lunes, 28 de diciembre de 2020

Los olvidados, 11.

Firma del Delegado de Orden Público de Gonzalo Queipo de Llano, Santiago Garrigós Bernabeu

Si el impredecible Manuel Díaz Criado era el brazo izquierdo del Virrey de Andalucía, el cerebral Santiago Garrigós Bernabeu era el derecho. El primero, torpe, oscuro, emocional, primitivo. El segundo calculador, eficiente, metódico, una auténtica máquina de matar, perfectamente engrasada.

Los pulcros oficios, instancias, y exhortos del comandante Garrigós, sus definidos telegramas y llamadas telefónicas, y sus eficientes guardias, enviados, mensajeros y subordinados, comenzaron a extenderse y a llegar, como los precisos flagelos y exactos tentáculos de un monstruoso ente, vivo pero carente de humanidad, desde a los complejos cuarteles de las grandes ciudades de las provincias occidentales andaluzas hasta a los últimos destacamentos de la Benemérita perdidos en las más remotas aldeas de las intrincadas sierras. 
El monstruo se alimentaba, en primera instancia, del fárrago documental que su antecesor, el desordenado capitán legionario destituido, había dejado en los armarios de sus oficinas y despachos. Y de segundo plato, las delaciones infames de "personas de orden".

Cuando en los centros de detención, en los calabozos y mazmorras, en los campos de concentración, y aun en los escondrijos de "topos" —desvanes, sótanos, fondos de corralillos—, o en los grupos de huidos a las zonas montañosas, se fue conociendo que Manuel Díaz "Criadilla" había sido depuesto, todos respiraron con enorme satisfacción. Las familias obreras sintieron desaparecer de sobre sí el oprobioso agobio de aquella amenaza que día y noche se cernía sobre sus allegados. Pero...  pasaron pocos días para que la cruda realidad devolviera a la gente al mismo, si no peor, estado del que creía haberse librado. 
Santiago Garrigós superaba todo lo previsible e imaginable. Leía, estudiaba, analizaba y corregía cada olvido, cada omisión, cada gesto de clemencia que Criadilla había tenido con los señalados en la documentación judicial. Hacía buscar, perseguir, investigar, acosar, prender y volver a procesar a todo el que, en los papeles, no había dejado una clara trayectoria a ojos oficiales. Ya fuera un pastorcillo menor de edad, un anciano demenciado, una esposa analfabeta cargada de hijos, un estudiante luchando en las filas franquistas. No perdonaba. Y menos a los "nuevamente convertidos".

Para Santiago Garrigós la Luz del Conocimiento, la Perfección, el Bien, la Suprema Esencia descansaba en los papeles judiciales, que veneraba y sobre los que tenía el basamento su existencia vital. Poseído de un gran complejo de inferioridad frente a los militares de carrera (1), muchos de los cuales, —oficiales del Cuerpo Judicial—, elaboraban sus adorados escritos, el delegado de Queipo aferraba su persona reflexiva y pensante en las fórmulas burocráticas tecleadas, en sus encomiendas y órdenes. Todo ello en pro de "hacer mérito", según una expresión muy usada en ambientes cuarteleros. El complejo de inferioridad aludido, intrínseco en el Instituto Armado, tiene su reverso y complemento en el de superioridad que el militar de carrera siente respecto al guardia civil.

La gran familia del Ejército blasona de la limpieza noble de sus campos de batalla exentos de niños, ancianos, mujeres o desvalidos. Allí solo hay hombres en pie de igualdad. El militar ve al guardia civil grosero, inculto, falto de capacidad, un ser de cloacas que por mucho que se lave las manos nunca ameritará un lugar a la mesa de su hogar. El guardia civil se desenvuelve en lo más inmundo del pueblo bajo. 
El guardia civil teme al militar por el puesto que a éste asigna la sociedad. También lo teme por su estoicismo, por su educación en ideales alejados de los materialismos vulgares de la vida, como son el descansado sueño, el tranquilo comer, el orden en las calles y plazas, la propiedad privada, valores éstos cuya defensa da razón de ser al Instituto.

Santiago Garrigós esperaba la oportunidad de resarcir a Manuel el Criadilla del agravio que significaba haber aceptado, de manos de Queipo, su delegación de Orden Público. El guardia civil temía al militar. La organización y disciplina del primero depende de la jurisdicción del segundo. En origen, cuando en la Alta Edad Media la aristocracia formaba sus ejércitos para servir al rey, encomendaban a una subclase de siervos el orden de sus posesiones territoriales mientras efectuaban las lejanas campañas. Ocurrió así en Italia, dando lugar al cuerpo de carabinieri, en Francia, con la gendarmería nacional, y en otros países del área mediterránea.

Aun dentro del Ejército hay escalafones intangibles, no representados por galones, insignias, sueldos o puestos oficiales. Son los que se ganan por liderazgos naturales, por dotes individuales, por fama, azañas, proezas, y en gran parte por atractivo personal —los ejércitos (como la Iglesia) son esencialmente instituciones homosexuales en las que es prescriptivo amar a los mandos—, y Manuel Díaz Criado, en este sentido, era superior. El prestigio de haber servido y luchado allende las fronteras patrias era el principal motivo factual de esta superioridad. Siempre había sido así a lo largo de la historia militar de España, cuando los aureolados combatientes en Flandes, Italia o el Nuevo Mundo eran considerados por la opinión pública los auténticos representantes de los sacrosantos principios nacionales. Ahora, durante la República y la Guerra Civil, eran los excombatientes del norte de África los que se imponían por propios mecanismos naturales de la sociedad. A todo ello temía Santiago Garrigós. La ocasión de compensar a Criadilla se le presentó en Jaén años después, según un adelanto que de ello hemos dado, y que ampliaremos luego: "Seguramente que por tantos méritos contraídos, este soberbio militar [Díaz Criado] podía ser un posible objetivo del grupo republicano que se alojaba muy cerca de allí, en la Fresnadilla. Por eso no dudaba en tomar las precauciones pertinentes cuando decidía pasar temporadas en la finca de Los Mártires". Los olvidados, 9. Diciembre de 2020. 


Licencia de caza de Santiago Garrigós Bernabeu. Más que cazador autónomo, el titular era perro rastreador de las pistas que los jueces militares le indicaban.

(1) Aunque pudiera parecer un caso atípico, ya que se formó en la Academia de Infantería y sirvió en Marruecos, Santiago Garrigós Bernabeu tenía mentalidad de guardia civil. Su padre, Santiago Garrigós Montllor (1a) lo fue, y lo fue también su hermano José Garrigós Bernabeu (1b). Su actuación en el norte de África fue ciertamente anodina.

(1a) Por el catoliquísimo diario El Alicantino del 17 de enero de 1888 sabemos que entre los donantes del Triduo figuraban Magdalena Bernabeu Monllor —madre de Santiago y José Garrigós—, José Bernabeu Monllor, tío materno de los indicados, y Santiago Garrigós Monllor, padre.
Santiago Garrigós Monllor nació en Alicante el 15 de mayo de 1858 e ingresó en la guardia civil el 4 de julio de 1876. "Procedente de Madrid, ha llegado a esta capital el segundo teniente de 1ª guardia civil, D. Santiago Garrigós". La Correspondencia de Alicante, 10 de julio de 1897. Vuelve a salir hacia Madrid a los 14 días, el 24. Como segundo teniente regresa al año siguiente, el 20 de julio de 1898, destinado en comisión de servicio. Garrigós Monllor está en el puesto de San Lorenzo del Escorial.
A teniente primero asciende Santiago Garrigós Monllor en enero de 1903.
Activo en la guardia civil, se presenta como aspirante a teniente del Cuerpo de Seguridad en marzo de 1909. Santiago Garrigós Monllor, teniente primero de la guardia civil, es destinado a Guadalajara en julio de 1916. En noviembre de 1921 solicita licencia por enfermedad. "Anoche se embarcaron para Valverde (Isla de Hierro) don Fernando Andrés, don Marino Barreda, don Francisco Navarro y don Santiago Garrigós, capitán de la Guardia civil". El Progreso, 14 de diciembre de 1927.
El capitán Santiago Garrigós y su esposa regresan de la Península a las Islas Canarias en mayo de 1928, según otra nota de prensa.
Ya vimos en la entrada anterior que su esposa Magdalena Bernabeu Monllor —con la que pudiera haber tenido algún grado de consanguinidad— murió en Fregenal de la Sierra el 20 de agosto, tres meses después de este viaje a Canarias.


(1b) José Garrigós Bernabeu tuvo varias actuaciones en acaecimientos de importancia. En los sangrientos sucesos de Eibar, con abundantes ametrallamientos y tiroteos, muertos y heridos entre la guardia civil y los revolucionarios, alguno de éstos opinaba después sobre el capitán de la guardia civil José Garrigós Bernabeu, jefe de la zona armera: "Una excelente persona, por cierto. Si no hubiera sido por su hombría de bien y por su carácter entero, a la hora de las represalias, éstas hubieran sido terribles". Estampa, 20 de octubre de 1934.


José Garrigós Bernabeu

El cuartel de la guardia civil de Éibar a cuyo mando estaba el hermano de Santiago Garrigós Bernabeu fue asaltado el 5 de octubre de 1934 a las 5 de la mañana por varios grupos con botellas de líquido inflamable y bombas de mano. Los sitiados se defendían con 43 agentes y 1.500 pistolas ametralladoras. En Éibar prosperaban algunos alemanes traficando con armas, y uno de ellos aprovechando un descuido avisó al capitán José Garrigós por teléfono, una hora después, de que los socialistas le iban a requisar el almacén. Garrigós mandó un cabo y varios números que, entre escaramuzas lograron romper el cerco. El almacén del alemán guardaba un millón de cartuchos de escopeta y unas 4.000 armas, entre cortas y largas, que podían haber reforzado a los insurrectos. 
A primera hora del día 7 se declaró la Ley Marcial en toda España. Ver de Jesús Gutiérrez Arosa La insurrección de octubre del 34 y la II República en Éibar. Eibarko Udala, 2001. 

Lo publicado en Estampa no parece cierto a juzgar por los testimonios publicados posteriormente de haber recibido torturas muchos de los sobrevivientes. De hecho el capitán persiguió implacable, hasta Madrid, a uno de los responsables (ver la entrada anterior). Las represalias contra los trabajadores eibarreses fueron duras. Los empresarios eibarreses quedaron muy agradecidos a José Garrigós. Recibía donativos anónimos y de entidades como la Caja de Ahorros Provincial para que los repartiera entre sus subordinados. Garrigós abrió una suscripción nacional para premiar a las fuerzas del orden por aquellas actuaciones. Colaboraban los bancos Guipuzcoano, San Sebastián y Vizcaya.
Como comandante del puesto de Éibar el 17 de noviembre Garrigós desarticuló una red dedicada a facilitar el paso de la frontera francesa a los implicados en los sucesos de octubre, con un costo de 100 pesetas por persona.


Éibar, años 20 del siglo pasado. En tiempos del capitán José Garrigós era alcalde, en segundo mandato, Alejandro Tellería "Alkate Txikixa". En su primer mandato en los años 20 fue procesado por oposición a la guerra de Marruecos y al ejército. 
Tellería, quien tras varias vicisitudes en su huida en la Guerra Civil fue preso por los franquistas, enfermó en la cárcel y murió en el hospital. Cuando su sobrina, sin saberlo, fue a visitarlo, una monja le dijo: "Ha muerto como un perro. Lo hemos enterrado como un perro".

José Garrigós había ascendido a capitán en febrero de 1927. De teniente se empleó a fondo en la resolución del llamado "crimen de Aravaca" —barrio madrileño situado a 8 kilómetros del centro de la ciudad—, cuando a finales de 1926 varios labriegos parientes del marido de cierta mujer que vivía en una casucha aislada, creyendo que poseía un tesoro la mataron. La prensa de aquellos días dio amplia repercusión al suceso.


En la entrada anterior lo documentamos como ganador del primer premio nacional de tiro con arma corta, el mismo año en que murió su madre, Magdalena Bernabeu. En la foto, a la izquierda del rey, con ocasión del referido premio de tiro.


Ingresa en la Academia Militar de Infantería Santiago Garrigós Bernabeu en junio de 1907, superando los años siguientes los exámenes de final de curso. 
Biógrafos favorables y apologistas de su persona inflan su expediente, como el periodista que escribe en ABC de 3 de diciembre de 1937 asegurando que salió de la Academia en 1913 con la graduación de alférez, y que inmediatamente marchó voluntario a Marruecos, a Cazadores de las Navas, donde sirvió durante los años 13, 14 y 15, tomando parte en varias operaciones de guerra y ganando varias cruces. Desde Marruecos pasó a Madrid unos meses, al regimiento de Asturias. "Ingresó en la Guardia Civil en mayo de 1916, hasta 1920, en que fue destinado a Extremadura. Aquí estuvo hasta 1922 en que ascendió a capitán, siendo destinado a San Sebastián. En 1928 fue destinado a Huelva hasta el año 1932, a raíz de los sucesos de agosto, en que pasó a Sevilla.
En el año 1935 ascendió a comandante, desempeñando con gran acierto varios cargos en esta Comandancia. En Sevilla, fue testigo del Movimiento Nacional, a cuyo triunfo cooperó con decisión y entusiasmo.
Estallado el Movimiento Salvador, el comandante Garrigós, al frente de cien hombres, tomó el pueblo de Castilblanco de los Arroyos (1), liberando a los guardias civiles de este pueblo de un feroz asedio y asalto con bombas de mano, de los elementos marxistas.
Más tarde tomó parte, siempre con éxito, en la liberación de los pueblos de la Sierra de Aracena, desde Higuera hasta Rosal de la Frontera.
Mandando importante columna militar, cooperó a la rendición de la cuenca minera de Rio Tinto, con las columnas de los entonces comandantes señores Redondo y Álvarez Rementería. Al regresar de las operaciones bélicas y después de felicitado por su heroico comportamiento, fue encargado por el general Queipo de Llano de la Delegación de Orden Público, cargo que aceptó por disciplina, toda vez que el comandante Garrigós tenía puesta su ilusión en la tarea reconquistadora de España, en los frentes de lucha.
Al ser nombrado Jefe de Seguridad Interior el general Martínez Anido (2), ha sido confirmado en su puesto, adaptado a la nueva organización, el comandante don Santiago Garrigós, recibiendo con ello honroso reconocimiento a sus elevados méritos y a su magnifica gestión.
Al enviar nuestra enhorabuena por la distinción recibida en cargo de confianza del ilustre Martínez Anido, al comandante Garrigós, nos hacemos eco de la satisfacción con que el público sevillano ha recibido la nueva del justo nombramiento".

