<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151</id><updated>2012-02-12T12:54:06.825+01:00</updated><title type='text'>Castilleja de la Cuesta</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>423</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-5782299945161397735</id><published>2012-01-24T21:35:00.000+01:00</published><updated>2012-01-24T22:52:31.113+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 35</title><content type='html'>&lt;br /&gt;Un mediodía tórrido de agosto —han pasado tres años—, la Villa aparecía muerta, envuelta en el pesado sudario de una atmósfera hirviente. Por sus calles ni un perro ni un pájaro por su cielo osaban exponerse al deletéreo calor que parecía materializarse en bloques y paredes impenetrables en las esquinas desiertas, en los polvorosos caminos de las afueras. Expectantes y desorientados, los lugareños refugiados en los rincones más habitables de sus hogares optaban por ahorrar el más pequeño movimiento e incluso por reservarse la articulación de palabras, bajo la exasperante opresión de una ley del mínimo esfuerzo que el omnipresente astro rey dictaba inclemente desde su celeste altura. Irradiante su ciego ojo de oro derramaba su castigo en silencio asfixiante y hacía aletear su fuego por los tejados buscando intersticios por los que morder cualquier manifestación de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Sevilla sube por la cuesta un hombre a lomos de un mulo. Acaso sera el único signo de actividad en el amplio espacio. A lo lejos las vaharadas de aire caliente lo muestran como una alucinación, una figurilla que ora se agita, ora casi desaparece, borrada por la calima bochornosa que los vapores del agua del Guadalquivir produce.&lt;br /&gt;Aproximémonos: bajo su negro sombrero de amplia ala, los párpados entrecerrados para protejer los ojos de los chorreones de sudor dejan adivinar el celeste frío de éstos; tiene barba de varios días, grisácea, y aparenta unos 35 años. En su caballería lleva, entre otros atadijos, un lío de tela de paño del que sobresalen varias espadas flamantes, recién facturadas.&lt;br /&gt;El hombre alcanzó la Plaza cuando el sol comenzaba su lento descenso, pero todavía solo un retazo de sombra en el lado sur le ofrecía cobijo y protección de la inclemencia. Ya estaba a salvo en el Señorío del Conde y fuera de la jurisdicción del Concejo de la capital, y únicamente le restaba esperar un par de horas para, con la frescura relativa de la tarde, presentarse ante el escribano y hacer constar oficialmente su presencia en el pueblo.&lt;br /&gt;Aligeró al mulo de su carga y se sentó en un poyete recostando la espalda contra la fachada de una de las casas buscando una inexistente humedad y, tras beber largamente de su calabaza se dispuso a esperar el paso de algún transeúnte para informarse del domicilio del encargado del Registro.&lt;br /&gt;Hacia las seis cruzó la Plaza una esclava mulata con un cántaro apoyado en la cadera. Bernardo le preguntó por la casa del escribano y ella, con un gesto señorial y displicente de su mano libre le señaló una de las casas y siguió su camino. El espadero todavía al alejarse le hizo otra pregunta acerca del nombre de dicho escribano, pero la mujer, joven todavía, no le contestó y continuó su marcha sin dignarse volver la cabeza.&lt;br /&gt;Esperó el forastero otro rato más, pendiente de algún signo de vida en las ventanas y puerta, cerradas herméticamente, hasta que se abrió ésta y salieron de estampida dos chiquillos, corriendo hacia su territorio de juegos.&lt;br /&gt;Bernardo de Oliver cargó el mulo y lo acercó, atándolo a una argolla en la pared, y llamando con discreción al antiguo aldabón de la entrada aguzó el oído. Salió un criado, y pronto el titular del Registro, Miguel de las Casas*, mostró su disposición a atenderlo. Lo hizo entrar a su gabinete y encomendó al criado que avisase, para que sirviesen de testigos, a Juan Tomé, un vecino que sabía se encontraba disponible, y en un audaz intento de diplomacia casera, a dos hombres a los que pretendía reconciliar: Diego Ortiz de Juanguren el mozo y Juan Martín Haldón**.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Por ahora desconocemos la fecha exacta de la muerte de Juan Vizcaíno, el anterior escribano de Castilleja. Como una aproximación, recordemos la almoneda celebrada el 12 de noviembre de 1559, en la que ya sus hijos figuran como huérfanos, la cual almoneda fué efectuada por su sustituto, Miguel de las Casas ("Los Juanguren y el espadero 15", abril de 2001).&lt;br /&gt;Con el fallecimiento de Diego Ortiz de Juanguren el viejo ocurre lo mismo, pero en mayo de 1557 sus herederos emprendían diligencias para repartirse la herencia ("Bocetos del siglo XVI, y 6", febrero de 2009). En "Los Juanguren y el espadero 8", marzo de 2001, describimos a Diego Ortiz el mozo como su sobrino. Ya podemos rectificar con total seguridad: era en realidad su hijo, esposo de Bernardina de Sagredo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;** La enemistad entre el zorzalero y el hijo del viejo hidalgo tenía razón de ser, dado el escándalo que supuso en la pequeña comunidad la trifulca en el mesón, el maltrato en la cárcel y la fuga de Haldón y el Alguacil que acabamos de conocer. Miguel de las Casas, en los principios de su carrera con la pluma, vió la oportunidad de apuntarse un tanto que le reportara en el pueblo prestigio de componedor paternalista, pero quizá, inintencionadamente, su acción fuese la chispa que prendió la tragedia que se avecinaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Destierro. En la Villa de Castilleja de la Cuesta en martes 23 días del mes de agosto de 1558 años se presentó en esta Villa Bernardo de Oliver, vecino de la ciudad de Sevilla, y dijo que venía desterrado de la dicha ciudad de Sevilla por tiempo de 4 meses precisos &lt;/i&gt;( obligatorios) &lt;i&gt;y 8 voluntarios &lt;/i&gt;(convalidables con el pago de una multa),&lt;i&gt; por sentencia que contra él dieron los Señores Alcaldes Mayores de la dicha ciudad. Testigos que fueron presentes, Bartolomé Moreno, Juan Martín y Juan Tomé, vecinos de esta dicha Villa, y Diego Ortiz, vecino de la ciudad de Sevilla y estante en esta dicha Villa.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto estuvo el escrito ultimado, y Bernardo recibió una copia que guardó cuidadosamente en sus alforjas. Salieron a la Plaza y Juan Martín, acaso encandilado por el brillo de las hojas de las espadas, le ofreció su desinteresada ayuda aconsejándole pernoctar en la posada hasta que al día siguiente encontrase alojamiento fijo. En cambio Diego Ortiz desde el principio se había mostrado nervioso y a disgusto, y no solamente por tener que alternar con el agresor de su difunto padre, sino además por estar sintiente de que su categoría social sufría menoscabo al dedicar al desterrado —un ganapán delincuente, al fin y al cabo— aunque solo fueran los escasos minutos que duró la diligencia en casa del escribano, a la que acudió porque, excepto justificación fundada, todos los vasallos del Conde estaban obligados a servir de testigos cuando fuesen requeridos a ello por cualquier autoridad, y los notarios lo eran. Miguel de las Casas fué, como fedatario, hombre de confianza de don Pedro de Guzmán, como ya era ordinario en todos los Señoríos desde que, años atrás, los Señores acabaran con los privilegios que disfrutaban muchos Concejos de Villas, que por entonces y por disposición del Rey se reservaban la elección de escribanos.&lt;br /&gt;Bernardo de Oliver era hombre previsor. Traía algunos ducados en su bolsa y sabía que sin dificultad iba a encontrar alguna casita sencilla para alquilar mientras durara su estancia en Castilleja. Además de la media docena de armas que portaba, para vender o trocar igualmente. Trabajador nato, disponía por ende de apoyo familiar para sobrellevar el castigo, por lo que no le preocupaba en exceso el futuro próximo. Ya había acordado con sus allegados en Sevilla, antes de partir a cumplir la sentencia, el envío de las herramientas y utensilios imprescindibles para ejercer el oficio durante los meses que se avecinaban: forja, fuelle y yunque en primer lugar, además de martillos, tenazas, limas, etc, que serían traídos en una recua de asnos desde la capital con toda prontitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diego Ortiz de Juanguren el mozo doblaba ya la esquina del callejón que conducía a su casa cuando, por el rabillo del ojo, observó con disgusto que espadero y zorzalero penetraban en el mesón de La Plaza, éste guiando con deferencia por el brazo a aquél mientras descorría la carpeta* de la entrada. Aquella noche soñó con un gato de mirada zarca cuyas pupilas eran dos espadas aceradas, y que acercaba hacia él su cabeza amenazante hasta el punto que, dormido, se refugió bajo la almohada gimiendo de tal manera que despertó a su joven esposa Bernardina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Al igual que los manojos de ramas colgados en ventanas y puertas, las carpetas identificaban a los establecimientos donde se expedían bebidas alcohólicas. Eran ni más ni menos que una especie de cortina a media altura, sin otra finalidad que la expuesta, de señalización. Añadamos que esta costumbre de colgar ramas en las ventanas de tabernas parece, según opiniones de ciertos etimólogos, que dió lugar a la expresión "ramera", por asociación con las prostitutas que solían ejercer su profesión en tales establecimientos.&lt;br /&gt;En cuanto a la carpeta, la definición del Diccionario de Autoridades es: "&lt;i&gt;Se llama también la manta, tapiz ò paño, que se pone en las puertas de las tabernas. Latín, velum aut cortina vinaria taberna pratentum&lt;/i&gt;", y cita a Alonso de Salas Barbadillo en "Corónas del Parnaso": "&lt;i&gt;Me cohechaban los tabernéros de toda esta comarca, porque me arrimasse à la sombra de sus ramos y carpétas&lt;/i&gt;". Calderón de la Barca llamó a Baco "el Dios de las carpetas".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-5782299945161397735?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/5782299945161397735/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=5782299945161397735' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5782299945161397735'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5782299945161397735'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2012/01/los-juanguren-y-el-espadero-35.html' title='Los Juanguren y el espadero 35'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-1179285130646599920</id><published>2012-01-18T11:34:00.001+01:00</published><updated>2012-01-18T11:34:32.393+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 34</title><content type='html'>&lt;br /&gt;Luego se origina un vacío documental de dos semanas, desde el día 5 al 21 de noviembre, en el que, por la lógica de lo que continúa, debemos imaginar a Alonso Rodriguez de Triana y a Juan Martín Haldón todavía escondidos, con toda probabilidad en el mismo refugio. Y también es de suponer que la continuación de los autos se debió a que la mujer del Alguacil, Ana de Tovar, o fué descubierta o ella misma se ofreció a declarar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Y después de lo susodicho, el jueves 21 de noviembre de 1555, el Señor Hernando Jayán fué a las casas de la morada del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero, y halló en ellas a la dicha Ana de Tovar, de la cual fué recibido juramento: si es casada, cómo se llama, etc. Preguntada que adónde está su marido, dijo que no lo sabe; preguntada que qué tanto tiempo ha que no ha visto al dicho su marido, dijo que desde el domingo en la noche, que pasó 15 días, que se fué de casa a medianoche, al chifle, y no ha vuelto más; fuéle preguntado que si ha sabido más del dicho su marido, dijo que no ha sabido más de él ni lo ha visto de sus ojos; fuéle preguntado que porqué se ausentó de su casa, dijo que no lo sabe; fuéle preguntado que si tenía preso a su cargo el dicho su marido, como tal Alguacil y Carcelero, a Juan Martín Haldón el mozo, dijo que sí tenía; fuéle preguntado que quién soltó de la prisión al dicho Juan Martín Haldón y le dió la llave y favor y ayuda para que se soltase, dijo que no lo sabe, mas que el lunes que se contaron 4 días de este dicho presente mes de noviembre, estando esta testigo en su casa, estando el dicho Juan Martín Haldón preso de piés en el cepo y la cadena y unos grillos de hierro, vino a casa de esta declarante Isabel Garcia, viuda mujer de Juan García, difunto, y se asentó en una banca junto al dicho Juan Haldón preso, y estuvo hablando con el dicho Juan Martín Haldón, y como entró, comenzó a decir al dicho preso: "Anda, Juan Martín Haldón, que Dios hará merced, que así como no lo debéis, os librará", y estuvieron hablando el uno con el otro, y esta declarante no entendía lo que hablaban, porque hablaban quedo, y desde a un poco que estaba en la Cárcel la dicha Isabel García, vino a la Cárcel Catalina Hernández, mujer del dicho Juan Haldón, y trajo de almorzar al dicho su marido unos zorzales, y desde a un rato que la dicha Isabel Garcia estaba allí, pidió a esta declarante que le diese una poca de sal, y esta declarante se la dió, y desde a un poco la dicha Isabel García preguntó a esta declarante qué cuya era una escalera de madera que tenía allí, y esta declarante le dijo que era de Juan Rodriguez, que vive en la Plaza, y que se la había prestado ayer domingo, y luego respondió la dicha Isabel Garcia y dijo a esta declarante que por eso se lo preguntaba, porque toda aquella mañana había estado el dicho Juan Rodriguez dando voces en la Plaza, diciendo que había más de ocho días que se la habían llevado de casa, y que nunca más se la habían vuelto, y luego la dicha Isabel Garcia dijo a esta declarante que, por su vida, que llevase la escalera al dicho Juan Rodriguez, porque otro día se la volviese a prestar, y luego la dicha Isabel Garcia se salió de esta declarante, y salida, esta declarante tomó la dicha escalera y la llevó a casa del dicho Juan Rodriguez, y cuando fué no halló al dicho Juan Rodriguez, y como puso la dicha escalera, la dicha Isabel Garcia dijo a esta declarante que entrase en la casa, que la quería hablar Ana Garcia su hija, y así esta declarante entró en casa de la dicha Ana Garcia y la habló, y se quería volver a su casa, y la dicha Isabel Garcia dijo a esta declarante que se estuviese, que luego se iría, y como dejó a esta declarante con la dicha Ana Garcia, la dicha Isabel Garcia se salió fuera de su casa y no sabe dónde fué, y esta declarante se estuvo un poco con la dicha Ana Garcia, y ya que se quería venir a su casa entró en la casa de la dicha Isabel Garcia la dicha Catalina Hernandez, mujer del dicho Juan Haldón, preso, y como topó esta declarante a la dicha Catalina Hernandez la dicha Catalina Hernandez dijo a esta declarante cómo Hernán Diáñez su padre había traído buen pescado fresco, que quería ir allí para que le diese un poco para el dicho Juan Haldón, y dijo a esta declarante que se fuesen allí, y estando en estas pláticas vino Mencía Rodriguez, mujer de Bartolomé Moreno, dando voces diciendo que corriese, que le habían soltado el dicho preso, y esta declarante vino corriendo a su casa, y cuando allegó halló que el dicho Juan Martín Haldón no estaba en las prisiones y se había ido, y estaban las prisiones sanas y la llave del candado en el dicho candado, y esto pasa y no sabe otra cosa; fuéle preguntado que si la llave que esta declarante halló en el dicho candado de la Cárcel, si era la propia del dicho candado que es de la Cárcel, dijo que no lo sabe; fuéle preguntado que quién tenía la llave de las dichas prisiones, dijo que su marido de esta declarante, y que el domingo en la noche próximo pasado, antes que se fuese el dicho Juan Haldón de la Cárcel, esta declarante vió cómo el dicho Alonso Rodriguez, marido de esta declarante, puso la dicha llave de las dichas prisiones en una arca de su palacio, y que no la vió más, ni la halló en la arca esta declarante; fuéle preguntado que si, cuando esta declarante se salió de su casa para llevar la dicha escalera, quedaba alguna persona con el dicho Juan Martín Haldón, dijo que no quedaba persona alguna mas de su mujer; fuéle preguntado que quién sospecha que soltó al dicho Juan Haldón, dijo que no sospecha sobre otra persona sino sobre su mujer, y sobre la dicha Isabel Garcia como la importunó a que llevase la dicha escalera, y como no halló en su casa al dicho Juan Rodriguez y la hizo entrarse con la dicha Ana Garcia, y desde entrada se salió la dicha Isabel Garcia y no pareció más, por esto sospecha que andaban y anduvieron engañando a esta declarante para echarla de su casa, por soltarla de la Cárcel; fuéle preguntado que si es verdad que, luego que halló ido al dicho Juan Haldón, esta declarante alzó todos los bienes que tenían ella y el dicho su marido, dijo que sí es, y que los llevó al Camino Real; fuéle preguntado que qué bienes eran los que alzó, dijo que su cama y otros bienes de ropa; fuéle preguntado que quién le ayudó a llevar los dichos bienes, dijo que unos muchachos que no se acuerda quiénes eran, con la turbación que tenía, y esta es la verdad. Y no firmó.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A estas alturas, que Ana de Tovar declare sospechar de sus dos amigas la viuda y Catalina no significa gran cosa, sino más bien que ya no tenían nada que perder. Dados los acontecimientos que relata, al Juez de Comisión no se le pasaría por alto el extraño comportamiento de las dos mujeres con respecto a Ana. Por otro lado, a ninguna de las dos dichas se le podía probar culpa alguna, según lo averiguado hasta el momento. Todo ello sigue denotando una urdimbre y una complicidad patentes, en las que, como hemos visto, parece participar incluso Hernando Jayán. Y por fin,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;En 23 de noviembre de 1555 el Señor Hernando Jayán, Juez de Comisión, habiendo visto este proceso, mandó notificar al dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, que dentro de tres días primeros siguientes acuse si quiere a los dichos Juan Martín Haldón y Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, con apercibimiento que se le hace que el término pasado, se pronunciará por no parte, y procederá contra los susodichos como hallare por justicia.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;El cual mandamiento le fué leído y notificado al dicho Diego Ortiz por el escribano Juan Vizcaíno el miércoles 27 de noviembre, el cual dijo que él no quiere acusar ni pedir cosa alguna a los dichos Juan Martín Haldón y Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, ni a ninguno de ellos&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Y así dijo, y lo pedía y pidió por testimonio, testigos que fueron presentes, Lorenzo Sanchez y Francisco Sanchez, vecinos de Sevilla.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Lo que no significaba que el proceso quedara archivado. En la mayoría de estos casos, es la autoridad la que continúa con las acusaciones y los autos, hasta su conclusión, sentencia y condena. De el que nos ocupa, desconocemos su final por la falta de los últimos folios, pero los dos fugados pronto aparecen en Castilleja haciendo vida normal, como si no hubiese sucedido nada. De hecho Juan Martín Haldón nos va a servir tres años después, en 1558, de hilo conductor hasta el protagonista de esta serie de capítulos: el maestro de hacer espadas Bernardo de Oliver.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-1179285130646599920?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/1179285130646599920/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=1179285130646599920' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1179285130646599920'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1179285130646599920'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2012/01/los-juanguren-y-el-espadero-34.html' title='Los Juanguren y el espadero 34'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-6090217747099582245</id><published>2012-01-12T21:45:00.003+01:00</published><updated>2012-01-12T21:45:38.886+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 33</title><content type='html'>&lt;br /&gt;Queda por especular sobre la relación entre el indio de la posada y Francisca, la vieja hechicera concubina de Rodrigo Franco ("Los esclavos 5", febrero de 2009, y "Los esclavos 39", abril de 2009). Todo apunta a que entre ellos había cierta tensión, nacida de esa tendencia innata al egocentrismo que padecemos todos los seres humanos en una u otra medida. Los dos pretendían y aspiraban a representar con sus personas a la remota América en la Villa aljarafeña, pugnando por demostrar cada uno que traía la esencia más pura, que poseía la raza más aquilatada y auténtica y que era maestro de la sabiduría más completa y ancestral, lo cual —pensaban, con indudable acierto— les reportaría indudables ventajas sociales. Por tanto, una solapada enemistad teñida de envidia y recelo los hacía esquivarse e ignorarse en todas las posibles oportunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero pasemos página y día, y despertemos con los castillejanos el martes 5 de noviembre de 1555. En la Plaza abrió el mesón antes de que la luz del sol bañara su fachada y penetrara por su ventanal. El día era frío pero luminoso bajo la bóveda despejada de un cielo impoluto, y el suegro de Juan Martín Haldón, el pescadero Diáñez, tras saltar de la cama con espíritu combativo y lleno de dinamismo se preparó para emplear el día lidiando con papeles y escribientes. Como otra pieza de aquella máquinaria que en defensa de los huidos se había puesto en marcha, tenía su cometido perfectamente proyectado desde la tarde anterior, cuando reunidos en cónclave familiares y amigos acordaron, para proseguir con las tácticas dilatorias, reclamar uno de los bienes embargados al zorzalero protestando que no era tal, que no era de su propiedad; tratábase del burro, el "&lt;i&gt;asno pardo&lt;/i&gt;" que Hernándo Jayán había incluido entre los objetos secuestrados y que ahora según vimos estaba depositado en poder de Francisco de Aguilar ("Los Juanguren y el espadero", noviembre de 2011). De forma que a primera hora fué requerido Juan Vizcaíno para formalizar la alegación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;El martes 5 de noviembre de 1555, ante el Señor Hernando Jayán, Juez de Comisión, y el escribano Juan Vizcaíno, pareció Hernán Diáñez, vecino de esta Villa, y dijo que era así que él había dado y dió prestado a Catalina Hernandez, su hija, mujer de Juan Martín Haldón, un asno de color pardo, para que se sirviese del dicho asno, por le hacer buena obra, y ahora ha venido a su noticia que está embargado y secuestrado diciendo ser bienes del dicho Juan Martín Haldón su yerno, el cual dicho secuestro y embargo dijo no haber lugar de derecho porque, como tiene dicho, el dicho asno es suyo y no del dicho Juan Martín Haldón, de lo cual si fuese necesario se ofrece a dar información suficiente; pidió al dicho Señor Juez mande desembargar el dicho asno y se lo mande entregar, para que lo haya y tenga como cosa suya propia, y que no debe nada por el delito que cometió el dicho Juan Martín Haldón, y pidió justicia e imploró el oficio del dicho Señor Juez.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;El Señor Juez dijo que le dé información y que está presto de hacer justicia.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;En dicho día martes 5 de noviembre, ante el dicho Señor Juez Hernando Jayán, el dicho Hernán Diáñez trajo y presentó dos testigos, que declararon secreta y apartadamente lo siguiente:&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Testigo, Francisco de Aguilar&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, trabajador. Conoce a Hernán Diáñez de más de 10 años, y tiene noticia del dicho asno pardo y sabe que es de él, porque se lo ha visto tener y poseer de más de diez meses a esta parte. Firmó de su nombre, y que es de edad de cuarenta años.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Testigo, Isabel Sanchez, mujer de Diego Hernandez &lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. Conoce a Hernán Diáñez de más de ocho años a esta parte, y tiene noticia del dicho asno pardo y sabe que es de él, porque se lo ha visto tener y poseer desde mayo próximo pasado. Tiene diecinueve años de edad, poco más o menos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Y luego, vista la información por el dicho Señor Juez, dijo que mandaba y mandó remover y removió el dicho depósito del dicho asno del poder del dicho Francisco de Aguilar, y lo puso y depositó en poder del dicho Hernan Diáñez, el cual lo recibió y se obligó de lo dar cada vez y cuando que pareciere tener otra persona cualquier mejor de derecho al dicho asno. Obligó a ello su persona y bienes. Testigo, el dicho Francisco de Aguilar.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Justamente el depositario del asno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2.- Podemos saber más de Isabel Sánchez y de su relación con Ana de Tovar en "Los esclavos 14", febrero de 2009. Fueron Isabel y Diego pareja extraordinariamente prolífica, a juzgar por las partidas de bautismo, entre las que llama la atención esta por la aparentemente elevada prosapia de uno de los padrinos:&lt;br /&gt;&lt;i&gt;En domingo 3 de agosto de 1561 don Rodrigo de Cieza bautizó a Ana, hija de Diego Hernandez y de Isabel Sanchez. Padrinos, el señor don Juan de Santoño, Señor de Villafruela, y Lesmes de Palencia y su mujer Ana de Morales, y doña Francisca de Morales, todos vecinos de Sevilla.&lt;/i&gt; ("Bautismos 8", diciembre de 2008).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el Juez de Comisión se "olió la tostada", y en su empeño —ya referido— de garantizarse valores para enfrentar posibles y probables sanciones por parte del Conde de Olivares, apretó al pescadero con sutilidad, comprometiéndolo de tal forma que éste tuvo que confesar un pequeño detalle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Luego el dicho Hernando Jayán, Juez de Comisión, recibió juramento del dicho Hernán Díaz&lt;/i&gt; (sic) &lt;i&gt;y le fué preguntado si sabe de algunos bienes del dicho Juan Martín Haldón el mozo, su yerno, el cual dijo y declaró que es verdad que él tiene un ducado del dicho Juan Martín Haldón, y que no tiene ni sabe de otros bienes algunos del dicho Juan Martín Haldón su yerno. Y no lo firmó.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Y luego el dicho Señor Juez de Comisión mandó que trajese ante sí los dichos once reales&lt;/i&gt; (un ducado eran 11 reales) &lt;i&gt;que así tiene en su poder, del dicho Juan Martín Haldón su yerno, para que se pongan en secuestro en poder de persona llana y abonada, para que los tenga en dicho secuestro para de que se paguen las costas. Hernán Diáñez los trajo, y quedaron en poder del dicho Juez de Comisión.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para terminar, un curioso apunte de Vizcaíno, que sin tenerlas todas consigo dado lo enmarañado del asunto, cuidó muy mucho de estar al día en lo que al cobro de sus honorarios se refiere; así que aprovechando ese ducado que parecía llovido del cielo, pensó que al Juez en puridad no pertenecía y lo convenció de usarlo para ajustar las cuentas de su trabajo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Doy fé que de los dichos once reales se han gastado y pagado lo siguiente:&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Primeramente me dió, a mí el dicho escribano público, el dicho Señor Juez, dos reales para en cuenta de lo que montan mis derechos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Item, se dieron al Licenciado Salamanca, por un parecer que dió, que está en este proceso, cuatro reales.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta deducción del escribano de Castilleja, que parece dictada por la premura de una necesidad precaria, contradice en cierta forma lo expuesto por la profesora María Luisa Pardo Rodríguez en "Señores y escribanos. El notariado andaluz entre los siglos XIV y XVI", Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, año 2002, pág. 109:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"&lt;i&gt;El salario y las retribuciones del escribano del concejo. Al igual que el escribano público, el profesional de la escritura que realizaba su trabajo en el ámbito concejil recibía una determinada cantidad de dinero por el desempeño de su cargo. La diferencia entre unos y otros estribaba en el hecho de que el formar parte del organigrama funcional del concejo llevaba aparejado recibir una cantidad de dinero fija, que con carácter anual percibía al igual que cualquier regidor más de la corporación. El salario, o usando el término de la época, la quitación, derivaba de un organismo público, el regimiento, y no de los potenciales clientes que en el ejercicio libre del oficio pudiera tener&lt;/i&gt;".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en otro párrafo de dicha página:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"&lt;i&gt;Además de percibir su quitación anual, el escribano de concejo de las villas y lugares de señorío de Andalucía cobraba una serie de derechos, que de manera puntual recibía por la confección de documentos que atañían a las rentas concejiles, o bien se trataba de escrituras que tenían que pasar necesariamente por él referidas a múltiples aspectos del gobierno local. Y aunque no tenemos noticias de abusos crematísticos por parte de estos profesionales de la escritura, sí podríamos aventurar su existencia, ya que los señores intentaron corregir las posibles desviaciones a la norma y usaron el marco real de referencia, el arancel para escribanos de concejo dictado por los Reyes Católicos en Alcalá de Henares, de 1503, para regular este asunto&lt;/i&gt;".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá el cobro de los dos reales fuera un "&lt;i&gt;abuso crematístico&lt;/i&gt;" de Juan Vizcaíno.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-6090217747099582245?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/6090217747099582245/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=6090217747099582245' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6090217747099582245'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6090217747099582245'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2012/01/los-juanguren-y-el-espadero-33.html' title='Los Juanguren y el espadero 33'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-3305928783424905606</id><published>2012-01-07T18:02:00.001+01:00</published><updated>2012-01-07T22:58:36.229+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 32</title><content type='html'>&lt;br /&gt;El indio Diego de Cárdenas, como vimos (Los Juanguren y el espadero 14, abril de 2011), no hacía ascos a un rato de jolgorio, de diversión, de baile y bromas. En la posada de Juan García era el que más echaba de menos al zorzalero con la vihuela del esclavo del cura, y este día añoraba su alegría y su vitalidad desbordante. Se trataba de un hombre de cuerpo fofo, como de 45 años de edad, tatuado de jeroglíficos intrincados desde los pies al cuello y aun en mejillas y frente. Sus ojillos mongoloides brillaban de extraña felicidad, semiperdidos en las marañas de mínimas arrugas y pliegues que los bordeaban y en la fenomenal protuberancia de su nariz, con el doble puente tosco y asimétrico característico de los de su raza. En los momentos culminantes de las fiestas del mesón solía levantarse los faldones del sayo con ademanes femeniles, e imitando alguna danza de su tierra exhibía los rollizos muslos repletos de dibujos, lo que producía entre los asistentes tan sonoras carcajadas que se despertaba todo el pueblo.&lt;br /&gt;Lo reconoceríamos en el solitario sorbedor de sopa del capítulo anterior; de su natural eran los dos extremos: o se entregaba sin freno a las actividades orgiásticas de los huéspedes, o permanecía sentado, la vista perdida al frente, las manos descansando sobre las rodillas, creando un aura de energía indescriptible que nadie se atrevía a alterar, excepto su jefe el posadero para encomendarle alguna tarea, mas haciendo de tripas corazón porque gustaba de verlo en estos beatíficos estados.&lt;br /&gt;Su empatía con Juan Martín Haldón se fundaba en que él también tenía un cerebro de músico. Antes de que los esbirros del despiadado Emperador hispánico lo apresaran tras arrasar su aldea*, tocaba la flauta autóctona andina, la quena, en las celebraciones comunales, y entre sus más gratos recuerdos figuraban los ratos interminables hamaqueándose bajo la umbría que añosos árboles le dispensaban a la orilla de un río de anchura infinita, mientras jugueteaba con las sonoras, profundas y dulces notas del tubo de bambú.&lt;br /&gt;Cuando el agobio le impelía y la circunstancia le favorecía se ocultaba en la semioscuridad de cierto desván construido sobre los angostos dormitorios, al que todos llamaban "el palomar", accediendo a él torpemente por una rudimentaria escala de travesaños de troncos que partía desde tras un pequeño portil de viciadas maderas agrietadas que al final de la galería resistía los embates del clima. Había sido, en efecto, palomar en tiempos antiguos, pero ahora apenas albergaba unos albardones olvidados, dejados en prenda por algún arriero, varias sillas inservibles y un par de cántaros quebrados. El indio Diego buscaba acomodo entre los cachivaches a la altura de un ventanuco que permitía divisar la Vega, con la ciudad en medio como un ramo de flores mustias flotando en la llanura, y en aquel rincón se le representaba todo el panorama de su río sin fín, ya muy informe en los desgastados resortes de su memoria, mientras dejaba pasar el tiempo absorto en los crujidos del sol tórrido en verano o en el redoble incesante de la lluvia en invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Perteneció Diego de Cárdenas a la cultura de Tahuantinsuyo, en pleno imperio incaico, y sus maestros y mentores fueron indios ya en plena madurez a finales del siglo XV y testigos de la arribada de los españoles de Francisco Pizarro. Por entonces la técnica de la flauta andina poseía un desarrollo considerable. El Dios Pájaro Inti proporcionó a aquellos músicos el andamiaje abstracto que requerían las inmaduras prácticas imitativas de aves selváticas, aunque fueron los cantos de éstas los originarios y principales impulsores e inspiradores de las riquísimas melodías de la quena.&lt;br /&gt;Nuestro zorzalero vihuelista, como no podía ser de otra manera, apreciaba a un oyente de su sensibilidad, y lo obsequiaba con unas muy acabadas pavanas, de gran aceptación en Castilleja por otra parte ya que se decía que tal género musical había sido creado nada menos que por Hernán Cortés a su vuelta de México. La "volta" y el "salto del fuego" de las gallardas —otra danza interpretada a las cuerdas por Haldón— eran las respuestas que el indio Diego devolvía con sus bailes, lleno de agradecimiento, a su amigo y émulo de Alonso Mudarra.&lt;br /&gt;(Mudarra, nacido c. 1510 y fallecido en Sevilla el 1 de abril de 1580, fué renombrado músico y un virtuoso de tal instrumento, publicando el 7 de diciembre de 1546 en la capital andaluza su obra "Tres libros de música en cifra para vihuela" con composiciones suyas y transcripciones para vihuela y vihuela y voz, que incluyen letras de Jorque Manrique, Garcilaso de la Vega y Juan Boscán. Llegó a acumular una considerable fortuna, que dispuso en su testamento repartir entre los necesitados de la ciudad).&lt;br /&gt;Ni que decir tiene que nos estamos refiriendo en la narración a los aspectos de la música popular en el pueblecito aljarafeño, aunque disponemos de material para estudiar con gran detalle su relación con la música "culta", la cual, como sucede en la actualidad, caminaba por otros derroteros, estando representada por alguien ya esbozado en nuestra historia: el maestro Pedro Fernández de Castilleja ("Los Juanguren y el espadero 4", febrero de 2011). El análisis de las manifestaciones artísticas en nuestra comunidad en tiempos pasados nos proporcionará amplias perspectivas y minuciosos aspectos con los que profundizar en los interiores emocionales de sus individuos como tales y como partes de dicha comunidad. Parecen evidentes los vínculos entre la música del Perú incaico, el cronista Pedro de Cieza de León, su hermano el cura de Castilleja, el esclavo de éste y poseedor de la vihuela, Juan Martín Haldón, y Diego de Cárdenas, todos ellos señalados de alguna manera por la sombra reciente de Hernán Cortés, muerto hacía tan sólo ocho años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si las ideas pudieran materializarse, todo lo referido y su complementaria complejidad —la complejidad de los seres humanos— se condensaba en el aire viciado del comedor de la posada de La Plaza aquella noche del 4 de noviembre de 1555, con el indio apurando la escudilla, los tahúres ultimando el juego, y los posaderos recogiendo enseres y dando los últimos trapazos con la esperanza de espantar a los noctámbulos y poder así cerrar e irse a descansar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-3305928783424905606?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/3305928783424905606/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=3305928783424905606' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3305928783424905606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3305928783424905606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2012/01/los-juanguren-y-el-espadero-32.html' title='Los Juanguren y el espadero 32'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-8134781780440015022</id><published>2011-12-23T22:11:00.000+01:00</published><updated>2011-12-23T22:11:40.279+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 31</title><content type='html'>&lt;br /&gt;No se esforzaron mucho los dos cuadrilleros de la Hermandad en capturar a los prófugos. Obviamente, llevaban instrucciones de Francisco de Contreras para actuar así, lo cual, al margen de las simpatías que profesaran hacia Juan Haldón y Alonso de Triana —o su complemento en odio a los Juanguren—, significaba para ellos un día de asueto, una agradable excursión a caballo por la comarca con un salario asegurado durante aquella jornada. Salieron bien pertrechados de botija de vino, chacina y pan, hacia Gines, preguntando desganadamente a conocidos y camaradas más por cubrir el expediente que por otra cosa, y cuidando de no dar cuenta a nadie de los delitos por los que buscaban a los dos hombres. Los caballistas intuían su paradero, por lo que eligieron la vecina Villa como punto de partida para, desde allí, enfilar la cómoda Cañada de los Isleños, calculando que al paso de las bestias, podrían alcanzar Mairena a media tarde, y estar de vuelta en Castilleja al anochecer.&lt;br /&gt;Se cruzaron con pastores y harrieros malhumorados, embozados en sus capas para evitar la humedad del aire. Los ateridos animales expulsaban dos chorros de vapor en cada expiración, y las viñas desaparecían a pocos metros del camino, envueltas en la gasa blanquecina de la niebla.&lt;br /&gt;Alguna noticia recabaron, tal y como suponían, de los transeúntes, pero no se molestaron ni tan siquiera en desviar la vista hacia las arboledas de los margenes del Repudio, percibiendo más con el pensamiento que con los ojos lo que hacían y dejaban de hacer sus paisanos emboscados. En una posada de la plaza de Mairena descansaron un rato, cuando ya la tarde clarificada devolvía la cotidianeidad del ser del sur a los aljarafeños, más hechos a las atmósferas limpias que a las extrañas y desorientadoras calimas.&lt;br /&gt;Y ya noche oscura era cuando, cruzando el término de Tomares y zigzagueando por el laberíntico entramado de senderillos, cancelines, pasos e hijuelas entre huertecillos y viñas aledaño a la Calle Real, penetraron en ésta, y se dirigieron sin demora a casa del escribano para cumplir con la inevitable obligación de dar parte y constancia de los acaecimientos ocurridos en el cumplimiento de la misión que les había sido encomendada. Tenían la esperanza de que se repitiera el mandato de Francisco de Contreras al siguiente día, para embolsarse otros dos sueldos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Y después de lo susodicho, en la Villa de Castilleja de la Cuesta en dicho día 4 días del dicho mes de noviembre y del dicho año de 1555 años, parecieron los dichos Juan Díaz y Cristóbal García, cuadrilleros de la Santa Hermandad, y juraron en forma de derecho que ellos habían andado a buscar todo el día hasta que era ya noche a los dichos Juan Martín Haldón y Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, para los prender, y que no los han podido haber, y que han ido a Gines y Mairena y por este Alfarafe, y no han podido hallar rastro de ninguno de ellos, y que así era la verdad para el juramento que hicieron, en fé de lo cual que dicho es lo firmé de mi nombre. Juan Vizcaíno.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta forma terminó el revuelto y atrafagado 4 de noviembre en Castilleja de la Cuesta. Se apagaron los candiles y velones tras las ventanas y en el negro cielo, entre nubarrones pálidos, se encendieron algunas estrellas límpidas. Chimeneas con lánguidos penachos de humo, e imperceptibles resplandores rojizos en algún ventanal, denotaban aquí y allá, en las solitarias calles, al insomne o al enfermo que mantenía el brasero o el fogón avivados para enfrentarse a las silenciosas e interminables horas de la madrugada con la reconfortante sensación del calor hogareño.&lt;br /&gt;Mas no todo era sosiego y paz: un foco de voces, golpes y entrechocar de jarros se dejaba sentir en el corazón del pueblo, en la Plaza pública; aunque los vecinos, ya habituados a ello, no se molestaban, para las autoridades era una preocupación aquel mesón fuente de conflictos y riñas casi diarios. Y hacia él se encaminaron Juan Díaz y Cristóbal García tras informar a Juan Vizcaíno de los resultados de su búsqueda y dejar las cabalgaduras en el corral del Concejo*. Pretendían los cuadrilleros poner el broche final a una jornada muy positiva para ellos, y de paso informarse y quedar al tanto de los acontecimientos ocurridos mientras habían estado fuera.&lt;br /&gt;La taberna del mesón abría su entrada a la izquierda del portal, inmediatamente antes del patio que acogía a las monturas de los huéspedes y clientes no fijos, ya que los de esta categoría disfrutaban de derechos de establo, el cual se situaba al fondo de dicho patio. Si entramos en el comedor acompañando a los alguaciles, veremos tres o cuatro toscas mesas de madera oscura y desgastada por el uso, llenas sus tapas de inscripciones, fechas y dibujos tallados a cuchillo. El suelo es de tierra apisonada y ha sido barrido a conciencia recientemente. A la izquierda hay un ventanal que deja ver la Plaza, ahora reino de la tiniebla, y a su lado una chimenea de obra, tiznada su campana hasta el techo y en la que crepitan ardiendo tocones perfumados de poda de agrios chorreando resina oscura entre quejumbrosos chasquidos, como si de organismos vivos se tratase. Sobre la encimera mugrienta del fogón, un viejo gato dormita enroscado sin hacer ascos al hollín, y colgado encima de él, un candelero de tres brazos contribuye a iluminar el local con su trío de lenguas de fuego vacilantes. Junto al llar, el hueco de una estrecha y empinada escalera da acceso a dos piezas superiores, siniestras, adobadas de telas de araña y mal ventiladas, en las cuales media docena de catres con sucios colchones de tascos dan la remota posibilidad de recuperar fuerzas a los viajeros. Los dormitorios están encima de la cocina y de las habitaciones de los posaderos, y gracias a una galería de madera orlada por los retorcidos brazos de la consuetudinaria parra, se domina desde ellos la totalidad del patio, con su pozo central y el largo abrevadero. Mediante unas monedas, mucha discreción y a horas propicias, estaba dado a los huéspedes subir con alguna complaciente aventurera, autóctona o foránea.&lt;br /&gt;Regresemos al comedor. Dos de las mesas están ocupadas por varios jóvenes cavadores extremeños, quienes tras la vendimia acuden secularmente al Aljarafe a ganarse unos jornales aderezando los viñedos para la próxima cosecha. Han terminado de cenar, y entre eructos, bromas e imprecaciones se disponen a iniciar una partida de naipes. En otra mesa un individuo de mediana edad sorbe sopa de una escudilla de barro manejando la enorme cuchara con parsimonia, hundida la cabeza en los vapores del caldo mientras que con la mano libre agarra con crispación media telera esponjosa, apretándola sobre las tablas como si temiera que alguien se la arrebate.&lt;br /&gt;Las ordenanzas prohíben jugar a las cartas, pero la vigencia de la ley se puede suspender, y de hecho se suspende rutinariamente, obsequiando al alguacil con unos maravedíes o invitándole a participar —más emocionante— en alguna apuesta paralela al juego propiamente dicho. Los dos cuadrilleros se incorporan a la mesa de los extremeños y se inicia la partida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* En el "corral del Concejo" se depositaban las caballerías, bueyes, vacas, ovejas, cabras, asnos o mulos de dueños desconocidos, acto que era conocido como "acorralar". Estos animales en ocasiones vagaban perdidos por el campo e incluso por las calles, en ocasiones eran recuperados de algún robo, y en otras eran capturados por el Guardia de las Viñas —cargo remunerado nombrado por el Concejo— y sus ayudantes cuando, en grupos más o menos grandes, hacían daño en los sembrados. Muchos de sus dueños, generalmente de Villas vecinas, eran así de despreocupados, y otros buscaban el alimento gratis aun a costa de arruinar a los campesinos. En ocasiones se introducía un hato de bestias en sembradura ajena solamente por venganza. Motivo constante de conflictos, generalmente violentos hasta la agresión sangrienta, era la invasión de una tierra por animales ajenos, y en particular las boyadas eran absolutamente devastadoras, comiendo, tronchando y arrancando a pezuñas y dientes cuanto encontraban a su paso.&lt;br /&gt;Cuando el Concejo conseguía averiguar quién era el dueño del ganado acorralado, enviaba Carta Requisitoria emplazándolo a que lo recuperase, previo pago de la correspondiente multa y de las costas de su alimentación.&lt;br /&gt;De no ser posible hallarlo, era frecuente que, en las épocas de carestía, los animales muriesen de desnutrición en el corral, tras enflaquecer miserablemente, porque la Justicia no podía hacerse cargo de su manutención.&lt;br /&gt;En esta ocasión de los cuadrilleros de Francisco de Contreras, y en otras de estas características, la autoridad permitía el uso de algún rocín del corral que poseyese suficientes cualidades.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-8134781780440015022?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/8134781780440015022/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=8134781780440015022' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/8134781780440015022'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/8134781780440015022'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/12/los-juanguren-y-el-espadero-31.html' title='Los Juanguren y el espadero 31'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-7047155751347822759</id><published>2011-12-22T20:04:00.003+01:00</published><updated>2011-12-22T20:04:53.747+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 30</title><content type='html'>&lt;br /&gt;La última testigo, mujer de Juan de Vega, no respondió nada a la primera tanda de preguntas, pero aporta alguna novedad en la parte segunda del interrogatorio:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Testigo, Inés Martín, mujer de Juan de Vega. Fuéle preguntado lo mismo que a las anteriores, dijo que no sabe ni vió ni ha oído cosa alguna; fuéle preguntado que quién alzó los bienes del dicho Alonso Rodriguez, Alguacil, dijo que estando esta testigo a las puertas de su casa, vió &amp;nbsp;pasar a la dicha Ana de Tovar, mujer del dicho Alguacil, de su casa a la huerta de Juan de Torres hacia la Calle Real, y que se lo ayudaba a llevar una mujer y una negra de casa de Juan de Torres, que no sabe cómo se llaman, y dos niñas hijas de esta testigo, que llaman la una Marina y la otra Catalina, y una negrilla que se llama Juana que es de doña Isabel Cataño&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, y vió cómo Leonor Sanchez, mujer de Francisco Fuerte, llevaba unas botijas pequeñas de barro, de hacia casa del dicho Alguacil, y las metió en la dicha huerta, y que no sabe ni vió otra cosa, y esta es la verdad. No firmó.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Cataño es el apellido correcto, y no Cazana, como por error se escribió en la declaración de Leonor Sánchez (ver capítulo anterior).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque muestra voluntad de no inminscuirse en el asunto, su declaración refrenda el hecho de que a Ana de Tovar —y a su causa— la apoyaban muchas personas en Castilleja. No obstante la timidez de esta declarante, se mantiene esa especie de misterio teatral que prima en las anteriores testificaciones: "&lt;i&gt;vió cómo Leonor Sanchez, mujer de Francisco Fuerte, llevaba unas botijas pequeñas de barro, de hacia casa del dicho Alguacil, y las metió en la dicha huerta&lt;/i&gt;". &lt;br /&gt;El paso hacia la Calle Real desde la parte norte de la plaza de Santiago a través de la huerta de Juan de Torres, según se dice, complica un poco la distribución de las viviendas que habíamos esbozado, aspecto este que nos interesa particularmente, por mor de construir un plano de la población. Como base de trabajo, podríamos establecer que la dicha huerta ocupaba los terrenos traseros de la actual casa de Salinas, y/o la zona en la que hoy se asienta el Ayuntamiento.&lt;br /&gt;Decíamos en el capítulo anterior que el día 4 de noviembre contempló varias iniciativas y actividades alrededor de la fuga. Una de ellas la impulsó el Alcalde de la Santa Hermandad del pueblo, cargo que este año recaía en Francisco de Contreras. Veamos cómo aquella mañana mientras Hernando Jayán interrogaba a las tres mujeres cuyas declaraciones acabamos de conocer, Contreras ponía en marcha a sus cuadrilleros:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Yo, Francisco de Contreras, Alcalde de la Santa Hermandad de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, mando a vos Juan Díaz y Cristóbal García, cuadrilleros de la Santa Hermandad, que vayáis en seguimiento de Juan Martín Haldón el mozo donde quiera lo podrádeis haber de prender el cuerpo, y preso y a buen recaudo lo traed a la Cárcel del Concejo de esta dicha Villa, porque cumpla de derecho en razón de que estando preso en la Cárcel del Concejo de esta dicha Villa con prisiones, por muchos y graves delitos que ha cometido en esta dicha Villa en desacato de la Justicia de ella y de otras personas que ha injuriado y otros delitos que ha cometido, se fué y huyó de la Cárcel, y asimismo donde quiera que podáis haber a Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero de esta dicha Villa, le prended el cuerpo y preso y a buen recaudo lo poned en la Cárcel del Concejo de esta dicha Villa, en razón que teniendo en guarda y a su cargo como tal Alguacil Carcelero al dicho Juan Martín Haldón, lo soltó y dejó ir de la Cárcel donde estaba, y si hubiere menester favor y ayuda para la ejecución de lo contenido en este mandamiento, lo podáis pedir y demandar a cualesquier persona, conforme a las leyes de la Santa Hermandad y so las penas en ellas contenidas, y de parte de Sus Majestades y de Justicia pido y requiero, y de la mía ruego y pido por merced a todos los Señores Alcaldes de la Santa Hermandad y otros cualesquier Jueces y Justicias de todas las ciudades, villas y lugares de estos Reinos y Señoríos de Su Majestad, que prendan y manden prender los cuerpos de los dichos Juan Martín Haldón y Alonso Rodriguez de Triana o cualesquiera de ellos, y presos y a buen recaudo los manden enviar y remitir a la Cárcel del Concejo de esta dicha Villa, que a los cuadrilleros y Alguacil y gente que los trajese, yo les mandaré pagar su justo salario, y que lo así, Señores, mandar hacer harán bien y justicia, que al tanto haré yo por sus Cartas y justos ruegos en semejantes casos o en otros justicia, mediante lo cual mando a vos, los dichos mis cuadrilleros, que así hagáis y cumpláis, so pena de 2.000 maravedíes para gastos de la Hermandad. Hecha a 4 de noviembre de 1555 años.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la parte del maltrecho Diego Ortiz de Juanguren obtenía directamente del Conde de Olivares, recordemos que albergado aquellos días en el Alcázar sevillano, una Carta Requisitoria para reforzar los resortes judiciales, apretando a Hernando Jayán en el cumplimiento de sus obligaciones como Juez de Comisión. Denota este movimiento una desconfianza manifiesta de la familia hidalga hacia la justicia ordinaria de la Villa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Hernando Jayán, mi vasallo de mi Villa de Castilleja de la Cuesta, sabed que Diego Ortiz, Alcalde de esa mi Villa, me hizo publicación que, teniendo preso a Juan Haldón, vecino de esa Villa, por comisión mía, en la Cárcel Pública de ella, estando con muy buenas prisiones de grillos y cadenado y al cepo, se fue de la dicha prisión, quedando todas las prisiones sanas, donde parece claro que lo sacaron de ellas, porque era imposible poderse ir de otra manera, y que la ropa del Alguacil y del dicho Haldón la han llevado y escondido, y porque esto es digno de punición y castigo, y para saber quién lo hizo y los que fueron en ello además del Alguacil, conviene hacer información, o si no yo os mando que luego la hagáis, y prendáis a los culpados y les secuestréis los bienes, y podáis contra ellos y contra sus bienes por todo pagar de justicia, condenándoles en las penas que halláreis por derechos civiles y criminales, con consejo de letrado, y hacedlos tener presos a buen recaudo y no déis sueltos ni en fiado, y mirad que me habéis de dar cuenta ... lo cual todo y para cada una cosa de lo que dicho es os doy mi poder cumplido, con sus incidencias y dependencias y anexidades y conexidades, hecho en Sevilla a 4 de noviembre de 1555.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;El lunes 4 de noviembre de 1555 ante el Alcalde Ordinario y Juez de Comisión Hernando Jayán, y el escribano público Juan Vizcaíno, pareció el Señor Diego Ortiz*, y presentó la Provisión del Muy Ilustre Señor Don Pedro de Guzmán arriba contenida, y pidió que la obedezca y cumpla, y Hernando Jayán la aceptó, y dijo que está presto a hacer justicia.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Aunque se muestra su nombre como fórmula burocrática usual, en realidad quien presentó la Provisión fue algún apoderado, con toda seguridad el mismo que viajó a Sevilla a por ella, inmediatamente tras conocer la fuga de Juan Martín Haldón.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-7047155751347822759?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/7047155751347822759/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=7047155751347822759' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/7047155751347822759'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/7047155751347822759'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/12/los-juanguren-y-el-espadero-30.html' title='Los Juanguren y el espadero 30'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-6644213234930222218</id><published>2011-12-16T23:33:00.000+01:00</published><updated>2011-12-16T23:33:02.949+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 29</title><content type='html'>&lt;br /&gt;Por la siguiente declaración, la de Leonor Sánchez, queda confirmado que Bartolomé Hernández era hermano del Alguacil Alonso. Un punto aclarado, pero hay otro que añade más confusión a la identidad de esta persona, y es que ahora aparece su mujer como Juana Sánchez. No obstante, lo que apuntábamos en el capítulo anterior respecto a Gonzalez/García vale también para Sánchez (ver infra), otro apellido común que se representaba con un signo muy parecido a los anteriores. Estudiemos la referida declaración antes de aventurar una hipótesis sobre el apellido — o cuál de los tres diferentes apellidos— de la mujer de Bartolomé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Testigo, Leonor Sánchez, mujer de Francisco Fuerte, vecina de esta Villa. Preguntada que si sabe quién soltó al dicho Juan Martín Haldón de la prisión en que estaba, o le dió la llave o favor y ayuda para que se soltase, dijo que so cargo del dicho juramento no lo sabe, ni sabe otra cosa mas que estando esta testigo a su puerta puede haber tres o cuatro horas, que es junto a casa del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil de esta dicha Villa, vió cómo se paró a la puerta Juana Sánchez, mujer de Bartolomé Hernandez, hermano del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, y dando voces preguntó a esta testigo que si había visto a Ana de Tovar, mujer del dicho Alguacil, que no estaba en la Carcel el dicho Juan Martín Haldón, y esta testigo fué corriendo la calle abajo hacia casa de Bartolomé Moreno, y preguntó a Mencía Rodriguez su mujer, que si había visto a la dicha Ana de Tovar, mujer del dicho Alonso Rodriguez de Triana, y la dicha Mencía Rodriguez fué a buscar a la dicha Ana de Tovar, y desde a un poco vinieron entrambas, y esta testigo se vino con la dicha Ana de Tovar a su casa, y cuando entraron hallaron que el dicho Juan Martín Haldón no estaba preso y se había ido, y vió cómo estaban la cadena y cepo y todas las prisiones sanas, y vió cómo estaba la llave del candado de la Cárcel metida en dicho candado y todo sano, y esta testigo se asomó a la huerta del Señor Hernando Jayán*, que linda con el corral de las casas de la morada del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, y vió en la dicha huerta los grillos y el martillo de la Carcel, y lo trajo a la Cárcel, que no sabe otra cosa; fuéle preguntado quién alzó el hato del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, dijo que como vino la dicha Ana de Tovar su mujer, y halló que se había huído de la Cárcel el dicho Juan Martín Haldón, llevó todo el hato que tenían a la Calle Real, y lo metió por la huerta de Juan de Torres; fuéle preguntado que quién le ayudó a pasar el dicho hato a la dicha Ana de Tovar, dijo que una mujer y una negra de casa del dicho Juan de Torres, que no sabe cómo se llaman, y una negrilla de doña Isabel de Cazana&lt;/i&gt; (sic) &lt;i&gt;que se dice Juana, y dos niñas de Juan de Vega, que la llaman la una Marina y la otra Catalina, y que no sabe otra cosa; fuéle preguntado que si ha visto esta mañana venir a la Cárcel a la mujer del dicho Juan Haldón o a otra persona alguna, dijo que esta mañana se paró por encima de la pared del corral de las casas de la morada de esta testigo, que lindan con el corral del dicho Alonso Rodriguez, Alguacil*, y llamó a la dicha Ana de Tovar para que le diese una poca de leña, y que oyó hablar en la Cárcel a Catalina Hernandez, mujer del dicho Juan Martín Haldón, y que no sabe otra cosa, mas que oyó decir esta testigo a la dicha Ana de Tovar que había venido esta mañana a la Cárcel Isabel García, viuda vecina de esta Villa, y le había pedido un poco de sal, y que se lo había dado y que después que se lo dió se asentó&lt;/i&gt; (sic)&lt;i&gt; la dicha Isabel García, y como se asentó, que le preguntó qué cuya era una escalera que estaba allí, y que le había dicho que era del Viejo de la Plaza, y que como le dijo que era del Viejo, que le dijo: "pues qué, porque no se la llevaba, que había estado dando voces esta mañana por la dicha escalera", y se la había llevado y que se había ido con ella la dicha Isabel García, y que cuando allegaron a la Plaza no halló al dicho Viejo en su casa, y que como no lo halló, le dijo la dicha Isabel García que no dejase la dicha escalera en su casa, y que la había dejado en casa de la dicha Isabel García, y como la dejó se venía, y ya que se venía la dicha Isabel García le dijo que entrase, y vería a su hija Ana García que estaba mal, y entró y estuvo un poco con la dicha Isabel García y Ana García su hija, y cuando salió topó a la puerta de la calle a Catalina Hernandez, mujer del dicho Juan Haldón, y le había dicho que había pescado en la Calle Real, y que se había ido con ella a la Calle Real, y que, entretanto, que se había ido el dicho Juan Haldón, y que esta es la verdad. No firmó.