miércoles, 28 de febrero de 2018

Notas varias, 2t.



Hay que situar al capitán Francisco Vázquez Montero, hijo del obligado de las carnicerías castillejenses, en el contexto ayamontino de la guerra portuguesa de independencia que se inició en 1640. Quien le vendió el redituable lote —una joven madre esclava con su hija de 29 días— fue, según vimos en la entrada anterior, Juan de Montellano, al cual podemos seguir en sus actuaciones merced a una infinidad de publicaciones que sobre la mentada guerra, o rebelión, como ciertos historiadores quieren, han visto la luz. Nosotros nos limitaremos a efectuar algunas "catas" en semejante maremagnum de noticias históricas, protagonizadas en aquella zona especialmente por el Duque de Medina Sidonia como Capitán General, y por su primo el Marqués de Ayamonte como Gobernador, ambos sobrinos del Conde Duque de Olivares, y también por el Duque de Braganza en el campo contrario, (o no tan contrario considerando que la esposa de este último era hermana del susodicho Medina Sidonia, y que abundan los pareceres sobre que andaluces y portugueses participaban en el mismo conato de rebelión contra la Monarquía que Felipe IV representaba).
Primeramente una consideración importante respecto al marquesado de Ayamonte en Gines y al señorío del de Olivares en Castilleja. Con su frontera compartida, reducción a ínfima escala de los graves enfrentamientos que culminaron con el ajusticiamiento del de Ayamonte por orden del de Olivares en Madrid, el territorio de Castilleja y de Gines debió reflejar las fricciones que se manifestaron al más alto nivel, siquiera en forma de conflictos más o menos domésticos.
En resumidas cuentas: mientras que el Duque de Medina Sidonia (IX de tal título) era Capitán General del ejército en la fronteriza villa onubense, de tal villa era Gobernador el Marqués de Ayamonte, Señor de Gines. Ambos, primos entre sí, eran sobrinos del Conde-Duque de Olivares. Y por otra parte el abuelo de este Conde-Duque, don Pedro de Guzmán, 1er. Conde de Olivares y Señor de Castilleja de la Cuesta, era hijo del III Duque de Medina Sidonia. Para colmar el embrollo familiar, la esposa del portugués Duque de Braganza, coronado como Juan IV tras la rebelión portuguesa que nos ocupa, era hermana del mencionado IX Duque de Medina Sidonia, así que el conflicto de España-Portugal puede verse en uno de sus aspectos como un enfrentamiento entre cuñados. De hecho se acusa al Duque de reticencia a invadir Portugal, y de querer ver a su hermana coronada reina, diciéndose también que ésta lo instaba a unirse con los lusitanos en pos de enfrentarse a Felipe IV.

Con base en la obra de la "Duquesa Roja" que citamos a continuación, podemos saber que al hijo del carnicero de Castilleja de la Cuesta y capitán en Ayamonte según vimos, debieron movilizarlo, siendo ya militar profesional, por junio de 1641, cuando Medina Sidonia "cazaba" gente para formar el ejército que intentaría devolver Portugal a la corona hispana. En Sevilla, en derredor del palacio del Duque, se agudiza el descontento. Las justicias de los pueblos hacían lo imposible para estorbar la leva. Los curas se muestran reticentes a entregar los padrones eclesiásticos por los que se podía averiguar la edad de cada cual. Los reclutas de Huelva son encerrados en la cárcel para evitar que huyan antes de su traslado. Se pagan 100 reales a soldados veteranos para que guarden a los bisoños durante el trayecto. Los hombres son cogidos en los puertos, en las calles e incluso en sus casas, pues el monarca ha ordenado no reservar ni un solo individuo. Van 40 holandeses, cuya nacionalidad no parece estorbar [Holanda era aliada de los independentistas portugueses contra España]. Todavía el capitán Francisco Vázquez Montero debió tratar en Ayamonte con descendientes de la mujer y los cuñados de Saucedo, tratos que imaginamos tendrán algún reflejo en los protocolos notariales de aquellos años cuarenta, a los cuales protocolos accederemos en un futuro próximo.


       
El palacio de Medina Sidonia, en la plaza del Duque en Sevilla, adquirido por el marqués de Palomares de Duero y por fin convertido en el Corte Inglés actual.

En Historia de una conjura, de Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia, Diputación Provincial de Cádiz, 1985, se cita al contador Juan de Montellano —quien vendió al capitán Vázquez la esclava y su hijita— una decena de veces. Como uno de los secretarios del Duque de Medina Sidonia, "Juan de Montellano es delegado a Marruecos [por el mes de agosto de ¿1640?] al frente de embajada rutinaria. Encuentros habituales entre dos civilizaciones que han de compartir las aguas de un estrecho. Por septiembre devuelve la visita el Rey Mogrebí a través de su embajador, que llega precedido por el regalo de una carroza, desembarcando en El Puerto de Santa María, donde es preciso ir a recibirle. Trae en cartera demanda de ayuda para la defensa de Zale. Se aloja con el séquito fuera de palacio, en casa arrendada al efecto, asistido de servidores y cocineros que condimentan los alimentos al gusto mahometano" (pág. 52).
La Junta de Guerra, formada en Ayamonte por el Conde-Duque de Olivares desde Madrid, incluye a un antiguo servidor del Duque de Medina Sidonia como secretario de Guerra del Rey: Matías González de Medrano. Cuando en junio acompañó al dicho Duque en su viaje a Sanlúcar quedó en su lugar Juan de Montellano, "antiguo servidor de los Medina Sidonia, que ha medrado en su casa. Llega a la Plaza de Armas (o sea, Ayamonte) por enero, en compañía de Francisco Jiménez, ambos caballeros en sendas mulas, para ocupar la función de Contador Mayor del Ejército, que había ejercido en la anterior jornada del Algarve. Tenía larga experiencia en las secretarías de estado y guerra de Sanlúcar. Declaró dos veces contra don Gaspar. En la primera se atiene a la verdad, pero en la segunda muestra singular virulencia hacia su señor" (pág. 88).
"Por junio, cuando todo indica que se prepara la guerra naval, D. Gaspar hace acopio de bizcocho, embalado en botijas peruleras, la mitad enceradas, y en sacos de lienzo. Monta el encargo 4.149 reales. Aunque los recibos van refrendados por el Veedor Leonardo de Soria [de la Junta de Guerra] y el contador Juan de Montellano, las probabilidades de recuperar la suma invertida son escasas, quedando buena parte en el capítulo de deudas personales del Duque, a favor del Pósito de Sanlúcar" (pág. 104).
Juan de Montellano (v. infra) fue a casa del Veedor Soria por orden del Duque "para "amenazarle", según palabras del Veedor, añadiendo que su jefe "está que salta", por haber intervenido en la detención y prisión del piloto Andrés de Rivera y de los dos remeros tripulantes de una lancha que había cruzado el Guadiana para llevar a Portugal a un espía lusitano al servicio de España llamado Garcés. Fue a la vuelta cuando Juan Sotomayor, de guardia con su barco, detuvo a la embarcación, remolcándola hasta Ayamonte, so pretexto de haber encontrado restos de sal en su fondo" (pág. 117).
"Para ambientar su declaración, contará el Veedor que Juan de Montellano fue a verle con el fin de comunicarle que habiendo escrito al de Medina, inquieto por las idas y venidas a Portugal decretadas por Ayamonte, este respondió agradeciendo la información y prometiendo poner remedio a una indisciplica que lamentaba. Asegura Soria que Andrés de Rivera hizo lo mismo y por idénticas razones" (pág. 122).
"Montellano, ocupado días más tarde en recoger testimonios de cuantos cruzan la frontera, para probar una inexistente concentración de tropas en zona portuguesa, se encarga de escribir al Rey, al Intendente de Sevilla y al Duque de Medina Sidonia, que continúa en Sanlúcar, exponiendo el peligro, solicitando refuerzos y haciendo patente el abandono que padece la Plaza" (pág. 128).
"El aviso de Montellano, tocante al zafarrancho organizado, debió llegar a Sanlúcar el 18, sorprendiendo a Medina Sidonia, pues sus espías no habían informado de los proyectos bélicos que se atribuían a los portugueses" (pág. 134).
"Apenas abandonó D. Gaspar Ayamonte, hizo otro tanto Leonardo de Soria, tras prolongada reunión con Isassy y Juan de Montellano (pág. 137).
"Con estas [embajadas ordenadas por el Duque] corrían otros criados mayores, más experimentados en la materia, como Juan de Lievana, Miguel Páez de la Cadena o Montellano" (págs. 147-48).
"Conocida la desgracia de Don Gaspar, se pierde el respeto a sus estados. Exenta durante muchos años, Huelva habrá de alojar una compañía de caballos, con la consiguiente incomodidad para los vecinos. El Corregidor escribe a Doña Juana, pidiendo haga lo posible por librarles de la carga. Consciente del recelo que inspira el nombre de su esposo, la Duquesa se humilla, suplicando el favor de Juan de Montellano, ahora secretario por el Rey en Ayamonte. Halagado y ansioso de popularidad, complace a la que fuera su señora, sacando a los milites de la villa" (pág. 170).

Juan de Montellano, nombrado por Felipe IV secretario de guerra para "asistir" al Duque, en realidad tenía la misión de vigilarlo (www.fcmedinasidonia.com).

En primavera [de 1641] el tráfico de correos y espías entre las dos orillas del Guadiana se hizo fluído. Las lanchas salían de la ensenada de los Molinos, que estaba tras el castillo, desembarcando en la Junquera o en banda de San Antonio, junto a la ermita, puesto de  guardia  portugués, que no parece haber estorbado los contactos. Las señas eran “fusilazos” de luz,  lanzados con ayuda de un farol; el “santo” palabras comunes, como escarpín o media. Lo daba el teniente de maese de campo Andrés de Rivera, informando a las tripulaciones de los barcos luengos, para que no interceptasen a los agentes. El marqués de Ayamonte ( http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=guzman-francisco-de2 ) declaró no poder recordar a todos sus espías. Fueron muchos, porque “es evidente que quienes gobiernan una plaza, han de saber lo que hace el enemigo”.
En la madrugada del 11 de junio de dicho año de 1641 el cabo Juan de Sotomayor (subordinado de Martín de Sotomayor, hombre de Leonardo de Soria) detuvo con su barco a la embarcación del capitán Fernández Montesinos (hombre al servicio del marqués de Ayamonte), con dos remeros y pilotada por el familiar del Santo Oficio Andrés de Ribera, que llevaba a la orilla portuguesa a Garcés, portugués al servicio de España. Habían dado el "santo" los de la barca al cabo, quien los dejó seguir, pero al regreso los arrestó so pretexto de haber encontrado restos de sal en la barca. La remolcó, haciendo subir al capitán Montesinos a su barco para someterlo a interrogatorio, inútilmente pues se abstuvo de responder. Dejando a la tripulación arrestada en la barca, llevó al capitán al alojamiento del Capitán General, y considerando que no merecía despertar al Duque* ( http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=perez-de-guzman-gaspar-alonso ) a hora tan tardía, lo dejó en libertad, pero el resto de tripulantes de la barca fue encerrado en el cuerpo de guardia por el maese de campo Francisco de Guzmán. Enterado el Duque del suceso al amanecer, mandó soltar a los detenidos y arrestar a Juan de Sotomayor en el baluarte de las Angustias, contando Leonardo de Soria posteriormente que Juan de Montellano fué a su casa para "amenazarle" diciendo que su jefe "está que salta". El maese Francisco de Guzmán, principal responsable del enredo, fué mudado de destino, dándole a elegir entre Sanlúcar del Guadiana y Paymogo. Se resistió declarándose enfermo y permaneciendo encerrado en su casa durante un mes, y pidió licencia para dejar destino, que a punto estuvo de abandonar sin aguardarla, para tener libertad de publicar el "Cartel de Desafío", dirigido al Capitán General. De todo el asunto de la barca declaró ante el juez Antonio de Almeyda, criado de Clara Gonzaga, prima de Leonardo de Soria. Este criado dijo que a la sazón estaba alojado en casa del arráez Juan Luis, en el barrio de Busca Ruidos, y que en la noche del 11 de junio fué a dicha casa un criado del Marqués de Ayamonte en busca de su anfitrión el arráez para que le cruzase el Guadiana, "un mozo moreno de poco bigote negro, no muy alto, que trae güedejas" —no otro que el capitán Fernández Montesinos—. (De https://www.fcmedinasidonia.com/isabel_alvarez_toledo/fcmedinasidonia/7gaspar/9vida/6vida9.htm#_ftnref7 ).

