sábado, 29 de julio de 2017

Notas varias, 2g.




Bartolomé de Vega, mientras limpiaba con un trapajo el polvo del agrieteado almud* de medir los áridos, bromeó con su sobrino, cuya sola presencia le había trocado el mal humor con el que acostumbraba a empezar el día por una saludable oleada de energía y esperanza:
— ¿Qué...? ¿cómo va esa vida de aguardentero? Mucho me temo que sin licor, si no fuera por el burro, no podría vuestra merced llevar a casa las dos fanegas ni haciendo un cuento de viajes, ¡¡jajaja jajajaja!! —Bernardo sonrió. La carcajada del viejo había resonado en la bóveda como algo a la vez fantasmagórico y entrañablemente familiar. El encargado de las semillas mostraba ojos y boca resaltando brillantes en mitad de su cara enharinada, como si pertenecieran a otra persona. Prosiguió en la misma línea:
— ¡¡ Ja jaja ... jajaja !! Y... ¿qué me cuenta de esos amores?  Maria Alonso es una doncellita que vale un tesoro, sobrino. No abandones el cerco... ¡¡ jajaja !! —y le comenzó a cargar un celemín tras otro en los sacos que, al efecto, Bernardo había traído en el fondo de las angarillas. Enrasaba el recipiente con el borde de su mano extendida, devolviendo con un movimiento rápido y maquinal al montón el sobrante que desbordaba el cubículo. El trigo estaba seco y de dar y recibir, según la fórmula usada en los contratos. Sin dejar de bromear, prosiguió Bartolomé: —ya intercederé por tí ante su padre, mi buen amigo el señor don Andrés Suárez, Bernardito, ¡ ja jaja!. Pero a condición de que cuentes conmigo para el convite, ¿¡ eeeeh !? ¡ jajajaja ! ... —.

Cargado que estuvo el burrito con los dos sacos regresaron a casa. Bernardo iba pensando en la próxima siembra, y en que en el cobertizo del patio de su casa el carbón del horno de la caldera de pulpa de uvas estaba esperando la yesca, el eslabón y el pedernal. Le reconfortó pensar que dentro de un momento podría calentarse.

Si volvemos nosotros al Pósito, veríamos al viejo mayordomo apuntando la entrega con groseros garabatos en un cuaderno amarillento, apoyado en el repecho del ventanuco trasero y manejando una sucia y despeinada pluma de ganso que mojaba en un pocillo costroso de cuerno de buey, mientras un gatazo rubio de ojos azules lo observaba, pendiente de los movimientos de su mano. ("Como me tire el tintero le retuerzo el pescuezo", pensó el amanuense): "A dos días del mes de diciembre del año de mil y quinientos y noventa y siete. Dos fanegas de trigo a Bernardo de Oliver". Normalmente no hacía este trámite sin que al menos dos testigos de la entrega al labrador de turno estuviesen presentes, pero en esta ocasión debido a las circunstancias familiares se habían concertado en que luego, ya más entrado el día, buscarían a un par de amigos o tres que atestiguaran el préstamo.
El Pósito, como todo lo que está bien hecho —sillares de piedra serrana de Gerena—, resistió casi doscientos años sin que fuera necesario mas que algún somero mantenimiento de vez en cuando. Durante el siglo XVIII se diversificaron los géneros que podía almacenar, y tenemos documentadas tinajas de aceite con venta al por menor a los vecinos, cuyo contenido, que con el frío invernal adquiría una consistencia mantecosa, siendo imposible extraerlo para su despacho, se derretía manteniendo pequeños braserillos de carbón encendidos bajo las referidas tinajas.
Ya de puro viejo, entrado el siglo XIX, el Pósito se derribó desde los cimientos. En el solar se levantó una tahona con su despacho de panadería, la más importante del pueblo en aquella época, perteneciente a unos Cansino**. El señor padre de quien esto escribe trabajó en ella de aprendiz con unos 11 ó 12 años de edad, cuando la Dictadura de Primo de Rivera daba sus últimas boqueadas. Refería el panadero en ciernes rememorando su infancia: "había que levantarse muy temprano", y "todo lo que ganaba tenía que dárselo a mi padre". Era el tiempo de adquisición de marchamo industrial de las hasta entonces caseras tortas de Inés Rosales, cuando su "inventora" alquilaba el horno de dicha panadería porque el de su casa se le había quedado pequeño. Mi padre era un muchacho tímido ante aquel grupo de mujeres que, como una bandada de golondrinas, llegaba cada día con sus chácharas, bromeando y riendo. Una, no recordaba bien quién, le zahería respecto a sus orejas, muy separadas entonces —algo muy común en niños—, comparándolas con "soplillos del horno".
Mas la tahona que sustituyó al antiguo Pósito también al poco tiempo resultó insuficiente para Inés, debido a la gran demanda del archiconocido y redituable producto. Pero, para ver todos los detalles, http://www.inesrosales.com/centenario/html/es/primeros_anos/ . Durante el siglo XX surgió en aquel lugar del desaparecido Pósito un fuerte competidor en la fabricación de la torta de aceite: Andrés Gaviño, de orígen bormujano y cuya factoría, trasunto de la utilizada por doña Inés en sus comienzos como queda dicho, fué —reiteramos— la antigua tahona que sustituyó a nuestro almacén de trigo, cebada y centeno.

En la Plaza hace un rato que el sol ha abandonado a los tejados, al torreón de Salinas y al pináculo del campanario de Santiago. Se enciende con guiños el gran rótulo de neón de la fábrica de tortas Andrés Gaviño y su luz verde clara crea una atmósfera espectral. Los niños que corretean por el área parecen ser recién llegados de Neptuno. El cielo, el suelo y las paredes son irreales. Aquí y ahora lo blanco es celeste desfondado, lo rojo negro siniestro; por causa de la incredibilidad de los ojitos, los cerebros emiten insistentes señales de alarma, camufladas por el griterío alborozado de los infantes. Muchachas extraterrestres pasan envueltas en resplandores fosforescentes, comiento pipas de girasol con fruición, cuya sal parece lo único que las ancla al mundo castillejano. Está empezando su carrera la maravillosa década de los sesenta.



* Almud. Cajón de madera que se usa como patrón, con una capacidad de entre 4,5 y 11 litros según el lugar y la época de uso. En ocasiones tiene un almud y medio de capacidad y una separación en su interior para medir un almud por un lado y medio por el otro. El lado interno de sus paredes también puede contener rayas para medir cantidades más pequeñas. Almud de tierra: superficie que puede sembrarse con un almud de grano, aproximadamente 50 metros cuadrados.
Dice Federico Corriente en su Diccionario de Arabismos (Gredos, 1999) que almud es medida de áridos correspondiente a un celemín, del andalusí almúdd y este del árabe clásico mudd. Y sobre celemín anota que lo definió así Nebrija, y que hay que pensar que en los casos en que designa una medida mucho mayor lo hace por confusión con almudi, confusión fonéticamente comprensible, en la que cae el mismo Corominas y que mantiene Kiesler en su Kleines vergleichendes Wörterbuch der Arabismen im Iberoromanischen und Italienischen. Tübingen, Francke, 1994, pág. 242. Sobre almudi remite Corriente a almuédano, "el que llama a los musulmanes a la plegaria desde el alminar". Sobre el celemín la RAE sigue a Nebrija y a Corriente: "Medida de capacidad para áridos, que tiene 4 cuartillos y equivale en Castilla a 4,625 litros aproximadamente".




** Cansino. En el año 1852 vivían en aquel tramo de casas sobre el solar del antiguo Pósito, en la numerada con el 6, Juan Antonio Mellado, de 74 años, casado, natural de Sevilla con 36 años de residencia en Castilleja; Gertrudis Cansino Domínguez, de 67 años, casada, natural de Alcalá de Guadaira (Alcalá de los Panaderos), con 41 años de residencia en Castilleja; José María Díaz, de 50 años, casado, sirviente, natural de Sevilla con 4 meses de residencia en Castilleja; Gabriel Morales, de 19 años, soltero, sirviente, natural de Utrera con 6 meses de residencia en Castilleja; Francisco Fernández, de 17 años, soltero, sirviente, natural de Valencina, con 3 meses de residencia en Castilleja.
Y en la vecina casa numerada con el 9, Manuel Cansino Durán, casado de 37 años, panadero, natural de Castilleja; Ana Cabrera Oliver, de 36 años, su esposa, natural de Castilleja; y sus hijos Manuel, de 15 años, natural de Bormujos con 11 años de residencia en esta Villa, Fernando de 12, natural de Bormujos con 11 años de residencia en esta Villa también, Ana, de 6 años, natural de Castilleja, Francisco, de 8 años, natural de esta Villa de Castilleja, y Juan, de 3 años, idem; mas Antonio Jiménez, casado de 29 años, sirviente, natural de Sevilla con 8 meses de residencia en esta Villa, José Castaño Argüelles, soltero de 19 años, sirviente, natural de San Andrés (Asturias), con 8 meses de residencia, y José Márquez, casado de 34 años natural de Sevilla, sirviente con 1 año de residencia en Castilleja.
Casi 40 años atrás un Juan Mellado y dos Fernando Cansino (uno de ellos menor), vivían en la Plaza de Santiago, en el año 1818.



Hasta la fábrica de la Calle Real —en la foto, sus hornos— siguió empleado el joven aprendiz, luego autor de los días del autor de este blog, durante la Segunda República, con el lapsus de la movilización franquista, para luego en la postguerra recuperar su puesto de trabajo, que mantuvo ya casado y con sus hijos e hijas —yo entre ellos— crecidos. Figura como "tortero" en los censos y padrones de aquel tiempo. Un trabajo duro el de los hornos en julio y agosto, en jornadas desde las seis de la mañana hasta las tres de la tarde si mal no recuerdo, aunque quizá fueran todavía más amplias, del orden de diez u once horas diarias.

