lunes, 30 de mayo de 2016

Orsuche, Orsuchi, Orsucci... (5)


Hemos expuesto documentalmente cómo Francisco Rodríguez de Espino aparece muchas veces en relación con Orsuche, actuando en su nombre o haciéndole diversos servicios. Creemos que debió ser su capataz al menos. Ahora veremos que trata a doña Elvira la mujer de Orsuche como "su señora", de donde se desprende que don Vicente era "su señor". He aquí el testamento de este hombre (año 1597), abreviado y exento de las fórmulas y frases comunes que prologaban a los de aquella época: Francisco Rodríguez de Espino, vecino de esta Villa, enfermo, otorga su testamento. Entierro en la iglesia de Santiago en la sepultura de sus padres o donde a sus albaceas les pareciere. Que acompañen su cuerpo el día de su entierro 8 clérigos. Encarga por su alma misas cantadas y rezadas en dicha iglesia, en la capilla del Obispo de Escalas*, en la iglesia de la Victoria en Triana y en la capilla del Crucifijo de Sangre, y 2 misas en la iglesia de Santiago de nuestra Villa por las ánimas de sus padres difuntos. Dona 40 reales para los pobres y necesitados que a sus albaceas les pareciere. Y 4 reales para la cera de la iglesia de Santiago. Declara que tiene ciertas cuentas pendientes con Vicente Orsuche de Abrego del beneficio de la hacienda de éste y dineros que en ella gastó y recibió el que testa, cuyo escrito lo tiene Orsuche; y declara que las cuentas hechas por él son ciertas y verdaderas, excepto en una partida de carreteros que está engañado en 4 ducados. Pide que se acaben las cuentas y que si debe algo a Vicente, que se le pague, y si es al contrario, que se le cobre. Declara que tiene en su bodega una tinaja de 100 arrobas de Vicente, que le prestó, y manda que se le devuelva. Declara que "su señora" doña Elvira de Illescas, mujer del dicho Vicente, le prestó una tinaja de 50 arrobas y manda que se le devuelva. Declara que le debe Gaspar Suárez 60 maravedíes de media arroba de vino que le vendió. Declara tener otra tinaja de 6 ó 8 arrobas de Vicente Orsuche, que se le devuelva. Declara que compró para dicho Orsuche un soto de cañas para beneficio de su hacienda y de ellas vendió cantidad de 150 reales, y porque tiene dudas si consta en los libros de cuentas arriba declarados en poder de Vicente, que si no está, que se le pague. Declara que Francisco Vázquez Montero le prestó 80 reales, que se le paguen. Declara que debe a doña María del Nero 100 reales que le dió para que le fuera enviando carne, que se le paguen. Declara que debe al Conde de Gelbes 38,5 reales en que se concertó el diezmo de las viñas del que testa en Torrequemada en 1596, manda que se le paguen. Declara que cuando se casó con Paula Rodríguez ella trajo 15.000 maravedíes, según consta en la carta de dote, y manda que se le paguen. Declara que él no llevó bienes, y los que tienen son multiplicados y partibles entre ambos. Declara que ella, ya casada con él, heredó de sus padres Francisco Sánchez y Elvira Sánchez un solar en esta Villa, linde con casas de Álvaro Alemán y con casas de doña Francisca de Mendoza, manda que se le entregue como cosa suya que es. Declara que él casó a su hija Juana Rodríguez con Juan Caro y le dió en dote y casamiento 15.000 maravedíes, según carta de dote que pasó ante Hernando de las Cuevas, escribano de esta Villa, y manda que si quiere heredar que los traiga a colación y partición con los demás sus hermanos. Declara por vía de inventario que sus bienes son: 5 aranzadas de viña, 4 de ellas en el Señorío de Torrequemada con cargo de 14 reales y 12 maravedíes de tributo al Conde de Gelves; unas casas en esta Villa, linde con casas y huerta de Francisco de Torres Frías y doña Isabel de Alfaro y con casas de Elvira Sánchez; 6 tinajas para echar vino de a 40 arrobas poco más o menos. Dice que tiene otros bienes muebles en su casa, de los que hará inventario después de su fallecimiento. Declara que él es tutor y curador de Jusepe y Pedro, hijos de su hermano Juan Rodríguez de Espino, con tutela dada ante el escribano de esta Villa Hernando de las Cuevas por mandato del doctor Rojas Cabeza de Vaca, Juez de Residencia, y que él dió para vestir a Pedro de ¿Villegas? 44 reales poco más o menos, y manda que se haga la cuenta entre ellos y se les pague lo que él les debiere, porque a los demás hermanos les tiene pagadas sus partes. Manda que se dén de sus bienes a su hija Isabel el tercio y quinto, con el cargo de que sea obligada a pagar a su nieta Paula, hija de dichos Juana Rodríguez y Juan Caro, 6.000 maravedíes para ayuda a su casamiento u otro cualquier estado, y si no los tomare, que sean para su hija Isabel. Nombra como albaceas al bachiller Francisco Gallego Becerra, cura beneficiado de esta Villa, y a Paula Rodríguez su mujer. Herederos, Juana Rodríguez, Bartolomé Rodríguez e Isabel Rodríguez, sus hijos con dicha Paula. Dado en esta Villa en casa del otorgante, 21 de septiembre de 1597, testigos Hernando de las Cuevas el mozo, Juan Rodríguez Gordo y Francisco González Fuerte, vecinos de esta Villa.

