miércoles, 5 de julio de 2017

Notas varias, 2a.


         Aproximación a la genealogía de los primeros Oliver de Castilleja de la Cuesta.


Bernardo de Oliver el joven, ya viuda su madre, fue nombrado Alguacil Ordinario en 1589. Por entonces su hermana Juana de Vega ya le habría dado algún sobrino. En el ejercicio de su función de aguacilazgo tuvo un altercado con un Alguacil y varios cuadrilleros de la Santa Hermandad de la ciudad de Sevilla que, al parecer, no reconocían la autoridad del Conde de Olivares en el Señorío de Castilleja de la Cuesta, y no vacilaban a la hora de desenvainar las espadas para demostrarlo, frente al más pintado:


En la Villa de Castilleja de la Cuesta a 16 de septiembre de 1559 (error en el original: debe decir 1589), ante Juan de Castro, Alcalde Ordinario de esta dicha Villa y en presencia de mí, Hernando de las Cuevas, escribano público y del Cabildo de esta dicha Villa, pareció presente Bernardo de Oliver, Alguacil de esta dicha Villa y vecino de ella, y dijo que se querellaba y se querelló criminalmente de Simón Lascano, Alguacil que dicen ser de la Hermandad de la ciudad de Sevilla, y de Romero y de otros tres criados suyos*, que protesta de declarar sus nombres en la prosecución de la causa, en razón que estando este querellante como Alguacil Ordinario que es de esta dicha Villa, el dicho Simón de Lascano y los demás que venían en su compaña, con poco temor de Dios Nuestro Señor y en menosprecio de la Justicia Real y en quebrantamiento de la jurisdicción de Su Señoría el Conde de Olivares, entraron con vara a esta dicha Villa en el dicho Señorío, y entraron en las carnicerías de esta dicha Villa, adonde este querellante estaba, diciendo que él tenía jurisdicción en esta dicha Villa y que podía entrar en ella mejor que ninguno, y que el Conde de Olivares le había de mostrar los títulos por donde podían sus Alguaciles desarmar en esta dicha Villa, y arremetieron con este querellante con espadas y dagas desnudas fuera de las vainas, dándole de cuchilladas, y arremetieron con este querellante y le dieron muchos puñetazos y le hicieron otros muchos malos tratamientos, y el dicho Simón de Lascano le quitó una daga que tenía y con ella le tiró dos puñaladas, y le quebraron la vara de justicia que tenía en la mano**, y porque los quiso prender, se le resistieron, en lo cual cometieron grave delito que les deben de ser castigados en las más graves penas en derecho establecidas contra los semejantes, que pedía y pidió al dicho Alcalde le reciba su querella y le haga entero cumplimiento de justicia, y juró la querella en forma, y no lo firmó por no saber escribir***. El escribano, Hernando de las Cuevas.

* Todas las apariencias apuntan a otro conflicto jurisdiccional más entre la administración del de Olivares y la de Sevilla, uno de tantos como se daban, de los que ya hemos contemplado varios a lo largo de esta Historia.

** Sobre las varas de justicia, ver: http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2012/09/los-juanguren-y-el-espadero-41.html

*** Poco más adelante veremos que empieza a esbozar una firma rudimentaria. Al cabo de los años va adquiriendo soltura y se permite algunas originalidades personales. Probablemente no supo escribir nunca más allá de su firma.


Auto. Y luego el dicho Alcalde Ordinario recibió su querella al dicho Bernardo de Oliver, y le mandó que dé información, que él la verá y proveerá justicia, y así lo proveyó y mandó, y rubricó de su señal acostumbrada, siendo testigos Juan de las Cuevas y Bartolomé Martín, vecinos de esta dicha Villa.


 La señal con que rubricaba el Alcalde Ordinario Juan de Castro no podía ser más simple.

