domingo, 18 de febrero de 2018

Notas varias, 2s.



Como gestor de imperfecciones, el historiador avanza por una calle sin nombre, pregonando ahora algunos apuntes sobre probables parientes de Juan de Saucedo, como son Martín de Saucedo, vecino de la Calle Real, y sobre todo este Cristóbal de Saucedo sevillano relacionado también con el mundillo de la albañilería:
Alonso Martín Revuelta, Familiar del Santo Oficio de la Inquisición en la ciudad de Sevilla y vecino de Castilleja de la Cuesta, en nombre y voz de don Luis Conde de Biedma, con su poder que le otorgó en esta dicha Villa ante Diego García de Miranda, escribano que fué de ella, en 9 de octubre de 1603, otorga que ha recibido de Cristóbal de Saucedo, vecino de Sevilla, 533 reales y 12 maravedíes, los 477 reales y 12 maravedíes en reales de contado y los 56 reales restantes Cristóbal los pagó por el otorgante a albañiles oficiales y en el reparo de las casas en que ¿vive, vivió? el dicho don Luis Conde, que se hicieron en la puerta del medio de las dichas casas, todos los cuales dichos 533 reales y 12 maravedíes están en poder del otorgante, que se dá por contento y pagado, los cuales se le pagan en el dicho nombre a cuenta de los 1.600 reales que paga al dicho don Luis Conde de Biedma por la renta de las casas en que vive, que son en la ciudad de Sevilla en la collación de la Magdalena, junto al Dormitorio de San Pablos, durante este año de 1605, y son del tercio que se cumplirá en fin del mes de agosto que viene de este dicho año; y al cumplimiento de esta carta de pago obliga su persona y bienes habidos y por haber y los del dicho don Luis. Dado en esta Villa a 5 de mayo de 1605. Testigos, Francisco de Palencia, vecino de Sevilla, y Lorenzo Sánchez y Andrés Lorenzo, vecinos del Castillo de las Guardas.



                      Maravedíes del tiempo de Felipe III

Otro Saucedo sevillano, Tomás (o Tomé) de Saucedo Hurtado, estante en Ayamonte en julio de 1602, compró el esclavo negro Melchor, de 28 años, al espartero ayamontino Fernando Lorenzo Coto, por precio de 50 ducados. El espartero lo había obtenido pocos meses antes por 80, así que en la operación perdió 30 ducados. Antonio Manuel González Díaz. La esclavitud en Ayamonte durante el Antiguo Régimen (siglos XVI, XVII y XVIII). Diputación de Huelva, pág. 111.
También había comprado en Ayamonte este Saucedo Hurtado en marzo de dicho año a la negra Gracia de 35 años, por 600 reales, suministrada por el médico portugués Antonio Díaz, vecino de Castro Marin. "Hubo profesionales portugueses de la medicina que se desplazaron hasta la villa onubense para vender sus esclavos". (Obra citada, pág 122). En este libro completísimo sobre el importante centro del negocio de compra-venta de esclavos que fue Ayamonte por su situación entre una nación eminentemente esclavista como fue Portugal y el gran mercado de Sevilla, su autor nos muestra cómo quienes desde esta última ciudad buscaban "mercancía" a buenos precios solían acudir a dicha villa onubense. Entre ellos anotaremos, con vista a ulterior desarrollo, a un destacado hacendado castillejense, don Pedro Adrián Colarte, que en el año 1700 compró al negro Serafín, de mote "Garapiña", de Pedro Álvarez Ramírez, Comisario del Santo Oficio de Sevilla en Ayamonte y cura beneficiado de la iglesia del Salvador. (Obra citada, pág. 137).
El denominado "Cerro Colarte" cruzado por la carretera Castilleja-Bormujos debe su nombre a este hacendado. Pero no adelantemos acontecimientos: el capitán Francisco Vázquez Montero, vecino de Sevilla en Triana, adquirió a la mulata María con una hija recién nacida, de 20 días de edad, por 2.425 reales en subasta pública celebrada en la plaza de Zamora de Ayamonte el domingo 11 de enero de 1642; la subasta la había organizado Juan de Montellano, contador principal del ejército que se formaba en Ayamonte para entrar en El Algarve, cuya Contaduría Principal estaba instalada en dicha ayamontina plaza de Zamora. (Obra citada, pág. 138). Y en esta misma página, "Juan de Montellano, contador principal del ejército que se formaba en Ayamonte "para entrar en el Algave" declaraba en documento público [año 1642] fechado en enero tener noticias "de que a esta villa de Ayamonte se habían pasado de la de Castro Marín y de otras del Reino de Portugal, algunos esclavos y esclavas. Yo hice recogerlos como hacienda de rebeldes a su majestad, para ponerles todo buen cobro". Decidió sacarlos a subasta pública, concretamente tres esclavas llamadas dos de ellas Margarita y la otra María, mulata que tenía una niña recién nacida de veinte días."
El capitán Francisco Vázquez Montero fué hijo de otro Francisco Vázquez Montero, también vecino de Triana pero morador en Castilleja de la Cuesta, en donde ejerció de obligado de las carnicerías del Conde de Olivares largos años, omnipresente su persona en los documentos de la época, dedicado a asuntos de ganadería relacionados con su oficio.