(1) Desde el 18 de julio hasta el 23 Garrigós hizo desplegar en tejados y azoteas aledaños al cuartel a su mando en la calle Gerona varios guardias civiles con armas largas, que ocasionarían bajas entre viandantes ajenos al enfrentamiento.

 Poco horas después Santiago Garrigós, Manuel Díaz "Criadilla" y el sargento Rebollo, tres canallas al servicio de oligarcas, bien conocidos ya en esta historia de Castilleja, tuvieron ocasión de torturar en la comisaría de la calle Jesús del Gran Poder, —recuérdese que en esta calle vivía la familia del referido Criadilla—, a un joven militante de izquierdas, José Sánchez Badillo, que escribiría años después una sustanciosa autobiografía (ver infra). José había nacido en Castilblanco el 14 de marzo de 1917, y en Sevilla fue uno de los últimos defensores de las barricadas contra las tropas de Gonzalo Queipo, hasta el día 23. Badillo había pasado este día de inmediato a la referida comisaría. El sargento José Rebollo Montiel, el capitán Manuel Díaz Criado y Santiago Garrigós pertenecían al "plantel del terrorífico Comité de Salud Pública", con sede en el piso superior de la comisaría de la calle Jesús del Gran Poder. En la puerta del comité, un cartel con una calavera y dos tibias, con un letrero en blanco: "Por mal español, así me veo". Para apagar los gritos y llantos de los interrogados ponían música a todo volumen. "Mi jaca" de Estrellita Castro quedó grabada en las mentes de los allí detenidos. Se hacían sacas cada noche hacia las murallas de la Macarena, al cementerio de San Fernando o a la carretera de Carmona, a veces con más de cien personas de una sola vez. Los fascistas sevillanos estaban llenos de ira y frustración porque la toma de Madrid se les presentaba cada día más difícil. En noviembre del 36 Rebollo decía:
Mi comandante, llevamos fusilados, entre Sevilla y provincia, más de cuarenta mil y estos hijos de puta siguen pensando lo mismo.
Es que no se dan cuenta de que tienen la guerra perdida —contestó Garrigós—. Madrid la tenemos casi tomada. Cuando caiga se acabó todo. Hemos dicho a la tropa que le daremos carta blanca para saquearla". José Sánchez Badillo. Mis siete vidas. Ayuntamiento de Castilblanco de los Arroyos, Narrativa, 2007.

"3 de agosto de 1936. La ocupación de Castilblanco. El pueblo, que se había mantenido en zona republicana desde que el 18 de Julio anterior se había sublevado la guarnición de Sevilla, en este día es ocupado por una fuerte columna militar compuesta por unos cien efectivos, entre Guardias Civiles, Guardias de Asalto, falangistas y requetés, al mando del Comandante de la Guardia Civil Santiago Garrigós Bernabéu.


La fotografía recoge el momento en que las tropas entran en el pueblo por la antigua calle Real, llamada por aquellos años Alcalá Zamora como se puede ver en los azulejos colocados en la primera casa de la izquierda y que a partir del 19 de agosto paso a denominarse Avenida España. Impresionan las banderas blancas colocadas en las casas.
Los dirigentes municipales y los sindicales han huido, unos a zona gubernamental y otros escondidos en el término municipal del pueblo. Las tropas no disparan un solo tiro, no ha habido resistencia alguna, se saquean los centros obreros y las casas de los más significados izquierdistas". Cronista de Castilblanco. Facebook.


Severiano Martínez Anido

 (2) Severiano Martínez Anido (1862-1938), "hombre cruel y violento, es principalmente conocido por su papel en la dura represión policial del pistolerismo anarquista en Barcelona a comienzos de la década de 1920. [Que no fue sino consecuencia al de la patronal, como bien expresó Juan García Oliver en su autobiografía Los pasos perdidos]. Intervino en las campañas de Filipinas y Marruecos, ascendiendo a coronel en 1909 y a general de brigada en 1914. Fue nombrado ayudante personal del rey Alfonso XIII en 1911. [...] La designación de Anido como gobernador civil de Barcelona se produjo en el contexto del giro de la política del gobierno de Eduardo Dato hacia posiciones represivas. [,,,] La actuación de Martínez Anido y Arlegui [general Miguel Arlegui, jefe superior de policía en Barcelona], caracterizada por la brutalidad y el uso de métodos violentos (especialmente, la aplicación de la tristemente famosa Ley de Fugas), fue muy discutida desde ciertos sectores. La espiral de violencia acabó alcanzando al propio jefe del gobierno. Dato fue asesinado el 8 de marzo de 1921​ en Madrid por un grupo de tres anarquistas que le dispararon desde un sidecar, causándole la muerte. [...] En enero de 1938, con la conformación del primer gobierno de Francisco Franco, fue nombrado ministro de Orden Público. Tal y como ha señalado el historiador Hugh Thomas, su nombramiento «fue calculado con el fin de sembrar pánico entre los republicanos».​ El nuevo ministro de Orden Público no tardó en aplicar su política de control y represión. El embajador alemán en la España franquista, Eberhard von Stohrer (2a), llegó a enviar un informe a Berlín en el que señalaba que la política represiva practicada por Martínez Anido «resultaba inadmisible, aun a los ojos de la propia Falange». [...] El nuevo ministro de Orden Público organizó la cooperación policial con otros estados fascistas. A petición de la jefatura de Estado, el gobierno de la Alemania nazi mandó a un equipo de expertos dirigidos por el coronel de las SS Heinz Jost (2b) con el objetivo de instruir a la nueva policía franquista.​ Este equipo fue enviado a Valladolid, quedando adscrito al Ministerio de Orden Público.​ El 31 de julio de 1938 el jefe de las SS y la policía de la Alemania nazi, Heinrich Himmler y Martínez Anido suscribieron un acuerdo por el cual se establecía la extradición mutua de «delincuentes políticos»​ que fueran detenidos en ambos países.​ Como parte de lo acordado, la Gestapo asignó a un agente suyo en la embajada alemana en Salamanca, mientras que de forma análoga el gobierno de Franco destacó a un oficial de policía en la embajada de Berlín.​ El acuerdo también permitió que el agregado de la Gestapo en España, Paul Winzer (2c), dirigiese un programa de instrucción de la nueva Policía política de Franco". Wikipedia.

Los delegados de Orden Público de todas las provincias del país se reúnen en junio de 1938 en Valladolid con el ministro Martínez Anido. Garrigós, como uno de ellos que era, asistió, y regresa a Sevilla el 10 de junio. Al mes siguiente el ministro de Orden Público, general Martínez Anido, está en la capital andaluza. El día 13 visita Aracena para conocer el nuevo sanatorio antituberculoso, y le acompaña entre otras autoridades, Santiago Garrigós. El ministro regresó a Sevilla a mediodía, almorzó y salió para Cádiz. Le quedaba poco tiempo de vida, ya que murió —en Valladolid— el 24 de diciembre de este referido año de 1938. En el verano siguiente Santiago Garrigós Bernabeu asciende a teniente coronel.

(2a) Eberhard von Stohrer (1883-1953) ya había estado en España como diplomático, en Madrid, durante la Primera Guerra Mundial. "Ya en 1918 el periódico madrileño El Sol reveló su papel en la financiación de anarquistas para que organizaran huelgas en las fábricas que producían material para los aliados, así como la difusión de propaganda contraria al conde de Romanones —aliadófilo y firme partidario de la neutralidad española—". Wikipedia.
De esta manera, Von Stohrer actuaba contra Anido ya desde antes de los años 20.

(2b) Heinz Jost (1904-1964) sería juzgado por un Tribunal Militar Norteamericano en Núremberg, entre 1947 y 1948. Inicialmente condenado a muerte, la sentencia fue conmutada a cadena perpetua y finalmente liberado en 1951.

(2c) Paul Winzer (1908- ?), miembro de la Gestapo y uno de los jefes del Campo de concentración de Miranda de Ebro durante la Dictadura franquista. Algunos autores señalan a Winzer como uno de los diseñadores de la estructura del campo, mientras que otros lo señalan como el diseñador de todo el sistema de campos de concentración franquistas. Ver Javier Rodrigo. Hasta la raíz: violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. Alianza Editorial, 2008.
Se perdió su pista al final de la II Guerra, pero Eduardo Martín de Pozuelo e Iñaki Ellakuría en su obra La guerra ignorada: los espías españoles que combatieron a los nazis. Random House Mondadori, 2008, señalan que seguía vivo en 1945.


Con ocasión de la visita de Franco a Sevilla en mayo de 1943, cuando viajó desde esta capital a Huelva el 4 de dicho mes, entre las autoridades onubenses que lo esperaban en la frontera provincial, al pie de un arco monumental de salutación, estaba el teniente coronel de la guardia civil Santiago Garrigós, de todo lo cual tomó nota cinematográfica el equipo del Noticiario No-Do. También esperaba en aquel punto la centuria falangista del Frente de Juventudes "Francisco Franco". Por entonces los Garrigós debían tener algunos chalets en propiedad o arriendo en Punta Umbría, donde solían pasar todos los veranos.
Las diferencias de clases en Punta Umbría en aquellos años eran escandalosas. Véanse estos ejemplos de chabolistas apenas a cien metros de las residencias de los veraneantes hispalenses:



El destino tenía reservado al orondo guardia civil bañista un regalo, en principio desagradable y repugnante, pero que con el paso de las horas —pensaba— podría reportarle la gloria de pasar a la historia de la humanidad.

Inquieto por los movimientos políticos internos y por el desarrollo de la guerra mundial —Hitler sufre la pérdida de Stalingrado y de muchas posesiones norteafricanas—, Franco inicia un viaje propagandístico por toda España en la primavera de 1943. Galicia es la primera región en recibirle. Ya lleva el general en mente el desmantelamiento de la División Azul como un guiño a las potencias occidentales, aunque para él —decía— había dos guerras: la de Alemania contra el Eje y la de Alemania contra el comunismo. Y aseguraba con la mayor hipocresía que estaba a favor de la segunda. 

El día 28 de abril de 1943 ya se anunciaba en la prensa la próxima visita de Franco a Sevilla. El 30 la feria, en pleno apogeo, se mantiene animada a pesar de la lluvia, aunque el balance final resultó deslucido. La colonia alemana tiene caseta, con gráficos alusivos al fervor alemán hacia su Führer y retratos de Hitler. En Madrid, este día, el nuevo embajador alemán presenta sus cartas credenciales al jefe del Estado. El día 1 de mayo Franco se encuentra en Córdoba, ya en su viaje propagandístico por toda España. El día 2, domingo, llegado a la capital de Andalucía, visita la feria en coche de caballos y con traje de falangista, acompañado de su esposa. Su hija Carmen con otras muchachas aristócratas van delante a caballo. Asisten a la corrida de toros. Hay concurso de coches con premios que entrega Franco, uno de ellos por coche mejor enjaezado a Ildefonso Marañón e hijos. Hay por la noche baile en Capitanía, en la plaza de España. Son los Marañón dueños de la hacienda San Ignacio de Castilleja de la Cuesta.
El día 4 de mayo en Sevilla —a rebufo de los extraordinarios acontecimientos— se casa con el torero tomareño Emilio Torres Reina, Bombita, la hija de José Navarro Caro, rico hacendado del Aljarafe que adquirió la hacienda de Montefuerte, que en el siglo XVIII poseyó el II marqués de tal título y IV conde de Lebrija. y que hoy es Casa de la Cultura y Biblioteca tomareña. En la calle José Navarro Caro de Tomares vivían los Cansino de Castilleja, dos de los cuales, padre e hijo, como ya sabemos fueron fusilados por los franquistas (Los olvidados, 6e. Noviembre de 2020).

"La carretera de Sevilla a Huelva, camino de triunfo. Salió el Caudillo de Sevilla aproximadamente a las diez de la mañana. El homenaje que recibió del público sevillano, a la sombra de los adarves del Alcázar, había de continuar, incesante, en el centenar de kilómetros, hasta la misma confluencia del Tinto y del Odiel, para desbordarse en la blanca ciudad, que aquí se asienta, como avanzado espigón de la España inmortal.
En el asfalto de la carretera, dividiendo cortas distancias, aparecía en gigantescos caracteres el nombre de Franco. En los árboles, alineados marcialmente al borde del camino, largas tiras de madera reclamaban la atención del viajero con las inscripciones de ¡Franco! y ¡Arriba España! De trecho, montaban la guardia afiliados de Falange Española Tradicionalista y de las Jons.
El primer pueblo de la ruta, Castilleja de la Cuesta, ofrendó al Caudillo el primer saludo en un artístico arco de triunfo. Todo el pueblo, desde bien temprano, festoneó las aceras, ávido de aclamar a la elevada jerarquía. Y luego, Gines, delicioso jardín del trayecto, en plena floración primaveral. Centenares de niños portando hermosos ramos de flores, ofrecían al Caudillo el más delicado homenaje.
Así todos los pueblos del trayecto triunfal. En el cruce del Loreto se apostó toda la Comunidad franciscana, para rendir su salutación [...]". ABC, 5 de mayo de 1943.

Destacó en el viaje de Franco el pueblo de La Palma del Condado porque los organizadores del homenaje al paso del jefe del Estado hicieron subirse sobre toneles de vino, amojonando la larga calle principal, —alfombrada de tomillo y de romero— a muchachas vestidas de flamencas. Dos larguísimas filas de bocoyes alternando en cada uno un letrero en blanco: "Franco" y "Falange", con las jovencitas sonrientes saludando a la comitiva. Las fuerzas vivas de la localidad —"señora de caldos", como la adjetiva el periodista— les permitieron sentarse sobre las tapas mientras esperaban, hasta que apareció en la última curva de la carretera la primera motocicleta de la policía.

En la tarde del mismo día 4 regresó Franco a Sevilla. Se declararon días de fiesta en la ciudad el jueves día 6 y, con recuperación, la tarde del viernes 7.

