sábado, 26 de diciembre de 2015

Padrón 1x



Quedan algunos flecos del tema que nos ocupa, respecto a éste con menor trascendencia pero interesantes en cualquier modo; optamos por darles aquí algún desarrollo para vincularlos y completarlos luego cuando tratemos asuntos de ya más entrado el siglo XX.

Homónimo del jefe absolutista castillejero fué un José Ortiz Navarro también natural de Castilleja, hijo de Francico y de Ángeles, que sobre el año 1900 con 26 años de edad en el referido año trabajaba como mozo en el número 10 de la sevillana plaza del Duque de la Victoria (nombrada así por el general Baldomero Espartero, vencedor de la 1ª guerra carlista); junto a José y con la categoría de sirvienta había otra castillejana llamada Carmen Barbero Adorna, de 28 años e hija de José y de Francisca.
Los padres de esta última José Barbero y Francisca Adorna vivían en la Calle Real número 104, y en el año 1897 se les casó en la iglesia de la Inmaculada de Castilleja otra hija llamada Teodora y con 25 años de edad, con el panadero de 29 años Diego Oliver Polvillo, natural de nuestra Villa e hijo de Juan Oliver y Carmen Polvillo, difuntos ya entonces.

La familia del mozo José Ortiz en Sevilla habitaba en el número 31 de la calle Águilas* de la parroquia de San Esteban y en 1902 constaba de cuatro miembros —él se habría independizado del núcleo con anterioridad—: la viuda de un tal Carlos** Ortiz de nombre Florencia Navarro Gutiérrez***, de 40 años, natural de nuestra Villa, hija de Antonio y de Manuela, con 8 años de residencia en la capital, y sus hijos Francisco, de 17 años, nacido en Castilleja y carpintero de profesión; Antonio, de 14; y Ángeles, de 19, ambos también dados a luz en nuestro pueblo. Florencia la viuda de Carlos lo era ya en 1898, cuando aparece empadronada en el mismo domicilio y con sus dichos tres hijos.

* Calle Águilas, en el Casco Antiguo, desde la Alfalfa y Cabeza del Rey Don Pedro a plaza de Pilatos y Caballerizas.

** Carlos no era un nombre usual en nuestro pueblo durante el siglo XIX. En los Índices de libros parroquiales a la letra C la ocupan Concepción, Carmen o Catalina, pero en ningún caso el homónimo del hermano de Fernando VII que dió origen a "carlismo". Con casi total seguridad pienso que a este Carlos Ortiz padre del empleado del Duque le dieron tal nombre por las afinidades absolutistas de su familia.

*** Sospechaba el autor de esta historia que la viuda se había trasladado a Sevilla huyendo de liberales, extremistas, exaltados y moderados que podrían estar haciéndole la vida imposible en Castilleja por la filiación política de su familia, como tantas veces ocurre. Pero otro padrón sevillano quita fundamento a tal sospecha: el 8 de junio de 1867 a las 9,30 de la noche nació en Sevilla, en la calle del Garzo nº 9, Antonia, hija de José Luque y de Luisa Oliver, naturales de Castilleja de la Cuesta. Abuelos paternos, José Luque y María Quintanilla, y maternos José Oliver y Manuela Pacheco, todos también de nuestra Villa. Padrinos, Rafael Alonso y Antonia Pacheco. El nombre de calle del Garzo fué sustituido en 1915 por el de García Ramos, pintor sevillano (1852-1912); esta vía va desde la confluencia de la plaza del Museo, Cepeda y Alfonso XII a la plaza de Rull.
En la Rectificación del Empadronamiento de 1899 Antonia, ya con 31 años, vive en la calle de San Vicente nº 90, parroquia de San Lorenzo, casada con Antonio Pavía Bermúdez, de 41 años, natural de Sanlúcar la Mayor, jornalero, hijo de Antonio y Dolores; tienen un hijo, José Pavía Luque, de 7 años, y con ellos vive Dolores Bermúdez García, suegra de Antonia, viuda de 62 años, hija de Benito y Salud. Cuatro años antes habían vivido en la calle Red, pero sin Dolores la suegra todavía.
Tanto los Oliver como los Ortiz emigraban, naturalmente. Resta anotar que el referido abuelo materno de Antonia, José Oliver, es nada menos que el hermano del capitán Francisco Oliver López. Mi tatarabuelo, dicho de otro modo. Su hijo José Oliver Pacheco (mi bisabuelo) fué el que agredió al oficial carlista Ortiz.
Hemos dejado a Antonia en 1899 viviendo en la calle de San Vicente número 90 con su esposo e hijos. Era aquello uno de los corrales de vecinos más antiguos y grandes de Sevilla. En él recaló, después de vivir en Castilleja unos años, una muchacha de Nerva que luego sería mi madre, con la suya anciana y ciega, la cual murió en dicho corral en 1947.

Nº 71. Lucía Capado Mollado. En la Ciudad de Sevilla a veintinueve de Abril de mil novecientos cuarenta y siete: yo, el Dr. Don Fernando Torralba y García de Soria, Presbítero y Abogado, Cura Propio de la Parroquia Mayor de Santa Cruz de Écija y Regente de la de San Lorenzo Martir de Sevilla, mandé dar sepultura eclesiástica al cadáver de Lucía Capado Mollado, natural de Nerva, de edad de setenta y cinco años, de estado viuda de José Martin González e hija de Diego y María Andrea. Falleció ayer a las diez horas en la casa número noventa de la calle San Vicente, a consecuencia de Miocarditis según el facultativo Don Antonio Alonso. Recibió los Santos Sacramentos de Penitencia y Extremaunción y se le hizo transporte de cuarta. En fé de lo cual lo firmo, fecha ut supra. Dr. Fernando Torralba.

Corrigiendo algunos errores de este cura de San Lorenzo, mi abuela materna se llamaba Lucía Capado Moyano y era natural de Valverde del Camino. José Martin Gonzalez, nacido en Riotinto, fué su primer marido, un minero del que sé muy poco, al parecer fallecido en accidente laboral y con el cual tuvo dos hijos. Mi abuelo materno su segundo esposo se llamaba José Jiménez Díaz y era natural de Estepa.
Averigüé mucho sobre la comunidad que habitaba el número 90 de San Vicente —hoy un moderno bloque de apartamentos— preguntando a vecinos que vivieron los míseros años de la postguerra en ese tramo de la larga calle.


        Interior de los "Almacenes del Duque"

Era el lugar de trabajo del mozo José Ortiz Navarro en el Duque (parroquia de San Miguel) por aquel entonces un próspero y afamado negocio de venta de tejidos y confecciones llamado "Almacenes del Duque" al que quien esto escribe recuerda haber sido llevado por su madre alguna vez siendo un niño, habiendo quedado impresionado por la amplitud del patio central bullicioso de actividad, y por el espectral efecto de la luz filtrada a través de su inmensa cubierta encristalada.
Sobresalían, sigo hablando de 1900, en cantidad entre su personal trabajador —dependientes, mozos y sirvientas— los asturianos: de Arenas, de Infiesto, de Orlés, Cabranes, Fresnedo, Travesera, Cárabes; alguna representación de las provincias de Cádiz, Badajoz, Jaén, Huelva, Cáceres, Málaga, Córdoba; o de Toledo, Logroño, Tarragona; un cubano de 18 años, y extrañamente bastantes pocos empleados hispalenses. Tendría oportunidad el mozo Ortiz de conocer de primera fuente muchas culturas y formas de vida, siquiera fuera de manera oral, manera que en muchas ocasiones es infinitamente más completa, rica e informativa que las que puedan utilizar todas las bibliotecas del orbe, porque si "una imagen vale por mil palabras", cuando la imagen tiene inmediatamente detrás un corazón y un cerebro y las palabras no son trazos muertos de tinta sobre inanimado papel, sino la voz de un semejante, me asiste en esta mi opinión toda la razón del mundo.

En el primer año del pasado siglo XX, 1900, el jefe de nuestros dos paisanos y dueño de la importante empresa, el comerciante Juan Antonio Fernández de la Riva, tenía 48 años; natural de Nieva de Cameros en Logroño, era hijo de Manuel y Catalina y contaba 25 años de residencia en Sevilla; casado con la sevillana María Escobar Barrón, de 37 años e hija de Juan y Romana.
Los hijos del antedicho matrimonio fueron, Manuel de 18 años en tal 1900 (quien luego licenciado en Filosofía y Letras, continuó con el negocio junto a su hermana María), dicha María, de 15 años, Juan Antonio de 13, Victoria de 12 y Victoriano de 10 (estos dos últimos llamados así ¿por la victoria de Espartero sobre los carlistas que dió nombre a su título ducal y a la plaza sevillana?). Entre los dependientes y en primer lugar de la lista del empadronamiento un Juan Ramón de la Riva y de la Riva, de 28 años y natural de Quesada (Jaén) hace pensar que era familia de la madre del dueño, la dicha Catalina.
El comerciante tuvo la habilidad de, adquirido en pública subasta, conservar el añejo edificio reformando en el interior lo indispensable para desarrollar el negocio, siendo así que lo que había sido antiguo palacio del marqués de Palomares apenas sufrió alteración. Mas de nada sirvió la sensibilidad del riojano. Fué derribado en 1965 y en su solar se construyó El Corte Inglés.

"La plaza del Duque de la Victoria llegó hasta mediado los años sesenta con los edificios de las casas palacios del marqués de Palomares, de Sánchez-Dalp y de la familia Cavaleri, más el Hotel Venecia. Los cuatro edificios citados, más el del colegio Alfonso X el Sabio, formaban un conjunto arquitectónico variado en el que coincidían estilos eclécticos, regionalista sevillano, y del siglo XVI. Si ahora existiera la plaza tal como llegó hasta mediado los años sesenta, no cabe duda que sería admirada como un patrimonio arquitectónico de valores históricos y artísticos excepcionales. Las fachadas de los edificios citados eran preciosas, y todos ellos pudieron ser reutilizados para sede de organismos públicos, museos o fundaciones..." ha escrito Julio Dominguez Arjona con mucho acierto. Yo añadiría también como hace Julio el cuartel de San Hermenegildo*, otro monumento aledaño digno de mejor suerte, cuyo solar ocupa hoy la plaza de la Concordia entre la Gavidia y el Duque. En tal cuartel hizo el servicio militar el padre de algún amigo mío de mi misma "quinta". Y en tal cuartel y como oficial, prácticamente pared por medio con el lugar de trabajo del mozo José Ortiz, fué aquilatando su odio y su sed de venganza hacia la preponderancia popular segundorepublicana un nefasto personaje que con su accionar en julio de 1936 inauguró el periodo más terrible y siniestro de la historia de Castilleja de la Cuesta que documentación alguna registra: el capitán profesor de equitación Gabriel Fuentes Ferrer, delegado del Excelentísimo Señor General de la Segunda División Orgánica o, en otras palabras más llanamente escritas, el títere empercochado en sangre del impoluto genocida Queipo de Llano.

* Antes de la desamortización de Mendizábal fué sede de la Compañía de Jesús. Debió estar aquello bullente de esas arañas negras que con tanta perfección describió Vicente Blasco Ibáñez en su renombrada novela histórica de tema jesuítico. En tiempos del capitán Fuentes Ferrer albergaba al Regimiento de Soria nº 9 y al de Infantería de Granada, este último especializado en brutales represiones a sangre y fuego contra las manifestaciones reivindicativas de obreros de la zona, como por ejemplo contra la de habitantes de la cuenca minera de Riotinto en 1888 (el célebre "Año de los Tiros").
Cuando la horterada castillejil —chaqueta azul marino cruzada, camisita calada, peinado empapado en agua, caminar andamioso— oía mencionar siquiera a la Banda de Música de Soria 9 se le abría los esfínteres patas abajo. No había machote en el pueblo que no acompañara hora tras hora a aquellos soplagaitas y tamborreros de verde aceituno durante toda la Semana Santa, día y noche, pegando la oreja y marcando el paso con ellos, y en las paradas de descanso solían los currucos ofrecerles al clarinete o al flauta el paquete de Ducados emboquillados recién abierto como para la ocasión, con gesto prepotente y campechano, arrimándoles fuego apantallado con las serviles manos. Al momento, en marcha de nuevo los de Soria, a soplar de lo lindo y de lo feo mientras de reojo imaginaban los glúteos que las castillejanas más avanzadas empezaban a dejar marcar tras sus faldas. En la delantera abriendo paso al desfile y a su director se agrupaban las beatillas jóvenes cogidas del brazo y exhibiendo sus tipitos, el peinado y el vestido de estreno. Los principales de la Villa, viejos industriales fascistas que apenas sabían firmar, se disputaban el honor de agasajar a los uniformados intérpretes de "Las Aguas" o "La Amargura" con banquetes de tapitas de jamón, queso, gambas y chorizo y para beber manzanilla y fino, desplegados en extensas mesas de impolutos manteles en los salones de sus casas, en cuyos portales se amontonaba mientras tanto el instrumental sonoro vigilado por un centinela.
La regresión social con el triunfo de Paca la Culona había sido imponente. La estupidizante  maquinaria represiva formada por curas y militares había devuelto al país a los peores años del siglo XIX, y en ciertas cuestiones todavía más atrás. Fijémonos en la siguiente partida de casamiento —que viene al pelo por tratarse de una novia Ortiz— efectuado hacia la mitad del dicho siglo, de cuyo ceremonial y rito concluyo que en la Castilleja del primer franquismo nadie se escandalizaría, antes al contrario, hubieran sido aceptados y asumidos como algo lógico, normal y necesario. Es más, hoy quedan reminiscencias preocupantes de tal "tradicionalismo", y no es extraño que dirigentes políticos de la actual democracia borbónicomilitar respaldados por la chusma votante —"Dios los cría y ellos se juntan", que diría un creyente— ensalzen y admitan acciones y hechos del mismo corte teatralizadamente inquisitorial.

"Casamiento y Velación. José López Gómez con María de la Concepción Ortiz. Limosna. En la Villa de Castilleja de la Cuesta, provincia de Sevilla, yo, Dn. José del Castillo y Fernández, Pro. Cura de la Iglesia Parroquial del Sr. Santiago de dicha Villa, por mandamiento del Sor. Juez de la Santa Iglesia desposé y casé por palabras de presente que hicieron verdadero y legítimo matrimonio y acto continuo velé y dí las bendiciones nupciales de N.S.M. la Iglesia a José López, natural de esta, soltero, de 27 años, de oficio del campo, hijo de Fernando López y de Francisca Gómez, de la misma naturaleza y ejercicio, con María de la Concepción Ortiz, natural de esta, soltera, de 26 años, hija de Pedro Ortiz y de María del Carmen Tovar, naturales de esta, de oficio aguador, habiéndosele dispensado por Su Santidad el parentesco del cuarto grado de consanguinidad con que se hallaban ligados, y después de haber cumplido la penitencia pública que se les impuso por el tiempo de tres meses al Novio, de trabajo a beneficio de la Fábrica de Santiago, y a la Novia la de oir la Misa Mayor de dicha Parroquia en cuerpo, y con velas encendidas en las manos y juntamente con el Novio, en cuya misa se mandó por dicho Sr. Juez Eclesiástico que en el Ofertorio se hiciera saber a los circunstantes que aquella penitencia pública que cumplían aquellos contrayentes era por haberse conocido carnalmente sin embargo de saber que eran parientes, y habiendo precedido todos los requisitos requeridos para la validez y legitimidad de este contrato Sacramental, siendo testigos Joaquin Mendoza y Manuel Cansino, vecinos de esta Villa, y por ser verdad firmé la presente en Castilleja de la Cuesta a 20 de octubre de 1858. José del Castillo."



