domingo, 15 de mayo de 2016

Orsuche, Orsuchi, Orsucci... (1)

Se cumplen estos días 400 años de la muerte de Cervantes http://400cervantes.es/ Estrechar la borbónica mano, blancuzca y viscosa, y marearse con los perfumes de desvergonzados chulánganos y de momificadas meretrices en el lujoso salón de actos del Instituto por haber recibido un premio y homenaje es actividad que varios notorios autores estudiosos del mundo cervantino tienen que tragarse pese a su supuesta repugnancia (supuesta porque así debe ser en este caso concreto la repugnancia, sinónimo de la inocencia, según el principio universalmente aceptado). Con este granito de arena que humilde, pero en rebeldía, aporto a la mastodóntica conmemoración que estos días se celebra por el aniversario de la muerte del autor del Quijote solo pretendo pasar las horas de ocio con que la Diosa Circunstancia me ha regalado, y entretenerme sin mayores aspiraciones. Si enseño deleitando, según opción seguida y continuada por ilusos pedagogos ya pasados de moda, eso salen ganando los lectores de estos párrafos.

Del célebre escritor piensan que era, como [pensaban] todos los excombatientes, un fanfarrón engreído y fatuo, frustrado con el inri de soportar el desprecio y las coces del Poder, el cual como es sabido nunca reconoció sus "servicios a la Corona". Tal frustración le llevó a despotricar de dicho Poder y de sus valores nobles, elitistas y caballerescos, mediante un cuentecillo satírico cuyas primeras páginas produjeron en su atormentado psiquismo vengativo tan placentera descarga, tan beatífico bienestar, que continuó y continuó rascando folios con la pluma y engordando la pila de papelotes, creando tras días y noches de desvelo un ya grueso tomo, hasta que sobrevenido encima el embrollo del falso Quijote de Avellaneda lo obligó, so pena de menoscabo a su sátira, a trabajar con todavía más tesón en una segunda parte.
Esto es a grandes rasgos el pedestal sobre el cual se alza la gloria y fama del archirrenombrado don Miguel de Cervantes Saavedra según sus más acérrimos críticos, que añaden que fue sodomita de sus captores en Argel y que por ello le perdonaron la vida en los cuatro intentos de fuga que efectuó. El el último de ellos las autoridades argelinas decidieron poner fin a tan mal ejemplo para los demás presos, y cargándolo de cadenas lo introdujeron en un barco que había de llevarlo a Constantinopla. En tal preciso momento apareció el fraile redentor de cautivos Juan Gil con el dinero exigido por su rescate, y Cervantes quedó por fin libre y camino de su añorada España. Introduciremos en estos capítulos al delator por cuya causa el cuarto intento de fuga de Cervantes quedó frustrado, después de ofrecer una panorámica de la Castilleja de aquellos años y de ciertos personajes moradores en esta Villa y directamente vinculados con la aventura del autor del Quijote y especialmente con su delator, un chivato religioso que había llegado a Argel también cautivo, dos años después de ser apresado Miguel de Cervantes.

En mi método histórico, que principiando en lo particular marcha hacia lo general para volver al punto de partida, retrocediento antes de perderse en nebulosas demasiado amplias e inaccesibles, —piénsese en las ondas de un enormísimo estanque al que se arroja una piedra—, parto de Castilleja de la Cuesta, desde donde en círculos concéntricos a lomos del Tiempo, círculos que se reforzarán a ellos mismos al retornar, revisaré vidas y aventuras como buenamente pueda.

Iniciamos la simbólica agitación del Líquido de Cronos en olas concéntricas desde una mujer ya entrada en años que vivió en nuestra referida Villa aljarafeña hasta final del siglo XVI durante gran parte de su segunda mitad, una viuda conocida como doña Elvira de Illescas, dedicada a la administración de su hacienda y de sus viñas, a llevar pleitos exigiendo el dinero que le pertenecía por su matrimonio, a la tutoría y educación de sus hijos menores de edad y a cargar con las mofas y burlas que la conducta de un inocentón y cándido cuñado suyo —al que vamos a conocer— producían en la sociedad castillejense.
Pagaba ella con exactitud los derechos de alcábala de las cosechas de mosto, licor que se solía gastar en consumo propio, en venta a mesones locales y en mayor medida en transportarlo a Sevilla para su exportación a Las Indias. Estos derechos de alcábala pertenecían al amo de más de tres cuartas partes de la Villa, don Enrique de Guzmán, conde de Olivares y padre del célebre don Gaspar, el Conde Duque. Administró algún tiempo los bienes de dicho don Enrique en Castilleja precisamente el esposo de doña Elvira, ahora en 1599 ya difunto, don Vicente de Orsuche y Abreu. Como hombre de confianza del Conde, ejerció de tesorero, contador, mayordomo... siendo de esta forma y manera una de las más relevantes personalidades castillejanas. Por enemistades originadas en el cobro de alcábalas e impuestos recuérdese que fue excomulgado Cervantes cuando era comisario de abastos para la Armada (la Iglesia no deseaba soltar prenda de sus bienes terrenales) aunque él no era trigo limpio tampoco, porque luego por afanar dinerillo público fue encarcelado en Sevilla en 1597.