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 Volvamos a situarnos en la Castilleja de entre el XVI y el XVII.  Aquí aparecen más cuñados de El Espadero, y también aparecen sus suegros:

Bartolomé de Vega*, hijo de Juan de Vega y de Inés Martín, difuntos, vecino de esta Villa, otorga que recibe en dote y casamiento con Isabel de León su esposa, hija de Roque Muñoz, difunto, y de Ana Ruíz, vecinos de Villanueva del Camino**, 83.592 maravedíes, que recibe de dicha su suegra, parte de ellos en los siguientes bienes de ajuar: sábanas de lienzo casero con dos tiras de red anchas, sábana de anjeo***; delantera de cama con su tira de red y lienzo; almohadas; cojinicos labrados de azul; colchón; saya de paño amarillo con tres fajas de tafetán morado en 3 ducados; saya de paño azul con tres fajas y cuatro valencianas de terciopelo azul; ropilla de tafetán negro con sus valencianas de lo propio en 8 ducados; cuerpos de tafetán negro y mangas de lo propio en 2 ducados; corpiño de tafetán morado colchado en 8 reales; sábana de paño blanco con cuatro pasamanos aterciopelados blancos en 4 ducados; manto de anascote en 3 ducados; dos guadamecíes dorados en 4 ducados; toca de seda y sombrero y chapines con sus hebillas en 20 reales; cama de Holanda que tiene cuatro paños con el cielo labrado de negro en 24 ducados; dos medias sillas de cadera en 15 reales; mesa; arca; acetre; lebrillos verdes; sarten; cojines; caldera; trébedes; tinajuela; asador; candelero; jubón de Ruán; y camisas de mujer. Mas 34.500 maravedíes pagados por Vicente Orsuche, por el servicio que doña Isabel de León le hizo y por la limosna en dote que doña Isabel Robles de León le dió de los bienes del Licenciado Diego Sánchez, su tío, que dicho Orsuche paga como marido de la dicha doña Isabel de Robles de León****, y otra parte por la herencia del dicho Roque Muñoz, difunto padre de la esposa. Dado en la casa de morada de los otorgantes Bartolomé e Isabel en esta dicha Villa, en miércoles 15 de agosto de 1582, siendo testigos Diego López y Francisco de Aguilar.      

* Es el mayordomo del Pósito que atendió a su sobrino Bernardo el Aguardentero. Hermano de Marina (casada con Francisco Miguel) y de Magdalena (casada con Bernardo de Oliver el Espadero).

** No encontramos este topónimo en la península ibérica.

*** De Angeu, nombre provenzal del ducado de Anjou, en Francia, de donde procede. Especie de lienzo basto. RAE.

**** Extraña la coincidencia de nombre y apellido entre la esposa de Bartolomé y la de Vicente. Pero en aquella época y según nuestros usos actuales, la transmisión de apellidos reserva muchas sorpresas. Teresa Robles de León, viuda del Hijodalgo Notorio Juan de la Cueva Melgarejo, pidió reconocimiento de hidalguía en 1593.

Bartolomé de Vega y su mujer Isabel de León, vecinos de esta Villa, venden a Juan Flores Taboada, vecino de Sevilla en la collación de San Vicente, un pedazo de viña en Gines que se nombra ¿La Hijuela? de una aranzada, linde con viñas del comprador y con viñas del Licenciado Valladares y con la hijuela que va a Gines. Con declaración que la leña que está en dos ¿higueras?, de acebuche, y algarrobo, y cinco pies de aceitunos que están en dicho pedazo de viña, no entran en la venta, porque la dicha leña es de Juan Donaire, porque la ha de sacar y llevar libremente, porque es suya, de aquí a fin de septiembre. La cual viña  tiene un cargo de 62 maravedíes de tributo que se paga al Marqués de Villamanrique, Señor de Gines. Y se la venden por precio y cuantía de 550 reales. Dado en esta Villa, en el Señorío, estando en casa de Juan Flores Taboada, domingo 17 de junio de 1582. Testigos, Juan Sánchez Venegas y Alonso Martín Revuelta el viejo.


                                         Firma de Juan Flores Taboada

Diego de Vega, vecino de Sevilla en la collación de Santa María y estante en esta Villa, como hijo y heredero de Juan de Vega y de Inés Martín Revuelta, sus padres difuntos, vende a Bartolomé de Vega su hermano, vecino de Castilleja de la Cuesta, toda la parte que le corresponde de unas casas con sus palacios, patio, corral, y todo lo anexo, que es la quinta parte de ella, linde con casas de Leonor Martín y con casas de Francisco Miguel, con cargo de la quinta parte de 40 ducados de principal, y el tributo que saliere de ello, que se pagan a Lucía de Vega y a los herederos de Diego Rodríguez, y una fiesta perpetua que se dice por el ánima de Cristóbal Martín Bermejo y sus herederos. Y es condición que quede a cargo del otorgante Diego de Vega la parte que le cupiere pagar de la herencia de Juan de Vega su hermano, porque está en Indias*, y la partieron entre todos los herederos. Y la dicha quinta parte de la casa se la vende por precio de 200 reales (6.800 maravedíes), que recibe del dicho Bartolomé al contado. Dado en esta Villa de Castilleja, estando en casa del escribano Hernando de las Cuevas, que es en el Señorío, martes 19 de junio de 1582. Testigos, Juan Sánchez Venegas, Diego López y Francisco de Villadiego, vecinos de esta Villa.

* "Que está en Indias" implica que vive. No se entiende, por tanto, que hallan heredado de él sus hermanos.

Andrés de la Fuente y Catalina de Vega su mujer, vecinos de esta Villa, venden a Bartolomé de Vega, hermano de ella y vecino de esta Villa, presente, la quinta parte de dichas casas (ver supra) que le tocó a ella en la dicha herencia, con el mismo tributo y fiestas, y queda también lo del indiano. Y le venden la dicha quinta parte por precio de 211 reales. Fecha y testigos, idem idem.


Y, a estas alturas, ya va siendo necesaria una actualización del árbol genealógico:



martes, 25 de julio de 2017

Notas varias, 2f.



Habíamos dejado a Francisco Miguel (marido de la hermana de la esposa de Bernardo de Oliver el Espadero) vendiendo bueyes a cameños y bormujanos en la entrada anterior. En el siguiente documento que obra en nuestras transcripciones —contando con que surjan otros en el futuro, traspapelados en las cajas de Castilleja del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, lo cual es bastante frecuente— Francisco Miguel ya es difunto:

En Castilleja de la Cuesta en 1º de enero de 1604 ante Francisco de Palencia, Alcalde Ordinario, presentaron la siguiente petición Pedro Vázquez y María Agustina, vecinos de Triana, diciendo que Francisco Miguel, difunto, en su testamento que otorgó, mandó que se le diesen a dicha María Agustina para ayuda de su casamiento 30 ducados, los cuales se pusiesen en tutela, para que se le diesen cuando se casase, el principal y los corridos, y en la partición de los bienes del dicho Francisco Miguel se sacaron los 30 ducados y se dieron en tutela a Alonso Martín (Revuelta) el mozo, y porque ella es casada con dicho Pedro Vázquez, suplica al Alcalde Ordinario que mande a Alonso Martín que le dé los 30 ducados y lo corrido, y que entregue la tutela.
  

                                              Firma de Pedro Vázquez


En dicho día el Alcalde Ordinario mandó dar traslado de la petición a Alonso Martín, el cual dijo ser tutor de la dicha María Agustina, y que le consta que se ha casado, y que está presto a entregar la tutela y también los 30 ducados con lo corrido. Testigos, Juan Payán y Andrés de Carvajal.


                                                 Firma de Alonso Martín, que también formó parte de la familia Oliver, según vamos a ver.

Juan Fernández, cura de la iglesia de Santa Ana de Triana, certifica que en 10 de octubre de 1604, por un mandamiento del Señor Juez de la Iglesia, y habiendo precedido las amonestaciones que manda el Santo Concilio de Trento, desposó por palabras de presente a Pedro Vázquez con María Agustina, siendo testigos Gaspar Alonso, Jácome Gonzalez y Gregorio Hernández, vecinos de Triana, no resultando ningún impedimento.
Gabriel Salmerón, escribano público de Sevilla, da fé que el Licenciado Juan Fernández, cura de Santa Ana, administra los Sacramentos de dicha iglesia, y ha dado entera fé y crédito. Hecho en Sevilla a 13 de octubre de 1604, siendo testigos los dichos (v. s.) y el dicho Gabriel Salmerón.

En 1º de noviembre de 1604 el Alcalde Ordinario mandó que Alonso Martín dé cuenta de los 30 ducados, y que declare cuántos maravedíes ha recibido durante la tutela, y qué ha pagado por la dicha menor.
En dicho día pareció Alonso Martín, y bajo juramento declaró que es tutor de la dicha menor puede haber 28 meses poco más o menos, y que le entregaron con la dicha tutela los 30 ducados de los bienes de Francisco Miguel*.
En dicho día el Alcalde Ordinario tomó cuenta al dicho Alonso Martín Revuelta el mozo; se le hizo cargo de 30 ducados que recibió del bachiller Francisco Gallego Becerra**, albacea que fué del dicho Francisco Miguel. Cargo de 1.871 maravedíes de lo corrido durante los 28 meses. Descargo de 188 maravedíes por su ocupación como tal tutor y curador. Descargo de 44 reales que dió a María Agustina para su sustento, y así lo declaró ella. Descargo de 16 reales que pagó, de proveerlo de dicha tutoría y de otros autos, al escribano del Concejo de esta Villa Diego García de Miranda. Restan 9.893 maravedíes, que el Alcalde Ordinario mandó pagar al dicho Alonso Martín, el cual aceptó la cuenta. Testigos, Hernando de las Cuevas y Roque de las Casas.
El Alcalde Ordinario mandó que, dando carta de pago Pedro Vázquez a Alonso Martín, reciba los 9.893 maravedíes, y que dicho Pedro Vázquez otorgue escritura de dote a la dicha su mujer. Testigos, Roque de las Casas y Francisco Martín Revuelta.
Pedro Vázquez, marido de María Agustina, vecinos de Triana y estantes al presente en esta Villa, él con licencia y poder de dicha su mujer para otorgar esta escritura, y él le otorga a su vez a ella su licencia, ambos a dos y de mancomún otorgan que reciben de Alonso Martín Revuelta el mozo, presente, 10.893 maravedíes, de resto y alcance de cuenta de todo lo corrido y principal; y lo reciben al contado y en reales de plata ante el escribano iusoscripto, y dan por libre y quito al dicho Alonso Martín de la dicha tutela, y ella declara que es de edad de ¿17? años y menor de 25, y jura no oponerse a lo dicho por razón de ser menor de edad. Pedro Vázquez recibe los 10.983 maravedíes en dote y casamiento con la susodicha. Dado en esta Villa a 1º de noviembre de 1604. Firmó Pedro Vázquez. Testigos, Francisco Hernández y Juan Millán, vecinos de esta Villa que dijeron conocer a los otorgantes, y Roque de las Casas, Juan de Miranda y Francisco Hernández.

* Por lo tanto hacía casi dos años y medio que murió. O sea, entre 1601 y 1602. No hemos encontrado, por ahora, su testamento.

** Cura beneficiado de la iglesia de Santiago de nuestra Villa. Y técnico avezado en el arte de desplumar a todo aquel que se pusiese bajo su "protección espiritual", según revela la documentación hasta ahora descubierta por nosotros y refuerza un magno ejemplo que detalla la profesora Piedad Bolaños Donoso en su obra "Doña Feliciana Enríquez de Guzmán. Crónica de un fracaso vital (1569-1644)", Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012. He de suponer que el prurito depredador de bienes materiales del cura tenía fundamento y origen en la universal doctrina de la iglesia de Roma por la que se regía, que preconiza y recomienda desprecio y aversión a las riquezas mundanas. De esta manera Becerra pretendía demostrar a sus ovejas que no necesitaban riquezas. Y si los representantes de dicha religión no predican con el ejemplo, valga en su descargo aquello tan añejo de: "haced lo que decimos, no lo que hacemos" (a lo cual contesta el vulgo —obrero por naturaleza—: "obras son amores, y no buenas razones", pero al vulgo no se le hace el menor caso).
En esta insuperable biografía de la escritora hispalense doña Feliciana que nos brinda doña Piedad Bolaños bailotean otros personajes que, o estaban avecindados en Castilleja o tenían vínculos con dicha Villa, como el padre de la referida poeta, Diego García de la Torre, hombre con casa de morada aquí y que necesariamente tuvo que mantener conocimiento y trato con el cura Becerra, íntimo de su hija. Y también nos encontraremos con sus dos maridos, el primero y el segundo. A todos ellos los iremos ilustrando con la máxima claridad.