Castro Marim visto desde Ayamonte (Wikipedia).

No fué el único caso de fuga hacia Ayamonte el del esclavo de Francisco de Palencia, ya que también se le escapó al Jurado sevillano Bartolomé Díaz un mulato, Juan, de 20 años, también preso en la cárcel pública de dicha villa. Da que pensar en que, probablemente, estos huidores escapaban por donde habían llegado. El Jurado Bartolomé vendería a Juan por 80 ducados a Santiago Ramírez, escribano del Cabildo ayamontino, por medio del regidor de dicho Cabildo Martín González Barbas, en 1588.
El escribano Diego González —ante quién Juan de Saucedo expuso sus pretensiones en Ayamonte—  tenía una esclava negra, María, de 20 años, comprada al mercader de esclavos Domingos López, de Serpa (Alentejo, Portugal) en 1621.

Esclava que fué del vecino de Castilleja Marco Antonio de Alfaro, la mulata vecina de Ayamonte Gerónima de Barrientos otorgó su testamento como sigue:
"En el nombre de Dios amén. Sepan cuantos esta carta vieren como yo Jerónima de Barrientos, mulata, libre de toda sujección y cautiverio, que soy vecina de esta villa de Ayamonte, estando como estoy acostada en cama enferma del cuerpo y sana de la voluntad y en mi libre juicio y entendimiento natural, cual Dios Nuestro Señor fue servido de me dar. Creyendo como bien y verdaderamente creo en el misterio de la Santísima Trinidad, Dios, Padre, Hijo y Epíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero que vive y reina por siempre jamás sin fin. Amén. Y deseando poner mi ánima en camino de salvación y para ello tomando por mi abogada a la gloria siempre Virgen María Señora Nuestra, a la cual suplico interceda por mí a su bendito Hijo, mi Señor Jesuchristo perdone mis pecados y lleve a su gloria y por mi ánima salvar y a mis herederos concordes dejar. Otorgo que hago y ordeno este mi testamento y última voluntad por ante Antonio de Collantes, presente escribano público de esta villa en la forma y manera siguiente:
Primeramente encomiendo mi ánima a Dios Nuestro Señor, que la crió y redimió por su preciosa sangre y el cuerpo a la tierra do fue formado.
Ytem mando que siendo yo fallecida mi cuerpo sea sepultado en la Iglesia de Señor San Salvador de esta villa en una de las sepulturas que están junto a la capilla de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de la dicha iglesia. Y por ello se pague la limosna que fuere justo.
Ytem mando me acompañen mi cuerpo los curas de la dicha iglesia y nueve capellanes de ella. Y que el día de mi fallecimiento, si fuere hora de misa, si no otro día siguiente se me diga en la dicha iglesia una vigilia y dos misas cantadas, la una a la Limpia Concepción de Nuestra Señora y la otra de requiem. Y por ello se pague lo acostumbrado. Y asimismo se me diga la misa del ánima luego que yo sea fallecida en la dicha iglesia.
Mando se diga una misa al ángel de mi guarda. Y otra a Nuestra Señora de la Candelaria. Y otra a Nuestra Señora del Rosario. Y otra se diga por las ánimas del Purgatorio. Y otra misa se diga a Nuestra Señora de la Encarnación y por ello se pague la limosna acostumbrada, las cuales dichas misas quiero y es mi voluntad se digan en el convento del Señor San Francisco de esta dicha villa por los religiosos de él.
Mando a las mandas forzosas lo que es costumbre.
Declaro que no debo maravedís algunos a ninguna persona, pero por descargo de mi conciencia mando que quien jurare le debo hasta cantidad de dos reales se le paguen.
