una lanza y fué corriendo luego tras de ella, dijo que este declarante entró luego en su casa y sacó una lanza en las manos, y se fué por ahí con ella; preguntado si con la dicha lanza que tomó, este declarante fué corriendo y entró en las casas de la morada de la dicha Catalina García, y la buscó para, si la hallaba allí, para haberla de matar, dijo que lo niega; preguntado que si después que descalabró a la dicha Catalina García, si se ausentó y se fué de esta Villa, dijo que no se fué sino a Castilleja de Guzmán, a tapar un portillo de una viña suya, que esta es la verdad por el juramento que hizo; tiene 29 años, y no firmó.

1.- Alonso Rodríguez Fraile, vecino de Castilleja, consta en el Libro de Heredamientos de 1514 del Comendador Alonso de Esquivel ("Los Juanguren y el espadero 11", marzo de 2011), siendo, por tanto, uno de los más antiguos pobladores de los que hemos logrado documentar hasta ahora. El domingo 24 de enero de 1546 Alonso Rodríguez Fraile salió de fiador del pujador de los derechos de administración de la carnicería del pueblo, Juan González Vohón ("Los esclavos 68", julio de 2009).

2.- De nuevo aparece esta extraña grafía. Ya en el capítulo anterior optamos por "entero".

3.- Complica más el tipo de ladrillo este nuevo adjetivo: gabusín. Ni Covarrubias ni Autoridades lo mencionan.


Mientras tanto los allegados de Catalina movíanse buscando justicia, asesorados por el Licenciado sevillano Frías de Salazar y pidiendo nada más y nada menos que la pena de muerte para el agresor:

En dicho sábado 14 de mayo, en casa de Catalina García, dió y otorgó la dicha todo su poder a Salvador Hernández, calcetero vecino de esta Villa, que estaba presente, para seguir y acabar el pleito por todas instancias. El Alcalde Ordinario mandó al escribano Miguel de las Casas que notificase a dicho Salvador Hernández para poner acusación en el término de 3 días al dicho Vasco Díaz, preso.

Catalina Gonzalez, viuda (sic) vecina de esta Villa, acusa a Vasco Díaz, que estaba el jueves a hora del mediodía en una huerta de ella, el día 12 de mayo, y Vasco Díaz le dió muchos golpes, y puñadas, y bofetadas, y la maltrató por el suelo, y dió coces, y tomó un ladrillo del suelo y le dió ciertos golpes en la cabeza y se lo arrojó y quebró los cascos, y tomó un lanzón buscándola, lanzando blasfemias y amenazas, que es hombre fascineroso y acostumbrado a cometer otros muy graves delitos y fuerzas que ha hecho, y estando preso por ellos se huyó de la Cárcel quebrantándola, y después se resistió de la Justicia, y ha herido a otras muchas personas, de lo cual todo está sin castigo. Pide al Alcalde que lo condene a pena de muerte natural y en las demás penas establecidas en derecho, y a que le pague los daños e intereses por la herida y maltrato. Firma, el Licenciado Frías de Salazar.

El Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez manda que se notifique la acusación a Vasco Díaz, y que responda en 3 días.

El martes ... de mayo responde Vasco Díaz y dice que no procede ni ha lugar contra él, y que tiene que ser absuelto y libre; protesta, y se querellará de la falsa e injuriosa acusación y de los graves, feos y atroces delitos que contiene; pide ser absuelto y libre.
El Alcalde Ordinario mandó notificar de ello a Salvador Hernández. 

El miércoles 25 de mayo estando en la Cárcel el Alcalde Ordinario recibió a prueba la causa. 

El viernes 27 Salvador Hernández presentó interrogatorio con testigos contra Vasco Díaz, "Portugués". Entre las preguntas, "si saben los testigos que Vasco Díaz es hombre fascineroso, incorregible y blasfemador de Dios Nuestro Señor, y que hurtó y tomó dos bueyes de cierto vecino de Sanlúcar y los trajo a vender a este lugar de Castilleja de la Cuesta, y estando preso por este delito, se huyó y quebrantó la Cárcel de este dicho lugar, y además de esto anduvo aguardando muchos días y noches a (en blanco) Alguacil de este dicho lugar, para lo matar, y asimismo anduvo por matar a un clérigo de la Villa de Castilleja de Guzmán, y ha hecho otros muchos delitos", y "si saben que la dicha Catalina García es mujer honrada y viuda, y honesta y recogida, y quieta y pacífica y apartada de riñas y pendencias".