Buena fiesta y jolgorio hubieron de tener las gentes de La Plaza —y en general todo el populacho— a costa de estos dos desgraciados (considerándolos como tales por la presión que hubieron de padecer para llegar a tan bochornosa situación). Me hubiera gustado ver al apocalíptico de aldea José del Castillo y Fernández, Presbítero Cura de la Iglesia Parroquial del Señor Santiago, ejerciendo de confesor o asistente espiritual de la ardorosa ninfómana conocida popularmente como La Chata (Isabel II) en la corte madrileña. Seguro que en la capital con la libidinosa reina no era capaz de mostrar tanta rigidez moral, ni muchísimo menos.
Parece que el sobredicho "conocimiento carnal" de los dos primos hermanos no llegó a mayores, porque su primer hijo o al menos el primero registrado, —y bautizado por el mismo cura Castillo por cierto—, lo depositó la cigüeña 12 meses después de la boda, en concreto el día 23 de octubre de 1859 a las 7 de la mañana. Nombre, Fernando José Ángel de la Santísima Trinidad. Padrinos, Francisco Gutiérrez y su mujer Manuela García. Testigos, Joaquin Pérez y Ambrosio Tovar.

Otro Ortiz sobresalió en Castilleja a principios del siglo XX. Pedro Ortiz de los Reyes, conocido como "Perico el ventero" por regentar la Venta de Guía, hoy gasolinera a la entrada del pueblo desde Sevilla; fué condenado por la muerte a cuchilladas de la joven Rosario Oliver Rodríguez, hija de los santeros de la vecina ermita de Guía. Sobre todo este desgraciado asunto escribió un libro muy bien elaborado el castillejense Manuel Carmona Rodríguez, quien me dedicó un ejemplar; su obra CASTILLEJA DE LA CUESTA, TRÁGICO BIENIO documenta esta tragedia con todo pormenor; con su autor tengo el gusto de haber compartido mesa en la sala de investigación del sevillano Archivo Histórico Provincial.




Sobre Perico y los demás involucrados ofreceré en próximas entradas circunstancias vitales que he ido reuniendo en los últimos años. Desde este link se puede descargar un archivo pdf con material gráfico como el que copiamos:




                              Josefa Adorna, ahijada y amante del ventero Perico


              Tumba de la joven Rosario en el cementerio de nuestra Villa


Ávidos e inteligentes lectores de este humilde blog me han sugerido alguna relación entre el Crimen de la Venta de Guía (Ortiz contra Oliver) y la decimonónica enemistad entre el capitán isabelino Oliver López y el oficial carlista Ortiz Navarro (o si se quiere entre los Ortiz y los Oliver) de que trata esta serie de entradas titulada "Padrón"; pero siempre he deshechado tan aventurada hipótesis, aun cuando ya se dió un grave conflicto entre ambas familias que resultó con la muerte de un Ortiz (de Juanguren en concreto) por un Oliver (el maestro de hacer espadas). No creo que el odio traspase cual fantasma etéreo generaciones y generaciones saltando de cerebro en cerebro y a consecuencia de unos lamentables hechos acontecidos en el siglo XVI una sencilla muchacha llena de vitalidad a principios del siglo XX muera de la forma en que murió. Quien esto escribe, Oliver de apellido como es público y notorio, no profesa ni consciente ni inconscientemente ninguna animadversión contra nadie que ostente el apellido Ortiz, si queda algún representante de él en nuestra Villa en tal línea, lo cual, sinceramente, ignoro a estas alturas de mis afanes investigativos; aparte de cierta vez en que comentando este turbio asunto con cierta persona pariente en segundo grado de Perico sentenció: Él era inocente. La culpa la tuvo ella porque lo provocaba.
Fantasmones de la subcultura parecen oponerse a la expresión histórica si ellos resultan perjudicados. No hay que hacerles caso: en la próxima entrada iniciaré el tema de los fusilados castillejanos en julio de 1936.


Sigo para terminar con una observación sobre la transmisión de los apellidos, antiguamente tan "laxa, caprichosa e indeterminada" a ojos contemporáneos. Sabemos que en, supongamos, el siglo XVII, cinco hijos de un matrimonio podían llevar, el primero el apellido de un tío materno por ejemplo; el segundo quizás el del padre; el tercero acaso el de la abuela paterna; el cuarto a lo mejor el de un bisabuelo; y el quinto el segundo de su madre, pongo por caso. Analizando con algún detenimiento este hábito social, le descubrimos la ventaja de que rememoraba a la familia extensa en dos o tres generaciones y a veces más, con la carga emocional que ello implica, y a título identificativo se podía conocer a una persona no tan "linealmente" como en nuestros días. También era sumamente fácil cambiárselo uno mismo (quizá en muchos o en algún caso el "parecido físico" con algún ancestro decidía al descendiente efectuar tal cambio). De esta forma también se podía borrar del linaje a alguno de sus componentes que resultara, a efectos de fama y honor, vergonzante o indeseado. El sistema era mucho más sugerente que el nuestro. A este de hoy en día una persona del Renacimiento lo tildaría de "rígido, poco expresivo, agotador, y enormemente discriminatorio hacia el sexo femenino", puesto que por vía matrilineal se pierden los apellidos, preponderando siempre a través de las generaciones el paterno, de forma que la mitad de la Humanidad queda ensombrecida y sin existencia oficial; pensarían nuestros antepasados que estamos perdiendo mucha información genealógica, defecto que no subsana ni siquiera la nueva ley sobre apellidos, con la que en un hijo el de la madre puede figurar en primer lugar. En este sentido, la nueva ley se queda corta.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Padrón 1v


Empecemos —o mejor dicho, sigamos— en busca de los Ortiz primigenios a retroceder en el tiempo con toda tranquilidad y sosiego de conciencia, porque ya existe en nuestra mente una idea innata y referencial que actúa como potente faro de nuestros esfuerzos investigadores, cuyo esplendoroso foco ilumina a quién y cual y cómo fué el primer "alixeño" —con perdón—, incluso antes del Neolítico (nombre propinado por gentes posteriores que no tienen ni la más remota idea de qué fué aquello,  y que se cree ingenuamente que con endosar palabritas a los fenómenos sociohistóricos ya los domina y conoce a la perfección. Repetirán en sus disertaciones, coloquios, discursos, etc. el término "neolítico" medio millón de veces; lo escribirán e imprimirán diez millones de veces más en artículos, libros y páginas web. Y cuando alguien les pregunta ¿qué es eso?, contestarán para sus adentros: "¡vaya pardillo!", y tan campantes se irán a dormir sobre la almohada de su soberbia hueca y sin basamento, lamentándose de la incultura de las mayorías y sintiéndose genios incomprendidos).
Para entendernos: me gustaría saber qué nombre darían las gentes de aquel tiempo de la domesticación de la Naturaleza a, por ejemplo, nuestro siglo XX, ensombrecido con dos guerras mundiales, hambre, superpoblación, bombas atómicas y desastre ecológico, entre otras "actividades". Habría cabida para un interesante diálogo atemporal o debate fuera de la tiranía de Cronos, en el cual se dirimirían muchas falsas creencias que acarreamos en nuestro día a día miserable y fatuo, y que tendría necesariamente que hacernos reflexionar. Diálogo o debate de gruñidos llenos de significación, contra charlatanería llena de hipocresía.



El escudo protector de este primer castillejense es sustituible a gusto del consumidor. Se puede optar por el de Gines, Bormujos, Camas, Sevilla, Málaga; por el de Andalucía, de España (pre y postconstitucional, es lo mismo), de la Unión Europea, de Isis, del Regimiento Mixto de Ingenieros Nº 9, del Vaticano, de la Interpol, de Arkansas, de las Casas Reales que han sido, son y serán, de Nueva Zelanda, de los bomberos de Buenos Aires; por los de los condes y marqueses que más a mano estén. Por los de cualquier partido político, por los de los equipos de fútbol, fabricantes de automóviles, de chocolates, de cigarrillos, de prendas de vestir... ad infinitum. Incluso por este que sigue, que añadió el buen Francisco Oliver a su Expediente para demostrar a la Administración Militar que su esposa doña María Ortiz no era una pindonga cualquiera.



Consuelo para malos dibujantes es ver esta mamarrachada; su autor, probablemente algún muchacho enchufado en cualquier departamento administrativo, con fama de "linajudo experto en blasones". Bueno. Vamos marcha atrás como decíamos:

12 junio de 1814, Leila bautizó a Josefa María, hija de Juan Narciso y María Teresa Ortiz. Abuelos, Porras y Nez, etc. Madrina, doña Josefa Martines de Sousa, vecina de Sevilla en la collación de La Magdalena. (Ver http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2015/11/padron-1q.html)

19 enero 1812, María de los Dolores Josefa, idem. Porras, Nez, etc. Padrinos los abuelos maternos. Nació el 15 del corriente.

21 mayo 1810, Leila, idem. José María Miguel, hijo de Porras, Nez, etc. Padrinos, el abuelo paterno y doña Inés Hinestrosa, vecina de la collación de la Concepción.

Inés Hinestrosa (sic)* estaba casada con Manuel Caro, y tuvieron el 11 de febrero de 1804 un niño al que llamaron Domingo Miguel, bautizado en la iglesia de la parroquia de la Concepción el 13 por fray Miguel de la Rambla, de la orden de San Gerónimo, con licencia del señor vicario y cura propio de esta Villa. Abuelos paternos, Domingo Caro y María de las Mercedes Ramos, y maternos, Domingo Hinestrosa y Lucía Doblas, de Córdoba. Padrinos, don Miguel Joachin de Porras y doña Inés Hinestrosa. Firmaron Maldonado y Rambla.

* Inés, por lo tanto, era hermana de un conocido nuestro, el escribano don Manuel de Ynestrosa (escrito así por respetar el rasgo que tuvo el tal al transformar la grafía de su apellido). Otra Inés Hinestrosa, suponemos que tía de los dos hermanos, andaba por aquí amadrinando bebés. Atención, porque la personalidad de don Manuel nos va a dar la gran sorpresa que se expresa al final de esta enrevesada entrada.

Don Gabriel Ortiz y doña Josefa Calado fueron padrinos de Juan Félix Apolinar, hijo de don Francisco Bernal y de doña María Taboada, bautizado por Maldonado en la Concepción el 5 de enero de 1798 y nacido en dicho día. Abuelos paternos, don Apolinar, de la Villa de Aracena, y doña Ana de ¿Aguilar? de Cañete la Real, y maternos don Juan Taboada, de la Galicia, y María Gómez, de Sevilla, como los padres del bautizado.
De los mismos y con los mismos padrinos, Gabriel Félix Antonio, nacido el 2 de mayo de 1796 y bautizado por Maldonado el 4 en la Concepción.

En 10 de octubre de 1793 Maldonado bautizó en la Concepción a Gabriel Jose Ramón, nacido el 9, hijo de Gabriel Ortiz y de Josefa Calado. Abuelos paternos, Juan Ortiz y María Teresa Serrano, y maternos, Juan Calado y María Antonia Cabrera, unos de San Juan de Alfarache, otros de Paterna, y otros de Molares, según copiamos al pié de la letra del cura. Los padres vecinos de esta Villa y el padre natural de ella. Padrinos los abuelos paternos.

En 12 de octubre de 1791 Juan Alonso de Jesús María, Definidor en el Convento de San Juan de Alfarache, con licencia del cura propio de esta Villa bautizó en la Concepción a Juan Manuel Jose, nacido el 10, hijo de don Gabriel... idem. Padrino, el abuelo materno. Firman Maldonado y Jesús María (tampoco aclaran los orígenes de los abuelos).

En 17 de septiembre de 1789 Maldonado, cura propio de la Iglesia parroquial de esta Villa, puso los Santos Óleos a María de los Dolores, que fué bautizada en casa por necesidad en 14 en que nació, hija de don Miguel de Porras y Collado y de doña Inés Hinestrosa, naturales de Córdoba sus padres. Abuelos paternos, don José de Porras ...veros y doña Paula Collado; y maternos, don Juan Hinestrosa y doña Victoria Herrador*. Le echó el agua y tuvo en la ceremonia don Pablo Justo García de Heros.

*Drástico cambio de abuelos paternos respecto a los anteriores (ver supra). ¿Un error del párroco?

El 15 de septiembre de 1789, Maldonado en la Concepción bautizó a María Teresa Concepción, nacida el 16 de dicho mes (sic), hija de don Gabriel Ortiz y doña Josefa Calado. Abuelos paternos, don Juan Ortiz y doña María Teresa Sánchez Serrano, y maternos, don Juan Calado y doña María Cabrera, vecinos de S. Juan de Alfarache, y los demás de esta dicha Villa. Padrino, el dicho abuelo Ortiz.

Padrinos Gabriel y Josefa de Juan Manuel María, nacido el 22 y bautizado el 27 de julio de 1789, hijo de Andrés de Santiago y de Josefa Montaño.

Pero otros Ortiz de otras procedencias ya figuraban de antiguo en Castilleja: Bernardo, hijo de Juan Ortiz y de María Ortiz. Abuelos paternos, Pedro Ortiz y Rosa Ortiz. Abuelos maternos, Bernardo Ortiz y Margarita Cabrera, vecinos y naturales de esta Villa. 1780.

El 31 de enero de 1780 Maldonado bautizó en la Concepción a Josefa Francisca de Paula, nacida el 30, hija de Juan Ortiz, natural de Paterna, y de María Teresa Zerrano (sic). Abuelos paternos, Gabriel Ortiz y Juana Casado, de dicha Villa de Paterna*. Y maternos, Fernando Zerrano (sic)** e Inés Redrero, naturales de Molares, y vecinos de esta Villa. Padrinos, Gabriel Ortiz y Juana de Olmedo.

* Don Gabriel Ortiz Moreno y doña Juana Domínguez Casado se unieron en matrimonio en la iglesia parroquial de San Bartolomé de Paterna del Campo (Huelva), ceremonia registrada en el Libro de Casamientos 5º, folio 80.