Ytem declaro que doña Inés de Ávila, mujer de Marco Antonio de Alfaro, vecina que fue de la ciudad de Sevilla, de quien yo fui esclava cautiva, que me criaron en su casa, por el amor que me tuvo y haberle yo con el mismo servicio, me dejó libre de toda sujección y cautiverio y por cláusula de su tertamento ordenó y mandó se me diesen en cada un año cuatro ducados durante los días de mi vida, la cual dicha manda y legado me ha satisfecho en cada un año como lo dispuso la dicha mi señora Inés de Ávila, el padre Francisco de Villa, rector del colegio de San Hermenegildo de la Compañía de Jesús de la ciudad de Sevilla, de cuyos maravedís estoy satisfecha hasta fin del año pasado de mil y seiscientos y treinta y ocho. Y se me deben los dichos cuatro ducados de la dicha manda de este presente año de seiscientos y treinta y nueve. Mando que mi albacea haga diligencia porque se cobren los maravedís para ayuda a pagar mi entierro y hacer bien por mi alma que así es mi voluntad.
Ytem declaro que me debe el licenciado Alonso Rodríguez Brioso*, estudiante, vecino de esta villa, una sortija de oro que costó catorce reales de plata que con otras cosas le había entregado para que me llevase a Sevilla. Y no me la ha vuelto, sino dándome seis reales a cuenta de ello. Mando se cobre lo demás de el suso dicho.
Declaro que tengo por mis bienes un manto nuevo, el cual quiero se venda para que se me compre un hábito de San Francisco en que quiero morir que pido para ganar las gracias de él.
Ytem cuatro basquiñas de colores que son de jerguilla y de picote frailesco.
Ytem cuatro jubones de colores y dos coletillos, uno de tafetán azul y otro de parragón y dos pares de enaguas, unas de bayeta y otras de paño, coloradas ambas y tres camisas de ruan nuevas, y un rosario de cristal y una gargantilla de perlas y un anillo de plata sobredorado y un dedal de plata y unos granates y unos rosaritos y seis gorgueras ya usadas y dos cajitas pequeñas.
Ytem mando se de a la señora doña Agustina que se está haciendo [que a la sazón el platero construía] y a mi señora doña Ana un rosario con una cruz de plata en que está y unos chapines y unas medias de hilo blancas mejores que tengo.
Y para cumplir y pagar este mi testamento y lo en él contenido dejo y nombro por mi albacea testamentario a mi señora doña Leonor Quintero, vecina de esta villa a la que doy poder cumplido que de derecho se requiere para que entre en mis bienes y de lo mejor y más bien parado de ellos véndalos en almoneda o fuera de ella, cumpla y pague este mi testamento y lo en él contenido y le encargo mi ánima y su conciencia.
Y después de cumplido y pagado este mi testamento y lo en él contenido dejo por heredera a mi ánima en el remanente de todos mis bienes, derechos y acciones para que se me diga en misas por ella lo que quedare por la limosna ordinaria, las cuales mande decir mi señora doña Leonor mi albacea en la parte y lugar que le pareciere que así es mi voluntad.
Revoco y anulo y doy por ningunos y de ningún valor ni efecto todos otros cualesquier testamentos, mandas y codicilos que antes de este haya hecho y otorgado por escrito y de palabra, que quiero que no valgan ni hagan fé en juicio ni fuera de él salvo este que al presente hago y otorgo que quiero que valga por mi testamento y última voluntad de aquella mejor vía y forma que derecho haya lugar. Que es hecha la carta en Ayamonte, estando en las casas palacio de su excelencia el marqués de Ayamonte mi señor, en donde estaba la dicha otorgante que yo el presente escribano público doy fé conozco. En lunes ocho días del mes de agosto de mil y seiscientos y treinta y nueve años. Y porque la dicha otorgante dijo no saber firmar firmó por ella un testigo, siendo testigos Juan de Cózar y Francisco Martín, alguacil y Pedro Rodríguez, vecinos y estantes en esta dicha villa". (La esclavitud en Ayamonte... pág. 176).