 Colofón de la edición de Gregorio de Bedoya en Valladolid, 1641.

* Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, IX duque de Medina Sidonia, cuya extraña actitud [ante la sublevación de los portugueses] levantó muy pronto las sospechas en medios cortesanos (ver artículo sobre el Cartel de Desafío en http://www.janusdigital.es/articulo.htm?id=96 donde se cita a José Calvo Poyato:  “El correo no llegaba. La alarma cundió cuando no llegó a la mesa de Felipe IV el lenguado que todos los años los portugueses mandaban a su majestad para que en su mesa se cumpliese con este manjar la vigilia de la Inmaculada Concepción”. Calvo Poyato. Felipe IV y el ocaso de un imperio, Planeta, 1995).

La llegada a Lisboa de los fidalgos, que escaparon de la corte, se manifestó en las detenciones del 22 de julio. El mismo día el agente portugués Garcés [ver supra], se personó en la plaza de armas, sin hacerse anunciar. Camino del  convento de San Francisco fue abordado por los soldados de Diego Díaz, en presencia del capitán Maldonado.  Al ignorar el "santo" del día, fue llevado ante el auditor. Discreto, contó que huía de su país porque hirió a cierto hidalgo, que le exigía cumplir palabra de casamiento,  insistiendo en la demanda de ver al capitán general. Al estar ausente, Juan de Montellano, secretario en funciones, lo llevó ante el marqués de Ayamonte. Traía información sobre movimientos de tropas en Portugal y despacho de Fr. Nicolás, dirigido a Medina Sidonia, en el que figuraba la palabra “San Bento”, clave que no debía anunciar nada bueno. Remitida con los informes al rey, la carta paró en proceso, a tales alturas pergeñado, perdiéndose el resto de la documentación.
El revuelo formado al correr que se había detenido espía de Juan IV, complicó el regreso de Garcés. Encerrado en la cárcel por la forma, el de Ayamonte aprovechó que la gente estaba entretenida con el alarde del día de Santiago, para hacerle cruzar el río en la barca del arráez Juan Luis. Según los enemigos de los Guzmanes,  llevando secretos de la plaza, inexistentes pues  la falta de efectivos, se podía observar desde la orilla opuesta. Según ciertos soldados, uno de la compañía de Diego de Herrera, aquella noche se robó una barca, que estaba amarrada junto al monasterio de las Médulas. Amaneció abandonada en la rivera portuguesa, donde la recuperó el propietario. Al ser la que usó Garcés, el marqués se abstuvo de hacer averiguaciones.

Parece ser que desde Madrid se obligó al Duque, con base en chantajes, a desafiar al de Braganza en duelo, aunque no falta quien afirma que lo hizo motu proprio.


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Y bien. En esta entrada he presentado diversos hechos y escenarios, siendo su aglutinante —que les otorga coherencia en el tiempo y en el espacio—  la dicha obra de la Duquesa Roja, ya sea la impresa que he citado o la que se ofrece digitalizada en la web de la Fundación, además de las otras publicaciones. Entre entre estos hechos se mueven los personajes relacionados de alguna manera con Castilleja de la Cuesta. Más temprano de aquellos cruciales años cuarenta, ofrecemos a modo de preámbulo este interesante documento:

El 29 de junio de 1606, estando en los Reales Alcázares de la ciudad de Sevilla, don Pedro Antonio Coloma*, conde de Elda, Capitán general de las Galeras de Portugal, y del hábito de Santiago, otorgó un poder ante el escribano hispalense Pedro de Castellanos para vender a un su esclavo, negro llamado Andrés y de 21 años de edad poco más o menos. Entre los apoderados está Francisco de Palencia, nuestro castillejano fiador de la mujer y cuñados de Juan de Saucedo. Veámoslo:

(En el margen superior izquierdo se abre el manuscrito con un dibujo que asemeja una tosca capital, en forma de "S" cerrada sobre sí misma, enmarcando el croquis de una especie de mar).



Poder para vender un esclavo. Don Antonio Coloma, conde de Elda, Capitán general de las Galeras de Portugal, del hábito de Santiago, estante al presente en la ciudad de Sevilla, da todo su poder a Pedro de Nareña y a Francisco de Vera, clérigo de evangelio vecino de Sevilla, y a Francisco de Palencia, vecino de Sevilla, y a Juan Escudero y a Juan de Fuentes, mayordomo del Conde de Olivares, vecinos de Olivares, a todos y cada uno in solidum para que puedan vender en cualquier parte y a quien quieran un esclavo suyo negro llamado Andrés, de 21 años poco más o menos, que está en Sevilla a su servicio, y lo vendan por esclavo cautivo habido de buena guerra y no de paz, y le aseguren que no es borracho ni ladrón ni huidor ni ético ni endemoniado ni tiene los ojos claros sin ver ni es casado, y que es sano y no enfermo, y que no ha cometido delito por donde merezca pena de muerte ni otra alguna civil ni criminal, y si pareciere otra cosa, que se lo puedan devolver. El otorgante se obliga a pasar por todo. Dado en Sevilla, estando en los Reales Alcázares de dicha ciudad, a 29 de junio de 1606, y su Señoría el dicho conde lo firmó en el registro y presentó por testigos de su conocimiento a dos hombres, que se dijeron llamar uno el licenciado don Gerónimo Abad de Beltrán, presbítero Capellán Mayor de Olivares, vecino de Sevilla en los Reales Alcázares, y el otro el capitán Tomás de Cardona, vecino de Sevilla en la collación de San Isidro. Fueron testigos de todo lo dicho Juan de ... y Pedro Pérez del Castillo, escribanos de Sevilla.

Francisco de Vera, clérigo de evangelio vecino de Sevilla, estante al presente en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, en nombre y voz de don Pedro Antonio Coloma, conde de Elda, con su poder (v. s.), vende a don Gerónimo Abad de Beltrán, presbítero Capellán Mayor de Olivares, ausente, el dicho esclavo Andrés, que el otorgante y su parte tienen en esta dicha Villa —se añade que no es manco ni tullido ni con mal de bubas ni de dentro ni de fuera ni otra ninguna tacha ni lission (sic) ni enfermedad—. Y se lo vende por precio de 27.200 maravedies, que recibe en reales por mano de Francisco de Palencia ante el escribano Juan de las Cuevas y los testigos infrascriptos. Y Francisco de Vera en nombre del dicho conde de Elda entrega en el Señorío de esta Villa dicho esclavo de presente en esta Villa al dicho Francisco de Palencia en nombre del Capellán Mayor, para que lo haya y goce y disponga de él a su voluntad como cosa suya propia habida y comprada con sus propios dineros. Y Francisco de Vera obliga los bienes propios y rentas de la dicha su parte el conde de Elda. Dado en las casas del presente escribano que son al Señorío, 1 de julio de 1606. Testigos, Francisco Martín Chaparro, Juan Díaz de Palencia y Juan Marcos, vecinos de esta Villa.

Alonso López, vecino de la Villa de Castilleja y arrendador de la alcábala del viento de dicha Villa, recibe de don Pedro Antonio Coloma, conde de Elda, y de Francisco de Vera en su nombre, todos los maravedíes que montó el alcábala del esclavo Andrés, que vendió el día de la fecha a don Gerónimo (v. s.) en precio de 800 reales, y la alcábala montó a razón del diez por ciento conforme al recibimiento del otorgante, el cual se da por entregado, contento y pagado, a lo cual obliga su persona y bienes habidos y por haber. Dado en esta Villa a 1 de julio de 1606, siendo testigos Juan de Miranda, Roque de las Casas y Luis Martín.


* En El Gran Duque de Osuna y su marina, de Cesáreo Fernández Duro, Madrid, 1885, leemos:
Don Pedro Antonio Coloma, conde de Elda. Este personaje, que no merecía al Duque de Osuna el mejor concepto, era de los más nobles y calificados señores del reino de Valencia; hijo primogénito de Juan Coloma, primer conde de Elda, virrey de Cerdeña; hermano de D. Carlos, clásico historiador de las guerras de Flandes, de D. Alonso, obispo de Barcelona y de Murcia, y de D. Francisco, general de galeones de Indias. Don Pedro Antonio Coloma y Calvillo fue, como su padre, Virrey de Cerdeña, y en 10 de julio de 1604 recibió el título de Capitán general de las galeras de Portugal, reemplazando en este cargo al segundo Marqués de Santa Cruz.
Navegando a Sanlúcar con tres de las dichas galeras en 1606, a tiempo que se habían celebrado las paces con Inglaterra, encontró un corsario de esta nación, que continuaba las hostilidades en su provecho y contestó con insolencia a las intimidaciones que le hizo; roto el fuego por ambas partes, se defendió, causando a las galeras treinta muertos y muchos más heridos, por lo que apenas rendido, lo mandó ahorcar el Conde de una verga.
En 1610 acudió a la expulsión de los moriscos de Valencia, reuniéndose en la costa 13 galeras de España, mandadas por D. Pedro de Toledo, que tuvo el mando general; 17 de Nápoles, con el Marqués de Santa Cruz; nueve de Sicilia, con D. Pedro de Leiva; 15 de Génova, con el Duque de Tursi; cuatro de Portugal, que eran las que llevaba Elda; cuatro de Barcelona, con D. Ramón Domps, y 14 galeones de la armada de D. Luis Fajardo; de suerte que venía a ser la fuerza de 62 galeras y 14 galeones, con 7.700 soldados de desembarco. Es de presumir que no desempeñaría satisfecho este servicio el de Elda, sacando de la tierra, entre tantos expatriados, a sus propios vasallos.
Asistió después a la toma de Larache, ascendiendo a la Capitanía general de las galeras de Sicilia en 1615; mas no se dio prisa en acudir al nuevo servicio, disculpando la ausencia, de modo que en Real cédula de 23 de mayo de 1616 se dispuso que no se le descontaran los sueldos de diez y nueve meses que faltó de las galeras. Asistió, como se ha visto, al combate naval del Adriático, y acabado, desde Brindisi se fue con las galeras a Mesina, sin orden, a pretexto de andar moros en la costa, que fue lo que motivó la queja del Duque de Osuna.
Tratando de su casa y familia el Marqués de Molins (discurso contestando al de D. Alejandro Llorente en la recepción pública de éste en la Academia de la Historia) consigna que fue caballero de eximia piedad, fundador del convento de Franciscanos del pueblo de su título. Casó tres veces: la primera con doña Beatríz Corella, hija del Conde de Concentaina, la cual no tuvo hijos, pero adoptó como tales a los pobres, fundando en Elda un hospital que aun subsiste, bien que despojado de los bienes que le legó su fundadora. Casó luego el Conde con doña Francisca Manrique y con doña Juana Enríquez, no teniendo sucesión sino de la última, y murió siendo General de las galeras de las galeras de Sicilia (Haro, "Nobiliario", tomo II, pág. 270. Condado de Cantillana).

