sábado, 8 de julio de 2017

Notas varias, 2b.

En 1599, cuando hay que suponer a Magdalena de Vega y a su yerno Francisco Vázquez* ya fallecidos, ocurrió un altercado del que salió herido con una estocada en un hombro su hijo varón Bernardo de Oliver, el antiguo Alguacil de la pendencia en las carnicerías diez años antes. En esta ocasión fué en el mesón. Recuérdese que mesón y carnicería lindaban, uno junto con la otra.

* Aunque un Francisco Vázquez, Regidor, actúa de testigo en la cabeza de proceso por la estocada a Bernardo —ver infra—. Al parecer hay al menos dos familias Vázquez en el pueblo, sin relación parental. También cabe la posibilidad de que el Francisco Vázquez, cuñado de Bernardo de Oliver el joven, que otorgó su testamento según vimos en Notas varias, 2, se recuperase de su enfermedad hasta el punto de ocupar al cabo de los años un cargo en el Concejo —el de dicho Regidor—, y participar en una pendencia entre espadachines. Plausible, porque ahora figura con una edad cercana a la cuarentena (39 años poco más o menos) que encaja con la del Vázquez de referencia.


En la Villa de Castilleja de la Cuesta, en 2 de marzo de 1599, ante Hernando de las Cuevas, escribano público y del cabildo de dicha Villa, el Alcalde Ordinario Juan de Castro* dijo que a su noticia había venido que en esta Villa habían reñido tres hombres de la ciudad de Sevilla con Bernardo de Oliver y con otros vecinos de esta Villa, los cuales dichos tres hombres habían venido con mano armada y sobre acuerdo y efecto pensado con espadas y dagas y broqueles** y cotas*** y con un pistolete****  y dos sus amigas, y porque el dicho Bernardo de Oliver había dicho que venían tres cargas de gibias*****, los susodichos habían dicho que le meterían las gibias por el cuerpo con un arcabuz, y que era un bellaco, que saliese a reñir con él, porque ellos venían para reñir uno a uno o dos a dos o tres a tres, y porque Pedro de las Casas le había dicho que no hubiese enojo entre ellos ni alboroto en el pueblo, los dichos hombres le habían respondido que callase, y que cualquiera que hubiese dicho de sus borceguíes y de los leones que en ellos traían era un bellaco cornudo, y que le había de quitar los cuernos como chivato, y porque el dicho Pedro de las Casas había dicho que allí no había hombre que hubiese de ninguna cosa de aquello, los dichos tres hombres, dándose favor los unos a los otros, habían echado mano a sus espadas, y dándoles de cuchilladas a los dichos Bernardo de Oliver y Pedro de las Casas y a Diego de Castro y a otros que estaban allí, y uno de los dichos tres hombres, que se llama Francisco Díaz, había dado una estocada al dicho Bernardo de Oliver en un hombro, que lo había pasado (traspasado, atravesado); y asimismo salieron de la dicha pendencia heridos los dichos Pedro de las Casas y Francisco Díaz Cabezón. Y para que se sepa la verdad de lo susodicho, hizo la siguiente información. Firma Hernando de las Cuevas.

* ¿El mismo que en 1589, en la entrada anterior, con diez años más de edad?. Pero la diferencia entre la señal con que rubricaba entonces (ver entrada anterior) y su firma de ahora puede hacer pensar lo contrario. Quizá en esta decena de años aprendiese a, torpemente como se vé, escribir su nombre.



                                                          Firmas de Juan de Castro.

** Broquel, escudo pequeño. "Todo es dar en los broqueles", cuando en las disputas y altercaciones se entretienen en lo que no importa, sin tocar la dificultad ni el punto sustancial del negocio; tomada la semejança de los que esgrimen, que tirando muchos taxos y reveses, se reparan todos en los broqueles, sin que reciba el cuerpo ningún golpe. "Abroquelarse" un hombre es apercibirse para la defensa de quien tiene algún negocio contra él. "Salir a cada repiquete de broquel", es con qualquiera ocasión, tomar contienda o estar apercibido para en travándose la qüestión acudir a ella. [...]. "Broquelero", el amigo de pendencias, que para ellas va apercibido con su broquel. "Abroquelarse", repararse del golpe del contrario. (Tesoro de la Lengua Castellana. Covarrubias). Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Broquel