* Hay un Alonso Rodríguez Brioso en los protocolos notariales de nuestra Villa, marido de Ana de Vela y ambos difuntos ya en abril de 1606, con posesiones de viñas y arboledas en Bormujos y Bollullos al pago del Repudio, matrimonio que dejó hijos herederos menores, una de los cuales, Catalina Vela, tiene como tutor en dicho mes y año a Bartolomé Ruíz de Lara, vecino de Bormujos, nombrado tal tutor por la Justicia del lugar de Bormujos ante el escribano de Castilleja Juan de las Cuevas.

En referencia a los Domínguez de Ayamonte, uno de los cuales, hermano de la mujer de Saucedo, murió abintestado en Indias como estamos viendo, dejo aquí apuntado otros Domínguez ayamontinos presentes en La esclavitud en Ayamonte: Luis Domíguez, mercader de pescado, traficó con once piezas entre 1603 y 1636. El armador Francisco Domínguez pagó por el negro Francisco, de 22 años, al clérigo ayamontino Martín Sánchez de Avilés 140 ducados en el año 1600. María de la Luz, viuda del capitán Juan Domínguez, ahorró en 1663 a dos esclavos: Diego, niño mulato que había criado en su casa, y a Ana, esta última con la condición de servir a Juan Domínguez García, sobrino de su marido, hasta que satisficiese 100 ducados en un plazo de 4 meses. El capitán Matías Domínguez fue testigo en el testamento otorgado por la liberta Magdalena Camacha, morena. Hubo un Fernando Domínguez, escribano público de Ayamonte, hacia 1570.

Sevillanos que compraban esclavos en Ayamonte fueron, además: Felipe Martínez, platero, vecino de Sevilla en la collación de la Iglesia Mayor, que compró en 1628 a la negra Lucía, por 110 ducados, siéndole vendida por otro platero, Diego Rodríguez, de Ayamonte, quien la adquirió por 117 ducados en 1621, año en el que Lucía tenía 14 de edad. "Lógicamente muchos sevillanos se desplazaban hasta Ayamonte para lograr buenas piezas a precios mejores que los que podrían encontrarse en Sevilla. Eclesiásticos sevillanos fueron Gil de Escobar, fiscal de la Santa Inquisición en Sevilla, Enrique Fernández de Flores, clérigo de Triana, Juan de Herrera, Luis de Alarcón y Juana Espínola, monja profesa del convento de Madre de Dios de Sevilla que en 1616 adquirió en Ayamonte a la negra Dominga de dieciocho años por 136 ducados. También hubo quien vendió alguna pieza en este mercado. Así, por ejemplo, Juan de Valverde, clérigo sevillano, actuando en nombre del inquisidor hispalense don Alonso de Hoces* introdujo en Ayamonte [en 1610] un esclavo poco frecuente, un "berberisco", vendiéndolo por 40 ducados". (La esclavitud en Ayamonte... pág. 118).

