viernes, 27 de abril de 2012

Los Juanguren y el espadero 37l


El viernes 17 de junio Salvador Hernández en nombre de Catalina García presentó a Miguel de las Casas una petición: Catalina García dice al Alcalde Mayor que mande prender a Lorenzo Sánchez y ponerlo en la Cárcel, porque estando suelto ella no podía alcanzar justicia1. También pide interrogatorio sobre dos testigos que tiene en esta Ciudad. (Que veremos de inmediato).

1.- Aunque no estaba exactamente suelto, sino que "tenía la Villa y sus términos por cárcel"; o en todo caso tenía como carcelero a Diego Ortiz, pero nada de esto apaciguaba a la parte demandante.


El Alcalde Mayor manda a Miguel de las Casas que notifique a Lorenzo Sánchez la petición de Catalina García, y que haga Carta de Justicia Requisitoria para la Justicia de Sevilla, para que reciban y tomen los testigos que Catalina García presentase en la dicha causa, pagándo los debidos salarios.

Lorenzo Sánchez, ante el Alcalde Mayor, responde al pedimento de Catalina García, y dice que no ha lugar; dice ser buen cristiano y temeroso de Dios, y que de él no se debe presumir que ha hecho semejante delito de soltar a Vasco Díaz; que el cargo de cuidar los presos pertenece a Bartolomé Moreno el Alguacil; que él le mandó al dicho Alguacil poner a Vasco la mejor cadena que tiene la Cárcel; que dicho Alguacil y su mujer tenían las llaves, y que ya se le han ido otros presos por su culpa. Pide que le absuelva y dé por libre de dicho pedimento.

Salvador Hernández en nombre de Catalina García dice que el Alcalde Mayor está obligado a encerrar a Lorenzo Sánchez; dice que Lorenzo Sánchez ha quebrantado la carcelería muchas veces. El jueves 23 de junio se da traslado de ello a Lorenzo Sánchez. Lorenzo contesta repitiendo que él entregó a Vasco al Alguacil, y dice que es a éste a quien hay que demandar, y que si el Alguacil no dejara las llaves a alguien ni a su mujer, Vasco Díaz no se hubiera escapado; dice que negligentemente se le han ido muchos presos. Otro sí, dice que él no ha quebrantado Cárcel alguna porque está de fiado.

Catalina García pide al Alcalde Mayor que mande hacer publicación de testigos, porque el término de la prueba es pasado.
Catalina García insiste al Alcalde Mayor que tenga preso a Lorenzo Sánchez y que le condene, que aunque el Alguacil tiene alguna culpa, eso no descarga al dicho Lorenzo Sánchez, antes ambos son culpables y deben pagarle sus intereses1; y dicho Lorenzo Sánchez quebrantó la carcelería, y por lo uno y por lo otro debe el Alcalde Mayor ponerlo preso; pide además que le traigan a Vasco Díaz.

1.- Sabe Catalina que es poco lo que puede esperar del paupérrimo segador, y por ello no abandona la presa más sustanciosa que es Lorenzo Sánchez. Éste superaba a duras penas el calvario de prisiones e imputaciones, agravado por su enfermedad, con el apoyo de su mujer Ana de Orihuela; a ella le esperaban no menores penalidades: el 17 de noviembre de 1572 (el mismo año en que María la Rubia tachó de negro y de casado con judía a Diego Gonzalez —ver capítulo anterior—) el Teniente de Asistente de Sevilla dirigió Carta Requisitoria al Concejo de Castilleja informándoles del pleito que Ana había levantado contra su nuevo marido, un tal Juan Pérez, a cuenta de unos bienes en litigio que aseguraba ella que le pertenecían. Ana dijo al Teniente "que andando haciendo la probanza, el sábado que pasó fué a Castilleja, haciendo tres meses que no entraba en su casa, y diciéndole [a su marido] que la dejase, le dijo que le había de costar caro andar con la Justicia, y que a ella y a los testigos los había de castigar, y no contento con esto arremetió con ella y la arrimó a la pared y allá le dió muy crueles golpes en la pared en su cabeza y en todo el cuerpo, en que le hizo un gran bollo en la cabeza y en las sienes, que tuvo muy hinchadas, y necesidad de curarse de ellas, y se curó, y se le ha ... la hinchazón y así le ha quedado y queda ¿cicatrices? del golpe, y la matara si no fuera por Gonzalo Domínguez, capataz de su hacienda, quien allí se halló, y su mujer, y la quitaron de sus manos, y además de esto fué al Señor Alcalde ante quien pasaba esta causa, a estorbarle que no lo hiciese esta probanza y pidiéndole con mucha instancia que se la mostrase, y amenazó a los testigos diciendo que los había de matar y otras palabras semejantes, en lo cual cometió delito y desacato notable". El Teniente de Asistente requiere a las autoridades castillejanas que, a petición de Ana, prendan a su marido, y que busquen a los testigos de lo que pasó, e interrogándolos, hagan la correspondiente probanza.