Foto de doña Feliciana. Se enfrentó, con la pluma, a un "machote" de la época: Lope de Vega. Al parecer, el Fénix de los Ingenios ignoró sus ataques.


Firmas de doña Feliciana y de su primer marido don Cristóbal, estafado por Agustín de Castro Polaino, ver infra.




Firma de Becerra en un libro de bautismos del archivo parroquial de Castilleja de la Cuesta. Administrador manoslargas de la escritora.


                                                      DIOS ES AMOR

La anterior no es la única donación que a doncellas pobres hace Francisco Miguel. Hay la que sigue, al menos. Lo más probable es que, siendo como fué mayordomo de dos cofradías religiosas de la localidad, la del Rosario y la de Santiago y San Sebastián, estuviese de alguna forma delegado de cualquier obra pía de las que tanto abundaban en la época, instituidas por personas enriquecidas que al final de sus vidas decidían de esta forma dejar un buen recuerdo; claro está que por la vía de un testamento particular no es usual hacer donaciones institucionales. También pudiera ser que Francisco en su persona se considerara en deuda, o lo estuviese, con estas doncellas, y en su referido testamento mandaba resarcirlas. Vamos a ver la segunda donación, también a una pareja de trianeros, y también casados en la misma iglesia de la collación, la de Santa Ana:

En 20 de febrero de 1605 ante Juan de Chávez, Alcalde Ordinario de esta Villa, presentaron una petición Alonso de Alfaro y Lorenza Vázquez su mujer, hija ella de Pedro Hernández y de Ana López, vecinos de Triana los otorgantes, diciendo que Francisco Miguel, difunto, vecino que fué de Castilleja de la Cuesta, le mandó a ella en su testamento 40 ducados, que se pusiesen en tutela para cuando se casase, y los tiene Francisco Vázquez Montero, y como Lorenza es casada y velada con dicho Alonso Alfaro, pide que se los entregue.



                                           Firma de Alonso de Alfaro

En dicho día el Alcalde Ordinario mandó notificar de la petición al dicho Francisco Vázquez Montero, tutor de la desposada, y que entregue los 40 ducados, y si no, que dé razones de porqué. En dicho día el escribano le notificó la petición, y Francisco Vázquez respondió que estaba presto a entregar la suma.
El Bachiller Gonzalo Pérez Hojeda, cura de la iglesia de Santa Ana de Triana, da fé de que en martes 15 de febrero de 1605 él veló a Alonso de Alfaro con Lorenza Vázquez, a los cuales había desposado antes. Fueron padrinos Francisco Vázquez y doña Catalina de Hojeda, y testigos Pedro de Carmona y Andrés Zamorano, todos vecinos de dicha collación.
Alonso Alfaro y Lorenza Vázquez otorgan que han recibido de Francisco Vázquez Montero los 40 ducados, mas lo que han rentado y todo lo corrido hasta el día de hoy, a razón de 14 maravedíes el millar; lo dan por libre y quito, y declaran ser mayores de 25 años. Dado en Castilleja de la Cuesta a 20 de febrero de 1605. Testigos que dijeron conocerlos, Juana Rodríguez, mujer de Francisco Vázquez, y Antón de Palencia (¿Valencia?). Testigos, Roque de las Casas, Juan Gallego, Sebastián de Chávez y Antón de Valencia.


Foto de iglesia de Santa Ana en Triana. En la pequeña placita arbolada de arriba a la derecha de la foto, quien esto escribe adquiría, hace como cuarenta años, un estupendo hachís. Aquéllos eran tiempos felices, la época dorada de los porros. El moderno término peyorativo "camello" era de aplicación inconcebible a aquellos jóvenes que comerciaban la droga, sustancia por entonces de alto valor reivindicativo y revolucionario. Eran muchachos enigmáticos, con aspecto de universitarios comprometidos en la lucha antifranquista, sombríos en su distinguida dignidad, parcos de trato pero muy correctos y honrados en las transacciones.

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Se va ampliando la familia Oliver. Aquí aparece un cuñado del difunto:

Marina de Vega, viuda de Francisco Miguel, vecina de esta Villa, recibe del Veinticuatro Esteban Ulloa de Toro* 300 reales a cuenta de los 36 ducados que le debe por el valor de la mitad de cuatro fanegas de tierra que le vendió en término de Camas al Pago de Cuestalaencina, que estas dos fanegas y otras dos que le cupieron a la fábrica de la iglesia de Santiago de esta Villa quedaron por bienes de Francisco Miguel su marido difunto, y se sacaron a pregón y almoneda, y se remataron en Agustín de Castro Polaino, cuñado del dicho Francisco Miguel**, en nombre del dicho Veinticuatro, de que han de hacer (¿la otorgante?) escritura de venta en favor del dicho Veinticuatro. Y los 300 reales los recibe de esta manera: 100 que ya le pagó, y los 200 que le paga ahora ante el escribano Juan de las Cuevas. Dado en esta Villa, 21 de diciembre de 1605, siendo testigos Bernardo de Oliver, Agustín de Castro y Alonso de Espejo.

* Esteban Ulloa de Toro, recibido de Veinticuatro en el año 1604. Su hermano Pedro Ulloa de Toro fué esposo de Isabel de la Torre, su viuda y tutora de sus hijos en 1610 . Un Esteban Ulloa de Toro, vecino de Sevilla e hijo de Esteban Ulloa de Toro y María Gutiérrez de Jesús, solicitó licencia el 28 de enero de 1593 para pasar a Santo Domingo como criado de Pedro Díaz del Villar. En el Archivo General de Indias, código ES.41091.AGI/10.5.14.47//CONTRATACION,749, se encuentran con el nº 16, año 1600, los autos de Pedro de Ulloa de Toro, vecino de Sevilla, como cesionario de su hermano Esteban, con Juan Macho, maestre, sobre entrega de una caja de azúcar que se averió. En el Registro de navíos de 1594-1595, vemos al "Nuestra Señora del Rosario", de doscientas veinte toneladas, maestre y señor Alonso Ulloa de Toro o Gonzalo de Mesa, que salió del río Guadalquivir. De 1578 es el expediente  de concesión de licencia para pasar a Cartagena a favor de Esteban Ulloa de Toro, tesorero de la bula de la Cruzada de Cartagena, vecino de Sevilla, hijo de Esteban de Toro y Leonor de Palmas. Probablemente de 1610 es la "Relación de Méritos y servicios de Esteban Ulloa de Toro, corregidor de Quezaltenango". Del 12 de enero de 1614 en Madrid es la "Real Cédula al marqués de Guadalcazar, virrey de Nueva España, recomendándole a Don Esteban Ulloa de Toro".

** Polaino era vecino de Sevilla en la collación de Santa Marina (lo que no quiere decir que no viviese permanentemente en Castilleja, sino que recurría a ese doblez para aprovecharse de ciertas ventajas fiscales que disfrutaban los sevillanos. En otro lugar de esta Historia abundábamos sobre este truco).
La esposa de Agustin de Castro Polaino se llamaba doña Luisa Duarte, y disponía de 262.500 maravedíes anuales —por junio de 1605— de un juro sobre las alcábalas de la ciudad de Sevilla, porción y parte de los 562.500 maravedíes que, por el mismo concepto, estaban en cabeza de doña Blanca Rodríguez, madre de dicha doña Luisa. Gente con la vida resuelta. Queda por dilucidar qué enlace matrimonial hizo a Agustín de Castro Polaino cuñado de Francisco Miguel.
Agustín mantuvo pleito de hidalguía en octubre y noviembre de 1615 y en enero de 1616.
Siendo Agustín de Castro Polaino Fiel Ejecutor de la ciudad de Sevilla contrajo una deuda con el Jurado Francisco Rodríguez Barraza, y le salió por fiador nada menos que el primer marido de la escritora doña Feliciana, Cristóbal Ponce de Solís. Ocurrió que, habiendo muerto el Jurado Barraza antes de cobrar, su viuda, Antonia Venegas de los Ríos, a cargo de sus tres hijos, reclamó la deuda a doña Feliciana porque su marido el dicho Cristóbal también había muerto. Y es que el principal deudor, Agustín de Castro Polaino, nunca devolvió ni un maravedí. Para mayor inri, tiempo atras —el 23 de junio de 1617— Cristóbal Ponce de Solís había prestado a Polaino 700 ducados, por hacerle, manifestó, buena obra.


                                               Firma de Polaino

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Y siguen los negocios, por otro lado:

Francisco Vázquez* y Juana Gómez su mujer, vecinos de esta Villa, venden a Bartolomé Benítez, ídem, presente, un pedazo de viña y tierra calma que ellos tienen en Torrequemada, al Pago de la Jara, de tres aranzadas, linde con viñas de Hernando de Andrada, con viñas de Pedro de Cardona y con viñas de Alonso ... , con cargo y señorío de siete reales anuales a pagar al Conde de la Villa de Gelves, y treinta y seis maravedíes a la Cofradía del Señor Santiago y San Sebastián de la Villa de Castilleja de la Cuesta. Y se lo venden en precio de 555 reales y medio, que reciben ante el escribano Hernando de las Cuevas. Dado en el Señorío, 5 de julio de 1595, siendo testigos Bartolomé Rodríguez de Triana y Pedro Librero, vecinos de esta Villa, y el Licenciado Alonso Ortíz Navarrete, vecino de Sevilla estante en esta Villa.

* Tres o cuatro años después, al enviudar de Juana Gómez, Francisco Vázquez se convierte en cuñado de Bernardo por casamiento con su hermana Juana de Vega (v. s.).