El sábado 28 de mayo Salvador Hernández pidió ampliación del plazo para presentar su probanza. El Alcalde Ordinario le otorgó otros 6 días. Todo ello le fué notificado al preso Vasco Díaz.

El miércoles 8 de junio Salvador Hernández dice que no ha podido hacer la probanza, y pide 20 días más de plazo, jurando que no lo hace por malicia; y en caso de denegación, declara que lo recibirá por agravio y apelará al Conde de Olivares y a quien su derecho deba. Y pide, bajo amenaza de apelación también, que no se dé por fiado a Vasco Díaz y que se lo mantenga a buen recaudo. 
El Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez accede a todas sus peticiones, excepto a la prórroga de 20 días.

viernes, 6 de abril de 2012

Los Juanguren y el espadero 37f


Unos más afectados, otros menos, se volvió a cumplir el ritual: mandato de apresamiento del acusado, y embargo de sus bienes. Bartolomé Moreno, este año a cargo del cumplimiento de las leyes en la Villa, sabía con quién tenía que tratar, y maldita la gracia que le hacía. Miguel de las Casas, el escribano, no era temperamento para meterse en camisa de once varas, sino que gustaba de la paz, aun a costa de esconder la cabeza bajo el ala. Lorenzo Sánchez, sin ser la primera vez que ejercía de Alcalde Ordinario ya que lo fué en 1544 al menos, aparentaba más entereza, casi rayando en la indiferencia; había un lugar en el pueblo denominado Cercado de Lorenzo Sánchez ("Los esclavos 53", mayo de 2009) que sin duda signa una de sus propiedades; además, podemos ver, un momento antes de proseguir, sus últimas disposiciones ya enfermo, dictadas un año después y sumamente ilustrativas de su circunstancia vital:

Testamento de Lorenzo Sanchez, marido de Ana de Orihuela1. Es vecino de Sevilla en la collación de Santa María, y morador en esta Villa de Castilleja de la Cuesta. Estando enfermo, otorga testamento, en el cual dice deberle a Juan Gonzalez Masvale2, vecino de esta Villa, 3 ducados, que le prestó por hacerle buena obra; debe a Antón Navarro, arrendador de las carnicerías de la Villa, 24 reales de ¿ternerillas? y de dinero que le prestó; debe ciertas cantidades a los vineros de esta dicha Villa; al canónigo Isla (muy relacionado con Castilleja), vecino de Sevilla, 30 reales de préstamos; a Pedro Lopez, vecino de Bormujos, 4 reales, de resto de un diezmo; a Simón de Valencia, 4 reales que le prestó; a Miguel de las Casas, recaudador por el Señor Conde de Olivares, la alcábala de 1558. Le debe Luis de Figueroa, clérigo morador de esta Villa, 40 reales, por un conocimiento que está firmado por Hernando Rodriguez, y que tiene dicho Figueroa en su poder.
Quiere ser enterrado en la Iglesia de Santiago, y si falleciere en Sevilla, en la de Nuestra Señora del Carmen, donde están enterrados sus padres. Si fuera en Santiago, en la sepultura que está junto a la peana del altar mayor, junto a donde está enterrado Alaraz, cura que fué de esta Villa. Quiere que le digan misas ofrendadas de pan, vino y cera, como es costumbre; encarga misas para siempre jamás, y deja, para ornamentos y cera de dichas misas, las casas de su morada en esta Villa, linde con casas de los menores herederos de Cosme Rodríguez Farfán, su sobrino (error por cuñado), y por la otra parte con casas de Diego Agustin, su sobrino, y con la Calle por delante. Y para sufragar otras misas que tiene encargadas, deja una viña que tiene en esta Villa, en el Pago de la Fuente, linde con viña de doña María ¿Carreras? y con viñas de Inés de Morales. Manda al Hospital del Amor de Dios, al de los Desamparados, al de las Bubas y a la Casa de los Niños de la Doctrina Cristiana, un ducado a cada uno. Manda que le sean dados a Beatriz, su criada, hija de Juan González Masvale, que está en su casa, por sus buenos servicios y el amor que le tiene, ¿6000? maravedíes, para ayudar a su casamiento, y que hasta entonces los tenga en su poder su mujer Ana de Orihuela, y si falleciese Beatriz antes, que se den a su padre el dicho Masvale. Da un ducado a la Cofradía del Santo Sacramento y de la Santa Veracruz de esta Villa. A Elvira Sanchez, viuda de Francisco Sanchez Ladrillero, por sus buenos servicios y para que ruegue por su alma, da 4 ducados. Dice haber recibido de Juan de Zorita, vecino de Sevilla, ¿200 ducados? en cuenta de 950 arrobas de vino que le compró, de la cosecha del año 1558.
Su mujer trajo al casamiento una dote de 400 ducados, en dinero y joyas; la nombra su heredera universal, junto con Francisco de Morales Farfán, Agustin Farfán, Juan Farfán3 y Maria de Morales, sus sobrinos, hijos de Cosme Rodriguez Farfán y de su hermana Maria de Morales4, y a su sobrino Diego Agustin, hijo de su hermano Agustin de Garcia5.
Nombra como albaceas a Ana, su mujer, y al escribano Miguel de las Casas. Otorgado en la casa del dicho Lorenzo Sanchez el martes 4 de abril de 1559, ante Miguel de las Casas. Testigos, Salvador Perez, Francisco de Aguilar y Juan González Masvale, vecinos de esta Villa, y Hernando Jayán, vecino de Sevilla, todos moradores de esta dicha Villa.

