sábado, 28 de noviembre de 2015

Padrón 1q



Habíamos dejado la historia con don Gabriel Ortiz, antecesor de José Ortiz Navarro, carlista de nuevo cuño. Vamos a hacer genealogía prosopográfica de estos Ortiz, ascendientes directos patrilineales de José, cabecilla carlista castillejano detenido en Zalamea en el verano de 1874 y preso primero en Valverde y luego en Huelva.



Año de 1874. Al pollo Pepe le traen a la mazmorra el pienso pagado por los esquilmados contribuyentes valverdeños, entre los que se encontraban mis bisabuelos por parte de madre*, gente humilde ora explotada por los insaciables ingleses de las minas, ora por los terratenientes absentistas que se juergueaban en Sevilla o Madrid a costa de sus sudores, y siempre por los dos grupos de sanguijuelas deleznables.

* Diego Capado Canto y María Andrea Moyano Pedrada.


Aunque en 1874 eran niños los más viejos de esta  foto, tomada en la plaza de toros de Valverde en 1925, sirve para manifestar las brutales diferencias sociales que se perpetuaban de generación en generación. En primer lugar, el chicuelo de la izquierda, descalzo y miserable —de  nombre Celso Cruz Canto, hijo de la encargada de dicha plaza de toros—. Obsérvese como todos los hombres tienen su sombrero de ala ancha (el hombre sentado, primero por la izquierda, lo conserva entre sus manos), excepto el tercero por la izquierda, en la fila de atrás, que carece de tal prenda típica andaluza. La cual, de color claro, casi blanca, se encuentra estrujada bajo la pata de la silla del señorón con expresión sádica sentado el segundo por la derecha. La víctima de semejante broma —de pié en el centro para más inri—, con expresión estoica, se llamaba Diego Canto Mantero, apellidado "Corcha"* y de profesión zapatero, pariente sin duda del niño descalzo. Los Canto eran además parientes secundarios de los dichos mis bisabuelos maternos.

* Existió en término de Valverde la Fuente de la Corcha, llamada así por una especie de tosco cucharón de dicho material colocado en ella para beber. Estaba a unos 15 kilómetros del pueblo, y luego se formó en tal lugar una aldea conocida hoy con la misma denominación.


Contemporáneo de los del grupo anterior, este hombre sí pudo, por la edad que aparenta su aspecto, haber conocido la detención del castillejano José Ortiz. Se llamaba Diego Fernández Parreño, alias "Mateo", y poseía una imprenta en el pueblo. Su hijo Juan Fernández Romero fué alcalde de Valverde durante la II República, y acabó su vida asesinado por los fascistas de Franco, se cree que en la matanza de la plaza de toros de Badajoz (ciudad donde en la Guerra Civil destacó el capitán de caballería Gabriel Fuentes Ferrer, el mismo que anteriormente destituyó al Ayuntamiento de Castilleja de la Cuesta en julio de 1936, tomando a nuestra Villa bajo su mando, dictado y capricho, y mandando identificar y detener a los opositores, dieciséis de los cuales fueron fusilados. O diecisiete, según cierta fuente oral.)


                                          Juan Fernández, Alcalde de Valverde



En 1874 era Juez Municipal de Castilleja don José Silva Oliver, cuando ya estaba agregado nuestro pueblo al Distrito de El Salvador, uno de los cuatro establecidos en Sevilla con jurisdicciones repartidas entre todos los pueblos de la provincia. Era el clásico movimiento centralizador, recurso del Poder. Se empezaría a hacer interminable el papeleo entre el Ayuntamiento "alixareño" y El Salvador en cada pleito, y nosotros, solo a 6 kilómetros de sevilla, todavía podíamos darnos por satisfechos.


La Correspondencia de España, 28 de junio de 1874, pág. 3. Del mismo periódico y página obtenemos una panorámica de la situación en nuestra provincia y en todo el país. "Una partida de 30 hombres estuvo ayer en el término de Paterna (Huelva) con dirección a Aznalcóllar, de la  provincia de Sevilla". En Valencia el general Montenegro con sus tropas mataron a 14 carlistas el día 25, cogieron otros tantos prisioneros, y efectos de guerra y una bandera. En Ubierna (Burgos) varios cabecillas "latro-facciosos" se dedicaban a reclutar mozos, a quemar los registros civiles y a sacar dinero, siendo detenidos después de haberse resistido en una casa durante cinco horas. En Causoles (León) dispersaron a una columna carlista cogiéndoles dos caballos (uno de ellos del cabecilla), una tercerola y documentación varia. El señor Casas, corresponsal del periódico La Igualdad, fué hecho prisionero por siete carlistas de caballería el día 24 hallándose cerca de Lerin, y conducido a Estella, recibiendo trato considerado y visitas de jefes facciosos y de un periodista francés. El general Concha expulsó de su campamento a un corresponsal que le pareció sospechoso. Una facción numerosa se encuentra en las inmediaciones de Villacañas. Cuatro carlistas montados se presentaron en el pueblo de Cobos de Cerratos, llevándose raciones y 240 reales. Una partida carlista compuesta de unos 8.000 hombres pasó el lunes por Roquetas hacia el Bajo Aragón. La guarnición de Torres de Fontaubella fué atacada por los facciosos. En la provincia de Burgos dos cabecillas rebeldes se desafían por diferencias internas, y  posteriormente se enfrentan sus partidas, con resultado de muertes de hombres y caballos. En Navarra y Aragón se toman pueblos y ciudades, sitiándolas e invadiéndolas. Los vecinos de la Vall de Uxó (Castellón) dejan el pueblo por no poder pagar tanto como les piden los carlistas, que mantienen rehenes.
En el siguiente número, La Correspondencia Española afina más:



Toda la prensa se hizo eco de la noticia:



                                  La Iberia, 29 de junio de 1874, pág. 1.

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Tiene este sistema de publicación digital la gran ventaja de hacer innecesarias nuevas ediciones "corregidas y aumentadas": pueden cómoda y rápidamente ser suplidas con un simple enlace a lo que se quiere corregir y/o aumentar, a tantas y tantas entradas "cojas y mancas", cuyos miembros aparecen con posterioridad. Viene al caso lo anterior porque cualquier archivo, por modesto y doméstico que sea, cual caja de Pandora ofrece sorpresas capaces, por su interés, de obligar a recurrir a dichos enlaces para ampliar información anteriormente ofrecida. Serendipia llaman a estos hallazgos inesperados.
Eso haremos a modo de tema de esta entrada, sin olvidar desde luego su espinazo central, las aventuras del sargento en Navarra. ¿Vínculos entre los Ortiz y los Oliver en nuestra Villa? Ciertos y patentes. Téngase en cuenta que el oficial absolutista José Ortiz y el militar isabelino Francisco Oliver —aquél joven y éste ya achacoso y retirado— hubieron de convivir en nuestro pueblo varios años hacia la mitad del siglo poco más o menos, y eso sin considerar a las familias de cada uno, y al peso e influencia de sus situaciones económico-sociales y de sus mentalidades e ideologías. Por cierto, sin gran esfuerzo encontraremos incluso algún parentesco entre ambos, con el simple recurso a los libros parroquiales y el apoyo de los padrones. Vamos a ello.

Por estos últimos dichos libros sabemos que el 11 de julio de 1816 don Juan Bermudo Leila, cura de la parroquia de la Concepción, casó a don Gabriel Ortiz, natural de esta Villa, hijo de otro (Gabriel Ortiz) y de doña Josefa Calado*, con Josefa María Navarro, natural de Huévar, hija de Cristóbal Navarro y de Juliana Sánchez. Fueron testigos, don Francisco Ortiz** y don Antonio Vanderleye, con otros vecinos.


  Edificio hervense. En Huévar del Alfarafe ha recalado la fábrica de tortas de Inés Rosales, tan ligada a Castilleja. En clave de humor, aquí está su historia.



* Mucho ojo con este apellido, Calado según clarísima y repetida escritura del cura Bermudo Leila en varias partidas relativas a la familia en cuestión, cura que igualmente repetidas veces lo hace proceder de San Juan de Aznalfarache (donde está presente en la actualidad). Mucha atención, porque nos va a aparecer pronto ligado a esta familia otro apellido parónimo, Casado, cuya paronimia quizá se explique por un estúpido, desangelado y grosero humorismo del dicho cura: "casado", estado de un contrayente inadmisible por la moral católica, y "calado", igual a "descubierto, evidenciado, destapado" con dicho sentido ya de larga andadura histórica. "Proveyó de armas y vitualla, envió espías por todas partes a calar el motivo de los enemigos", Historia de España. Padre Juan de Mariana (1536-1624). Libro 10, capítulo 1; ejemplificado en el Diccionario de Autoridades en la voz "calar".
Sabemos de abundantes ejemplos de presbíteros bromistas con el cálamo, sin miedo a exponerse a alguna reprimenda de sus superiores o, en el mejor de los casos, a tener que corregir algún registro con los consiguientes borrones y tachaduras por denuncia de los damnificados a más alta autoridad eclesial.

** Este testigo, don Francisco Ortiz, debe ser del mismo clan.

Cuatro años después el matrimonio anterior convirtió a don Gabriel y doña Josefa en felices abuelos de María de la Soledad. Madrina, la abuela materna. Nació la niña el 1º de diciembre de 1820 y fué bautizada por Maestre el 5.


