domingo, 18 de octubre de 2015

Padrón 1e



—¿Qué alega usted?
—Pues verá... soy corto de pellejo.
—¿¡Corto de pellejo!?
—Sí señor: cuando cierro los ojos se me abre el culo.


—Y usted... ¿que alega?
—Hola. Yo alego lelojes.



Ayer cené, entre otras menudencias, esta pera. Lo hice no sin cierta repugnancia,
recordando lo que Prosper Mérimée (1803-1870) escribió a su amigo Henri Beyle, "Stendhal" (1783-1842), acerca de las aventuras de alcoba y de la forma y tamaño del falo del rey Fernando VII. Contaba de éste que era fino como una barra de lacre, pero con un glande descomunal que dificultaba, si no imposibilitaba, las relaciones sexuales (Amplia información sobre ello en Internet:

Y tras esta introducción informal, para equilibrar con algo más serio y profundo puesto que el militarismo no se combate con humor propongo una cita del gran filósofo marxista húngaro Georg Lukacs, extraida de su obra "Historia y consciencia de clase": Para el método dialéctico, todo —sea lo que sea— gira siempre en torno del mismo problema: el conocimiento de la totalidad del proceso histórico*. Por eso para él los problemas "ideológicos"** y "económicos" pierden su recíproca extrañeza y fluyen los unos en los otros. El tratamiento histórico-problemático se convierte efectivamente en una historia de los problemas reales. La expresión literaria, científica, de un problema aparece como expresión de una totalidad social, como expresión de sus posibilidades, sus límites y sus problemas. El tratamiento histórico-literario de los problemas puede así expresar del modo más puro la problemática del proceso histórico. La historia de la filosofía se convierte en filosofía de la historia."

* ¿Cómo no recordar al "Demonio de Laplace"? (No de la de Santiago, claro):

** Los mayores problemas "ideológicos" que conozco huelen a incienso y a cera.



Volvamos a la castillejana Hacienda de San Diego, en una de cuyas salas de la planta baja, ya desde temprano abarrotada de gentes que rebosaban hasta arremolinarse en el exterior, taponando la confluencia de las calles Enmedio y la Cruz (hoy García-Junco) el 9 de Abril, lunes de la Semana Santa de 1827, se decidía el futuro de los tres mozos exigidos por la Corona, en nueva versión del Dragón raptor y la princesita. La tensión era palpable en el gentío murmurante y serio, de rostros adustos y talantes crispados. Algunos la tarde anterior habían estado en la capital presenciando el desfile del Cristo del Amor, y aquella mañana se encontraban cansados. Los descontentos formaban la clase más desfavorecida del pueblo, desconfiante siempre de las artimañas del Poder. El blanco de sus antipatías y sospechas era principalmente el mozo recién tallado don Esteban Velasco, ostentador del Oficio de escribano público y del Concejo de la Villa y calificado por el tribunal de falto, pero de cuyo veredicto se encontraban muchos escamados y recelosos.
El tiempo no era muy diferente del que hoy se presenta en esos días, los primeros de la semana religiosa, inestables, con chaparrones esporádicos y muy aparatosos, y ratos de claro con el sol brillando en un cielo azulísimo. Un claro tibiamente soleado de estos reinaba sobre los concurrentes, reflejado en los ventanales de la torre de la hacienda.


Señores del Ayuntamiento:

Ramón Palma, Andrés Jiménez y Antonio Oliver Garrido, como padres de José, Antonio y Juan, sus hijos, vecinos de esta Villa, con el mayor respeto a Vuestras Mercedes hacen presente: que por consecuencia de las órdenes de S.M. comunicadas para el reemplazo del Ejército, fueron convocados todos los mozos comprendidos desde la edad de 17 años hasta la de 36 a fin de que concurriensen en el día de ayer 8 para su mesura, y con efecto lo verificaron con puntualidad, mas es el caso que dos de los mozos, nombrados Don Esteban Velasco y José Tovar Negrón, cuando llegaron a entrar bajo la marca se dieron tan buenas trazas que, sin embargo de las diligencias que practicó el Sargento para conseguir que se pusiesen en buena aptitud, no lo pudo lograr, y el resultado fué que se les consideró como faltos de talla, teniéndola en realidad cumplida. En tales circunstancias, tanto los suplicantes con la representación que tienen, cuanto los demás mozos sorteables, solicitaron que el Ayuntamiento dispusiese que los referidos mozos fuesen conducidos a la Capital, para que allí fuesen medidos con toda escrupulosidad e inteligencia, y sin embargo de que a esta pretensión debió deferirse desde luego, nada se hizo.
En este supuesto, el Ayuntamiento conoce que los exponentes no deben mantenerse pasivos, ni dar lugar a que se celebre el acto del sorteo, porque tienen un vivísimo interés en que se aclare de un modo positivo si Velasco y Tovar tienen o no la marca, pues que no es razonable que a la sombra de sus artificios queden sin tirar la suerte con los demás mozos; y cuando es un hecho y nadie lo duda de que hicieron cuanto estuvo en su arbitrio para aparecer faltos de talla; y así es que cuando se hizo notoria esta singular baja de talla no pudieron menos, los que los conocen de vista y frecuente trato, de admirarse de la elasticidad de los cuerpos de estos individuos, y aun infirieron que habrán tocado los resortes que sugiere la malicia, para aparecer tan diminutos.
Para estos casos, está determinado que los mozos vayan a sortearse a las Capitales, donde se practican estos actos con exactitud y con el mayor conocimiento, y en verdad que por una serie innumerable de sorteos se han visto los ejemplares de crecer los individuos que lograron en sus pueblos no tener la marca; y si a esto se le agrega que el Don Esteban Velasco es nada menos que Hombre Bueno nombrado por el Ayuntamiento, y que ciertamente no es nada lerdo, parece que todo influye para que se contemple su mesura sospechosa, y que para remover la que justamente tienen los mozos sorteables debe pasar a Sevilla a medirse. De este modo se acabarán las hablillas o murmuraciones, y el Ayuntamiento no solo dará una prueba de rectitud y de imparcialidad, sino que alejará la idea que pueda formarse de que ha tratado de protejer a estos dos mozos, que por sus estaturas, la galladía de sus cuerpos y demás buenas cualidades que tienen, serán los mejores soldados para el Ejército. Y para que así se verifique, Suplican a Vuestras Mercedes se sirvan mandar que desde luego se remitan a la Ciudad de Sevilla para ser de nuevo medidos a Don Esteban Velasco y José Tovar Negrón, citando a los que representan para que concurran a este acto, a fin de satisfacersee de todo punto. Así lo esperan de la notoria Institución del Ayuntamiento, con la cualidad de que si se omitiese o denegase esta pretensión, se elevará la oportuna queja al Excelentísimo Señor Capitán General de este Reino. Firmado, Castilleja de la Cuesta, 9 de Abril de 1827. Ramón de la Palma. Andrés Jiménez. Juan Ortiz Oyega. Antonio Oliver. Manuel Oliver.

Auto. Por presentado y para dar la Providencia que corresponde, pasé este escrito al Licenciado Don Antonio de Guzmán y Manuel, Abogado del Ilustre Colegio de la Ciudad de Sevilla, y acción de S.M. para este asunto: Y por este su Auto así lo proveyó y mandó y señalara el Señor Don Pedro de Silva, Alcalde en primer voto de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, en ella a diez de Abril de mil ochocientos veinte y siete. Señal del Alcalde. Firma de Joaquin Mendoza, Hombre Bueno. Ynestrosa.

Y seguidamente Nos los hombres buenos en cumplimiento de lo mandado notificamos e hicimos saber a Ramón de la Palma, Andrés Jiménez y Antonio Oliver Garrido el contenido del anterior auto en sus personas, de que certificamos. Mendoza. Ynestrosa.

(Ilegible la primera línea)... alistamiento y medida prevenido por las ordenanzas y repetida dicha medida ... con los ... reclamación de los mozos que asistieron a ella, estos interesados podrán usar de su derecho y dirigir la solicitud que hacen a dónde y cómo correponda con arreglo al Real Decreto de nueve de febrero de este año. Así lo proveyó, mandó y señaló el Señor Don Pedro de Silva, Alcalde de primer voto de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, en ella a once de Abril de mil ochociento veinte y siete.


Notificación. Y seguidamente Nos los hombres buenos notificamos e hicimos saber a Ramón de la Palma, Andrés Jiménez y Francisco Oliver Cabrera (sic) el contenido del anterior auto en sus personas, quienes manifestaron quedar enterados, de que certificamos. Ynestrosa, hombre bueno.

No sabemos en qué quedó la reclamación de estos padres, ni tampoco si los supuestos falsarios fueron medidos en Sevilla. En cualquier caso, a ninguno de ellos le tocó la suerte de soldado.

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