viernes, 11 de agosto de 2017

Notas varias, 2i.




En esta gelatina translúcida que conforma la Historia —gelatina hecha de horas, años, segundos y siglos— no hay hechos inconexos, máxime en la estrecha horquilla en la que estamos ahora trabajando, ceñidos como vamos a la segunda mitad del siglo XVI hasta principios del XVII. Todos los dichos hechos históricos, masas oscuras e informes pero con la firmeza ya inamovible de las cosas que habitan en el pasado, tienen algo que ver unos con otros. El relacionarlos dándoles coherencia, color, sentido y dimensiones depende del espectador perspicaz, privilegiado u objetivo. Por eso no nos preocupa ni nos inquieta exponer acaecimientos "sin digerir", salpicados, aleatorios, extemporáneos o como se los quiera denominar; trabajamos en dirección contraria al sendero marcado por la historiografía académica u oficial, la cual en incansable pos de réditos comerciales suele preparar unas papillas de fácil y cómoda absorción, cuyos ingredientes son los mismos desde varios siglos hacia acá, tan solo ofrecidos en órdenes diferentes. Mas como el negocio "cultural" funciona, la inercia de las ganancias arrastra a generaciones y generaciones de historiadores que las Universidades vomitan anualmente, y el consumidor medio de libros de asuntos pretéritos tiene la plácida ilusión de que el mundo, a pesar de los pesares, sigue girando, con lo cual concilia su sueño beatífico sin más problema. El siguiente hecho que presentamos no nos va a dar mucho quehacer en cuanto a su localización, porque ya conocemos a sus protagonistas y a lo que se dedicaban en concreto: Jusepe Cornelio, maestro de hacer aguardiente, y Juan Rodríguez, albañil. Si el 5 de julio de 1594 acordaron acometer unas obras en casa del primero, ahora en 7 de marzo de 1596, más de lo mismo. El precio, parecido: 550 reales la primera intervención, y 478,5 reales (43,5 ducados) esta última. La minuciosidad y  previsión del contrato nos hace pensar en una mentalidad —la de Jusepe— dada al detallismo, amante de la norma. Juan Rodríguez ahora figura como vecino de Castilleja en lugar de Sevilla como anteriormente.