* La capilla del obispo de Escalas (Scala, reino de Nápoles), sita en la catedral sevillana, era el segundo lugar preferido para celebración de misas de los castillejanos en trance de diñarla, según se comprueba en sus testamentos durante todo el siglo XVI en adelante. La inmensa mayoría de ellos las encargan en la referida capilla en segundo mandato, inmediatamente después de las que mandan celebrar en el lugar de sus enterramientos (que es en general la iglesia de Santiago en nuestra Villa).  Ver https://it.wikipedia.org/wiki/Scala_(Italia)



"Capilla de Scalas. Debe su nombre a Baltasar del Río, que fue canónigo de la Catedral y obispo de Scalas. Marchó joven a Roma y, estando al servicio del cardenal de Oristán, pronunció ante el papa Julio II un magnífico discurso sobre la muerte y pasión de Jesucristo. El sermón gustó mucho y ya se esperaba Baltasar una recompensa cuando Julio II falleció súbitamente. Le sucede León X y, de nuevo, Baltasar del Río, que debía tener un pico de oro, deleitó al nuevo Pontífice y a los padres conciliares con otro encendido discurso. Ahora sí le llovieron prebendas, y al beneficio simple que ya tenía de la iglesia de santa Catalina (que como no le metan mano pronto se nos va a caer), se sumó la canonjía de la Catedral hispalense. 
Sin embargo, ansiaba una mitra, aunque fuera pequeñita; el caso era ser obispo. Finalmente se le concedió el obispado de Scalas, un rincón perdido del reino de Nápoles, con pocas rentas y asolado por la peste. A nuestro personaje le daba igual, ya que nunca pisó los terrenos de su feligresía: con el título le bastaba. Más tarde obtendría también el arcedianato de Niebla.
Baltasar del Río no era querido en Sevilla. Tenía una notable, parece que merecida, fama de chivato  (mariconas llamamos por aquí a estos personajes y aclaro, para los foráneos, que el término no tiene nada que ver con su orientación sexual) y se dedicaba a despotricar por sistema contra el resto de obispos españoles. A pesar de todo, en 1.517 el Cabildo sevillano le cede una capilla libre de patronato para que pueda construir su mausoleo, el cual fue terminado durante su vida, tal y como se contempla aún en la actualidad. En 1.540 en su testamento especificó su deseo de ser enterrado allí; desgraciadamente falleció poco después en Roma el 1 de enero de 1.541 y la tumba quedó vacía para siempre. Su cuerpo reposa en Roma, en la iglesia de Santiago de los Españoles, junto a la de su hermano gemelo Francisco. 
El cenotafio, de estilo genovés y realizado en mármol blanco, muestra la figura yacente del obispo, sostenido por niños. En el fondo del nicho donde se sitúa sarcófago figura un medallón con un relieve de la Virgen con el Niño."

Citado por http://liturgia.mforos.com/1699079/10972723-sepulcros-episcopales-hispanos/?pag=2 que lo extrae de http://leyendasdesevilla.blogspot.com.es/

Nacido en Sevilla (1468), Baltasar del Río fue uno de los hijos del secretario del arzobispo Don Diego Hurtado de Mendoza y Quiñones, quien encauzó su carrera eclesiástica enviándole a Roma donde destacó por su erudición.

