Vamos a documentar al siguiente hijo del masón castilllejano Eduardo Borges, Juan Borges Fe. Siendo segundo teniente de Infantería, Juan fue nombrado alumno de la Escuela Superior de Guerra, en julio de 1897. Recordemos que su hermano Eduardo era también segundo teniente de Infantería un año antes, al morir en Jicotea. También Juan participó en la Guerra de Independencia de Cuba, por lo que resultó condecorado.
En diciembre de 1901 Juan Borges ya aparece en Sevilla como juez instructor en casos de deserción de soldados; era por entonces primer teniente del Regimiento de Infantería Granada n.º 34.
Con el grado de capitán dirigía una Academia Cívico Militar, sita en la calle Cabeza del Rey Don Pedro nº. 23 en Sevilla, donde con plazas internas y externas se preparaban opositores a Marina, Correos, Telégrafos, etc. Se ufanaba en anuncio publicitario en el Diario de Córdoba del 21 de agosto de 1911 de la proporción de aprobados que conseguía, 32 de los 47 inscritos desde su fundación. Escribió al respecto, en colaboración con el teniente de Carabineros Sinesio Darnell Iturmendi, Pegas y Dudas de Aritmética, Álgebra, Geometría y Trigonometría, editadas en "dos gruesos volúmenes" en Sevilla en 1919.
Fue nombrado en diciembre de 1923 delegado gubernativo en Utrera, cabeza de partido judicial, en el nuevo régimen dictatorial de Primo de Rivera (1).
En Sevilla por agosto de 1937, siendo teniente coronel de Infantería jubilado y juez instructor nombrado en el expediente de juicio instruido para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando al capitán de la guardia civil Santiago García Cortés por su actuación en la defensa del santuario de Nuestra Señora de la Cabeza en Andújar (Jaén), presentó e hizo publicar los méritos del referido Cortés.
Es presidente del Patronato de Huérfanos de Suboficiales y Asimilados del Ejército en Sevilla desde marzo de 1938. Y por mayo de 1939 presidente de la Comisión Provincial de Reincorporación de los Excombatientes al Trabajo.
Juan Borges Fe se casó con Dolores Santolino Rodríguez. Una de sus hijas fue Dolores Borges Santolino, dama enfermera de la Cruz Roja, esposa de José Durán Aguilar y fallecida en Sevilla el 26 de septiembre de 1933. Otra, Josefa Borges Santolino, casó a su hijo José Luís Romero Borges, teniente de Intendencia, con María del Pilar Monroy Salas, hija de José Monroy Benedid. La boda tuvo lugar en Sevilla el 15 de mayo de 1950.
(1) Era por entonces alcalde de Utrera Francisco Cuéllar Linares, quien recibió al delegado gubernativo Juan Borges con unas palabras a las que éste contestó:
Juan Borges Fe diseñó la estructura del Somatén utrerano y organizó la Unión Patriótica en la localidad. Bajo su mandato, en febrero de 1924, recaló en Utrera el ilustre deportado Miguel de Unamuno. Allí pasó una noche en un hotel, camino de su destierro a Fuerteventura vía Cádiz. Tenía Unamuno en su agenda hacer un breve alto para descansar en la capital hispalense, pero sus autoridades, al conocer su llegada, le enviaron un requerimiento para que se marchara.
El teniente general José Mena Aguado durante su discurso en la Pascua Militar en 2006 en Sevilla.
El militar José María Borges Cristelly, hijo de Juan Borges Santolino y de Purificación Cristelly García y nieto de Juan Borges Fe, fue uno de firmantes de una carta de apoyo al teniente general José Mena Aguado, arrestado y destituido por su discurso del día 6 de enero de 2006 durante la Pascua Militar en Sevilla, en el cual abogó por intervenir militarmente en Cataluña para derogar el Estatut.
Otro hijo del masón castillejense, hermano de Eduardo y de Juan, fue Antonio Borges Fe. Durante la II República sería jefe de la Comandancia de la guardia civil de Sevilla, con la graduación de teniente coronel. Como sus dos hermanos, al principio de su carrera ejerció de segundo teniente de Infantería. Había sido promovido a este empleo siendo alumno de la Academia de Infantería en marzo de 1899. Le concedieron el pase a la Guardia Civil de Salamanca desde el regimiento de Infantería Gravelinas n.º 41 en enero de 1904.
"El mismo día [21 de agosto de 1918], en Álora (Málaga), se verificó la detención de una joven que había estafado buen número de valiosas joyas y ropas, que fueron rescatadas. Este servicio fue realizado por el capitán D. Antonio Borges Fe, al mando de la fuerza siguiente: sargento Francisco Zurera Jiménez, corneta José Rojas Torres y guardias Baltasar Matas Carillo, Bonifacio Villalobos Santos, Cristóbal Santaella Bernal, Agustín González Pérez y Alfonso Rivero Hernández". Revista Técnica de la Guardia Civil, octubre de 1918.
Ya capitán de la Benemérita, recibió gratificación por efectividad en agosto de 1925. Ascendido a comandante, pasó a la Comandancia de León en julio de 1927, y un mes después sustituyó a Nicolás Canalejo en el cargo de ayudante del general inspector de la Segunda Zona.
Se informó el 22 de octubre de dicho 1927 de su llegada a Santa Cruz de Tenerife desde la Península en el vapor "Reina Victoria Eugenia", acompañando al general de la guardia civil José Rivera en visita de inspección. Fue destinado a la Comandancia de Ciudad Real en abril de 1930.