   Juan Rodríguez, albañil  vecino de esta Villa, conoce a Jusepe Cornelio, asimismo vecino de esta Villa, presente, y dice que por cuanto ellos se concertaron en hacerle toda la obra de albañilería en su casa en esta Villa por precio de cuarenta y tres ducados y medio, los cuales cobrará conforme vaya haciendo la obra, bajo ciertas condiciones:
— Que Juan Rodríguez sea obligado a hacer una pieza que tenga 48 pies de largo y 15 de guero*, de 4 tapias de alto, y a hacer en esta pieza y dividir dos recámaras atajadas** de tabiques, y ¿encajar? los tabiques del tamaño que Cornelio quisiere.
— Con condición de que sea obligado a hacer sus zanjas, y a ahondarlas hasta allegar a lo firme y a ... de sus tongas de cal y tierra, y a hacer ocho hiladas de hondo de albañilería, y a hacer sus rafas que esta obra tuviere necesidad y fuere menester, de albañilería y buena obra.
— Con condición de ser obligado a hacer y alzar esta dicha obra de cuatro tapias de alto, y a encalar toda esta dicha obra por de dentro y de fuera, y a hacer una alacena dentro de esta dicha pieza, y a hacer una ventana en la calle y otra ventana en la parte de dentro y ¿hacia la puerta de la calle? y otra ventana delantera, y asentar tres puertas de bastidor y unas puertas principales, y en la dicha sala, todas las cuales dichas ventanas y alacena y puertas han de ser del tamaño que Cornelio quisiere, y a echar un suelo en la dicha pieza y recamarlo*** de hormigón.
— Con condición de ser obligado dicho albañil a echar en lo alto, después de ser enrasada esta obra junto a la teja, una ala de ladrillo, rebocado con su cal y arena, y a tejarlo como es razón, y a subir a costa de Cornelio la teja, y hacer el barro, y hacer el caballete rebocado de esta dicha pieza.
— Con condición de ser obligado a echar una tapia en alto sobre la puerta de la calle que está hecha, y a cubrirlo con su tejadillo, conforme el carpintero lo dejare enmaderado, a dos aguas ... de la puerta principal de la calle, hasta allegar en redondo al horno de Lucía Díaz****, y todos los demás ¿salsamientos? que toda la dicha casa tuviere necesidad, y desde la dicha puerta principal de la calle llega hasta donde está el horno de la casa de Lucía Díaz ... a encalar toda la pared hasta dicho horno.
— Con condición de ser obligado a meter unas vigas de el entresuelo, y a enmaderarlo y entablarlo a costa de Cornelio, poniendo dicho Cornelio las tablas y clavos que fuere menester, y a hacer un hilo de pared entre la casa de Lucía Díaz, que es la pared de la caballeriza, y desenvolver la dicha caballeriza y enmaderarla y entablarla y tejarla y echar su ala de ladrillo, y a subir las tejas y bajarla (sic), y hacer el barro a costa de Cornelio, y a hacer de ... una ventana que salga a la calle, y a asentar esta ventana, y a hacer dos pilares en el pozo, del alto que Cornelio quisiere, los cuales han de ser de dos ladrillos de grueso, y cerrar de tapiería desde el pilar al testero de la pared de la dicha caballeriza por la parte de la casa de Cornelio, de tres tapias de alto, de ladrillo y medio.
— Con condición de ser obligado a hacer un ... de ladrillo abierto de teja, en la parte que me señalare (Cornelio).
— Con condición de ser obligado a recorrer y trastejar los tejados de toda la casa ... de Jusepe Cornelio, y poner las tejas que fueren menester y rebocar los caballetes.
— Con condición de ser obligado a derribar un testero de asitara***** (sic) que está en el aposento alto, y volverlo a hacer de alacena, y meter dos cadenas en el dicho aposento.
— Con condición de ser obligado a hacer un cuchillo desde el aposento alto, emparejando la madera hasta la calle, de manera que venga la madera por parejo toda la pieza, de un ladrillo de grueso.
— Con condición de que Cornelio ha de ser obligado a poner todo el ladrillo, tejas y cal y arena, y todo lo demás que fuere menester para el hacer la dicha obra, porque Rodríguez no ha de poner mas que las manos, y le ha de dar tres cubos para el servicio de la dicha obra, los cuales, acabada, han de quedar para el dicho Rodríguez.
El cual se obliga a cumplir todas las anteriores condiciones, dándole Cornelio todo el material, a pie de obra, desde el día que fuere llamado, y de no alzar mano de ella por ninguna causa, siempre que reciba el material, so pena que, si lo hiciere, pueda Cornelio coger oficial y albañiles y hacer la obra a costa de Rodríguez, y si no, que lo pueda ejecutar por su simple juramento. Y dejará la obra a contento y vista de buenos oficiales que la den por buena y bien hecha. Y si se recreciere algún dinero por culpa de Rodríguez, que este sea obligado a pagarlo. Para todo lo cual Rodríguez obliga su persona y bienes. Y Cornelio, presente, acepta esta escritura y se obliga igualmente a todo lo dicho obligando también su persona y bienes. Rodríguez pondrá todas las herramientas, así de azadas como de los demás cubos que fuere menester, y esportones, y zarandas y ... y las demás herramientas, conque los tapiales le ha de dar Cornelio, para hacer dicha obra. Y de subir todo el barro que fuere menester para tejar los tejados, y que si hubiere otra mayoría en la dicha obra y fuere menester de hacer, que se quede por olvido, que no vaya declarado, que sea aneja y perteneciente, que sea obligado a hacer sin pedir mayoría por ello. Y es declarado que los encalados que habéis de hacer en esta obra y en la alacena de dentro como de fuera, ha de ser encalado a dos manos, una de barro y cal y otra de cal y ... , y yendo bien ¿bruñido? al uso de buena obra, y es declaración que Rodríguez tiene que ser obligado, al entresuelo que se ha de hacer, a apretar las vigas y a hacer un pilar que sostenga una plancha para tener las maderas del dicho entresuelo, y todo lo ha de hacer y acabar en buena obra al uso del buen maestro. Item declaración que ha de hacer la dicha obra haciéndole las rafas y esquinas en la parte y lugar que le señalare, y a hacer una portada con ladrillo, con su arco ... , y a asentar los umbrales que fueren menester, dando en ellos labrados, y para ello obliga su persona y bienes. Dado en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, estando en las casas de morada de Cornelio Jusepe (sic), a 7 de marzo de 1596. Testigos, Hernando de las Cuevas el mozo y Juan de Chávez, vecinos de esta dicha Villa.

* Guero: huero -ra. "vacío o vano". Con este sentido, se desaconseja, en la lengua culta, la grafía güero. RAE.

** Atajar: cortar o dividir algún sitio o terreno, dejando alguna parte de él separada de la otra por medio de un tabique, un biombo, un cancel, un surco, etc. RAE.

*** "Recamarlo", realzarlo de hormigón. Recamar, derivado del árabe hispano ( رَقم  ) ráqm, y este del árabe clásico raqm, "acción de bordar". Bordar algo de realce. RAE. También raqm equivale a escribir, vocalizar un texto, herrar, adornar, rayar, numerar o paginar.

**** Lucía Díaz era la mujer de Juan Moreno; ellos, junto a Pedro Moreno (hermano de Juan) y su mujer Juana Díaz, los cuatro vecinos de nuestra Villa, habitaban una casa idéntica a esta de Jusepe Cornelio que va a ser sometida a su segunda reforma de albañilería. Las dos casas gemelas formaban en su origen una, que fué dividida por la mitad por doña Luisa de Briones y Hernando Jayán, quienes las dieron a tributo, a los dos matrimonios Moreno-Díaz la una, y la otra a Maese Pedro; cuando murió éste, pasó a ser de Cornelio, mediando la madre del primero. Inmediatamente veremos con todo detalle este desarrollo.

***** "Asitara" es puro andaluz por "citara"; es prístino andalucismo y puro árabe, como vemos por la definición que de ella da la RAE: del árabe hispano assitára, y este del árabe clásico sitārah "parapeto". سَتَر  Pared cuyo grueso es solo el de la anchura del ladrillo común. En árabe, con la misma raíz, se forman: ocultar, proteger, disimular, velo, cobertura, temor, pudor, parapeto, barandilla (sentido con el que se suele usar "citara"), pantalla, telón, biombo, casto, protector, anónimo o camuflage.