** Este Fernando Serrano es sin duda pariente de doña María Teresa Sánchez Serrano, casada con don Juan Ortiz Moreno, hermano del paternino don Gabriel, en Los Molares (Cádiz) en 22 de marzo de 1761 (folio 36; no dice el número de Libro y en aquellos años tempranos los curas no solían incorporar Índices de nombres, mas con la fecha proporcionada es suficiente para localizar su partida). Este parentesco es extraordinariamente importante porque abre una amplia vía con uno vínculos familiares inesperados, por la razón que sigue:

De los diez o doce hermanos Ortiz Moreno, nos interesa muy especialmente don Fernando Ortiz Moreno, casado el 16 de diciembre de 1810 en Castilleja de la Cuesta (folio 117), con doña Francisca Camacho. Tuvieron por hijos —en Castilleja— a don Fernando Ortiz Camacho*, llamado a ser destacada autoridad eclesiástica en Lebrija, a don Francisco Ortiz Camacho, que desempeñará puestos administrativos en nuestra Villa, y doña María Ortiz Camacho, quien se convertiría al paso de los años en madura esposa de un no menos maduro Francisco Oliver López, victorioso en la Primera Guerra Carlista así como regresado de Puerto Rico tras una decena de años de guarnición, y ostentador de varias condecoraciones y de los distintivos de Capitán Primer Comandante Graduado. Pero no nos apresuremos. No nos apresuraremos como queda dicho, no sin antes adelantar que doña Beatriz Ortiz Moreno, la única hembra entre los diez o doce hermanos susodichos, bautizada en Olvera (Cádiz), se casó con don Lorenzo Victoria.**

* En la villa de Castilleja de la Cuesta, correspondiente a la Provª. de Sevilla, Abadía de Olivares y en la actualidad sugeta a la jurisdicción Ecca. del Arzobispado de idem y en el día doce de Julio de mil ochocientos sesenta y siete Yo, D. Fernando Ortiz y Camacho Pbro. Dr. en Sagrada Teología, Examinador Sinodal de este Arzobispado y del Obispado de Segorve, Arcipreste, Cura propio y Párroco castrense de la Villa de Lebrija, Caballero de la Real y distinguida Orden Española de Carlos III, con licencia y beneplácito del Sor. D. Antonio Ramón Reina y Carretero Pbro. Beneficiado y Cura propio de la Parroquial Ntra. Sra. de la Concepción de esta Villa, y encargado de la del Sor. Santiago de ídem por S. Ema. Rma. el Sor. Cardenal Arzobispo de Sevilla, bauticé solemnemente en ella a una niña que nació el ocho del expresado mes a las doce y cuarto del día, hija legítima de D. Francisco Ortiz y Camacho, Secretario del Ylustre Ayuntamiento y Notario Ecco. de esta Villa, y de Dª Maria Josefa Ortiz Barrionuevo, ambos de esta naturaleza y vecindad, siendo sus abuelos paternos D. Fernando Ortiz Sanchez Serrano, acendado propietario de la misma, y Dª Francisca Camacho Perez de Medina, que lo era de Manzanilla, y los maternos, D. Antonio Ortiz Lopez, propietario, y Dª Maria de los Dolores Barrionuevo Rodriguez, naturales y vecinos ambos de esta Villa; y le puse por nombre Francisca, Josefa, Fernanda, Maria de los Dolores, Natividad, Antonia, Isabel de la Ssma. Trinidad.  Fueron sus padrinos, D. Francisco Oliver Lopez, Comandante primero graduado, en retiro, y su legítima consorte Dª Maria de los Dolores Ortiz Camacho, ambos de esta naturaleza, a quienes advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones que habían contraído; y los testigos, D. José Ortiz Navarro, acendado, y D. José Silva Estrada, estudiante, vecinos de ésta.  Y para que conste, estendí y autoricé la presente partida en el libro de Bautismos de dicha Yglesia Parroquial a doce de Julio de mil ochocientos sesenta y siete =
Antonio Rn. Reina y Carretero. Dr. D. Fernando Ortiz.  Miguel de Puya y Granados.
Y en una nota al margen del folio: Franca. Josefa hija de D. Franco. Ortiz Camacho y de Dª Mª Josefa Ortiz Barrionuevo. J. Gratiz.
 (Comprobamos en esta partida la anterior observación de que el viejo isabelino y el joven carlista veíanse obligados a convivir, a pesar de que tres años antes al "hacendado" absolutista José Ortiz le zurró la badana el sobrino del Capitán Oliver, o sea, mi bisabuelo, como ha quedado dicho; imaginémoslos en el banquete subsiguiente a este bautismo.)

** Los pormenores del linaje hidalguísimo de don Lorenzo, heredado por su viuda doña Beatriz (mediante la cual pasó a su sobrina, futura esposa del Capitán), salieron a relucir en la documentación del Expediente Militar de mi tío-tatarabuelo, porque al querer casarse con doña María les convenía, como es natural, aprovechar los privilegios que acarreaba pertenecer a tal aristocracia. Por otra parte los militares, según uso que alcanzó hasta el franquismo —y no sé si más acá—, exigían y obtenían informes exahustivos y personalísimos de las futuras esposas de los miembros del ejército. Veremos luego y no menos pormenorizadamente estos documentos. Al triste escudo expuesto más arriba que acredita la distinción social de don Lorenzo añadiremos completísima genealogía prontamente.
Sin olvidar que estamos en 1834 con el Sargento 2º Oliver intercambiando huevos de plomo con los secuaces de don Tomás Zumalacárregui entre Álava y Navarra, y quizá entre fusilazo y fusilazo con la mente puesta de vez en cuando en María Ortiz, la distinguida castillejana, aunque esto sea mucho imaginar por nuestra parte.

Otra interesantísima serendipia, ya aludida, es la que sigue, que completa el retrato de un viejo conocido: don Manuel de Ynestrosa*, el amanuense que ahora en 1834 auxilia a los padres de Francisco Oliver escribiendoles las cartas. Hemos encontrado por pura casualidad su partida de matrimonio —en pleno Trienio Liberal—, por la que podemos catalogarlo como un militar políticamente moderado doceañista cambiado de chaqueta, en base a que luego en plena Década Ominosa ejercía puesto oficial, como vimos en el Sorteo de Quintas. Probablemente vería con buenos ojos las negociaciones secretas que mantenía Fernando VII (Fernando Vil, según alguna reconversión digital de texto impreso) aquellos días con la Santa Alianza para recibir ayuda, que en el año 23 de materializó con los Cien Mil Hijos de San Luis.
Por dar forma humana a una intrincadísima política europea de reacción contra la estela de la Francia revolucionaria, podríamos presentar a Clemente Wenceslao Lotario de Metternich:  https://es.wikipedia.org/wiki/Klemens_von_Metternich

* De Hinestrosa ya sabemos además que, en el "Asunto Bermudo Leila", actuaba de escribano eclesiástico.

Veamos esa partida hinestrosiana:

20 de febrero de 1821, Maestre casó a don Manuel de Ynestrosa, soltero natural de la ciudad del Puerto de Santa María, y Capitán de Infantería agregado al Estado Mayor de la Plaza de Sevilla*, hijo de don Domingo Ynestrosa y de doña Lucía de Doblas; con doña María Manuela Cansino, soltera natural de Alcalá del Río y vecina de esta, hija de don Fernando Cansino y de doña Juana Domínguez, de esta vecindad, asistiendo por la jurisdicción castrense con sus correspondientes despachos y licencia del sr. Teniente Vicario General del Departamento de Sevilla don Joaquín Bermudo y Leyla, cura de la Concepción de esta. Testigos, don Ramón Rodríguez, don Gerónimo de Castro y don Miguel de Porras, de esta vecindad.

* El Estado Mayor de la Plaza de Sevilla no era una balsa de aceite. En dicho 1821 el comandante de artillería Mariano Bresson, también agregado a tal Estado Mayor como el capitán Ynestrosa, escribía cartas a Madrid, al capitán general Joaquín Blake y Joyes, comentándole que a causa de la situación política surgían roces, enfrentamientos y rivalidades entre los miembros del dicho Estado Mayor sevillano. El ejército se resquebrajaba.
A Mariano Bresson lo volveremos a encontrar en 1845 como componente del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, en Madrid. Allí estaba, ya con la graduación de general, viviendo en la calle de Alcalá nº 11.
Joaquín Blake, nacido en 1759, combatió en la guerra de la Independencia, en la que alcanzó el grado de capitán general. En 1810, año del apogeo de la Junta Suprema de Sevilla, organizó por encargo de ésta el Cuerpo de Estado Mayor, y se le nombró Presidente del Consejo de Regencia de las Cortes de Cádiz. En el 12 lo derrotaron y apresaron los franceses en Valencia, volviendo a España en el 14 después de estar confinado en el castillo de Vincennes con otros militares y políticos españoles. Fernando VII le otorgó una dirección general de Ingeniería, y al comenzar el Trienio la Junta General lo hizo Presidente del Consejo de Estado, con el cual cargo recibía desde Sevilla las sobredichas cartas de Bresson. Al regresar el absolutismo se retiró a Valladolid donde, en 27 de abril de 1827, murió. Tenía, aunque malagueño de nacimiento, origen irlandés, y su esposa fué Dorotea Tovar y Pierce.
Anotar nos queda algo de suma importancia: que en 1810 la Junta Suprema de Sevilla dió al mundo una lección por ninguna nación de él imaginada, cual era la de que Napoleón no gozaba de invulnerabilidad. Fué, según criterio aceptado por una gran mayoría de investigadores, dicha Junta Suprema hispalense la que propició, motivó, preparó y obtuvo la increíble victoria de Bailén.

Pero... atención: se oyen risas, guitarras, palmas, bullicio; desde la Plaza y por la calle de Enmedio transitan gentes felices, parejas endomingadas, niños lustrosos... y hasta pasan carruajes de tiros cascabeleros con guapas y lechuguinos arracimados.

— ¿Qué pasa, Antonio?
— Es hacia la casa de la condesa de Lebrija.
— ¡Sí, sí! Por esa parte suena.
— En el portón, abierto de par en par, hay grupos animados conversando en altas voces.
— Vamos a terminar con una boda, con juerga andaluza, una fiesta llena de alegría y gracia a modo de guinda del pastel, un recuerdo de la verdadera aristocracia castillejense para quitarnos el mal sabor de boca de los mediocres labradores que acabamos de conocer, de este insoportable empacho ortizero, simples explotadores de tres al cuarto. De paso estamos invitados a una buena borrachera con cargo a la cuenta de la condesa de Lebrija (explotadores más serios), claro, con manzanilla "El Rocío" o "Viuda de Manjón". ¡¡Vivan los novios!!

En 5 de marzo de 1809* don Francisco García Maldonado, cura de Santiago, casó a Juan Manuel López, hijo de Francisco López y de María Navarro, con Ana María Vázquez, hija de Fernando Vázquez y de Ana Inés Cabrera, vecinos de esta Villa en las Casas del lagar de la Condesa de Lebrija, collación de Santiago. Presentes, Pedro Navarro, José Cabrera, Joaquín Mendoza y otros muchos.
Tenía la casa-lagar su propia capilla, claro está.

* En el apogeo del reinado de José Bonaparte, gran amante del bello sexo. Se cantaba:

La señora condesa
tiene un tintero
donde moja la pluma
José primero.

(Ojo que no se refiere a la señora condesa de Lebrija, sino a la de Merlin, esposa del general de su guardia —de José I— Christophe-Antoine Merlin, al que le concedió el título para que sobrellevase la cornamenta. "Pepe Botella" no estaba reconocido ni por las Cortes españolas ni por las Indias, pero más de un vecino de Castilleja tuvo que dirigir a él sus quejas o peticiones, como ya veremos en documentos concretos.)

Averiguaremos si hay errata de impresión en el recorte de prensa, porque parece extraño que los tres hijos de la condesa V murieran con tanta premura.


Cuadro de la VI* (Sorolla, 1914). Con botella en la mano, no sabemos si de manzanilla sanluqueña o de algún brebaje medicamentoso que trasegaba algún excombatiente de legión romana** en su retiro en Itálica, recuperada por ella misma en sus frecuentes y apasionadas escarbaduras por las laderas poncinas.

* Nacida en 1851, hija de Pedro Manjón y Fernández de Valdespino, senador del Reino, diputado a Cortes por Cádiz, alcalde de Sanlúcar de Barrameda y Caballero no profeso de la Orden de Calatrava, y de Leona de Mergelina y Gómez de Barreda, familia de rancio abolengo y ambos avezados empresarios bodegueros. Fué la VI condesa de Lebrija esposa de Federico Sánchez-Bedoya. “Viuda de Manjón” se convirtió en el nombre de los caldos de manzanilla “El Rocío”. Posteriormente enlazada con González Byass. Cf. Ana Gómez Díaz, La manzanilla: historia y cultura: las bodegas de Sanlúcar.

** Excombatiente aludido paseando por las lomas aljarafeñas mientras en su Villa le preparan el almuerzo.


¿Acabarían así Juan Manuel López y Ana María Vázquez, los felices novios de la casa-lagar de la condesa de Lebrija en la collación de Santiago? Suele pasar.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Padrón 1u



"No hay acontecimiento privado en el cual no encontremos, buscándolo bien, una fibra, un cabo que tenga enlace más o menos remoto con las cosas que llamamos públicas. No hay suceso histórico que interese profundamente si no aparece en él un hilo que vaya a parar a la vida afectiva." Benito Pérez Galdós, Episodios Nacionales ("Montes de Oca"). En definitivas cuentas: el hombre es un animal político.

Se nos había ido el santo al cielo con el novelesco episodio del Abad de Olivares; algunos sospechan que fué asesinado en su retiro olivareño en la finca "La Arboleda" donde, para sorpresa de todos, apareció muerto en extrañas circunstancias.
Ahora retomaremos el asunto de la genealogía de José Ortiz Navarro, el oficial carlista castillejeño en la 3ª Guerra, y luego seguiremos las aventuras del Sargento 2º Francisco Oliver en tierras navarras, en la 1ª.

En estos momentos adquiere su valor aquella nota que habíamos dejado atrás, en el intento de reconstruir un plano de la Castilleja levantina tan oscuramente definida en los Padrones; la cual nota nos revela un "nido" de hermanos Ortiz Navarro completamente esclarecedor. Antes de aventurar un esbozo topográfico de la situación de la casa familiar en La Plazuela (Plazuela de la que ya habíamos encontrado alguna referencia mucho más antigua), diremos que el préstamo de 8.074 reales que solicitan y obtienen de don Manuel Valero sólo hace confirmar mi ya expuesta opinión de que eran gentes venidas a menos, el típico criadero de extremistas desesperados como lo fué el carlista José Ortiz Navarro.