Para Gerónimo Abad de Beltrán, natural de Elda y por lo tanto paisano de don Pedro Antonio Coloma, ver http://condeduquedeolivares.es/index.php/component/tags/tag/53-capilla-mayor : "Además de las [reliquias*] traídas a Olivares, también envío [el II Conde de Olivares] otra muy importante a San Isidoro del Campo en Santiponce; el cuerpo entero de San Eutiquio mártir, que le había regalado Sixto V y que fue trasladado en 1590 a Sevilla, aunque su entrega se realizó en noviembre de 1600 por el Capellán Mayor de Olivares el licenciado Gerónimo Abad Beltrán, quien cumplió, en nombre del Conde, la misión de su entrega al Prior del Monasterio de San Isidoro del Campo con celebre pompa que se conserva descrita en su arca funeraria. El acto estuvo revestido de gran solemnidad por el acompañamiento de caballeros, gran número de gentes del pueblo y la capilla de música de la catedral de Sevilla". He aquí al capellán traficando con fiambres, probablemente asistido de su esclavo Andrés, "habido de buena guerra y no de paz" aunque nunca España tuvo enfrentamientos bélicos con ningún país del África negra, mas como apunta certeramente en La esclavitud en Ayamonte su autor (ver la entrada anterior:  Antonio Manuel González Díaz. La esclavitud en Ayamonte durante el Antiguo Régimen, siglos XVI, XVII y XVIII,), la hipócrita fórmula servía para acallar las conciencias.


La capilla de las reliquias, mandada construir por don Enrique de Guzmán, II Conde de Olivares, en dicha Villa cabeza de su Estado.


                                                        San Eutiquio,

* "La II Condesa de Olivares se encargaba de visitar iglesias y monasterios en Roma, donde previa autorización encargaba la extracción de numerosas reliquias de santos y mártires, cada reliquia llevaba incorporada su “auténtica” o certificado de autenticidad de la misma". Una pasión de coleccionista como otra cualquiera, si bien bastante morbosa; eso sí, revestida de misticismo y devoción cristiana. También coleccionaba, con su marido, obras de arte.

Don Gerónimo, feliz poseedor de un joven esclavo negro adquirido en nuestra Villa mediante Francisco de Palencia, fue ilustrísimo señor Obispo electo de Calahorra (aunque no debió tomar posesión del cargo, ya que no aparece en el episcopologio calagurritano), canónigo de la villa de Olivares y doctor en ambos derechos. Don Gerónimo Abad y Beltrán, natural de Elda ( http://www.raicesreinovalencia.com/sala/Biblioteca/novelda/ABAD.pdf, con su árbol genealógico hasta nuestros días ).

domingo, 18 de febrero de 2018

Notas varias, 2s.



Como gestor de imperfecciones, el historiador avanza por una calle sin nombre, pregonando ahora algunos apuntes sobre probables parientes de Juan de Saucedo, como son Martín de Saucedo, vecino de la Calle Real, y sobre todo este Cristóbal de Saucedo sevillano relacionado también con el mundillo de la albañilería:
Alonso Martín Revuelta, Familiar del Santo Oficio de la Inquisición en la ciudad de Sevilla y vecino de Castilleja de la Cuesta, en nombre y voz de don Luis Conde de Biedma, con su poder que le otorgó en esta dicha Villa ante Diego García de Miranda, escribano que fué de ella, en 9 de octubre de 1603, otorga que ha recibido de Cristóbal de Saucedo, vecino de Sevilla, 533 reales y 12 maravedíes, los 477 reales y 12 maravedíes en reales de contado y los 56 reales restantes Cristóbal los pagó por el otorgante a albañiles oficiales y en el reparo de las casas en que ¿vive, vivió? el dicho don Luis Conde, que se hicieron en la puerta del medio de las dichas casas, todos los cuales dichos 533 reales y 12 maravedíes están en poder del otorgante, que se dá por contento y pagado, los cuales se le pagan en el dicho nombre a cuenta de los 1.600 reales que paga al dicho don Luis Conde de Biedma por la renta de las casas en que vive, que son en la ciudad de Sevilla en la collación de la Magdalena, junto al Dormitorio de San Pablos, durante este año de 1605, y son del tercio que se cumplirá en fin del mes de agosto que viene de este dicho año; y al cumplimiento de esta carta de pago obliga su persona y bienes habidos y por haber y los del dicho don Luis. Dado en esta Villa a 5 de mayo de 1605. Testigos, Francisco de Palencia, vecino de Sevilla, y Lorenzo Sánchez y Andrés Lorenzo, vecinos del Castillo de las Guardas.



                      Maravedíes del tiempo de Felipe III

Otro Saucedo sevillano, Tomás (o Tomé) de Saucedo Hurtado, estante en Ayamonte en julio de 1602, compró el esclavo negro Melchor, de 28 años, al espartero ayamontino Fernando Lorenzo Coto, por precio de 50 ducados. El espartero lo había obtenido pocos meses antes por 80, así que en la operación perdió 30 ducados. Antonio Manuel González Díaz. La esclavitud en Ayamonte durante el Antiguo Régimen (siglos XVI, XVII y XVIII). Diputación de Huelva, pág. 111.
También había comprado en Ayamonte este Saucedo Hurtado en marzo de dicho año a la negra Gracia de 35 años, por 600 reales, suministrada por el médico portugués Antonio Díaz, vecino de Castro Marin. "Hubo profesionales portugueses de la medicina que se desplazaron hasta la villa onubense para vender sus esclavos". (Obra citada, pág 122). En este libro completísimo sobre el importante centro del negocio de compra-venta de esclavos que fue Ayamonte por su situación entre una nación eminentemente esclavista como fue Portugal y el gran mercado de Sevilla, su autor nos muestra cómo quienes desde esta última ciudad buscaban "mercancía" a buenos precios solían acudir a dicha villa onubense. Entre ellos anotaremos, con vista a ulterior desarrollo, a un destacado hacendado castillejense, don Pedro Adrián Colarte, que en el año 1700 compró al negro Serafín, de mote "Garapiña", de Pedro Álvarez Ramírez, Comisario del Santo Oficio de Sevilla en Ayamonte y cura beneficiado de la iglesia del Salvador. (Obra citada, pág. 137).
El denominado "Cerro Colarte" cruzado por la carretera Castilleja-Bormujos debe su nombre a este hacendado. Pero no adelantemos acontecimientos: el capitán Francisco Vázquez Montero, vecino de Sevilla en Triana, adquirió a la mulata María con una hija recién nacida, de 20 días de edad, por 2.425 reales en subasta pública celebrada en la plaza de Zamora de Ayamonte el domingo 11 de enero de 1642; la subasta la había organizado Juan de Montellano, contador principal del ejército que se formaba en Ayamonte para entrar en El Algarve, cuya Contaduría Principal estaba instalada en dicha ayamontina plaza de Zamora. (Obra citada, pág. 138). Y en esta misma página, "Juan de Montellano, contador principal del ejército que se formaba en Ayamonte "para entrar en el Algave" declaraba en documento público [año 1642] fechado en enero tener noticias "de que a esta villa de Ayamonte se habían pasado de la de Castro Marín y de otras del Reino de Portugal, algunos esclavos y esclavas. Yo hice recogerlos como hacienda de rebeldes a su majestad, para ponerles todo buen cobro". Decidió sacarlos a subasta pública, concretamente tres esclavas llamadas dos de ellas Margarita y la otra María, mulata que tenía una niña recién nacida de veinte días."
El capitán Francisco Vázquez Montero fué hijo de otro Francisco Vázquez Montero, también vecino de Triana pero morador en Castilleja de la Cuesta, en donde ejerció de obligado de las carnicerías del Conde de Olivares largos años, omnipresente su persona en los documentos de la época, dedicado a asuntos de ganadería relacionados con su oficio.



Castro Marim visto desde Ayamonte (Wikipedia).

No fué el único caso de fuga hacia Ayamonte el del esclavo de Francisco de Palencia, ya que también se le escapó al Jurado sevillano Bartolomé Díaz un mulato, Juan, de 20 años, también preso en la cárcel pública de dicha villa. Da que pensar en que, probablemente, estos huidores escapaban por donde habían llegado. El Jurado Bartolomé vendería a Juan por 80 ducados a Santiago Ramírez, escribano del Cabildo ayamontino, por medio del regidor de dicho Cabildo Martín González Barbas, en 1588.
El escribano Diego González —ante quién Juan de Saucedo expuso sus pretensiones en Ayamonte—  tenía una esclava negra, María, de 20 años, comprada al mercader de esclavos Domingos López, de Serpa (Alentejo, Portugal) en 1621.

Esclava que fué del vecino de Castilleja Marco Antonio de Alfaro, la mulata vecina de Ayamonte Gerónima de Barrientos otorgó su testamento como sigue:
"En el nombre de Dios amén. Sepan cuantos esta carta vieren como yo Jerónima de Barrientos, mulata, libre de toda sujección y cautiverio, que soy vecina de esta villa de Ayamonte, estando como estoy acostada en cama enferma del cuerpo y sana de la voluntad y en mi libre juicio y entendimiento natural, cual Dios Nuestro Señor fue servido de me dar. Creyendo como bien y verdaderamente creo en el misterio de la Santísima Trinidad, Dios, Padre, Hijo y Epíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero que vive y reina por siempre jamás sin fin. Amén. Y deseando poner mi ánima en camino de salvación y para ello tomando por mi abogada a la gloria siempre Virgen María Señora Nuestra, a la cual suplico interceda por mí a su bendito Hijo, mi Señor Jesuchristo perdone mis pecados y lleve a su gloria y por mi ánima salvar y a mis herederos concordes dejar. Otorgo que hago y ordeno este mi testamento y última voluntad por ante Antonio de Collantes, presente escribano público de esta villa en la forma y manera siguiente:
Primeramente encomiendo mi ánima a Dios Nuestro Señor, que la crió y redimió por su preciosa sangre y el cuerpo a la tierra do fue formado.
Ytem mando que siendo yo fallecida mi cuerpo sea sepultado en la Iglesia de Señor San Salvador de esta villa en una de las sepulturas que están junto a la capilla de Nuestra Señora de la Limpia Concepción de la dicha iglesia. Y por ello se pague la limosna que fuere justo.
Ytem mando me acompañen mi cuerpo los curas de la dicha iglesia y nueve capellanes de ella. Y que el día de mi fallecimiento, si fuere hora de misa, si no otro día siguiente se me diga en la dicha iglesia una vigilia y dos misas cantadas, la una a la Limpia Concepción de Nuestra Señora y la otra de requiem. Y por ello se pague lo acostumbrado. Y asimismo se me diga la misa del ánima luego que yo sea fallecida en la dicha iglesia.
Mando se diga una misa al ángel de mi guarda. Y otra a Nuestra Señora de la Candelaria. Y otra a Nuestra Señora del Rosario. Y otra se diga por las ánimas del Purgatorio. Y otra misa se diga a Nuestra Señora de la Encarnación y por ello se pague la limosna acostumbrada, las cuales dichas misas quiero y es mi voluntad se digan en el convento del Señor San Francisco de esta dicha villa por los religiosos de él.
Mando a las mandas forzosas lo que es costumbre.
Declaro que no debo maravedís algunos a ninguna persona, pero por descargo de mi conciencia mando que quien jurare le debo hasta cantidad de dos reales se le paguen.
Ytem declaro que doña Inés de Ávila, mujer de Marco Antonio de Alfaro, vecina que fue de la ciudad de Sevilla, de quien yo fui esclava cautiva, que me criaron en su casa, por el amor que me tuvo y haberle yo con el mismo servicio, me dejó libre de toda sujección y cautiverio y por cláusula de su tertamento ordenó y mandó se me diesen en cada un año cuatro ducados durante los días de mi vida, la cual dicha manda y legado me ha satisfecho en cada un año como lo dispuso la dicha mi señora Inés de Ávila, el padre Francisco de Villa, rector del colegio de San Hermenegildo de la Compañía de Jesús de la ciudad de Sevilla, de cuyos maravedís estoy satisfecha hasta fin del año pasado de mil y seiscientos y treinta y ocho. Y se me deben los dichos cuatro ducados de la dicha manda de este presente año de seiscientos y treinta y nueve. Mando que mi albacea haga diligencia porque se cobren los maravedís para ayuda a pagar mi entierro y hacer bien por mi alma que así es mi voluntad.
Ytem declaro que me debe el licenciado Alonso Rodríguez Brioso*, estudiante, vecino de esta villa, una sortija de oro que costó catorce reales de plata que con otras cosas le había entregado para que me llevase a Sevilla. Y no me la ha vuelto, sino dándome seis reales a cuenta de ello. Mando se cobre lo demás de el suso dicho.
Declaro que tengo por mis bienes un manto nuevo, el cual quiero se venda para que se me compre un hábito de San Francisco en que quiero morir que pido para ganar las gracias de él.
Ytem cuatro basquiñas de colores que son de jerguilla y de picote frailesco.
Ytem cuatro jubones de colores y dos coletillos, uno de tafetán azul y otro de parragón y dos pares de enaguas, unas de bayeta y otras de paño, coloradas ambas y tres camisas de ruan nuevas, y un rosario de cristal y una gargantilla de perlas y un anillo de plata sobredorado y un dedal de plata y unos granates y unos rosaritos y seis gorgueras ya usadas y dos cajitas pequeñas.
Ytem mando se de a la señora doña Agustina que se está haciendo [que a la sazón el platero construía] y a mi señora doña Ana un rosario con una cruz de plata en que está y unos chapines y unas medias de hilo blancas mejores que tengo.
Y para cumplir y pagar este mi testamento y lo en él contenido dejo y nombro por mi albacea testamentario a mi señora doña Leonor Quintero, vecina de esta villa a la que doy poder cumplido que de derecho se requiere para que entre en mis bienes y de lo mejor y más bien parado de ellos véndalos en almoneda o fuera de ella, cumpla y pague este mi testamento y lo en él contenido y le encargo mi ánima y su conciencia.
Y después de cumplido y pagado este mi testamento y lo en él contenido dejo por heredera a mi ánima en el remanente de todos mis bienes, derechos y acciones para que se me diga en misas por ella lo que quedare por la limosna ordinaria, las cuales mande decir mi señora doña Leonor mi albacea en la parte y lugar que le pareciere que así es mi voluntad.
Revoco y anulo y doy por ningunos y de ningún valor ni efecto todos otros cualesquier testamentos, mandas y codicilos que antes de este haya hecho y otorgado por escrito y de palabra, que quiero que no valgan ni hagan fé en juicio ni fuera de él salvo este que al presente hago y otorgo que quiero que valga por mi testamento y última voluntad de aquella mejor vía y forma que derecho haya lugar. Que es hecha la carta en Ayamonte, estando en las casas palacio de su excelencia el marqués de Ayamonte mi señor, en donde estaba la dicha otorgante que yo el presente escribano público doy fé conozco. En lunes ocho días del mes de agosto de mil y seiscientos y treinta y nueve años. Y porque la dicha otorgante dijo no saber firmar firmó por ella un testigo, siendo testigos Juan de Cózar y Francisco Martín, alguacil y Pedro Rodríguez, vecinos y estantes en esta dicha villa". (La esclavitud en Ayamonte... pág. 176).