*** Cota. Covarrubias dice en su Tesoro que las primeras cotas fueron de cueros de bueyes y búfalos, y que después para ganar en ligereza hicieron correas de estos cueros y anudándolas unas con otras consiguieron, además, más fortaleza. Luego a estos entramados de correas les añadieron anillos de hierro, y por fin desecharon las correas y las construyeron de anillos metálicos en su totalidad, llamándolas de malla porque se cerraban las argollas a martillazos (se equivoca cuando relaciona etimológicamente malla y martillo). Añade que de algodón pespuntado, retorcido y anudado y de tres dedos de grueso hacía los indios sudamericanos sus cotas, largas hasta los pies, las cuales, por su peso, les obligaban a luchar contra los españoles a pié firme sin moverse del sitio. Ver http://www.cotasdemalla.es/historia.htm


                                                        Piezas de una cota de malla

**** Pistolete. Se consideraba un arcabuz pequeño, y también que las armas de fuego de longitud menor de tres palmos eran propias de traidores. Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Pistolete

***** Xibia. Pez semejante al Pulpo; que cerca de la cabeza tiene una bolsa, ú depósito, y en ella un humor tan negro como tinta, el cual derrama en el agua, y la turba, y oscurece, para escapar, sin ser visto de los Pescadores. Su escama, ó concha, es durísima, y la carne mui blanda, y mui blanca. Latin Sepia. (Diccionario de Autoridades).
Por el Camino Real, ya en la Calle del mismo nombre, venían desde Huelva playeros con sus caballerías cargadas de pescado. Si el mesón se situaba donde imaginamos —en la desembocadura de la calle de Hernán Cortés—, las cargas de gibias que divisó Bernardo de Oliver debían estar hacia arriba, aproximadamente a la altura de la desembocadura de la calle de Pedro Oyega, hoy de Manuel García-Junco.


Testigo. Luego, en este día, mes y año susodichos, el dicho Alcalde, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma debida de derecho de Diego Martín de Vega, vecino de esta dicha Villa, so virtud del cual prometió de decir verdad de lo que supiese y le fuese preguntado, y siendo preguntado por el tenor de la cabeza de proceso, dijo que lo que sabe es que estando este testigo ayer lunes primero de este presente mes de marzo en la noche, vió este testigo  cómo vinieron al mesón de esta dicha Villa tres hombres, que en sus trajes parecían rufianes, porque venían alborotados y buscando ocasiones para reñir con la gente que estaba en el dicho mesón, los cuales se quedaron en el dicho mesón aquella noche, y uno de los dichos tres hombres dicen que se llama Cabezón, y el otro  Planquín (o Palanquín) y por su propio nombre Juan Luis, y el otro Alonso Ruíz, y estaban con sus espadas y dagas, y hoy dicho día dos de marzo, en la tarde como a las cuatro de la tarde volvió este testigo hacia el dicho mesón, y vió a los dichos tres hombres, que se llaman Cabezón, y Juan Luis Palanquín y Alonso Ruíz, que estaban en la calle con sus espadas y dagas, y el dicho Cabezón con su broquel, y en la dicha calle estaban Bernardo de Oliver y Diego de Castro y otros, hablando, y el dicho Bernardo de Oliver vió que venían unas cargas que eran de Carrión, que entendió que eran de gibias, y como las vió el dicho Bernardo de Oliver dijo: "aquellas cargas que vienen allí son de gibias", y uno de los dichos tres hombres que vinieron al mesón como rufianes dijo al dicho Bernardo de Oliver: "esa gibia cómasela", y el dicho Bernardo de Oliver respondió: "con aquella que viene se guisa de comer", y el dicho hombre respondió: "comella y hacérsela comer he, y después sacársela y echársela fuera con un arcabuz", y el dicho Bernardo de Oliver dijo: "entonces, yo tengo un mosquete para defendello", y el dicho hombre respondió que él tenía dos, y el dicho Bernardo de Oliver dijo que no era menester mosquete ninguno si no era una de cinco palmos*, cuando fuese de menester, y el dicho hombre respondió que para luego era tarde, y el dicho Bernardo de Oliver dijo: "no me han hecho vuestras mercedes nada", y en esto vió este testigo que venía Pedro de las Casas la calle abajo, y como vió a los dichos tres hombres estar riñendo con Bernardo de Oliver, se allegó hacia ellos diciéndoles: "señores, no hagan enojo entre ellos, y no alboroten el pueblo", y diciendo esto, todos los dichos  tres hombres echaron mano a las espadas, diciendo uno de ellos: "cualquiera que dijere de mis borceguíes y de los leones de ellos** es un gran bellaco cornudo cabrón", y que "luego se lo daría a entender", y el dicho Pedro de las Casas respondió que ningún hombre de los que allí estaban era hombre que dijese tales palabras, y que allí no había ningún cabrón, que mentía en lo que decía, y el dicho Cabezón dijo: "voto a Dios que uno a uno y dos a dos o tres a tres riño con todos, que a eso venimos a esta Villa", y con las dichas espadas desnudas comenzaron a dar de cuchilladas a los dichos Pedro de las Casas y Bernardo de Oliver, y a los otros que allí estaban, y el dicho Cabezón vió este testigo que dió una estocada al dicho Bernardo de Oliver en un hombro, de que le cortó el cuero y carne y le salía mucha sangre, y luego los dichos dos hombres que se llaman Planquín y Zambrano se fueron huyendo. Y andando en la dicha pendencia ha visto este testigo que acudió mucha gente a ella, y andando en la dicha pendencia vió este testigo que el dicho hombre que se llama Cabezón salió de la dicha pendencia herido en la cabeza y espaldas, mas no sabe este testigo ni vió quien lo hirió, porque acudió mucha gente a la dicha pendencia, y este testigo oyó decir luego que los dichos tres hombres eran unos rufianes valentones, y que andaban huidos y retraidos de la ciudad de Sevilla por delitos que habían hecho, y que cuando vinieron a esta Villa habían venido con ellos sus amigas, y que esto es lo que sabe y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y dijo que no sabía escribir y que es de edad de treinta años poco más o menos. Firmaron el Alcalde Ordinario y el escribano.

