martes, 17 de abril de 2018

Notas varias, 2v.


Por mediación de las visitas anuales efectuadas por las máximas autoridades religiosas de la provincia para supervisar el estado y buen gobierno de la parroquia del Señor Santiago hemos conocido más a fondo la actividad de Juan de Saucedo en el día a día como albañil* mantenedor de la iglesia de dicha advocación. Habida cuenta de los perjuicios que a los bienes eclesiásticos localizados en el pueblo podían ocasionar las "conductas desviadas" de algunos de sus habitantes, incluidos párrocos, mayordomos o sacristanes, estas visitas eran extremadamente rigurosas, y sus ministros pasábanse varios días alojados en la Villa a expensas del Concejo, junto con sus notarios y otros acompañantes delegados del Arzobispo, tomando nota por escrupuloso escrito de los más nimios detalles. El temor a las pérdidas materiales de patrimonio que el afán de lucro de ciertos castillejanos suscitaba en las altas instancias sevillanas hacía que se controlase exaustivamente incluso a estos visitadores, exigiéndoseles exacto complimiento de sus policiales cometidos por medio de un sistema perfectamente reglado.
Estos bienes materiales a que nos referimos —desde el primer ladrillo de los cimientos de la iglesia hasta la veleta de su torre, además de todo lo anejo a ella como son ermitas, oratorios, etc.— entraban de alguna manera en la categoría de sacros**, aunque como exige la liturgia, con diferentes valores, valores que alcanzaban su mayor extensión a un nivel simbólico en el espacio reservado al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, que debía estar perennemente iluminado con una vela o lámpara de aceite, el precio de cuyo combustible era sometido a un singular escrutinio.
Lo primero que hacía el visitador al llegar a Castilleja era inspeccionar con todo detenimiento y ciscunspección la iglesia, prestando especial observancia a dicho Santísimo Sacramento, a los altares y a la pila bautismal. Acto seguido hacía comparecer al mayordomo de su fábrica, quien casi siempre era la misma persona que el cura beneficiado, y le tomaba minuciosa cuenta de los gastos que había efectuado desde la última visita y de los ingresos habidos por tributos, donaciones y herencias que los fieles habían otorgado en favor de dicha fábrica.
La bestia negra de los altos mandatarios que ejecutaban las visitas era la desacralización o profanación de aquellos espacios y de los objetos en ellos contenidos. Entendiendo el acto de profanar en sentido amplio, hemos de considerar tal el simple hurto de unas monedas del cepillo de limosnas, por ejemplo.

* Además de otras actividades que la revisión de otras fuentes nos va deparando. Por ejemplo, aquí lo encontramos dedicado a la tarea de armar a la milicia castillejense, faena que, a las órdenes del Concejo, le correspondía como Alguacil que de la Villa era:
Juan de Saucedo, vecino de esta Villa, y Pedro de Doyga (o sea, Pedro de Oyega, en su forma ya fijada posteriormente) su fiador, también vecino de Castilleja, pagarán al Concejo de esta dicha Villa 48 reales, los cuales son que por mandamiento de dicho Concejo cobró Saucedo siendo Alguacil; 30 de ellos de Alonso Sánchez por un arcabuz, 4,5 de Juan González por una pica, otros 4,5 de Francisco Núñez por otra pica, 4,5 de Hernando de Castro por otra, y 4,5 que él mismo, Saucedo, debía por otra, que todo monta los 48 reales, que ya están en poder de Saucedo y de su fiador, los cuales se obligan a devolverlos en 15 días. Otrosí se obligan a que si el repartimiento de los arcabuces y picas que el Concejo dió y entregó a los vecinos de esta Villa, de que se entregó copia y mandamiento a dicho Saucedo, pareciera haber cobrado algunos maravedíes de las dichas armas, los  pagará con sólo el juramento del mayordomo de dicho Concejo. Dado en el Señorío de Castilleja a 10 de diciembre de 1594, siendo testigos Hernando de las Cuevas el mozo y Francisco Márquez.     
Como vemos el Concejo no "daba" las armas a los vecinos según se afirma en esta carta de obligación, sino que cobraba por ellas: un arcabuz valía al vecino receptor 30 reales, y una pica 4,5.
Y este otro extracto de protocolo quizá explique la causa de que Juan de Saucedo fuese maestro albañil en el mantenimiento de la iglesia de Santiago:
Juan de Saucedo, vecino de esta Villa y Prioste de la Cofradía del Señor Santiago y San Sebastián de esta dicha Villa, en nombre y voz de dicha Cofradía y con su poder, recibe de Luis Suárez, notario apostólico vecino de Sevilla en la collación de Omnium Sanctorum, presente, 2.822 maravedíes, de los cuales 2.130 son de principal y a cumplimiento de 4.000 maravedíes de tributo corrido que debía doña Francisca de Mendoza y Pedro de Cifontes (sic) su marido, por la donación que le hizo doña Leonor de Anasco (o Añasco) de una heredad de casas y viñas en esta Villa, de que donó los dichos 4.000 maravedíes de tributo al año a dicha Cofradía, y sucedió en dicha heredad Francisco de Figueroa y su hijo con el dicho cargo del dicho tributo ¿según? de la paga que se cumplió por fin de abril pasado de este presente año, y los 668 maravedíes restantes, de costas hechas en el pleito ejecutivo que siguió contra la dicha heredad por los dichos 4.000 maravedíes que debían de lo corrido, y ahora le paga los dichos 2.822 maravedíes de principal y costas el dicho Luis Sánchez como persona que tomó posesión y amparo de la dicha heredad por deuda que se le debía, y que recibe ahora ante el presente escribano Hernando de las Cuevas. Dado en esta Villa a 29 de junio de 1598, siendo testigos Juan de Castro y Hernando  de las Cuevas el mozo.