"La recepción [en el ayuntamiento de Sevilla] duró cerca de dos horas y durante ellas el señor Lerroux impuso las insignias de la Encomienda de la República al teniente coronel jefe de la Comandancia de la Guardia civil don Antonio Borges Fe, por la meritísima labor desarrollada en su cargo [y por su actuación en la ciudad durante los sucesos habidos] (1). Estas insignias le han sido regaladas por la oficialidad de la Comandancia. El señor Lerroux, al imponer las insignias al citado jefe, dedicó alabanzas a la labor que ha venido realizando y al Cuerpo de la Guardia civil. El señor Borges Fe le contestó con sentidas palabras de gratitud. El jefe del Gobierno, aunque también posee la referida Encomienda, abrazó finalmente al teniente coronel". La Voz de Aragón, 18 de diciembre de 1934.
"Detención de un fugado de la cárcel y del centinela que le facilitó la evasión. Sevilla.— Esta mañana, a las nueve, ha sido capturado el preso que se fugó recientemente de la cárcel, Francisco García Gallardo, supuesto autor de la muerte del patrono maderero don Víctor Ramos Catalina, y del centinela José Muñoz Hidalgo que facilitó la evasión del preso.
Este servicio se practicó en una finca denominada 'San Rafael', distante unos doscientos metros de la barriada de Torreblanca, donde hay un cuartel de la Guardia civil.
Intervinieron fuerzas de este puesto, de Alcalá de Guadaira y de Sevilla, en total unos veinte hombres dirigidos personalmente por el teniente coronel jefe de la Comandancia señor Borges Fe.
En la finca 'San Rafael' habitaba el guarda, un trabajador y dos mujeres. Una vez que la finca fue rodeada, y quedaron solamente en ella el fugitivo y el centinela, se les conminó a que se entregaran sin resistencia, pues en caso contrario, la Guardia civil procedería enérgicamente. El centinela y el fugitivo salieron de la finca con los brazos en alto y se entregaron.
Lograda la captura, se practicó un registro en el chalet, encontrándose una pistola automática con nueve balas, una escopeta de dos cañones, cargada, un puñal y una hoz. Los presos fueron conducidos al cuartel de San Felipe.
También se hallaron en la terraza de la finca unos folletos de propaganda libertaria.
El guarda de la finca, Francisco Romero Vega, ha sido detenido también, por no haber sido todo lo explícito que la Guardia civil esperaba pues no quiso decir por qué y cómo llegaron los fugados a la casa de que está encargado.
Parece que los fugitivos tenían el propósito de ganar la frontera portuguesa, a través del coto de Doñana.
El individuo detenido como agente de enlace, Antonio Jiménez Castillo, lo fue con ocasión de hacer a la barriada de Torreblanca frecuentes viajes, en el camión de Alcalá de Guadaira. La Guardia civil le siguió los pasos en uno de los viajes de regreso a Sevilla y lo detuvo en unión de otro sujeto apellidado Risco, que también se cree está complicado en la evasión.
El teniente coronel jefe de la Guardia civil informó del resultado del servicio al Gobernador, y éste al Ministerio de la Gobernación, que le encargó felicitara al expresado jefe y a las fuerzas a sus órdenes por la brillantez del servicio". El Adelanto, 29 de marzo de 1935.
Antonio Borges y sus guardias lograron detener a finales de agosto de 1935 a José Muñoz Cantos, Andrés Rus y a Dolores Rosa Salado por robos continuados en la línea del ferrocarril M.Z.A. Les intervinieron varias cajas con toquillas, sedas, fardos de alpargatas y otros géneros y tejidos diversos.
(1) Se refiere a los sucesos de la Revolución de octubre de 1934, aunque el día 27 de este mes y año se informó por la prensa que el teniente coronel Borges se encontraba enfermo.
Respecto al cuarto hijo militar de Eduardo Borges Alegre, Tomás Borges Fe, muy poco es lo que he logrado averiguar, sino que, como sus hermanos, se desempeñó en el cuerpo de Infantería, ingresando en su academia de Toledo en junio del año 1900.
Resulta meritorio de anotar, a efectos históricos, que ninguno de los hermanos Borges Fe que alcanzaron a vivir más allá de 1936 tuviesen problemas o contratiempos relevantes en la España de Franco por el hecho de ser hijos y nietos de masones. En principio el general fascista reprimió a los miembros de las logias con la máxima pena, y fue por mediación, influjo y presión de sectores progresistas de la Iglesia que sustituiría los fusilamientos de masones por sus encarcelamientos.
Franco fue hijo y hermano de notorios masones, y él mismo sería rechazado por una logia, lo cual quizá explique su masofobia. Todavía en septiembre de 1975, en su último discurso, se refería al "contubernio judeo-masónico".
En plena democracia, el Ministerio del Interior se negaba a inscribir a este movimiento en el registro de asociaciones; además de que el papa emérito Benedicto XVI dijo en 2005 que la masonería "es pecado", o que su sucesor el argentino Francisco se expresó en septiembre de 2015 así: "En esta tierra [Turín, Italia] a finales del siglo XIX las condiciones para el crecimiento de los jóvenes eran pésimas. Esta región estaba llena de masones, comecuras, anticlericales y satanistas".