Bartolomé Benítez, vecino de esta Villa, dice que por cuanto en esta dicha Villa en ¿4, 5? días de julio de 1594, ante Hernando de las Cuevas, escribano que fué de ella, y por escritura pública de venta que antes se otorgó, él compró de Francisco Vázquez y de Juana Gómez, vecinos de esta dicha Villa, un pedazo de viña y tierra calma en Torrequemada al Pago de la Jara, de 3 aranzadas, linde con viñas de Hernando de Andrada, viñas de Pedro de Cardona y viñas de Alonso Sánchez, con cargo de pagar a la fábrica y Cofradía de Santiago y San Sebastián de Castilleja, mientras no se redima, 536 maravedíes, por precio de 20 ducados (a 375 maravedíes cada uno, 7.500 maravedíes, ver infra) y el tributo y corridos a pagar por el comprador desde el 14 de enero de 1594 según dicha escritura, y el otorgante ha pagado y va pagando a dicha fábrica y Cofradía, y ahora se le ha pedido por parte de Diego de Henao, cura mayordomo de dicha fábrica, que haga reconocimiento del dicho censo, él, por la presente, lo reconoce y se obliga a seguir pagándolo. Dado en casa de Miranda*, en esta dicha Villa, a 4 de febrero de 1601, siendo testigos Alonso Franco, Diego González y Bernardo de Oliver, vecinos y estantes en esta Villa.

* Diego García de Miranda, efímero escribano público y del Concejo de esta Villa —efímero en comparación con los demás— que murió abintestado a mediados de 1605 dejando viuda y varios hijos pequeños. Lo sustituyó Juan de las Cuevas, hijo del anterior escribano Hernando de las Cuevas.

Bartolomé Benítez y Leonor Millán su mujer, vecinos de esta Villa, venden a Pedro de Goyri, boticario vecino de Sevilla en el ¿Boto? de dicha ciudad en la collación de San Lorenzo, presente, un pedazo de viña y tierra calma de 3 aranzadas poco más o menos, en Torrequemada, término de Gelves, al Pago de la Jara, linde con viñas de los herederos de Agustín Gutiérrez Pacheco, con viñas de dicho Goyri, y con viñas de Pedro Cabrera, con cargo de 7 reales al año a pagar al Conde de Gelves, a pagar desde 1º de enero que pasó, y con otro tributo de 20 ducados de principal que se paga a la Cofradía del Señor Santiago de Castilleja de la Cuesta, y el precio es de 102 ducados, que paga dicho Goyri al contado. Dado en esta Villa a 27 de marzo de 1605.


Firmas de Bartolomé Benítez y de Pedro Goyri

Pedro Librero, vecino de esta Villa, mayordomo de la Cofradía de Santiago y San Sebastian de ella, conoce a Bartolomé Benítez, y dice que por cuanto Francisco Vázquez y Juana de Vega su mujer (recuérdese: hermana de Bernardo el Aguardentero, el cual hace de testigo aquí)*, vecinos que fueron de esta Villa (¿difuntos?), vendieron a la dicha Cofradía y a Hernando de Aguilar, mayordomo que a la sazón de ella era, en su nombre, 536 maravedíes de tributo anual, con 7.500 maravedíes por su quitación, impuestos sobre sus bienes y, especialmente, sobre unas casas en esta dicha Villa, y sobre 3 aranzadas de viña en Torrequemada** al Pago de la Jara (v. s.), como parece por escritura otorgada en esta Villa ante su escribano Hernando de las Cuevas en 2 de marzo de 1590, y Bartolomé Benítez la vendió a Pedro de Goyri (v. s.), boticario, y dicho Pedro de Goyri quiere quitar el tributo a la Cofradía, y le paga los 7.500 maravedíes, mas lo corrido hasta el día de hoy,  por la presente Pedro Librero como mayordomo de dicha Cofradía dá por libre y quito a Bartolomé Benítez del dicho tributo. Dado en esta Villa a 5 de abril de 1605. Testigos, Antonio López, Juan de Chávez, Bernardo de Oliver y Cristóbal Andrés.

* Hay error, ya que en el primer documento se dice que Bartolomé Benítez compró la viña a Francisco Vázquez y Juana Gómez, su primera mujer. Ahora aparece como vendedora junto a él la segunda, Juana de Vega. Entre las dos escrituras, de 1601 a 1605, Francisco Vázquez enviudó y volvióse a casar, pero en puridad quien vendió la viña, de mancomún con él, fué su primera esposa.

** Para Torrequemada (o por otro nombre Caxar), ver http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2016/05/orsuche-orsuchi-orsucci-3.html


Por otra parte, al aguardentero Oliver, aunque delegado, lo podemos ver pujando por la renta del pescado fresco en la plaza de Santiago de nuestra Villa:

Renta de la pescadería. En la plaza de Santiago a 26 de noviembre de 1601 se pregonó la renta del pescado, y no apareció nadie. Testigos, Juan de Chávez y Juan López.
Estando en el Señorío de esta Villa el día 3 de diciembre de 1601, ante el escribano público y del Concejo, pareció Bernardo de Oliver, vecino en el Señorío, y puso la alcábala de la pescadería para el año 1602 en 400 ducados, a pagar por los tercios del año. Y luego dijo que pujaba 100 ducados, poniendo dicha renta en 500 ducados, con 25 de ellos de prometido. Presentó por su fiador a Bartolomé Páez, vecino de esta Villa y obligado de las carnicerías de Abajo de ella, presente. Dado ante el escribano Diego García de Miranda.
El domingo 16 de diciembre de dicho 1601, estando en la plaza pública de esta Villa a la salida de misa, volvió a pregonar dicha renta Martín de Trujillo, pregonero del Concejo. Testigos, Pedro Díaz Ponce, Juan de Chávez y otros vecinos de esta Villa.
El día 21 de diciembre, día de Santo Tomás, volvió Trujillo a repetir su pregón en la plaza de Santiago, sin ofertas. Fueron testigos los antedichos.
En dicho día, estando a la puerta del mesón junto a la pescadería y carnicería de Abajo, presente Su Merced Luis de Alvarado, Contador Mayor del Conde de Olivares, pregonó Martín de Trujillo el precio que se daba por la renta de la pescadería, y al no haber pujador se remató en Bernardo de Oliver y en su fiador Bartolomé de Páez, en los dichos 500 ducados. Testigos, Pedro Narváez y Simón Gómez.

El día 30 de diciembre de 1601 ante el dicho escribano y testigos, pareció Bernardo de Oliver, y dijo que había pujado por ruego e interés de Juan de Morales, vecino de Sevilla. Y estando presente dicho Juan de Morales, dijo ser verdad, y se obligó a pagar conforme a las leyes y condiciones de la dicha renta. Testigos, Miguel de Carvajal, Juan Infante y Hernando de Castro, vecinos y estantes en esta dicha Villa.
Juan de Morales, vecino de Sevilla en la collación de San ¿Aº? el Viejo, y Juan Infante, vecino de Sevilla en la collación de San Isidro, como su fiador, se obligan a pagar al Conde de Olivares los 500 ducados por la renta y alcábala del pescado fresco que se vendiere en esta Villa en todo el año de 1602, la cual renta se remató en segundo remate en Bernardo de Oliver, quien pujó a su ruego. Dado en Castilleja de la Cuesta, a 30 de diciembre de 1601. Testigos, Miguel de Carvajal, Hernando de las Cuevas y Hernando ... , vecinos de Sevilla y estantes en esta dicha Villa.    

Y para terminar la entrada, una nota "traspapelada":

Bernardo de Oliver, vecino de esta Villa, se obliga a pagar al Pósito y a Bartolomé de Vega su mayordomo, 2 fanegas de trigo en grano*, por otras 2 que por mandado del Concejo de esta Villa le han dado para sembrar este año, y promete devolverlas puestas y encerradas en el alfoz del dicho Pósito a su costa, por el día de Santiago de julio de 1598, y que sea buen trigo, limpio y enjuto, tal que sea de dar y recibir, todo junto en una paga, so pena del doblo. Y obliga a ello su persona y bienes. Dado en el Señorío a 2 de diciembre de 1597, siendo testigos Juan de las Cuevas, Juan Jimeno de Ribera y Francisco Rodríguez de Espino.

* Una fanega de trigo equivalía a 43,247 kilos, de forma que Bernardo se llevaría del Pósito casi 100 kilos.  El trigo, a un mismo volumen, pesa más que la cebada, y ésta más que el centeno.


Ya llevaba Bernardo de Oliver casi ocho años ayudándose en sus menesteres con el burro que le vendió Juan de Saucedo. Aquella mañana, tras aparejarlo y endosarle sobre la espina dorsal las angarillas de esparto trenzado, lo llevó tras él desde su casa hacia la Plaza de Santiago; era un animal dócil al que había tomado un cariño casi morboso. Conocía ya a fondo sus emociones, y en especial una crispación nerviosa que el animal externalizaba cuando alguien, aun su dueño, se aproximaba demasiado a sus cuartos traseros por la parte derecha, donde en el anca de tal lado blanqueaba casi cubierta por el pelaje pardo la fea cicatriz de la cuchillada que algún canalla —¿Saucedo quizá?— le infringió; el asno llevaba grabada en su memoria la quemazón de aquella herida que, mal tratada con chorreones de vinagre, le supuso un par de semanas de moscas y tormento.
Al llegar lo dejó atado por el ronzal a los barrotes de la ventana del Pósito. A aquella hora temprana la plaza estaba desierta, y solo desde la vecina Cárcel se oían graves voces de una conversación entre presos. Al Este, la Vega, celeste y lejana, empezaba a resplandecer bajo un sol de invierno que ascendía por un cielo impoluto. Hacía frio en la atmósfera cristalina y el animal, con las orejas gachas, reflejaba la luz, convertida en tristeza, en sus grandes ojos. El aguardentero dió varios aldabonazos en el recio portón, que sonaron como arcabuzazos.  Su tío materno Bartolomé, a la sazón mayordomo del almacén de granos, trajinaba en el interior de la sala principal desde hacía media hora, y se asomó mascullando y tosiendo a causa del polvo. Entraron sin apenas hablar, porque la tarde anterior ya habían convenido el préstamo. En la sala principal, bajo su bóveda de cañón, se amontonaba el trigo de oro en compartimentos de tablones, y el polvillo que llenaba el espacio, transido por la luz de un ventanuco al fondo, había puesto una pátina lívida en cabeza, rostro y hombros del mayordomo.
A cada lado de esta sala principal se abrían las puertas de sendas habitaciones que albergaban, una la cebada y la otra el centeno. La de la cebada tenía muro medianero con la referida Cárcel, y en ocasiones algún detenido, preso de un ataque de furia, comezaba a golpear la pared. La del centeno también tenía un ventanuco abierto hacia la calle de Las Carnicerías —que hoy conocemos como calle de Hernan Cortés—, algo más alto que el del fondo de la sala principal. El edificio obedecía a la tipología de los de su clase, sólidas edificaciones que habían ido surgiendo como hongos por las Villas de toda Andalucía, promovidas sus construcciones por cierto espíritu ilustrado que, originado por los círculos intelectuales europeos, comenzaba a manifestarse en las altas instancias de la monarquía. Sus suelos, para evitar la humedad, eran prácticamente huecos, cruzados por galerías y túneles como de medio metro de altura, que tenían la propiedad de aislar el grano de los perniciosos efectos de esa especie de sudor cuyos vahos emanan de la tierra. Con eso y con el mantenimiento de media docena de gatos, la conservación de las semillas corría el mínimo peligro.




domingo, 16 de julio de 2017

Notas varias, 2e.