Se sintió Santiago protagonista, centro de atención y pieza clave de los importantes acontecimientos de estos días entre Sevilla y Huelva, en los que iba a decidir nada menos que el resultado de la II Guerra Mundial. El teniente coronel intuía que los jerarcas componentes bien informados de la comitiva, aquellas altas autoridades al tanto de lo que se fraguaba, estaban pendientes de él. Cuarenta y ocho horas antes de este viaje interprovincial de Franco había sido enterrado en el cementerio onubense de Nuestra Señora de la Soledad el cadáver del militar inglés William Martín, aparecido ahogado en la playa de Punta Umbría al amanecer del 30 de abril. Lo primero que hicieron los pescadores que lo descubrieron flotando cerca de la orilla fue avisar a las autoridades competentes. Atado al cuerpo con una correa hay un maletín porta-documentos. 

Yo alimento la duda de si el viaje de Franco a Huelva tuvo que ver, al menos en parte, con el trascendente descubrimiento del cadáver, o de si los ingleses, al tanto de que tal viaje se iba a efectuar, aprovecharon para "colocar el cebo" dándole así mucha más publicidad al engaño. Porque William Martín no era otra cosa que un cebo de los servicios de inteligencia británicos. El cadáver pertenecía a otra persona, había sido arrojado al mar adrede frente a Punta Umbría, y los documentos que contenía la cartera habían sido falsificados para hacer creer a los alemanes que el desembarco de los aliados en Europa desde el norte de África se iba a efectuar por Cerdeña y por Grecia, en lugar de por donde se tenía planeado: Sicilia.
Ningún lugar mejor para colocar la trampa que una playa de Huelva que iba a ser visitada por el jefe del Estado español.

La misma duda que yo se plantea en Huelva Información del 27 de noviembre de 2011 en artículo que describe la visita de Franco : "Dos días antes, el domingo 2 de Mayo de 1943, en el cementerio de La Soledad, en Huelva, se había dado sepultura al cadáver de un militar inglés aparecido días antes en las costas playeras de El Portil. Con ese acto piadoso nacía la leyenda del "Hombre que nunca existió". Siempre nos quedará flotando, en el ámbito de las especulaciones, la pregunta formulada en un capítulo anterior que relacionaba la coincidencia en el tiempo de la visita de Franco con la aparición del Mayor Martin: ¿Casualidad o causalidad?"
El hombre que nunca existió es el título de una película sobre este tema.


 Ambiente del rodaje de la película de 1956 El hombre que nunca existió. Participaron como extras la mayoría de los habitantes de la localidad onubense, casi todos los puntaumbreños, por lo que cobraban 50 pesetas cada uno, un buen dinero para la miseria en que vivían.


Foto del pescador José Antonio Rey María, quien siendo un joven barquero recogió el cadáver. "Y ya lo arrastramos, para entregárselo a la justicia, a la guardia civil", declaró años después rememorando los hechos. Dicha guardia civil recogió el cadáver de la playa y lo llevó hasta el cercano Caño del Maest, detrás de El Portil, y desde allí en una de las lanchas de pasajeros, llamada "Rápido" hasta Huelva. Lancha que todavía hoy hace el trayecto Punta Umbría-Huelva.

"Las noticias del inglés muerto corrieron rápido. A las pocas horas, Clauss [Adolf Clauss estaba a la cabeza de la red de espías nazis en Huelva] sabía por uno de sus informadores, el comandante de la Guardia Civil Santiago Garrigós, el contenido esencial de la valija: un carta para el general Harold Alexander, que comandaba en Túnez las fuerzas británicas; otra para el comandante en jefe de la flota en el Mediterráneo, Andrew Cunningham y una última para el general Eisenhower". Julio Martín. Un libro descubre cómo el ejército de Franco abrió las cartas cebo que Gran Bretaña puso en un ahogado para engañar a los alemanes del crucial desembarco en Sicilia. Crónica de El Mundo, 17 de enero de 2010.


Embajada de Alemania en Huelva, a donde acudía Santiago Garrigós a informar a los nazis


El edificio, ruinoso, fue derribado recientemente

"Antes de mandarlos al Estado Mayor en Madrid, donde eran reclamados con insistencia desde la Embajada británica y desde Londres en numerosos telegramas enviados a Franco, los documentos de Martin/Michael se remitieron en primera instancia a la Comandancia de Marina de Huelva y de ahí a la de San Fernándo, en Cádiz. En ese periplo, algún militar español simpatizante con la causa alemana —las sospechas recaen sobre el teniente coronel Ramón Pardo Suárez— los fotografió para el servicio de espionaje germano, según da fe una carta capturada por los aliados en los archivos de Berlín una vez terminada la guerra. Aún no se sabe cómo se sacaron las cartas de los sobres sin romper los sellos lacrados". El Correo, 16 de septiembre de 2015.

En Inglaterra, los "tramperos" estaban en vilo: "Le habían encadenado la cartera para que no se perdiera, pero aun así, la persona que lo encontrara podría robarla sin decirle nada a nadie; era una cartera muy bonita, que alguien podría haber utilizado para que uno de sus hijos fuera al colegio, para lo que fuera". Declaraciones de Jeremy Montagu, hijo de Ewen Montagu y heredero de su documentación personal. Ewen Edward Montagu fue el capitán de la inteligencia naval británica que ideó y planificó la operación Mincemeat, nombre que se le dio al engaño y que suele traducirse por "Carne Picada", aunque el micenmeat tradicional es más bien una suerte de picadillo de uvas y frutos secos, aliñado y exento de productos animales.


Algunos de los efectos hallados en el cadáver

 La "explosiva" cartera que portaba el cadáver es custodiada por las autoridades españolas. Eric Crove, historiador naval británico, plantea las preguntas que la inteligencia de su país tuvo que hacerse aquel 1943: ¿respetarían los españoles su neutralidad? ¿permitirían a los alemanes acceder al contenido de la cartera? Dada la cordialidad entre ambas naciones era muy probable que les permitieran examinar los documentos. El jefe de la red de espionaje alemán, con sede central en Madrid, se entera del asunto del cadáver y quiere ver cuanto antes el contenido de la cartera. Desde Inglaterra y para dar más credibilidad, comienzan a exigir al gobierno español la devolución de los documentos. Exigencias sin codificar para que pudieran ser interceptadas por los espías alemanes. Por fin la cartera llega a Madrid, y de allí a Berlín. El engaño surge efecto, pero cierta reticencia de un alto mando alemán hace que se ordene al jefe del espionaje en Madrid que investigue el origen de las cartas. Un agente es enviado a Huelva, el cual interroga al pescador, visita el cementerio, habla con testigos, pero los contactos británicos en la zona encubren cualquier pista. Se coloca, al efecto, una pesada losa sobre la tumba del ahogado en el cementerio de Huelva. Paralelamente, Hitler se inclinaba, manteniéndose en el engaño, por el desembarco aliado en Grecia y Cerdeña.
Durante la noche del 9 al 10 de julio de 1943 comienza la invasión. Cerca de 3.000 embarcaciones y 2.500 aviones desembarcan en Sicilia. A pesar del éxito, los alemanes siguen creyendo que se trata de una maniobra de distracción, y se siguen centrando en la defensa de Cerdeña y Grecia.

Los ingleses tenían como objetivo de su engaño, probablemente, al séquito de Franco en su viaje por Andalucía. Y con toda certeza a Adolfo Clauss, para lo cual eligieron Huelva. Según las últimas investigaciones realizadas por Jesús Ramírez Copeiro y Enrique Nielsen, el juez de Marina entrega la cartera a su superior el comandante militar de Marina Francisco Elvira, el cual avisa al cónsul Clauss por la amistad personal que se profesan. El cónsul se lo comunica a su hijo Adolfo, espía de los nazis. Éste se acerca a la comandancia de Marina con una cámara fotográfica Leika de alta precisión, abre los sobres, saca las cartas, las fotografía, y lo deja todo igual sin dejar rastro. 
Ver de estos dos referidos investigadores William Martin: Crónica de la Operación Carne Picada. Niebla Editorial, 2017.

El maletín fue enviado al Estado Mayor de la Armada en Madrid, que a su vez alertó a la embajada de Alemania. Los ingleses, para dar más verosimilitud al engaño, reclamarían en términos enérgicos los papeles al gobierno de España.

Espías nazis, soplones de Falange y agentes de la inteligencia británica libraban a diario una guerra silenciosa pero feroz.

En Huelva la red de espionaje alemán tenía que trabajar afanosamente, dado el alto índice de británicos que la habitaban, enraizados allí desde el siglo XIX con la explotación minera. Al mando de esta red nazi estaba Adolfo Clauss, y a su completa disposición el teniente coronel de la guardia civil Santiago Garrigós Bernabeu, quien por sus servicios obtenía sustanciosos beneficios económicos. Los ingleses conocían bien la provincia, desde los tiempos decimonónicos de la compañía minera de Rio Tinto. A finales del siglo XIX la compañía minera eligió la localidad de Punta Umbría como lugar de convalecencia de miembros británicos de la plantilla, convirtiendo la zona en lugar de vacaciones. La pequeña aldea de pescadores se convirtió así en un pueblo con abundancia de chalets. Los veraneantes daban un duro a los chiquillos para que les llevasen las maletas, y algunos pescadores se organizaron con reatas de burros a tal fin. Recordemos —ver la entrada anterior— que los hermanos José y Santiago Garrigós Bernabeu, mandos de la guardia civil, solían pasar los veranos en Punta Umbría, por lo que debían ser muy conocidos entre los habitantes del pueblo. Además Santiago era jefe de la guardia civil onubense por aquel entonces, además de un subespía de los secuaces de Hitler.


"La última teoría –basada en las declaraciones del hijo de Adolfo Clauss– apunta a que no se encuentra en el Cementerio de la Soledad de Huelva. El cadáver habría sido supuestamente robado y trasladado por un submarino alemán U-616 hasta la base alemana de La Spezia (Italia), donde se le practicó supuestamente una segunda autopsia". ABC, 26 de agosto de 2018.

Adolfo Clauss Ristori estudió en el Instituto San Isidoro de Sevilla. Socio de la Sociedad Española de Ornitología, en 1954 participó en una excursión, en taxi, por la sierra de Guadarrama. Una propiedad de almacén y vivienda que compartía con su hermana María del Carmen fue afectada por el Plan Parcial de Ordenación del Ensanche Sur de Huelva. 



El jefe del teniente coronel de la guardia civil Santiago Garrigós Bernabeu fue Adolfo, como queda dicho. "Adolfo Clauss Kindt, nacido en Huelva, hijo de Ludwig Clauss Röder, cónsul honorario en la ciudad. En la I Guerra Mundial actuó como agente del servicio secreto alemán. Luego realizó estudios de agronomía y trabajó en plantaciones de café y cacao en la Guinea Española. En la Guerra Civil se afilió a Falange Española y combatió como intérprete y oficial de carros en la Legión Cóndor. Durante la II Guerra Mundial fue jefe del Abwehr en Huelva, estando a cargo del servicio de espionaje, contraespionaje y sabotaje, contra los intereses británicos en la provincia. Llegaría a ser uno de los más importantes, activos e inteligentes agentes alemanes en el sur de Europa". williammartin75.com


Como se echa de ver, no todas las piezas que elaboran los investigadores encajan a la perfección en el rompecabezas de este asunto. Veamos una de las primeras, la que publicó Ben Macintyre en su libro Operacion Mincemeat: How a Dead Man and a Bizarre Plan Fooled the Nazis and Assured an Allied Victory. Center Point Pub., 2010:

En el capítulo 16, titulado "Spanish Trails", aparece nuestro personaje, Santiago Garrigós. Adolfo Clauss, frustrado porque sus intentos de acceder al contenido de la cartera no eran secundados por las autoridades navales de Huelva, recurre al jefe de la guardia civil del distrito de Huelva, Garrigós, entusiasta receptor de consignas y doctrinas germanas y sobre todo de las pagas que los nazis proporcionaban a quienes les servían. Clauss instó a Garrigós a hacer todo lo necesario para obtener copias de los documentos: "do everything necessary to obtain copies of the documents which were found in the brief case". Garrigós era un excelente colaborador, pero también es un cobarde: "Garrigós may have been a keen collaborator, but he was also a coward". El guardia civil sabía que si preguntaba a las autoridades navales onubenses por acceso a los documentos podrían concluir que estaba al servicio de los alemanes, y deponerlo de su puesto oficial. Aparte de su gran deseo de servir a los germanos, el teniente coronel, aparentemente, no tuvo el coraje de dirigirse al juez naval y demandarle simplemente que abriera los sobres. Garrigós, sin embargo, persuadió a alguien de la oficina naval para que le dijese qué había en el maletín, y una vez sabido, mandó la lista a Adolfo Clauss:
—Tres boletines de operaciones británicas.
—Dos planos.
—Treinta y tres fotografías.
—Y tres sobres dirigidos a Cunningham, general Eisenhower, y general Alexander.
Con intención de ayudar, pero de forma innecesaria porque para Clauss era archisabido, Santiago Garrigós añadió a su informe: "estas tres personas estan al mando de las tropas de los Aliados en el norte de África".