                                              Un bautizo de la burguesía de la época

El siguiente registro de casamiento ofrece lo que de entrada y en principio interpreto como errores en algunos nombres, cometidos por un fraile franciscano, Cristóbal Torralba, actuando en la parroquia de la Concepción y poco conocedor de la gente del pueblo:

El 11 de enero de 1818 Fray Cristóbal Torralba de los Dolores, Definidor en el Convento de esta Villa, con el mandamiento del Sr. Licenciado don Juan José Navarro, Presbítero canónigo de la Insigne Iglesia colegial de Olivares, Provisor y Vicario General de ella dado en 29 de diciemmbre de 1817, autorizado por don Clemente de Martos, Notario Mayor de dicha Abadía, con licencia del dicho señor Provisor, que fué presentada a Maestre, casó a José Ortiz Calado, soltero natural de Bollullos de la Mitación, hijo de José Ortiz, natural de esta, y de María del Rocío Calado, natural de San Juan, y vecinos que fueron de Bollullos, difuntos; con Sebastiana Caro, soltera hija de Cristóbal Caro y de Josefa Rodríguez, naturales y vecinos de esta. Testigos, Juan Sánchez, Juan de Luque y Juan Rodríguez, vecinos de esta.

La novia castillejana de pura cepa no ofrece dificultad, al contrario que el contrayente. Tenemos al bollullero José Ortiz Calado, pero los nombres de sus padres no coinciden con el anterior. El padre del susodicho es natural de Castilleja, como el anterior, pero ahora se nombra José en lugar de Gabriel, y ella, la madre, de San Juan de Aznalfarache como la primera Calado, pero ahora se nombra María del Rocío en lugar de Josefa: ¿dos hermanas casadas con dos hermanos? Dudo si proponer la hipótesis del error del franciscano y/o añadir la hipótesis Calado-Casado, para embrollar más el asunto. Mas todo se aclarará cuando ahondemos en el origen de este apellido Ortiz, al que ya tenemos localizado a finales del siglo XVIII, natural de Castilleja. Veámoslo.

Don Gabril Ortiz, labrador ("labrador" significaba poseedor de tierra, al contrario que "del campo", o sea, jornalero) es testigo junto a don Juan de Chávez Ortiz, Maestro Sangrador, ambos naturales de esta Villa, en 1º de noviembre de 1843, del bautizo de Antonio de los Santos, hijo de don Francisco Ramos, natural de Sevilla, Maestro de Primeras Letras, y de doña Francisca Medina, también de Sevilla. Abuelos paternos, don Eustaquio Ramos, de Sanlúcar la Mayor, y doña María de las Mercedes Molero, de Sevilla. Y los maternos, don Juan Medina y doña Manuela Montalvo, naturales de Castilla la Nueva. Padrinos, don Antonio Molero, de Sevilla y del comercio, y doña Manuela de Riverra (sic) y Correa, natural de la Villa de Madrid. Cura, Antonio Reguera, en la iglesia parroquial de la Concepción.

En 23 de enero de 1826 don Juan Bermudo y Leila, cura de la iglesia parroquial de la Concepción, bautizó a Francisco de Paula, hijo de don Juan Narciso de Porras de doña María Teresa Ortiz. Abuelos paternos, don Miguel Joaquin de Porras y Collado y doña María Francisca Nez ¿abreviatura de Núñez?. Abuelos maternos, don Gabriel Ortiz y doña Josefa Calado. Los abuelos paternos naturales de Sevilla, el primero de la parroquia de San Lorenzo y la segunda de la Magdalena. La abuela materna de Alfarache, y los demás de esta Villa. Fueron sus padrinos don Gabriel Ortiz su tío, y doña Josefa Navarro, vecinos de esta Villa. Nació el día 12 del corriente.

Juan María Mauricio, bautizado el 25 de septiembre de 1820 por Leila en la Concepción, e hijo y nieto de los anteriores. Padrino, el Licenciado don Domingo de Azcona y Calvo*, vecino de Sevilla en la Magdalena. Nació el 22 del corriente.

* Juez de Primera Instancia de la villa de Santa Cruz de Tenerife hacia 1838 fué este don Domingo de Azcona y Calvo.

8 de diciembre de 1818. Leila en la Concepción bautizó a Francisco de Paula, hijo de don Gabriel Ortiz, natural de esta Villa, y de doña Josefa María Navarro, natural de la de Huévar. Abuelos paternos, don Gabriel Ortiz, natural de esta Villa, y doña Josefa Calado, de la de Alfarache. Y maternos, Cristóbal Navarro y Juliana Sanchez, naturales de Huévar. Padrino, Ramón Peregrino Romero, vecino de la de Umbrete. Nació el 1º del corriente.

Se casaron Gabriel Ortiz y Josefa María Navarro, natural de Huévar, el 11 de julio de 1816 con el cura Bermudo Leila en la Concepción. Testigos, don Fernando Ortiz y don Antonio Vanderleye, con otros.


Echando mano a un resumen sobre la marcha, diremos que estamos analizando una familia, los Ortiz, formada por propietarios rurales medianos del occidente andaluz, pero con fuertes pretensiones de ascenso social. Ello implica ideología conservadora y mentalidad tradicionalista más o menos moderada, hasta el surgimiento del radical oficial carlista José Ortiz Navarro, venido a menos según el Padrón de 1874 que veremos en la próxima entrada, en el cual aparece ya no como "labrador" tal aparecía su padre y abuelo, sino simplemente como "del campo", categoría muy inferior como hemos explicitado. Todo lo cual indica un resentimiento padecido por José en su declive social, y achacado como no podía ser menos a los "malos gobernantes", demócratas liberales cuando no revolucionarios peligrosos, que habían arruinado con su "ni Dios, ni Patria, ni Rey" a las clases medias desde el destierro de Carlos María Isidro. José, débil mental como todos los exaltados inmovilistas, recogió ejerciendo de chivo expiatorio la abundante, añeja y consolidada frustración familiar desde la Ley Sálica, aunque no lo sabía: él, ante el espejo, se consideraba Héroe Redentor de su Extirpe más bien, y como tal cabalgaba cruzando al galope en unión de aquel hato de imbéciles los tranquilos pueblecitos aljarafeños, espantando gallinas, a la búsqueda ansiosa de adeptos a la Causa.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Padrón 1p




                                         Baquedano (Navarra)


Sigamos yendo por partes. Dice el sargento Oliver en su Expediente que, tras Olazagoitia, estuvo el 31 de julio en la acción de Puerto Baquedano. En ese día de 1834 el general Rodil* ocupa varios pueblos de Améscoa, establece su cuartel general en Zudaire, y distribuye a sus generales Espartero, Lorenzo y Anleo, con sus tropas, 8000 hombres, en el valle. En la primera acción de Artaza los isabelinos, con Rodil al mando, colocan ocho millares de hombres en el valle. Zumalacárregui, con 1.500, realiza un eficaz y rápido ataque y se retira. En la acción, ocasiona más de 150 muertos y casi un millar de heridos a los isabelinos.

* El gallego Rodil traía extraordinarias experiencias del Perú. Allí por 1820 ascendió a coronel, y luego en El Callao resistió un asedio durísimo impuesto por los independentistas, con los sobrevivientes a su mando en el extremo de sustentarse de ratas asadas, hasta que se rindió a Bartolomé Salom, general venezolano. Simón Bolívar intercedió por Rodil, estimando su valentía. Volvió el gallego a España en 1826 y se le concedió un marquesado.
Zumalacárregui lo derrotó de tal forma que duró cuatro meses al mando del Ejército del Norte. Fué sustituido por el ex-guerrillero y liberal exilado Espoz y Mina, un navarro constitucionalista enfrentado a Fernando VII y luego amnistiado por su viuda la Regente. El sargento Oliver estuvo bajo el mando de Espoz (quien dió la orden de fusilar a la madre de Cabrera, dicho sea de paso) desde las últimas semanas del 34.


                                                                    Rodil

Tomás Zumalacárregui se crecía mes a mes victoria tras victoria, tanto contra Quesada como contra Rodil o Espoz.
Cuando el 9 de julio de 1834 penetró en tierra navarra por Zugarramurdi Carlos V, después de ser llevado por mar desde Portugal a Inglaterra, huir de esa isla y atravesar Francia, nombró a don Tomás Generalísimo de todas las tropas que a su favor peleaban, y el otorgamiento de este mando oficial reforzaba sus dotes naturales organizativas. Cuenta Galdós que látigo en mano azotó a unas señoras del bando opuesto, ante una multitud en plena plaza pública de cierta población.




Huevos de plomo marca "El Tío Tomás". Calibre de 17 milímetros y peso aproximado de 10 gramos.




                                   Certera puesta de uno de los referidos huevos

Decíamos en la entrada anterior que el 28 de septiembre Francisco Oliver participó en la acción de Abárzuza en Navarra. Posteriormente estuvo en las de Zúñiga, también en Navarra, y Orbizo (sic) en Álava, el 25 de noviembre, y para finalizar el año, en la de El Carrascal (de vuelta a Navarra) el 12 de diciembre.


                                             Calle de Zúñiga (Navarra)


                                               Orbiso (Álava)


                                               El Carrascal (Navarra)

La guerra se había recrudecido, y ahora los militares de carrera, los generales que blasonaban de honor, con el visto bueno o la mirada a otra parte de los gobernantes, cometían muchas más atrocidades que los primeros guerrilleros aragoneses con los que recibió el bautismo de fuego Francisco. La población civil indefensa, y dentro de ella los más débiles, pobres, mujeres, enfermos, niños, ancianos, soportaban el peso de las más indescriptibles canalladas, cuyas noticias escandalizaban a todas las cortes de Europa.
Muchos de los "modelos" a seguir por los nuevos reclutas de ambos bandos habían conocido la guerra de Independencia contra Napoleón y por lo tanto todas sus monstruosidades, reflejadas por Goya con mano maestra, y ahora dichas monstruosidades las ejecutaban maquinalmente, con esa filosofía estoica de los militares veteranos que no es más que embrutecimiento, insensibilización y podredumbre de espíritu.