Casado el 5 de diciembre de 1605 con María Alonso como acabamos de ver, Oliver el Aguardentero otorgó carta de recibimiento de dote unos días antes, acaso una semana o dos (al documento le falta el último folio, que debía traer la fecha de la carta). Por tal carta sabemos de un parco ajuar, pero lo más importante —para nuestros afanes genealogistas— es que da a conocer la filiación de su mujer, no inscrita en la antedicha partida matrimonial por ser viuda, según la costumbre particular del párroco:

En el nombre de Dios, amén. Sepan cuantos esta carta vieren como yo, Bernardo de Oliver el viejo, hijo legítimo que soy de Bernardo de Oliver y de Magdalena de Vega, vecino de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, otorgo y conozco a vos, María Alonso, hija legítima de Andrés Suárez y de Catalina Martín, vecina de esta Villa, y digo que por cuanto para servicio de Dios Nuestro Señor está concertado que nos casemos y velemos según orden de la Santa Madre Iglesia de Roma, y para sustento de las cargas del matrimonio recibo en dote y casamiento con vos la dicha María Alonso, y por vuestro propio dote y caudal conocido treinta y nueve mil doscientos diecinueve maravedíes en bienes de ajuar y preseas de casa, apreciados por personas que de ello sabían, de nuestro acuerdo y conformidad, en los bienes y precios siguientes: primeramente una media cama de madera en cinco ducados; item cuatro sillas de respaldo a medio traer en siete ducados; item dos guadamecíes* en diez ducados; item dos colchones llenos de lana en diez ducados; item un cobertor de lana blanco y una carpeta de lana en cinco ducados; item dos cojines de cuero llenos de lana en dos ducados; item dos almohadas con dos cojinicos, la una labrada de seda azul y la otra de hilo azigado** y los cojinicos, en tres ducados; item dos calderas, la una grande y la otra más pequeña, y un acetre y unas trébedes y un candil y un candelero de palo y una alcuza en siete ducados; item una mesa de cadena en un ducado; item un arca grande de madera de castaño en cuatro ducados; item una cama de lienzo y red que tiene cuatro paños con el cielo en doce ducados; item dos pares de artes de lienzo y red en doce reales; item dos pares de mangas de la cama de red en dos ducados; item tres sábanas de lienzo casero de a tres piernas en ochenta y un reales; item otra sábana de crea*** con sus randas de hilo azigado y blanco en dos ducados y medio; item seis pañuelos de mesa caseros en dieciocho reales; item una tabla de manteles caseros en tres ducados y medio; item un paño de rostro**** labrado de hilo azigado con su red de lo mismo en dos ducados; item otro paño de rostro casero en ocho reales; item dos almohadas, la una labrada de seda de grana y la otra de hilo azigado en dos ducados; item un camisón de un hombre (sic) labrado de pita***** de Holanda y mas un cuello de Holanda de filete en sesenta y cuatro reales; item tres camisas de mujer labradas de pitas con sus encajas (sic) de pita en diez ducados. Los cuales dichos treinta y nueve mil doscientos diecinueve maravedíes valen los dichos bienes en los dichos precios, y los recibo, en dote y casamiento, de la dicha María Alonso, de ella y con ella por su propio dote y caudal conocido, realmente y con efecto delante del presente escribano y testigos de esta carta, y son en mi poder, de la cual paga y entrega yo, Juan de las Cuevas, escribano de Su Majestad, doy fé que se hizo y pasó en mi presencia y de los testigos de esta carta, y el dicho Bernardo de Oliver los recibió de la dicha María Alonso los dichos bienes, y quedaron en su poder, y yo el dicho Bernardo de Oliver me obligo de tener los dichos treinta y nueve mil doscientos diecinueve maravedíes de este dote, y me obligo de los tener, y sobre todos mis bienes muebles y raices por vuestro propio dote y caudal conocido, los cuales para ... os doy y empeño ... por nombre del empeño ... no los venderé ... a ninguno ... deuda de cualquier ... y cada vez que nuestro matrimonio fuere disuelto o separado por cualquier de los casos que el derecho permite, que ninguna persona pueda entrar en mis bienes hasta que seáis pagada de esta dicha vuestra dote, y si de vos acaeciere finamiento antes que de mí, que podáis dejar vuestros bienes en quien quisiéredes, que vos así dejándolos me obligo de los dar y pagar luego que lo tal sucediere, sin hacer ninguna dilación ni retención, sobre que remito cualesquier leyes de que en este caso me pudiera aprovechar, y a mayor abundamiento remito ¿el auxilio que tercia de tener la dote ... año?, y para la paga y cumplimiento de lo que dicho es obligo mi persona y bienes habidos y por haber, y doy poder cumplido a cualquier (roto). Falta el folio final.

* GUADAMACIL. Cabritilla adobada, en que à fuerza de la prensa se forman por el haz diferentes figuras de diversos colores. Es voz Arábiga. (Diccionario de Autoridades). Del árabe hispaño ḡadamisí, y este del árabe ḡadāmisī 'de Gadames', ciudad de Libia (en el desierto del Sáhara). Cuero adobado y adornado con dibujos de pintura o relieve. (RAE).



                                       Guadamecí; cuero metalizado, policromado y mateado.

** Labrada (o sea, bordada) de hilo azigado. "AZIGE. adj. Lo mismo que Azéche. Véase. Viene del arábigo Zig, que significa cosa negra. AZECHE. adj. Cierto género de tierra negra, que se halla en las bocas de los mineráles de cobre, à manéra de sal: la qual ordinariamente sirve para hacer tinta, y por otro nombre se llama tierra de Sevilla, por cogerse en sus cercanías. Puede venir esta voz del rio Azéche, que corre bien cerca de Sevilla: vocablo Arábigo, que vale tanto como rio negro, o rio tinto." (Diccionario de Autoridades). El onubense río Tinto, en efecto, también se conocía como rio Azeche. [...] el clérigo Diego Delgado, quien visita las minas en 1556 ... informaba que "andando en el dicho descubrimiento fuimos a ver otra cueva, la qual estaba llena de agua, y salía de debajo della un rio, el qual rio se dize Riotinto. La causa porque se diçe Riotinto es porque nasçe por veneros de caparrosa, que por otras partes se diçe aceche, de lo que sirve para tinta, y ansí todas las orillas deste río o çercanos son obligados cada conçejo de enviar sus cuadrillas de mugeres y moças e moços en todo el mes de agosto a coger este açeche y con este açeche pagan al arçobispo de Sevilla çiertos tributos de los quales ellos están obligados. Los conçejos y otras personas no lo pueden coger en ningún tienpo porque es suyo del arçobispo so pena de graves penas" [...]  (Citado por Julio Sánchez Gómez. De mineria, metalúrgica y comercio de metales, 1450-1610. Instituto Tecnológico GeoMinero de España. Colección Memorias, vol. 1º, pág. 689). ACECHE , aside, azeche, aziche, azige, azije.- Cast. "aceche" o "caparrosa", empleado en la Edad Media como medicinal y tintóreo. Del ár. "az-zag", vitriolo. La arroba del asije abona una blanca en el puerto de Málaga (1501, pubi. GÁRCIA-GOYENA Docs, hist. Málaga, II, p. 141).  Véanse Dic, hist. lengua espª, voz "aceche" (doc. desde 1250); Cejador, Vocab. medieval, voz "aceche" (doc. s. XIV); Dozy, Glosaire, voz "aciche"; Eguilaz, voz "azache"  (Miguel Gual). En  http://www.um.es/lexico-comercio-medieval/index.php/v/lexico/2181/aceche
En definitivas cuentas: vitriolo, caparrosa, aceche, procedente del árabe زَاج‏ (zāj), y este del persa زاگ‏ (zâg).


                                                 Sedimentos de aceche en el rio Tinto. Huelva.

*** Crea. Cierto género de tela ò lienzo, que no es de los mas finos ni de los mas toscos, que sirve para hacer camisas, sábanas y otras cosas. Llámase comunmente Leóna, porque viene de Leon de Fráncia. (Diccionario de Autoridades).

**** Paño de rostro. Paño de camino o viaje; cubría parte del rostro y especialmente la boca para evitar, sobre todo, el polvo de los malos caminos. (María Ángeles González Mena.  Colección pedagógico textil de la Universidad Complutense de Madrid).

***** Pita. La planta "agave americana", presente como planta ornamental en parques, jardines, setos y rotondas urbanas, que todavía se cultiva para producir cuerdas, redes y otros objetos. https://es.wikipedia.org/wiki/Agave_americana


                                                                                      Pita

Ahora centrémonos en un personaje, del cual imaginamos profunda influencia  en Bernardo en lo que toca al oficio: ya su cuñado de éste, Francisco Vázquez, en el trance de dictar su testamento, se refiere a él:  "Declara que debe a Josepe Cornelio doce reales, y en prenda tiene Josepe una almohada de su madre [Gerónima de Vargas], manda que le paguen y se devuelva la almohada a su madre."


El maestro de hacer aguardiente Jusepe Cornelio (estamos ahora por julio de 1594, evitando las lluvias y el mal tiempo, enemigos de los albañiles) especifica ante el escribano Hernando de las Cuevas las condiciones que exige al maestro albañil que acometa unas obras de reforma en las casas de su morada:

— Primeramente, con condición que el maestro que esta obra tomare ha de ser obligado a derrocar las paredes de la calle y los vallados que están entre la viña de doña María de Portes y las casas del dicho Jusepe, y ha de abrir una sanja (sic) en la pared de la calle, de tres ladrillos de ancho, y la ha de ahondar una vara de hondo (83,5905 cm.) hasta llegar a lo firme, y después de haber llegado a lo firme lo sanje, echándoles sus tongas* de cal y tierra unas y otras de ripio** y piedra, yendo bien manteada de agua hasta que la suba tres cuartas, y luego forme su sepa de dos ladrillos y medio, y después de formada la sepa, la suba tres hiladas, que formen luego sus simientos (sic) de dos ladrillos, hasta que los suba encima de la tierra de la calle, y son tres hiladas con la de agujeros***, y luego haga toda esta pared de la calle de dos ladrillos, y la suba todo el largo de la calle de tres tapias de alto****, hecho de muy buena obra, y haciendo en esta pared de la calle cuatro rafas***** de buena albañilería.

* Tonga. Del latin tunĭca, "túnica", y de ahí, "capa", que es el sentido que tiene en albañilería. La expresión ha llegado hasta nuestros días en la jerga del oficio.

** Ripio, del latín replēre, "rellenar". Cascajo o fragmentos de ladrillos, piedras y otros materiales de obra de albañilería desechados o quebrados, que se utiliza para rellenar huecos de paredes o pisos.


                                      De construcciones como esta, del siglo XV, se obtendrían los ripios, machacando vetustos ladrillos a golpe de mazo. Ésta en concreto se descubrió en el derribo de la casa aledaña a la iglesia de Santiago de nuestra Villa. Ver foto siguiente.