Presentados en España como una organización secreta y malvada, hoy en día quien esto escribe recoge opiniones en Castilleja de la Cuesta entre universitarios católicos quienes siguen relacionando a la masonería con sangrientos rituales de sacrificios humanos.
Otros datos de masones decimonónicos que de alguna manera estaban vinculados con nuestra Villa:
Aunque no vecinos de Castilleja pero sí familiares de naturales o vecinos de ella fueron Juan Varea Portillo, Miguel Delgado Brenes y Manuel Caro Díaz
El primero, abogado, nacido en Paradas el 16 de enero de 1866, que con el nombre simbólico de Makelday perteneció a la logia Invencible n.º 47 de Paradas, era familia del cura paradeño de Castilleja Antonio Pastor Portillo.
El segundo, residente en El Arahal, pertenecía a la Gran Capitán n.º 59 en el año 1894. Recordemos que los Brenes de Castilleja provienen de El Arahal.
El tercero, natural de Tomares, residente en Sevilla, casado, industrial propietario, con nombre simbólico Vulcano, ingresó en La Verdad n.º 115 en el año 1891 con 40 años de edad y fue dado de baja por falta de pago y asistencia en 1893. Los Caro constituyen una extensa y antigua familia repartida sobre todo entre Gines, Castilleja y Tomares.
Y por último, Cristóbal Jiménez González, empleado, casado, residente en Sevilla, natural al parecer de Castilleja, solicitó afiliación en La Verdad n.º 115 en el año 1891 cuando contaba con 36 de edad.
Echando mano al Ser Supremo, al Gran Arquitecto de la Masonería, ese divinizado y sublimado ente que está en la base de los sueños de los creyentes masones, le suministraremos adecuado material onírico para que nos construya sobre el sólido terreno de la imaginación una Castilleja aérea e intangible, alzada entre las inquietas sábanas de las siestas asfixiantes veraniegas o en las madrugadas lluviosas del invierno. Morfeo aleatorio cual fantasmal alcalde administraba la ideal localidad en aquellas horas, dulces o pesadillescas. Paseábamos, nadábamos o volábamos por las calles y plazas, aunque a decir verdad los espacios urbanos no estaban delimitados estrictamente: hay interminables combinaciones, amontonadas e informes, por clasificar, de calles-plazas, plazas-calles, sobre-calles o bajo-plazas.
Hay absurdos muros, por ejemplo, que solo parecen haber sido erigidos para elevar al cielo azul cabelleras de amarillos jaramagos o para exhibir grisáceos desconchados arenosos en los que las lagartijas rascan sus rosados vientrecillos por los bordes de desnudos ladrillos. Hay casas de fuego crepitante —y también de borbotones de humo negro—, de agua rumorosa —y de hielo traslúcido—, de cal mortuoria —y de huesos prehistóricos—, de aire perfumado —y de rosas fachadas—, de hierro magnético atrayente o repelente, de madera carbonizada. Las hay pintadas al pastel, al óleo, a plumilla, y también esbozadas simplemente, bosquejos que quedaron proyectados en atardeceres vueltos del revés. Son casas hechas de colores para los ojos, pero también hay casas hechas de ojos para los colores.
Imponentes cataratas de tejas árabes crujen levantando nubes de polvo. En las ventanas las persianas parpadean estrepitosas fragmentando la luz. Caen los balcones en cadencia muda de vaivenes como con paracaídas. Los altos aleros negros frente a frente se besan, enganchan apasionados sus uñas mohosas entre la contraluz de algarabías de palomas.
La Calle Real, mareante, fluye con tanta insistencia y vértigo que nadie la reconoce, todos absortos en el azul y el oro que la intentan abrazar, en sus vórtices arremolinados que norias gimientes miden con sus cangilones.
La Plaza carece de fondo, no tiene suelo, y en los paredones rocosos de su abismo pardo y ácido cuelgan, semidesprendidos, tramos de escalerillas ruinosas que se balancean removiendo la remota oscuridad que a ciertas horas cuajadas de estrellas forjadas a golpes de reloj se espesa allá abajo.
Oímos lo que dicen o cantan los edificios de nuestra Villa, cada cual con su idioma personal, solo inteligible a las almas predispuestas merced a su inocencia o a su limpieza. En su conjunto, en la suma de sus sonidos, el panorama audible del pueblo es silencioso a los oídos, porque los elementos primordiales, que son la lluvia, el viento y el sol, de tanto acariciarlo, lo han gastado. Los tres agentes que tarde o temprano reducirán el pueblo a un médano albo.
La lluvia en Castilleja es una anciana, vieja canosa con un viejo vestido gris, cargada de joyas incoloras, que arrastra calles abajo sobre piedras y adoquines las cadenas de plata que traban sus cárdenos tobillos. De cuando en cuando, de improviso, se presenta como la esperanza —vertical, lenta y luminosa— en algún penumbroso patinillo para diluir la angustia de su estrechez. O riega frondosos macetones sin dueñas, huérfanos tristes de humedad presa. O tamborilea en los tejadillos frágiles que disimulan la vergüenza de los agonizantes.