   

Plano de La Plazuela y sus inmediaciones en dicho año de 1859. Los Ortiz Navarro y los Quintanilla enlazaron sus familias:

Hemos encontrado información del prestamista: don Manuel Valero Prado, "del comercio, propietario, hacendado", había nacido en Granada, y sus padres fueron don Francisco de Paula Valero y doña María Teresa de Prado, también granadinos. Se casó con la peruana doña Joaquina de Cossío, nacida el El Callao (Lima), hija del gallego coruñés don Juan Cossío* y de la también peruana, de Arequipa, doña María del Carmen de la Torre. En Sevilla el matrimonio engendró a Manuel, nacido el 1º de mayo de 1844 a las 9 de la mañana en la calle de Los Chiquitos** nº 6 y bautizado en la parroquia de San Lorenzo; a José, el 12 de julio de 1850 a las 10 de la noche en la calle de La Laguna*** nº 17 y bautizado en la parroquia del Sagrario; a Adolfo, el 2 de octubre de 1851 a las 5 de la mañana en dicha calle de La Laguna, bautizado en la misma parroquia; y a María de la Luz, el 9 de enero de 1854 a las 4 de la mañana, misma calle, número y parroquia.

* El coruñés don Juan de Cossío, Capitán del Ejército, y doña María del Carmen de la Torre su esposa, tuvieron en Arequipa, además de a la que sería esposa del prestamista don Manuel Valero y madre de los cuatro sobredichos), a José Lucas Florencio, nacido el 14 de marzo de 1823, bautizado el 15 por el presbítero don Eusebio Polar en la iglesia de Santiago de dicho Arequipa; y a María Manuela Melchora, nacida el 8 de enero de 1825, bautizada en la misma iglesia. Por estos años andaba Rodil intentando seguir dominando y explotando al Perú en nombre de la monarquía hispánica, años antes de ser General en Jefe del Ejército del Norte y virrey de Navarra (en julio de 1834). No sabemos —todavía— de qué lado estaba, en la guerra de independencia peruana, el suegro de don Manuel Valero, capitán Cossío, pero en la "Roma del Perú" la cosa no estaba tranquila: https://es.wikipedia.org/wiki/Combate_de_Arequipa, con enlace a la Gazeta de Portugal donde se menciona, en aquel evento, a un capitán de infantería llamado Manuel Cossío.
De gran interés: http://walh16.blogspot.com.es/2008/10/resea-de-historia-constitucional.html

** Calle de Los Chiquitos. En la calle Jesús del Gran Poder en la primera mitad del siglo XIX, el tramo comprendido entre Conde de Barajas y Santa Ana, por un colegio de niños nobles que allí había, regentado por los jesuitas.

*** Calle de La Laguna. "En el cuartel A y en la parroquia del Sagrario está esta calle que se llama Nueva de la Laguna, porque es efectivamente nueva, pues se labró el año de 1612, en un sitio inmundo, y de una laguna pantanosa de que tomó el nombre la calle, que es una de las más hermosas de la ciudad; de casas magníficas de mucha amplitud, comodidad y buena distribución; en ella hace algunos años se halla establecida la casa y oficinas de la Capitanía General de esta provincia.
En este sitio, antes de labrarse esta calle estaban situadas las casas públicas de mujeres prostituidas, a cuyas casas llamaban Boticas: cuidaban de ellas ministros destinados al intento, que separaban las enfermas para evitar el contagio. El celo (no diré si bien o mal entendido) de muchos predicadores contra este establecimiento, consiguió derribarlo,y que toda la ciudad esté hoy contaminada de este borrón, sin que nadie cuide de su salud ni buen orden. Si era aquello mejor o peor que esto, no es de mi obra el averiguarlo. El sitio, según algunas noticias, estaba aislado, con puertas, siendo la principal el arquillo de Atocha, derribado este año: en medio de la calle hay una fuente pública del agua de los caños de Carmona, y en lo alto de ella una pintura de la virgen de los Dolores; pero sin ornato alguno; ni el cuadro, ni la fuente.
La calle es muy ancha, muy larga, y tirada a cordel; pasa de norte a sur, desde la calle del Compás a la puerta de la ciudad llamada del Arenal." (Noticia histórica del origen de los nombres de las calles de esta M.N.M.L. ciudad de Sevilla. Félix González de León. 1839.)
Hoy es la calle Castelar, desde la confluencia de Harinas, García de Vinuesa, Federico Sánchez Bedoya y Arfe a la de la plaza de Molviedro y Doña Guiomar.


Regresemos a Castilleja. Padrón de 1874. Primero aparecen los cuidadores de la Ermita de Guía. Luego la Calle Real por bajo (sic). Calle Real baja, desde el nº 1 al 35. Calle Real por bajo, desde el 37 al 69 (impares); en el 45 el Palacio de las Infantas. Calle Real por alto, desde el 71, hasta el 117; hasta aquí llegaba la Concepción. La acera izquierda parece pertenecer a Santiago, empezando con el nº 2; en el nº. 30 (de dicho Santiago, dicha calle de Abajo) José Ortiz Navarro, de 45 años, casado, del campo. Micaela Dieta, de 40 años. José, de 18, soltero. María Gabriela Ortiz Navarro, de 56 años, soltera. Vecino, Gabriel Ortiz Navarro, de 50 años, casado, del campo. Dolores Perez Montaño, de 45 años, casada. Dolores (en blanco) años. Rocío, de 14 años. Gabriela, de 8. Gabriel, de 6.

Padrón eclesiástico de 1871, parroquia de Santiago en la Calle Real por bajo, acera derecha, desde el nº 30; en el nº 32, José Ortiz Navarro, casado, 43 años; Micaela Dieta, esposa, 42. Hijo, José, 15 años. Vecina en dicha casa, María Ortiz Navarro, soltera de 50 años; otros vecinos, Manuel Ortiz Navarro, casado de 38 y su esposa, Ana Quintanilla, de 27; hija, María de los Reyes, de 4 años.

"En la Villa de Castilleja de la cuesta correspondiente a la provincia de Sevilla, Abadía de Olivares, y en la actualidad sujeta a la Jurisdicción Eclesiástica del Arzobispado de Sevilla, en dies y seis días del mes de julio del año de la fecha, yo, Don José del Castillo y Fernández, Presbítero cura de la Iglesia Parroquial del Señor Santiago de dicha Villa, bauticé solemnemente a un niño que nació el día doce de dicho mes, hijo legítimo de José Ortiz y de Micaela Dieta, naturales de esta y de Estepona, siendo sus abuelos paternos Gabriel Ortiz y Josefa Navarro, naturales de esta, y los maternos Ignacio Dieta y María Vallejo, naturales de Estepona; se le puso por nombre Antonio José de la Santísima Trinidad, y fueron sus padrinos Laureano Ortiz y su hermana María Ortiz, naturales de esta, solteros y del campo, a quienes advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones que contrajeron, siendo testigos Joaquin Mendoza y Manuel Oliver, vecinos de esta. Y para que conste extendí y autoricé la presente partida en el Libro de Bautismos de dicha Parroquia, a diez y seis días del mes de julio de Mil ochocientos cincuenta y siete." Firmado, José del Castillo.

¿Estuvo Micaela en Barcelona? Aunque fué empadronada en nuestra Villa en 1871 y 1874, hay una extraña coincidencia de nombre con esta Micaela Dieta Ballejo, calle Ca. Sama. Cédula nº 802 de Clase 11, expedida en 9 de agosto de 1872. San Gervasio, Provincia de Barcelona, Padrones 1872-1873. El antiguo municipio de San Gervasio de Cassolas (en catalán, Sant Gervasi de Cassoles), anexionado a Barcelona en 1897.
Quien quiera que fuera la mujer del oficial carlista José Ortiz, tenía en Sevilla, sobre todo en Triana, bastantes parientes:
En 1896 viven en la calle Betis, parroquia de Santa Ana (Sevilla) nº 60, Tomás Dieta Espinosa, natural de Estepona (Málaga), de 39 años, jornalero, hijo de Tomás y Ana, analfabeto, empadronado el año anterior en la calle Pureza; su esposa Gertrudis González Ríos, natural de Tarifa (Cádiz), de 38 años, hija de Francisco e Ildefonsa, analfabeta; y sus hijos, Ana de 20 años, Tomás de 19, Alfonsa de 18, Francisco de 17, Francisca de 16 e Ignacio de 15; ellos jornaleros y ellas "su casa"; todos saben leer y escribir. Llevaba esta familia 10 años de residencia en Sevilla.
En 1895 es empadronada en la calle General Castaño nº 23, parroquia del Sagrario, Josefa Dieta Espinosa, viuda de 35 años natural de Estepona, con 14 años de residencia, de profesión "su casa", hija de Tomás y Ana, analfabeta.
En dicho 1895 viven en la calle Antonia Díaz, nº 37, piso bajo, Tomás Merro (o Meno) Dieta, de 27 años, natural de Málaga, de profesión torero, hijo de José y Josefa, con 9 años de residencia; y su esposa Alfonsa Espinosa Santamaría, de 27 años, natural de Tarifa (Cádiz), hija de Francisco y Antonia, con 9 años de residencia.
En el mismo año de 95 en la calle Pureza nº 87, parroquia de Santa Ana, viven Manuel Roto Ribero, de 46 años, natural de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), jornalero, hijo de Manuel y Josefa; su esposa María Jesús Sánchez Dieta, de 42 años, natural de Estepona, hija de Diego e Isabel: y sus hijas nacidas en Sevilla en la parroquia dicha, Matilde de 21 años, Carmen de 20, Eloísa de 18, María de 14 e Isabel de 11.

Nuestro conocimiento del carlista José va en aumento. Veamos más sobre su familia. Castilleja. Padrón de 1852. En la calle de Abajo nº 35 vivieron don Gabriel Ortiz, de 54 años, labrador, con su esposa Josefa Navarro, de 54 años, natural de Huévar, con 40 años de residencia en Castilleja, e hijos: Gabriela Ortiz, soltera de 36, Gabriel, de 28, María del Rocío, de 26, Manuel, de 21 (cumplidos el 20 de julio), Ángel, de 18 (cumplidos el 1º de octubre), y Laureano, de 15 (cumplidos el 4 de julio).

Padrón de 1818. Calle de Abajo (Parroquia de Santiago), José Ortiz Calado.
Calle de Mariquita y Plaza, don Miguel de Porras, abuelo paterno de un sobrino de don Gabriel Ortiz.
Calle Real (Parroquia de la Concepción), Gabriel Ortiz, mayor, y Gabriel Ortiz, menor.

Inserta en el libro de nacimientos de la parroquia de la Calle Real de principio de siglo hay una lista de jóvenes confirmados que ocupa dos folios:
Confirmaciones del 13 de julio de 1818 celebradas en la Concepción por el obispo Miguel Fernandez, del Consejo de Su Majestad, Asistente del Arzobispo de Sevilla, Arzobispado y Calle Real de esta Villa. Consta aquí la confirmación de María Gabriela Ortiz, hija de Gabriel y de Josefa Navarro, con su madrina, Josefa Calado. Pero un registro bautismal del año anterior se refiere a María Gabriela: 5 abril 1817, María Gabriela, bautizada por Bermudo Leila, hija de don Gabriel Ortiz y de doña Josefa Navarro. Padrinos los abuelos paternos. Nació el 30 de marzo. Supongo que las Confirmaciones no se harían con un año de edad, por lo que probablemente, como en otros muchos casos, la primera María Gabriela murió párvula, y le pusieron in memóriam el mismo nombre a la siguiente hija.

..................................................................

Habíamos extractado una Diligencia Judicial en Padrón 1a con no otra intención que la de crear contexto acerca de la vida del militar Francisco Oliver López, y lo que parecía una pieza suelta sin más trascendencia que una agresión, de tantas como en cada giro de la tierra el "ser humano" ocasiona a su prójimo, a estas alturas de nuestra investigación y aparecido el oficial absolutista José Ortiz cobra tan nuevo como importante valor sociológico. Decíamos que el agresor, Francisco Oliver, era mi bisabuelo paterno, sobrino del Capitán, pero con la última información que poseemos, el agredido convierte el hecho delictivo en algo mucho más complejo y profundo. La enemistad entre las dos familias se hace patente (reproducimos el extracto):

"Escritura de fianza de cárcel segura. A 15 de abril de 1864. Antonio Pacheco Navarro a favor de Francisco Oliver Pacheco. El primero, casado; trajinero de oficio; de edad de más de 40 años. Se sigue causa criminal de su sobrino el dicho Francisco Oliver Pacheco en el Juzgado Primero de 1ª Instancia de este Partido de Sevilla, por lesiones a José Ortiz Navarro. Antonio Pacheco se obliga a presentar al Juez a su sobrino siempre que se le ordene y requiera y, de no hacerlo, a pagar las responsabilidades que como carcelero le atañen. Firmaron como testigos Joaquín Mendoza y Miguel de los Reyes Calcanes".


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Padrón 1t



Entre tantos chiflados, majaras, idos, tocados, chalados, pasmarotes, guillados y memos como estamos conociendo, convendría abrir una ventana un momento para respirar las salutíferas brisas de la Razón y el Discernimiento. A tal propósito copiamos letra por letra un parrafito de cierto libro-joya de nuestra modesta biblioteca; parrafito que aunque descontextualizado, no pierde su carácter, válido universalmente si se me permite el tópico: "...autoponerse, autoproducirse y autoreproducirse es precisamente la realidad. Hegel lo ha visto ya claramente, y lo ha expresado de una forma parecida a la de Marx, aunque todavía demasiado abstracta, equívoca consigo misma y, por lo tanto, muy capaz de provocar equívocos: lo que es real es en sí necesario, dice en su Filosofía del Derecho." (de Historia y consciencia de clase, Tomo I. Georg Lukacs, pág. 91 de la edición de SARPE, 1984.)
Hegel utiliza aquí lo "necesario" en contraposición a lo "contingente", o sea, lo que es, en contraposición a lo que puede o ser o no ser. La Realidad, según el pensador alemán no admite esta alternativa.
¿Cual sería el origen del concepto de "necesidad"? Estriba, como todos los de su clase, en la Naturaleza. Ella produce hechos a los que el hombre, desde que así puede llamarse, hubo de resignarse e inclinar su cabeza: las erupciones volcánicas, los maremotos, la lluvia y el rayo o el giro de los objetos celestes tuvieron que ser en principio los que, como embriones suscitadores de pensamientos luego más pulidos y complejizados, depositaran en las rudimentarias mentes de los primeros homínidos el convencimiento experimental de que había cosas contra las que no podía enfrentarse. Cosas ineludibles, cosas determinadas por instancias fuera de sus limitados poderes. Y abstraído de tales experiencias se verbalizó tal noción o idea, y las demás de ese jaez. De las que derivó el Determinismo, ante el cual el movimiento de los estoicos pretendió resistir, pero ya esto se empieza a escapar del objeto de esta Historia de la Villa de Castilleja.