La historia de la casa del flamenco aguardentero se nos presenta en los papeles nítida. Dos años antes de la primera obra, doña Luisa de Briones, viuda de Hernando Jayán, vecina de Sevilla en Santa María la Mayor, vende a Jusepe Cornelio, maestro de hacer aguardiente, y a Catalina Gallegos su mujer, vecinos de esta Villa, presente él, 12 ducados y una gallina de tributo perpetuo que dicha doña Luisa tiene puesto y se le pagan sobre unas casas en esta Villa, que solían tener una huerta y viñas con ciertos árboles frutales y naranjos y bodega y otras cosas, que estas casas el doctor Diego de la Cueva Carvajal dió a tributo a ella y a su esposo Hernando Jayán en precio de 12 ducados al año, las cuales casas lindan con viñas de los herederos de Diego Ortiz y con viñas de Diego de Portes, y por delante con la Calle Real*, con ciertas condiciones según más ampliamente consta en la escritura de venta que pasó ante Hernando de las Cuevas, escribano público y del Concejo de esta Villa, en 12 de octubre de 1566, y entre las condiciones una que dice que si en cualquier tiempo pareciere una persona que tenga mejor derecho sobre dichas casas y huerta, que doña Luisa y Hernando Jayán fuesen obligados a dejárselas en el plazo de 8 días, pagándoseles las mejoras que hubiesen hecho, y el dicho doctor Diego de la Cueva Carvajal, en su testamento otorgado ante Diego de la Barrera Farfán, escribano público de Sevilla, en 29 de junio de 1572, declaró que dichas casas eran de Inés Martínez, viuda de Garci López Ángel, y la susodicha Inés Martínez se las dejó a doña Luisa de Briones y a Hernando Jayán, y fué cobrándoles el tributo, del cual dió carta de pago a Hernando Jayán, de 4 ducados del tercio de fin de mayo de 1574, carta de pago que pasó ante dicho escribano Diego de la Barrera Farfán en miércoles 7 de julio de dicho 1574, y luego Jayán y doña Luisa partieron dichas casas e hicieron dos de ellas, una que está hacia la parte del cañaveral, linde con casas de Jusepe Cornelio en que vive [en la redacción, de manera simple y obvia, se adelantan acontecimientos, ya que esta vivienda de Jusepe es la otra mitad de las casas originales a que se refiere doña Luisa; ¿cómo no iban a lindar una mitad con la otra?], y linde con viñas del jurado Luis de Troya, que estas casas [la primera mitad] dieron doña Luisa y Jayán a tributo a Juan Moreno y Lucía Díaz su mujer, y a Pedro Moreno [hermano de Juan] y a Juana Díaz su mujer, vecinos de esta Villa, en precio de los dichos 12 ducados de tributo, mismo que ellos, los vendedores, pagaban al doctor Carvajal y a Inés Martínez; y los hermanos Moreno se obligaron a pagar con ciertas condiciones, según escritura que Jayán y doña Luisa hicieron puede haber 14 años poco más o menos [hacia 1578], que pasó ante el escribano Hernando de las Cuevas, y la otra mitad es la dicha donde vive Jusepe Cornelio, linde con las dichas casas [la primera mitad], con viñas de doña María de Portes y con viñas de Hernán Dálvarez de Soria, y esta la dió doña Luisa a Maese Pedro, flamenco, maestro de hacer aguardiente, difunto, vecino que fué de esta Villa, que tiene un tributo perpetuo de 12 ducados y una gallina al año, que Maese Pedro se obligó a pagar a doña Luisa y a sus herederos, como parece por escritura ante Hernando de las Cuevas del 16 de noviembre de 1579, y por muerte de Maese Pedro sucedió en ellas Cornelia Bander Buer [ Cornelia van der Vuer ] su madre, como su heredera legítima, vecina de Amberes, que es en Flandes, y Jusepe Cornelio en nombre de esta Cornelia y con su poder ha vivido y vive en dichas casas y le paga a doña Luisa de Briones dicho tributo de 12 ducados y una gallina, que a ella pertenece por su dote y por otros derechos [Hernando Jayán murió abintestado], y es tributo libre y realengo, y ello constará por fé del escribano del Cabildo y Regimiento de la ciudad de Sevilla, fé que entregará doña Luisa a Jusepe Cornelio cuando se lo pida, y pueda compelirla a ello con todo el rigor de la ley; y no embargante de ello doña Luisa dice que además de los 12 ducados y la gallina, se paga otro tributo al Conde de Olivares por el suelo de las casas, porque con ese cargo doña Luisa le vende a Jusepe el dicho tributo de los 12 ducados y la gallina, según ella lo tiene y posee, y se lo vende por precio y cuantía de 190 ducados, que recibe al contado ante los presentes escribano y testigos, y así abre mano y se desapodera de él, y da poder a Jusepe para que tome la posesión del dicho tributo, y entre tanto ella se constituye por su tenedora y poseedora, y le hace la presente escritura, dándole poder a Jusepe para cobrar los 12 ducados y la gallina de Maese Pedro [nominalmente, porque ya es difunto] y de su madre, desde 1º de enero de 1593, y se obliga ella a sacarlo a salvo si Inés Martínez, Maese Pedro [ídem] o su madre le pidieren alguna cosa. Jusepe acepta en todo y por todo, y se obliga a pagar el terrazgo al Conde de Olivares cuyas son las tierras donde están edificadas las dichas casas. Dado en la ciudad de Sevilla, en la collación de Santa María la Mayor, en las casas de morada de doña Luisa de Briones, a 13 de diciembre de 1592. Y al cumplimiento de todo ello doña Luisa obliga e hipoteca una heredad de casas y viñas y bodega que posee en la dicha Villa de Castilleja de la Cuesta; la viña de 12 aranzadas poco más o menos, que está en lo Realengo, y las casas en el Señorío, fecha ut supra. Testigos, Juan Ramos de Ojeda y Francisco Sánchez, escribanos públicos de dicha ciudad. Firmó Diego Fernández, escribano público de Sevilla.