**&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Siendo así y como ya hemos visto que la casa de Hernando Jayán lindaba con el Hospital, éste con la casa de Alonso Rodriguez de Triana y ésta con la casa de su hermano Bartolomé Hernández, hay que deducir que había al principio de la calle de Los Jayanes (hoy calle de Enmedio) un conjunto de viviendas. Es posible que esta casa de la declarante tuviera su fachada hacia lo que hoy es la calle de Lepanto y que fué, hasta el siglo XIX, un espacio abierto conocido como Plaza de la Zarza, conectado con la de Santiago. Otra posibilidad es que dicha casa de Leonor y Francisco Fuerte perteneciera a otra calle, suponemos que apenas sin dibujar entonces, y que hoy está materializada como calle Príncipe de Asturias, con lo cual el fondo de su corral lindaría con el del corral de la casa del Alguacil en la calle de Enmedio en parte, y con el del corral de Hernando Jayán en la misma calle, como declara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;** Nótese como los personajes citados parecen actuar como si representaran una extraña comedia con sombras que van y vienen: la mujer de Bartolomé, cuñada política de la del Alguacil, pregunta por ésta a la testigo, la cual a su vez pregunta a Mencía, la cual busca a Ana de Tovar y la trae al escenario de los hechos. La viuda Isabel García es descrita con todos los tintes de la intriga, como una anciana empeñada en alejar a Ana de Tovar distrayéndola de su labor de vigilancia, para propiciar la fuga de Haldón, o al menos es lo que aparentemente intentan hacer creer las testigos al Juez de Comisión, porque el hecho indubitable es que el Alguacil fué cómplice y su mujer Ana no tenía por menos que estar al tanto de sus intenciones de marcharse con el zorzalero, siendo así, por tanto, tan cómplice como él. La viuda Isabel García a su vez introduce a otro personaje tan borroso e irreal como ella misma: El Viejo de la Plaza, que grita a horas tempranas quejándose porque no le han devuelto su escalera; y a su propia hija Ana García, enferma en cama, idóneo pretexto para retardar la vuelta de Ana de Tovar a la prisión. Todo un enrevesado montaje, expresado en forma tan prolija que resulta increíble que el escribano lo recogiera tan al detalle como lo recogió, y con el que irremediablemente dejarían a Hernándo Jayán en extremo confundido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para terminar el capítulo y continuando con —sospechamos— los intentos por parte de todos de engarbullar al Juez de Comisión, la documentación nos induce a incluir en estos intentos nada menos que al propio escribano Juan Vizcaíno. A esta hipótesis nos referíamos al principio; de esta forma quedaría explicado el uso de tres apellidos para la mujer de Bartolomé Hernández so pretexto de que sus abreviaturas eran parecidas, a fin de embrollar más los autos. Nada de extraño, habidos los vínculos sentimentales que ya conocemos entre Vizcaíno y Juan Martín Haldón ("Los Juanguren y el espadero 27").&lt;br /&gt;Otra incógnica cuya resolución positiva abundaría en favor de lo expuesto es la de que Juan Vizcaíno y Bartolomé Hernández Vizcaíno estuviesen emparentados, con lo cual el escribano también lo estaría con el Alguacil en el mismo grado. Los protocolos pendientes de estudio guardan la respuesta.&lt;br /&gt;Añadiremos, concluyendo, que la actividad en este 4 de noviembre de 1555 tenía otros aspectos paralelos, otras caras colaterales y otros desenvolvimientos dobles, que vamos a ir viendo. Se había puesto en marcha una maquinaria tan compleja, que en un pueblo tan pequeño debió significar que todas las mentes de sus habitantes estaban elucubrando sin interrupción alrededor del mismo asunto.&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-6644213234930222218?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/6644213234930222218/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=6644213234930222218' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6644213234930222218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6644213234930222218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/12/los-juanguren-y-el-espadero-29.html' title='Los Juanguren y el espadero 29'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-3819142790060508632</id><published>2011-12-13T19:24:00.002+01:00</published><updated>2011-12-13T19:32:10.906+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 28</title><content type='html'>&lt;br /&gt;Recalquemos una consideración de extrema importancia en Historia. Que la capacidad de la escritura como herramienta para expresar las complejidades de los actos de los hombres y de las sociedades es mínima, se comprende y acepta por todos, aunque no se proponga abiertamente como dogma indestructible. Así, cualesquier utilización de dicha escritura debe tener en cuenta que propiciará la emergencia de la punta del iceberg de los acontecimientos pasados, pero no más, y que la gran masa restante de ellos permanecerá oculta. Lo cual alimenta posiciones simplistas, que por medio de fórmulas manidas pretenden ofrecer resultados que no dejan de ser falaces por eso mismo, por simples. Muchos investigadores, si no todos, se ven compelidos a aportar frutos, ya sea por coacción de las instituciones a las que pertenecen, ya sea por puro amor propio, por mantenimiento de estatus o por orgullo mal entendido.&lt;br /&gt;El ejemplo mas ubicuo de posición simplista lo tenemos en la extendidísima aserción de que "&lt;i&gt;el hombre del Siglo de Oro era profundamente religioso&lt;/i&gt;". Con tal fórmula expeditiva se pretende solucionar todos los enigmas que el alma humana pretérita presenta, y por ende, parecer y aparecer clarividente, cuando en el fondo tal afirmación demuestra un completo fracaso interpretativo.&lt;br /&gt;Porque delegar de un plumazo, en un supuesto Supremo Hacedor, todos los pensamientos, emociones, resortes, vericuetos, motivaciones, impulsos, actos, hechos e ideas de nuestros antecesores es eso a la postre: la confesión de la propia impotencia, el "eso viene de Arriba", el "Dios proveerá", etc.&lt;br /&gt;Sin pretender agotar, ni mucho menos, esta problemática que entronca con la relación entre realidad y escritura, mas de tinte filosófico, recordaremos a la profesora portuguesa Rita Marquilhas en su aporte al Simposio Internacional "Escribir y leer en el siglo de Cervantes", celebrado en Alcalá de Henares del 17 al 20 de noviembre de 1997 y organizado por el Centro de Estudios Cervantinos y la Universidad de Alcalá. En su ponencia titulada "Orientación mágica del texto escrito" apuntó certeramente, exhortando a que "... &lt;i&gt;intentemos conceder a las sociedades de las épocas que nos precedieron el derecho a ser tan complejas como lo son en la actualidad las nuestras&lt;/i&gt;". Pero reconocer a priori la complejidad de las nuestras implicaría, para muchos eruditos, apearse de sus pedestales académicos desde donde alardean de intérpretes de los arcanos; siendo así que lo único que engendran es frustración, porque propician la continuidad de la aberración que nosotros, con nuestros reduccionismos, sometemos a nuestros antepasados. Los historiadores del futuro, según este modo, no verán en la sociedad de los siglos XX y XXI mas que a los energúmenos consumistas que envenenaron agua, tierra y aire y que fueron artífices de las guerras más cruentas que se conocen, de la misma manera y correspondencia que nosotros vemos, en los tiempos de Carlos V, a labriegos ignorantes, clérigos obcecados, burgueses cerriles y militares despiadados.&lt;br /&gt;Valga todo lo dicho como aproximación al intento de responder a la pregunta ¿cómo leer historia?.&lt;br /&gt;Los escribanos de Castilleja que hemos venido conociendo, Bernardo de Ulloa, Juan Vizcaíno, Miguel de las Casas, Hernando de las Cuevas, ameritan que se les considere desde esta óptica amplia. Concedámosles que trabajaron con todas las reservas y sin pretender en modo alguno reflejar como espejos perfectos los acontecimientos físicos y mentales que en sus vidas se les presentaron.&lt;br /&gt;Y como hemos tocado el tema religioso y, por alusión, el mágico, admitamos con generosidad que las creencias supersticiosas que la historia académica endilga a aquéllos está hecha de la misma materia que las creencias religiosas que hoy en día —¿se endilga?— mueven a pueblos enteros en la faz de la tierra: igual de psicóticos, indiferentes, reflexivos, masoquistas, estetas, hipócritas, fanáticos, emotivos, prácticos, analíticos, superficiales que nosotros, fueron ellos ante los asuntos sobrenaturales.&lt;br /&gt;Con estas consideraciones, volvamos la vista a un Hernando Jayán afanoso como cazador acosado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Y después de lo susodicho &lt;/i&gt;(recuérdese que estamos en el lunes 4 de noviembre de 1555, aproximadamente a mediodía), &lt;i&gt;en dicho día, mes y año el dicho Señor Hernando Jayán, Juez de Comisión, hizo por la dicha razón la información de testigos siguientes:&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Testigo, Juana Gonzalez, mujer de Bartolomé Hernandez*, trabajador. Siendo preguntada que si sabe o vió quién soltó al dicho Juan Haldón de la Cárcel y le quitó las prisiones y le dió la llave, dijo que so cargo de su juramento no vió ni sabe cosa alguna; fuéle preguntado que si ha visto que la mujer del dicho Juan Haldón u otra persona alguna entrase hoy dicho día en la Cárcel, dijo que esta testigo entró esta mañana en la Cárcel y vió cómo estaba almorzando&lt;/i&gt; (sic) &lt;i&gt;el dicho Juan Martín Haldón preso, y estaba allí con él Catalina Hernández, mujer del dicho Juan Martín Haldón, e Isabel García, viuda vecina de esta Villa, y Ana de Tovar, mujer del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero, y desde a un poco vió esta testigo cómo salió de la Cárcel la dicha Ana de Tovar, mujer del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil, y llevaba una escalera de madera en el hombro, y esta testigo le preguntó que adónde llevaba la escalera, y le dijo que la llevaba a casa del Viejo de la Plaza, y que no vió si salieron las dichas Isabel Garcia y Catalina Hernández tras de la dicha Ana de Tovar, o si se quedaron en la Cárcel, y luego esta testigo se salió de su casa y se fue al Camino Real, a comprar una col, y vino y guisó la olla, y en esto pasó buen rato, y desde a un buen rato vino a casa de esta testigo María, hija de Catalina López, viuda, niña y nieta de esta testigo, y estuvo un poco con esta testigo, y desde a un poco la dicha niña entró en el palacio del dicho Alonso Rodriguez donde estaba preso el dicho Juan Martín Haldón, y salió y dijo: "Señora, no está aquí Juan Martín Haldón preso, sino su cama no más", y como esta testigo oyó decir a la dicha niña que no estaba en la Cárcel el dicho Juan Haldón, entró en el dicho palacio y vió cómo no estaba preso el dicho Juan Haldón, y vió que estaban allí las prisiones y las llaves metidas en el candado, y vió cómo estaban sanas las prisiones, y no halló en casa del dicho Alonso Rodriguez, Alguacil, persona alguna, y luego esta testigo salió a la puerta de la calle, y dijo a Leonor Sanchez, mujer de Francisco Fuerte, que no estaba en la Cárcel el dicho Juan Haldón, y que si había visto a Ana de Tovar, mujer del dicho Alguacil, y la dicha Leonor Sanchez fué la calle abajo a llamar a la dicha Ana de Tovar, mujer del dicho Alonso Rodriguez, Alguacil, y luego desde a un poco vió cómo vino la dicha Ana de Tovar dando voces y llorando, y que no sabe otra cosa; fuéle preguntado quién alzó el hato del dicho Alguacil y lo sacó de su casa, dijo que como la dicha Ana de Tovar** halló cuando vino que era ido el preso, comenzó a pasar el hato que tenía en su palacio a la Calle Real, por la huerta de Juan de Torres; fuéle preguntado que quién le ayudaba a pasar el dicho hato, dijo que unos niños, dos niñas de Juan de Vega que le llaman la una Marina y la otra Catalina, y una negrilla de doña Isabel Cataño que se dice Juana, y otros muchachos que no miró quien eran, y que no vió otra cosa, y esta es la verdad. No firmó.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Juana Gonzalez y Bartolomé Hernández ofrecen cierta dificultad de identificación a estas alturas. En "Los Juanguren y el espadero 22", noviembre de 2011, Bartolomé Hernández y Juana García, vecinos del Alguacil, quedaron como depositarios de los bienes embargados a éste. Los escribanos solían abreviar los apellidos más comunes con un garabato parecido a una letra mayúscula que, en el caso de Gonzalez y García, es similar. Muy probablemente las dos Juanas sean una persona, antes receptora de los bienes y ahora llamada a testificar. En cuanto a Bartolomé Hernández su marido, otro Bartolomé Hernández figura en las crónicas del pueblo de estos años, de segundo apellido Vizcaíno y casado con una tal María "La Rubia". Si es el mismo, viudo y vuelto a casar, sólo los próximos documentos a transcribir nos lo aclararán. Pero lo más importante es que, como vamos a ver de inmediato, este Bartolomé Hernández marido de Juana Gonzalez/García, es nombrado para nuestra sorpresa como hermano del Alguacil Alonso Rodriguez de Triana. Lo cual explicaría que vivieran en vecindad en casas aledañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;** Después de este presuroso salvar del embargo todo lo que pudiese, Ana de Tovar se escondió, como ya hemos referido, huyéndo al interrogatorio de Hernando Jayán.&lt;br /&gt;Es un vertiginoso caleidoscopio de idas y venidas lo que nos narran esta testigo y los siguientes, pero todo sugiere que los allegados de los prófugos, testigos incluídos, no pretendían otra cosa que confundir y desorientar a las autoridades para proteger a los ocultos en el río Repudio de un castigo que, con un poco de suerte a favor del acusador Juanguren, podía consistir incluso en varios años encadenado a un remo en las galeras del rey.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-3819142790060508632?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/3819142790060508632/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=3819142790060508632' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3819142790060508632'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3819142790060508632'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/12/los-juanguren-y-el-espadero-28.html' title='Los Juanguren y el espadero 28'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-6294667860595876769</id><published>2011-11-28T22:07:00.001+01:00</published><updated>2011-11-30T16:43:29.045+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 27</title><content type='html'>&lt;br /&gt;Si a oídas del pescadero Hernán Diáñez hubiera llegado el agravio que el viejo Rodrigo Franco había infrigido a su hija, de nada le sirviese a éste ni la protección de sus muchos camaradas y compadres, ni el talante violento de su hijo Alonso, ni la fidelidad perruna de sus esclavos, ni todas las Justicias de los Reinos de Su Majestad actuando en su favor: con uno de los instrumentos de desescamar barbos tenía garantizada el lascivo hacendado la cuchillada en el vientre.&lt;br /&gt;Era el mencionado pescadero de baja talla, rechoncho y de cara abotagada por el consumo excesivo de alcohol, y sus ojos armonizaban, verdosos, claros e inexpresivos, con su oficio. Como ya hemos dicho, ganábase el sustento portando el producto del mar —y del río— hasta la Calle Real un par de veces a la semana, lugar donde lo vendía prontamente. Precisamente una de las bestias que usaba para su transporte era el asno pardo ahora embargado por el Juez Jayán en casa de su evadido yerno Haldón, asno que desde hacían unos meses había prestado al matrimonio para que sobrellevasen la preñez de Catalina.&lt;br /&gt;Recordaremos a Leonorcita, encomendada por dicha Catalina a una amiga del vecindario mientras se desarrollaban los hechos protagonizados por el zorzalero. Y el abuelo pescadero era una de las pocas personas del pueblo enteradas de que, oculta con la niñita en una habitación interior de un hogar discreto, Ana de Tovar aguardaba el desenlace de los acontecimientos. Ni a la familia de Haldón ni a la de Alonso Rodriguez de Triana le faltaron nunca apoyos y solidaridad en Castilleja, ampliamente conocidos como eran y ahora por añadidura elevados en un pedestal por haberse enfrentado tan directamente al odiado clan de los Juanguren. Hasta el escribano Vizcaíno tenía en mente, a cada paso que daba y a cada minuto que vivía, que:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;El domingo 27 de dicho mes de enero de 1555 bautizó Rodrigo de Cieza a Leonor, hija de Juan Martin Haldón y de Catalina Hernandez. Fueron sus compadres&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt; Miguel de las Casas, Juan Vizcaíno, Francisco de Aguilar y su mujer Isabel Rodriguez.&lt;/i&gt; (Bautismos 3, diciembre de 2008).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1.- Entiéndase: padrinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como padre reciente que era también (Juanito apenas cumplía entonces la primera semana de vida, —ver "Los Juanguren y el espadero 10", marzo de 1011—), su empatía hacia los jóvenes esposos se acrecentaba cada vez que, embelesado, contemplaba a su propio hijito.&lt;br /&gt;Hernando Jayán, otro de los castillejanos felizmente bendecidos por la paternidad, desentonaba en la actitud general de simpatía hacia la causa de los prófugos como hemos visto, debido a sus intereses con el viejo Diego Ortiz. Dijimos ya del Juez de Comisión que actuó con gran honradez testificando contra el maltratador de género Luis Ortiz, otro Juanguren, a favor de su mujer Francisca de Padilla ("Los Juanguren y el espadero 19", mayo de 2011), pero sus actos, condicionados a las coyunturas y circunstancias que ahora le obligaban, diferían completamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué era, a estas alturas, de Juan el preso y de Alonso el carcelero, los dos desaparecidos? Hay testimonios con los que reconstruir su aventura, al menos en las primeras etapas. Alonso mantenía con Haldón, repetimos, una profunda relación de amistad, reforzada por una misma ocupación y un &lt;i&gt;modus vivendi&lt;/i&gt; común: el de chifleros. Sabemos que el Alguacil no era menos consumado cazador de pájaros, y que la venta de éstos constituía también para él la principal fuente de ingresos, excepto cuando la siega, el verdeo o la vendimia exigían de todas las poblaciones de la comarca mano de obra urgente.&lt;br /&gt;Eran las dos de la madrugada, en la neblinosa noche del domingo 3 al lunes 4 de noviembre, cuando, tras haber hablado pormenorizadamente de sus proyectos e informar a sus respectivas mujeres de ellos, Alonso acordó liberar de grilletes, cepo y cadenas al cautivo y, sigilosamente, cargados ambos con vituallas para unos días, escapar a primeras horas de la mañana siguiente. La cual se presentó opaca, tal y como había estado la atmósfera desde varias horas antes. El frío lunes no registraba gran actividad en el pueblo, y salieron a la Plaza —fantasmagorías de brumazones— y cruzando huertos y corrales —turbiedades arbóreas—, huyéndoles a las escasas más sombras que personas que transitaban entonces, alcanzaron el ahogado por la neblina Camino Real, desde el que, sin contratiempos ni encuentros inesperados —las casas permanecían cerradas en el vaho frío y húmedo— las dos sombras borrosas enfilaron tanteando con sus bastones por la hijuela hacia Tomares con la idea de, rodeando el poblado, allegar a las zonas boscosas de los márgenes del río Repudio en términos de Mairenilla, del todo propicias para ocultarse. Esperaban poder granjearse socorros de los pastores y ganaderos conocidos que transitaban por la Cañada Real de las Islas, y de los trabajadores de los molinos harineros, con los que habían tenido algún trato.&lt;br /&gt;De forma que en las proximidades del mediodía —persistía el cejo blancuzco formando vórtices en el aire de plata derretida—, tras una marcha a buen paso y rodeando chozas y caseríos, avistaron las elevadas sombras de los añosos álamos que orlaban el curso del arroyo del Zorrero, corto afluente del Repudio y corriente en su cuenca, que solo tenían ir orillando hasta internarse en un inextricable enredo de matorral, carrizales, juncos, y arbustos a los pies de frondosos algarrobos, pinos y álamos. Había llovido mucho en días anteriores y era de esperar un flujo abundante de agua e incluso áreas inundadas e intransitables.&lt;br /&gt;Hablaron poco durante la preparación del "campamento", y sus palabras se desvanecían en nubecillas de vaho. Al llegar la tarde, ya con el aire limpio, aunque frío, y el cielo nuboso, tenían un cobijo propiciado por cierta oquedad en un barranco de tres metros de altura labrado por la corriente, con acceso difícil desde arriba. Al otro lado del río el follaje era tal que no había que temer miradas indiscretas. Disimularon el escondrijo con ramajos, dispusieron su escaso equipo, y exploraron los alrededores para establecer un claro donde encender fuego, distanciado en lo posible de la covacha. El agua cantora brincaba entre los pedruscos verdinosos. A lo lejos, el traqueteo rítmico de la rueda hidráulica de una azuda era la única manifestación de un mundo civilizado que poco a poco se iba perdiendo en sus mentes, y aquel triste crujir, apagado y ajeno, era lo único que les conectaba con sus semejantes.&lt;br /&gt;Cansados, cuando el manto de la noche quedó extendido por la cuenca, se durmieron acurrucados en el hueco, arrullados por el intenso croar de las innumerables ranas.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-6294667860595876769?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/6294667860595876769/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=6294667860595876769' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6294667860595876769'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6294667860595876769'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/11/los-juanguren-y-el-espadero-27.html' title='Los Juanguren y el espadero 27'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-3777389823713351833</id><published>2011-11-24T23:00:00.008+01:00</published><updated>2011-11-24T23:38:46.539+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 26</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;i&gt;Luego incontinenti el dicho Señor Hernando Jayán fué a las casas de la morada del dicho Juan Martín Haldón, y se le secuestraron los bienes siguientes:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Una mesa de madera, de 4 pies.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Dos banquillos de madera, viejos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Una caldera mediana, y otra más pequeña.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un serón de palma, raído.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un cedazo, viejo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Una aldaba.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Una espuerta de palma, grande y nueva.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un ovillo de hilo que tenía una onza poco más o menos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Unos manteles caseros, pequeños y viejos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un colchoncillo de tascos&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, viejo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un arca de madera, vacía.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un paño de lienzo pintado, pequeño y viejo y roto.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Dos candiles y una soga de pozo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un cuartillo y otra medida más pequeña, y 2 embudos, uno de barro y otro de estaño, viejos, para medir vino.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un lebrillo blanco, pequeño.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Unas trébedes y dos asadores.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un asno pardo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Nueve pájaros zorzales.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Todos los cuales bienes recibió en secuestro y depósito Francisco de Aguilar&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;, que se obligó, firmando de su nombre.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Tasco. &lt;i&gt;La arista, tamo, ù estopa gruessa, que dexa el lino, y cáñamo al rastrillarlos, ò espadarlos&lt;/i&gt;. Diccionario de Autoridades.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- Sobre la personalidad de Francisco de Aguilar reina cierta confusión en los protocolos que le atañen, porque si en algunos aparece como analfabeto, siendo necesario que firme por él algún testigo, en otros hace ostentación de una firma adornada de una enérgica y segura rúbrica, que denota poseer formación y cultura muy por encima de la media en aquella sociedad. Todo ello nos lleva a pensar que se trate de dos personas distintas —lo que no parece probable—, o que, fraudulentamente y con intención de servir a sus intereses coyunturales, se hace pasar por iletrado en ocasiones, para dejar las mínimas huellas documentales de sus actividades. Esta segunda posibilidad no tiene nada de extraño, pero requeriría la connivencia del escribano de turno. Ella, —advertimos—, no es contemplada por los estudiosos de la alfabetización del Siglo de Oro, los cuales basan primordialmente sus estudios, a falta de otras fuentes más fiables, en las estadísticas de firmantes, en la cuantificación de quiénes sabían firmar, ya que el indicador más general y directo es el dominio de la firma, a falta de censos que no se iniciarían hasta el siglo XIX, exactamente en el año 1835 el primero de ellos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un tercer caso, —que también viciaría las investigaciones aludidas—, es el de que, siendo iletrado, dispusiese de algún delegado que, subordinadamente y con autorización, usase su nombre para firmar específicos documentos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En la casita de Haldón, en el centro de su patinillo, se erguía un naranjito joven de cuyas ramas nuevas ya en aquel mes de noviembre colgaban maduras dos o tres docenas de gruesas y saludables frutas. Mientras el Juez de Comisión, el escribano Juan Vizcaíno con sus notificaciones, y otros testigos recontaban los escasos bienes, el viejo Rodrigo Franco, como Pedro por su casa, salió al dicho patinillo a curiosear, y detúvose frente al arbolito, distraído. La mañana había cobrado esa luminosidad otoñal que proporciona un cielo limpio tras varios días de aguaceros, luminosidad que en el patio era acrecentada por el pulcro enjalbegado que Catalina aplicaba asiduamente a las paredes, multiplicándose en el espacio como en espejos de cristal. El cielo estaba profundamente azul y el sol de oro, en plena elevación, dejaba sus cegadores planos en el blancor de los muros. Algunas matas de rojos geranios florecían en humildes tiestos aquí y allá, alternadas con un ringlero de jaulas de cañas que abarcaba todo el perímetro, en las cuales saltaban en sus posaderos, alegres por la radiante mañana, oscuros zorzales de ojillos brillantes e inquietos, representando todas las edades. El aire fresco y sedoso estaba quieto. y el hacendado respiró a pleno pulmón la agradable atmósfera, desentendiéndose de las voces de los inspectores, que hasta él llegaban. Se ensimismó hasta el punto del sobresalto cuando apercibióse de que alguien lo observaba desde la puerta, reconociendo al volver la cabeza a la esposa del zorzalero, que, nerviosa, le clavaba una mirada preñada de miedo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Rodrigo sonrió para tranquilizarla, adivinando que la mujer, desconfiando de todo y todos, se había asomado para vigilarle.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Durante unos momentos pasó por su mente un torbellino de ideas que intentó no dejar traslucir, y para mejor disimularlas extrajo de la vaina prendida en su cinturón, con toda la parsimonia de que fué capaz, una lujosa y antigua daga de caza, arma que siempre le acompañaba, mientras que con la mano libre agarraba una escogida naranja, girándola y arrancándola de su tallo sin perder de vista a Catalina. Lentamente, regodeándose en sus movimientos, comenzó a mondar el dulce fruto, dejando caer al suelo las irregulares cintas de cáscara. Sintió el aroma de los gajos cercenados y el zumo chorreando entre sus dedos, y de reojo se percató del rubor de la mujer, en cuyo pecho hervía la ira.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras, mascando el primer trozo al tiempo que apuntaba al rostro pétreo que tenía delante con la punta del puñal, le preguntó:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—¿No me iréis a negar, señora Catalina Hernández, que sabéis a ciencia cierta adónde han ido a volar los dos pájaros y la otra pájara, por ventura? —la tenía a su merced, y pensó en aprovecharse de la situación para descargar de trabajo al Juez Hernando Jayán y a la vez demostrar a todos que los años no le habían enturbiado la sesera.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La mujer no respondió. Sabía el paradero de Ana de Tovar, pero no así el de los dos prófugos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Las aves enjauladas revoloteaban inquietas ante la extraña presencia de Rodrigo Franco.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Masticaba produciendo chasquidos repulsivos cuando el aire de la cabidad bucal, burbujeando en las comisuras de su boca, salía expelido ruidosamente por los interticios que la carencia de piezas molares había dejado, y a la vez que intentaba sonreir con burla, con gesto pretendidamente lascivo pero que resultó, a ojos de la mujer de Haldón, de una repugnancia nauseabunda, el hacendado se relamía los bigotes canosos, dejando entrever sus casi despobladas encías, mientras el azucarado y pegajoso jugo le corría por los ralos mechones de la barba, otrora poblada y ahora semejando un erial, y unas gotas le empapaban ya la pechera del jubón de estameña morada que vestía, formando oscuros lamparones.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El viejo recordó a la esposa del Alguacil, la bella Ana de Tovar, "la otra pájara", con excitación, pero la visión de las rotundas formas de Catalina se interpuso en su mente. Era ésta, en efecto, hembra todavía joven, de formas macizas patentes bajo la basquiña oscura. Tirando a un rincón el resto de la naranja, se dirigió hacia ella, invitándola con un seco ademán a reunirse con los que, en el interior de la vivienda, acababan la inspección. Cuando Catalina le volvió la espalda el viejo, en parte para hacerle ver que estaba desamparada, en parte para someterla a humillación y en parte para sondear su voluntad concupiscentemente, a la vez que se limpiaba en la saya femenina la mano pringosa le estrujó con ansia el trasero, emitiendo una risita cascada y artificial que erizó los pelos de la nuca de su víctima.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Catalina dió unos pasos rápidos hacia el interior para desembarazarse del anciano hacendado, aunque optó por no delatarlo, al menos en aquel allí y en aquel entonces, desfavorable a todas luces para ella, reservándose la reacción para cuando las cosas, y su persona misma en primer lugar, estuviesen mas calmas y serenas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-3777389823713351833?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/3777389823713351833/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=3777389823713351833' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3777389823713351833'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3777389823713351833'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/11/los-juanguren-y-el-espadero-26.html' title='Los Juanguren y el espadero 26'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-4395539986100350882</id><published>2011-11-21T19:18:00.008+01:00</published><updated>2011-11-28T22:17:32.149+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 25</title><content type='html'>&lt;div&gt;Y así, con castillos en el aire, Castilleja está en el aire. En ningún modo se muestra ni se demuestra que los datos ofrecidos hayan sido hechos para su aplicación en esta Villa. Simplemente se aplican, sin más reparos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los franciscanos podían estar refiriéndose a sus hermanos en general —lo más probable—, podían haber elaborado unas reglas, unos procedimientos, una guías escritas para orientación y prácticas de los fieles en general —lo más probable—, pero se interpreta, tendenciosamente, que apuntan especificamente a los habitantes de la Calle Real, aun resultando inverosímil según todos los indicios objetivos. Volvamos a la web hermandaddelacallereal.es, para acabar de cerciorarnos de ello, y comprobaremos este característico&lt;i&gt; modus operandi&lt;/i&gt; de los historiadores castillejenses. Se dice en ella que en el siglo XVI la estación de penitencia se realizaba con un mayordomo portando la seña negra con cruz colorada, con dos hermanos con camisas negras, mas disciplinantes con túnicas blancas, mas clérigo vestido de negro, mas dos hermanos con camisas negras y cirios, mas música de cantores, mas cuatro trompetas y mas cuatro hermanos con varas verdes. Se especifican los cordones, escudos y hasta las alpargatas que debían o no debían llevar. Sin duda que este torrente de detalles fué elaborado por los franciscanos como una prescripción, como lo que "debía ser" una procesión cofradiera. Todo ello era materialmente imposible hacia la mitad del siglo XVI en el Realengo de Castilleja, por la sencilla razón de que no había suficientes vecinos, considerando que con la referencia a Paulo III los autores de la web nos sitúan en dicha mitad de siglo. Acaso desde el XVII se pudieron haber realizado desfiles de ese tipo, pero no antes. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;De ninguna forma se puede mantener que se realizaron en la Calle Real procesiones de este jaez. Y no se puede mantener, además de por lo anteriormente alegado, porque no hay testimonios de personas de carne y hueso que participaran en ellas, al contrario que ocurre en la Plaza, o que ocurre en Castilleja de Guzmán, Villa ésta en la que está perfectamente documentada una procesión del día del Corpus, con nombres y apellidos (procesión, adelantemos, en la que ocurrió un percance importante con espadas por medio, y que detallaremos en esta serie de "Los Juanguren y el espadero" porque fué coetánea y porque involucró a nuestros protagonistas: Diego Ortiz de Juanguren y un amigo íntimo suyo). Son documentos como el del Corpus en Castilleja de Guzmán, o como los varios de la Cofradía de Santiago que ya hemos ofrecido a nuestros lectores y que seguiremos ofreciendo, los cualificados para dar a los hechos reales carta de tránsito por una historia de la vida religiosa de nuestro pueblo con unos mínimos visos de veracidad.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por último, hemos de denunciar otro de los malabarismos ilusionantes de nuestros historiadores de plantilla. Durante muchos años del siglo XVI —e incluso antes y después— la ermita de Guía fué conocida como Vera Cruz. De ello ya hemos publicado algún testimonio, y el último obtenido queda transcrito de la siguiente manera:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Sepan cuántos esta Carta vieren cómo yo, Diego Mexía, vecino que soy de la ciudad de Sevilla en la collación de Santa María, y morador en el Heredamiento que está cerca de la Vera Cruz, término del lugar de Camas, otorgo y conozco de que debo dar y pagar a vos, Juan de Villalobos, vecino de la dicha ciudad de Sevilla en la collación de San Salvador, que estádes ausente, como si fuéredes presente, o a quién vuestro poder para ello hubiere, cuatro ducados y medio, los cuales son por razón de la renta de un pedazo de viña que me arrendásteis por este año de sesenta y nueve años, horro de todos derechos de alcábala y diezmo que los pague yo, que el dicho pedazo de viña es en término del dicho lugar de Camas junto a las casas de mi Heredamiento que tengo en dicho término, que lindan con callejón que va al dicho lugar de Camas, los cuales dichos cuatro ducados y medio prometo pagaros en la ciudad de Sevilla...&lt;/i&gt; etc., etc., etc. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Hecha la Carta en la Villa de Castilleja de la Cuesta en el Señorío de ella, estando en las casas de mí, el escribano público yusodicho, martes dieciséis días del mes de agosto, año de mil y quinientos y sesenta y nueve, siendo testigos Francisco Vázquez, vecino de esta dicha Villa, y Alonso Martín, vecino de Sevilla y estante en esta Villa.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Resulta muy tentador, para dibujar una Calle Real rebosando de fervientes fieles, traspasar a la cofradía de dicha calle, como relleno, todo lo que aparece referente a la ermita, aprovechando hasta la denominación con la cual era ésta conocida. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Para colmo de la audacia, situar a Hernán Cortés como devoto fiel de la referida iglesia de la Inmaculada es otro de los flagrantes sinsentidos publicados hasta la fecha, sinsentido que por cierto resulta contraproducente además, habida cuenta del vergonzoso pasado del Conquistador.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En definitivas cuentas: la importación de teorías, prescripciones y observaciones generales para reconvertirlas y desfigurarlas en hechos concretos y en prácticas autóctonas y específicas es la cómoda manera con la que muchos falsos historiadores locales pretenden alcanzar reconocimiento, fama y gloria, según queda expuesto. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aderezado todo ello con la alucinante ensalada de escritos teológicos de sus "líderes espirituales" dirigidos desde el Estado Vaticano, con la aberración de andanadas de cohetes a las tres de la madrugada a la mínima ocasión, con muchachotes sopladores de estridentes trompetas y aporreadores de sonoros tambores cada dos por tres,  con unos cacareados actos de caridad que son, con la complicidad del gobierno político de turno, chantaje inhumano a los desfavorecidos para obtener de ellos la resignación total, y con otras muchas "manifestaciones cristianas", todo lo cual guía a Castilleja de la Cuesta por el camino de ser, (o de seguir siendo) una ciudad-manicomio. Aquí se cumple, aunque en su sentido más negativo, el hecho científico e irrefutable de que Jesucristo proviene del mono.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Olvidémonos, pues, de los arcos de la Plaza, de las mezquitas, de la Cofradía de la Calle Real y de su Hospital, y volvamos a la casa del Carcelero Alonso Rodriguez de Triana, con su olor a ser humano, su humedad fría, su luz azulenca, sus gemidos de preso torturado todavía resonantes en el triste habitáculo donde el Alcalde Ordinario Diego Ortiz y su familiar golpearon con saña a un hombre encadenado. Esto sí es real.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ávido y urgido, decíamos, Hernando Jayán por acumular bienes garantes, se dirigió seguidamente con su cohorte de escribano y testigos a la morada de Juan Martín Haldón, con la intención de continuar con los embargos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-4395539986100350882?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/4395539986100350882/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=4395539986100350882' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/4395539986100350882'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/4395539986100350882'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/11/los-juanguren-y-el-espadero-25.html' title='Los Juanguren y el espadero 25'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-8476405201960116773</id><published>2011-11-20T09:14:00.004+01:00</published><updated>2011-11-24T18:20:16.062+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 24</title><content type='html'>&lt;div&gt;Nos hemos referido en el capítulo anterior a los arcos de la Plaza, como ampliación del ejemplo de falaz tratamiento histórico que se perpetra en el asunto de la capilla de la Calle Real por parte de la "intelligentzia" local. En base a lo que nos narran los protocolos notariales, el mismo razonamiento puede aplicarse a dichos arcos, puesto que están tan ausentes de los protocolos notariales como la iglesia; y como no menos lo está la cofradía. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Siendo como es de pura necesidad que durante más de cincuenta años (los de la primera mitad del siglo XVI abarcados hasta hoy en nuestras investigaciones), estén documentados siquiera tangencialmente tanto los arcos como la iglesia y cofradía en fuentes tan exahustivas como son los protocolos, al no estarlo cualesquier hipótesis sobre sus existencias adolece de falta de realidad. Veamos cuáles son las fuentes en que se basa la "historia oficial" castillejana; un intento de documentar los arcos ha sido hecho recientemente por Juan Prieto Gordillo en "La Villa de Castilleja de la Cuesta. Calles históricas", pág. 122, Ateneo de Castilleja de la Cuesta, 2009, de la siguiente forma:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;... &lt;i&gt;La tercera realización arquitectónica&lt;/i&gt; —la primera fué según dicho autor, el "&lt;i&gt;levantamiento de la mezquita-fortaleza&lt;/i&gt;" (¡¡¿?!!), y la segunda, la construcción de la Iglesia de Santiago—, &lt;i&gt;llevada a cabo en la Villa una vez asentada la Orden Militar de Santiago, consistió en el levantamiento de cuatro arcos, como muestra del dominio territorial tal y "como acostumbraban señalar sus territorios las Ordenes Militares..."&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El entrecomillado es cita, —excesivamente escueta, añado, y única además en la extensísima y autorizada historiografía sobre las Órdenes— de un legajo, el nº 52, sin fecha, de la Sección de Castilleja de la Cuesta en el Archivo Parroquial de Olivares. Más insustancial, imposible. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Probablemente los arcos sean, en verdad, realización de las fantasías historicistas de algún edil cateto que en tiempos decimonónicos pretendió rendir pleitesía al Ejército salvador de la Patria y Garante de los Valores Monárquicos, y su legado ha sido hoy recogido por eruditos de la misma ralea; yo mismo recuerdo todavía la hechura y cochura de los ladrillos originales, y no me parecieron muy antiguos, pero no perdamos la paciencia; tiempo al tiempo, que el Archivo Histórico Provincial guarda las respuestas que sólo surgirán con un trabajo de investigación serio, objetivo y metódico.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero dejemos a Matamoros, para echar un vistazo a lo realengo. En la web oficial hermandaddelacallereal.es, en la sección de Historia, se adjudica sin mayor detenimiento el origen del núcleo de población, hermano del de Santiago, a una alquería árabe con su consuetudinaria mezquita, que Fernando III reacondicionó luego como capilla particular mientras esperaba que sus sitiados enemigos, los sevillanos, se rindiesen. Esta musulmanía de muchos pseudohistoriadores aljarafeños, que tiene su principal estribo en repartir alquerías árabes con la misma agilidad que los tahúres reparten naipes, queda en entredicho si, habida cuenta de la patente falta de documentación, atendemos sin otro remedio, porque no lo hay, a los registros arqueológicos; y de éstos, la Calle Real brilla por sus ausencias. El arzobispo Gonzalo de Mena, según dicha web, otorga la administración de esta mezquita-capilla surrealista a los franciscanos, y ya tenemos así el cambio de vía sin guardaagujas con el que el sentido cristiano de la Historia Trascendente, de esta burda manera queda conectado con el pasado remoto, incluyendo el Diluvio Universal y, cómo no, la Creación ex-nihilo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Dícese en el "Boletín Informativo de la Pontificia, Real e Ilustre Hermandad Sacramental de la Inmaculada Concepción y Cofradía de Nazarenos de la Santísima Vera Cruz y Sangre de Jesucristo, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima de los Dolores" (sic), número 16 de marzo de 1990, pág. 12, artículo "&lt;i&gt;La Inmaculada Concepción y Castilleja de la Cuesta II&lt;/i&gt;", cuyo autor es Antonio Rodriguez Navarro, intentando cubrir las escandalosas desnudeces de la historia de la Villa, que el 9 de junio de 1478 se fundó la referida corporación, para lo cual únicamente dispone de una fuente secundaria de bien entrado el siglo XVII, sita en el legado 85 del Archivo del Palacio Arzobispal de Sevilla, donde se contienen las reglas emitidas el 28 de marzo de 1624*. En definitivas cuentas, en una oscura referencia de 1624 a unas reglas de 1478, adjudicándoselas por arte de birlibirloque a la Calle Real se basa toda la orgullosa solera de la Cofradía de la Vera Cruz (o verdadera cruz donde Cristo estuvo crucificado); y también en que los franciscanos impulsaban la creación de hermandades con la advocación de la Inmaculada, como este mismo articulista del boletín cofrade asevera citando a José Sánchez Herrero en "&lt;i&gt;Las Cofradías de Sevilla, historia, antropología, arte&lt;/i&gt;", 1985**.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* “&lt;i&gt;nuestros hermanos antiguos en nueve dias de el mes de Junio Año de el nacimiento de Ntro Señor Jesucristo de Mill equatrocientos y setenta eocho Años. Instituyeron y hordenaron q ubiesse Cofradia y hermandad a honrra y reverencia de la Sanctissima vera Cruz y sangre de Jessuchisto&lt;/i&gt;” (web hermandaddelacallereal.es).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;** Mas para este viaje no hacen falta alforjas, puesto que nunca Sanchez Herrero menciona a nuestra Villa ni por asomo, sino que trata el tema en toda su generalidad. Dice el profesor José Sanchez Herrero en la cita de referencia, con cierta explicable ironía, que no pretende determinar la fecha exacta de la fundación de cada cofradía, &lt;i&gt;para que de una vez quede resuelto ese "gran problema", que algunos tienen planteado, de saber cuál es la más antigua y, por ello, la reina de las cofradías y cuál es la más joven y, por ello, la menos importante&lt;/i&gt;. "Gran problema" para muchos juntaletras silvestres, como todo el mundo sabe. El autor de estos capítulos de historia alixareña recuerda la letrilla lorquiana cantada por la magistral Teresa Berganza:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Una vieja vale un real&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;y una muchacha dos cuartos;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;y yo, como soy tan pobre,&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;me voy con lo más barato.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Terminemos. Despeja el profesor, con autoridad: "&lt;i&gt;Un pequeño problema debemos resolver de entrada ¿Cofradía o Hermandades? La designación medieval más usada en todo tipo de documentos: estatutos, sínodos, bulas papales, etc., es la de cofradías.&lt;/i&gt;" &lt;/div&gt;&lt;div&gt;No les hubiera venido mal a los de la Vera-Cruz seguirlo al pié de la letra, y así ahorrarnos a los llanos contribuyentes rimbombancias que pregonan justamente lo contrario de lo que, con extrema vanidad, pretenden pregonar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"Cofrade", por fin, que en origen significaba "hermano", es una palabra que ha sido usada con amplitud en el tiempo y en el espacio, porque figura en idiomas antiquísimos como el sánscrito, el avéstico y el persa antiguo, y en el armenio, el irlandés antiguo, el galés, el córnico, el bretón, el alto alemán antiguo, el gótico, el anglosajón, el escandinavo antiguo, el prusiano y el ruso, siempre con la misma forma y raíz; está íntimamente emparentado con "fratría" (miembro de una confraternidad), y con "fraile". Comparando con el castellano "hermano", el actual "brother" ("hermano" en inglés) ha conservado mucha más pureza morfológica. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-8476405201960116773?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/8476405201960116773/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=8476405201960116773' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/8476405201960116773'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/8476405201960116773'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/11/los-juanguren-y-el-espadero-24.html' title='Los Juanguren y el espadero 24'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-4592809019968329510</id><published>2011-11-19T10:57:00.004+01:00</published><updated>2011-11-19T18:08:15.747+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 23</title><content type='html'>&lt;div&gt;Un inciso antes de intentar aclarar el asunto de los dos hospitales y de la fantasmal Cofradía de la Calle Real: el hecho de que el encargado de la cárcel poseyera dos domicilios cobra fuerza atendiendo a lo que pudo heredar de su padre:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Convocados todos ellos en la Plaza —la mitad de la ceremonia hubo de efectuarse en el interior de la Iglesia de Santiago, debido al mal tiempo— Ochoa de Isázaga recibió de Alonso de Esquivel, entonces Comendador de la Orden en nuestra Villa, el libro donde estaban registrados todos los propietarios, y el Comisionado procedió a repartir las Cartas de tributos. Cuando le tocó el turno a Alonso Rodriguez de Triana&lt;/i&gt; (recuérdese: padre del Carcelero) &lt;i&gt;declaró ser dueño de una aranzada y media de viñas (que le supuso 57 maravedíes de tributo) y de una casa y dos tercios de otra (con 20 maravedíes). &lt;/i&gt;(Nota al pie de "Los Juanguren y el espadero 10", entrada de marzo de 2011). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuadra todo ello casi con total exactitud con lo embargado por Hernando Jayán: dos casas y una viña.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo que se afirma en este referido capítulo sobre que desde la casa de Alonso y Ana se divisaba la Plaza puede mantenerse en base a que la configuración del referido reducto distaba mucho de la que posee en la actualidad. Añádase que los característicos arcos no existían por aquel entonces, —sobre lo cual nos referiremos de inmediato—. De esta forma, desde el comienzo de la calle de los Jayanes (o de Enmedio) podía verse en toda su extensión el ágora santiaguista.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y ahora repasemos lo publicado sobre la religiosidad en la Castilleja tomareña, incluyendo sus manifestaciones tanto corporativas (hermandad, cofradía, etc.) como materiales (ermita, iglesia, etc.), no menos evanescentes y ausentes durante el XVI de nuestros desvelos que el mencionado segundo hospital. Aunque son numerosos los protocolos notariales que se refieren a vecinos de la Calle Real en actividades de compra-ventas, testamentos y poderes, litigios y pleitos, deslindes, inventarios, donaciones, etc., con todos los detalles que nos brindan los ya transcritos y los por transcribir en esta Historia de Castilleja, en ningún lugar ni momento se menciona ninguna clase de Cofradía o Hermandad que no fuera la asentada en la Iglesia de Santiago, lo cual es de por sí meridianamente explícito: o no existió actividad religiosa en la Calle Real, o estaba reducida a su mínima expresión (puramente formal y burocrática, desde sus lejanos y desentendidos administradores de la Orden de San Francisco en San Juan de Aznalfarache). Tampoco hay referencias a ninguna ermita, capilla o iglesia, ni directas ni indirectas, por lo que concluímos que la supuesta capilla, o estaba en desuso, ruinosa o reconvertida durante la mayor parte del siglo XVI, o no existía de ninguna forma físicamente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En lo que toca a los registros de bautismos, casamientos y defunciones, son igualmente inexistentes en otro lugar que no fuera en la iglesia de la Plaza. De hecho, vecinos de la Calle Real, o sea, sometidos a la jurisdicción de Tomares, como es por ejemplo Juan Sanchez Delgado, por nombrar a uno de los más influyentes durante el XVI, formaba parte como Diputado cofrade en la parroquia de Santiago.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Qué decir de los enterramientos? ¿Se inhumaba la gente de la Calle Real en ella, en Tomares o en la iglesia de la Plaza? La incalificable dejadez de la ristra de clérigos encargados del archivo parroquial desde que se formó hasta la fecha, más dedicados a fomentar entre el populacho la religiosidad esperpéntica, ostentosa y vacua que caracteriza a nuestra población, en lugar de velar por ese tesoro documental que albergan los húmedos y pútridos desvanes de los templos, ha producido una laguna insalvable ya para los investigadores que nos interesamos en descubrir identidades pretéritas, base y cimiento de las actuales, que tanto preocupan a muchos castillejanos, desorientados como cangrejos en una palangana. Los libros de registros de defunciones y matrimonios anteriores al siglo XVII han desaparecido, robados acaso, o, como apuntaba con sorna de azacán un cura de Castilleja precisamente, en tertulia de sacristía (del cual omitiremos el nombre), &lt;i&gt;usados como papel higiénico&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En la época de nuestro estudio ejercía oficialmente en Tomares un escribano llamado Tomás del Río, hombre corrupto donde los haya, dicho sea de paso, capaz de, por un puñado de maravedíes, falsificar el testamento de un desgraciado moribundo al mismo pié de su cama. Ya lo conoceremos. Pues bien, a la espera de repasar la escasa documentación que dejó su Oficio, dejamos sentado como hipótesis que la Calle Real no era en la práctica nada independiente del Señorío de don Pedro de Guzmán, ni lo fué bajo la dominación de los caballeros de Santiago, y que lo único digno de resaltar en cuanto a hecho diferencial fueron los rifirrafes producidos por cuestiones de cobros de alcábalas sobre ventas de productos de primera necesidad en uno u otro territorio, alcábalas que se disputaban entre el Conde de Guzmán por una parte, y los Alcaldes de Sevilla con sus aliados —uña y carne en cuanto al saqueo de la tierra metropolitana— los Arzobispos, por la otra.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-4592809019968329510?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/4592809019968329510/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=4592809019968329510' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/4592809019968329510'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/4592809019968329510'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/11/los-juanguren-y-el-espadero-23.html' title='Los Juanguren y el espadero 23'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-5305506339027071642</id><published>2011-11-12T20:29:00.003+01:00</published><updated>2011-11-12T20:35:42.235+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 22</title><content type='html'>&lt;div&gt;Lo primero y más urgente para el Juez de Comisión era asegurarse las espaldas con bienes materiales, tangibles y monetizables, con los que hacer frente a probables penalizaciones por su negligencia. Porque los daños psíquicos el tiempo y los vericuetos de la razón los arreglaban de una manera u otra, pero una fuerte multa era algo irrecuperable y la faldriquera conservaba por siempre jamás el estrago. Por lo tanto se dispuso a cubrir a modo completo las futuras indemnizaciones que le fueran exigidas, embargando a diestro y siniestro todo lo embargable. Y empezó allí mismo, en la casa de Alonso Rodriguez de Triana, cuyos dueños parecían haberse volatilizado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Y luego el dicho Señor Juez buscó por la casa del dicho Alguacil qué bienes había en casa para los secuestrar, y no se hallaron sino los bienes siguientes:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Una arquilla de madera pequeña sin llave, vacía.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un banco de madera, de cama, sin pies.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Una silla de costillas.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Una almohada vieja.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un costal de lana donde parecía que estaba echado el dicho Juan Martín Haldón.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Una tinaja de 4 arrobas poco más o menos, llena de vino, y otra tinaja vacía, del mismo porte.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;-Un lebrillo verde, grande, de amasar, y quebrado.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Todos los cuales dichos bienes el dicho Señor Juez dejó de manifiesto en poder de Juana García, mujer de Bartolomé Hernandez, vecino de esta Villa. &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Luego el dicho Señor Juez hizo secuestro por bienes del dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero, de una tinaja de vino de 30 arrobas poco más o menos, que está en la bodega del dicho Señor Hernando Jayán&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, y asimismo secuestró las casas de su morada, que son en esta dicha Villa, linde por una parte con casas de Bartolomé Hernandez y de la otra parte con el Hospital de esta dicha Villa, y por delante la calle&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. Y asimismo secuestró y hubo por secuestrado un pedazo de viña que el dicho Alonso Rodriguez de Triana tiene en término de esta dicha Villa, en que diz que hay media aranzada poco más o menos, que alindan de una parte con viñas del dicho Señor Hernando Jayán y de la otra parte con viñas de (en blanco).&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;El dicho Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero, ni Ana de Tovar su mujer, no se hallaron en su casa, sino hamos&lt;/i&gt; (sic) &lt;i&gt;la dicha casa abierta y no nadie dentro de ella. Testigos que fueron presentes los dichos Rodrigo Franco y Diego Gonzalo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Era costumbre que, entre conocidos, quien tuviera espacio de sobra en su bodega cediera desinteresadamente una parte de él a quien, poseyendo alguna tinaja de vino, no dispusiera de lugar donde almacenarla. Las tinajas foráneas se marcaban con alguna letra o señal. De la bodega de Hernando Jayán, situada en el corral de su casa a la banda del Hospital aledaño que él mismo patrocinaba, conocemos muchos detalles.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- Por esta otra información se nos ofrecen más elementos para formar el rompecabezas que, a partir de los documentos manuscritos y dada la carencia de planos de la época, es la topografía del pueblo. Dado que el Hospital lindaba con la casa del Juez Jayán por un lado, y por el otro con, según se dice aquí, la casa del Alguacil Rodriguez de Triana, que a su vez lindaba por la parte opuesta con la casa de Bartolomé Hernández, y sabiendo que tenía que encontrarse el conjunto de los cuatro edificios al principio de la actual calle de Enmedio (que llegaría a llamarse calle de los Jayanes, por el apellido de Hernando y sus descendientes) junto a la Plaza, este sector de las construcciones en la población hacia la mitad del siglo XVI que estamos estudiando no debía arrojar mayor complicación: Hernando Jayán-Hospital-Alonso Rodriguez de Triana-Bartolomé Hernández. Los dos primeros sitios no ofrecen duda alguna. Y de Bartolomé Hernández, ahora depositario vía su mujer Juana García —ver supra— de los bienes confiscados al Carcelero, es bien poco lo que conocemos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La complicación surge cuando se documenta al Alguacil y a su bella esposa Ana viviendo en la Calle Real, como ocurre en "Los esclavos 14", (febrero de 2009), dos años después del de la fuga del zorzalero que tratamos. Además, como se reafirma de inmediato en el próximo capítulo, Ana se había marchado el día de la dicha fuga a "su casa de la Calle Real". Siendo así, ¿cual sería este otro Hospital de referencia? ¿Un lugar enigmático dependiente de una supuesta Cofradía callerealenga? Y lo tildamos de enigmático porque en una sola referencia, indirecta y oscura, lo hemos encontrado en el minucioso escrutinio que venimos realizando de la detalladísima documentación castillejana del siglo XVI, escrutinio que hoy por hoy alcanza hasta 1569. De forma que es arriesgado siquiera suponer que había dos hospitales en el pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Consideraremos ahora, en el siguiente capítulo, la Cofradía a la cual parece asociado, teniendo en cuenta también que un "hospital" en aquellos tiempos podía ser un simple cuartucho de suelo terrizo, sin ventanas, con un hueco a la calle a modo de puerta y unas cuantas esteras infectadas de parásitos en las que los miserables enfermos que recalaban en él intentaban pasar la noche acostados.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Del hospital de Hernando Jayán narraremos prontamente un episodio ciertamente siniestro y trágico, adelantando que la "cena" que se dió a uno de sus acogidos fué un huevo duro.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-5305506339027071642?