* Hay un Alonso Rodríguez Brioso en los protocolos notariales de nuestra Villa, marido de Ana de Vela y ambos difuntos ya en abril de 1606, con posesiones de viñas y arboledas en Bormujos y Bollullos al pago del Repudio, matrimonio que dejó hijos herederos menores, una de los cuales, Catalina Vela, tiene como tutor en dicho mes y año a Bartolomé Ruíz de Lara, vecino de Bormujos, nombrado tal tutor por la Justicia del lugar de Bormujos ante el escribano de Castilleja Juan de las Cuevas.

En referencia a los Domínguez de Ayamonte, uno de los cuales, hermano de la mujer de Saucedo, murió abintestado en Indias como estamos viendo, dejo aquí apuntado otros Domínguez ayamontinos presentes en La esclavitud en Ayamonte: Luis Domíguez, mercader de pescado, traficó con once piezas entre 1603 y 1636. El armador Francisco Domínguez pagó por el negro Francisco, de 22 años, al clérigo ayamontino Martín Sánchez de Avilés 140 ducados en el año 1600. María de la Luz, viuda del capitán Juan Domínguez, ahorró en 1663 a dos esclavos: Diego, niño mulato que había criado en su casa, y a Ana, esta última con la condición de servir a Juan Domínguez García, sobrino de su marido, hasta que satisficiese 100 ducados en un plazo de 4 meses. El capitán Matías Domínguez fue testigo en el testamento otorgado por la liberta Magdalena Camacha, morena. Hubo un Fernando Domínguez, escribano público de Ayamonte, hacia 1570.

Sevillanos que compraban esclavos en Ayamonte fueron, además: Felipe Martínez, platero, vecino de Sevilla en la collación de la Iglesia Mayor, que compró en 1628 a la negra Lucía, por 110 ducados, siéndole vendida por otro platero, Diego Rodríguez, de Ayamonte, quien la adquirió por 117 ducados en 1621, año en el que Lucía tenía 14 de edad. "Lógicamente muchos sevillanos se desplazaban hasta Ayamonte para lograr buenas piezas a precios mejores que los que podrían encontrarse en Sevilla. Eclesiásticos sevillanos fueron Gil de Escobar, fiscal de la Santa Inquisición en Sevilla, Enrique Fernández de Flores, clérigo de Triana, Juan de Herrera, Luis de Alarcón y Juana Espínola, monja profesa del convento de Madre de Dios de Sevilla que en 1616 adquirió en Ayamonte a la negra Dominga de dieciocho años por 136 ducados. También hubo quien vendió alguna pieza en este mercado. Así, por ejemplo, Juan de Valverde, clérigo sevillano, actuando en nombre del inquisidor hispalense don Alonso de Hoces* introdujo en Ayamonte [en 1610] un esclavo poco frecuente, un "berberisco", vendiéndolo por 40 ducados". (La esclavitud en Ayamonte... pág. 118).

* "En el tribunal de Sevilla, las visitas de 1628 y de 1611 se revelan igual de fructíferas en contra del inquisidor Alonso de Hoces. En 1611, su dosier establece treinta cargos de acusación como violencia, venalidad, incompetencia, insultos, soborno, corrupción y comportamiento indecoroso en público llegando al límite cuando el inquisidor baila, canta y toca la guitarra". Elisabeth Balancy, Violencia civil en la Andalucía moderna (ss. XVI-XVII): familiares de la Inquisición y banderías locales, Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 1999,  pág. 124. Puede imaginarse el calvario que hubo de padecer este esclavo berberisco —y los demás que poseyera— semejante dueño.



En Castilleja de la Cuesta en 5 de mayo de 1605 pareció ante Juan de Chávez, Alcalde Ordinario de esta Villa, Juan de Saucedo, Alguacil Mayor y Alcaide de la Cárcel de ella*, por sí y en nombre de Catalina Guillén su esposa, y de Benito Esteban y Francisca Díaz sus cuñados, hijos legítimos de Benito Esteban y de Leonor Díaz su mujer, difuntos, naturales de la Villa de Ayamonte y hermanos legítimos de Juan Domínguez, que murió abintestado en las Indias en la ciudad de Panamá, y dijo que por su muerte los dichos su mujer y demás hermanos son herederos legítimos de dicho Juan Domínguez, y que con poder de dicha su mujer y cuñados él había ido a Ayamonte, donde el difunto tenía sus bienes y hacienda en tutela a los cobrar, y los pidió ante las Justicias de dicha Villa y Juez de Menores de ella, y mandaron se le entregasen los bienes con que diere una fianza abonada en cantidad de 600 ducados, para que si en cualquier momento pareciese ser vivo el dicho Juan Domínguez u otra persona con mejor derecho, volverá los bienes tal y como se le entregaron; y como él, estando en Ayamonte, no tenía la dicha fianza, se le dió requisitoria por el dicho Juez de Menores para dicho Alcalde Ordinario Juan de Chávez y para las demás justicias de Castilleja de la Cuesta, de Sevilla y de otras partes, para que a su contento, riesgo y satisfacción recibiese la dicha fianza, y para ello Juan de Saucedo ofreció por su fiador a Francisco de Palencia, vecino de Sevilla y morador en Castilleja de la Cuesta, que es rico y abonado en más cantidad de 3.000 ducados. Por tanto pide a dicho Alcalde Ordinario que mande recibir la dicha fianza a su contento y riesgo, pues le consta y es notorio tener el dicho Francisco de Palencia más cantidad y bienes de los dichos 3.000 ducados, y que se le dé por testimonio para presentar al dicho Juez de Menores en Ayamonte.

* Pomposo título. Pronto veremos a qué se debía.

Auto. En dicho día 5 de mayo el Alcalde Ordinario Juan de Chávez, habiendo visto la anterior petición, dijo que atento a que le consta y es notorio que el dicho Francisco de Palencia es abonado en más cantidad de 600 ducados, que se le reciba por fiador a su contento y riesgo, y así lo mandó. Testigos, Andrés de la Barrera, Francisco Vázquez y Martín Cabrera, vecinos de esta Villa.

Juan de Saucedo, vecino de esta Villa, y Francisco de Palencia como su fiador, este último vecino de Sevilla y morador al presente en esta Villa de Castilleja, dicen que por cuanto Catalina Guillén, mujer del primero, y sus dos hermanos, y dicho Saucedo en sus nombres, como herederos abintestados de Juan Domínguez, pidieron al Juez de Menores de Ayamonte se les entregaran los bienes del difunto, habiendo pedido dicho Juez una fianza de 600 ducados y para ello los tres hermanos han pedido al dicho Francisco de Palencia que los fíe, los otorgantes, por la presente carta y haciendo de deuda ajena suyas propias otorgan que salen por fiadores por los dichos 600 ducados, y se obligan a que, siéndoles entregados dichos bienes a los tres hermanos, cada vez que aparezca vivo Juan Domínguez o alguien que mejor derecho tenga a sus bienes, los tres hermanos devolverán los bienes que tengan del difunto hasta cantidad de los 600 ducados, puestos en Ayamonte ante dicho Juez de Menores el día que este diga, para lo cual ambos obligan sus personas y bienes y se someten especialmente al fuero y jurisdicción de Ayamonte, y el Alcalde Ordinario Juan de Chávez certifica que Juan de Saucedo y Francisco de Palencia son abonados y tienen más bienes de 600 ducados, y él mismo recibe por su cuenta y riesgo dicha fianza, y si le pareciere no ser segura, dicho Alcalde Ordinario la pagará con su persona y bienes, que para ello obliga. Dado en el Señorío de Castilleja de la Cuesta a 5 de mayo de 1605 siendo testigos Andrés de la Barrera, Francisco Vázquez y Martín de Cabrera, vecinos y estantes en esta Villa.

Juan de Saucedo y Catalina Guillén su esposa* conocen a Francisco de Palencia y a Juan de Chávez, Alcalde Ordinario, y dicen que por cuanto dicho Francisco de Palencia salió por fiador de los tres hermanos por los dichos 600 ducados y se obligó a todo lo susodicho, y porque dicho Francisco de Palencia les ha pedido escritura de resguardo, los otorgantes se obligan a no pagar ni gastar cosa alguna de la dicha fianza, ni pedirle a Francisco de Palencia nada en razón de lo susodicho, y si algo le pidieren lo pagarán luego más las costas que se originen, y que por ello los pueda ejecutar con sólo su juramento. Y a todo ello obligan sus personas y bienes. Dado en Castilleja a 5 de mayo de 1605, siendo testigos Francisco Vázquez, Martín de Cabrera, Andrés de la Barrera, Hernando de las Cuevas, Blas Sánchez y Roque de las Casas.

* Pudo ser una belleza salada,
con el océano nocturno,
chispeante de luna,
en las pupilas.
Pudo haber traído
Catalina de Ayamonte
un océano nocturno,
hirviendo con chispazos
de su blanca luna en las pupilas.

Aureolada con ausencias de gaviotas,
lastran algas sus torpes pasos,
enredados en las flores de Aljarafe.

En el sur fija
una estrella fría
la geometría.

Juan de Saucedo, Alguacil Mayor de Castilleja de la Cuesta, da todo su poder a Martín Hernández el viejo y a Martín Hernández el mozo y a Julián Nieto, vecinos de la Villa de Ayamonte, para que en su nombre puedan cobrar de Diego López Paposso* (sic), vecino de dicho Ayamonte, 18 ducados que le debe según escritura ante Diego González, escribano público de dicha Villa. Dado en el Señorío de Castilleja a 17 de enero de 1606, siendo testigos Bernardo de Espinosa, Diego González y Juan de Miranda.

