martes, 25 de julio de 2017

Notas varias, 2f.



Habíamos dejado a Francisco Miguel (marido de la hermana de la esposa de Bernardo de Oliver el Espadero) vendiendo bueyes a cameños y bormujanos en la entrada anterior. En el siguiente documento que obra en nuestras transcripciones —contando con que surjan otros en el futuro, traspapelados en las cajas de Castilleja del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, lo cual es bastante frecuente— Francisco Miguel ya es difunto:

En Castilleja de la Cuesta en 1º de enero de 1604 ante Francisco de Palencia, Alcalde Ordinario, presentaron la siguiente petición Pedro Vázquez y María Agustina, vecinos de Triana, diciendo que Francisco Miguel, difunto, en su testamento que otorgó, mandó que se le diesen a dicha María Agustina para ayuda de su casamiento 30 ducados, los cuales se pusiesen en tutela, para que se le diesen cuando se casase, el principal y los corridos, y en la partición de los bienes del dicho Francisco Miguel se sacaron los 30 ducados y se dieron en tutela a Alonso Martín (Revuelta) el mozo, y porque ella es casada con dicho Pedro Vázquez, suplica al Alcalde Ordinario que mande a Alonso Martín que le dé los 30 ducados y lo corrido, y que entregue la tutela.
  

                                              Firma de Pedro Vázquez


En dicho día el Alcalde Ordinario mandó dar traslado de la petición a Alonso Martín, el cual dijo ser tutor de la dicha María Agustina, y que le consta que se ha casado, y que está presto a entregar la tutela y también los 30 ducados con lo corrido. Testigos, Juan Payán y Andrés de Carvajal.


                                                 Firma de Alonso Martín, que también formó parte de la familia Oliver, según vamos a ver.

Juan Fernández, cura de la iglesia de Santa Ana de Triana, certifica que en 10 de octubre de 1604, por un mandamiento del Señor Juez de la Iglesia, y habiendo precedido las amonestaciones que manda el Santo Concilio de Trento, desposó por palabras de presente a Pedro Vázquez con María Agustina, siendo testigos Gaspar Alonso, Jácome Gonzalez y Gregorio Hernández, vecinos de Triana, no resultando ningún impedimento.
Gabriel Salmerón, escribano público de Sevilla, da fé que el Licenciado Juan Fernández, cura de Santa Ana, administra los Sacramentos de dicha iglesia, y ha dado entera fé y crédito. Hecho en Sevilla a 13 de octubre de 1604, siendo testigos los dichos (v. s.) y el dicho Gabriel Salmerón.

En 1º de noviembre de 1604 el Alcalde Ordinario mandó que Alonso Martín dé cuenta de los 30 ducados, y que declare cuántos maravedíes ha recibido durante la tutela, y qué ha pagado por la dicha menor.
En dicho día pareció Alonso Martín, y bajo juramento declaró que es tutor de la dicha menor puede haber 28 meses poco más o menos, y que le entregaron con la dicha tutela los 30 ducados de los bienes de Francisco Miguel*.
En dicho día el Alcalde Ordinario tomó cuenta al dicho Alonso Martín Revuelta el mozo; se le hizo cargo de 30 ducados que recibió del bachiller Francisco Gallego Becerra**, albacea que fué del dicho Francisco Miguel. Cargo de 1.871 maravedíes de lo corrido durante los 28 meses. Descargo de 188 maravedíes por su ocupación como tal tutor y curador. Descargo de 44 reales que dió a María Agustina para su sustento, y así lo declaró ella. Descargo de 16 reales que pagó, de proveerlo de dicha tutoría y de otros autos, al escribano del Concejo de esta Villa Diego García de Miranda. Restan 9.893 maravedíes, que el Alcalde Ordinario mandó pagar al dicho Alonso Martín, el cual aceptó la cuenta. Testigos, Hernando de las Cuevas y Roque de las Casas.
El Alcalde Ordinario mandó que, dando carta de pago Pedro Vázquez a Alonso Martín, reciba los 9.893 maravedíes, y que dicho Pedro Vázquez otorgue escritura de dote a la dicha su mujer. Testigos, Roque de las Casas y Francisco Martín Revuelta.
Pedro Vázquez, marido de María Agustina, vecinos de Triana y estantes al presente en esta Villa, él con licencia y poder de dicha su mujer para otorgar esta escritura, y él le otorga a su vez a ella su licencia, ambos a dos y de mancomún otorgan que reciben de Alonso Martín Revuelta el mozo, presente, 10.893 maravedíes, de resto y alcance de cuenta de todo lo corrido y principal; y lo reciben al contado y en reales de plata ante el escribano iusoscripto, y dan por libre y quito al dicho Alonso Martín de la dicha tutela, y ella declara que es de edad de ¿17? años y menor de 25, y jura no oponerse a lo dicho por razón de ser menor de edad. Pedro Vázquez recibe los 10.983 maravedíes en dote y casamiento con la susodicha. Dado en esta Villa a 1º de noviembre de 1604. Firmó Pedro Vázquez. Testigos, Francisco Hernández y Juan Millán, vecinos de esta Villa que dijeron conocer a los otorgantes, y Roque de las Casas, Juan de Miranda y Francisco Hernández.