Para sus aseveraciones acerca de la conducta de Santiago Garrigós, Macintyre se basa en los informes de un espía español al servicio de los ingleses, hombre conocido por Andros, del cual copia las frases al pie de la letra citándolo como Andros report, IWM 97/45/1, folder #2. Se cree que el tal Andros era un militar español perteneciente a la Marina, que conocía al detalle todos los movimientos de Santiago Garrigós. 
El informe del agente Andros citando a Garrigós fue emitido el 8 de junio de 1943. Denis Smyth en Deathly Deception: The Real Story of Operation Mincemeat (Oxford University Press, 2010) dice que Andros es claramente un prominente miembro de la red personal de espías del capitán Alan Hillgarth dentro de la España de Franco. Entre 1941 y 42 Andros trabajaba en asuntos de espionaje relacionados con la División Azul.
También se refiere Denis Smyth a Santiago Garrigós: "Lienutenant Colonel Garrigos journeyed to Seville on 7 May to enlist the help of yet another Civil Guard officer in the Nazi´quest for this secret intelligence prize. He was Major Luís Canis". Esto es, a las 48 horas de que Franco abandonase Huelva, Garrigós viajó a Sevilla a buscar ayuda de su superior el coronel Canis por el asunto de la cartera, todavía húmeda del tiempo que estuvo en el mar sujeta al cadáver.
Dice Denis:
""However, when judge Pascual del Pobil forwarded the British messenger’s briefcase and documents to the Spanish Navy’s headquarters in San Fernando (Cadiz), Adolfo Clauss had another stab at getting a look at them. Lieutenant Colonel Garrigos journeyed to Seville on 7 May to enlist the help of yet another Civil Guard officer in the Nazis’ quest for this secret intelligence prize. He was Major Luís Canis who, according to British sources, was ‘very pro‐German and in German pay’ and, unsurprisingly therefore, ‘under complete German control’. This individual was a very valuable clandestine asset for the Abwehr, because he was no ordinary Civil Guard officer. In fact, Canis was chief of counter‐espionage services ‘in the Seville Captain‐General’s headquarters and therefore of all Andalucia’. Garrigos earnestly entreated Canis to do what he had so abjectly failed to do himself, namely, to intimidate the Armada’s authorities into disgorging Major Martin’s key documents. However, Canis was too finely attuned to the Franco regime’s complex set of internal jurisdictional boundaries to wish to be seen to be crossing them. So, he declined to address a formal written request to the naval staff in San Fernando for access to the British documents. Instead, he dispatched an individual of quite lowly military rank to see what could be found out about these documents from the naval authorities at San Fernando. However, since Canis had warned his emissary to act with ‘the utmost discretion’, this half‐hearted inquiry did not impress the naval staff officers. They rebuffed this démarche with the comment that ‘if the Captain General of Seville wanted any information about the documents he should address himself to the Ministry of War in Madrid’.
(1) Andros report, 3, 8 June 1943, Montagu Papers, Box 1, 97/45/.


Luis Canis Matutes en 1960

Este otro guardia civil siervo de la causa hitleriana y a sueldo de los nazis estuvo en Regulares en Ceuta, en 1924, y al año siguiente en la Mejala Jalifiana de Tetuán n.º 1. En 1928 es jefe del puesto de Arjona (Jaén). Estuvo en la guardia civil de Ifni, en el 14 tercio, con carácter forzoso, destinado allí desde el verano de 1934 con el grado de teniente. Lo encontramos de capitán en mayo de 1936 destinado desde la sexta compañía de la Comandancia de Jaén a la segunda de la de Vizcaya. 
Era nieto político de Diego del Río y Muñoz-Cobo, abogado fallecido en 1933 en Arjona. El entonces capitán estaba casado con Amparo Ruano del Río, nieta de este abogado, la cual falleció en Madrid en 1956, a los 44 años de edad.
El coronel Luis Canis Matutes fue jefe de la misión de la guardia Civil en Guatemala —cuyo gobierno era presidido por el general Miguel Ydígoras Fuentes— para organizar un cuerpo policial semejante al español. Viajaron al país centroamericano en el verano de 1960 Canis y otro jefe, un oficial y un suboficial. Antes de partir fueron recibidos por Franco. Estarían allí como asesores técnicos 3 años como mínimo (ver ABC del 31 de agosto de 1960), pero Canis —al menos— volvió antes del plazo, ya que en junio de 1962 el coronel jefe de la misión guatemalteca estaba en la capital de España firmando como testigo en la boda de su sobrino José Carlos Montilla Canis con Pilar Illera Gil. La madrina, Aurelia Canis, viuda de Montilla. Los siguientes años el guardia civil Canis se encuentra en Sevilla, aunque morirá en Madrid, con el grado de general de brigada.


En cuanto al misterioso agente Andros, Ben Macintyre, autor de Agent Zigzag, Operation Mincemeat and Double Cross (Broadway Books, 2012) nos amplía la escasa información que se posee sobre él. En Alan Hillgarth tenía Churchill una enorme fe. Decía de él que "tenía una natural simpatía por España", y que "manejarse con los españoles requería una especial técnica", porque "todo en el país estribaba en una base individual y personal". Hillgarth cultivó contactos como un jardinero cultiva plantas, obsequiándolos con grandes y lujosos almuerzos y cenas. Solía remarcar que "will be at a very definitive disadvantage if he is a teetotaller. A good digestion is also iimportant". Hillgarth, educado, cosmopolita y hablante fluido del castellano, se movía sin esfuerzo a través de la élite madrileña, haciendo contactos con generales, almirantes, diplomáticos y corresponsales de periódicos extranjeros: "Even during the worst of the war, I had little difficulty in maintaining old friendships and making new ones", afirmaba.
Podía solicitar o comprar favores en todos los niveles de la oficialidad española, pero su más apreciado agente —el cual participaba con él en el M16— era el agente Andros, "a senior officer in the Spanish navy. Andros has never been identified. More than sixty years later, M16 will not divulge the name of the `very reliable and well-placed straight agent called Andros who obtanined information of great value´.
Andros también demostró su valor como doble agente. En 1943 —año de Mincemeat— se le aproximó en Madrid un oficial del temido servicio de inteligencia de las SS, Sicherheitsdienst (SD) llamado Eugene Messing, quien tras sondelarlo con delicadeza le propuso que trabajase para él mandando informes a Berlin, directamente —y no a través del cuartel general de la inteligencia alemana en Madrid, ya que el SD y el Abwehr (otro de los servicio de espionaje de Hitler) eran rivales que mutuamente se levantaban sospechas—. Andros pidió tiempo para pensarlo, y ya de acuerdo con los ingleses aceptó la proposición de Messing y empezó a mandar a Berlín falsa información, que seleccionaba Hillgarth.
Andros demostró ser un excelente doble agente —usaba también el nombre de "Blind"—: "Messing swallowed the stories whole, was extremely pleased, and continually pressed for more". El doble espía debía tener acceso al máximo grado de la inteligencia naval española, ya que estaba engañando a alguien muy sagaz como era Eugene Messing. De cualquier manera, Hillgarth confiaba en su hombre plenamente.

Por entonces Madrid era el punto de encuentro del espionaje europeo. Cuando por circunstancias diplomáticas o celebraciones ineludibles el grupo inglés y el alemán coincidían en algún lugar o función oficial, se ignoraban mutuamente estirando el cuello y mirando hacia otro lado. Eran los tiempos legendarios de Garbo, el celebérrimo espía catalán.

Entre 1944 y 1945 Garrigós es recibido por el gobernador de Sevilla Coca de la Piñera en repetidas ocasiones. El alcalde de Castilleja Cuesta Valladares, que un año antes había organizado en nuestra Villa el homenaje a Franco a su paso hacia Huelva, está en el cénit, mangoneando a sus anchas, y en ocasiones coincide con Garrigós por los pasillos del Gobierno Civil.

En enero de 1947, según ya vimos, en Sevilla en la iglesia parroquial de San Pedro es bautizado un hijo del odontólogo Jaime Guerrero Garrigós y de Maria Luisa Checa (ver la entrada anterior). Los padrinos son sus tíos la señorita Blanca Checa y el coronel de la Benemérita Santiago Garrigós.

Con toda seguridad manchado su prestigio por el monumental fracaso puntaumbreño, en este último año coordinaba las fuerzas de la guardia civil contra la guerrilla en Jaén y Córdoba el coronel Santiago Garrigós como buen cloaquero, ya que aquella sucia actividad era inasumible para los elitistas militares.

"Hasta 1947, la eficacia de las fuerzas represivas fue relativa y las pérdidas del maquis podían catalogarse de normales. Pero a partir de ese año se produjo un cambio cualitativo, ya que se sustituyó el enfrentamiento directo, que no reportaba resultados positivos, por la mejora de los sistemas de espionaje a través del Servicio de Inteligencia de la guardia civil, (SIGC) y de las contrapartidas. Con una buena información, el siguiente paso era penetrar la red de enlaces y premiar a confidentes y delatores. Los nuevos métodos reportaron de inmediato resultados espectaculares. También influyó en esta inflexión de 1947 la multiplicación de los «asesinatos legales» a través de la universalización de la «ley de fugas». En 1946, la Dirección General de la Guardia Civil había enviado un informe reservado a las fuerzas represivas en los sectores de huidos en el que se exigía máxima dureza «a todo detenido con las armas en la mano o convicto por actos de esa naturaleza. No habrá, pues, prisioneros a menos que haya testigos sospechosos o se produzcan circunstancias que puedan dar lugar a una publicidad que aprovechen nuestros enemigos». El 23 de enero de 1947 se reunieron en Madrid los mandos más representativos de la Benemérita, cónclave en el que acordaron «luchar eficazmente contra los elementos incontrolados y disparar sin previo aviso contra los que huyan», es decir, la aplicación sistemática de la «ley de fugas». De las batidas en las montañas buscando el enfrentamiento se pasó al sistema indirecto: «no salir en busca del guerrillero, sino esperarlo. No atacarlo a él directamente, sino a sus enlaces y a sus puntos de apoyo, poniendo en funcionamiento, además, una inteligente captación de delatores o “chivatos”, reclutados, de manera más o menos coactiva, entre los propios enlaces y personas de izquierdas. Sin esta ayuda de confidentes y delatores, la Guardia Civil difícilmente hubiera acabado con la guerrilla», apunta Francisco Moreno Gómez. Los confidentes y la subsiguiente pérdida de los puntos de apoyo fueron los dos elementos en los que se apoyó la aniquilación de la resistencia. Como la lucha contra la guerrilla estaba bajo jurisdicción militar, los estados de guerra, alarma y excepción se impusieron en las áreas de maquis con el fin de facilitar las operaciones". Secundino Serrano. Maquis. Historia de la guerrilla antifranquista. Lectulandia, 2001.

martes, 22 de diciembre de 2020

Los olvidados, 10.

No se conoce si Anita, —apacible bordadora de redentoras banderas tricolores, dulce madrina de la sólida agrupación de la izquierda tomareña—, fue de las muchas jóvenes sombrías que en el despacho de Manuel Díaz Criado tuvieron que interceder, que pedir clemencia y que llorar por la vida y la libertad de sus familiares presos. Quizás. Quizá la única esperanza de su padre y de su hermano, los dos castillejenses valientes, zapateros presos, hubiera estado en que ella, implorante, accediera a las meditadas proposiciones preñadas de sadismo del capitán legionario alcoholizado. Quizás. El secreto está en el cementerio de Castilleja guardado, mudo, en la penumbra de viejos ataúdes llenos de polvo, escrito con signos indescifrables en huesos amarillentos como pergaminos, flotando en la aspereza astringente del  hedor ya tenue por el paso de los lustros y de las décadas. 

Pero hay un ruinoso escenario de crujientes tablones y cortinas apolilladas donde dos esqueletos espantan fandangos y soleares, cantos de la sierra jienense y cordobesa que son pregones de muerte. A la guitarra, el de José Rebollo Montiel. Al cante, el de Manuel Díaz Criado. Triste y angustiado, el respetable ha mucho que abandonó los palcos, que ya tapizan patéticas arañas.

Tal vez más vale así, acaso sea más útil esta forma en que el silencio desde su podio dicta su elemental discurso blanco. El escritor siente sobre sí un pesado manto de culpa al remover restos que acaso debieran permanecer cubiertos, siente una turbadora oleada de culpa cuando dirige a ciegas el débil candil oscilante en la inmensa profundidad del pozo de la negra vergüenza humana.

Cuando el metódico e intelectual Santiago Garrigós Bernabeu —antítesis de su predecesor— recibía en su mesa los legajos que su solícito ordenanza le arrimaba, tenía ocasión de reconstruir, sobre los andamios de la imaginación, los momentos en que aquellos documentos habían sido torpemente rubricados por Criadilla: huellas de quemaduras de cigarros (1) o círculos de vasos que rebosaron el coñac o el anís del amanecer ilustraban en los papeles los lujosos casinos, las salas de fiesta y los perfumados reservados de la plaza del Duque y la Campana. En el expediente de uno de los presos una mano profanadora con prostituido lápiz de labios había dibujado una roja boca que parecía sonreir con sorna, sugiriendo un beso de despedida. El delegado de Queipo solía comentar en voz alta, en su dionisíaca tertulia, los nombres y apellidos de quienes, para seguir existiendo, dependían de su temblorosa mano, pequeña y femenil, blanca y perlada de sudor, con un ancla mínima, desvaída y deforme, tatuada en algún rincón de algún zoco del Rif. Cuando el nombre recitado del infortunado que gemía en la mazmorra ameritaba la atención de alguien de los presentes —en la gran familia hispalense todos se conocían— se conformaba un improvisado tribunal de trastornados excombatientes, crápulas señoritos y mujerzuelas depravadas, que tomaba la decisión de la vida o de la muerte a veces entre besos, risotadas y magreos, a veces entre acaloradas discusiones punteadas de golpes de puños en las mesas, que el río de alcohol y el sexo sin freno terminaban por disipar.

Aquella insostenible situación terminó por trascender. El escándalo llegó a los sectores puritanos de los sublevados. Se comenzaron a alzar voces de protesta, de las que Franco hubo de tomar nota. Y a despecho de Queipo, Criadilla fue sustituido. Sin duda que también influyó el equívoco con el vicecónsul de Portugal, al cual Díaz Criado confundió con un espía, pero había mucho más, como el mismo Queipo dijo disculpándose ante dicho vicecónsul: "aquel [Díaz Criado] a quién atribuía la responsabilidad de este lamentable incidente y de otros también gravísimos, que le estaban causando situaciones difíciles y delicadas, no tardaría en cesarlo". Aunque Queipo no era un dechado de virtudes, las andanzas de Criadilla ya eran imposibles de asumir.
Este vicecónsul, Alberto Magno Rodrigues, "realizaba ciertos servicios para Nicolás Franco [el hermano del jefe del Estado, en funciones de secretario]. Las frecuentes visitas a Tablada desde el mes de agosto y los constantes viajes de Rodrigues por el triángulo Sevilla-Lisboa-Gibraltar, levantaron las sospechas de Díaz Criado, quién ignorante de que tras el asunto se hallaba el hermano de Franco, creyó encontrarse ante un peligroso espía". Ver, de Francisco Espinosa Maestre, La justicia de Queipo.