              Arcabuz y cabeza de pica, arma ésta de asta larga.

** Sacro, del latin sacer, que indicaba lo augusto, lo santo y venerado, pero también —y figuradamente— lo maldito, execrable, abominable, detestable, como en la interjección sacer esto (maldito sea), en auri sacer fames (maldita sed de oro), en sacer libellum (librejo detestable), o en sacrae panduntur portae (ábrense las puertas infernales).
El derivado sacerdote es un compuesto de sacer y el sufijo indoeuropeo *dhē-, "hacer", con el sentido original de poner, arreglar; raíz esta, dhē-, que con algún otro aditamento forma palabras como bodega, botica, biblioteca, hipoteca, potingue, tesis, anatema, taimado, condimento, esconder, escusado, faena, factible, hazaña, afeitar, afectivo, aprovechar, artefacto, certificar, cohecho, confite, fecha, frigorífico, hechizo, provecho, purificar, acera, faceta, fácil, faz, o nefasto entre muchas más.
Volviendo al referido sentido negativo de sacer, anotemos que produjo sacre (ave de rapiña) documentado en el castellano del año 1252, y también con el significado de ladrón en 1613 a través probablemente del árabe saqr (siglo X, acaso ya en el siglo VII; en árabe estandar moderno encontramos  سارق con ese sentido de ladrón).
Parece fuera de toda duda o discusión que el concepto de sacralidad hunde sus raíces en el de lo sobrenatural, siendo este último uno de los más definitorios de nuestra propia esencia como animales humanos capaces de elaborar abstracciones mentales a partir de las experiencias sensoriales. Lo sobrenatural no se presupone en nuestros hermanos los animales, ni aún entre los más evolucionados: para todos ellos es natural todo, desde la tempestad con el fragor de los rayos y los truenos hasta el hecho de ser devorado por otro ser viviente —dejando al margen la capacidad de sufrimiento, porque también para ellos sufrir o ser amado forma parte de ese universo natural en el cual están inmersos—; entonces, ¿cual es el origen del concepto de lo sobrenatural en nuestra especie?; esta pregunta es contestada por la antropología científica sobre la hipótesis de que lo sobrenatural, y por ende lo sacro, surgió en la mente de los primeros homínidos con base en experiencias involuntarias con alucinógenos componentes de los vegetales y frutas que consumían. A mí me parece una hipótesis sólida, muy plausible, sobre la que merece la pena dedicar trabajo experimental y de investigación, cosa que se viene haciendo desde tan temprano como el siglo XIX, habiéndose demostrado además por los registros arqueológicos que ya en la prehistoria de todas las civilizaciones las drogas estaban indisolublemente unidas a las experiencias místicas, y que eran usadas metódicamente por las primeras élites religiosas. Expertos hay que rastreando la Biblia, sin ir más lejos, encuentran rastros todavía de estos usos iniciáticos con sustancias estupefacientes.