* Por lo tanto hacía casi dos años y medio que murió. O sea, entre 1601 y 1602. No hemos encontrado, por ahora, su testamento.

** Cura beneficiado de la iglesia de Santiago de nuestra Villa. Y técnico avezado en el arte de desplumar a todo aquel que se pusiese bajo su "protección espiritual", según revela la documentación hasta ahora descubierta por nosotros y refuerza un magno ejemplo que detalla la profesora Piedad Bolaños Donoso en su obra "Doña Feliciana Enríquez de Guzmán. Crónica de un fracaso vital (1569-1644)", Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012. He de suponer que el prurito depredador de bienes materiales del cura tenía fundamento y origen en la universal doctrina de la iglesia de Roma por la que se regía, que preconiza y recomienda desprecio y aversión a las riquezas mundanas. De esta manera Becerra pretendía demostrar a sus ovejas que no necesitaban riquezas. Y si los representantes de dicha religión no predican con el ejemplo, valga en su descargo aquello tan añejo de: "haced lo que decimos, no lo que hacemos" (a lo cual contesta el vulgo —obrero por naturaleza—: "obras son amores, y no buenas razones", pero al vulgo no se le hace el menor caso).
En esta insuperable biografía de la escritora hispalense doña Feliciana que nos brinda doña Piedad Bolaños bailotean otros personajes que, o estaban avecindados en Castilleja o tenían vínculos con dicha Villa, como el padre de la referida poeta, Diego García de la Torre, hombre con casa de morada aquí y que necesariamente tuvo que mantener conocimiento y trato con el cura Becerra, íntimo de su hija. Y también nos encontraremos con sus dos maridos, el primero y el segundo. A todos ellos los iremos ilustrando con la máxima claridad.



Foto de doña Feliciana. Se enfrentó, con la pluma, a un "machote" de la época: Lope de Vega. Al parecer, el Fénix de los Ingenios ignoró sus ataques.


Firmas de doña Feliciana y de su primer marido don Cristóbal, estafado por Agustín de Castro Polaino, ver infra.




Firma de Becerra en un libro de bautismos del archivo parroquial de Castilleja de la Cuesta. Administrador manoslargas de la escritora.


                                                      DIOS ES AMOR

La anterior no es la única donación que a doncellas pobres hace Francisco Miguel. Hay la que sigue, al menos. Lo más probable es que, siendo como fué mayordomo de dos cofradías religiosas de la localidad, la del Rosario y la de Santiago y San Sebastián, estuviese de alguna forma delegado de cualquier obra pía de las que tanto abundaban en la época, instituidas por personas enriquecidas que al final de sus vidas decidían de esta forma dejar un buen recuerdo; claro está que por la vía de un testamento particular no es usual hacer donaciones institucionales. También pudiera ser que Francisco en su persona se considerara en deuda, o lo estuviese, con estas doncellas, y en su referido testamento mandaba resarcirlas. Vamos a ver la segunda donación, también a una pareja de trianeros, y también casados en la misma iglesia de la collación, la de Santa Ana:

En 20 de febrero de 1605 ante Juan de Chávez, Alcalde Ordinario de esta Villa, presentaron una petición Alonso de Alfaro y Lorenza Vázquez su mujer, hija ella de Pedro Hernández y de Ana López, vecinos de Triana los otorgantes, diciendo que Francisco Miguel, difunto, vecino que fué de Castilleja de la Cuesta, le mandó a ella en su testamento 40 ducados, que se pusiesen en tutela para cuando se casase, y los tiene Francisco Vázquez Montero, y como Lorenza es casada y velada con dicho Alonso Alfaro, pide que se los entregue.



                                           Firma de Alonso de Alfaro

En dicho día el Alcalde Ordinario mandó notificar de la petición al dicho Francisco Vázquez Montero, tutor de la desposada, y que entregue los 40 ducados, y si no, que dé razones de porqué. En dicho día el escribano le notificó la petición, y Francisco Vázquez respondió que estaba presto a entregar la suma.
El Bachiller Gonzalo Pérez Hojeda, cura de la iglesia de Santa Ana de Triana, da fé de que en martes 15 de febrero de 1605 él veló a Alonso de Alfaro con Lorenza Vázquez, a los cuales había desposado antes. Fueron padrinos Francisco Vázquez y doña Catalina de Hojeda, y testigos Pedro de Carmona y Andrés Zamorano, todos vecinos de dicha collación.
Alonso Alfaro y Lorenza Vázquez otorgan que han recibido de Francisco Vázquez Montero los 40 ducados, mas lo que han rentado y todo lo corrido hasta el día de hoy, a razón de 14 maravedíes el millar; lo dan por libre y quito, y declaran ser mayores de 25 años. Dado en Castilleja de la Cuesta a 20 de febrero de 1605. Testigos que dijeron conocerlos, Juana Rodríguez, mujer de Francisco Vázquez, y Antón de Palencia (¿Valencia?). Testigos, Roque de las Casas, Juan Gallego, Sebastián de Chávez y Antón de Valencia.


Foto de iglesia de Santa Ana en Triana. En la pequeña placita arbolada de arriba a la derecha de la foto, quien esto escribe adquiría, hace como cuarenta años, un estupendo hachís. Aquéllos eran tiempos felices, la época dorada de los porros. El moderno término peyorativo "camello" era de aplicación inconcebible a aquellos jóvenes que comerciaban la droga, sustancia por entonces de alto valor reivindicativo y revolucionario. Eran muchachos enigmáticos, con aspecto de universitarios comprometidos en la lucha antifranquista, sombríos en su distinguida dignidad, parcos de trato pero muy correctos y honrados en las transacciones.

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Se va ampliando la familia Oliver. Aquí aparece un cuñado del difunto:

Marina de Vega, viuda de Francisco Miguel, vecina de esta Villa, recibe del Veinticuatro Esteban Ulloa de Toro* 300 reales a cuenta de los 36 ducados que le debe por el valor de la mitad de cuatro fanegas de tierra que le vendió en término de Camas al Pago de Cuestalaencina, que estas dos fanegas y otras dos que le cupieron a la fábrica de la iglesia de Santiago de esta Villa quedaron por bienes de Francisco Miguel su marido difunto, y se sacaron a pregón y almoneda, y se remataron en Agustín de Castro Polaino, cuñado del dicho Francisco Miguel**, en nombre del dicho Veinticuatro, de que han de hacer (¿la otorgante?) escritura de venta en favor del dicho Veinticuatro. Y los 300 reales los recibe de esta manera: 100 que ya le pagó, y los 200 que le paga ahora ante el escribano Juan de las Cuevas. Dado en esta Villa, 21 de diciembre de 1605, siendo testigos Bernardo de Oliver, Agustín de Castro y Alonso de Espejo.

