domingo, 11 de marzo de 2018

Notas varias, 2u.


Quedósenos en el tintero, en la anterior entrada, reseñar que don Gerónimo Abad de Beltrán* tuvo como subordinado, de capellán simple, al pintor Juan de las Roelas: "El eminente pintor Roelas fue gloria y honor para esta iglesia, en la que tantos años ejerció como capellan y más tarde como canónigo... " (de Crónicas de una iglesia: la Capilla Mayor y la Insigne Colegial de Olivares. Antonio Mesa Jarén. Capítulo II, Digitalizada.


                                                      Juan de las Roelas. En relación con él y nuestro pueblo, ver http://lospapelesviejosdejuan.blogspot.com.es/2017/01/laobra-pictorica-de-juan-de-roelas-en.html

 Y en las páginas 485-86 de Crónicas de una iglesia...: "JOSÉ MARÍA BLANCO WHITE, ASPIRANTE A CUBRIR UNA CANONJÍA. Pasados aquellos meses de la primavera y adentrado ya el verano [de 1839], una noticia sorprendente se propaga en la Colegial y en el pueblo: don Fernando Blanco Crespo Abad de Beltrán había solicitado a favor de su hijo José María Blanco White Abad de Beltrán, que se hallaba en Inglaterra, la tercera canonjía que se encontraba vacante desde el 24 de marzo de 1836 por ascenso a chantre de Pedro Berenguer, quien la había disfrutado desde el 8 de abril de 1809.
Lamentablemente no pudo alcanzar tal gracia: el 13 de julio de aquel año de 1839* se recibe un oficio del apoderado de la duquesa de Alba para hacer saber que, conforme a la ley de 6 de febrero de 1837 que prohíbe en su artículo 6º la provisión de beneficios eclesiásticos, cuya negativa la repite la ley provisional de dotación de culto y clero de 21 de julio de 1838, no era posible conceder la canonjía. Unos años atrás habría tenido lugar obtener tal derecho, y el cabildo hubiese contado entre sus filas a tan ilustre figura. Recordemos que la tercera canonjía fue creada para los familiares descendientes del primer capellán mayor don Jerónimo Abad de Beltrán".
No se menciona a Blanco White en la genealogía de los Abad que examinamos al final de la entrada anterior. Su hijo natural con Magdalena Eguaya "poseía en Olivares una casa en la calle de la Iglesia (actual de Blas Infante), proveniente del vínculo que creara don Jerónimo Abad de Beltrán. Era muy pequeña y los rendimientos es lógico que también lo fuesen ... ". (Obra citada, pág. 97).


                                  José María Blanco White Abad de Beltrán

* Dos meses después, el 25 de septiembre de 1839 "tuvo lugar una noticia de máximo interés: el alcalde envía un oficio al cabildo colegial comunicándole «la precipitada fuga del Presidente al reino de Francia con todos sus secuaces, dejando en poder de nuestro valiente ejército todas las armas que ocupaban», y ordena que «se celebre tan aplaudible noticia y que se echen al vuelo todas las campanas y que haya luminarias las noches de aquel mismo día 25, del 26 y 27, y que el domingo se cante un Te Deum al que asistirá la corporación». El cabildo accedió.
El comunicado, quizás debido a la precipitación en publicar lo sucedido y celebrar el acontecimiento, resulta confuso pues dice haber huido el presidente, cuando en realidad fue don Carlos de Borbón quien cruzó la frontera con Francia por el paso de Urdax, en los Alduides, acosado por las tropas gubernamentales, el 15 del mismo mes, acompañado de toda su familia y leales a su causa." (Obra citada, pág. 487).
A tal "espantá" del Pretendiente —que eso quiso decir el alcade de Olivares, o el escribano, en lugar de Presidente— no fue ajeno el capitán Francisco Oliver López.
El huidizo Pretendiente se había casado en septiembre de 1816 con su sobrina la infanta de Portugal María Francisca de Braganza, y en segundas nupcias con María Teresa de Braganza, otra sobrina, hermana de la anterior.