* No debe referirse a la Calle Real que todos conocemos, sino al nombre genérico que solía aplicarse a cualquier calle en todas las poblaciones de la época, adjetivadas de "reales", siendo aquí probablemente la Calle de los Jayanes. De otra manera, el lindero referido estaría en el tramo final de la auténtica Calle Real [rotulada en verde en el plano adjunto, v. i.], estando así la entrada de las casas en la dicha Calle. En cualquier caso, estimo que las fincas contenidas en el volumen de José Gestoso (v. i.) no debían estar muy fuera del perímetro señalado en rojo del plano, a juzgar por los topónimos y linderos que se leen en los protocolos: "padrón que parte esta Villla y Camas" o "linde con la Plaza de Santiago". Aunque también se puede leer "Pago de las Caleras" [que corrijo por "Pago de las Escaleras" porque así se denomina la mayoría de las veces en otros manuscritos —hubo un pago de las Caleras en Castilleja de Guzmán—; Las Escaleras, linde al Norte con Hijuela de la Gitana, al Oeste con el padrón Gines-Castilleja, y al Sur con el Camino Real Sevilla-Huelva (prolongación de la Calle Real) quedaba fuera del área señalada en el plano, pero puede haberse dado el caso de que este pago haya sido más extenso hacia el Este, y "recortado" en el transcurso de una dinámica de compra-venta].



A título comparativo copio en seguida un resumen del anterior documento, un resumen elaborado por el profesor experto indiscutible sobre temas aljarafeños Antonio Herrera García, dado a conocer en su publicación "Traspasos y concentraciones de unas fincas en Castilleja de la Cuesta (1563-1635)". Separata de "Archivo Hispalense", nº 179. Sevilla, 1975. (En la cual publicación, por cierto, sobresalen en importancia para nuestro interés los datos respecto al mundo del aguardiente en la Villa) :

Pags. 146-47 [de "Traspasos y concentraciones... ]. Sevilla, 13 de diciembre de 1592. Carta de venta, otorgada por doña Luisa de Briones, viuda de Hernando Jayán, ante el escribano público Diego Fernández, del tributo de 12 ducados y una gallina de censo perpetuo, que le pagaba maese Pedro por unas casas en Castilleja de la Cuesta, a favor de Jusepe Cornelio, maestro de hacer aguardiente, y a Catalina Gallegos, su mujer, vecinos de la dicha villa, en precio y cuantía de 190 ducados al contado.
Original (fols. 179-187)*. Se especifica que este tributo estaba situado sobre unas casas, "que se hicieron y sacaron" de otras en Castilleja, "que solía tener una huerta y viña con ciertos árboles frutales y naranjos, y bodega y otras cosas", que doña Luisa y su esposo habían tomado a tributo perpetuo de 12 ducados al doctor Diego de las Cuevas Carvajal, en 12 de octubre de 1566; posteriormente doña Luisa y su marido habían dividido esas casas en dos: unas, que habían dado a tributo a Juan y Pedro Moreno en 12 ducados, hacía unos catorce años, y otras, que eran las que habían dado a tributo a dicho maese Pedro, difunto, a cuya muerte sucedió en ellas Cornelia van der Vuer, su madre, vecina de Amberes. En nombre de ésta habitaba a la sazón estas segundas casas y pagaba su tributo el citado Jusepe Cornelio, con el correspondiente terrazgo, que no se concreta**, al Conde de Olivares. Doña Luisa hipotecó a la seguridad y saneamiento de esta escritura unas casas y viñas, que poseía en el realengo de Castilleja.

