sábado, 27 de julio de 2019

Historia de los apellidos, 20c.



Es testigo Juan Vázquez de Morón de la venta de 100 arrobas de mosto que el bormujano Alonso Rodríguez de Quexada hace al licenciado Baltasar de Villada, vecino de Sevilla. Quexada le entregará el vino, que es de la cosecha de 1605, en las casas que Villada tiene en Castilleja de la Cuesta, por el día de San Miguel de septiembre, medido en su lagar a la piquera (1) sin sisar, y por cada 30 arrobas le llevará una de refacción. Y le cobrará al menor precio que corriese en Castilleja el dicho día de San Miguel. Villada dá a cuenta a Quexada 150 reales ante el presente escribano, Juan de las Cuevas, en cuya casa en el Señorío castillejano se otorga la presente escritura. Los otros dos testigos son Miguel Jerónimo Melgarejo y el licenciado Gonzalo Montiel Maldonado.

(1) Piquera: orificio abierto en la mitad del costado del lagar, que lleva adosada una gargolilla de madera. Pero la RAE no lo menciona así, y en cambio dice: "ventana o rompimiento hecho en la pared de un jaraíz [ lagar ] que da a la calle, para descargar por él los carros de uva." Y en el Diccionario de la Lengua Castellana  "la porción de aceituna ó uva que se estruja de una vez en el molino ó lagar". Jaraíz, del árabe hispano sahríǧ o ṣahríǧ, este del árabe clásico ṣihrīǧ صهريج, "cisterna", y este del pelvi čāh-ī-rēg 'pozo de arena' (RAE).

Posee tierras en término de Camas. En un registro de las escrituras ante Diego García de Miranda, escribano público de las dos Castillejas, se ve: el bachiller Diego de Henao, clérigo presbítero cura de esta Villa de Castilleja de la Cuesta y vecino de ella, por sí y en nombre de sus herederos y sucesores, vende, mientras no se redima, a Antonia Fernández, viuda de Francisco de Cadenas, vecina de esta dicha Villa, 1.335 maravedíes y medio de tributo al año, que a él se le pagan sobre las casas donde él vive que son junto a la Plaza de esta Villa, linde con casas del bachiller Francisco Gallego Becerra, presbítero vecino de esta Villa, y sobre un pedazo de viña en término de Camas al pago de Cuestalaencina, linde con viñas y tierra calma de Juan Vázquez de Morón, con viñas del dicho presbítero Becerra, y por delante con el callejón que dicen de La Horca (1). Y le vende dicho tributo por precio de 50 ducados, con las condiciones de tener todos los bienes bien labrados y que vayan a más y no a menos, a lo cual dicho otorgante se obliga por la presente, así como a no venderlos si no es a persona llana y abonada. Y cuando él o sus herederos devuelvan los 50 ducados se cancelará esta escritura. Dado en casa de morada de Antonia Fernández (tachado Antonia Fernández), a 2 de enero de 1601. Testigos, Luis García, Antón Alonso y Juan Jiménez, pregonero del Concejo de esta Villa, vecinos de ella.
Esta tierra, o al menos parte de ella, la compró Juan Vázquez de Morón a doña Isabel Quixada Riquelme , vecina de Sevilla en la collación de San Román. Se efectuó la transacción estando ella en Castilleja en su casa de morada en el Señorío, "un pedazo de tierra calma en témino de Camas, de 1 aranzada poco más o menos, linde con viñas de Juana Velázquez, con tierras del doctor Cabreros y por delante con la hijuela que llaman de La Horca que parte el término de Camas y el de Castilleja de la Cuesta, por precio de 330 reales". El escribano Hernando de las Cuevas dió fé del pago. Su fecha, 17 de marzo de 1594. Testigos, Pedro de las Casas, Juan Núñez, el presbítero Gaspar de Santofimia y Gonzalo Chamorro, vecinos de esta Villa de Castilleja.


                           Firma de doña Isabel Quixada Riquelme

(1) Callejón, hijuela o pago de La Horca, que sitúo en el oriente castillejense inmediato a la ermita de Guía. Queda más definido por un protocolo de arrendamiento que doña Isabel de Alfaro, viuda de Bartolomé de Alfaro, otorgó a Melchor Núñez, vecino de Sevilla en la collación de San Miguel, el 1º de noviembre de 1598; ella le arrendó una heredad de casas y viñas en término de esta Villa y en los de Bormujos y Gines, las casas en Castilleja y las viñas en varios pedazos de 19 aranzadas en total, uno de ellos "en esta Villa al pago de La Horca, linde con viñas de Pedro Díaz de Baeza, con el callejón de La Horca, y por delante con el Camino Real". De esta manera se puede afinar la situación de las viñas y tierra calma de Juan Vázquez de Morón: el pago de La Horca castillejano lindaba con el de Cuestalaencina cameño, y estaba al borde del Camino Real de Sevilla, o sea, inmediato a la ermita de Guía. También Cuestalaencina se menciona alguna vez como lindando con dicho Camino Real, y se habla en ocasiones del "callejón que va a la Ermita".
Este documento que sigue refiere a estos parajes de acusadas pendientes que constituyen los bordes del interior de la cárcava: Pedro Farfán de Lugo, hijo de Pedro Farfán de Lugo y de doña Juana Velázquez, difuntos, vecino de Sevilla en la collación de San Lorenzo y estante en esta Villa, vende por juro de heredad para siempre jamás al bachiller Francisco Gallego Becerra, cura de la iglesia de Santiago de esta Villa, 2 aranzadas de viña y tierra calma en término de Camas al pago de Cuestalaencina, medidas por el medidor de la ciudad de Sevilla, linde con viñas que este otorgante Pedro Farfán dió a tributo a Francisco Vázquez, y con viña que vendió a Juan Vázquez de Morón, y con tierra calma que dió a tributo a dicho Francisco Gallego Becerra, y por la frente de la parte de Tomares dá con viña de don Baltasar de Colindres, y por esta otra cabezada dá con viñas que dicho otorgante Pedro Farfán dió a tributo a Pedro Ruíz. Y están libres de todo tributo y se las vende por precio de 100 ducados, que recibe de contado (sic, pero no fué así) en presencia del escribano iusoscripto. Pedro Farfán de Lugo declara ser mayor de 21 años y menor de 25. Dado en esta Villa en casa del escribano Hernando de las Cuevas a 27 de febrero de 1599. Testigos, Hernando de las Cuevas el mozo, el bachiller Diego de Henao, presbítero vecino de esta Villa, y Melchor Núñez, vecino de Sevilla. En 20 de julio de 1599 ante dicho escribano Pedro Farfán recibió los 100 ducados de Francisco Gallego Becerra, siendo testigos Diego de Henao, Hernando de las Cuevas el mozo y Juan de Castro.
Solía erigirse la horca a la entrada de los pueblos para que, a modo de aviso, todos los viandantes pudiesen ver las consecuencias de oponerse a los dictámenes de la Justicia. En el caso del Señorío de Castilleja la máxima pena de la horca dependía administrativamente del Conde de Olivares, aunque no tenemos noticia de ningún ajusticiado en ella. Sí lo hubo en la vecina villa de Gines.
El nacimiento de la cárcava —entre cuyas dos bocas finales hacia la Vega del Guadalquivir se alza el cerro del Carambolo con el santuario tartésico en su cima— se hallaba al borde de la carretera a Sevilla, antiguo Camino Real, unos metros antes de la Venta de Guía (Venta de Perico) y en él vertía el colector principal de aguas residuales del pueblo. Para sanear este punto se rellenó con toneladas de tierra procedente del hueco del nuevo depósito de agua de la Empresa Municipal de Aguas de Sevilla, EMASESA, y sobre el recién creado terraplén se construyó un chalet, pero el terreno fué cediendo y el edificio hundiéndose de un lado a ojos vista, cual torre de Pisa. Lograron disimularlo sustituyendo el techo por un diseño modernista consistente en un plano inclinado de hormigón, que es el que puede contemplarse hoy. De manera que con el mencionado relleno, la prolongada tubería de vertido quedó más al interior, tras el chalet, oculta a los viajeros de la carretera. A este principio de la cárcava se solía denominar "El Pantano", y era uno de los más atractivos lugares para los afanes aventureros de las pandillas de niños de Castilleja. Cuando el tedio post-almuerzo reinaba entre nosotros en la Barriada, algún espontáneo sugería vivamente "¿¡ vamos al Pantano !?" Y allá iba la horda a paso ligero Calle Real abajo, dispuesta a descubrir el Nuevo Mundo. Por entonces se accedía al Pantano desde la carretera como queda dicho. Bajábamos al galope aquel inmenso talud entre gritos de alegría, levantando polvareda de escombros y basuras que arrojaba la gente al abismo, y una vez en el fondo comenzaba la incursión propiamente dicha, en dirección al barrio cameño de Caño Ronco por senderillos de cabras que bordeaban un riachuelo pestilente de cieno y aguas corrompidas en el que, milagrosamente, medraban ranas y hasta galápagos, sostenidos por el depurativo que para aquellas tóxicas aguas significaban las dos o tres temporadas de lluvia anuales, en otoño, enero y primavera, aguaceros torrenciales que renovaban los pocillos y remansos del pútrido arroyo. Cuyos márgenes sinuosos alimentaban fronda espesa de cañas, jaras y zarzas, matorral arbóreo en ocasiones en bóveda, e incluso algún eucalipto o similar, de mayor porte. Allí se perdía la escasa percepción de tiempo y espacio que, como niños, teníamos. Por precarios puentecillos consistentes en un tablón decrépito en el mejor de los casos, o en dos o tres pedruscos resbaladizos en el peor, era obligado cruzar la paralítica corriente según dictaba el senderillo caprino, todo ello con los expedicionarios acosados por miles de moscas y mosquitos que se nutrían de aquellos desechos y que propiciaban la ineludible caída, a cuyos efectos en la ropa y en el calzado llamábamos "haber cogido una liebre", expresión absurda que nunca he logrado explicarme. Tras tres, cuatro, cinco o más horas de excitante inspección, cuando ya el sol se hundía por los ondulados olivares de Valencina, emprendíamos el regreso campo a través, con la sana intención de acortar camino y de reparar fuerzas gracias a las dádivas generosas de los frutales mal guardados del Valle, franja de pastizal y huertas extendida por todo el norte del término de nuestra Villa desde el sobredicho Pantano al este hasta lo que hoy ocupa el hospital Nisa al oeste.
Tengo noticia de que al fondo de esta cárcava, durante la Dictadura de Primo de Rivera, se arrojaban cadáveres de vacas, ovejas, caballos, mulos y asnos, propiciando que acudieran a él, hasta desde el Coto de Doñana, bandadas de buitres.


En azul se limita el término municipal de Castilleja; en rojo el pago de la Horca; y en verde el de Cuestalaencina de Camas. Aproximadamente en el punto amarillo, entre la ermita y la venta, se erguía la horca. La zona anaranjada señala el nacimiento de la cárcava antes de que se rellenara. Obsérvese el chalet con su techo trapezoide.


Aquí está otra vez nuestro hombre en una iglesia de Santiago convertida en depósito de cadáveres: En el Señorío de Castilleja de la Cuesta en martes 28 de agosto de 1601, por parte de Juan de las Cuevas, vecino de esta Villa, fue requerido el escribano de ella Diego García de Miranda para hacer testimonio de cómo se depositaba en la iglesia del Señor Santiago de esta dicha Villa a doña Mariana de Polaino su mujer, que es difunta. El sobredicho escribano Diego García de Miranda da fé que la vió llevar en una caja a la dicha iglesia, y para certificarse de ello da fé que al echarla en la sepultura le hizo descubrir el rostro y se descubrió rompiendo un pedazo de tabla de la caja, la cual conoció y le pareció que era difunta. Y quedó en dicha iglesia enterrada, y se puso por testimonio. Testigos, Juan de Linares, barbero cirujano, Juan Vázquez de Morón, Diego Navarro y otros vecinos de esta dicha Villa.