* María González, viuda de Bartolomé Paposo, liberó a su esclava Francisca [año 1667] que al parecer era hija de su marido e incluso la propia María la había amamantado conociendo la realidad de su paternidad (La esclavitud en Ayamonte... pág. 149). En 1607 Blas Rodríguez, vecino de Ayamonte, reclamó a Alonso Domínguez Paposo 110 ducados que le había pagado por Domingo, negro de 20 años, porque le había asegurado que no era huidor y contrariamente se le había fugado.

Benito Esteban, hijo de Benito Esteban y de Leonor Díaz, natural de la Villa de Ayamonte y vecino de Sevilla en la collación de San Gil, estante al presente en esta Villa de Castilleja, recibe de Juan de Saucedo su cuñado, vecino de esta dicha Villa, ausente, todos los maravedíes que por su poder Saucedo ha cobrado en Ayamonte y en otras partes de la herencia que le cupo de sus padres, así los que estaban en tutela y administración como en otra forma, excepto que no entren en ello unas casas que el otorgante tiene en Ayamonte, porque de ellas han de liquidar cuentas. Que todo lo demás dicho Saucedo se lo ha pagado a Francisco de Ontiveros en nombre del otorgante, de lo cual se dá por contento y pagado, y si algo más le pidiere, que no sea oído en juicio o fuera de él, y que lo pueda ejecutar. Dado en esta Villa de Castilleja a 20 de febrero de 1606, siendo testigos Juan de Miranda, Rodrigo de Frías y Luis Pérez Arias.

En la Villa de Castilleja de la Cuesta en 22 de mayo de 1606, Juan de Saucedo y Benito Esteban, de común acuerdo y conformidad para hacer las cuentas de la hacienda que Saucedo cobró en Ayamonte de Juan Domínguez, difunto, que pertenece al dicho Benito Esteban y a Catalina Guillén y a Francisca de Vargas sus hermanos, nombraron por tercero a Francisco de Palencia para que haga las cuentas y dé a cada uno lo que le perteneciere, y lo firmaron de sus nombres.
En dicho día Juan Rodríguez de Medina, Alcalde Ordinario de esta Villa de Castilleja, mandó se le notifique al dicho Francisco  de Palencia para que acepte dicho oficio de tercero nombrado por las partes. En dicho día el escribano Juan de las Cuevas notificólo y Palencia aceptó jurando hacer dicho oficio y las cuentas lo mejor que Dios le diere a entender. Luego Palencia pidió al Alcalde Ordinario que haga declarar a Saucedo todos los bienes que ha cobrado, los que queden en Ayamonte, y los gastos que ha hecho en la cobranza. El Alcalde así lo mandó. En dicho día 22 Saucedo declaró bajo juramento que en virtud del poder que se le dió ha cobrado: de Diego López Paposso, tutor y administrador de dichos bienes, 16.803 maravedíes del alcance de la cuenta que dió de la tutela que tenía a su cargo; parece que vendió un tributo de 40 ducados de principal que pagaba Rodrigo de Arnedo, y otro tributo de 20 ducados de principal que pagaba Francisco de Palacios, los cuales vendió en 50 ducados; item cobró de la mujer de Pedro Alonso 26 ducados por un tributo de 30 ducados que redimió, que monta lo que ha cobrado 45.301 maravedíes; y asimismo que hay de bienes para cobrar que se le deben un tributo de 130 ducados de principal que pagan Alonso ¿Martínes y su mujer?, vecinos de Ayamonte en la calle del Cabezo sobre unas casas en la dicha calle. Item tienen otros 100 ducados de principal de tributo que pagan los menores de Zamudio sobre sus casas, que montan los bienes que tienen en Ayamonte 86.250 maravedíes.
Parece que en la dicha cobranza ha gastado lo siguiente: pagó por el alcábala de la venta de los tributos 26 reales; pagó al escribano del Juez de Menores de todas las diligencias que hizo antes 65 reales; parece que tuvo la primera vez en Ayamonte haciendo diligencias sobre la cobranza a 5 reales cada día, que montan 125 reales; item 6 días de la ida y venida a Ayamonte, 30 reales; de las peticiones de letrado que se hicieron en el pleito, 8 reales; de unas comprobaciones que hizo de poderes, 3 reales; de la segunda vez que fue a Ayamonte, que estuvo 10 días, a 5 reales cada uno, 50 reales; de 2 días que fue a Sevilla a hacer información sobre la muerte de Juan Domínguez, ... ; de comprobar la información y autos, 8 reales; de otros 10 días que se ocupó en ir a Ayamonte, 50 reales; de 2 peticiones, 4 reales; del testamento, medio real; de la fianza e información en Castilleja de la Cuesta, 8 reales; de registros y sacas de poderes, 4 reales; 2 días que fue a Sevilla al pleito de Francisco de Palencia, 10 reales; de la ida postrera a Ayamonte, 18 días a 5 reales cada uno, 90 reales; de 6 días que se ocupó en Sevilla en el pleito de Francisco  de Palencia, 30 reales; de las costas de secretarios, escribanos y procuradores del pleito de Francisco de Palencia, 40 reales. Por manera que suma lo que ha gastado en la ... ... que dicha es 19.176 maravedíes. Y que así era la verdad so cargo del juramento que hecho tiene. Firmó Palencia, y Benito Esteban, presente, aprobó los dichos gastos por cuanto han sido hechos por sus herederos, y quiere que se le reciban en cuenta al dicho su cuñado Juan de Saucedo.
Y luego en dicho día el tercero Francisco de Palencia hizo la cuenta siguiente:
Cargo a Saucedo de 45.301 maravedíes que ha cobrado conforme a su declaración, de los cuales descarga los dichos 19.176 maravedíes que parece ha pagado conforme a dicha declaración. Por manera que resta debiendo el dicho Juan de Saucedo 26.176 maravedíes, los cuales parece que pertenecen a Catalina Guillén su mujer, y a Francisca de Vargas y al dicho Benito Esteban, hermanos, por iguales partes, y que ellos se les reparten en la manera siguiente: a Benito Esteban 8.708 maravedíes, a Francisca de Vargas 8.708, y a Catalina Guillén 8.708. Y es declaración que los dichos 230 ducados que se deben en Ayamonte son de todos tres hermanos, la tercia parte a cada uno. Y asimismo es declaración que si Saucedo ha cobrado alguna cosa más ha de dar cuenta de ello para partirlo igualmente.
Y parece que Saucedo ha pagado a Benito Esteban los maravedíes siguientes: por un conocimiento firmado del dicho Benito parece haber recibido 210 reales, que sacados de los 8.708 maravedíes que ha de haber se le restan debiendo al dicho Benito 4.964 maravedíes, como parece por esta cuenta. Y parece que la dicha Francisca de Vargas ha recibido de Juan de Saucedo 224 reales como parece por un conocimiento que de ello dió, y sacados de lo que ha de haber se le restan debiendo a dicha Francisca de Vargas 1.092 maravedíes, que le ha de pagar dicho Saucedo.
Y con esto Francisco de Palencia dejó hecha y acabada esta cuenta, y juró por Dios que la había acabado lo más justamente que Dios Nuestro Señor le ha dado a entender, sin agraviar a las partes, y lo firmó.
En dicho día 22 ante el Alcalde Ordinario Juan Rodríguez de Medina presentó esta cuenta Francisco de Palencia, y dicho Alcalde mandó dar traslado de ella a las partes, notificándo a éstas en sus personas el escribano Juan de las Cuevas, las cuales la aceptaron obligándose a pasar por ella. Testigos, Diego González, Juan Rodríguez y Juan Payán.

Fallo que me debo de conformar y conformo con el ... dado en esta causa por los ..., y mando a las partes la guarden y cumplan so pena de 50.000 maravedíes. Y así lo pronunció y firmó el Alcalde Ordinario, en 22 de mayo de 1606, y el escribano Juan de las Cuevas notificó de ello a Saucedo, a Benito y a Francisca. Testigos, Diego González y Juan Payán.

Benito Esteban, hijo de Benito Esteban y de Leonor Díaz, natural de la Villa de Ayamonte y estando al presente en esta de Castilleja de la Cuesta, recibe de Juan de Saucedo su cuñado, vecino de esta Villa, 143 reales y 12 maravedíes, con los cuales le acaba de pagar todos los maravedíes que por él cobró en la Villa de Ayamonte, así de la herencia de sus padres como de las de sus hermanos Juan Domínguez y Miguel Martín, que las partidas que en su nombre cobró las declaró Juan de Saucedo en la cuenta que dio al otorgante, de que fué testigo Francisco de Palencia ante la Justicia de esta Villa de Castilleja y ante el presente escribano, conforme a la declaración y juramento que dicho Saucedo hizo, y de los 92 reales que la otra vez que fué Saucedo a Ayamonte cobró, porque si volvieren más partidas cobradas no entrarán en esta carta de pago, y de todo lo que debe y de los alcances de las demás cuentas este otorgante se da por contento  y pagado a su entera satisfacción, y acerca de ello entrega esta carta de pago y finiquito, a lo cual obliga su persona y bienes. Dado en Castilleja de la Cuesta a 4 de diciembre de 1606, siendo testigos Juan de Miranda, Pedro Navarro y Bernabé de Espinosa.

viernes, 16 de febrero de 2018

Notas varias, 2r.



A modo de eslabón el playero de la anterior entrada con sus tres cargas de chocos nos será útil para, sin perder el contexo, enlazar con una antigua incógnita y resolverla casi en su totalidad*.

* La incógnita que estaba por resolver: el trato de Agustín de Castro Polaino con el Alguacil Juan de Saucedo para que le trajese un su esclavo huido y capturado en la Villa de Ayamonte: http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2017/08/notas-varias-2i.html
La relación entre el esclavo de Agustín, Saucedo y la villa onubense, al margen de lo que habíamos aventurado, va a quedar manifiestamente clara de inmediato. Antes y como complementos transcribiré algunas escrituras notariales atinentes al Alguacil:

Juan de Saucedo, vecino al Señorío de esta Villa, conoce a la Cofradía del Santísimo Sacramento y la Veracruz de ella y a Hernando de las Cuevas, vecino de Sevilla y morador en esta Villa, su Prioste y Mayordomo en nombre de los demás Mayordomos que fueren de la dicha Cofradía, y dice que por cuanto él tiene unas casas con su corral, huerta, palacio, patio y pozo en el Señorío, linde con casas de Juan de Chávez y con casas de Pedro de Oyega, las cuales fueron de Francisco Rodríguez de Espino, difunto, y después fueron de Martín de Cabrera, de quien él las compró, con cargo de 1 ducado y medio al año que se pagan a la dicha Cofradía según escritura que dicho Francisco Rodríguez de Espino y Paula Rodríguez su mujer otorgaron ante Hernando de las Cuevas, escribano de esta Villa, en 24 de julio de 1570, y él ha pagado el tributo a los Priostes que han sido y son hasta fin de 1603, y porque Hernando de las Cuevas el Mayordomo le ha pedido ahora reconocimiento de ello, por tanto por la presente lo hace, hasta que no lo redima, y pagará desde 1º de enero de este presente año de 1604 de cuatro en cuatro meses, so pena del doblo y costas de la cobranza, obligando a ello las dichas casas. Dado en la Audiencia del Señorío a 4 de junio de 1604, siendo testigos el licenciado Baltasar de Villada y Andrés de Carvajal, vecinos de Sevilla y residentes en esta Villa, y Diego Rodríguez, vecino de esta dicha Villa.