Pero, adelantemos unos meses:

Santiago Garrigós fue en principio señalado para levantar en rebelión a todas las brigadillas de la guardia civil de Sevilla y su provincia, convenciéndolas o coaccionándolas. Para ello se sirvió sobre todo del teléfono, antes de que, cuando se supo en los pueblos lo irremediable de los acontecimientos capitalinos, muchas líneas fueran cortadas por los republicanos.

"Medio día en Sevilla. En verano. En Julio. Un Cuartel de la Guardia Civil. Gerona, 21. Patio vulgar, corriente, amplio. Paredones blancos, un poco grises. Balcones con sus rejas, lisas, fuertes. Sol. Mucho sol. Ambiente enrarecido. Pasión y guerra. Afanes. Esperanzas. Sueños.
El Comandante Santiago Garrigó y Bernabeu posee un destino burocrático, apacible, risueño. El Comandante Santiago Garrigó y Bernabeu es un hombre fuerte, de estatura mediana, de continente erguido, pulcro, elegante. Tiene el pelo canoso, tiene los ojos castaños, tiene un gesto serio en su sonrisa amable. Es enérgico, pero es comprensivo. Es violento, pero es justo. Es seco, pero es afable. ¡Cómo le quieren en la Guardia Civil! ¡Cómo le respetan!
¿Es posible que haya alguna deserción en el Cuartel? No. Ahí está el Comandante Garrigó. El Comandante Garrigó que no pierde un momento su presencia de ánimo, sus modales discretos, sus frases afectuosas, su valor vibrante. El Comandante Garrigó que forma las fuerzas en el Cuartel de la Guardia Civil aquella tarde, de sangre y de sol.
Del Cuartel de Triana han llegado algunos guardias. El Cabo Enrique Galván Maestro (2). Alto. Delgado. Moreno. Primitivo Verde Reglado. Un atleta. Fornido. Fuerte. Fantástico. Ojos menudos, escrutadores, que se le funden en la nariz grande, aguileña. Siempre una sonrisa noble. Siempre una actuación heroica. Siempre un coraje único. Son voluntarios porque presienten la pelea. Han recogido al Capitán, también de la Guardia Civil, de la Segunda Compañía, Antonio Galán Hidalgo (3), en los Pabellones de América Palace. Y se presentan los tres, ansiosos de luchar.
Pequeña concentración la del Cuartel de la Guardia Civil de la calle de Gerona. El Comandante Garrigó toma la iniciativa. Y arenga a las fuerzas. Pocas palabras. Breves. Sentidas. Emocionadas.
—El Ejército está con nosotros para acabar con un gobierno tirano manchado de sangre y de crímenes. El que no esté conforme que dé un paso adelante.
Nadie adelantó un paso, y sin ponerse de acuerdo, espontáneamente, con lágrimas en los ojos y un latir apresurado en los corazones, gritaron todos:
¡Viva España!
El Comandante Mayor —cargo burocrático que no exigía esa audacia simpática—, el Comandante Garrigó se volvió sencillamente a varios Jefes y Oficiales, algunos de los cuales tal vez dudaban en decidirse, y dijo con orgullo supremo:
—Esta es la Guardia Civil...
Su voz vacilaba un poco. Había muchas lágrimas en muchos ojos. Y un temblor extraño en los cuerpos que no temblaron nunca, ni ante la muerte.
¡Qué gran ternura la de este momento! España volvía a ser España. ¡Y existía de nuevo la Guardia Civil!
Había sol. Mucho sol. Sobre los tricornios grandes y negros, relámpagos menudos, luces valientes, presagios seguros de una victoria próxima y espléndida.

¡El Capitán Francisco Vigueras de la Vega (4)! ¿Cómo olvidarlo? ¡Capitán de la Guardia Civil! ¡Caballero andante y romántico del Benemérito Instituto! Alto, más bien grueso, fuerte, sanguíneo, impetuoso. Pelo negro, enroscado, rebelde, rizado, como las olas en el mar. Y como el mar, azules sus ojos, llenos de bondad, pero también de energías y de entereza insospechadas. Un bravo donde los hay. Un valiente donde existen. Un héroe donde se producen. Joven. Decidido. Noble. Patriota.
Tan patriota que se jugó la carrera y la vida el 10 de Agosto. Tan patriota que no dudó en jugársela de nuevo el 18 de Julio, rebelándose bajo su sola responsabilidad, poniéndose a las órdenes de Garrigó, con su escuadrón de caballería.
Un coronel le llamó:
—Deponga su actitud...
—¿Yo? ¿Por qué?
—¡Soy su Coronel!
—Perfectamente. Pero yo me he rebelado contra un ministro, contra muchos generales, contra el gobierno entero. ¡No me voy a rebelar contra un Coronel!
Y rechazando las tentadoras ofertas, se puso a las órdenes directas de Garrigó. Envió una sección de sus jinetes, a las órdenes de Domínguez, a tomar los guardias de asalto. Así todas las secciones. Cuando sólo le quedó un puñado de hombres, salió al frente de ellos a la calle.
Y luchó por España.
Era de la Guardia Civil". El Terror Rojo en Andalucía. Antonio Pérez de Olaguer. Ediciones Antisectarias, Burgos, 1938.

(1) Una persona con el temperamento de Manuel Díaz Criado con toda probabilidad necesitó experimentar con drogas, máxime "allá por tierra de moros". 

"Aunque se desconoce la fecha específica de la introducción del cannabis en Marruecos, se sabe que llegó a la región durante la conquista musulmana del Magreb (siglos VII–XV). Desde el siglo XVI se cultivó en todo el país a pequeña escala para uso local, en jardines y huertos, pero es a partir del siglo XVIII que la región del Rif se convirtió en un notable centro de producción, como se la reconoce actualmente". Wikipedia.

Fundada en 1919 por Millán-Astray, la Legión introdujo el consumo de hachís tras la Guerra Civil en el sur y el este peninsulares, e incluso durante la indicada contienda hubo abundante suministro en las trincheras y cuarteles, de lo que según el historiador Juan Carlos Usó se encargaba la propia Intendencia militar. 
Durante el Protectorado (1912-1956) fueron muchos los españoles en el norte africano que fumaban grifa y kif —albañiles, carreteros, mineros de las minas del Rif, prostitutas, y también los tripulantes de los pesqueros de la bahía de Cádiz, con tripulaciones mixtas de gaditanos y marroquíes—. 
Los legionarios aprovechaban sus viajes a la península para subir grifa, que vendían en los suburbios y arrabales de Cádiz, Sevilla, Madrid o Barcelona, hasta que en los años 60 los gitanos empiezan a hacerse con el negocio del trapicheo. Durante la República ya se vendían `cigarrillos de la risa`en algunas ciudades españolas. En algunas antiguas canciones cuarteleras que los legionarios aprendían de promoción en promoción se alude abiertamente al consumo de esta droga, usando términos que han llegado a nuestros días, como por ejemplo `estar colocado", "vacilón" o `canuto`. De todo ello ha quedado constancia en antiguas composiciones del folclore, en especial en el cante hondo. 
Para el cambio de década entre los permisivos años 40  y los reprimidos años 50, ver https://canamo.net/cultura/literatura/los-grifotas-del-subdesarrollo

Dolores Durán Domenech, cuñada del legionario Manuel Díaz Criado y religiosa del convento de las Irlandesas de Castilleja de la Cuesta, tuvo que estar informada de todo este tema, así como de la historia del edificio que albergaba a su congregación monjil. Ahora es el momento de traer a colación dos de las acuarelas del hermano del duque de Montpensier. Ambos, Antonio de Orleans y Francisco de Orleans, como dijimos, habían luchado en las filas de la Legión Francesa. Los dibujos del segundo, duque de Joinville, son del todo elocuentes. Ver Historia de los apellidos, 21x. Julio de 2020.



A principios de los años 70 del pasado siglo yo era invitado por algunos compañeros del cuartel de Ingenieros en El Aaiún, en las horas libres, a dar un paseo al cercano cuartel del Tercio. Iban a adquirir algún "canuto". Al contrario que en las demás bibliotecas de los distintos cuerpos de militares de la colonia, activas, llenas de gente y en las que comúnmente hasta faltaban puestos de lectura, la de los legionarios era un tugurio destartalado y siempre vacío, con mesas cuarteadas cubiertas de polvo del desierto, ceniceros repletos de colillas de tiempos de Alfonso XIII, y rotos muchos de los cristales de sus ventanas. Aquellos imbéciles vestidos de verde preferían pasar las tardes sentados en el suelo al respaldo de un muro, mirando entontecidos el horizonte ocre del arenal mientras los hilillos de baba les colgaban de las bocas entreabiertas que las miríadas de orondas moscas se disputaban. A su vez, los mandos directos, que hacían la consabida ronda por los prostíbulos de la ciudad, delegaban la dirección de la horda en algún viejo "lejía" a modo de cabo de vara, quien indefectiblemente comenzaba su misión empapándose de ginebra barata y tirándose de inmediato en el catre de su cuchitril.
A imitación de la Legión Extranjera Francesa, donde incluso hoy no es extraño ver a muchos de sus componentes —una gran parte musulmanes—, en Navidad o en otras fiestas señaladas "colocados y vacilones", en la española el kifi es parte de su "pas vu pas pris" heredado y tradicional.

El historiador polaco Lukasz Kamienski ha demostrado en su libro Shooting Up que desde que la humanidad comenzó a practicar la guerra, hombres y mujeres han usado drogas para potenciar sus capacidades luchadoras. Desde los hongos congelados consumidos por los piratas vikingos, a las hojas de coca de los guerreros incas, pasando por la morfina de los soldados en la Guerra Civil norteamericana, o las píldoras de laboratorio de la Wehrmacht. Un artículo revelador ilustra sobre las drogas entre los militares, y es el de Liam Stoker, Creating Supermen: battlefield performance enhancing drugs. Army Technology, 14 de abril de 2013.


Manuel Díaz Criado, nacido el 28 de octubre de 1898, aprobó el ejercicio de ingreso en la Academia de Artillería en julio de 1915. De alférez fue destinado al Tercio Extranjero en octubre de 1921. 

"Después de tomado Tauriat Hamed, y en las avanzadas que se establecen para proteger a las fuerzas que se dedican a la reconstrucción de la fortificación, es donde sufrimos cuatro bajas. El alférez del Tercio, don Manuel Díaz Criado, herido leve, y tres heridos más, uno del Tercio, otro de Intendencia y otro de Ceriñola". La Época, 3 de diciembre de 1921.


"Campaña del Rif. 1921. Ocupación de Tauriat Hamed. Guerrilla del Tercio tiroteando al enemigo para asaltar la posición de Tauriat Hamed". Estas postales, que avispados fotógrafos hacían y vendían en los cuarteles, eran las delicias de familiares, amigos y admiradores de los soldaditos que las compraban y enviaban desde los frentes norteafricanos. Aquí se puede ver a una rolliza ¿cantinera? sonriente, con su enorme gorro encasquetado y sosteniendo el banderín.

Desde Melilla Manuel Díaz Criado llegó a Málaga herido de nuevo en acción del 5 de junio de 1923, en el brazo derecho, en una refriega con las tropas de Abd el Krim. De esta ciudad salió en el tren correo hacia Sevilla. Ascendido a teniente, se le concedió la Medalla de Sufrimientos por la Patria por Decreto del 18 de junio de 1924, con una pensión de 3.905 pesetas. Vuelve al Tercio de Extranjeros en noviembre de este último año. Es destinado al Regimiento de Pavía en mayo de 1926. Obtiene cuatro barras rojas en condecoración por septiembre de dicho 1926. Recibe la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo en mayo de 1927, en recompensa por la campaña de Marruecos. Este mismo año se le pudo oir cantando en la fiesta andaluza (ver entrada anterior). Está en Ceuta en 1930, en la Plana Mayor del ya general Millán Astray.

Hemos visto en la entrada anterior algunos episodios de su vida, que ahora completamos:

"Un muerto y tres heridos graves en un vuelco de automóvil. Jerez de la Frontera 13. En la carretera de Sevilla, cerca de la estación de El Cuervo, al volcar un automóvil de alquiler que procedía de Chipiona se le incendió el motor y quedaron debajo del coche sus ocupantes, vecinos de Sevilla, D. José Criado López, D. Luis Rodríguez Sánchez, el capitán de Infantería D. Manuel Díaz Criado y José Vargas Machuca, chofer. El primero [tío materno de Criadilla] resultó muerto y los demás gravemente heridos. Se elogia la conducta del ayudante mecánico Miguel Limones Barea, que pudo evadirse, y, a pesar de sufrir lesiones en las manos, extrajo de entre las llamas a los viajeros y los depositó sobre la cuneta hasta que pasó el automóvil propiedad de D. Roberto Osborne y los trajo a Jerez. En las inmediaciones del lugar del suceso, simultáneamente, un coche que hacía un recorrido de pruebas atopelló al ciclista Antonio Contreras Caravaca y le produjo la muerte. El chofer huyó, dejando abandonado el coche". El Heraldo de Madrid, 13 de agosto de 1931.

Curiosamente, por esta zona gaditana su hermano Juan Díaz Criado ("el Aviador" referido en la entrada anterior) también sufrió un accidente de tráfico, y casi inmediatamente otro con un avión:

"En el kilómetro 471 de la carretera de Cádiz chocaron tres automóviles, dos de la matrícula de Sevilla y el otro de Jaén, este último conducido por el capitán de Aviación D. Juan Díaz Criado. A consecuencia del choque resultaron heridos D. José Altúnez y doña Josefa Ros". El Imparcial, 2 de octubre de 1928.

"Aterrizaje forzoso. Sanlúcar.— Piloteado por el capitán Díaz Criado aterrizó con avería en el motor en la playa de Chipiona el aeroplano `Breghet 17`, resultando ilesos los tripulantes. Reparada la avería seis horas depués, regresaron al aeródromo de Tablada". La Nación, 17 de diciembre de 1928.


Gaceta de Tenerife, 6 de octubre de 1934

En efecto, Luis Díaz Criado se encontraba en Tenerife con el mismo empleo que su padre había tenido en la Pirotecnia sevillana —ver abajo—. Este mismo verano de la muerte del progenitor de Criadilla, en el final de la sesión de Cortes del 3 de julio de 1934 el señor Prieto "cita varios casos de concesiones ilegales de licencia de armas, y asegura que los capitanes Doval, de la Guardia Civil, y Díaz Criado, el de la ley de fugas del Parque de María Luisa en Sevilla [ver abajo], son los instructores militares de las Juventudes de Acción Popular". Luz, 4 de julio de 1934.