Otra vez testifica en este mismo año: Doña Leonor de Farias, mujer de Sebastián González Calderón, y doña Isabel de Valladares, doncella y hermana de dicha doña Leonor, vecinas de Sevilla y estantes en esta Villa de Castilleja, estando presente dicho Sebastián González Calderón, marido de la primera, ambas a dos y de mancomún dan poder al dicho Sebastián para que pueda tomar a tributo de cualquier persona que se lo quiera dar 1.000 ducados de principal a razón de 14.000 el millar y de ahí arriba lo que pudiere hallar, sobre unas casas que ellas tienen en Sevilla, que heredaron de su padre Diego de Farias, que son en la collación de Santa María la Mayor en la calle de Entalladores (1), con una tienda junto a ellas, linde con casas de la fábrica de la iglesia de San Pedro de dicha ciudad, y con casas de don ¿Hernando de Sanmiguel?, y por delante la dicha calle Real [o sea, la de Entalladores], que dicho su padre dió a renta de por vida al mercader Andrés de Perea en precio de 1.000 reales al año, con cargo y condición de que dicho Andrés de Perea llevara a cabo las labores de reparos y mantenimiento, según pasó todo ante Pedro Gutiérrez de Padilla, escribano público de Sevilla, en 18 de febrero de 1572. Y sobre otros cualesquier bienes que ellas dos tienen en la Villa de Castilleja de la Cuesta y otras partes, de los que declaran estar libres de tributos u otra enajenación, como parece por fé del ¿escribano Cabredo? de Sevilla. Y para que las obligue a que pagarán dicho tributo de 1.000 ducados a quien lo hubiere de haber, so las penas que dicho Sebastián Gutiérrez Calderón quiera, al cual dan también poder para redimir dicho tributo. Dado en esta Villa en las casas de morada de los otorgantes, a 7 de noviembre de 1601. Testigos, Juan Vázquez de Morón, Domingo Martín y Juan de Miranda. Firmaron doña Leonor, doña Isabel y Sebastián.

(1) El ensanche final de la calle Francos se llamó desde fines del siglo XV al menos hasta comienzos del XVII plaza o plazuela de Entalladores, quizás porque residiesen en ella varios imagineros o tallistas de retablos. Años más tarde recibió el nombre de Imagen, y en la primera mitad del XVIII aparece como plazuela del Silencio. Ambos topónimos se relacionan con un retablo pintado de la virgen de Belén y el niño en brazos, con un dedo en la boca. A finales del XIX quedó incorporada a Francos. Diccionario histórico de las calles de Sevilla. Antonio Collantes de Terán Sánchez.


Damos un salto hacia atrás hasta 1597, año en que Juan Vázquez de Morón, el 23 de noviembre, recibe en préstamo del Pósito de Castilleja 2 fanegas de trigo sacadas del alfolí [del árabe هُرْي al-hury, hórreo, granero público] del dicho almacén de granos por su depositario Bartolomé de Vega (1). Se dió la escritura en casa del escribano Hernando de las Cuevas, ante los testigos Juan de las Cuevas, Pedro de las Casas y Hernando de las Cuevas el mozo.
En 1594, el 27 de noviembre, siendo encargado del Pósito Juan de Chávez, recibió otras 2 fanegas, saliendo por su fiador Francisco Rodríguez de Espino, y ante los testigos Hernando de las Cuevas el mozo, Pedro de Valencia y Bartolomé de Vega (1). El 10 de noviembre de 1595 fue testigo del préstamo de otras 2 fanegas de trigo para sembrar que el Depositario Juan de Chávez hizo a Martín de Castro, y él mismo sacó en dicho año otras 3, con Francisco de Castro por su fiador, intercambiando los papeles un día después, cuando dicho Francisco de Castro recibió fanega y media y él salió por su fiador. Además, siempre en este año de 1595, fué testigo de la entrega de 2 fanegas a Bartolomé Jiménez y de otras 2 a Francisco Miguel.
Este año (9 de octubre), estando en el Señorío en casa de doña Isabel de León, viuda de Juan Vázquez Dávila, el padre del fraile carmelita testificó sobre el compromiso de dicha viuda de pagar al Conde de Olivares 338 reales de tributo sobre sus dichas casas de morada y sobre 8 aranzadas de viñas en término de nuestra Villa, linde con el padrón de Camas.
Y sin salirnos de este 1595, Juan Vázquez de Morón y Francisco Vázquez devuelven a don Enrique de Guzmán, conde de Olivares, y a su mayordomo Ximeno de Ribera, vecino de Castilleja, en su nombre, 440 reales que Juan Vázquez como principal y Francisco Vázquez y Juan de Mangas como sus fiadores se obligaron a pagar al dicho Conde por otros tantos que recibieron de él en préstamo por mano de Diego González su Tesorero, según pasó ante el escribano Hernando de las Cuevas en 15 de enero de 1592. Ximeno de Ribera los dá por libres de la dicha deuda por la presente, dada en casa del escribano Hernando a ... de julio de 1595, siendo testigos el bachiller Alonso Ortiz Navarrete y Juan de las Cuevas.
Ximeno de Ribera había recibido poder de don Enrique otorgado en la ciudad de Palermo ante Alonso Pranez, notario público de dicha ciudad, en 16 de abril de 1594, y dicho don Enrique el conde otorgó una sustitución de tal poder ante Pedro de Prado, escribano público de la villa de Madrid, el 18 de febrero de 1595.
Todo ello amerita contemplar la hipótesis de que Juan Vázquez y Francisco Vázquez eran los hermanos de fray Antonio, y de que el padre hubo de apechugar con una deuda importante a un importante personaje como era el conde de Olivares, que sus hijos arrastraban desde varios años antes. De Juan y Francisco Vázquez, hermanos del fraile, pronto conoceremos cosas sorprendentes.

(1) "Bartolomé de Vega, mientras limpiaba con un trapajo el polvo del agrieteado almud* de medir los áridos, bromeó con su sobrino, cuya sola presencia le había trocado el mal humor con el que acostumbraba a empezar el día por una saludable oleada de energía y esperanza:
— ¿Qué...? ¿cómo va esa vida de aguardentero? Mucho me temo que sin licor, si no fuera por el burro, no podría vuestra merced llevar a casa las dos fanegas ni haciendo un cuento de viajes, ¡jajaja jajajaja! —. Bernardo sonrió. La carcajada del viejo había resonado en la bóveda como algo a la vez fantasmagórico y entrañablemente familiar. El encargado de las semillas mostraba ojos y boca resaltando brillantes en mitad de su cara enharinada, como si pertenecieran a otra persona".
https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2017/07/notas-varias-2g.html



                                           Un real de plata de 1607

Contribuyó el progenitor de fray Antonio con 4 reales de plata por dos bulas de vivos en 1593, cuando a nuestra Villa allegó fray Bartolomé Bautista, de la orden de Santo Domingo, Comisario, para recaudar fondos destinados a la Santa Cruzada. "Fué recibido con las solemnidades requeridas y predicó la Santa Bula", y ante Hernando de las Cuevas, escribano público y del Concejo, se nombró, por parte del Concejo de esta Villa, Receptor de dichas bulas a Francisco Gallego Becerra, clérigo presbítero y beneficiado de la iglesia de Santiago. Para las bulas de composición —o sea, las que se daban fiadas— el Concejo nombró de Receptor a Jusepe Cornielles (1), compadre y luego albacea de Juan Vázquez de Morón—. Habiendo llegado el padre dominico el jueves 25 de febrero del dicho 1593, hasta el 21 de abril no despidió la dicha Bula, lo que verificó en la iglesia de Santiago con su procesión y solemnidad acostumbradas. Firmaron él y Francisco Gallego Becerra ante los testigos Diego de Pena, bachiller, Juan de Castro y Diego García. En estos dos meses el Comisario fue asistido por Diego Valentín, Alguacil Receptor de la dicha Santa Cruzada.

(1) "... la dió [cierta casa] doña Luisa a Maese Pedro, flamenco, maestro de hacer aguardiente, difunto, vecino que fué de esta Villa, que tiene un tributo perpetuo de 12 ducados y una gallina al año, que Maese Pedro se obligó a pagar a doña Luisa y a sus herederos, como parece por escritura ante Hernando de las Cuevas del 16 de noviembre de 1579, y por muerte de Maese Pedro sucedió en ellas Cornelia Bander Buer [ Cornelia van der Vuer ] su madre, como su heredera legítima, vecina de Amberes, que es en Flandes, y Jusepe Cornelio en nombre de esta Cornelia y con su poder ha vivido y vive en dichas casas y le paga a doña Luisa de Briones dicho tributo de 12 ducados y una gallina...". https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2017/08/notas-varias-2i.html


Firmas de Comisario de la Santa Cruzada fray Bartolomé Bautista y del Alguacil Receptor Diego Valentin.


Otro testimonio. Juan Cromberger de Melo (1), vecino de Sevilla en la collación de San Esteban, y el escribano de esta Villa Hernando de las Cuevas, vecino de Sevilla en la collación de San Gil, como su fiador, se obligan a pagar al Conde de Olivares y a Diego González su tesorero 2.100 reales por razón de 600 arrobas de vino que están en 8 tinajas en la bodega de Su Señoría en esta Villa de Castilleja, de la cosecha de 1595, las cuales tinajas ya tienen vistas y señaladas, y las recibe dicho Juan Cromberger compradas con todos sus riesgos de tocado, madreado, ahilado y dañado, excepto de pared o viga caída, tinaja reventada y tapino salido, que esto queda a riesgo de Su Señoría, las cuales 8 tinajas las vendió el contador Juan Ximeno de Ribera en nombre de Su Señoría por orden de Baltasar Montalvo. Y si hubiere más vino del dicho, los compradores se obligan a pagar 3 reales y medio por cada arroba de más, y si menos, que se lo descuenten, y el contador, que está presente en este otorgamiento, se obliga a dar fuero y entrada en Sevilla al dicho vino, y ellos se obligan a sacar el vino de dicha bodega de hoy en 15 días. Pagarán en dos plazos, en este año y en el venidero. Dado en el Señorío de esta Villa a 31 de mayo de 1596. Testigos, Juan Vázquez de Morón, Juan Domínguez y Bartolomé Rodríguez de Triana, vecinos de esta dicha Villa.

(1) "Hija de Juan Varela de Salamanca y de Isabel de Alfaro fue Inés de Alfaro, fallecida en 1588 y esposa de Jacobo (o Jácome) Cromberger. Era Jacobo nacido en Sevilla e hijo de Juan Cromberger, también sevillano de nacimiento, y de Brígida Maldonado (hija de Mexía Ponce de León y de doña Catalina Maldonado), quienes tuvieron nueve hijos contando al dicho Jacobo: entre ellos Inés (o Isabel en algún documento) Maldonado, quien acabaría casándose con nuestro Francisco Sánchez de Melo y procreando a Juan Cromberger de Melo ... ". https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2014/11/juan-varela-de-salamanca-era-marido-de.html


domingo, 21 de julio de 2019

Historia de los apellidos, 20b.


Es interesante, o al menos curioso, que el padre de fray Antonio Vázquez de Espinosa figure de fedatario en un documento que la familia Arguijo otorgó en Castilleja de la Cuesta recién estrenado el siglo XVII, en el cual aparece el celebérrimo poeta Juan de Arguijo:
Don García de Arguijo, vecino de Sevilla, por sí y en nombre de doña Catalina de Arguijo, doncella su hermana, con su poder que pasó en la ciudad de Granada en 20 de septiembre de 1596 ante el escribano Gonzalo Fernández ¿Segado?, como hijos que son del licenciado Diego de Arguijo y de doña Gerónima Duque de Estrada, difuntos que Dios haya, vecina dicha doña Catalina de Arguijo en dicha ciudad de Granada en la collación de Santa Escolástica, mayor de 25 años y libre para contratar, quien dice en dicho poder que en un codicilo que otorgó su tío Gaspar de Arguijo, vecino de Sevilla, bajo el que falleció, por virtud de los poderes recibidos que para ello tenía nombraba al dicho don García de Arguijo por Almirante de la Mar, con facultad para que goce de los aprovechamientos de este oficio durante las vidas del Conde de Melgar y de don Juan de Arguijo, hijos ambos del dicho don Gaspar de Arguijo (1), y que cobre cada año 984.385 maravedíes de renta durante las dichas dos vidas, y que goce dicho su hermano del oficio de Veinticuatro de Sevilla, que es del Sr. Almirante de Castilla, y dicho nombramiento lo hizo su tío don Gaspar de Arguijo con cargo de que le dé a ella, doña Catalina, cada año 600 ducados durante las dichas dos vidas, y otras cosas que constan en dicho codicilo que don Gaspar otorgó ante Marcos del Castillo, escribano público de Sevilla, en 3 de mayo de 1594, según el cual dicho su hermano usó y usa los dos títulos y cobró y cobra la dicha renta, y le paga de lo uno y de lo otro los dichos 600 ducados, y ahora ella y el dicho su hermano don García de Arguijo están de acuerdo en vender por el tiempo de las dichas dos vidas el cargo de Almirante y la dicha renta, y del precio que por ello dieren le satisfagan a ella lo que ha de haber por los dichos 600 ducados, y para que haga efecto de todo, que ella confiesa que le es más provechoso que de la otra forma, otorga poder cumplido al dicho don García de Arguijo su hermano, vecino y Veinticuatro de Sevilla para que, del dicho oficio de Almirante, y de los dichos 984.385 maravedíes de renta, y de lo demás de que le hizo traspaso don Gaspar de Arguijo, y de lo que omitió, y de la renta de los 600 ducados que a ella le paga, pueda venderlos, traspasarlos o enajenarlos al precio que a él le parezca, renunciando ella a todos sus derechos. Y ambos se obligan al cumplimiento de lo dicho. Dado en la ciudad de Granada, fecha ut supra. Testigos, Juan López ¿Cabeyn? y don Juan del Orte, criados de la otorgante doña Catalina de Arguijo y vecinos de Granada, quienes juraron ser ella quien es, y Juan de Valverde, estantes en el monasterio de Santa Isabel de las monjas de dicha ciudad de Granada, y ante el escribano del Rey Gonzalo Fernández Segado, vecino de Granada.
Y usando dicho poder, don García de Arguijo otorga que lo sustituye en el maestro Cristóbal de Ábalos, vecino de Sevilla, para que por él y su hermana pueda alzar y quitar y pedir que alcen y quiten en cualquier embargo que hubieren hecho a Luis de Cuenca, vecino de Granada, a pedimento de su dicha hermana doña Catalina de Arguijo, y para cobrar todos los maravedíes sobre ello una vez alzados y quitados los embargos, y para otorgar cartas de pago y seguir los pleitos que convengan. Dada esta carta de sustitución de poder en el Señorío de Castilleja de la Cuesta, estando en la Plazuela de las casas del Beneficiado (2), a 20 de marzo de 1601, siendo testigos Cristóbal Martín, Agustín de Castro Polaino y Juan Vázquez de Morón. El escribano del Concejo de Castilleja Diego García de Miranda dá fé que estas copias son auténticas.