Necesario a nosotros es el oxígeno. Y de aquesta antedicha manera debidamente oxigenados, sumerjámonos de nuevo en las turbias, fétidas y contaminadas aguas que son los pensamientos y las acciones de esta caterva de trastornados que formaban la Abadía y el Arzobispado, no más que un trasunto o reflejo de la que formaban la Monarquía y la Aristocracia y sus cabezas visibles en tal momento y asunto: Fernando VII el Absoluto, y Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, XIV Duque de Alba de Tormes y X Conde-duque de Olivares, de cuyo linaje y como su Señor y Amo le viene al Abad Mariscal su tendencia a levantar ejércitos privados (ya vimos cómo amenazó con venir a la Calle Real de Castilleja "con 40 hombres").
Ahora desde el Arzobispado intentan sacar al ya ex-cura de la Inmaculati de su escondrijo trianero en casa del sangrador Mota (ver infra). El Fiscal General dictamina que Bermudo Leila comparezca a la jurisdiccional presencia, y que vea su Exposición y diga si tiene alguna cosa que añadir a ella. Insta además al señor don Agustín Moreno y Garino* para que informe si don Juan de Mata ha ejecutado el encargo al Abad de Olivares. Opina que se reciba declaración al Procurador Joaquin María de Torres sobre los hechos de Olivares. Y manda oficiarse al Prelado del Convento del Loreto para que informe del religioso mencionado por don Juan el Mensajero, acerca de lo que dicho religioso oyó decir al Abad; y de quién era el escribano que también estuvo presente**. Dado en Sevilla, 16 de diciembre de 1826. Firma Vaquerizo.

* Agustín Moreno y Garino era de por estos lares. Nacido en la capital andaluza el 27 de marzo de 1751 y con expediente de limpieza de sangre en la Catedral sevillana, sus padres fueron Simón Moreno Figueroa, de Estepona, y Paula Garino, de Nules (Castellón de la Plana); su abuelo materno, Carlos Julio Garino, fué familiar del Sacro Palacio de Milán, y Teniente de Infantería del Regimiento de Parma de Ponteginon, Estado de Milán. Existe una "Información genealógica de Agustín Moreno Garino, natural de Sevilla, canónigo y pretendiente a ministro oficial del Santo Oficio" del año 1815 sita en el Archivo Histórico Nacional. Parece ejercer en el Arzobispado hispalense una función policíaca, de controlador, de supervisor de comunicaciones (ver infra).
Firmó el Anuncio de rogativas públicas hecho por el deán y cabildo de la Catedral en 26 de diciembre de 1808, para pedir a Dios Nuestro Señor por el restablecimiento de la salud de Su Alteza serenísima el Señor conde de Floridablanca, consistente tales rogativas en nueve días de oraciones públicas y privadas mañana y tarde en todas las iglesias de la ciudad, pero no hicieron los que practican estas supersticiones sino perder el tiempo, como siempre, puesto que el señor conde sobredicho, Presidente a la sazón de la Junta Suprema Gubernativa del Reino, dejaría su distinguida carcasa o carlinga corporal a las 6 de la mañana del 30 del referido mes de diciembre. Dios estaba a lo suyo, acaso jugando con Lucifer a las damas, ajeno a súplicas y clamores.
Y fué elegido —Agustín Moreno Garino— Diputado propietario para las provincias libres de los franceses por la Junta Superior de Observación y Defensa de Sevilla, en la Real Isla de León, el día 24 de Septiembre de 1810 (Wikipedia).

** A la también presente entonces en la sala del Palacio olivareño, la sobrina del Mariscal, la ignoran y eso que, so capa de su poderoso tío, iba voceando su parecer y opinión a diestro y siniestro, y quería estar en todo, pidiendo copias de documentos (ver infra), para su oficina íntima suponemos. Las mujeres, a coser y a quitar la pelusa de debajo de las camas. Por cierto, algunos de nuestros convecinos, testigos de la llegada del coche del Abad a Castilleja el 17 de noviembre, aseguran que distinguieron en su interior a tres señoras pero no al Abad (ver sus testimonios). Eso daría pábulo a gente malpensada para imaginar que el señor Mariscal iba ¿escondiéndose, o agachado a cuatro patas entre las piernas de sus compañeras? Y es que ya lo dice el refrán: "piensa mal, y acertarás".
Y hablando de sobrinas, la del cura Bermudo viajó a Triana en varias ocasiones para llevar al anciano ropa limpia y alguna golosina, siempre acompañada por un Antonio Vanderleye receloso de los espías del Abad, mayormente gente de La Plaza que conocía al dedillo sus vidas y no dudaría en denunciarlos allá donde los sorprendieran en relación con el prófugo Leila. También hubieron de temer, en pleno cogollo del periodo ominoso en que se hallaban, a la omnipresente y temible policía de Fernando VII y a su red de informantes, chivatos, soplones y portapartes, quienes en cada calle y en cada camino del país, ante cualquier mínima sospecha detenía y encerraba en sus lóbregos calabozos a cualquier hijo de vecino fuera quien fuese. Y por supuesto, a los agentes del Duque de Alba en su Condado aljarafeño, quienes también estarían al liquindoi. Esta preocupación se veía exacerbada en nuestra pareja porque al buen cura de la Concepción se le había metido en la cabeza el asistir a la fiesta de la Inmaculada en la Calle Real disfrazado de fraile mendicante franciscano con una amplia capucha que le cubriese el rostro, tal era la añoranza que sentía de aquella amada conmemoración y de su querida comunidad de creyentes. A duras penas pudieron hacerlo desistir sobrina y amigo de su estrafalaria idea, explicándole repetidas veces que los testarudos polizontes del Absolutismo olían a una legua cualquier engaño y que, hasta que atendiesen a razones, podía pasar encerrado un mes por lo menos.

Olaerrota manda a Colón lo sugerido por el Fiscal. "Coloncito" manda que se ejecute todo lo que propone. El mismo día Olaerrota notifica a Bermudo —por fin localizado—, al Fiscal, al Padre Guardián de Loreto y a don Agustín Moreno, todo ello el dicho día 16.
El día 19 notifica Olaerrota a don Joaquin María de Torres (el compañero cabalgante del Emisario) que manifestó estar pronto a declarar.

Sevilla, 19 de diciembre de 1826. Únase a los antecedentes. En contestación al Oficio de V.S. de 16 del presente, aunque recibido el 18, debo decir que no he tenido el honor de contestar a la Carta que dice el Señor Abad de Olivares me dirigió para que diese aviso al Señor Arzobispo de que dicho Señor Abad había ganado el Pleito, y que iba inmediatamente a tomar posesión de la Iglesia de Castilleja de la Cuesta, por no haberla recibido. No quiero decir con esto que el Señor Abad falte a la verdad, pudiendo atribuirse a extravío de Correo, aunque regularmente no suele haberlo de Madrid, donde supongo se hallaría el Señor Abad*, a esta Ciudad. Pero no puede dejar de extrañarme eligiese para dar este Aviso a Su Eminencia. Lo primero, por no tener correspondencia epistolar conmigo ni aun recordarme nos hallamos escrito jamás. Lo segundo, porque aun cuando ésta hubiese precedido, no me juzgo conducto oportuno para este Aviso, ni creo que el arbitrio confidencial sea el adoptado para comunicar Avisos de esta naturaleza. Es cuanto puedo informar a V. Dios guarde a V. muchos años. Sevilla, 19 de diciembre. Firmado, Agustin Moreno y Garino. A don Luis Gonzaga y Colón.

* Pleiteando en la Cámara acerca de sus derechos a la posesión de la parroquia de la Calle Real, con el patronazgo, soporte y apoyo, que no eran pocos, del Ducado de Alba. El Arzobispo Cienfuegos también era un hueso duro de roer; se había mostrado firme partidario del Absolutismo como Obispo de Cádiz desde 1819, y por su apoyo al carlismo sería desterrado de Sevilla a Alicante en 1836. En su destierro falleció once años después.
Suelen, los que mandan en ellas, rellenar las catedrales de muertos, creo que para dotarlas de más magia sobrenatural, de más trascendencia y misterio, y también para que el día de la Resurrección formen más algarabía en ellas que en ningún otro lugar. Por eso se trajeron el cadáver de Cienfuegos a Sevilla y lo enterraron en un mausoleo neogótico situado en la Capilla de la Concepción Grande de la Catedral, en 1867.



Cienfuegos carlista. Dice un cuento que su apellido se debe a que uno, para espantar a los moros, reunió a cien y les repartió cien antorchas.

Comparecencia de don Joaquin Bermudo y Leila. En Sevilla a 20 de diciembre de 1826, ante Colón y el Notario Mayor Olaerrota se le leyó a Bermudo el Párrafo 1º de la Censura Fiscal. Se ratificó en el contenido de su escrito, y añadió que el día 16, estando en su casa, recibió como a las 11 de la mañana, un Oficio firmado por don Juan José Maestre, cura de la iglesia de Santiago, por mano de su sacristán don Joaquin Mendoza, en el que se refería a otro que había recibido del Señor Abad, residente en Sevilla, avisándole de que estuviese en su casa el día 17 por la mañana, porque dicho Abad quería hablar con él; contestó con la misma atención por mano de Mendoza que no faltaría; llegado el siguiente día como a las 10 de la mañana, según publicaron los repiques de campanas, entró dicho Abad en Castilleja (repite lo que ocurrió con el desconocido escribano del frac). Al poco tiempo vió pasar por delante de su casa al Abad acompañado de los Alcaldes 1º y 2º, llamados don José Oyega y don Francisco Rodríguez, alias "Salud", el escribano del frac, y el Alguacil Eclesiástico de Santiago nombrado José Ortiz Vázquez, y otras personas, que se dirigieron a la Iglesia Provisional, y parados en sus puertas, volvió a casa del compareciente el hombre del frac y el Alguacil José Ortiz, volviendo a hacerle el mismo requerimiento sobre las llaves y diciéndole que el Abad estaba esperándolas en la puerta de la Iglesia. Negado que las hubo, vió pasar al Alguacil frente a su casa [del compareciente] y entrar en la de José Colorado, maestro herrero de dicha Villa, volviéndo con él; el Abad, que entretanto había entrado en el molino de aceite que está enfrente, propio de don Antonio Sergeant, vecino de esta ciudad de Sevilla, volvió a la Iglesia, y reunidos otra vez, el herrero descerrajó la puerta de la Iglesia Provisional y la de la casa que se estaba labrando, contigua a la Iglesia donde estaba la otra destinada para la habitación del cura, sin embargo de haberle dicho al Abad el Alcalde Oyega que no consentía en tal descerrajamiento, según oyó decir a vecinos de dicha Villa, como también la contestación del Abad de que allí mandaba él; Oyega se quedó en medio de la Calle cuando todos entraban en la Iglesia. Luego repicaron las campanas y el Abad se fué a Olivares con su comitiva y tres mujeres que le acompañaban, lo cual vió el compareciente desde las ventanas de su casa; luego corrió la voz de que iban a encerrarlo en la Torre de Olivares o en la de San Eustaquio en Sanlúcar; le dió crédito en vista de haber recibido aquella tarde un oficio amenazante firmado por José María Recacha y por mano de Mendoza, al que contestó de igual forma, negándose a entregar nada; y como la llave del Sagrario estaba dentro de la Iglesia cuando la descerrajaron, Bermudo indicó, en su contestación a Recacha, dónde podía encontrarla. Al día siguiente, 18, de madrugada, acompañado de Pedro Núñez, vecino de Castilleja, se vino a esta Ciudad y vió el mismo día al señor don José María López, Tesorero del Arzobispo, al que le refirió lo ocurrido y le manifestó dicho Oficio; José María lo tomó y llevó al Señor Secretario don Pedro de las Alas Cienfuegos, quien lo llamó y le dijo que no debía faltar de Castilleja y que se volviese a su casa, pues había sido puesto allí por su Prelado, y que hasta que Su Eminencia le ordenara que se retirara, no debía salir, y que si lo llevaban preso, tenía a su Prelado que lo defendería, con cuyo razonamiento se volvió a Castilleja, y apenas había entrado en su casa, como a las 4 de la tarde de dicho día 18, recibió por mano de Mendoza un escrito que ha presentado, firmado por Recacha, al que contestó que nada haría sin orden de su Prelado; que quería mucho a su feligresía, pero más al dicho su Prelado. Como a las 9 de la noche recibió otro Oficio igualmente por mano de Mendoza y firmado por Recacha, al que contestó que cuanto hacía era negociar con un hombre lánguido para este asunto, y que se acudiese donde estaba el poder. El domingo 19 como entre las dos y las tres de la tarde se conmovió la feligresía de la Calle Real, con motivo que corría de que al compareciente lo iban a llevar preso, disponiéndose a hacer oposición para que no lo sacaran de su casa; fueron a verle tres de sus feligreses: don Antonio Vanderleye, Francisco Núñez y Juan Cabrera Oliver, y le aconsejaron que saliese de su casa para evitar conflictos populares, ofreciéndose a acompañarlo a un lugar seguro, lo que aceptó, no por miedo a ser preso sino para tranquilidad del vecindario; treparon por las tapias de los corrales hasta la cuarta casa de la suya, donde vivía Domingo Rodríguez, en la que estuvo el resto de la tarde y la noche, hasta que entre cuatro y cinco de la madrugada del lunes 20 acudieron los tres referidos y lo sacaron, llevándolo por camino excusado hasta llegar a Triana, acogiéndose en casa de don Amaro Mota, en El Altozano*, en la que permanece. Los tres dichos acompañantes volvieron a Castilleja. En dicha casa de Triana recibió aviso como a las 7 de la noche del mismo día 20 de que habían entrado en su casa de Castilleja Recacha y el notario don Manuel Hinestrosa, preguntando por él a su sobrina doña María Francisca Sánchez, que estaba acompañada de varias personas (repite lo expuesto anteriormente); como el compareciente llevaba con él a Triana las llaves de la Iglesia Provisional, la de un candado que para mayor seguridad de noche ponía en la misma puerta, la de la Iglesia antigua donde estaba la obra, y la de la casa que se estaba labrando con destino para el cura, el sábado 9 de este mes, por la noche, las puso en manos del Arzobispo; y subsiste en Triana, esperando sus órdenes. Firmó, con Colón y Olaerrota.