* "En el tribunal de Sevilla, las visitas de 1628 y de 1611 se revelan igual de fructíferas en contra del inquisidor Alonso de Hoces. En 1611, su dosier establece treinta cargos de acusación como violencia, venalidad, incompetencia, insultos, soborno, corrupción y comportamiento indecoroso en público llegando al límite cuando el inquisidor baila, canta y toca la guitarra". Elisabeth Balancy, Violencia civil en la Andalucía moderna (ss. XVI-XVII): familiares de la Inquisición y banderías locales, Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 1999,  pág. 124. Puede imaginarse el calvario que hubo de padecer este esclavo berberisco —y los demás que poseyera— semejante dueño.



En Castilleja de la Cuesta en 5 de mayo de 1605 pareció ante Juan de Chávez, Alcalde Ordinario de esta Villa, Juan de Saucedo, Alguacil Mayor y Alcaide de la Cárcel de ella*, por sí y en nombre de Catalina Guillén su esposa, y de Benito Esteban y Francisca Díaz sus cuñados, hijos legítimos de Benito Esteban y de Leonor Díaz su mujer, difuntos, naturales de la Villa de Ayamonte y hermanos legítimos de Juan Domínguez, que murió abintestado en las Indias en la ciudad de Panamá, y dijo que por su muerte los dichos su mujer y demás hermanos son herederos legítimos de dicho Juan Domínguez, y que con poder de dicha su mujer y cuñados él había ido a Ayamonte, donde el difunto tenía sus bienes y hacienda en tutela a los cobrar, y los pidió ante las Justicias de dicha Villa y Juez de Menores de ella, y mandaron se le entregasen los bienes con que diere una fianza abonada en cantidad de 600 ducados, para que si en cualquier momento pareciese ser vivo el dicho Juan Domínguez u otra persona con mejor derecho, volverá los bienes tal y como se le entregaron; y como él, estando en Ayamonte, no tenía la dicha fianza, se le dió requisitoria por el dicho Juez de Menores para dicho Alcalde Ordinario Juan de Chávez y para las demás justicias de Castilleja de la Cuesta, de Sevilla y de otras partes, para que a su contento, riesgo y satisfacción recibiese la dicha fianza, y para ello Juan de Saucedo ofreció por su fiador a Francisco de Palencia, vecino de Sevilla y morador en Castilleja de la Cuesta, que es rico y abonado en más cantidad de 3.000 ducados. Por tanto pide a dicho Alcalde Ordinario que mande recibir la dicha fianza a su contento y riesgo, pues le consta y es notorio tener el dicho Francisco de Palencia más cantidad y bienes de los dichos 3.000 ducados, y que se le dé por testimonio para presentar al dicho Juez de Menores en Ayamonte.

* Pomposo título. Pronto veremos a qué se debía.

Auto. En dicho día 5 de mayo el Alcalde Ordinario Juan de Chávez, habiendo visto la anterior petición, dijo que atento a que le consta y es notorio que el dicho Francisco de Palencia es abonado en más cantidad de 600 ducados, que se le reciba por fiador a su contento y riesgo, y así lo mandó. Testigos, Andrés de la Barrera, Francisco Vázquez y Martín Cabrera, vecinos de esta Villa.

Juan de Saucedo, vecino de esta Villa, y Francisco de Palencia como su fiador, este último vecino de Sevilla y morador al presente en esta Villa de Castilleja, dicen que por cuanto Catalina Guillén, mujer del primero, y sus dos hermanos, y dicho Saucedo en sus nombres, como herederos abintestados de Juan Domínguez, pidieron al Juez de Menores de Ayamonte se les entregaran los bienes del difunto, habiendo pedido dicho Juez una fianza de 600 ducados y para ello los tres hermanos han pedido al dicho Francisco de Palencia que los fíe, los otorgantes, por la presente carta y haciendo de deuda ajena suyas propias otorgan que salen por fiadores por los dichos 600 ducados, y se obligan a que, siéndoles entregados dichos bienes a los tres hermanos, cada vez que aparezca vivo Juan Domínguez o alguien que mejor derecho tenga a sus bienes, los tres hermanos devolverán los bienes que tengan del difunto hasta cantidad de los 600 ducados, puestos en Ayamonte ante dicho Juez de Menores el día que este diga, para lo cual ambos obligan sus personas y bienes y se someten especialmente al fuero y jurisdicción de Ayamonte, y el Alcalde Ordinario Juan de Chávez certifica que Juan de Saucedo y Francisco de Palencia son abonados y tienen más bienes de 600 ducados, y él mismo recibe por su cuenta y riesgo dicha fianza, y si le pareciere no ser segura, dicho Alcalde Ordinario la pagará con su persona y bienes, que para ello obliga. Dado en el Señorío de Castilleja de la Cuesta a 5 de mayo de 1605 siendo testigos Andrés de la Barrera, Francisco Vázquez y Martín de Cabrera, vecinos y estantes en esta Villa.