                           Fragmento del expediente militar de Francisco Oliver López, referido a dicho año de 1839, donde se expresan sus acciones de guerra.

"... en las operaciones para la toma del fuerte de Tales* [Castellón de la Plana] el 1º de Agosto y en el fuego que se hizo para desalojar a los enemigos en la partida de ¿Salas? y alturas inmediatas,  del 2 al 10 en varias escaramuzas, el 11 a las 12 de su noche se halló en el fuego de toda la ... ; el 13 y 14 en las acciones para la toma de algunos puestos fortificados por los enemigos en las alturas de Tuejar y Peña Cortada**, ¿collado del mercado? y castillo de Ch..dilla desde el 13 al 15 de Nov. y en la toma del Castillo de Castro*** el 22 del mismo."

* El día primero de agosto de 1839: "(...) quedando las tropas de O'Donell posesionadas a la vista de Tales, protegiendo la artillería los trabajos para abrir camino. Los carlistas queriendo impedir el paso a la artillería, atacaron el día 3 toda la línea del ejército liberal, pero fueron rechazados hasta las alturas inmediatas. Los sitiadores, después de vencer gravísimos obstáculos, consiguieron montar la batería de brecha que empezó a jugar el día 7 por la mañana: un formidable fuego de ambas partes se hizo sin interrupción por espacio de seis días; compañías enteras se veían subir al asalto del castillo, y quedaban a los pies de sus débiles muros convertidas en un montón de cuerpos inanimados; el campo se hallaba cubierto de cadáveres y el hospital de sangre situado en el corral del Carmen, estaba lleno de heridos. El fuego seguía con toda su fuerza causando horrorosos estragos; poco a poco se veía trasformar en escombros la fortaleza y el pueblo; los sitiados practicaron dos briosas salidas, pero fueron rechazados con bastantes pérdidas. El día 14 de agosto penetraron las tropas de O'Donell dentro de la población a viva fuerza, y Cabrera se esforzaba por recuperarla, sosteniendo un sangriento combate a quema-ropa; pero después de probar el valor de sus soldados se vio obligado a retirarse a la Sierra de Espadán, abandonando los fuertes y dejándolos en poder de O'Donell con la artillería, víveres y municiones. (http://www.turismodecastellon.com/es/que-hacer/cultura/monumentos/show/700766).

** https://es.wikipedia.org/wiki/Acueducto_de_Pe%C3%B1a_Cortada

*** https://es.wikipedia.org/wiki/Castillo_de_Castro

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Podría extrañar el pomposo y rimbombante título con que aparece Juan de Saucedo en alguna escritura atinente a la herencia de su esposa ayamontina, como ya dijimos: Alguacil Mayor y Alcaide de la Cárcel Pública de Castilleja de la Cuesta. Vamos a ver su explicación, además de otra faceta de su vida —más humilde—, cual es la de albañil, que también habíamos mencionado de pasada.