* Don Amaro Mota, de oficio Sangrador, aparece en la Guía de Forasteros de Sevilla del año 1832 viviendo en la calle Altozano, nº 32, o sea, la Plaza del Altozano. Debió ser testigo don Amaro de la demolición del castillo de San Jorge en 1825 y de su transformación en mercado de abastos, después de que las tropas durante la Guerra de la Independencia lo utilizaran como polvorín.
En el Foro http://www.foro-ciudad.com/badajoz/villagarcia-de-la-torre/mensaje-11776068.html se lee el siguiente mensaje: Mi nombre es Francisco Javier Mota Sanchez, nací y vivo en Jabugo (Huelva), tengo un titulo de Cirujano y Sangrador expedido en Sevilla el año 1.808 a favor de Amaro Antonio Mota, nacido en Villagarcia de la Torre el año 1767; este señor sin duda es un antepasado mio ya que el citado titulo ha estado siempre en posesion de mi familia. He entrado en el foro de Villagarcia de la Torre (Badajoz) y he comprobado que el apellido Mota sigue estando muy presente en Villagarcia, y pienso que con un parentesco lejano todos somos de la misma familia. Se que sacar la genealogia de une familia remontándose al año 1.767 es complicado pero tal vez algun vecino podria aportarme algunos datos del citado Amaro Antonio Mota o de sus descendientes. Mi abuelo se llamaba Mariano Mota Salado y nació y falleció (sic) en Sevilla el año 1.951.
Otra página web relacionada es http://www.nodo50.org/casc/mota/_Jose-Fernando-Mota-Munoz_ profesor en una universidad de Cataluña y autor de varios libros y artículos de historia, con genealogía en dicha web de los Mota de Villagarcía, de quienes desciende.
El testigo José Oliver Rey, como barbero sangrador que fué en nuestra Villa, debió estar en comunicación y trato con don Amaro Antonio Mota siquiera por cuestión profesional. Este es un hipotético e interesante eslabón que exige más investigaciones.

Siguen en el cuadernillo los cuatro Oficios presentados por Bermudo: el 1º en Castilleja a 16 de noviembre de 1826 firmado por Juan José Maestre, que ha recibido del Abad aviso para que le comunique a Bermudo que esté en su casa al día siguiente para recibir al Abad; el 2º en Castilleja de Guzmán a 17 de noviembre de 1826 firmado por Recacha, que comunica a Bermudo su nombramiento por el Abad y le pide las llaves del Sagrario y demás interiores de la Iglesia en tono amenazante, al Señor Cura de la Concepción que fué; el 3º en Castilleja de la Cuesta en 18 de noviembre de 1826 firmado también por Recacha, que recibió la contestación de Bermudo al segundo, y que había encontrado la llave del Sagrario tal donde le había dicho, pero que quería también los Libros, los vasos de los Santos Óleos, la custodia, el incensario, la cruz parroquial, y otros utensilios que son precisos al ejercicio del culto y administración de sacramentos "que creo estaremos convenidos en que no deben cesar, en perjuicio de las almas, que es nuestro primero y principal cuidado; dejándo de nuestros respectivos Prelados el de ventilar, ajustar y aclarar sus derechos; he de merecer a Vd. y al celo que manifestó siempre por esta feligresía que estuvo hasta ahora a su cargo y ahora está al mío", y vuelve a insistir sobre los objetos de culto; y el 4º en dicha Villa y fecha, firmado por dicho cura Recacha, se refiere en términos muy respetuosos a la autoridad del Arzobispo, esgrimida por Bermudo, pero insiste en la obligación que tienen ellos dos de salvar almas, que se están perdiendo por no poder efectuar el culto, debido a la falta de los objetos*; insta a Bermudo a que ame a su Prelado cuanto quiera, pero que abandone su tenacidad, en pro de llevar almas al cielo; se dirige a él como "señor don Joaquin", y acaba en tono amenazante de nuevo; firma ya como Vicario y Cura Interino de la Concepción.

* Tan curioso como increíble argumento; pero al anciano y debilitado Bermudo tuvo que hacerle mella y darle que pensar. Por otra parte, a la chusma y al populacho siempre les ha impresionado el oro y la plata, pero por cosas diametralmente opuestas al Más Allá; claro que estos malabaristas saben presentar el vil metal de forma harto original, envuelto en el farragoso papel Biblia, con cuyos recitativos en forma de "pasto espiritual" bien masticado y regurgitado consiguen que sus corderitos no trabajen mucho con sus seseras.
Seis meses después Recacha asistía en la Hacienda del marqués de Loreto al Sorteo de Quintos como una de las Autoridades Eclesiásticas junto a Maestre, el párroco de Santiago. Ya en posesión de los objetos de culto pudo, por fin, salvar almas y, entre ellas, las de los tres soldados "agraciados" por el Azar, que frente a las tres señoras acompañantes del Abad aquel noviembre pasado habían sido tentados por el Demonio y estaban, por tanto, en pecado mortal. Los tres recibirían sus bendiciones en cada sermón espetado desde el púlpito. La hipocresía llevada a su última y más grande expresión.
Es una lástima no saber más de la ideología de Recacha. Se puede suponer que, al menos de puertas hacia afuera coincidiría con la del Abad, opuesta la de éste —siguiendo con las suposiciones— a la de Cienfuegos, quien desde que el Rey iba aflojando el dogal en pos de más moderadas políticas, más absolutista se mostraba. Sobre todo tras el restablecimiento del derecho de las hembras a la sucesión, que provocaría, con la oposición que desplegó a tal derecho, su expulsión de Sevilla.


Don Manuel de Hinestrosa, Notario eclesiástico de la jurisdicción eclesiástica de la Abadía de Olivares, da fé de que en virtud de Providencia dada por Recacha, siendo como las 7 de la noche del día 20, en Castilleja de la Cuesta, dicho Recacha, acompañado del Alguacil José Ortiz Vázquez y del testigo don Juan de Chávez Pacheco y de este Notario, fueron a casa de Bermudo, dejando fuera de ella al expresado Alguacil ad cautelam, y se le hizo presente a la sobrina, que estaba acompañada de don José León, Pedro Núñez, don Antonio Vanderleye y José de Chávez Caro, el objeto de la visita (repite lo expresado anteriormente); en la alcoba encontraron la cruz parroquial de plata, un incensario de lo mismo, las crimeras y vaso de Santo Óleo para los enfermos y una concha de bautizar, todo de plata, los Libros Parroquiales y Padrones, y en un escaparate abierto dos purificadores, ocho pares de corporales, dos admitos, dos cíngulos, una toalla de manos y cuatro albas. El Vicario mandó poner todo por Diligencia, en la que fueron testigos don Juan de Chávez Pacheco, don José León, don Antonio Vanderleye y Pedro Núñez, vecinos de esta Villa. Y para que conste, lo firma Hinestrosa, en Castilleja a 21 de noviembre de 1826.

El religioso que estaba en el Palacio del Abad cuando don Juan de Mata Redondo se presentó fué el Reverendo Padre fray Gerónimo Pizarro, que requerido por el Padre Guardián del convento del Loreto fray Francisco de Paula González, dijo que nada oyó de lo que hablaron, como tampoco el Prebendado don Andrés Delgado, que le acompañaba; sólo que salieron y el Abad dijo que mandasen el desayuno al señor Redondo, al que dijo que, como particular todo estaba a su disposición, pero como Notario, nada. Dado en el Convento de Loreto, 19 de diciembre de 1826. Dirigido al Señor Canónigo Provisor don Luis Gonzaga Colón.


                     Ni oyeron ni vieron, ergo no tienen nada que declarar.

Declaración de don Joaquin María de Torres. En Sevilla, a 23 de diciembre, ante Colón y el Notario Olaerrota, dijo que acompañó a Olivares a Mata Redondo, a donde llegaron poco antes de las 12 del mediodía; vieron inmediato al Palacio a un eclesiástico, al que le preguntó Redondo si sería hora oportuna para ver al Abad; contestó que sí, y Redondo, despidiéndose del declarante y señalándole la casa donde debía aguardarle, entró en el Palacio; pasó hora y media, y decidió abreviar la comisión porque la tarde estaba mala; llamó al Palacio, y le abrió un joven vestido de clérigo, al que dió recado para Redondo; al momento salió el Abad, y el declarante lo saludó y besó la mano, y tras él, Redondo; el Abad lo invitó a entrar con pretexto de enseñarles una sala, infiriendo el que declara que quería enseñarles las piezas del Palacio, pero entraron en una habitación con una mesa puesta, y a la cabeza una señora, que mandó traer la comida. El que declara le manifestó que no, que debían comer en Villanueva, pero el Abad insistió diciendo que si le daba vergüenza se retiraría, y con tal obligación tan obligatoria (sic) condescendieron ambos y se sentaron los cuatro, y la señora preguntó al Abad por el contenido del Oficio: "nada, nada", le contestó; y entonces don Juan de Mata sacó los papeles del sobre y dijo que se los podían quedar, porque ya los había leído el Señor Abad, quien contestó en ademán de mofarse que se los llevase otra vez, porque ya le había dicho que si no quería ver desairada la firma de su Provisor, los recogiese, pues si no los quemaría delante de él para que llevase la noticia; y la indicada señora volvió a instar después de esto, para que se le diese una copia, lo que no consintió el Aba, encargando mucho a Mata para que le dijese al Señor Provisor que no mandara mensajitos, porque al que lo llevase lo tiraría por la escalera, y que también dijese a Su Eminencia que el Abad de Olivares era Mariscal, que ya sabía que tenía carácter, y amenazando continuamente con el Pueblo y con que ya sabía la Cámara la alhaja que era Cienfuegos y sus colegas. Que con las repetidas instancias que hizo el declarante para retirarse, apoyadas por don Juan de Mata, llegó la hora de despedirse, dándole a este el Abad en encargo de que dijese a Coloncito [Colonsito, en el original] que era muy niño, y que tenía Juzgado para lo que tuviese que decir, reiterándole a Mata el encargo de que no fuese otra vez con mensajes como Notario, porque entonces no volvería a Sevilla. Es todo lo que tiene que decir. Es de 30 años de edad y firma, con Colón y Olaerrota.

Auto. En Sevilla a 15 de enero de 1827 el Señor Provisor Vicario General del Arzobispado, ante el Notario infrascrito, mandó que se lleve todo el Expediente a la Vista para proveer Justicia. El mismo día, Olaerrota citó para Vista del Expediente al Fiscal General del Arzobispado. Firma, Manuel Jiménez, Notario.

Auto. En Sevilla en 26 de enero de 1827 el Señor don Luis Gonzaga Colón, habiendo visto el Expediente, aprobó las diligencias practicadas, mandando que se remita testimonio íntegro de ellas a la Secretaría de Cámara de Su Eminencia el Cardenal Arzobispo. Firman Colón y Olaerrota. En dicho día Olaerrota notificó el auto precedente a don Juan Vaquerizo, Fiscal General, en su persona.

Luis Gonzaga pasa copia de Oficio al Secretario de la Cámara, Alas Cienfuegos, para que lo haga llegar al Arzobispo, quien resolverá lo que tenga a bien. 31 de enero de 1827. Olaerrota da fé de la entrega al Secretario Cienfuegos el mismo día.

Y así, abruptamente, acaba el cuadernillo que dejó testimonio del calvario pasado por un anciano que se aferraba a sus prebendas en el convencimiento de que cualquier cambio era para peor. Porque ciertamente, algunos curas, pillados en trampas e intrigas o por sus propias incompetencias e incapacidades, acababan míseros, viviendo de puras limosnas.
Nos queda la esperanza de saber qué ocurrió en Madrid con el pleito seguido —y al parecer ganado— por el Abad y quiénes fueron sus protagonistas; quizá conste en algún archivo y podamos prontamente ofrecerlo en nuestro blog. Por último, un enlace para conocer los últimos días del Abad Mariscal: http://www.jerezsiempre.com/index.php/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Mariscal_y_Rivero

...........................

Se nos había ido el santo al cielo con este novelesco episodio; ahora retomaremos el asunto de la genealogía de José Ortiz Navarro, el oficial carlista castillejeño en la 3ª Guerra, y luego seguiremos las aventuras del Sargento 2º Francisco Oliver en tierras navarras, en la 1ª.
También habíamos dejado atrás un dato importante: al final de la entrada http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2015/10/padron-1c.html anotamos: El 1º de febrero de 1859 María Gabriela, Gabriel, Manuel y José Ortiz Navarro, vecinos de esta Villa, y Francisco Ortiz Navarro, vecino de Umbrete, todos mayores de 25 años, contrajeron una deuda de 8.074 reales con don Manuel Valero Prado, vecino de Sevilla, mayor de 40 años, propietario, de estado casado.
Hipotecaron al pago una casa situada en La Plazuela de la calle de Abajo, el nº 35 que hacía frente a la parte de Sevilla, compuesta de varias piezas en piso bajo y alto, cocina, cuadra y un pedazo de terreno a su espalda sobre el lado de Poniente con algunas estacas de olivo y otros árboles, linde Mediodía y Levante con la expresada Plazuela y calle de Abajo, Norte con la del Convento y casa de la misma propiedad que estaba vendida a Francisco Quintanilla, y Poniente con tierras del que fue Convento, que posee D. Esteban Velasco. Documento fechado el 16 de septiembre de 1864, siendo testigos Juan de la Rosa Oliver y Joaquin Mendoza Caro. Lo cual nos va a aclarar mucho más de lo que imaginábamos sobre los Ortiz.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Padrón 1s



Testigo, don José Oliver. En acto continuo declaró el Alguacil Eclesiástico don José Oliver (Alguacil de la Concepción). Vive en la Calle Real, en casa propia inmediata a la Iglesia Provisional, cuyo edificio es también suyo propio, y estando fuera de la puerta el viernes 17 de noviembre, llegó al mismo sitio el Abad, acompañado de la Justicia de Castilleja y tres señoras en cuerpo, cubiertas las cabezas con sombreros, y desde allí mandó el Abad ir a casa de Bermudo por las llaves, y al no querer entregarlas conferenció con el Alcalde y mandó después al Alguacil Eclesiástico de Santiago en busca del herrero, que vive en la propia Calle. El testigo oyó decir al Alcalde, dirigiéndose al Abad, que no daba licencia para que se descerrajasen las puertas; el Abad le contestó que él lo mandaba, y seguidamente el herrero las descerrajó; entró el Abad con su comitiva y las tres señoras con el traje de camino que llevaban diciendo: "esta bamos (sic) ¿vamos? adentro a tomar posesión de lo que también es nuestro"; hecho esto, fueron a la iglesia que se estaba labrando, y haciendo arrancar una herradura con que estaba cerrada la puerta, entraron; lo que hecho, el Abad se retiró para Olivares, llevando en su coche las tres señoras que trajo en su compañía; que ha oído decir a diferentes personas del pueblo que al Cura lo querían llevar preso, y temeroso de que cometieran una tropelía se quitó de en medio. El testigo no sabe firmar, y tiene 84 años de edad*.

