viernes, 11 de mayo de 2012

Los Juanguren y el espadero 37q


En (ilegible) de agosto de 1558, Catalina García, en el pleito contra Vasco Díaz, Lorenzo Sánchez y Bartolomé Moreno, dice que estuvo muchos días mala a punto de muerte, y que según Mencía Rodríguez y Catalina Sánchez, sus testigos, Lorenzo Sánchez sacó del cepo a Vasco Díaz, y como Bartolomé Moreno le había dicho que pusiese cobro a dicho preso, el dicho Lorenzo Sánchez debe ser castigado y le ha de pagar, y que Bartolomé Moreno se fué de esta Villa al efecto de que Vasco Díaz se fugase, comunicado con Lorenzo Sánchez. Por tanto pide penas corporales y pecuniarias a Lorenzo Sánchez y a Bartolomé Moreno, y pide 50 ducados de oro, y que se les enjuicie nuevamente, mas las costas. Firma el Licenciado Frías de Salazar.


En martes (ilegible) de agosto Bartolomé Moreno presenta una protestación acerca de la acusación de Catalina García.

En dicho día parece Lorenzo Sánchez y dice que a los testigos presentados por Catalina García no se les debe dar crédito, especialmente a Mencía Rodríguez, por ser mujer del Alguacil.

El día ... de septiembre de 1558 el Alcalde Mayor mandó a Lorenzo Sánchez que tuviese su casa por Cárcel, so pena de 50.000 maravedíes para la Cámara de Su Señoría1. Fueron testigos Salvador Pérez y Bartolomé Moreno. Dicho día el Alcalde Mayor entregó por preso a Francisco de Contreras a Bartolomé Moreno, y le dijo que lo tenga a buen recaudo y que no se vaya, so pena de 50.000 maravedíes; y Francisco de Contreras2 dijo que lo recibía como preso. Testigos, Salvador Pérez y Sebastián Romero, vecinos de Sevilla y estantes en esta Villa.

1.- Bajo las imaginables presiones sociales, el Alcalde Mayor vuelve a encerrar en su domicilio a Lorenzo Sánchez. Entre estas presiones, la ya anunciada por la parte de Catalina de llevar el asunto hasta el Conde de Olivares.

2.- Francisco de Contreras queda de esta manera ejerciendo como Alguacil de la Villa, porque no se trata de una fianza de cárcel sino de una prisión pura.


Y por fin, en estos principios de septiembre, emite sus sentencias el Alcalde Mayor, estando de visita en Castilleja durante el primer fin de semana.

Visto el presente proceso y autos anteescritos de él: Fallo, por la culpa que de este proceso resulta contra el dicho Vasco Díaz que lo debo de condenar y condeno que, cuando sea tomado, sea caballero en una bestia de albarda, desnudo hasta la cintura, atado de piés y manos, y con una soga de esparto le sean dados 100 azotes por las calles de esta Villa, y sea traído al rollo y picota de esta Villa1, y le sea enclavada la mano derecha, y no sea quitado de allí sin licencia y mandado del Conde o Condesa mis señores, y mía en su nombre, y mas lo condeno al destierro de esta Villa y sus términos por tiempo de 6 años, y no lo quebrante so pena que los cumpla en las galeras sirviendo en ellas para Su Majestad por galeote al remo, y le condeno que de 5 días primeros siguientes dé y pague a la dicha Catalina García 8 ducados, mas lo que gastó en curarse de la herida que le dió el dicho Vasco Díaz, y en dietas y medicinas, y en lo que dejó de ganar, y en las costas de este proceso, tasación de las cuales en mí reservo, y juzgando así lo pronuncio y mando, y mas en los ... y rebeldías ... ... y condénole mas en 600 maravedíes de la sangre y ... , para la Cámara de Su Señoría. Firma, el Licenciado Herrera.
Dió y pronunció esta sentencia el Muy Magnífico Señor Licenciado Diego López de Herrera, Alcalde Mayor del Estado del Conde de Olivares, estando en esta dicha Villa de Castilleja de la Cuesta, sábado 3 de septiembre de 1558, y notifiqué al dicho Vasco Díaz en los estrados de su Audiencia.