                                    Funesto Bando de Guerra de Rodil



Por alguna prensa y por las escasas cartas que recibía Francisco, se mantenía al tanto, siquiera con retraso, del acontecer sevillano y castillejero. A veces al dictado de su familia directa le escribía Ynestrosa, en ocasiones incluso Esteban Velasco, y nunca don Juan José Maestre, simpatizante con el carlismo por haber elegido el mal menor, ya que sin ser absolutista radical, veía el presbítero y cura de la Iglesia de Santiago menoscabar, con los nuevos aires liberales de María Cristina y su gobierno, sus privilegios. Pronto Mendizábal confirmaría sus temores.
El sargento ampliaba su vocabulario, e iba adquiriendo la seguridad que dá la cultura, con los periódicos que, pasados de mano en mano en los campamentos, llegaban a las suyas. Otras veces alguno de los soldados con facilidad de lectura y pronunciación ponía al tanto de las cosas del mundo a un siempre nutrido y atentísimo grupo en su derredor, declamando en alta voz los sucedidos. También circulaba algún libro que otro entre la tropa, aunque raramente. Resaltaba entre las noticias nacionales la matanza de frailes en Madrid, escándalo supino del cual la Iglesia culpó al liberalismo laico, como era de suponer. Marcharon desde entonces los franciscanos de Castilleja a paso ligero y "con la barba en el hombro", suspicaces y vigilantes a diestro y siniestro aun en espacios que les habían sido hasta entonces totalmente familiares, como La Plaza, la calle de la Carnicería o la Real, pero que desde la degollina en la Villa y Corte se habían convertido en siniestros y amenazadores. Los bacineros del convento (porque solicitaban limosna con tal recipiente) dejaron de recorrer los pueblos vecinos a instancia y mandato del Padre Guardián, y quedó de tal manera la mesa conventual ciertamente mermada y magra.
Por el correo llegado en otoño supo Oliver de casamientos, decesos y alumbramientos acontecidos en el verano en nuestra Villa. Juan Caro Navarro se había traído a una real hembra de Gelves, un portento según daba a entender el amanuense Ynestrosa aunque en modo alguno aludiendo al caso directamente. Manuel Oliver y Francisca López sus padres le contaban que habían visto bendecida su vejez con una nieta, María de los Dolores, hija de mi tatarabuelo José y nacida el 17 de mayo, cuando le faltaban a su tío el combatiente dos meses para lo de Olazagoitia. También don Pedro de Silva recibió una nieta por vía de su hijo Manuel, nacida el 19 de junio. En enero había fallecido soltera María de la Soledad Ortiz, hija de una familia castillejana furibundamente carlista, formada por don Gabriel Ortiz y doña Josefa Navarro.

De otro de los hijos de don Gabriel y doña Josefa, José Ortiz Navarro, oficial del ejército de Carlos VII, el Pretendiente ya en la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), nos extenderemos oportunamente, no sin antes adelantar que este José fué detenido por el alcalde y vecinos de Almonaster la Real en el verano de 1874 y llevado a la cárcel de Huelva cuando huía de Sevilla junto a trece secuaces, entre ellos un general y otros mandos. En 1818 (Padrón del 5 de agosto) Gabriel Ortiz padre y Gabriel Ortiz hijo vivían en la Calle Real, parroquia de la Concepción. Y con la especial significación de "El señor", aparece Gabriel Ortiz, vecino de la Calle Real, casado, con dos hijos varones, el mayor de 12 años, en el Padrón General del Vecindario del año 1803, mandado hacer dos años antes.
A juzgar por las instancias que a este último Padrón acompañan, las autoridades de Castilleja se lo tomaban con calma:

"No he recibido todavía la copia autorizada que han debido Vs. Mrs. remitirme consiguiente a lo que les previne en 27 de Febrero y 10 de Octubre del año pasado de 1801, del Padrón del Vecindario de ese Pueblo, que habrán formado conforme a lo prevenido por el Rey en la nueva ordenanza establecida para el reemplazo del Ejército; y si no lo recibo en todo este mes, enviaré comisionado que se mantenga en ese Pueblo a costa de Vs. Mrs. hasta que él mismo me lo traiga.
Dios guarde a Vs. Mrs., dado en Sevilla 10 de mayo de 1803. Por ausencia del Excelentísimo Señor Intendente, Antonio Cabrera."

"Para cumplir una Real Orden con que me hallo, espero me remitan V. con la posible brevedad una razón circunstanciada de las Aldeas, Monasterios, Despoblados, Ventas, Molinos, Salinas, Cortijos, Dehesas y Haciendas más remarcables que haya en el término o jurisdición que comprehende esa Villa, con expresión de sus verdaderos nombres y leguas que dista cada cosa de ellas, para (roto).

Dios guarde a V, muchos años. Sevilla, 8 de Junio de 1803. Manuel de la Rocha."


Y por fin (se conoce que cuando les tocaban las faltriqueras, las Justicias de Castilleja funcionaban a todo gas, como cualesquier otros cristianos):

"He recibido el testimonio del Padrón del Vecindario de ese Pueblo que han formado Vms. y me remiten en 18 del pasado.
Dios guarde a Vms. muchos años. Sevilla, 5 de julio de 1803. Por ausencia del Excelentísimo Señor Intendente, Antonio Cabrera."

Recabaremos prontísimamente más datos de la familia absolutista —¡¡Dios, Patria, Rey!!— de don Gabriel Ortiz en nuestro archivo. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Padrón 1o



Un historiador aunque lo sea por afición inocente o por manía morbosa, si no centra todo el esfuerzo de su atención en el método dialéctico es gato al agua. ¿Qué entendemos por dialéctica? Deshechar desde el principio, como engaños fantasmales, los absurdos conceptos de "sujeto" y "objeto", los cuales como entelequias sin base que son, sólo llevan en el campo histórico a abstracciones metafísicas o, lo que es peor, religiosas. "Sujeto" y "Objeto" son añosos trucos de ávidos capitalistas que, como malabaristas, endilgan al prójimo subrepticiamente para perpetuar sus privilegiadas posiciones sociales.
A ello quieren llamar "ciencia". Cuando lo cierto y verdad es que el basamento de la ciencia se asienta no en los dos evanescentes elementos, sino en su relación. Siendo ésta, a modo de conversación, de diálogo, la que únicamente los puede determinar. Lo contrario sería poner la carreta antes que los bueyes. En la ciencia histórica el tiempo juega un papel esencial. Y es en ella donde el método dialéctico se hace más indispensable, más necesario y vital.



El sentido de la historia, que en el ámbito de nuestra cultura occidental los Detentadores de la Sacra Verdad estriban en la vuelta del Mesías, en la Resurrección de los Muertos, o en los Designios del Todopoderoso entre otras majaderías por el estilo (tal "la corteza idealista hegeliana"), solo puede asentar pié en el terreno firme y sólido de la materia.





¿Qué entendemos por materia? Los bienes terrenales por cuya posesión y usufructo surgen las relaciones de explotación del hombre por el hombre, y más concretamente —más "materialmente" si se quiere— la conciencia de esa explotación, la percepción mental que lleva a considerarse dominado y denigrado a quien de hecho lo está. Ese estado espiritual es Materia para quien esto escribe, pero además es Libertad —puesto que es Verdad—, y solo de la libertad puede emerger una ciencia objetiva versus la ciencia burguesa engendradora de todos los males de la humanidad. En este sólido suelo el devenir de la Historia se realiza, se verifica y se convierte en propiamente ciencia bien entendida, porque no admite manipulación.

Científicamente, en la cabeza recordante y memorizante del sargento Oliver ocurrían fenómenos dialécticos no menos reales que los cañonazos carlistas, que los gritos de los aldeanos horrorizados, que la sangre, el hambre y la enfermedad que ante sus ojos se presentaban, entendiéndolos como una "conversación", desde luego inhumana y desaforada. Todos los hechos pesaban en la balanza de la Razón lo mismo, ya fueran extraídos del pasado o impuestos brutalmente por el presente cruel. Y todos se proyectaban en la esperanza de un futuro que solo el espíritu científico sobredicho puede anticipar, puede desvelar. Un neutrón del cerebro del sargento y otro del cúmulo galáctico de, por ejemplo, la Verga, no nos interesa más que en lo que puedan comunicarse, entendiendo esto último por "tener en común", o lo que es lo mismo, en lo que pueda "ser" la esencia de la que participan.

Sentado sobre su manta, apoyado en el tronco de una haya centenaria en un rato de asueto, mientras observaba a los reclutas más jóvenes recién llegados al frente, recordaba mi tío-tatarabuelo su triste niñez de labriego precoz, y se "materializaba" en él, merced a una dialéctica histórica de la que apenas era consciente por su falta de cultura, dialéctica innata que por añadidura era incapaz de formalizar a pesar del cursillo de urgente alfabetización recibido en los primeros meses cuarteleros, el cual resultó ser más alienación por parte de farsantes burgueses que desarrollo de espíritu crítico.

https://www.google.es/search?q=bosques+navarros&biw=853&bih=453&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0CAcQ_AUoAmoVChMI4PiZl9CayQIVCVoaCh3HcAhh