* O sea, que el octogenario don José Oliver nació en 1742 según su fiable cuenta (fiable porque como Alguacil Eclesiástico de la Inma-culada Concepción tendría acceso a los Libros de Registros Bautismales y al suyo propio, máxime en la tesitura en que se encontraban dichos Libros, codiciados por el Abad/Lobo y por lo tanto, resguardados por el anciano Alguacil de sus afilados colmillos). Al decrépito beatón lo llevarían a declarar al Palacio Arzobispal de Sevilla como quien lleva a la Fragilidad personificada.
Llama la atención porque en aquellos tiempos la gente sabía su edad "por aproximación", y en los documentos se utilizaba la fórmula "poco más o menos" por dicha razón. Nosotros hemos afinado al máximo según nuestras capacidades, encontrando en el 44 la siguiente partida, única de un José Oliver en el 42 poco más o menos:

"En nueve días del mes de febrero de mil setecientos cuarenta y cuatro años yo, don Miguel Vázquez Forero, Vicario y Cura Beneficiado de la Villa de Castilleja de la Cuesta, bauticé en la Iglesia de Nuestra Señora de la Inma-culada Concepción a José ¿Andrés? Blas, hijo legítimo de Diego Oliver y de Beatriz Ortiz; fueron sus padrinos Pedro de Santiago y María Ortiz, todos vecinos de esta dicha villa; les advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones y lo firmé, fecha ut supra. Miguel Vázquez Forero."

                                                Dinerillo de la época

Pero en el Padrón de 1803 constan en la Calle Real un "Juan de Oliver conosido por Josef", un "Josef de Oliver casado tienen hijas", y un "Josef Oliver Ortiz, casado sin hijos (que coincide con el de la Partida)". Y en el de 1818 de dicha Calle aparecen también tres "José Oliver".

Volvamos al Palacio Arzobispal. Testigo, Juan Negrón Navarro. Al día siguiente, 6 de diciembre, compareció Juan Negrón, quien no recuerda el día que llegó el Abad a Castilleja, pero que fué a mediados de noviembre; el testigo estaba sentado en los poyos de la puerta de su casa, que está inmediata a la Iglesia, dando vista a la del cura Bermudo; vió llegar a un hombre vestido de frac* a la puerta de dicho cura, y entró, aunque no puede decir si se quedó en el zanguán o portal que forma la casa o entró a las habitaciones, pues desde su casa no se vé mas que la puerta de la calle; a corto rato llegó el Señor Abad acompañado de las Justicias de Castilleja y otras distintas personas de la misma Villa y de Olivares, y tres señoras que traía en su compañía, con trajes de camino y cubiertas las cabezas con sombreros; llegaron todos enfrente de la obra de la Iglesia Nueva y desde allí mandó el Abad por las llaves a casa de Bermudo, que no se las entregó; el Abad conferenció con el Alcalde, que según entendió el testigo se reducía a que dicho Alcalde mandase descerrajar la puerta de la Iglesia, Alcalde que se repugnaba a hacerlo, diciendo entonces el Señor Abad "pues yo lo mando", y acto seguido partió José Ortiz, Alguacil Eclesiástico de Santiago, en busca del cerrajero, que tiene su obrador en la misma calle; abrieron las puertas, primero las de la obra nueva, donde entraron todos los concurrentes, y luego las de la Iglesia Provisional, donde también entraron todos y las tres señoras; luego se retiraron todos y se marchó el Señor Abad a Olivares con las tres señoras en su coche; y oyó decir después el testigo que aquella noche, por temor a que lo llevasen preso, Bermudo se salió de su casa y se fué a la de un amigo suyo, donde había permanecido hasta que de madrugada lo sacaron de ella don Antonio Vanderleye, Francisco Núñez y Juan Cabrera, que lo acompañaron al barrio de Triana; el que depone fué testigo de lo que muchos pasajeros que transitaban por la Calle Real decían en el acto de estar descerrajando las puertas de la Iglesia, escandalizados de semejante operación, y a no estar tan bien querido el cura Bermudo en el pueblo, hubiera sido temible un acontecimiento funesto aquel día. Tiene ¿76, 66? años, y no sabe firmar.

http://modadossiglosatras.blogspot.com.es/2012/05/el-frac-en-espana.html

Testigo, Manuel Cumbreras (ver infra). En acto continuo el vecino de la Calle Real Manuel dijo que el día 17 llegó a Castilleja el Abad, y oyó que se decía iba a tomar posesión de la Iglesia de la Concepción; como a hora del mediodía llegó un hombre a casa del Cura con objeto sin duda de pedirle las llaves; y estando el Abad en el Molino de don Antonio Sergeant en una sala, despachó en seguida a otro hombre en busca de las llaves, y estando el testigo a la parte de fuera de dicho Molino le oyó al hombre decirle al Abad que el Cura se resistía, por no tener orden alguna superior; luego en la conferencia oyó decir al Alcalde "que no mandaba en las cosas de la Iglesia"; cuando llegó el cerrajero salió el Abad del Molino, que está enfrente de la Iglesia Provisional, etc. etc. (repite lo que dijeron los testigos antecedentes). Dice que le llamó mucho la atención, como a otros vecinos del pueblo, que el Cura de Santiago no acompañara al Abad en este acto, como su Jefe que era, lo que tal vez sería por respeto al pueblo, donde no está muy bien querido; que muchas personas que transitaban por su camino por la Calle Real vieron este suceso, y no dejaron de prorrumpir expresiones notando por desacato la apertura de las puertas con violencia, y la gente de la Calle Real estuvo bastante incomodada, y a no ser por el afecto que profesan al cura Bermudo, que por tantos años les ha administrado el pasto espiritual, hubiera habido tal vez algún funesto acontecimiento; que dicho Bermudo, por las voces que corrían por el pueblo de que lo iban a prender y a llevarlo a Olivares, se vió en la precisión de abandonar de noche su casa pasando a la de un amigo suyo, desde donde lo condujeron al barrio de Triana tres vecinos de esta Villa. Firma, con Colón y Olaerrota, y es de 43 años de edad.

Testigo, José Oliver Rey. En acto continuo testificó don José Oliver Rey, vecino de la Calle Real, que estando como al mediodía del 17 de noviembre en su casa, inmediata a la obra nueva de la Iglesia, vió llegar al Abad con diferentes personas, que se detuvieron en las puertas de la Iglesia Provisional, y al ver que estaban cerradas se fué el Abad a un molino de aceite que está enfrente de la misma Iglesia Provisional, propio de don Antonio Sergeant, de esta vecindad; vió al Alguacil ir a casa del Cura, diciéndose entre la gente que allí estaba reunida que iba mandado por el Abad a traer las llaves... (repite lo que los anteriores); cuando el cerrajero abrió las puertas con violencia descerrajando sus cerraduras entró primero el Abad con una señora vestida en traje de camino y cubierta la cabeza, que decían ser su sobrina, y otras dos que la acompañaban cubriéndose sus cabezas con pañuelos o mantones que llevaban por los hombros, y seguidamente entraron las demás personas concurrentes, y observó que el señor Alcalde por el Estado Noble don José Oyega se quedó en medio de la Calle, sólo con su bastón en la mano, sin que el testigo le viere entrar en la Iglesia; luego salió el Abad con su acompañamiento, se dirigió a la casa de su apeadero, y después emprendieron el camino a Olivares; le llamó la atención al testigo la ausencia del Cura de Santiago, que atribuye a lo mismo que el anterior testigo: a estar poco estimado en el pueblo. Habiéndo ido a los cuatro o cinco días después el Reverendo Padre Definidor del Convento de San Diego de Castilleja a la tienda-barbería del testigo para que lo afeitase**, refiriendo el escándalo del pueblo y de todos los forasteros que transitaban por la Calle Real, con peligro del mismo pueblo a acontecimientos funestos, le dijo el dicho Padre Definidor que había salido la Comunidad a recibir al Abad el día que llegó, y no tuvo la atención y urbanidad de apearse ni parar su coche, y solamente mereció la Comunidad que una de las señoras que venían en el coche dijese: "venimos a tomar posesión de lo que es mío, pues lo ha ganado mi tío"; dice el testigo que ha oído decir a personas del pueblo que dos veces mandó el Abad traer las llaves y que la segunda fué con la amenaza de que si no las entregaba, sería conducido el Cura preso al castillo que llaman de Olivares, y que por ello el Cura se escondió, etc. (repite lo mismo que los anteriores). Tiene 28 años, y firma con Colón y Olaerrota.



** Hasta final del siglo XX alcanzó a través de esta rama de los Oliver la práctica de la profesión de barbero. Mantuve muchas conversaciones con mi pariente el último Oliver barbero, tras la Transición, compartiendo nuestros ideales de izquierda y de revolución social. Él había conocido a la Castilleja republicana y guardaba en su memoria muchos acontecimientos de aquellos años, habiendo sido testigo de lo más miserable que puede albergar el ser humano. Por vía oral de sus descendientes supe que en una obra de remodelación acometida en su casa familiar de la Calle Real, entre otros objetos que consideraron inservibles se deshicieron de una caja que contenía utensilios del oficio, con apariencia decimonónica, "muy antiguos".
Dice el testigo Oliver Rey que "su casa está inmediata a la obra nueva de la Iglesia", lo cual indica casi con total seguridad que desde entonces no ha variado de ubicación.


Silla de barbero-dentista, francesa, del XVIII, con respaldar inclinable.



Tornillo-forceps de 1840. Los barberos eran a la vez dentistas y sangradores, y hacían pequeñas operaciones de cirujía.

El dueño del molino de aceite, don Antonio Sergeant y Mendívil, quien años después de cobijar al bestial Abad de Olivares cuyas actuaciones narramos fué III marqués de Monteflorido por renuncia de su hermano mayor, que no tenía dinero para pagar los derechos del título. Este Antonio Sergeant, el del molino de aceite en la Calle Real frente a la Iglesia, fué además alférez de la Armada. Se casó en Sevilla con Cayetana de Aguilar y Cueto. A su muerte se interrumpió la sucesión del título. Su padre, Felipe Sergeant y Salcedo, I marqués de Monteflorido era hijo de Philippe Sergeant, agente comercial flamenco afincado en Sevilla, regidor de Amberes, y casado en segundas nupcias con Vicenta de Mendívil y Colarte, en Sevilla.
Eduardo Benjumea y Zayas, IV marqués de Monteflorido, propietario agrícola de Arahal, rehabilitó el título en 1907 alegando ser descendiente por línea materna de la rama familiar originada por el matrimonio de Vicenta Sergeant y Miguel de Zayas. Estractado de Wikipedia (Marquesado de Monteflorido).


 Azulejo con el escudo de Felipe Sergeant, marqués de Monteflorido desde 1771, ubicado originalmente en la fachada de la hacienda de San Rafael, en Castilleja de la Cuesta.

Testigo, don Andrés Milen. Seguidamente declaró el Profesor de Cirugía y vecino de Castilleja con casa en la Calle Real don Andrés Millen (según otra lectura). Tuvo noticias de que el día 17 iba a venir el Abad de Olivares a Castilleja, y entonces fué a la casa del cura Bermudo a saber si era cierto; el Cura le dijo que sí, que le había mandado un Oficio diciéndole que al paso por allí hacia Olivares quería hablarle, y con ese motivo se estaba preparando para recibirle; entonces oyó las campanas de la Iglesia de Santiago avisando de la inminente llegada del Abad, por lo que dejó al Cura en su casa y fué a otra casa a la entrada de la Calle Real, para verlo llegar; primero pasaron algunas personas a caballo y en seguida llegó el coche de Su Señoría, donde venían tres señoras, aunque no pudo ver al Abad; luego lo vió apearse en la casa de morada del Cura de Santiago, y visto esto, el testigo se vino a la Calle Real, enfrente de la casa de Bermudo; al poco rato llegaron el Abad, las tres señoras, parte de las Justicias y algunas personas de Olivares y de Castilleja; llegó el Abad hasta enfrente de las casas donde está la Iglesia Parroquial, donde le vió hablar con un hombre vestido de frac y hacerle con la mano la acción de que se dirigiese a la casa del cura Bermudo, adonde llegó dicho hombre, y el testigo, como estaba enfrente de la casa muy inmediato a ella, le oyó al citado hombre pedirle las llaves de la Iglesia, y la contestación del Cura negándose a entregarlas, diciendo que no tenía órdenes de su superior para entregarlas; se retiró el hombre del frac para dar noticia al Abad, y entonces éste volvió a mandar a don Manuel de Hinestrosa, escribano del pueblo, a la casa, con cuyo Cura habló pidiéndole las llaves; el Cura se volvió a negar y el escribano informó al Abad, y entonces éste se pasó al molino de aceite de don Antonio Sergeant, con la Justicia y parte del acompañamiento, molino que está enfrente; habiendo salido el Abad a la calle le preguntó al Alcalde que si había algún cerrajero que descerrajase las puertas, y el Alcalde le contestó que sí había, pero que él no podía mandar semejante cosa, a lo que repuso el Abad: "pues yo lo mando, que esta es mi casa y yo puedo mandar en ella", dándose un golpe en el pecho; y al poco rato trajeron al cerrajero y abrió las puertas; entraron los concurrentes, y abrieron también con violencia la puerta de la obra nueva, entrando en ella, con cuyo acontecimiento estuvo el pueblo bastante conmovido, tanto hombres como mujeres, pero todos mantuvieron el orden, porque tanto les había recomendado y encargado el cura Bermudo, a quien le han respetado siempre por la consideración que se merece; y no solo los vecinos de la Calle Real estuvieron incomodados con este acontecimiento y modo con que se efectuó, sino también los trajinantes y transeúntes que pasaban por la misma Calle por la hora del mediodía, causándoles a todos no poco escándalo; el señor Abad, concluido el objeto de su diligencia, se retiró en su coche a Olivares con las tres señoras; añade el testigo que la segunda negación del Cura a entregar las llaves debió incomodar tanto al Abad, que le oyó decir: "pues no las quiere dar, me lo llevaré preso"; que esta voz cundió en el pueblo, haciendo que el Cura huyese de su casa (y aquí repite lo dicho por los testigos anteriores). Tiene 37 años de edad. Firman el testigo, Colón y Olaerrota.