* Se notaba que era hijo de un maestro de hacer espadas. Ver nota supra, sobre pistoletes.

** Quizá "león" fuese un adorno moderno de los borceguíes, que por su novedad se prestaba a burlas, pero no he podido acreditarlo. En el Diccionario de Autoridades una de las acepciones de "león" es precisamente rufián, matón, valentón de baja estofa. También se refiere en las deposiciones de los testigos a un rufián a murmuraciones sobre su "cuello". El atuendo de los tres forasteros despertó suspicacias entre los castillejanos.


Y luego dicho Alcalde, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma debida de derecho de Juan de Vega, vecino de esta dicha Villa, so cargo del cual prometió de decir verdad de lo que supiese y le fuese preguntado, y siendo preguntado por la dicha cabeza de proceso, dijo que lo que sabe es que este testigo vió que ayer lunes en la noche, que se contaron primer día de este presente mes de marzo, vinieron al mesón de esta dicha Villa tres hombres, que el uno oyó decir que se llamaba Francisco Díaz, y el otro Juan Ruíz, y el otro Zambrano, los cuales parecían en sus trajes valentones y rufianes, porque venían con sus espadas y dagas, y sus amigas consigo, y posaron aquella noche en el mesón dicho, y después hoy dicho día como a las cuatro de la tarde poco más o menos estaban a la puerta del dicho mesón los dichos tres hombres, y un poco más adelante estaba Bernardo de Oliver, Diego de Castro y otros, y este testigo vió que por el camino venían tres o cuatro cargas de carbón (sic) y el dicho Bernardo de Oliver como las vió dijo: "aquellas cargas que vienen allí son de xivias", y los dichos tres hombres que dicho y declarado tiene dijeron al dicho Bernardo de Oliver que se las comiese, y otras muchas palabras de enojo, y que si querían reñir con ellos que saliesen uno a uno o dos a dos y tres a tres, que a eso habían venido a Castilleja, a reñir, y en esto allegó Pedro de las Casas y les dijo: "señores, no hagan enojo entre ellos ni alboroto en el pueblo", los cuales dichos tres hombres le dijeron al dicho Pedro de las Casas que cualquiera que había dicho de sus borceguíes y leones de ellos era un bellaco cornudo cabrón, y que se lo darían a entender así, y el dicho Pedro de las Casas dijo: "ninguno de los que están aquí no ha dicho tal cosa de eso", y luego los dichos tres hombres echaron mano a las espadas que tenían con ellos, fuera de las vainas, y comenzaron a dar de cuchilladas a los dichos Bernardo de Oliver y Pedro de las Casas y Diego de Castro y a los otros que allí estaban, y vió este testigo que el dicho Francisco Díaz Cabezón dió una estocada al dicho Bernardo de Oliver, que estaba sin espada, en un hombro, de que le cortó cuero y carne y le salía mucha sangre, y luego vió este testigo que acudió mucha gente con espadas y piedras y anduvieron buen rato riñendo hasta que se apaciguó la dicha pendencia, y después de acabada la dicha pendencia vió que el dicho Francisco Díaz estaba herido de una estocada en las espaldas y otra en la cabeza, de que tenía cortado cuero  y carne y le salía mucha sangre, mas no sabe ni vió quién lo hirió, porque había mucha gente, y que esto es lo que sabe y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y dijo que no sabía escribir y que es de edad de treinta y cuatro años poco más o menos. Firmaron el Alcalde Ordinario y el escribano Hernando de las Cuevas.

