jueves, 17 de enero de 2019
Martín de Japón, II.
En el diario El País de fecha 25 de julio de 2013 se publica un artículo firmado por Verónica Calderón titulado "Tres esclavos, los primeros japoneses de la Nueva España", muy bien asesorado por varios historiadores solventes. Por dicho artículo vemos cómo Gaspar, Miguel y Ventura, xapones, fueron vendidos en calidad de esclavos en Filipinas a finales del siglo XVI, y llegaron a México en 1597. El documento que así lo registra fue descubierto por Lucio de Sousa, investigador de la universidad de Évora (Portugal), y por Mihoko Oka, de la universidad de Tokio. Cuenta que los tres esclavos pertenecían a un empresario portugués apellidado Pérez. A Gaspar, originario de Bungo (actual prefectura de Oita, al sur del archipiélago) lo vendieron por 7 pesos a los ocho años de edad. De Miguel sólo se sabe que fue vendido en 1594. No hay información sobre el pasado de Ventura. Al propietario Pérez, tras pasar por la trena una temporada, lo expulsaron de Filipinas por ser judío, previo juicio de la Inquisición del archipiélago, y cruzó el Pacífico con familia y sirvientes en 1597 hacia la Nueva España, donde para su desesperación continuó el juicio racista inquisitorial, en el que Gaspar y Ventura testificaron sobre la religión de su dueño. Ambos obtuvieron la libertad unos años después por colaborar con la justicia novohispana.
La autora del artículo de El País se basa palabra por palabra y letra por letra en el que se ofrece —en inglés— en The Yomiuri Shimbun/Asia News Network, Tuesday, May 14, 2013, donde se especifica que Oka es " assistant professor at the Historiographical Institute, University of Tokyo", que Gaspar el esclavo se apellidaba Fernandes y que fue vendido al judío por un mercader japonés en Nagasaki en 1585 cuando tenía 8 años de edad, que Miguel fue vendido al dicho judío en Manila en 1594, que tal judío Pérez fue encarcelado en Manila en 1596, que cruzaron el océano en diciembre de 1597 hasta aportar en Acapulco con el fin de ser sometidos a un segundo juicio ante la Inquisición de México, que la testificación de Gaspar incluía las prácticas religiosas de su amo y la clase de alimentos que ingería, y que en 1599 los tres jóvenes apelaron ante las autoridades alegando que no eran esclavos, siéndoles admitida y confirmada tal apelación en 1604. Desde entonces fueron libres.
Foto de The Yomiuri Shimbun en dicho artículo, cedida por cortesía de Mihoko Oka. " Gaspar Fernández Japón contra el Procurador del Fiscal Real y bienes secuestrados en Manila a Rui Pérez, portugués, difunto. Declaróse ser persona libre y que fuese suelto y por libre al receptor ¿en cuanto a esto?.
Podemos suponer que los muchachos dispusieron de sus personas y bienes desde luego bajo la administración del consiguiente y necesario tutor curador, ya que, aunque ya libres, seguían siendo menores de edad. Si entonces alguno de los tres jóvenes hubiera conseguido pasar a España, si hubiera alguno conocido Andalucía, si alguno hubiera visitado Sevilla, podría haberse topado con un compatriota con aproximadamente sus mismos años de edad: el testigo castillejense Martín de Japón, que como tal testigo debía ser mayor de 25 años para serlo, según obligaba la estricta legislación de aquellos años. Sousa y Oka dejan meridianamente claro que el enigmático Martín, nacido no después de principio de la década de los ochenta del siglo XVI, en lo que atañe y respecta a la documentación conocida hasta hoy no figura entre los primeros emigrantes orientales en el México de dicho siglo.
Descartada así para solventar la "incógnita martinesca hispana" la vía Pacífico-Atlántico usada por el judío Pérez, queda la Índico-Pacífico-Atlántica explotada por los lusos desde Macao (China) a Malasia, Cochín y Gora (India), la africana Mozambique, la atlántica isla de Santa Elena, y la europea Lisboa. Tampoco la primera noticia de japoneses viajando por este itinerario logra dejar atrás a Martín de Japón. Fue transitada en barcos transportando japones por primera vez, que se sepa, por la exitosa Embajada Tenshō, la cual, al contrario que su sucesora la Keicho, obtuvo frutos palpables, mediando desde luego el indispensable apoyo de Felipe II y del Papa romano, del que no contó la segunda.