1.- "Constaba de una cruz hecha generalmente de hierro forjado y colocada sobre un capitel de piedra que tenía tallado el escudo heráldico del Rey o del señor de la población; debajo de la cruz y encima del capitel de la columna salían varias cabillas de hierro, curvadas hacia arriba y terminadas en picos aguzados, donde se clavaban las cabezas cortadas de los ajusticiados por delitos muy graves. Este capitel estaba a su vez colocado encima de una columna de piedra, asentada sobre una basa de manpostería formada por varios escalones." (Luis Benítez Carrasco. Apuntes para la historia de la justicia en Andalucía Occidental en el Siglo de Oro. Cádiz, 1998).
El "rollo" o "picota" solía estar a la entrada de la población, para escarmentar o avisar a los transeúntes y en especial a los forasteros; en el concreto caso de nuestra Villa, como ya sabemos, la justicia era administrada por don Pedro de Guzmán, exceptuando en la parte que jurisdiccionalmente pertenecía a Tomares (calle Real y terrenos aledaños); por ello dicha picota estaba situada en La Plaza, en su centro. Pensamos que, a juzgar por la descripción que antecede, el monumento duró hasta el siglo XIX, cuando durante la Revolución de 1868 fué derribado por izquierdistas, entre ellos el Teniente de Alcalde del Ayuntamiento, Tovar de apellido; estos actos fueron después denunciados por un testigo de ellos, el entonces cura de la iglesia de Santiago, quien dejó testimonio detallado escrito en uno de los libros parroquiales, que transcribiremos en su momento.
Hay creencia de que la cruz de forja que corona el antiguo horno de incineración de restos mortales en el cementerio municipal, horno que marca la ampliación de la parte antigua de dicho camposanto y que se conserva meramente como recuerdo, es la misma que el edil Tovar y sus camaradas —entre ellos un par de sus hijos— derribaron durante "La Gloriosa"; en tal caso, muy probablemente sea la que podemos ver hoy una reproducción decimonónica de alguna otra a su vez copia de la original del siglo XVI.

Fallo: que por la culpa que de este proceso resulta contra Lorenzo Sánchez, Alcalde Ordinario de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, y contra Bartolomé Moreno, Alguacil de ella, los debo de condenar y condeno en la prisión ... por pena, y en destierro de esta Villa y sus términos por tiempo de ... lo que fuere la voluntad del Conde o Condesa mis señores ... , mas les condeno que dentro de 6 días primeros siguientes a la notificación de esta mi sentencia, den y paguen los 8 ducados cada uno ..., en los cuales condené por mi sentencia al dicho Vasco Díaz ..., y modere lo que la dicha Catalina García habrá gastado en curarse, cirujano, dietas y medicinas, y en lo que había dejado de ganar por la herida que le dió el dicho Vasco Díaz, pues parece que se fué y huyó de la Cárcel el dicho Vasco Díaz por su culpa de los susodichos, y mas les condeno en las costas que se hicieron por la dicha Catalina García después que se fué de la Cárcel el dicho Vasco Díaz, cada uno por mitad ... dicho es, y reservo su derecho a salvo a los dichos Lorenzo Sánchez y Bartolomé Moreno para que pidan lo que pagaren, por quien y ante quien vieren lo que les conviene, y en las costas de este proceso, la tasación de las cuales me reservo, y juzgando así lo pronuncio y mando. Herrera.
Dió y pronunció esta sentencia el Muy Magnífico Señor Licenciado Diego López de Herrera, Alcalde Mayor del Estado del Conde de Olivares, estando en esta dicha Villa de Castilleja de la Cuesta, domingo 4 de septiembre de 1558, de consentimiento de las partes, las cuales, estando presentes, dijeron que habían por bien que hoy dicho día se dijese la dicha sentencia. Testigos, Salvador Pérez, Diego ... , Hernando Jayán y Diego Ortiz de Juanguren. Firma el escribano Miguel de las Casas.