Juan de Saucedo y Catalina Guillén su esposa* conocen a Francisco de Palencia y a Juan de Chávez, Alcalde Ordinario, y dicen que por cuanto dicho Francisco de Palencia salió por fiador de los tres hermanos por los dichos 600 ducados y se obligó a todo lo susodicho, y porque dicho Francisco de Palencia les ha pedido escritura de resguardo, los otorgantes se obligan a no pagar ni gastar cosa alguna de la dicha fianza, ni pedirle a Francisco de Palencia nada en razón de lo susodicho, y si algo le pidieren lo pagarán luego más las costas que se originen, y que por ello los pueda ejecutar con sólo su juramento. Y a todo ello obligan sus personas y bienes. Dado en Castilleja a 5 de mayo de 1605, siendo testigos Francisco Vázquez, Martín de Cabrera, Andrés de la Barrera, Hernando de las Cuevas, Blas Sánchez y Roque de las Casas.

* Pudo ser una belleza salada,
con el océano nocturno,
chispeante de luna,
en las pupilas.
Pudo haber traído
Catalina de Ayamonte
un océano nocturno,
hirviendo con chispazos
de su blanca luna en las pupilas.

Aureolada con ausencias de gaviotas,
lastran algas sus torpes pasos,
enredados en las flores de Aljarafe.

En el sur fija
una estrella fría
la geometría.

Juan de Saucedo, Alguacil Mayor de Castilleja de la Cuesta, da todo su poder a Martín Hernández el viejo y a Martín Hernández el mozo y a Julián Nieto, vecinos de la Villa de Ayamonte, para que en su nombre puedan cobrar de Diego López Paposso* (sic), vecino de dicho Ayamonte, 18 ducados que le debe según escritura ante Diego González, escribano público de dicha Villa. Dado en el Señorío de Castilleja a 17 de enero de 1606, siendo testigos Bernardo de Espinosa, Diego González y Juan de Miranda.

* María González, viuda de Bartolomé Paposo, liberó a su esclava Francisca [año 1667] que al parecer era hija de su marido e incluso la propia María la había amamantado conociendo la realidad de su paternidad (La esclavitud en Ayamonte... pág. 149). En 1607 Blas Rodríguez, vecino de Ayamonte, reclamó a Alonso Domínguez Paposo 110 ducados que le había pagado por Domingo, negro de 20 años, porque le había asegurado que no era huidor y contrariamente se le había fugado.