Embajada Tenshō. Pié: Grabado de diplomáticos japoneses de la embajada Tenshō (Wikipedia). The first Japanese Embassy to Europe, in 1586.
Arriba, de izquierda a derecha: Julião Nakaura, Padre Mesquita, Mancio Itō. Abajo, de izquierda a derecha: Martinho Hara, Miguel Chijiwa.
Se cree que unas 59 bolitas de cristal, de cinco colores y de 2 a 5 milímetros de diámetro, taladradas por sus centros y manufacturadas en Europa, que un comité de expertos ha encontrado en el supuesto enterramiento de Miguel Chijiwa en Nagasaki, pertenecen a un rosario. El hallazgo se asocia con el abandono de la Sociedad de Jesús hacia 1601 por parte de Miguel. (The Asahi Shimbun, 10 de septiembre de 2017).
Foto del rosario en el artículo de The Asahi Shimbun.
Por otra parte, el referido Lucio de Sousa como profesor asociado en Historia de la Edad de los Descubrimientos en la Universidad de Estudios Extrajeros de Tokio encontró en el archivo de la Real Academia de la Historia en Madrid el testamento de un japonés que vino con la Embajada Tenshō . El testamento es una copia manuscrita de tres páginas hecha en 25 de octubre de 1642 sobre la original en portugués firmada por un tal Damián de Lima. "Yo vengo del reino de Japón. Cuando era joven, en la década de los ochenta (siglo XVI) fuí tomado como servidor por Ignacio, el capitán portugués que vino con la Embajada Tenshō . La Embajada dejó el barco que nos traía en Cochín, pero yo y mi amo el capitán fuimos transbordados a otro y llegamos a Lisboa con los demás. Yo serví a Ignacio hasta que el Señor lo llevó de esta vida".
Quizá por no tener familiares Ignacio dejó sus bienes y hacienda a una organización caritativa de Lisboa que administraba bienes y remitía dinero internacionalmente. De esos bienes del capitán, Damián recibió 90.000 reis anuales como pensión, con los cuales por ese tiempo podía adquirirse medio kilo de oro o cerca de 30 toneladas de harina. La última voluntad refleja cómo en 1618 Damián dejó Lisboa y se estableció en Macao, donde entonces vivían muchos exiliados japoneses cristianos. Damián ordenó que su hacienda fuese distribuida entre esa pobre gente desarraigada, y además dejó 20 patacas (cerca de 6.400 reis) a Catarina Japoa, esposa de Camache Sanzaymon Bertolomeu, que pudiera ser una variante de Kamachi Sanzaemon. Japoa significa persona japonesa. (De The Japan News/Asia News Network. January 21, 2018). Como vemos por la fecha, los descubrimientos documentales se suceden sin cesar.
Un libro imprescindible es Spain, China, and Japan in Manila, 1571-1644: Local Comparisons and Global Connections, de Birgit Tremml-Werner (de libre acceso en la Red: https://www.jstor.org/stable/j.ctt196313j). Y este otro: Global History and New Polycentric Approaches: Europe, Asia and the Americas, editado por Manuel Pérez García y Lucio de Sousa y con uno de sus capítulos escrito por Oka (pág. 163), también de acceso libre en https://books.google.es/books?id=ZABCDwAAQBAJ&pg=PA11&lpg=PA11&dq=mihoko+Oka+Lucio+de+Sousa&source=bl&ots=TRzH9yb3v-&sig=ACfU3U1bLGFxIYPvV3HV5mPtJk6wtquYMQ&hl=es&sa=X&ved=2ahUKEwj_gZuHw_bfAhXTA2MBHZOADxsQ6AEwB3oECAkQAQ#v=onepage&q=mihoko%20Oka%20Lucio%20de%20Sousa&f=false
De esta manera y anclando provisionalmente el estado de la cuestión hasta nuevo descubrimiento, tenemos cronológicamente a Martín de Japón, nacido hacia 1580 y estante en Castilleja de la Cuesta en 1608, luego a los tres esclavos nacidos hacia 1578 y estantes en México hasta al menos 1604, después a los de la Embajada juvenil Tenshō (1) llegados a Lisboa en agosto de 1584, luego a los ya mayorcetes de la Embajada Keicho en Coria del Río en 1614, después en 1642 cuando en la referida villa de Coria aparece el primer documento, un padrón de habitantes que registra a Bartolomé Japón (2), y por último la definitiva partida de bautismo de Catalina Japón (3), ya en 1667, en la coriana iglesia de Santa María de la Estrella.