¿Qué podría yo contar de los vientos castillejeros, sino lo que me contó mi abuela? La tradición oral —de imposible transcripción literaria— refiere ciertas cancioncillas arromanzadas que las mujeres en las casas cantaban secularmente entre fregados y duermevelas. Creo que estas melodías domésticas transportan los mismos ruidos airosos que oyera Hernán Cortés en su lecho de muerte, o los que su hospedador el jurado Rodríguez de Medina, mientras hacía la guardia, pensaba que tal enfermo ilustre oía. Pero en nuestra Villa el canto del viento ya se cantaba desde mucho antes. Al respecto escribí hace mucho un cuentecillo cabalgante sobre aire en movimiento, que transcribo íntegro:
"En aquel tiempo la Calle Real estaba bordeada de algunas más cabañas que casas, de ladrillos de barro sin cocer, malamente encalados, por cuyas rendijas anidaban arañas y lagartijas; si acaso alguna que otra edificación de porte, en la que algún viejo hidalgo consumía las últimas horas de una vida aventurera en repasar a la luz de los velones polvorientos pergaminos en invierno o en tomar el fresco al balcón, bajo las estrellas del verano.
Una tarde de las últimas de septiembre ululaba el ventarrón en los olivares aledaños a Castilleja levantando nubes de polvo rojizo de la reseca tierra, que no sabía de lluvia desde muchos meses atrás; venía el aire del oeste, con una fuerza impropia, desconocida hasta para los hombres más maduros de la localidad.
Trabajosamente deambulaban las mujeres por las desiertas callejas sujetándose los delantales, y algún hortelano tirando de un pardo mulo se dirigía al oscuro y estrecho umbral de su morada, finalizada la faena en el campo.
El atardecer era sencillamente grandioso; los amoratados nubarrones informes fijos en la lejanía impresionaban, traspasados por toda la gama imaginable del rojo, el amarillo, el cobre; diríase la última obra de un viejo pintor loco que daba de sí todas sus capacidades pictóricas como en una monumental despedida; hacia la vega sevillana columnas de blancas nubes algodonosas, de desarrollo vertical, estaban tocadas de la luz más ideal que mente humana pueda concebir. Todo era majestuosidad estática allá en las alturas al contrario que en el nivel terrestre, donde, el huracán, en desconcertante contraste, golpeaba las destartaladas chimeneas, empujando los tejados, flexionando los altivos cipreses del cementerio, agitando los enanos olivos, ahuyentando a los cerdos que hozaban en mitad de las calles, persiguiendo a las aves de corral, que afanosas buscaban escondrijo seguro, esparciendo a las bandadas de gorriones que no se arriesgaban a llegar a sus dormitorios habituales.
A la mañana siguiente el alcalde organizó, ayudado de varios alguaciles, un recuento de los vecinos de Castilleja de la Cuesta: faltaban quince, entre ellos tres niños de pecho, y una anciana de más de cien años de edad; hubo que ir a buscarlos a los llanos de Chapina, sufriendo solo, milagrosamente, apenas algunas magulladuras todos ellos". (Sin fecha).
El sol, de solemnidad ya caducada a fuerza de una rutina que lo torna irritable, macho barrendero de penumbrosidades feminoides que arrasa a diario con su cegadora escoba de oro, tostador de la ancianidad encorvada sobre las caricaturas de sus propias sombras reptantes sobre las piedras pequeñas, ayudaba a las magnas tareas arquitectónicas de los masones de Castilleja engendrando parsimoniosas y precisas curvas con su compás, dibujándolas sobre suelos, paredes y tejados. Y además hacía ver. De noche empuñaba el espejito mágico de la luna para deshacer, en ejercicio de retrogradación, su trabajo de delineante diurno, o para degollar mochuelos y búhos narcisistas dormidos en los olivos.
El hijo de Hipnos, que tocaba a los castillejenses mortales con su enigmática flor de adormidera, y el gran arquitecto, que construyó a través del espejo las paredes de ética y las techumbres de moral de sus habitáculos, jugaban a las cartas una partida sin final ni principio. Morfeo barajó, arrojando los naipes al viento variable. El arquitecto miró su juego: una cornisa dórica, una bóveda con tambor octogonal y linterna, tres pilares de arquerías islámicas, un desgastado obelisco faraónico, un nivel de burbuja ...
Alrededor de la mesa observaban albañiles y peones durmientes sus propios sueños, sentados sobre pilas de ladrillos y cubos boca abajo, o brazos cruzados y en pie sobre inestables andamios. Algunos se agitaban, o hablaban incoherencias en alta voz (1).
(1) Yo, hace años, he ayudado a algún maestro albañil, con el grado de peón de cuarta o quinta categoría. Recuerdo haber cernido rubia arena guadalquivireña (1a), haber abierto sacos de fino cemento canario a golpes de filo de palaustre, haber mojado ladrillos de rasilla (1b) en el bidón de agua, impropia gaseosa helada.
Eran gente dura para el trabajo aquellos oficiales. Engullían de pie apenas sin masticar las tostadas con manteca de cerdo, y bebían de golpe el ardiente café con leche, fijos los ojos en los cielos rasos por terminar o en las tapias a medio levantar, las mentes puestas al completo en la siguiente labor. Ni el cáncer ni la próstata inflamada les impedían acudir al tajo antes del amanecer, con el argumento de "duele lo mismo en mi casa que aquí" o "trabajando por lo menos me entretengo y tengo la cabeza ocupada".