                                            Firma de don García de Arguijo.

(1) La lectura es clara, no parece errata: según ella el poeta Juan de Arguijo y el Conde de Melgar eran hermanos. Pero en ninguna de las múltiples y autorizadísimas biografías del primero ni del segundo se hace mención a este estrecho parentesco. El codicilo que la granadina doña Catalina de Arguijo dice que otorgó su tío Gaspar de Arguijo en Sevilla en 1594, cuando al V Conde de Melgar —Luis Enríquez de Cabrera, fallecido en 1596— le quedaban dos años de vida y a Juan de Arguijo (1567-1623) veintinueve, expresa con nitidez el referido parentesco: dice que ambos el conde y el poeta eran hijos de don Gaspar de Arguijo, tío de la referida granadina. Más no concuerda, dicho está, con que se conoce del condado de Melgar. El VIII conde de Melgar fue Juan Alfonso (u Alonso) Enríquez de Cabrera (Módica, 3 de marzo de 1600 - 6 de febrero de 1647) fue IX almirante de Castilla, V duque de Medina de Rioseco y como queda expresado VIII conde de Melgar. Perteneció al importante linaje de los Enríquez y fue también mayordomo mayor de Felipe IV. Heredó el mayorazgo con tres años de edad, por lo que su madre, Vittoria Colonna Henríquez-Cabrera, asumió la tutoría de la casa. Durante su señorío Felipe IV concedió el título de ciudad a su villa de Medina de Rioseco (1632).

(2) Absolutamente desconocida para mí esta Plazuela de las casas del Beneficiado, que probablemente se refiera al espacio que ya en el siglo XIX pasaría a llamarse Plaza de la Zarza, hoy calle Lepanto, linde con la Plaza de Santiago.

Don García de Arguijo, vecino de Sevilla en la collación de San Andrés, estando al presente en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, da todo su poder a [su primo hermano] don Juan de Arguijo y a Jusepe de ¿Heredia?, vecino de Sevilla, para cobrar de cualquier persona que con derecho deban, ya sean recibidores, tesoreros, depositarios, etc., cualquier cantidad de maravedíes, trigo, cebada, plata, gallinas, juros corridos y que corrieren, y todo cuanto a él deban, y para seguir las diligencias judiciales que convengan. Dado en casa de Diego García de Miranda, escribano público y del Concejo de esta Villa, a 31 de enero de 1601, siendo testigos Francisco Velázquez, vecino de Sevilla, y Juan de Miranda.


Como quiera que esta serie de entradas está dedicada a la Hacienda de San Ignacio, —una de las temporalidades del Colegio de San Hermenegildo de la Compañía de Jesús—, no está de más que dejemos ahora, a rebufo del poeta Juan de Arguijo, unas notas sobre su relación con los jesuitas. Nos cuenta Stanko B. Vranich en El negociante tinerfeño Gaspar de Arguijo (1532-1594). Historia de un éxito. "Por aquel entonces [1565] Gaspar de Arguijo era dueño de al menos tres naves y quizá haya hecho el viaje en una de ellas. A poco de situarse en Sevilla se dirige a Cádiz en uno de sus navíos, llamado Santiago. Había concebido el plan de meterse de lleno en el lucrativo y arriesgado negocio de transporte de esclavos negros. Apresta uno de sus barcos, contrata piloto y tripulación y les da las instrucciones para el viaje a los ríos de Guinea de la costa occidental para «resgatar» esclavos negros.
En nueve días del mes de setiembre de mil y quinientos y sesenta y siete años bautizé yo, Juan de García, cura de la yglesia del señor San Andrés, a Juan, hijo de Gaspar de Arguixo [y] de su muguer lijítima doña Petronila: fue su padrino Esteban Pérez vezino de la collación de la Madalena; fuele amonestado lo que manda el sacro consilio, en fe de lo qual lo firmé de mi nombre. Fecho vt. supra. Juan García. [...]
Llevaba la familia de Arguijo seis años viviendo en la casa alquilada de la calle Real, cuando se anunció una almoneda pública de unas casas en el barrio de don Pedro Ponce, junto a la Plaza de la Encarnación. Gaspar acude a la subasta el 24 de septiembre de 1574 y las adquiere en 9.000 ducados. Las vendía Gaspar de Peralta, quien hacía dos años las había comprado por 10.000 ducados. Esa pérdida de mil ducados en la época de subida de precios, sobre todo de los bienes raíces, a causa del auge demográfico que experimentaba Sevilla, resultó sospechoso. En efecto, las casas no pertenecían a Peralta, sino a su cuñado, el mariscal Miguel de Castellanos, Tesorero del Río de la Hacha, cuyas relaciones con el gran enemigo de España, el pirata inglés Juan Aquines (John Hawkins), le acarreó proceso, destitución de cargo, prisiones y finalmente confiscaciones de bienes y una multa de 20.000.000 rnrs. De ahí el carácter apremiante de la venta de que se aprovechó el astuto tinerfeño.
De la categoría de la casa y su tamaño el expediente de venta nos da una idea bastante clara : 
«unas casas principales con su recibimiento, aposento y servicio de criados y patio y salas altas y bajas y corredores y huerta y con su agua de pie y pilas que le pertenecen, que es una paja de agua de la que viene por los caños de Carmona a esta dicha ciudad, y con todo lo demás a las dichas casas anexo y perteneciente y con una casilla pequeña que sale de ellas; y tiene su puerta a la calle. 
La descripción de donde estaban nos permite situarlas perfectamente: «[la casilla pequeña] sale frontera del colegio de la Compañía del Nombre de Jesús», y los demás edificios dan de la una parte con casas de Melchor Maldonado de Saavedra, Veinte y cuatro de Sevilla, y de otra parte con casas de Mariana de Medina, mujer de Francisco de Burgos, difunto; y por delante la calle Real, que va de la Compañía a la calle de la Venera, y la puerta de la casilla pequeña sale frontera de la puerta de la que ahora es iglesia de la dicha Compañía».
Uno de los párrafos finales del expediente de venta autoriza a Arguijo a «tomar la posesión de Ias dichas casas y lanzar de ellas a cualquier personas o bienes que las tienen y ocupan»
Aquello debía de tener mejor arreglo en aquel entonces que hoy en día, pues ya para noviembre de 1575, por una escritura que suscribe Gaspar, figura como «vecino de San Andrés», collación de su nuevo domicilio.
A la muerte de Gaspar las heredaría su hijo, el poeta don Juan de Arguijo, quien efectuaría considerables mejoras, y los edificios llegarían a ver el siglo XX. Los derribaron en el año 1914, pero alcancé a conocer a una señora sevillana, hermana del canónigo don José Sebastián y Bandarán, quien me contó que de joven asistió a una fiesta en ellos y allí bailó. El hijo de Gaspar, que asistió al colegio de la Compañía, no tenia sino que cruzar la calle. Los Arguijo favorecieron mucho a dicha institución docente. El cronista jesuita Juan de Santibáñez, contemporáneo de don Juan, dice lo siguiente: "obligó mucho a esta casa Gaspar de Arguijo, caballero Veinticuatro de Sevilla, vecino y gran amigo nuestro .. Sobre las ordinarias limosnas de semana, mes y año añadía otras extraordinarias, ayudando a que hiciesen bien a aquella casa".
Para doña Petronila este sitio también debió de venirle de perlas, pues además de estar «en lo mejor y en medio de la ciudad, tenía al lado el templo de la Compañía. Santibáñez, que la conocería personalmente, asegura que era mujer de mucha oración, gran recogimiento, no gastando fuera de su casa más tiempo que el que daba a las asistencias de nuestro templo. Y cuando murió, allí la enterraron, junto a su mando e hijo.
 [...] por una cédula real otorgada en Yelbes el 15 de diciembre de 1580 Gaspar de Arguijo fue nombrado «Tesorero de las Rentas Reales de las Yslas de Canaria, Tenerife y la Palma. . por dos vidas». Teniendo que nombrar dentro de un año a otra persona Arguijo señala a "don Juan Baptista de Arguijo, su único hijo que es ábil y suficiente y en quien concurren las calidades que se rrequieren".
Es la primera vez que aparece el nombre de Juan de Arguijo en los documentos notariales, otorgándole su padre este cargo y honor. No por mucho tiempo, sin embargo, porque al año siguiente «como padre legítimo administrador de don Juan Bautista de Arguixo [que] está debaxo de mi poderia paternal» (APS, Oficio 13, año 1582, lib. 3, fechado 19-XI-1582) elige en su lugar a un tal Llorente de Santo Antón, vecino de Sevilla. No hemos podido averiguar por qué tuvo que quitarle el nombramiento al hijo, aunque la edad pudo haber tenido algo que ver con ello: don Juan tenía poco más de catorce años. [...] Dos meses después de recibir su nombramiento de Tesorero Real de las Islas Canarias, Gaspar de Arguijo fue a Madrid donde contrató, por escritura pública del 18 de febrero de 1581, con el Duque de Medina de Rioseco y su hijo, el Conde de Melgar, lo que extractadamente copio a continuación : «Sepan quantos esta pública escriptura vieren como nos don Luis Enrríquez de Cabrera.. ., Almirante Mayor de Castilla, y... su hijo primogénito y subcesor en su casa de mayorazgo, rresidente de presente en la villa de Madrid, ... otorgamos y decimos: que por quanto oy, día de la fecha desta escritura, . . .bendimos a uos, Gaspar de Arguijo, vecino de la ciudad de Seuilla, que estáis presente, ... tres mill ducados de rrenta y censo en cada vn añó por dos bidas.. . por precio y quantía de beinte y un mill ducados que por ellos nos disteis y pagasteis ...; y entre otros bienes y rentas sobre que lo ympusimos y fundamos fue sobre los derechos que valiese el oficio de Almirante Mayor de mi, el dicho Duque Almirante, que se cobran en la dicha ciudad de Seuilla y en las de Jerez y Cádiz y billa del Puerto de Santa María».
 [...] Mientras tanto, en el Cabildo Gaspar de Arguijo apoya la causa jesuita, juntándose en esto con tres partidarios suyos, el Asistente don Bernardino de Torres y Portugal, Conde del Villar de Don Pardo, cuyo hijo era jesuita, el Padre Gonzalo de Torres, y el influyente y rico Veinticuatro Melchor del Alcázar, quien también tenia a un hijo en la Compañía (el Padre Luis del Alcázar). Por aquellos años se funda el Colegio de San Hermenegildo, se establece la Casa Profesa, y se termina su espléndido templo (hoy la Iglesia de la Universidad). Todo esto costó muchísimo dinero. El Cabildo de Sevilla se mostró muy generoso, como muchos ciudadanos particulares, entre los cuales se distinguió Gaspar de Arguijo, quien fue de los principales acreedores. 
[...] Las bodas de don Juan de Arguijo debieron de haber tenido lugar entre el 13 de septiembre de 1584 y el 30 de enero del año siguiente, cuando sacaron a nuestro joven poeta de su estudio en el jardín uniéndolo en lazo matrimonial con doña Sebastiana, quien sin duda era poco más o menos de la misma edad, unos diecisiete años. El 13 de septiembre es cuando las dos familias se reunen para redactar la carta de capitulación matrimonial en la cual Esteban Pérez, padre de doña Sebastiana, se obliga a darle en dote, luego que se desposare, 50.000 ducados de oros; y el 30 de enero del año siguiente es cuando se ven otra vez las dos familias, en la casa de Arguijo, para concluir el contrato.
 [...] El 2 de mayo de 1594 cae enfermo Gaspar de Arguijo. Alrededor de su cama, tres médicos: Garcia de Salzedo Coronel, el doctor Francisco Sánchez de Oropesa y el doctor [Simón de] Tovar, las tres más grandes autoridades médicas de Sevilla por aquel entonces, todos autores de tratados
sobre la medicina".