*** "...con la de agujeros...". Creo que se refiere a la última hilada —a ras de tierra—, con orificios para desagüe de las lluvias o del riego de la huerta hacia el exterior.

**** Tres tapias de alto. Aunque se usaba "tapia" como medidad de superficie — una tapia eran 50 pies cuadrados— sobre todo en el empedrado del suelo, no encontramos ejemplos de su uso en medida de longitud, en altura, como especifica Cornelio. No cabe una errata y que fuera "largo" en vez de "alto" porque repite la expresión varias veces; de esa forma una tapia de superficie sería un cuadrado de siete pies de lado (cada pie son 27,863 cm., que multiplicado por siete nos da la altura que, salvo error u omisión, exigía el holandés: 195,041 cm., casi dos metros, lo usual en cercas de este tipo). Todo lo cual encajaría con las cuatro rafas —ver infra— delimitantes de los tres paños.

***** Rafa. La fuerza de cal y ladrillo ò piedra, que se pone entre tapia y tapia, para la seguridad de la paréd, o para reparar la quiebra, o hendedúra que padece. (Diccionario de Autoridades).

— Item con condición que abra otras dos zanjas, la una entre la viña de doña María de Portes y las dichas casas del otorgante, del largo que se le pidiere hasta venir al tercer aceituno, sacando derecha y a hilo la pared, y de ahí vuelva con la otra sanja, volviendo a dar derecho y a juntarse con otra pared que está hecha en el patio de las dichas casas del otorgante, adonde está hecho un colgadizo adonde se hace el aguardiente, y estas dos zanjas las ha de ahondar hasta llegar a el pan* y tierra firme, y después de llegado a la tierra firme, hasta el hondor que el señor de la obra quisiere, y después de haber ahondado estas zanjas, las abran del anchor de dos ladrillos y medio de ancho, y luego, desde la tierra firme y recia los saquen a pisón echándole sus tongas, una de tierra y cal y otra de ripio, manteándola con su agua, bien sazonándola a uso de buena obra, y luego lo suba hasta que haga tres hiladas de cepa** hasta enrasar con la tierra, y luego forme su simiento de ladrillo y medio y lo suba tres hiladas sobre la tierra, y luego lo tapie en redondo de tres tapias de alto, haciendo a todas estas paredes cinco rafas de buena albañilería, formando la una de estas rafas su portada, y haciendo al otro lado otra rafa con sus batientes, y haga y cerque todas estas paredes de tapias en redondo, de tres tapias de alto, haciendo estas tapias de muy buena obra, yendo bien sazonadas de agua y bien pisadas.

* Pan [de tierra] vale como "cepellón": pella de tierra que se deja adherida a las raíces de los vegetales para trasplantarlos. (RAE). Esto da idea de la profundidad requerida por Jusepe Cornelio.

** Cepa, pariente de cepellón —ver supra—, quizá aquí con el significado de origen, raíz, fundamento.

— Item con condición que, después de enrasadas estas tres paredes en redondo, haga su caballete de cuatro hiladas de altura, con su cuarterón, encalándolo a dos manos, la una de barro y la otra de cal.
— Item con condición que, entre la pared que está al pozo y el colgadizo de la caldera, abra otra zanja del mismo ancho y tamaño que las demás, haciéndole los cimientos y cepa y tapia conforme a lo demás, con su caballete.
— Item con condición que el maestro que esta obra tomade (sic) ha de ser obligado a sacar toda la tierra que sobrare de esta obra y fuere menester para hacer las tapias, de la parte y lugar que mejor fuere para la tapiería y mezclas, como no se ... y a contento del señor de la obra.
— Item con condición que el maestro que esta obra tomare sea obligado a poner manos de maestro, peones, herramientas, esportones, tapiales, sogas y todo lo demás que fuere menester para hacer esta obra, y ha de sacar el agua del pozo y traerla a su costa para hacer la dicha obra.
—Item con condición de que el señor de la dicha obra ha de ser obligado a dar dos azadas y cuatro cubos para hacer la dicha obra.
— Item con condición que si alguna cosa se quedare por olvido de hacer en esta dicha obra, que el maestro que la tomare la ha de hacer sin entrar por mayorías ningunas, porque con esta condición se da.
— Item con condición que ha de ser obligado a asentar puertas y umbrales.
— Item con condición que ha de hacer un arquillo pequeño con un caño por adonde salga la lía, del ancho y tamaño que el señor de la obra quisiere.

Y con estas condiciones Juan Rodríguez, maestro de albañiría (sic) vecino de Sevilla, le pone dicha obra en 550 reales.
El día 5 de julio de 1594 ante el escribano Hernando de las Cuevas pareció Jusepe Cornelio, vecino de esta Villa, por una parte, y por la otra Juan Rodríguez, maestro de albañiría, vecino de Sevilla en la collación de San Roque, y dijeron que son concertados y que la comenzará mañana día 6 de julio, y si no, que lo pueda ejecutar por su solo juramento. Cobrará en tres partes, al principio, a la mitad y al final del trabajo. Lo hará so las penas contenidas en las condiciones, mas 10.000 maravedíes para el contratante, mas las costas. Testigos, Juan de las Cuevas y Juan Díaz.
Por marzo de 1596 Juan Rodríguez formaliza con él otro contrato, ver infra.

Jusepe Cornelio, flamenco* natural de Amberes y vecino de esta Villa, da poder a Guillermo Tremaras ... , vecino de Amberes, ausente, para que venda todos los pedazos de tierra que él posee, para sembrar y para pasto de ganados, en dicho Amberes. Dado en esta Villa a 1º de octubre de 1594. Testigos, Hernando el mozo, Pedro de las Casas, Bartolomé Ruiz y Domingo Pérez, vecinos de esta Villa.
Así, Cornelio quema todos sus barcos, definitivamente olvidados sus orígenes y su terruño. Ya solo le ocupa la mente lo que le depare el futuro en la pequeña población aljarafeña.



Se ha convenido entre la mayoría de los historiadores usar el gentilicio "flamencos" para los habitantes de aquella región que permanecieron fieles a España, y el de "holandeses" para los que se rebelaron. Justo diez años antes de que Jusepe formalizara con el albañil las condiciones de la obra en su casa (v. s.), o sea, en pleno verano de 1584, tuvo lugar el asedio de Amberes por parte de la monarquía hispana, protagonizado por "El Rayo de la Guerra". Sitio de Amberes (1584-1585).
Se está de acuerdo también en que uno de los factores que impulsaron el aluvión de inmigrantes de los Países Bajos hacia la península ibérica fue el de la Guerra de los Ochenta Años, y desde luego deberíamos contabilizar también esta decisiva y central acción de la conquista de Amberes en dicho periodo, la cual tuvo que significar una verdadera catástrofe para aquella sociedad, ya pretraumatizada con los horribles hechos del Saqueo de Amberes —o "Furia Española"—, cuando en 1575 los soldados amotinados por no haber cobrado sus salarios arrasaron la ciudad, por entonces habitada por 100.000 personas, exterminando durante tres días a varios millares de ellas. Jusepe debió vivir de cerca todos aquellos trágicos días, que significaron que varias otras provincias se rebelaran uniéndose a las que ya estaban enfrentadas a la corona española. Pero el futuro aguardentero vecino de nuestra Villa demostró tener suficiente estómago para digerir desastre tras desastre, y para acabar perfectamente amoldado a la sociedad sevillana. Como muchos otros, algunos de los cuales vamos a conocer, dado sus estrechos vínculos con Castilleja. Vaya por delante el primero:

Pedro Pomares Bramantino, natural de Amberes y vecino de esta Villa, conoce a Pedro Moreno, vecino de esta Villa, presente, y dice que por cuanto Luisa de Briones, viuda de Hernando Jayán, le dió a Pomares a censo y tributo unas casas en esta Villa, linde con casas de Juan Moreno y con viñas de Diego de Portes, y por delante la calle, por 12 ducados y una gallina, según escritura ante Hernando de las Cuevas del lunes 16 de noviembre de 1579, y porque ahora Luisa de Briones le ha puesto demanda diciendo que le diese fianzas para seguridad de la paga, diciendo él quererse ir a Flandes y a Sanlúcar* y haber hecho mudamiento de estado, como se contiene en la demanda que Luisa puso ante Diego González, Alcalde Ordinario, y ante Hernando el escribano, el viernes 5 de noviembre de este presente año, y Pomares fue preso por la dicha demanda hasta tanto que no se ausentare de esta Villa y diese fianzas, y Pedro Moreno a su ruego ha salido por su fiador, y que si se fuese a Flandes sería por un año solamente y volviendo luego a vivir a esta Villa, y porque al tiempo que pasó dicha obligación Pomares quedó con cargo de dar a Luisa un resguardo de que no se ausentaría de esta dicha Villa, y que si no, lo pagase de los bienes siguientes: una caldera grande de cobre que tiene su cabeza y cañón, que hace 60 arrobas; otra caldera mediana con cabeza y cañón, de 22 arrobas; otra chica con un cobertizo, de 4 arrobas; un escritorio de cedro con sus pies; un cofre viejo de Flandes. Todo lo cual Pomares entrega a Pedro Moreno en resguardo, y si desde hoy en un año no hubiese vuelto, que los dichos bienes y las casas sean para dicho Pedro, y si no alcanzare a pagar los 12 ducados y la gallina a Luisa, que pueda vender los dichos bienes y pagar lo que faltare, y para adobar las dichas casas, y que sea creido Pedro solo por su juramento y sin otra averiguación, y si vuelve Pomares antes del año, que todo quede como estaba. Pedro Moreno acepta. Dado en el Señorío, sábado 6 de noviembre de 1582, testigos, Diego Lopez, Pedro de las Tejas y Diego González.



                                               Firma del amberino Pomares.

* Se entiende, primero a Sanlúcar de Barrameda y desde allí embarcarse hacia Flandes.


                                                                     Amberes


                                                 Alejandro Farnesio el año del Sitio.

No hay duda de que Jusepe Cornelio se convirtió en un castillejano de pro, al menos entre el estamento oficial.  Porque el sentir de los viejos castillejanos de a pie, con raíces desde el siglo XV, ya sería otro cantar:

En 1593 el Concejo de esta Villa nombró por Receptor de las Bulas de la Santa Cruzada a Jusepe Cornelio*. El 25 de febrero de dicho año el Padre fray Bartolomé Bautista, de la orden de los dominicos y Comisario de dichas Bulas vino a Castilleja para recolectarlas. Bernardo el aguardentero contribuyó con cuatro reales de plata, y el mismo Jusepe Cornelio con diez. A veces los contribuyentes vuelven a aparecer en la lista aportando sumas similares, no sabemos por qué razón. Y hay casos en que colaboran en nombre de otra persona aunque ya lo hayan hecho por ellos mismos. Estas listas tienen un gran valor porque hacen la función de auténticos Padrones del vecindario, ya que  prácticamente nadie se negaba a contribuir, a pesar de ser un acto voluntario, y en cualquier caso, las de los más pobres las pagaban sus allegados o amigos más pudientes.
Cornelio entregó la suma total recaudada, ante Hernando de las Cuevas el escribano, a Diego de Balentino, Alguacil Receptor de la dicha Santa Cruzada, que vino con el dicho Señor Comisario. Testigos, Juan de Castro, Alcalde Ordinario, Cristóbal Andrés y Hernando de las Cuevas el mozo.