"Veía", estimulado por el susurro del viento en las hojas del hayedo, por las conversaciones de los grupos de soldados sentados en corro, por el canto agradecido de los pájaros, que también descansaban del fragor de las escaramuzas, a Castilleja de la Cuesta, a la calle de Enmedio en aquella larga mañana de 1827. Veía a don Pedro de Silva despidiéndolos con sonrisa burlona y ademán ligero en el portalón de la Caja de Quintas de la capital andaluza, le parecía seguir oliendo los aromas del cuero y del paño cuando le entregaron el equipo; y repasó a modo de ejercicio mental, sonriéndose interiormente mientras encendía un cigarro: tres camisas, dos pares de pantalones, dos pares de botines de lienzo, dos pares de zapatos, un gorro de cuartel, dos corbatines, una funda de cartuchera, un par de botines negros, un plumero, un par de tirantes de pantalones, dos pañuelos de bolsillo, un morral, una bolsa de aseo y una agujeta con escobilla.
Ahora, con su experiencia de suboficial, sabía que todo ello importó 174 reales por soldado. Recordó al furriel repartiendo en metálico 48 reales para adquirir la chaqueta, porque ésta todavía no se compraba por contrata para todo el Ejército. Y al momento le vino a la memoria desde una región cerebral adormecida la casaca, el capote, el morrión, el correaje, la mochila y el armamento. Luego, como si se abriera un cielo espeso de nubarrones, se abrió en su mente la calle de Enmedio.
Por ella al clarear conducía de niño diariamente una piara de cerdos, gruñentes con impaciencia nerviosa por acceder al herbazal que verdeaba ya entre los olivos, perlado de rocío, del pago de Las Escaleras. En cierta ocasión su padre le tildó de blandengue afeminado porque llegó a su casa llorando: fué que algunos intrusos le habían destruido una minúscula choza que alzó a base de ramajos en el interior de una mancha de matorrales, en la que se guarecía buscando aislarse del mundo mientras los cerdos en derredor hocicaban con fruición revolviendo en el suelo. Regaba cuando el calor su obra, buscando agua de alguna acequia cercana, de alguna pileta de noria próxima; y cuando llovía, los chaparrones le iban dictando la necesidad de reforzar techo y paredes con más ramón, hasta que impermeabilizó el habitáculo a prueba de tempestades.
Fija la vista en los pabellones de fusiles de los soldados, siguió rememorando: había rebajado el piso de su pequeño cobijo cavándolo unos palmos para poder incorporarse en él, tal era de diminuto o su habitante de larguirucho, y ahora los vándalos habían defecado en el interior de aquella especie de pocillo tras su despiadado atropello. Contempló petrificado los excrementos de comida a medio digerir que ya se disputaban moscas y algo se rompió en él, haciéndole abandonar la piara y volver a su casa hecho un mar de lágrimas, en busca de consuelo a su desesperación. Su madre al verlo tan a deshora también le reprendió, y creía recordar que se llevó algún escobonazo en el lomo de propina, aunque de esto no estaba ya muy seguro.



La piara era comunal, cada individuo de ella pertenecía a dueño distinto. Se solía cebar con las sobras de las comidas a un cochino o dos en las casas más modestas, para reforzar el condumio, y puestos de acuerdo los vecinos propietarios, apalabraban con el padre de algún chicuelo que éste hiciese de porquero a cambio de alguna monedilla o especie. Los cerdos salían automáticamente de cada casa al llegar la hora temprana, e igualmente a la vuelta al anochecer penetraba cada cual en la suya sin que hubiera que hacerles indicación alguna, tal y como perrillos falderos. Francisco se maravillaba de ello. Cierta vez una vieja madre resabiada yendo al paso le destrozó a dentelladas certeras la taleguilla que portaba a la espalda, y le devoró su interior de un huevo duro, un cuarto de hogaza y un racimo de uvas blancas. Cuando Francisco Oliver sintió unos tenues tirones por detrás, ya era tarde. El sargento recordaba aquellas peripecias, y sentíase viejo.
Hubiera cambiado a aquellos mozos, el que no cruel, estúpido, que obedecían sus órdenes en silencio mientras avanzaban por los senderos pinos de los bosques serranos de Navarra, por el hato de sus añorados porcinos desfilando por la calle de Enmedio. Pensó también por un momento que entre una matanza y otra no había gran diferencia: mucha sangre, muchos gritos, muchos espasmos. Pero estos cerdos uniformados habían ido dejando de suscitar lástima en su corazón.



miércoles, 18 de noviembre de 2015

Padrón 1n



Desde julio de 1834 se puede situar a Francisco Oliver López —ya como sargento 2º, recordemos— con toda exactitud en el espacio y el tiempo de sus aventuras militares, gracias a su Expediente. El 25 de dicho mes participó en la acción de Olazagoitia; el 31 de dicho mes en la de Puerto Baquedano; en Abarcino* el 28 de septiembre; en Zúñiga y Orbizo el 25 de noviembre; y en la acción de Carrascal el día 12 de diciembre, con la que terminó el año. Vayamos por partes.




                                                                   Abárzuza


* Debe ser una deleznable castellanización por Abárzuza, al sureste de Baquedano (Navarra), donde ese día del 28 de septiembre hubo una importante acción militar. Pero ya hablaremos de estas últimas; empezemos con la primera, Olazagoitia:


Cascada en el término de Olazagoitia. En primavera, con el deshielo, los arroyos experimentaban crecidas importantes, pero en pleno verano ocurría al contrario. Este de la imagen, en concreto, se secaba totalmente con los rigores de la canícula. El andaluz no debe menospreciar al verano del norte peninsular. El calor y la sed diezmaron a un batallón de cierto general isabelino en aquellos años, el cual por ignorancia lo obligó a marchar varias jornadas bajo el sol.


La de Olazagoitia se halla minuciosamente documentada por carlinos, cristinos y neutrales (o neutrinos, por hacer un chiste fácil).
Opto por dejar hablar a varios informantes y opinadores; algunos están plenamente identificados, otros son anónimos o he olvidado sus referencias. En conjunto nos ofrecen una visión real y exacta, por contrastada, de lo ocurrido en aquel verano del 34.

Toma la palabra el autor de "Galería Militar Contemporánea" de la cual copiamos las páginas 16 y 17 (con una ilustración sin numeración de página entre ellas):

https://books.google.es/books/ucm?vid=UCM5316047921&printsec=frontcover&redir_esc=y#v=onepage&q&f=false

(pág. 16) Dictadas todas estas medidas salió Rodil de Echarri-Aranaz el 25 de julio.
No hubo novedad en las primeras horas de la marcha; mas como el descanso general que Rodil dió a sus tropas en un lugar a propósito entre Olazagoitia y Zioraia, coincidiese con la llegada de Zumalacárregui al puerto de Bacaicoa, según había previsto y hemos dicho, y desde esta posición le fuese dable al caudillo carlista descender a cubierto hasta el camino real, parecióle segura la ocasión de atacar por el flanco a una columna isabelina que en aquel instante pasaba por la carretera.
Avanzó al efecto Zumalacárregui con el tercer batallón navarro; pero (pág. 17) por más rápida que fué esta operación, la retaguardia de la columna atacada estaba ya cerca de la venta de Alsasua cuando los primeros tiros carlistas anunciaron a las tropas de Isabel la sorpresa intentada por el enemigo.
Empezó desde luego un vivo fuego de guerrillas, mas como los de Zumalacárregui estaban apoyados por un solo batallón y a las tropas isabelinas les fuese fácil por lo despejado del terreno que ocupaban revolverse y hacer frente al brusco ataque que había recibido la segunda división, los carlistas hubieron de replegarse a sus reservas y ceder después al ímpetu de las columnas cristinas que apoderados de los puertos de Olazagoitia y Ziordia, amenazaban envolver las tropas de Zumalacárregui.
En tal estado el general carlista penetró en un espeso bosque, y allí, habiendo mandado a las columnas que armasen bayoneta, se decidió a recibir con ellas las tropas de la reina. Este choque, empero, que hubiese sido de éxito dudoso, terrible y sangriento, no llegó a verificarse porque sobreviniendo la noche las tropas de Isabel se replegaron a Ziordia, y los carlistas a Lezaun.
Este encuentro, sin resultados de valer, costó a los carlistas el comandante del tercer batallón D. Félix Ichaso.

Mucho más extenso y pormenorizado es Rodil en la Gazeta de Madrid, viernes 1 de agosto de 1834, periódico que reproduce su Parte de Guerra dirigido al gobierno de Madrid. Estaba este general recién llegado a la zona de lucha, tras haber intervenido en Portugal, donde Fernando VII había desterrado a su hermano Carlos Isidro porque no aceptaba que Isabelita su sobrina, hija de su hermano el rey, a la sazón una niña, heredara la corona. Oigámosle, aunque es extenso:

Parte recibido en la secretaría de Estado y del Despacho de la Guerra.
Excmo. Sr.: Lisonjeado hasta cierto punto con el plan de operaciones que había emprendido, y que tuvo algunas alteraciones locales sobre mi marcha desde Puente la Reina, según V.E. habrá observado por mis partes diarios, determiné, asegurados los valles de Araquil y la Borunda con la división de vanguardia a las órdenes del brigadier D. Francisco de Paula Figueras, salir de Echarriaranaz ayer con las divisiones 1ª y 2ª de infantería, mandadas por los mariscales de campo D. Joaquin Gómez y Ansa y D. Manuel Lorenzo, a mas de dos escuadrones de caballería, cazadores de la Guardia Real, con el jefe de la brigada de caballería a que pertenecen coronel D. Bartolomé Amor, dirigiéndome por el camino real hacia esta villa de Salvatierra para reunirme con las columnas de Vizcaya y Álava al cargo del mariscal de campo Don Baldomero Espartero y coronel D. Félix Carrera, que había mandado venir con la del brigadier Jáuregui, previsiva y muy oportunamente, sobre estos puntos o inmediaciones, conforme se lo permitiesen las fuerzas facciosas, verificándolo así y esperándome los dos primeros con toda la eficacia de su conocido celo por el servicio de la Reina, siendo mi intención doblar las Amescuas en seguida por los puertos de Vicuña, Opacua y Muniain, a fin de obligar a los enemigos con una batida general a salir de aquellas guaridas, y que su grueso, reunido o disperso, marcase la verdadera dirección y proyectos sucesivos para seguirlos de todos modos sin descansar; pues que el mariscal de campo D. Juan González Anleo con las divisiones 3ª y la de caballería, a cuya cabeza se hallan los de igual clase D. Luis Fernández de Córdoba y el barón de Carondelet, con las baterías de artillería competentes, custodiaba la ribera desde Cirauqui, Sesma y Lárraga.
Al haber andado dos leguas la columna de dichas divisiones 1ª y 2ª, me adelanté con el brigadier jefe de la plana mayor de este ejército marqués de Villarcampo, para hacer un alto de descanso entre los pueblos de Olazagoitia y Ciordia, por ser el espacio más anchuroso del valle desde Echarriaranaz; y efectivamente, hallándose en esta actitud las tropas que habían formado pabellones paralelamente a la carretera, sentimos algunos fusilazos sueltos cerca de la entrada del dicho Ciordia, y al momento fueron contestados por las guerrillas de la 2ª división que salieron inmediatamente, yendo el 2º batallón del 4º regimiento de la Guardia Real de infantería y 1º de Extremadura en protección de aquéllas, saliendo al encuentro de los enemigos que asomaban en número de tres batallones fuera del bosque contiguo al puerto de Urdiain, con dos más ocultos dentro de aquél, y comenzaban otros a bajar por el de dicho Olazagoitia hasta nueve, en total 50 hombres dirigidos por Zumalacárregui, Uranga, Eraso, Villareal, Areytio, Eras, Cuevillas y otros, en cuya dirección última fue destinado el primer batallón del 6º ligero en el momento mismo que yo estaba llegando allí después de haber dado todas las disposiciones necesarias a la buena colocación y formación de las demás brigadas, que a los primeros tiros tomaron sus armas y vitorearon a la REINA nuestra Señora con el mayor entusiasmo: en este estado, se empeñó un reñido combate; y aunque mis ideas eran llamar al enemigo a terreno despejado, no pude conseguirlo porla súbita bravura de los dignos jefes, oficiales y tropa que ardían por combatir, abriendo sin detenerse la acción, y a pesar de las inaccesibles posiciones que había que vencer, me decidí a no despreciar el ardor de estos valientes, y dar una lección a semejantes malvados, ordenando que el primer batallón de infantería de Soria con dos piezas de artillería sostuviese al 1º de dicho 6º ligero, y 1ª compañía de cazadores de la Reina de infantería, conservando en reserva a mi inmediación al 1º de Córdoba con el de igual número del referido 4º de la Guardia Real y otras dos piezas de artillería, yendo a mi izquierda en apoyo del mencionado general Lorenzo el 2º de la Reina de infantería de línea con el de la misma arma 2º de Córdoba; y por mi derecha dispuse doblase o flanquease la izquierda del enemigo el bizarro brigadier D. Manuel O-Doyle con el primer batallón del regimiento de África y una compañía de fusileros del mencionado 1º de la Reina; cuyo movimiento siguió también lleno de honor y de los mejores deseos el precipitado general D. Joaquin Gómez y Ansa, quedando asimismo en reserva y al cuidado del parque y provisiones las seis compañías restantes del indicaddo primer batallón de la Reina de infantería, ocupando el coronel D. Bartolomé Amor con los dos escuadrones de cazadores a caballo, una posición central inmediata a mi cuartel general sobre la desembocadura del puerto de Olazagoitia, con el objeto de aprovechar todo momento favorable.
Eran las doce y media cuando se comenzó la acción, y a las tres y media ondeaban las banderas del 1º ligero, 1º de África y 1º de Soria en lo más encrespado de los puertos de Olazagoitia y Ciordia, subiendo al trote el coronel Amor para perseguir a los enemigos con la primera infantería que tuvo la suerte de llevar la vanguardia para atacarlos, al cuidado del brigadier D. José María Herrera, jefe de la 1ª brigada de la 2ª división; pero la precipitación y fuga que tomaron los facciosos ha sido tal, que adquirieron muchísima ventaja, perseguidos por espacio de dos leguas, en que les tomaron varios prisioneros, siendo su pérdida entre muertos y heridos, de consideración, consistiendo la nuestra en 2 de los primeros y 29 de los últimos.
Merecen recomendación particular los heridos para las gracias a que los considere acreedores la munificencia soberana de la augusta REINA Gobernadora. También son dignos de igual recomendación los que más se han distinguido, sin que dejen de ser acreedores al Real aprecio de S.M. y benevolencia pública todos los individuos de las diferentes clases que me acompañaron en la jornada de que dejo hecha referencia, y que ansiaban a porfía por venir a las manos con los enemigos, muy cierto de que pocas veces se ofrecerá un cuadro más lisonjero a mi vista: soldados, sirvientes, paisanos, mozos, arrieros de las brigadas, cirujanos, médicos, capellanes, oficiales, jefes y generales concurrentes, ninguno faltó a su deber, antes bien lo adelantaron hasta el grado más extraordinario que podía apetecer; presentándose ocasión de brillar más el mariscal de campo D. Manuel Lorenzo,, comandante general de la 2ª división, y los jefes de brigada de ésta el brigadier D. José María Herrera, coronel D. Francisco Ocaña, jefe de la plana mayor marqués de Villarcampo, brigadier D. Manuel O-Doyle, jefe de la 1ª brigada de la 1ª división, mariscal de campo D. Joaquin Gómez y Ansa, y coronel Don Bartolomé Amor, jefe de la 3ª brigada de caballería de este ejército, sin olvidarme del brigadier barón de Mer, jefe de la 2ª brigada de la 1ª división que en reserva de la izquierda de la línea obedeció las órdenes del general Lorenzo.
Debo elogiar la firmeza, decisión y arrojo del 2º batallón del 4º regimiento de la Guardia Real de infantería, que correspondió al uniforme que viste, distinguiéndose particularmente su compañía de cazadores, sin embargo de haber perdido a su capitán en lo más fuerte de la acción. También merecen mi particular gratitud el bizarrísimo primer batallón del 6º ligero de infantería, con la 1ª compañía de cazadores del regimiennto infantería de la Reina, 2º de línea, que a mi vanguardia hicieron prodigios de valor, tomando el puerto de Olazagoitia equivalente a una brecha muy impracticable.
La batería de montaña de la 2ª división al mando del teniente del Real cuerpo de artillería D. José Lasala, hizo disparon muy oportunos que contribuyeron a la fuga y desorden de las columnas enemigas de nuestra izquierda, conduciéndose con su acostumbrado valor el coronel graduado comandante accidental de las baterías de campaña D. Cayetano Ulloa, que ocupó la posición que le designé a mi frente.
Mis ayudantes de campo, los de la plana mayor del ejército y divisionarios, como los de los generales de división y brigada, se hallaron durante las tres horas de combate en el más activo movimiento, comunicando órdenes y haciendo conducir municiones a lo más áspero de las encrespadas posiciones que ocupaban los enemigos, despreciando sus fuegos.
Siento, Excmo. Sr., haber sido tan difuso, pero no reseño aun brevemente el mérito que ha tenido la acción de Olazagoitia, que aunque no de resultados instantáneos y decisivos, espero sean de mucha trascendencia en mis operaciones sucesivas, por diferentes conceptos que están muy al alcance de la perspicacia de V.E., a quien suplico se digne dar cuenta a S.M. la augusta REINA Gobernadora para la debida satisfacción soberana, como prueba inequívoca de la lealtad acrisolada de este benemérito ejércitoo, cuya dirección se ha dignado fiar a mi cuidado.
Dios guarde a V.E. muchos años. Cuartel general de Salvatierra 26 de julio de 1834. José Ramón Rodil.

Y para poner el punto final a la entrada, unos recortes de prensa y bibliografía de la época:

En 1834 como señala Balbino García de Albizu, "los principales actores de la primera guerra carlista, visitan, descansan, establecen sus cuarteles generales, sus hospitales, sus fábricas de munición, pelean y matan en el valle. El pretendiente, Zumalacárregui, los generales isabelinos (Espartero, Lorenzo, Valdés, Rodil, Oraá, Anleo, Figueras, etc.) van y vienen por aquí. Se llevan alimentos, provocan hambre, miseria, enfermedad (el cólera) y muerte".

También en 1834 una epidemia de cólera, traída por los contendientes, mata a unos 150 amescoanos, la décima parte de los habitantes del valle.

En ese año, 1834, se prohíben los enterramientos en las iglesias (enterramientos que se venían realizando desde el siglo XV, pues anteriormente se enterraba en los alrededores de las mismas) y se habilitan cementerios más o menos alejados de las poblaciones. Noticia de la Amézcoa.


" ...destitución de Quesada*.
Coincidiendo con su relevo por el general Rodil, hizo Carlos (V) su entrada en Navarra por Zugarramurdi el 9 de julio y confirmó a Zumalacárregui en el cargo de comandante general. La primera confrontación del caudillo carlista con Rodil tuvo lugar el 26 de julio de 1834 entre Ormáiztegui y Ciordia, acción episódica que condujo a la más importante del 31 en la sierra de Andía, cuando Rodil intentó entrar en las Améscoas. El resultado de esta batalla de Artaza, fue desastroso para Rodil, que, en adelante, con el pretexto de perseguir al pretendiente, abandonó el enfrentamiento directo con Zumalacárregui."

* Ya conocemos al general Quesada, desde su empleo en Sevilla. En su variante Quixada, recordemos a doña Anastasia, esposa de Diego Ortiz de Juanguren.

Y para encuadrar al sargento 2º Oliver López en la maquinaria de guerra, observemos esta distribución de mandos y tropa en la infantería del ejército de la Regente en el oeste navarro, en su abrupta y boscosa frontera con el País Vasco. Esta era la estructura de dicha Infantería Ligera, donde Oliver actuaba:

Infantería Ligera (con seis Regimientos, entre ellos el de Oliver, el de "Voluntarios de Navarra nº 6"): Cazadores del Rey nº 1, Voluntarios de Gerona nº 3, Voluntarios de Bailén nº 5, Voluntarios de Aragón nº 2, Voluntarios de Valencia nº 4 y Voluntarios de Navarra nº 6. 
Cada uno de estos Regimientos tenía como cabeza una Plana Mayor, con 1 coronel, 1 teniente coronel mayor, 1 tambor mayor, 1 músico mayor, 11 músicos, 1 maestro sastre y 1 maestro zapatero.