Su padre, también militar como está dicho, Manuel Díaz Gavira, fue destinado a la Fabrica de Artillería de Sevilla, como encargado de efectos y pagador, desde marzo de 1910. Es primer jefe de la Comandancia de Tropas de Ceuta, como teniente coronel de Intendencia, en 1924.  Su madre, María Gloria Criado López, falleció en Sevilla en junio de 1916. Era hija de José Criado Acosta y de Eloisa López González, quienes vivían en 1895 en la parroquia de San Vicente de Sevilla, con tres hijos: Gloria, de 22 años, Eloísa, de 20, y José, de 10. 

Los abuelos paternos de Criadilla fueron Juan Díaz Valera y María del Rosario Gavira Utrera, nacidos en Sevilla, vecinos de la calle Hombre de Piedra n.º 7 en dicha ciudad en 1875, él de profesión comerciante y propietario. En este año nació Manuel Díaz Gavira, y contaba 3 su hermano Juan Díaz Gavira. En 1895 ya aparece en la calle Hombre de Piedra Manuel, con 22 años y oficial del Ejército. Vive con sus padres y sus hermanos Mercedes, Juan y María. Entonces tenían una criada estepeña de 17 años llamada Dolores Carmona Díaz, hija de Manuel y de Antonia.
 En 1900 vivían en la sevillana calle Jesús del Gran Poder n.º 95 María del Rosario, ya viuda, con sus hijos María de las Mercedes, de 29 años, soltera; Juan, de 24, soltero y abogado; María de los Ángeles, de 23, soltera; y Elisa Ruiz y Carmen Girón, sirvientas. En la rectificación de 1901 vive con ellos Agripino. Agripino Gaite Sánchez, nacido en la provincia de Palencia, abogado y terciario carmelita, ya viudo de María de las Mercedes Díaz Gavira, murió el 20 de julio de 1954 en Sevilla. Hija, María del Rosario Gaite Díaz.
María del Rosario Díaz Gavira, viuda de Emilio Guzmán Valera, falleció el 4 de septiembre de 1951 en Sevilla. Hijos, José, María de la Paz, Emilio y María de los Ángeles. Hijos políticos, María del Amparo y Antonio García y García-Baquero.

Aprovecharé para actualizar la información genealógica del general Silvela Díaz-Criado (ver la entrada anterior). Apunto antes que no he leído su libro sobre la guerra de Irak, pero que atento al galardón literario que los norteamericanos le han concedido, no creo que profundice mucho en el asesinato del periodista José Couso por los chulánganos yanquis que en Bagdad dispararon desde el tanque sobre el balcón del Hotel Palestina donde Couso hacía su trabajo.
 El general Enrique Silvela y Díaz-Criado está casado con Paz Peña Corchado, unidos matrimonialmente en Manzanares (Ciudad Real) en octubre de 1995. Hijos, Enrique, Fernando, Gonzalo y Jaime Silvela Peña.
Hermanos del general: María Gloria, casada con Javier Mollá Ayuso; Victoria Eugenia, casada con Alejandro Girod Enterría; Rocío, casada con Enrique García Gullón; y Jaime, casado con Alicia Sosa Harguindey.
Dos cuñados del general Silvela Díaz-Criado son artistas pintores vinculados familiarmente a Manzanares: el primero, Fernando Peña Corchado, "Leodegario", obtiene buena crítica con sus originales imágenes distorsionadas. El segundo, Juan Peña Corchado, hace unas marinas ágiles, muy luminosas y vibrantes.

Para terminar con esta sucinta biografía del despiadado exterminador de obreros republicanos en la Sevilla de 1936 es obligatorio referirse a su actuación en la matanza del Parque de María Luisa en la madrugada del 22 al 23 de julio de 1931. (Un mes después tendría lugar el accidente automovilístico referido arriba, en el cual muere su tío materno José Criado López).


"Restos de sangre en la avenida Hernán Cortés del Parque de María Luisa tras la aplicación de la `ley de fugas` a cuatro detenidos". José María García Márquez, La «Semana sangrienta» de julio de 1931 en Sevilla. Entre la historia y la manipulación, Sevilla, Aconcagua Libros, 2019.
Encargado de una descontrolada conducción de presos sin ninguna supervisión de autoridad competente, en una ciudad convulsionada por la agitación social, Manuel Díaz Criado protagonizó las tormentosas sesiones del Congreso subsiguientes al trágico suceso.

"Desde Sevilla la Trágica. En el parque de María Luisa se aplicó la `ley de fugas`. (Crónica postal de nuestro redactor-jefe). Desde el primer instante fue creencia general en Sevilla que en el parque de María Luisa se había aplicado la `ley de fugas`. Pero en un primer momento faltaban datos, indicios. Poco a poco, ha ido aclarándose la cuestión. Y hoy puede afirmarse ya rotundamente que los cuatro individuos muertos entre las frondas del jardín más bello del mundo cayeron víctimas de la trágica ley que inmortalizará a Martínez Anido.
Ha sido tan grande y tan demostrativo el número de indicios que en torno al hecho se han reunido, que sólo quienes estén ciegos pueden negar. Y aun éstos tendrán que rectificar muy pronto, reconociendo que Parra, Navarro, Olivar y Pérez del Pulgar fueron ultimados en forma que exige la intervención enérgica e inmediata de los Tribunales de Justicia.
No se ha hecho pública hasta ahora ninguna prueba plena, absoluta. Pero es posible que exista y se encuentre, o se haya encontrado ya. Aunque en realidad no se necesita para demostrar la forma harto extraña en que murieron cuatro detenidos. Nosotros tenemos pruebas parciales. Vamos a exponerlas. Y creemos que entre todas bastan sobradamente para no dejar lugar a dudas.

La referencia oficial. De las distintas versiones dadas oficialmente, y a veces en franca contradicción, puede obtenerse la siguiente: A las cuatro de la mañana del 23 de julio salieron del Gobierno civil [tras en Hotel Inglaterra en la Plaza Nueva], para ser conducidos a los sótanos de la plaza de España, cuatro detenidos. Iban en una camioneta conducida por un guardia cívico, al lado del cual marchaba el capitán de Infantería señor Díaz Criado, y custodiada por fuerzas de Seguridad y Guardia civil. Al llegar ante la estatua del Cid, entrada del parque de María Luisa, la camioneta sufrió un pinchazo o una avería —que ni aun en esto están acordes las versiones—. Los detenidos, convenientemente esposados, fueron sacados de la camioneta, y, rodeados por los guardias, continuaron a pie hacia su prisión. Internados ya en el parque los guardias fueron tiroteados por unos pistoleros apostados entre los árboles. Los detenidos aprovecharon el momento de confusión para intentar huir, y los guardias dispararon para impedirlo y repeler la agresión. Al terminar el tiroteo se vio que ningún guardia había resultado herido; tampoco lo fue ningún pistolero. Sólo los cuatro detenidos habían caído, víctimas de la lucha. Dos estaban muertos, y otros dos, en estado preagónico.
Entonces los guardias los recogieron del suelo, y para curarlos, los llevaron al Hospital Militar, distante más de tres kilómetros. Allí ingresaron con vida dos de ellos, aunque murieron al poco rato.

Frente a la versión oficial. Veamos ahora toda una serie de argumentos lógicos en contra de la versión oficial.
El parque de María Luisa estaba, especialmente por la noche, ocupado militarmente para impedir que nadie se acercase a los sótanos de la plaza de España, que servían de prisión. ¿Cómo es posible que entrase en el parque un grupo de pistoleros armados?
¿Cómo sabían, si así fue, que a hora tan desusada habría una conducción, se produciría una avería y los presos continuarían a pie? ¿Quién se lo dijo, si sabían todo esto?
¿Cómo puede un hombre cojo y esposado, rodeado de guardias, intentar huir?
¿Por qué la comitiva, el lugar de acercarse a los sótanos, se alejó de ellos, internándose en el parque?
¿No es sintomático que no cayera herido ningún guardia ni pistolero, y, en cambio, muriesen los cuatro presos?
Las mujeres que limpian los pabellones suelen ir muy temprano en esta época a trabajar. ¿Por qué el día de los sucesos no las dejaron pasar?
¿Por qué, si a aquella hora no había ninguna otra conducción, se utilizó una camioneta en lugar del coche celular?
¿Quién dio la orden de traslado a aquella hora? ¿Fue el capitán Díaz Criado, el mismo que iba en la camioneta al lado del conductor, y a cuya declaración ante los parlamentarios se concede tan excepcional importancia? ¿Para qué iba allí?
¿Por qué una vez recogidos los muertos y heridos se les llevó al Hospital Militar, distante más de tres kilómetros, en lugar de llevarles al Equipo Quirúrgico —adonde van todos los heridos graves—, que sólo estaba a cuatrocientos metros, y por cuya puerta casi tenían que pasar?
¿Por qué, si hubo dos heridos que llegaron con vida, no se avisó inmediatamente al juez de guardia para que les tomase declaración?
¿Por qué no se avisó a las familias, y cuando la de Parra preguntó se le negó el hecho en todos los centros oficiales?
¿Por qué cuando se enteraron de la muerte no les dejaron ver el cadáver?
¿Por qué a los familiares de Navarro y Parra, que reclamaron con toda insistencia los cuerpos de sus deudos, no se los quisieron entregar?
Todas estas preguntas solo tienen una contestación. Y esa contestación se la ha dado hace tiempo el pueblo sevillano, envuelta en la más dura condenación.

Afirmaciones. El partido republicano democrático federal de Sevilla abrió, antes de la llegada de la Comisión parlamentaria, una interesante información acerca de los sucesos desarrollados. Y en esta información consta una documentación interesante, la de Antonio Rodríguez Zaragoza, quien afirma que a las ocho de la noche del miércoles sacaron, para ser conducidos al `Vizcaya` [un barco-prisión] a veinticinco detenidos, entre los que se encontraba Pérez del Pulgar. Pero que, estando ya en la calle, llegó una nueva orden, y Pérez del Pulgar fue metido otra vez adentro. Los demás detenidos se extrañaron y comentaron el hecho. Pero cuando sus comentarios fueron más graves fue al enterarse, al día siguiente, de que el citado individuo había muerto en el parque de María Luisa.
La C. N. del T. afirma —y tiene sin duda motivos para ello— que la camioneta en que fueron conducidos los detenidos no sufrió ni pinchazo ni avería de ninguna clase. Y en este sentido han informado a la Comisión parlamentaria.
El día de los sucesos una elevada personalidad sevillana —que luego ha declarado ante la Comisión, y en forma al parecer muy distinta— se frotaba (sic), aseguraba que se había aplicado la `ley de fugas`, y luego, irónicamente, añadía: `¡Ya empieza la República a utilizar los mismos procedimientos de la monarquía!`
Desde la plaza en que está situada la estatua del Cid a la de España, hay poca distancia y un camino recto. Era lógico que la comitiva hubiera tomado este camino. Sin embargo, torcieron a la derecha, alejándose de los sótanos. Y así llegaron hasta el punto en que ocurrió el hecho, que se encuentra  a más distancia de la plaza de España que el sitio en que se produjo la supuesta avería de la camioneta. ¿Por qué se tomó este camino? Era completamente ilógico, pero también estaba muy oscuro. Y ésta puede ser la explicación.
¿Cabe dudar, después de todo esto, de que se aplicase la `ley de fugas`?

¿Cerca del final? La Comisión parlamentaria ha trabajado mucho para esclarecer por completo este asunto. Y sus investigaciones han dado un resultado más satisfactorio del que esperaban. En el sentido, claro está, de que la `ley de fugas` se aplicó. Han oído declaraciones de unos y otros. Han visto la torpeza con que han declarado los guardias y los que intervinieron de cerca o de lejos en el asunto. Han advertido las flagrantes contradicciones en que han incurrido. Y hasta es muy posible que hayan tenido confesión parcial o total. Esperemos el dictamen de la Comisión parlamentaria. Y tengamos fe en que se hará justicia". Eduardo de Guzmán. La Tierra, 8 de agosto de 1931.

"Coincidencias espantosas. En torno a los sucesos de Sevilla. En una de las admirables crónicas inquisitivas y aclaratorias de los recientes sucesos societarios ocurridos en Sevilla que envía a La Tierra su redactor-jefe, Eduardo de Guzmán, he leído, no sin conmovedor asombro, la problemática intervención del capitán de Infantería señor Díaz Criado en el hecho luctuoso y francamente indignante de la aplicación de la `ley de fugas`a cuatro honrados obreros en el parque de María Luisa, el `más bello jardín del mundo`. (Cayeron estos trabajadores de manera tan infamante y horrible, sin duda para testimoniar la ausencia de sensibilidad que se advierte en cierto ministro de tétrico abolengo y de más... tétrica historia.)
Al leer el nombre de Díaz Criado me `dió un vuelco el corazón`. Voy a recordaros, amigos lectores, quién es este hombre. No hace muchos meses prestaba servicios en una compañía de la legión, en nuestro remotísimo y olvidado Marruecos... No estará de más, creo yo, que rememoremos su desastrosa actuación con aquellas bravísimas y pundonorosas tropas. Se acababa de implantar la República en España. Los legionarios acogieron el nuevo régimen con acalorado y enorme entusiasmo. Pero sus jefes y la mayoría de subalternos eran monárquicos hasta el tuétano. De manera que las más nimias o más infantiles expansiones de los soldados en obsequio a la República eran acogidas por aquéllos con intransigencia, con despecho y con ira, que se traducía todo en castigos terribles hasta para quien se permitía solamente dar un tímido viva al régimen recién nacido.
Uno de los capitanes que más se `distinguieron` en este sentido fue el señor Díaz Criado. Ya mucho antes tenía fama entre `los suyos`. Autoritario, cruel, arbitrario y caprichoso, gozaba de la máxima impopularidad entre su tropa.
Pues bien; en el Tercio acaecieron sucesos gravísimos poco después del advenimiento de la República. No era más que eso: que el Borbón tenía allí sus más incondicionales esbirros.
Díaz Criado mandaba una compañía de la quinta bandera. Cuando esta unidad guarnecía en el mes de mayo el Zoco-el-Arbaa hubo en la misma gérmenes de indisciplina que inquietaron de modo alarmante al mando. ¿Motivos? Estos: filiación monárquica de sus jefes frente a un entusiasmo indescriptible por la República de aquellos simpáticos muchachos rebeldes y aventureros.
¿Cómo procedió el mando para restablecer la disciplina?
Pues fíjate, amigo lector: procedió el mando siguiendo al pie de la letra las inspiraciones de los propios insubordinados. Estos pedían el inmediato traslado del capitán Díaz Criado y de otro de la misma graduación, de cuyo nombre no quiero acordarme...
Y así se hizo. El capitán Díaz Criado tuvo que marcharse del Tercio más que a la ligera...
¿Te vas dando cuenta, lector amigo? Pero ¿`cómo diablos`, por qué monstruosa coincidencia, a este capitán le veo ahora en el centro de uno de los sucesos más horribles y turbios que costó la vida a cuatro hombres pacíficos, honrados y trabajadores? ¿Será verdad, entonces, que se ha aplicado la `ley de fugas`en el parque de María Luisa, el más bello jardín del mundo? A mí ya no me cabe la menor duda..." Pedro Pablo Portero. La Tierra, 11 de agosto de 1931.