El Alcalde Mayor del Estado de Olivares, Licenciado Diego López de Herrera, se dirige el 17 de junio al Asistente de Sevilla y su Tierra, a sus lugartenientes y a otros jueces y justicias de ella, y les hace saber el pleito de Catalina García contra Lorenzo Sánchez; les dice que, desde el miércoles 25 de mayo, ambas partes no han probado cosa alguna; y les exhorta, pide y ruega que manden parecer a todos los testigos de Catalina García y les pregunten sobre las preguntas del anterior interrogatorio. Y que manden las declaraciones cerradas y selladas a la parte de Catalina García. La Carta Requisitoria fué presentada el día 18 ante el Señor Teniente de Asistente Damián González, en Sevilla.

La exhortación anterior es un bonito ejemplo de colaboración entre Señorío y Realengo; mas en gran cantidad de ocasiones, ¡cuantos intereses, cuantas trampas, cuanto barrer hacia adentro cada uno! Ya hemos visto, y seguiremos viendo, las luchas de los alcabaleros de cada jurisdicción por apropiarse de impuestos y tasas de la contraria, o las estratagemas de los contribuyentes cuyas viviendas estaban a caballo entre los dos territorios, dejando portezuelas abiertas para trasvasar el ganado —cerdos, vacas— de uno al otro cuando la sombra de algún inspector amenazaba la faltriquera, o los enrevesados pleitos sobre quién, por cuánto y dónde contrataba mano de obra y estipulaba jornales, o la elaboración de escrituras "estando en la huerta de Fulano", "estando en el corral de las casas de Mengano", sin mencionar a la pura delincuencia que se refugiaba como "en sagrado" bajo la protección de una u otra autoridad. Se dice de don Gaspar, —el Conde-Duque propiamente dicho y nieto de don Pedro de Guzmán—, que fué bajo capa un gran padrino y fiador de cuanto converso así se lo solicitaba, aunque cierto y verdad es que lo mismo se dice de otros señores de la aristocracia andaluza. Probablemente su abuelo el Conde don Pedro ya hacía tales prácticas, habida cuenta de la patente ascendencia judía del apellido Pérez de Guzmán, que fué el de su padre don Juan Alonso, III duque de Medina Sidonia. Ascendencia tan patente como la de su segunda esposa y madre de sus nueve hijos, doña Francisca de Ribera, hija del converso Lope Conchillos* y, ya viuda, mandamás de Castilleja de la Cuesta como Villa que era de su esposo. Siendo así, no nos extrañemos de que la mujer de Diego Gonzalez (ver capítulo anterior) fuera judía, como aseguraba María Rubia, o de que dos personajes tan conocidos y omnipresentes en nuestro pueblo como fueron Miguel de las Casas y Hernando Jayán —ambos de padres señalados por la Inquisición, según veremos— progresaran socialmente en la pequeña Villa del Estado de Olivares.

* Así comienza su artículo en el número 33 del año 2006 de la revista Historia, Instituciones, Documentos, titulado  "El primer oro de Las Indias. La fortuna de Lope Conchillos, secretario de Fernando el Católico", el profesor de la Universidad de Cádiz Alfonso Franco Silva: Desvergonzado explotador de las Indias, prevaricador, infidente, corrupto, ladrón, estos son algunos de los adjetivos que le adjudica el profesor Gimenez Fernández, en su monumental biografía sobre el padre Las Casas, a Lope Conchillos, secretario de Fernando el Católico y gobernador absoluto del Consejo de Indias entre 1509 y 1515 ( GIMENEZ FERNÁNDEZ, M. Bartolomé de Las Casas II. Política Inicial de Carlos I en Indias, Sevilla, 1960, pp. 144 y 419); y añade entre un sinfín de datos sobre el padre de la Condesa de Olivares, que "Cuando casa con María Niño, Conchillos era un hombre ya maduro, que había perdido el pelo a consecuencia de su estancia durante algún tiempo en una mazmorra húmeda del castillo de Vilvorde [Vilvoorde, en Bruselas], prisión ésta en la que le había encerrado Felipe el Hermoso por haber formado parte de una embajada en Flandes que trató de conseguir sin éxito de la reina Juana la loca plenos poderes para dar la gobernación de Castilla a Fernando el Católico (SANTA CRUZ, Alonso de, Crónica de los Reyes Católicos, editada por Juan de M. Carriazo, Sevilla, 1951, Tomo II, pp. 5 a 8. Ver también a este respecto RODRÍGUEZ VILLA, Bosquejo biográfico de la reina doña Juana, p. 21, citado por GIMENEZ FERNÁNDEZ, M. Bartolomé de las Casas I. El Plan Cisneros-Las Casas para la reformación de las Indias, Sevilla, 1953, pp. 10 y ss.).

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