* Esteban Ulloa de Toro, recibido de Veinticuatro en el año 1604. Su hermano Pedro Ulloa de Toro fué esposo de Isabel de la Torre, su viuda y tutora de sus hijos en 1610 . Un Esteban Ulloa de Toro, vecino de Sevilla e hijo de Esteban Ulloa de Toro y María Gutiérrez de Jesús, solicitó licencia el 28 de enero de 1593 para pasar a Santo Domingo como criado de Pedro Díaz del Villar. En el Archivo General de Indias, código ES.41091.AGI/10.5.14.47//CONTRATACION,749, se encuentran con el nº 16, año 1600, los autos de Pedro de Ulloa de Toro, vecino de Sevilla, como cesionario de su hermano Esteban, con Juan Macho, maestre, sobre entrega de una caja de azúcar que se averió. En el Registro de navíos de 1594-1595, vemos al "Nuestra Señora del Rosario", de doscientas veinte toneladas, maestre y señor Alonso Ulloa de Toro o Gonzalo de Mesa, que salió del río Guadalquivir. De 1578 es el expediente  de concesión de licencia para pasar a Cartagena a favor de Esteban Ulloa de Toro, tesorero de la bula de la Cruzada de Cartagena, vecino de Sevilla, hijo de Esteban de Toro y Leonor de Palmas. Probablemente de 1610 es la "Relación de Méritos y servicios de Esteban Ulloa de Toro, corregidor de Quezaltenango". Del 12 de enero de 1614 en Madrid es la "Real Cédula al marqués de Guadalcazar, virrey de Nueva España, recomendándole a Don Esteban Ulloa de Toro".

** Polaino era vecino de Sevilla en la collación de Santa Marina (lo que no quiere decir que no viviese permanentemente en Castilleja, sino que recurría a ese doblez para aprovecharse de ciertas ventajas fiscales que disfrutaban los sevillanos. En otro lugar de esta Historia abundábamos sobre este truco).
La esposa de Agustin de Castro Polaino se llamaba doña Luisa Duarte, y disponía de 262.500 maravedíes anuales —por junio de 1605— de un juro sobre las alcábalas de la ciudad de Sevilla, porción y parte de los 562.500 maravedíes que, por el mismo concepto, estaban en cabeza de doña Blanca Rodríguez, madre de dicha doña Luisa. Gente con la vida resuelta. Queda por dilucidar qué enlace matrimonial hizo a Agustín de Castro Polaino cuñado de Francisco Miguel.
Agustín mantuvo pleito de hidalguía en octubre y noviembre de 1615 y en enero de 1616.
Siendo Agustín de Castro Polaino Fiel Ejecutor de la ciudad de Sevilla contrajo una deuda con el Jurado Francisco Rodríguez Barraza, y le salió por fiador nada menos que el primer marido de la escritora doña Feliciana, Cristóbal Ponce de Solís. Ocurrió que, habiendo muerto el Jurado Barraza antes de cobrar, su viuda, Antonia Venegas de los Ríos, a cargo de sus tres hijos, reclamó la deuda a doña Feliciana porque su marido el dicho Cristóbal también había muerto. Y es que el principal deudor, Agustín de Castro Polaino, nunca devolvió ni un maravedí. Para mayor inri, tiempo atras —el 23 de junio de 1617— Cristóbal Ponce de Solís había prestado a Polaino 700 ducados, por hacerle, manifestó, buena obra.


                                               Firma de Polaino

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Y siguen los negocios, por otro lado:

Francisco Vázquez* y Juana Gómez su mujer, vecinos de esta Villa, venden a Bartolomé Benítez, ídem, presente, un pedazo de viña y tierra calma que ellos tienen en Torrequemada, al Pago de la Jara, de tres aranzadas, linde con viñas de Hernando de Andrada, con viñas de Pedro de Cardona y con viñas de Alonso ... , con cargo y señorío de siete reales anuales a pagar al Conde de la Villa de Gelves, y treinta y seis maravedíes a la Cofradía del Señor Santiago y San Sebastián de la Villa de Castilleja de la Cuesta. Y se lo venden en precio de 555 reales y medio, que reciben ante el escribano Hernando de las Cuevas. Dado en el Señorío, 5 de julio de 1595, siendo testigos Bartolomé Rodríguez de Triana y Pedro Librero, vecinos de esta Villa, y el Licenciado Alonso Ortíz Navarrete, vecino de Sevilla estante en esta Villa.