"La primera autoridad de Sevilla se entregó en manos del señor Díaz Criado, que fue el que dirigió la famosa conducción de presos: un loco que había recibido un balazo en el cráneo, en campaña, y que desde entonces era considerado como un anormal". Señor Gonzalez López, de la Comisión de Responsabilidades de Sevilla, explica en la sesión de las Cortes del día 26 su punto de vista en los sucesos del Parque de María Luisa. Ahora, 27 de agosto de 1931.


"La Comisión parlamentaria investigadora de los sucesos revolucionarios de Sevilla ha llegado a la capital andaluza y ha empezado su actuación. Los puntos interesantes que ha de esclarecer hace que ésta se siga con profunda atención". Foto de Ahora, 2 de agosto de 1931.

El señor Vargas, de la Comisión, declara en la referida sesión que la conducción "la ordenó y la organizó el Sr. Díaz Criado, señor al que considera un anormal y capaz de cualquier disparate". Crisol, 27 de agosto de 1931.

El 11 de noviembre de 1931 se conoce ya el veredicto: no ha lugar al procesamiento de los guardias civiles Vicente Pérez Acebrón, Gabriel Cuéllar Sanjuán, Manuel Rubio Manzano y Sixto Nieto; de los guardias de Seguridad José Acuña, Lucio Gabaldón, Balbino Salinas y Rafael Persa; y de los "señoritos cívicos" Juan González Camino, Francisco Parladé Ibarra, Julio Galnares, Cristóbal Montes y Manuel Díaz Criado el capitán legionario. Los sevillanos no salen de su asombro indignado, ya que después de los trabajos de la Comisión parlamentaria todos estaban convencidos de la criminalidad de los hechos.

Ramón Franco Bahamonde, hermano —por entonces republicano— del que luego sería caudillo fascista, acogido con una gran ovación en el mitin del teatro Romea de Murcia del día 17 de mayo de 1932, censuró en su discurso "a los llamados federales gubernamentales, de Azaña y de Lerroux, y entre ellos a Franchy Roca, que, siendo fiscal de la República, dejó en la impunidad los crímenes espantosos cometidos en el parque de María Luisa por el capitán Díaz Criado, cuatro señoritos chulos y cuatro guardias, con premeditación, alevosía, nocturnidad, ensañamiento y en cuadrilla. (Gran ovación)". La Tierra, 18 de mayo de 1932.

Al año siguiente, en 1933, las organizaciones de activistas obreros actúan con contundencia contra quien estaba en su punto de mira en la ciudad.

En Sevilla el día 11 de enero de 1933 la C. N. T. declaró la huelga general. Los comunistas no la secundaban. El día anterior un grupo de trabajadores se apoderó a tiros de un tranvía, obligó a los viajeros a desalojarlo y lo puso en marcha sin mando. Un guardia de Asalto logró detenerlo. En la subsiguiente batida de la policía por los alrededores se detuvo a 18 personas, cinco de ellas portando pistolas automáticas y cargadores. Al anochecer hubo incendios de negocios, tiroteos y explosiones de bombas. La policía y el ejército cachean y registran autos. De madrugada los panaderos inician la huelga, y en la puerta de la cárcel se produce un tiroteo. Hay colisiones entre sindicalistas y comunistas. El gobernador García Labella ordena clausurar los sindicatos, pero se coacciona a tranviarios, albañiles o taxistas para que no trabajen. Los piquetes solo permiten circular a los médicos. Las calles quedaron desiertas y los mercados sin animación. Los camiones de los esquiroles eran incendiados y sus motores inutilizados con petardos y bombas, y algunos agentes de policía sufren heridas de bala al intentar identificar o detener a sospechosos. Varios transeuntes ajenos también son heridos. Carmen Lanzeta, de 50 años, que vendía naranjas en la puerta de la Universidad, fue disparada en la pierna izquierda.
En La Rinconada se viven horas de comunismo libertario, y en Camas el ambiente es parecido. En pocas horas el movimiento anarcosindicalista se extiende por Sevilla y su provincia. Los activistas viajan en automóviles por todos los pueblos para organizar el movimiento. 
Desde las ruinas de Casa Cornelio, bombardeada por los militares en el verano de 1931 —cuando se produjeron los asesinatos del parque de María Luisa—, unos obreros disparan contra guardias de asalto, hiriendo al teniente Manuel Cayón. Son los días de Casas Viejas. A Andalucía llegan trenes desde toda España, repletos de guardias de Asalto con ametralladoras. Pero la revolución social se extiende por todo el país.

Este enero de 1933, cuando el abogado Juan Díaz Gavira regresaba a su domicilio en la calle Jesús del Gran Poder n.º 102 todavía flotaba en el ambiente la nube de polvo y aún resonaban los ecos de la formidable explosión que acababa de producirse en la próxima calle de Santa Ana. Mi anciana abuela Lucía Copado y sus vecinas en el corral de San Vicente n.º 90 referirían el susto que les produjo la deflagración, cómo muchos cristales de ventanas en los pisos altos se rompieron, y cómo llovían esquirlas de adoquines y ladrillos por doquier.

A las nueve menos cuarto de la noche en la casa n.º 11 de la calle Santa Ana —domicilio social de la U. G. T.— tuvo lugar la enorme explosión que se oyó en toda la ciudad. Tres hombres armados penetraron, pistola en mano, en el portal, y encendiendo las mechas de dos bombas las dejaron caer al suelo. El conserje logró coger una y arrojarla a la calle, y un socio pudo, a puntapiés, llevar al otro artefacto hasta la puerta. Esta última fue la explotó, causando heridas a 13 personas que deambulaban por la concurridísima calle, algunas muy jóvenes. Uno de los heridos, Rafael Cerquera Pérez, de 23 años, con impacto de metralla en el muslo derecho, de pronóstico reservado. En el número de Ahora del 24 de enero se muestra a Rafael Cerquera como uno de los que intentaron apagar las mechas de las bombas en la Casa del Pueblo.


Rafael Cerquera Pérez tomó parte en un acto celebrado en la Asociación de Dependientes Mercantiles en Sevilla, a las 11 de la mañana del día 2 de mayo de 1931. Rafael Cerquera Pérez era hermano de Joaquina, maestra nacional en Castilleja de la Cuesta, dos de cuyas alumnas fueron las hijas del alcalde Juan Sánchez Mesa, quien resultaría fusilado por los fascistas. Ver Padrón 1z. Enero de 2016. 

El abogado Juan Díaz Gavira, conmocionado por la actitud del gentío que invadía la entrada de la Casa del Pueblo objetivo de los activistas, entró en su portal con la mente puesta en el hecho y la intención primera de tranquilizar a su hermano Manuel, quien en el piso de arriba reposaba de sus múltiples dolencias. 
Distraído penetró el letrado en su casa, aunque no tanto como para no echar cuenta, con la lógica alarma, de un enorme artefacto colocado junto al macetón de plantas del amplio portal. Al instante, sus sentidos agudizados por el miedo, Juan Díaz percibió el olor de pólvora quemada que producía una mecha encendida en la parte superior del extraño armatoste, y en su cabeza, como un trueno mudo, se materializó el concepto de bomba. Arrojando al suelo la cartera que portaba se abalanzó de un salto hacia el dispositivo y, con la propia mano desnuda, apretó el cordón ardiente hasta asfixiarlo, arrancándolo de un fuerte tirón. Presa de la excitación propia del momento se asomó en busca de ayuda a la calle, donde todavía se producían carreras de vecinos alarmados y de chiquillos curiosos, y para su fortuna vio a dos cabos del cercano regimiento de Soria 9 que, desplegados por las autoridades en la zona, formaban parte del contingente movilizado en la ciudad en aquellas fechas de agitación y pistolerismo.
Los dos militares, tras inspeccionar el artefacto y cerciorarse de su completa inactivación, lo cargaron y se lo llevaron al cuartel de la Gavidia. 
La mente ya lúcida del jurisconsulto, avezada a trabajar vertiginosamente, en seguida asoció el atentado en la cercana Casa del Pueblo con la bomba en su portal y con la peligrosa situación familiar en que su sobrino, el legionario Manuel, los había colocado a todos, especialmente desde el asesinato de los cuatro trabajadores en el parque de María Luisa en el verano de 1931. Inmediatamente subió las escaleras para hablar con su hermano, padre del promotor de la desgraciada situación que padecían. La bomba, —pensaba salvando los escalones de dos en dos—, no la habían arrojado allí los terroristas que huían de la calle Santa Ana, sino que fue colocada en el portal intencionadamente. Luego, con el paso de las horas, se afirmó la conclusión de que el principal objetivo de los activistas era su propia familia, y que la explosión en la Casa del Pueblo de la calle Santa Ana no era más que un cebo para que ellos se asomaran al portal.


Las dos bombas que no explotaron. A la izquierda la de la calle Santa Ana. A la derecha la de la calle Jesús del Gran Poder. La bomba de Jesús de Gran Poder pesaba casi 12 kilos, mientras que las otras dos, incluida la que explotó, pesaban menos de la mitad. Fueron estas dos restantes explosionadas por los artificieros a las 10 de la mañana del día 24 en el polígono de tiro situado tras la Pirotecnia Militar, en un pozo de paredes de hierro de 12 centímetros de espesor, que quedó semidestruido. 


Los artificieros de la Pirotecnia Militar preparan los dispositivos para ser explosionados en la cámara de pruebas. Como posibles autores del atentado se detuvo a algunos directivos de la Confederación Nacional  de Trabajadores de Sevilla.


Casado con Eloísa Criado López, resultan así dos hermanos —él y el padre de Criadilla— unidos a dos hermanas, esta Eloísa y Gloria (ver su genealogía arriba). Gloria, madre del referido Criadilla, era dos años mayor que su hermana. Juan y Eloísa no dejaron descendencia.

(2)  El comandante Garrigós, jefe de Orden Público, junto a otras autoridades de la capital de Andalucía asistió al sepelio de su antiguo colaborador en el golpe contra la República, el cabo de la guardia civil Enrique Galván Maestro. Sepelio que tuvo lugar el 28 de abril de 1939, como publicó ABC de 29 de abril de 1939. A la vez, por cierto, se celebraba en dicha fecha y en Sevilla el de José Benjumea Zayas, esposo de Josefa Vázquez Armero (ver Historia de los apellidos, 21l. Mayo de 2020). 
Enrique Galván fue herido por disparos unos días antes, al parecer al intentar detener a ciertos anarquistas. Un mes después su matador era juzgado, y a la semana ejecutado. 

"Consejo de guerra en Sevilla. Sevilla, 21.—Se ha celebrado Consejo de guerra sumarísimo contra Manuel Romero López, autor del asesinato del cabo de la guardia civil Enrique Galván. El fiscal ha solicitado la última pena para el procesado". Azul, 21 de mayo de 1939.

"Ejecución de una pena de muerte. Sevilla, 28.—Se ha cumplido la sentencia de muerte dictada contra el anarquista Manuel Romero López, acusado de numerosos crímenes, que se le han probado. Cuando se trató de detenerle, disparó contra el cabo y los guardias encargados de prenderle, matando al primero". Hoja Oficial del Lunes. 29 de mayo de 1939.