                               Firma del Alguacil

Nuestro hombre ejercía también de albañil: cobró 256 reales para sí y para sus peones por los jornales que se ocuparon en desenvolver* las casas de María, menor de edad e hija de Hernando Yáñez y de María de los Ángeles, difuntos, y en aderezarlas, y por 8 pinos [para usarlos como vigas] y otras cosas que para ello se compraron, según parecer por carta de pago. A la sazón era el tutor de la menor Juan López Cordobés, vecino de esta Villa, en cuya cuenta de la administración de los bienes de la menor, rendida ante el Alcalde Ordinario Francisco de Palencia**, —quien cobró por recibirla 20 reales— el 28 de diciembre de 1604, aparece el dicho pago de sueldos al albañil Saucedo, además de "25 reales que pagó a Juan de Saucedo y a dos peones por echar un suelo a la casa de la menor, como parece por su carta de pago", mas "9 reales que pagó a Juan de Saucedo, albañil, por hacer unos pesebres en las casas de la dicha menor"; la cerradura de la casa costó dos reales y medio, y "los empedradores que empedraron las puertas de la calle de las casas de la menor" cobraron 14 reales. Y "24 reales que se gastó en las casas de la dicha menor en hacer una chimenea fransessa (sic)". Anotemos como curiosidad la venta "de una tinaja quebrada de la dicha menor a Bernardo de Oliver en 4 reales" y "tres vigas viejas de la dicha menor a Diego Díaz".

* Desenvolver, quizá, referido a una casa, desarrollarla, incrementarla, ampliarla ( Diccionario de Uso del Español, María Moliner).

** El otro Alcalde Ordinario durante este año de 1604 fue Juan Payán.


                                 Firma de Juan López Cordobés

Francisco de Palencia, vecino de Sevilla y morador en esta Villa, vende a doña Juana de Ávila, viuda de Diego González de Miranda, vecina de esta Villa, presente, un esclavo de color negro que se llama Sebastián, que será de edad de 23 ó 24 años poco más o menos, el cual se lo vende por sujeto a servidumbre habido en buena guerra, y se lo vende porque es borracho, ladrón y huidor, y por cojo, ciego, manco, y que tiene gota coral, mal de bubas y de fuera, y que es endemoniado, y con todas las demás tachas y enfermedades públicas y secretas que pareciere haber tenido y tener en poder del vendedor o fuera de él, sin que la compradora se lo pueda devolver por ninguna otra tacha. Y son concertados en el precio de 80 ducados, que le paga al contado, y la alcábala corre a cargo de la compradora. Dado en esta Villa a 16 de octubre de 1604. Testigos, Roque de las Casas y Andrés de Carvajal*, vecinos de Sevilla, y Antón Navarro el mozo, vecino de esta Villa.

* Andrés de Carvajal era yerno de doña Juana:
Doña Juana de Ávila, viuda de Diego García de Miranda, vecina de esta Villa, por sí y como tutora curadora de doña Isabel de Miranda, de don Diego García de Miranda, de Juan de Miranda y de Francisco de Miranda sus hijos, da todo su poder a Andrés de Carvajal su yerno, presente, para que venda todos y cualesquier olivares, casas y otros bienes raíces y muebles que ella o sus hijos tengan, así en la Villa de Olivares como en la de Heliche y otras partes, y para arrendarlos, y para que pueda cobrar cuanto a ella o sus hijos les deban de maravedíes, ducados, pan, trigo, cebada, aceite, gallinas y otros bienes muebles o raíces, y lo corrido de cualquier arrendamiento de casas, tierras de pan sembrar, cortijos, etc. que ellos tengan, y para nombrar veedores y repartidores y tomar cuentas de otros administradore que hayan sido de dichos bienes. Y en general para todos sus pleitos, causas y negocios habidos y por haber. Dado en Castilleja de la Cuesta en casa de la otorgante, 8 de noviembre de 1604. Testigos, Francisco de Palencia, Bartolomé del Álamo y Francisco Rodríguez, estantes en esta Villa.

El Alcalde Ordinario Francisco de Palencia no daba puntada sin hilo, ya que dos días después de la venta del esclavo a la viuda del fallecido escribano lo vemos, junto a su compañero de oficio Juan Payán, ofreciendo oficialmente al mejor postor el arrendamiento de las rentas de la pescadería del pueblo. Como quiera que atañe al tema de los playeros y Ayamonte —e indirectamente al del esclavo— resumimos su actividad en el siguiente extracto:
El 18 de octubre de 1604 el Concejo, Justicia y Regimiento de este lugar (sic) de Castilleja de la Cuesta, a saber, Francisco de Palencia y Juan Payán, Alcaldes Ordinarios, Francisco de Castro, Regidor, y Cristóbal Moreno, Alguacil, estando juntos y ayuntados en las casas del presente escribano Juan de las Cuevas, mandaron que se arriende la renta de los pesos de esta Villa, de la pescadería de ella, por todo el año de 1605. Condiciones: el arrendador pagará por los tercios de cada año, la primera paga el 1º de enero, siempre por adelantado; tendrá los pesos buenos y sellados y la pescadería barrida y limpia, so pena de 600 maravedíes, mitad para la Cámara del Conde de Olivares y mitad para los gastos del Concejo; podrá llevar por cada carga que se pesare 2 reales, siendo la carga mayor, y no más. so la dicha pena; será obligado a tener una persona que pese todo el pescado que viniere a esta Villa y que tenga en cuenta de los dicho pesos sin pedir por ellos más de los dichos 2 reales, so la pena dicha; irá todo el año a su riesgo por poco o mucho pescado, o ninguno, que entrare, sin pedir nada y sin pleito alguno; no se podrá pesar pescado en esta Villa y su término si no es con los dos pesos del Concejo, y en caso contrario han de pagar los dichos  2 reales, y la persona que los pesare pagará los dichos 600 maravedíes de pena; el arrendador pagará también los derechos del escribano y del pregonero; no viniendo carga entera, o si fuere serón, no puede llevar más de 1 real, y si llevare más, lo vuelva y pague la dicha pena. Y así lo mandó el Concejo, y firmó quien supo hacerlo. Testigos, Juan de Chávez, Juan López y Pedro Librero.
El 18 de octubre, estando en la Plaza de esta Villa, Luis González, pregonero, por mandado del Concejo pregonó la dicha renta; pujó Pedro Díaz Ponce, vecino de esta Villa, en 60 ducados, y obligó a ello su persona y bienes, siendo testigos Roque de las Casas, Agustín de Castro  Polaino y don Luis Conde.
El 19 de octubre se volvió a pregonar y no hubo quien pujase, igual que el día 20. El 21 pujó Gaspar de los Reyes, vecino de Sevilla en la collación de Santa Catalina en la calle de la Portería de la Paz, quien sobre los 60 ducados pujó 40 por el quinto de prometido, y él como principal y el Veinticuatro de Sevilla don Pedro de León como su fiador se obligaron, y para ello dicho Veinticuatro hipotecó unas casas principales que tenía en esta Villa, linde con casas de Juan Flores Taboada y con la calle por delante. Firmó don Pedro, y Gaspar dijo no saber escribir. Testigos, Hernando de las Cuevas, Roque de las Casas y Francisco de Palencia. Este mandó al pregonero pregonar otra vez, y hecho a altas voces, al no mejorar nadie el prometido, recibió la dicha puja; el 22 de octubre se volvió a pregonar, sin puja, así como el 23 y el 24, apercibiendo que estaba la renta en 100 ducaddos, y como nadie pujó se remató por los dichos 100 ducados y el Alcalde Ordinario mandó notificar a las partes, siendo testigos el licenciado Baltasar de Villada y Juan Rodríguez. Al dia siguiente se dió otro pregón, así como en todos los siguientes hasta el 7 de noviembre en que se apercibió que se había de rematar el día 8. En tal día pareció Sebastián de ¿Viera?, vecino de Sevilla, al cual el escribano dió fé de conocer, y dijo que sobre los 100 ducados pujaba 25, saliendo su hermano Miguel de fiador, quien firmó. Testigos, Hernando de las Cuevas y Luiz González. Al no pujar nadie más tras sucesivos pregones, se adjudicó en el dicho Sebastián por 125 ducados, el cual se obligó, bajo juramento, a cumplir con todas las dichas condiciones. Ahora su fiador es Luis Márquez de Avellaneda.


                         Firma del Veinticuatro don Pedro de León


                          Firma de Miguel Gerónimo Melgarejo


                          Firma de Luis Márquez de Avellaneda



Y un mes después, ya en 1605, ajusta cuentas con unos bormujanos y con unos veinticuatros sevillanos:
Francisco de Palencia, vecino de Sevilla y morador en esta Villa, nieto y heredero de Francisco de Palencia, su aguelo (sic) difunto, otorga que conoce a doña María de Leiva, heredera del Veinticuatro Pedro Díaz de Herrera, difunto, y a don Pedro de Esquivel su albacea testamentario, vecinos de Sevilla, ausentes, y dice que por cuanto Juan López de Mena y Catalina de Zúñiga su mujer, vecinos del lugar de Bormujos, vendieron al dicho su abuelo 536 maravedíes de tributo que Juan Gaitán y Juan Rodríguez, vecinos de Bormujos, pagaban a los dichos Juan y Catalina sobre sus bienes, de lo cual hicieron escritura de venta ante Hernando de las Cuevas, escribano que fué de Castilleja, en 2 de junio de 1597, y el dicho Juan Gaitán vendió al dicho Veinticuatro Pedro Díaz de Herrera un pedazo de viña de los obligados al tributo en término de Bormujos, y para redimir y quitar los 20 ducados de principal que Gaitán pagaba sobre las dicha viñas y sobre otros bienes, y quedasen libres y realengas, dejó en poder del dicho Veinticuatro Pedro Díaz los dichos 20 ducados que así se le pagan al otorgante Francisco de Palencia del tributo, mas los corridos hasta la real paga, para que se los pagase y redimiese al dicho otorgante, y por fin y muerte del dicho Veinticuatro no le dio ni pagó [al otorgante] los dichos maravedíes ni se redimió el tributo, y aunque se los pedía a la dicha doña María y al albacea don Pedro de Esquivel, no se los pagaban al otorgante hasta que no mostrase recaudos bastantes, por lo cual éste les puso demanda de ellos ante Cristóbal Ruíz, Alcalde Ordinario de Bormujos, en 3 de diciembre de 1603, y se le dió traslado y siguió la causa hasta que por Francisco Ruíz, Alcalde Ordinario de Bormujos, se sentenció la causa de remate, y mandó hacer pago de los dichos 20 ducados del principal mas los corridos del dicho tributo hasta la real paga, y este otorgante sacó mandamiento de apremio contra los bienes del dicho Veinticuatro por los dichos 7.500 maravedíes (20 ducados) de principal y por 4.020 de corridos desde el 2 de junio de 1597 hasta fin de diciembre de 1604, con mas 1.020 maravedíes de costas procesales; y ahora dicho Veinticuatro don Pedro de Esquivel como albacea del otro Veinticuatro, para evitar costas y vejaciones y porque el otorgante le redima y quite dicho tributo, le ha dado y pagado los dichos 12.540 maravedíes, de los cuales se da por recibido, contento y pagado. Por tanto por la presente, por él y por sus sucesores, dá por libre y quito a Gaitán y al Veinticuatro Pedro Díaz de Herrera de los 20 ducados y los corridos que le debían hasta diciembre de 1604 y de las costas, y se obliga a no pedirles ni demandarles cosa alguna. Dado en el Señorío de esta Villa de Castilleja, en 27 de enero de 1605, siendo testigos Pedro Librero, Roque de las Casas y Blas Sánchez, vecinos y estantes en esta Villa.