Cada cada uno de los antedichos regimientos tenía dos batallones, que estaban formados por ocho compañías, de las que seis eran de fusileros, una de granaderos y otra de cazadores, además de una de depósito, encargada de recibir a los nuevos reclutas y darles la instrucción preparatoria. (Pasado un tiempo, el Rtº de Voluntarios de Navarra destinó a sus dos batallones a escenarios distintos).
Cada una de las ocho compañías estaban encabezadas por un Cuadro de Compañía, con 1 capitán, 1 teniente, 1 subteniente, 1 sargento primero, 3 sargentos segundos (uno de los cuales era Francisco), 1 cabo primero furriel, 4 cabos primeros, 3 cabos segundos y 1 tambor.

El número de soldados de una compañía no podía ser inferior a 52 en tiempos de paz y, por cada 30 soldados que recibía de aumento, se incorporaban también un oficial, un sargento y dos cabos.


sábado, 14 de noviembre de 2015

Padrón 1m





            Hacienda de la Sagrada Familia. Fachada a la calle de Enmedio.


La hacienda de la marquesa de Loreto se disputaba el espacio urbano con la de la Sagrada Familia, también en la misma zona de la calle de Enmedio, en la acera contraria. Esta última heredad resultó vencedora en la batalla temporal que ladrillos y maderas de edificios libran, puesto que ha quedado bien conservada, y hoy alberga salón de actos, sala de exposiciones, biblioteca municipal, talleres de cursillos de música, pintura, etc., y no sé que más. Fué declarada Inmueble del Patrimonio Histórico de Andalucía hace algunos años. El Instituto Andaluz de dicho Patrimonio habla de una antigua capilla dieciochesca denominada Sacra Familia en el solar, alrededor de la cual los marqueses de la Reunión de la Nueva España fueron construyendo añadidos, hasta formar una completa hacienda de olivar. Según las fuentes del Instituto, "su posterior evolución constructiva —desde que fuera antigua capilla— corrió bajo el amparo del título de los Marqueses de la Reunión de Nueva España, ostentado por la familia Guajardo-Fajardo, quienes mantuvieron la titularidad hasta la fecha de su cesión al pueblo en 1986."



 Interior de la hacienda. Antiguo molino de aceitunas, hoy biblioteca municipal.



                             Jardín de la hacienda, hoy de acceso público.

Por su parte e independientemente, el Ayuntamiento de Castilleja le dá al edificio un fuerte empujón hacia atrás sin más, hasta dejarlo en el siglo XVI y en propiedad de Hernando Jayán: "Los primeros datos documentales sobre la hacienda provienen del siglo XVI, cuando pertenece a la familia de los Hayán", dice la enigmática historiografía oficial de la Villa aljarafeña. Cierto y verdad que Hernando Jayán tuvo hacienda en dicha calle, y llegó a ser hombre importante en la Villa. Además mantenía un hospital aledaño, por simple altruismo (del cual ofreceremos jugosísimas historias). En todo caso, no me aventuraría yo a endosarle a don Hernando la hacienda de la Sagrada Familia así, por las buenas, al menos por ahora, y lo digo porque voy siguiendo la pista de su viuda, doña Luisa de Briones, quien a final del siglo XVI todavía engendra abundantes testimonios documentales, que en estos días estoy estudiando. Si hay relación entre la finca de Jayán y la de Andueza, pronto lo sabremos.
Pero... revolviendo hemerotecas digitales se encuentra una noticia en la prensa sevillana del año 1840 (15 de mayo) que anuncia: "Subasta pública. A voluntad de los albaceas testamentarios del difunto don Vicente de Torres Andueza*, vecino que fué de Sevilla, se vende en pública subasta una hacienda propia de dicha testamentaría titulada de la Sacra Familia, situada en Castilleja de la Cuesta, con bella y cómoda habitación alta y baja, nueva y perfectamente acristalada, lavaderos, tinahones, cochera, cuadra, almacén y molino de aceite con viga nueva, trojes y demás oficinas, habitaciones independientes para capataz y una preciosa capilla adornada con buenas pinturas; una aranzada de arboleda frutal y otra de viña que sirven de jardín a la hacienda, y en comunicación con ella una excelente viña de veinte aranzadas, toda para verdeo, de superior calidad; y sobre ciento veinte aranzadas de olivar en trece suertes inmediatas unas a otras, y en su mayor parte de primera calidad; apreciada en 759.116 reales, sin incluir la obra de consideración que se le ha hecho para mejorarla.
El remate se verificará el día 17 de agosto próximo a presencia de los albaceas en el sitio que con anticipación se avisará al público, y en dicho día y en todo el tiempo que media hasta él se admitirían las proposiciones que se hagan con tal que cubran las tres cuartas partes del aprecio, reservándose los albaceas la facultad de suspender el remate cuando las pujas no hagan subir dichas proposiciones por lo menos a las cuatro quintas partes del aprecio.
El pago deberá ser a metálico en el acto del otorgamiento de las escrituras de venta, al que precederá la entrega al comprador de los títulos de la finca. Sevilla, 15 de mayo de 1840."

* El señor Torres Andueza consta como vecino de Castilleja en tiempos de la Primera Guerra Carlista. Comerciante al por mayor, en 1816, 1817 y 1824 fue Cónsul del Consulado Terrestre y Marítimo y en 1818, 1821, 1826 y 1827 Prior del mismo (HEREDIA HERRERA, Antonia: “El Consulado Nuevo de Sevilla y América” en TORRES RAMÍREZ, Bibiano y HERNÁNDEZ PALOMO, José (Coord.): Actas de las V Jornadas de Andalucía y América. Sevilla, 1986, p. 300. Aquí está íntegro el estudio de la profesora Heredia: http://dspace.unia.es/bitstream/handle/10334/465/12JVTI.pdf?sequence=1
Se entiende que los comerciantes sevillanos, al perder en favor de Cádiz todo el negocio de la contratación con América, pretendiesen alzar en Sevilla algo que les resarciera de las cuantiosas pérdidas que empezaron a sufrir, y crearon este Nuevo Consulado, del cual nuestro hacendado don Vicente fue relevante miembro.
A Andueza lo encontramos en un Registro del Ganado Caballar que se elaboró en Castilleja en 1837, en reunión del día 4 de julio del Ayuntamiento formado por don José Ortíz, Alcalde Presidente, don José Tovar, don Rafael Jiménez, don Juan Cabrera y don Juan López, Regidores, y don Juan Fernández, Sindico Provincial General, mas el Secretario Esteban Velasco, para dar cuenta de la Real Orden del 4 de junio comunicada por el Señor Jefe Superior Político de la provincia, aparecida en el Boletín Oficial del día 24 relativa a la formación de un registro general que especifique el número de todos los caballos, yeguas, potros y potrancas de todas clases que existan en cada pueblo; los señores reunidos acordaron proceder sin pérdida de tiempo a la elaboración del citado registro. Por carecer el pueblo de albeitar (veterinario) se nombran al Secretario y a Manuel Caro, vecino de esta Villa, en clave de peritos inteligentes, para efectuarlo. De lo que resultó:
Dueños criadores: Rafael Jiménez (con tres yeguas de casta basta, echadas al garañón, y dos yeguas vacías); Juan Polvillo (con una potranca de un año, de casta basta); don Vicente de Torres Andueza (con una yegua vacía, de casta basta); José Vela ( ídem ); José de Oliver Tovar (con una potranca de un año, de casta basta); Francisco Caro (con un caballo domado, de cuatro años); Fernando Cansino Durán ( ídem ); Juan de Luque Castro ( ídem ); Antonio Pinto (con una yegua domada, de seis años); y José Marín Oliver ( ídem ); figuran además, poseedores de caballos de más de siete años, los siguientes vecinos: Juan de Oliver Negrón (con uno); Lorenzo Gonzáles (con uno); José Vázquez (con uno); Clemente Solís (con uno); José de Chávez Sierra (con uno); Miguel de los Reyes (con dos); Fernando Cansino (con tres); Antonio Caro Navarro (con uno); Juan Manuel Márquez (con uno); Juan Negrón Oliver (con uno); Antonio Ortiz (con uno); don Francisco ¿Mensayas? (con uno); José de Silva (con dos); Juan Sivianes (en blanco); Francisco Vázquez (con uno); Manuel Machado (con uno); Francisco Núñez (con uno); don Manuel del Camino (con dos); Manuel Cabrera (con uno); y don José Ortiz (con dos); y con yeguas de más de siete años: José Vela (con una); Juan Antonio Mellado (con una); Juan Polvillo (con una); y Juan Sivianes (con una).
Y en el referido registro de cuadrúpedos, en una observación al margen, se dice que "Hace más de diez años que se ha disminuido considerablemente esta clase de ganado, por las cortas ventajas que reportan los criadores en razón a los crecidos costos, por carecer el término de esta Villa y sus inmediaciones de terrenos de pastos." Firmado por el Alcalde el 14 de agosto de 1837.

"La obra más importante de Alonso Moreno (arquitecto de moda en aquellos años) y la más relevante construcción de este tipo durante el primer tercio del siglo XIX es la que le encargó Vicente Torres de Andueza en la calle Armas (Alfonso XII) de la que Álvarez Benavides, atribuyéndolo al citado maestro, dice que es de principios del siglo XIX. A Alonso Moreno lo tenemos documentado, al menos, desde 1806, cuando realiza el proyecto frente a la iglesia de San Miguel para el Marqués del Real Tesoro, hasta 1827, en que elabora otro proyecto para el Convento de Santa María del Real de la calle Corcheros (Tetuán) número 35 (calle Colcheros, exactamente, por los fabricantes de colchas que la habitaban). En mi opinión podríamos fijar la construcción de la casa Andueza en la tercera década del siglo XIX debido a que Vicente Torres de Andueza alcanza en este momento su mejor posicionamiento socio-económico." EN TORNO A LA ARQUITECTURA DOMÉSTICA SEVILLANA DEL SIGLO XIX:EL PASO DEL NEOCLASICISMO A LA ARQUITECTURA ISABELINA. José Manuel Suárez Garmendia. Universidad de Sevilla.
La mencionada casa de la calle Alfonso XII luego perteneció a los marqueses de Casa-Galindo, y así se la conoce hoy día. También es edificio del Patrimonio Histórico, accesible a visitantes los lunes de 11 a 1.