1.- Los Orihuela (u Orejuela en algún escrito) aludidos, según el profesor Juan Gil en su obra "Los conversos y la Inquisición sevillana" fueron: Juan de Orihuela, secretario de don Pedro de Estúñiga hacia 1472, y marido de Beatriz Alemán (o González). El 7 de junio de 1484 le fueron devueltos los bienes confiscados (confiscados porque los compró a individuos que luego de la compra fueron enjuiciados por la Inquisición). Arrendó a Juan de Carmona, arcediano de Carmona, unas casas en Santa María la Blanca el 16 de enero de 1504. Falleció en 1507. El 31 de enero de 1508 su viuda, estando en la casa de Alonso de Perona (jurado y fiel ejecutor, hijo de Diego Rodríguez de Orihuela y de Juana Férnandez, marido de Beatriz Gómez, hija de Isabel Gómez), pidió confirmación de la curatela de sus hijos Diego y Bernardino. A continuación dió poder para seguir causas al procurador Alonso de Jerez. Entró en la composición de 1510 con 150 ducados. La viuda y los hijos reconocieron deber 39.000 maravedíes al mercader de vinos Cristóbal Lorenzo (vinculado a nuestra Villa como veremos) el 27 de enero de 1511. Se comprometieron a sacar a paz y a salvo a Juan Lobón el 22 de octubre de 1512. Beatriz se trasladó a vivir a Castilleja de la Cuesta. Avecindada allí saldó el 27 de febrero de 1511 la deuda que tenía con Ana García, viuda de Juan de Trujillo (que consta en el Libro de Heredamientos del comendador Esquivel, quizá padre de Alonso de Trujillo cuya hija desposó con el escribano Juan Vizcaíno). Hijos de Juan y Beatriz: 
1)— Ana de Orihuela, mujer de Diego de Villacreces. Mayor de edad en 1508. Hijas, Leonor y Francisca de Villacreces, monjas en Santa Isabel.
2)— Isabel de Orihuela (o del Castillo), mayor de edad en 1508.
3)— Antonio de Orihuela, vecino de Santa María la Blanca, y morador algún tiempo en Medina Sidonia. Hijo, Pedro de Tarifa.
4)— Diego de Orihuela, marido de doña Leonor de Baeza, hija de Francisco de Baeza y de Isabel Alemán (ascendientes de la segunda mujer de Miguel de las Casas), la cual doña Leonor le llevó de dote 140.000 maravedíes. Compró a sus sobrinas las novicias —las hijas de Ana— una heredad que éstas tenían en Gines por 40.000 maravedíes; les quedó debiendo 21.000 el 1 de noviembre de 1515. Diego y doña Leonor hicieron varios testamentos conjuntos. En el primero, redactado el 2 de noviembre de 1557, dispusieron que se los enterrase en San Agustín. Dejaron por heredero a Bernardino de Orihuela, su hermano, y en su defecto a sus tres hijos (Rodrigo, Leonor y Antonio). Nombraron albaceas al licenciado Gómez de León (quien también suena en documentos castillejanos) y a Agustín Francisco Alemán, sobrino de la mujer. En el segundo, hecho el 21 de enero de 1561, Diego quiso enterrarse en San Bartolomé, con su padre y su madre. Diego dejó por herederos a sus sobrinos Pedro de Tarifa y Rodrigo de León, doña Leonor a doña Mariana —hija de Fernando de Baeza—. Nombraron albaceas al licenciado Gómez de León y a Agustín Francisco. Diego otorgó un tercer testamento el 19 de abril de 1561.
5)— Bernardino de Orihuela, vecino de Cartagena. Hijos, Rodrigo de León, Leonor de León (o de Orihuela), Antonio de Orihuela y Diego de Orihuela.
La mujer del Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez debió ser hija de Diego y Leonor, cuestión que confirmaremos con la transcripción de documentos ya localizados.