* Tres o cuatro años después, al enviudar de Juana Gómez, Francisco Vázquez se convierte en cuñado de Bernardo por casamiento con su hermana Juana de Vega (v. s.).

Bartolomé Benítez, vecino de esta Villa, dice que por cuanto en esta dicha Villa en ¿4, 5? días de julio de 1594, ante Hernando de las Cuevas, escribano que fué de ella, y por escritura pública de venta que antes se otorgó, él compró de Francisco Vázquez y de Juana Gómez, vecinos de esta dicha Villa, un pedazo de viña y tierra calma en Torrequemada al Pago de la Jara, de 3 aranzadas, linde con viñas de Hernando de Andrada, viñas de Pedro de Cardona y viñas de Alonso Sánchez, con cargo de pagar a la fábrica y Cofradía de Santiago y San Sebastián de Castilleja, mientras no se redima, 536 maravedíes, por precio de 20 ducados (a 375 maravedíes cada uno, 7.500 maravedíes, ver infra) y el tributo y corridos a pagar por el comprador desde el 14 de enero de 1594 según dicha escritura, y el otorgante ha pagado y va pagando a dicha fábrica y Cofradía, y ahora se le ha pedido por parte de Diego de Henao, cura mayordomo de dicha fábrica, que haga reconocimiento del dicho censo, él, por la presente, lo reconoce y se obliga a seguir pagándolo. Dado en casa de Miranda*, en esta dicha Villa, a 4 de febrero de 1601, siendo testigos Alonso Franco, Diego González y Bernardo de Oliver, vecinos y estantes en esta Villa.

* Diego García de Miranda, efímero escribano público y del Concejo de esta Villa —efímero en comparación con los demás— que murió abintestado a mediados de 1605 dejando viuda y varios hijos pequeños. Lo sustituyó Juan de las Cuevas, hijo del anterior escribano Hernando de las Cuevas.

Bartolomé Benítez y Leonor Millán su mujer, vecinos de esta Villa, venden a Pedro de Goyri, boticario vecino de Sevilla en el ¿Boto? de dicha ciudad en la collación de San Lorenzo, presente, un pedazo de viña y tierra calma de 3 aranzadas poco más o menos, en Torrequemada, término de Gelves, al Pago de la Jara, linde con viñas de los herederos de Agustín Gutiérrez Pacheco, con viñas de dicho Goyri, y con viñas de Pedro Cabrera, con cargo de 7 reales al año a pagar al Conde de Gelves, a pagar desde 1º de enero que pasó, y con otro tributo de 20 ducados de principal que se paga a la Cofradía del Señor Santiago de Castilleja de la Cuesta, y el precio es de 102 ducados, que paga dicho Goyri al contado. Dado en esta Villa a 27 de marzo de 1605.


Firmas de Bartolomé Benítez y de Pedro Goyri

Pedro Librero, vecino de esta Villa, mayordomo de la Cofradía de Santiago y San Sebastian de ella, conoce a Bartolomé Benítez, y dice que por cuanto Francisco Vázquez y Juana de Vega su mujer (recuérdese: hermana de Bernardo el Aguardentero, el cual hace de testigo aquí)*, vecinos que fueron de esta Villa (¿difuntos?), vendieron a la dicha Cofradía y a Hernando de Aguilar, mayordomo que a la sazón de ella era, en su nombre, 536 maravedíes de tributo anual, con 7.500 maravedíes por su quitación, impuestos sobre sus bienes y, especialmente, sobre unas casas en esta dicha Villa, y sobre 3 aranzadas de viña en Torrequemada** al Pago de la Jara (v. s.), como parece por escritura otorgada en esta Villa ante su escribano Hernando de las Cuevas en 2 de marzo de 1590, y Bartolomé Benítez la vendió a Pedro de Goyri (v. s.), boticario, y dicho Pedro de Goyri quiere quitar el tributo a la Cofradía, y le paga los 7.500 maravedíes, mas lo corrido hasta el día de hoy,  por la presente Pedro Librero como mayordomo de dicha Cofradía dá por libre y quito a Bartolomé Benítez del dicho tributo. Dado en esta Villa a 5 de abril de 1605. Testigos, Antonio López, Juan de Chávez, Bernardo de Oliver y Cristóbal Andrés.