Este es un traslado bien y fielmente sacado de una escritura de nombramiento de Contador: Don Enrique de Guzmán, Conde de Olivares, Contador Mayor de Su Majestad de Cuentas y su Alcalde en los Alcázares y Atarazanas reales de la ciudad de Sevilla y sus anexos, confiado en la suficiencia y calidad de Vos Luis de Alvarado, Contador, es mi voluntad de nombraros por el tiempo que fuere mi voluntad Contador de los bienes, alcábalas y otras rentas que yo tengo y me pertenecen en Sevilla y en mis villas de Olivares, Heliche, Castilleja de Guzmán y de la Cuesta, Albaida, y de las rentas que tengo y tuviere en las villas de Lora con Setefilla, Alcolea, Cantillana, Brenes, Villaverde y en otras cualesquier partes; por tanto por la presente os doy todo mi poder cumplido para que en mi nombre podáis arrendar, encabezar y poner en administración o como os parezca las alcábalas, pechos, derechos y otras rentas que me pertenecen en dichas villas, por el precio que os pareciere, y tomar cuenta los que os ofreciere mi Tesorero en la ciudad de Sevilla, y a los mayordomos, tesoreros y receptores, fieles, cojedores y otras cualesquier personas a cuyo cargo esté cobrarlas, y para hacer y firmar los alcábalas que surgieren de dichas cuentas, y para dar a tributo a efecto de plantar árboles, viñas y huertas las tierras calmas que tengo en dichas villas y otras partes, con las cargas y condiciones que os pareciere, y para arrendar tierras, casas, viñas, prados, pastos, dehesas, ejidos, montes, cortijos, abrevaderos y otras cosas que yo tengo en Sevilla y en los dichos lugares, sin reservar en mí cosa alguna, y hacer todas las escrituras al respecto, y para beneficiar y vender frutos y esquilmos de tierras, viñas, olivares y ganados y otros cualesquier bienes, y otorgar cartas de venta. Otrosí para que podáis juntamente con el Gobernador de mi Estado dar libranzas sobre mis tesoros de cualquier suma de maravedíes, sobre bancos y personas públicas y privadas. A todo lo cual obligo mis vasallos y bienes habidos y por haber. Dado en la ciudad de Valladolid, a 23 de abril de 1602. Testigos, Sebastián de Mayorga, Martín Roso y Gaspar de Arellano, estantes en esta Corte, y lo firmó. Escribano de número de Valladolid, Tomás López.
Este traslado del original fue hecho de pedimento de don Luis de Alvarado, que lo llevó en su poder, Sevilla, 23 de abril de 1603. Testigos, Pedro de Espinosa y Diego de Zuloaga, escribanos de Sevilla.