En dicho día Bernardo de Oliver presentó por testigo a Alonso Ramos, vecino de esta Villa, quien dijo que estando hoy dicho día, podían ser como a las diez de la mañana poco más o menos, junto a la carnicería, vió cómo Simón Lascano, Alcalde de la Hermandad de Sevilla, y Romero, y otros cuatro o cinco hombres con él, que el uno se llama Alonso, allegaron a la carnicería del Señorío de esta dicha Villa, adonde estaba Bernardo de Oliver, Alguacil de ella, y luego vió este testigo como Romero y otro que se llama Alonso, criado del dicho Simón Lasxcano (sic), echaron mano a las espadas y con ellas desnudas fuera de las vainas comenzaron a dar de cuchilladas al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y los dichos Simón Lascano y los demás sus criados en favor de los dichos Romero y Alonso sus criados fueron contra el dicho Bernardo de Oliver, y le echaron mano quebrantando la jurisdicción del Conde de Olivares, dándole muchos rempujones y puñetazos hasta le quitar una daga que tenía, y haciéndole mucha resistencia le quebraron la vara de justicia que tenía en la mano, diciéndole que le habían de quitar las armas que tenía, mas que este testigo oyó decir que fué la dicha pendencia porque los dichos criados del dicho Simón Lascano le querían quitar una daga al dicho Alguacil porque estaba en las carnicerías de esta dicha Villa, y sabe este testigo que le hicieran muchos malos tratamientos si no acudieran gente a favorecerlo, y luego vió este testigo que allegó Juan de Castro, Alcalde Ordinario de esta dicha Villa, y prendió a tres criados del dicho Simón Lascano y los llevó a la Cárcel de esta dicha Villa, y esto es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, y dijo ser de edad de treinta años poco más o menos, y no firmó porque dijo no saber escribir. Hernando de las Cuevas.

Testigo, Juan de Chávez, vecino de esta Villa, en dicho día presentado por Bernardo de Oliver. Dijo que estando en el mesón de esta dicha Villa, que es junto a la carnicería que es del Señorío, podía ser hora de las diez del día de por la mañana poco más o menos, vió que Simón Lascano, Alcalde de la Hermandad de la ciudad de Sevilla, y Romero y otros cuatro o cinco criados suyos, entraron en esta dicha Villa al Señorío de ella y se fueron a la carnicería del Señorío de esta dicha Villa y luego entraron dentro de la dicha carnicería, y oyó dar voces este testigo a Bernardo de Oliver, Alguacil de esta dicha Villa, que decía: "¡aquí... y favoreced a la Justicia!", y este testigo fué corriendo, y cuando entró en la dicha carnicería halló al dicho Romero con una espada desnuda fuera de la vaina, tirándole de cuchilladas al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario de esta dicha Villa, y luego los demás criados del dicho Simón Lascano fueron en favor del dicho Romero, y todos arremetieron al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y dándole muchos rempujones le quitaron la daga que tenía en la cinta, y el dicho Bernardo de Oliver decía: "dádme mi daga, que me la habéis quitado mal quitada", y este testigo vió que el dicho Romero y los demás le hacía mucha resistencia al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y el dicho Simón Lascano, Alguacil (sic) dijo a voces que era más su jurisdicción que la del Conde de Olivares, y que él podía entrar en las carnicerías mejor que ninguno, y que le habían de dar los títulos que el Conde de Olivares tenía en esta dicha Villa para que el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario, pudiera desarmar en esta dicha Villa, porque él tenía más jurisdicción que no ¿él? y lo podía hacer en esta dicha Villa; y sabe este testigo que si este testigo y otros no acudieran a favorecer al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, lo maltrataran y le hicieran muchos otros malos tratamientos más que los que le hacían, y en la dicha pendencia sacó el dicho Bernardo de Oliver quebrada la vara, y que esto es lo que sabe, y es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, y dijo ser de edad de cuarenta y tres años poco más o menos, y no firmó porque dijo que no sabía escribir. Hernando de las Cuevas.