* Hay error, ya que en el primer documento se dice que Bartolomé Benítez compró la viña a Francisco Vázquez y Juana Gómez, su primera mujer. Ahora aparece como vendedora junto a él la segunda, Juana de Vega. Entre las dos escrituras, de 1601 a 1605, Francisco Vázquez enviudó y volvióse a casar, pero en puridad quien vendió la viña, de mancomún con él, fué su primera esposa.

** Para Torrequemada (o por otro nombre Caxar), ver http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2016/05/orsuche-orsuchi-orsucci-3.html


Por otra parte, al aguardentero Oliver, aunque delegado, lo podemos ver pujando por la renta del pescado fresco en la plaza de Santiago de nuestra Villa:

Renta de la pescadería. En la plaza de Santiago a 26 de noviembre de 1601 se pregonó la renta del pescado, y no apareció nadie. Testigos, Juan de Chávez y Juan López.
Estando en el Señorío de esta Villa el día 3 de diciembre de 1601, ante el escribano público y del Concejo, pareció Bernardo de Oliver, vecino en el Señorío, y puso la alcábala de la pescadería para el año 1602 en 400 ducados, a pagar por los tercios del año. Y luego dijo que pujaba 100 ducados, poniendo dicha renta en 500 ducados, con 25 de ellos de prometido. Presentó por su fiador a Bartolomé Páez, vecino de esta Villa y obligado de las carnicerías de Abajo de ella, presente. Dado ante el escribano Diego García de Miranda.
El domingo 16 de diciembre de dicho 1601, estando en la plaza pública de esta Villa a la salida de misa, volvió a pregonar dicha renta Martín de Trujillo, pregonero del Concejo. Testigos, Pedro Díaz Ponce, Juan de Chávez y otros vecinos de esta Villa.
El día 21 de diciembre, día de Santo Tomás, volvió Trujillo a repetir su pregón en la plaza de Santiago, sin ofertas. Fueron testigos los antedichos.
En dicho día, estando a la puerta del mesón junto a la pescadería y carnicería de Abajo, presente Su Merced Luis de Alvarado, Contador Mayor del Conde de Olivares, pregonó Martín de Trujillo el precio que se daba por la renta de la pescadería, y al no haber pujador se remató en Bernardo de Oliver y en su fiador Bartolomé de Páez, en los dichos 500 ducados. Testigos, Pedro Narváez y Simón Gómez.

El día 30 de diciembre de 1601 ante el dicho escribano y testigos, pareció Bernardo de Oliver, y dijo que había pujado por ruego e interés de Juan de Morales, vecino de Sevilla. Y estando presente dicho Juan de Morales, dijo ser verdad, y se obligó a pagar conforme a las leyes y condiciones de la dicha renta. Testigos, Miguel de Carvajal, Juan Infante y Hernando de Castro, vecinos y estantes en esta dicha Villa.
Juan de Morales, vecino de Sevilla en la collación de San ¿Aº? el Viejo, y Juan Infante, vecino de Sevilla en la collación de San Isidro, como su fiador, se obligan a pagar al Conde de Olivares los 500 ducados por la renta y alcábala del pescado fresco que se vendiere en esta Villa en todo el año de 1602, la cual renta se remató en segundo remate en Bernardo de Oliver, quien pujó a su ruego. Dado en Castilleja de la Cuesta, a 30 de diciembre de 1601. Testigos, Miguel de Carvajal, Hernando de las Cuevas y Hernando ... , vecinos de Sevilla y estantes en esta dicha Villa.    