Benito Esteban, hijo de Benito Esteban y de Leonor Díaz, natural de la Villa de Ayamonte y vecino de Sevilla en la collación de San Gil, estante al presente en esta Villa de Castilleja, recibe de Juan de Saucedo su cuñado, vecino de esta dicha Villa, ausente, todos los maravedíes que por su poder Saucedo ha cobrado en Ayamonte y en otras partes de la herencia que le cupo de sus padres, así los que estaban en tutela y administración como en otra forma, excepto que no entren en ello unas casas que el otorgante tiene en Ayamonte, porque de ellas han de liquidar cuentas. Que todo lo demás dicho Saucedo se lo ha pagado a Francisco de Ontiveros en nombre del otorgante, de lo cual se dá por contento y pagado, y si algo más le pidiere, que no sea oído en juicio o fuera de él, y que lo pueda ejecutar. Dado en esta Villa de Castilleja a 20 de febrero de 1606, siendo testigos Juan de Miranda, Rodrigo de Frías y Luis Pérez Arias.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 22 de mayo de 1606, Juan de Saucedo y Benito Esteban, de común acuerdo y conformidad para hacer las cuentas de la hacienda que Saucedo cobró en Ayamonte de Juan Domínguez, difunto, que pertenece al dicho Benito Esteban y a Catalina Guillén y a Francisca de Vargas sus hermanos, nombraron por tercero a Francisco de Palencia para que haga las cuentas y dé a cada uno lo que le perteneciere, y lo firmaron de sus nombres.
En dicho día Juan Rodríguez de Medina, Alcalde Ordinario de esta Villa de Castilleja, mandó se le notifique al dicho Francisco  de Palencia para que acepte dicho oficio de tercero nombrado por las partes. En dicho día el escribano Juan de las Cuevas notificólo y Palencia aceptó jurando hacer dicho oficio y las cuentas lo mejor que Dios le diere a entender. Luego Palencia pidió al Alcalde Ordinario que haga declarar a Saucedo todos los bienes que ha cobrado, los que queden en Ayamonte, y los gastos que ha hecho en la cobranza. El Alcalde así lo mandó. En dicho día 22 Saucedo declaró bajo juramento que en virtud del poder que se le dió ha cobrado: de Diego López Paposso, tutor y administrador de dichos bienes, 16.803 maravedíes del alcance de la cuenta que dió de la tutela que tenía a su cargo; parece que vendió un tributo de 40 ducados de principal que pagaba Rodrigo de Arnedo, y otro tributo de 20 ducados de principal que pagaba Francisco de Palacios, los cuales vendió en 50 ducados; item cobró de la mujer de Pedro Alonso 26 ducados por un tributo de 30 ducados que redimió, que monta lo que ha cobrado 45.301 maravedíes; y asimismo que hay de bienes para cobrar que se le deben un tributo de 130 ducados de principal que pagan Alonso ¿Martínes y su mujer?, vecinos de Ayamonte en la calle del Cabezo sobre unas casas en la dicha calle. Item tienen otros 100 ducados de principal de tributo que pagan los menores de Zamudio sobre sus casas, que montan los bienes que tienen en Ayamonte 86.250 maravedíes.
Parece que en la dicha cobranza ha gastado lo siguiente: pagó por el alcábala de la venta de los tributos 26 reales; pagó al escribano del Juez de Menores de todas las diligencias que hizo antes 65 reales; parece que tuvo la primera vez en Ayamonte haciendo diligencias sobre la cobranza a 5 reales cada día, que montan 125 reales; item 6 días de la ida y venida a Ayamonte, 30 reales; de las peticiones de letrado que se hicieron en el pleito, 8 reales; de unas comprobaciones que hizo de poderes, 3 reales; de la segunda vez que fue a Ayamonte, que estuvo 10 días, a 5 reales cada uno, 50 reales; de 2 días que fue a Sevilla a hacer información sobre la muerte de Juan Domínguez, ... ; de comprobar la información y autos, 8 reales; de otros 10 días que se ocupó en ir a Ayamonte, 50 reales; de 2 peticiones, 4 reales; del testamento, medio real; de la fianza e información en Castilleja de la Cuesta, 8 reales; de registros y sacas de poderes, 4 reales; 2 días que fue a Sevilla al pleito de Francisco de Palencia, 10 reales; de la ida postrera a Ayamonte, 18 días a 5 reales cada uno, 90 reales; de 6 días que se ocupó en Sevilla en el pleito de Francisco  de Palencia, 30 reales; de las costas de secretarios, escribanos y procuradores del pleito de Francisco de Palencia, 40 reales. Por manera que suma lo que ha gastado en la ... ... que dicha es 19.176 maravedíes. Y que así era la verdad so cargo del juramento que hecho tiene. Firmó Palencia, y Benito Esteban, presente, aprobó los dichos gastos por cuanto han sido hechos por sus herederos, y quiere que se le reciban en cuenta al dicho su cuñado Juan de Saucedo.
Y luego en dicho día el tercero Francisco de Palencia hizo la cuenta siguiente:
Cargo a Saucedo de 45.301 maravedíes que ha cobrado conforme a su declaración, de los cuales descarga los dichos 19.176 maravedíes que parece ha pagado conforme a dicha declaración. Por manera que resta debiendo el dicho Juan de Saucedo 26.176 maravedíes, los cuales parece que pertenecen a Catalina Guillén su mujer, y a Francisca de Vargas y al dicho Benito Esteban, hermanos, por iguales partes, y que ellos se les reparten en la manera siguiente: a Benito Esteban 8.708 maravedíes, a Francisca de Vargas 8.708, y a Catalina Guillén 8.708. Y es declaración que los dichos 230 ducados que se deben en Ayamonte son de todos tres hermanos, la tercia parte a cada uno. Y asimismo es declaración que si Saucedo ha cobrado alguna cosa más ha de dar cuenta de ello para partirlo igualmente.
Y parece que Saucedo ha pagado a Benito Esteban los maravedíes siguientes: por un conocimiento firmado del dicho Benito parece haber recibido 210 reales, que sacados de los 8.708 maravedíes que ha de haber se le restan debiendo al dicho Benito 4.964 maravedíes, como parece por esta cuenta. Y parece que la dicha Francisca de Vargas ha recibido de Juan de Saucedo 224 reales como parece por un conocimiento que de ello dió, y sacados de lo que ha de haber se le restan debiendo a dicha Francisca de Vargas 1.092 maravedíes, que le ha de pagar dicho Saucedo.
Y con esto Francisco de Palencia dejó hecha y acabada esta cuenta, y juró por Dios que la había acabado lo más justamente que Dios Nuestro Señor le ha dado a entender, sin agraviar a las partes, y lo firmó.
En dicho día 22 ante el Alcalde Ordinario Juan Rodríguez de Medina presentó esta cuenta Francisco de Palencia, y dicho Alcalde mandó dar traslado de ella a las partes, notificándo a éstas en sus personas el escribano Juan de las Cuevas, las cuales la aceptaron obligándose a pasar por ella. Testigos, Diego González, Juan Rodríguez y Juan Payán.