En dicho día presentó Bernardo de Oliver al testigo Francisco Núñez*, vecino de esta dicha Villa, que estando en el mesón a las diez poco más o menos oyó dar voces a las carnicerías, y luego entró un hombre dando voces diciendo que mataban a Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario de esta dicha Villa, y este testigo salió corriendo y vió que Simón Lascano y Romero y otros sus criados, algunos de ellos con espadas desnudas y otros con ellas (sic), estaban dando de rempujones al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y algunos de ellos le tiraron de cuchilladas, y vió este testigo que trataban tan mal al dicho Bernardo de Oliver como si no fuera Alguacil, y la dicha pendencia oyó decir este testigo que era porque le habían quitado una daga al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, la cual dicha daga vió este testigo que tenía en la mano el dicho Simón Lascano, y porque el dicho Bernardo de Oliver quiso prender al dicho Romero y a los otros criados del dicho Simón Lascano, se le resistieron dándole de cuchilladas y le quebraron la vara de Justicia que tenía en la mano, y este testigo y otras personas se metieron de por medio y apartaron al dicho Simón Lascano y a sus criados, y si no los apartaran, mataran al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, porque el dicho Bernardo de Oliver no tenía espada y los demás las tenían, y desnudas fuera de las vainas, y que esto es lo que sabe y es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, y dijo que es de edad de cuarenta años poco más o menos, y lo firmó de su nombre.

* Francisco Núñez (de Ribera), vecino de esta Villa, vende a Hernando de Castro, vecino de esta Villa, presente (padre del Alcalde Ordinario Juan de Castro que lleva la querella del Alguacil Bernardo de Oliver que nos ocupa), dos tinajas de vino que él tiene en la bodega de doña Isabel de Alfaro en esta dicha Villa de Castilleja, de la cosecha de mil quinientos ochenta y ocho, y se lo vende por tocado y madreado, al precio de cuatro reales la arroba, que habrá ciento veinte arrobas. Dado en el Señorío de esta Villa, en las casas de morada del dicho Francisco Núñez, martes 25 de julio de 1589. Testigos, Juan de las Cuevas y Juan Sánchez Vanegas.





                                             Firmas del testigo Francisco Núñez..

En dicho día el Alguacil Ordinario Bernardo de Oliver presentó por testigo a ¿Gerónimo de Anguila?, cortador de carne vecino de Triana, que estando en las carnicerías del Señorío a las diez de la mañana poco más o menos vió como Simón Lascano irrumpió y otros sus criados vinieron a las dichas carnicerías, y así como entró el dicho Simón Lascano arremetió con el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario de esta dicha Villa, y le quitó una daga que tenía, y porque el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, fué a tomar al dicho Simón Lascano, el dicho Simón Lascano le tiró dos puñaladas con ella al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y luego los criados del dicho Simón Lascano arremetieron con el dicho Alguacil dándole de puñetazos, y el dicho Romero y un mulato alto que este testigo conoce de vista, echaron mano a sus espadas y el otro a un cuchillo, y con él y las dichas espadas tiraron de cuchilladas y puñaladas al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, entonces quiso prender a los criados del dicho Simón Lascano, dando voces diciendo: "¡favor a la Justicia, en nombre del Rey!", y el dicho Simón Lascano y los demás tomaron en medio al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y le dieron muchos puñetazos, resistiéndose y diciéndole muchas palabras injuriosas, y este testigo vió que acudió mucha gente en favor del dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y se metieron de por medio, porque si no acudiera gente, entiende este testigo que mataran o hirieran al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, porque le tiraban muchas cuchilladas y puñaladas, y que esto es lo que sabe y no otra cosa, y es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, en que se afirma y reafirma, y dijo que es de edad de veinte y cuatro años poco más o menos, y no firmó porque dijo que no sabía escribir. Hernando de las Cuevas.