Omnipresente durante estos años en las escrituras notariales del pueblo, Bernabé de Espinosa acapara mi interés por su apellido, coincidente con el de fray Antonio. Dejo una transcripción extractada de un documento que protagoniza Bernabé, en el cual además surge una María Vázquez interesante en cuanto a que una de las hermanas de fray Antonio Vázquez se llamaba también María —Ana María— tal y como relaciona su padre en el testamento que ya hemos visto. Aunque hay disparidades, porque fray Antonio solo tuvo dos —Sebastiana y la dicha Ana María— y en este documento se refieren tres, —María, Beatriz y otra avecindada  en el lugar de Bormujos—, quiero dejarlo aquí como una pieza documental suelta que espero encaje en el rompecabezas que se va formando alrededor de Juan Vázquez de Morón y de su hijo el carmelita descalzo. Además es, independientemente, un testimonio sociológico de primer orden, como vamos a ver:
En el Señorío de Castilleja de la Cuesta en lunes 22 de mayo de 1606, ante el presente escribano y testigos pareció Juan Rodríguez Gordo [marido de Beatríz de la Cruz], vecino de esta dicha Villa, y dijo que por cuanto él se querelló criminalmente de Bernabé de Espinosa, Alguacil Mayor que fué de esta dicha Villa, ante el licenciado don Pedro de Pasierna, Alcalde de la Justicia de la ciudad de Sevilla, y ante su escribano Pedro de Campoverde, en razón de que tenía en sus casas a María Vázquez su cuñada, hermana de su mujer, y siendo doncella honesta y recogida y de buena vida y fama, el dicho Bernabé de Espinosa, con el poder que tenía de ser Alguacil Mayor de esta Villa, rondaba la dicha Villa para efecto de poder hablar y solicitar a la dicha su cuñada, prometiéndole que aunque era casado tuviese confianza en que se había de casar con ella, y de esta manera entró en su casa y la quebrantó y se echó carnalmente con la dicha su cuñada y la corrompió y hubo su virginidad, y porque la dicha Beatríz de la Cruz su mujer sintió que los susodichos se hablaban, se lo reprendió a la dicha María Vázquez, por lo cual el dicho Bernabé de Espinosa la aguardó en casa de Francisco Vanegas su vecino, y entró en la dicha casa y la injurió de puta probada, jurando a Dios que le había de cortar la cara, porque la había reprendido a la dicha María Vázquez, y le dijo otras muchas palabras de injuria, y porque a otra hermana de la dicha María Vázquez, que vive en Bormujos, salió a matarla al camino con una daga desnuda en la mano, y había jurado a Dios que la había de matar, y que él había hurtado y llevado de sus casas mucha cantidad de joyas, que valían más cantidad de 50 ducados, y está acostumbrado a hacer semejantes hurtos, y que había hecho un hurto en la villa de Trigueros, de que había hurtado una cruz de plata de la iglesia, una corona de oro y una cruz de plata (sic), y le quitó una manilla a Nuestra Señora de los brazos y por quitársela le hizo pedazos las manos, y que había salido a los caminos a hacer salteamientos, y además de esto había sacado a la dicha María Vázquez y se había ido con ella dejando desamparada su casa y la tenía escondida y encubierta, y de lo demás contenido en la dicha su querella a que se refiere, y sacó Requisitoria para las Justicias de esta Villa y otras partes para hacer información en razón de ello, y porque después que dió la dicha querella, la dicha María Vázquez pareció en Sevilla en una casa muy honrada y sin sospecha, y le ha informado que el dicho Bernabé de Espinosa no cometió con ella el dicho delito, y porque el dicho Bernabé de Espinosa está preso en la Cárcel Real de la ciudad de Sevilla; por tanto, que él ahora perdonaba y perdonó al dicho Bernabé de Espinosa de los dichos delitos contenidos en la dicha su querella, y no le pedirá ni demandará en razón de ellos cosa alguna ahora ni en tiempo alguno ni por alguna manera, y si alguna cosa le demandare, que sea rechazado como no procedente y le pagará todas las costas y gastos que en razón de ello se le recrecieren, con mas 50.000 maravedíes de pena en que deba, y luego se dió por condenado y dió por ninguna la dicha querella y todo lo en dicho pleito probado y actuado, y pidió y suplicó al dicho Alcalde de la Justicia y a los demas Jueces de Su Majestad ante quien la causa pasare, lo suelten de la prisión y remitan su justicia, porque desde luego lo perdonó de los dichos delitos, y juró por Dios Ntro. Sr. en forma de derecho que este perdón no lo hace por miedo ni temor de no alcanzar justicia, sino por servicio de Dios Ntro. Sr. y por las razones que dicho tiene, y por ruego de buenas personas que se lo han rogado, y para el cumplimiento y paga de lo que dicho es obliga su persona y bienes habidos y por haber, y dió poder cumplido a las Justicias del Rey Ntro. Sr. en forma, y renuncia las leyes en su favor y especialmente la dicha Regla del Derecho en que dice de general renunciación, y lo firmó de su nombre, siendo testigos Francisco de Palencia, Juan Rodríguez de Medina, Juan Díaz de Palencia, Juan Payán, Juan de Miranda y Pedro Navarro, vecinos de esta Villa, que estaban presentes.



Con igual base hipotética dejo anotado a este que sigue, Miguel Vázquez, nacido hacia 1580, que bien pudiera ser el hijo más pequeño de Juan Vázquez de Morón: "En dicho día Bernardo de Oliver en nombre de su hermano presentó por testigo a Miguel Vázquez, vecino de esta Villa, que dijo conocer a Francisco Vázquez y que lo ha ido a visitar y visto que está muy malo y a punto de muerte de un dolor del costado, y está muy probe, y si dicho su tutor no le da con qué se pueda curar podría ser que se muriese de la dicha enfermedad, por estar tan probe como está. Dijo ser de edad de veintidós años poco más o menos y no firmó por no saber hacerlo". https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2017/07/notas-varias-2e.html

Para terminar, y con la sencilla intención de dar a esta entrada una extensión similar a las de las demás, dejo unos datos sobre la aldea que fray Antonio Vázquez de Espinosa alardeó de haber incendiado para castigar la idolatría de sus habitantes. Aunque luego en repetidas ocasiones el fraile escribe que dicha aldea estaba desatendida de personal evangelizador, porque los curas que se nombraban para ello preferían pasar las jornadas en poblaciones cercanas de más importancia. O sea, que confiesa el carmelita después de haber reducido a cenizas el pueblecito que la culpa de no saber recitar el Padrenuestro no la tenían los lugareños.

El apellido Esquia* presenta el mismo inicio que el nombre del poblado Esquiliza/Isquiliza, el cual fue destruido por Vázquez de Espinosa, al descubrir en él
prácticas idolátricas
* ESQUIA (apellido yunga en Tarata ) Hidalgo 1997: 437. / ESQUILIZA (poblado quemado por Vázquez de Espinosa en Azapa) / ISQUIÑA (caserío en Camarones,
Mamani 2007). Helena Horta Tricallotis. El Señorío Arica y los Reinos Altiplánicos: complementariedad ecológica y multietnicidad durante los siglos pre-conquista en el norte de Chile (1000-1540 d.C.). Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile. 2010.

A village of wicker, wood and reeds. The Inka village of Pampa Alto Ramírez is situated in the warm valley of Azapa, some 8 kilometers from the coast, upon a high flat alluvial plain that sits between the San José River and a creek that runs into it from the southeast. It consists of a residential area of 30 dwellings, small corrals for llamas, six large underground storehouses with walls covered with plant fiber, agricultural fields and two springs that supplied water for irrigation and drinking. An estimated 150-200 people lived in this village, though this number may have been lower. The site also has a geoglyph (large escale ground drawing) located some 2.5 kilometers south of Cerro Sagrado that depicts human, camelid, serpent and lizard figures. There is also a cementery around 200 meters from the residential area that contains around 70 tombs in cylindrical holes. The bodies inside ara facing Cerro Sagrado hill, implying that the geoglyph must have been an important shrine and place of worship for the village inhabitans.


Geoglifos de Cerro Sagrado. http://chileprecolombino.cl/arte/arte-rupestre/el-geoglifo-de-cerro-sagrado/

The most striking feature of this settlement is the houses, which are made of light material, showing how the Inka used locally available material and took into account the especific climatic conditions when building their structures.
Although only foundations of the wicker walls and wooden post they used have been found here, it is believed that these dwellings had cane and totora reed roofs. The residential structures were built singly, in pairs or in groups of four with partitions between them, and they had a square or rectangular foor plan. Each unit, ad each room in te collective dwellings, had a fire place for cooking and a small pit in the ground for storing food supplies. The only residence made of solid material was located at the center of the village and was entered up a series of broad steps. This unit had the same form as the others but was built with unfinished stones, perfectly level and aligned in two parallel rows and grouted whit sand and mud. This was apparently the residence of the Inka officials who governed the settlement. Indeed, the only two copper knives or tumis found in the village were found inside this dwelling. There must have been more settlements such as this one in the middle reaches of the Azapa River and the neighboring Lluta valley, connected with other groups that also were part of Tawantinsuyu, such as those buried in the coastal cemeteries found at Playa Miller and the like, or in places such as Mollepampa, further up the Lluta valley.
The remains found in the storerooms and waste dumps indicate that the inhabitants of Pampa Alto Ramírez had a diet consisting mainly of maize, chili peppers, beans, squash, arrowroot, wild herbs and guinea pigs, complemented by some fish and shellfish. The tunics of spun wool, the jugs, pedestal base cooking vessels and vessels decorated with stylized llamas, as well as the truncated cone headwear adorned with feathers, all indicate that the villagers were Inka-ruled groups from the highlands. No doubt they were mitimaes who were settled in the valley by the Inka to dry and salt fish, handle agricultural production, extract marine resources and collect fertilizer that the natives gathered from the guano–covered islands off the coast. They also would have organized the transportation of these commodities by llama caravan to Zapahuira and other Inka settlements in the sierra and highlands of Arica.
Because the remains of the wicker walls and wooden posts of the houses were found to be burned in the upper sections, it has been suggested that this settlement is actually Isquiliza, a longstanding indigenous village of the valley that the Carmelite monk Antonio Vásquez de Espinosa claimed to have razed in one of the campaigns to rid the country of idolatry promoted by the Catholic Church in the 17th century. Though fragile, the relics of this Inka village built nearly a half century ago had survived until around 30 years ago, when they were destroyed by road construction crews and the floodplain was leveled to plant crops. (Chile bajo el Imperio de los Incas. Museo Chileno de Arte Precolombino. https://issuu.com/comunicarchile/docs/catalogocompres323_f).

martes, 16 de julio de 2019

Historia de los apellidos, 20a.


Todavía en este siglo XXI se plantean —con perfecta seriedad— dudas sobre el origen del carmelita descalzo fray Antonio Vázquez de Espinosa:
Comenzando por el lugar de nacimiento existe disparidad entre los autores: Jerez de la Frontera y Castilleja de la Cuesta son los lugares barajados.
Ha prevalecido Castilleja de la Cuesta, al afirmarlo el propio Vázquez en la Dedicatoria al conde de Olivares de una de sus obras, el Confesionario General. (Real Academia de la Historia. Antonio Vázquez de Espinosa).
Esta dedicatoria es: “Siendo yo criado y vasallo de V. Exc. desde mi nacimiento, por auer nacido en Castilleja de la Cuesta, villa de V Excelencia, me es connatural en todas ocasiones aspirar a buscar la Excelentissima sombra y protección de tan gran Príncipe y así nuestro Señor se sirua dar larga vida y entera salud a V. Excelencia”. Dedicatoria en el Confesionario general, luz y guía del Cielo y método para poderse confesar.

Para mí, después de haber encontrado alguna actuación del fraile carmelita, abundante documentación de su padre, y el testamento de este último —Juan Vázquez de Morón—, ya no existen tales dudas. Fray Antonio era de Castilleja de la Cuesta. Pero permítaseme una introducción al tema.