Pero volviendo a don Vicente, diremos que su trayectoria vital en nuestro pueblo y las de sus allegados están muy bien definidas gracias a la cantidad de documentos que este "brazo derecho ocasional" del Conde fue dejando a su paso.
Podemos empezar por la aprobación, aceptación y ratificación que Ana Sánchez, hija natural de Juan Sanchez Dalvo, hace de una cláusula del testamento de su padre, que decía: "Item mando que se den de mis bienes a Ana, que dicen que es mi hija, de edad de 18 años, que está en Valencina en poder del ama que la crió y de Alonso Muñoz su marido, 300 ducados, para su casamiento o estado de religión que ella quisiere tomar, los cuales para este efecto tenga en su poder y administración Alonso de Olivares, mi yerno*, los cuales le dé y pague luego que hubiere tomado cualquier de los dichos dos estados, con tanto que cuando los recibiere dé por libres y quitos a mis herederos de cualquier cosa que ella pretendiere pedir de mis bienes en cualquier manera; y si la dicha Ana no quisiere estar por esto, o por justicia alguna cosa pidiere a mis herederos en cualquier manera, le revoco esta manda y mando que no le dén los dichos 300 ducados; y si antes de tomar cualquiera de los dos estados la dicha Ana falleciere, mando que los dichos 300 ducados vuelvan y se dén a Hernando de Albo**, mi hijo, además de su legítima."
El testamento de Juan Sanchez Dalvo pasó ante el escribano público de Sevilla Mateo de Almonacid el día 6 ó 16 de octubre de 1576.