* Ya aparece casado con una castillejense, Catalina Gallegos.

La relación de Jusepe con Bernardo se extendía a otras industrias aparte de la elaboración de licor:

Por noviembre del dicho 1594 muchos vecinos de Castilleja reciben en préstamo trigo del Pósito de la Villa para sembrar este año. Entre ellos, Bernardo de Oliver, con su fiador Francisco de Castro, vecino de esta Villa, saca dos fanegas. Lo cual indica que Bernardo era dueño de algún terreno, un par de aranzadas a lo sumo. Se obligan a devolver las dos fanegas por el día de Santiago en julio de 1595. También sale Bernardo por fiador de otros receptores de trigo del Pósito, como Antón de Valencia o, en reciprocidad, el dicho Francisco de Castro. En noviembre de este último año, 1595, se vuelve a repetir el reparto de fanegas de trigo en préstamo:
Bernardo de Oliver, vecino de esta Villa, y Jusepe Cornelio como su fiador, pagarán al Pósito dos fanegas de trigo que recibe en préstamo. Dado en el Señorío a ... de noviembre de 1595.
El día 15 de dicho mes se presta una fanega y media de trigo a Alonso Martín, morisco*, y es su fiador Bartolomé Jiménez, ambos vecinos de esta Villa. Y el día 11 recibe Francisco Miguel** dos fanegas.
Con posterioridad, a principios del siglo XVIII, aparece algún Bernardo de Oliver poseedor de pequeñas suertes con viña en Gines, lindantes con el término castillejano.

* Pronto llegaría esa auténtica vergüenza que fue la Expulsión de los Moriscos.

** Francisco Miguel aparecerá en un futuro gráfico genealógico de los Oliver más completo. Es marido de Marina de Vega, hermana de Magdalena, la mujer de Bernardo el Espadero. Sobre él y como prólogo podemos ver que Francisco Miguel vende bueyes como si de rosquillas se tratase:

Un buey color bermejo que toca en rucio (pardo claro) con una lista en la frente por 24 ducados al vecino de Bormujos Bartolomé Rodríguez el viejo, estante en esta Villa de Castilleja; pagará en mayo de 1598 y a ello hipoteca dicho buey y otros dos que ya posee, "Secutor", de color hosco (muy oscuro, casi negro) enjalbardado, y "Copete", de color bermejo. Dado en casa de Hernando de las Cuevas el escribano, 27 de octubre de 1597, siendo testigos Hernando de las Cuevas el mozo y Juan de Chávez, vecinos de esta Villa, y Juan Martín, vecino de Bormujos.
Cuatro, uno color ceniza rusullo (¿) bragado entrepelado, otro castaño, otro apavonado y otro ... al vecino de Camas Cristóbal Rodríguez y a su fiador Pedro Rodríguez, por 109 ducados; pagarán por San Juan de junio de 1598, y a ello hipotecan los cuatro dichos bueyes y otros cuatro que tiene Cristóbal: uno color bermejo, otro color castaño bragado, y los otros dos color blanco encerado. Dado en casa del escribano Hernando, 1 de ... de 1597. Testigos, Pedro de las Casas, Hernando de las Cuevas el mozo y Roque de las Casas.
Dos novillos, uno cojo y el otro que está encalmado, por 49 ducados al vecino de Bormujos Juan Martín de los Negros y a su fiador ... ... , también vecino de Bormujos. Pagarán en 1598, y a ello hipotecan dichos novillos. Dado en casa del escribano Hernando en esta Villa, 2 de noviembre de 1597. Testigos, ... ... y Juan Ximeno de Ribera (mayordomo del Conde de Olivares).
Dos bueyes: "Rosado", color de ... , y "Merino", de color bermejo, a Pedro Asencio, vecino de Bormujos, y al dicho Juan Martín de los Negros como su fiador. (Roto e ilegible). Testigos, Juan Ximeno de Ribera, Juan de Chávez y Bartolomé de ¿Vega?.

Y para poner broche final a las actividades del flamenco Jusepe (en lo que respecta a esta entrada, porque continuaremos con sus hechos en la siguiente), este contrato de venta:

Jusepe Cornelio, flamenco, vecino de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, vende a Miguel de Neve*, tonelero vecino de Sevilla en la Carretería, collación de Santa María, una su esclava, de color negra y de nombre Cristina, de 25 años de edad, y se la vende por de buena guerra y no de paz, y que es borracha, ladrona, huidora, ética, endemoniada, que tiene los ojos claros y no ve**, con mal de bubas y de fuera. Por precio y cuantía de 150 ducados, que recibe del comprador al contado. Dado en el Señorío de esta dicha Villa, a 13 de abril de 1597, siendo testigos Hernando de las Cuevas el mozo, Juan de Linares (barbero cirujano), Martín Cabrera y Antón de Valencia.

* Otro flamenco, antecesor de Justino de Neve.

** Se creía que los esclavos de ojos claros tenían disminuidas sus capacidades visuales, especialmente de noche y en la oscuridad. Ver para más detalles http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2009/08/los-esclavos-71.html

domingo, 9 de julio de 2017

Notas varias, 2d.


Pocos meses después ya habían desaparecido las molestias de la estocada en el hombro y Bernardo, con un Juan Vázquez (¿Pacheco?) del cual sospechamos estrecho parentesco, se afanan ocupados entre bodegas y lagares, viñas y carretadas de uva:

Fernando de las Cuevas, escribano público y del Concejo de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, doy fé que hoy día de la fecha de esta fé, a pedimento de Juan de Nápoles, vecino de la ciudad de Sevilla, a quien yo el dicho escribano conozco, parecieron Bernardo de Oliver y Juan Vázquez Pacheco*, vecinos de esta dicha Villa, y juraron en forma de derecho por Dios y por Santa María, y dijeron que ellos vieron que el dicho Juan de Nápoles compró este presente año de 1599 de la Hacienda de doña María de las Roelas, vecina de la ciudad de Sevilla, cuarenta  y tres carretadas de uva, las veintitrés de Juan Escobar por la dicha doña María de las Roelas, y las dieciséis de Bartolomé Millán, y las cuatro de Juan Rodríguez de Espino. La cual dicha uva vieron que dicho Juan de Nápoles las hizo lagarear** aparte de su cosecha, y de elllas hinchó (llenó) treinta y ocho pipas, las cuales vieron que las puso el dicho Juan de Nápoles distintas de su bodega, y las metió en una cuadra que tiene en las casas de su morada, y en la dicha su bodega no metió uva ni mosto de ella, porque lo lagareó en un lagar que tiene a renta del capitán Cristóbal Romero***, y que lo saben porque ayudaron a traer la dicha uva y la echaron y vieron echar el dicho mosto en las dichas treinta y ocho (tachado en el original) cinco pipas, y que así era la verdad para el juramento que hicieron, y que no saben otra cosa en contrario, y firmólo de su nombre el dicho Bernardo de Oliver y el dicho Juan Vázquez no lo firmó por no saber escribir, y así era la verdad para el juramento que hicieron, y yo el dicho escribano doy fé de que a pedimento del dicho Juan de Nápoles entré en las casas de su  morada que son en esta dicha Villa, en una cuadra que tiene en las dichas casas, que está distinta y apartada de la bodega de las dichas casas, adonde bide (ví) que en la dicha cuadra había las dichas treinta y ocho pipas, las cuales dijeron ser del mosto de la uva contenida en este testimonio, en fé de lo cual dí la presente a pedimento del dicho Juan de Nápoles, que es fecha en esta dicha Villa en 16 de octubre de 1599. Firma de Hernando de las Cuevas.

* Juan Vázquez Pacheco, que en 1600 ejerció de Alcalde Ordinario, amerita la referida sospecha de parentesco, por Vázquez y porque un par de generaciones después Pacheco es un apellido ligado al de Oliver en muchos descendientes.


                                               Firma de Bernardo de Oliver.


                                             Firma de Juan Vázquez Pacheco.



** Lagar, de lago, por el pequeño estanque o alberquilla con una espita, en la que se prensaba la uva. De los residuos de la uva prensada, fermentados, se elaboraba el aguardiente por medio de la destilación en alambique (o alquitara, inventada por el sabio persa Al-Razi ), merced a la vaporización y a la condensación. Alquitara, de "gotear" ( القطارة ), está relacionado etimológicamente con alquitrán, otro arabismo del castellano. Y desde luego con Qátar, la nación del Golfo. Fueron los árabes los que trajeron a Occidente este sistema de separación de los componentes de un líquido fermentado, aunque en sus orígenes persas el aparato se usaba para elaborar perfumes. Otros historiadores remontan la destilación a Alejandría, a los tiempos de la alquimia griega 300 años a. de C., aunque habiendo recogido experiencias egipcias y babilónicas.




*** En 17 de junio de 1599 ante Hernando de las Cuevas, escribano, pareció doña Catalina Perea, mujer de Cristóbal Romero, y por virtud de su poder que pasó ante Gabriel de Salmerón, escribano de Sevilla, otorgó que arrendaba a Francisco Carreño, vecino de Sevilla, presente, una bodega con su lagar y viga moliente y corriente, con los demás pertrechos y aparejos y pertenecientes (sic) y con dieciséis tinajas para echar vino, la cual dicha bodega es en el Señorío de esta Villa, linde con bodega del Conde de Olivares; y se la arrienda por un año, que corre desde fin del mes de julio que viene, por precio de 440 reales que recibe al contado de Carreño, e cual deberá devolver los aparejos tal y como los recibió, y las tinajas limpias y desembarazadas, y si no, que ella pueda hacer vaciar y limpiar dichas tinajas a su costa. Testigos, Hernando el mozo, Pedro de las Casas y Juan de las Cuevas. Firmó Francisco Carreño.