La noticia de que fray Antonio Vázquez nació en Jerez de la Frontera fue encontrada por Charles Upson Clark en la Enciclopedia universal Espasa (Upson Clark 1948:III). María N. Marsilli (John Carroll University, Cleveland, USA) y Priscilla Cisternas (Universidad de Tarapacá, Arica, Chile). Los senderos de la idolatría: el viaje de Vázquez de Espinosa por los Altos de Arica, 1618. Chungara, Revista de Antropología Chilena, vol. 42, nº 2, 2010, pág. 466, nota 4. https://scielo.conicyt.cl/pdf/chungara/v42n2/art09.pdf


                           Calle de Castilleja de la Cuesta dedicada a fray Antonio

Uno, en su modestia, no termina de ver la explicación de que a alguien como este indeseable fraile lo disputen fuerzas vivas de poblaciones tan importantes como Jerez, y en menor medida importante Castilleja, por su lugar de nacimiento, tal que si en ello estribara el honor de sus antepasados, o el pan que come, el agua que bebe y el aire que respira su vecindario. Siendo así que a la mayoría de estos vecinos les es completamente indiferente que un personaje como el que nos ocupa haya nacido en la casa de enfrente o en el piso de arriba, si exceptuamos la posibilidad que muchos contemplan de que, merced a una buena campaña de promoción, se pretenda y consiga atraer al turismo cultural o a historiadores internacionales que formen simposios y jornadas de investigación, dinamizando así la economía. Así sí, se interesaría la población, sin hacer ascos a mayores o menores fraudes históricos.
En pos de esta dinamización cultural y económica, que, como queda dicho, a la postre es lo único que queda y cuenta para la inmensa mayoría de comedores de pan, (como dijo el clásico), se está cometiendo el referido fraude histórico cuando por todas instancias se ensalza, engrandece e intenta promocionar una figura como la de fray Antonio Vázquez de Espinosa, siniestra como todas las que a modo de puntas de lanza abrieron camino a lo largo de los siglos a las hordas de ganapanes piojosos que en sucesivas oleadas arrasaron con maravillosas culturas indígenas, en pro de llenarse de oro las pringosas faltriqueras. Como ejemplo de estas puntas de lanzas revestidas con hábitos monacales y enarboladoras del reseco y tóxico libro de las supersticiones semíticas, léase la Biblia, el castillejano fray Antonio Vázquez de Espinosa nos viene pintiparado, sobre todo también, y como "valor añadido", por la estela que arrastra de historiador trapalón y mentiroso, retorcido oficio vergonzante que el de Castilleja sabe aderezar —todo sea por conseguir con morbosidades infames más lectores— con una crueldad insólita y despiadada. Pero voy a dejar hablar a quienes han estudiado con mucho más detalle su repugnante personalidad, como son las mencionadas arriba, profesoras María N. Marsilli y Priscilla Cisternas, en Los senderos de la idolatría:
"viajero acucioso, .... su texto no ha estado exento de cuestionamientos y críticas. [...] En 1618, el carmelita descalzo Antonio Vázquez de Espinosa escribió para los Altos de Arica: "Quemé un pueblo que se llamaba Isquiliza, porque los mas eran idólatras, muchos avían que no se avían confesado en su vida". [...] ¿Es fiable la fuente producida por el carmelita? ¿Son sus observaciones representativas de la situación por la que atravesaba la conversión nativa en la zona hacia inicios del siglo XVII? [...] Estamos, entonces, de frente a un fraile  letrado, con extensa experiencia mundana lograda en sus viajes, quien está habituado a buscar y mantener estrechas alianzas con las más altas esferas del poder político en la corte del imperio español (consultor del Santo Oficio de la Condesa de Olivares, o dicho de otro modo, su confesor, que venía a ser su consejero privado), y geógrafo informante del Conde-Duque. [...] El poder del Conde-Duque se demuestra en el hecho de que su esposa, la Condesa de Olivares, fue camarera mayor de la Reina, a pesar de que dicho cargo era destinado exclusivamente para mujeres viudas. Dentro de las funciones de la camarera estaban la asistencia personal de la reina y algunas atribuciones de gobierno. Este cargo suponía contacto físico y directo con el soberano [...] El autor se autoconstituye en testigo de vista (en los pueblos de Lluta, Sacsama, Timar, Codpa, Cibitaya, Isquiña, etc.) [...] Un elemento que según algunos estudiosos resta veracidad a la obra son las distintas y extensas regiones que Vázquez de Espinosa sostiene haber visitado. Existen serias dudas de que recorrió las Antillas, Venezuela, Colombia y Bolivia. En el caso del reino de Chile, la evidencia sugiere que algunos pasajes de su descripción habrían sido extraídos de otras fuentes, como las crónicas de Antonio de Herrera y del Inca Garcilaso de la Vega. Para el caso del Perú, el mismo Vázquez de Espinosa menciona que utilizó la descripción realizada en 1610 por don Jerónimo Maldonado de Buendía. [...] Otro cuestionamiento a la validez del "Compendio" es la fecha de datos del censo de tributarios que aparece en el texto. En el caso del Alto Perú, las cifras que el carmelita ofrece carecen de precisión, desconociéndose si fueron recogidas durante el mandato de Montesclaros, Luis Velasco o Esquilache. Los antecedentes entregados carecen de valor cronológico ... y no queda claro si estos fueron copiados de fuentes oficiales de España o documentos a los cuales el carmelita tuvo acceso durante su viaje por América. Estas imprecisiones han ocasionado que especialistas que han estudiado el "Compendio" se interroguen sobre quién copió a quién. [...] Un viajero acucioso como Vázquez de Espinosa (¡iracundo!), un hombre por naturaleza ambicioso, un fraile ávido ... y sobre todo, un cortesano ansioso de ganar el favor de las más altas esferas de poder político dentro del imperio español. [...] El "Compendio" de Vázquez de Espinosa debe ser entendido como una explicación post-factum de un viaje de largo y poco definido itinerario que el autor realizó por los dominos españoles del Nuevo Mundo. Los motivos iniciales del periplo no son conocidos. En cambio, la agenda ulterior del autor se puede suponer con facilidad. Vázquez de Espinosa elaboró su texto a su regreso a España, cuando ya era parte del selecto círculo de poder político de la corte imperial. Se trata, entonces, en realidad de una relación de méritos y servicios que debía servir a consolidar la posición del carmelita dentro de la red de poder del Conde-Duque de Olivares. La voz de Vázquez de Espinosa no es inocente ni desinteresada, sino que su prosa es la visión oficial-idelalizante de la administración imperial. Denuncia lo que a ojos del sistema debe ser corregido e intenta obtener buenos  beneficios personales de sus referidas acciones e ideas y en este contexto deben ser entendidas sus observaciones. [...] Acepta la posibilidad de convertir a los indios vía la persuasión y, por otra parte, se inclina ante una postura más violenta. Esta ambivalencia entre discurso y acción por parte del carmelita pone en evidencia la "liminalidad" del autor. [...] La quema del pueblo de Isquiliza, real o ficticia, indica las deficientes condiciones de la vida religiosa... . [...] La simultaneidad de discursos (geográficos, políticos, moralizantes, teológicos) sirve eficientemente a sus múltiples ambiciones personales: geógrafo, etnógrafo, misionero, teólogo".

En la primera edición en español del Compendio de Vázquez de Espinosa, Upson Clark introdujo los primeros datos biográficos sobre el cosmógrafo andaluz, resultados de una investigación que duró un año en distintos archivos. La referencia más antigua a Espinosa se encuentra en la Question moral si el chocolate quebranta al ayuno eclesiastico, de León Pinelo, que data de 1636, en la que lo describe como:
Religioso de la Orden de N. Señora del Carmen, y muy versado, i entendido en todas las materias de Indias, por aver estado muchos años en el Perú, i en la Nueva España, de que sacó muchos papeles, mapas, i relaciones en esta Corte, que sirvieron en negocios importantes, i tenía començada a imprimir la Descripción de las Indias, de que hago mencion en mi Biblioteca, quando murio; privandonos su muerte de la obra de mas provecho que tuvieramos en la materia (100).
La biblioteca a que hace referencia Pinelo es su propia Epitome de la Biblioteca oriental i occidental, náutica i geográfica, publicada en Madrid en 1629, por lo que no queda duda de que para la tercera década del siglo XVII Vázquez de Espinosa era ya un escritor reconocido en su medio.

(100) Antonio de Pinelo fue un cronista vallisoletano de origen, judeoconverso que buscó refugio en América por la persecución a la que su familia fue sometida por la Inquisición, se cree que conoció allí a Vázquez de Espinosa la Question a la que hago referencia la escribió cuando ocupaba el cargo de Relator del Consejo de Indias (1636-39). León Pinelo en Upson Clark, C. Op. Cit., p. III. Alfonso Enrique Hernández Roldán. Cosmografía colonial en América. La Descriptión de Vázquez de Espinosa y el Theatro Americano de Villaseñor y Sánchez. Universidad de Valladolid. Facultad de Filosofía y Letras. 2016.


Empezando por la primera aparición del carmelita —como "Antón Vázquez"— en la documentación referida a nuestro pueblo, ya se atisba un espíritu intrasingente y radical dedicado, aun a altas horas de la madrugada, a reprimir y castigar comportamientos no acordes con el rancio cristianismo de la Iglesia del Imperio. Entiéndase, comportamientos de los más vulnerables, los pobres, los viejos y las viudas, porque luego demostraría que al mujeriego Conde Duque de Olivares no le tuvo en cuenta sus pecadillos, antes bien como confesor que llegaría a ser de la Condesa, la convenceria de llevar la formidable cruz córnea con resignación.

En Castilleja de la Cuesta, sábado 3 de enero de 1604, Francisco de Palencia, Alcalde Ordinario de dicha Villa por el estado de los caballeros hijosdalgo de ella, dijo que a su noticia ha venido que Cristóbal Moreno, Alguacil del Concejo de esta dicha Villa, anoche andando en la noche que se contaron 2 días de este dicho mes y año, andando rondando por esta Villa como es costumbre había preso a Antonio García y a Catalina Pérez, vecinos de esta Villa, por sospecha de haberlos hallado en casa de la dicha Catalina, diciendo que eran amancebados, llevándolos a la Cárcel Pública de esta Villa. Y para interrogarlos y hacer justicia el dicho Alcalde Ordinario fué a la Cárcel, y recibió juramento de la dicha Catalina Pérez, la cual declaró ser viuda y que ayer viernes por la noche la prendió el Alguacil porque la había hallado acostada en su cama con Antonio García, en las casas donde la confesante vive, y como lo halló acostados los prendió, a pedimento de Simón de Santillán su hijo. Preguntada que cómo y porqué Antonio García había entrado en su casa y se había acostado con ella, y cuanto tiempo hacía que se trataban y comunicaban de esta manera, dijo que puede haber un año poco más o menos que dicho Antonio García trató de casarse con ella, y se lo dijo y le dió palabra, y se trataron y comunicaron debajo de este concierto hasta anoche, carnalmente como marido y mujer, y así, anoche, el dicho Simón de Santillán visto que no se casaban el uno con la otra entró con el Alguacil en la casa y los hallaron acostados desnudos como marido y mujer, y Simón de Santillán dijo a Antonio García que qué hacía allí, y Antonio García dijo que estaban allí acostados, que lo dejase vestir y se iría, y Simón de Santillán le preguntó que si se había de casar, y Antonio García dijo que no quería casarse, que lo dejase ir, que él lo tendría en secreto, y entonces visto esto el dicho Alguacil los prendió a los dos y los puso en la cárcel. Preguntada que si en el año que se conocen fué persuadida por Antonio García o por otra persona de que se casaría con ella, dijo que ambos a dos se conformaron y concertaron de casarse. Preguntada que a qué hora entró Antonio García en su casa y si entraba por la puerta o por encima de las paredes, dijo que siempre que Antonio García iba a su casa era de noche y entraba por la puerta de la calle, que ella le abría debajo de la palabra que le había dado, y que esta era la verdad so el juramento que tiene hecho, y dijo ser de edad de 50 años poco más o menos.
En dicho día sábado 3 de enero dicho Alcalde Ordinario Francisco de Palencia estando en la Cárcel Pública de esta Villa tomó juramento a Antonio García el viejo, y le fué preguntado sobre lo contenido en la cabeza del proceso, y dijo que lo prendió el Alguacil a las 2 de la noche antes del amanecer, viniendo el declarante de su casa y yendo a chiflar (1) a su chifle, y llevaba un chifle en la mano, y que pasando por la puerta de Catalina Pérez, que es viuda, vió estar la puerta entreabierta y vió que había lumbre dentro de la casa, y entró para que le encendiese el mechón (2), y le dijo este declarante a la dicha Catalina Pérez que le echase unas ... a unas calzas, y estando hablando con ella estas palabras llegó Simón de Santillán y cerró la puerta de la calle, y vino a llamar al Alguacil y a otro hermano suyo, y al poco vinieron el Alguacil y Sebastián Pérez su hermano (3), y Juan Vázquez de Morón y Antón Vázquez su hijo (4), y entraron en la casa y adonde este confesante estaba y los prendieron. Preguntado que si es verdad que puede haber un año trató con Catalina Pérez de casarse y le dió su palabra, y bajo ella trataba y comunicaba carnalmente con dicha Catalina Pérez, entrando de noche y por la puerta de la calle, especialmente el viernes a media noche cuando Simón de Santillán y el Alguacil los encontraron acostados y los prendieron, dijo que lo negaba, y que esto es toda la verdad. Dijo ser de edad de 50 años poco más o menos.
En dicho día sábado 3 de enero de 1604 el Alcalde Ordinario Francisco de Palencia mandó notificar a Catalina Pérez que si quería querellarse contra Antonio García, con apercibimiento de que por oficio él iría contra los dos en la causa abierta por razón de la culpa que contra ellos resultare, y Catalina Pérez respondió que se querellaba contra el dicho Antonio García.