Se alargó la enfermedad de Francisco Rodríguez de Espino, porque 4 meses después de dictar su última voluntad otorgaba un codicilo: mandó entonces que se diese en la iglesia de Santiago un treintanario de misas por su alma, que revoca y manda ahora que se digan en el monasterio de San Francisco en Sevilla. Mandó que se cobrasen de Gaspar Suárez 60 maravedíes que le debía, y ahora dice que ya se los pagó. Declara que Juan Caro su hermano (siendo así, Juan se casó con su sobrina, hija del que testa, ver supra) vivió en su casa 22 meses, y porque él pagaba por dicha casa 9 ducados y una gallina de tributo anual, que por ello se le cobren a su hermano 10 ducados. Declara que debe al Concejo de Gelves carga y media de uva del año 1597. Declara que él sacó por bienes de Juan Maduro una capa, un sayo y unos calzones, todo por valor de 4 ducados, por deuda a Vicente Orsuche de Abrego, y porque él se quedó con la ropa, manda pagar a Vicente los 4 ducados. Ratifica todo lo demás de su testamento. Dado en el Señorío, en sus casas de morada, 19 de enero de 1598, testigos Antón Navarro el viejo, Bernardo de Oliver* y Antón Navarro el mozo.

*Hijo de otro Bernardo de Oliver ya difunto, protagonista de la serie "Los Juanguren y el espadero". Este Bernardo el mozo también tuvo sus más y sus menos con la espada, aunque no llegó a tan terribles consecuencias como llegó su padre, sino que en una trifulca dejó de un tajo "manco de un dedo" a su contrincante, como veremos detenidamente más adelante.

Antón Delgado, Juan Asencio y Gabriel Díaz, vecinos de Salteras, otorgan que conocen a Vicente Orsuche de Agrego, vecino de Sevilla, y a Francisco Miguel en su nombre, y se obligan a ararle con 8 yuntas de bueyes y de ahí para arriba, 140 aranzadas de olivar que son en Caxar y el Sarnozo, de la encomienda de Villaalbilla y de la encomienda de Calatrava, que Vicente tiene a renta, y se obligan a ararlas de dos hierros, uno de alzar y otro de vinar* a vista de personas que entiendan, dejando muy pocos cuchillos** y verdes, yendo bien redondos los pies, y si no cumplen, que Francisco Miguel los pueda ejecutar con solo su juramento, y traer otros aradores a su costa; y ararán por precio de 8 reales la aranzada de dos hierros, que son 1.120 reales; y reciben 300; a condición de que recibirán ramón para sus bueyes***. Francisco Miguel, presente, se obliga a todo ello. Dado en casa de Hernando de las Cuevas, escribano de esta Villa, 17 de febrero de 1598, testigos que conocen a los aradores, Francisco Rubio y Francisco Delgado, y Pedro de las Casas, Hernando de las Cuevas el mozo y Francisco de Castro, vecinos de esta Villa.

* "Alzar. Lo mismo que dar el primer hierro ó arado á las tierras. [...] Después vuelven la mano por donde empezaron dándole otro hierro, á lo que llaman binar." Semanario de agricultura y artes dirigido a los párrocos. Verlo en http://hemerotecadigital.bne.es/results.vm?q=parent:0003318435&lang=en

Dar una "reja" o "hierro", arar. Binar: Dár segunda reja à las tierras, y labrarlas despues del barbécho. Latín, terram iterare, repastinare. "La segunda reja à la Primavéra, y esta se llama binar, que quiere decir segundar, que viene de Bis en Latin... Y quando las tierras récias se binan, las que son ligéras, sino han sido arádas, se pueden barbéchar."  Alonso de Herrera, Agricultúra, libro 1º, capítulo 5. (Diccionario de Autoridades).

** Cuchillo, "zona de la peana del olivo próximo al tronco que deja sin labrar la yunta o tractor". Vocavulario Andaluz. Alcalá Venceslada. Resulta de forma bilanceolada.