Luis de Alvarado, vecino de Sevilla en la collación de Santa María la Mayor, Contador del Conde de Olivares, con su poder dicho, en su nombre conoce al Concejo, Justicia y Regimiento de Castilleja de la Cuesta, a saber: Juan de Chávez, Alcalde Ordinario, Bartolomé Benítez, Regidor, y Juan de Saucedo, Alguacil, a ellos y a los demás Concejos que fueran en el futuro para siempre jamás, y digo que por cuanto esta Villa no tiene Cárcel ni Pósito, de que tiene mucha descomodidad porque los presos que tenían deudas se iban por no haber Cárcel competente, y los tenían en las casas de los Alguaciles, por lo que a todos venía notable daño; y no había comodidad para encerrar el grano en parte segura y acomodada, y por ser esta Villa de Su Señoría de quien recibe mucho bien y limosna, por parte del dicho Concejo se le ha pedido al dicho don Luis de Alvarado que hiciese una Cárcel y un granero, que estaban prestos de pagar a Su Señoría un moderado precio de tributo perpetuo, y Alvarado lo trató con dicho Conde, y éste accedió y Alvarado hizo una Cárcel y casa para que viva el Alguacil y Alcaide de la dicha Cárcel, en el mesón que Su Señoría tiene en esta dicha Villa, dividida y apartada de la dicha Cárcel, con sus puertas a la calle y rejas de palo y cerraduras y lo demás necesario, de modo que Cárcel y casa lindan con el dicho mesón y con las casas-pescaderías, y asimismo en dicho mesón en lo alto de él como se sube por la escalera en la pared de frente hizo Alvarado una sala grande y fuerte y bien labrada y reparada de albañilería y carpintería y sus puertas y cerraduras y lo demás necesario para granero, y una vez acabado lo vió el Concejo y dijo estar contento y satisfecho con Cárcel, casa y granero, y han convenido que por la Cárcel y casa paguen 10 ducados de tributo al año, y por el granero 14, que son 24 ducados en total y que el Concejo deberá empezar a pagar desde hoy en adelante por los tercios de cada año perpetuamente, con las condiciones siguientes: la Cárcel y casa quedará como está, apartada del mesón y con sus puertas a la calle, sin que se le pueda quitar ni añadir cosa alguna; la entrada y salida del granero ha de ser por el mesón y escalera, sin que nadie lo pueda estorbar, a todas las horas; el granero se da solamente lo alto de las vigas del entresuelo arriba, y lo bajo es caballeriza del mesón de Su Señoría, el cual deberá tener siempre reparadas las paredes de lo bajo hasta las vigas, de manera que el granero no se hunda ni le venga daño, y si se le viniere, que lo pague Su Señoría, y el Concejo es obligado a reparar el granero desde las vigas hasta el techo, así las vigas como las paredes y techo y tejado y lo demás necesario; los dichos 24 ducados se cobrarán de los bienes del Concejo y del Pósito, y no de los oficiales que son y fueren [Alcaldes Ordinarios, Regidores, etc. ], y no se podrán repartir de los vecinos ni se podrá ejecutar a nadie por ellos; los 10 ducados se cobrarán del Concejo, y los 14 del Pósito, y nunca en mancomún, y Su Señoría podrá ejecutar por impago a cada uno de ellos independientemente; el Concejo es obligado a tener Cárcel, casa y Pósito bien labrado y reparado de albañilería y carpintería, de manera que el tributo esté en ello cierto y seguro, y para ello deberá el Concejo permitir la entrada de los visitadores nombrados por Su Señoría, y las labores que no se efectúen podrá hacerlas el Conde a costa del Concejo, y ejecutarlo por ello con sólo el juramento de sus visitadores; no podrán vender la Cárcel, casa y granero sin el cargo de los dichos triburtos, y tan sólo a personas llanas, legas y abonadas, y el Concejo deberá informar a Su Señoría del precio de venta, y si transcurren 60 días sin respuesta del Conde, se entenderá que ha aceptado; si pasan dos años uno en pos de otro sin pagar el tributo, los bienes caerán en decomiso; el Concejo recibe los bienes a su cargo de fuego, agua, terremoto, etc., y con estas condiciones el Contador Alvarado da al Concejo la dicha casa, Cárcel y granero, y mientras el Concejo toma la posesión, el Contador se constituye por inquilino de casa, Cárcel y Pósito, y por la presente carta obliga al Conde de Olivares al cumplimiento de todo lo expuesto, y si alguien dijere ser suyos los bienes, por abolengo, patrimonio u otra cualquier manera, el Conde se obliga a entregar al Concejo otra casa, Cárcel y granero, con las mejoras que hubiese hecho dicho Concejo, el cual también acepta la presente escritura y se obliga a pagar el tributo y a cumplir las condiciones. Dado en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, a 16 de septiembre de 1605, siendo testigos Agustín de Castro Polaino y Benito ¿Monrejano?, vecinos de Sevilla, y Blas Sánchez y Diego Martín, vecinos de esta dicha Villa.
Juan de las Cuevas, escribano de esta Villa, da fé que conoce al Contador don Luis de Alvarado, y que dió la presente escritura en esta Villa en 21 de septiembre de 1605 y la firmó de su nombre, siendo testigos Andrés Hernández, vecino de Castilleja de Guzmán, y Blas Sánchez, Diego Martín Revuelta y Juan Gallego, vecinos de esta Villa.


                                   Firma del testigo Benito ¿Morejano?


                        Firmas de Luis de Alvarado y de Andrés Hernández

Y así se vio Juan de Saucedo enaltecido Alcaide de la nueva Cárcel de Castilleja. El pueblo se modernizaba dejando atrás aquel pesadillesco sistema* que obligaba a los alguaciles y a su familia a convivir las 24 horas del día en sus domicilios con presos de toda clase, durante todo un año de desempeño forzoso. No menos moderno cabe decir del Pósito, ahora almacén centralizado de un servicio de préstamo de granos para la siembra que aseguraba la producción a los labradores de la Villa.

http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2012/05/los-juanguren-y-el-espadero-37p.html