El comandante Santiago Garrigós Bernabeu se habría escandalizado —o acaso hubiera sonreído con socarronería cómplice— si hubiese podido leer el libro Sevilla en la posguerra (Guadalturia Ediciones, 2010), que Nicolás Salas escribió trastocando artículos del periódico ABC que había dirigido. Nicolás desentierra de su hemeroteca al cabo Enrique Galván Maestro y a su matador el anarquista Manuel Romero López un año después de sus inhumaciones, los revive y los sitúa animados en un poco creíble complot para asesinar a Franco durante la Semana Santa de 1940. Como no podía ser menos, ABC se hace eco y reflejo de la pseudohistoria pergeñada por la mente enrevesada de su antiguo director:

"Sábado, 23 de marzo de 1940. ABC de Sevilla informaba de las últimas jornadas de la visita del general Franco a Sevilla, en los días grandes de la Semana Santa. [...] La crónica, imbuida del espíritu triunfalista del momento, apenas contaba algún detalle sobre las cofradías, si acaso las saetas que cantó Estrellita Castro el Jueves Santo, continuando con la narración de la presencia de Franco en la tarde del viernes en los palcos para asistir, nuevamente, al paso de las procesiones, llegando a presidir la procesión del Santo Entierro. [...] Nicolás Salas, en su libro `Sevilla en la posguerra`, narró la existencia de un complot para matar a Franco precisamente en la Semana Santa de 1940, un atentado que se había planeado aprovechando su presidencia en la Cofradía del Santo Entierro, con una organización que partiría de la propia Internacional comunista. Tras una filtración del complot, los cabecillas del mismo fueron abatidos en un tiroteo en el conocido club Zapico, en la calle Leonor Dávalos, en la Alameda, uno de los centros de la prostitución de la época. Sobrevivió al enfrentamiento, que también costó la vida a un cabo de la Guardia Civil, el anarquista Manuel Romero López. Detenido, acabaría confesando todo el complot, una historia que no se haría pública, siendo conocida solamente la fecha de la ejecución del superviviente en la primavera del año 1941, según se hizo pública en una nota  publicada por la prensa: ´Sentencia cumplida: Se ha cumplido la sentencia de muerte dictada por Consejo de Guerra contra el anarquista Manuel Romero López, uno de los asesinos del cabo de la Guardia Civil don Enrique Galván Maestro, afecto a la Policía Militar de nuestra ciudad…`. [...] En la confesión, el ajusticiado puso en pie la identidad de los brigadistas muertos en el enfrentamiento del club Zapico, que habrían sido contratados por Victorio Codovila, el agente italoargentino del Komintern para España. Según Nicolás Salas: `El atentado estaba previsto para el Viernes Santo, cuando Franco presidiera el desfile del Santo Entierro. Los ex brigadistas habían decidido actuar en la salida de la calle Sierpes a la plaza de Falange Española, situándose dos a cada lado, en las calles Granada y Manuel Cortina, con bombas de mano y pistolas ametralladoras. Manuel Romero López les había asegurado escondites individuales, ropas para cambiarse y vehículos para la fuga inicial. Después contarían con la cobertura del Komintern para salir de España por distintos lugares`. [...] Al parecer, Franco fue informado de lo ocurrido, autorizando como medida de protección que el guardia civil `Juanillo el de los pelos colorao` (sic), armado con un subfusil ametrallador, montara vigilancia debajo del palco principal del Ayuntamiento desde el mismo Miércoles Santo, el primer día que Franco ocupó la presidencia de los palcos. Nadie podía imaginar lo ocurrido viendo su rostro inexpresivo. Nadie podía imaginar la protección que había en torno a aquellos pasos detenidos ante los palcos del Ayuntamiento. Fue la Semana Santa de 1940, un año en el que, quizás, pudo cambiar la historia de España". Manuel Jesús Roldán Salgueiro. Un atentado contra Franco en la Semana Santa de 1940. https://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/atentado-franco-la-semana-santa-1940.html

Roldán Salgueiro (Manuel Jesús Roldán @manuroldansal) parece haber mezclado sus fuentes mitad y mitad: Sevilla en la posguerra de Salas y Los años del miedo (Editorial Planeta, 2008) de Juan Eslava Galán, libro este último que incurre en la misma mixtificación, la cual a su vez repite El Mundo en https://www.elmundo.es/elmundo/2009/04/05/andalucia_sevilla/1238964109.html, o el blog http://sevillaentusxanos.blogspot.com/2015/03/una-prostituta-salvo-franco-en-la.html

La guinda a todo el embrollo la colocan Eva Díaz Pérez y José María Rondón en Semana Santa insólita, Editorial Almuzara, 2014, que abunda en el mismo asunto y con idénticas tergiversaciones.

Entretenida lectura, pero que no ha de considerarse mas que una estratagema de varios famosos autores para vender sus libros a lectores incautos y pocos avisados. El guardia civil Enrique Galván Maestro y el anarquista Manuel Romero López no tienen ninguna vinculación con un supuesto complot para matar a Franco en la Sevilla de 1940.
A Isabel Galván Montes, viuda de Enrique Galván, le concedió una pensión el Consejo Supremo de Justicia Militar el 11 de agosto de 1943.

(3)  "Antonio Galán Hidalgo nace en Alcalá de los Gazules el día 24 de febrero de 1905 en la calle Duque de Almodóvar del Río, a las 8 de la mañana. Fue hijo de Antonio Galán Fernández (farmacéutico) y de María de los Dolores Hidalgo González.  Inició su carrera militar como alumno de infantería aprobando su acceso en Toledo el 4 de abril de I 922. Desde 1927, con 22 años, que asciende a Teniente, va pasando por los diferentes escalafones hasta alcanzar el grado de General de Brigada de la Guardia Civil según Decreto de 24 de marzo de 1962 (57 años). Nombrándole Jefe de la Tercera Zona. [...] Con fecha de 2 de abril de 1962 el Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules lo nombró Hijo Predilecto. Don Antonio Galán Hidalgo fallece en Zaragoza el 23 de febrero de 1983 a los 78 años.
[...] El buque [Isla de Panay] se pierde definitivamente en la noche del 7 de diciembre de 1929 al embarrancar en el bajo de los Primos entre Santa Isabel y San Carlos, en Fernando Poo. Era como las dos y cuarenta de la mañana cuando se oyó un ruido sordo debajo del barco como si tropezase con algún estorbo. Como iba despacio fue adentrándose poco a poco, siendo tres los tropezones los que dio. Al oír ese ruido, todos los pasajeros que dormían tranquilamente se despertaron alarmados pensando que algo grave ocurría. En efecto, el barco comenzó a inclinarse lentamente pues estaba encima de los escollos. La maquinaria intentó sacar el barco para atrás; todo inútil. El espanto empezó a apoderarse de todos. El barco seguía inclinándose. La niebla y la mar picada hacían la situación angustiosa. Los miembros de la tripulación más enteros de ánimos, entre ellos nuestro paisano, el teniente Antonio Galán Hidalgo hicieron una tarea ingente para organizar y ayudar a la salvación de la tripulación aterrorizada. Como mal menor la luz no faltó en todo el tiempo; si esta hubiera faltado, el caos..... la confusión.... y quizás las pérdidas humanas hubieran sido cuantiosas, pues además sólo se pudieron arriar los botes de babor y con mucha dificultad. Las primeras noticias del naufragio llegaron a las poblaciones cercanas sobre las 8 de la mañana y rápidamente el Gobernador ordenó el rescate de los náufragos. Las bocinas inundaron el ambiente y tras prepararlo todo, tras una hora de espera pudieron salir las lanchas disponibles a prestar ayuda a los náufragos, en medio de unas condiciones marítimas adversas que hacían dudar de la operación rescate. En tierra todo se preparaba para recibir a los náufragos. A las cinco de la tarde entraba en la bahía la lancha del Gobierno que conducía a algunos marineros. Luego más tarde fueron entrando las demás embarcaciones conduciendo a toda la población. Los pasajeros llegaron a la costa con lo puesto. No se salvó nada de la correspondencia ni de la carga. Se perdió también muchísimo dinero de particulares que lo traían en su equipaje. Se pudieron salvar 250.000 pesetas en billetes y posteriormente 50.000 en plata. El barco terminó hundiéndose pasadas las 12 del mediodía. No faltaron voces críticas sobre la actuación de la tripulación que no auxilió debidamente al pasaje que pudo salvarse gracias a la acción heroica de algunos de sus miembros, como es el caso de nuestro paisano Antonio Galán Hidalgo". historiadealcaladelosgazules.blogspot.com

(4) Junto con el también capitán de la guardia civil José Garrigós Bernabeu (4a) —hermano del comandante Santiago Garrigós—, Francisco Vigueras de la Vega fue dado de baja en el Instituto armado por desafecto a la República, en aplicación del Decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros referente al mencionado Instituto. Firman la baja de ambos capitanes y de otros mandos de la guardia civil el presidente de la República Manuel Azaña y Sebastián Pozas (4b), ministro de la Gobernación, en Madrid el 26 de agosto de 1936.

Francisco Vigueras de la Vega. Hijo de Francisco Vigueras Espejo, del comercio, y de María de los Ángeles Vega, que tuvieron además a Magdalena, Milagros y Víctor Vigueras Vega. Todos ellos cordobeses.
Sus abuelos fueron Rafael Vigueras García, escribiente, y María Espejo Ortega, ambos también de Córdoba. Su bisabuelo, en cambio, era de Logroño, José Vigueras, casado con la cordobesa Rafaela García. 
Este Vigueras procedente de La Rioja formó en Córdoba una extensísima familia.

Casado con Mercedes Lara-Barahona y Mazas, estuvo el golpista destinado en Córdoba durante la República. En dicha ciudad nació su primer hijo en diciembre de 1932. Un hermano de Mercedes, Antonio, abogado, murió en la ciudad califal el 14 de enero de 1938. Otro de los hermanos, Ángel Lara-Barahona, también abogado, murió en Madrid el 1 de diciembre de 1970. Era Secretario General de la ONCE. Un tercer hermano, Francisco, fue médico puericultor en Córdoba.
En el censo de Córdoba del año 1940 aparecen tres hijas de Francisco y Mercedes: Ángeles, Francisca y María Vigueras Lara-Barahona. Otro hijo, Francisco Vigueras Lara-Barahona, es vocal de la Asociación Sevillana de Asistencia, constituida por ultracatólicos voluntarios que atienden a personas mayores que viven en soledad. Diario de Sevilla, 16 de enero de 2008.


Francisco Vigueras Lara-Barahona

María de los Ángeles de Viguera Lara-Barahona, casada con Rafael García Hernández en 1952, tuvo 7 hijos. Su suegro, padre de Rafael, fue el pintor cordobés Rafael García Guijo (1881-1969). Ver María del Carmen García de Viguera. La pintura española en los siglos XIX y XX. Rafael García Guijo. (Tesis Doctoral). Universidad de Granada, 2015.


Retrato por García Guijo de Teodora Hernández Sanjuán su mujer, y de Rafael García Hernández, su hijo, este último casado, como hemos dicho, con una hija del secuaz de Santiago Garrigós Bernabeu en el golpe de 1936. La autora de la referida tesis doctoral pertenece a la misma descendencia. 

"Enlace García Hernández y Viguera Lara-Barahona. En la iglesia de Nuestra Señora del Buen Suceso se ha celebrado el enlace de la señorita María de los Ángeles Viguera Lara-Barahona, con el arquitecto D. Rafael García Hernández. Apadrinaron a los contrayentes el teniente coronel de la Guardia Civil D. Francisco Viguera de la Vega, y doña Mercedes Lara-Barahona Maza, padres de la novia. Bendijo el enlace fray Albino González y Menéndez de Raigada, obispo de Córdoba, y ofició la misa de velaciones el padre fray Antonio García de Figar, O. P.
Firmaron como testigos, por parte de la novia, el padre Francisco Aguilar, D. Francisco Viguera Lara-Barahona, D. Ángel Lara-Barahona Maza, D. Víctor Viguera de la Vega, D. Valentín Álvarez Miaja, D. Pedro Tendero Moviedro y D. Ángel Suárez Gómez; y, por parte del novio, D. Enrique Tienda Pesquero, D. Eduardo y D. Cándido Velasco García, D. Ricardo Dodero Cobo y D. José Romero Rivera.
Los nuevos señores de García Hernández salieron para varios países europeos". ABC, 10 de mayo de 1952.


José Garrigós Bernabeu en la Revista Técnica de la Guardia Civil de junio de 1928. Dos meses después, el 20 de agosto, moría en Fregenal de la Sierra (Badajoz) Magdalena Bernabeu Monllor, con 70 años de edad, madre de Manuela, Jaime Santiago, José, Magdalena y María Garrigós Bernabeu.  

(4a) Fue José Garrigós vocal técnico por el Instituto de la guardia civil en la Comisión representante del Estado para modificar, coordinar y estudiar lo legislado sobre armas y explosivos, que trabajó para ello en agosto de 1934 junto a la patronal organizada en la Cámara Armera de Eibar.

 "En Madrid es detenido un revolucionario de Eibar. Madrid. El capitán de la Guardia civil D. José Garrigós Bernabeu, en unión del cabo Constantino Andrés y dos números, llegaron esta mañana a Madrid en persecución de un individuo que era el jefe del movimiento revolucionario en Eibar. La Guardia civil se trasladó a la calle de Hernani, y en una habitación alquilada encontró durmiendo a Tiburcio Eguía Lopetegui, que era el individuo a quien buscaban, gerente de `El Baluarte Obrero`, de Eibar, y secretario de la Casa del Pueblo de dicha localidad. Como decimos, este sujeto fue el jefe del movimiento revolucionario y era buscado desde hace tiempo por la Guardia civil. En Madrid se hospedaba con nombre supuesto y tenía una documentación falsa. Tiburcio será trasladado a disposición del Juzgado Militar de Pamplona". ABC, 22 de noviembre de 1934.

En febrero de 1944 fue designado jefe de la 210 Comandancia Rural.

José Garrigós Bernabeu se casó con María Teresa Álvarez Rodrigo, (fallecida en Valladolid en 1991). Tuvieron cuatro hijas: María Teresa, María del Carmen, Marilena y Fifi. Hijos políticos, Jose María Ruiz-Prados, Santiago R. Monsalve y Faustino González.
Marilena (María Magdalena) Garrigós Álvarez se casó con Santiago Rodríguez-Monsalve Menéndez (fallecido en Valladolid en el año 2017). Tuvieron a Cristina, Santiago, José, Arturo, Jorge y Carlos Rodríguez-Monsalve Garrigós. Hijas políticas, Lourdes, María del Carmen, Yolanda, María Antonia y Marina. 

José Garrigós Bernabeu aparece como tío de la novia en la boda celebrada en la catedral de Sevilla en octubre de 1970 entre María Luisa Guerrero Checa y Enrique Pérez Viguera. También actuó en esta boda como testigo su sobrino Jaime Garrigós Gómez, el hijo del comandante Santiago Garrigós que vivía por entonces con su esposa y sus siete hijos en la barriada de la Inmaculada en Castilleja de la Cuesta.
María Luisa Guerrero Checa era hija de Jaime Guerrero Garrigós, odontólogo fallecido en Sevilla en 1992, y de María Luisa Checa García de Vinuesa. Este médico odontólogo desempeñó puestos importantes en asociaciones médicas de Sevilla desde los años 50.  Veraneaba en Punta Umbría con José y Santiago Garrigós y sus respectivas familias por julio de 1963 y veranos siguientes.
Enrique Pérez Viguera —del cual sospecho parentesco con el Vigueras de la nota 3 de arrriba— fue subdelegado del Gobierno en Huelva. "Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla en 1968 y casado, con cuatro hijos y cinco nietos, ha sido durante 25 años profesor universitario. Desde 1988 hasta 1993, profesor asociado de la Hispalense en el área de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, y desde ese año hasta 2013, profesor asociado de la Universidad de Huelva en el mismo área. A su vez, ha sido vocal del Consejo de Administración del puerto de Huelva". huelvahoy.com

(4b) Sebastián Pozas dio la orden a la guardia civil de Huelva para que acompañase a la columna de mineros en su intento de liberar Sevilla. Ver las entradas 1, 2 y 3 de Historia de los apellidos, de abril de 2019.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...