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/5305506339027071642/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=5305506339027071642' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5305506339027071642'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5305506339027071642'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/11/los-juanguren-y-el-espadero-22.html' title='Los Juanguren y el espadero 22'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-7263516034973663995</id><published>2011-11-11T20:28:00.002+01:00</published><updated>2011-11-11T20:33:18.462+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 21</title><content type='html'>&lt;div&gt;Conocido que es ya, de esta manera, Luis Ortiz, ¿sobrino-nieto? de Diego Ortiz de Juanguren el viejo, volvamos la vista hacia el zorzalero preso y hacia sus allegados, a fin de saber de la conclusión de sus peripecias. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Recordemos que el 30 de octubre de 1555, víspera del Día de los Difuntos, habíamos dejado a Haldón en la Cárcel del Concejo, y a sus parientes y amigos batallando con los autos y requisitorias entre el Alcázar de Sevilla, morada de don Pedro de Guzmán, y el domicilio castillejense de Hernando Jayán, Juez de Comisión que entendía del caso.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tras todo el ajetreo y alteración de rutinas que conllevan los días festivos sin solución de continuidad, esperaba una mayúscula sorpresa a Jayán, al escribano Juan Vizcaíno, al Alcalde maltrecho Diego Ortiz y, en suma, a todo el pueblo, que todo él permanecía atento y pendiente del desarrollo de los acontecimientos. El lunes 4 de noviembre Jayán se hizo acompañar de Vizcaíno para hacer una inspección del calabozo en casa de Alonso Rodriguez de Triana y revisar los grilletes, candados y cadenas que sujetaban a Juan Haldón. Esta es el acta de lo descubierto aquella mañana:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Y después de lo susodicho, en lunes 4 de noviembre de 1555 a horas de las diez horas antes del mediodía, el Señor Hernando Jayán, Juez de Comisión susodicho, en presencia del escribano Juan Vizcaíno, fue a las casas de la morada de Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero de esta dicha Villa, a visitar la Cárcel y a Juan Martín Haldón, que tenía preso en la dicha Cárcel por mando del Muy Ilustre Señor Don Pedro de Guzmán a pedimento del Señor Diego Ortiz, Alcalde Ordinario de esta Villa, y cuando entramos en la Cárcel halló que el dicho Juan Martín Haldón, que estaba preso y lo tenía el dicho Alonso Rodriguez, Alguacil, a su cargo, no estaba preso, antes hallamos la cadena y el cepo y grillos y chavetas y todas las prisiones que tenía el dicho Juan Martín Haldón sanas y no quebradas, y la llave del dicho candado con que tenía cerradas las prisiones, metida en la chapa del dicho candado, por donde consta y parece que fué suelto a mano y adrede el dicho Juan Haldón de la prisión en que está. Testigos que fueron presentes, Rodrigo Franco, vecino de Sevilla y morador en esta Villa&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, y Diego Gonzalo, vecino de esta Villa.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Rodrigo Franco, otro belicoso hacendado en Castilleja. Desde "Los esclavos 11", entrada de febrero de 2009, encontraremos abundantes noticias sobre su vida y hechos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hernando Jayán sintió, casi físicamente, tras un golpe en el pecho, un inesperado y negro nubarrón sobre sí, que apagaba los colores y desvanecía en el interior de su espíritu proyectos, esperanzas e ilusiones. Aquel nubarrón tenía dos caras, dos rostros de miradas acusadoras y amenazantes, que eran el del Conde don Pedro uno y el de Diego Ortiz de Juanguren el otro. Palideció, fija la vista en el cepo desencajado y en los grilletes abiertos, volvióse con rayos iracundos en los ojos hacia los otros dos rostros de la esposa del carcelero Catalina Hernández y de su acompañante, una decrépita anciana vecina, quienes cogidas del brazo y mudas parecían estatuas enmarcadas en la puerta y, sin decir palabra tampoco, giró de nuevo la cabeza hacia el aposento, iluminado por una dulce luz azulenca que desde el hueco de la ventana perfilaba los objetos tristes y oscuros de aquel rincón de sufrimiento. Reparó entonces en la llave del candado, cuyo reluciente aro brillaba ante él, sobresaliendo del ojo de la cerradura. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Desvergüenza insultante —pensó irritado— el ni tan siquiera haberse molestado en ocultar pistas, como si quisieran sugerirle con ello cuánto despreciaban a su persona y a la justicia que representaba. Tras sí, el hacendado Rodrigo Franco disimulaba una sonrisa mordaz, y Juan Vizcaíno, filosóficamente, dejaba a sus pensamientos elucubrar sobre la implicación de las dos silenciosas mujeres en la fuga, mentalmente alejado de allí en divagaciones sobre el amor y la amistad.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ni el Alguacil ni su esposa se encontraban en la casa, pero antes de enredarse en averiguaciones que ya de antemano suponían infructuosas, —sólo había que observar la actitud de la mujer del fugado y de su compañera— los oficiales optaron por efectuar otras diligencias.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-7263516034973663995?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/7263516034973663995/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=7263516034973663995' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/7263516034973663995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/7263516034973663995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/11/los-juanguren-y-el-espadero-21.html' title='Los Juanguren y el espadero 21'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-5249269939929951190</id><published>2011-05-17T22:44:00.003+02:00</published><updated>2011-05-17T22:55:03.587+02:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 20</title><content type='html'>&lt;div&gt;No sabemos dónde estaba la casa de Luis Ortiz y Francisca de Padilla. No sabemos si su fachada daba a La Plaza de Santiago, o si formaba parte de la hilera incipiente en la calle de Hernando Jayán, que hoy es de Enmedio; acaso se alzaba en el extremo superior de la calle Hernán Cortés, o aledaña al muro norte de la Iglesia. Pero sí sabemos que era la casa del Miedo. Blanco y espeso, el Miedo oprimía el aire de las alcobas, se sentaba en todas las sillas y miraba con fijeza desde todos los rincones. Las oscuras ventanas absortas, el exhudado frío de las paredes encaladas decían Miedo. Brillaba en el filo del puñal, helándolo en el roce con el femenino cuello, y traducía en secas roturas de huesos los crujidos del silencio mortal. A doña Francisca los gatos desde los tejados y los espejos desde las paredes la miraban, esperando impávidos el amanecer —como amanece el sol— de un amasijo sangrante por rostro, cada mañana. Y el desgarro de su grito en la tarde marcaba la hora como trágica campanada. Y la amenaza susurrada, el insulto bisbiseado junto a la oreja vertía su veneno caliente y corrosivo, taladrador y cruel, señalando las noches veladas de transpiraciones denigrantes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hasta que Luis marchó, arrastrando tras él el Miedo como una capa de amenazas aladas. Entonces ella miró la puerta y respiró, y aquella noche sintió por fin su cuerpo hundirse en la cama, mientras la Libertad reía en silencio deshaciéndole los nudos cárdenos con sus dedos de hermana.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hemos visto su reacción en el anterior capítulo. La estrategia de la Padilla es clara. Intenta una radical separación de bienes matrimoniales para que sean los de su marido, en Indias, los que permanezcan embargados por el pleito con el clérigo Bartolomé. Y el argumento principal que utiliza para liberar los suyos propios es que dicho su marido se los robó literalmente, incluso por medios violentos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No deja de ser curioso —y enigmático— que luego esta mujer marche a Indias, donde se encuentra ahora su esposo y peor enemigo; aunque las Ejecutorias vistas en el capítulo anterior se refieren a ellos como todavía legalmente casados, los hijos naturales y el otro cónyuge, Juan de Espinosa Salado, rodean a la biografía de doña Francisca de un hálito romántico y aventurero especial. Veamos sus avatares.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Francisca de Padilla, mujer de Luis Ortiz, vecina de Sevilla, y Alonso Rivadeneira, vecino de la Villa de Valladolid, y Juan de Espinosa Salado y su procurador en su nombre de la una parte; y doña Margarita de Aguallo, viuda del doctor Luis Salado, por sí y como tutora de sus hijos, y el doctor Berastegui y doña Beatriz de Ribadeneira su mujer y su procurador en su nombre, y el Licenciado Salado de Rivadeneira y los demás hijos y herederos del dicho doctor Salado y su procurador en su nombre, han entablado un pleito. Pareció en la Chancillería de Valladolid Antonio Hernandez en nombre de la dicha Francisca de Padilla el 26 de julio de 1572, ella como madre y heredera legítima del abintestado Melchor de Espinosa, su hijo natural con Juan de Espinosa, y presentó demanda contra el Licenciado Alonso Salado de Rivadeneira y doña Beatriz de Rivadeneira, mujer del doctor Berastegui, abogado en la real Corte, y contra doña Juana de Rivadeneira, mujer del Licenciado Lezama, vecino de la Villa de Medina de Rioseco, y contra los demás hijos y herederos que quedaron del doctor Luis Salado, y contra Margarita de Arguello, madre y curadora de algunos de los dichos herederos, y dijo que siendo el dicho Melchor de Espinosa menor de 25 años y teniendo por su curador a Alonso de Torres Salado su tío, hermano de dicho doctor Luis Salado, difunto, y teniendo como tenía al dicho doctor respeto y reverencia como a padre, y estando muchas veces en su casa adonde le habían hecho e hicieron muchos regalos y buenos tratamientos, y siendo ansí que el dicho doctor por diversas vías y maneras había hecho entender al dicho Melchor de Espinosa y a Alonso de Rivadeneira su hermano que el testamento que el dicho Juan de Espinosa había hecho era ninguno por no haber sido los testigos de él llamados y rogados, y porque el escribano ante quien se había otorgado no era escribano del número de la ciudad de México donde se había otorgado, ni daba fé que conocía al otorgante, y que por las dichas causas y otras él podía hacer dar por ninguno el dicho testamento del dicho Juan de Espinosa Salado, y hacer que los dichos sus hijos o quienes dejaba por herederos fuesen eludidos de la herencia y sucesión del dicho su padre y lo heredasen el dicho doctor Luis Salado y sus hermanos, siendo como es y era verdad que el dicho testamento era y es válido y no tenía ninguno de aquellos defectos, y por la forma y manera que allí decía con dolo y fraude el dicho doctor Salado había inducido y persuadido al dicho Melchor de Espinosa y al dicho Alonso de Rivadeneira su hermano a que se hubiese de desposar y casar con la dicha doña Beatriz de Rivadeneira y con doña Luisa de ¿Monillo? sus hijas y sobre el dicho casamiento le había hecho hacer y otorgar unas escrituras de capitulación y concierto que habían pasado y se habían otorgado por ante Francisco Cerón, notario del número de la dicha Villa de Valladolid en 27 de febrero de 1558 años, y para dar más fuerza el dicho doctor había hecho que se pusiese en ella que aquello a que los dichos Mechor de Espinosa y Alonso de Rivadeneira se obligaban lo hacían y otorgaban por causa de las dichas pretensiones que el doctor Luis Salado decía tener contra el dicho testamento, y porque renunciase el derecho que decía tener contra él y por la dicha escritura de capitulación había hecho que se obligasen como se habían obligado de dar cada uno de ellos a sus esposas 3.000 ducados por vía de arras y aumento de dote y donación por tener nupcias para que aquellos hubiesen de ser y fuesen bienes propios de las dichas sus esposas, y el matrimonio entre Melchor de Espinosa y doña Beatriz de Rivadeneira no había tenido efecto porque Melchor murió antes de que Su Santidad dispensase por el parentesco que había entre ellos, y todavía la dicha doña Beatriz había habido y llevado los dichos 3.000 ducados, y además de aquello, por la dicha escritura de capitulación y concierto había hecho el dicho doctor Salado que Melchor y Alonso obligasen a pagarle en cierto tiempo 2.000 ducados por razón de la manda que el dicho Juan de Espinosa Salado había hecho en su testamento para cada una de las hijas cuando se casasen, y los dichos 2.000 ducados los hubieron de haber doña Francisca y doña Constanza, hijas del dicho doctor Salado, si se casasen, y aunque aquellos no se les debían ni los hubieron de haber las dichas Francisca y Constanza, por haber muerto antes de casarse, todavía el dicho doctor les había hecho obligar como se habían obligado a pagárselos, so color y por razón de las dichas pretensiones fingidas, y además les obligó por la dicha escritura a que le pagaran otros 1.000 ducados, que dijo que el dicho Juan de Espinosa su padre le era obligado a pagar por ciertos negocios que por su mandado había tratado en el Consejo de las Indias contra el doctor Francisco de Herrera, Oidor de la Audiencia de México, sobre cierto agravio que había hecho el dicho Juan de Espinosa a Salado, no estando ni siendo obligado el dicho Juan de Espinosa ni los dichos sus hijos ni herederos a pagar cosa alguna por razón de aquello, pues aquello y más le había remunerado y gratificado el dicho Juan de Espinosa a su hermano en su vida y al tiempo de su muerte por el dicho su testamento, de manera que por la dicha escritura Melchor y Alonso se habían obligado cada uno de dar al doctor Salado y a sus esposas 4.500 ducados sin estar obligados a nada de ello, y a cuenta de los dichos 4.500 ducados el doctor y Beatriz de Rivadeneira tenían recibidos de los propios bienes y hacienda de Melchor 120.536 maravedíes de juro al quitar a razón de 14.000 maravedíes el millar, y por razón de haber otorgado Melchor las dichas escrituras siendo como era menor de 25 años y sin licencia de su curador, y por dolo y fraude que había dado causa al contrato, Melchor no era obligado a pagar nada, ni tampoco lo es su parte la heredera, antes las partes contrarias eran obligadas a volver y restituir las dos tercias partes de los 4.500 ducados y por ellos las dos tercias partes del dicho juro, con mas las dos tercias partes de los réditos que han corrido y corren, que no lo habían querido ni querían haber aunque habían sido; por ende pedía al dicho Alcalde cumplimiento de justicia, y que diese por ninguna la escritura de capitulación y concierto, y que le restituyan dicho dinero; y además de aquello el dicho Melchor de Espinosa había dejado y mandado a la dicha Beatriz su esposa el tercio de sus bienes, los cuales tiene adjudicado por sentencia ejecutoria la demandante su madre&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El Alcalde de la Chancillería mandó dar traslado de la querella al licenciado Alonso Salado de Rivadeneira y sus consortes, y que respondieran en cierto término, y en julio de 1572 pareció Juan de Ontiveros en nombre de dicho licenciado Alonso y consortes, el cual alega sobre la validación de la capitulación matrimonial. Sigue un tenso tira y afloja entre las dos partes, ante el Alcalde Licenciado Gaspar Escudero, de la Audiencia de la Chancillería de Valladolid, quien emitió sentencia, luego revocada por otra autoridad judicial superior, contestada la revocación por la parte agraviada, vuelta a empezar, y en esa tesitura de acciones y reacciones continúa una veintena de folios de apretadas líneas que nos excusamos de transcribir. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;De todo ello, y de otra documentación al respecto que se encuentra en el Archivo General de Simancas, como es la  "&lt;i&gt;Ejecutoria del pleito litigado por María de Grajal, viuda de Francisco Rodríguez, vecina de Medina de Rioseco (Valladolid), con Juan de Espinosa Villarroel, como curador de Violante y Leonor de Rivadeneira, y Hernando y Gaspar de Rivadeneira, hijos y herederos de Alonso de Torres Salado, vecino que fue de Sevilla, y Ana de Rivadeneira, mujer de Juan de Espinosa Villarroel, todos de la misma vecindad, sobre que le paguen 4.000 ducados que el difunto debía a Alonso de Melgar el Mozo, de quien era heredera&lt;/i&gt;", el "&lt;i&gt;Juro a favor de Juan Salado de Rivadeneira de 49.745 maravedís, que incluye: cita del testamento de Luis Salado Rivadeneira; cláusulas del testamento de Beatriz Rivadeneira; escritura de transación otorgada por los interesados en la partición de los bienes fincables de Beatriz Rivadeneira; Ejecutoria expedida a favor de Francisca Padilla Alonso Rivadeneira y Juan Espinosa; partición de los bienes de Juan Salado Rivadeneira y Beatriz Porras Osorio y Leonor Daza, y adjudicación de los mismos a favor de Alonso y Luis Rivadeneira; y testamento de Alonso Rivadeneira&lt;/i&gt;", y el "&lt;i&gt;Juro a favor de Francisca de Padilla de 19.409 maravedís, que incluye el testamento de Francisca de Padilla dejando por herederos universales a Gonzalo de Padilla y fray Juan Ortiz de Padilla&lt;/i&gt;", y el "&lt;i&gt;Juro a favor de Francisca Padilla de 112.500 maravedís, que incluye el testamento y codicilo de Gonzalo Ortiz Padilla fundando capellanía&lt;/i&gt;", podríamos construir con todo detalle la genealogía del segundo matrimonio ¿o simple emparejamiento? de doña Francisca de Padilla, con sus complejas derivaciones parentales. Mas esta construcción nos alejaría del objeto de nuestra investigación, que es la historia de Castilleja. Por lo tanto, dejaremos abierta esta puerta vallisoletana, a la espera de que en un futuro, probablemente alguno de sus personajes reaparezca, de nuevo vinculado a dicha historia castillejense.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En definitivas cuentas, hallamos a una Francisca de Padilla plena de vivencias, rodeada de hijos, acaso de nietos, y con mucho que recordar tanto en Ultramar como otra vez en la península ibérica.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Anotemos para concluir que existe en Salamanca otro "&lt;i&gt;Juro a favor de Juan Fernández de Espinosa, tesorero general de Su Majestad, de 11.884 maravedís, que incluye el testamento de don Alonso de Torres Salado&lt;/i&gt;", y recordemos que este Alonso de Torres Salado fué tío y tutor de Melchor, uno de los hijos naturales de doña Francisca, obligado a casarse con su prima Beatriz de Rivadeneira.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El Tesorero General de Su Majestad Juan Fernández de Espinosa también, en algún grado, formaba parte de la intrincada familia. Fué hombre, por su cargo, agobiado con pleitos y demandas, y manejaba envíos de hasta 300 esclavos negros, con destino en un caso concreto a La Habana.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-5249269939929951190?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/5249269939929951190/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=5249269939929951190' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5249269939929951190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5249269939929951190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/05/los-juanguren-y-el-espadero-20.html' title='Los Juanguren y el espadero 20'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-1749424947327798258</id><published>2011-05-13T23:59:00.003+02:00</published><updated>2011-05-14T17:50:04.783+02:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 19</title><content type='html'>&lt;div&gt;Tras la muerte del trapero, su mujer Beatriz Ortiz de Juanguren se empeñó en sacar adelante los negocios del difunto, pero en pocos días la esposa y los compañeros de Bastidas fueron acorralándola con sus maquinaciones y chanchullos mercantiles. Quizá por esto la tutela de los menores recayó en Juan Ortiz, asumida el 15 de mayo de 1507. Juan administró arriendos de casas que quedaron de la herencia, entre ellas una  en la calle de Alfayates y otra en la calle de Catalanes, y al morir fué sucedido por otro hermano, Gonzalo Ortiz, canónigo sevillano.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Desde el otro lado del Océano a la desgraciada Beatriz también la atacaba un tal Juan de Dios, socio y factor de su marido difunto que aprovechó su muerte para apropiarse de los libros de cuentas y de la tienda del trapero.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Juan Gil nos ofrece una petición de la viuda al Cabildo sevillano que expresa la triste situación en que había quedado:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"&lt;i&gt;Muy magníficos señores. La muger e herederos de Alonso Rodríguez, su mayordomo del año pasado de mill e quinientos e seis años, besamos las manos de vuestra señoría, la cual bien sabe qu´el dicho Alonso Rodríguez es fallesçido desta presente vida; e de la mayordomía que de vuestra señoría tovo, así del dicho año pasado como del año de quinientos e çinco años, se quedó deviendo muchas contías de mrs., porque con la esterelida (sic) del tiempo no han podido pagar los arrendadores, e tanbién porque el dicho Alonso Rodríguez fallesçió en saliendo el año. Suplicamos a vuestra señoría mande dar el poder e facultad qu´el dicho Alonso Rodríguez tenía para cobrar las dichas debdas al jurado Rodrigo Ortiz, así para dar su mandamiento para esecutar como para las otras cosas, porque las dichas debdas se cobren e podamos bien pagar a vuestra señoría lo que se le deviere; en lo cual, demás de fazer justicia, a nosotros fará mucha merçed&lt;/i&gt;". (Archivo Municipal de Sevilla, Actas Capitulares, año 1507, enero, fol. 37r.).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No cursó todo lo bien que era de desear la desesperada solicitud. El nuevo mayordomo, Álvaro de Valladolid, calculó un saldo negativo de 1.500.000 maravedíes, que llevó al embargo de las tiendas en la Alcaicería y de paños heredados por los menores, aunque gracias a las fianzas que sus tutores ofrecieron, les fueron devueltas las llaves de dichas tiendas, por lo que pudieron continuar subsistiendo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al fin la Audiencia dominicana pronunció sentencia, aunque al ser tan tarde como en 6 de octubre de 1531, la condena a los herederos de Bastidas a pagar a los de Alonso Rodriguez 55.739 maravedíes que colocó éste en la compañía, más 300 pesos en ganancias, no significó ya nada para la hacía muchos años ya difunta Beatriz.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ahora corresponde, antes de terminar el episodio del zorzalero Juan Martín Haldón y entrar de lleno en el tema central de la serie, o sea, la muerte de Diego Ortiz de Juanguren el joven a manos del espadero Bernardo de Oliver, retratar a otro Juanguren contemporáneo, fiel representante también del pésimo carácter y del agrio temperamento que esta familia deja entrever en los documentos hasta ahora encontrados sobre ella. Nos referimos a Luis Ortiz de Juanguren, hombre también avecindado en Castilleja. Debió ser Luis nieto o sobrino-nieto de Diego Ortiz el viejo, nuestro hacendado de La Plaza. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Obra en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid una &lt;i&gt;Ejecutoria del pleito litigado por Francisca de Padilla, mujer de dicho Luis Ortiz, vecina de Sevilla y Alonso de Ribadeneira, vecino de Valladolid, con Margarita de Argüello, viuda del doctor Luis Salado, como curadora de sus hijos, el licenciado Salado de Ribadeneira y consortes, todos hijos y herederos del doctor Salado, sobre intento de anulación del testamento que dejó Juan de Espinosa Salado y apropiación de sus bienes, mediante engaños a Melchor de Espinosa y Alonso de Ribadeneira, hijos de Francisca Padilla y herederos de Juan de Espinosa Salado, para que se casasen con las hijas del doctor Salado y les entregasen dichos bienes como dote&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Como vemos, el lío familiar es de órdago. Reparemos primeramente en estos hijos de Francisca de Padilla —y herederos de Juan de Espinosa Salado—, Melchor de Espinosa y Alonso de Ribadeneira, quienes no lo parecen ser de Luis Ortiz su marido, y sí por lo tanto de otro matrimonio (¿con Juan de Espinosa Salado?), o acaso naturales. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La fecha de la Ejecutoria es muy tardía, del 14 de marzo de 1581. Desde que alrededor del 1563 Francisca de Padilla habitaba en Castilleja de la Cuesta con su marido Luis Ortiz de Juanguren habían pasado muchos años y sus vidas habían dado muchas vueltas, tanto aquí como en Indias.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En el mismo depósito vallisoletano se custodia otra Ejecutoria, de fecha más temprana, 27 de junio de 1573: &lt;i&gt;Ejecutoria del pleito litigado por el doctor Berástegui y Beatriz de Rivadeneira, su mujer, vecinos de Medina de Rioseco (Valladolid), con Francisca de Padilla, mujer de Luis Ortiz, vecino de México, Margarita de Argüello, viuda del doctor Salado, vecino de Valladolid, como curadora de Luis Salado y Juan Salado de Rivadeneira, y Gracia de Rivadeneira, mujer del doctor Jerónimo de Espinosa, Juez Mayor de Vizcaya, sobre la herencia de Melchor Espinosa Salado, vecino de Valladolid, difunto, y el pago de las mandas pías contenidas en su testamento&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y aún otra tercera, fechada un año antes, en 17 de abril de 1572: &lt;i&gt;Ejecutoria del pleito litigado por Francisca de Padilla, vecina de Sevilla, mujer de Luis Ortiz, residente en Ciudad de México (México), con el doctor Berastegui, Beatriz de Rivadeneira, Margarita de Argüello, viuda del doctor Luis Salado, por sí y como tutora y curadora de Luis y Juan Salado de Rivadeneira, sus hijos, y el licenciado Juan Salado de Rivadeneira, sobre ejecución de la carta ejecutoria de un pleito anterior, sobre que le incluyan en la posesión de los bienes que dejó Melchor de Espinosa, su hijo natural&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mas otra del 26 de julio de 1570, del todo sugerente en lo que respecta a las peripecias vitales de la mujer de Luis Ortiz: &lt;i&gt;Ejecutoria del pleito litigado por Francisca de Padilla y Gallego Ortiz, vecinos de Ciudad de Méjico (Méjico), con Beatriz de Ribadeneira, el doctor Berastegui, Luis Salado y consortes, vecinos de Medina de Rioseco (Valladolid), sobre la herencia abintestato del hijo natural de la primera, Miguel de Padilla.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En todo caso, que tuvo algún hijo con Luis Ortiz lo demuestra este Registro de pasajero a Indias del 31 de mayo de 1581: &lt;i&gt;Don Gonzalo de Yranguren, natural de Sevilla, soltero, hijo de Luis Ortiz de Yranguren y de doña Francisca de Padilla, a Nueva España&lt;/i&gt; (Archivo General de Indias. La lectura "Yranguren" es un error de los archiveros).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De toda esta embrollada historia sabremos con detalle, después de conocer más a fondo a Francisca de Padilla en Castilleja, ligada como estamos viendo a los Juaguren por su matrimonio con Luis Ortiz. Comencemos: el martes 19 de octubre de 1563 una atribulada doña Francisca, a la sazón vecina de Sevilla, se presenta ante el Alcalde Ordinario de nuestra Villa, Bernabé Martín; Hernando de las Cuevas está presente, dejando constancia escrita de cuanto expone la mujer. Francisca de Padilla trae una Carta Requisitoria del Alcalde Ordinario de Sevilla Diego de Matute, junto con un interrogatorio, fechados el 16 de octubre, y solicita a Bernabé que la cumpla y que reciba a los testigos. Ella y su marido habían sido ejecutados en sus bienes a petición del clérigo Bernabé García, con el que tenían pleito, y opuesta como es natural a dicha ejecución o embargo, ahora efectuaba las presentes diligencias de probanza en Castilleja para que les fuera levantado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entre las preguntas que Bernabé Martín debe hacer a los testigos, están la de si conocen cierto poder que Francisca de Padilla dió a su marido Luis Ortiz el 6 de mayo de 1556 ante el escribano Juan Vizcaíno; la de si saben de una escritura de tributo de 34.821 maravedíes al año, que otorgó dicho matrimonio el 19 de octubre de 1556 ante el escribano de Sevilla Diego de la Barrera; la de si saben que Luis Ortiz &lt;i&gt;era un hombre muy recio de condición y súpito&lt;/i&gt; (sic) &lt;i&gt;y mal acondicionado, y que daba muy áspera y mala vida a su mujer y ponía las manos en ella, dándole de palos, y coces, y bofetones, y puñadas, y sacando espadas y puñales para ella, y corriéndola con ellos, y atemorizándola, y poniéndole muchos miedos y temores, tratándola siempre muy mal desde que se casó hasta que se fué de la ciudad; la de si saben que el dicho Luis era un hombre tan determinado que toda las amenazas que hacía y todos los miedos que ponía, los ponía en ejecución y efecto y obra, por cuya causa doña Francisca le tenía mucho miedo y temor, y cualquier cosa que él mandaba, si luego no lo hacía, ponía las manos en ella y la trataba muy mal y ásperamente; la de si saben que antes de que doña Francisca otorgara dicho poder y la escritura de tributo, Luis le hizo muchos y muy malos tratamientos para que los otorgase, poniendo las manos en ella, dándole muchas coces y bofetones y puñadas y palos, sacando espada y puñal para ella y corriéndola, atemorizándola y amedrentándola para que los otorgase; la de si saben que por todo ello doña Francisca los otorgó, y que si no, la matara; la de si saben que doña Francisca llevó de dote en ajuar, preseas y bienes de casa más de 4.000 ducados; la de si saben que Luis se ausentó de Sevilla por deudas, y está en las Indias, y anda huido por dichas deudas, y doña Francisca está muy pobre y necesitada.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De inmediato doña Francisca de Padilla presentó sus testigos; primeramente, alguien con experiencia propia en maltratos conyugales: Luisa de Rojas, la esposa de Íñigo Ortiz de Juanguren, emigrado en el Perú. Este hecho añade a las ya de por sí tensas relaciones entre la de Mazalquivir y los Juanguren nuevos potenciales, y denota que Luisa, tras su desastrosa experiencia con el excombatiente y después de haber vivido de manera total la aventura ultramarina, se había convertido en una mujer completa, con un carácter nada proclive a dejarse amilanar por nada ni por nadie.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Declaró Luisa de Rojas sin tapujos; seguía apareciendo como vecina de Sevilla y moradora en nuestra localidad, y a la sazón tenía 39 años de edad; dijo que conocía al matrimonio desde hacía 11, y manifestó no conoce al clérigo Bartolomé García; dijo saber del poder referenciado, porque cuando doña Francisca lo otorgó, se lo vino a decir a ella Diego Ortiz, primo hermano del dicho Luis, comunicándole que &lt;i&gt;lo había hecho contra su voluntad y con muchas lágrimas de sus ojos&lt;/i&gt;; sabía del mal carácter de Luis, y de los malos tratos que infligía a su mujer, y en cierta ocasión doña Francisca le confesó que la había amenazado con arrojarle una silla a la cabeza y con que se la hendería con ella; refirió que dicha doña Francisca se le venía a quejar muchas veces, diciendo que Luis la aporreaba por no hacer lo que quería, y que además todo ello era público y notorio en Castilleja; dijo saber que Luis Ortiz se fué a las Indias para soslayar deudas, que ha escrito desde allí, y que gastó toda la hacienda de su mujer.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se entiende que doña Francisca recurriera a Luisa de Rojas como confidente y consejera de su atormentada vida matrimonial, en cuanto que ésta le habría confiado su no menos tormentosa vida en el norte africano con el matón mirobrigense.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La siguiente testigo es Juana García, mujer de Francisco García y vecina de esta Villa, la cual conoce a doña Francisca desde que se sabe acordar, y a su marido Luis desde hacía más de 30 años; ella tiene 40 al tiempo de su declaración. Dijo que una vez Luis le pidió a Francisca 10 ducados, para jugárselos con los amigotes, y como no se los quiso dar la aporreó, y Francisca daba muchos gritos, y esta testigo fué a su casa y la encontró llorando; y le tenía mucho miedo y temor. La testigo sabía que Luis, por sus deudas, huyó a las Indias, y que doña Francisca, debido a todo ello, estaba en situación de gran pobreza y necesidad.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Otra testigo fué María Hernández, mujer de Pedro Valiente y asimismo vecina de Castilleja; dijo conocer a la mujer de Luis Ortiz desde hacía 10 años, y no conocer al clérigo Bartolomé García; tenía por entoces María 33 años de edad; dijo saber que &lt;i&gt;Luis Ortiz era hombre muy mal acondicionado y recio, y haber visto que por cada cosita&lt;/i&gt; (sic) r&lt;i&gt;eñía con Francisca, de palabra, deshonrándola, y esta testigo vió cómo cuando Luis entraba en su casa, Francisca estaba temblando de él, y era tanto el miedo que le tenía, que cualquier cosa que le mandaba lo hacía, y que esta testigo lo sabía porque estuvo en su casa&lt;/i&gt;. Dijo también saber el asunto de la escritura, y que Luis se fué a Indias por deudas, dejando a Francisca en estado de extrema necesidad.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Testigo, Hernando Jayán. Conoce al matrimonio desde hacía 14 años poco más o menos, y no conoce al clérigo. Tiene 40 años de edad y confiesa ser compadre del dicho Luis Ortiz. &lt;i&gt;Sabe que es hombre recio y mal acondicionado, y que en su casa hace lo que quiere, por fuerza o por grado&lt;/i&gt;. Vió salir de su casa llorosa a Francisca, tras otorgar la escritura, y por ello entendió que lo había hecho forzada. Sabe que Luis huyó a Indias por sus deudas, porque él mismo se lo dijo antes de partir. Y sabe que Francisca de Padilla es pobre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Testigo, Isabel García, viuda de Juan García, vecina de esta Villa; conoce al matrimonio desde que eran niños, y no conoce al clérigo Bartolomé. Tiene 60 años de edad, y declara lo mismo con pocas diferencias, asegurando que lo ha oído decir a las gentes del pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y una vez confeccionada la probanza, Hernando de las Cuevas dió traslado de ella a doña Francisca.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No hay más documentación sobre el caso, pero la antecedente basta y sobra para vislumbrar las condiciones de vida de doña Francisca, la forma de ser de su marido, la honradez de Hernando Jayán, y la solidaridad de las mujeres que declararon en apoyo de la maltratada.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-1749424947327798258?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/1749424947327798258/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=1749424947327798258' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1749424947327798258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1749424947327798258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/05/los-juanguren-y-el-espadero-19.html' title='Los Juanguren y el espadero 19'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-3687813634195526129</id><published>2011-04-22T18:52:00.001+02:00</published><updated>2011-04-22T18:59:38.906+02:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 18</title><content type='html'>&lt;div&gt;En dos autorremisiones (Los Juanguren y el espadero 16 y 17), el profesor Juan Gil nos dirigió a su artículo "&lt;i&gt;Marinos y mercaderes en Indias, 1499-1504&lt;/i&gt;" en el Anuario de Estudios Americanos nº 42 del año 1985; artículo que tiene la categoría de libro no sólo por su extensión, sino por la abundancia y densidad de sus informes. En él, consultado en la biblioteca de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos en Sevilla, hemos comprobado que las cartas que dicho profesor transcribe, dirigidas por Bastidas al trapero y a su hijo Antón, son las mismas que obran en el Archivo de Indias en el legajo del pleito del cual ya hemos hecho estracto. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;En la primera de ellas, fechada el 14 de noviembre de 1505, con un "&lt;i&gt;Muy virtuoso señor compadre&lt;/i&gt;" Bastidas da cuenta a Alonso —por entonces Mayordomo de Sevilla*— de que unas cartas escritas anteriormente no le pudieron llegar porque las naves que las traían sufrieron desperfectos en una tormenta y volvieron a puerto. Le notifica que se venden bien las arrobas de aceite, los tocinos, pescados, harina y vinos, que por no haberlo en las islas "&lt;i&gt;mueren por ello&lt;/i&gt;", y le pide paciencia porque cree las pocas ganancias habidas van a tornarse en fructíferos negocios. Le dice que ha vendido una yegua overa por 164 pesos de oro, aunque al fiado en cuatro meses, y la "&lt;i&gt;blanquita&lt;/i&gt;" por 90 pesos, porque habiendo cargado guijarros en La Gomera, la referida yegua, al pisarlos, se lastimó de una mano, amén de un ojo tuerto que ya traía. Y termina encomendándole que le envíe lo que mejor se vende: seda, terciopelo bueno, paños negros de contray y florete negro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La segunda carta es del 4 de agosto. Empieza por excusarse por no haberle escrito antes, debido a que no había de qué, porque "&lt;i&gt;las ganançias d´ellas acá son delgadas&lt;/i&gt;"; habiéndole por ello con anterioridad Alonso propuesto deshacer la compañía, le contesta que era lo mejor y que confíe en que, mientras, le seguirá enviando hasta el último maravedí de lo que obtuviere con los negocios.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La tercera es del 4 de octubre. Achaca las pocas ganancias con las mercancías que le envía Alonso a "&lt;i&gt;estar esta tierra en poder de judíos&lt;/i&gt;". Han invertido en minas de oro y en su fundición, pero tampoco resulta productivo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La cuarta, del 30 de diciembre de 1506, es la relación de un rosario de calamidades que el conquistador dice estar padeciendo: se han muerto muchos de sus deudores, así como "&lt;i&gt;un cavallo e la burra grande que me enbiastes e avérseme perdido e ido al monte çiento e çincuenta cabeças de puercos e aver cabo de cuarenta e ocho ánimas de esclavos que conpré fiados en el almoneda de los del Rey, que hasta agora de muertos e huídos no me quedavan sino siete, que quinze días a se me huyeron a su tierra, por manera que me han venido buenos escaldones&lt;/i&gt;". Pone a los cuatro santos Evangelios por testigos de que dos yeguas que el trapero le envió, y que vendió fiadas, no las ha cobrado porque "&lt;i&gt;me enbolbió el diablo con tranposos por codiçia de una d´ellas por más&lt;/i&gt;". Le promete reembolso de todo lo invertido, no por las amenazas que Alonso le hace, sino "&lt;i&gt;por el mucho amor e amistad que entre nosotros a avido e avrá&lt;/i&gt;", y le asegura que irá antes contra sí mismo que contra él.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La quinta y última, de fecha 5 de septiembre de 1519 en La Española, va en contestación de una del hijo del trapero ya difunto, Antón Rodriguez Navarrete. Le suplica que le quiera perdonar, y dice que en todo caso actúe según lo razonable, (o sea, que si lo considera justo, recurra a la justicia), puesto que los argumentos que le ofrece, —reconoce—, ya no tienen ningún peso. Le promete que en octubre, un mes después de la redacción, le enviará la carta con su sobrino, y que si no le llega, que no lea ninguna carta posterior de él y haga que actúe la justicia; así, tiene siquiera el rasgo digno de aceptar sus propias responsabilidades y culpas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En 1531 Antón Rodriguez presentó las cinco cartas en el proceso contra Bastidas, las cuales junto con otros papeles importantes de aquel negocio habían estado en poder del canónigo Gonzalo Ortiz de Juanguren desde el 11 de abril de 1514, cuando Juan Ortiz de Juanguren, poseedor de todos los documentos tocantes a tal asunto se las traspasó en nombre de los menores herederos de Alonso y a requerimiento del Alcalde de Sevilla.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No queda —pasando a otro tema— fehacientemente demostrado con la única prueba que aporta el profesor Gil, la transcripción de una petición al Cabildo sevillano el 3 de octubre de 1485, que Alonso Rodriguez fuera natural de Baeza como asegura en "Los conversos", aunque sí que no lo era de Sevilla:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Nobles e virtuosos señores, Luis de Haro e Alonso Rodriguez e Juan de la Maestra e Alfonso de Herrera e Alonso Pinto e Gonçalo Núñez, traperos estantes en esta çibdad, con la devida reverençia nos encomendamos en vuestra merçed, la cual sepa que nos estamos en esta çibdad vendiendo paños, algunos por nuestros padre e algunos por nuestros señores, que son vezinos de la çibdad de Baeça, e nos en esta çibdad no tenemos casas ni asiento salvo las tiendas donde vendemos nuestros paños e ende dormimos por guardallos; e nuestros padre e señores, cuyos fazedores nosotros somos, en la dicha çibdad de Baeça, donde son vezinos, pechan e sirven así en las faziendas que allí tienen como por la que acá enbían, segund paresçe por estas escripturas públicas que presentamos; e porque pechando e sirviendo allá acá indevidamente, no siendo nosotros vezinos ni teniendo casas pobladas, antes siendo estranjeros que traemos cosas de proveimiento para la república, los jurados del barrio de Francos indevidamente nos fazen pechar y nos toman lo que tenemos e nos lo venden para pagar lo que ellos quieren saber de pecho, no deviendo pagar pecho alguno, así que indevidamente somos fatigados e tomado lo nuestro; e poque a vuestra merçed pertenesçe en semejante caso prover, umillmente le suplicamos que sobre ello nos provea de remedio de justiçia, mandando que, pues no somos obligados a pagar cosa alguna, no nos sea pedido pecho e lo que nos han llevado indevidamente nos sea restituido: e en esto vuestra merçed administrará justiçia e nos fará grand bien e merçed, el estado de la cual Nuestro Señor prospere a su santo serviçio.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aunque luego se le nombra como "Alonso Rodriguez de Baeça". Sin casa propia este año, pronto prosperó convirtiéndose en un pudiente mercader de paños y vestimentas de lujo, hasta el punto que en 1505 tuvo capacidad económica para arrendar el mayordomazgo de Sevilla. Además en la primera expedición de Bastidas en 1500 invirtió como armador "&lt;i&gt;encandilado con el Descubrimiento&lt;/i&gt;" 50.000 maravedíes. Fallecida la Reina Isabel**, el 16 de mayo de 1505 recibió 46.202 maravedíes por ocho lobas*** de luto para ocho miembros del Cabildo, y 5.805 maravedíes por 51 varas y media de terciopelo negro, con la misma finalidad. Un año después, por la defunción de don Felipe****, entregó a regidores y oficiales hispalenses 95 lobas de sus almacenes, que le reportaron 101.000 maravedíes. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;A raíz de este arrendamiento del mayordomazgo aparece el entronque mercantil con los Juanguren, aunque ya había formado familia con Beatriz; entonces, dos de sus cuñados salen de fiadores: el Jurado Rodrigo Ortiz con medio millón de maravedíes y su hermano Luis Ortiz con 300.000. Además de los dichos, lo avalan Hernando Perez Melgarejo y los mercaderes Alonso de Medina, Pedro Chacón —también de Baeza— y Bernardino de Isla, con 750.000 maravedíes cada uno. Este último comerció activamente en Indias, y en 1509 tenía un criado y un primo por representantes suyos en La Española. Descendiente del mercader Bernardino, el religioso Padre Bernardino de Isla llegaría a tener intereses familiares y económicos en nuestro pueblo, como veremos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* &lt;i&gt;En Sevilla existían dos mayordomos, uno hidalgo y otro ciudadano, pero el que desempeñaba las funciones propias del cargo, es decir, ser responsable de la gestión de los bienes y recursos del concejo, era el ciudadano. De hecho, normalmente se emplea el nombre del cargo a secas, sin añadir la condición de ciudadano.&lt;/i&gt; (EL PRIMER ARRIENDO DEL OFICIO DE MAYORDOMO DEL CONCEJO DE SEVILLA, Antonio Collantes de Terán Sánchez).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El mismo nos informa de que se empezó a arrendar el oficio de mayordomo hacia el año 1448, entre las protestas de los miembros del Cabildo sevillano, pero antes en la sesión capitular del 2 de septiembre de 1446 el duque de Medina Sidonia había planteado la cuestión, para incrementar los recursos de la ciudad; además, "&lt;i&gt;inmediatamente antes de la intervención del duque, se había vuelto a plantear la necesidad de encontrar dinero para pagar al alcalde mayor don Pedro de Guzmán los 50.000 maravedíes que había gastado de su patrimonio en la guarda del castillo de Fregenal, los cuales venía demandando de tiempo atrás&lt;/i&gt;".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con toda evidencia fruto de estos favores, el duque de Medina Sidonia don Juan de Guzmán y don Pedro de Guzmán, Alcalde Mayor de Sevilla, junto a otros aristócratas parientes y deudos, otorgaron en dicha ciudad el 23 de febrero de 1448 una escritura de "&lt;i&gt;confederación y amistad&lt;/i&gt;", jurándola en manos del caballero Álvaro de Esquivel.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;** En Medina del Campo (Valladolid), el día 26 de noviembre de 1504, por un cáncer de útero.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;*** Loba.&lt;i&gt; Primera documentación, en 1455, en la Relación de los bienes que quedaron del conde de Plasencia don Pedro de Zúñiga. Era esencialmente un sobretodo vueludo y despegado del cuerpo, sin mangas, bien completamente cerrado, bien con dos aberturas laterales para sacar los brazos, llamadas maneras. También se dió el nombre de loba a sobretodos con maneras, como los descritos, pero abiertos por delante. En el siglo XV había sido una prenda de uso general. En el siglo XVI las mujeres continuaron usando la loba durante cierto tiempo; pero entre los hombres se convirtió pronto en un traje propio de médicos, doctores, estudiantes y clérigos. Son muy numerosos los textos que contienen noticias sobre la loba. Me limito a recordar los que sirven para justificar la identificación que he hecho de esta prenda. Existen dos detalladas descripciones de ella, una de 1535 y otra de 1611, que coinciden en lo esencial. La primera está en el curioso documento en que Pedro Girón describe los trajes que él recordaba haber sido usados en España: "también traían lobas que son todas cerradas y sin capilla, sino con un collarico de un dedo o poco más en lo alto y con aberturas de tres o cuatro dedos por delante, y abiertas las maneras por delante para sacar los brazos; algunos usaban estas lobas todas abiertas por delante. Estas lobas comunmente fué hábito de hombres de letras y hacíanlas algunas de color morado o gris o de otros colores honestos o de paños muy finos" (Noticia de los antiguos trajes de España. Biblioteca Nacional). Esta observación se comprueba en numerosos textos que describen lobas de paño muy fino, de terciopelo negro (Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V, Amberes, 1681, pág. 6), de damasco plateado o de cuero negro, forradas en paño negro (Inventario de las cosas que están en los alcázares de Segovia, 1503, págs. 118 y 119), de saya negra (Inventario de los bienes repartidos entre la viuda del tesorero de Isabel la Católica y su hijo. Zaragoza, 1509. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, LXVIII, 1, 1960, pag. 88), de grana morada (Inventario de los bienes de Alonso Enríquez, Caballero de la Orden de Santiago. Sevilla, 1512. Propiedad particular, Madrid), y de brocado negro forradas de damasco blanco (Question de Amor. Primera edición, 1513, en Menéndez y Pelayo: Orígenes de la novela. Nueva Biblioteca de Autores Españoles, VII. Madrid, 1905, pág. 84). La descripción de 1611 se debe a Covarrubias, quien define la loba como "vestidura clerical, talar, que llega al suelo, a todo ruedo y cerrada, con golpes para sacar los brazos (Tesoro de la lengua castellana o española). Golpes era lo mismo que aberturas. La pragmática de 1502 sobre los lutos añade a los datos de Girón y Covarrubias, que además de las lobas con maneras había otras completamente cerradas, puesto que dispone lo siguiente: "por las personas reales traigan los hombres lutos de lobas cerradas e con falda —es decir, con cola— e capirotes, todo de paño negro tondido... e por los grandes e prelados e personas de título traigan los hombres lobas cerradas por los lados, sin falda ..., e por las otras personas lobas largas, con maneras abiertas por los lados, que allegen más de fata el suelo y que no rastren" (Lutos, por quien e como se han de traer, 1502, fol. CLVI, en Pragmáticas y leyes hechas y recopiladas por don Fernando y doña Isabel, con adición de muchas pragmáticas, Medina del Campo, 1549). Es de notar que cuanto más larga fuera la cola y más cerrado el traje, se expresaba un luto más riguroso. Un tercer tipo de loba era la abierta toda por delante, aludida en el texto de Girón y en algunos inventarios; por ejemplo, en uno de 1508 figuran "una loba de paño de florencia, abierta, ribeteada con una tira de damasco, y una loba de Ruan verde oscura, abierta, guarnecida con raso verde" (Inventario de los bienes de Juan de Pimentel, 1508, Archivo Histórico Nacional). En otro inventario de 1512 figura "una loba abierta de chamelote". Lobas femeninas se mencionan en inventarios de 1511 (Inventario de los bienes de Estefanía Carroç de Arborea. Barcelona, 1511. Boletin de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, 1929-30, pág. 294), 1515 (El equipo de boda de Doña Isabel de Aragón. Anuario del Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecarios y Arqueólogos, II, 1934, págs. 233 y 234), 1518 (Testament de doña Johana, muller del magnifich mossén Dalman de Navel. 1518. Boletin de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, XIV, 1929-30, pág. 287), 1523 (Inventario de los bienes de Pedro Galcerán de Cartiliano, 1523. Estudis Universitaris Catalans, IV, 1910, págs. 164 y 168) y 1539 (Inventario de las ropas y alhajas de la sra. emperatriz fecho en Toledo, año 1539. Archivo de Simancas). Estas solían ser también de colores oscuros, pero no faltan alusiones a lobas carmesíes (El equipo de boda de Doña Isabel de Aragón. Anuario del Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecarios y Arqueólogos, 1934, pág. 233) y de damasco azul o blanco (Inventario de las ropas y alhajas de la sra. emperatriz fecho en Toledo, año 1539. Archivo de Simancas). La loba pertenecía a la misma familia que el capuz y el tabardo, pues las tres prendas eran esencialmente sobretodos holgados y despegados del cuerpo, con aberturas laterales para sacar los brazos, en el caso de que, por ser completamente cerradas, los brazos no se sacasen levantando el borde de la falda. Ello es la causa de que en algunos textos se confunda el tabardo y el capuz, o la loba y el tabardo. Por ejemplo, la pragmática de 1515 permite que las mujeres forren las alas de las lobas de seda o tafetán (Pragmáticas y leyes hechas y recopiladas por don Fernando y doña Isabel, con adición de muchas pragmáticas. Medina del Campo, 1549, II, pág. 306), y un inventario de 1523 alude a una loba femenina "ab les manegues y devant forrades de vellut" (Inventario de los bienes de Pedro Galcerán de Cartiliano, 1523. Estudis Universitaris Catalans, pág. 164). En uno y otro caso se trata, sin duda, de las mangas flotantes típicas del tabardo. También se alude a una loba femenina con mangas en la relación de las ropas de la Emperatriz; en 1526 se hizo en Granada una loba "de raso morado, forradas las mangas del mismo raso con dos ribetes de terciopelo morado" (Relacion de las ropas que la emperatriz trajo de Portugal y de las que se han hecho en Castilla hasta principios del año 1529, Archivo de Simancas)&lt;/i&gt;. Carmen Bernis, INDUMENTARIA ESPAÑOLA EN TIEMPOS DE CARLOS V. C.S.I.C. Madrid, 1962.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Loba &lt;i&gt;(Del gr. λώπη, especie de manto de piel).1. f. sotana (‖ vestidura talar). ~ cerrada. 1. f. Manto o sotana de paño negro que con el capirote y bonete formaba el traje que fuera del colegio usaban los colegiales y otras personas autorizadas por su estado o ejercicio para el uso de esta vestidura&lt;/i&gt;. Diccionario de la Real Academa Española de la Lengua.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;**** Felipe el Hermoso, fallecido en Burgos el día 25 de septiembre de 1506, se dice que por haber bebido agua fría acalorado tras jugar a la pelota.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-3687813634195526129?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/3687813634195526129/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=3687813634195526129' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3687813634195526129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3687813634195526129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/04/los-juanguren-y-el-espadero-18.html' title='Los Juanguren y el espadero 18'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-8830903303730214209</id><published>2011-04-21T17:22:00.004+02:00</published><updated>2011-05-02T00:10:41.542+02:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 17</title><content type='html'>&lt;div&gt;El pleito se fué alargando debido a que una de las partes litigantes —la del Gobernador— y muchos de los testigos estaban en Ultramar, y se necesitaron prórrogas y plazos de hasta diez meses para localizarlos e interrogarlos. Entre los de Antón Rodriguez Navarrete se contaban el mercader Alonso Ruiz, Pedro Díaz de Jerez y Hernando de Nebreda, que declararon tan tarde como en junio de 1530*. En este año, decíamos, la parte de Bastidas se encuentra en Indias, y está representada por el Procurador Francisco Jiménez. Un año después, el lunes 8 de mayo de 1531 Miguel Ortiz —que por entonces debía ser estudiante— dió poder a su hermano Antón Rodriguez, otorgado en la sevillana plaza de Santa Catalina en casa de un escribano conocido nuestro: Juan de la Rentería, el comprador del oficio de Bernardo de Ulloa previa intermediación de su hijo Francisco Mejía (Los Juanguren y el espadero 7, marzo de 2011). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por entonces era fallecido don Pedro Pérez de Guzmán, por lo que doña María Ortiz experimentaba viudedad por partida doble.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En la misma casa de Juan de la Rentería en Santa Catalina, cuando alcanzó la mayoría de edad Miguel Ortiz y ya conseguido en Salamanca su título de Bachiller, —título que con letra de trazos seguros encabeza ahora su firma—, reemplazó el martes 11 de noviembre de 1533 a su hermano como gestor de los intereses de la familia en la deuda con los herederos de Bastidas, a saber: Isabel Rodríguez de Romera Tamaris su viuda, y el hijo de ambos, de igual nombre que el padre y Deán de la Santa Iglesia de Sevilla entre otros cargos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Poco antes de ceder el apoderamiento, Antón Rodriguez había hecho una probanza con unos testigos, todos ellos sevillanos, cuyas edades denotan la extraordinaria dilatación del contencioso: Juan Guillén, de 70 años; Diego de Padilla, de 65 (marino al que le fue encomendada la cargazón); el Comendador Rodrigo de Grajeda, de más de 50; Juan Hernández de las Varas, de 50; el boticario Ordoño Ordóñez, de 50; Bartolomé Arias, de 50; Luis Diaz Navarrete (que surge de sopetón como hermanastro de Antón, o sea, hijo de Alonso Rodriguez Navarrete "&lt;i&gt;y de otra madre&lt;/i&gt;"; de esta manera el trapero se nos desvela, además de dueño de haciendas y esclavos, un libertino consumado); Juan de Sevilla, de 35 años (nacido y criado pared por medio de la casa del dicho Alonso); el dorador Hernando de Toledo, de 50 años; Isabel Hernandez, viuda del batihoja Francisco Sanchez; Diego Perez el viejo, de 83 años; el corredor de lonja Pedro Ruiz, de 50; Alonso de Córdoba, de 60; María Sanchez, de 50 y viuda del librero Juan de Morales; Catalina Hernandez, de 60 años y viuda del zapatero Antón Martínez Garrote; Pedro García, tundidor.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Vivieron estas personas en la calle de La Trapería** o en sus inmediaciones, conocieron a Alonso y a Beatriz, y vieron crecer a sus hijos. Se refieren al año de 1507 como "&lt;i&gt;el año de la pestilencia grande en Sevilla&lt;/i&gt;"***, y casi todas ellas fueron requeridas también por los herederos de Bastidas para declarar, además de un Juan de Loya, mercader.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Parece ya claro que Antón Rodriguez era hijo de Alonso. Queda por dilucidar qué parentesco tenía con nuestro Diego Ortiz de Juanguren. Éste dice claramente que su padre es el hidalgo Pedro Ortiz, más a la vez nombra, repetimos, como su hermano a Antón, en contradicción flagrante. Podríamos partir de una solución equidistante, y es que el trapero Alonso fuera tío político del hacendado castillejense. Beatriz sería en este caso su tía carnal, hermana del tal hidalgo Pedro. Sobre esta hipótesis, los Ortiz de nuestro interés no serían originarios de Baeza como lo era dicho trapero. Dejémoslo en este punto, por ahora, atendiendo al castizo dicho de "lo que sea, sonará".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sobre Rodrigo de Bastidas**** ya tenemos una referencia en "Los esclavos 82e", febrero de 2010.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* Año de 1530. Diego Ortiz de Juanguren recuerda, mientras convalece, complicadas las secuelas de los traumatismos de la pelea con una neumonía insidiosa que le produjo un descuido por la noche con la ropa de cama y el consiguiente enfriamiento. Durante toda su vida hasta rondar la madurez, un tema recurrente del que oía hablar con semblantes serios a sus mayores fue el pleito con Rodrigo de Bastidas. De muy niño, cuando en los días de fiesta era llevado a la casa de la Alcaicería sevillana a visitar a la familia, rememoraba alguna que otra frase de sus tíos, captada entre juego y juego, acerca de la eterna y omnipresente querella, y luego de joven sabía de idas y venidas de escribanos cargados de legajos, de reuniones con testigos y de comentarios de vecinos y conocidos, siempre alrededor del centro gravitatorio que era la palabra clave: Bastidas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Todo lo cual formó en su espíritu una imagen demonizada del conquistador trianero que ahora, diluídos los límites y perfiles en su mente enfebrecida por la afección pulmonar, llegaba a confundir con el pajarero Haldón. Pese a todo y en su delirio de anciano enfermo, se sentía triunfador, en la vida en general y en este último conflicto, a pesar de que el resultado había sido tener que guardar cama y recibir atención médica. En todo caso, tenía claro como un faro en la noche tenebrosa de su imaginación que su contrincante estaba en peor situación, lo cual era una estimulante fuente de energía para sobrellevar su estado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En efecto. Juan Martin Haldón intentaba reposar tumbado de espaldas en el colchoncillo, dejando pasar las horas negras del calabozo sin mover ni un músculo, con los ojos cerrados y el pensamiento, muy a su pesar, bullente. Voces mudas en la oscuridad le repetían insistentes que los pobres no tienen derecho alguno y que su peor pecado era haber formado una familia que, como las de todos los desheredados de la fortuna, estaba abocada a la miseria, a la esclavitud y a la servidumbre. Era así, la cruda realidad se le representaba vívida e hiriente, y aquella representación se reforzaba de forma insoportable cuando la puerta se abría y su esposa, portando alguna vianda, lo visitaba. Con un fuerte sentimiento de culpa le preguntaba mecánicamente por la pequeña Leonor, y ella le contestaba lacónica: "&lt;i&gt;bien está, no os preocupéis&lt;/i&gt;". Por nada del mundo hubiera permitido que su hijita lo viera en semejante situación.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Luego, otra vez solo, volvían los fantasmas, y veía a los nietos de Juanguren, sonrosados y rientes, jugando bajo las umbrías arboledas de hermosas mansiones con surtidores de agua cristalina, entre maravillosas mariposas y pájaros que ni por asomo eran sus tristes zorzales, y las carcajadas infantiles iban en aumento, en aumento, hasta que percibía con sobresalto y horror que se convertían en pájaros crueles riéndose de él, y entonces se sabía derrotado y la amargura de aquel yugo añadíasele a la opresión del cepo hasta asfixiarlo y anularlo. La noche así era un suplicio psíquico que lo dejaban exánime durante el siguiente día.