(1) "Mozos de 10 a 12 años. Todos de lindos ojos, manera de señores, sosiego y gravedad. E incluso uno de ellos conocedor del latín. Vestidos de teletas de mil colores con calzones marinanescos, casuquilla, guantes con perlas, con alfanje a la indiana, capeletos pardillos hechos aquí con muchos oros y plumas". (Carta de Hernando de Torres, agente de Felipe II en la Santa Sede, a Cristóbal de Salazar, secretario de la embajada de España en Venecia y embajador en ejercicio, relatándole la visita y recepción de la legación japonesa por el Papa. Roma, 6 de abril de 1585. Archivo General de Simancas. Estado, 1535, 74. Citado en la exposición LA EMBAJADA DE HASEKURA, 14 de junio - 15 de agosto de 2013. Archivo General de Indias. Sevilla).
(2) "... si este primer "Japón" nació en 1620, en 1642 tendría 22 años y además se descubrió que trabajaba con un tal Bartolomé Rodríguez que era pescador. El primer "Japón" fue Bartolomé Japón que aparece en ese padrón y también aparece en otros documentos posteriores como en una partida de una boda donde consta que se casó con una coriana." (Trabajo de Fin de Grado de María Agripina Gamero Cordero. Los samuráis del Guadalquivir. Universidad de Sevilla. Departamento de Periodismo II. 2017. Entrevista al profesor Juan Manuel Suárez Japón).
(3) Partida que transcribo y cuya foto adjunto. En la villa de Coria en primero día del mes de nobienbre del año de mil seiscientos y sesenta y siete yo Franco. de ortega, Cura de dicha villa Baptise a Catalina hija de Juº Martin Japon y de madalena de Castro fue su padrino Juº alvares todos vecinos de dicha villa a quien se le adbirtio el parentesco y obligasiones espirituales en fe de lo qual lo firme fº ut supra Franco. de ortega.
Partida de bautismo de Catalina Japón, hija de Juan Martín Japón.
Terminaré con un Japón "errante", algo tardío para nuestros intereses pero inclasificable debido a su biografía, tan nimia como atípica; he aquí un curioso documento, por ser el único del Portal de Archivos Españoles que contenga a un Japón de apellido, hecho en la Casa de la Contratación de Sevilla, una petición de un extraño personaje (Tomás Felipe o Tomás de la Fuente), un "japón errante" con licencia del Rey para viajar sin identificación en 1623, o sea, veinte años antes del primer registro de un Japón en Coria.
Expediente de información y licencia de pasajero a indias de Tomás Felipe Japón, a Nueva España. Don Tomás Felipe Japón, digo que Su Majestad por esta su Real Cédula que ante Vtra. Sª. presento me ha dado licencia para que pueda pasar a la Islas Filipinas, de donde vine, sin me pedir información alguna, y porque yo quiero hacer mi viaje por la provincia de Honduras, a Vtra. Sª. suplico haya por presentada la dicha Real Cédula y en virtud de ella me dé licencia para hacer el dicho viaje, pido justicia. (No se puede saber si la escritura, suelta, culta y segura, es del puño y letra del solicitante, porque a modo de firma solo hay una rúbrica).
En Sevilla en la Casa de la Contratación de las Indias en 12 de junio de 1623 años, ante los Sres. Presidente y Jueces Oficiales pareció el contenido. Ocurra a la Contaduría de esta Casa para que en ella se le dé su embarcación y despacho en la forma que lo pide. (Bajo su firma, el escribano anotó: "sin derechos por pobre", lo cual choca frontalmente con ese ostentoso "Don" que se le adscribe).