(1a) El Arenero, cantaor de flamenco, trianero, recibió tal sobrenombre por el oficio que ejercía, realizando tempraneros equilibrios sobre las mínimas pasarelas de las cubiertas de las barcazas que, lentamente majestuosas, transportaban por el gran río de Andalucía el húmedo y granuloso material hasta los muelles de la ciudad. En ellos era cargado en camiones para su repartición en los diversos polveros de la zona, uno de los cuales camiones manejaba otro cantaor trianero, Manuel Oliver, de quien me honro ser descendiente. Oliver de Triana, enciclopedia del cante, solía venir a Castilleja a celebrar tertulias, acompañado por el sobredicho Arenero, por el Sordillo o por Naranjito. Oliver no tomaba alcohol, pero consumía en una jornada treinta o cuarenta cafés solos, sin azúcar. Reuníanse en la antigua bodega de Perona tras la iglesia de Santiago, y entre sus espectadores se encontraban unos hermanos Reyes jovencísimos y ansiosos de aprendizaje que luego formarían el dúo de intérpretes de sevillanas Los Hermanos Reyes.

Veinticinco calabozos
tiene la cárcel de Utrera.
Veinticuatro traigo andados,
el más penoso me queda.
De mi serrana,
que vale más la peineta
de mi serrana
que la recua de mulas
de Cantillana.
¿De quién son esos machos
con tanto rumbo?
Que son de Pedro la Cambra,
van pa Bollullos.
—Ése es el cante que hacía Garfias, el que yo le he escuchado a mi padre de mi alma*. Ramón el de Triana era alfarero, hacía ollas. Precisamente anteayer, yo, para mi señora, le tomo la leche a uno que fue aprendiz de Ramón el Ollero, que tiene 86 años, un tal Justo, de aquí de Triana, y ese hombre me cuenta a mí de Ramón cuarenta mil cosas con todo detalle. Y Ramón y mi padre, que en gloria esté, pues lo mismo, y Emilio el tío de Naranjito, igual. El Malido también me lo contaba a mí. Enrique, que fue otro gran aficionado también, pues también me contaba muchísimas cosas, muchas grandezas de Ramón el de Triana, que creó una escuela en Triana de cante. Ya después, claro, yo he escuchado el Gazpacho. Había un tal Moralito, también de aquí del Zurraque aquí en el Patrocinio, que cantaba por soleá también, muy cortito y muy bien, y yo me iba con Antonio Gómez Baeza, que le llaman Antoñito Baitero, que era dueño de la Casa Baitero, de la taberna Baitero, pues nos íbamos nosotros a un rinconcito a escuchar cantar a ese viejo, porque ese viejo cuando cantaba por soleá, escartimaba las tripas. Y como era tan bueno, nosotros teníamos esa afición, nosotros teníamos unos 15 años, y cuando nos decían ' mira, que en Castilleja va a cantar fulano de tal, Manuel Torre va a cantar con el Gloria', que es el día de Santiago, porque los Reyes, los carniceros de Castilleja, se lo llevaban a Manuel Torre allí, pues nosotros cogíamos una bicicleta los dos y, pum pum pum... a Castilleja, a escuchar cantar. Y si cantaban en Dos Hermanas, allá íbamos nosotros, y donde hubiera un espectáculo, allá íbamos nosotros, porque ése es íntimo amigo mío, es como un hermano mío".
"Murió el cantaor Manolo Oliver, gran conocedor de los cantes de Triana. Sevilla. S. L. A la edad de ochenta y tres años, y víctima de una cruel y rápida enfermedad, ha muerto recientemente en Sevilla Manolo Oliver, que fuera uno de los máximos exponentes de los cantes de Triana.
Conocido en el mundo del flamenco como Manolo Oliver de Triana, había nacido en este popular barrio sevillano y era hijo del Niño de Castilleja, del que aprendió, entre otros, los ecos de Silverio, y de Teresa Dorado. Gran especialista en los cantes de Triana, Manolo Oliver era considerado el cantaor por excelencia en lo que a la soleá característica de este barrio se refiere, siendo el único que hacía las múltiples modalidades que se conocen de este cante.
Su decisión de no dedicarse profesionalmente al cante ha hecho que con él desaparezcan muchas de estas modalidades del flamenco, ya que no existen más grabaciones de su cante que las realizadas en algunos programas de radio o televisión, al no haber hecho ninguna grabación en estudio.
Muy querido en su barrio, recibió de éste varios homenajes y premios en reconocimiento de su labor, viviendo hasta el final de sus días en el conocido hotel Triana, escenario de numerosas actuaciones de cante flamenco.
Su peculiar estilo hizo que tuviera muchos seguidores, como los cantaores Luis Caballero o Naranjito de Triana". ABC, 24 de agosto de 1989.

Descendientes del cantaor Manuel Oliver con ocasión de la inauguración de una plaza a su nombre en Triana.
El autor de esta historia de Castilleja con Félix Oliver Sánchez, hijo del cantaor Oliver, en Triana
Esquela mortuoria de Dolores, viuda del cantaor Oliver de Triana
* Conocido en el mundo flamenco como El Niño de Castilleja —aunque había nacido en Mairena del Aljarafe—, se llamaba Manuel Oliver Moreno. En realidad el natural de Castilleja fue su padre, —abuelo de Oliver de Triana—, llamado Florencio Oliver Palomo. Transcribo en su integridad la partida de nacimiento de Manuel Oliver Moreno, del cual me informó su descendiente (en la foto conmigo) que era pariente de la actriz y cantante de copla Antoñita Moreno —Antonia Moreno Valiente, nacida en La Puebla del Río en 1930—.