En dicho día Bernardo de Oliver presentó por testigo a Juan Ponce, hijo de Baltasar Ponce, vecino de Sevilla en la collación de Santa Marina, que dijo que estando en la carnicería del Señorío dicho día como a las diez poco más o menos, vió que Bernardo de Oliver, Alguacil Ordinario de esta dicha Villa, estaba en la carnicería del Señorío de esta dicha Villa, y entró un hombre allí con una capa verde y con una espada en la cinta, en la dicha carnicería, y como el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, lo vió, le dijo: "dad acá el espada*, que no podéis entrar aquí con ella", y el dicho hombre dijo: "no os la puedo dar, y soy cuadrillero", y el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, le dijo que le mostrara por dónde era cuadrillero, y el dicho hombre le dijo que no quería, y el dicho Alguacil arremetió con el dicho hombre a quitarle la dicha espada, y el dicho hombre se hizo fuerte y no la quiso dar y anduvieron al puñete ambos, y en esto el dicho Simón Lascano, Alguacil de la Hermandad de Sevilla, entró en la dicha carnicería y se fué al dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, diciendo: " dejádlo vuestra merced, que yo le haré dar el espada", y como vió ¿quería? arremetió con el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, y le quitó una daga que tenía, y la alzó contra el dicho Alguacil amagándole, que le quería dar con ella en la mano, y en esto el dicho Bernardo de Oliver, Alguacil, pidió favor a la Justicia, y luego acudió gente, metiéndolos en paz**, y andando en esta refriega le quebraron la vara al dicho Bernardo  de Oliver, Alguacil, y luego vió espadas desnudas, las cuales una de ellas tenía Romero, criado del dicho Simón Lascano, y luego vió que los metieron en paz, y luego vió que tiraban pedradas un mozo que no conoce de vista, y que esto es lo que sabe y no otra cosa, y es la verdad so cargo del juramento que hecho tiene, en que se afirma y reafirma, y dijo ser de edad de diecinueve años poco más o menos, y no firmó porque dijo que no sabía escribir. Hernando de las Cuevas.

* Para espada se usaba tanto el masculino como el femenino.

** "Paz", curiosa coincidencia. Cuando a un documento se le sitúa en su contexto, cada palabra y cada giro lingüístico adquiere significaciones complejísimas y enriquecedoras. Los juegos del lenguaje. Esa es la magia de la escritura, y es tarea del historiador pulcro descubrir tales significaciones y considerarlas a la hora de la interpretación de los textos. Francisco de Paz, vecino de Triana, era el obligado de la carnicería escenario de la pelea que estamos estudiando. El obligado, que accedía al puesto mediante puja en subastas celebradas a principio de cada año, administraba el establecimiento y recibía por ello un porcentaje de las ganancias.
En una población pequeña todo el mundo está relacionado: el padre del Alcalde Ordinario, Hernando de Castro (v. s.) arrienda a Francisco de Paz, vecino de Triana, presente, unas casas-carnicerías que él tiene a renta del Conde de Olivares en el Señorío, con el alcábala de la carne y el "hacimiento ... " de la carnicería Nueva que el dicho Conde tiene, que es donde al presente dicho Hernando de Castro vive y mora, linde con el mesón del dicho Conde, y no entra en este arrendamiento el alcábala ni la carnicería Vieja, que está en la calleja como van a la Iglesia de la Calle Real (¿la actual calle Hernán Cortés? Pero dice claramente "calleja"), porque esta renta es de Francisco Jiménez; y se la arrienda por todo el tiempo que le queda por cumplir, desde Año Nuevo que viene de 1588 hasta Carnestolendas de dicho año, por precio de trescientos ducados, y con las mismas condiciones con que dicha renta se arrendó a Juan de Castro su hijo (también el Alcalde de 1589 participaba); y si en Carnestolendas no hubieren pujado por la carnicería de la Calle Real que Hernando de Castro tiene a renta, que Francisco de Paz le dé una casa donde vivir, pagando Hernando de Castro la renta. Dado en el Señorío, en casa de dicho Hernando de Castro, jueves 31 de diciembre de 1587, siendo testigos Hernando de las Cuevas el mozo, Juan Millán y Diego Dávila, vecinos de esta Villa.
Debió irle bien el negocio a Paz, dado que dos años después seguía con el mismo asunto: Francisco de Paz, obligado de las carnicerías del Señorío de esta Villa, vende a Pedro Ruíz, vecino de la Calle Real, presente, todos los menudos de vacas, bueyes, terneras, puercos y puercas que se mataren en dicha carnicería hasta el día de Carnestolendas de 1590, a cinco reales menos un cuartillo los menudos de vacas y bueyes, a dos reales los de terneras, y a tres reales los de puercos y puercas, a pagar cada jueves de cada semana. Pedro Ruíz es obligado a llevar los menudos desde la carnicería a la casa donde los limpiare, y si algo se perdiere será a su costa, limitándose Francisco de Paz a echarlos al suelo en la matanza, y este ayudará a pagar la alcábala con cincuenta y cinco reales. Dado en el Señorío, en casa de Francisco de Paz, sábado 31 de junio de 1589, siendo testigos Cristóbal Martín de Escobar y Juan de Robles, vecinos de Sevilla, y Francisco Miguel, vecino de esta Villa.