Traslado de una Real Cédula de Su Majestad que presentó en esta Casa don Tomás Felipe: Mi Presidente y Jueces Oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla, yo os mando que dejéis volver a las Islas Filipinas a don Tomás de la Fuente Japón (sic), que vino de aquella tierra, sin le pedir información alguna. Fecha en Madrid a 3 de noviembre de 1622. Yo el Rey. Por mandado del Rey Ntro. Sr., Juan Ruiz de Contreras, y a las espaldas de la dicha Real Cédula están siete rúbricas de firmas. Concuerda con el original de donde se sacó en Sevilla a 12 de junio de 1623 años.
Firma del escribano declarando pobre a don Tomás
Me amplía la biografía de este personaje una relectura de "Hidalgos y samurais. España y Japòn en los siglos XVI y XVII", de Juan Gil, Alianza Universidad, págs. 424-25, donde no duda el prolífico profesor de que don Tomás Felipe fue capitán de la guardia de Hasekura, situándolo en Madrid en 1622. Fue, siguiendo a Gil, el cual bebe de Scipione Amati en su Historia del regno di Voxú del Giapone, XXIII, pág. 47 , uno de los japones que se bautizaron ante Felipe IV y que luego "sintió la llamada del Señor y se cortó la coleta y abandonó las armas, dedicándose a honrar a Cristo en hábito de religioso japonés".
Parece ser que el samurái colgó luego el hábito para emplearse como criado de un tal Diego Jaramillo, en Zafra, y que al reclamarle su salario recibió como respuesta una marca con hierro candente en el rostro, cual si se tratara de un esclavo. El hombre apeló a Felipe IV: "Don Thomás Phelipe, cavallero japón que bino a esta Corte con el enbajador del Japón y se hiço christiano y Su Majestad que goça de Dios, padre de Vuestra Majestad, le sacó de pila y la christianísima reina de Françia, hermana de Su Majestad. Y porque un Diego Jaramillo en Zafra le herró estándole sirviendo sin ser esclavo, porque le pedía su salario, y así bino a Vuestra Majestad a pedir le hiçiese justiçia d´este agravio. Y así suplica a Vuestra Majestad le dé libertad y liçençia para poder bolver al Japón, pues es libre y christiano por la graçia de Dios, que en ello reçivirá muy gran bien y caridad." (Archivo General de Indias. Indiferente, 1452).
viernes, 11 de enero de 2019
Martín de Japón, I.
Sigo entre los papelotes referidos a la historia de Castilleja de la Cuesta. Escudriño como con lupa cada rasgo, cada giro lingüístico, hasta cada mancha, pliegue o roedura de insecto de los deteriorados folios. Palpo, huelo, sospeso. Tomo nota de todo ello con minuciosidad aristotélica, con cuidado, con amor, con delicadeza griega. En determinado momento salta con un alegre fulgor ante mis ojos un nombre: Martín de Japón. Está algo borroso al final del reconocimiento que cierto presbítero hace de cierto pago que le acaban de hacer efectivo. Es eso, una vulgar carta de pago, llena de fórmulas manidas y de tópicos sobados que hacen que el anodino documento ocupe más de tres folios, pero que en definitivas cuentas no es más que el recibí de 74 ducados. El deudor, con cierto parentesco con mis antepasados directos, queda de esta manera libre y quito. Hay por medio de la deuda una viuda, original propietaria del bien raíz cuyo dicho precio se satisface, ella también perteneciente a mi familia.
Digo que el nombre Martín de Japón salta alegremente a mis ojos, —aunque no figura más que como testigo de la cobranza del cura, y solo estante en Castilleja de la Cuesta, que no vecino de ella—, porque los Japón de Coria, los únicos que con tal apellido conocía yo hasta esta afortunada mañana de afán investigatorio, me fascinan y apasionan desde hace unos años, desde el día en que mi pariente Tovar, interesado tanto como yo en la genealogía familiar, me invitó a hacer una visita a la villa ribereña, en busca de cierta relación que los Japón corianos tenían con tal apellido castillejense Tovar, que no es ni más ni menos que el de mi abuela paterna, Pilar Tovar Chávez. He regresado varias veces a Coria, y pienso, ahora más que nunca, ir en más ocasiones.