Pocos días después, Francisco de Palencia figura como testigo en una petición de cuatro playeros, dos de Paterna del Campo, uno de La Palma del Condado y el último, Gaspar Rodríguez, de nuestra Villa, Castilleja de la Cuesta:
Alonso Pérez y Bartolomé García, vecinos de Paterna, y Pedro ... , vecino de la Palma, y Gaspar Rodríguez, vecino de esta Villa de Castilleja de la Cuesta, todos playeros que traen pescado fresco de la mar a la ciudad de Sevilla para vender, estando al presente en dicha Villa de Castilleja, otorgan que dan todo su poder a Juan Díaz de Villaseca, vecino de Sevilla, ausente, para parecer ante el Cabildo y Regimiento de dicha ciudad de Sevilila o ante otras Justicias y pedir que, atento a cómo es notorio vale tan cara la cebada y mantenimientos como vale, y hay muchas más costas y gastos que de antes había en traer pescado, y ellos pierden en este oficio por valer el pescado a bajas posturas en Sevilla, pida que las posturas se pongan a precios más altos, y para que en razón de ello presente escritos, testigos y probanzas y todo lo que convenga; y poder para oir sentencias ejecutorias, recusar jueces y llevar todos los pleitos necesarios al respecto. Dado en Castilleja de la Cuesta a 11 de febrero de 1605. Firmó el otorgante Alonso Pérez. Testigos que conocen a los playeros, Pedro ¿Revilo? y Juan Ramírez, vecinos de Sevilla. Testigos, Juan de Chávez y Francisco de Palencia.
Y el siguiente día, 12 de febrero otorgan poder para lo mismo y al mismo Juan Díaz de Villaseca los playeros Diego de Vega, vecino de Castilleja de la Cuesta, Juan García Melero y Antonio Domínguez, vecinos de La Palma, y Juan Vanegas, vecino de Tomares. Firmó Antonio Domínguez. Testigos que los conocen, Pedro Rebolo y Juan Ramírez, residentes en Castilleja. Testigos, Diego López, Juan García del Valle y Gerónimo Gutiérrez.




                             Firmas de los dos playeros

Y en este último documento de esta entrada vamos a ver, como dijimos al comenzarla, el simple y sencillo porqué de que Juan de Saucedo, alarife y guardián del orden en Castilleja, fuera a la Villa de Ayamonte a recuperar al fugado esclavo de Agustín de Castro Polaino:
Catalina Guillén, mujer de Juan de Saucedo, vecino y Alguacil Mayor de la Villa de Castilleja de la Cuesta, y Francisca Díaz, viuda de Juan de Carmona y vecina de Sevilla en la collación de San Vicente, y Benito Esteban, vecino de esta Villa de Castilleja, todos tres hijos de Benito Esteban y de Leonor Díaz su mujer, difuntos, vecinos que fueron de la Villa de Ayamonte, y dicha Catalina Guillén con licencia de su marido que está presente, de mancomún y como hermanos y herederos que son de Juan Domínguez Herrador (quizá apellido o quizá con tal profesión), que murió en Panamá de las Indias, otorgan que dan todo su poder cumplido a dicho Juan de Saucedo para cobrar en juicio o fuera de él todos los maravedíes, ducados, joyas de oro y de plata, pan, trigo, cebada, aceite, gallinas, semillas, casas, viñas, olivares, juros, tributos y posesiones y otros cualesquier bienes muebles y raíces, deudas, derechos o acciones que a ellos tres pertenezcan como herederos del dicho Juan Domínguez su hermano, por escrituras o sin ellas, y por mandas, testamentos, codicilos, donaciones o en cualquier manera, y para pedir de cualquier persona que haya tenido en guarda, tutela y administración dichos bienes del dicho Juan Domínguez su hermano, y para otorgar cartas de pago y finiquito, y para venderlos en almoneda o fuera de ella a quienes y por el precio que le pareciere, o para arrendarlos; y poder en general para todos sus negocios y pleitos movidos y por mover. Dado en esta Villa de Castilleja a 3 de abril de 1605. Testigos que conocen a dicha Francisca Díaz, Leonor Rodríguez, viuda, y Alonso Suárez, vecinos de esta Villa. Testigos, Martín Pérez, Juan Millán y Francisco Rodríguez Roldán.


                      Firma del testigo Martín Pérez


                   Firma de Benito Esteban, el ayamontino cuñado del Alguacil


domingo, 4 de febrero de 2018

Notas varias, 2q.




Del amo de Diego Viñerón no se pueden obtener muchos datos, ni aun urgando concienzudamente entre los documentos de su sucesor en el puerto de Veracruz, Luis de Milla. Ahí hay algo, aunque bien escaso. Queda la duda de si el joven castillejano acompañó a López de Mondragón a la aventura por el archipiélago filipino.

Luis de Milla. Los Oficiales Reales de la ciudad de la Veracruz nombraron a Jusepe López de Mondragón por Guarda Mayor y Alguacil Ejecutor de la Real Hacienda de aquella ciudad en lugar de Diego Merlo, con 200 pesos de salario al año, y Su Majestad confirmó este nombramiento en 9 de septiembre de 1600. Tráese copia de la cédula.

Por cuanto por parte de vos Joseph López de Mondragón se me ha hecho relación que los Oficiales de mi Real Hacienda de la ciudad de la Veracruz y puerto de San Juan de Ulúa por la satisfacción que tienen de vuestra suficiencia y buenas partes os nombraron por Guarda Mayor y Alguacil Ejecutor de la dicha Real Hacienda en lugar de Diego de Merlo Almansa, y os señalaron 200 pesos de oro común de salario cada año pagados de mi Real Caja, como constaba por el nombramiento que en vos hicieron los dichos Oficiales, que se presentó en mi Consejo Real de las Indias Supremo, atento a lo sobredicho y a lo que me habéis servido, os mandase dar confirmación del dicho Oficio y habiendo servido en el dicho mi servicio acatando a lo sobredicho lo he tenido por bien y por la presente confirmo y apruebo el nombramiento que, como dicho es, en vos hicieron los dichos mis Oficiales Reales, y es mi merced que todo el tiempo que fuere mi voluntad seáis Guarda Mayor y Alguacil Ejecutor de la dicha mi Real Hacienda de la dicha ciudad de la Veracruz y puerto de San Juan de Lua, y como tal, podáis usar y ejercer el dicho Oficio en los casos y cosas a él anejas y concernientes según y como lo usó el dicho Diego de Merlo (tachado) y pueden y deben usar los otros Alguaciles semejantes, y por esta mi carta mando a los dichos mis Oficiales que luego como se la mostráredes tomen y reciban de vos el dicho Joseph López de Mondragón el juramento y con la solemnidad que en tal caso se requiere y debéis hacer, y habiéndole hecho, ellos y todos los caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la dicha ciudad y puerto de San Juan de Lúa os hayan y tengan por tal Guarda Mayor y Alguacil Ejecutor y usen con vos el dicho Oficio según dicho es y os acudan y hagan acceder con los derechos al dicho Oficio debidos y pertenecientes, y os guarden y hagan guardar todas las honras, gracias, mercedes y franquezas, libertades, premisas, prerrogativas, inmunidades y todas las otras cosas y cada una de ellas que por razón del dicho Oficio debéis haber y gozar y os deben ser guardadas todo bien y cumplidamente sin que os falte cosa alguna, y que en ellos ni en parte de ellos os no pongan ni consientan poner embargo ni contradicción alguna, que yo por la presente os recibo y he por recibido al dicho Oficio y al uso y ejercicio de él. Hecha en Madrid a 9 de septiembre de 1600. Yo el Rey, refrendada de Juan de Ibarra y señalada de él.

Y por información hecha en esta Corte ante un Alcalde en 3 de agosto de 1627 consta que habrá 12 años servía el dicho Jusepe López el dicho Oficio, y que habiendo vuelto a la Veracruz el General Juan Flores de Rabanal*, declara no estaba allí, y que oyó decir residía en Filipinas.
Y que el Almirante don Andrés Rodríguez de Villegas**, que el año de 1622 le vió estar sirviendo a Su Majestad en aquellas islas. Y el Capitán don Francisco de Novoa dice lo mismo, y que tenía en ellas un entretenimiento, y que ha oído decir que es muerto, y que quien sirve al presente este Oficio es sin título de Su Majestad.
Y Luis de Milla suplica se le haga merced de proveerle en el dicho Oficio, atento a que por informaciones que tiene presentadas consta que ha servido a Su Majestad de 8 años a esta parte en plazas de soldado y entretenido en la Carrera de las Indias el año de 1611 en la Compañía del Capitán don Gonzalo de Hoces, y el de 13 y 14 en la de Juan Pascual, y estando en esta Corte pretendiendo fue a la Jornada de la Mamora, donde acudió a lo que se le ordenó por su superior, y ayudó a la fortificación de aquella fuerza, y el Capitán Diego de Milla su padre fue en las de 15 años soldado, sargento, alférez y capitán de Infantería en Flandes, en el Tercio del Maese de Campo don Íñigo de Borja, y murió peleando en el cerco de Ostende, y Diego de Millas su hermano ha más de 10 años que lo continúa en los dichos estados en plazas de soldado y alférez. Y en consideración de ello fue consultado en primer lugar en la beheduria (por veeduría) de las fábricas de La Habana por la Junta el año pasado.

* "... Que el común y alcaldes de este pueblo de San Juan del Río me hicieron donativo de un sitio de solar: que está en la calle que viene de la real de este dicho pueblo a la iglesia, entre casas de Tomás Enríquez Rangel, que al presente está labrando, y de Juan Flórez Rabanal, y frontero de un solar que tiene Manuel González por la parte que mira al camino que viene de la ciudad de México y por la otra parte las casas de don Juan de Zúñiga: como más largamente consta de la dicha donación que, con la solemnidad de suso necesaria presento ante vuestra merced ...", "... Y también el derecho que llaman entre vivos, una suerte y solar que está en el camino real que pasa por este pueblo y va a Querétaro y vuelve a entrar hacia la iglesia, que está hacia la parte de arriba, enfrente de las casas que está labrando el señor Tomás Enríquez Rangel, teniente de este pueblo; y por la parte de abajo linda con casa del español Juan Flórez Rabanal, y por la parte del oriente enfrente de las casas de los españoles Cárdenas ..."  http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1659/Los_alcaldes_de_un_pueblo_de_indios_donan_un_solar_y_una_suerte_de_tierras_a_un_terrateniente_para_que_les_ayude_y_ampare_Y_procedimientos_para_legitimar_dicha_donaci_oacute_n_printer.shtml

** Este Almirante sucedió, en 1619, al doctor Juan Rodríguez de las Varillas en el gobierno de la Provincia de Margarita. El tal doctor era un antepasado de Melchor Rodríguez de las Varillas, el clérigo de menores órdenes y terrateniente en Castilleja que recopiló los documentos del libro de José Gestoso, tal y como expusimos en http://castillejadelacuesta-antonio.blogspot.com.es/2017/08/notas-varias-2i.html 


Luis de Milla, estante en esta Corte, parezco ante V. M. y digo que tengo necesidad de que V. M. mande recibir información de cómo Jusepe López de Mondragón, a quien Su Majestad hizo merced del oficio de Guardia Mayor y Ejecutor del puerto de la ciudad de la Veracruz [entiéndase, el puerto de San Juan de Ulúa], está ausente de la dicha ciudad más ha de doce años, por lo cual el dicho oficio está vaco y no hay persona que le sirva con título de Su Majestad, y a ello suplico mande se reciba información de lo sobredicho, y habida, se me de un traslado o dos o más auténticos en manera que hagan fé para poderlos presentar en el Consejo Real de las Indias y pido justicia para ello.

Auto. De la información que ofrece, y dada se proveerá justicia. Y el señor Alcalde Sancho Flores lo mandó en Madrid a 21 de julio de 1617.

Información. En la Villa de Madrid a 3 de agosto de 1617 el dicho Luis de Milla presentó en prueba de lo contenido en la petición de atrás, presentó por testigo al General Juan Flores Rabanal, residente en esta Corte, que posa en la calle del Olivo en casas de Catalina de Quadros, viuda, del cual yo el escribano recibí juramento, y lo hizo en forma y prometió de decir verdad, y preguntado por las dichas preguntas dijo que conoce a Jusepe López de Mondragón contenido en la dicha petición y que puede haber 10 ó 12 años poco más o menos que este testigo lo vió con una vara de justicia en la ciudad de la Nueva Veracruz en las Indias de la Nueva España, que se decía era Guarda Mayor de la aduana de la dicha ciudad, y que después acá este dicho testigo fue por Almirante a la dicha ciudad dos veces desde Sevilla y no se acuerda haber visto allí al dicho Mondragón, y ha oído decir por público que el susodicho está en Filipinas, y esto es lo que sabe de lo contenido en la dicha petición y no otra cosa y es la verdad para el juramento hecho, en que se afirma, y lo firmó, dijo ser de edad de 42 años poco más o menos, y no le tocan. Escribano, Juan López.