*** Un moderno y completo estudio de la FAO (Departamento de Agricultura) sobre el ramón como alimento para rumiantes: http://www.fao.org/docrep/004/X6545S/X6545S03.htm

http://www.magrama.gob.es/ministerio/pags/Biblioteca/fondo/pdf/3344_5.pdf

https://books.google.es/books?id=CBMIUg55XooC&pg=PA25&lpg=PA25&dq=yunta+arado+siglo+XVI&source=bl&ots=oExtm8ivdM&sig=-BWiYxJYVi3cx1uYMPLG4dvOuSM&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjjtJSe5P_MAhWBVhoKHQGqB3sQ6AEIJTAB#v=onepage&q=yunta%20arado%20siglo%20XVI&f=false



Juan Zambrano de Mesa y Antón de Morales de Herrera, labradores vecinos de Sanlúcar la Mayor, de mancomún otorgan que conocen a Vicente Orsuche de Abrego, vecino de Sevilla, y a Francisco Miguel en su nombre, y se obligan a ararle con 6 yuntas de bueyes reveseras*, o más según a dichos labradores les parezca, 150 aranzadas de olivar que tiene a renta en Villaalvilla, encomienda de Calatrava, de dos hierros, uno de alzar y otro de vinar, bien arado a vista de personas que entiendan, dejando muy pocos cuchillos y verdes y yendo bien redondos los pies, y se obligan a empezar el lunes 16 de este febrero con el primer hierro, y el otro cuando sean llamados, hasta acabar; a 8 reales cada aranzada, que montan 1.200 reales, de los que reciben 600 por adelantado y los otros 600 en echando a vinar y habiendo vinado la mayor parte, so pena de 20.000 maravedíes para quien incumpla; y Orsuche habrá de darles ramón para los bueyes, para cada yunta que arare un hombre con una márcola** que desmatoje el ramón que han de comer los bueyes. Francisco Miguel, presente, acepta, y todos ellos se someten a las Justicias de Castilleja de la Cuesta. Dado en casa del escribano Hernando de las Cuevas, 13 de febrero de 1598. Testigos que conocen a los labradores, Pedro Gutiérrez y Gonzalo Martin, arrieros vecinos de Sanlúcar la Mayor, y Hernando de las Cuevas el mozo y Francisco de Rivas.

* Reveseras. Origen: (De revezo). Adjetivo.  Que alterna o se remuda. Suele decirse en algunas partes de los arados y ganado de labor.
REVEZAR, v. n, Remudar, suceder, ò entrar de nuevo y de refresco. Es formado de la particula Re, y el nombre Vez. Dicese tambien Revezarse, Lat. Per vices mutare. Fray Luis de Granada, Symbolo de la Fé, parte 2, capítulo 20: ... Mas el cruel tirano, con mucho coraje, mandó que unos y otros y muchos más se revezasen en la azotar. (Diccionario de Autoridades).

** Márcola. Fué en Castilleja apodo de uno de sus vecinos (El Márcola), amigo de la infancia de mi padre, y a pesar de que no soy partidario de maldenominar a nadie, sino de usar sus nombres y apellidos, lo anoto aquí con todo el respeto que me merece alguien que compartió con dicho mi padre muchos ratos felices propios de la primera edad. http://dle.rae.es/?id=ONgMBkL


Ya puestos en la infancia, recuerda de su niñez quien esto escribe la labor en el campo con arado romano. Casi al salir de su calle y doblar la esquina se extendía ya en término de Gines un terreno rojizo y feraz, apenas sin ondulación y ligeramente inclinado de sur a norte, lado aquel que limitaba con olivar, y este con camino entre las dos Villas, a todo lo cual llamábasele La Era por la que hubo junto al dicho camino allí en un principio cuando la sembradura era de secano.



Los arrendadores de esta suerte —de la misma familia que este escritor por la parte abolengo-paterna— fueron los últimos agricultores que usaron el arcaico sistema en el pueblo, aunque el tiro no se ejercía con bueyes, sino con mulos. Uncido al arado se colocaba al animal de mayor tamaño y fuerza, y delante como suplemento puntero y guía al más pequeño y débil. Tiene vivísima en la memoria la ancha cuchilla espejeante por el esmerilado de los diminutos fragmentos de pedernal cortando el suelo suelto con un susurro blando, y el revolver de los recortes fragmentados de la greda limpiamente rebanados resbalando por la curvatura metálica para caer suavemente a un lado formando el caballón y dejando abierta y visible la larga herida húmeda perfectamente rectilínea en la que pululaban lombrices que se disputaban grandes pájaros blancos y zancudos a los que denominan garcillas bueyeras o espulgabueyes, ave-símbolo de lo inalcanzable y puro para aquellos niños, cazadores a lo sumo de modestos gorriones, chamarices, verderones y gilgueros.