(1) "... todo parece indicar que el término "chifle", al menos en nuestra localidad, poseía un significado más amplio que el que documentan las obras de referencia al uso**. Así lo constatamos en los protocolos notariales, en los que, por ejemplo, se habla de chifle junto a árboles frutales, dando a entender ser otro árbol: "... en la esquina de la viña hay cinco higueras, dos naranjos y un chifle..."; y también "... Fulano arrienda a Mengano un chifle ... " que sugiere que el objeto del contrato es un lugar o puesto de caza; o incluso "... cortar las ramas de un chifle ..." y "... podar un chifle ... ". En algún lugar lo hemos leído identificado como encina***.
Por otra parte, abundaba en la terminología alixareña el verbo "chiflar", igualmente con un sentido más extenso que el de meramente soplar el reclamo. Se trataría "ir a chiflar o ir al chifle" de "ir a cazar zorzales", y en algun documento, del acto ya referido de podar o cortar las ramas del árbol que serviría de puesto". https://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2011/04/los-juanguren-y-el-espadero-15.html

(2) El mechón de alguna clase de farol con el que se alumbraban los que andaban por las calles de noche.

(3) Sebastián Pérez fue bautizado por el cura Juan Martínez en la iglesia de Santiago el domingo 1 de febrero de 1573; era hijo de la dicha Catalina Pérez y de su marido Diego de Santillán, fallecido ya cuando ella fué encarcelada por ejercer su derecho a hacer el amor.
A su hermano Simón de Santillán le correspondió un lote de tierra de los muchos que, a tributo, el Conde de Olivares repartió a vecinos de Castilleja, en término de Valencina del Alcor. Entre los perceptores también estuvo Juan Vázquez de Morón.

(4) Extraña hora para estar despiertos. Probablemente el hijo y el padre fueron avisados por Simón de Santillán para que actuaran como testigos y, puesto que con toda seguridad Antón Vázquez era ya religioso, formalizase alguna ceremonia in situ en orden a comprometer en matrimonio a los dos cincuentones. En un pueblo tan pequeño estas situaciones eran del dominio público, por lo que fray Antonio Vázquez ya estaría prevenido y alerta, quizá también por amistad con el hijo de la viuda. Se me antoja que el carmelita era una especia de Policía General de las Buenas Costumbres de Castilleja de la Cuesta.


Juan Vázquez de Morón, padre del Engendro Descalzo, otorgó testamento estando "enfermo del cuerpo" dos meses antes de que se cumpliese el plazo de devolución de las 4 fanegas de trigo que el Pósito de Castilleja le había prestado, como veremos luego en detalle. Juan Vázquez de Morón, vecino de Castilleja de la Cuesta y natural de la villa de Morón de la Frontera, hijo legítimo de Juan Martín Vázquez y de Catalina Rodríguez, enfermo del cuerpo y sano de la voluntad, otorga testamento. Manda ser enterrado en la iglesia de Santiago de esta Villa, y encarga misa de réquiem cantada y ofrendada, y cuatro misas rezadas, y que acompañen su cuerpo cuatro clérigos más los de esta Villa. Manda decir otras nueve misas rezadas, más una en la capilla del Obispo de Escalas, otra en la Victoria de Triana, otra en el Hospital de la Paz, otra en la capilla del Cristo de San Agustín, otra en el altar de Nuestra Señora de las Aguas de San Salvador, y otra en el convento de Nuestra Señora de las Mercedes de la ciudad de Sevilla, en los altares privilegiados donde se saca ánima del Purgatorio, y que se pague por ellas la limosna que fuere costumbre. Manda que se diga por su ánima en el monasterio del Carmen (1) de la ciudad de Sevilla una misa rezada en el altar donde se saca ánima. Manda otras 79 misas que se digan donde le pareciere a su mujer, que se dirán más presto, en que rueguen a Dios por su ánima. Manda que se digan por las ánimas de las personas a quien él haya sido alguna cosa a cargo sin saberlo diez misas rezadas. Declara que debe a Juan Alonso el diezmo de un potro y 8 reales de un poco de alcacel (2) que le vendió, que todo lo que le debe son 14 reales, que manda que se le paguen. Declara que debe a Ponce del Merio, vecino de Valencina del Alcor, 3 almudes de trigo de diezmo, y manda que se le paguen. Declara que al tiempo y sazón que él se casó con Leonor García, su mujer, ella trajo a su poder ciertos bienes que podían valer 50 ducados, y así lo declara "para el paso en que está". y manda que se le paguen. Él trajo al matrimonio dos vestidos y ... ... que tienen multiplicados entre ambos. Quiere y es su voluntad que se dé a fray Antonio su hijo, fraile de Nuestra Señora del Carmen, un hábito entero con su capa, capilla y escapulario nuevo (3). Quiere y es su voluntad que su mujer Leonor García sea tutora y curadora de las personas y bienes de Juan Vázquez, Miguel Vázquez, Sebastiana y Ana María, y Francisco y Jusepe, sus hijos con dicha Leonor, y que esto sea mientras ella no tome estado. Manda por el ánima de su padre 10 misas rezadas. Nombra por albaceas a su compadre Jusepe Cornielles y a su dicha mujer Leonor García. Y por sus herederos universales nombra a Juan Vázquez, Miguel Vázquez, fray Antonio Vázquez, Sebastiana y Ana María, y Francisco y Jusepe, sus dichos hijos. Dado en Castilleja de la Cuesta en 1º de mayo de 1607, siendo testigos Juan Alonso, Pedro Alonso y Juan Gusano, vecinos de esta Villa. No firmó por no saber escribir.

(1) Donde profesaba su hijo. https://es.wikipedia.org/wiki/Convento_de_los_Remedios_(Sevilla) 



(2) Alcacel o alcacer: de uno u otro modo se halla escrito, pero es más usado alcacer. Es la mies de todo género de grano cuando está verde y va creciendo, antes que acabe de secarse y granar, pero con más propiedad se dice de la cebada mientras está la caña tierna y tiene el grano de la espiga por cuajar, que entonces sirve para purgar y engordar caballos y mulas. [...] Voz árabe de Casele, Casel o Casil, que según el P. Alcalá, y Juan López de Velasco, citados por Covarruvias, significan no dejar crecer ni llegar a madurar, y añadido el artículo Al, y con pequeña corrupción se dijo Alcacel o Alcacer. [...] Ya está duro el alcacer para zampoñas. Refrán que explica que el adulto o envejecido no está dispuesto para ser corregido, o enseñado. Y también significa que pasada la razón y oportunidad de los negocios, es dificultoso dirigirlos después al fin que se desea; como el alcacer, que una vez endurecido o seco, no está tratable para que los muchachos de sus cañas hagan zampoñas o flautillas. El refrán lo usa Cervantes en el Quijote, Parte 2ª, cap. 73. Diccionario de Autoridades.
Antonio Nebrisense, fárrago hordeacea, es la cevada verde antes de que acabe de granar, que suele segarse para mantener las bestias y purgar y engordar los caballos. Diego de Urrea dice ser arábigo, dicho casilan, del verbo casele, que significa no dejar crecer ni llegar la cosa a su sazón; de allí casel, al casel, y la S en Ç (que es ordinario cerca de los hebreos y arábigos) al-caçel. Juan López de Velasco, alcacel, cacil. Proverbio: "duro es ya el alcaçel para çampoñas". Los niños suelen hacer de las cañas del alcacel, cuando está tierno, unas pipas que suenan; pero si se endurece no les pueden servir para ellas; acomódase a los que están envejecidos en algún vicio, que habiéndole convertido en casi naturaleza no los pueden apartar de él, y también a los viejos cuerdos, cuando los quieren persuadir a tratar cosas de moços. Cuando el alcacel está tierno y bajo, que aun no ha brotado la espiga, dicen estar en berça. Tesoro de la Lengua Castellana. Covarruvias.

(3) El escapulario monacal es una pieza de tela parte del hábito de algunas congregaciones religiosas católicas, masculinas y femeninas (carmelitas, trinitarios, mercedarios, dominicos, etc). Consiste en una tira con una abertura por donde se mete la cabeza y que cuelga sobre el pecho y la espalda, pendiente de los hombros (en latín, scapula) Es parte del traje de faena usado por los monjes benedictinos entre otros y es símbolo del yugo de Cristo. Wikipedia.

jueves, 11 de julio de 2019

Historia de los apellidos, 20.




"El tiempo es un tembloroso y exigente problema para nosotros. 
[...] Una de esas oscuridades [inherentes al tiempo], no la más ardua pero no la menos hermosa, es la que nos impide precisar la dirección del tiempo. Que fluye del pasado hacia el porvenir es la creencia común, pero no es más ilógica la contraria, la fijada en verso español por Miguel de Unamuno:

Nocturno el río de las horas fluye
desde su manantial que es el mañana
eterno...

Ambas son igualmente verosímiles —e igualmente inverificables. Bradley (1) niega las dos y adelanta una hipótesis personal: excluir el porvenir, que es una mera construcción de nuestra esperanza (2), y reducir lo "actual" a la agonía del momento presente desintegrándose en el pasado".

Jorge Luis Borges. Historia de la Eternidad.

(1) Francis Herbert Bradley (1846-1924), filósofo británico exponente del idealismo absoluto, un sistema que concibe el conjunto de la realidad como producto de la mente y no como algo percibido por los sentidos. Su filosofía deriva directamente de la obra del filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel. (Wikipedia).
(2) Un testamento es la más patética "construcción de nuestra esperanza".


VIENE DE LA ENTRADA ANTERIOR. En resumidas cuentas, doña Cruz, madre del dueño de la hacienda San Ignacio, y sus hermanos mayores de edad, intentaron ante la Justicia que se declarase nulo el testamento otorgado por su otra hermana Anselma, en el cual nombraba por sus herederos a los restantes hermanos. La dicha madre de don Teodoro Larrinaga no pretendía otra cosa que obtener los bienes que Anselma había heredado a su vez del padre de todos ellos, don Ramón el armador, aun a costa de incapacitar legalmente a Anselma con base en ciertos ataques de histerismo de su adolescencia. Como quiera que ésta gozaba de la protección de su tío Miguel, tampoco dudó doña Cruz en involucrarlo en una administración fraudulenta de los bienes de dicha Anselma. El resultado del pleito fue la validación a todos los efectos del testamento de Anselma, lo que ocurrió definitivamente en el año 1915.




El dueño de la hacienda de San Ignacio alimentaba, a pesar de los pesares, más veleidades aristocráticas que las del condado de Arana:
Anunciando haber sido solicitada por don Teodoro de Arana y Larrinaga la rehabilitación del título de Conde de Luzarraga. Don Teodoro de Arana y Larrinaga ha solicitado la rehabilitación del título de Conde de Luzarraga, concedido en el año de 1873 a don Francisco Gabriel de Luzarraga, y en cumplimiento de lo dispuesto en el artículo tercero del Decreto de 4 de junio de 1943 se señala el plazo de tres meses a partir de la publicación de este edicto, para que puedan solicitar lo conveniente los que se consideren con derecho al referido título. Madrid, 6 de diciembre de 1954. El Subsecretario, R. Oreja. Boletín Oficial del Estado nº 350 de 16 de diciembre de 1954.
En 1955 a don Teodoro de Arana y Larrinaga se le unió don Ricardo Luzarraga Anchuastegui (¿su tío materno?) en la solicitud de rehabilitación del título de Conde de Luzarraga.


La cosa fue lenta, porque más de diez años después, por diciembre de 1965, todavía andaba el Ministerio de Justicia con los trámites. A la petición de rehabilitación se añadieron entonces Miguel de Larrinaga y Clavero y Enrique de Rocafort y García.


El título al que pretendía el dueño de la hacienda San Ignacio y sus adláteres, —el condado de Luzarraga—, no era baladí, ciertamente. La casa nobiliaria de Luzarraga tiene su origen en la nobleza vasconavarra de 1650, y debe su nombre al almirante Manuel Antonio de Luzarraga y Echezuria. Hidalgos desde dicho año del siglo XVII, su ascenso se produjo en 1839 fundamentalmente por el apoyo prestado a la corona en la persona de la reina María Cristina de Borbón (tatarabuela de Felipe VI el Preparao) durante su exilio en Paris. Su hija Isabel II lo confirmó por Real Decreto el 20 de enero de 1873. Con la dignidad de conde de Luzarraga fué agraciado Francisco Gabriel de Luzarraga y Rico, hijo del general Manuel Antonio de Luzarraga (1) y de Francisca Rico y Rocafuerte (2).