Nuestro hacendado se introdujo en un avispero, cual eran y son todas las cofradías y hermandades religiosas que proliferan por estas tierras, repletas de egoístas, egocéntricos, egotistas, ególatras... e infinidad de otros egos. Hermano mayor de uno de estos nidos de venenosos himenópteros, sito en la Sevilla invadida por los franceses del mariscal Soult, de los disgustos con que tuvo que apechar con propios —los cofrades y demás creyentes— y extraños —los gabachos— se dá detallada razón en este sitio de Internet:

http://www.siete-palabras.com/index.php?option=com_content&view=article&id=126:la-custodia-de-la-hermandad-sacramental-de-san-vicente&catid=7:resenas-historicas&Itemid=50



Tres días más tarde se celebra nueva junta en la capilla, en la que no apareció nadie de la Esclavitud de la Santísima Trinidad. Sí lo hizo Vicente Torres y Andueza, quien relató lo sucedido con motivo de la invasión francesa, en la que al solicitarse la venta de los retablos como parte de los bienes nacionales, le avisó el comisionado Ángel Gamboa para que los quitase de la capilla y evitar su venta, lo que hizo a su costa, depositándolos en la iglesia parroquial de San Vicente donde se colocaron con acuerdo de los curas y la Esclavitud de la Santísima Trinidad habiendo gastado su esclavo mayor su dinero para darle la forma que entonces tenía el mayor de la capilla, solicitando que si la hermandad lo tenía a bien pondría otros en lugar de aquellos, aunque no de tanta igualdad y hermosura, dando mil trescientos reales para dicho cometido. Ver http://www.siete-palabras.com/index.php?option=com_content&view=article&id=197:la-salida-de-la-archicofradia-de-las-siete-palabras-en-1864&catid=7:resenas-historicas&Itemid=50

Por otro lado, tuvo amplia difusión un cuantioso donativo que don Vicente otorgó al Hospital de las Cinco Llagas, hoy Parlamento de Andalucía. Agradecidísimos los sevillanos, dieron su nombre a una calle, aunque luego fué redenominada.

Dentro del amplio recinto del Hospital de la Sangre, la zona hospitalaria para la milicia fué creada en los tiempos de la Guerra de la Independencia por el médico del ejército Tomás García Suelto, alcanzando la Institución notoria fama que determinó que fuera ampliado y renovado ya en 1852 (sic) por Don Vicente de Torres y Andueza (de quien le proviene el nombre a la calle junto al recinto), quién, además, empleó su peculio personal para centralizar en el hospital de las Cinco Llagas los servicios de los añejos Hospitales hispalenses del Amor de Dios, del Espíritu Santo, de San Hermenegildo, de San Cosme y San Damián, etc, que configurarían al vasto inmueble como un verdadero “Hospital Central” de la ciudad de Sevilla con el anexo del destinado al ejército. http://sevillaciudaddeembrujo.blogspot.com.es/2008/10/experiencias-y-fantasmas-en-el.html

lunes, 9 de noviembre de 2015

Padrón 1l



En el año de su negra suerte, 1827, al futuro Oficial Jefe isabelino le cayó del cielo un sobrinito, hijo de mi tatarabuelo José. Llamóse Manuel María José de la Santísima Trinidad. Nació el 13 de enero y su madre era hermana de la que pronto sería mujer del escribano Esteban. Los abuelos maternos, Manuel Pacheco y Antonia Navarro, naturales y vecinos de esta Villa.


                                         Bautismos, Iglesia de Santiago

Así, podemos dar otra pincelada y completar el cuadro el día del Sorteo en la Hacienda de Loreto: la cuñada del futuro infante del Regimiento de Saboya mezclada entre el gentío, con el rorro en brazos pidiendo teta, lloriqueando quizá, mientras los dos niños sacaban de las ollas las papeletas y las autoridades del Ayuntamiento siseaban sonoramente requiriendo silencio y corrección a las masas. El nene tuvo como padrinos a Manuel y Antonia Chávez López, hermanos solteros (sin duda este López tiene que ver con el que ostentaban padre y tío, y si no, al tiempo).

Aquí hay un registro con interesante información: a Ynestrosa, en pleno agobio con las diligencias que ya conocemos, le nace otra niña, en 4 de agosto. La llamaron Ana María Rafaela mas otros cuatro o cinco nombres. Se especifica que don Manuel es natural de la Ciudad y Puerto de Santa María, lo cual no se contradice con su ya anotado origen cordobés, puesto que de la Ciudad Califal era el abuelo paterno, don Domingo Ynestrosa, esposo de doña Lucía Doblas, natural de La Rambla. Mas por parte de la madre también aparecen datos dignos de interés: los abuelos maternos son don Fernando Cansino, natural de Sevilla (creo recordar que de la collación de San Román) y doña Juana Domínguez, natural de Alcalá del Río. La guinda a todos estos ilustres apellidos castillejenses la pone el padrino: don Esteban Velasco, natural de Toreno en el Reino de León.


                             El Puerto, cuna de Ynestrosa, en el siglo XIX

En los folios del libro parroquial de natos del otoño de este 1827, llevando ya un mes de instrucción los reclutas, reaparece el gran jefe de todo aquel montaje en la Hacienda de la marquesa Nicolasa: nos referimos al Alcalde de primer voto don Pedro de Silva, analfabeto radical como sabemos, cuya esposa amerita más investigación por llamarse Oliver, de nombre Dionisia. Don Pedro y doña Dionisia fueron abuelos en esta ocasión de María de la O Josefa Eduarda Lucrecia de la Santísima Trinidad, nacida el 18 de octubre. Pero hay más complicación con el dichoso apellido Oliver, porque los abuelos maternos fueron Juan de Oliver Santos y María Flora López. Fijémonos en este matrimonio último porque sus hijos también se llamaban Oliver López, y de hecho recordaremos como uno de ellos, Francisco también, resultó libre de vestir el basto paño del uniforme militar.


                                         Desposorios, Iglesia de Santiago

Terminó el año y terminamos nosotros con el tema, para proseguir en otra ocasión con el 1828. Decir nada más que el celebérrimo apellido Rosales, una de cuyas titulares, Inés, daría luego impulso industrial al pueblo con sus tortas de aceite, ya se lee en documentos de la Castilleja de estos años, en la que las panaderías más importantes las explotaban los Cansino (ver supra). Y también que, a juzgar por lo abultado de los libros de bautismos y casamientos, aquí a retaguardia cualquiera diría que todos y todas se empeñaban en cubrir las bajas que los plomazos producían en el norte peninsular, para equilibrar la demografía*. Y quedan todavía por examinar los tomos de la parroquia de la Calle Real, por si fuera poco.



* "La guerra mata y resucita; destruye y crea. La sangre que no se derrama en los combates circula con más vigor, y nutre partes desmedradas del organismo social, mientras otras perecen." Benito Pérez Galdós. Episodios Nacionales (La campaña del Maestrazgo, capítulo 1º.)

¿La sangre humana, fuente de vida? En la mitología náhuatl, Huitzilopochtli, el Sol mismo, el dador de la luz y de todas las cosas necesarias para la vida, necesitaba alimentarse para poder luchar diariamente contra sus enemigos: los tigres de la noche, representados por la Luna y las estrellas. Para desgracia de los vecinos del pueblo azteca, el Sol sólo se alimentaba con el más preciado de los líquidos: el chalchíuhatl, la sangre humana. Para tenerlo siempre con vida y darle fuerzas para triunfar frente a los poderes tenebrosos de la noche era indispensable sacrificar a los hombres. Los aztecas pensaban que eran el pueblo elegido por los dioses para tan alta misión, y de esta idea fundamental deriva el sentido mismo de la vida para ellos. De su actividad guerrera, que proporciona las víctimas del sacrificio, depende que el universo siga existiendo.
http://mx.selecciones.com/contenido/a2746_la-sangre-humana-fuente-de-vida


Acudamos al lugar y hora en donde el deber patriótico nos llama, y ya situados entre chaparrones despiadados y rociadas de granizo desde arriba, y cañonazos, fusilería y balas plúmbeas desde todas partes, lo primero que haremos es recomendar alguna bibliografía digna a nuestros escasos pero entregados lectores. La primera muestra es de título un poco extenso: Galería militar contemporánea : colección de biografías y retratos de los generales que mas celebridad han conseguido en los ejércitos liberal y carlista, durante la última guerra civil : con una descripción particular y detallada de las campañas del Norte y Cataluña, obra original, redactada con presencia de diarios originales de operaciones y otros documentos inéditos, proporcionados por los diferentes caudillos que han de figurar en la historia. Madrid : [s.n.], 1846 (Sociedad tipográfica de Hortelano y Compañía). Disponible íntegramente y gratis en varios sitios de la Red, es obra sesuda y respetable en todos los órdenes.
 

Sita al otro extremo, dictada con el corazón en la cabeza y no al revés, vaya la referencia a un curioso librito, igualmente disponible en Internet, que lleva por título el que aparece en la imagen.