* Esta foliación corresponde a cierto tomo con 376 folios escritos, encuadernado por José Gestoso y sito hoy en la sevillana Biblioteca Colombina con el título "VARIOS, 2" y signatura actual 73-3-9, que compila una importante cantidad de protocolos notariales, estudiados en profundidad por dicho profesor Antonio Herrera García. En su referida publicación de "Archivo Hispalense" nos cuenta que estando en la Colombina llamó su atención el referido volumen de Gestoso, cuyos protocolos fueron coleccionados por don Melchor Rodríguez de las Barillas (o Varillas), clérigo de menores y último poseedor de las fincas de que se trata; este terrateniente los cosió constituyendo "un conjunto confuso y descabalado ... con muchos cabos sueltos y extraños ... y no se ve claramente la conexión existente entre todas las piezas reunidas y conservadas". Herrera García los fichó y los ordenó cronológicamente, hasta que vió aparecer nítidamente el proceso en que unas fincas, repartidas entre diversos propietarios, iban concentrándose cada vez en menos, hasta llegar a constituir sólo dos heredades, que, finalmente, pasaban a un único poseedor: don Melchor. Herrera efectúa un conteo de los otorgantes y poseedores de las parcelas que reflejan los manuscritos (21 en total) y averigua sus orígenes: 17 vecinos de Sevilla, 2 de Castilleja y 2 flamencos aguardenteros [a los que hay que añadir bastantes más, tanto dueños de viñas como de casas, y entre ellos a algunos parientes de Bernardo de Oliver, y al flamenco Pedro de Pomares, como ya hemos visto. Don Melchor no consiguió completar su poco transparente colección  —muchos de los originales no deberían haber salido de los Oficios de los respectivos escribanos públicos y fueron adquiridos de manera sospechosa—, muy exigua dicha colección, por otro lado, sin la añadidura de los documentos del Archivo Histórico Provincial de Sevilla o los del Municipal de Castilleja, que iremos nosotros oportunamente hilvanando a lo largo del tema, mucho más rico y complejo que lo que la tal colección del clérigo aparenta; y, por supuesto, sin infravalorar el encomiable esfuerzo del profesor Herrera García, cuya agotadora labor quien esto escribe la conoce y la reconoce].
Y añade Herrera García en el prólogo de su publicación:
"En lo que toca en particular a Castilleja de la Cuesta, son destacables una serie de datos interesantes y noticias curiosas. Lo primero, la extensión del cultivo de viñas, que aparece dominante por encima de cualquier otro en las fincas, que se traspasan, y en las colindantes; las labores con que se benfician estas viñas son las mismas que se han realizado en el Aljarafe hasta hace muy poco y, en parte, siguen aún realizándose. Consecuentemente a la extensión de la vid es la extensión, por un lado, de lagares y bodegas*, detallandose curiosamente sus enseres y, por otro, de fábricas de aguardiente; sería interesante averiguar hasta qué punto la vinculación de esta industria a los maestros aguardienteros flamencos, que posiblemente traían con ellos el savoir faire de la vitivinicultura borgoñona, estuvo ligada al nacimiento o al perfeccionamiento de esta fabricación en varios lugares del Aljarafe: todavía en 1751 funcionaban en Castilleja "diez calderas para aguardiente, las siete de seglares ... y las tres restantes correspondientes a eclesiásticos" (M. Justiniano: El proyecto de única contribucción y Castilleja de la Cuesta, en Archivo Hispalense, nº 122)." Fin de la cita.
Y aquí nos corresponde a nosotros intercalar un párrafo. Sobre Castilleja como centro bodeguero y lagarero de la comarca, ver  http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2008/08/un-aperador-acosado-ix_06.html con una noticia añadida del primer castillejano participante en las campañas centroeuropeas promovidas por el emperador Carlos V. Poco sabemos hoy de los descendientes de este soldado de los tercios españoles, hasta no agotar la revisión de nuestros apuntes, pero se intuye que, si los tuvo, debieron desarrollar unas especiales relaciones con los aguardenteros flamencos cuyas peripecias estamos estudiando ahora. Parece obvio, por otra parte, que el apogeo de la vid y de la industria e instalaciones anexas a su cultivo en nuestro pueblo propició la extensiva producción del aguardiente; reconociendo el protagonismo en tal "artesanía" o maestría licorera de los inmigrantes amberinos, como no puede ser de otro modo; y como no hay dos sin tres, deberemos reconocer también en todo lo expuesto el origen de la calderería francesa que ya en el siglo XVIII ocupaba en Castilleja prominente posición. Amerita el tema un estudio histórico en profundidad de las referidas industrias en el eje Paises Bajos-Francia, que explicaría con toda seguridad, y por un lado más amplio, la corriente migratoria dieciochesca gala hacia nuestro país, así como su especialización en "batir el cobre" (nunca mejor aplicado: "Batir el cobre es hacer mucho ruido y trabajar con solicitud en algún negocio, porque los que labran cobre suelen estar sobre una pieza, martillando tres y cuatro juntos, guardando el compás de los golpes". Covarrubias. Tesoro de la Lengua Castellana).

 ** Ciertamente que no se concreta, lo que suscita sospecha de, como mínimo, el poco entendimiento o el descuido de doña Luisa —analfabeta, por cierto— sobre sus negocios. Aunque en definitivas cuentas, el hecho es que los compradores aceptaban sus ofertas, por muchos puntos oscuros que contuvieran.. El tributo sobre los solares viene de antiguo, de los años del Repartimiento tras la mal llamada Reconquista (nunca hubo una primera "Conquista", España es una invención monstruosa), y pasaba de un señor a otro, siendo su "propiedad" un doble robo, por así decirlo: a los musulmanes con la espada, y a los nuevos colonos con la pluma.

Y con el mismo método, primero mi propia transcripción del correspondiente protocolo de venta en el tomo de José Gestoso, y luego el resumen del mismo efectuado por el profesor Herrera, veamos la adquisición de la casa por Maese Pedro:

Doña Luisa de Briones, vecina de Sevilla en la collación de Santa María, viuda de Hernando Jayán y estante al presente en esta Villa, dá a tributo y censo perpetuo para siempre jamás a Maese Pedro, maestre (sic) de hacer aguardiente, flamenco, vecino de esta Villa, presente, unas casas que ella tiene en esta dicha Villa, que es un palacio, portal, huerta, corral y pozo, linde con casas de Juan Moreno y Pedro Moreno, con viñas de Diego de Portes, y con viñas de Hernán Gómez. Quedan obligados Maese Pedro y sus sucesores a dar a doña Luisa y a los suyos 12 ducados y una gallina al año, a pagar desde el día 8 de diciembre que viene del presente año, pagando 4 ducados por los tercios de cada año, y la gallina el día de Pascua de Navidad. Maese Pedro recibe las casas a su propio riesgo de fuego, aguas, terremotos, pestilencias y casos fortuitos pensados y no pensados que del cielo y de la tierra vengan y acaeciendo lo que Dios no quiera. Item, con obligación de tener dichas casas enhiestas y bien labradas por manera que siempre vayan en crecimiento, y que pueda recibir un visitador cada año, so pena de que las casas caigan en comiso; item, no podrá partirlas sin licencia de doña Luisa; item, no podrá enajenarlas sino a personas legas, llanas y abonadas, y en todo caso con licencia de dicha doña Luisa o de sus sucesores. Ésta le dá a al comprador las vigas y tejas que están en un palacio de ella, a la puerta de la calle de las casas del dicho Juan Moreno, para que pueda hacer un palacio en las dichas casas, so pena de que lo haga doña Luisa a su costa. Maese Pedro acepta las condiciones y se obliga a todo lo dicho. Dado en Castilleja de la Cuesta, en el Señorío, en casa de doña Luisa, en lunes 16 de noviembre de 1579, siendo testigos Diego de Santillán, Cristóbal Martín y Juan López. Firmó el escribano Hernando de las Cuevas.

Págs. 141-42  [de "Traspasos y concentraciones... ]. Castilleja de la Cuesta, 16 de noviembre de 1579. Carta de venta, otorgada ante el escribano público Fernando de las Cuevas por doña Luisa de Briones, vecina de Sevilla en la collación de Santa María, viuda de Hernando Jayán, por  la que se da a censo y tributo perpetuo unas casas en Castilleja de la Cuesta a maese Pedro, flamenco de nación, vecino de la misma villa y maestro aguardientero, en cantidad de 12 ducados y una gallina anuales.
Original (fols. 230-234). Traslado autorizado de 1592 (fols. 215-219), expedido a pedimento de doña Luisa de Briones*.
Las casas se dice expresamente que comprenden un palacio y un portal con su huerta, corral y pozo, lindante con otras casas y viñas, libres y realengas sin ningún tributo; los 12 ducados se han de pagar por tercios, a fin de cada cuatrimestre,  y la gallina, "buena e viva, en pie e crestibermeja", en Navidad. Condiciones de esta venta a tributo: el comprador corre con todos los riesgos posibles; ha de mantener las casas en buen estado, enviando los donantes un visitador anual; las volverán a tomar los cedentes en caso de un impago del tributo dos años seguidos; el comprador no podrá dividirlas ni ceder parte de ellas sin expreso consentimiento de aquéllos; no las podrá vender, enajenar o imponer a tributo a personas prohibidas, como iglesias, monasterios, hospitales, cofradias, universidad, caballeros, escuderos, personas poderosas de orden o religión, ni extranjeros de fuera de Castilla, salvo a personas legas, llanas y abonadas de su estado y condición, siempre con licencia de los otorgantes; "otrosí con condición que yo, la dicha Luisa de Briones, vos doy a vos, el dicho maese Pedro, las vigas e tejas toda, que está en un palacio, que yo tengo, que está a la puerta de la calle de las casas de Juan Moreno, para que con ellas vos, el dicho maese Pedro, podáis facer un palacio en las dichas casas, que así vos doy al dicho tributo"; finalmente, dentro de seis meses, ha de tener ese palacio terminado, para servicio del propio maestro aguardientero.

* Una copia al pié de la letra del anterior original, solicitada al escribano por doña Luisa casi 20 años después, para alguna diligencia o trámite, que el clérigo Melchor Rodríguez de las Varillas incluyó en su colección.

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De la mano de doña Luisa de Briones movámonos paseando plácidamente por los recovecos de la rica historia de la Villa. De esta forma, volvemos a encontrarnos con otro viejo conocido nuestro, el flamenco que andaba en tratos de alquiler de vivienda con esta viuda de Hernando Jayán. Todos los oriundos de aquella región europea, según demuestran los personajes que vamos encontrando en nuestra Villa, debieron ser gentes sumamente laboriosas, puesto que obtenían y disfrutaban bienes que no eran muy ordinarios entre los castillejanos comunes, desde Jusepe Cornelio a Maese Pedro (al cual pronto ilustraremos), y desde luego este Pomares, que poseía una hermosa carreta (v. i.) y, en su casa, los utensilios que ya declaró, y que por añadidura podía permitirse el lujo de viajar a su Amberes natal y volver luego a Castilleja. En cuanto a que los amberinos eran gentes industriosas, de hecho la referida región pronto se puso a la cabeza en la economía de todo el continente europeo, lo cual propició el triunfo de su movimiento independentista respecto a la corona hispana. Nada nuevo bajo el sol, hoy se repite la misma historia con Cataluña o el País Vasco.
Anotaré que ni se discute que si el catolicismo era una rémora para el progreso económico de los pueblos —porque lo fué y es—, por el contrario el protestantismo supuso un impulso en la dirección contraria, que hasta hoy se deja sentir con todo su peso en el área del Viejo Continente. Y más: ese espíritu reformista en su viaje transatlántico ha hecho de los Estados Unidos la potencia mundial que es, de la misma manera que el espíritu católico hispánico, con idéntico viaje, ha sumido en la miseria y el atraso a América del Sur.