"En la Villa de Mairena del Aljarafe a trece de Mayo de de mil ochocientos setenta y seis, siendo las cinco de la tarde, ante D. Diego Prados Barrera, Juez Municipal, y D. Joaquín Rodríguez de Torres, Secretario; Compareció Florencio Oliver Palomo, natural de Castilleja de la Cuesta, partido municipal de la misma Provincia de Sevilla, casado, de treinta años de edad, trabajador del campo y domiciliado en esta Villa, calle Nueva número cuarenta, presentando, con objeto de que se inscriba en el Registro Civil un niño, y al efecto como padre del mismo declaró:
Que dicho niño nació en la casa del declarante el día once del corriente mes de Mayo, a las dos de su tarde.
Que es hijo legítimo del declarante y de su mujer Mercedes Moreno Bejarano, natural de esta Villa, partido municipal de la misma Provincia de Sevilla, casada, mayor de edad, dedicada a las ocupaciones propias de su sexo y domiciliada en el de su marido.
Que es nieto por línea paterna de Florencio Oliver Sánchez, natural de Castilleja de la Cuesta, casado, mayor de edad, trabajador del campo y domiciliado en el mismo de su naturaleza, y de María Palomo Pinto, natural de Valencina, partido judicial de la misma Provincia de Sevilla, mayor de edad, casada y domiciliada en el de su marido, y la ocupación propia de su sexo; y por línea materna de Juan Manuel Moreno Villa, natural de San Juan de Aznalfarache, partido municipal de la misma provincia de Sevilla, mayor de edad, viudo, de ejercicio calero y propietario, y de María Bejarano Lora, difunta, natural de esta Villa.
Y que al expresado niño se le había puesto por nombre Manuel.
Todo lo cual presenciaron como testigos D. José María Olivar Callado, natural de Carmona, mayor de edad y de ejercicio carpintero, domiciliado en esta Villa en la calle Nueva número tres, y D. Miguel Pérez Moreno, mayor de edad, casado y de ejercicio tendero, natural de esta Villa y domiciliado en la calle Nueva número doce.
Leída íntegramente esta acta e invitadas las personas que deben suscribirla a que la leyeran por sí mismos si así lo creían conveniente, se estampó en ella el sello del Juzgado Municipal y la firmaron el Sr. Juez, el declarante y los testigos, y de todo ello, como Secretario, certifico".
Partida de nacimiento del Niño de Castilleja y firma de su padre Florencio Oliver Palomo
Amadora Oliver Moreno, de 19 años, natural de Mairenilla la Taconera (sic), hija de Florencio y Mercedes (sic), casada con Antonio Campo Alcázar, de 23, natural de Sevilla, panadero, hijo de Juan y Rocío. Vivían en 1895 en Sevilla, en la calle Sorda n.º 8. Amadora era hermana de Manuel, tía por tanto del cantaor Oliver de Triana. La abuela Mercedes Moreno Bejarano, se agregó, ya viuda, cuando Amadora y su marido se trasladaron a la calle Jáuregui n.º 13 cuatro años después.
De entre mis Notas Genealógicas transcribo, "en bruto" y sin elaboración posterior, la siguiente:
"Oliver de Triana, nombre artístico de Manuel Oliver Dorado (1906-1994), genial soleaero y perfecto en los fandangos. Fue ladrillero de oficio y supo recrear los estilos autóctonos de su barrio. (Me dijo Ignacio Tovar el pintor, que descendía de gente de Castilleja). Confirmado: a su padre le decían 'El Niño de Castilleja' y cantaba también aunque no profesionalmente; después de seguirle la pista por la calle Alfarería en Triana, guiado por las referencias de un trianero llamado Conde que encontré en la calle del Aire de Gines. Después de visitar el patio donde nació Manuel, hoy un hotel de la Ronda con una placa de azulejos conmemorativa con su retrato, me enviaron desde un bar cercano donde iba nuestro cantaor a la barriada de Santa Ana, donde habita su hijo Félix Oliver Sánchez; no pude hablar con él, pero en la peña Sevillista que frecuenta adquirí mas pistas; me hice con su teléfono, lo llamé desde casa y quedamos para una cita, que se frustró debido a un catarro que padece. Ha sido pospuesta. Una vez en Castilleja recabé información; era desconocido hasta que al final la madre del lotero gordito me envió a un cantaor de saetas que resultó ser Luis Cabrera Cabrera, que había cantado con él en más de una ocasión; parece ser que en los años 50 se reunían los domingos en una bodega que existía en la barriada de Los Arcos Manuel Oliver, Luis Cabrera, el Arenero y uno 'sin cejas ni pestañas' también de Triana, además de Miguel el de Reyita ( hermano de Esteban Rosales ) que era un gran aficionado. Hacían caldereta y juerga. Dice Miguel el de los hermanos Reyes que Manolo Oliver no bebía nunca alcohol, pero que se tomaba una docena de cafés en una mañana. Luis Cabrera es primo hermano del auxiliar del Canela, que tiene un hijo de profesor en Brasil; nació en la calle del Convento, en la casa más abajo de la del primo Pepito, que se conserva todavía y donde se organizaba hasta hace pocos meses el juego de cartas; a los pocos años pasaron toda la familia a San Nicolás del Puerto donde su padre, a las órdenes de D. Manuel Salinas, que poseía allí fincas e intereses con una compañía minera, actuó de guarda de campo, con su caballo, para vigilar los robos de corcho o de leña. Volvieron a Castilleja justo después de la guerra, pero por pocos meses, para salir a otro pueblo de la provincia de Sevilla, Constantina, y ocho años después ya se asentaron en Castilleja. El abuelo de Luis Cabrera era boyero, y con varias yuntas se ganaba la vida labrando tierras. Me contó su nieto que le decían 'el Jorobado', porque se cayó de una carreta y quedó con la espalda torcida; parece que estuvo en Cuba cuando la guerra y dice su nieto que tuvo allí varios hijos. Fue Luis Cabrera ganador 6 veces durante los primeros años 50 del concurso de saetas de Radio Sevilla y en el último tuvo que competir con una muchachita familia de Antonio Mairena (que era parte del jurado, junto a Pepe Pinto, el Pali, la Niña de los Peines); le dieron el premio a ella, injustamente a todas luces. Luis Cabrera tiene amplia discografía; la tarde de nuestra entrevista en su casa me cantó una saeta que le cantaba su madre, otra saetera importante, Carmen Cabrera Oliver, hija de Luis Cabrera Sánchez y de Rosario Oliver Chávez [por tanto familia también de Oliver de Triana]. La saeta tiene un verso un poco manoseado: 'moraíto como un lirio', cantado por el Camarón creo que en una soleá. Murió Carmen Cabrera a finales de los 70 y sus saetas junto con las de su hijo pueden oírse todavía, 2005, tanto en radio como en televisión.