Rondan la memoria del autor de esta historia mientras la escribe los coincidentes testimonios orales de cierto episodio, recogidos de varios ancianos sin vinculación unos con otros, lo que certifica que tales testimonios tienen visos de verdad y realidad. Contáronle los sobredichos viejos que en vísperas de una señaladísima festividad de Castilleja, varios "camareros" oficiales y ayudantes, —especie de clan o grupo de presión de una cofradía cuyo común denominador era la pública y declarada homosexualidad de sus miembros—, dedicábanse toda la noche anterior a aderezar la imagen de una virgen venerada en grado sumo por el común de la feligresía, con la finalidad de presentarla impecablemente ataviada para la procesión de la mañana siguiente. Aquella noche de marras, cerradas a cal y canto las puertas de la iglesia, lo que debía ser una delicada labor fervorosa de almas enaltecidas por semejante privilegio, degeneraba en una alborozada orgía de bailes por sevillanas, risas, juegos sexuales, bromas y frecuentes libaciones a chorro de las botellas del clásico aguardiente, bebida tempranera compaña de fiestas populares de toda índole. Recalcaban coincidentes los ancianos informantes un detalle que por sí solo describe a la perfección aquellas jornadas: uno de los "capillitas", consumado bailador, tras cepillar, peinar y abrillantar la peluca de la virgen, sedosa, lisa, espesa, larga y negra cabellera creo que de pelo natural donado por alguna de las fieles beatas, se la encasquetaba y entre baile y baile y trago y trago hacía las delicias de sus camaradas, arrancándoles risotadas que a buen seguro eran oidas por el vecindario, todo ello bajo la mirada de la calva virgen, acaso reprobatoria, o quizá condescendiente ante la desinhibición de sus hijos más íntimos y predilectos, que de esta forma se liberalizaban siquiera un día al año de la opresora estructura eclesial y castrante, cuyos componentes* en esta etapa álgida del franquismo se habían enseñoreado de todos los aspectos de la vida política, social y económica. Y...por otro lado, ¿como no ver en las clandestinas conductas de estos homosexuales alixeños reminiscencias de aquellas élites de las remotas religiones protohistóricas drogadas —ahora con alcohol—, o siglos después con las bacanales romanas, por ejemplo, en las cuales, "las demostraciones sexuales se canalizan mayormente no mediante grandes festivales de sexo sino encauzándolas en las diferentes festividades religiosas que se celebran en la ciudad a lo largo del año. En general, los cultos romanos ligados a la vida sexual están relacionados mayoritariamente con la reproducción y la fertilidad, aunque también interviene el placer. Se celebraban durante el mes de Abril, que es el mes de Venus." ( http://editorial-streicher.blogspot.com.es/2015/05/sobre-la-sexualidad-en-la-antigua-roma.html ).



* Salvo alguna honrosa excepción, como se echa de ver en estas noticias periodísticas que siguen, sobre el párroco Ignacio Gómez del Toro, coetáneo de otro "sacrílego profanador" llamado Antonio de los Reyes, que veremos después:

Un cura hombre.
Cuéntase, dice El Baluarte, que en Castilleja de la Cuesta, pueblecillo a corta distancia de Sevilla, hay un cura que, en su buen deseo de cumplir las palabras de Cristo, Crescite et multiplicamine, ha llegado al colmo.
Enterado el Arzobispo del incremento que iba tomando la población de aquel pueblo, y no muy satisfecho con la conducta del pater procreador, mandó otro cura a sustituirle.
Pero el pater no se amilanó; antes al contrario, se arremangó las faldas, se metió la llave de la iglesia en el bolsillo y se plantó en medio del arrecife diciendo: —¡Esta llave es el pan de mis hijos, y a nadie se la entrego!
Y notario eclesiástico para acá, notario eclesiástico para allá..., y así están las cosas, con gran contentamiento mío.
Pero no el contentamiento maligno del impío que goza con todo aquello que a la religión perjudica, sino el del hombre que aplaude todo lo que es humano; y nada lo es tanto como un padre defendiendo el pan de sus  hijos contra imposiciones absurdas.
Lo mejor hubiera sido abstenerse de trabajar tanto por el aumento de la cristiandad; mas habiéndolo hecho, y estando los chicos ya aquí, lo honrado y lo decente es prescindir de votos estúpidos y mandar a paseo a notarios, obispos y cuantos traten de apartarlo del cumplimiento del primero de los deberes: ser hombre.
Y más cuando puede bien decirles a todos los del gremio: "el que esté sin pecado, que me tire la primera piedra". (El Motín, 24 de febrero de 1899).