Volví ilusionado tras mi descubrimiento, especulando con un vínculo fehacientemente demostrado entre los japoneses y los Tovar castillejanos. Iba en el autobús mirando por la ventanilla, fantaseando en parte y en parte recordando mis intensas lecturas corianas, esos libros maravillosos del catedrático Juan Manuel Suárez Japón, libros (y todo el resto de abundante material) que ahora estaba obligado a repasar en busca frenética de este Martín de Japón, cuando como un frío fulgor ilumina mis pensamientos: ¡la fecha del reconocimiento es anterior a la llegada de los japoneses a Coria del Río! ¡Martín de Japón! Ni un año, ni dos, ni tres, sino más... mucho antes del célebre año de 1613, cuando la embajada arribó a dicha villa.
Lo útimo que conoco, la manifestación más actual y reciente de este interesantísimo asunto, es la XII Semana de Cultura Japonesa que tuvo lugar en Coria desde el 15 al 21 de octubre del año pasado de 2018. Es, dicho sin ninguna intención peyorativa en absoluto, el pináculo de un constructo complejísimo (económico, político, cultural, identitario, sociológico, artístico, sentimental, etc. etc.), constructo con base en cierta partida de bautismo de, creo recordar, algunos años después de dicho 1613, en la que se registra un niño, hijo de uno de los marinos japoneses cuyo ilegible apellido el cura, cortando por lo sano, transcribe como "Japón", con el que también nombra al bebé.
¿Cortando por lo sano? Sí, pero posiblemente en otro sentido del que predomina en la historiografía oficial.
Eran los presbíteros de las iglesias, hasta el advenimiento del siglo XIX laico con su creación de los Registros Civiles, completos y perfectísimos notarios en lo que respecta a apellidos, y por ende, a genealogías. Eran pura historia. Me cabe poquísima duda de que el que nos ocupa hubiese tenido noticia del apellido Japón anterior a la embajada de Hasekura. Me precio de conocer bien a estos "escribanos de sacristía", en general eruditos, y también si cabe bastante descuidados en sus anotaciones durante los siglos XVI, XVII y aun XVIII, tanto que ameritaban continuas visitas, reprimendas y hasta multas pecuniarias por parte de sus superiores, por hacer mal y desganadamente sus registros (véase si no cualquier archivo parroquial). Aunque, por desgracia, todavía no he contemplado la partida de bautismo original del "japoncito" coriano, por las referencias que poseo puedo reconstruir los hechos: el padre pronuncia el apellido y el malabarista de la pluma no se complica y lo adscribe y asimila e identifica con los Japón primigenios. O sea, con Martín de Japón, que bastantes años antes presenció el pago de 74 ducados en Castilleja de la Cuesta. Entonces... ¿era japonés el padre del niño?; ¿qué farfulló?; ¿tenía rasgos orientales?; No se sabe. Todo lo que se conoce es que el cura de Coria lo etiquetó como "Japón".
Ni mucho menos pretendo derribar —tarea ciclópea— lo que se ha construido desde hace más de 50 años entre Coria y Japón, claro está. Mas el hecho incuestionable y cierto es que el apellido Japón aparece en Castilleja de la Cuesta muchos años antes que en Coria del Río. Dicho sea por amor a la verdad. No me mueve más que dejarla por sentado. Quizá muchos japoneses, muchos españoles, y muchos interesados de cualesquier naciones del mundo sobre esta fantástica y apasionante materia se sientan desengañados, pero si la verdad anidara en sus mentes y en sus corazones por medio de mi trabajo próximo, me doy por satisfecho. Les podría decir con voz alta y clara: "¡estos son vuestros verdaderos antepasados!".
Me consta que dos investigadores japoneses estudian similaridades genéticas entre las dos partes desde hace años, pero no aparecen los resultados en Internet. Quizá alguien con más conocimiento pueda ilustrarme al respecto. Yo seguiré buscando japones castillejanos, mientras llevo en mente lo que un profesor de filosofía nos contaba hace ya algún tiempo: "la ciencia como recopilación de datos es como una cabaña lacustre en cuyo interior se almacenan; los postes y pilares de ella se clavan y asientan en el fondo barroso de un río; llega un momento en que el peso de la acumulación incesante de tales datos científicos hace que toda la estructura se derrumbe con estrépito sobre las aguas; entonces hay que meter mano a erigir otra, pero no aprendemos nunca a optar por el terreno más sólido".
Seguiré informando de mis hallazgos.
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