Como en todo tiempo y lugar acontece en lo que se refiere a cambios y mudanzas, fueron los ancianos los más reacios a aceptar el nuevo régimen de custodia de detenidos. En los corrillos de la Plaza de la Villa esgrimían gesticulantes sus argumentos — de imposible comprensión para las gentes nuevas—, el principal de ellos incidiendo en la deshumanización que el recién estrenado sistema conllevaba, y en que se restaba protagonismo a la comunidad en asunto tan importante como era la seguridad pública. En cierta manera no les faltaba razón a los viejos. Sentían que quedaba atrás aquella entrañable cercanía que implicaba convivir con el preso, atenderlo a cualquier hora, compartir con él comidas, ropa, conversaciones. Al margen de la justicia oficial que emanaba fríamente de los centros de poder, generalmente remotos, había otra implícita en la que la piedad y la caridad jugaban preponderante papel, fundamentado en el íntimo conocimiento del delincuente, del imputado, casi siempre un vecino de la Villa o de alguna otra cercana, con vinculación familiar con el carcelero y los suyos.
Bien es verdad que fue el Concejo el que solicitó a don Enrique de Guzmán la construcción de una cárcel “profesionalizada”, pero el Concejo era una cosa y la opinión pública otra muy distinta. Además, la “oposición” se constituía frente al propio Conde de Olivares per se, y abarcaba todo lo que de él proviniese en la forma que fuera: tributos, diezmos, terrazgos, alcabalas y hasta levas de mozos en tiempo de guerra, y sobre todo aquella justicia extraña y remota, como extraterrestre, cruel y despiadada como una máquina sin sentimientos.
Por otra parte y en sentido contrario había en un minoritario grupo de vecinos del Señorío de la Villa un afecto hacia don Enrique de Guzmán en cuanto que su personalidad significaba el protector muro de contención de las acciones provenientes directamente de la Corte, la gran suscitadora de desconfianza y recelos entre los sencillos pobladores de la Villa; experimentaba este grupo de vecinos la gratificante sensación de estar protegido por un “buen padre”, lo mismo que venía ocurriendo con don Pedro su antecesor. Los condes sólo querían el bien y la prosperidad, según interpretaba la situación este sector de los habitantes de Castilleja, y brindaban estabilidad, paz y orden.
En cuanto a la otra mitad del pueblo, la realenga Calle Real, quizá más democrática —en el sentido moderno de la palabra— por depender directamente del Concejo de Tomares y por tanto incorporada en la Tierra de Sevilla, la mentalidad imperante era muy otra al no estar el poder representado por una persona concreta como era don Enrique. El fenómeno de las relaciones entre el señorío y el realengo es complejísimo y a la vez, para quienes lo vivían en el día a día, esto es, los castillejanos, de una aplastante lógica que formaba casi secularmente parte de la propia idiosincrasia e identidad de Castilleja. Sin esa división, el pueblo no sería lo que era y, me atrevo a asegurar, tampoco sería lo que es.
En cualquier caso la autogestión, que tan bien casaba con el absentismo, esa natural tendencia de los señores —si el Conde don Enrique visitó alguna vez Castilleja debió ser de incógnito, porque no hay constancia documental de tal hecho— comenzaba a sufrir menoscabos ya desde el inicio del siglo XVII, el siglo de la gran crisis hispana. El intervencionismo estatal o señorial, o ambos combinados, propició el brote y desarrollo de actitudes individualistas, en cuanto que de una forma u otra, fuera voluntariamente o por fuerza, el castillejano tenía que ir olvidándose de la cosa pública, cada vez más en manos de técnicos y expertos foráneos, y volviéndose hacia sí mismo y a su entorno más inmediato. Surgió con inusitada fuerza un sentimiento egoísta que repercutía hasta en las relaciones más intimas del ámbito familiar, y por supuesto en las conductas y talantes sociales.

Examinemos la faceta del Alguacil Mayor como oficial de albañil:

En el acta de la visita ejercida por Alonso de Figueroa —en nombre del licenciado Pedro de Carvajal, ver infra— a Castilleja de la Cuesta en el año 1603 hay un rastro de la labor desempeñada por Juan de Saucedo como albañil al servicio de la iglesia de Santiago y de su fábrica y mantenimiento. Cobró 27 reales por hacer y deshacer el monumento de la Semana Santa* de dicho año, pagados por el beneficiado y mayordomo de dicha fábrica Francisco Gallego Becerra. Este mayordomo —desde 1599 lo había sido ininterrumpidamente— se embolsó 1.000 maravedíes por traer de Sevilla sedas, doseles y tapices para ornar el mentado monumento y por otras ocupaciones en que se empleó tal Semana Santa.
En 2 de diciembre de 1603 el licenciado Pedro de Carvajal, del hábito de Santiago, cura de la villa de Montemolin, visitador de las villas de Villanueva del Ariscal, Villamanrique y Castilleja de la Cuesta, y de sus anejos, por Su Señoría don Diego de Pereda, prior de la Provincia de León, del Consejo del Rey, tomó cuenta al mayordomo del debe y haber del año 1602, en cuya acta aparece Saucedo: "27 reales que pagó a Juan de Saucedo por el trabajo de hacer y deshacer el monumento de la Semana Santa de dicho año", (se desmantelaba y se guardaba en alguna dependencia parroquial) más "92 reales a dicho Juan de Saucedo, albañil, por una viga y dos alfarias** y 150 tejas y cal y por el trabajo suyo y de sus peones que le ayudaron a reparar el tejado de la iglesia y repararle las paredes y de la casilla de la dicha iglesia".

* El origen del Monumento Eucarístico o de Semana Santa se remonta, como anota Gestoso (Sevilla monumental y artística. Sevilla. 1892. Tomo II. p. 283), a 1434, según el Libro de Fábrica de la Catedral de 1454. En el referido año se situó un gran tablado de madera o entarimado en la Capilla de la Virgen de la Antigua, figurando los nombres de los carpinteros Bartolomé y Juan Sánchez como autores del mismo. Los parámetros laterales de dicha capilla se enriquecieron con colgaduras, telas y tapices, colocándose además fogatas alrededor como iluminación. Estamos, pues, ante un escenario colocado para realizar en él una representación teatral. (De Las cofradías de Sevilla en el siglo XX. Leandro Álvarez Rey. Digitalizada.

Los llamados «monumentos de Semana Santa» o «monumentos pascuales» constituyen una singularidad dentro de las arquitecturas efímeras o provisionales, también nombradas en las fuentes como «arte de las tramoyas» (debido a su marcado componente escenográfico) o «arte para el caso» (por su uso coyuntural y esporádico). José Ignacio Calvo y Juan Carlos Lozano. Los monumentos de Semana Santa en Aragón (Siglos XVII-XVIII). Artigrama, nº. 19,  2004.
El monumento de Semana Santa es el lugar que en las iglesias se destinaba —y destina— para la reserva del Santísimo Sacramento, es decir, para ocultar la segunda hostia consagrada en la Missa in Coena Domini del Jueves Santo, en la que se conmemora la Última Cena, hasta la celebración de la Muerte del Señor en el Viernes Santo, momento en que dicha forma se administra, expresando de esta forma la unión entre la Eucaristía y la Cruz4 . El monumento es pues el reducto que durante ese lapso temporal guarda la forma consagrada, función que primitivamente solía desempeñar un altar secundario sobriamente adornado e iluminado.
En general estas construcciones se caracterizan por la fragilidad y ductilidad de los materiales, pues suelen consistir en telones pintados, normalmente sobre lienzo o sarga, que luego se adherían o clavaban a bastidores o tableros de madera que a su vez se disponían configurando espacios reales o ilusorios. También se hacía uso de estopa, cartón, papeles, cal, escayola... elementos todos ellos de gran modestia que, sin embargo, eran tratados para aumentar, siquiera aparentemente, su dignidad
y prestancia, enmascarando su auténtica naturaleza mediante la imitación de mármoles, jaspes, bronces y dorados. (Obra citada, ver http://www.unizar.es/artigrama/pdf/19/2monografico/03.pdf ).

** Debe ser error, por alfarjía: "alfa(r)jía (castellano) ´madero de ciertas dimensiones´, y alfanjía `listón de grosor fraccionario del del tablón (andaluz procedente de Alcalá Venceslada 1980), `madero para marco de puerta o ventana´ (dialectismo de Los Navalucillos, en los Montes de Toledo): del andalusí alfarṡiyya. Diccionario de arabismos. Federico Corriente.


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Notas varias, 2v.

Por mediación de las visitas anuales efectuadas por las máximas autoridades religiosas de la provincia para supervisar el estado y buen gob...