(1) Prócer de la independencia de Ecuador y primer banquero de dicha nación. "Nació en el puerto de Múndaca, señorío de Vizcaya, España, el 1°. de octubre de 1.796. Hijo legítimo de Manuel Antonio de Luzarraga y Basterrechea y de María de Echezurria y Basaran, campesinos pobres de esa región.
En 1.811 se alistó de Guardia Marina. "Ya desde España había hecho ostensible sus ideas por la República, no sólo en vista de la triste situación a que estaba reducido el lamentable monarca, sino contagiado por las ideas de Francia, lo que le había traído reprensiones disciplinarias a bordo". Tres años después llegó a Guayaquil a bordo de la fragata "Gerona" y aquí se quedó con sus compañeros Juan José Casals y Francisco de Reina y Martos, dedicados al negocio de cabotaje.
En 1.816 adquirieron la goleta "Alcance" a su dueño José de Villamil, destinada al tráfico con el Callao y que tuvo destacada actuación en la campaña libertadora. En 1.818 Luzarraga manejaba las oficinas y el Capitán Manuel Loro, de nacionalidad española, la nave; y ambos pudieron constatar las injustas trabas aduaneras existentes en el régimen colonial, que impedían el desarrollo y expansión comercial de Guayaquil. Ya para entonces mantenía relaciones de comercio con el coronel Jacinto de Bejarano, quien los había garantizado en la compra y apoyaba económicamente en sus negocios". http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo3/l5.htm 



                                                           Goleta "Alcance".

"En los billetes impresos en Londres en 1863 por la Casa Bancaria Luzarraga, figuran los retratos de Manuel Antonio de Luzárraga y de su esposa Francisca Rico Rocafuerte". https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Luz%C3%A1rraga#Los_Luz%C3%A1rraga_Vasco_Franceses

En 1852, Manuel Antonio de Luzárraga regresa a Bilbao a visitar a sus padres Manuel A. de Luzarraga y Basterrechea y María de Echezurria y Basaran, llevando consigo cargas de cacao como presente para limar asperezas entre ellos, aun así jamás le perdonaron haber "traicionado al Rey Fernando VII de España en 1.820" en las Guerras de Independencia americana cortando con él toda relación cercana.
De todas maneras extendió su visita hasta Mundaca y obsequió a la iglesia parroquial de Santa María donde le habían bautizado, una hermosa campana de bronce que aún se conserva en dicho lugar con el grabado:
"Fue dorado este Altar y erigido su nuevo presbiterio a expensas de Don Manuel Antonio de Luzárraga". http://diccionario.sensagent.com/Francisco%20I%20Conde%20de%20Luz%C3%A1rraga/es-es/#anchorWiki

(2) Sobrina del que fuera Presidente de la República de Ecuador Vicente Rocafuerte y Rodríguez Bejarano. Vicente "estudió en los colegios de nobles de Madrid y de París, donde trató a Carlos Montúfar, uno de los protagonistas de la independencia quiteña, y a Simón Bolívar. A los 24 años de edad regresó a Guayaquil. Fue apresado en 1809, pues su tío el coronel Jacinto Bejarano se carteaba con los patriotas quiteños de agosto. Sirvió a la ciudad como alcalde ordinario, y Guayaquil lo eligió su representante ante las cortes de Cádiz (España). Cuatro años permaneció en Europa. Se unió a la Junta Central de Gobierno contra la invasión napoleónica de España; se integraron también Olmedo y José Mejía Lequerica con intenciones de lograr la independencia de España. Rocafuerte se unió al grupo liberal de la junta; pero fue perseguido al volver al poder el rey Fernando VII (1814). Regresó a Guayaquil en 1817." https://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Rocafuerte

Regresemos nosotros también, pero al Occidente castillejano, tras este periplo ultramarino:



Fachada de la Hacienda de San Ignacio. En primer término, en la sombra, uno de los sufridos borriquitos, —quizá el último que arribó a Castilleja— cargado de cacharrería alfarera que surtía de menaje a nuestros hogares, antes de que las grandes superficies los plagaran con aceros inoxidables y plásticos.


La última administradora de la hacienda fue Estíbaliz de Rozas —desconozco el parentesco con los antiguos dueños, pero lleva el mismo apellido—, quien con su marido Eugenio y sus hijos Valentín, Maria Milagros y Emilia constituyeron el 29 de diciembre de 1989 una empresa llamada Marianao S.A. para la adquisición y construcción de fincas urbanas con el fin de explotarlas mediante arrendamientos.
Iniciaron Marianao S.A. con la aportación de dicha hacienda San Ignacio y dos solares colindantes. Estando la finca muy deteriorada, Eugenio y su esposa habían decidido acometer obras de rehabilitación tres años antes, desde 1986. Valentín el hijo junto con su esposa Esther se trasladaron a Castilleja para vivir con sus padres en la hacienda y colaborar en las tareas de gestión, contratación de profesionales y supervisión de las obras en todo el proceso de reforma.
En enero de 1991 presentó Valentin, como director apoderado, solicitud de licencia para el restaurante Almazara, integrado en el conjunto de la hacienda y el hotel, —que disponía de 12 habitaciones y una suite—. Valentín y Esther de mancomún actúan como gerentes y directores del hotel y restaurante.
En 1999 a petición de sus padres Eugenio y Estíbaliz, Valentín se traslada con su esposa a vivir a la urbanización Club Zaudín en Tomares, cargándose los gastos de sostenimiento de la familia mensualmente en la cuenta de Hacienda San Ignacio S.A (seguros de automóviles, seguro de vida, impuestos de circulación de vehículos, teléfonos móviles de uso particular, recibos de luz, gas, agua e impuestos de la vivienda, e incluso el salario y cuotas de la seguridad social de la empleada de hogar que les prestaba servicios).
En jullio de 2003 Eugenio decide constituir un Consejo de Administración para la gestión de Marianao S.A. dado que no estaba generando beneficios. Lo integran María Milagros y Emilia, entre otros. El padre asume el cargo de presidente. Emilia se reúne con su hermano Valentín y le comunica que tenía que relanzar la actividad y esencialmente el restaurante, que incluso se hallaba cerrado al público y al servicio únicamente de los huéspedes del hotel. En noviembre de 2003 se inaugura el restaurante Almazara.
El 6 de junio de 2005 falleció Eugenio, lo que motiva que todos sus hijos (Ariadna, Emilia, Imanol, Blas, Juan Francisco, María Milagros y Valentín) se interesaran por la marcha del negocio. Tras ciertas diligencias acordaron ceder en explotación el hotel a una empresa externa, suscribiendo contrato el 1 de agosto de 2005 con San Ignacio S.L.
Ya en mayo, el día 28, de dicho 2005 se había dirigido comunicación a la mujer de Valentín, informándole de la extinción por desistimiento de parte de la sociedad del contrato de trabajo mantenido entre las partes. Aceptó en concepto de indemnización 25.436 euros. El 27 de septiembre de 2005 Esther interpuso demanda por no haber percibido con anterioridad beneficios de explotación, desde que se integró en Marianao S.A. el 1 de mayo de 1997.
(Ver https://tsj.vlex.es/vid/-32487091?_ga=2.214032018.48753019.1561133855-948001553.1561133855).


He aquí al autor de este blog en la pileta de la hacienda de San Ignacio donde se llenaron años antes los cubos que apagaron el incendio por él mismo provocado. http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2019/06/historia-de-los-apellidos-16.html

Coincidentes con los del apogeo de la Transición, durante los años de hotel y restaurante de la hacienda San Ignacio, cuando todavía no se había abierto la avenida Fernández Viagas, permanecían francos el portalón de entrada y el trasero, abiertos durante todo el día, convirtiendo de esta forma el corredor central y los patios internos en una vía pública transitada por los vecinos de Castilleja, que así acortaban distancia entre la Calle Real y los nuevos barrios del antiguo olivar y viceversa. Esto se permitía —pienso— como una manera de dar publicidad al establecimiento acercándolo a un posible segmento de consumidores, y también como una forma de aceptación por parte de los dueños del ambiente social que se respiraba en aquellos años postfranquistas, cuando el pueblo, las clases populares de la sociedad española, adquirieron (o se les concedió, mejor dicho, probablemente a título experimental) un alto grado de protagonismo e iniciativa incluso al nivel de la vida diaria. Hoy como colegio bilingüe elitista (1), es inimaginable esa "invasión" de transeúntes. Se ha instalado gran número de cámaras de vigilancia que graban incluso amplias zonas de las calles aledañas, hay luces que de noche se encienden por medio de detectores de movimiento por las aceras circundantes, porteros electrónicos en cada puerta, abundancia de carteles de empresas de seguridad y de alarmas, y las puertas y ventanas están herméticamente cerradas a todas horas.

(1) La Consejería de Educación, Cultura y Deporte, más concretamente el servicio de Inspección Educativa, ha incoado un expediente a cuenta de una denuncia promovida por varias familias de antiguos alumnos, así como exprofesores, del centro privado de educación 'Yago School', ubicado en Castilleja de la Cuesta (Sevilla), por presuntas "agresiones físicas", "insultos" y "castigos excesivos" en el trato dispensado a los alumnos, según ha adelantado este lunes 'El Correo de Andalucía' y han confirmado a Europa Press fuentes de la Administración autonómica. https://www.20minutos.es/noticia/2124191/0/

El Juzgado de lo penal 2 de Sevilla ha condenado a dos años de inhabilitación a la directora de admisión del colegio Yago School, de la localidad sevillana de Castilleja de la Cuesta, por dar un trato discriminatorio y no admitir a un niño en el centro debido a que sus padres son una pareja de homosexuales. https://sevilla.abc.es/provincia/aljarafe/sevi-condenan-responsable-colegio-castilleja-cuesta-no-admitir-hijo-homosexuales-201702242005_noticia.html 


Quedaron atrás para siempre aquellas excursiones que las niñas y niños de la calle efectuábamos muy al interior del olivar de la hacienda, el cual antojábasenos un bosque encantado de cuentos de hadas henchido de misterios y de enanitos. Estas marchas obran entre mis primeros recuerdos. Antepongo "niñas" no por seguir la actual corriente de lenguaje inclusivo, sino porque eran ellas, las mayorcitas, con total precisión, energía y efectividad las organizadoras y directoras de aquellas aventuras. Se nos proveía en nuestras casas con la prescriptiva merienda en cestitas y con las imprescindibles cantimploras de plástico de vivos colores, y cuando todo estaba a punto emprendíamos el camino bajo la pureza infinita del cielo azul, en fila india por un sendero casi cubierto por los rozagantes vinagritos que, semejantes a un mar verdeante, ondulaban con sus florecillas, hermosas salpicaduras amarillas, entre las paternales sombras de los viejos aceitunos. Un sin fin de pajarcitos cantores saludaba a la comitiva durante toda la jornada, y preciosos insectos voladores y bellísimas mariposas evolucionaban en torno con amabilísima insistencia, mientras que las lagartijas turquesas tomaban el sol entre los nudos grises de los troncos.
Indefectiblemente la meta y objetivo de la escapada campera era un paraje recóndito y muy alejado de la Barriada hacia el norte que denominábamos con el curioso topónimo de Las Dos Tetas, que a mí, tan niño entonces y exento de libido, se me antojaba una expresión ajena a mi universo infantil, extraña y extrañada como si la pensara tras un velo difuminador, como perteneciente que era a inabarcables e inasequibles entidades espirituales mayores del sexo opuesto.
Las Dos Tetas por fin aparecían en un calvero entre los árboles, en la forma de dos montículos cónicos como de cerca de dos metros de altura y cuatro o cinco de separación entre ellos, igualmente cubiertos, como he dicho del resto del suelo, de espesa y fresca hierba. Nunca supe su origen ni el porqué figuraban allí, en un lugar donde nos imaginábamos ser los primeros en hollar desde el principio de los tiempos. Inmediato a ellos se alzaban casi demolidas ya las ruinas de dos paralelepípedos de obra de albañilería, formados por antiguos ladrillos de tacos, los más de ellos rotos y esparcidos en derredor. Meditaciones posteriores me hicieron llegar a la conclusión de que se trataba de dos bancos que alguien —acaso el señor Arana— había hecho construir en aquel lugar para disfrutar de lo mismo que nosotros disfrutábamos, a saber, de encantadoras merendolas rupestres.
A mí se me antojaba que aquel campo no tenía, en dirección septentrional, límite ni acabamiento. Mi mundo se reducía por entonces a la Barriada, al pueblo, y al olivar inconmensurable. Por eso tengo grabado en la mente el momento sorprendente en que descubrí que estaba equivocado, que esto no era así. Aconteció cuando ya los años nos habían hecho más autónomos e inquisitivos, cuando ya prescindiendo de nuestras hermanas y vecinas emprendíamos descubiertas cada vez más amplias, duraderas y arriesgadas, y desde luego sin impedimentos de cestas o cantimploras sino, todo lo más, con alguna gruesa y elástica vara de olivo en las manos. De pronto, una tarde irreal, con asombro anonadador, se presentó ante mí, tras la última anodina hilera de árboles, un barranquito sin duda excavado por humanos y en su fondo, ¡oh, pasmo increíble! una carreterita alquitranada que se perdía a un lado y al otro entre el tajo sinuoso. Entonces se abrieron en mi espíritu expectativas agridulces que ampliaban de sopetón mi existencia. Había otros mundos por explorar, prístinos e impolutos, que me esperaban, que parecían invitarme a descubrirlos. El desafío que haría de mí otra persona parecía flotar en el aire limpio que respiraba. Luego al paso de las semanas y los meses, como un rosario de tesoros a cual más valioso aparecerían otros campos y árboles, otros caminos, otras barriadas y pueblos y otros paisajes con sus gentes, parecidas a las que tan familiares me eran pero diferentes en sus hablares, en sus talantes, gestos y actitudes. El mundo me parecía un regalo hecho a mi medida, para mi curiosidad y para mi gozo, y sus posibilidades vertiginosas y cautivadoras se abrían tentadoramente a mi alma anhelante. La arrolladora poesía de la vida iba concretándose en mi interior día a día.