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;** Calle de la Trapería, tiene que ser la que Antonio Collantes de Terán contempla como calle de Traperos en su Diccionario Histórico de las calles de Sevilla. Se trataría del segundo tramo de la hoy denominada calle Hernando Colón, que conecta la plaza de San Francisco con la calle Alemanes. Sastres, tudidores y mercaderes de paños la habitaron desde muy antiguo, y en tiempos de la Sevilla musulmana era arteria principal de la Alcaicería, "&lt;i&gt;barrio de tiendas de artículos selectos y de alto valor en el mundo árabe&lt;/i&gt;". A fines del siglo XVI Morgado la describe de esta manera: "&lt;i&gt;Y la otra suma riqueza de la Alcaycería o Alcaycería de Oro y plata, perlas, cristal, piedras preciosas, esmaltes, coral, sedas, brocados, telas riquísimas, toda sedería y paños muy finos. Es la Alcaycería vn barrio de por sí lleno de tiendas de plateros y escultores, sederos y traperos, con toda la inmensa riqueza que se vela de noche, con sus puertas y alcaide, que también de noche las cierra con llave&lt;/i&gt;". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Queda explicado así cómo el oficio de Alonso Rodriguez Navarrete se encontraba en las antípodas de lo que en nuestro tiempo se entiende por "trapero".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;*** 1507, conocido como el Año de la Peste. Esta epidemia, que vació también el Aljarafe, se llevó a Alonso Rodriguez Navarrete y pocas semanas después, a su mujer Beatriz Ortiz. Cuentan que en más del 80% de los casos, un infectado contagiaba a alguien de su familia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;**** Rodrigo de Bastidas, natural de Triana y notario de profesión, se lanzó a la aventura como tantos otros lo hacían, sin distinción de clase social; hizo asiento para salir a descubrir, con los Reyes Católicos, el 5 de Junio de 1500. Fue Adelantado de Santa Marta de Indias. Lo hirió traidoramente Juan de Villafuerte, muriendo en Cuba en 1527, de resultas de las heridas recibidas. Vimos en "Los esclavos 82e" nota primera, —febrero de 2010—, que R&lt;i&gt;odrigo Álvarez Palomino fué elegido por "el común" para reemplazar al trianero Rodrigo de Bastidas en el gobierno de Santa Marta, apuñalado Bastidas en su bohío por uno de sus subalternos y muerto por ello poco después, en Cuba, en junio o julio de 1527. También tuvo un final trágico Palomino, ahogado en un río en el año 1528&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Es digno de resaltar que mientras Antón Rodriguez Navarrete seguía pleito contra Bastidas por deudas, Pedro de Cifontes lo hacía por lo mismo contra su sucesor en la gobernación de Santa Marta, el referido Rodrigo Álvarez Palomino.  &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los restos del trianero Bastidas reposan en la capilla edificada por su hijo en la iglesia de la Catedral de Santo Domingo. Su mujer era Isabel Rodríguez de Romera Tamaris, y nacieron de esta unión Isabel de Bastidas y Rodríguez de Romera, quien se casó con Hernando de Hoyos, y&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Rodrigo de Bastidas y Rodríguez de Romera, Deán, además de la de Sevilla, de la Iglesia de Santo Domingo por nombramiento de 7 de Octubre de 1521, y Obispo de Venezuela en 1531, el primero en tal cargo; lo fue luego de Puerto Rico y de Santo Domingo, y Visitador Real de Puerto Rico y dos veces Gobernador de Venezuela. Junto con su madre fundó mayorazgo el 24 de Mayo de 1551, con la condición de que para disfrutarlo era requisito indispensable usar como primer apellido Bastidas, y llamando como primer poseedor a su sobrino Rodrigo de Bastidas, hijo de Hernando de Hoyos y de la referida Isabel.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El apellido Bastidas es encomiado por muchos pseudogenealogistas como originado de la invención de una máquina de guerra, la bastida, que consistía en una torre de madera con ruedas, en cuya cima y debidamente parapetados los soldados podían acceder a las altas murallas de las ciudades sitiadas, acercando esta máquina a ellas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nos fiamos más de la información que proporciona nuestro guía en este asunto del trapero y el conquistador, el profesor Juan Gil.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Un buen ejemplo de mercader metido a descubridor lo constituye Rodrigo de Bastidas, que fue tildado de "nieto de judío çancarrón&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;" por los franciscanos estantes en La Española&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt; (cf. J. Meseguer, "El arzobispo Cisneros y la Iglesia misionera en América (1500-1512)", AIA, XLV [1985] 477). Como primera providencia, pues, despejo la nebulosa que se cierne sobre su genealogía, nunca suficientemente estudiada (pero cf. mis "Marinos y mercaderes, p. 23ss.). En esta familia de muy mediano pasar sólo destaca aparte de Rodrigo de Bastidas una prima suya, Leonor de Morales, que casó en primeras nupcias con Ruy López y en segundas con el licenciado Fernando de Rojas, que fue alcalde mayor de Sevilla. Los demás (Rodrigo y Juan de Bastidas, Cristóbal de Sanabria) son sombras que se mueven en torno a la figura del mercader enriquecido en las Indias: gracias a él Rodrigo llegó a ser obispo de Venezuela y después de San Juan, y Juan, arcediano de la catedral dominicana.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- &lt;i&gt;Çancarrón, el pie enxuto sin carne. Este nombre han puesto a los hombres de poca suerte, y que en su professión saben poco. Tamarid dize ser nombre arábigo.&lt;/i&gt; (Covarrubias).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Zancarrón. Metaphoricamente se aplica al Professor de ciencias, que no sabe bien, ù de alguna arte, que entiende poco; porque assi como al zancarrón le falta la sustancia de la pulpa: assi al Professor ignorante la de su facultad. Zancarrón de Mahoma. Llaman por irrision los huessos de este falso Propheta, que van à visitar los Moros à la Mezquita de Meca. &lt;/i&gt;(Diccionario de Autoridades)&lt;i&gt;.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;                           &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;                           Vieja blanca a puros Moros,&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;                           Solimanes, y Albayaldes,&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;                           vestida sea el zancarrón,&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;                           y el puro Mahoma en carnes.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;                            &lt;/div&gt;&lt;div&gt;                           (Francisco de Quevedo, Las Musas).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- Aunque bastantes años después, franciscano en La Española fué también el cura de la Iglesia de Santiago don Rodrigo de Cieza: &lt;i&gt;Fray Rodrigo de Cieza. Oficiales de el ... y Mi Señor que reside en la ciudad de Sevilla, en la Casa de la Contratación de las Indias. Fray Rodrigo de Cieza, de la Horden de San Francisco, que ha hecho relación que él tomó el hábito en la Isla Española...&lt;/i&gt; (Rodrigo de Cieza 15, enero de 2009).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los padres del Gobernador Rodrigo de Bastidas fueron Ana de Bastidas y Alonso Fernández Ojos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Otra relación entre él y Castilleja, si bien en extremo indirecta, es que socorrió con una flotilla de tres naves a Hernán Cortés en 1521.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-8830903303730214209?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/8830903303730214209/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=8830903303730214209' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/8830903303730214209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/8830903303730214209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/04/los-juanguren-y-el-espadero-17.html' title='Los Juanguren y el espadero 17'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-1444290483904374991</id><published>2011-04-16T09:02:00.001+02:00</published><updated>2011-04-16T09:07:10.893+02:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 16</title><content type='html'>&lt;div&gt;De la mano del profesor Juan Gil en "Los conversos y la Inquisición sevillana", vamos a afinar la genealogía de Diego Ortiz de Juanguren, para luego continuar con el desenlace del juicio a Juan Martín Haldón. De esta forma conoceremos más y mejor las circunstancias de la prominente familia y en especial las del valetudinario Alcalde, que día a día va recuperándose de los golpes y zarandeos de la noche de autos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Dice Juan Gil:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;ORTIZ. "El apellido de Ortiz quieren algunos que proceda de un duque de Normandía que lo guió un lucero y le puso en Toledo" (Ramírez de Guzmán, Libro de algunos ricos-hombres y cavalleros hijodalgo que se allaron en la conquista de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, p. 939 ss.); como si hubiese sido un Rey Mago. Sólo una observación: en los orígenes brumosos el cronista Ortiz de Zúñiga es mal consejero, a pesar de lo que cree Saus ( Anales eclesiásticos y seculares de la ciudad de Sevilla, pp. 338-39): le pesa el estigma ancestral; por lo tanto, parece preferible quedarse con la "oscuridad" en que dejaba sumida la estirpe M. Borrero a seguir insinuaciones de lazarillos interesados. Es sobremanera difícil no perderse en la selva de los Ortices, tan prolíficos, incluso con la guía del Discurso de Ortiz de Zúñiga y de Saus, XVI. Además del elenco de los reconciliados, me limito a presentar a las personas y a las familias que pueden tener antepasados conversos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;ORTIZ DE JANGUREN&lt;/i&gt; (sic). &lt;i&gt;Hermanos:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;1) Rodrigo Ortiz (San Isidoro). Fue nombrado jurado de Santa Cruz el 20 de junio de 1494 (Registro General del Sello, XI, nº 2173 [p. 330]&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;; Tumbo de los Reyes Católicos del Concejo de Sevilla, VII p. 36)&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;2) Beatriz Ortiz, mujer del trapero Alonso Rodriguez, natural de Baeza. Alonso hizo compañía mercantil con  Rodrigo de Bastidas y fue mayordomo de Sevilla en 1506; falleció el 1 de enero de 1507, dejando a la mujer y a los hijos sumidos en una marea de pleitos, tanto con su socio como con la ciudad (cf. Gil, "Marinos y mercaderes", p. 116 ss.). Beatriz falleció en marzo de 1507. Hijos:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;I) Antonio Rodriguez Navarrete. Vendió al jurado Ruy Pérez de Esquivel un esclavo negro de Guinea, Juan, de veinte años de edad, por 9.750 mrs. (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, III 1519, al 8 de julio).&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;II) Pedro Ortiz.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;III) Miguel Ortiz. Estudió en Salamanca (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, I 1535 [=48], f. 780v).&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;IV-VII) Juan, María, Catalina e Isabel.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;3) Juan Ortiz de Janguren, jurado, marido de Leonor de Esquivel, hermana de Juan de Esquivel. Fue tutor de los hijos de su hermana Beatriz. Recibió en su nombre 80.650 mrs. que el comendador Jerónimo de Cabrera debía a Alonso Rodriguez (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, XV 1508, 2 f. 164r).&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;4) Gonzalo Ortiz, canónigo. Dejó por herederos a los hijos de su hermana Beatriz, que aceptaron la herencia el 21 de marzo de 1520 (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, IV 1520, 1 f. 806).&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;1.- Sello. 20 de junio de 1494. Medina del Campo. Fol. 77. Juradería de Sevilla a Rodrigo Ortiz, vecino de Sevilla.- Reyes.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;2.- Tumbo. IV-208. Carta de prouisión de la juradería de Sancta Cruz en Rodrigo Ortis. 1494, junio, 20. Medina del Campo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Don Fernando e donna Ysabel, por la graçia de Dios rey e reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Seçilia, de Granada, de Toledo, de Valençia, de Galizia, de Mallorcas, de Seuilla, de Çerdenna, de Córdoua, de Córçega, de Murçia, de Iahén, de los Algarbes, de Algezira, de Gibraltar e de las yslas de Canaria, conde e condesa de Barçelona e sennores de Vizcaya e de Molina, duques de Athenas e de Neopatria, condes de Rosellón e de Çerdania, marqueses de Oristán e de Goçiano. Por fazer bien e merçed a vos, Rodrigo Ortis, vezino de la muy noble çibdad de Seuilla, acatando los buenos e leales seruiçios que Iohan de Ouiedo, nuestro jurado de la dicha çibdad de Seuilla, nos ha fecho e faze de cada día, en alguna emienda e renumeraçión (sic) dellos, tenemos por bien e es nuestra merçed que, agora e de aquí adelante para en toda vuestra vida, seades nuestro jurado de la dicha çibdad de Seuilla de la collaçión de Sancta Cruz en logar del dicho Iohan de Ouiedo, nuestro jurado de la dicha collaçión, por quanto nos le fezimos merçed del dicho ofiçio de juradería al dicho Iohan de Oviedo por vacaçión e priuaçión de Pero Gonçález de Seuilla&lt;sup&gt;1a&lt;/sup&gt;, el qual fue priuado della por el delitto de la herética prauidad, e el dicho Juan de Ouiedo renunçió e traspasó en vos el dicho ofiçio de juradería e nos suplicó e pidió por merçed que vos fiziésemos merçed dél por su petiçión e renunçiaçión, firmada de su nombre e signada de escriuano público.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;E por esta nuestra carta, mandamos al conçejo, asistente, alcaldes, alguazil mayor, veynte e quatro caualleros regidores, jurados, escuderos, ofiçiales e omes buenos de la dicha çibdad de Seuilla e al cabildo de los jurados della, e a los vezinos e moradores de la dicha collaçión de Sancta Cruz de la dicha çibdad que, juntos en su cabildo e ayuntamiento, segund que lo han de vso e de costunbre, sin nos requerir ni consultar sobre ello ni esperar otra nuestra carta nin mandamiento, reçiban de vos, el dicho Rodrigo Ortiz, el juramento e solepnidad que en tal caso se requiere. El qual por vos fecho, vos ayan e reçiban por nuestro jurado de la dicha collaçión, en logar del dicho Juan de Ouiedo, e vsen con voz en el dicho ofiçio e voz recudan e fagan recudir con la quitaçión e derechos e salarios e otras cosas al dicho ofiçio de juradería anexos e pertenesçientes e que por razón dél podedes e deuedes aver e leuar, e vos guarden e fagan guardar todas las honrras, graçias e merçedes, franquezas e libertades e perrogatiuas (sic) e exençiones e todas las otras cosas e cada vna dellas que por razón del dicho ofiçio deuedes aver e vos deuen ser guardadas, segund que mejor e más conplidamente vsaron e vsan e recudieron e recuden e fueron e son guardadas al dicho Iohan de Ouiedo e a cada vno de los otros nuestros jurados de la dicha çibdad. E que en ello, ni en cosa alguna ni parte dello, vos non pongan ni consientan poner enbargo ni contrario alguno, ca nos, por esta dicha nuestra carta, vos reçebimos e avemos por reçebido al dicho ofiçio de juradería e al vso e exerçiçio dél e vos damos poder e facultad para los vsar e exerçer en caso que por ellos o por alguno dellos non seades reçebido al dicho ofiçio. La qual dicha merçed de juradería vos fazemos biuiendo el dicho Iohan de Oviedo veynte días contados desde el día que hizo la dicha renunçiaçión, segund la forma de la ley por nos fecha en las cortes de Toledo que en este caso habla.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;E los vnos nin los otros non fagades nin fagan ende al por alguna manera, so pena de la nuestra merçed e de diez mill maravedíes para la nuestra cámara a cada vno por quien fincare de lo así fazer e cunplir. E demás, mandamos al ome que les esta dicha nuestra carta mostrare, que los enplaze que parezcan ante nos en la nuestra corte, doquier que nos seamos, del día que vos enplazare a quinze días primeros siguientes, so la dicha pena. So la qual, mandamos a qualquier escriuano público, que para esto fuere llamado, que dé ende al que ge la mostrare testimonio signado de su signo, porque nos sepamos en commo se cunple nuestro mandado.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Dada en la villa de Medina del Campo, a veynte días del mes de junio, anno del nasçimiento de nuestro Saluador Iesu Christo de mill e quatroçientos e nouenta e quatro annos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Yo, el rey. Yo, la reyna.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Yo, Françisco de Madrid, secretario del rey e de la reyna, nuestros sennores, a fiz escriuir por su mandado.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;E en las espaldas estaua escripto lo siguiente: En forma. Rodericus, doctor. Registrada, Doctor. Alonso Gutiérrez, chançiller. E sellada.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1a.- Esta es una familia caída en desgracia.&lt;i&gt; Hermanos:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;1) Diego González, bachiller.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;2) Pedro González de Sevilla, jurado (Archivo Histórico Provincial de Sevilla, XXIII 1472 [=15963], f. 232v.), reconciliado, marido de Isabel Rodriguez, reconciliada (San Nicolás). Los reyes le quitaron la juradería "por el delitto de la herética pravidad", concediéndosela a Juan de Oviedo el 20 de junio de 1494 (Tumbo, VII, p. 36ss.). Junto con su hijo Rodrigo compró 330 libras de seda por 264.004 mrs. a Antonio de Sobranis y a Jerónimo Salvago (Archivo Provincial de Sevilla, XV 1506 [=9103], f. 389r. al 16 de febrero). Hijo:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;    I) Rodrigo Rodriguez, mozo soltero (Archivo General de Simancas, Padrón de los habilitados en Sevilla en 1494-96, nº 771). En 1506 se llamaba Rodrigo de Sevilla.&lt;/i&gt; (Juan Gil, obra citada).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De los hermanos Juaguren que relaciona el profesor Gil debemos detenernos en Beatriz Ortiz, no tanto por ella como por su marido, el trapero Alonso Rodriguez, que suscita la más jugosa documentación dada su estrecha relación con persona de tanto relieve histórico como fue el Gobernador de Santa Marta Rodrigo de Bastidas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Observemos, de paso, que hay piezas que no encajan, como por ejemplo el hijo de este trapero y de Beatriz, Antón Rodriguez Navarrete, al cual Diego Ortiz, nuestro hacendado en Castilleja, se refiere como "su hermano" en alguna ocasión. O Pedro Ortiz, nombrado también por Diego como "su padre", aun cuando no aparece en esta genealogía de "Los Conversos" como tal padre. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por lo tanto y en evitación de mayores confusiones, optamos por basarnos en los informes que aparecen en la documentación custodiada en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, la cual viene dando cimientos a esta historia de Castilleja. A partir de ella, priva el método comparativo con otras fuentes, cual las que maneja el profesor Juan Gil. En este Archivo sobre el que trabajamos los personajes aparecen con sus más nítidas dimensiones, dado que los manuscritos fueron elaborados en nuestro pueblo, por gente conocedora de lo que aquí "se cocía". Las almas de dichos personajes, como vamos comprobando, fluyen de los protocolos, y rien, lloran, sienten, padecen, odian y aman más vívidamente que en cualquier otro lugar, lo cual justifica sobradamente nuestra preferencia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y puestos a comparar, comparemos lo que obra en el Archivo General de Indias en referencia a Bastidas y el pleito tocante a este Antón Rodriguez Navarrete, cuya disparidad de apellidos no debe hacernos olvidar que es un Juanguren de pura cepa (ver "Los Juanguren y el espadero 6", marzo de 2011).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por fortuna nos fue fácil acceder al cuadernillo del pleito entre los herederos de Bastidas y los del trapero Alonso Rodriguez, perfectamente conservado en el Archivo de Indias y, aunque no digitalizado todavía, sí de fácil y cómoda lectura. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;He aquí un estracto de su contenido: en la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española, el día 26 de enero de 1526, ante los Señores Oidores de su Audiencia y el escribano público de ella, pareció Antón Rodriguez Navarrete, y en nombre de su hermana doña María Ortiz, mujer de don Pedro Perez de Guzmán y tutora y curadora de Miguel, Isabel y Juan, sus hijos y a la vez herederos de Alonso Rodriguez Navarrete su padre, difunto, puso pleito a Rodrigo de Bastidas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un mes antes, el 27 de diciembre de 1525, doña María, vecina de Sevilla en la collación de San Llorente, había dado el poder a su hermano Antón, vecino de Sevilla en la collación de Santa Catalina, mediando la necesaria licencia de su marido don Pedro Perez de Guzmán, "&lt;i&gt;para cobrar todos los maravedíes, oro, plata, etc. en Las Indias, que se le deben a su padre Alonso Rodriguez Navarrete&lt;/i&gt;". Este apoderamiento tuvo lugar en Paterna del Campo ante su escribano público Pedro Lopez de Aguilar, siendo testigos Juan de Horro, Rodrigo Perez, Ruy Lopez y Juan de Esquivel, vecinos de Paterna. Por lo que se ve, María Ortiz, analfabeta que no sabía firmar pero merecedora del título de "doña", residía con su marido en una villa tranquila, lejos del mundanal ruido de la urbe.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero si retrocedemos un lustro, sabremos de una doña María veinteañera que ya había vivido experiencias importantes, como es un matrimonio anterior y la consiguiente viudedad: &lt;i&gt;En Sevilla, el lunes 1º de agosto de 1519 a las nueve horas antes del mediodía, estando en las casas de la morada de Antón Rodriguez Navarrete, ante Diego del Postigo, Alcalde Ordinario de dicha ciudad de Sevilla, y en presencia del escribano público Diego Lopez y los testigos susoescriptos, parecieron María Ortiz, mujer de Luis de Aranda, mercader, de edad de veinte años poco más o menos, y Miguel Ortiz, su hermano de diez y siete años, e Isabel Ortiz, de quince años, todos hermanos, hijos de Alonso Rodriguez Navarrete, Mayordomo que fué de la dicha ciudad de Sevilla, y de Beatriz Ortiz su mujer, vecinos que fueron de dicha ciudad de Sevilla en la collación de Santa María, difuntos, y María Ortiz con licencia de su marido Luis Aranda, dijo que por cuanto Alonso y Beatriz procrearon a ellos y a Antón Rodriguez Navarrete, hermano mayor de veinte y cinco años, y a Juan su hermano, menor de catorce años, y sus dichos padres los dejaron a todos por herederos y los dichos menores están indefensos, pidieron por tanto al dicho Señor Alcalde que le provea de curaduría, y nombraron para ello a Antón Rodriguez Navarrete, el cual aceptó el cargo, presentando como su fiador al dicho Luis de Aranda, siendo testigos Gonzalo de Almonacid y ... Ramírez, escribano de Sevilla. Firmaron Antón Rodriguez y Luis de Aranda&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Antón, como tutor y curador de sus hermanos menores y en nombre de su hermana doña María, ya desde Sevilla había intentado incoar autos contra Rodrigo de Bastidas, frustados según se desprende del viaje que tuvo que hacer —ver supra— a Santo Domingo para continuar litigando. En esta primera diligencia Antón demanda a Bastidas diciendo que en 29 de junio de 1504 dicho Gobernador y Alonso su padre formaron compañía en Sevilla para llevar a Indias yeguas, asnos, burras, ropa, brasil, 33 arrobas de vino tinto de Aracena, vino añejo fino de Cazalla, vino blanco de Alájar, 30 arrobas para el brevaje de los hombres, piezas de lienzo, varas de holanda, camisas de hombre, camisones de mujer, caparazones de Londres, capirotes, 80 jarras para vino, papel, cofres, navajas, espejos, mazos de cartas verdes, agujas, pesos, dos docenas de ayudas a 320 maravedíes*, peines, zapatos, ladrillos, alpargatas moriscas, cuchillos con sus vainas, jubones blancos, hachas de cera blanca, clavos de herrar, azuelas, trébedes, zurrones, maderos para hacer pesebreras, bonetes, naguas, escribanías, 16 sayos de colores (de Pedro de Ávila), sillas de caderas, escobejas de limpiar ropa, sombreros, espadas, puñales, espuelas, un freno plateado...: la cargazón no puede ser más heterogénea.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Además un Antón minucioso hasta la última moneda deduce como gastos del viaje la compra de un perro, de barriles de aceitunas, de una jarretera de atún, los salarios de mozos en La Gomera, la paja de las yeguas, los jornales de los indios, el pago de la alcábala en la sevillana Puerta de Jerez... todo ello para exigir de los herederos del Gobernador de Santa Marta 4.969 castellanos y 4 tomines de oro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* Ayudas. &lt;i&gt;Los clysteles llaman ayudas porque ayudan a naturaleza cuando ella sola no puede descargar la ocupación del estómago y vientre. &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Clystel. Es la melecina o gayta que se echa al enfermo para lavarle o purgarle el vientre. Es nombre griego, xλυστΥρ, clyster, vale tanto como lavatorio, porque con él se lavan las tripas; del verbo xλυζειν,  quod est abluere. Tómase algunas vezes por el mesmo instrumento con que se echa, que suele ser de una bexiga de vaca o de cuero, que llaman melecina, a medento, o de un cañuto de metal, y a éste lo llaman geringa, que vale fístula, por ser como cañuto, nombre griego, συρυξ, syrinx. Fingen los poetas aver sido Syringa una ninfa que, persiguiéndola el dios Pan y no pudiendo escapar de sus manos, los dioses la convirtieron en unas cañas palustres, y de aquí llamaron también gayta la melezina, o geringa, o por la semejança que tiene a la gayta en el cañón y el odrecillo de cuero. Plinio, lib. 8, cap. 27, cuenta deverse esta medicina del clister a una ave que se cria en Egypto, dicha ibis, porque sintiéndose embaraçado del vientre, hinchendo el cuello de agua, mete el largo pico que tiene por su trasero y hinche el vientre de agua, con que se purga, enjuagándole y lavándole con ella.&lt;/i&gt;(Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se comprende que con las tensiones del viaje y el cambio de horarios y hábitos alimentarios los severos estreñimientos hicieran estragos, y resultara productivo comerciar con estos instrumentos terapéuticos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-1444290483904374991?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/1444290483904374991/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=1444290483904374991' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1444290483904374991'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1444290483904374991'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/04/los-juanguren-y-el-espadero-16.html' title='Los Juanguren y el espadero 16'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-3886243646845304489</id><published>2011-04-12T00:03:00.001+02:00</published><updated>2011-04-12T00:07:55.295+02:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 15</title><content type='html'>&lt;div&gt;La mañana del Día de los Difuntos, con sol a ratos y grandes nubes altísimas y blancas, la pasó Alonso de Trujillo renqueando entre los enterramientos en la iglesia de Santiago, colocando algún ramillete de flores, enderezando alguna cruz, limpiando alguna telaraña parsimoniosa y ritualmente, imaginando que así colaboraba con Dios en hacer que la estancia de sus allegados en la Gloria fuese más pura, más inmaculada, tal era el estado mental a que lo habían conducido los años y los disgustos, los sermones y las doctrinas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se le acercó un momento don Rodrigo de Cieza, surgiendo fantasmal del rincón más tenebroso de la nave mayor, siniestra y subrepticiamente como para regodearse comprobando el alcance destructor que su obra ideológica había ocasionado en aquella mente ya senil.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—Dios os guarde, señor Alonso.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; El anciano volvió la cabeza destocada, apenas con unos mechones de canas. No fué de la inmensa mayoría de los que copiaron el corte de pelo que Carlos V importó de Europa, y peinó siempre una larga melena castaña, derramada por hombros y espalda, pero ahora su cabeza era un erial desagradable y costroso. Parecía, interrumpido por el religioso, un pájaro desorientado, derribado súbitamente de la elevada abstracción de sus pensamientos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—Buenos días, padre —articuló con voz quebrada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—He sabido que el señor Hernando Jayán vuelve a ser Juez en los autos contra Haldón el zorzalero.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—¿Cómo dice vuestra merced, padre? —inquirió Alonso abriendo al máximo la boca desdentada y con un brillo de imbecilidad en sus mortecinas pupilas*. Le temblaban las manos mientras sostenía un florero de hojalata oxidada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Don Rodrigo desistió. Le dió un par de palmaditas fraternales en la huesuda chepa y se despidió de él. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El viejo Alonso tenía idea de visitar acto seguido el hogar donde balbuceaba regurguitando leche su nuevo nieto, con la esperanza de que no le impidieran, entre su hija y su yerno, padres de la criatura, tenerlo siquiera un momento en brazos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tuvo suerte: su hija Mencía estaba de buen humor tras dar de mamar a Juanito, y su yerno el escribano, ajeno a todo —ni siquiera le devolvió el saludo—, dedicaba su atención a un libraco a la luz ora brillante ora tenue que penetraba por la ventana. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ya a estas alturas el lector habrá adivinado quiénes eran los felices progenitores; en efecto, Juan Vizcaíno, escribano público y del Concejo de la Villa de Castilleja de la Cuesta por el Conde de Olivares su señor, era el esposo de Mencía de Trujillo y ésta, la persona que más quería en el mundo el viejo Alonso, dejando aparte a su nietecito.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mas, ¡ay!, la fortuna, el destino o lo que quiera que sea que rige nuestras vidas, si alguna regencia es posible o concebible, hizo con un helado soplo que aquella nube de felicidad y paz en que se asentaba dicho hogar se disipara sin dejar rastros. Faltando poco para la entrada del invierno de 1559 hubo en La Plaza una subasta para alquilar los bienes heredados por dos niños que habían perdido a sus padres y a su abuelo**. Juana y Juan eran tan pequeños que olvidarían pronto hasta los rasgos faciales de sus antecesores.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* Quizá el lamentable estado del carcamal explique, al menos en parte, que Catalina Hernández no siguiera adelante con la recusación a Hernando Jayán. Designar a un anciano demenciado como Juez de Comisión sólo podía comprenderse como una broma sarcástica de un Conde de Olivares desconsiderado y burlón con sus súbditos menos pudientes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;** El acta de la almoneda nos informa de que el 12 de noviembre de 1559 (cuatro años después del altercado Juanguren-Haldón) se remató en la Plaza el arrendamiento de los bienes de de Juana y Juan, menores hijos y herederos de Juan Vizcaíno y de Mencía de Trujillo, su mujer, difuntos, y nietos y herederos de Alonso de Trujillo, difunto. Actuó Alonso Martin, pregonero del lugar de Bormujos, y dió fé de todo ello el nuevo y flamante escribano Miguel de las Casas. El tutor de los menores es Garcia de las Cuevas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La heredad tiene viña, lagar, casa y huerta, bodega, vasija y todas sus pertenencias en esta Villa, y otras viñas en los términos de Camas y Valencina, —en total nueve aranzadas más o menos—. La almoneda fue para arrendar la heredad durante un periodo de cinco años, y aparecieron como pujadores Hernando Jayán, ofreciendo 12.000 maravedíes anuales; Francisco Aguilar, 20.000; de nuevo Hernando Jayán, 24.000; y Francisco Aguilar, 25.000. Se suspendió el remate hasta el domingo siguiente, 19 de noviembre. Apareció entonces Alonso Miguel, obligado de las carnicerías públicas de la Calle Real, que ofertó 26.000 maravedíes; respondió Francisco Aguilar con 27.000; pujó Juan de ¿Jerez?, vecino de Sevilla, con 28.000; Francisco Aguilar respondió con 29.000; y Juan de Jerez se la adjudicó elevando la oferta hasta los 30.000 maravedíes, contra los que nadie quiso o pudo optar por superar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Existió —anotamos marginalmente— una familia apellidada Hernández Vizcaíno en la Castilleja de aquellos años, cuyo vínculo si lo hay con el escribano Juan esperamos que surga en la próxima documentación a estudiar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En cuanto a la heredad de la parejita de huérfanos, vemos que consistía en bienes de superior cuantía. Sin duda que Juan y Mencía mejoraron lo que ellos por su parte pudieran haber heredado de sus mayores, pero es el abuelo el que plantea algun dilema al respecto: acostumbrábase a escribir el nombre propio "Alonso" abreviado con una A mayúscula, una l y una o volada, Alº; con el nombre "Juan" se hacía otro tanto, usando en este caso una J, Jº, por el antiguo Joan; y es el caso que un Juan de Trujillo consta en el Libro de los Heredamientos que el Comendador Alonso de Esquivel manejaba (ver "Los Juanguren y el espadero 11", entrada de marzo de 2011); muy probablemente se trata de la misma persona, cuyo nombre ha sido confundido por una mala lectura.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y ahora, quizá pecando de brusquedad en el cambio de tema, terminamos este capítulo con unas consideraciones acerca del oficio —porque eso era entonces, e incluso sigue siendo hoy en día— de cazador de zorzales, consideraciones que nos han de hacer recordar a Juan Martín Haldón aprisionado también como un pájaro, en casa de Alonso y Ana.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Si el ahora reo hubiese podido disponer de los modernos medios de observación que disfrutamos en la actualidad, cuales son unos buenos prismáticos y un bagaje teórico adecuado, se habría explicado esa extraña impresión que desde niño le producía la agresiva batalla aérea que, cuando un ave ajena a la colonia invadía el espacio propio de los zorzales autóctonos, desarrollaban entre estridente piar y vuelos de embestida los machos del grupo, especialmente en época de cría. Juan Haldón siempre pensó, viendo la guerra a lo lejos, en la altura, que las aves que eran su medio de vida y sustentaban a su familia atacaban con las garras y los picos, e incluso, con la sugestión de su engaño, creía ver flotando alguna pluma desprendida en los encontronazos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nada más falso. Los zorzales bombardean con sus propios excrementos a los intrusos plumíferos que quieren neutralizar, impregnándolos de sustancias oleaginosas que les impiden desenvolverse en el aire. Así que este sistema de dejar caer sobre las alas del enemigo tal materia, ácida y maloliente, escapaba de las observaciones de nuestro castillejano. En contrapartida, Martín Haldón tenía bien documentado el sistema que utilizan los pintados pájaros para romper la concha de su alimento preferido: el caracol. Allá donde veía, junto a una piedra del camino, un tocón de árbol o la base de un muro, un montoncito de fragmentos de conchas, podía asegurar que los zorzales andaban cerca; en efecto, contra estos "rompederos" el pájaro destroza el duro e indigesto recubrimiento de su manjar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Luego está el canto, armonioso e inspirador de poetas. Los zorzales se crían en Europa del este, y con los primeros fríos se dirigen en grandes bandadas a las zonas más cálidas del sur, entre las que se encuentra Andalucía. Se creía que hacían estragos en las cosechas, pero a decir verdad, compensan con creces el daño por la limpieza que llevan a cabo en los campos de toda clase de orugas e insectos dañinos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El método de captura que practicaba Haldón era el de chifle, el más común en la época. En sentido estricto, el chifle es un silbato que imita el canto del zorzal, atrayéndolo hacia la trampa, que en el caso que nos ocupa consistía en un pegamento llamado "liga" que se huntaba en las ramas de algún árbol familiar a la colonia, quedando así los animales, al posarse en ellas, adheridos por contacto*. Los chifles con los que Juan engañaba a sus presas eran de latón, y probablemente de esta clase eran los dos que dijo que llevaba en su zurrón cuando recaló en la taberna-posada de La Plaza la noche del escándalo y la subsiguiente pelea con Diego Ortiz de Juanguren.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo que ocurre es que todo parece indicar que el término "chifle", al menos en nuestra localidad, poseía un significado más amplio que el que documentan las obras de referencia al uso**. Así lo constatamos en los protocolos notariales, en los que, por ejemplo, se habla de chifle junto a árboles frutales, dando a entender ser otro árbol: "... en la esquina de la viña hay cinco higueras, dos naranjos y un chifle..."; y también "... Fulano arrienda a Mengano un chifle ... " que sugiere que el objeto del contrato es un lugar o puesto de caza; o incluso "... cortar las ramas de un chifle ..." y "... podar un chifle ... ". En algún lugar lo hemos leído identificado como encina***.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por otra parte, abundaba en la terminología alixareña el verbo "chiflar", igualmente con un sentido más extenso que el de meramente soplar el reclamo. Se trataría "ir a chiflar o ir al chifle" de "ir a cazar zorzales", y en algun documento, del acto ya referido de podar o cortar las ramas del árbol que serviría de puesto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Añadiremos que esta actividad está prohibida en nuestro tiempo, debido al peligro de extinción que se cierne sobre el turdus philomelos. En estos días pueden leerse en la prensa noticias sobre detenciones, multas y denuncias a cazadores furtivos que ejercen esta práctica****.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El antiguo pito zorzalero ha evolucionado hasta convertirse en un sofisticado artilugio digital que se puede adquirir en Internet por un precio que ronda los 80 euros; consiste en un aparato del tamaño de un teléfono móvil con una pantallita que ofrece un menú de cantos de varias clases de aves, para elegir el que convenga. Entre ellos, el armonioso gorjeo del zorzal. Pero probablemente a nadie llegue tan profundo como a Haldón llegó la música de estas aves. Le hablaban, reían con él, lo retaban y, en ocasiones, con sus gorgoritos le contaban sus cuitas, y el cazador soñaba con ellas de día y de noche, y con sus fraseos limpios había construido un universo linguístico interior que soportaba mucha de su filosofía vital. "El zorzal —decía en sus ratos de inspiración— tiene en el buche las claves de Dios", y sus contertulios lo miraban con reprobación, temiendo cercanos oídos inquisitoriales; "como a un volátil vos han de asar los señores", le avisaban.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* ...t&lt;i&gt;enía, además, mil otras habilidades. Era gran ginete y desbravador; con una escopeta en la mano, ponía la bala donde ponía el ojo; preparaba como nadie un arroyo con esparto y liga para coger jilgueros; tocaba divinamente el chifle debajo de un olivo para que acudiesen los zorzales y se quedasen ahorcados en la percha&lt;/i&gt;. ("Mariquita y Antonio", de Juan Valera).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;** &lt;i&gt;Chiflar, verbo transitivo. Cazar zorzales en la "chifla"&lt;/i&gt; (época de otoño e invierno propia para cazar zorzales con reclamo). Tesoro Léxico de las Hablas Andaluzas. Alvar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;*** En estos versos de la reconocida poetisa argentina Teresa Parodi, "...&lt;i&gt;Vuelan los lazos, canta el pial, y un chifle en llamas para incendiar, la volteada en el palmeral... &lt;/i&gt;(de Viejo Narciso), parece haber reminiscencias del chifle como vegetal, aunque nos ha sido imposible documentarlo con más detalle en Latinoamérica.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;**** &lt;i&gt;Más de cien vecinos de Adamuz&lt;/i&gt; (Córdoba) &lt;i&gt;se concentraron ayer ante el Ayuntamiento para exigir la legalización de la caza del zorzal mediante la denominada técnica «chifle», en la que se utiliza un reclamo mecánico&lt;/i&gt;. ABC, 16 de noviembre de 2010.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;El Seprona cierra el operativo 'Chifle' con 30 denuncias por caza furtiva. Los agentes han intervenido 420 aves muertas de distintas especies, entre las que destacan zorzales, petirrojos, lavanderas, currucas y papamoscas, entre otros.&lt;/i&gt; El Día de Córdoba, 2 de marzo de 2009.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;La Guardia Civil, a través del Equipo del SEPRONA, estableció un dispositivo de servicio orientado hacia la zona del paraje "Casa de Cebadillas", con el que se logró detectar sonidos que al parecer eran emitidos por un reclamo mecánico de zorzal, una modalidad conocida en la zona del Alto Guadalquivir como "Chifle"&lt;/i&gt;. Diario de Córdoba, 24 de octubre de 2008.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-3886243646845304489?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/3886243646845304489/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=3886243646845304489' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3886243646845304489'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3886243646845304489'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/04/los-juanguren-y-el-espadero-15.html' title='Los Juanguren y el espadero 15'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-2655469838283050626</id><published>2011-04-01T21:30:00.004+02:00</published><updated>2011-04-02T16:24:37.595+02:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 14</title><content type='html'>&lt;div&gt;El miércoles día 30 muy temprano, la parte de Juan Haldón se dirigió a la casa de Hernando Jayán —situada aproximadamente en lo que hoy ocupa la calle de Lepanto— para presentarle la documentación habida el día antes en el Alcázar hispalense. Cuando el grupo llegó a la puerta se miraron unos a otros con los ojos muy abiertos, y como en una transmisión de pensamiento por telepatía, casi al unísono repararon en un detalle principal que hasta ahora había permanecido esquivo en los vericuetos de sus planes: Hernando Jayán y Diego Ortiz de Juanguren eran uña y carne, compadres, amigos íntimos, camaradas, y además vecinos. Mediando esta circunstancia, tenían el pleito perdido. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Todavía no habían accionado el aldabón de la puerta del Juez de Comisión, así que en voz baja improvisaron la siguiente actuación: Catalina y Ana de Tovar entregarían los papeles del Conde, dilatando en lo posible la diligencia que Jayán debía emprender a tenor de lo mandado en ellos, y mientras, el Alguacil y el playero volverían otra vez a Sevilla, a plantear una recusación en forma. Con suerte podrían estar de vuelta al mediodía, trayendo lo que don Pedro de Guzmán proveyese.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y se puso en ejecución el plan. Ana y Catalina fueron recibidas con frialdad, pero eran mujeres inteligentes y decididas, y lograron su propósito. Más de una hora tardó el escriba en hacer acto de presencia, y otro par se empleó en redactar las copias para el Registro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Hernando Jayán, mi vasallo de mi Villa de Castilleja de la Cuesta, ved la petición de esta otra parte escrita, que me fué dada por Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, vecino de la dicha mi Villa, preso en la Cárcel de ella, y cerca de lo en ella contenido yo os mando que hagáis información de lo que sobre ello pasa, la cual, con la que está hecha cerca del desacato y palabras que el dicho Juan Martín Haldón hizo a Diego Ortiz, me la enviad, para que lo mande ver, y proveer justicia, y tened (en blanco) preso y a buen recaudo al dicho Juan Martín Haldón hasta tanto que yo mande otra cosa, hecha el 29 de octubre de 1555.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;En la Villa de Castilleja de la Cuesta, a 30 de octubre de 1555, ante Hernando Jayán y en presencia del escribano Juan Vizcaíno, pareció Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, que está preso, y presentó ante el dicho Señor Hernando Jayán la Provisión y Comisión del Muy Ilustre Señor Don Pedro de Guzmán arriba dicha, la cual pidió que la acepte y cumpla como en ella se dice, y lo pidió por testimonio.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Hernando Jayán dijo que la aceptaba y aceptó, y que está presto a hacer justicia, y lo mandó poner en la diligencia, y asimismo dijo que mandaba y mandó a Catalina Hernandez que traiga y presente a los testigos, que él está presto a los recibir y hacer justicia.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La estratagema funcionó. Ajeno al doble juego de los partidarios del preso, el Juez de Comisión se las prometió muy felices con una querella que a todas luces percibía decidida y sentenciada. Su compadre Diego agradecido de por vida, y él mismo con motivos de regocijo durante la suya era el balance. A aquellos pueblerinos analfabetos, pero soberbios, le sería fácil engañar. Acordó con las dos mujeres y con Juan Vizcaíno seguir la gestión tras el almuerzo, dando así tiempo a que Catalina reuniese a sus testigos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de comer, Jayán no esperaba que, en lugar de los declarantes, aparecieran en su puerta el playero y el Alguacil, quienes, serios y en silencio, le tendieron los documentos que habían conseguido arrancar a los burócratas del de Olivares:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Muy Ilustrísimo Señor: Catalina Hernandez, digo que yo supliqué a Vuestra Señoría mandase cometer la causa de entre Juan Martín Haldón mi marido con Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, a persona sin sospecha para que hiciese la información y me hize (sic) justicia, y Vuestra Señoría lo cometió a Hernando Jayán, el cual es íntimo amigo y compadre del dicho Diego Ortiz de Jujén (sic), yo y el dicho mi marido no entendemos alcanzar justicia, por tanto yo, como mujer y conjunta persona del dicho mi marido, pido y suplico a Vuestra Señoría mande cometer esta causa a un criado de su Casa, a quien se envíe hacer la información y en castigar los culpados, y a que suelte al dicho mi marido y le desagravie, y si necesario es, recuso al dicho Hernando Jayán, y juro a Dios que esta recusación no la hago de malicia, y que es buena y verdadera. Otro sí, a Vuestra Señoría pido y suplico tenga consideración a que el dicho mi marido no hizo desacato alguno, ni hubo causa para que el dicho mi marido fuese preso, y que el dicho mi marido no le quebró la vara de justicia, y que el dicho Diego Ortiz fué la causa, y debiera tener consideración a que el dicho mi marido estaba fuera de su juicio, por cierta enfermedad que tiene, y suplico a Vuestra Señoría tenga consideración a esto, por lo cual ¿fue?, y si la vara amaneció quebrada, que no sé ni afirmo fué porque la traía quebrada y encerada, y un abad se la quebró, y no mi marido&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- De este misterioso abad no volvemos a saber nada. Comoquiera que la recusación siguió el camino que ahora veremos, se supone que nadie lo tomó en cuenta.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Hernando Jayán, mi vasallo vecino de esa mi Villa de Castilleja de la Cuesta, yo os mando que veáis la petición de esta otra parte escrita, que me fué dada por Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, y viendo lo en ella contenido, yo os mando que toméis (en blanco) a Alonso de Trujillo, vecino de esa mi Villa, y nulo ajuntament gralos informándolo de lo que pasa entre Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y Juan Martín Haldón, y a tomar los procesos criminales que contra él hay, de cualesquier delitos y pendencias que haya tenido, y haced que los testigos ratifiquen, y concluid con él para dar definitiva, y con consejo de letrado (en blanco) lo que halláreis por justicia, y mando al dicho Alonso que acepte lo susodicho ... y le doy poder cumplido ... ... de octubre de 1555.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;El 30 de octubre de 1555, ante el Juez de Comisión Hernando Jayán, pareció Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, y presentó la Provisión y Comisión del Conde arriba puesta, y vista por el Señor Hernando Jayán, dijo que está presto de hacer cumplir todo lo que Su Señoría manda, y mandó al escribano Juan Vizcaíno que notificase del acompañamiento al dicho Alonso de Trujillo, para que lo acepte y se junte con él.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Así lo hizo Juan Vizcaíno. Del día 31 de octubre no disponemos de documentación al respecto. Se puede suponer que aquel jueves, víspera del Día de Todos los Santos, el anciano Alonso de Trujillo platicara con Jayán, e incluso que fuesen informados de ello los familiares de Haldón. No sabemos adónde condujeron las reuniones ni qué pudo ocurrir para que, después de tantos trabajos y carreras, al día siguiente los defensores de Haldón anularan la recusación, permitiendo a Hernando Jayán continuar como Juez, y dejando así descansar al septuagenario Alonso de Trujillo, quien con su edad bien lo agradecería.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Y luego, en 1 de noviembre (viernes, Dia de Todos los Santos), ante dicho escribano Juan Vizcaíno, pareció Catalina Hernandez, y dijo que no quería y quiere usar de la dicha recusación que puso contra Hernando Jayán, sino que lo consiente y da por bien el dicho Hernando Jayán, por sí solo si desacompañado reciba ... (sic). 30 días de octubre ... ... ... . &lt;/i&gt;La discordancia de fechas parece error de Vizcaíno&lt;i&gt;.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mas esta extraña retirada de la recusación quizá tuviera algo que ver con los acontecimentos que se aproximaban, acaso ya por entonces siendo proyectos claros en las mentes del Alguacil, de Ana y de Catalina. Por fin, sin fecha conocida, pero casi seguro que el día 2, Día de los Difuntos, Catalina Hernandez trajo y presentó sus testigos siguientes:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Juan de Vega, trabajador vecino de esta Villa, presentado por parte de Juan Martín Haldón que está preso. Dijo que este testigo ha dicho su declaración sobre esta causa, por parte del dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y le ha dicho todo lo que sabía y vió de este negocio, y pidió a dicho escribano Juan Vizcaíno le leyese su dicho, y siéndole leído dijo que lo contenido en él es la verdad, y en ello se afirmaba y afirmó, y si fuese necesario lo decía de nuevo, y que de más de lo que dicho tiene, se acuerda este testigo que, estando en la Cárcel, el dicho Señor Alcalde daba voces y decía que le diesen una soga, que había de ahorcar a aquel bellaco borracho, y que vió que le puso guardas al dicho Juan Martín Haldón, y que vió cómo el dicho Juan Martín Haldón, como no quería ir a la Cárcel, lo desgarraron, y que Luis Ortiz dijo al dicho Diego Ortiz que bien podía ahorcar al dicho Juan Haldón, pues tal lo había parado, y que no vió ni sabe otra cosa. No firmó.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Juan Garcia, tabernero, vecino de esta Villa. Dijo que estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado en su casa, que es casa de trato, a buen rato de la noche entró en su casa de este testigo el dicho Juan Martín Haldón, y pidió que le diesen medio cuartillo de vino, y este testigo, porque le pareció que iba fuera de seso y juicio natural, no se lo quiso dar, y luego comenzó a cantar y bailar el dicho Juan Haldón, y Ana Cárdenas, mujer de este testigo, le dijo que se fuese a su casa, y el dicho Haldón nunca quiso, y desde a un poco vino Diego Ortiz, Alcalde, y como entró, este testigo le rogó que le echase de casa al dicho Juan Haldón, porque no le revolviese la gente que estaba en casa, y el dicho Señor Alcalde mandó al dicho Haldón que se saliese y fuese a su casa, y el dicho Juan Haldón se salió a la calle y comenzó a hacer alharacas, y que le diesen un cuartillo de vino que había pagado, y no lo había pagado, y luego se vinieron el dicho Diego Ortiz, Alcalde, y el dicho Juan Haldón la calle arriba, y luego tornaron entrambos a casa de este testigo, y el dicho Juan Haldón decía que se le había perdido una bolsa con dineros, y dos chifles, y el dicho Señor Alcalde y este testigo buscaron la dicha bolsa y nunca la hallaron, y como el dicho Señor Alcalde vió que le había burlado el dicho Juan Haldón, lo tomó y llevaba a la Cárcel, y luego lo tornó a soltar, y no sabe ni vió otra cosa, y esta es la verdad para el juramento que hizo. No firmó, y es de ... años de edad.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Hernán Dominguez, trabajador estante en esta Villa&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Dijo que lo que sabe es que, estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado, en el portal de la iglesia de esta Villa, oyeron gritos hacia casa de doña Isabel Cataño, mujer de Cazana, y fueron este testigo y Alonso de Mendoza, que estaba con este testigo, adonde sonaban los dichos gritos, y cuando allegaron hallaron que el dicho Juan Haldón, que está preso, estaba echado en el suelo, y el dicho Diego Ortiz, Alcalde, dijo a este testigo que lo echasen mano, y luego el dicho Juan Haldón se levantó, y como se levantó arremetió al dicho Señor Alcalde y le dió una o dos puñadas, y luego anduvieron a los brazos el dicho Juan Martin y el dicho Alcalde, y luego el dicho Alcalde asía del pescuezo al dicho Juan Haldón, y por traerlo a la Cárcel le daba de rempujones y le llamaba de bellaco borracho, y le pareció que entreoyó que le había llamado de salteador de caminos&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;, y así lo llevaron a la Cárcel, y entrando en la Cárcel este testigo se salió de la Cárcel, y no vió otra cosa. Y lo firmó.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Portugués, un hombre controvertido. Ver "Los esclavos 75h" y ss., octubre de 2009.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- Insulto cierto o invención del testigo, es una clara alusión al episodio de los pollos en el camino de Albarjáñez.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Leonor Sanchez, mujer de Francisco Fuerte&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;. Dijo que conoce al dicho Juan Martín Haldón, que está preso, y al dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y que el lunes en la noche próximo pasado, estando esta testigo en su casa, oyó barahúnda en la calle, y abrió la puerta de la calle, y cuando la abrió, vió que el dicho Diego Ortiz, Alcalde, y otras personas que iban con él, llevaban preso al dicho Juan Martín Haldón hacia la Cárcel de esta Villa, y que no sabe ni vió otra cosa. No firmó.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Testigo por parte de Diego Ortiz de Juanguren.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Alonso Rodriguez de Triana, vecino y Alguacil de esta Villa. Dijo que no sabe cosa alguna de lo contenido en la querella. No firmó.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Luis de Casana, vecino de Sevilla y morador en esta Villa, presentado por parte de Juan Martín Haldón. Conoce al dicho Juan Martín Haldón y al Señor Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y que este testigo ha dicho su declaración en esta causa por parte del dicho Señor Alcalde, y pidió que le fuese leído, y siéndole leído por el escribano Juan Vizcaíno, dijo que es la verdad, y que además de lo que dicho tiene, se acuerda que el dicho Alcalde, por llevar a la Cárcel al dicho Juan Haldón, le debiera de rasgar las ropas, porque este testigo vió cómo el dicho Juan Haldón, estando en la Cárcel luego que le prendió el dicho Señor Alcalde, tenía rompidos (sic) la camisa y el sayo, y que, por meterle miedo, el dicho Señor Alcalde decía que lo había de ajorcar (sic) al dicho Juan Haldón&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, y vió cómo le echó unos grillos y una cadena de hierro, y entrambos pies en el cepo, y le puso dos hombres que lo guardasen, y que no sabe ni vió otra cosa. Firmó.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Nótese como Luis de Casana exculpa a Diego Ortiz de Juanguren, so pretexto de que actuó en plan paternalista. Este Luis era un hombre joven de buena familia, de desenvainar fácil, y de pocos escrúpulos a la hora de robar una yegua para darse cabalgadas por pura diversión, como iremos viendo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Diego de Cárdenas, de nación indio, trabajador estante en esta Villa, juró en forma de derecho, y siendo preguntado por lo contenido en la querella, dijo que lo que sabe en razón de lo contenido en la dicha querella es que, estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado, a buen rato de la noche, en casa de Juan García, tabernero, donde vive y mora este testigo&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, y vió cómo estaba allí el dicho Juan Martín Haldón, y ¿valió? (¿bailó?) con este testigo y con otras personas que estaban en casa, y tomó una vihuela al esclavo del cura&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt; y comenzó a tañer y a hacer varahúnda (sic), y como le vió Ana de Cárdenas, mujer del dicho Juan García, andar desatinado, dijo que se saliese de su casa, y nunca quiso el dicho Juan Haldón, y desde a un poco vino el Señor Alcalde y entró en casa, y como entró, la dicha Ana de Cárdenas dijo al Señor Alcalde que echase de casa al dicho Juan Haldón, y el dicho Señor Alcalde mandó al dicho Juan Haldón que se saliese de casa de la susodicha y se fuese a su casa el dicho Juan Haldón, y el dicho Juan Haldón volvió con el dicho Señor Alcalde, diciendo que se le había perdido una bolsa con dos chifles y cuatro reales que tenía dentro de la dicha bolsa, y pedía al dicho Señor Alcalde que se la hiciese dar, y el dicho Señor Alcalde buscó la dicha bolsa y nunca pareció, y del enojo que con él tomó por la burla que le había hecho, mandó a este testigo que llevase a la Cárcel al dicho Juan Haldón, y este testigo con el dicho Señor Alcalde llevaron al dicho Juan Haldón hasta la puerta del dicho Señor Hernando Jayán, y allí lo dejaron y no lo llevó a la Cárcel, sino mandó le metiesen en su casa y no saliese de ella hasta otro día, y este testigo se vino a su casa, y no vió ni sabe otra cosa en razón de lo contenido en la dicha querella, y esta es la verdad para el juramento que hizo, y no firmó, y dijo que es de ... años.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- De nación indio, Diego de Cárdenas era con toda probabilidad un esclavo sudamericano ahorrado, antigua propiedad de los taberneros y ahora reconvertido en sirviente, a juzgar por su apellido, que coincide con el de la mujer de Juan García, Ana de Cárdenas. Era usual que los amos dieran sus apellidos a los esclavos que poseían. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- Amplia información sobre este esclavo de don Rodrigo de Cieza en "Los esclavos 1" y ss., febrero de 2009.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Ana de Tovar, mujer de Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil de esta dicha Villa, juró en forma de derecho, y siendo preguntada por lo contenido en la querella de la dicha Catalina Hernandez, dijo que lo que sabe en razón de lo contenido en la querella es que, estando esta testigo el lunes en la noche a buen rato de la noche próximo pasado en las casas de la morada de esta testigo, donde al presente es la Cárcel del Concejo de esta Villa, vió cómo el dicho Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, trajo preso al dicho Juan Martín Haldón, y como lo metió dentro de la Cárcel, lo hizo asentar encima del cepo, y allí le dijo y llamó de ladrón salteador&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, matahombres, y le dió de puñadas en la cara y cuerpo, y le mesaba las barbas y le dió de estirones, y le rompió un sayo prieto y la camisa, y pedía una soga, diciendo que, por las entrañas de la Virgen María, que lo había de ahorcar, y que si lo ahorcaba, que se quedaría ahorcado hasta ciento y un años, y que Luis Ortiz dijo que pusiesen allí un clavo y lo ahorcasen al dicho Juan Haldón, y que ahorcado se quedaría, y que no lo demandaría rey ni roque, y que si el Alcalde no fuera su parte, que otramente se librara, y que no sabe otra cosa en razón de lo contenido en la querella, y que esta es la verdad para el juramento que hizo, y no firmó, y dijo que es de edad de ... años.