Y después de lo susodicho, en la Villa de Castilleja de la Cuesta, en dicho día, mes y año susodichos, el dicho Alcalde Ordinario, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma debida de derecho de Leonor de Ledesma, mujer de Juan de Vega*, vecina de esta dicha Villa, so virtud del cual prometió de decir verdad de lo que supiese y le fuese preguntado, y siendo preguntada por el tenor de la dicha cabeza de proceso, dijo que lo que sabe es que esta testigo vió que el lunes que pasó, en la noche, que se contaron primero día de este presente mes de marzo, vinieron al mesón de esta dicha Villa Francisco Díaz Cabezón y otros dos en su compañía, que oyó nombrarlos Zambrano a el uno, y a el otro Juan Ruíz, mas que no los conoce, los cuales dichos tres hombres trajeron consigo unas mulatas, las cuales decían que eran sus amigas, las cuales durmieron aquella noche en el dicho mesón con los dichos tres hombres en un aposento, que lo vió esta testigo porque vive en el dicho mesón, y que a las dichas mulatas no las conoce ni si las viese las conocería, a los cuales dichos tres hombres le pareció a esta testigo que eran hombres rufianes, porque a lo que decían y hablaban le parecía que buscaban pendencias y escándalos, porque decían: "voto a Dios que a un cornudo le he de cortar un cuerno", y después, hoy dicho día martes dos de marzo, como a las cuatro de la tarde poco más o menos vió esta testigo que estaban en la calle junto al dicho mesón Bernardo de Oliver y Antón Navarro y Diego de Castro y Pedro de las Casas y otros, y como los dichos tres hombres los vieron, abajaron del dicho mesón y se pusieron en la puerta de él, y ... vió esta testigo que dicho Bernardo de Oliver decía que aquellas cargas que venían por aquella calle abajo eran de gibias, y uno de los dichos tres hombres le dijo al dicho Bernardo de Oliver: "aquella gibia coméosla vos, que en mi casa tengo una escopeta de cinco plomos, con que os la saque del cuerpo", y sobre esto hubieron otras palabras que esta testigo no entendió porque estaba en los corredores del dicho mesón, y luego vió esta testigo que los dichos tres hombres echaron mano a las espadas contra los dichos Bernardo de Oliver y Pedro de las Casas y Diego de Castro y Antón Navarro y otros que no conoció, y los susodichos echaron mano a sus espadas y comenzaron a darse de cuchilladas los unos a los otros, y después que la dicha pendencia se apaciguó vió esta testigo que los dichos Bernardo de Oliver y Francisco Díaz Cabezón estaban heridos, el dicho Bernardo de Oliver en un hombro y el dicho Francisco Díaz en la cabeza y las espaldas, mas esta testigo no vió quien los hirió porque había mucha gente y muchas espadas, y cuando estaban en la dicha pendencia vió esta testigo que un niño, hijo de esta testigo, entró en el aposento donde estaban y habían dormido los dichos tres hombres con sus amigas, y había sacado un pistolete que tenían en una canasta, y esta testigo se lo quitó al niño y lo tornó a poner donde lo había sacado, y luego vió esta testigo que entraba una de las dichas mulatas, que es una delgada que si la viese la conocería, y tomó la canasta donde estaba el dicho pistolete y se fué*, y esto es lo que sabe y no otra cosa, y es la verdad para el juramento que hizo, en que se afirma y ratifica, y dijo que no sabía escribir, y que es de edad de veinte y cuatro años poco más o menos. Firmaron el Alcalde Ordinario y el escribano Hernando de las Cuevas.

* Juan de Vega, el anterior testigo. Así, Juan y su mujer Leonor eran empleados del mesón, mientras que Pedro Librero —ver infra— era el mesonero propiamente dicho, quien se lo tenía arrendado al Conde de Olivares. El niño del matrimonio completa el cuadro, enredando por los corredores y por los aposentos de los huéspedes.