* Alonso de Olivares de la Barrera, vecino de Sevilla en la collación de San Andrés y estante en esta Villa, como cesionario del monasterio, prior, frailes y convento de San Agustín extramuros de Sevilla, de la herencia de fray Diego de Solís, fraile profeso del dicho monasterio, por escritura ante Francisco Díaz de Vergara, escribano público de Sevilla, da todo su poder a Juan de Ayala y a Gonzalo Vallejo de Illescas, vecinos de la Villa de San Juan del Puerto, ausentes, para que vendan o den a tributo todos los bienes raices de casas y tierras que le pertenecen como cesionario del dicho monasterio por los bienes que le cupieron del dicho fray Diego por las legítimas de Alonso de Illescas y doña Ana de Solís sus padres, conforme a la partición que se hizo; y con el dinero que obtengan paguen a los acreedores de dicho Alonso Olivares. Dado en casa del escribano Hernando de las Cuevas, viernes 27 de noviembre de 1587, testigos Hernando de las Cuevas el mozo, Juan de las Cuevas y Miguel Gómez.
Alonso de Olivares otorga que conoce al Conde don Enrique de Guzmán y dice que por cuanto él compró de doña Estefanía de Virués, viuda que fué de Ruy Dias Nieto, dos solares en que están hechas unas casas y tres aranzadas de viñas junto a ellos, todo en esta Villa, que los solares lindan con el corral del Concejo y con viñas de los frailes de San Agustín, con viña del doctor Cueva, con viña de Diego Navarro y por el otro lado con el callejón a Albarjáñez, todo ello con 384 maravedíes de tributo anual, ahora a petición del Conde reconoce dicho tributo y se obliga a pagarlo. Dado en el Señorío en casa del otorgante, 6 de octubre de 1589, testigos Juan de las Cuevas, Diego Sánchez y Juan Rodríguez, vecinos de esta Villa.
Alonso de Olivares junto con el clérigo Luis de Figueroa fueron albaceas y patronos de la hacienda de Luisa de Rojas, mujer de Íñigo Ortiz de Juanguren, según escritura ante Mateo de Almonacid, escribano público de Sevilla, de 30 de marzo de 1574. Esta hacienda perteneció al corredor de lonja Pedro Ortiz y luego a sus herederos, y una de ellos, María Ortiz, mujer del jurado Marco de Castellón, vendió un tributo impuesto sobre dicha heredad al prior, frailes y convento del monasterio de Santo Domingo de Portaceli, de la Orden de Predicadores, que es cerca y fuera de la ciudad de Sevilla. La venta a los frailes se hizo ante el bachiller Mateo de la Cuadra, escribano público de Sevilla, el 14 de julio de 1508, por precio de 23.750 maravedíes.
Y en su testamento otorgado el jueves 28 de septiembre de 1564 en nuestra Villa, doña Beatriz Ortiz de Juanguren, hija de Diego Ortiz de Juanguren y mujer de Francisco de Morales, dice llevar un pleito con los herederos de Antón Rodríguez Navarrete su tío, y que si lo gana den a sus sobrinos Hernando de Abrego, Diego Ortiz, Lorenzo de Figueroa y a doña Beatríz Ponce de Figueroa (hijos de su hermana Íñiga Ortiz) 30 ducados a cada uno.
Consta en el Archivo de Indias, en fiable relación con estos Ortiz, el "Expediente de información y licencia de pasajero a Indias de Sancho Fernández de Miranda, corregidor de Cuenca (Quito), con los criados siguientes a Quito:
-Alonso Ortiz de Abreu Galindo y Jerónimo Abreu Galindo, naturales y vecinos de San Juan del Puerto, hijos de Juan Ortiz de Abreu y de Elvira Abreu de Galindo.
-Pedro de la Llana, natural de Solórzano (Burgos), hijo de Francisco de la Llana y de María de Taraguello.
-Martín Muriel, natural de Sevilla, hijo de Francisco Martín Muriel y de Isabel de Valencia. Fecha de la licencia, 24 de marzo de 1616."
Sobre Alonso de Olivares: CERDA OLIVARES, Fernando de la, Regidor perpetuo de Cádiz, n. y vº de Sevilla, Hº del Lizdo. Juan de Olivares de la (Barrera) y de María Ponce de León, Ntº de Hernán Rodríguez de Olivares y de Leonor de la (Barrera). BC, HN. LAC, Nov. 1635 petición; LCP, Nov. 1635. (La blanca de la carne. Hidalguía).

** Era usual esta clase de abreviaturas. Dalvo por De Alvo. En este agosto de 1581 consta, como acabamos de ver, doña Leonor Dalvo como doncella, hermana de doña Elvira de Illescas. De unos meses antes, en martes 25 de abril de dicho año 81 existe un otorgamiento de poder que una doña Leonor de Alvo, viuda de Francisco Bravo, vecina de Sevilla en la collación de San Bartolomé, concede a Pedro Bravo, vecino de Sevilla y corredor de lonja en ella, morador en Castilleja, presente, para cobrar cuanto le deban y para llevar pleitos al respecto. Dado en el Señorío de esta Villa en casa del dicho Pedro Bravo, fecha ut supra. Testigos Diego López, Diego Navarro y Francisco Vanegas, vecinos de esta Villa.
Este corredor de lonja Pedro Bravo, y Pedro Bravo de Laguna su hijo, también vecino de Sevilla, fueron los albaceas testamentarios de Leonor de Espinosa, mujer de Alonso de Ribera Calderón, vecina de Sevilla en la collación de San Bartolomé y que testó en Castilleja en casa del escribano Hernando de las Cuevas estando sana y buena y en su buen seso. Parece originaria de Jaén, y dejó por heredera a una sobrina suya hija de Juan ¿Pedrosero?, vecino de Mengíbar, población jienense.

También era usual cambiar el género masculino del apellido de un hombre por el femenino, para aplicárselo a su mujer: Morena por Moreno, Maldonada por Maldonado... etc. Así nos encontramos con una tal Beatriz Alva: Juan Vázquez, vecino de esta Villa, vende por juro de heredad a Hernán Diáñez su hermano, también vecino de esta Villa, un pedazo de solar que tiene aquí, dentro de las casas que fueron de su padre Bartolomé Vázquez, linde con solar de Marina Jiménez que dió a Antón Navarro su yerno, y con casas que fueron del dicho Bartolomé Vázquez y ahora son de Beatriz Alva, el cual solar vendió a Juan Vázquez su cuñado Juan Zamorano y la mujer de este, Mayor de Llerena, con cargo de un ducado de tributo anual a Baltasar Lasso, vecino de Sevilla; y se lo vende por precio de 10 ducados. Dado en esta Villa en casa de Hernando de las Cuevas, sábado 20 de mayo de 1581, testigos Diego López y Alonso Martín.