El 25 de febrero de 2005 entablé contacto con Félix. En junio encontré en el padrón a toda su familia ( ver Padrón 1935, Sevilla ); fui a una tienda de discografía antigua en la calle Castilla que Félix me había recomendado para recabar información, pero hasta octubre no se reúne la peña flamenca local; después encontré a un hombre, natural de Villanueva del Ariscal, en la iglesia del Cachorro, que me señaló el lugar donde vivían, un tejar que hoy es una nueva barriada, aledaña a la Ronda".
El padrón sevillano de 1935 al que me refiero en la anterior Nota es el que sigue:
Senda del Pino (Triana). ( Choza ):
—Manuel Oliver Moreno, nacido en 1875 en Mairena del Aljarafe, albañil, 40 años de residencia en Sevilla; esposa, Teresa Dorado Marín, nacida en 1878, en Sevilla. Hijos: Florencio Oliver Dorado, nacido en Sevilla en 1909, soltero, analfabeto, jornalero; Antonio Oliver Dorado, nacido en 1914, ídem; Mercedes Oliver Dorado, nacida en 1912, ídem, sus labores; Manuel Oliver Dorado, nacido en Sevilla en 1916, soltero, analfabeto, jornalero —el cantaor—; Carmen Oliver Dorado, nacida en Sevilla en 1923, analfabeta; y Joaquín Oliver Dorado, nacido en Sevilla en 1925, colegial.
—Antonio Dorado Marín, nacido en Sevilla en 1889, viudo, trabajador del muelle. Hijos: Antonio Dorado Quesada, nacido en Sevilla en 1917, soltero, estudiante; Álvaro Dorado Quesada, nacido en Villanueva del Río en 1922, soltero, analfabeto, aprendiz de mecánica; Roberto Dorado Quesada, nacido en Villanueva del Río en 1923, colegial; Guillermo Dorado Quesada nacido en Villanueva del Río en 1925, colegial; Carlos Dorado Quesada, nacido en Villanueva del Río en 1926, colegial; Rosario Dorado Quesada, nacida en Sevilla en 1930, colegiala.
Álvaro y Roberto Dorado Quesada, primos hermanos del cantaor, alcanzaron preeminencia en la capital andaluza: el primero siguió la carrera eclesiástica y llegó a ser coadjutor de la parroquia de Los Remedios y director del Colegio Mayor Universitario Santa María de los Remedios. El segundo perteneció a la Junta de Gobierno de la cofradía de Jesús Nazareno y María de la O, y fue miembro del comité ejecutivo del IV Concurso Nacional de Razas Caninas celebrado en Sevilla en 1973. Periodista durante más de medio siglo, era el socio número 46 de la Asociación de la Prensa de Sevilla. Falleció en el año 2012 a los 89 años de edad.
"Un muerto y tres heridos de una misma familia en accidente de circulación. A las nueve de la noche del viernes, cuando se dirigía a Villanueva del Río y Minas, en unión de su esposa e hijo y de una prima suya, a seis kilómetros de dicha población, por causas que se desconocen, se salió de la carretera el turismo conducido por nuestro querido compañero en la radio don Roberto Dorado Quesada, dando la vuelta de campana y saliendo despedidos del vehículo los cuatro ocupantes. La esposa del señor Dorado, doña Isabel Vázquez Huertas, que afortunadamente sólo sufrió heridas de carácter leve en ambas rodillas, creyendo que su hijo se encontraba aprisionado debajo del coche trabajó denodadamente, hasta conseguir darle la vuelta, comprobando que el pequeño no se encontraba allí, y sí, al igual que el resto de sus familiares, arrojado en la cuneta. Colocada en el centro de la carretera pidió auxilio a unos viajeros que pasaban por el lugar del suceso, quienes trasladaron al matrimonio y al niño al hospital de Villanueva del Río y Minas, mientras doña Josefa Quesada Ramírez, de cuarenta y ocho años de edad, que resultó muerta en el acto, era trasladada al mismo centro en otro coche. Después de recibir asistencia de primera intención, los heridos fueron trasladados al Centro de Traumatología, donde don Roberto Dorado quedó internado. Sufre fractura del cráneo, habiendo recibido treinta y tres puntos en la cabeza. Su estado es grave. su hijo, Roberto Dorado Vázquez, sufre fractura de clavícula y traumatismo craneal, de carácter reservado, habiendo quedado también internado en dicho centro. Su esposa, doña Isabel Vázquez Huertas, sólo sufre lesiones de carácter leve.