** Sabemos —ver infra— que cerraron la puerta del mesón al empezar la trifulca, y estando los adultos en su interior distraídos mirando por las ventanas, el niño aprovecharía para hacer una incursión en los aposentos, en uno de los cuales llamaron su atención los objetos personales de las mulatas y entre ellos, esta canasta que se podría traducir por cesta, a modo del bolso en los complementos de la indumentaria femenina en nuestros días. Nada ha cambiado, en cuanto que hoy, en los Estados Unidos por ejemplo, no son pocas las mujeres que portan una pistola en sus bolsos. De semejante manera, una de las mulatas llevaba en el suyo el pistolete.




Y luego, en este dicho día, mes  y años susodichos, el dicho Alcalde Ordinario, para averiguación de lo susodicho, recibió juramento en forma debida de derecho, por Dios y por Santa María y por las palabras de los Santos Evangelios y por la señal de la cruz, de Antón Navarro el viejo, vecino de esta Villa, so cargo del cual prometió decir verdad de lo que supiese y le fuese preguntado, y siendo preguntado por la dicha dijo que lo que sabe y lo que este testigo vió que ayer lunes primero de este presente mes de marzo vinieron a esta dicha Villa tres hombres, que uno dicen se llama Francisco Díaz que por otro nombre se dice Cabezón, y el otro se dice Zambrano y el otro El Plagosni (sic), con sus amigas, las cuales trujeron al mesón de esta dicha Villa, y posaron en el mesón de esta dicha Villa con ellas, los cuales venían en hábito de rufianes, y hoy dicho día vió este testigo que hoy dicho día como a las cuatro de la tarde estaban los dichos tres hombres a la puerta del mesón de esta dicha Villa, donde estaba Bernardo de Oliver parado y otros hombres de esta dicha Villa que no se acuerda, entre los cuales estaba Juan de Vega y Diego de Vega y Francisco Vázquez, Regidor, y otros, y Francisco Gutiérrez y Diego de Castro y Pedro Librero y otros que no se acuerda quién son, y este testigo vió que estaban riñendo con el dicho Bernardo de Oliver los dichos tres hombres, de palabra, diciéndole: "aquellas cargas que vienen allí no son xibias, si no, métaselas en el cuerpo, y sacárselas he yo con un arcabuz", lo que les decían al dicho Bernardo de Oliver, y el dicho Bernardo de Oliver respondió a Zambrano, que le decía: "yo tengo un mosquete", y sobre esto se hicieron palabras, y estando en esto allegó Pedro de las Casas y les dijo: "señores, no hagan enojo entre ellos, y no alboroten el pueblo", y diciendo esto, los dichos tres hombres echaron mano contra el dicho Bernardo de Oliver, y el dicho Francisco Díaz Cabezón le dió una estocada al dicho Bernardo de Oliver en un hombro, de que le cortó el cuero y la carne y le salió mucha sangre, y acudió mucha gente, y el dicho Planquín le dijo al dicho Pedro de las Casas: " ... ... de  mi cuello y borceguíes que cualquier bellaco cornudo que lo dijo aquí esto, y salga uno a uno y tres a tres, que a eso hemos venido a Castilleja, a pelear y buscar con quien reñir", y el dicho Francisco Díaz, puesta una cota y un broquel echó mano a la espada contra el dicho Pedro de las Casas y los otros que estaban allí, y comenzaron a darse cuchilladas, al dicho Pedro de las Casas y al dicho Diego de Castro y a los otros que allí estaban, y este testigo se metió de por medio con su espada desnuda en la mano, y andando en la dicha pendencia vió este testigo que acudió mucha gente, y el dicho Bernardo de Oliver estaba diciendo: "¡ay, que estoy muerto!", y luego se apartaron los unos de los otros, y después de apartados vió este testigo que el dicho Francisco Díaz estaba herido de una heridad estocada en las espaldas, mas no vió este testigo quién lo hirió porque había mucha gente con espadas, y este testigo le oyó decir al dicho Francisco Díaz Cabezón que había venido aquí huyendo por unas justicias y otras pendencias, y que los demás y Planquín son hombres que tienen muchos delitos y están acostumbrados a hacer otros muchos delitos, y de ordinario arman muchas pendencias y resistencias, y que esto es la verdad de lo que vió, por el juramento que hizo, y que es de edad de cuarenta y seis años poco más o menos.

Continúa en la siguiente entrada, Notas varias, 2c.

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