Así que Ana Sánchez, la hija natural de Sanchez Dalvo, se obligó a no pretender otra cosa aparte de los 300 ducados, so pena de 50.000 maravedíes, según protocolo elaborado el 8 de agosto de 1581 en el Señorío de Castilleja en casa de don Vicente Orsuche de Abreu, siendo ella mayor de 24 y menor de 25 años, por lo que tuvo que hacer el juramento especial exigido a los menores de edad. Fueron testigos los vecinos de Sevilla Nicolás Orsuche y Juan Felipe Bartoli, y el de nuestra Villa Francisco de Torres.
Y en dicho día después de lo que antecede parecieron ante Gaspar* doña Elvira de Illescas y su hermana doncella doña Leonor Dalvo, vecinas de Sevilla, y por ellas y en nombre de los demás hermanos, todos como herederos de Juan Sanchez Dalvo (a la sazón Inés de Illescas, mujer del dicho Alonso de Olivares, y el dicho Hernando Dalvo) aceptaron la anterior escritura de obligación de su hermanastra Ana Sánchez, que les había sido leída por Gaspar, siendo testigos los mismos, Nicolás, Juan Felipe y Francisco.


* Se trata de Gaspar de Torres, escribano publico de Sevilla que actuó una temporada en Castilleja y que no hay que confundir con Gaspar de León, otro escribano hispalense que al parecer era de la confianza de la familia Orsuche-Illescas.

En la referida casa de don Vicente y en tal día, mes y año, la susodicha doncella Ana Sanchez, vecina de Sevilla y estante en esta como queda expresado, otorga conocer a Juan Andrés, vecino de la Villa de Aznalcóllar, hijo de Francisco López y de Ana Gonzalez, vecinos de Aznalcóllar también y presentes en el acto, y dice que por cuanto tienen concertado casamiento, por la presente promete en dote 300 ducados, los cuales son los de Juan Sanchez Dalvo su Señor (nunca se refiere de otra manera a su padre natural). El depositario Alonso de Olivares, estante en aquellos días en la Villa de Fuente de Cantos, los paga en dos plazos, de los que ya ha entregado uno. Ana ahora pide a su futuro marido carta de dote de este primer plazo, que le entrega en reales de plata. Todo lo cual hecho ante los testigos Nicolás Orsuche, Juan Felipe Bartoli y Gabriel Sanchez, vecinos de Sevilla. El aznalcollero Juan Andrés ratifica la carta sobre la conformidad con los 300 ducados en el mismo lugar y fecha y con los mismos testigos. (Era en este 1581, de tanto ajetreo burocrático para los Orsuche, Alcalde Ordinario de nuestra Villa Alonso Franco).
El de Aznalcóllar, futuro marido de Ana, peca de la misma soberbia que su suegro Sanchez Dalvo, quien en la cláusula testamentaria que acabamos de ver se expresa acerca de su hija natural de manera que, sin reconocer su paternidad, queda a salvo su honra de caballero haciendo una generosa concesión a la opinión pública ("que dicen que es mi hija") y una no menos generosa dádiva, más bien limosna condescendiente (los 300 ducados) que acredita su prepotencia de riquísimo mercader y un desprendimiento hipócrita, pero que lo delata como involucrado en la paternidad. De esta forma la relación con su hija es absolutamente desequilibrada, impregnada de desprecio y de desconsideración, muy lejos de un pacto entre iguales. Por añadidura sólo le da a elegir como proyecto de vida la celosía de un convento o el fogón de un hogar. Y curiosamente el futuro marido se refiere a la doncella en los mismos términos: "que dicen que es hija de Juan Sanchez Dalvo", con cuya expresión va a continuar ya de por vida con la actitud absolutamente carente de consideración del padre. No menos importante es el ninguneo despreciativo que padre y novio hacen de la madre de Ana, a la que se ignora y se la hace inexistente y muda, sin opinión ni declaración alguna al respecto. Lo cierto y verdad es que Juan Sánchez Dalvo le da 300 ducados a Ana Sánchez por el solo hecho de que "dicen que es su hija". Es inverosímil que con tal argumento alguien se desprenda de 300 ducados. Siendo así, le lloverían las reclamaciones de paternidad a diestro y siniestro.

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