Ahora vamos a adelantarnos un lustro:

(Nota en el margen del folio: "Para que Bernardo de Oliver, tutor, pague [en blanco] ducados).  Sepan cuantos esta carta vieren como yo, Francisco Vázquez, vecino que soy de la ciudad de Sevilla en la collación de Santa María, otorgo y conozco que doy todo mi poder cumplido cuan bastante de derecho se requiere y es necesario a Bernardo de Oliver mi hermano, vecino de la Villa de Castilleja de la Cuesta que está presente, especialmente para que de mi nombre y como yo mismo pueda parecer ante las Justicias de la dicha Villa de Castilleja de la Cuesta y otras que con derecho deba, y pedir se me manden dar de mis bienes y hacienda, de que es tutor Bernaldo (sic) de Oliver mi tío, cualesquier cuantía de maravedíes y otras cosas para mis alimentos y para curarme de la enfermedad que al presente tengo, y para ello pueda presentar cualesquier pedimentos y requerimentos y testimonios y escrituras y testigos y probanzas y otros recaudos cualesquier, en todo cuanto se me mandare dar por las dichas Justicias en cualquier cantidad que sea, y lo pueda pedir y demandar y  recibir y cobrar del dicho Bernardo de Oliver mi tutor, y de sus bienes y de quien con derecho deba, y darle ... cartas de pago, finiquitos y gastos y otros recaudos que convengan, renunciando en lo que conviniere la execución de los ... y de la ..., y paga como en ella se contiene, y en razón de la cobranza pueda parecer ante cualesquier Justicia que con derecho deba, y hacer y poner cualesquier demandas, pedimentos, requerimentos, acciones, protestaciones, juramentos, embargos, ejecuciones, prisiones, consentimiento de ... , ventas y remates de ellos y todos los demás autos y diligencias judiciales y extrajudiciales y convengan de se hacer, que para ello le doy este dicho poder, con libre y general administración, y con facultad de que lo pueda sustituir en quien quisiere, y lo revocar y nombrar ... ... según derecho, y a su firmeza obligo mi persona y bienes habidos y por haber, fecha la carta en Sevilla a 5 días del mes de abril de 1605, y el dicho otorgante dijo que no sabía escribir*, y a su ruego lo firmó un testigo, y presentó por testigos de su conocimiento y juraron en forma de derecho que lo conocen y saben que es el mismo aquí contenido y se llama como se ha nombrado, a Catalina de Fuentes, que dijo ser mujer del otorgante, y a Catalina Infanta, que así se nombraron y ser vecinas de Sevilla a Santa María. Testigos, Francisco Tello y Alonso de Santaella, escribanos de Sevilla. Firma Francisco Hurtado, escribano público de Sevilla.




* Algún escribano de Sevilla firmaba en este bloque documental, no se sabe con qué intención, por Francisco Vázquez y por su hermano Bernardo, ambos analfabetos. Dicho Francisco Vázquez había vuelto a la "patria hispalense" de su abuelo, y vive en la misma collación de Santa María que, precisamente, incluía la calle de las Sierpes, antiguamente de Espaderos porque allí vivían los del gremio, y allí tenían su hospital y su hermandad. En una ordenanza del siglo XV mandada hacer por los Reyes Católicos constan los dos nombres, de Espaderos y de Sierpes.
Nos queda por investigar a los familiares de Bernardo de Oliver en Sevilla, los contemporáneos y los anteriores al maestro de hacer espadas.

(Nota en el margen del folio: "Hecho con los autos"). En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 5 de abril de 1605, ante Juan de Chávez, Alcalde Ordinario de esta Villa, presentó esta petición Bernardo de Oliver en nombre de su hermano Francisco Vázquez. Bernardo de Oliver en nombre de Francisco Vázquez ... malo de un dolor de costado* y tengo necesidad que Bernardo de Oliver mi tutor me dé doce ducados para curarme. Pido  y suplico a Vuestra Merced sea servido de mandar que el dicho Bernardo de Oliver mi tutor me dé los dichos doce ducados para curar la dicha mi enfermedad, que es cosa muy justa que se me den para el dicho efecto, y para ello se me dé mandamiento para que el dicho mi tutor me dé los dichos doce ducados, y pido justicia.

* Probablemente una pleuritis ( llamada por entonces "mal de costado"), consecuencia de una neumonía.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 5 días del mes de abril de 1605 años Juan de Chávez, Alcalde Ordinario de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, habiendo visto esta petición, dijo que atento que le consta que está malo el dicho Francisco Vázquez, que para curarse se le den los doce ducados que pide, y se le notifique a Bernardo de Oliver luego lo dicho, y pague, y si razón tiene para no hacerlo ha de (sic), y así lo mandó y firmó. Juan de Chávez.

En Castilleja de la Cuesta en 5 de abril de 1605 años yo, el presente escribano, notifiqué el auto de esta otra a Bernardo de Oliver, y de ello doy fé. Firma Juan de las Cuevas, escribano del Concejo de esta Villa.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 5 de abril de 1605 ante mí el presente escribano y testigos pareció Bernardo de Oliver el mozo en nombre de Francisco Vázquez que es su hermano, y por virtud de su poder confesó haber recibido de Bernardo de Oliver su tío y tutor los doce ducados que para curarse el dicho su hermano se le mandan pagar, y de ellos se dió por entregado, y remite la ... pecunia ... ... carta de pago como conviene a su derecho, y obligó su persona y bienes, y no lo firmó por no saber escribir, siendo testigos Francisco de Palencia, Pedro Librero y Pedro Macías, vecinos de esta Villa, y doy fé que conozco a los testigos. Juan de las Cuevas, escribano de esta Villa.

En 10 de abril de 1605 ante Juan de Chávez, Alcalde Ordinario presentó una petición Bernardo de Oliver en nombre de su hermano Francisco Vázquez, diciendo que dicho Alcalde mandó que para curarse le diesen doce ducados, los cuales se le dieron y el susodicho los ha gastado en curarse de su enfermedad, y porque el susodicho está muy malo y a riesgo de muerte, y para curarse tiene necesidad de que dicho Alcalde le mande dar de sus bienes y hacienda lo que hubiere menester para curarse, por tanto pide que mande a Bernardo de Oliver su tutor que le dé todo lo que hubiere menester para la dicha su enfermedad, y pide justicia. El Alcalde mandó que dé información.

En dicho día Bernardo de Oliver en nombre de su hermano presentó por testigo a Juan Millán, vecino de esta Villa, que dijo conocer a Francisco Vázquez y lo ha ido a visitar y visto que está muy malo y a punto de muerte de un dolor del costado, y está muy probe (sic), y si dicho su tutor no le da con qué se pueda curar podría ser que se muriese de la dicha enfermedad, por estar tan probe como está. Dijo ser de edad de diecinueve años poco más o menos y no firmó por no saber hacerlo.

En dicho día Bernardo de Oliver en nombre de su hermano presentó por testigo a Miguel Vázquez, vecino de esta Villa, que dijo conocer a Francisco Vázquez y que lo ha ido a visitar y visto que está muy malo y a punto de muerte de un dolor del costado, y está muy probe, y si dicho su tutor no le da con qué se pueda curar podría ser que se muriese de la dicha enfermedad, por estar tan probe como está. Dijo ser de edad de veintidós años poco más o menos y no firmó por no saber hacerlo.

Auto. En 10 de abril de 1605 el Alcalde Ordinario, habiendo visto la causa, mandó que le dé otros doce ducados su tutor, a cuenta del principal y corridos de la hacienda que tiene tutelada del dicho menor, y si tiene alguna razón para no darlos, que lo diga.

En 11 de abril pareció presente Bernardo de Oliver el mozo, y confesó haber recibido de Bernardo de Oliver el viejo ciento diez reales, a cuenta de los maravedíes de su tutela. No firmó por no saber escribir. Testigos, Francisco de Palencia, Roque de las Casas y Francisco de Castro.


En el año de la brega de Bernardo de Oliver con las exigencias de sus sobrinos tenemos que incardinar esta partida de su(s) casamiento(s):

En lunes 5 de diciembre de 1605 años yo, Juan Ramos Zambrano, cura beneficiado de la iglesia de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, habiendo precedido las diligencias conforme al concilio tridentino, casé por palabras de presente a Bernardo de Oliver, viudo de Inés Pérez*, y a María Alonso, viuda de Cristóbal Asensio, vecinos de esta dicha Villa. Fueron testigos Juan Alonso, Juan de las Cuevas y Roque de las Casas, todos vecinos de esta dicha Villa.
En lunes 30 de enero de 1606 el bachiller Diego de Henao, vicecura de la iglesia de esta Villa, dió las bendiciones nupciales a Bernardo de Oliver y a María Alonso. Padrinos, Juan de Castro el mozo e Inés Díaz su mujer, vecinos de esta Villa.

* Tuvo que ser un matrimonio efímero. La partida de casamiento no está registrada en el archivo parroquial de Castilleja.

El matrimonio de los dos viudos hacía una intensa vida social: Bernardo de Oliver y  María Alonso, padrinos de la velación de Juan Lázaro de Corrales y de su esposa Ana Cabrera en 17 de febrero de 1610. Bernardo de Oliver, aguardentero, y María Alonso su mujer, padrinos de la velación de Alonso de Montiel y de su esposa Ana López, todos vecinos de esta Villa. Jueves 9 de septiembre de 1610. Juan López de la Cava, vicecura de esta Villa.
Por esta fecha tenían una hija de unos cuatro años llamada como su madre, María  Alonso.

Y luego llegó el matrimonio de su sobrino homónimo:

Lunes 7 días del mes de enero de 1613 años yo, Juan López de la ... cura de la iglesia de Santiago de esta Villa, con licencia del Licenciado Juan Ramos, beneficiado de ella, habiendo precedido las diligencias y requisitos necesarios y con mandamiento y diligencias del doctor Jerónimo de ¿Cepeda?, juez apostólico por Su Santidad, por un breve y letras apostólicas en que dispensó en el cuarto grado de consanguinidad, casé a Bernardo de Oliver, tonelero, hijo de Francisco Vázquez, difunto, y de Juana (de Vega), y a Juana de Castro (sic) hija de Juan Muñoz, barbero, vecinos de esta Villa en la Calle Real. Los desposé y velé in face eclesia siendo testigos Bernardo de Oliver, aguardentero*, Antón Pérez Navarro y Juan Vázquez de Morón. (Archivo parroquial de Castilleja de la Cuesta. Libro de matrimonios).

* El tío, tutor recalcitrante, alguacil burlado, malogrado espadachín y viudo reincidente. La familia no ha seguido la tradición paterna del yunque y la fragua, y ahora se dedica en pleno a la elaboración de aguardiente, como ya habíamos apuntado. El tío es aguardentero y el sobrino tonelero, lo que  produce una excelente combinación, ya que se usaba desde tiempo inmemorial a cierta madera para prestar sabor al licor.
 Hacia el año 1618 ya no existía Bernardo de Oliver:

En 11 de julio de 1618 Zambrano casó a María Alonso, viuda de Bernardo de Oliver, con Juan de Castro, viudo de (en blanco)*. Testigos Alonso Pérez, Juan de Castro y Francisco de Castro. Padrinos Pedro Montiel e Isabel de Sevilla.

* Juan de Castro también ejerció de aguardentero. Muchas de las partidas de casamientos de los descendientes de Bernardo de Oliver El Desterrado, de las que hemos encontrado en el registro de la primera mitad del siglo XVII, hacen constar dispensas de tercer y cuarto grado de consanguinidad. Endogamia aguardientesca.

Notas varias, 2o.

De entre los personajes destacados en los documentos sobre Francisco de Vilches, figuran: — El  Teniente de Pagador de las Armadas Reale...