Y para terminar la entrada, una nota "traspapelada":

Bernardo de Oliver, vecino de esta Villa, se obliga a pagar al Pósito y a Bartolomé de Vega su mayordomo, 2 fanegas de trigo en grano*, por otras 2 que por mandado del Concejo de esta Villa le han dado para sembrar este año, y promete devolverlas puestas y encerradas en el alfoz del dicho Pósito a su costa, por el día de Santiago de julio de 1598, y que sea buen trigo, limpio y enjuto, tal que sea de dar y recibir, todo junto en una paga, so pena del doblo. Y obliga a ello su persona y bienes. Dado en el Señorío a 2 de diciembre de 1597, siendo testigos Juan de las Cuevas, Juan Jimeno de Ribera y Francisco Rodríguez de Espino.

* Una fanega de trigo equivalía a 43,247 kilos, de forma que Bernardo se llevaría del Pósito casi 100 kilos.  El trigo, a un mismo volumen, pesa más que la cebada, y ésta más que el centeno.


Ya llevaba Bernardo de Oliver casi ocho años ayudándose en sus menesteres con el burro que le vendió Juan de Saucedo. Aquella mañana, tras aparejarlo y endosarle sobre la espina dorsal las angarillas de esparto trenzado, lo llevó tras él desde su casa hacia la Plaza de Santiago; era un animal dócil al que había tomado un cariño casi morboso. Conocía ya a fondo sus emociones, y en especial una crispación nerviosa que el animal externalizaba cuando alguien, aun su dueño, se aproximaba demasiado a sus cuartos traseros por la parte derecha, donde en el anca de tal lado blanqueaba casi cubierta por el pelaje pardo la fea cicatriz de la cuchillada que algún canalla —¿Saucedo quizá?— le infringió; el asno llevaba grabada en su memoria la quemazón de aquella herida que, mal tratada con chorreones de vinagre, le supuso un par de semanas de moscas y tormento.
Al llegar lo dejó atado por el ronzal a los barrotes de la ventana del Pósito. A aquella hora temprana la plaza estaba desierta, y solo desde la vecina Cárcel se oían graves voces de una conversación entre presos. Al Este, la Vega, celeste y lejana, empezaba a resplandecer bajo un sol de invierno que ascendía por un cielo impoluto. Hacía frio en la atmósfera cristalina y el animal, con las orejas gachas, reflejaba la luz, convertida en tristeza, en sus grandes ojos. El aguardentero dió varios aldabonazos en el recio portón, que sonaron como arcabuzazos.  Su tío materno Bartolomé, a la sazón mayordomo del almacén de granos, trajinaba en el interior de la sala principal desde hacía media hora, y se asomó mascullando y tosiendo a causa del polvo. Entraron sin apenas hablar, porque la tarde anterior ya habían convenido el préstamo. En la sala principal, bajo su bóveda de cañón, se amontonaba el trigo de oro en compartimentos de tablones, y el polvillo que llenaba el espacio, transido por la luz de un ventanuco al fondo, había puesto una pátina lívida en cabeza, rostro y hombros del mayordomo.
A cada lado de esta sala principal se abrían las puertas de sendas habitaciones que albergaban, una la cebada y la otra el centeno. La de la cebada tenía muro medianero con la referida Cárcel, y en ocasiones algún detenido, preso de un ataque de furia, comezaba a golpear la pared. La del centeno también tenía un ventanuco abierto hacia la calle de Las Carnicerías —que hoy conocemos como calle de Hernan Cortés—, algo más alto que el del fondo de la sala principal. El edificio obedecía a la tipología de los de su clase, sólidas edificaciones que habían ido surgiendo como hongos por las Villas de toda Andalucía, promovidas sus construcciones por cierto espíritu ilustrado que, originado por los círculos intelectuales europeos, comenzaba a manifestarse en las altas instancias de la monarquía. Sus suelos, para evitar la humedad, eran prácticamente huecos, cruzados por galerías y túneles como de medio metro de altura, que tenían la propiedad de aislar el grano de los perniciosos efectos de esa especie de sudor cuyos vahos emanan de la tierra. Con eso y con el mantenimiento de media docena de gatos, la conservación de las semillas corría el mínimo peligro.




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Notas varias, 3i.

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