El cura párroco del pueblo de Castilleja de la Cuesta, D. Ignacio Gómez del Toro, ha sido suspendido en sus licencias ministeriales y parroquiales por las autoridades eclesiásticas de la diócesis de Sevilla.
Respecto a este particular, vea usted esto que dice un periódico de allí:
"Un cura que se defiende". Por las autoridaddes eclesiásticas de la diócesis de Sevilla ha sido suspendido en sus licencias ministeriales y parroquiales el cura párroco del pueblo de Castilleja de la Cuesta D. Ignacio Gómez del Toro.
Quejas formuladas en repetidas ocasiones por el vecindario de dicho pueblo obligaron al tribunal eclesiástico a imponer al referido párroco unos días de ejercicios. Y como se negara a cumplirlos, fue preciso que el provisor del arzobispado, Sr. Álvarez Troya, le hiciese comparecer en el palacio arzobispal para notificarle que, por disposición superior, había sido suspendido dicho párroco en sus licencias ministeriales y parroquiales, y estaba nombrado para sustituirle D. Juan Luis de ¿Covas? (ilegible).
Al presentarse este señor al día siguiente de su nombramiento para tomar posesión del curato, no lo pudo conseguir por oponerse a ello el Sr. Gómez del Toro.
Tuvo, por fin, que constituirse el sábado último en Castilleja el tribunal eclesiástico,  compuesto por el provisor D. Jerónimo Álvarez Troya, el fiscal D. Bartolomé Romero Gago, el notario mayor D. Luis Montoto, y el alguacil mayor D. Ángel Saavedra, para destituir por completo a D. Ignacio Cómez del Toro y dar posesión a D. Juan Luis de ¿Covas?, acto que se realizó sin el menor contratiempo.
De curas no hay más por hoy. (Las Dominicales del Libre Pensamiento, 2 de marzo de 1899).


Sabemos por la prensa de la época, principiado el año 1898, de una desacralización cometida por el castillejano Antonio de los Reyes en la ermita de Guía, lugar muy a propósito para efectuar tales actos por estar apartado del núcleo urbano, y solitario y desprotegido la mayor parte del día. En otra ocasión apunté que aquella zona se prestaba a altercados, peleas y emboscadas por tales razones, de las cuales ya relatamos varias.

Sevilla. — En Castilleja de la Cuesta, pueblo de aquella provincia, se ha cometido un horrible sacrilegio.
Antonio Reyes, que tenía enferma a su madre, hizo una promesa, en el caso de que áquella recobrase la salud, ante la efigie del milagroso Cristo de Guía, que se venera en una ermita situada a la entrada del pueblo.
La madre de Reyes falleció a consecuencia de la enfermedad que la aquejaba.
Poco después, Reyes se presentó en la ermita diciendo que iba a rezar.
La mujer encargada de la portería no advirtió que Reyes estaba ebrio y le permitió la entrada.
En cuanto Reyes se halló dentro, rompió el cristal que resguardaba la imágen del Cristo, y valiéndose de un cuchillo, le sacó los ojos y le golpeó hasta separar la cabeza del cuerpo.
Avisado el presbítero encargado de la ermita, acudió inmediatamente y encontró a Reyes, que se mostraba satisfecho de haber vengado, destrozando la efigie, la muerte de su madre.
La Guardia civil ha detenido al sacrílego.
Los vecinos de Castilleja están horrorizados. (La Época. Martes 11 de enero de 1898).

Un sacrilegio y una peregrinación. Sevilla 28, 8 de la noche. Hace ya días que un sujeto del inmediato pueblo de Castilleja de la Cuesta entró violentamente en la ermita del Cristo de Gina (sic), cerca del pueblo, y destrozó la veneranda imagen a garrotazos por no haber obtenido de ella una gracia que pidió en sus oraciones.
Después de cometido este sacrilegio, oyósele decir que "estaba vengado".
El hecho escandalizó al pueblo de Castilleja y a los demás inmediatos a Sevilla.
Muchos devotos acudieron al arzobispo pidiendo un desagravio.
S. I. ha publicado una pastoral, que se ha leído en las parroquias de Sevilla, convocando a los fieles para una peregrinación a la citada ermita, que se verificará el día 30.
A las diez y media estarán los peregrinos en la plaza del pueblo de Castilleja, donde se dirá una misa, y de allí se dirigirán a la ermita.
El arzobispo ha nombrado una Junta, presidida por el dean, para organizar la peregrinación. (El Liberal, 24 de enero de 1898).