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Por redondear un poco el tema de las expropiaciones que el Ministerio de Obras Públicas efectuó en el área cercana a la hacienda de doña Ana Sáinz de Rozas, me referiré a un lugar que constituía un poderoso imán para los chicuelos de la Barriada, y que resultó también arrasado por mor de la construcción de la autopista Sevilla-Huelva. Era un cine popular de verano que iba noche tras noche desvelando el mundo y sus maravillas a los castillejanos, la mayoría de ellos ayunos de letras y, por ende, de información. Se alzaba en la última elevación que bordeaba la Calle Real a su salida hacia Gines, elevaciones conocidas en la localidad por "barranquillas", hoy totalmente domesticadas por medio de modernos ladrillos, losetas y barandas metálicas que forman rampas, escaleras y pasajes (1). Esta última barranquilla estaba justo enfrente del portalón de la hacienda San Ignacio, y su solar —con parte del del cine— lo ocupa hoy Neumáticos y Servicios "El Cruce".


                             La hacienda San Ignacio desde el interior del taller "El Cruce".

En http://blogdecastillejadelacuesta.blogspot.com/2011/03/terraza-cinema.html se hace una sucinta reseña de la historia del Terraza Cinema: "Este cine era propiedad de Francisco Bernal Oliver (2) y su esposa María José Macias de los Santos, se inauguró en julio de 1956. Era un cine muy agradable, su aforo era de 1.500 localidades con una gran pantalla de obra que a causa de un gran temporal se cayó siendo repuesto rápidamente. El ambigú era atendido por dos parientes del propietario, éste a su vez se encargaba de la organización y de la proyección de la película, la entrada costaba alrededor de 5 pesetas.
Junto al cine había unos olivos que servían de tribuna para los chiquillos que no tenían las pesetillas para la entrada y de esta forma veían la película (3).
En el año 1964 debido a que el negocio aflojó bastante (4) su propietario decidió no abrirlo pero sin darle la baja quedando a la expectativa de la actuación del otro cine, el Inés Rosales, y en 1967 desapareció definitivamente ya que fue expropiado por Obras Públicas para la construcción de la autovía de Huelva."

(1) Fueron las barranquillas callerrealengas elementos característicos de Castilleja. No conozco documentación al respecto, pero según mis cálculos, la Calle Real fue nivelada en la segunda mitad del siglo XVIII, a fin de evitar la media docena de cuestecillas que, aunque de poca inclinación, estaban tan seguidas unas de otras que debería ser muy penoso, sobre todo para animales de tiro, el tránsito hacia el interior del Aljarafe. Originalmente este Camino Real por el interior del pueblo propiciaba que las casas de un lado y otro de él estuvieran al mismo nivel, mas cuando se encajonó la vía terraplenando las jorobas naturales del terreno, la comunicación entre los vecinos de dichas casas con las de enfrente quedó interrumpida. Así, quedaron unos barrancos desiguales justo a la salida de tales casas, y el ir y venir de sus habitantes hubo de efectuarse por los estrechos pasillos superiores, con poca comunicación para cruzar la calle. En principio estas barranquillas eran terrizas y al poco tiempo los hierbajos las tapizaban, por lo que paulatinamente los interesados fueron labrándolas por medio de pequeños diques de obra y aun construyendo escaleritas de ladrillo que les permitían bajar a la calzada. Las mujeres solían sembrar geranios, lavandas o hierbabuenas en minúsculas terrazas, que fueron dando a las barranquillas un aspecto agradable. Poco a poco se fueron transformando, hasta que por sucesivas intervenciones de los ayuntamientos obtuvieron el aspecto que presentan hoy, con sus barandas metálicas, su embaldosado, sus rampas de cemento y sus escaleras de losetas.
Asemejábanse hace mucho, ante la percepción infantil de quien esto escribe, enormes acantilados peligrosísimos. En aquellos años solían pasar por la Calle Real de camino a los herbazales del occidente grandes hatos de cabras y vacas, que regresaban a sus establos con la puesta de sol. Las cabras en particular, con esa innata afición que tienen por los terrenos escabrosos y empinados, hacían equilibrios por los taludes creando una red de estrechos senderillos blanquecinos. Yo, que nunca he sido gran escalador, antes al contrario, era presa de la angustia cuando me veía obligado a ir al centro urbano por aquellas elevadas pasarelas. La gente que habitaba las altas casas generalmente humildes, me parecían semitrogloditas que no dudaban en vaciar las palanganas de aguas sucias precipicio abajo hasta las cunetas llenas de jaramagos que flanqueaban la carretera. Incluso algunos desagües de líquidos residuales vertían a dichas cunetas directamente, a la vista de todos.
Siempre que, cada pocos años, se vuelve a abrir la entraña de la Calle Real para cambiar el alcantarillado, instalar cableado, etc., reconstruyo idealmente aquel escenario de la primera intervención en su suelo, con sus obreros sudorosos manejando el pico y la pala, sus recuas de miserables borriquillos acarreando la tierra en enormes angarillas, sus capataces vociferantes, sus grupos de niños absortos en tan desacostumbrada actividad, sus vecinas espiando a través de las persianas...
Con base en estas ensoñaciones elaboré una entrada en esta Historia, dejando volar la fantasía como la hubieron de dejar volar muchos callerrealengos antes que yo: "Parecía la vieja vía aljarafeña desde la altura del cielo una herida de bordes abruptos y fondos intrincados y oscuros, desde cuyas simas emanaban efluvios que habían dormido en la insondable profundidad de un sueño químico,  miles de miles de años. Los montones de tierra húmeda que los obreros excavadores habían extraído a pico y pala cegaban prácticamente puertas y ventanas, y el vecindario hubo establecido un sistema laberíntico de pasillos y puentes precarios para deambular y proveerse de lo más vital y necesario, como alimentos o carbón, hasta que aquella descomunal e histórica obra, ahora paralizada desde hacía una semana, finalizase". http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com/2019/03/interioridades.html

(2) Francisco Bernal —cuyo linaje se halla en Villamanrique de la Condesa— fue un inteligente técnico autodidacta que tras el cierre de su negocio de cinematografía se dedicó a la reparación de televisores, llegando a tal pericia que acabó construyéndolos él mismo. Solía vérsele muy raramente callejeando por el pueblo, hasta el punto que solo lo recuerdo asomado brevemente a la puerta de su casa alguna tarde de verano. La tal casa lindaba con el cine y era, por tanto, la última de los números impares de la vía principal de Castilleja. Se conserva perfectamente con su fachada original.
La madre de Bernal fue Dolores Oliver Chávez, conocida por "Dolores la de la tienda" por la de comestibles que regentaba en la Calle Real en lo que luego sería Calzados Garrudo, linde con el bar La Blanca Paloma. Pariente por partida doble de la familia de quien esto escribe, ya que Chávez fue el primer apellido de mi bisabuela por línea paterna. Dolores la de la tienda era una mujer muy entregada a las causas de la Hermandad de la Concepción, a la que solía donar costosos elementos para adornar a sus imágenes.
Francisco Bernal Rodríguez, casado con Dolores Oliver Chávez, hijo de Francisco y Pilar, natural y vecino de Castilleja en la Calle Real nº 77, de profesión empleado, falleció con 43 años de edad el 1 de mayo de 1928, de enfermedad litiasis* según certificación del facultativo don José Castro Reyes. Fué enterrado al siguiente día tras recibir los santos sacramentos por don Fernando Fernández y Villavicencio, cura de esta Villa. Se le hizo transporte y funeral de 3ª clase, y fueron testigos Gaspar Ruiz y José Adorna, ministros de la parroquia. Libro 8º de defunciones de la Inmaculada,  fol. 68 vto.

* Formación o presencia de cálculos (piedras) en algún órgano del cuerpo, especialmente en las vías urinarias y biliares.

Hermana de Francisco fue María de las Mercedes, nacida en Castilleja el 13 de enero de 1897 a las 2 de la tarde en la Calle Real nº 48 y bautizada en la Concepción el 24 de dicho mes y año. Fueron sus padrinos Feliciano Rodríguez Tafalle y Manuela Rodríguez Montes, casados y vecinos de Gines, y testigos Manuel Vela y Baldomero Tovar, vecinos de Castilleja. Libro 9º de bautismos de la Inmaculada, fol. 34 vto.

Eran hijos de Francisco Bernal Ruiz, natural de Villamanrique, y de Pilar Rodríguez Montes, natural de Castilleja, casados en la Concepción. Los abuelos paternos de Francisco el dueño del Terraza Cinema fueron Francisco Bernal Urbina y Francisca Ruiz ¿Baresal?, naturales de Villamanrique, y los maternos José Rodríguez Martínez y Concepción Montes Montes, él natural de Castilleja y ella natural de Osuna.

(3) En efecto, era digno de ver los racimos de chiquillos enganchados en las peladas ramas de los dos árboles mirando en silencio y con fijeza por encima de la tapia, atentos a la enigmática pantalla. Por lo general las autoridades hacían la vista gorda y, tan solo muy de tarde en tarde, debido probablemente a la alarma de algún adulto temeroso de algún accidente de caídas por rotura de ramas, el municipal, vergajo en ristre, aparecía de improviso en mitad de la sesión y comenzaba a sacudir sin piedad las piernecillas colgantes hasta ultimar completamente la cosecha de aquellas indeseables aceitunas vivientes.

(4) En gran parte por la popularización de los televisores, aparatos que por aquellos años alcanzaron máxima difusión en todos los hogares ofreciendo cómodo "cine doméstico". Tras esta decadencia del Terraza Cinema aconteció su expropiación, como queda dicho.

El atractivo magnetismo de esta moderna Caverna Platónica reconstruida frente al portalón de la hacienda de San Ignacio estuvo en cierta ocasión a punto de costarme la vida o, cuando menos, un serio percance. Pasábamos una tarde un grupito de la pandilla de la Barriada por la acera de dicha hacienda, y, como siempre sin perder la ocasión de fijar toda la atención en la cartelera que anunciaba al otro lado de la calle la próxima proyección cinematográfica del Terraza Cinema. Yo, que ya por entonces acusaba una importante miopía, me lanzé con todo ímpetu a cruzar la carretera para ver con todo detalle el colorido cartel, que todavía hoy recuerdo con los más mínimos detalles: se anunciaba la película ¡Hatari!, con John Wayne y Elsa Martinelli. Era el verano de 1962. La fachada de la hacienda no es totalmente rectilínea, sino que forma un amplio ángulo que oculta la Calle Real desde por donde nosotros nos encontrábamos, así que de pronto se me echó encima nada menos que el autobús de línea, que cubría el trayecto Sevilla-Gines, y que avanzaba a toda velocidad. El conductor tuvo la reacción de, por medio de un volantazo, desviar el vehículo hacia el centro de la calzada, a riesgo de chocar con cualquier otro automóvil que viniese en dirección contraria, y eso me salvó. Ví pasar a pocos centímetros de mi cara todo el lateral del autobús y en un acto reflejo alzé el brazo derecho para protegerme, resultando un rasconazo en el codo con la chapa del gran coche. En mi casa me curaron con el imprescindible mercurio cromo, y todo quedó en el susto. Cierto vecino siempre bienhumorado me bautizó de nuevo como "El niño que paraba los autobuses con el codo".


Justo por detrás de la pantalla del Terraza Cinema pasa hoy la autopista Sevilla-Huelva. A la derecha de la foto (fuera de objetivo) estaban los árboles que usaban los niños para ver gratis las películas.



Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...