&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Nueva alusión al chico de los pollos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- Como era de esperar, toda su declaración respira animadversión hacia el viejo hidalgo, consecuencia además del aprecio que sentía por Juan Haldón y Catalina.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-2655469838283050626?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/2655469838283050626/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=2655469838283050626' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/2655469838283050626'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/2655469838283050626'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/04/los-juanguren-y-el-espadero-14.html' title='Los Juanguren y el espadero 14'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-1240113950857668490</id><published>2011-03-26T10:21:00.003+01:00</published><updated>2011-03-26T10:26:59.377+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 13</title><content type='html'>&lt;div&gt;Estamos en la tarde del martes 29 de octubre, otra vez en el hogar de Diego Ortiz de Juanguren y de nuevo con Hernando Jayán y Juan Vizcaíno, y vamos a oir lo que dijo el primero de los testigos del viejo hidalgo:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Luis de Casana, vecino de Sevilla y morador en esta Villa. Dijo que conoce al Señor Diego Ortiz y sabe que es Alcalde Ordinario; dijo que este testigo salió anoche a las ocho horas de la noche, poco más o menos, de las casas de su morada que son en esta dicha Villa, y cuando salió a la calle vió cómo estaba en la calle el dicho Juan Martín Haldón y el dicho Señor Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y el dicho Señor Alcalde quería llevar a la Cárcel al dicho Juan Martín Haldón, y el dicho Juan Martín Haldón se defendía del dicho Señor Alcalde y no se dejaba prender, y estaba sentado en el suelo, y este testigo dijo al Señor Alcalde que se reportase, que sin nada de aquello él se lo llevaría a la Cárcel, y luego el dicho Señor Alcalde lo dejó, y este testigo ayudó a levantar al dicho Juan Haldón, y levantado tornó a hacer fieros y a no querer ir a la Cárcel, y luego el dicho Señor Alcalde dió un rempujón al dicho Juan Haldón para que se fuese hacia la Cárcel, y como le dió el dicho rempujón, el dicho Juan Haldón arremetió contra el dicho Señor Alcalde y le asió de las barbas y le dió dos o tres mojicones con el puño en la cara, y de los mojicones anduvieron entrambos al puñete, asidos el uno de las barbas del otro y el otro de las barbas del otro, hasta que entrambos cayeron al suelo, y a la barahúnda acudió gente, y llevaron a la Cárcel al dicho Juan Martín Haldón; fuéle preguntado que porqué lo llevaba a la Cárcel el dicho Señor Alcalde al dicho Juan Haldón, dijo que ha oído decir este testigo que lo llevaba a la Cárcel porque estaba borracho, y porque dicen que deshonraba a Juan de Vega, vecino de esta Villa, y que no sabe otra cosa; fuéle preguntado que si sabe que el dicho Juan Haldón haya hecho otros desacatos contra la Justicia, u otros delitos, dijo que no sabe, mas que ha oído decir por esta Villa a muchas personas que es un hombre incorregible, y que esta es la verdad por el juramento que hecho tiene.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ha aquí lo que manifestó el segundo, dicho Juan de Vega, al cual ya conocemos:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Juan de Vega, trabajador. Conoce a Diego Ortiz y sabe que es Alcalde Ordinario; dijo que estando el lunes por la noche a su puerta, oyó ruido en la calle abajo hacia la casa del dicho Juan Haldón, y este testigo conoció en la habla al dicho Señor Alcalde y al dicho Juan Haldón, y como los oyó fuése la calle abajo adonde sonaban, y cuando allegó este testigo adonde estaban vió cómo el dicho Señor Alcalde llevaba a la Cárcel al dicho Juan Martín Haldón, y este testigo rogó al dicho Señor Alcalde que no lo llevase a la Cárcel, porque no perdiese hoy martes de ir a chiflar y tomar zorzales, y el dicho Señor Alcalde lo dejó, y dijo a este testigo que llevase al dicho Juan Martín Haldón a su casa, y este testigo lo llevó a su casa y lo metió dentro de su casa, y entonces empezó a decir el dicho Juan Martín Haldón a este testigo: "Vos, Don Puerco y el Alcalde, entrad acá a beber", y este testigo, por su importunación, entró en la casa del dicho Juan Haldón y bebieron un poco de vino, y luego el dicho Juan Haldón se tornó a la puerta, y este testigo le dijo que no saliese de casa, que lo llevaría a la Cárcel el dicho Señor Alcalde, y como no quiso estar en la casa el dicho Juan Haldón, este testigo fue a la Plaza, adonde estaba el dicho Señor Alcalde, y le dijo que no quería estar en la casa el dicho Juan Haldón, que lo llevase a la Cárcel hasta la mañana, y luego el dicho Señor Alcalde fue a la puerta del dicho Juan Martín Haldón, y lo echó a su puerta de casa fuera en la plazeta, y lo tomó y lo llevó a la Cárcel, y ya que allegaban junto a la puerta de la de Casana, el dicho Juan Haldón hizo parada y dijo que no quería ir a la Cárcel, y este testigo y el dicho Alcalde y otras personas tuvieron al dicho Juan Haldón, y teniéndolo asido se quiso huir y por huir cayó en un lodo, y lo tornaron a tomar y esto mandólo el dicho Señor Alcalde, que echó mano por los cabezones al dicho Juan Haldón, y el dicho Juan Haldón no quería ir preso, y como no quería ir preso, el dicho Señor Alcalde le comenzó a dar de puñetazos, y el dicho Juan Haldón por el consiguiente comenzó de dar de puñadas en la cara al dicho Señor Alcalde, y así se dieron de puñadas el uno al otro y el otro al otro, y luego se asieron de las barbas el uno al otro y el otro al otro, y así favorecieron al dicho Señor Alcalde y trajeron a la Cárcel al dicho Juan Haldón, y que no sabe otra cosa; fuéle preguntado que porqué llevaba a la Cárcel el dicho Señor Alcalde al dicho Juan Haldón, dijo que porque decía el dicho Señor Alcalde que estaba borracho y porque no hiciese algunos desatinos, y así le pareció a este testigo que estaba destinado el dicho Juan Martín Haldón, y por eso dijo al dicho Señor Alcalde que lo llevase a la Cárcel, porque no hiciese algún mal recaudo aquella noche, y que no sabe otra cosa; fuéle preguntado que si sabe que el dicho Juan Haldón haya hecho y cometido algunos delitos en esta Villa, dijo que es público y notorio en esta Villa y en los lugares comarcanos que el dicho Juan Martín Haldón es y ha sido un hombre incorregible y revoltoso, y este testigo, siendo Alcalde Ordinario de esta Villa, lo tuvo preso tres o cuatro veces, porque lo hallaba en las calles desde que se embeodaba, haciendo travesuras, y que ha sido público y notorio en esta Villa que, puede haber tres años poco más o menos tiempo, que el dicho Juan Martín Haldón tomó dos pollos a un muchacho en los callejones de Albarjáñez, por fuerza y contra la voluntad del dicho muchacho, y que oyó decir que era el muchacho de un carpintero, y que no sabe otra cosa, y esta es la verdad. No firmó.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El tercer testigo:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Francisco de Aguilar, trabajador. Conoce al dicho Juan Martín Haldón, que está preso, de más de quince años; fuéle preguntado que qué delitos ha visto que ha hecho el dicho Juan Martín Haldón que está preso, de cuatro años a esta parte, dijo que puede haber tres años poco más o menos que, yendo este testigo en compañía de Diego Verde y de Juan de Vega y otros vecinos de esta Villa, a ver un toro a Salteras, en el callejón de Albarjáñez toparon un muchacho que estaba llorando, y este testigo y los que iban con él preguntaron al dicho muchacho que porqué lloraba, y dijo que porque un hombre le había tomado dos pollos que traía, y se había metido en las viñas con ellos, y luego vio este testigo cómo entró en las dichas viñas Leonis Bravo, vecino de esta Villa, y halló al dicho Juan Martín Haldón en una viña, y dió voces diciendo: "acá, acá", y este testigo y sus compañeros acudieron donde estaba el dicho Leonis Bravo, y cuando allegaron vieron salir de una mata al dicho Juan Martín Haldón, y vió cómo estaban en la dicha mata dos pollos piando, y luego vino el dicho muchacho que estaba llorando y conoció los dichos pollos, y dijo que eran aquellos los que le había tomado el dicho hombre, y luego como vió al dicho Juan Martín Haldón el dicho muchacho dijo que aquel hombre era el que le había tomado los dichos pollos, y el dicho Juan Haldón conoció que era verdad que él le había tomado los dichos pollos al dicho muchacho, y que esta es la verdad y que no sabe que haya hecho otros hurtos ni delitos, mas que le ha visto al dicho Juan Martín Haldón andar por esta Villa fuera de seso, de beber vino muchas veces, y cuando anda fuera de seso anda haciendo desatinos como borracho, diciendo palabras de hombre borracho, y que no sabe otra cosa ni ha visto que haya hecho otros delitos, y lo firmó de su nombre, y dijo que es de edad de cuarenta años.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Siguen las explicaciones del cuarto:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Alonso de Trujillo, vecino de Sevilla y morador en esta Villa. Conoce a Juan Martín Haldón de más de veinte años. Fuéle preguntado lo mismo, dijo que le había visto tener del dicho tiempo a esta parte pendencias con muchas personas que al presente no se acuerda de sus nombres, porque son tantas que no hay cuenta, porque este testigo lo ha visto andar desatinado y fuera de seso como hombre borracho, y que es público y notorio que el dicho Juan Martín Haldón es un hombre incorregible, y por tal es público y notorio que el dicho Juan Martín Haldón está desterrado de la Villa de Gines y de Valencina, por ser como es incorregible, y esta es la verdad. Firmó, y que es de edad de más de setenta años.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El quinto testigo, que es el luso homosexual criado del querellante:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Alonso de Mendoza, portugués estante en esta Villa. Conoce al dicho Señor Alcalde y sabe que lo es porque lo ha visto y ve usar su oficio de Alcalde Ordinario, y lo que sabe es que estando este testigo el lunes en la noche próximo pasado a buen rato de la noche, oyó voces y barahúnda la calle arriba hacia casa de doña Isabel Cataño, y este testigo fue adonde sonaban las voces, y cuando allegó vió cómo estaba echado y caído en el suelo el dicho Juan Haldón que está preso, y como allegó, el dicho Señor Alcalde que estaba allí mandó a este testigo que echase mano al dicho Juan Haldón, para lo llevar a la Cárcel, y luego se levantó el dicho Juan Haldón y desde a un poco vió cómo el dicho Señor Alcalde estaba con la vara de justicia quebrada, y no vió este testigo quién se la quebró porque se allegó a la barahúnda mucha gente, y vió cómo estaba el dicho Señor Alcalde sin gorra ni capa, y desde a un poco vió este testigo cómo el dicho Juan Haldón dió al dicho Señor Alcalde una o dos puñadas en las narices y boca, y el dicho Señor Alcalde echó mano de las barbas al dicho Juan Martín Haldón después que le había dado las puñadas, y luego vió cómo lo llevaron al dicho Juan Haldón a la Cárcel, y luego este testigo se vino y salió de la Cárcel, y no vió ni supo otra cosa, y esta es la verdad; fuéle preguntado que si el dicho Juan Haldón fué desacatado contra el dicho Señor Alcalde, dijo que sí fué, y lo que tiene dicho; y siendo preguntado por lo contenido en la querella contra el dicho Alcalde Ordinario dada por la dicha Catalina Hernández, mujer del dicho Juan Martín Haldón que está preso, dijo que además de lo que tiene dicho, se acuerda que estando en la Cárcel el dicho Señor Alcalde decía que le diesen una soga y un clavo, que sin verdugo había de ahorcar al dicho Juan Haldón, y que no sabe ni vió otra cosa más de lo que tiene dicho. Firmó de su nombre.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y el último, que reseñó:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Francisco Fuerte. Dijo que este testigo no sabe ni vió los desacatos que hizo y dijo el dicho Juan Haldón al dicho Señor Alcalde; fuéle preguntado que qué delitos sabe que ha hecho el dicho Juan Martín Haldón, y desacatos contra la Justicia y otras personas, dijo que ha visto y vé cómo el dicho Juan Martín Haldón muchas veces anda por esta Villa desatinado, y es público y notorio que es hombre incorregible y de mala desistión (sic), y que puede haber tres años poco más o menos tiempo que, yendo este testigo en compañía de Diego Verde y de Francisco de Aguilar y de otras muchas personas a Salteras a ver un toro, toparon en el callejón de Albarjáñez un mozuelo que venía llorando, y este testigo y sus compañeros preguntaron al dicho mozo que porqué lloraba, y el dicho mozo dijo que porque un hombre que no sabía quién era le había tomado en el camino dos pollos que traía, y luego desde a un poco este testigo y sus compañeros entraron en la viña de Cosme Farfán, que se dice La Alberquilla, y hallaron al dicho Juan Haldón escondido con los dichos dos pollos, y luego vino el dicho mozo y le dieron los dichos pollos y se los tomaron al dicho Juan Haldón, y este testigo no conoció al dicho mozo, y que no sabe otra cosa, y esta es la verdad. No firmó.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El episodio del niño con los dos pollos amerita un párrafo aparte. Ya sabemos de la mórbida atracción que muchos castillejanos sentían —y, desgraciadamente, sienten— por la barbarie sangrienta del sacrificio de un animal tan magnífico como es el toro ibérico. A satisfacer este bajo instinto marchaba el "numeroso grupo" a Salteras, donde debía celebrarse uno de estos deleznables actos. Por el camino de Albarjáñez salían al cordel de los Carboneros, cuando encontraron al chico roto en llanto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Diez minutos antes, Juan Martín Haldón había pasado por el mismo camino que los patológicos "taurófilos", y lo que vio al encontrarse con el hijo del carpintero, lo indignante de la escena, le produjo una fuerte desazón. Cierto y verdad que, —en plena formación de la consciencia el niño—, el pajarero adivinó que no ponderaba lo que hacía, pero Juan Haldón consideró que la ocasión se prestaba a darle una lección, como a él mismo en otro tiempo otros hombres ya pasados le habían dado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ocurría que el chiquillo, o bien por comodidad, o por esa característica de la niñez que da en experimentar con todo aun a pesar de infrigir un sufrimiento innecesario, llevaba los dos pollos atados por las patas, boca abajo tal y como se los habían entregado en Albarjañez mas, en parte debido a su corta estatura, los indefensos animales habían tenido que ir haciendo esfuerzos por no arrastrar las cabezas por el pedregoso y polvoriento carril, y aun así sus cuellos y buches al poco de la andadura ya no sólo habían perdido casi todas las plumas sino que sangraban ostensiblemente y, agotados cuando Haldón los avistó, estaban tan desfallecidos que, ojos, picos y crestas enterragados, se habían entregado al tormento de una muerte cierta.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Juan Haldón no pronunció ni una palabra. Su método de pedagogía en aquella circunstancia estribó en impresionar con fuerza al educando, en producirle una marca emocional que no olvidase nunca, lo que con razonamientos y palabras intuyó que no se produciría. Así que, dando un salto le arrebató de un tirón las dos moribundas aves, saltó agilmente el ribazo con ellas y emprendió una carrera desenfrenada hacia una viña próxima donde, con la intención de asustar al niño durante un momento, se ocultó. Tras unas vides, a la sombra, reconfortó a los pollos con un chorro de agua de su calabaza, mientras observaba el camino a la espera de la reacción del muchacho. Entonces oyó voces que se acercaban y reconoció al castillejano Leonis Bravo en un energúmeno gesticulante que, señalando hacia él, lo acusaba desde la cerca.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por equívocos de este jaez en Gines y Valencina tuvo problemas parecidos, pero los testigos, claramente inclinados a favorecer al hacendado Juanguren, ofrecieron al escribano las caras más negativas de aquellos acontecimientos. En este año del episodio de los pollos, 1552, uno de los testigos de Juanguren, Francisco de Aguilar (ver supra) que marchaba al evento taurino de Salteras también, protagonizó un percance con la viuda Juana Hernández con el agravante de ostentar la alcaldía de la Santa Hermandad, y en la ocasión, el 21 de abril del expresado año, testimonió Juan Martín Haldón a favor de Juana:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Juan Martin Haldón el mozo, que dijo que estando sentado a la puerta de la casa de Alonso Gil vio ir a Francisco Aguilar calle arriba hacia la casa de Juana Hernandez, y estando ella a la puerta le dijo: "¿vos queréis ser bien criada?", y ella dijo: "sí soy, y porque sois Alcalde de la Hermandad no habéis de dar a mi hijo, que me lo tenéis muerto", y luego Francisco de Aguilar dio un rempujón a ella diciéndole que se metiera en su casa, y luego comenzó a andar calle abajo, y asomó Juana Hernandez y le dijo que porque era Alcalde de la Hermandad hacía aquello, y Francisco Aguilar volvió hacia ella y le dijo que no volviese a decir aquellas palabras, si no, que juraba a Dios que la tomaría por los cabellos y la arrastraría; y que antes le había dicho Francisco Aguilar que debiera estar borracha desconcertada. No firmó.&lt;/i&gt; (Los esclavos 75o, noviembre de 2009).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Parece que Francisco de Aguilar no olvidó aquella declaración.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-1240113950857668490?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/1240113950857668490/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=1240113950857668490' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1240113950857668490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1240113950857668490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/03/los-juanguren-y-el-espadero-13.html' title='Los Juanguren y el espadero 13'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-5895984006098825835</id><published>2011-03-22T22:29:00.004+01:00</published><updated>2011-11-24T22:00:28.387+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 12</title><content type='html'>&lt;div&gt;Juan Vizcaíno no reflexionaba mucho mientras pergueñaba sus formulismos, tal era la profesionalización que había alcanzado, mediante la cual llegaba a trabajar como una máquina insensible: pero allí, cohibido en aquel caserón y bajo el escrutinio de los allegados del viejo, le venían a la mente y al pulso la timidez e inseguridad de sus años juveniles de aprendizaje.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Escribió, para dar fé de la entrega del manuscrito de don Pedro de Guzmán a Hernando Jayán y de la disposición de éste a cumplirlo:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;En Castilleja de la Cuesta, martes 29 de octubre de 1555, ante Hernando Jayán, Alcalde Ordinario, pareció el Señor Diego Ortiz, Alcalde Ordinario, y en presencia del escribano Juan Vizcaíno presentó la Provisión y Comisión del Muy Ilustre Señor Don Pedro de Guzmán, Conde de la Villa de Olivares, arriba contenida, y presentada pidió la cumpla y acepte como en ella se contiene, y vista por el dicho Señor Hernando Jayán, dijo que la obedecía con el acatamiento debido, y la aceptaba y la aceptó.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y acto seguido, la querella en sí, en la que intervinieron todos menos el querellante, quebrantado como estaba, aunque confiado en que el preso, y con él todos a quienes odiaba —que no eran pocos en Castilleja— iban a recibir, un castigo duro aquél y éstos un serio aviso. Era un lugar común en la época el enfrentamiento entre hidalgos y trabajadores rurales, que en cierta manera y transformado en el conflicto entre la ciudad y el campo —o entre "civilización" y "barbarie"—, ha llegado a nuestros días. En el Libro de los Heredados se echa de ver también esta situación, con los privilegios que sobre posesión de la tierra de Castilleja parecen gozar los sevillanos, según acabamos de ver en el capítulo anterior. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Vizcaíno tuvo que desechar un par de hojas, en parte distraído por lo antedicho, por el recuerdo de su hijito recién nacido y en parte porque los "asesores y consejeros" de Juanguren no acababan de ponerse de acuerdo acerca de la intepretación de lo que farfullaba el debilitado anciano hundido entre gigantescos almohadones bordados. Su pariente Luis Ortiz añadió de su cosecha, agrandándolos cuanto pudo, los pésimos antecedentes que por las deformadoras habladurías populares se suponía que tenía Juan Haldón.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Luego, el dicho Diego Ortiz dijo que se querellaba y se querelló del dicho Juan Martín Haldón que está preso, y dijo que andando este querellante como Alcalde Ordinario de esta Villa anoche lunes en la noche próximo pasado, rondando usando su oficio para tener en pacificación esta dicha Villa y vecinos y moradores, halló cómo el dicho Juan Martin Haldón estaba en la calle de esta dicha Villa, y porque le dijo que se metiese en su casa, que era ya hora, el susodicho le dijo que no quería y que aunque le pesase había de andar por su antojo y hacer lo que él quisiese, y le dijo e hizo otros muchos desacatos, por los cuales y porque siendo como es el dicho Juan Martín Haldón un hombre incorregible y fascineroso, y tiene por costumbre de hacer semejantes delitos y otros muchos delitos y escándalos, y el dicho Juan Martín Haldón se le defendió y resistió y le dio muchos golpes y puñadas y le quebró la vara de la justicia y le hizo otros muchos malos tratamientos y desacatos, de que es digno y merecedor de punición y castigo, porque a otros sea ejemplo, y pidió justicia y juró la querella en forma.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Y luego el Señor Hernando Jayán, Juez de Comisión, dijo que dé información, que está presto a hacer justicia&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Era ya la hora del almuerzo cuando el Juez de Comisión y el escribano dejaron la mansión del viejo Diego para dirigirse a la casa de Alonso Rodriguez de Triana, a fin de comprobar las condiciones de seguridad en que Haldón se encontraba, temiendo lo que ocurría con cierta frecuencia: alguna evasión.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Fé de Prisiones. El dicho martes 29 de octubre de 1555, el Alcalde Ordinario y Juez de Comisión Hernando Jayán, en presencia de Juan Vizcaíno, escribano público de esta Villa, fue a visitar las prisiones que tenía el dicho Juan Martín Haldón para que esté preso y a buen recaudo, como lo manda Su Señoría, y halló que tenía el dicho Juan Martin Haldón entrambos pies metidos en el cepo y una cadena grande y unos grillos de hierro a los pies entrambos con sus peales y chavetas, y echado a la telera del dicho cepo y cabo de la dicha cadena un candado con su llave, y visto por el Señor Juez, dijo que mandaba y mandó a Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero de esta dicha Villa, que estaba presente, que tenga preso y a buen recaudo al dicho Juan Martin Haldón de la forma y manera que ahora lo dejaba y estaba, sin le quitar las dichas prisiones ni algunas de ellas sin licencia de Su Señoría o suyas en su nombre, so pena de 10.000 maravedíes para la Cámara de Su Señoría, y mas todo lo que fuere juzgado y sentenciado contra el dicho Juan Martín Haldón sobre la causa o causas porque está preso, con mas las costas que sobre ello se recrecieren. Testigos, Juan Arias y Juan Sanchez Vanegas.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras escribía Vizcaíno sobre una mesilla destartalada que le proporcionaron, en la puerta de la celda el Alguacil, su mujer, Catalina Hernández, su padre, y algún que otro familiar y vecino, expectantes, no perdían detalle. Juan Haldón se encontraba ciertamente incómodo, sin haber podido mover las piernas, doloridas y rígidas, en toda la noche y la mañana, y su mujer esperaba con impaciencia que Hernando Jayán y el amanuense terminaran para mullirle el colchoncillo que le había proporcionado Ana de Tovar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La mañana seguía desapacible, con unas rachas de viento del este, seco y enervante, que crispaba a la población. Cuando ya más que ver se imaginaba —debido al espeso velo de nubes— que el sol estaba casi en su máxima altura, se fueron a comer el de la pluma y Jayán, y a descansar un poco. Les esperaba una tarde agotadora y plena de actividad, con los testimonios de los testigos que aportarían los Juanguren sin solución de continuidad, porque nadie estaba dispuesto a hacer esperar al Conde. Hernando Jayán tenía que demostrarle respeto. Aquel pleito prometía ser uno de los más céleres que habían entablado en Castilleja desde que había historia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Dicha tarde no fue menos agobiante para Catalina Hernández. Antes de que se presentara la autoridad a revisar cadenas y cepo y a poco de que despertara Ana de Tovar, habían llegado los familiares de Haldón con Hernán Diáñez, padre de la dicha Catalina y suegro, por lo tanto, del preso. Diáñez se mantenía mal que bien trayendo pescado desde Sevilla junto al Postigo del Aceite, para venderlo a las amas de casa en la Calle Real fuera del Señorío, libre por tanto de pago de alcábala al Conde de Olivares; cuando se corría la voz de que Diáñez había traído pescado, todas las mujeres acudían, formando un remolino de gestos y risas alrededor de la mula cargada con desde productos frescos del Guadalquivir hasta conservas gallegas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La hinchazón del rostro del joven iba cediendo. Tras la marcha de Hernando Jayán y Juan Vizcaíno, entre todos contribuyeron a forjar un plan de acción para preparar la defensa de Juan Martín Haldón. Se dieron prisa, y con la misma mula con la que traía el pescado se desplazó el playero, —que así se denominaba por aquel entonces al distribuidor de pescado al pormenor—, a Sevilla, en compañía del Alguacil Alonso a lomos de un borrico. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;A regañadientes fueron recibidos por los empleados del Conde en el Alcázar, donde no era muy usual trabajar después del mediodía, pero en cuanto se enteraron de que los Juanguren andaban involucrados y tras la debida información al Alcaide don Pedro, púsose manos a la obra un viejo notario en un despacioso salón ambientado con un gigantesco brasero de bronce rebosando de ascuas, cruzado por sirvientes y ayudantes silenciosos y estirados que traían y llevaban libracos y brazadas de rollos de pergaminos. El viejo de la pluma, a la luz suave de un enorme ventanal que dejaba ver la espesura de un jardín agitado por las rachas de aire, se caló unos anteojos en la punta de la rojiza nariz, y refunfuñando porque con tantas prisas no le dejaban hacer la digestión, mojó la blanca pluma de ganso en el grueso tintero de vidrio y comenzó a recoger la demanda de los castillejeros, demanda que se efectuó en estos términos:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Ilustrísimo Señor: Catalina Hernandez, mujer de Juan Martín Haldón, vasallo de Vuestra Señoría y vecino de su Villa de Castilleja de la Cuesta, como mujer y conjunta persona del dicho mi marido, me querello a Vuestra Señoría de Diego Ortiz, Alcalde Ordinario de la dicha Villa, y digo que el dicho Diego Ortiz ayer lunes, sin causa ni razón alguna, tomó al dicho mi marido y le dió muchos golpes y puñadas y le llevó arrastrando a la Cárcel y le puso tres guardas, siendo como somos pobres y menesterosos&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, y dijo que le trajesen una soga, que lo quería ahorcar, y un Luis Ortiz le dió favor y ayuda para ello, y pusieron las manos en el dicho mi marido el uno y el otro, so color de ser Alcalde el dicho Diego Ortiz le hizo gravísimas injurias y malos tratamientos, y le rompió todas sus ropas, por lo cual el uno y el otro cometieron delito y son dignos de punición y castigo&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. A Vuestra Señoría pido y suplico mande que se haga la información y se cometa la causa a persona sin sospecha, que la siga, y que mande prender a los culpados, porque yo y el dicho mi marido protestamos de les poner acusación más en forma, y mande soltar al dicho mi marido y quitar de las prisiones que le echó el dicho Diego Ortiz no como Alcalde, sino como su enemigo capital, y quitarle las guardas que le puso, y quitarle la causa, porque le tengo por odioso y sospechoso y como a tal le recuso&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt;, para lo cual imploro el oficio y pido justicia, y protesto las costas y ¿honor? y gastos e intereses, y juro.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Alega que son pobres porque los gastos de salarios de los guardias recaerían sobre el preso y su familia, caso de que, como era probable, fuera condenado. En efecto es una exageración ponerle a Haldón tres hombres de vigilancia, y se deja ver que la intención del Alcalde Diego Ortiz aquella frenética noche era añadirle un castigo suplementario.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- Se trataría de un claro caso de malos tratos. El cuadro es fácilmente imaginable, con un preso indefenso e inmovilizado y los dos hidalgos, tras haber desalojado la habitación para evitar testigos, agrediéndolo sin consideración alguna.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;3.- También se evidencia la enemistad de Diego Ortiz con el cazador de zorzales en estas líneas, enemistad que, como apuntamos, tenía su origen en la envidia, y en el consabido choque entre foráneos y naturales que también hemos referido.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de que el Conde fuera puesto al tanto y de que aceptara la querella*, en posesión de su Requerimiento volvieron el Alguacil y el pescadero, retomando sus monturas que, en la plaza de Armas y entre los caballos de lujosos arreos que esperaban a sus distinguidos dueños, eran objeto de las burlas de un trío de lacayos ociosos, quienes observaban el trajín sentados encima de un elevado poyete. Prefirieron Diáñez y Rodriguez de Triana salir por la Puerta de Jerez para no bregar con el gentío del centro urbano, y enfilando El Arenal al trote atravesaron el puente de Barcas cuando el día moribundo se despedía oscureciendo la cornisa aljarafeña.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Demasiado tarde para presentar al Juez de Comisión Jayán el mandato del Conde, tendrían que esperar a la mañana siguiente —se dijeron—.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* El fundador del Estado de Olivares pensaba en el caso más de lo que solía hacer con todos los que, en gran número, repasaba rápidamente tras echarles un somero vistazo, para delegar en sus subordinados las diligencias a seguir. Ya los criados de Juanguren que vinieron al Alcázar a primera hora de la mañana habían dado a entender que Juan Martín Haldón era "un loco peligroso", y así se lo habían insinuado a él mismo sus dichos subordinados. Y ahora, en la tarde gris e intempestiva, mientras descansaba retirado en sus aposentos, repantingado entre los almohadones de un monumental sillón junto a la crepitante chimenea y saboreando una copa de dulce vino, recordaba a su hermano mayor con tristeza; Alonso Enríquez de Guzmán fue para él un auténtico hermano mayor, protector y comprensivo, siempre dispuesto a atender sus caprichos de niño. Recordaba como difuminadamente los juegos, las expresiones, el haberse sentido afortunado por tener tal hermano, hasta que recibió un choque emocional que significó un nubarrón en la primavera de su existencia y ya para siempre indisoluble y perenne sombra en las restantes etapas de su vida: de la noche a la mañana, incomprensiblemente, sus progenitores lo aislaron del objeto de su cariño de tal manera que a duras penas podía intercambiar siquiera unas palabras con él, a quien tanto quería. Luego, con el paso de los años, comprendió: su hermano Alonso Enríquez había perdido el juicio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"&lt;i&gt;Su cinismo es irritante, se precia de ser descendiente del rey Enrique II de Castilla, pero no por la vía legítima. Se precia de haber deambulado por Italia en su juventud persiguiendo a Carlos V, que no lo quería ni ver; se precia de haber mendigado disfrazado de judío cuando no tenía para comer. No se sabe dónde, si en la calle o en la corte, es que aprendió el arte de la conversación, era dicharachero y sabía hacer amigos que tuvieran una de estas dos cualidades: riqueza o nobleza. Era buen lector, por tanto, instruido; escribía bien, sabía decir refranes, hacía versos&lt;/i&gt; [...] &lt;i&gt;también era pleitista y lo andaban echando de todo lado. Todo lo hacía juicio, bofetada al insolente, duelo de espada. Cuando se descubrió el Perú, el Consejo de Indias le prohibió venir a los nuevos territorios, porque para entonces ya tenía bien ganada fama de alborotador. Pero logra embarcarse&lt;/i&gt; [...] &lt;i&gt;Aun así era cobarde&lt;/i&gt; [...] &lt;i&gt;cuando los indios cercan el Cuzco escribe que "tenía bien liado mi oro, plata y ropa", para correr primero, si el caso llegara&lt;/i&gt; [...] &lt;i&gt;De regreso a España hizo escala en México y se dio el lujo de hacerle una exhibición al mismísimo Hernán Cortés del menaje en oro y plata que se llevaba: tinajas, cubiletes, estriberas, collares y cuentas; y, sin duda, muestras de la finísima textilería de vicuña inca. Hernán Cortés por la tinaja más grande le pagó mucho dinero y, además, lo invitó a La Habana con todos los gastos pagados&lt;/i&gt; [...] &lt;i&gt;"Caballero noble desbaratado", como cínicamente se auto nombra&lt;/i&gt;." ( Alonso Enríquez de Guzmán, el albacea de Almagro. Poesía del honor y lenguaje procesal del siglo XVI. Óscar Coello. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima. Perú.)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;[...] &lt;i&gt;tuvo el acierto de retirarse de la política y escribir una obra autobiográfica que tituló "El libro de la vida y costumbres de don Alonso Enríquez de Guzmán, caballero noble desbaratado" que conoció gran fama en su tiempo y la gente leyó con avidez por contener episodios y acontecimientos raros ocurridos en las Indias referidos con gracia y desenfado, con un humorismo cínico, sentimental y desvergonzado para contar las debilidades del autor, pero al mismo tiempo con un concepto humorístico y elevado de la literatura&lt;/i&gt; [...].&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;También se ha dicho que esta novela cronológicamente antecedió en veinte años a otros escritos parecidos que abrieron las puertas del siglo de oro de la picaresca española, como el Lazarillo de Tormes por ejemplo. &lt;/i&gt;(Rodolfo Pérez Pimentel, Guayaquil, 1.939, Historiador y Biógrafo del Ecuador, Cronista Vitalicio de su ciudad y Miembro de la Academia Nacional de Historia.)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-5895984006098825835?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/5895984006098825835/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=5895984006098825835' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5895984006098825835'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5895984006098825835'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/03/los-juanguren-y-el-espadero-12.html' title='Los Juanguren y el espadero 12'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-6542325176761015616</id><published>2011-03-20T17:15:00.004+01:00</published><updated>2011-03-21T15:32:13.760+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 11</title><content type='html'>&lt;div&gt;La lista de pobladores del Libro de Heredamientos de Castilleja de la Cuesta que Alonso de Esquivel exhibió aquel día de 1514 aparecía según esta distribución:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Vasco Mosquera, vecino de Sevilla en la collación de San Vicente, con 8 aranzadas de viña y tierra calma, con 40 maravedíes de tributo, y un solar y medio de casa, con 18 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Diego Ortiz, que ya hemos visto en el capítulo anterior.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Fernando de Catres (¿Cáceres?), vecino de Sevilla en la collación de San Juan, con 9,25 aranzadas de viña, con 370 maravedíes, y una casa, con 12 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Diego Ximénez, vecino de Sevilla en la collación de San Pedro, con 11 aranzadas y media de viñas, 460 maravedíes, y 2 casas, a 24 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Juan de Asián, vecino de Sevilla en San Salvador, con 5,75 aranzadas, 230 maravedíes, y una casa, 12 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Diego de Mendoza, vecino de Sevilla en San Marcos, con 8,5 aranzadas a 340 maravedíes, y una casa a 12 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Alonso Guillén, vecino de Sevilla en La Magdalena, con 3,75 aranzadas, 150 maravedíes, y media casa, 6 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Leonor García, vecina de Triana, con 6 aranzadas, 240 maravedíes, y una casa, 12 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Bernabé Martínez, vecino de Sevilla en San Vicente, 3,125 aranzadas, 125 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Alonso Rodriguez Castellano, vecino de Triana, 1,75 aranzadas, 70 maravedíes, y media casa, 6.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Nuño de Torres, vecino de Sevilla en San Nicolás, 15 aranzadas, 600 maravedíes, y 3 casas, 36.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- El notario Andrea Escoto, vecino de Sevilla en San Pedro, 1 aranzada con 40 maravedíes, y 2 casas con 24.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Cristóbal de Limpias, vecino de Sevilla en Santa María, 2 casas con 24 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Gonzalo de Cueva, vecino de Triana, con 3,25 aranzadas a 130 maravedíes, y una casa a 12.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- La viuda Beatriz Gómez, vecina de Sevilla en Santa María la Blanca, con 6,25 aranzadas, 250 maravedíes, y 2 casas, 24.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Gonzalo Fernandez, vecino de Sevilla en San Bartolomé, con 5 aranzadas, 200 maravedíes, y una casa, 12.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- María de Herrera, vecina de Sevilla en San Román, 7,25 aranzadas, 290 maravedíes, y una casa, 12.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Juan Verde, vecino de Sevilla en San Andrés, 5 aranzadas, 200 maravedíes, y una casa, 12.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Juan Suárez, vecino de Sevilla en San Esteban, 16,25 aranzadas, 650 maravedíes, y una casa, 12. (Un florín de oro y un par de gallinas).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Bartolomé de Alfaro, vecino de Sevilla en San Vicente, 4,75 aranzadas, 190 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- El obispo Juan de la Vega, vecino de Sevilla en San Juan, 8,75 arazadas, 350 maravedíes, y una casa, 12.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- El escribano Bernardo de Ulloa, ya visto en el capítulo anterior.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Cristóbal Guillén, vecino de Sevilla en San Vicente, 2 aranzadas, 80 maravedíes, y una casa, 12.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- El beneficiado Juan de Vera (¿por Vega?), vecino de Sevilla en San Juan, 8,5 aranzadas, 340 maravedíes, y media casa, 6.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Alonso de Medina, vecino de Sevilla en San Andrés, tres cuartos de aranzada, 30 maravedíes, y una casa, 12.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- El arcediano Juan de Carmona, vecino de Sevilla en Santa Cruz, 4 aranzadas, 160 maravedíes, y 4 casas, 48.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Francisco Fernandez, vecino de Triana, una casa y media, 18 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Diego de Baena, vecino de Sevilla en San Isidro, 2 aranzadas, 80 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Francisco Bernal, vecino de Sevilla en San Llorente, una casa, 12 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Francisco Fernandez, vecino de Tomares, una aranzada, 40 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Beatriz Malaver, vecina de Sevilla en San Llorente, 5 aranzadas, 200 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pedro Sanchez, vecino de Triana, dos tercios de casa, 8 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- El clérigo Juan Lopez de Pedrosa, vecino de Sevilla en San Miguel, un cuarto de aranzada, 10 maravedíes, y un cuarto de casa, 3.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Juan de Trujillo, vecino de ¿Sevilla?, con 2,5 aranzadas, 100 maravedíes, y 2 casas, 24.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Pedro Martin Nieto, vecino de Sevilla en San Llorente, 7,75 aranzadas, 310 maravedíes, y 3 casas, 36.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Alonso Sanchez de Jaén, vecino de Triana, con 2,875 aranzadas, 115 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- El maestro Gerónimo Pinelo, vecino de Sevilla, 5 aranzadas, 200 maravedíes, y 4 casas, 48.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Francisco Rodriguez, vecino de Tomares, una aranzada y media, 60 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Catalina de Chavez, vecina de Sevilla en San Isidro, 5,5 aranzadas, 220 maravedíes, y 2 casas, 24.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- X. de Valdés, vecino de Sevilla en San Isidro, 5,25 aranzadas, 210 maravedíes, y una casa, 12.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- García Cabrera, vecino de Sevilla en San Juan, 4,75 aranzadas, 190 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y faltaron por otorgar las obligaciones de los siguientes:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Gonzalo Gómez, vecino de Sevilla, 1,25 aranzadas, 50 maravedíes, y una casa y media, 18.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Juan Gutiérrez, vecino de Sevilla, 7 aranzadas, 280 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Herederos de Palencia, vecinos de Sevilla, 1,75 aranzadas, 70 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Francisco Fernandez, vecino de Triana, una casa y media, 18 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;-Rodrigo de Baeza, vecino de Sevilla, 4 aranzadas, 160 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Alonso Sanchez Barbero, vecino de Sevilla, 2,5 aranzadas, 100 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Pedro Ximenez, vecino de Sevilla, una aranzada, 40 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Elvira Martin, vecina de Sevilla, una aranzada y media, 60 maravedíes, y media casa, 6.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- El sacristán Rodrigo de Cueva, vecino de Sevilla, 1,125 aranzadas, 45 maravedíes, y una casa, 12.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Éstos tributarios en lo que se refiere a foráneos, incluidos los de Tomares. En cuanto a los vecinos de nuestra Villa que se obligaron, helos aquí:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- María Gonzalez con 2 aranzadas, 80 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Bartolomé Verde, con 2,25 aranzadas, 546 maravedíes, y con una casa, un florin de oro y dos gallinas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Cristóbal Martin Bermejo con 2 aranzadas, 80 maravedíes, y con media casa, 6.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- La viuda Ana Martín, con 1,375 aranzadas, 55 maravedíes, y con dos tercios de casa, 8.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- La viuda María López, con tres cuartos de aranzada, 30 maravedíes, y con media casa, 6.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Alonso de Baena, con 0,375 aranzadas, 15 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Martin de Esteban, con 0,375 aranzadas, 15 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Inés López, con media aranzada, 20 maravedíes, y con un cuarto de casa, 3 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Juan de Santana, con una aranzada y media, 60 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Diego de Santaella, con una aranzada, 40 maravedíes, y con un tercio de casa, 4.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Luis Sanchez, con 0,895 aranzadas, 35 maravedíes, y con media casa, 6.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Bartolomé Masuelo (debe ser Mancera), con una aranzada y cuarto, 50 maravedíes, y con media casa, 6.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Lucas Guillén, con 3 aranzadas, 120 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Alonso Gil, con 1 aranzada, 40 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Alonso Rodriguez Fraile, con 1,75 aranzadas, 70 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Alonso Rodriguez de Triana, padre de nuestro Alguacil, al que ya hemos visto en el capítulo anterior. Casado con Violante Gonzalez.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Beatriz Fernandez Tavera, con media casa, 6 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Beatriz Díaz, con una aranzada y media, 60 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- El escribano Diego de Vergara, con 2 casas, 24 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Antón de Valencia, con una aranzada, 40 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Inés Rodriguez, con una casa, 12 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Violante del Castillo, con 3 aranzadas, 120 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Diego Fernandez, con media casa, 6 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Juan Sanchez, con una casa, 12 maravedíes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una rápida ojeada a la relación anterior revela la gran diferencia de bienes entre autóctonos y foráneos. Los castillejanos apenas rebasan de media un par de aranzadas y una casa, mientras que los forasteros, siendo más en número, disponen individualmente de más tierras, cerca de 5 aranzadas por término medio. Parece que éstos se llevaron la mayor porción del pastel. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y hay que entender por "casa" el solar para edificarla, excepto en los casos de "un florín y un par de gallinas", que es el tributo que se pagaba por la casa ya edificada. Según esto, y salvo error u omisión, en 1514 solamente pagaban tributo a la Orden dos casas, pero es de suponer, naturalmente, que había más viviendas en el pueblo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Respecto a la extensión de los solares, la norma venía de antiguo, tal y como se clarifica y fija en el parágrafo 5º de la Carta Puebla que Gonzalo Mexía, maestre de la Orden de Santiago, otorgó a los pobladores de la aldea de Castilleja de la Cuesta, con fecha en Sevilla, jueves 6 de junio de 1408. Dice dicho parágrafo:  &lt;i&gt;Y el que tomase solar que non pudiese más tomar para su morada que fasta media arançada, e sy en esta media arançada que asy tomase para fazer casas alguna cosa y plantase o pusiese, que non pagase ende diezmo ni noveno ni otro tributo alguno, saluo los dichos doze mrs. de cada año, según dicho es&lt;/i&gt;. (Archivo Histórico Nacional, transcrito por Manuel Gonzalez Jiménez en "La repoblación de la zona de Sevilla durante el siglo XIV", Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 3ª edición, 2001). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;De la media aranzada sobraba una gran parte, por muy grande que fuera la casa edificada, la cual parte se dedicaba a huerta para autoabastecimiento, con sus correspondientes árboles frutales, e incluso con algún minúsculo olivar, tal y como se puede comprobar generalizadamente en la documentación posterior.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Para terminar este excursus, antes de volver a la Cárcel con nuestro maltratado zorzalero conectaremos a algunos castillejanos tributarios del Libro de Heredados —a los pocos que hemos logrado identificar hasta ahora— con sus descendientes contemporáneos de Juan Martín Haldón, mediante protocolos notariales de su tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;— De Cristóbal Martin Bermejo: "&lt;i&gt;Cosma de Soria, doncella vecina de Triana, tiene un pedazo de viña y huerta de árboles frutales junto al Ejido, linde viñas y arboleda de los herederos de Alonso Gil, y viñas de los herederos de Cristóbal Martin Bermejo, que ella heredó de Inés ¿Alonso? su tía, mujer que fue de Juan ... , difuntos vecinos de Sevilla y moradores en esta Villa. Reconoce un tributo al Conde de Olivares. Martes, 12 de abril de 1558&lt;/i&gt;."&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;— De Juan de Santana: "&lt;i&gt;El domingo 11 de diciembre de 1557 Rodrigo de Cieza hace relación de los deudores de Isabel Martin. Juan Sanchez Delgado y Francisco de Aguilar, en nombre de la Cofradía y Hermandad de los Apóstoles San Sebastián y Santiago, heredera de los bienes de Juan de Santana, vinero fallecido en 1553, habiendo aceptado ya dicha herencia y en voz de los cofrades, otorgan que Rodrigo de Cieza, en nombre del Vicario de Villanueva, les ha pagado varias cantidades de la herencia de Juan de Santana y de su mujer Isabel Martin, difuntos.&lt;/i&gt;"&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;— De Alonso Rodriguez Fraile: "&lt;i&gt;El domingo 24 de enero&lt;/i&gt; [de 1546] &lt;i&gt;presentó Vohón por su fiador&lt;/i&gt; [del arrendamiento de los derechos de las carnicerías]&lt;i&gt; a Alonso Rodriguez Fraile, siendo testigos Miguel de las Casas, Francisco de Aguilar y el albañil Cristóbal de Castro&lt;/i&gt;."&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;— De Lucas Guillén: "&lt;i&gt;Isabel Mejía, viuda de Lucas Guillén, dona a su hija Catalina Mejía, ausente, y a su yerno, marido de Catalina, Juan de Beas, presente, por los muchos favores y servicios que le han hecho los dos, un pedazo de viña de 2 aranzadas y media poco más o menos, en Las Escaleras, linde viñas de doña Isabel de Castro y viñas de los herederos de Cristóbal de ¿Araz?, y con viñas de Rodrigo Franco, con cargo de 100 maravedíes y (en blanco) gallinas al Conde, y (en blanco) gallinas a Martin de Alfaro. Enero de 1558.&lt;/i&gt;" (Acaso es esta la misma viña que el difunto Lucas declaró en el Libro de los Heredamientos.)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Juan de Beas y Catalina Mejía tuvieron un hijo que escaló importantes puestos relacionados con la navegación. Siguen unos datos suscintos de él:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;En 27 de agosto de 1616, San Lorenzo del Escorial. Nombramiento de Lucas Guillén de Veas (sic) como cabo de los carabelones y lanchas de Cartagena de Indias.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;18 de febrero de 1617. Expediente de información y licencia de pasajero a Indias de Lucas Guillén de Veas, con sus criados Pascual, negro libre, y Gracia de la Cruz, mulata de color membrillo, libre, a Cartagena. Declaración de uno de sus testigos: "... &lt;i&gt;Y el dicho Lucas Guillen es un hombre de buen cuerpo, entrecano, la nariz un poco torcida, de cuarenta y cuatro años poco más o menos&lt;/i&gt; ...".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los dos criados habían sido esclavos suyos, y les otorgó Cartas de Ahorría estando en Lisboa el 24 de enero de 1617; en dichas Cartas los describe así: "... &lt;i&gt;y Pascual negro atezado y abarruado criollo de las Indias, picado de viruelas, un diente mellado en la parte de arriba, de buen cuerpo, manco de tres dedos de la mano derecha, de hasta 32 años ... . Y María Engracia, de 34 años poco más o menos, con una señal de herida en la frente y no muy atezada ..&lt;/i&gt;.". Les concede la libertad por sus buenos servicios, y ya libres, hacen los tres el viaje transoceánico.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El 3 de julio de 1635, en Madrid, es nombrado Lucas Guillén de Veas como catedrático de Cosmografía de la Casa de la Contratación.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;10 de junio de 1636. Madrid. Carta acordada del Consejo al Presidente y jueces oficiales de la Casa de Contratación para que imformen sobre la petición de Lucas Guillén de Veas, cosmógrafo de la Casa, de que se le señalen propinas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El 24 de enero de 1639, en Madrid, es nombrado Lucas Guillén de Veas como arqueador y medidor de naos de la Casa de la Contratación.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;13 de noviembre de 1657. Madrid. Carta del Secretario del Consejo de Indias Juan Bautista Sáenz Navarrete, al Presidente y Jueces oficiales de la Casa de Contratación ordenándole convocar nuevas oposiciones a la Cátedra de cosmógrafo de la Carrera de Indias, vacante desde la muerte de Lucas Guillén de Beas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo menciona don Rafael Torres Campos en la conferencia titulada "España en California y en el Noroeste de América", la cual leyó el día 17 de mayo de 1892 en el Ateneo de Madrid: "&lt;i&gt;Sus méritos&lt;/i&gt; [del Almirante D. Pedro Porter de Casanate] &lt;i&gt;los declaran por modo expresivo el licenciado Francisco de Ruesta, filósofo, matemático y catedrático de astronomía, Juan de Herrera y Aguilar, cosmógrafo de S. M. en la Casa de la Contratación de Sevilla, el capitán Lucas Guillén de Beas, catedrático de navegación en ella, y Claudio Ricardo y Juan Francisco Lafalla, catedráticos ambos de matemáticas del Colegio Imperial de Madrid&lt;/i&gt;..."&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-6542325176761015616?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/6542325176761015616/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=6542325176761015616' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6542325176761015616'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6542325176761015616'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/03/los-juanguren-y-el-espadero-11.html' title='Los Juanguren y el espadero 11'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-6046374646833492458</id><published>2011-03-18T19:09:00.003+01:00</published><updated>2011-03-18T22:08:18.466+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 10</title><content type='html'>&lt;div&gt;Por la mañana y sin que el viejo hidalgo tuviera que esforzarse en mover ni un dedo, ya, por las apresuradas gestiones de su familia, todo estaba planificado y en marcha. A primera hora, dos criados, —jinetes suicidas porque a pesar de la escasa luz, del profundo barrizal y de la pendiente de la cárcava de Guía, llegaron a Sevilla en diez minutos—, recalando ruidosamente para alarma de los vecinos en las casas de los Juanguren sevillanos comunicaron las malas nuevas de lo acontecido al patriarca. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Desde una ventana de su casa, Alonso Rodriguez de Triana y Ana de Tovar* los habían visto salir cruzando la Plaza entre gritos de jaleo a las caballerías, e imaginaron a dónde y a qué iban. Se conocía en Castilleja que el dueño de la Villa don Pedro de Guzmán estaba en Sevilla, exactamente en los Reales Alcázares, de donde era Alcaide por don de Carlos V, y el matrimonio que custodiaba a Haldón supo que el pobre loco tenía todas las de perder, porque el juego se iba a desarrollar entre "los de arriba" y sin intervención del Concejo del pueblo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ana estaba agotada y necesitaba descanso tras la larga noche de tensión y vigilia. Se echó en la cama todavía tibia y fulminantemente cayó sobre sí. En segundos vió en el interior de sus párpados, sobre un fondo de luz clara, algo pequeño y ocuro que descendía, y de inmediato fundiéndose con aquella imagen, su propia cara cuando, adolescente, empezaba a comprender el mundo en su Castilleja del Campo natal. Luego quedó profundamente dormida, confiada en la cercanía y amparo de su marido. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El cual, suspicaz a pesar del cariño que le profesaba, no había podido evitar cierto sentimiento de aprehensión cuando la embarazada le solicitó dejarla dormir unas horas. Alonso se reprochó a sí mismo tal pensamiento, y elucubró sobre la carga tan agobiante que es para un pobre trabajador mantener a alguien improductivo. Mientras trajinaba en el corral con el pestífero cieno de excrementos con que la docena de gallinas que poseía habían tapizado el gallinero, pensó que los ricos no tenían tal clase de problemas, y podían dejar a sus mujeres dormir cuanto quisieran. Pero él no era rico. Pertenecía a la clase de los que se ganan el pan luchando a diario. En cierto momento de lucidez envidió a los Juanguren, pensando que por gente así los miserables del mundo habían sido puestos en marcha como muñecos mecánicos para sostener el nivel de vida de aquellos señores y que, como un sistema autónomo ya imparable, la masa laboral se inducía a sí misma a seguir, impulsada por sus propias fuerzas internas. Ningún pobre, por pura necesidad, podía tolerar a su lado a un parásito, pero la verdad era que los excedentes de su trabajo daban a los poderosos vidas regaladas y llenas de lujos. Recordó a su padre, cuando a voces lo despertaba para ir al tajo, o cuando incluso por medio del palo lo obligaba a colaborar en el sostenimiento de la familia, y dejó su mente divagar sobre los orígenes de aquella situación. Acaso en los tiempos antiquísimos de las gentes que habitaron Valencina del Alcor alguien encontró la fórmula para poner en marcha todo aquel sistema, en él cual él ahora era parte ínfima y oprimida.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Prueba fehaciente de que las reflexiones de Alonso Rodriguez no iban descaminadas se vivían en Castilleja en aquellos días. Esta vez, en que el supuesto agresor era un desheredado y el no menos supuesto agredido un hidalgo, hasta el Conde se involucraba. Pero cuando en 1557 —dos años después— el agredido fue Juan de Vega, tan Alcalde Ordinario entonces como Juanguren ahora pero otro ganapán analfabeto al fin y al cabo, que no sabía ni firmar sus autos, y los agresores fueron los hacendados Franco, gente hasta con capilla propia en la catedral de Sevilla, la justicia brilló por su ausencia.**&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El Alguacil se asomó al dormitorio, y vio que Ana de Tovar dormía tranquila, respirando profunda y acompasadamente; cuando llamaron a la puerta se encontró con que era la mujer de Juan Haldón, Catalina, que le traía a éste de comer y vestir.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La mujer del preso había dejado a Leonorcita con una vecina. Cuando entró en el lóbrego cuartucho y se encaró con su marido, al ver su estado sintió un odio que golpeó en su interior como una explosión silenciosa. Ya lo habían hecho —se dijo—, ya las fuerzas de la envidia y el miedo habían inventado al culpable. Se iban a cebar en su esposo, para demostrar a los cuatro vientos que eran invencibles, crueles y deshumanizados. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Durante todo esto, y mientras en Sevilla los familiares de Diego, detalladamente informados, se aprestaban a formalizar la denuncia ante la más alta instancia, al otro lado de la Plaza Hernando Jayán, desde muy temprano al tanto de lo ocurrido, y como el otro Alcalde Ordinario que era, (de los dos que anualmente se nombraban), y compadre del maltrecho Diego por añadidura, también se dispuso a forzar la balanza al lado que más le convenía. Dió muy temprano, mientras se vestía recién salido del lecho, el visto bueno —porque no tenía otro remedio— para que el preso pudiera ser visitado por sus allegados, y una vez adecentado y tras besuquear a modo a su Melchora y dirigir a su esposa una mirada de agradecimiento***, fué a la hacienda del viejo Diego, sin olvidarse de recoger en el camino a Juan Vizcaíno, el probo escribano que atendía a la localidad. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Resaltemos que, dos días antes, el hogar del dicho escribano se había visto bendecido con el nacimiento de un Juanito****, por lo que era explicable que el amanuense fuera con Jayán canturreando a pesar de la desapacibilidad del día y del trabajo que le esperaba, los dos recientes padres con las mismas ideas felices en común. Para terminar esta especie de crónica de natalicios hay que dejar constancia del nacimiento de una nieta***** de Diego Ortiz, que alivió un poco los pesares que este 1555 le deparaban. Se la dieron su hijo del mismo nombre, Diego Ortiz, y Bernardina de Sagredo, que pronto y en violenta circunstancia había de quedar viuda.