Seguimos con el pleito:

Y luego, el dicho Alcalde Ordinario Juan de Castro, vista la dicha información, mandó dar y dió su mandamiento para prender al dicho Simón Lascano y a sus criados, el cual dicho mandamiento se dió en forma, y señalólo de una señal que acostumbra a hacer por firma por no saber escribir. Hernando de las Cuevas.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta, en sábado día 25 de noviembre de 1589 años, ante mí Hernando de las Cuevas, escribano público y del Cabildo de esta dicha Villa pareció Diego García de la Torre en nombre del Conde de Olivares, y presentó una Provisión de los Señores Alcaldes del Crimen de la Audiencia Real de la ciudad de Sevilla, cuyo tenor del cual es el que sigue:
Los Alcaldes del Crimen que por el Rey Nuestro Señor residimos en la Audiencia Real de esta ciudad de Sevilla, a vos, Hernando de las Cuevas, escribano público y del Cabildo de la Villa de Castilleja de la Cuesta en el Señorío, que ante Nos pareció Rodrigo de Ávila, procurador de esta Real Audiencia,  y mandó de parte del Conde de Olivares por su persona que presentó, nos hizo relación diciendo que por su parte había menester para presentar a tenor en cierto pedimento que trata contra Simón de Lascano, Alguacil de la Hermandad de esta ciudad de Sevilla, un escrito de un pleito que ante vos pasó contra el dicho Simón de Lascano, y pidió justicia; y por Nos visto, mandamos dar y dimos la presente para vos, por la cual vos mandamos que luego que la viéredes y os fuere notificada, saquéis o hagáis sacar un traslado de dicho pleito que se hizo contra el susodicho diciendo haber quebrantado la jurisdicción, y en pública forma y manera que haga fé, lo dad a la parte del dicho Conde de Olivares para que lo presente ante Nos y sobre todo se provea justicia, lo cual cumplid, pagándoos vuestros derechos, so pena de diez mil maravedíes para la Cámara de Su Majestad, so la cual pena mando a cualquier escribano lo ... de fé de ello. Hecho a 24 días del mes de noviembre de 1589.

(El resto del pleito, con las conclusiones y las sentencias, debe obrar en algún archivo sevillano. No perdamos la esperanza de tropezar con él algún día).


Siguen algunos extractos de protocolos del Oficio del escribano Hernando de las Cuevas que reflejan la actividad de varios de nuestros personajes durante aquel año de 1589.