Fallo que me debo de conformar y conformo con el ... dado en esta causa por los ..., y mando a las partes la guarden y cumplan so pena de 50.000 maravedíes. Y así lo pronunció y firmó el Alcalde Ordinario, en 22 de mayo de 1606, y el escribano Juan de las Cuevas notificó de ello a Saucedo, a Benito y a Francisca. Testigos, Diego González y Juan Payán.

Benito Esteban, hijo de Benito Esteban y de Leonor Díaz, natural de la Villa de Ayamonte y estando al presente en esta de Castilleja de la Cuesta, recibe de Juan de Saucedo su cuñado, vecino de esta Villa, 143 reales y 12 maravedíes, con los cuales le acaba de pagar todos los maravedíes que por él cobró en la Villa de Ayamonte, así de la herencia de sus padres como de las de sus hermanos Juan Domínguez y Miguel Martín, que las partidas que en su nombre cobró las declaró Juan de Saucedo en la cuenta que dio al otorgante, de que fué testigo Francisco de Palencia ante la Justicia de esta Villa de Castilleja y ante el presente escribano, conforme a la declaración y juramento que dicho Saucedo hizo, y de los 92 reales que la otra vez que fué Saucedo a Ayamonte cobró, porque si volvieren más partidas cobradas no entrarán en esta carta de pago, y de todo lo que debe y de los alcances de las demás cuentas este otorgante se da por contento  y pagado a su entera satisfacción, y acerca de ello entrega esta carta de pago y finiquito, a lo cual obliga su persona y bienes. Dado en Castilleja de la Cuesta a 4 de diciembre de 1606, siendo testigos Juan de Miranda, Pedro Navarro y Bernabé de Espinosa.

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Notas varias, 3i.

Juan de Vidales, defensor de Bienes de difuntos, por los del doctor Francisco Ortiz Navarrete, difunto, en la causa con el bachiller S...