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* El Alguacil y Carcelero Alonso Rodriguez de Triana era hijo de otro Alonso Rodriguez de Triana, de pura cepa alixareña a pesar de lo que por su apellido pudiera suponerse. Este Alonso natural de esta Villa fué firmante de una de las Cartas de Obligación que otorgaron en común los habitantes de Castilleja el 1 de mayo de 1514 a instancias del Comisionado Ochoa de Isázaga, obligaciones por las cuales reconocían el tributo a pagar a la Orden del Señor Santiago por las posesiones —casas o tierras— que disfrutaban en nuestra Villa. Ochoa de Isázaga fue, además de caballero de la Orden santiaguista, Juez y Factor de la Casa de la Contratación, y residía en Sevilla; a requerimiento del rey Fernando, Administrador de la Orden, dispuso de ocho días, desde el miércoles 26 de abril, para recolectar las dichas Cartas de Obligación, con un salario de 230 maravedíes diarios, que encima habrían de pagar los castillejanos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Convocados todos ellos en la Plaza —la mitad de la ceremonia hubo de efectuarse en el interior de la Iglesia de Santiago, debido al mal tiempo— Ochoa de Isázaga recibió de Alonso de Esquivel, entonces Comendador de la Orden en nuestra Villa, el libro donde estaban registrados todos los propietarios, y el Comisionado procedió a repartir las Cartas de tributos. Cuando le tocó el turno a Alonso Rodriguez de Triana declaró ser dueño de una aranzada y media de viñas (que le supuso 57 maravedíes de tributo) y de una casa y dos tercios de otra (con 20 maravedíes).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entre otros firmantes, Bernardo de Ulloa, vecino de Sevilla en la collación de San Marcos, con 11,16 aranzadas de viña (446 maravedíes) y un suelo de casa (12 maravedíes); y el omnipresente Diego Ortiz de Juanguren, vecino de Sevilla en la collación de San Salvador, con 13,66 aranzadas de viñas (546 maravedíes) y dos casas y un cuarto de otra (27 maravedíes). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El Libro de Heredados en Castilleja constituía por sí un Padrón bastante completo, que nos ofrece la oportunidad de conocer a los castillejenses en tan temprana época como es este año de 1514. Eran los que en el capítulo siguiente vamos a conocer.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En cuanto a Ana de Tovar, nació en Castilleja del Campo y allí la conoció su ahora marido, cuando era una mocita que ya apuntaba la belleza y buena disposición que la caracterizaría durante toda su vida. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;** Recordemos en "Los esclavos 19" —entrada de febrero de 2009—: &lt;i&gt;Testigo, Ana de Tovar, mujer de Alonso Rodriguez de Triana, vecina de esta Villa, presentada por el dicho Juan de Vega, que juró en forma de derecho, y siéndole preguntado por el contenido de la querella, dijo que lo que sabe es que, estando esta testigo en el portal de Juana y su hermana, que es frontero de la casa donde vive el dicho Rodrigo Franco, oyó a la puerta del dicho Rodrigo Franco decir a un hombre que no sabe quien, y dijo: "anda, para, borracho", y en esto esta testigo salió a la puerta a ver quién era y vió estar a Rodrigo Franco y a Alonso Franco y a los dichos dos esclavos del dicho Rodrigo Franco, todos cuatro encima del dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario, y que todos cuatro le estaban dando de puñadas y estirándole de los cabellos y de las barbas y tratándolo muy mal, y el dicho Juan de Vega, Alcalde Ordinario, daba gritos y voces diciendo: "¡acuda gente, que me matan!&lt;/i&gt;" (junio de 1557).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La mujer de Alonso tuvo oportunidad, en el espacio de dos años, de comprobar las dos varas de medir usadas por la Justicia en Castilleja.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;*** El domingo 10 de marzo de 1555 bautizó Rodrigo de Cieza a Melchora, hija de Hernando Jayán y de Luisa de Briones. Fueron sus compadres el dicho beneficiado, Diego Ortiz de Juanguren, Luis Ortiz y su mujer Francisca de Padilla. Sobre estos Luis y Francisca nos espera una excepcional historia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;****El domingo 27 de octubre de 1555 bautizó Rodrigo de Cieza a Juan, hijo de Juan Vizcaíno y de Maria de Trujillo. Fueron sus compadres Martin de Alfaro y su mujer doña Aldara Vaca, y Juan Sanchez Delgado y su mujer doña Mayor de Alfaro (hermana del dicho Martín de Alfaro).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;***** El domingo 5 de mayo de 1555 bautizó Rodrigo de Cieza a Beatriz, hija de Diego Ortiz y de Bernardina de Sagredo. Fueron sus compadres Íñigo Ortiz y su mujer Luisa de Rojas, Antón Lopez y Juan Sanchez Delgado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"&lt;i&gt;Hernando Jayán, mi vasallo, vecino de mi Villa de Castilleja de la Cuesta, sabed que he sido informado que Juan Haldón, mi vasallo de esa Villa, preso por la razón que es pública en esa Villa, ha hecho desacato y menosprecio de la Justicia, y hay juicio de muchos testigos de muchas cosas dignas de punición y castigo, y porque es justicia que los males y delitos sean castigados, porque a otros hagan ejemplo, yo os mando que hagáis información de lo que ha pasado con Diego Ortiz, Alcalde de la dicha mi Villa, sobre reprenderle sus malas palabras y costumbres, y también sobre los procesos criminales e informaciones que contra él se han hecho en esa Villa hasta ahora, y todo lo acumulado, y proceder contra él con consejo de asesor, condenándolo a las penas en derecho establecidas conforme a sus delitos, las cuales ejecutad en su persona y bienes conforme de justicia, y hacedlo tener preso a buen recaudo y no déis suelto ni en fiado, y mirad que me habéis de dar cuenta cumplida, lo cual todo y para cada una cosa de lo que dicho es os doy mi poder cumplido, con sus incidencias y dependencias y anexidades y conexidades, fecha en Sevilla a 29 de octubre de 1555&lt;/i&gt;", decía la Requisitoria que el Conde de Olivares mandó redactar, temprano en el Alcázar, y que, tan raúdos como habían ido, los dos criados trajeron al pueblo, a manos de quienes se habían reunido en la hacienda del anciano.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—¡Para vos, señor Hernando Jayán! —entonó con teatralidad, creído de la importancia de su misión, uno de los recién llegados con barro hasta las cejas, tendiendo al Alcalde Ordinario un papelote enrollado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Éste se incorporó de la silla en la que, junto a la cama de Diego Ortiz, recibía instrucciones. Estaban en un espacioso dormitorio, en cuya lujosa cama el viejo también alzó la cabeza, con gesto de dolor pero con gran interés. Los demás presentes guardaron un silencio total.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Jayán leyó el escrito con el ceño fruncido, musitando las frases de trazos rápidos y seguros del notario del Conde. Cuando hubo terminado adivinó cómo habían cargado las tintas los denunciantes, cómo el mísero cazador de zorzales se iba a convertir en el chivo expiatorio de todos los ganapanes que osaran de entonces en adelante rebelarse contra la autoridad. En efecto, don Pedro había tenido muy mucho en cuenta que el querellante era no sólo Alcalde de una de sus posesiones, sino un Ortiz de Juanguren.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hernando Jayán en el fondo se alegró, aunque las causas iban más allá de la reyerta nocturna que había puesto en jaque a la autoridad del pueblo, y tenían más que ver con la simple envidia, a pesar de que el ahora encarcelado, como ya sabemos, no tenía donde caerse muerto. Y era que Juan Martín Haldón, uno de esos raros especímenes que se envuelven en un aura magnética poco habitual, poseía lo que hoy en día conocemos como "personalidad". Siempre y en todo lugar hacía sentir su presencia por el solo hecho de estar presente, aunque se mantuviera mudo y en silencio. Su aspecto físico ya en sí era diferente, e incluso sin que su vestuario destacara en nada sobre los de los demás de su clase, quizá por el despliegue de una panoplia de casi imperceptibles gestos y ademanes que, acaso porque brotaban desde la más pura naturalidad, lograban en cuantos lo trataban el efecto que hemos apuntado. Era además, ya desde la veintena de su edad, un filósofo nato, con unos momentos de lucidez que dejaban en vilo a sus interlocutores, y en lo que respecta al sexo femenino, todos sabían o intuían que ejercía sobre las mujeres una fascinación absoluta. Por lo demás, tenía un cerebro de músico improvisador que le permitía sostener y animar una fiesta durante largas horas por sí sólo, cantando o con algún instrumento apropiado; y estaba dotado con una nobleza de sentimientos que afloraba a la menor oportunidad.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entre los vecinos y moradores de Castilleja, villa desde siempre abundante en mentalidades mezquinas y escasas inteligencias que matrimoniaban con caras animalescas y cuerpos torvos y deformes, debía parecer Juan Martín Haldón una antorcha luminosa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-6046374646833492458?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/6046374646833492458/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=6046374646833492458' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6046374646833492458'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6046374646833492458'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/03/los-juanguren-y-el-espadero-10.html' title='Los Juanguren y el espadero 10'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-3538429525350181842</id><published>2011-03-13T00:37:00.005+01:00</published><updated>2011-03-17T00:05:52.905+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 9</title><content type='html'>&lt;div&gt;Juan Haldón el mozo no durmió aquella noche. Muy poco lo hicieron Alonso Rodriguez de Triana y su mujer, Ana de Tovar, pendientes desde su cama de cualquier sonido en la otra habitación donde el preso, de cuando en cuando, gemía, resollaba, lloraba o murmuraba algunas palabras ininteligibles. Además el matrimonio se había acostado tarde, después de acondicionar con toda solicitud un jergón al joven para aliviarlo de la presión de la telera del grueso cepo de madera de pino, de la frialdad de los grillos de hierro mohoso y sobre todo, del doloroso efecto de los golpes que le llovieron menudeando sobre rostro y cuerpo durante su detención y luego incluso en la propia cárcel; ya lo habían sometido a una cura improvisada con lo poco que tenían a mano. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ana, ayudada por su marido, se introdujo en la cama trabajosamente  debido al gran volumen de su vientre, que albergaba un feto ya casi a punto de ser expulsado. Pero ello no era óbice para que la hermosa y noble mujer se preocupara en cuerpo y alma del desgraciado prisionero, antes al contrario: dado que Haldón había sido padre recientemente de una niñita —llamada Leonor, Leonorcita—, a la que ella misma cuidaba en ocasiones merced a la amistad que unía a las dos familias, el afecto que sentía por el encarcelado se había acrecentado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ahora, todo estaba confabulado por manos del destino para que la desgracia se abatiera sobre ellos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Su marido era este año de 1555 Alguacil de la Villa por nombramiento ineludible del Alcalde Mayor del Estado de Guzmán, lo cual conllevaba que una de las habitaciones de su propia casa debía ser adaptada como calabozo, puesto que la Villa todavía no disponía de Cárcel propia. Además, Haldón estaba padeciendo uno de esos episodios de insanidad que tan conocidos eran entre las gentes de Castilleja, y por el cual ahora se encontraba encadenado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La noche del lunes 28 de octubre al martes 29, del dicho año de 1555, fué cambiante y fantasmagórica sobre las lomas onduladas del Aljarafe. Entre las oquedades informes de los apelotonamientos de nubes de plata, una redonda luna llena navegaba etérea e irreal. Luego se levantó viento y se formaron efímeras tormentas en las alturas. Fuera de la casa de Alonso y Ana se podían oír, de vez en cuando, el intermitente fragor de algún aguacero ocasional, y un potente ladrido de can —el de su vecino Juan de Torres—, como escandalizado del alboroto que se había producido en el pueblecito hasta altas horas de la madrugada. Luego calló el perro, pero su voz fué sustituída por la de lejanos truenos que, esporádicamente y anuciándose con un resplandor lívido e instantáneo, duraron casi hasta el gris amanecer, aunque la lluvia había cesado desde horas antes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Juan Martín Haldón, el preso, vivió todo aquel episodio como lo viven los dementes cuando les sobreviene un acceso psicótico; pero la sola presencia de la bella esposa del Alguacil compensaba en su mente delirante todo lo padecido; era aquella angelical persona, además de quien con exquisita delicadez le limpiaba cara y barbas, llenas de sangre y barro, la que durante meses atrás mecía a su hijita del alma arrullándola con tiernas canciones, cuando su propia esposa, atareada, no podía hacerlo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con sus primeros balbuceos, Leonorcita aprendió de Ana de Tovar, en plena etapa de ecolalia, una palabra que a los oidos de su padre significó mucho más de lo que aquella criaturita sería capaz de imaginar a lo largo de su vida: cuando la farfulló la primera vez, Juan Martin Haldón se sintió importante y, como una contestación en su interior, otra voz le ordenó tomar sus herramientas y salir a trabajar: ahora tenía la gloriosa misión de dar vida a un nuevo ser, para que el mundo siguiera funcionando en perfecta obediencia de las leyes eternas e inmutables. De manera que, con una euforia suave, pero amplia y desbordante, salió de su casa, sonriente, y marchó a lo largo del pueblo, hasta un sendero de Las Escaleras que abocaba al Camino Real de Salteras; llegado a cierto punto, detúvose y preparó sus chifles, pendiente de las ramas de unas higueras, ya en Valencina, a la espera de que se viniesen a recoger los zorzales que dormían en aquella arboleda. Ya sus cantos, y los de las otras aves, había perdido para él sonoridad y timbre, tras oir los de su hija con el primer "papa". Se sentó al borde del camino, feliz y exultante, mientras en el cielo hacia Aznalcóllar, crecía una muralla de nubes de todos los tonos y matices grises y en las cumbres, de pálidos anaranjamientos y suaves rosáceos; entonces, al caer la tarde, se formó el milagro anual que el otoño desplegaba como objetivando la parte más sensible y pura del alma humana: gigantescas columnas alzándose imponentes en el espacio, hacia el sur, doradas por el sol poniente; garabatos gigantescos en occidente, cabezas de blancuzcos tiburones con las fauces abiertas y sangrantes, mantones lejanos bordados con algodón de luz...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Juan Haldón quedó en vilo, embelesado, puesto de pie por la excitación que tanta belleza luminosa producía en su espíritu, oteando los cuatro puntos cardinales, sorprendido a cada giro por un espectáculo todavía más hermoso que el anterior.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No cazó nada. Pero seguía en paz consigo mismo. Regresó al pueblo mientras la noche cuajaba entre los frondosos pámpanos, ya muchos de ellos vendimiados de sus rotundos racimos. Selene, llena, lo saludó con su beso helado en el primer callejón, silencioso y batido por encharcadas rodaduras de carretas, cuyas largas hendiduras espejeantes reflejaban las emergencias lunares, y cruzado por negros gatos clandestinos, de ojos brillando en cada salto. Vislumbró luz de candil en un humilde despacho de vino, y se creyó merecedor de medio cuartillo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Diego Ortiz de Juanguren no dormía mejor que Juan el preso y que sus cuidadores Ana y Alonso. Cantaba una lechuza campanera en la torre de la iglesia entre chaparrón y chubasco, y su graznido monótono, mecánico, se colaba en la estancia, como si el animal se encontrara en la cabecera de su cama. Primero golpes de luna y luego de relámpagos iluminaban el rostro del viejo Diego, hinchado y dolorido en varias partes, aunque su sangre hidalga no había llegado a aflorar. Debido a los brutales tirones de la pelea, le dolía mucho el nacimiento de la barba en toda la zona mandibular, como si cada raíz de cada pelo ardiese dentro de la piel; estaba, por descontado, muy cansado, con el agotamiento propio de quien, a su edad, se somete a un ejercicio violento, tanto física como psicológicamente. Su cabeza era un hervidero de moscones y zumbidos y, como los nubarrones que cubrían el cielo de aquella noche, nefastas ideas se encadenaban en ella sin que pudiera desembarazárselas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Era muy tarde cuando intentó dormir, tras recibir las atenciones de sus hijos y de su primo. Hasta la odiosa nuera, Luisa de Rojas, había acudido al pie de la cama, mirando en silencio mientras le acercaban la cuchara con el en aquella circunstancia intragable  caldo de pollo, aunque reconfortante en otras tesituras, que apresuradamente aprestó su siervo el portugués lagartijoide degollando un capón tomatero con completa habilidad.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hacía pocos días que el marido de aquella desagradable indiana, su querido hijo Íñigo, había partido al Perú. Sentía su falta, lo echaba terriblemente de menos. Ahora, con su ausencia, se había acabado de convencer de que era el mejor hijo que tenía, el sobresaliente entre todos los demás en condiciones humanas, en sinceridad y en amor filial. Pero aquella extraña mujer con su aire entre hosco y digno, que aparentaba saber de todo y que lo trataba con frialdad casi despreciativa, era otro factor para que en las últimas semanas se encontrara desasosegado, ansioso e irrascible.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Luego estaba la obligación de llevar la Alcaldía del pueblo, que le había tocado aquel nefasto año de 1555, con sus asfixiantes compromisos, el tiempo que aquel nombramiento le robaba, las interminables reuniones con los Regidores, la mareante contabilidad y las tediosas visitas de inspección. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se sentía viejo, pero no quería abandonar, no quería entregar el mando. Su naturaleza soberbia le exigía un sobreesfuerzo y él se lo entregaba a diario, aunque tuviera que acabar las jornadas exánime, disimulando, recurriendo al alcohol para sobreponerse.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La noche del lunes 28 de octubre al martes 29, del dicho año de 1555, fué cambiante y fantasmagórica sobre las lomas onduladas del Aljarafe. El viejo Diego había dado esquinazo a algún habitual acompañante, porque lo que pretendía no era precisamente supervisar el orden del pueblo antes de ir a la cama. Hombre de líbido desordenada, —si líbido y desorden no son una misma cosa, por suerte o por desgracia—, mientras más reveses le daba la fortuna, más necesidad tenía de practicar una actividad sexual que, por el otro lado, no era en su caso especialmente común, ni aún en aquellos tiempos de cosificación de las mujeres. Todavía apreciaba unas posaderas redondas y duras, la calidez de unos muslos aterciopelados, pero trataba a sus eventuales parejas como a seres inferiores, casi como a animales domésticos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Diego Ortiz de Juanguren conocía las idas y venidas de todo el vecindario, porque durante el año casi por completar que llevaba de titular de la Alcaldía recibía constantes y detallados informes de la actividad de la población. Estaba al tanto de en qué casas las esposas se encontraban solas, esperando a maridos emigrados a comarcas más productivas; conocía además las debilidades de fulanas y menganas y zutanas, sus vidas ocultas, sus intimidades; y sabía, y esto era importante para él, donde disfrutar de la compañía de alguna jovencita aunque hubiere que desembolsar unos maravedíes en la abierta y discreta mano materna. Le atraían las castillejanas, las naturales de la Villa, acaso porque nunca logró integrarse en ella y porque creía que por esta vía avanzaba en tal integración, o al menos se vengaba de quienes —pensaba paranoicamente— la entorpecían.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De manera que, tomando su vara de la justicia, salió a la Plaza doblando la esquina de la iglesia cuando ya era ida la última luz del día, y siguiendo un mapa mental previamente dibujado se dispuso a rondar casas prometedoras de besos y abrazos que consolasen este año ácido de su vejez agria. Siendo lunes, la gente trabajadora, desengañada de la ilusión dominical de ropa nueva y paseo, se había hundido pronto en sus lechos, en busca del olvido de la cruz de la labor diaria, que Morfeo les ofrecía acaso para reclamárselo con intereses a la mañana siguiente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Apenas se cruzó con alguien. Consiguió su objetivo en cierta casa, en la que ya era sobradamente conocido. Salió satisfecho, percibiendo en sus vestiduras el olor de hembra, y volvió hacia la Plaza, a despedirse de los noctámbulos que en la posada de Juan Garcia echaban la última partida a los naipes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo que vamos a ver seguidamente es el "&lt;i&gt;Proceso criminal de Diego Ortiz de Juanguren, Alcalde Ordinario, contra Juan Martín Haldón el mozo, vecino de esta Villa, y contra Alonso Rodriguez de Triana, Alguacil y Carcelero de esta Villa&lt;/i&gt;."&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-3538429525350181842?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/3538429525350181842/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=3538429525350181842' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3538429525350181842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/3538429525350181842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/03/los-juanguren-y-el-espadero-9.html' title='Los Juanguren y el espadero 9'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-5870052633127268397</id><published>2011-03-12T00:07:00.003+01:00</published><updated>2011-03-14T22:35:40.121+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 8</title><content type='html'>&lt;div&gt;A continuación, a modo de simples fotografías que reflejan distintos momentos en las vidas de los miembros de la familia cuyos avatares estamos tratando, viene la transcripción de varios documentos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Todavía no pertenecía Castilleja de la Cuesta al Conde don Pedro de Guzmán, y ni tan siquiera Olivares, su solar, cuando ya los Juanguren —aparte del de nuestra Villa— estaban afincados en la zona, exactamente en la de Gines y en término de Valencina. He aquí uno de estos Ortiz primigenios en el Aljarafe, hermano de nuestro Diego:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Juan Ortiz de Juanguren y su mujer Beatriz Ergas Vanegas, vecinos de Sevilla, venden a Alonso de Vergara, vecino de Sevilla en la collación de La Magdalena, presente, 1.500 maravedíes de tributo, puestos en unas casas con su bodega, lagar y vasija que ellos tienen en la Villa de Gines, linde con casas del dicho Alonso de Vergara y por delante y al lado las calles del Rey, y sobre un pedazo de viña que dicen de Teresa Martin, de 7 aranzadas, en término de Valencina, linde con viñas de Tomás ¿Brujas? y con viñas de Alonso de Trujillo, y sobre otro pedazo de viña también en Valencina, linde con viña de Alonso Rodriguez Castellano y con viñas de Bernabé Martín. Por precio de 15.000 maravedíes. Dado en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, martes 7 de septiembre de 1529. Firmaron Juan Ortiz y Alonso de Vergara. Testigos, Alonso Sanchez de Jaén y su hijo Francisco Sanchez.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un año después de esta venta de tributo enviudó su actor, Juan Ortiz. Los cuatro hijos, no sabemos por qué causa, eligieron quedar bajo la tutoría de Diego Ortiz de Juanguren su tío, en lugar de bajo la de su padre:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;El miércoles 16 de noviembre de 1530, ante el Alcalde Ordinario Diego Martin Bermejo, el escribano Alonso de Ulloa&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt; y testigos, parecieron Luis, Isabel, Luisa y Marina Ortiz, hijos de Juan Ortiz de Juanguren y de Beatriz Ergas Vanegas, difunta, y como herederos y menores para parecer en juicio no podían para pedir los bienes que les pertenecían, pedían al dicho Alcalde un curador ad litem, y eligieron por tal curador a su tío Diego Ortiz de Juanguren, el cual juró el cargo aceptándolo; puso para ello sus manos en las del dicho Alcalde, y dio por su fiador a Martinez Garrote, vecino de Sevilla. Firmaron el Alcalde, Diego y Garrote.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Alonso de Ulloa aparece como escribano tanto en Gines como en Castilleja. Demasiada coincidencia en el tiempo, en la profesión y en el apellido, como para no contemplar alguna estrecha relación familiar con Bernardo de Ulloa, el cuñado del viejo Diego que acabamos de conocer en los capítulos anteriores.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Vemos a nuestro hacendado dos semanas escasas después de aceptar la tutoría de sus cuatro sobrinos menores de edad, inmerso en negocios de pagos y cobros de tributos. En esta ocasión surge una Catalina Ortiz, vecina de Utrera, de la que es lógico suponer algún parentesco. Esta Catalina Ortiz poseía la casa descrita en la siguiente transcripción, y sita en nuestra Villa, que ahora pertenece a Diego Ortiz.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Diego Ortiz de Juanguren, vecino de Sevilla en la collación de San Salvador, conoce al Licenciado Diego de Porras, vecino de Sevilla en la collación de San Pedro, presente, y dice que por cuanto dicho Diego de Porras compró de Catalina Ortiz, viuda de Juan ¿Lopez? Moreno, vecina de Utrera, 2.500 maravedíes de tributo sobre unas casas del dicho Diego Ortiz de Juanguren, con su bodega, lagar, vasija y huerta, linde con casas de Juan de Sagredo&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt; y con casas de Inés Lopez, y sobre 17 aranzadas de viñas y tierras calmas, que son unas en el pago de La Fuente, linde con viñas de ¿Hernán Lopez? y con viñas de Nuño de Torres, y otro pedazo que dicen La Viña Grande, linde con viñas de Alonso de Trujillo y con viñas de Bernabé Martin, con ciertas posturas y obligaciones, ahora Diego Ortiz de Juanguren se obliga a pagar al dicho Licenciado Diego de Porras y a sus herederos el dicho tributo. Dado en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, 28 de noviembre de 1530. Testigos, Juan Martin Garrote y Alonso ¿Gutiérrez? de Madrigal, vecinos de Sevilla, y Francisco de Contreras, vecino de esta Villa.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Bernardina de Sagredo (¿hija de este Juan?) sería la esposa de Diego Ortiz, un sobrino y homónimo de nuestro hacendado, cuyo trágico final sirve de asunto principal a la presente serie de "Los Juanguren y el espadero".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La hermana de Diego, Leonor Ortiz, viuda y a cargo de sus dos hijas durante este tiempo, también se encuentra activa en lo que a negocios se refiere, desenvolviéndose entre escribanos amigos y compañeros de su difunto marido:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Leonor Ortiz, viuda de Bernardo de Ulloa, escribano público de Sevilla, en nombre de Catalina Mejía y de Beatriz de Ulloa, sus hijas con Bernardo, como su tutora y curadora según escritura que pasó ante Juan de la Rentería en el año 1525, vende a Fernando Perez, escribano de Sevilla, presente, un pedazo de viña que ellas tienen en Camas, al pago de La Cuesta de la Encina. Dado en Castilleja de la Cuesta, 23 de enero de 1532. Testigos, Diego Ortiz de Juanguren, que firmó por ellas, Juan Martín Robledo, y Juan Martin Garrote.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Transcurren 8 años para que volvamos a tener noticias de los Juanguren. Durante ellos, en 1538, — el 19 de diciembre— se realizó el primer tramite para la venta de Castilleja a don Pedro de Guzmán, el cual trámite consistió en una Cédula Real expedida en Toledo, por la que la encomienda santiaguista castillejana pasaba a poder del Rey, previa autorización del Comendador de la Orden de Santiago Pedro de Narváez, que la había otorgado estando en la isla de Corfú, el 4 de octubre anterior, con la Armada de Carlos V y paladeando todavía la amarga derrota que, un mes antes, Barbarroja —a la sazón Virrey de Argel— había infligido a la coalición de los cristianos auspiciada por el papa Pablo III, derrotada por los otomanos en la bahía de Prevenza. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Del siguiente Juanguren, Pedro, constructor de ballestas, tenemos su testamento íntegro, amén de algún que otro documento que iremos transcribiendo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ya en franco declive, la ballesta había sido utilizada con muy buen resultado por Hernán Cortes en las guerras de México, alternándolas con el fuego de arcabuz. Mientras eran cargadas estas pesadas y lentas armas, las escuadras de ballesteros hacían llover una cortina de dardos sobre los indios.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Pedro Ortiz, ballestero vecino de Sevilla, da su poder al Procurador de Causas Luis Hernández, vecino de Sevilla, ausente, para que cobre todas sus deudas y para llevar pleitos por ellas. Dado en Castilleja de la Cuesta, estando por ante las puertas de las casas de la morada de Martin de Alfaro&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, jueves 20 de octubre de 1540. Pedro Ortiz firmó de su nombre. Testigos, otro Pedro Ortiz, vecino de Sevilla, y Juan de Santana, vecino de esta Villa.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- El viejo conquistador Martín de Alfaro —ampliamente documentado ya en nuestra historia— disfrutaba en esta década de los 40 de las tertulias que su amado capitán Hernán Cortés dispensaba en la casona de la Calle Real a sus camaradas y allegados. El que el ballestero haga su otorgamiento de poder en las puertas de sus casas indica algún vínculo especial con Alfaro, entendiéndose "las puertas" como un amplio zanjuán o espacio privado al que también se referían como "antepuerta".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Un año después, Diego Ortiz de Juanguren y su hermano Pedro tienen un serio problema con la administración del Conde, y con la del Concejo de la Villa en su nombre. Como hidalgos con poderío metidos a negociantes, sufren un castigo muy atenuado, justo para salvar las espaldas a los titulares de la gobernación de Castilleja de cara a la autoridad de la Villa de Olivares. Pero los temas de las sagradas rentas del Conde don Pedro, y en especial los muy productivos provenientes de la venta de la carne, eran sumamente delicados. Quizá fuera este asunto el primer disgusto serio que Castilleja de la Cuesta proporcionaba a su ahora dueño don Pedro de Guzmán.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;El lunes 5 de septiembre de 1541, estando en la Cárcel de esta Villa los Alcalde Ordinarios Juan Verde y Antonio de Valencia, y estando presos Diego Ortiz y Pedro Ortiz, y Francisco de Carmona&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, carnicero éste como principal deudor, y los otros como sus fiadores, obligados a pagar la dicha renta, los Alcaldes mandaron que estén presos en poder del Alguacil Juan Robledo hasta tanto paguen 6.450 maravedíes que deben al Concejo, y porque ellos están sin prisiones, los Alcaldes mandaron que en ningún tiempo salgan de la Cárcel, so pena de 2.000 maravedíes a cada uno para la Cámara de Su Señoría, y mas caer en pena de perjuros e infames. Los presos se obligaron a ello bajo juramento, firmando de sus nombres. Testigos, Juan Martin Haldón&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;, Juan Villada, Juan Robledo y Alonso de Trujillo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Originario del lugar de Camas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- Se trata de Juan Martín Haldón el viejo. Su hijo, enfrentado a muerte con Diego Ortiz de Juanguren, será el protagonista de lo que sigue.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-5870052633127268397?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/5870052633127268397/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=5870052633127268397' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5870052633127268397'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/5870052633127268397'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/03/los-juanguren-y-el-espadero-8.html' title='Los Juanguren y el espadero 8'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-6117932042389994107</id><published>2011-03-04T17:58:00.004+01:00</published><updated>2011-03-12T17:17:29.655+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 7</title><content type='html'>&lt;div&gt;Luego declaró el tío de las acusadas, nuestro viejo hacendado:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Diego Ortiz de Juanguren, vecino de Sevilla en la collación de San Martin, testigo presentado por parte de Catalina y Beatriz. A la primera pregunta dijo que conoce a las dichas Catalina y Beatriz desde que nacieron, a Francisco Mejía que lo conoce desde que era niño de edad de 3 años poco más o menos, y conoció a Bernardo de Ulloa y a Leonor Ortiz su mujer, padres de las dichas, desde antes que el dicho Bernardo de Ulloa se casara con la dicha Leonor Ortiz hasta que falleció, y que asimismo conoce al dicho Juan Mejía, padre del dicho Francisco Mejía. Tiene 63 años de edad poco más o menos, y es tío de las dichas doña Catalina y doña Beatriz de Ulloa, hermano de la dicha Leonor Ortiz, madre de las sobredichas, y que por eso no dejará de decir verdad, como cristiano, y que venza quien tuviere justicia. A la segunda y tercera preguntas, que ha visto la dicha escritura de que en la pregunta se hace mención, y que a ella se remite. A la cuarta, que este testigo vio que por renunciación que el dicho Bernardo de Ulloa hizo al dicho Juan Mejía su hijo del dicho Oficio de escribano público de la dicha ciudad de Sevilla, el dicho Juan Mejía fue recibido al dicho Oficio, y este testigo se lo vió tener y poseer, y ser escribano público de la dicha ciudad de Sevilla algún tiempo. De la quinta pregunta, dijo que al tiempo que el dicho Juan Mejía hubo el dicho Oficio de su padre, los Oficios de los escribanos públicos valían muchos dineros, y el dicho Oficio era muy bueno y de los antiguos, y tenía muchos registros de los antecesores del dicho Bernardo de Ulloa, y por esta causa, por ser como era tan bueno, cree este testigo que valdría y podría valer los 1.000 ducados contenidos en la pregunta, poco más o menos. De la sexta dijo que después que Bernardo de Ulloa falleció, vio cómo los otros hijos y herederos del dicho Bernardo de Ulloa se metieron en todos los bienes que quedaron y fincaron, y así los han tenido y poseído todos, estando el dicho Juan Mejía en la dicha ciudad de Sevilla, y nunca vio ni oyó decir que el dicho Juan Mejía ni otra persona por él lo contradijese, sino siempre lo vio pertenecer y poseer como cosa suya propia, y así es y ha sido. De la séptima dijo que este testigo sabe y vió que después que Bernardo de Ulloa falleció, el dicho Juan Mejía estuvo y residió continuamente en la dicha ciudad de Sevilla y en casa de la dicha Leonor Ortiz y de sus otros hijos y herederos de Bernardo de Ulloa, el tiempo contenido en la pregunta poco más o menos, y nunca en todo el dicho tiempo el dicho Juan Mejía pidió ni demandó cosa alguna a los otros sus hermanos, hijos y herederos del dicho Bernardo de Ulloa, antes se los vió tener y poseer pacífica y quietamente, y este testigo vió cómo muchas veces el dicho Juan Mejía trataba y trató casamiento con la dicha doña Catalina, y consentía y decía que le diesen por casamiento toda la hacienda que había quedado del dicho Bernardo de Ulloa a la dicha doña Catalina, y que a la dicha doña Beatriz que la metiesen monja, y a Pedro de Ulloa, que era hombre que no había menester hacienda, y que así es público y notorio. De la octava, dijo que después de haber sido Juan Mejía escribano público de la dicha ciudad de Sevilla el tiempo contenido en la pregunta poco más o menos, vió cómo lo renunció en Juan de la Rentería, y por el dicho Oficio le dio y pagó Rentería 600 ducados, y así fue en aquel tiempo muy público y notorio, y que este testigo se acuerda que al tiempo y sazón que el dicho Bernardo de Ulloa casó con la dicha Leonor Ortiz, hermana de este testigo, estaban todos juntos y vivían y moraban una casa el dicho Juan Mejía y el dicho su padre, y que porque el dicho Juan Mejía se mudase y fuese de casa del dicho Bernardo de Ulloa a vivir y morar a otra parte, el dicho Bernardo de Ulloa le dió y pagó 30.000 maravedíes, y para habérselos de pagar echó un tributo al monasterio de Santo Domingo de Portaceli, extramuros de Sevilla. De la novena pregunta, dijo siéndole leído el memorial, dijo que tiene noticia y conocimiento de todos los bienes en dicho memorial contenidos, y sabe y vió cómo los dichos bienes la dicha Leonor Ortiz y sus dos hijas los tuvieron y poseyeron por suyos y como suyos por tiempo de más de 30 años a esta parte, y hasta que la dicha Leonor Ortiz falleció; y después sus hijas los tuvieron quieta y pacíficamente hasta que el dicho Francisco Mejía les puso demanda por ello. De la décima dijo que este testigo sabe y vió cómo la dicha Leonor Ortiz es fallecida, puede haber el tiempo contenido en la dicha pregunta poco más o menos, porque este testigo vio estar muerta y fallecida a la dicha Leonor Ortiz, y se halló a su enterramiento, y que no sabe si hizo testamento&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, mas que las dichas doña Catalina y doña Beatriz de Ulloa son habidas y tenidas por hijas legítimas y naturales de la dicha Leonor Ortiz y de Bernardo de Ulloa, y por sus hijas legítimas se las vió criar y nombrar y tratar. De la onceava, dijo que no la sabe. De la doceava, que este testigo vió y conoció que al tiempo y sazón que el dicho Juan Mejía falleció, dejó por sus hijos y herederos a Bernardo de Ulloa, Gregorio Mejía, Francisco Mejía, Hernando Chacón, y a una hija que no se acuerda este testigo de su nombre. Y de la treceava pregunta, se ratificó en lo dicho. Firmó de su nombre y le fue encargado el secreto.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- No debía ser muy estrecha la relación entre los dos hermanos, cuando él no sabía siquiera si Leonor había hecho testamento.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A continuación, la declaración de un sobrino de Diego:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Pedro Ortiz, vecino de Sevilla en la collación de Santa María en la calle de Catalanes&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt; y morador en esta Villa de Castilleja de la Cuesta&lt;/i&gt; [donde fue escribano público una temporada], &lt;i&gt;testigo presentado por Catalina y Beatriz. Dijo que conoce a las dichas y a Francisco Mejía de más de 30 años a esta parte, y conoció a Bernardo de Ulloa y a Leonor Ortiz, y conoció a Juan Mejía, padre del dicho Francisco Mejía, de más de 40 años. Es de edad de 58 años poco más o menos, y  es primo hermano de las dichas doña Catalina y doña Beatriz de Ulloa, porque la madre de este testigo y Leonor Ortiz, madre de las dichas, eran hermanas, y que por eso no dejará de decir verdad, como cristiano, y que venza quien tuviere justicia. Dice que vio la escritura de renunciación contenida en la segunda pregunta. Dice que vio también la escritura que Juan Mejía otorgó a su padre Bernardo de Ulloa. Dice que sabe que Bernardo de Ulloa, siendo escribano público de Sevilla, renunció dicho oficio en Juan Mejía su hijo, y este testigo vio la renunciación, y que después vio como el dicho Juan Mejía usó durante mucho tiempo el dicho Oficio de escribano público de Sevilla hasta que lo vendió a Juan de la Rentería, y asimismo que Bernardo de Ulloa dio a Juan Mejía mucha cantidad de bienes, porque el dicho Juan Mejía otorgase la escritura de renunciación, y lo sabe por haberlo oido decir a Bernardo de Ulloa y porque es público y notorio. Dice que cuando murió Bernardo de Ulloa valía más el Oficio de escribano público que dio a Juan Mejía, y los dineros y bienes que asimismo le dio, y otros gastos que asimismo hizo con el dicho Juan Mejía. De la sexta pregunta dijo que vio cómo Juan Mejía ratificó las escrituras de renunciación que había hecho a Bernardo de Ulloa, después de su muerte, y asimismo que después de fallecido, los otros hijos y herederos del dicho Bernardo de Ulloa se metieron en todos los bienes y hacienda que quedaron y fincaron, y nunca lo contradijo el dicho Juan Mejía, aunque estaba y residía en la ciudad de Sevilla hasta que falleció, y este testigo vio la escritura de ratificación que Juan Mejía hizo, y siendo vivo éste, este testigo le oyó decir muchas veces cómo estaba pagado de toda la legítima de su padre y madre, aunque tenía dineros demasiados antes que no de menos. De la séptima dijo que vio que Juan Mejía, después de la muerte de su padre, vivió y moró en Sevilla hasta que falleció, y que al parecer de este testigo viviría el tiempo contenido en la pregunta, y todo este tiempo los otros hermanos, hijos y herederos de Bernardo de Ulloa, juntamente con la viuda Leonor Ortiz, tuvieron y poseyeron todos los bienes que quedaron del dicho Bernardo de Ulloa, quieta y pacíficamente, sin que Juan Mejía u otro por él demandase cosa alguna de dichos bienes, y que si hubiesen demandado algo este testigo lo habría sabido, por el mucho trato y comunicación y conversación que tuvo con dicho Juan Mejía. Dice que sabe que Juan Mejía vendió el Oficio a Juan de la Rentería por el precio contenido en la pregunta poco más o menos, porque era Oficio antiguo y tenía muchos registros, y después de venderlo vio que Juan Mejía compró en el lugar de Gerena casas y tierras para sembrar, y muy buena hacienda, que hoy día la posee Hernando Chacón y su madre y otras personas, y que vale muchos dineros. De la novena, siéndole leído el memorial, dijo que tiene noticia de los bienes contenidos en él, porque este testigo, como dicho tiene, vio a Leonor Ortiz y a sus dos hijas poseer y tener dichos bienes, por más de 40 años, hasta que Leonor Ortiz falleció, y después vio cómo las hijas los tuvieron quieta y pacíficamente hasta que el dicho Francisco Mejía les movió este pleito. De la décima, que puede haber 3 años que Leonor Ortiz falleció, y lo sabe porque se halló a su enterramiento. De la onceava dijo que no conoce a la dicha Isabel de Cáceres ni a sus hijos y nietos en la pregunta contenidos, mas que siendo vivo Bernardo de Ulloa, este testigo le oyó decir cómo había traído pleito con los contenidos en la pregunta, y que les había pagado lo que les pertenecía de los bienes y herencia de la dicha Isabel de Cáceres. De la doceava pregunta dijo que este testigo se acuerda que cuando dicho Juan Mejía falleció dejó por sus hijos y herederos a Bernardo de Ulloa, Gregorio Mejía, Francisco Mejía y Hernando Chacón. De la treceava, se ratificó en lo dicho y firmó de su nombre, siéndole encargado el secreto.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Calle de Catalanes, hoy Carlos Cañal y Albareda. Nombrada así por los naturales de Cataluña que residían en ella desde el siglo XIV, en tiempos de Pedro Ortiz la calle sufría las consecuencias de un caño de aguas residuales que iba desde el convento de San Francisco hasta la laguna de La Pajería, donde desaguaba, originando multitud de denuncias y quejas de los vecinos. En contraste, fue una de las primeras en ser pavimentada de ladrillos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sigue la deposición de una anciana, suegra de otro Ortiz:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Ana Sanchez, viuda de Alonso Hernandez del Castillo, vecina de Sevilla y moradora en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, en casa de Juana Ramírez su hija, mujer de Pedro Ortiz &lt;/i&gt;[ver infra].&lt;i&gt; Conoce a Catalina, a Beatriz y a Francisco Mejía desde que nacieron, y conoció a Bernardo de Ulloa y a Leonor Ortiz su mujer, y a Juan Mejía su hijo, difuntos, de más de 40 años a esta parte. Es de edad de 63 años y no le tocan las Generales. De la segunda pregunta, dijo que se acuerda haber visto la escritura de renunciación, y que lo contenido en la pregunta es público y notorio. De la tercera, se remite a dicha escritura. De la cuarta, que vio tener y poseer al dicho Juan Mejía el Oficio de escribano público de Sevilla que fue de su padre, aunque no se acuerda durante cuanto tiempo. Dice que oyó decir a Bernardo de Ulloa que había gastado muchos maravedíes con su hijo el dicho Juan Mejía, y que había echado un tributo de 3.000 maravedíes por 30.000 maravedíes, para dar al dicho Juan Mejía. De la sexta, dijo que cuando Bernardo de Ulloa murió, sus hijos, hermanos de Juan Mejía, entraron en todos los bienes que quedaron, y esta testigo se los vio tener a ellos y a la viuda su madre, viéndolo y sabiéndolo Juan Mejía porque estaba y residía en la ciudad de Sevilla, y esta testigo lo vio entrar y salir muchas veces en casa de la dicha Leonor Ortiz. De la séptima, que Juan Mejía vivio en Sevilla hasta su fallecimiento, y que sus hermanos y madrastra&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt; tenían los bienes de Bernardo de Ulloa, y nunca oyó decir que Juan Mejía los demandase, siendo todo público y notorio. De la octava, que después de fallecido Bernardo de Ulloa, su hijo Juan Mejía vendió el Oficio de escribano, y después vio y supo cómo compró muchos bienes raíces y heredades, y que antes de vender el Oficio no poseía heredades ni esta testigo oyó decir que tuviese bienes algunos, sino el dicho Oficio&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt;. De la novena, siéndole mostrado y leído el dicho memorial que (dos líneas en blanco). De la novena&lt;/i&gt; (sic),&lt;i&gt; siéndole leído el dicho memorial, dijo que tiene noticia y conocimiento de los bienes en él contenidos, y que esta testigo se los vio tener y poseer a Leonor Ortiz y a sus dos hijas, teniendo la dicha Leonor Ortiz en su poder a las sobredichas Catalina y Beatriz, y vio que tuvieron los bienes por mas de 20 y de 30 años, hasta que Leonor Ortiz falleció, y después los tuvieron sus hijas quieta y pacíficamente hasta que el dicho Francisco Mejía les puso demanda. De la décima, dijo que Leonor Ortiz falleció hace el tiempo contenido en la pregunta, y que se remite al testamento que hizo. De la onceava dijo que no conoció a Isabel de Cáceres mas que fue público y notorio que fue mujer del dicho Bernardo de Ulloa, y que después de casado el dicho Bernardo de Ulloa con Leonor Ortiz oyó decir esta testigo muchas veces que los herederos de la dicha Isabel de Cáceres le habían puesto pleito, y le pedían los bienes y herencia de la dicha Isabel de Cáceres. De la doceava, que esta testigo se acuerda y vio que al tiempo que dicho Juan Mejía falleció dejó por sus hijos y universales herederos a Bernardo de Ulloa, Gregorio Mejía, Francisco Mejía, Isabel de Cáceres y a Hernando Chacón. De la treceava, que se ratificaba, y que no sabe escribir, y le fue encargado el secreto.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- De nuevo a Juan Mejía se le hace hijo de otra mujer, y no de Leonor Ortiz, que en la ocasión pasa a ser "su madrastra". Pero en la duda, y como quiera que constantemente se habla de "sus hermanos" en referencia a los hijos de Leonor, esperemos a alguna aclaración en futuras pesquisas en los archivos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- Así se explica que se enfrentara a su propio padre por un alojamiento; debía estar prácticamente en la calle, con su esposa y cargado de hijos, cuando no encontró otra salida que "embutirlos" a todos en el hogar paterno. Hay que añadir su rápida conversión en terrateniente en Gerena, su muerte prematura, y el desparpajo con que dicta y dispone de las vidas de sus ¿hermanastros?: Beatriz para monja, con un poco de los bienes, a Pedro de Ulloa nada, porque no lo necesita ... , para que se nos presente como un personaje un tanto extraño.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, la dicha Juana Ramírez, mujer del dicho Pedro Ortiz, difunto que Dios haya&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, vecina de Sevilla y moradora en esta Villa de Castilleja de la Cuesta. Conoce a Catalina, Beatriz y Francisco Mejía de más de 25 años a esta parte, y conoció a Bernardo de Ulloa, Leonor Ortiz y Juan Mejía, que son fallecidos. Dijo que es de edad de 50 años poco más o menos, y que no le empecen las Generales. De la segunda dijo que la sabe porque esta testigo se halló presente al tiempo que Juan Mejía renunció todos los bienes y herencia de su padre Bernardo de Ulloa. De la tercera, se remite a lo dicho en la segunda. De la cuarta, dijo que vio y se acuerda que el tiempo que Juan Mejía otogó las escrituras en las preguntas anteriores contenidas, de la renunciación, fue de concierto entre él y su padre que para que el dicho Juan Mejía otorgase la dicha escritura, el dicho Bernardo de Ulloa renunciaría en él el Oficio de escribano, y después esta testigo vio cómo Juan Mejía fue recibido como escribano público de la dicha ciudad de Sevilla, en lugar de su padre, y esta testigo le vio usar dicho Oficio, y fue público y notorio que Bernardo de Ulloa, además del dicho Oficio dio otros muchos bienes a su hijo Juan Mejía. De la quinta, dijo que cuando Bernardo de Ulloa renunció en su hijo dicho Oficio, este valdría los 1.000 ducados contenidos en la pregunta, o poco menos, porque era muy bueno y de los antiguos, y que esta testigo oyó muchas veces quejarse al dicho Bernardo de Ulloa del dicho Juan Mejía, diciendo que le echaba a perder, y que todo cuanto ganaba le llevaba ... , y que en dicho tiempo se decía muy públicamente que el dicho Bernardo de Ulloa andaba muy alcanzado por causa de los gastos que hacía con dicho Juan Mejía su hijo. De la sexta dijo que después que Bernardo de Ulloa falleciese, Juan Mejía su hijo nunca pidió ni demandó a la dicha Leonor Ortiz ni a los otros sus hermanos y hermanas que fueron herederos del dicho Bernardo de Ulloa, cosa alguna de los bienes de la herencia, y que estando residiendo Juan Mejía en Sevilla, los otros herederos y Leonor Ortiz se entraron en dichos bienes. De la séptima, que vio cómo después de fallecido el dicho Bernardo de Ulloa, su hijo Juan Mejía estuvo y residió en Sevilla continuamente más de 15 años, hasta que falleció, y en ese tiempo Leonor Ortiz y sus hijos herederos poseyeron los bienes sin contradición de Juan Mejía. De la octava dijo que después de haber tenido mucho tiempo Juan Mejía el Oficio de escribano, lo vendió a un Juan de Rentería por mucha suma de maravedíes, y que con ellos había comprado tierras de pan sembrar y otras heredades en el lugar de Gerena, y esto fue público y notorio, y que ha oido decir que dichas tierras son muy buenas y que valen muchos maravedíes, pero que no sabe cuantos. De la novena dijo que tiene noticia de los bienes contenidos en el memorial que se le leyó, y sabe que los han tenido Leonor Ortiz y sus hijas, hasta que la primera falleció, y después los tuvieron sus hijas quieta y pacíficamente hasta que Francisco Mejía los demandó. A la décima, que la sabe porque esta testigo ... el testamento de la dicha Leonor Ortiz. De la onceava, que no la sabe. De la doceava, que sabe y se acuerda que al tiempo que Juan Mejía falleció, dejó por hijos y herederos a Gregorio Mejía, Bernardo de Ulloa, Francisco Mejía, Isabel, y Hernando Chacón. De la treceava, dijo lo que dicho tiene, y que además se acuerda esta testigo que cuando Bernardo de Ulloa renunció el Oficio de escribano en su hijo Juan Mejía, éste prometió de dar y pagar a los herederos del dicho Bernardo de Ulloa su padre 50.000 maravedíes, y le dio en prenda de los dichos 50.000 maravedíes una esclava negra que no se acuerda cómo se decía, y ciertas prendas, las cuales dichas prendas esta testigo oyó quejarse muchas veces a la dicha Leonor Ortiz cómo el dicho Juan Mejía se había llevado dichas prendas y nunca le había pagado los dichos 50.000 maravedíes, y que le ... en traspaso diciendo que se lo pagaría en trigo, y que en uno ni en otro se los pagó. Y dijo que no sabía escribir, y le fue encargado el secreto.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Este Pedro Ortiz, difunto, tiene que ser el hermano de Diego que litigó con las autoridades del almojarifazgo del vino de Sevilla, visto en el capítulo anterior. Pero recordemos lo dicho en el capítulo 2 de esta serie sobre los Juanguren: &lt;i&gt;A todo este grupo&lt;/i&gt; [de pasajeros a Indias] &lt;i&gt;acompañaba en el periplo Francisca Ortiz, vecina y natural de Sevilla, soltera e hija de Pedro Ortiz de Juanguren y de Juana Ramírez. Año de 1555.&lt;/i&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Marchaba con su primo hermano Íñigo Ortiz de Juanguren, en la misma nao "Nuestra Señora del Rosario"?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y como colofón de este asunto y necesaria referencia cronológica, porque ignoramos la fecha del pleito de los Ulloa, diremos que Bernardo de Ulloa ejerció entre 1507 y 1515; su hijo Juan Mejía entre 1517 y 1522, y Juan de la Rentería entre 1523 y 1544. Consta además un Pedro de la Rentería, que imaginamos hijo de este último, entre 1544 y 1546. Todos ellos en la ciudad de Sevilla.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-6117932042389994107?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/6117932042389994107/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=6117932042389994107' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6117932042389994107'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/6117932042389994107'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/03/los-juanguren-y-el-espadero-7.html' title='Los Juanguren y el espadero 7'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-4415747796451726304</id><published>2011-03-02T12:36:00.001+01:00</published><updated>2011-03-02T12:40:09.381+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 6</title><content type='html'>&lt;div&gt;Extractando la transcripción que a continuación se muestra, por la que nos documentaremos sobre una rama de los Ortiz de Juanguren que surgió de la hermana del viejo Diego, Leonor Ortiz, al casarse con el escribano público de Sevilla Bernardo de Ulloa, conoceremos, además del hecho trágico de que un hijo expulse a su padre de la propia casa de éste a punta de lanza, que dicho escribano se había desposado en otras dos ocasiones anteriores, con Isabel de Cáceres y con María Rodriguez, por lo que era doblemente viudo cuando sufrió tal desmán. Entre los hijos de Bernardo con Leonor Ortiz de Juanguren se encuentran Catalina y Beatriz de Ulloa, Juan Mejía (aunque en una ocasión se dice hijo de dicha María Rodriguez) y Pedro de Ulloa. Con Isabel de Cáceres tuvo descendencia, o bien ella ya la aportó al casarse, porque un tal Juan de Lorca, vecino de Carmona y actuando de apoderado, se refiere a cierto nieto de Isabel.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Juan Mejía por su parte, casado con Beatriz Ortega, tiene a Gregorio Mejía, Bernardo de Ulloa, Francisco Mejía, Isabel Chacón y Hernando Chacón por hijos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Contando solo con las declaraciones de ciertos testigos, presentados por uno de los hijos de Juan Mejía —Francisco— en el pleito que formó contra sus tías Catalina y Beatriz, y que es la única documentación que se conserva del caso, al menos podemos completar el árbol familiar de nuestros protagonistas. Comienzan los testimonios con un sobrino de Diego, hijo de otra su hermana, hombre de firma culta, de trazos firmes e ilustrados.