Junto al serpenteante camino entre las dos poblaciones se había levantado un sombrajo de palos retorcidos techado con secas ramas de palmera y abierto amablemente al oriente hacia Castilleja. Y al lado del umbrío cobijo expandía su magnética y fresca profundidad como un ojo universal e invisible (el Ojo de la Historia que observa fijamente en el Instante Presente a quien esto escribe) un pozo de brocal de ladrillo blanqueante de cal, cuya polea llegó a ser sustituida por una mohosa rueda de bicicleta pequeña exenta de cámara y cubierta, quizá por frustrar a los chatarreros que afanaban las preciadas carruchas de forja de hierro macizo acaso para malvenderlas al peso en los antros grasientos de La Pañoleta.
Y todo ello —choza y pozo— sombreado por un albaricoque o melocotonero de no muy robusta y frondosa corporeidad pero magnánimo y obsequioso de dulces frutos de terciopelo sonrojado. Al tal pozo añadiósele ya tardíamente un motor de extracción de agua que convirtió así la haza en huerta de habas, lechugas o tomates o todo a la vez y que apagó con su ininterrumpido ronroneo las voces antiguas que antes alentaban a los cuadrúpedos en su penosa tarea, ahora sustituidos por la fuerza de un pequeño tractor de mano.



Eran los colonos gente paciente y abierta, tenaz, noble, de fácil sonrisa; de pocas palabras, pero sabias y medidas. En el sombrajo impartía su magistral sapiencia al coro de niños que acudía a diario el patriarca de la rama familiar, un anciano alto y seco de carnes, con anteojos redondos y gorra añosa, excarpintero con carné del Partido Comunista de la preguerra civil que se había librado de las blancas y suaves zarpas del capitán Fuentes Ferrer  no se sabe muy bien cómo, y en los tiempos del arado romano que se describen ocupado a modo de afición en la regencia de una docena larga de cajas descuajaringadas de colmenas que se enfilaban despintadas al otro lado del camino alejadas hacia término de Valencina al norte y ocultas entre los hinojales perfumados de la última espesa arboleda de aceitunos junto al patrón entre el vetusto Gines y la antigua Villa del Alcor, hoy de la Concepción.



Durante el periodo escolar y por algún error de cálculo por la mañana los niños llegaban al colegio de religiosos maristas del barrio demasiado temprano, y en estas oportunidades salían por los callejones aledaños al centro de enseñanza hacia la semicalle trasera que separaba el núcleo de viviendas del campo, y veían pasar en dirección a La Era a los mulos masivos y lentos, pardos e interminables, (barcos navegando en la luz mortecina del crepúsculo), golpeando recios y espaciosos el suelo endurecido con sus cascos como para comprobar la solidez del globo terráqueo, y detrás parsimonioso al labrador tranquilo oculto el rostro con el sombrero. Y a los escolares cargados con sus pesados carterones de cuero (el plumier con lápiz, palillero, plumillas de acero y goma de borrar, y los cuadernos pautados de "CON LA PLUMA ME ABRO PASO", mas el Libro de España y El Quijote abreviado) les parecía que a cada paso de los enormes equinos se estremecía el terreno, la comarca, la patria...
En la foto que antecede se observa a los componentes de una "clase" con el profesor marista en el centro, y señalado con flecha verde Antonio, que llegaría a ser autor de este blog de historia de su pueblo. Nótese el barro y los charcos después de un aguacero (el barrio estaba pavimentado aproximadamente en un 20 por cien solamente). A la derecha se ve el colegio y a la izquierda el chalé de esquina, linderos del callejón que desembocaba en el olivar cuyas copas aparecen al fondo.





Foto superior, portada de El Libro de España. Foto inferior, ilustración de una de sus páginas que muestra a los dos hermanos protagonistas invitados por un carretero a subir en su vehículo.

Inpirado en sus vivencias infantiles en La Era, el autor de este blog de historia pergueñó una de sus primeras entradas: http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2008/06/las-escaleras-iii.html  

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Notas varias, 2v.

Por mediación de las visitas anuales efectuadas por las máximas autoridades religiosas de la provincia para supervisar el estado y buen gob...