Pedro Pomares (ver arriba el hipervínculo en el primer párrafo de esta misma entrada), flameco, vecino de esta Villa, arrienda a Andrés Moreno, vecino del lugar de Bormujos, presente, dos bueyes con una carreta en cruz, con sus ruedas nuevas y su lecho* y cabijas** y sortijas*** y con su yugo y con todo lo que le pertenece, que los dos bueyes son, el uno bermejo que se llama "Aperador", y el otro hosco que le llaman "Comendador", por tiempo de cuatro meses a contar desde el día 18 de este mes de abril, a precio de 60 reales cada mes, y deberá pagar a 14 reales cada martes, la primera paga el martes 24 que viene, so pena del doblo; y los bueyes han de estar echándose y levantándose, comiendo y bebiendo y la hierba paciendo, y que puedan caminar una legua, y si cayeren, que le pague por los dos bueyes y la carreta 70 ducados, por los cuales lo pueda ejecutar****. Dado en casa del escribano Hernando de las Cuevas, martes 17 de abril de 1582, siendo testigos Diego López, y Andrés Sánchez, vecino de Bormujos.

* Lecho: la base de la carreta. Suelo de los carros o carretas (RAE).

** Cabija. No se encuentra en los vocabularios. Pudiera ser una errónea lectura por cabijal, pieza de madera que une el arado [¿o la lanza de la carreta?] al yugo.

   

*** Sortijas. Llaman en Andalucía à los aros de los cubos, ò mazas de todo género de carro. (Diccionario de Autoridades). Femenino, carpintería. Cada uno de los aros que en los carros refuerzan los cubos de las ruedas. "La sortija de esa rueda está muy holguera". (Vocabulario Andaluz. Antonio Alcalá Venceslada).
Solían los carreros de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo XX hacer pié en la sortija para encaramarse sobre la caja y emprender el viaje, o estando parado para descargar la mercancía, los hortelanos sus verduras y frutas, los polveros sus ladrillos y sacos de yeso o cemento, los alfareros sus búcaros y macetas o lebrillos, etc. Con tal maniobra —y sobre todo cuando en un alarde de agilidad que dejaba impresionada a la chiquillería observante la ejecutaban con el vehículo en movimiento—, el roce de las suelas de sus míseras alpargatas mantenían relucientes las sortijas, como si las esmerilasen a diario.

**** Parece que la legislación al respecto era estricta. Considérese la importancia de una carreta bueyera para la industria y la economía de aquella sociedad. Por ello mismo, los abusos y la explotación de los animales en pos de obtener el mayor beneficio tendrían que ser "el pan diario", sobre todo por parte de los arrendadores. Como vemos, tras el cumplimiento del tiempo de arrendamiento se sometía a los bueyes a la prueba que determinaría si habían sido bien tratados: debían echarse y levantarse con normalidad, comer y beber y pacer la hierba como siempre antes del contrato, y caminar una legua sin caerse. (Una legua equivalía a la distancia que puede caminar una persona durante una hora, que viene a ser entre 4 y 7 kilómetros).


Un mes después del arrendamiento de la carreta del flamenco tenemos más noticias de la familia Oliver-Vega:

Gerónima de Vargas, viuda de Francisco Vázquez, vecina de esta Villa, da todo su poder a Francisco Vázquez su hijo*, especialmente para que cobre en su nombre todo cuanto le deban, a ella y a su difunto marido, y en general, poder para todos sus pleitos y causas. Dado en casa del escribano Hernando de las Cuevas, martes 11 de mayo de 1582. Testigos, Fernando de las Cuevas y Pedro Librero.

* En domingo 25 de octubre de 1558 bautizó don Rodrigo de Cieza a este Francisco, hijo de Francisco Vázquez y de Geronima [de Vargas] Vázquez. Fueron sus compadres Juan de Vega y su hijo Diego de Vega, y Alonso Martin Revuelta y su mujer.

Y poco después:

Doña Luisa de Briones, viuda de Hernando Jayán, da a tributo y censo perpetuo a Francisco Vázquez y a Juana de Vega su mujer [ él, el hijo —y apoderado— de la viuda Gerónima; y ella, la hermana de Oliver el Aguardentero ], vecinos de esta Villa, presentes, unas casas que ella tiene en esta Villa, con su palacio cubierto de tejas, patio y huerta, que fueron de la morada de Francisco Gutiérrez, linde con casas de Leonor de Valencia y por el lado con huerta del beneficiado Rodrigo de Cieza, y por delante con la Calle Real. Y porque ella ha gastado en dichas casas en pleito que trajo con dicho Francisco Gutiérrez y en otras cosas, le dan los dichos Francisco Vázquez y Juana 18 ducados, en presencia del escribano Hernando de las Cuevas, mas 5 ducados del dicho tributo que le pagarán anualmente, y 3 gallinas también cada año. Dado en esta Villa en las casas de morada de doña Luisa de Briones, viernes 6 de julio de 1582. Testigos, Juan Venegas y Francisco Miguel, vecinos de esta Villa, y Gonzalo Valerio, vecino de Sevilla.