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Antón Rodriguez Navarrete&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, vecino de Sevilla en la collación de San Vicente, testigo presentado por las dichas doña Catalina y doña Beatriz de Ulloa, conoce a las dichas y a Francisco Mejía desde que nacieron, y conoció a Bernardo de Ulloa&lt;sup&gt;2&lt;/sup&gt; y a su mujer Leonor Ortiz, padres de Catalina&lt;sup&gt;3&lt;/sup&gt; y Beatriz, y a Juan Mejía, que fue hijo de Bernardo y Leonor, ya fallecidos los tres. Tiene 53 años de edad poco más o menos, y es primo hermano de las dichas Catalina y Beatriz, porque la madre de este testigo y la dicha Leonor Ortiz eran hermanas, pero por esta causa no dejará de decir verdad, como buen cristiano. Dice que Juan Mejía y su padre Bernardo de Ulloa se concertaron y convinieron en que, porque el dicho Bernardo de Ulloa no vendiese el Oficio de escribano público de la ciudad de Sevilla, sino que se lo tuviese el dicho Bernardo de Ulloa para que al fin de sus días se lo dejase al dicho su hijo Juan Mejía, éste le dio y traspasó, renunciando a él, todo el derecho y acción que tenía y le podía pertenecer de los bienes y herencia que le podrían caber del dicho su padre, y asimismo toda la legítima que le podría pertenecer de María Rodríguez, madre del dicho Juan Mejía y mujer de Bernardo de Ulloa, y la legítima que le podría pertenecer de Beatriz Ortega, mujer del dicho Juan Mejía, y en razón de todo ello padre e hijo otorgaron escritura, estando presente este testigo. Dice que estando Bernardo de Ulloa enfermo y echado en cama de la cual dicha enfermedad, vio este testigo cómo el dicho Bernardo de Ulloa falleció y pasó de esta vida, y antes de que falleciese vio este testigo cómo el dicho Bernardo de Ulloa renunció el Oficio de escribano público que tenía en el dicho Juan Mejía su hijo, y después vio este testigo cómo el dicho Juan Mejía fue recibido como escribano público de la dicha ciudad de Sevilla y sucedió en el dicho Oficio de su padre, y este testigo vio usar del dicho Oficio al hijo, y vio que al tiempo que Bernardo de Ulloa renunció su Oficio, su hijo hizo y otorgó escritura de ratificación y aprobación, y hubo por bien todo lo contenido en la primera escritura, y se obligó a que, aunque su padre le nombrase por heredero, él no aceptaría la herencia, sino que la dejaría a los otros hijos y herederos de Bernardo de Ulloa y Leonor Ortiz, que a la sazón los bienes que se obligó a darles a dichos otros hijos eran 30.000 maravedíes, una esclava negra, un paño de corte, una loba de damasco y un manto de paño negro que pareció entonces, que lo debía todo el dicho Juan Mejía a su padre Bernardo de Ulloa, y vio cómo quedó de traer luego incontinenti todos los dichos bienes a casa del dicho Bernardo de Ulloa, y vio que por los dichos 30.000 maravedíes hizo una obligación al Canónigo Gonzalo de Vargas, para se los pagar a ciertos plazos y en cierta forma, para que el dicho Canónigo cobrase del dicho Juan Mejía los dichos 30.000 maravedíes y los diese y pagase a la dicha Leonor Ortiz, mujer del dicho Bernardo de Ulloa, y a los hijos y herederos del dicho Bernardo de Ulloa, y que este testigo oyó decir muchas veces a Bernardo de Ulloa, siendo vivo, quejándose del dicho Juan Mejía su hijo, cómo al tiempo que Bernardo de Ulloa casó con Leonor Ortiz, el dicho Juan Mejía estaba en casa del dicho Bernardo de Ulloa, y lo tenía y lo tuvo en su casa con su mujer e hijos, y que el dicho Bernardo de Ulloa decía al dicho Juan Mejía que se saliese de su casa, porque quería traer a su mujer a su casa, y que sobre ello hubieron malas palabras, y Juan Mejía había echado mano a una lanza y había echado al dicho Bernardo de Ulloa, su padre, de su misma casa, y que entonces mediaron personas entre ellos y concertaron que el dicho Bernardo de Ulloa diese y pagase al dicho Juan Mejía 30.000 maravedíes, porque se saliese de casa del dicho Bernardo de Ulloa su padre, y que el dicho Bernardo de Ulloa, para pagar los dichos 30.000 maravedíes al dicho Juan Mejía su hijo, echó 30.000 maravedíes de tributo y censo sobre su hacienda al monasterio de Santo Domingo de Portaceli, extramuros de la ciudad de Sevilla, que hasta hoy se paga, y después de haber pasado todo lo susodicho, oyó este testigo decir al dicho Bernardo de Ulloa cómo habían dado al dicho Juan Mejía su hijo los dichos 30.000 maravedíes porque se saliese fuera de su casa, y que se había salido en dándoselos, y que esto sabe de esta pregunta en la manera que dicho tiene, y que así fue y ha sido y es público y notorio. Dijo que al tiempo que el dicho Juan Mejía hubo el dicho Oficio del dicho Bernardo de Ulloa su padre, el dicho Oficio era muy bueno y antiguo, y que en lo demás, que se remite a lo que dicho tiene. Dice que lo que sabe es que, queriendo casar a la dicha Catalina de Ulloa, hija del dicho Bernardo de Ulloa y de Leonor Ortiz su mujer, y hermana del dicho Juan Mejía, el dicho Juan Mejía y este testigo y Leonor Ortiz su madre se juntaron en casa del dicho Juan Mejía para efectuar un casamiento que le ... a la dicha doña Catalina el dicho Juan Mejía acordó ese concierto, que diesen a la dicha doña Catalina de Ulloa la mayor parte de la hacienda, y que a doña Beatriz de Ulloa que la metiesen monja con un poco de ella, y que aunque no quedase nada para Pedro de Ulloa, hermano de las sobredichas, que la dicha doña Catalina casase honradamente, porque el dicho Juan Mejía declaró que con el Oficio que le había dado el dicho Bernardo de Ulloa su padre, estaba pagado de todo lo que le podría pertenecer de las legítimas de su padre y madre e hijos, y que él se contentaba con ello, porque partida la hacienda entre todos él llevaba dos ... más que podría cabeza ninguno de sus hermanos, y que vio este testigo cómo el dicho Juan Mejía había dejado y dejó todos los bienes que quedaron y fincaron del dicho Bernardo de Ulloa a los otros sus hermanos, hijos del dicho Bernardo de Ulloa y de Leonor Ortiz, y que vio cómo los tuvieron siempre y continuamente, ... ... y después de muerto el dicho Juan Mejía hasta que falleció la dicha Leonor Ortiz poseyeron los dichos bienes ¿en haz? de los dichos hijos del dicho Juan Mejía pacífica y quietamente, no se lo entregando el dicho Juan Mejía ni perturbando ... por él ni los dichos sus hijos ni otros por ellos, y que en los demás de lo contenido en la pregunta se remite a lo que dicho tiene. Dijo que vio cómo después de fallecido el dicho Bernardo de Ulloa el dicho Juan Mejía vivió y estuvo y residió en la dicha ciudad de Sevilla el tiempo contenido en la pregunta, poco más o menos. Dijo que lo que sabe de la octava pregunta es que oyó decir este testigo muy pública y notoriamente cómo el dicho Juan Mejía había vendido el dicho Oficio de escribano público a Juan de la Rentería por 600 ducados de oro, y que el dicho Juan Mejía renunció en el dicho Juan de la Rentería el dicho Oficio, y que al tiempo que lo querían recibir los escribanos públicos para el dicho Oficio de escribano público de la ciudad de Sevilla se opuso al dicho Oficio Gregorio Mejía, hijo del dicho Juan Mejía, diciendo ser dicho Oficio de su abuelo, y que su padre no lo podría renunciar en otra persona sino en el dicho Gregorio Mejía, como hijo del dicho Juan Mejía, y que sobre la elección del dicho Oficio, por causa de la dicha oposición hubo muchos debates, porque los unos decían que lo hubiese el dicho Juan de la Rentería pues que lo había comprado, y los otros decían que lo hubiese el dicho Gregorio Mejía pues le venía de abolengo y patrimonio, y que sobre esto los Señores del Cabildo y Regimiento de la dicha ciudad de Sevilla lo cometieron a dos Veinticuatros, y entraron con los dichos escribanos públicos a su Cabildo, y vista la revuelta que había entre ellos, dijo el uno de los dichos Veinticuatros que pues el dicho Juan Mejía había vendido el dicho Oficio y había recibido los dineros, que se le diese el dicho Oficio al dicho Juan de la Rentería, y así se lo dieron y es recibido como fue recibido por el dicho Juan de la Rentería mucho tiempo, y vio que ¿Díaz Carrascosa?, antes de que el dicho Juan Mejía vendiese el dicho Oficio de escribano público el dicho Juan Mejía tenía necesidad ... dineros, y sacó una ¿separata? y rogó a este testigo que lo fiase en ella, y que después que vendiese el dicho Oficio oyó decir que había comprado muchas tierras y casas y tributos en el lugar de Gerena. De la novena pregunta dijo, siéndole mostrado y leído el dicho memorial de que esta pregunta hace mención, que este testigo tiene noticia y conocimiento de todos los bienes raíces en el dicho memorial contenidos, y sabe que la dicha Leonor Ortiz, madre de Catalina y Beatriz, y las dichas sus hijas con ella, hubieron y han tenido y poseído todos los bienes contenidos en el dicho memorial por suyos y como suyos por más tiempo de cinco y de diez y de quince y de veinte y de treinta años a esta parte poco más o menos, hasta que la dicha Leonor Ortiz falleció, y después de ello las dichas sus hijas tuvieron los bienes de la forma y manera, con el cargo de los tributos que el memorial dice, por suyos y como suyos, quieta y pacíficamente sin contradición alguna, hasta que el dicho Francisco Mejía les movió pleito sobre ello. De la décima pregunta dijo que la sabe porque este testigo se halló presente al tiempo que la dicha Leonor Ortiz hizo y otorgó su testamento, que puede haber 3 años poco más o menos que falleció, y este testigo la vio fallecida y estuvo a su enterramiento ... y sabe la de cárcel ¿y embargo? ... ... mas que ha visto un ¿testamento? que ... la dicha Isabel de Cáceres y ha visto su ... ... los herederos, y se acuerda que dice ... testamento que dejó por sus universales herederos ... contenidos en la pregunta, y que este testigo vio que puede haber 30 años poco más o menos, que un Juan de Lorca, vecino de Carmona con poder de los contenidos en la pregunta, ... y nieto de la dicha Isabel de Cáceres, con su poder pedía a Bernardo de Ulloa siendo vivo, y después de muerto a la dicha Leonor Ortiz su mujer, y a sus hijos, los bienes y herencias que habían quedado por de la dicha Isabel Cáceres en la pregunta contenida, y sobre la dicha herencia vió este testigo cómo se trató pleito ante las Justicias de la dicha ciudad de Sevilla más tiempo de 3 años poco más o menos, hasta que este testigo fue tercero entre el dicho Juan de Lorca, en nombre de los dichos herederos de la dicha Isabel de Cáceres y la dicha Leonor Ortiz, mujer del dicho Bernardo de Ulloa, por sí y en el de sus hijos con el dicho Bernardo de Ulloa, y se concertaron que le diese, por razón de la dicha herencia, cierta cantidad de maravedíes que al presente este testigo no se acuerda la cantidad, mas que se acuerda que en razón del dicho concierto hubo escritura, a la que se refiere. A la doceava pregunta dijo que este testigo se acuerda y sabe y vió que al tiempo que el dicho Juan Mejía falleció, dejó por sus hijos y herederos a Gregorio Mejía, Bernardo de Ulloa, Francisco Mejía, Isabel Chacón y Hernando Chacón. De la treceava pregunta dijo que se ratificaba en lo dicho. Firmó de su nombre y fuéle encargado el secreto.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Diego Ortiz de Juanguren falleció dejando un pleito pendiente con un Antón Rodriguez, según consta en su testamento.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2.- El escribano público de Sevilla Bernardo de Ulloa produjo una ingente cantidad de escrituras durante los dilatados años de su actividad, siendo hoy su Oficio, guardado en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, uno de los más amplios y con los legajos más voluminosos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;3.- Catalina de Ulloa. De tan tarde como en 1558, en sábado 4 de junio, tenemos datos de ella: "&lt;i&gt;Melchor de Valer, hijo de Alonso Rodriguez de Valer, difunto, Factor que fué, y de Leonor Suárez de Figueroa, en nombre de esta su madre tomó posesión de unas casas con su palacio, portal, bodega, patio y pozo, linde con casas de doña Isabel de Cataño y por la otra parte con casas de los herederos de Cristóbal de Castro, y con la Calle&lt;/i&gt; [Real]&lt;i&gt; por delante. Después tomó posesión de 3 aranzadas de viña en Las Escaleras, linde viñas de Hernando Rodriguez y viñas de Isabel Diaz de Villalobos, y con viñas de Juan de la Palma. El Alcalde toma de la mano a Melchor y lo mete dentro de la viña, y se paseó por ella, tiró terrones y cortó de los pámpanos y ramas&lt;/i&gt; [según una ceremonia originaria del antiguo derecho germano, sobre la que nos extenderemos luego]. &lt;i&gt;Y luego tomó posesión de una aranzada y media de viña en el pago de La Alberquilla&lt;/i&gt; [donde se encuentra en la actualidad el parque de la Casa de la Cultura], &lt;i&gt;linde viñas de Catalina de Ulloa, viñas de los menores hijos de Cosme Rodriguez Farfán&lt;/i&gt; [el Almirante de la flota hundida en Zahara]&lt;i&gt; y viñas de Catalina de Castellón. Alcalde, Lorenzo Sanchez. Albacea del Factor Alonso Rodriguez de Valer, Diego de Santacruz. Todas las anteriores posesiones fueron por mandado de Damián de Guajardo, Teniente de Asistente de Sevilla.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-4415747796451726304?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/4415747796451726304/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=4415747796451726304' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/4415747796451726304'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/4415747796451726304'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/03/los-juanguren-y-el-espadero-6.html' title='Los Juanguren y el espadero 6'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-2474985290693100362</id><published>2011-03-01T20:30:00.002+01:00</published><updated>2011-03-01T20:35:24.241+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 5</title><content type='html'>&lt;div&gt;Desde al menos el siglo XIV, cuando el 7 de abril de 1330 se redactaron las Ordenanzas del vino por el Concejo de Sevilla, estaban fijadas las condiciones para "meter vino en la ciudad"; en uno de sus apartados se dice:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Primeramente, por razon que en este anno en que estamos son puestos fieles para guarda del dicho vino, e del su tienpo les finca por seruir muy poco tiempo, mandamos e tenemos por bien que en este tienpo que finca de los fieles que vos los jurados que pongades el mejor recabdo e guarda que pudieredes poner, asi en vuestras collaçiones conmo en las puertas de la villa, e de fuera en el camino, porque se pueda mejor guardar de cada dia, asi que non entre vino en Seuilla sinon de los vezinos que tienen sus casas pobladas, con sus cuerpos, e con sus mugeres, e con sus fijos, continuadamente todo el anno. E el tienpo de estos fieles conplido, que la guarda e la fialdat del vino que la ayades vos los jurados con los vezinos de vuestras collaçiones, e que la guarda que sea en esta manera: que el vezino de Sseuilla que ouiere de meter vino de las sierras e del Axarafe, o de otro logar que aya de meter, que el vezino que lo ouiere de meter que tome aluala de los jurados de la collaçion donde fuere vezino, jurando sobre santos Euangelios quel vino que quiere meter en Seuilla que es de sus vinnas, e quanto es; e que los jurados que le den aluala para los alcalles del pueblo donde quieren traer el vino, e para que los escriuanos publicos del logar que den fe, porque se sepa por verdat quanto es el vino, porque non traya mas de quanto deue; e si por auentura fuere fallado que metio mas vino en Seuilla, que pierda quanto vino metio, e si vendido lo ouiere que le prenden de sus bienes tanto quanto el vino valia, para dar a las guardas que los jurados con los otros vezinos que en este fecho pusieren, e para las cosas que su menester para este fecho; e demas, porque juro e fue contra el ordenamiento del conçejo, que non meta vino de las vinnas que ouiere en el termino. E los jurados e los omnes buenos de las collaçiones que fagan padrones de las alualaes que dieren por esta rrazon, e del vino que entrare, porque se sepa quanto es e onde se pone porque mejor se pueda guardar todo este fecho.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Otrosi, el vino de los vezinos que ouiere de entrar en Seuilla, conmo dicho es, que entre por la puerta de Triana, o por la puerta de la Macarena, o de Carmona, e si por otra puerta entrare que lo pierda, saluo si los porteros de las otras puertas por do non deue entrar el vino lo encubriesen por cometer, que pechen quanto vale el vino.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Otrosi, que los tauerneros e tauerneras del castillo de Triana, e de la puebla deste dicho logar, e de los bodegones, e de los otros logares terminos de Seuilla, que  non vendan vino de la sierra nin del Axarafe nin de otros logares,saluo de lo que conpraren de los vezinos e moradores de Seuilla, que han de su cogecha; e si otro vino conpraren, o lo vendieren, e les fuere prouado, que lo pierdan o la valia dello si vendido fuere.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Otrosi, la vua que entra en cargas de Sanlucar la Manyor, e de Sanlucar de Albayda, e de Estercolinas (Olivares), e de sennorios de ordenes, e de otros muchos logares del Axarafe de cada anno, porque nos los vezinos e moradores de Seuilla rresçebimos muny gran danno, que se non meta en Seuilla, saluo de los vezinos de Seuilla que moran y continuadamente, e de derecho lo deuen meter; e si por auentura lo metieren, non guardando esto, que pierdan la vua que metieren e de mas que se paren a la merçed del conçejo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Otrosi, si alguno troxiere panpanos de las vinnas para vender que por esto, porque fazen en ello gran danno e desrraygamiento, que el que lo fiziere que lo echen en la carçel por pena e escarmiento del, e que le den çinquenta açotes; e que ninguna regatera non sea osada de los conprar para rreuender, e si los conprare e le fuere prouado, que aya essa mesma pena.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;(Un testimonio sobre el robo de sarmientos:  Don Juan Perez de las Roelas, vecino de Sevilla, otorga poder a su casero y capataz Francisco Sanchez, para demandar a quienes hubieren entrado o entraren en las viñas y hacienda que tiene en esta Villa de Castilleja de la cuesta o en otros lugares para hurtarle uvas, cepas, sarmientos u otras cualesquiera cosa que le hurtaren, o cuantos delitos contra él se cometieren o hayan cometido, por daños o quebrantos en las viñas, para que aprese a y cobre de los autores, y para pleitos, probanzas, etc. Domingo 29 de octubre de 1559.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El problema del robo de cepas siguió vigente en nuestra Villa al menos hasta el siglo XIX, cuando constan las últimas denuncias.)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De forma que, cuando los guardas de la puerta de Triana, con los malos modos de que hacían gala, prohibieron un buen día del otoño de 1540 a los carreteros de Diego Ortiz de Juanguren adentrarse en la ciudad con sus cargas de mosto, alegando que no constaba en el último padrón de vecinos de la ciudad, el viejo hidalgo montó en cólera maldiciendo los tiempos modernos en los que no se respetaba ya nada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero, siendo como era una magna pérdida en dinero, lo que le dolía más profundamente era la desconsideración que, por parte de aquellos "modernos" del Concejo hispalense, semejante atropello a su linaje significaba. Si no reaccionaba con energía, perdería todos los privilegios que la hidalguía heredada de sus ancestros conllevaba, y pasaría a la crónica familiar como el torpe dilapidador de la fama y alcurnia de los Juanguren, además de convertirse en el hazmerreír de la región entera. Por eso no tardó en, consultando prestigiosos asesores, contraatacar en debida forma:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;En la ciudad de Sevilla, a viernes 21 de enero de 1541, en el Cabildo fue presentado y leído un escrito de Relación y Parecer, firmado de los Señores el Licenciado Arias, Teniente de Alcalde Mayor, y García Tello, Veinticuatro, y Gonzalo de Molina, Jurado, como Diputados por virtud de la comisión que la Ciudad les dió sobre una petición que fue presentada por parte de Diego Ortiz de Juanguren y de Pedro Ortiz su hermano, su tenor de la cual y de la dicha Comisión y Parecer es este que se sigue:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Muy Ilustres Señores: Diego Ortiz de Juanguren y Pedro Ortiz decimos que nosotros tenemos nuestras heredades de viñas en el término de Castilleja de la Cuesta, y de un tiempo a esta parte habemos metido nuestros vinos en esta ciudad porque los Fieles del vino nos han dado afueros y licencias para meterlos, y ahora que los pedimos a los que son Fieles ahora, no nos lo quieren dar, diciendo que no residimos en esta ciudad, y que no residimos porque tenemos nuestras casas y asientos en Castilleja de la Cuesta no tiene razón de tenerlos, porque nosotros somos vecinos originarios de esta ciudad, y si es causa que no pagamos la blanca de la imposición de la carne, nosotros no la debemos, porque somos hijosdalgo, porque somos hijos de Pedro Ortiz de Juanguren, que fue hombre hijodalgo y por tal está declarado y mandado guardar las libertades que se guardan a los hombres hijosdalgo. Suplicamos a Vuestra Señoría que mande y provea que los Fieles del vino nos den nuestros afueros para meter nuetros vinos en esta ciudad, y en mandarlo proveer así nos hará merced.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;En la ciudad de Sevilla, miércoles 15 de diciembre de 1540, en el Cabildo, fue presentada y leída esta petición, la cual, vista por la ciudad y por el Señor Licenciado Alonso de Soto Calderón, Teniente de Asistente, fue acordado que los Señores el Licenciado Arias, y Francisco del Alcázar y García Tello, Veinticuatros, y Gonzalo de Molina, Jurado, Diputados de la blanca de la imposición de la carne, vean esta petición y averigüen la verdad de lo que pasa acerca de lo en ella contenido, y hagan relación a la Ciudad con su parecer, para que, visto, se provea. Gonzalo de Baeza, escribano.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Los Diputados dan su parecer, diciendo que los hermanos Diego y Pedro Ortiz son vecinos originarios de Sevilla, y siempre, por ello, se les ha dado sus afueros libremente para meter sus vinos en esta ciudad, y que no encuentras causas para que no se les den, y que Su Señoría debe mandar que se los den como a los demás vecinos de la ciudad.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Lo cual, visto por el Teniente de Asistente Soto, mandó que se cumpla lo en él contenido, y que los Señores Fieles Diputados del vino les den sus afueros, pagando lo que deben de la blanca de la imposición del tiempo que no han residido en esta ciudad, sino en Castilleja de la Cuesta y otros lugares de la Tierra.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero hacerles pagar la blanca de la carne, aunque fuera solamente durante el tiempo vivido en Castilleja, era tanto como considerarlos plebeyos por otra vía. No iban a darles la razón a aquellos burócratas envidiosos, algo a lo que los Juanguren no estaban dispuestos de ninguna de las maneras. Y es que en Sevilla las carnicerías no discriminaban entre plebeyos y nobles, o dicho de otra forma, no había diferencia en tales establecimientos al respecto, al contrario que en otras ciudades, donde existían carnicerías para clientes específicamente hidalgos, concebidas porque los nobles poseían el privilegio de no pagar el impuesto de la sisa, que consistía en una blanca por cada libra de carne adquirida. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;En la capital andaluza se optó porque todo el mundo, sin distinción alguna, pagara dicha blanca al comprar productos cárnicos, y posteriormente, los hidalgos que así lo solicitaban para hacer prevalecer sus derechos, reclamaban ese impuesto. Cuando desde el Concejo se aceptaban sus reclamaciones y se les devolvía el total pagado, según recibos de compras que solicitaban a los carniceros, obtenían, mas que la irrisoria cantidad de moneda menuda, el reconocimiento de sus privilegios como tales hidalgos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;En Sevilla, el lunes 24 de enero de 1541, en el Cabildo, fue presentada por Diego Ortiz de Juanguren y Pedro Ortiz una Carta y Provisión de la Ciudad, dada en su favor sobre su exención y libertad, hecha en 1º de agosto de 1485, la cual se llevaron en su poder originalmente, y quedó un traslado de ella en los Libros del Cabildo, junto con una petición que los susodichos sobre esto dieron, su tenor de la cual es este que se sigue:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Muy Ilustres Señores: Diego Ortiz de Juanguren y Pedro Ortiz, hijos de Pedro Ortiz de Juanguren, vecinos de esta ciudad, besamos las manos de Vuestra Señoría, y decimos que Vuestra Señoría, por otra petición que dimos, nos manda dar nuestros afueros para meter nuestros vinos que tenemos en Castilleja de la Cuesta, porque a Vuestra Señoría constó ser vecinos originarios de esta ciudad, con que pagásemos la blanca de la imposición de la carne del tiempo que no residimos, lo cual es en nuestro perjuicio porque nosotros no la debemos pagar, por ser hombres hijosdalgo de solar conocido, como a Vuestra Señoría constará por esta Escritura de Privilegio de que hago presentación, el cual le fue guardado al dicho nuestro padre, cuyos hijos legítimos somos, y no menos se nos debe guardar a nosotros. Suplicamos a Vuestra Señoría que libremente nos mande dar nuestros afueros, porque los dichos vinos se nos pierden, y nos mande guardar nuestra hidalguía y libertades y exenciones que tenemos, y si necesario es daremos información bastante de la dicha hidalguía, y fianzas en el entretanto bastantes para estar a justicia, y pagar lo juzgado en cuanto la dicha imposición si la debiéramos pagar, en lo cual Vuestra Señoría hará justicia y a nosotros bien y merced.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Lo cual, visto por la Ciudad y por el Señor Teniente Calderón, fue acordado mandar que se les de su afuero libremente a Diego y Pedro Ortiz, y que los Señores Fieles del vino que les despachen luego sin poner impedimento alguno. De lo cual dió traslado y testimonio en dicho día, mes y año el escribano Gonzalo de Baeza.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Muy Ilustres Señores: Diego Ortiz de Juanguren, digo que soy hijodalgo notorio y de solar conocido, y Vuestra Merced mandó guardar a mi padre, Pedro Ortiz de Juanguren, sus exenciones y libertades, y mandó poner la fe de todo ello en el Libro del Cabildo, y demás de eso, por el año pasado de 1541 años, Vuestra Merced mandó que no se cobrasen de mí la blanca de la imposición del tiempo que había vivido fuera de esta ciudad, sino que el afuero de mis vinos se me diese libremente, por tenerlo por cosa notoria, como parece por este testimonio que presento, y porque yo ahora de dos años a esta parte he estado y residido en esta ciudad, pido y suplico a Vuestra Señoría que, como tal hijodalgo notorio, me mande volver la blanca de la imposición del dicho tiempo, según que a los otros hidalgos se suele y acostumbra volver, en lo cual de más de administrar justicia recibiré bien y merced.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De esta manera, Diego Ortiz de Juanguren no solo se niega a pagar dicho impuesto durante el tiempo vivido en Castilleja, como hemos visto, sino que, como hidalgo que es, exige que se le devuelva el pagado durante los dos años que —dice— ha vivido en Sevilla.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;En la ciudad de Sevilla, miércoles 8 de julio de 1545, en el Cabildo de esta ciudad fue presentada la petición de esta otra parte, escrita, la cual, vista y leída por la dicha Ciudad y por el Muy Ilustre Señor el Marqués de Cortés, Mariscal de Navarra, Asistente en ella y en su Tierra por Sus Majestades, fue acordado que los Señores Diputados de la imposición, y el Procurador Mayor y Letrados de la ciudad, juntamente con Su Señoría, la vean, y la escritura que con ella va y todo lo demás que les pareciere, y se informen de todo y hagan relación a la Ciudad con su parecer de lo que sobre ello se debe hacer, para que, visto, la Ciudad lo vea y provea lo que convenga. Pedro de Pineda, Escribano Mayor.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No podemos saber el final del pleito, pero los folios conservados nos ofrecen una estampa detallada del asunto. En definitivas cuentas, por ellos ahora sabemos que Pedro Ortiz de Juanguren, padre de nuestro hacendado en Castilleja, residía en Sevilla al menos desde el 1º de agosto de 1485*, día en que obtuvo la Carta y Provisión de la Ciudad, dada en su favor sobre su exención y libertad, Carta que luego sus hijos Diego y Pedro exhibirían ante el Cabildo sevillano, "&lt;i&gt;quedándose con el original&lt;/i&gt;".&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* El año en que nació, en Medellín (Badajoz), Hernán Cortés.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-2474985290693100362?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/2474985290693100362/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=2474985290693100362' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/2474985290693100362'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/2474985290693100362'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/03/los-juanguren-y-el-espadero-5.html' title='Los Juanguren y el espadero 5'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-4306527865190441111</id><published>2011-02-27T16:40:00.003+01:00</published><updated>2011-02-27T16:54:08.508+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 4</title><content type='html'>&lt;div&gt;Luego declaró Luisa de Arroyo, hija de Juana y por lo tanto prima hermana de Andrea, de 16 años, vecina de Málaga y mujer del labrador Juan Garcia de Aznar; todas sus manifestaciones sobre lo acontecido en Orán y Mazalquivir son referidas por haberlas oido a su madre y a sus tías, ya que en los años de África ella era demasiado pequeña para recordar nada; ratifica lo dicho por su madre acerca de las diligencias hechas en Ciudad Rodrigo para averiguar el paradero de Tordesillas, y da fe de que Andrea —ahora Luisa de Rojas— está viva y se encuentra en Sevilla.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El Provisor Licenciado Diego Rivera tiene ya bastantes elementos de juicio con lo manifestado por madre e hija, y manda elaborar un edicto:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"&lt;i&gt;CARTA DE EDICTO PARA LLAMAR A FRANCISCO DE TORDESILLAS.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Manifiesto sea a Francisco de Tordesillas, marido de María Hernández, hija de Salvador de Herrera, natural que es de Ciudad Rodrigo, y a sus parientes y amigos para que le digan y hagan saber cómo el Muy Reverendo Señor el Licenciado Diego Rivera, Canónigo en esta Iglesia de Málaga, Provisor Juez Oficial y Vicario General en ella y en todo su Obispado por el Muy Ilustrísimo y Reverendísimo Señor fray Bernardo Manrique&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;, Obispo de este Obispado, les llama y cita y emplaza para que dentro de quince días primeros que le da y asigna por tres canónicas ..., plazo y término perentorio, venga y parezca ante a responder de cierta demanda que le es puesta por la dicha María Hernández, sobre que dice que siendo primeramente casado con Andrea de Arroyo, hija de Juan Lopez, vecina de la ciudad de Orán, se casó con ella segunda vez en esta ciudad, no lo pudiendo ni debiendo hacer, sobre que pidió divorcio para disponer de su persona, que si viniere y pareciere dentro del dicho término él le oirá y guardará en todo y por todo su justicia, de otra manera le apercibe que el dicho término pasado no viniendo ni pareciendo, en su ausencia y rebeldía habida por presente, oirá a la dicha María Hernández todo lo que decir y alegar y probar quisiere, y proceder en la dicha causa adelante a todos los autos de ella, para los cuales y para todos los demás a que de derecho se requiere que sea citado y llamado, por esta presente Carta lo llama y cita y emplaza perentoriamente, y le señala los estrados de la Audiencia de Su Señoría Reverendísima, donde serán hechos y notificados los dichos autos hasta la sentencia definitiva, y ... y  tasación de costas si las hubiere, y le apercibo que le hará tanta fe como si en su persona fueren hechos y notificados, de lo cual mandó dar esta Carta Edicto, la cual mandó que sea puesta y afijada en la Iglesia del Señor San Juan de esta ciudad, dada en Málaga a diez días del mes de abril, año de mil y quinientos y cincuenta y un años. Diego de Rivera, Licenciado. Hernando de Madrid, Notario.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Fué puesta por Hernando de Madrid en dicho día, siendo testigos el Arcipreste Doctor Tamayo y el Sacristán del Sagrario&lt;/i&gt;."&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- Hijo natural de Garcia Fernandez Manrique, 1er. Marqués de Aguilar. Nació en Aguilar del Campoo (Palencia), y fue gran promotor de las obras de la Catedral malagueña en el siglo XVI, en una de cuyas puertas se publicó el edicto de búsqueda de Francisco de Tordesillas. En estas clásicas apologías de personajes del catolicismo histórico que alimentan las horas de ocio de beatonas y creyentes de medio pelo, leemos que dedicó mucho esfuerzo y energía a atender las necesidades de su rebaño, acosado durante los últimos 25 años por ataques de los piratas berberiscos, pestes mortíferas, siniestros terremotos y, lo que no es menor mal, la llegada desde Orán de una plaga de soldados piojosos, harapientos y con hambre atrasada. Como colofón, tuvo el Obispo que lidiar con las consecuencias —hambre y más miseria— de la pertinaz sequía y la consecuente mala cosecha que sufrió la zona en los años anteriores a 1557. Nada que objetar a este tipo de noticias históricas, propaladas por genealogistas de boletines parroquiales y por la clerigalla subvencionada que languidece en los retiros espirituales del país a la espera de pasar a mejor vida, si no es que necesitan de alguna que otra comparación de fuentes, permítaseme la ironía. Lo de los ataques berberiscos a Málaga y a otras poblaciones del litoral es algo rigurosamente cierto, desde luego; en ocasiones se llevaban de rehenes a toda una comunidad y no dejaban edificación en pie. Aunque la política postbélica de los Reyes Católicos tras la Reconquista incluía una especie de "zona franca" o de seguridad, que abarcaba Orán y Mazalquivir en algo así como una extensión de la dicha Reconquista en todo el norte de África, no funcionó del todo esta estrategia, como los años posteriores se encargaron de demostrar. Y en cuanto a los soldados enfermos y empobrecidos que invadían Málaga procedentes de Orán, eran el resultado de la malísima administración de aquella ciudad, que algún efecto tuvo también en Francisco de Tordesillas, aunque nuestro personaje fue de los más afortunados.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El Obispo Bernardo Manrique gestionó el contrato de un excepcional músico sevillano para que le sirviera en sus liturgias y ceremoniales: Francisco Guerrero (Sevilla, 4 de octubre de 1528 – Ídem, 8 de noviembre de 1599) cuenta en el Prólogo de su libro "El Viaje de Jerusalem que hizo Francisco Guerrero, racionero, y maestro de capilla de la santa iglesia de Sevilla", dirigido al Ilustrísimo y Reverendísimo señor don Rodrigo de Castro, Cardenal y Arzobispo de la santa iglesia de Sevilla, e impreso con licencia en Valencia, en casa de los herederos de Joan Navarro. Año 1593, que "&lt;i&gt;Desde a pocos meses de mi residencia en esta santa iglesia, fui llamado para el magisterio y ración de la iglesia de Málaga, y habiéndose hecho examen entre seis opositores, fui nombrado el primero por el obispo don Bernardo Manrique, y el cabildo; y enviado el nombramiento a su Majestad, fui proveído por su mandado, y se tomó la posesión por mí. Y poniéndome en orden para ir a residir mi ración, el cabildo de esta santa iglesia de Sevilla, no permitió que yo dejase su servicio. Y para que con mejor título pudiese dejar lo que ya poseía, se ordenó que el maestro Pedro Fernández, maestro de capilla de la santa iglesia de Sevilla, y maestro de los maestros de España fuese jubilado y se le diese media ración, y la otra media se me dio a mí, y más el salario de cantor, con cargo de enseñar y dar de comer, y lo demás necesario a los Seises cantorcicos. Y que si le alcanzase de días, entrase yo en toda la ración. Y así estuvimos veinticinco años en compañía, y después de sus días, fui proveído con perpetuidad en toda la ración con bulas apostólicas&lt;/i&gt;." &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Este Pedro Fernández que Guerrero encomia como "&lt;i&gt;maestro de los maestros de España&lt;/i&gt;" y con el que estuvo trabajando 25 años, era conocido como Pedro Fernández de Castilleja, sobrenombre añadido por nuestra Villa, de donde fue natural y vecino (ver Los esclavos 82j, entrada de marzo de 2010, segunda nota). Al maestro de música Pedro, contemporáneo de esta parte de nuestra historia, lo iremos conociendo a medida que sigamos desarrollando los hechos acontecidos en estos apasionantes años del excepcional siglo XVI.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;María Hernández se movía con precisión. Pasaron los quince días de plazo y tres más, y llegado el 28 de aquel abril se dirigió al Provisor exigiendo que se declarara rebelde y contumaz a su marido, solicitando la continuación de los autos, y otorgando todo su poder cumplido para llevarlos hasta el final a Andrés Pérez, Alguacil Eclesiástico de Su Señoría Reverendísima y vecino de Málaga, el cual, que la acompañaba en la ocasión, se obligó a defenderle el pleito, siendo testigos los clérigos Diego Rodriguez y Alonso Ruiz, y el notario Alonso Hernando de Madrid, todos ellos asimismo vecinos de Málaga.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Durante el mes siguiente, el ahora apoderado de la malcasada, Andrés Pérez, efectúa las consabidas diligencias, cuyos pasos uno por uno son notificados a un fantasma llamado Francisco de Tordesillas en los estrados de la Audiencia, en forma de notas manuscritas clavadas en un tablero, que para lo único que sirven es para fomentar las murmuraciones y habladurías del populacho, porque el miserable engañador está al otro extremo de la península, muy lejos para responder o alegar alguna cosa. A la vez, el Alguacil Eclesiástico, quizá instado por el Provisor, presenta un nuevo interrogatorio, que de una forma u otra serviría para afirmar y sustanciar las acusaciones de su defendida, ampliando y detallando las informaciones del caso. Entre los testigos, además de la familia de Andrea hay algunos desconocidos para nosotros hasta ahora. El 6 de mayo tomaron juramento a Juan de Alarcón, de 30 años, natural de Orán y vecino de Málaga, a Juana de Arroyo y a su hija Luisa de nuevo, a Elvira García, de más de 50 años y mujer de Antón Gutiérrez, a Catalina Sánchez, de 36 años y mujer de Hernando Moyano, y a la caritativa María Márquez, que ya cuenta 24 años, está casada con un tal Gaspar de Malaver, y no ha olvidado el calvario que su entrañable amiga de la infancia padeció en la desolada costa africana.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El oranés Juan de Alarcón, primer testigo, que debió ser hijo de uno de los pobladores de Orán a rebufo del ejército del Cardenal Cisneros, si no de algún soldado, se había especializado en la marinería costera que unía los principales puertos del Mediterráneo occidental, y cuatro meses antes de su declaración, o sea, en enero, le fue encomendado por el viejo escribano Juan López llevar a su hija en Sevilla una carta. Andrea lo recibió y albergó durante 3 días, como paisano que era y viejo conocido, mientras que ella preparaba la respuesta y algunos artículos, hasta que la barcaza en la que viajaba su antiguo convecino estuvo presta para hacer el recorrido de vuelta Guadalquivir abajo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;María Márquez aporta detalles del recado que el emisario marinero Juan de Alarcón trajo a Málaga para el escribano: "una capa, un sayo y dinero y otras cosas" que su hija le obsequiaba. Añade que Andrea rogaba a su padre que en modo alguno fuera a verla a Sevilla. Testigo excepcional, como apuntábamos, dijo que estuvo presente en Mazalquivir cuando en su pequeña iglesia Francisco de Tordesillas y María Hernandez se velaron*, y que había oido decir que se habían casado en Málaga, añadiendo además hasta el nombre del cura que los casó en la ciudad andaluza, un tal Juan de San Juan.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* Una reminiscencia de antiguos ritos judaicos que la Iglesia Católica adoptó para propiciar que el nuevo matrimonio se condujera según sus leyes, y sobre todo para que lo hicieran los futuros hijos y más aún, facilitar que éstos se dedicaran a la vida religiosa, la velación se celebraba con una misa, unos días después del "casamiento por palabras". En este nuevo ritual se cubría la cabeza de ella y los hombros de él con un velo —de ahí velación—, y se incluía un rociado con agua bendita sobre la pareja. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;En el caso de Tordesillas y María Hernandez, según la declarante María Márquez, la dicha velación tuvo lugar en la iglesia de Mazalquivir, lo cual se explica por el carácter y la circunstancia de su marido, ya que, siendo oficialmente todavía marido de Andrea López, por ello seguía poseyendo su dote y ajuar, incluída la casita de Mazalquivir donde tanto la hizo sufrir; de esta forma aprovechaba para comprobar el estado de sus posesiones y, por otro lado, en su estrategia personal debía figurar suscitar en su nueva esposa un talante de confianza y hacerle creer, con esta especie de "viaje de novios" al escenario donde se había desarrollado su vida en los últimos años, que no tenía nada vergonzoso que ocultarle. Así que tuvo la suficiente sangre fría como para, inclusive, pasar algunos días con su nueva mujer en aquella "casa de los horrores", probablemente sospesando, entre arrumacos y caricias, infrigirle a la confiada malagueña el mismo tratamiento que había propinado a su víctima anterior, la jovencita oranesa que ahora en Sevilla se hacía llamar Luisa de Rojas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En un irreal atardecer septentrional, cuando el sol se hunde en el neblinoso mar que rodea Galicia pintando con todos los tonos, intensidades y matices del rojo los girones y desgarros de las nubes, y las cortinas de fino aguacero se suceden como lluvia de oro refulgente difuminando levemente el silencioso apocalipsis celestial, un oranés de mediana edad, con barba enmarañada, caminaba con los humildes hábitos de peregrino a Santiago de Compostela, bordeando un barranco en cuyas paredes se aferraban manchones de pinos. Ya estaba cerca de cumplir el objetivo de su largo viaje desde el sur. Delante suyo, como a cien metros, hacía una hora que veía aparecer y desaparecer, según las irregularidades de la orografía, a otro caminante, que supuso peregrinando también a la tumba del apóstol, y pensó en llegar a su altura para, como era usual y lógico entre los viajeros en sitios desérticos, buscar apoyo y ofrecerlo en justa correspondencia. En el recodo de una hondonada, cuando se encontraba sentado en el tosco pretil de un puentecillo de piedra sobre un regato oculto en la frondosidad vegetal, le dio alcance por fin. En un principio bajo la grasienta capucha de su tabardo no pudo distinguir sus facciones, pero tras el primer intercambio de palabras, se contemplaron mutuamente y la sorpresa fue mayúscula: Francisco de Tordesillas, que se había detenido para afianzar las ataduras de sus botas, reconoció al hombre, de sus años en Orán, y a su vez éste, no sin menor sobresalto, lo identificó de igual manera como el marido de Andrea.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El oranés, tras vacilar indeciso un momento, prosigió su camino despidiéndose con frialdad. Era Juan de Morón, hermano de María Márquez, la gran amiga de aquella jovencita maltratada, y declarante ahora en el juicio que el Obispado malagueño seguía contra Francisco de Tordesillas por bigamia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El día 20 de mayo de 1551 María Hernández pidió formalmente el divorcio; el 22 se hizo la publicación del pleito.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Luis de Figueroa estaba ducho en investigaciones de este tipo, educado como era en el mundo intrigante de la Iglesia, y además lo movía un motor poderoso: la familia Ortiz de Juanguren; y a ésta y en concreto al emigrado Íñigo los movía el desbordamiento del vaso cuya última gota había sido cierta exigencia de Luisa de Rojas en relación con la dote que aportó al casarse con dicho Íñigo; así que el clérigo Figueroa puso en marcha todas sus capacidades en Sevilla en lo que a contactos e informantes se refiere, y al poco tiempo tenía delimitado el campo de actuación, en el Obispado de Málaga. Cuando se creyó con suficientes pruebas, acudió al Alcalde Ordinario de Castilleja, en la ocasión otra vez Juan de Vega (que lo fue antes, cuando la refriega con los Franco y sus esclavos), quien se prestó, como no podía ser de otra forma, a enviar Carta Requisitoria a Málaga con la solicitud del tenaz clérigo: quería éste copia de todo el proceso entablado por María Hernandez contra Francisco de Tordesillas, ya que en él se demostraba fehacientemente que Andrea López, ahora Luisa de Rojas, era casada cuando matrimonió con Íñigo Ortiz de Juanguren. El clérigo expresó como especial condición que la parte de Luisa no debía estar presente cuando las autoridades eclesiásticas malagueñas hicieran la copia, temiendo sin duda algun escamoteo de los autos, y Juan de Vega, fielmente, se hizo eco de la referida condición.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-4306527865190441111?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/4306527865190441111/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=4306527865190441111' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/4306527865190441111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/4306527865190441111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/02/los-juanguren-y-el-espadero-4.html' title='Los Juanguren y el espadero 4'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-1001612782013970622</id><published>2011-02-24T09:45:00.003+01:00</published><updated>2011-02-24T18:37:28.231+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 3</title><content type='html'>&lt;div&gt;Orán "La Radiante" era una perla asomada al Mediterráneo azul en la que las mujeres, herederas en cuanto a gracia y belleza de las que adornaban a sus antecesoras, hijas y hermanas de los mercaderes, tratantes y mayoristas andalusíes que fundaron la ciudad en el año 903. En manos de unas y otras dinastías árabes y codiciada por todos sus vecinos, las tropas del Cardenal Cisneros se apropiaron de la hermosa ciudad en 1509, prolongándose el mando hispano sobre ella hasta 1708, cuando los otomanos la ocuparon aprovechando la vulnerabilidad que la España de la Guerra de Sucesión dieciochesca padecía, guerra que daría entrada a la dinastía borbónica. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;En estos dos siglos de gobierno castellano de Orán se desarrolló en la ciudad una sociedad gemela a la que prosperaba en la península ibérica, acaso con las particularidades propias del otro lado del Mare Nostrum, que suponían una fuerte influencia del carácter arabo-bereber.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entonces, con una administración plenamente imperial, idéntica burocracia que la hispana sirvió de modus vivendi a, entre muchos otros, un oscuro y anónimo escribano, que como medio de redondear sus ganancias oficiaba de Procurador de Causas para los litigantes que en la "colonia" solicitaban sus servicios. Se llamaba Juan López, y trabajando con testarudez y ahorrando con no menos ahínco, a pesar de no poseer mucha salud había logrado establecerse en una situación que hoy en día podríamos calificar de pequeño-burguesa, con el disfrute de una segunda residencia —rasgo característico de esta clase social— en un núcleo de población cercano a Orán una legua, y conocido como Mazalquivir*. Sacó adelante a su familia, compuesta por mujer e hija, esta última una encantadora chiquilla de tez blanquísima, ojos entre el oro y el verde, boquita carnosa y roja, y melena lacia del color del trigo maduro, todo ello como el estuche de un carácter que penduleaba con brusquedad entre la apacibilidad llena de limpia curiosidad por el mundo y las cosas y los más estruendosos arrebatos de ira, casi siempre por motivos inesperados e insignificantes para quienes la trataban. Aquella  extraña mezcla, añadiremos, realzaba su atractivo y convertía a la niña en el centro de atención, allá donde se encontrara.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La madre de Andrea, que así se llamaba aquella especial niñita, era una malagueña sencilla y hacendosa, María Álvarez de Arroyo, que murió prematuramente dejando al escribano en completa desorganización, supeditado a la asistencia que, con mayor o menor interés, otros familiares de su mujer, también emigrados a la ciudad africana, le dispensaban para llevar la casa y para acabar de criar a su hija. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estamos a finales de la década de los años 30 del siglo XVI; entonces se cirnió sobre aquella vulnerable circunstancia familiar un ser maligno que habría de marcar a todos, y en especial a la pequeña Andrea, hasta el fin de sus vidas. Era un hombre ya en la treintena de años, un buscafortunas que había conocido el hambre y el palo en su Ciudad Rodrigo natal, y luego el fragor de las batallas entreverado con los sórdidos ambientes de la picaresca que medraba en múltiples urbes bajo la férula de Carlos V. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Francisco de Tordesillas deambulaba de aquí para allá, y había recalando en Málaga, atraído por la belleza de sus mujeres y en busca del buen clima; desde allí, aconsejado por gentes de su calaña, dió el salto a Orán. Vivía de trabajos esporádicos, siempre acordes con su posición social de excombatiente, o sea, prestándose a cualquier tarea de vigilante, guardaespalda o, dicho llanamente, matón mercenario a las órdenes de gentes de mucho capital y poco escrúpulo, lo cual le granjeaba un respetuoso temor por parte de propios y extraños.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Su primer encuentro con Andrea fue en la playa de "La Radiante", cuando ella apenas había experimentado la menarquia y todavía jugaba manchándose cara y manos con aquella característica arena finísima de color gris oscuro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con una confusión entre enamoramiento, deseo sexual y puro miedo, se le revolvía el estómago y casi apenas lograba contener los esfínteres aquella criatura de mente manipulada cuando el matón comenzó a frecuentar su casa, las puertas abiertas merced a las intrigas de sus tías, las hermanas de su madre. Sentía el corazón desbocado y la sangre se le agolpaba en la cabeza, sus manos temblorosas hasta la invalidez. Parecía que intuyese con la sola presencia de Francisco de Tordesillas el futuro que le esperaba bajo su dominio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una de las intrigantes era Juana de Arroyo, viuda del malagueño Diego de Torres, de unos 28 ó 29 años de edad cuando se avecindaba en Orán durante los hechos. Y otra, su hermana Lucía de Arroyo, que acabaría viviendo en Sevilla.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y por fin, la boda. Como invitada, María Márquez, chiquilla de unos 12 años de edad y principal amiga de Andrea, que "comió de la fruta del desposorio"**, y con posterioridad actuaría testificando de la forma más completa sobre lo acontecido en Orán y Mazalquivir.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Siendo como fue María Márquez amiga íntima de Andrea, lo cual —por añadidura a lo dicho en la segunda nota al pie— es meridianamente deducible por razón del despliegue de detalles que ofrece en su testimonio en el pleito que enseguida veremos, Andrea encontró por ello y en ella uno de los pocos apoyos que aquellos desventurados días le depararon.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;María ayudó con gran dedicación en el aderezo de la casita de Mazalquivir, donación del escribano a su hija y que estaba un tanto alejada del exiguo núcleo de población y encaramada en la ladera de un montículo prominente en cuya cima existía un baluarte u observatorio, ocupado esporádicamente por un destacamento de soldados cuando las noticias sobre alguna amenaza otomana alertaban a las autoridades. Las ventanas de la fachada principal del nuevo hogar de Andrea se abrían a las salobres brisas mediterráneas, y la luz, símbolo de vida, entraba a raudales en él.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero ni la fuerza del aire marino ni la de los rayos del sol pudieron traspasar la tupida y repugnante urdimbre que, cual arácnidos, las tías de Andrea habían tejido en torno y derredor de la muchacha, movidas por inconfesables intereses y bajos instintos. Por el otro lado aquel en el fondo cobarde fanfarrón de Tordesillas influenciaba a las sobredichas mezquinas mujerucas y las impresionaba con sus modales prepotentes y la solidez de su estatus social.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pronto empezaron las escapadas de Andrea desde su casa a Orán, atravesando la pequeña aldea casi deshabitada, muchas veces andando a horas intempestivas, subiendo y bajando cuestas y pendientes, acompañada por la monótona conversación de las olas bajo los acantilados interrumpidos por pequeñas calas, huyendo de su atormentador y buscando el consuelo de su padre, enfermo por entonces, o de su amiga María. Llegaba ora con un labio roto, ora con magulladuras en los brazos, ora con un ojo amoratado, y a Juan López se le caía el alma a los pies, rebosando de indignación de tal manera que era incapaz de tenerse en pie, y solo atinaba a sujetarse la cabeza con las manos y quedarse ensimismado, en una tan profunda como estéril reflexión. María Márquez actuaba de terapeuta de su amiga, repasando los golpes y hematomas con ungüentos y los traumas psíquicos con palabras reconfortantes. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y cuando alguna de las tías se hallaba presente, con toda malevolencia aprovechaba la ocasión para dar a entender con medias frases y sugerencias simuladas que la culpable de todo ello era la joven, y que se lo tenía bien merecido.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Francisco de Tordesillas tenía mucho de sádico. No lograba excitarse sexualmente si no mediaba en su organismo la tensión que producía la violencia, y necesitaba como estimulante gritos y lágrimas femeninas más que piel sedosa o carne turgente; por lo demás, si no lograba todo ello en sus embestidas animalescas, Andrea no tenía para él ni la categoría de objeto. Es más, le exasperaba su torpeza administrando la casa, y ciego de suspicacia y mala conciencia, creía ver aviesa intención donde solo había falta de práctica e inmadurez.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se llegó a una situación sin posibilidad de vuelta atrás cuando una tarde, —soledad en la desierta colina, calor, el mar como una plancha de metal fundido—, el de Ciudad Rodrigo meticulosamente y con toda frialdad desnudó a su esposa tras de, con un pretexto sin importancia, haberle dado una paliza que la dejó exánime: entonces la ató con fuerza por las muñecas y medio desvanecida como estaba la comenzó a azotar con una flexible vara como quien hace ejercicios gimnásticos, con método medido y pausado ritmo. Nadie pudo oir sus agudos alaridos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Andrea quedó seriamente afectada, la sangre era un escándalo, la dolorida espalda le impedía descansar y recuperarse, perdió del todo el apetito, quedó muda y abatida hasta que, al cabo de un par de días, reuniendo las pocas fuerzas que le restaban consiguió llegar a casa de su padre. El estado en que se encontraba acabó por hacer que el escribano tomase una decisión que venía madurando meses atrás. Marcharse de allí, arrancar de las zarpas de aquella mala bestia a su querida hija. Sí, abandonaría el campo. No podía enfrentarse, viejo, solo y enfermo, a aquel canalla llamado Francisco de Tordesillas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Dejaron Orán por Málaga, y desde la ciudad peninsular, intranquilo a pesar del mar por medio, consideró, aconsejado por gentes de bien, tratar de olvidar aquella horrorosa pesadilla marchando al otro lado del Océano. A Indias. En el Nuevo Mundo, pensó, Andrea encontraría muchos estímulos para olvidar. En pocos días concertó con un maestre de cabotaje el desplazamiento hasta Sanlúcar de Barrameda, donde transbordarían a una nao de las que, casi mensualmente, salían de Sevilla rumbo a las nuevas tierras. El viaje se realizó a pedir de boca y Juan López encontró ocupación en Ultramar pronto, como experimentado procurador y escribano que era, pudiendo así mantener a su hija sin mayores problemas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero es el momento apropiado para abrir un paréntesis en los avatares existenciales de Juan López y de su hija Andrea, y volver sobre nuestros pasos, de nuevo a Mazalquivir, dormido en el arrullo del mar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El sádico militar se revolvía como un lobo herido en su guarida, frustrado. Anduvo dos días paseando en solitario, si se puede llamar paseos a unas marchas frenéticas hasta el baluarte vacío en esta época, en uno de cuyos rincones umbríos se sentaba a mascullar su ira. Pero todavía tenía energías, de forma que una mañana hizo un hatillo con las cosas más imprescindibles y emprendió el camino de la ciudad. En ella fue informado que la "pájara" había volado con el viejo, hacia Málaga. Se quedó en Orán, a la espera, sin saber muy bien que hacer, bebiendo en abundancia con algún camarada tan desorientado como él, y solicitando por unas monedas la distante compañía de alguna prostituta. Pero no era lo mismo amenazar y abofetear a una curtida mujer de la vida que a la tierna jovencita semiprisionera que acababa de escurrírsele de entre los dedos, y la vida de la colonia comenzó a perder atractivo para él. Un buen día se le presentó la oportunidad en la forma de una gabarra que partía hacia Málaga, saltó a ella ágilmente todavía, y pronto tuvo a la vista la ciudad, con el amplio puerto de aguas turquesas, el castillo de Gibralfaro encaramado en el promontorio y los verdes montes al fondo. Era la primavera de 1540.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al llegar, tras los saludos rituales a sus conmilitones en las tabernas, entre risotadas y palmoteo de espaldas, se convenció de que la vida le reservaba todavía mucho que disfrutar, sobre todo cuando supo que el viejo y quebrado escribano y su hija Andrea habían emigrado a Indias. Se sintió libre y limpio, rejuvenecido en cierta manera, aunque cada vez le apetecía menos entrar al servicio de algún prohombre adinerado, consciente de que, realmente y a su pesar, los años no pasaban en balde, y ya las nuevas generaciones le aventajaban por ley natural en la destreza con la espada; pero le quedaba todavía una baza en la que se sentía campeón: las mujeres. De manera que rondó días y días calles y plazas con los ojos y los oídos bien abiertos, escudriñando rostros y recabando informes, hasta que creyó dar con una víctima propiciatoria, con todos los atributos de esas mujeres de mediana edad capaces de mantener a un hombre a cambio de lograr la envidia de sus vecinas. María Hernández, la dicha víctima, se conservaba lozana todavía, acaso gracias a su sencillez mental, cuando se sintió centro de la atención de aquel hombre de acento castellano, maduro y con una interesante aura mundana. Jugó a practicar la resistencia o el desinterés justos para garantizar su honestidad, pero ya en sus ensoñaciones nocturnas se había entregado por completo al forastero.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se casaron en casa de su padre, un artesano mediocre aunque laborioso de nombre Salvador de Herrera, y como si se repitiese la historia, éste contribuyó sin reparos materiales a lo que creía "la felicidad de su hija". Y pasaron años monótonos, con un Francisco que bajo la capa de la discreción vivía de su suegro sin grandes esfuerzos. Hubo un par de embarazos que produjeron dos niñas, pero falto de empatía, el monstruo nunca se planteó la posibilidad de sufrir en sus carnes lo que había hecho penar al desgraciado escribano de Orán; tampoco eran especialmente fuertes los lazos afectivos que debiera haber tenido con las crías sus hijas, ni aún, como ya hemos dado a entender, con la madre. Vivió más fuera que dentro del ámbito familiar, ya su temperamento apagado y su carácter apaciguado, aunque sin hacer ascos a alguna aventura amorosa o a alguna borrachera, con tal de que no fueran muy del domino público.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hicieron vida matrimonial 8 años. En 1548 llegaron unas noticias a Málaga que preocuparon sobremanera a Francisco de Tordesillas: Andrea seguía viva, estaba avecindada en Sevilla tras una larga estancia en La Española. Su padre había regresado con ella también, pero volvía a Málaga, en donde quería pasar el resto de sus días. La noticia golpeó con fuerza el ánimo de aquel sablista sacacuartos, que vio de pronto toda su cómoda posición en franco peligro. Si las malas nuevas llegaran a conocimiento de su segunda esposa, como no podía ser menos, no le esperaba más que un pleito vergonzante, el divorcio seguro, y la ruina y la calle como única habitación. De manera que, siguiendo con el proceder propio de su naturaleza de cobarde, optó por esfumarse y desaparecer del escenario malagueño, y aun andaluz, al menos hasta que la situación se le mostrara más favorable. Y sin más, una mañana muy temprano abandonó Málaga por tierra, subiendo hacia la sierra con unos arrieros que se dirigían a Antequera, los cuales le habían brindado una mula a bajo precio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;María Hernández esperó 3 años, no por dar una oportunidad a quien tan miserablemente la había engañado, sino al contrario: para alegar firmemente ante las autoridades el abandono que padecía, y conseguir sentencia a su favor. Quería disponer de su persona, y si llegara el caso, poder unirse a otro hombre con el que iniciar una nueva etapa que, esperanzada como soñadora que era, le proporcionara la ansiada felicidad. El 9 de abril de 1551, tras prepararlo todo, informarse con detalle de lo acontecido en Orán entre Andrea López de Arroyo y su marido huido, y buscar testigos, inició el pleito presentándose ante el Licenciado Diego ¿Raldero?, Provisor del Obispo malacitano. En un "otro sí" añadía a su acusación que "&lt;i&gt;porque su marido está ausente y no se sabe dónde puede ser habido, pide que se pongan edictos porque la causa no sea ilusoria&lt;/i&gt;". El Provisor, dispuesto a oírla, le mandó que presentara a sus testigos, y María lo hizo. Ya conocemos a Juana de Arroyo, tía de Andrea, una de las declarantes. Dijo que cuando recientemente supo del regreso de Andrea, fue a verla (suponemos que a Sevilla, aunque esta circunstancia no consta en la documentación), y la repatriada le preguntó por Tordesillas, a lo que su tía le respondió que seguía vivo, y que ella misma lo pudo comprobar, cierto que hacía ya algún tiempo, cuando se entrevistó con él por medio de su otra hermana Lucía de Arroyo —también ya conocida por nosotros—. Juana comunicó a su sobrina Andrea que el maltratador se había interesado por su vida. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ahora sabemos que la mala conciencia de Tordesillas, que cuando se entrevistó con las tías de Andrea llevaba 3 años casado con la demandante, era lo que le impulsaba a saber de su primera mujer. Por fin Juana de Arroyo termina su testimonio asegurando que ella misma se había interesado desde entonces por seguirle el rastro al marido de su sobrina, y que hasta había enviado recado con unos viajeros a Ciudad Rodrigo, pero sin resultado alguno.