Bartolomé Moreno, preso, consintió la sentencia; Lorenzo Sánchez, preso, pidió traslado de ella. 
Catalina García dijo que la consentía en cuanto a la parte de Bartolomé Moreno, y en cuanto a la parte de Lorenzo Sánchez, pidió traslado de ella.

El dicho día 4 el Alcalde Mayor fué a la Cárcel y le pidió a Bartolomé Moreno, preso, los 4 ducados, y dijo que no los tenía, y Bartolomé Moreno dió al Señor Alcalde un manto de paño negro, y dijo que se obligaba y obligó a que dentro de 10 días dará y pagará los 4 ducados, y si no, que le vendiesen el manto; puso de depositario a Francisco de Contreras. En dicho domingo mandó soltar de la prisión a Bartolomé Moreno. Luego el Alcalde Mayor fué a casa de Lorenzo Sánchez, le pidió los 4 ducados, éste se los dió, y quedaron en depósito de Miguel de las Casas. Luego el Alcalde Mayor alzó de las carcelerías al dicho Lorenzo Sánchez.

El miércoles 14 de septiembre le dieron los 4 ducados a Catalina García.


El martes 4 de octubre, Francisco de Contreras en nombre y voz de Bartolomé Moreno, pagó 3 ducados a Catalina García y dejó a deber uno. La susodicha se dió por recibida y contenta.

En cuanto al portugués fugado, anduvo por Sierra Morena unos días hasta que se enroló en una partida de fugitivos y malhechores capitaneada por cierto arriscado fraile de la Meseta que se había echado al monte por divergencias con su Arzobispo, pero el carácter de Vasco Díaz no armonizaba con disciplinas ni autoritarismos y pronto desistió de aquella dura vida de bandidaje, recalando en Baeza, ciudad donde sobrevivió como mendigo hasta que un arriero de Camas que por allí transitaba lo reconoció, delantándolo por mor de la recompensa; las Requisitorias de busca y captura no dejaban lugar a dudas sobre su persona, por lo que convenientemente encadenado fué trasladado por los cuadrilleros de la Santa Hermandad bastetana, en un largo y penoso viaje con pernoctaciones en los calabozos más siniestros de los villorios del intinerario, y puesto por fin en manos de la justicia castillejense. Había transcurrido un año y medio desde que escapó de las cadenas de Bartolomé Moreno, pero nada quedaba en olvido desde entonces.
Se le concedió un par de días de recuperación, y en la nublosa mañana del viernes 9 de febrero de 1560 cumplióse la sentencia. Solicitado el verdugo a Sevilla, persona diestra en anatomía más que muchos cirujanos de la época, fué el portugués, tras la consabida tanda de azotes "por las calles acostumbradas", llevado por aquel y por el Alguacil y el pregonero a la picota, donde, en un madero fijado al capitel, el susodicho agente carnífice le clavó la mano derecha con una gruesa alcayata de siete centímetros de larga, sin que profiriera ni un gemido. Aunque el Conde don Pedro de Guzmán había anunciado su asistencia al acto, —eran tanto él como su esposa muy aficionados a presenciar los terroríficos eventos de quemas de herejes que tanto proliferaban en la Sevilla de aquellos años—, al final no compareció, mas no faltó alguna que otra personalidad y, desde luego, la consabida turba de curiosos tanto autóctonos como foráneos; entre ellos y en primera fila una Catalina García algo pálida y apagada, reflexionando sobre el Más Allá y el Menos Acá mientras los secos golpes del mazo articulaban el espeso silencio reinante.
Vasco permaneció largas horas hasta la noche en el suplicio, primero en pié, desafiante frente a los esporádicos espectadores, y luego sedente, ya debilitado. Llovió menudamente a ratos, lo cual hizo temer que se desangrara al impedir el agua la coagulación, cosa que no ocurrió. Las madres intentaron ocultar a la chiquillería el escalofriante espectáculo, sin embargo no siempre lo lograron. Algunas almas caritativas abrigaron al reo, o le suministraron alimentos. Otras, en cambio, vengativas, vacías de empatía o sádicas, se permitían comentarios, sonrisas, gestos zahirientes.

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