Ayer tarde se verificó en Villanueva del Río y Minas el entierro de la víctima de este desgraciado suceso, constituyendo el acto una sentida manifestación de pesar, ya que los señores de Dorado Quesada son muy conocidos y estimados en dicha población". ABC, 18 de abril de 1971.
En choza adjunta a las de los Oliver Dorado y los Dorado Quesada en la Senda del Pino vive una castillejana en el referido año de 1935:
—Justo Rodríguez Miranda, nacido en Valladolid en 1880, casado, jornalero, 50 años de residencia en Sevilla; esposa, Consuelo Luque Ramos, nacida en Castilleja de la Cuesta en 1882, analfabeta, 50 años de residencia en Sevilla. Hijos: Julia Rodríguez Luque, nacida en Sevilla en 1912, soltera, analfabeta; José Rodríguez Luque, nacido en Sevilla en 1914, soltero, jornalero; Justo Rodríguez Luque, nacido en Sevilla en 1917, soltero, analfabeto, jornalero; y Concepción Rodríguez Luque, nacida en Sevilla en 1922, colegiala.
Con 16 años de edad Teresa Dorado vivía en la calle Castilla n.º 175 (año 1898), con sus hermanos Joaquín, de 21 años de edad y libre del servicio militar por impedido, y Carmen, de 3 años de edad, y sus padres Manuel Dorado González, nacido en Cantillana (Sevilla), jornalero, y Carmen Marín Vázquez, nacida en Sevilla. Mas la abuela materna, Carmen Vázquez Prieto, de 65 años de edad, natural de Sevilla. Luego la familia aumentaría con más hijos.
En esta casa número 175 de la sevillana calle Castilla vuelve a aparecer en el padrón de 1940 el vallisoletano Justo Rodríguez Miranda casado con la castillejana Consuelo Luque Ramos, y su familia:
nº 175.- Justo Rodríguez Miranda, 59 años, casado, alfarero, n. de Valladolid, 48 años en Sevilla; Consuelo Luque Ramos, 58 años, S/C, n. de Castilleja de la Cta., 49 años en Sevilla; HIJOS: Julia, 29 años, S/C, n. de Sevilla; Justo, 21 años, soldado, n. de Sevilla; Concepción, 18 años, S/C, n. de Sevilla.
Recordemos que, entonces, en el número 127, vivía la familia del alcalde de Castilleja Juan Sánchez Mesa, asesinado por los esbirros de Queipo de Llano:
nº 127.- Ildefonsa Rodríguez Pérez, 30 años, viuda, S/C, n. de Castilleja de la Cta., 4 años en Sevilla; HIJOS: Ángeles Sánchez Rodríguez, 9 años, colegiala, n. de Castilleja de la Cta., 4 años en Sevilla; Ana S. R., 7 años, ídem; Victoria, 6 años, ídem; Juana, 4 años, ídem.
—Ángeles Pérez Rodríguez, 60 años, viuda, tortería, n. de Valencina, 4 años en Sevilla; Victoria Rodríguez Pérez, 34 años, soltera, S/C, n. de Castilleja de la Cta., 4 años en Sevilla. (Ver Padrón 1z. Enero de 2016).

La madre del cantaor Oliver de Triana falleció en Sevilla en 1966
Acabamos de ver más arriba que el abuelo materno del cantaor Manuel Oliver de Triana, Manuel Dorado González, nació en Cantillana (Sevilla), lo cual explicaría que en el repertorio de dicho cantaor figurase la soleá
De mi serrana,
que vale más la peineta
de mi serrana
que la recua de mulas
de Cantillana.
o al menos que la ejecutara con especial dedicación. De los padres de este Dorado de Cantillana, que debió nacer en la segunda mitad de la década de los años 50 del siglo XIX, hemos de anotar que vivieron en toda su plenitud los hechos protagonizados por el bandolero Andrés López Muñoz, natural de aquella localidad. Conocido como El Barquero de Cantillana, de Andrés López (1819-1849) se dice que asolaba el Camino Real entre Sevilla y Huelva asaltando diligencias. También hay noticias de que en un enfrentamiento entre su partida y la guardia civil en su localidad natal hirió, entre otros, a un número llamado Cristóbal Dorado. El Barquero fue la fuente de inspiración del personaje novelesco Curro Jiménez.
(1b) Por millares los entregaba Josele con su carro basculante tirado de mulo y burro, descargándolos a pie de obra. De la familia Calderón*, hoy sus descendientes continúan con el negocio. Josele, sombrío y austero bajo una mascota raída, manejaba a sus animales de tiro con maestría de domador circense: "¡
Echa atrás, echa atrás...! ¡Quietooo ahí...!".
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