Juana de Vega, vecina de esta Villa, mujer de Francisco Vázquez, presente, con licencia de su marido da todo su poder al susodicho para que la obligue a pagar, ambos de mancomún, a Juan Pérez y a Juan de la Fuente, 46.155 maravedíes de lo procedido del carbón que a ella dieron fiado, a cuarenta y dos maravedíes y medio la arroba. Dado en el Señorío en casa de los otorgantes, lunes 13 de marzo de 1589. Testigos, Sebastián Gutiérrez Calderón y Juan de las Cuevas.
Fabián López, vecino de esta Villa, conoce a Francisco Vázquez, presente, y dice que por cuanto dicho Francisco Vázquez y Lázaro Martín se obligaron a pagar a Juan Pérez y a Juan de la Fuente y a otros sus compañeros 1.300 reales, por escritura que pasó ante Juan Díaz de Ayala, escribano público de la Villa de Olivares, y porque dicho Francisco Vázquez se temía que Lázaro Martín, por ser mozo soltero, se iría y ausentaría, y él tendría que pagar su parte, sacó mandamiento para prenderlo hasta que diese fianza; por tanto, por la presente dicho Fabián López sale como fiador de dicho Lázaro Martín. Dado en casa del escribano Hernando de las Cuevas que es en el Señorío, viernes 8 de septiembre de 1589. Testigos, Hernando de las Cuevas el mozo, Diego García de la Torre y Bernardo de Oliver (cuñado de Fco. Vázquez como ya sabemos).
Estos 1.300 reales equivalen a los 46.155 maravedíes de la primera deuda del matrimonio por el carbón que recibieron al fiado. Todo indica que los dos Juanes, Pérez y de la Fuente, " y otros sus compañeros, eran carboneros de la sierra norte sevillana, que entraba en la jurisdicción de la Villa de Olivares, donde formalizan sus documentos de compra-venta.
Me parecen muchas arrobas de carbón para consumo doméstico, y por tanto aventuro que la elaboración de aguardiente —a la que se dedican varios descendientes de El Desterrado como veremos de inmediato— exigía grandes cantidades de combustible que proporcionara mucha cantidad de calor a las calderas en las que se hervía y se hacía evaporar el vino.
Desde los hornos de carbón de la serranía se traía el material, ya enfriado, por medio de angarillas en interminables recuas de mulos o asnos a través de "el Cordel de los Carboneros" que pasa por Aznalcóllar, Albaida del Aljarafe, Olivares, Salteras, Valencina de la Concepción y Camas, hasta los depósitos de la capital, sitos junto a la Torre de la Plata (existió allí en la muralla un postigo llamado "del Carbón".
Hoy, debido a la desidia de las administraciones municipales de dichos pueblos, el Cordel está orlado de escombros y basuras, y en algunos casos ocupado por edificios residenciales y chalés que obligan a ciclistas y excursionistas a dar frustrantes rodeos.



El Cordel de los Carboneros con la ciudad al fondo y la "torre Pelli" en la última fase de construcción.

Juan de Saucedo, vecino de esta Villa, vende a Bernardo de Oliver, igualmente vecino de esta Villa, presente, un asno color pardo, que ha cerrado, con un ... en el hocico, y con una cuchillada en el anca*, y con una catadura en los ¿riñones?, por precio y cuantía de siete ducados, los cuales recibe de contado ante el escribano Hernando de las Cuevas. Dado en el Señorío de esta Villa, miércoles 5 de julio de 1589. Testigos, Hernando de las Cuevas el mozo, Benito Esteban, vecinos de esta Villa, y Juan de Mendoza, notario estante en esta Villa.

* Nos imaginamos el cuadro: a un canalla, acaso ebrio de mosto, se le detiene el animal, siendo objeto por ello de las burlas de los presentes, no menos canallas. Así que, para alardear de hombre duro, extrae su navaja y se la clava al asno. Sobre la aberrante lacra del maltrato animal en todas sus formas, la humanidad ha erigido su superioridad "intelectual, artística, civilizada, moral y ética". Hoy nada ha cambiado al respecto, aunque todo el mundo asume —falsamente— que estamos progresando.


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Notas varias, 2o.

De entre los personajes destacados en los documentos sobre Francisco de Vilches, figuran: — El  Teniente de Pagador de las Armadas Reale...