Peregrinación de desagravio. En Sevilla se está organizando una solemne y fervorosa peregrinación al Santuario del Cristo de Guía, que se venera en Castilleja de la Cuesta.
El sacrilegio que días pasados cometió en dicha iglesia un malvado, que con furor verdaderamente satánico se lanzó sobre la imagen de Cristo, garrote en mano, y a fuerza de descargar sobre ella golpes la dejó destrozada, sembró el pánico y la consternación en Castilleja y en toda la provincia hispalense y todos los espíritus católicos, levantados al cielo, pensaron en celebrar una función de desagravio a nuestro Dios por tamaña salvajada.
El Rvdmo. Arzobispo de Sevilla, Sr. Spínola, ha dirigido a sus diocesanos una notable y piadosa Pastoral invitándolos a tomar parte en esa peregrinación al mencionado santuario. Para organizar y promover ésta, se han nombrado Comisiones del Cabildo catedral y del clero parroquial hispalense.
Antes de salir de Sevilla, los peregrinos se congrerarán en la iglesia del Salvador, donde se administrará la sagrada comunión a cuantos deseen prepararse para la mayor eficacia del acto de desagravio.
Los fieles podrán trasladarse al cercano pueblo de Castilleja de la Cuesta en la forma que tengan por conveniente.
En la explanada que hay a la subida de la cuesta que conduce al pueblo, donde está la ermita del Cristo profanado, se reunirán todos los peregrinos a la hora señalada, y de allí será conducida procesionalmente a la plaza pública la Virgen de Nuestra Señora de Guía.
Esto ha de impresionar profundamente a los católicos de aquel pueblo, pues nunca ha salido en procesión dicha imagen sola.
En la plaza se celebrará la misa.
Aunque todavía no está decidido, es probable que el sermón sea pronunciado por el magistral de esta Basílica, Sr. Roca y Ponsa.
Terminada la misa, se formará nuevamente la procesión, y rezando el Rosario se dirigirá a la ermita, donde los fieles podrán apreciar el estado de la efigia de Jesús después del atentado de que fue objeto, y dirigir sus rezos y plegarias en desagravio de aquella impiedad.
Presidiendo la procesión irá el Sr. Arzobispo. (La Unión Católica, martes 25 de enero de 1898).

El Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo de Sevilla ha dirigido una circular a sus diocesanos, en la que expresa su gratitud y satisfacción por la gran concurrencia de fieles que asistieron a la peregrinación de Castilleja de lal Cuesta.
En dicho documento episcopal se hace público el arrepentimiento del sacrílego que profanó, apaleó y destrozó la devota imagen del Cristo de Guía. (La Unión Católica, 11 de febrero de 1898).

La destrozada imágen del Cristo de Guia, de Castilleja de la Cuesta (Sevilla), ha sido conducida a la capital, previo permiso de las autoridades civiles y religiosas, para su restauración.
El laureado artista D. Andrés Cánovas se ha encargado gratuitamente de llevar a cabo tan delicado trabajo. (La Unión Católica, 11 de febrero de 1898).

Vivía Antonio de los Reyes con 15 años de edad según el padrón eclesiástico del año 1887 en el número 81 de la Calle Real, parroquia de la Concepción, con sus padres Antonio de los Reyes Cálceres, de 56 años, y Rita Rosales Sánchez*, de 51, y con sus hermanos Manuel, soltero de 24, Francisco, también de 15, y Dolores de 10. Esta última a juzgar por la cruz que marca su nombre, hecha por el autor del padrón, parece haber fallecido prematuramente poco después.

* En la Villa de Castilleja de la Cuesta, Diócesis y Provincia de Sevilla, en el día seis de diciembre de mil ochocientos noventa y siete, Yo, D. Juan Jiménez Romay, Pbro. Cura Ecónomo de la Iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Concepción de esta Villa, mandé dar sepultura eclesiástica en el cementerio de San Pablo de la misma al cadáver de Rita Rosales Sánchez, natural de esta Villa, de sesenta y dos años de edad, casada con Antonio de los Reyes e hija de Antonio y Manuela; falleció el día anterior a las cuatro de la tarde en su domicilio, Calle Real número setenta y siete, de la enfermedad pulmonía, según certificación del Facultativo D. José Payán; recibió los Santos Sacramentos de Penitencia y Extremaunción; se le hizo funeral y transporte de cuarta clase, y fueron testigos Gabriel Villalva y Baldomero Tovar, vecinos de esta Villa, en fé de lo cual lo firmo, fecha ut supra.

Así las cosas, Antonio se pasó atormentado por la falta de respuesta del Cristo de Guía desde las cuatro de la tarde del día 5 de diciembre de 1897 hasta el domingo 9 de enero del siguiente año, algo más de un mes, cuando por fin decidió lleno de furia y de desesperación destrozar a palos la imagen de quien no solo lo había ninguneado de aquella atroz manera, sino que había enviado desde sus gloriosos reinos una implacable pulmonía que acabó con la vida de su queridísima madre, todo ello sin, hasta la presente, dar mayores explicaciones.

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