2.- Juan González Masvale, vinero vecino de Sevilla y morador en esta Villa, habita en un palacio, con bodega en parte cubierta de tejas, corral, pozo y demás pertenencias, linde con la huerta de Lorenzo Sanchez, y con casas de Beltrán de Escobar Morales, y con casas de Aldonza de Torres y con la Calle por delante; y posee un pedazo de huerta, arboleda y viña de una aranzada, linde con el Camino Real donde vienen de la ciudad de Sevilla a esta dicha Villa, según escritura ante Juan Vizcaíno, de domingo 18 de marzo de 1554. Con tributo a Isabel Martin, mujer de Juan de Santana, los cuales dejaron herencia a la Iglesia de Santiago. Enero de 1558.

3.- Juan Farfán se casó con doña Isabel Suárez, que le llevó una dote de 2.000 ducados y recibió en arras 800 ducados, el 26 de enero de 1562. Doña Isabel era hija del médico Lope Rodríguez de Baeza y de Inés Suárez, su segunda esposa; y Lope fué hijo de Rodrigo de Baeza, cambiador estudiado por Enrique Otte en "Sevilla y sus mercaderes", pág. 170, según insinúa Juan Gil. No aparece vínculo familiar hasta el momento entre estos Baeza y los de la mujer de Diego de Orihuela contemplada en la nota 1, supra.

4.- Terminaremos este excursus de la serie de "Los Juanguren y el espadero" con el interesantísimo testamento del General Cosme Rodríguez Farfán, para en seguida volver a la historia del maestro Bernardo de Oliver.

5.- Diego Agustín Farfán, vecino de Triana, hijo de Agustín Garcia y de Francisca Farfana (sic), su mujer, difuntos vecinos que fueron de la dicha Triana, reconoce haber recibido de su tutor Gonzalo Rodriguez Farfán un tercio de casas que heredó de su padre en esta Villa, que tienen dentro una aranzada de viña, linde con huerta y casas de Lorenzo Sanchez y con una hijuela y callejón que va a las viñas, y por delante con la Calle de esta dicha Villa; y 8 aranzadas de viña en Gines, linde con viñas de Fulano de Orihuela, con viñas de Diego ¿Gutiérrez? y con viñas de los menores de Pedro Milanés; y otras 2 aranzadas en Bormujos, linde con viñas de doña Isabel de Cazaña y con viñas de los herederos de Alonso Nuñez; y 11 tinajas llenas de vino de la cosecha de este año, todo lo cual lo recibe por mandamiento del 12 de diciembre de Diego de Torres, Alcalde Ordinario de la ciudad de Sevilla. Se dió por entregado, jurando ser mayor de 20 años y menor de 25 por una señal de la Cruz que hizo con los dedos de su mano derecha. Dado en las casas de dicho Diego Agustín Farfán en esta Villa, sábado 18 de diciembre de 1557. Firma de Diego Agustín Farfán.

Y por último, el testimonio de que el Alcalde Ordinario Lorenzo Sánchez no había hecho testamento en vano:

Ante el Alcalde Hernando Jayán pareció Bernardo Martin, vecino de Sevilla y morador en esta Villa, para denunciar que un asno pardo propiedad de Ana de Orihuela, viuda de Francisco Lorenzo (error por Lorenzo Sánchez, sin duda; un Francisco Lorenzo fué pregonero del Concejo de la Villa), le había hecho mucho daño en unos árboles nuevos que tenía en su viña. Hernando Jayán envió a la viña a Juan de Vega y a Francisco de Aguilar, para que valoraran los daños. (Fecha desconocida, pero en el año 1559).

En la siguiente entrada continuamos con la transcripción del "rito" al que nos referíamos al principio de este capítulo.

Notas varias, 2o.

De entre los personajes destacados en los documentos sobre Francisco de Vilches, figuran: — El  Teniente de Pagador de las Armadas Reale...