Testigo, Juan de Oliver. El día 7 de dicho mes de diciembre declaró don Juan de Oliver, vecino de la collación de Santiago, a quien (como a los anteriores) le fué leída la exposición de don Joaquin Bermudo y Leila. Dijo que estando el viernes de noviembre pasado en un olivar de su propiedad inmediato al pueblo, vió un coche de camino con seis mulas que se dirigía al pueblo, en el cual iban unas señoras, aunque no vió al Abad; siguió al dicho coche acercándose para conocer las personas que iban dentro, y vió en la ¿tartera? al señor Abad, siguiendo el testigo en pos del coche hasta el pueblo; bajaron el Abad y las tres señoras en la casa del Cura de Santiago; quedó el testigo observando desde las casas de su morada, que están junto a las del citado Cura; vió salir un hombre vestido de frac que se dirigía a las casas del cura Bermudo, y para cerciorarse fué el testigo al postigo de la suya, que tiene comunicación con la Calle Real, y vió entrar al dicho hombre en la casa del Cura, mas no puede decir lo que allí pasó; lo vió salir, hablar con el Abad y dirigirse todos, señoras y acompañamiento, a la Calle Real, y enfrente de la Iglesia volvió a mandar al hombre del frac con el Alguacil Eclesiástico de Santiago a la casa de Bermudo, imaginando el testigo que sería para pedirle las llaves de la Iglesia; y mientras volvían, entró el Abad en el molino de aceite de don Antonio Sergeant, que está enfrente, donde recibió la respuesta (se repite la escena del cerrajero y la negación del Alcalde); dijo el Abad que aquello era suyo, pues lo había ganado; al menos una de las señoras llevaba la cabeza cubierta con sombrero, y las tres en traje de camino; pudo oir el testigo a las gentes del pueblo que allí se había reunido, como a las muchas que transitaban para sus pueblos y destinos, palabras de admiración y de escandalizarse, teniendo por desacato la violencia con que se habían abierto las puertas del templo, entrando en él con poco respeto, y a no ser por el amor que le profesan los vecinos de la Calle Real a Bermudo, que por tantos años les ha administrado el pasto espiritual, y a los consejos que les había dado, hubiera sido temible un acontecimiento funesto; luego se retiró el Abad y compañía a la casa del Cura de Santiago, tomaron el coche y partieron para Olivares; en la reunión oyó decir el testigo que el Abad había dado orden de prender a Bermudo y conducirlo al Castillo de Olivares, con cuya noticia el Cura se salió de su casa por las tapias del corral, pasándose a otras inmediatas, desde donde tres vecinos lo llevaron en la madrugada de aquella misma noche a Triana, donde permanece en un lugar cerca de dicho barrio. Tiene 60 años, y firma, con Colón y Olaerrota.



Diligencia en dicho día. El Fiscal General del Arzobispado, doctor don Juan Vaquerizo, ante el Notario Mayor Olaerrota, dice que no presente más testigos, y que se reserva a hacerlo cuando convenga.

El 9 de diciembre ordena el señor Provisor Vicario General del Arzobispado que por el Encargado don Juan de Mata Redondo (Notario Mayor del Juzgado Eclesiástico)* se entreguen las Diligencias al Abad de Olivares. El notario Olaerrota anota que van en ocho hojas.

* Vivía en la calle Génova nº 54 en el año 1832, según la Guía de Forasteros de la ciudad de Sevilla. No hay que confundir con la calle Génova actual, que está en Los Remedios. Esta otra se denominó desde el siglo XIII así, y la formaba el primer tramo de la Avenida de la Constitución desde el Ayuntamiento hasta el cruce de Alemanes y García de Vinuesa. La habitaron individuos procedentes de esa ciudad italiana a raíz de la conquista castellana, y mantuvo ese nombre hasta 1897.
Era don Juan de Mata Redondo un hombre con cierto sello de distinción y dignidad, ya sobrepasada la primera mitad de los sesenta y con la vista puesta en los setenta inviernos, pero todavía ágil como para montar a caballo tres o cuatro horas sin apearse. Calvo, de piel pálida y apergaminada, elegante en su atuendo, gastaba bigote y perilla frondosos y completamente albos.

El infrascrito Notario Oficial 2º (don Juan de Mata Redondo) del Oficio 2º del Tribunal del Provisorado de esta ciudad de Sevilla da fé que el día 29 de noviembre, siendo como las cuatro de la tarde, le entregó don Juan Antonio de Olaerrota, Notario Mayor del Oficio 1º y de Gobierno de dicho Tribunal, un pliego cerrado cuyo sobre decía: "Al Muy Ilustre Señor Abad de Olivares, del Provisor de Sevilla", con encargo del Señor Provisor de entregarlo al Abad. Siendo como las ocho de la mañana del siguiente día 30 salió en compañía de don Joaquin María de Torres y Úbeda, Procurador de los Tribunales Eclesiásticos; llegaron a Olivares a las doce del mediodía, y en la Puerta del Palacio donde mora el Abad vieron atravesar por la calle contigua a don Manuel de Mármol, Presbítero secularizado, a quien le habló y le preguntó si tenía noticia de si estaba el Señor Abad en su casa, y le contestó: "es muy posible", y sin hablar cosa alguna ni despedirse continuó su camino; y en acto continuo don Juan de Mata subió la escalera que está enfrente de la puerta de la calle, llamó en la habitación, y salió una mujer, al parecer sirvienta, a la que le preguntó si estaba el Señor Abad en casa, y le dijo que sí, y le contestó que le pasase recado de que quería hablarle una persona; la mujer cerró la puerta sin permitirle entrar, y estuvo esperando la razón como una hora, al cabo de la cual vino un niño vestido en clase de estudiante, y le dijo que entrara; pasó a una sala donde halló a un hombre vestido con traje episcopal, y haciéndose cargo que sería el Señor Abad lo saludó atenta y cortesmente, poniendo en sus manos el pliego que traía, diciéndole ser un Oficio del Señor Provisor de Sevilla; lo recibió, y le dió por contestación, aun sin abrirlo, las siguientes palabras: "poco tiene que escribirme el Provisor de Sevilla"; tomó asiento y se lo hizo tomar, abrió el Oficio, leyó su contenido y el de un Testimonio que iba dentro de él, e inmediatamente lo tiró sobre una mesa, y con el impulso que lo tiró cayó al suelo, diciéndole seguidamente en voz descompasada las palabras que copia: "cójalo Vd. y dígale al Provisor que soy un ordinario (sic) y no niño como él, que no me venga con Oficios, que todos los he de quemar", con otras expresiones que por decoro y decencia omite estamparlas, por ser groseras y ajenas de su carácter. Le contestó con urbanidad diciendo que mediante a que lo había leído, debía quedarse con él, pues ya lo había recibido, y me volvió a repetir lo que sigue: "lléveselo Vd. inmediatamente, porque el Abad de Olivares tiene carácter y no es como el Provisor de Sevilla, conmigo no tiene que entenderse, y sí con la Cámara: al Arzobispo le avisé por medio de don Agustin Moreno que había ganado el pleito, y que iba inmediatamente a tomar posesión de la Iglesia de Castilleja, y no quiso tener el honor de contestarme, pero como yo le conozco hace tanto tiempo, dije: dejémonos de tonterías y vamos a tomar posesión de la Iglesia. Y lo ejecuté, y siento en el alma no haber puesto preso al Cura, que no vendría con relación de ciegos". Preguntó el Abad al emisario qué era en la Curia de Sevilla, si Produrador, Escribano, Notario o Agente, y le contestó lo que era, a cuya respuesta le dijo que: "si no tomaba los papeles y se marchaba inmediatamente, tenía pistolas para hacer que lo matasen; pero que esto era como individuo de la Curia de Sevilla, mas como particular era su amigo, porque Mariscal es bondadoso, aunque no le pisa nadie la cola", con otras palabras que estampa a la letra: "conozco mucho al Arzobispo; lo he visto de paje, después de canónigo, de obispo de Cádiz, luego de arzobispo de Sevilla, de cardenal... ¿y, por qué? Por intriga; pero ya la Cámara tiene noticia de sus habilidades, y de las personas que tiene a su lado; estoy loco en pensar que se atrevan con Mariscal, la Cámara sabrá quiénes son cada uno de esa canalla". El emisario le hizo algunas reflexiones con la debida moderación, las que no escuchó ni estaba capaz de escucharlas, y manifestando su cólera en el semblante y en sus expresiones, habiéndo recogido el Oficio caído en el suelo, le dijo: "tome Vd. el Oficio y quítese de mi presencia, porque cuarenta hombres me acompañan a Castilleja, lo bastante como para sujetar a un pueblo, aunque bárbaro; y si doy una voz, va Vd. a ser víctima en el acto; y dígale al niño Coloncito que no me mande más mensajes, porque el que los traiga lo tiraré por la escalera, y  despues veremos si llega vivo a la calle". Esto pasó entre los dos, y después lo llevó a una sala donde estaban una mujer y un religioso del Convento de Loreto, a quien en su presencia le convidó para que predicase en la Colegial el sermón del día de la Purísima Concepción, y un escribano a quien decían don Andrés, ante quienes refirió todo cuanto había pasado entre los dos y lleva referido y estampado, y el religioso se puso en ademán como de asombrarse, diciendo que no quería saber nada de tal suceso; la señora tomó también la palabra, interesándose por el Señor Abad, y no pudo por menos el emisario decirla que eran negocios ajenos de su sexo; con lo que se concluyó la conversación por aquel momento, marchándose las tres personas y quedando solo el Abad y el mensajero; aquél preguntó a éste si quería comer, y aunque le contestó negándose a ello, a fuerza de sus instancias, porque no lo tuviese por grosero y desatento, aceptó su convite, diciéndole que en la puerta le estaba esperando un amigo de Sevilla, que había venido en su compañía para ir a la Posada, e inmediatamente el mismo Abad le abrió la puerta a don Joaquin María de Torres y Úbeda para que también se quedase a comer; a los dos los condujeron a un departamento donnde estaba dispuesta la mesa, y les sirvieron la comida, estando presentes el Abad y la señora anterior, que según entendió, era su sobrina; y durante la comida refirió dicho Señor Abad las mismas palabras antes expresadas, aunque no con el tono altanero y ensoberbecido que antes había usado, refiriéndole y reencargándole las cláusulas: "diga Vd. al Señor Coloncito que no me mande ningún mensaje, porque el conductor será arrojado por la escalera, y si el Provisor de Sevilla se me presenta, lo llevaré preso a la Torre de San Eustaquio de Sanlúcar la Mayor"; cuyas cláusulas las repitió seguramente más de cuarenta veces, para que así se lo manifestara, no solo al Señor Provisor, sino a todos sus secuaces, con expresiones insultantes a Su Eminencia el Cardenal Arzobispo su Señor [del emisario] y a sus familiares, que por decoro y atención las omite. Y así que acabó de comer se retiró con su compañero de viaje, despidiéndose del Abad y pasando a hacer noche a Villanueva del Ariscal, por ser ya más de las cuatro de la tarde y hacer tiempo bastante tempestuoso. Y para que conste lo pone por Diligencia, uniendo a continuación el Oficio y testimonio abierto con su cubierta. En Sevilla, a 1º de diciembre de 1826. Juan de Mata Redondo, Notario.




Por esta escalera amenazó el Abad Mariscal (retratado más abajo, con las carnes prietas denunciando buen año) con tirar al Emisario. Quien esto escribe más de una vez ha almorzado con las posaderas en uno de esos escalones, cerviz hundida por los pasamanos metálicos, bicicleta aparcada a la vista y la mente expandida en plaza tan histórica (perdón: en plaza con tanta historia).


Y bien, al fin y a la postre los dos caballeros habían sacado al menos las andorgas repletas por la patilla. Lo malo fué que entre Olivares y Villanueva les cayó un diluvio frío y mortal. Aunque en la posada aliscareña durmieron calientes y en seco, por la mañana don Juan tenía una medio pulmonía encima y a duras penas pudo encaminarse con su compañero hacia Sevilla, entre toses ahogadas por una espesa bufanda. Todo el paisaje matutino estaba borrado por una niebla helada, y al pasar por nuestra Villa, a la altura de la Obra Nueva y Vieja de la Inmac-ulata en la Calle Real clavaron ambos en sus puertas astilladas sendas miradas preñadas de odio.



Pasaron dieciséis días sin que pareciera moverse una hoja. La burocracia se mueve con lentitud, y mucho más si es la eclesiástica, en la que, entre hondas reflexiones y jícaras de chocolate se toman sus sosegados administradores al pié de la letra la paciencia proverbial del patriarca bíblico Job, prohibiéndosele con gesto enérgico al Tiempo la velocidad acostumbrada en su devenir (para comprobarlo basta darse una vuelta por el sevillano Palacio Arzobispal, por sus patios umbríos donde los limoneros, perchas de un sinnúmero de gorriones y recipientes en sus añosos troncos de las chispas de plata de las fuentes, despliegan sus flores y frutos perfumando el aire encajonado en la intimidad).
Por sus amplias escaleras decoradas con viejos óleos de religiosos pálidos, tristes y orondos, subieron y bajaron nuestros —en su mayoría— analfabetos pueblerinos castillejanos, cohibidos y timoratos, a declarar.
Mientras el viejo cura Bermudo Leila languidecía en su escondrijo trianero, sintiendo a través de la ventana velada con semiopaca arpillera de su habitación el bullicio marinero y fluvial del célebre arrabal, el griterío, las risas y el estrépito, y animándose a ratos pensando que peor era el constante campaneo en la húmeda y tenebrosa torre-prisión de la iglesia de San Eustaquio en Sanlúcar la Mayor que le deparaba el demoníaco Abad Mariscal.

La última partida de Bautismo en la Concepción con letra y firma de Bermudo Leila tiene fecha de 7 de noviembre de 1826; le sigue una nota de Recacha: "En 17 de noviembre de este presente año de 1826 el Reverendísimo Señor Abad de Olivares Doctor don Jose Marical y Rivero personalmente volvió a tomar posesión de esta Parroquia de la Purísima Concepción en la Calle Real de Castilleja de  la Cuesta y me puso por Cura Interino de ella y Vicario del Partido." Y el 10 de diciembre bautizó al primer niño, hijo de José Tovar y de Josefa Navarro.

El último casamiento ejecutado por Bermudo es del 12 de octubre de 1825 (ella, la esposa, es María Josefa Cumbreras, natural de Lebrija, hija de Manuel Cumbreras —quien declaró como testigo, ver supra— y de Bárbara Benitez.) Inmediatamente está escrito "1826" y "1827", año este en que empieza Recacha con un sólo registro de boda, para seguir ya con normalidad en 1828. El último entierro lo firmó el viejo Bermudo el 3 de noviembre de 1826, de Francisco de Paula, hijo de Manuel de Torres y de Antonia Rodríguez; vivía en la Calle Real. Entre este folio hay una hoja impresa que presentamos en la foto que sigue.


Está dirigida al Señor Cura más antiguo de la Parroquia de la Calle Real de Castilleja de la Cuesta y su firmante revela nepotismo. Y ya en 26 de noviembre aparece José María Recacha como Vicario y cura interino de la Inma despidiendo difuntos, con uno sólo este año, Juan Tovar, marido de Elena López.
En lo que son los Libros de la Calle Real, a Bermudo no se le vuelve a ver el pelo.


Continuaremos, en dicho Palacio del Arzobispo sevillano, en 16 de diciembre de 1826. Pero no perdamos el norte: no hay que ir a Salamanca para suponer que entre la gente que veía trabajar al cerrajero aquel funesto día estaban algunos adolescentes, entre ellos el futuro Capitán Oliver, adivinando los glúteos, los muslos y los senos que las tres señoras ocultaban bajo sus "trajes de camino".

Buscar en este blog