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Algo ocultó al Provisor la intrigante tía de Andrea. Cuando visitaba a ésta, en un raro momento de sinceridad fue avisada de no utilizar semejante nombre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—Pues..., ¿de qué manera he de llamaros ahora, sobrina? —inquirió extrañada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;—Señora tía, debéis hacerlo igual que en La Isla. Soy nombrada ahora por Luisa de Rojas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* Mazalquivir, Mers-El-Kevir ("Gran Puerto" en árabe) conoció a lo largo de su larga historia excelsas glorias y profundas decadencias. Por sus condiciones costeras fue puerto de la Roma imperial, y luego los almohades establecieron allí un arsenal naval. Antes de conquistar Orán, las tropas del Cardenal Cisneros habían ocupado Mazalquivir en 1505, desde la cual se expandieron por el norte africano, no sin antes construir una iglesia desde la que modelar las conciencias con la incondicional ayuda de algún patológicamente enfebrecido clérigo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero fue en pleno siglo XX, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la población saltó a la actualidad mundial, debido a un hecho bélico poco común. Hallándose en su puerto el grueso de los efectivos marítimos del Ejército francés tras la firma del armisticio con los germanos de Hitler, y aunque en una de las cláusulas de dicho armisticio se obligaban los nazis a no utilizar en manera alguna las referidas naves, Inglaterra, considerando que los acuerdos franco-alemanes iban a quedar —nunca mejor dicho— en papel mojado, emplazó a los franceses para que, o bien les entregaran los barcos, o bien los llevaran al otro lado del Atlántico a La Martinica o incluso a Estados Unidos, o en caso contrario y en última instancia se verían obligados a tomar drásticas medidas, en evitación de que la flota quedara en manos alemanas, lo cual significaría con toda certeza la derrota británica. Mediante algunos malentendidos y dilaciones se cumplió el plazo dado por los ingleses, los cuales ni cortos ni perezosos enviaron desde Gibraltar a su propia flota, que inmisericorde cañoneó a la gala anclada en Mazalquivir, ocasionando 1.297 muertos entre la marinería y la destrucción al completo de todo aquel hierro flotante. Hasta De Gaulle, jefe de la Francia Libre y aliado de la Gran Bretaña, protestó por la inesperada acción.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;** Esta expresión, contenida en, por ejemplo, un párrafo que el historiador Juan Luis Carriazo Rubio en "La Casa de Arcos entre Sevilla y la frontera de Granada, 1374-1474", Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2003, extrae del Archivo Histórico Nacional, NOBLEZA, Osuna, leg. 124, nº 5v, folio 16 r-v, y que dice: &lt;i&gt;Juan de Palaçios, broslador vecino de la çibdad de Toro, podía aver çinquenta annos, en la corte del rey don Juan, andando el dicho Juan del Parayso y otros brosladores en conpannía, quél avía visto desposar a los dichos Juan del Parayso e Leonor Núnnez y se avía hallado presente a los desposorios y avía comido fruta en ellos&lt;/i&gt;", nos da idea de la intimidad que quiere expresar el testigo en su relación con los contrayentes, o con alguno de ellos. Cuando el invitado de una boda la incluía en su declaración, indicaba que había participado más profundamente en ella, en sus prolegómenos, y que conocía las circunstancias a un nivel más completo que si se hubiese referido solo a que, por ejemplo, "este testigo asistió a la boda", o "estuvo presente". Nótese asimismo la reminiscencia sexual de la expresión: desde tiempos inmemoriales y especialmente en el ámbito poético se ha venido asimilando a la mujer con la fruta en todas sus variedades, lo cual y en el contexto de la declaración de María Márquez realza el sentido de amistad, de intimidad y confianza que significa participar en la "degustación", o lo que hoy en día es el convite postceremonial.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-1001612782013970622?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/1001612782013970622/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=1001612782013970622' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1001612782013970622'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1001612782013970622'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/02/los-juanguren-y-el-espadero-3.html' title='Los Juanguren y el espadero 3'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-7300519896923448367</id><published>2011-02-14T22:17:00.003+01:00</published><updated>2011-02-14T22:39:18.429+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 2</title><content type='html'>&lt;div&gt;En este año de 1555, pendiente Íñigo Ortiz del embarque hacia el Perú, con toda la tensión y la ansiedad que tal empresa significaba con la preparación de las mercancías, la planificación y el programa, el afianzamiento de los contactos con sus socios, los obligados tratos con los burócratas de la Casa de la Contratación y un largo etcétera y a pesar de todo ello, encontraba fuerzas y tiempo para hacer una activa vida social en Castilleja. En la casa familiar desde mucho antes del día tan esperado había empezado el ambiente de despedida, en forma de un trato y dedicación especiales por parte de su padre y hermanos, que en las veladas estivales le reservaban el mejor sitio en la huerta, a la sombra de la mole de la iglesia de Santiago recortada en el cielo azul del verano, cielo que se desplegaba glorioso sobre la Plaza. Íñigo se dejaba querer, arrullado por el cantar cristalino de los cangilones de la noria vaciándose en la musgosa alberquilla, y aspirando el aroma aterciopelado del azahar y el fresco rozagante de los frondosos ringleros de hierbas que medraban en la umbría junto al sacro muro —decían que de factura musulmana— coronado de alegres gorriones, a la expectativa de alguna aparición de las escasas que hizo Pedro de Cieza por Castilleja, que le sirviera para completar los informes sobre el Perú que rumiaba y sospesaba constantemente a lo largo de aquellos días. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;No todo iba bien con su mujer Luisa de Rojas, que parecía desear su partida y se había negado rotundamente a acompañarlo, entre aspavientos demenciales y argumentos como de loca, en manera tal que nadie se sentía capaz de contradecirla y ni tan siquiera de intentar convencerla. Ella ya conocía Las Indias, a pesar de ser una mujer joven todavía, alta y espigada aunque un tanto cargada de espaldas y de torpes movimientos, aquejada de frecuentes migrañas que daban a su cara un acartonamiento frío y desagradable, una máscara que tenía de positivo ocultar a sus eventuales interlocutores el afán con que buscaba en su fuero interno como objetivo de la vida zafarse de la férrea opresión que los Juaguren ejercían, —prototípicos hombres de la época—, sobre las féminas de su entorno. El control, dominación y subyugación de las mujeres formaba parte consustancial de la conciencia colectiva. Por otro lado la vida anterior de la susodicha no había sido fácil, como pronto comprobaremos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;No tenían hijos Íñigo y Luisa, y las culpas de tal situación se habían hecho recaer, como era de suponer, sobre ella. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;El domingo 10 de marzo de dicho año fue Íñigo padrino, o compadre, según se decía entonces, de Melchora, recién nacida de la pareja formada por Hernando Jayán — recordémoslo, uno de sus testigos ante los jueces sevillanos— y Luisa de Briones; la niña fue bautizada en la iglesia de Santiago, y entre los otros "compadres" estaba su hermano Luis Ortiz de Juanguren y el propio Beneficiado Rodrigo de Cieza. Dos meses más tarde, el 5 de mayo, bautizó don Rodrigo a otra niña, hija de su hermano Diego Ortiz de Juanguren y de Bernardina de Sagredo. Como no podía ser menos, toda la familia actuó en el padrinazgo: él mismo con su esposa Luisa de Rojas, su hermano Luis, y el viejo Diego Ortiz de Juanguren. Repasemos al efecto el contenido del capítulo "Bautismos 3" de diciembre de 2008, y detengámonos, a modo de anticipo de lo que en nuestra narración seguirá, en la nota 7 del mencionado capítulo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aunque el permiso de estancia en el Perú se extendía a tres años solamente, tenemos noticia de que tan tarde como en 1564 todavía se encontraba emigrado Íñigo Ortiz, según se desprende del recibo que su esposa, Luisa de Rojas, otorgó el lunes 16 de octubre de dicho año, en el cual daba fe de que el mercader vecino de Sevilla Álvaro Pinto le había pagado 9 ducados que le debía por el tercio de un tributo anual que ella le cobraba por mandato de los Señores Jueces de los Grados de Sevilla. Luisa tenía su morada en el Señorío de Castilleja desde que su marido se marchó; mas concretamente, habitaba una casa con parte de su fachada, o al menos una tapia, en la esquina noroeste de La Plaza, siendo así casi vecina de los Juanguren de sus sinsabores y pesadillas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Otro documento que reafirma la prórroga de la licencia de estancia en Indias de Íñigo:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"&lt;i&gt;Luisa de Rojas, mujer de Íñigo Ortiz que al presente está en Indias, vecina de Sevilla en la collación de San Llorente y moradora en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, por sí y en nombre de su marido y con licencia que tiene del Señor Teniente de Asistente de Sevilla Juan Álvarez, conoce a Hernando Jayán y a Luisa de Briones su mujer, presente él, y dice que por cuanto los dichos Hernando Jayán y Luisa de Briones su mujer le vendieron diez ducados de tributo situados sobre ciertas casas y viñas en este término de Castilleja y en otros propiedad de dichos Hernando Jayán y Luisa de Briones, por precio de cien ducados, según pasó ante el escribano que fue de esta Villa Juan Vizcaíno el domingo diez y ... de agosto de mil quinientos cincuenta, y porque dicho Hernando Jayán la redimió a ella de la mitad, que son cinco ducados, según pasó ante el escribano Miguel de las Casas en treinta de julio de mil y quinientos cincuenta y nueve, y porque cincuenta ducados de los cien quedaron impuestos de tributo sobre dichos bienes, y litigó pleito Luis de Figueroa, clérigo, en nombre de su marido Íñigo Ortiz, diciendo que no se habían de dar los cincuenta ducados a ella, y por sentencia de los Señores Regentes Jueces de la Audiencia Real de los Grados de Sevilla la mandaron pagar a ella, dando fianzas, y ahora no embargante que Hernando Jayán le tiene que pagar los cincuenta ducados, y porque ella tiene necesidad de dinero y Hernando Jayán y Luisa de Briones le han pagado quince ducados mas los maravedíes de lo corrido, por la presente se da por bien pagada y se obliga a no ir contra ellos en forma alguna. Dado en las casas de la morada de Luisa de Rojas en esta dicha Villa, miércoles 8 de marzo de 1564. Testigos, Bartolomé Mancera y Francisco Rodriguez de Espino&lt;/i&gt;."&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Como vemos, durante la larga ausencia de su marido Luisa no abandonaba la administración de su casa y hacienda y, aunque analfabeta, disponía de abundante y fiable asesoramiento tanto en Castilleja como en Sevilla. Por el anterior documento comprobamos que había perdido los favores del clérigo y otrora fiel colaborador Luis de Figueroa, lo que denota que se produjeron, en la distancia, diferencias con su marido tan graves como para que le cerraran la espita de los ducados indianos y el dicho clérigo recurriera a la justicia a fin de que ella, a pesar de tener necesidad de dinero, no cobrara los 50 de manos de Hernando Jayán, otro formante del partido de los Juanguren. De forma que podemos presumir que Luisa se encontraba enfrentada a la poderosa familia de su marido emigrado. Mas esta necesidad de efectivo no hay que interpretarla en sentido estricto: sus negocios de tributos y rentas eran abundantes, y aunque no alcanzaran a mantener el nivel de vida que exigía la casa, eran muy variados y abarcaban lugares tan distantes como Málaga, ciudad vinculada a su oscuro pasado:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;"&lt;i&gt;Luisa de Rojas, mujer de Íñigo Ortiz, estante en las Indias del Mar Océano, vecina de Sevilla y moradora en esta Villa, por virtud de la licencia que tiene del Señor Hernando Jayán, Alcalde Ordinario de esta Villa, que pasó ante el escribano Hernando de las Cuevas, da todo su poder cumplido a Hernando de las Hoces, vecino de la ciudad de Málaga, ausente, para cobrar de Juan Monte, vecino de dicha ciudad de Málaga, diez ducados que ella le prestó, y para acudir a la Justicia si fuere necesario. Dado en las casas de la otorgante en esta Villa, lunes 18 de ¿abril? de 1564. Testigos, Francisco Sanchez y Andrés Hernandez&lt;/i&gt;."&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Para redondear el panorama introductorio a la familia Ortiz de Juanguren, anotamos las referencias atinentes encontradas en el Archivo de Indias, con fecha la primera de 31 de diciembre de 1549 y dada en Valladolid, concediendo mediante Cédula Real licencia a un tal Hernando de Robledo y a Gaspar de Sandoval para llevar al Nuevo Mundo 50 esclavos negros, de los cuales un tercio eran hembras (o sea, 16) y cuyos derechos ya habían abonado entonces.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La segunda Cédula nos identifica al dicho negrero Gaspar de Sandoval como natural de Sevilla, hijo de Juan Sanchez de Sandoval y de Mencía de Villafranca y marido de Ana Estacia [Anastasia] Ortiz, natural de Sevilla e hija de Diego Ortiz de Juanguren y de Inés Hernández. El matrimonio, junto con su hija Inés de Sandoval, reciben permiso para pasar a Tierra Firme, él como mercader.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y la tercera, otorgada también en la Corte vallisoletana, autoriza a Gaspar de Sandoval para pasar a Indias joyas de oro y plata labradas hasta en cuantía de 300 pesos de oro, con fecha del 22 de junio de 1557.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mas la otorgada al vecino y natural de Carmona Diego de Torres, hijo de Diego de Torres y de Ana Martín, que con tres hijos pasó al Nuevo Reino de Granada, llevando por criado suyo al vecino y natural de Sevilla Antón Lopez, hijo de Pedro Lopez y de Francisca Sierra, que viajaba con su mujer Francisca Rodriguez y con una hija de ambos. A todo este grupo acompañaba en el periplo Francisca Ortiz, vecina y natural de Sevilla, soltera e hija de Pedro Ortiz de Juanguren y de Juana Ramírez. Año de 1555, en el cual, repetimos, partió también a Tierra Firme y Perú el hidalgo Íñigo Ortiz de Juanguren. ¿Todos ellos en la misma nao "Nuestra Señora del Rosario"? No nos ha sido posible, por ahora, confirmarlo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tampoco por ahora podemos asegurar que el viejo Diego Ortiz de Juanguren fuera viudo cuando se casó con Anastasia Quijada, o si contrajo matrimonio con esta Inés de la segunda Cédula tras la defunción de su primera esposa. Por las fechas, no hay duda que la mujer de Sandoval era su hija. Para detalles más pormenorizados sobre el testamento de este patriarca, ver "Bocetos del siglo XVI, 5 y 6", diciembre de 2008. Y en cuanto a los Ortiz de Sandoval, viñas en el término de Valencina del Alcor colindantes con los de Gines y Castilleja poseía un Pedro Ortiz de Sandoval que aparece repetidamente en la documentación que manejamos. Pronto daremos cuenta de su parentesco.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A Luisa de Rojas se la presionó para que hiciera el viaje. Era lo usual. Cuando una persona no agradaba, o resultaba molesta, se intentaba como medio de "quitársela de encima" que marchara a Las Indias. Los ancianos de Castilleja aun en el seno de sus propias familias insistían mas que sugerían que aquellos que no les eran especialmente gratos se marcharan unos años, con la esperanza en los casos más extremos de que los indios dieran buena cuenta de sus huesos. En este sentido, la Villa estaba polarizada entre la juventud y la vejez, y ésta, en la duda de si el castigo que proyectaba hacia la muchachada revoltosa no resultase tal, sino más bien la puerta de la fortuna que ya para ella estaba cerrada, sospesaba las dos posibilidades, y en un ejercicio de autoindulgencia se felicitaba para sus adentros si primaba la primera, y el éxito, la riqueza y la gloria acompañaban al "desterrado". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Naturalmente, por otro lado, que Luisa de Rojas no fue del todo fiel a Íñigo Ortiz durante los largos años que éste permaneció en El Perú, y quizá el origen del pleito que le entabló el clérigo Figueroa estribara en alguna sospecha al respecto, aparte de cuestiones puramente crematísticas en el matrimonio. Cierto y verdad es que también Íñigo, como era habitual, buscó y halló esporádicos episodios con alguna de tantas y tantas aventureras como pululaban en el Nuevo Continente, mas su mujer actuó siempre con completa discreción, eligiendo a sus eventuales parejas en Sevilla lejos de las malintencionadas miradas del pueblo aljarafeño. Pero Luisa no era una amante al uso. Buscaba a sus compañeros de cama tras un muro de desconfianza y recelo que su alma de mujer herida no había podido superar. De inmediato sabremos el porqué.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De Luis de Figueroa diremos que cuando el Beneficiado de Santiago Rodrigo de Cieza se ausentaba él ocupaba su puesto, y son abundantes las partidas de nacimientos, defunciones y matrimonios de castillejanos en las que consta su firma. Con poder de Íñigo desde las Indias, Figueroa fue implacable en su ataque a Luisa de Rojas, que se defendió con uñas y dientes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por fin el clérigo encontró argumentos firmes con los que inclinar la balanza a su favor, aunque tuvo que remover testimonios y testigos de difícil localización y remontarse a la ciudad de origen de Luisa: Málaga.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entre las fobias que anidaban en el fondo de la personalidad de aquella mujer, como pájaro de áspero trinar se agitaba la que producíanle los hombres; la cual, gracias a su experiencia mundana lograba ocultar en su trato diario, aunque no sin esfuerzo. Conoció siendo casi niña la violación diaria alternando con descomunales palizas, aprendió a temer los pasos de un hombre cuya sola sombra la ahogaba en un miedo que en su mente juvenil abarcaba el universo. El sol lloraba para ella, y el viento era un prolongado lamento que llenaba de tristeza los años más esperanzadores y vitales que, en otra persona en condiciones normales, significan la pubertad. Bajo los puntapiés y bofetadas de aquel siniestro ser su cuerpo se redujo a vehículo de dolor, única percepción con que se conectaba al mundo sensorial durante un tiempo en el cual se decidía, y ella era perfectamente consciente, toda su posterior existencia. De este hombre bestial obtendremos un retrato en el próximo capítulo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Durante su estancia en Indias Luisa de Rojas permaneció aislada, envuelta en el blando algodón con que sus padres trataban de curarla de la horrorosa experiencia del maltrato. Y una vez en Castilleja desposada con Íñigo Ortiz de Juanguren, en el amenazante ambiente que subsiguió al casamiento los revoloteos del pájaro sobresaltaban su espíritu constantemente. Hernando Jayán a pesar de su correcta frialdad, Miguel de las Casas tan aureolado de ilustración, Juan de Vega con su nobleza tosca, Rodrigo de Cieza siempre ausente aunque próximo, el propio Luis de Figueroa lleno de ponzoña, su suegro Diego Ortiz envejecido en el desprecio machista, despertaban en ella aquel sentimiento que tantas pesadillas le proporcionó desde muchacha. A la lista reciente había que añadir el criado portugués del anciano patriarca, una especie de ofidio que lograba descomponerla hasta hacerla padecer arcadas. Era un hombrecillo de dientes podridos y calva rosácea cuyos ojillos perdidos en una maraña de arrugas brillaban maliciosamente cuando, cruzando La Plaza, se clavaban inquisidores en sus ventanas; con un cuerpo esquelético de nalgas escurridas, su patente homosexualidad se interpretaba en clave de misoginia, la cual estaba en la base de la aceptación que disfrutaba, especialmente en las epicúreas reuniones de vino y risotadas que llenaban muchas noches tras la iglesia. Allí entonces, disfrutaba con que le azotasen las magras nalgas al pasar, mientras servía la mesa a los tarambanas juerguistas, y en plena apoteósis de las borracheras era el recurso para que en algún rincón más o menos discreto de la huerta el convidado más urgido por la líbido desatada encontrase cómoda y directa satisfacción.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El criado portugués servía a su marido Íñigo unos afamados zumos de lima para aliviar los efectos de la escandalera, previamente puestos a refrescar los redondos frutos en el pilón de la noria. Y era para su valetudinario poseedor una especie de perro enviscador que los años de convivencia habían hecho insustituible.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y llegó el tan ansiado día: la nao "Nuestra Señora del Rosario" se abaniquea en el Guadalquivir, y en el muelle hay un escarabajeo de abrazos, un revuelo congojoso de lágrimas y besos sobrevolados por las albas aves marineras. Está muy presente la catástrofe de la flota de Farfán en Zahara, en enero. Si nos hubiese sido dado presenciar la partida, reconoceríamos a un muchacho pálido, de porte distinguido, que sube la pasarela dando la espalda a Juan de Sevilla su padre, quien desde tierra con el rostro desencajado no puede reprimir la emoción. También han bajado ambos —muy temprano con las primeras luces— desde Castilleja, en el mismo grupo que los Juanguren. El joven, llamado Francisco de Avecilla, marcha como factor del comerciante Andrés Pérez de Méjico. Su madre, Juana Téllez, es la hijastra del anciano mercader de cueros Pedro de Cifontes. "Los esclavos 82j", marzo de 2010.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-7300519896923448367?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/7300519896923448367/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=7300519896923448367' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/7300519896923448367'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/7300519896923448367'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/02/los-juanguren-y-el-espadero-2.html' title='Los Juanguren y el espadero 2'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-1232702067389808150</id><published>2011-02-06T01:41:00.002+01:00</published><updated>2011-02-06T01:49:08.862+01:00</updated><title type='text'>Los Juanguren y el espadero 1</title><content type='html'>&lt;div&gt;Sin perjuicio de una continuación de la serie "Los esclavos", continuación necesaria considerando la enorme cantidad de interesantísima documentación que hemos encontrado acerca de los de Castilleja de la Cuesta en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, emprendemos con este capítulo la ilustración de otra nueva rama de este árbol de la historia que el tiempo y la consulta de documentos va haciendo frondoso, con la esperanza y el deseo de que sus dichas ramas, y unas a otras, se complementen y ayuden y se vivifiquen y nutran entre ellas para hacer que el conjunto resultante brinde al lector en su andadura la bienhechora sombra desde la cual contemplar los caminos y acaeceres pasados, lejanos sí, pero nítidos en sus detalles.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Dejamos a un joven Lope de Aguirre en camaradería con Diego Ortiz de Juanguren. Para empezar la descripción de esta familia de ascendencia vasca y asentada en nuestro pueblo —su hacienda y casa principal estaba a las espaldas de la iglesia de Santiago— partimos con las transcripciones de las gestiones hechas en la Casa de la Contratación por uno de sus hijos, Íñigo Ortiz de Juanguren, con vistas a "hacer las Indias" comerciando allí con variados artículos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En pocos años desde el Descubrimiento, como se apunta en la nota tercera del capítulo anterior, las autoridades centrales de la Monarquía se habían visto obligadas a controlar mucho más férreamente el tránsito de personas y bienes al nuevo territorio, única forma de impedir las revueltas y rebeliones en aquellas latitudes y el contrabando y los fraudes que sangraban la gran vena de riquezas que mantenía al Imperio. Al contrario que antes, ahora se exigía, para obtener la licencia de viaje, un fárrago de certificados de limpieza de sangre, de testimonios de estado civil y vecindad, y de fes de intenciones y declaraciones de actividades que, y a pesar de su complejidad, no frenaban a quienes, como Íñigo, eran conscientes de lo que podrían obtener a cambio. Se valió el mercader, como era usual en estos casos, de la influencia de su familia y del clientelismo adyacente para reunir sus testigos. Declararon entre otros, varios conocidos nuestros:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Hernando Jayán, mercader vecino de esta Ciudad en la collación de Santa María, testigo presentado en esta razón juró en forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo desde puede haber ocho años poco más o menos el cual sabe este testigo que es mercader tratante en Indias porque del dicho tiempo al presente siempre le ha visto tratar en mucho género de mercaderías y que sabe este testigo que al presente tiene en esta Ciudad cargazón de mercaduría para Tierra Firme en mucha cantidad de mil ducados lo cual tiene cargado como parecerá por el registro, y que el dicho Íñigo para ir dice que registró por tal mercader y eso dijo y tiene al dicho Íñigo y ve que por eso es tenido y esta es la verdad por el juramento que hizo y firmó de su nombre. Hernando Jayán.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Melchor Sánchez, mercader vecino de esta Ciudad en la collación de San Bernabé, testigo presentado en esta razón juró según forma de derecho y siendo preguntado por las preguntas dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz puede haber más tiempo de quince años el cual sabe este testigo que es vecino de esta Ciudad y que es mercader tratante en Indias porque este testigo le ha visto de muchos días a esta parte tratar en Indias en mucha cantidad de mercadurías y por tal mercader es habido y tenido y que sabe este testigo que al presente tiene una cargazón de mercadurías con la cual dice que se quiere pasar a Las Indias a las provincias de Tierra Firme y el Perú, que esta es la verdad por el juramento que zizo y firmólo. Melchor Sánchez.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Juan Sánchez Dalvo, vecino de esta ciudad, testigo presentado en esta razón juró según derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz puede haber cuatro años poco más o menos y que sabe este testigo que es mercader tratante en Indias y que al presente tiene hecha una cargazón para Indias para las provincias de Tierra Firme en la nao de Bautista Preve y que le parece a este testigo que valdrá más de mil y quinientos ducados y que este testigo ha oído decir al susodicho que quiere ir con las dicha mercaderías a las dicha Indias y que por tal mercader como al dicho este testigo tiene al dicho Íñigo Ortiz y que es habido y tenido y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo. Juan Sánchez.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Relación de las mercaderías que Íñigo Ortiz tiene registradas en esta Casa de la Contratación de las Indias de esta ciudad de Sevilla este presente año de mil y quinientos y cincuenta y cinco años en la nao nombrada Nuestra Señora del Rosario de que es maestre Baltasar de Jaén consignadas al dicho Íñigo Ortiz a su riesgo porque son suyas y son las siguientes:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Primeramente ocho barriles de jabón quintalenos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas un balón de papel&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas va en un cajón las cosas siguientes:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;una pieza de colonia de treinta y dos varas.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas catorce libras de seda de todas colores.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas tres piezas de tafetán doblete que tiene ciento y diez y siete varas.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas tres piezas de tafetán cencillo (sic) que tiene ciento y diez y nueve varas.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas tres libras de cintas de seda de encordonar&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas cuatro libras de hilo portugués.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas una libra de bolillos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas cien docenas de cintas del tudesco.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos cajetas de peines.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas una docena de escribanías.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas seis docenas de cuchillos&lt;sup&gt;1&lt;/sup&gt;.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas cincuenta pares de borceguíes.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos docenas de bonetes de grana.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos docenas de gorras.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas cuatro docenas de tijeras de barbero.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas cuatro docenas de machetes.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos libras de azafrán en dos botes.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas tres libras de pimienta.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos libras de clavos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos libras de canela.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos libras de jenjibre.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos libras de menjuí.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos libras de almáciga.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Un manto de tafetán negro traído.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos libras de estoraque.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas veinte libras de hilo blanco y prieto.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos libras de hilera delgada.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas va en la dicha caja de atrás:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;una camisola de terciopelo negro usada.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas una saya de terciopelo negro usada.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas un sombrero de terciopelo negro usado.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos piezas de holanda.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos docenas de pares de zapatos tapetados.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas va en otra caja las cosas siguientes:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;primeramente ciento y diez camisas de hombre labradas de blanco y negro.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas una docena de camisas de mujer labradas de blanco y negro.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas veinte y seis jubones de holanda.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;y cincuenta y un fruteros de Ruán.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas ciento y cincuenta pares de calcetas.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas una pieza de tocas de lino que tiene treinta y nueve varas.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos docenas de capillejos de seda.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas otra docena de capillejos de hilo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas dos docenas de cofias blancas de lienzo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas catorce pañuelos de narices.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;mas una pieza de mengalas.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Íñigo Ortiz. Fecha en Sevilla dentro de la Casa de la Contratación de las Indias a quince días del mes de agosto de mil y quinientos y cincuenta y cinco años.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;1.- "&lt;i&gt;Seis docenas de cuchillos&lt;/i&gt;". Decíamos que Íñigo Ortiz era perfectamente consciente de las ganancias que le esperaban. Ningún mercader aventuraba su dinero ni lo dejaba en manos del azar. El detalle de los cuchillos habla por sí solo; estos 72 podrían reportarle 1.080 pesos si la información que le había llegado por vía de su propio padre era cierta. Éste, Diego Ortiz de Juanguren, participaba con gran interés en las tertulias que don Rodrigo de Cieza organizaba en el patio de su casa comentando las Crónicas del Perú que su hermano había escrito (ver "Rodrigo de Cieza 1", entrada de noviembre de 2008). Todos los presentes en aquellas tranquilas tardes adivinaban que el acto de la lectura iba más allá del simple descifrado de los signos ortográficos, del natural reconocimiento de los vocablos, de la sencilla comprensión de las oraciones. Era su propio hermano, ya difunto, era su letra, y en aquellos renglones palpitaba su personalidad, formada entrañablemente emparejada junto a la suya en tierras extremeñas. El cura de Castilleja adivinaba y asumía, como si de sí mismo se tratase, en cada giro, en cada detalle estilista e incluso en las puras formas que el manejo del cálamo había plasmado en el recio papel las emociones, el pulso, el estado de ánimo de su querido Pedro, que creció con él en la añorada Llerena al cálido abrigo de sus amados padres, cuya tierna herencia parecía resucitar llena de vida en aquellos renglones. Uno de los párrafos en los que el "Rey de los cronistas" se refiere al precio de las cosas llamó de tal manera la atención de Diego Ortiz, cuyo hijo andaba ya en diligencias y trámites para viajar a Tierra Firme, que hizo que don Rodrigo se lo repitiera: "&lt;i&gt;Cuando mataron a este que digo&lt;/i&gt; [Cristóbal de Ayala, muerto por los indios de las cumbres de la cordillera de los Andes] &lt;i&gt;se vendieron sus bienes en la almoneda a precios muy excesivos, porque se vendió una puerca en mil seiscientos pesos, con otro cochino, y se vendían cochinos pequeños a quinientos, y una oveja de las del Perú en doscientos ochenta pesos; yo la ví pagar a un Andrés Gomez, vecino que es agora de Cartago, y la cobró Pedro Romero, vecino de Ancerma; y los mil y seiscientos pesos de la puerca y del cochino cobró el adelantado don Sebastián de Belalcázar de los bienes del mariscal don Jorge Robledo, que fué el que los mercó; y aun ví que la misma puerca se comió un día que se hizo un banquete, luego que llegamos a la ciudad de Cali con Vadillo; y Juan Pacheco, conquistador que agora está en España, mercó un cochino en doscientos y veinte y cinco pesos; y los cuchillos se vendían a quince pesos; a Jerónimo Luis Tejelo oí decir que cuando fué con el capitán Miguel Muñoz a la jornada que dicen de la Vieja mercó una almarada para hacer alpargates por treinta pesos, y aun yo he mercado unos alpargates en ocho pesos de oro&lt;/i&gt;." (Pedro de Cieza de León, La Crónica del Perú, capítulo XXVI. Colección Austral de Espasa Calpe, Argentina, 1945).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De esta manera, la obra de expolio colonizador que realizaban los comerciantes hallaba pie y sustento en el trabajo intelectual efectuado por cronistas que, como el hermano de Rodrigo de Cieza, acaso observaban y escribían sus obras con toda la inocencia del mundo, movidos por el puro afán de saber, por esa curiosidad innata que en el ser humano observó Aristóteles, pero cuyas referidas obras otros más avisados y egoístas sabían aprovechar en beneficio propio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Volvamos a la transcripción de los trámites que Íñigo llevaba a cabo:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Vista la dicha información por los dichos Señores Jueces dijeron que daban licencia y dieron licencia al dicho Íñigo Ortiz para que pueda pasar y pase por tal mercader a las dicha provincias de Tierra Firme y el Perú con las dichas sus mercadurías por tiempo de tres años como Su Majestad manda y dando información no ser de los prohibidos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;En la ciudad de Sevilla sábado diez y siete días del mes de agosto de mil y quinientos y cincuenta y cinco años ante el Muy Noble Señor Alonso de Ilpes, Alcalde Ordinario de esta dicha ciudad por Su Majestad y en presencia de mí Alonso de Silva, escribano de Su Majestad y su notario público en la su Corte, Reinos y Señoríos pareció Íñigo Ortiz, vecino de esta ciudad y dijo que a su derecho conviene probar y averiguar cómo es natural de esta ciudad y que es cristiano viejo y de limpia generación y que no es hijo ni nieto de quemado ni de reconciliado ni de casta de moros ni de los nuevamente convertidos a nuestra Santa Fe y que él ni sus padres ni abuelos no fueron castigados ni penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición ni por vía femenina como masculina pide a Su Merced mande recibir la información que sobre ello presenta y los testigos que sobre ello presentare les mande examinar por el tenor de este su pedimento y lo que dijeren o depusieren escrito en limpio firmado del dicho Señor Alcalde y firmado y signado de mí el dicho escribano se lo mande dar en pública forma en manera que haga fe interpolando en ello su autoridad y decreto judicial para que valga y haga fe en juicio y fuera de él y pidió justicia.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Y luego el dicho Señor Alcalde dijo que mandaba y mandó al dicho Íñigo Ortiz que traiga y presente los testigos de que se entiende aprovechar y que está presto de los mandar recibir y hacer justicia.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Y luego el dicho Íñigo Ortiz trajo y presentó por testigos en la dicha razón a Luis de Figueroa, clérigo, y a Diego Quijada y a Melchor Sanchez y a Gaspar Sanchez, mercaderes vecinos de esta ciudad de los cuales y de cada uno de ellos fue tomado y recibido juramento por Dios y por Santa María en forma de derecho en virtud del cual prometieron decir verdad de lo que supiesen y les fuese preguntado en este caso en que son presentados por testigos y lo que dijeron y depusieron en sus dichos y deposiciones es esto que se sigue:&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Luis de Figueroa, clérigo presbítero vecino de esta ciudad en la collación de San Román, testigo presentado en esta razón, juró según forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz puede hacer diez y seis o diez y siete años, que es hombre mediano de cuerpo, moreno de rostro, tiene la nariz un poco gruesa donde acaba, la barba negra y poca, de edad de treinta años poco más o menos, y que este testigo sabe que el susodicho es cristiano viejo y de limpia generación e hijodalgo y que el dicho Íñigo Ortiz ni sus padres ni alguno de ellos no son judíos ni moros ni de casta de ellos ni lo fueron sus abuelos por vía femenina ni masculina y que otra cosa fuera o alguna cosa de lo susodicho les tocara o fueran castigados por el Santo Oficio este testigo lo viera y supiera o lo oyera decir por el mucho trato y conversación que con él y sus padres y parientes ha tenido y tiene y porque conoce a Diego Ortiz de Juanguren su padre y conoció a Anastasia Quijada su madre que es difunta y a muchos parientes suyos a los cuales no les toca cosa alguna de lo susodicho y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo y que es de edad de cincuenta años poco más o menos. Luis de Figueroa.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Diego Quijada, vecino de esta ciudad en la collación de Santa María, testigo presentado en esta razón, juró según forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz puede haber más tiempo de veinte años el cual sabe este testigo que es natural de esta ciudad y vecino y casado en ella y sabe que no es hijo ni nieto de quemado ni de reconciliado ni de casta ni de moros por vía femenina ni masculina ni él ni sus padres ni abuelos no fueron ni han sido castigados ni penitenciados por el Santo Oficio antes es hijodalgo notorio y por tal tenido y habido que como a tal se tiene por el ... de pagar los ¿precios? en monedas foreras y por tal hijodalgo es tenido y que si otra cosa fuera este testigo lo viera y supiera y hubiera oído decir por el mucho trato y conversación que con él ha tenido del dicho tiempo a esta parte y porque conoce a Diego Ortiz de Juanguren su padre y conoció a Anastasia Quijada su madre y que conoce a muchos parientes suyos los cuales son tenidos por tales personas como al dicho y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo de su nombre y que es de edad de treinta y ocho años poco más o menos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Melchor Sánchez, vecino de esta ciudad en la collación de San Bartolomé, testigo presentado en esta razón juró según forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz ha más tiempo de quince años el cual sabe este testigo que es natural de esta ciudad y que no es hijo ni nieto de quemado ni de reconciliado ni de casta de moros ni judíos ni castigados ni penitenciados por el Santo Oficio ni de los nuevamente convertidos, antes hijodalgo, y que si otra cosa fuera este testigo lo supiera y no pudiera ser menos por el mucho trato y conversación que con el dicho Íñigo Ortiz y sus padres y parientes ha tenido y tiene de mucho tiempo a esta parte porque conoce a Diego Ortiz de Juanguren su padre y conoció a Anastasia Quijada su madre, vecinos de esta ciudad los cuales son tales personas como dicho tiene y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo y que es de edad de cuarenta y cinco años poco más o menos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Testigo, Gaspar Sanchez, vecino de esta ciudad en la collación de San Bartolomé, testigo presentado en esta razón, juró según forma de derecho y siendo preguntado dijo que conoce al dicho Íñigo Ortiz de diez y seis años poco más o menos el cual sabe este testigo que es natural de esta ciudad y vecino de ella y sabe asimismo que es cristiano viejo y de limpia generación y que no es hijo ni nieto de quemado ni de reconciliado ni de casta de moros ni de los nuevamente convertidos a nuestra santa fe por vía femenina ni masculina y que si lo fuera este testigo lo supiera y no pudiera ser menos por el mucho trato y conversación que con él ha tenido del dicho tiempo a esta parte y que conoce a Diego Ortiz de Juanguren su padre y conoció a Anastasia Quijada su madre y que es difunta y a muchos parientes suyos a los cuales no les toca cosa alguna de lo susodicho y que esta es la verdad por el juramento que hizo y firmólo y que es de edad de más de cuarenta y ocho años.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Y visto por el dicho Señor Alcalde la dicha información dijo que a él le consta que el dicho Íñigo Ortiz es tal persona como en la dicha información se contiene y que interponía e interpuso en ella su autoridad y decreto judicial para que valga y haga fe en juicio y fuera de él y que mandaba y mandó a mí el dicho escribano le dé un traslado autorizado al dicho Íñigo Ortiz para que lo presente donde vea que le conviene y lo firmó de lo cual que dicho es según que ante mí el dicho escribano pasó y por lo susodicho pareció a que me refiero de pedimento del dicho Íñigo Ortiz y por mando del dicho Señor Alcalde dí el presente testimonio firmado del dicho Señor Alcalde y firmado y signado de mi firma y signo que es hecho en la dicha ciudad de Sevilla los dichos días, mes y año susodichos. Alonso de Salvatierra. Alonso de Yepes.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Vista la dicha información por los dichos Señores Jueces en Sevilla a veinte días del mes de agosto de mil y quinientos y cincuenta y cinco años dijeron que daban y dieron licencia al dicho Íñigo Ortiz para que pueda pasar y pase a las dichas Indias a las provincias de Tierra Firme y el Perú con las dichas sus mercaderías por el dicho tiempo de tres años conforme a la cédula de Su Majestad con la cual le ponga la edad y ... del susodicho.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3562572692616805151-1232702067389808150?l=castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/feeds/1232702067389808150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3562572692616805151&amp;postID=1232702067389808150' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1232702067389808150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3562572692616805151/posts/default/1232702067389808150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/02/los-juanguren-y-el-espadero-1.html' title='Los Juanguren y el espadero 1'/><author><name>Antonio</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00128807325479199118</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/__6dKx7LY1x8/SFdvQo-G3cI/AAAAAAAAAEY/npCHB4LSBOI/S220/5+028.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3562572692616805151.post-5193304129581985600</id><published>2011-02-02T11:05:00.001+01:00</published><updated>2011-02-02T11:10:21.231+01:00</updated><title type='text'>Los esclavos 83b</title><content type='html'>&lt;div&gt;La convalecencia de Marcos de Vega se desarrolló en circunstancias óptimas en lo que respecta a cuidados y atenciones de sus allegados, del padre en primer lugar, pero la secuela del medio brazo inútil y desmañado —bamboleando grotescamente al caminar— le acompañaría desde entonces, como un recuerdo en contrapeso a los muchos otros felices y venturosos que guardaba de El Arenal cuando, en los ya pretéritos años de su infancia, su progenitor organizaba aquellas ilusionantes jiras a la gran urbe con ocasión de algún festejo; entonces, toda la familia en la casa era una barahúnda de prisas, disposiciones de ropas, preparación de meriendas, en medio de la excitación que producía, especialmente entre los más chicos del hogar, la magnífica experiencia: "¡a Sevilla! ¡a Sevilla! ¡vamos a Sevilla!", se gritaban unos a otros y otros a los vecinos menos afortunados, que miraban envidiosos y en silencio los aderezos de la mula en el portal desde la acera de enfrente. Juan de Vega y su mujer, precisos en su quehacer, ensimismados, recordaban sus propias infancias en trance semejante, mientras mecánicamente bregaban con las criaturas, ajustándoles los sayos o quitándoles de los ojos alguna inoportuna lagaña. La vida —pensaban— era una rueda que giraba y giraba, repitiendo personas, hechos y escenas con exactitud astronómica.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Su hijo herido pasó los primeros días molesto por el dolor de la sajadura, sin poder dormir apenas. De noche recordaba aquellos especiales viajes, la visión mañanera de la ciudad al otro lado del gran río mientras el grupo familiar bajaba la cuesta, él en el enfaldo de su madre a lomos de la noble candonga castaña, su padre con el ronzal en la mano abriendo la comitiva orgulloso y saludando con pomposidad a los transeúntes conocidos, y detrás, riendo y bromeando, nerviosos e inquietos como lagartijas, sus hermanos mayores. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Eran días maravillosos. Desde la orilla del Guadalquivir hasta el pie de las pardas murallas, y mucho antes de que el sol peinara sus cabellos de oro entre las almenas y torreones, pululaba el variopinto gentío a caballo o andante, vociferante y multiforme entre los puestos de dulces, de frutas, pescado ahumado, baratijas, ropas usadas, leña o carbón de las sierras, cal y ladrillos, herramientas oxidadas o armas defectuosas, libros medio deshojados y pergaminos rotos, y en suma todo lo que la imaginación humana es capaz de contemplar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El hijo de Juan de Vega, en sus sueños febriles durante las largas noches que pasó recuperándose, veía un río transitado de orilla a orilla de barcas que maniobraban entre las moles de varios galeones, llevando y trayendo racimos densos de trianeros y foráneos de un lado a otro. Atravesaban El Arenal regatos de aguas fecales de insoportable olor que desde la ciudad desaguaban en la corriente, salvados aquí y allá por pequeños puentecillos y pasarelas de tablones medio desclavados, por los que la multitud se desplazaba pinzándose las narices. Añádasele las montañas de basuras, bahorrinas y desperdicios que los sevillanos, desde tiempos inmemoriales, solían verter en aquel espacio, creando así auténticos problemas de higiene y salud con la proliferación de ratas, moscas y mosquitos, gatos y perros vagabundos y todo tipo y clase de insectos, alimañas reacias a esconderse incluso en las horas en las que el mercado estaba en pleno apogeo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El cual mercado y a pesar del entorno, se organizaba resistiendo vientos y mareas en las áreas más despejadas, en base a tiendecillas y quioscos astrosos, malamente cubiertos de mugrientos toldos, desde cuyos interiores pregonaban los sencillos vendedores a grito pelado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estos días especiales, por los postigos desde la calle Pajería y el Compás de La Laguna invadían el mercadillo bandadas de rameras como gaviotas voraces, unas decrépitas, otras en plena iniciación del oficio, y todas prestas a picotear con el máximo afán en las faldriqueras de los incautos. Se mezclaban, pero no se confundían, con señoronas que, rodeadas de lacayos y siervos, cruzaban en sus carrozas mirando desdeñosas a la plebe, camino de San Juan de Aznalfarache o de Coria del Río a disfrutar de algún sarao, de alguna fiesta campestre; los alguaciles en cuadrillas y pisando fuerte el suelo polvoriento en verano o puro barro en tiempo de lluvia, amedrentaban por doquier con sus insistentes miradas a los innumerables ladrones de bolsas, y los artesanos —esparteros, cordoneros— aprovechaban los días buenos para trabajar al aire libre, a la sombra de la muralla.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Vuélvense a mencionar a los cordoneros en otro conflicto, además de en el ya conocido por nosotros con los hijos de Juan de Vega y el buzo Gaspar. En este caso la trifulca la protagoniza un soldado, —siempre ha habido gente capaz de matar por un pedazo de pan—, de los muchos que merodeaban en El Arenal, chusma heterogénea y aventurera a la espera de una oportunidad de embarcar a Las Indias; este sodado, artillero de la Armada por más señas y llamado Juan Lázaro, junto a otros dos camaradas pretendió comprar almejas en uno de los puestos "&lt;i&gt;cerca de donde trabajan los cordoneros&lt;/i&gt;", y al recibir su pedido de manos de la pescadera consideró que los moluscos bivalvos no estaban suficientemente frescos. Ocurrió lo que era de esperar, y el incidente terminó con una pelea con armas blancas por medio entre pescaderos y artilleros. Hubo denuncia y proceso. Una de las testigos, amiga de la agredida, de nombre Luisa de los Reyes y mujer de un tal Ocaña, declaró que "&lt;i&gt;estando esta testigo a la vera del río, vio un hombre que se llegó a Inés Tomasina, mujer de Andrés de Escobar, y le compró unas almejas, y se las estaba echando la susodicha en un pañuelo, y habiéndole comprado tres o cuatro menos, el dicho hombre [...] alzó el pañuelo con las dichas almejas y le dio con ellas a la dicha Inés Tomasina y le dijo: "¡Puerca, no me déis basura!" Y la dicha Inés Tomasina dijo: "Señor, yo soy mujer honrada y casada y no he de hablar palabra." Y el dicho hombre le dijo: "Si tenéis alguno que lo demande, salga y pídalo, que yo saldré aunque sea del infierno&lt;/i&gt;." (Pablo Emilio Perez-Mallaína Bueno. Los hombres del Océano: vida cotidiana de los tripulantes de las flotas de Indias: siglo XVI. Sevilla Expo´92). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Veía nuestro herido como fiel reproducción del pasado aquella mañana en la que sus ojillos infantiles quedaron fijos en un juguete de los varios que un viejo esclavo indio ofertaba en el tenderete de su quiosco y que reproducía una piragua con dos cazadores, uno a los remos y otro al timón, tallada en madera y burdamente coloreada con pinturas chillonas. Puso esfuerzo y pasión el niño en conseguirla, apoyándose en un llanto que le amorataba el rostro, reacio el padre a desembolsar unas blancas, pero al final la criatura logró hacerse entre sus manitas con el preciado objeto, dejándo volar su imaginación con él en el camino de vuelta en brazos de su madre. En cierto momento se dejó convencer de uno de sus hermanos, que con insistencia le pedía tenerlo un momento, "&lt;i&gt;solo para verlo y tocarlo&lt;/i&gt;", mas cuando, al recuperarlo, el chiquillo comprobó que uno de los remos estaba quebrado, la explosión de ira, gritos y lágrimas se dejó sentir en toda la Vega como una tormenta invernal. Al final y ya en casa, todo se solucionó medianamente con un poco de cola y la destreza recomponedora de Juan de Vega.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El escribiente de Miguel de las Casas había ido al lugar de Bormujos, —mañana fría, densa de niebla—, para ultimar la compra de un asno, con el cual desplazarse para atender los compromisos de su oficio. Visto el animal, se formalizó el contrato de palabra hasta su entrega otro día, y Salvador Pérez, tras detenerse en un fonducho y degustar unos zorzales guisados y el imprescindible mosto, volvió a buen paso, buscando la hijuela de La Valdovina. Aunque el auténtico mesón estaba en dicha Valdovina, había preferido almorzar con más sosiego e intimidad en aquel cuchitril solitario, perdido en una mancha de añosos pinos entre la esquina de un olivar y el senderillo que unía Bormujos con la gran hacienda que, como las de su clase, recogía el principal núcleo de población de la zona, compuesto de las familias de los jornaleros, capataces, esclavos, peones, etc. que las servían. De esta manera, Bormujos en sí, aunque sede del Concejo, no llegaba más allá de unas cuantas chozas de muros de adobe y techos de palma a la sombra de la pequeña iglesia, en el corralillo enfangado de una de la cuales, habitada por una familia numerosa de gitanos, esperaba al escribiente su futura montura sacudiéndose nerviosa el relente húmedo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pronto entre el velo fantasmal que cubría el día aparecieron ante el caminante las formas borrosas de las primeras casas de Castilleja; venía pensando en la última velada que mantuvo con Pedro de Cifontes, ahora éste yaciendo en su cama, convenientemente arropado pero sometido a tiritones y sudoraciones alternativos, síntomas de una fuerte gripe que le había atacado un par de días antes. Recordó Salvador el contenido de su última entrevista con él, y no tuvo que esforzarse en asociarlo con el contrato que acababa de efectuar con los gitanos bormujanos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Habían hablado entonces Pedro de Cifontes y Salvador Pérez de Lope de Aguirre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¡Lope de Aguirre! ¡muy poco o nada se puede añadir hoy a su biografía!&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sobre su persona se han hecho novelas y películas, estudios históricos y psicopatológicos, ensayos políticos y poemas revolucionarios... Lope de Aguirre destaca muy por encima de cuantos se significaron en el Descubrimiento con relevancia. Nadie de quienes lo conocieron en Sevilla y su tierra, a su llegada desde Oñati, habría sido capaz de predecir que aquel muchacho introvertido iba a realizar tan sonados episodios ultramarinos como los que efectuó. Cifontes lo recordaba, —y así se lo manifestó a Salvador—, cuando subió vacilante la pasarela de la "Santa María la Blanca", cargado con un humilde hatillo de ropa*. Era pequeño de estatura, de gruesa cabeza coronada por una mata de pelo pajizo, de miembros potentes y toscos, y su mandíbula ancha, cuadrada y siempre encajada denotaba un espíritu fuerte y tozudo. Pero lo que más lo caracterizaba era su mirada, oscura, fija, profunda e insondable bajo unas pobladas cejas prietas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando su esclavo Antón sufrió el tormento de los azotes a lo largo de la Calle Real castillejana, Cifontes revivió las experiencias del joven soldado vasco**, que en aquel tiempo constituían el tema diario de conversación en el imperio de Carlos V y Felipe II. De los escándalos aguirreanos se hablaba en los palacios de las capitales y en los chozos de las aldeas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Andaba el que sería luego conocido como "El Loco Aguirre" por El Arenal y los aledaños de la Torre del Oro esperando una oportunidad de embarcar para probar fortuna al otro lado del Atlántico***. Con 20 años de edad entonces, ya sabía de situaciones límite, incluso antes de emigrar de su Guipúzcoa natal. Allí, entre otras "hazañas", se dice que respaldado por otro compinche invitó a un par de prostitutas a dar un paseo en barca por el río Olabarrieta, y una vez en el centro de la corriente las arrojaron por la borda, entre risotadas e insultos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aguirre, en Sevilla, por mediación de su paisano Diego Ortiz de Juanguren, conoció Castilleja, al menos someramente. Ambos blasonaban de hidalguía, pero Diego Ortiz**** era hombre de posibles, con abundantes propiedades tanto en nuestro pueblo como fuera de él, y el joven de Oñate en cambio apenas era titular de una capa raída y de una espada barata.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Era Salvador Pérez un jovenzuelo aprendiz cuando, acompañando a Miguel de las Casas en gestiones a efectuar en Salteras, a la vuelta tras cruzar el arroyo del Judío y enfilar el cordel de Los Carboneros de vuelta a nuestro pueblo toparon con un hombre tumbado de bruces en mitad del camino, con media cara hundida en uno de los charcos que el otoño había dejado por doquier, cuyas aguas se iban tiñendo del alarmante color de la sangre. Lo auxiliaron tras comprobar que, borracho como una cuba, en su caída se había golpeado en un lado de la frente con uno de los guijarros que cubrían el camino, y supieron por sus torpes palabras que era vasco, que llevaba en Sevilla unos pocos meses y que se llamaba Lope de Aguirre. Salvador lo volvería a ver en El Arenal en alguna ocasión, y llegó a olvidarlo hasta que empezó a dar de qué hablar con sus aventuras transoceánicas. El de Oñati se había especializado en la doma de caballos, y trabajaba con los gitanos, acaparadores de esa actividad en la época que nos ocupa. Con ellos pasaba en Valencina muchos días, pernoctando en sus campamentos, en los tranquilos descampados limítrofes con Gines y Castilleja.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;* Ver "Los esclavos 82y", septiembre de 2010. Ahí comprobamos que la profesora María del Carmen Gómez Pérez lo sitúa en el puesto número tres en su lista de la hueste que, en la nave de Cifontes, partió de Sevilla para servir al Gobernador Pedro de Heredia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;** Fué, como el negro Antón, objeto de una tanda de latigazos a camisa quitada, acusado por el Juez Francisco de Esquivel en Potosí, en el año 1551, en base a no haber cumplido las leyes que protegían a los indios. "&lt;i&gt;Doscientos latigazos cayeron sobre mis espaldas y mis nalgas desnudas. Los contaba la voz del alguacil y a la par los contaba mi conciencia. El látigo desgarraba mi piel como los picotazos de un cóndor, la sangre me corría hasta los carcañares como azogue viviente, y no sentía dolor porque mi rabia era tan recia que no dejaba sitio a algún otro sentimiento; y no lloré porque nadie en mi casa me enseñó a llorar; y no me quejé porque los hombres de mi extirpe no se quejan. Al término y raya de los doscientos azotes, los conté uno por uno hasta el último, caí desplomado sobre las piedras de la plaza, y me lanzaron encima un cubo de salmuera quemante y afrentosa.&lt;/i&gt;" Así hace decir a Lope de Aguirre el venezolano Miguel Otero Silva en su novela "Lope de Aguirre, príncipe de la libertad", Barcelona, Seix Barral, 1979. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero Aguirre no olvidó, hasta que consumó su venganza quitándole la vida al magistrado en Cuzco.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;*** "&lt;i&gt;Las oportunidades de enganche eran cada día menores. No era fácil salir como antes. El Consejo de Indias comenzaba a poner restricciones y la Casa de la Contratación exigía fianzas y hasta probanzas. Aguirre se fue entonces a los campos y penetró en la vida de cortijos y dehesas. Trató con gitanos el comercio de bestias. La gitanería le enseñó las mañas de los caballos y de los hombres. Aprendió a amansar potros, a pasar hambre y a dormir poco. Aprendió a blasfemar, a murmurar de los frailes y de las monjas. A protestar, por lo bajo, del Santo Oficio y de los chanchullos de Palacio. Sufrió las injusticias de los jueces y las bellaquerías de los alguaciles.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;A través de los caminos, por entre los latifundios de olivares, palpó la miseria del campesino, reventando sobre los terrones, para repletar la bolsa del señorito terrateniente, que holgaba en sus casas-quinta del Guadalquivir, con las zalamerías de sus barraganas.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Maestro de la vida errante, compañero de bravucones en el ejercicio picaresco, aprendió el manejo del puñal y de la espada. Conoció el arte del contrabando, el manipuleo de los naipes falsos y el arancel de garrotazos y cuchilladas a tanto el centímetro"&lt;/i&gt;. ("Lope de Aguirre, el peregrino : apellidado el tirano, pr