Ahora sacamos a escena dos personajes ya conocidos nuestros: Juan de Saucedo fué quien le vendió a Bernardo de Oliver el Aguardentero en 1589 el burrito con la cuchillada en el anca . Veamos a este hombre —de apellido con resonancias gallegas— en relación con el distinguido "mangante" Agustín de Castro Polaino, cuñado, como dijimos, de Francisco Miguel. Ambos involucrados en un extrañísimo asunto:

Agustín de Castro Polaino, vecino de Sevilla en la collación de Santa Marina y estante al presente en esta Villa, da todo su poder a Juan de Saucedo, vecino de esta dicha Villa, para que en su nombre pueda parecer ante las Justicias de la Villa de Ayamonte o en cualquier otra parte y ante cualquier persona que con derecho deba, y pida que se le entregue a Martín, mulato su esclavo que anda huido de su casa y servicio, que está preso en la dicha Villa de Ayamonte, con cualesquier bienes que tuviera, y para presentar peticiones, escrituras, testigos, etc. y hacer alegaciones y demás diligencias al efecto, hasta que dicho esclavo con los bienes que tenga se le manden entregar. Dado en Castilleja de la Cuesta, en el Señorío, a 30 de junio de 1605, siendo testigos Lorenzo Sánchez, Antonio López y Juan Pablos.

En principio no hay nada raro, excepto cuando se nos da a conocer que Saucedo ejercía durante aquel año de Alguacil Ordinario. Por mucho poder que tuviera Polaino no alcanzaría como para disponer de un funcionario público que le arreglase sus asuntos personales. Lo interesante se presenta cuando al día siguiente del apoderamiento —no se sabe si llegó a ir a Ayamonte— Saucedo está en la Cárcel del Concejo castillejense:

Juan de Saucedo, Alguacil Ordinario y vecino de esta Villa, otorga todo su poder cumplido cuan en derecho se refiere a Francisco de Loya, procurador de la Real Audiencia de la ciudad de Sevilla, ausente, generalmente para todos sus pleitos y causas. Dado en Castilleja de la Cuesta en la Cárcel de ella*, a 1º de julio de 1605. Testigos, Luis Garrido, Pedro Librero y Juan López.

Curiosamente, el día anterior al del otorgamiento del poder por parte de Agustín a Juan de Saucedo para ir a Ayamonte a recuperar su esclavo, o sea, el 29 de junio de dicho 1605, el referido Agustín de Castro Polaino se relacionaba con un ayamontino: fué testigo junto a un vecino de tal Ayamonte llamado Alonso Martín, de una venta de mosto. Este es el documento:

Gabriel de Manjarrés y Bartolomé Lozano, vecinos de la Villa de Gines estantes al presente en esta Villa de Castilleja, venden a Francisco Carreño de Ribera, vecino de Sevilla, ausente, todo el mosto que cojan del esquilmo pendiente, en 3 aranzadas de viña que tienen en término de dicha Villa de Gines, las dos de Lozano al Pago del Romo, linde con majuelos del Veinticuatro Messa (sic), y la una de Manjarrés al mismo Pago, linde con viñas de Francisco López de los Olivos y con otros linderos. Entregarán el mosto en esta Villa de Castilleja a costa de ellos los vendedores, puesto en las casas de morada de dicho Francisco Carreño, en el lagar de ellas, medido a la piquera*, con la medida mayor sin estar sisada, y con cada 30 arrobas una de refacción. Y se obligan a entregar toda la uva por San Miguel de septiembre, y si no, que Carreño pueda enviar a coger la uva a dichas viñas a costa de los otorgantes, al cumplimiento de todo lo cual hipotecan dicho esquilmo. Y reciben 14 ducados por adelantado. Dado en esta Villa de Castilleja, a 29 de junio de 1605. Testigos, Agustín de Castro Polaino, Francisco de Palencia, y Alonso Martín, vecino de la Villa de Ayamonte.

* Piquera: orificio abierto en la mitad del costado del lagar, que lleva adosada una gargolilla de madera. Pero la RAE no lo menciona así, y en cambio dice: "ventana o rompimiento hecho en la pared de un jaraíz [ lagar ] que da a la calle, para descargar por él los carros de uva." Y en el Diccionario de la Lengua Castellana  "la porción de aceituna ó uva que se estruja de una vez en el molino ó lagar".

El conjunto de los tres documentos se presta a infinidad de especulaciones. Cierto y verdad es que el Alguacil Ordinario Saucedo estaba preso el día después del apoderamiento*, porque de otra forma no hubiera otorgado su propio poder, precisamente en la Cárcel y a un procurador de la Real Audiencia sevillana. Es extrañísima la coincidencia del testigo ayamontino presente en Castilleja un día antes, pueblo en el que, además, no era usual que recalase un onubense de tal villa. Y el hecho de que Saucedo siendo Alguacil de ésta se ausentase de ella, yendo a un lugar tan lejano como es la localidad huelvana, no encaja dentro de la legalidad al uso, por lo cual parece lógico su encarcelamiento. El episodio tiene enjundia e interés, pero por desgracia no aparecen, aparte de estas tres, más actuaciones notariales que den coherencia a todos los fragmentos de tan inaudita historia.

* Un día después. Junio de 1605 fué un mes de treinta días, como fija el refrán: "treinta dias trae noviembre, con abril, junio y septiembre".


Ayamonte, abierta al Atlántico. El interior peninsular, con sus intrincadas y traicioneras redes policiales, no propiciaba la huida. Intuía el esclavo de Polaino que la libertad se encontraba al otro lado, orientado en su angustia por la fresca caricia de la brisa cargada de iones que limpia Castilleja del seco polvo del verano y que trae las benéficas y dulces tormentas del apagado otoño y de la resplandeciente primavera.
A olfatos agudos no se les oculta el aroma de mar que portan estos deliciosos vientos suaves, olor a sal detectable en la zona occidental del pueblo, que es la más alta de su término.

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