De solo los motes, alias y sobrenombres de los personajes con los que tuvo que pelear mi tío-tatarabuelo ya se pueden sacar conclusiones psicosociológicas abrumadoras y apabullantes: aquí se retrata a "El Serrador", a "El Royo (el Rojo)", a "El Llangostera", a "El Bosque", a "El Organista", a "El Pebreroig (pimentón o pimiento colorado)", a "El Jaque de la Piga", a "Peret del Riu", a "La Cova (un hombre)", a "El Royo de Nogueruelas", a "El Fraile de Esperanza", a "El Palillos", a "Viscarro (también "Pa sech", o Pan Seco)", a "Pepe Lama (del Ama)", a "Papaceite", a "Chambonet", a "Arriembanda", a "El Jalvegado", a "El Cedazero", a "La Bella (hombre; también "Perico la Bella", o "Petronila")", a "El Peinado", a "Calzones", a "La Diosa (hombre)"... etc. Las partidas empezaron a formarse muy poco después de la muerte del monarca, en las regiones de Aragón y Valencia. La mayoría de estos aventureros buscaban remediar la miseria que sus tristes futuros de labriegos o trajinantes les deparaba. Había también entre ellos muchos voluntarios absolutistas fieles a Fernando VII, mandados por militares con "licencia ilimitada", o sea, apartados del oficio de las armas por sus ideas carlistas.
De este material de deshecho se nutren, han nutrido y nutrirán todos los ejércitos que en el mundo la lían. Dicen autores muy bien considerados que Zumalacárregui consiguió, como posteriormente en otro contexto y con otros métodos Lawrence de Arabia y anteriormente el profeta Mahoma —por poner unos ejemplos—, reunir y disciplinar a una morralla desvergonzada, convirtiendo a las pandillas de ladrones, violadores y asesinos en ejército organizado y potente. En 1834 Zumalacárregui había logrado que el carlismo se mostrase arrollador en sus enfrentamientos con las fuerzas mandadas desde Madrid.



Hemos nombrado al guerrillero "Arriembanda". Se convirtió en padrastro de Cabrera al casarse con su madre. Ésta fué fusilada por los cristinos.




sábado, 7 de noviembre de 2015

Padrón 1k



Moría Fernando VII. Yace en la cripta real del monasterio del Escorial. A quien esto escribe le interesa más el "Carnerillo" junto a la iglesia de Santiago de Castalla Talaçana, —como llamaron al pueblo de nuestros desvelos los sicarios del antiguo rey Fernando III—. No obstante, se añade el plano de Wikipedia que sigue, por si algún castillejano de excursión cultural con el IMSERSO recala en aquel pudridero repugnante y quiere buscar a alguien en concreto. Ya sabe: móvil en ristre, que ahí están todos los fiambres a la carta.



Desde el principio y tras el sobredicho período de instrucción, hasta 1833, Francisco Oliver López anduvo "en guarniciones* y marchas, habiendo pertenecido en el último año (el dicho 33) al Ejército de Observación de la Frontera de Portugal"**, con lo que tuvo múltiples oportunidades de volver a Castilleja tanto desde Extremadura como por el Camino Real a Huelva y Ayamonte, ya como un "fogueado" Sargento 2º.

* El de guarniciones era un servicio de prácticamente completa inactividad.

** En este 1833 con motivo de la guerra civil lusa el Ejército de Observación estaba situado en la frontera entre Extremadura y el país vecino. La muerte de Juan VI de Portugal (asesinado con arsénico según se demostró en su exhumación en el año 2000), a la que siguió la guerra civil entre los partidarios de don Miguel y doña María de la Gloria, obligó a enviar y mantener un ejército en la frontera portuguesa. Su jefe fue el militar de origen irlandés General Pedro Sarsfield, primeramente en 1827 y luego desde 1833, en cuyo mes de octubre envió una carta de condolencia a la recién enviudada Reina Regente; recibió contestación el 12 del mismo mes con Real Orden de hacerse cargo de Vizcaya y Alava para sofocar sus "sublevaciones criminales". Ya sabemos que, a su vez, el Sargento Oliver pasó en dicho octubre desde Extremadura a combatir a las partidas carlistas aragonesas.
Fué asesinado el 25 de agosto de 1837 el General Sarsfield por sus propios hombres y su cuerpo arrastrado por las calles de Pamplona; se cree que los atrasos de pagos a "los peseteros" que constituían su tropa (soldados isabelinos mercenarios así llamados con desprecio por los carlistas, porque cobraban una peseta) y la radicalidad de los oficiales liberales que los mandaban, originaron el motin que llevó a su linchamiento.

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Un agradabilísimo paseo hacia el norte, más allá de la Hijuela de la Gitana y ya en término de Camas, aprovechando el corto permiso de fin de semana, compensaba todos los malos tragos sufridos en los desangelados servicios de frontera.

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Y desde principios del mes de octubre (un par de días antes — el 29 de septiembre— había muerto en Madrid el Rey Felón, según queda dicho) conoció a fondo la crudeza de la guerra en persecución de las facciones de los disidentes cuasibandoleros de Aragón, empleándose en ello durante los terribles meses invernales de aquella región que padecieron especialmente los sureños*. Del sur eran los soldados bajo su mando, por cierta política proveída desde Madrid por la que se instaba a las autoridades militares a encuadrar a los hombres del mismo origen en las mismas formaciones, para hacerles más llevadero el rigor de la contienda.

* Ya tenían algún anticipo. A eso de las siete de la mañana del martes 11 de enero de 1820 empezó a caer nieve sobre El Aljarafe, cubriendo de un espeso manto blanco campos, calles, plazas, patios y tejados. Por la noche arreció la nevada hasta que la lluvia del día siguiente atemperó la inclemente atmósfera. Niños entonces los futuros quintos, supuso el insólito fenómeno algo así como la vacuna frente a la gravísima enfermedad, valga la metáfora, que significaba para los andaluces occidentales el invierno de Aragón.


En ocasiones como esta, típica escena turolense de aquel año, los aljarafeños echaban de menos los ratitos pasados en su tierra.


Aunque, a fin de contextualizar, debíamos haber elaborado en entrada anterior la nota que sigue, lo vamos a hacer ahora en este 1833-34 porque "más vale tarde que nunca" y porque es conveniente y saludable regresar a nuestra villa de vez en cuando y no perdernos por regiones remotas, gélidas y desconocidas. Al "pacifista" escribano Esteban Velasco, que una vez libre de la Quinta merced a su estratagema de encogerse cual gusano casó con la castillejana María de las Mercedes Pacheco, muriósele una hija párvula el 25 de noviembre de 1832, la que fue enterrada en el porche de la iglesia de Santiago: la niñita se llamaba María Josefa. Un mes antes, el 18 de octubre, fué enterrado ahí mismo o poco más o menos el cadáver de la viuda Isabel Cabrera, anciana que no requirió los servicios del dicho escribano Velasco para otorgar su testamento, porque no poseía nada, de pobre que era; fué en sus últimos años viuda de Juan Oliver Rosa, lo cual se relaciona directamente con uno de los reclutas de Saboya, el mozo apellidado Oliver Cabrera.
También el Fiel de Hechos Ynestrosa, personaje protagonista del Sorteo y omnipresente en los documentos que lo recuerdan puesto que era él mismo quien los escribía de su pluma y letra, cargó con su cruz un año después de aquel trabajo, cuando Ana María, su hijita con doña María Manuela Cansino, murió: era el 4 de noviembre de 1828. Otra mujer en directísima relación (como que era su madre) con otro de los quintos, Jiménez Caro, María Josefa, murió el año anterior a la Quinta, el 20 de mayo de 1826, y fué sepultada el 21 en Santiago, dejando con ello viudo a Andrés Jiménez, y también sin testar por la misma causa: no tener nada que repartir; como se ve , ya constaba como difunta en las diligencias del Cupo.
Y aprovechando que estamos de entierro, para ahorrar cambiarnos el luto riguroso por indumentaria más alegre, adelantemos un tiempo: en 1836, el 27 de septiembre, pasó al más allá Juan de Oliver Cabrera, viudo en segundas nupcias de María Flora López, o sea, viudo al cuadrado; recordemos que un Oliver Cabrera salió con la papeleta de "Soldado" nueve años antes; bien podría ser hijo o nieto del difunto, ya lo veremos.
Vamos adelante, hasta cuando nuestro militar protagonista, pasada toda la primera guerra carlista, andaba en Ultramar en la paradisíaca —para algunos pocos— Isla del azúcar. Fué el 7 de septiembre de 1844 cuando el chiquillo de cinco años de edad Gregorio Oliver Pacheco murió de una calentura maligna, siendo enterrado en Santiago; era sobrino del Capitán Oliver, de guarnición en Puerto Rico, adonde una carta peninsular podía tardar en llegar 30 días, incluso 45; Gregorio fué hijo de mis tatarabuelos José Oliver López y María Manuela Pacheco (nótese que por Pacheco los Oliver son parientes del escribano Esteban Velasco, casado con una Pacheco como acabamos de decir); testigos del entierro del pequeño Gregorio fueron don Juan de Chávez Ortiz, maestro de sangrador, y José de la Rosa, del campo, todos naturales de esta Villa.
Veamos el siguiente extracto de partida de defunción: Entierro en Santiago de Francisco de Paula Oliver Cabrera, viudo de 74 años, hijo de Juan de los Santos Oliver y de Isabel Cabrera. Inflamación de orina. Testigos, Gabriel Ortiz, Alcalde Constitucional, y Esteban Velasco, Secretario del Ayuntamiento. Murió el 30 y fué enterrado el 31 de julio de 1846. Próximamente desliaremos los parentescos que sugieren estos apellidos con los tres soldados.
Y por último, enlazando con entrada pasada, por este otro registro se aclara el origen del apellido Colorado, poco frecuente en Castilleja como ya apuntamos, pero todavía patente en nuestros días en la localidad de su procedencia: José Colorado, natural de Tocina, casado, 60 años, herrero, hijo de Lucas Colorado, herrero, y de Petronila Romero, naturales de Tocina. Murió de enfermedad crónica, y no testó por ser pobre. Muerto y enterrado el 26 de julio de 1849, testigos Francisco Barquero y Antonio de Oliver.

Y tras este pesadumbroso recorrido al cementerio, en próxima anotación daremos cuenta y razón de datos más regocijantes y felices, cuales son los de matrimonios y nacimientos acontecidos en aquellos años decimonónicos de referencia.


Notas varias, 2o.

De entre los personajes destacados en los documentos sobre Francisco de Vilches, figuran: — El  Teniente de Pagador de las Armadas Reale...