viernes, 11 de enero de 2019

Martín de Japón.


Sigo entre los papelotes referidos a la historia de Castilleja de la Cuesta. Escudriño como con lupa cada rasgo, cada giro lingüístico, hasta cada mancha, pliegue o roedura de insecto de los deteriorados folios. Palpo, huelo, sospeso. Tomo nota de todo ello con minuciosidad aristotélica, con cuidado, con amor, con delicadeza griega. En determinado momento salta con un alegre fulgor ante mis ojos un nombre: Martín de Japón. Está algo borroso al final del reconocimiento que cierto presbítero hace de cierto pago que le acaban de hacer efectivo. Es eso, una vulgar carta de pago, llena de fórmulas manidas y de tópicos sobados que hacen que el anodino documento ocupe más de tres folios, pero que en definitivas cuentas no es más que el recibí de 74 ducados. El deudor, con cierto parentesco con mis antepasados directos, queda de esta manera libre y quito. Hay por medio de la deuda una viuda, original propietaria del bien raíz cuyo dicho precio se satisface, ella también perteneciente a mi familia.

Digo que el nombre Martín de Japón salta alegremente a mis ojos, —aunque no figura más que como testigo de la cobranza del cura, y solo estante en Castilleja de la Cuesta, que no vecino de ella—, porque los Japón de Coria, los únicos que con tal apellido conocía yo hasta esta afortunada mañana de afán investigatorio, me fascinan y apasionan desde hace unos años, desde el día en que mi pariente Tovar, interesado tanto como yo en la genealogía familiar, me invitó a hacer una visita a la villa ribereña, en busca de cierta relación que los Japón corianos tenían con tal apellido castillejense Tovar, que no es ni más ni menos que el de mi abuela paterna, Pilar Tovar Chávez. He regresado varias veces a Coria, y pienso, ahora más que nunca, ir en más ocasiones.

Volví ilusionado tras mi descubrimiento, especulando con un vínculo fehacientemente demostrado entre los japoneses y los Tovar castillejanos. Iba en el autobús mirando por la ventanilla, fantaseando en parte y en parte recordando mis intensas lecturas corianas, esos libros maravillosos del catedrático Juan Manuel Suárez Japón, libros (y todo el resto de abundante material) que ahora estaba obligado a repasar en busca frenética de este Martín de Japón, cuando como un frío fulgor ilumina mis pensamientos: ¡la fecha del reconocimiento es anterior a la llegada de los japoneses a Coria del Río! ¡Martín de Japón! Ni un año, ni dos, ni tres, sino más... mucho antes del célebre año de 1613, cuando la embajada arribó a dicha villa.

Lo útimo que conoco, la manifestación más actual y reciente de este interesantísimo asunto, es la XII Semana de Cultura Japonesa que tuvo lugar en Coria desde el 15 al 21 de octubre del año pasado de 2018. Es, dicho sin ninguna intención peyorativa en absoluto, el pináculo de un constructo complejísimo (económico, político, cultural, identitario, sociológico, artístico, sentimental, etc. etc.), constructo con base en cierta partida de bautismo de, creo recordar, algunos años después de dicho 1613, en la que se registra un niño, hijo de uno de los marinos japoneses cuyo ilegible apellido el cura, cortando por lo sano, transcribe como "Japón", con el que también nombra al bebé.
¿Cortando por lo sano? Sí, pero posiblemente en otro sentido del que predomina en la historiografía oficial.

Eran los presbíteros de las iglesias, hasta el advenimiento del siglo XIX laico con su creación de los Registros Civiles, completos y perfectísimos notarios en lo que respecta a apellidos, y por ende, a genealogías. Eran pura historia. Me cabe poquísima duda de que el que nos ocupa hubiese tenido noticia del apellido Japón anterior a la embajada de Hasekura. Me precio de conocer bien a estos "escribanos de sacristía", en general eruditos, y también si cabe bastante descuidados en sus anotaciones durante los siglos XVI, XVII y aun XVIII, tanto que ameritaban continuas visitas, reprimendas y hasta multas pecuniarias por parte de sus superiores, por hacer mal y desganadamente sus registros (véase si no cualquier archivo parroquial). Aunque, por desgracia, todavía no he contemplado la partida de bautismo original del "japoncito" coriano, por las referencias que poseo puedo reconstruir los hechos: el padre pronuncia el apellido y el malabarista de la pluma no se complica y lo adscribe y asimila e identifica con los Japón primigenios. O sea, con Martín de Japón, que bastantes años antes presenció el pago de 74 ducados en Castilleja de la Cuesta. Entonces... ¿era japonés el padre del niño?; ¿qué farfulló?; ¿tenía rasgos orientales?; No se sabe. Todo lo que se conoce es que el cura de Coria lo etiquetó como "Japón".

Ni mucho menos pretendo derribar —tarea ciclópea— lo que se ha construido desde hace más de 50 años entre Coria y Japón, claro está. Mas el hecho incuestionable y cierto es que el apellido Japón aparece en Castilleja de la Cuesta muchos años antes que en Coria del Río. Dicho sea por amor a la verdad. No me mueve más que dejarla por sentado. Quizá muchos japoneses, muchos españoles, y muchos interesados de cualesquier naciones del mundo sobre esta fantástica y apasionante materia se sientan desengañados, pero si la verdad anidara en sus mentes y en sus corazones por medio de mi trabajo próximo, me doy por satisfecho. Les podría decir con voz alta y clara: "¡estos son vuestros verdaderos antepasados!".

Me consta que dos investigadores japoneses estudian similaridades genéticas entre las dos partes desde hace años, pero no aparecen los resultados en Internet. Quizá alguien con más conocimiento pueda ilustrarme al respecto. Yo seguiré buscando japones castillejanos, mientras llevo en mente lo que un profesor de filosofía nos contaba hace ya algún tiempo: "la ciencia como recopilación de datos es como una cabaña lacustre en cuyo interior se almacenan; los postes y pilares de ella se clavan y asientan en el fondo barroso de un río; llega un momento en que el peso de la acumulación incesante de tales datos científicos hace que toda la estructura se derrumbe con estrépito sobre las aguas; entonces hay que meter mano a erigir otra, pero no aprendemos nunca a optar por el terreno más sólido".

Seguiré informando de mis hallazgos.

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