En la dicha Villa de Madrid en 18 de agosto de 1617 se presentó más por testigo para lo contenido en el dicho pedimento al Almirante don Andrés Rodríguez de Villegas, residente en esta Corte, que posa en la calle Mayor en casas de Magdalena del Águila, del cual se recibió juramento y lo hizo en forma y prometió de decir verdad, y preguntado por lo contenido en el dicho pedimento dijo que conoce al dicho Jusepe López de Mondragón contenido en el dicho pedimento de más de 10 años a esta parte de vista y trato que con él ha tenido, y ha oído decir por público que el susodicho tuvo vara de justicia en la ciudad de la Nueva Veracruz en las Indias de la Nueva España, y se decía era Guarda Mayor de la aduana de la dicha ciudad, y sabe que puede haber el tiempo que dicho tiene que el susodicho estaba sirviendo el dicho oficio de Guarda Mayor de las dichas aduanas, y el susodicho fue a las Filipinas a servir a Su Majestad con un entretenimiento, donde este testigo le vió y trató, que estaba sirviendo el dicho entretenimiento, y asimismo ha oído decir por público en esta Corte que el susodicho es muerto y pasado de esta presente vida, y esto es lo que sabe y responde a lo contenido en el dicho pedimento, y de más de lo dicho dijo que la persona que hoy sirve el dicho oficio de Guarda Mayor de la ciudad de la Veracruz no lo sirve por título de Su Majestad, y esto es público y la verdad para el juramento hecho, en lo que se afirmó, y firmó, y dijo ser de edad de 34 años poco más o menos. Escribano, Juan López.

En la dicha Villa de Madrid en 22 de septiembre de 1617 el dicho Luis de Milla presentó más por testigo para lo contenido en el dicho pedimento al Capitán don Francisco de Novoa, natural de la ciudad de Sevilla, residente en esta Corte, que posa en la calle de la Espada en casas del licenciado Agüero, del cual yo el escribano recibí juramento en forma, y habiéndolo hecho prometió de decir verdad, y preguntado por lo contenido en el dicho pedimento dijo que conoce al dicho Jusepe López de Mondragón de vista y trato, y que estando este testigo en la ciudad de Manila en las Filipinas vió allí al dicho Jusepe López Mondragón y habló y trató con el susodicho, lo cual fué por el año pasado de 1611, donde este dicho testigo le dejó y se partió a España, el cual servía en la Milicia de Su Majestad por sargento entretenido*, y esto es lo que sabe y la verdad para el juramento hecho, y lo firmó, y dijo ser de edad de 37 años poco más o menos, y no le tocan las generales. Escribano, Juan López.

* Entretener, entretenimiento, entretenido, el que está esperando ocasión de que se le haga alguna merced de oficio o cargo, y en el entretanto le dan alguna cosa con que sustentarse. Entretenimiento, la tal ayuda de cosa. (Tesoro de la Lengua Castellana, Covarrubias).
Entretenimiento, vale también ayuda de costa, sueldo y merced pecuniaria, que se da para ayuda de mantenerse al que ha servido, o al que se le ha esperanzado de conferirle algún empleo o ejercicio, y acomodarle. (Diccionario de Autoridades).

En la Villa de Madrid en 9 de octubre de 1617, vista esta información por el dicho Señor Alcalde Sancho Flores dijo que mandaba y mandó se dé de ella al dicho Luis de Milla un traslado, dos o más, signados y en pública forma en manera que haga fé, a los cuales S. M. dijo que interponía e interpuso su autoridad y decreto judicial para que valga y haga la fé que hubiere lugar de derecho, y así lo mandó y firmó ante mí el escribano Juan del Campillo.

Su licencia para pasar a las Indias, en PARES, Archivo General de Indias,CONTRATACION,5303,N.6, (con el expediente de limpieza de sangre, en el que se incluye que, además de lo consabido de no descender de moros ni judíos, etc., que tampoco lo es de los Pizarros de Trujillo*).
Por Real Cédula del 14 de mayo de 1618 dada en Arajuez se nombró a Luis de Milla Guarda Mayor y Alguacil Ejecutor de la Real Hacienda de Veracruz. Por otra Real Cédula del 18 de octubre de 1621 lo recomendaron al marqués de Gelves, virrey de Nueva España.
Hay otro expediente de fecha 16 de junio de 1618: Expediente de información y licencia de pasajero a Indias de Luis de Milla, alguacil ejecutor de la Real Hacienda del puerto de San Juan de Ulúa, con su criado Cristóbal de Illescas, natural de Torrijos, hijo de Pedro de Illescas y Polonia Fernández, a Nueva España.

* Se sabe que los Pizarro fueron castigados por la Corona a causa de sus rebeliones en el Perú, pero, ¿hasta el extremo de prohibir a sus descendientes la licencia para pasar a las Indias?

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Y bien. En estas últimas entradas he expuesto protocolos, despachos, títulos, testimonios de castillejenses emigrados a América a principios del siglo XVII. Sus aventuras transoceánicas tuvieron antecedentes en nuestro pueblo en todo lo largo del XVI, tal y como se relató en lo referente a personajes como Martín de Alfaro, el viejo conquistador mil veces herido a las órdenes de Hernán Cortés; como este mismo Hernán Cortés, Emigrante con mayúscula y unido a Castilleja por el trascendental lazo de la Muerte; como el mismísimo cura de la iglesia de Santiago Rodrigo de Cieza, hermano del Príncipe de los Cronistas; o como Íñigo Ortíz de Juanguren, el mercader cuyo hermano murió bajo la espada de Bernardo de Oliver; o Luisa de Rojas  (Andrea, de niña), casada luego con el anterior, extraordinaria mujer de cuyas peripecias en Málaga, en el norte africano y en las Indias propiamente se puede presumir sin lugar a dudas un fortísimo carácter; o como otros varios apenas insinuados en la documentación, entre ellos los escasamente dibujados hermanos —escasamente por ahora— Martín Bermejo, que allanaron el camino a su descendiente Roque de Vega ("de Verga" aparece en cierto protocolo notarial de aquella época, cuyo autor escribanil amerita la sospecha de haber incluido en el apellido una letra r malintencionada: "verga, membrum virile", Sebastián de Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana). Quedan Vegas hoy en día en Castilleja, parientes lejanos por medios abolengos de quien esto escribe. Las líneas familiares se funden sólidamente en algún punto del transcurso de los siglos, luego se separan "en apariencia" —por muertes, carencia de hijos, emigración— y como por sorpresa, al cabo de los años aparece un nuevo miembro, regresado, cuyo linaje se ha desarrollado quizá en tierras remotas, volviendo a entroncar con alguna de las ramas de aquella primaria fusión, que con sus brazos abiertos parecía estar esperándole con paciencia, protectora y grata.
Existe en el Archivo de Indias una nota que refiere cómo el 19 de febrero de 1538 un Juan Martín, hijo de Lorenzo Martín y de Isabel Martín, vecino de La Morera (municipio perteneciente a la provincia de Badajoz), para pasar a La Florida "presentó ante nos una fé, fecha en Castilleja de la Cuesta, de ciertos testigos ante Bartolomé Hernández, alcalde ordinario de la dicha villa y ante Cristóbal Martínez de Alcázar (sic), clérigo, notario apostólico". Este clérigo no es otro que Cristóbal Martín de Alaraz. Por desgracia las deposiciones de los testigos presentados por Juan Martín no obran en tal Archivo, privándonos de conocer a algunos ancianos del pueblo nacidos en los caballerescos tiempos del siglo XV. Aunque pacense, Juan Martín debió tener antecesores directos en Castilleja según se deduce de su fé.


     Juan Martín ofrece dar fé de sus antecedentes a las autoridades.

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Volvamos nosotros al asunto oceánico. Comprobé en mi investigación, con la natural extrañeza, que la minúscula Castilleja de la Cuesta figuraba en segundo puesto por número, si se excluye a la capital, entre las ciudades, villas y lugares de la provincia que aportaron alumnos matriculados en la Escuela Naútica de San Telmo allá por el siglo XVIII. Solamente nos superaba Morón de la Frontera, y por muy poco, siendo así que los jóvenes castillejanos futuros marinos eran la segunda gran mayoría en la Institución, después de los de Sevilla capital, como dicho queda. Mi extrañeza se originó por la desproporción y disparidad demográfica entre una y otra población, entre los moroneros y los castillejanos, que por las leyes de la lógica resutaban incoherentes. Dejé volar la imaginación en busca de posibles causas, desde la de que algún específico señor hacendado, alguien en particular con poder y prestigio en el pueblo, algún destacado benefactor quizá con vínculos en Ultramar o en la Armada, se había empleado en orientar e instar a las familias de los jovenzuelos pobres de la Villa para que fuesen enviados internos a la Escuela a fin de asegurarles un futuro económico, quitándolos así de las penurias y miserias del Siglo de las Luces, cuyos resplandores no se percibían en los estratos más bajos de la sociedad dieciochesca, antes al contrario eran la causa de semejantes tinieblas. O acaso —pensé rizando el rizo— hubo en el subconsciente colectivo de la pequeña localidad aljarafeña una vocación marinera ancestral que se puso de manifiesto precisamente en los años dieciochescos, en los cuales se popularizó más el viaje al otro lado del charco, propiciado por la erección de estructruras democratizadoras en la sobredicha Escuela. Esta última aseveración tómese con los debidos reparos puesto que seguían siendo obligatorios los certificados de limpieza de sangre para acceder a ella. Ya veremos los de nuestros jóvenes paisanos.




El pintor, Manuel García y Rodríguez, sevillano, parece haber captado en su obra el espíritu de cuanto intento expresar con estas escuálidas líneas.

La hipótesis de la vocación marinera de Castilleja se apoyaba, en mi imaginación, sobre dos patas: era pueblo del que una cara fue la Calle Real*, paseada por los primeros conquistadores del Nuevo Mundo en el siglo XV desde Sevilla a Huelva, playera**, tomareña y por ende ribereña al Gran Río puesto que el término de Tomares gozaba y goza de lindero guadalquiviriano, por donde si se salvan las distancias nada tenía que envidiar la mentada Calle Real a sus vecinas San Juan o Coria río abajo, o Brenes o La Algaba arriba. Y, más evanescente la segunda pata, me llevaba de un salto a los míticos tiempos del Lacus Ligustinus, o lo que es lo mismo, un Guadalquivir extenso, sin bordes, una lámina infinita de agua plateada en la que, de cuando en cuando, el indígena tarteso al pie del Santuario del Carambolo podía observar la emergencia de monstruosos seres acuáticos, con las borrosas cordilleras Subbéticas al oriente y el escarpe quebrado del Aljarafe al oeste, masa de agua en cuyos bordes se alzaban ciudades fundadas por los fenicios.

* La otra cara de Castilleja sería el Señorío santiaguista, lo que podríamos llamar groseramente el de las "gentes de tierra adentro" en este fantasioso contexto.

** Quizá por distraer de la tragedia que se avecinaba, el aguardentero Bernardo de Oliver intentó dirigir la atención de los concurrentes hacia un playero —como se denominaba entonces a los transportistas pescaderos— que se aproximaba por la parte de Gines con su montura cargada de productos de la mar: "eso que viene allí son tres cargas de gibias", dijo.
No era poco el tránsito comercial entre Huelva y Sevilla en lo que a abastecer de pescadería a esta última se refiere, aunque no superaría al que propiciaba el Guadalquivir al menos en cantidad, mas está sólidamente documentado que por la Calle Real pasaron hacia la capital andaluza muchos, muchísimos playeros. Añadamos que a los delicados paladares hispalenses satisfaría más la variedad de los productos marítimos onubenses que la monotonía de los fluviales de su río. La gibia, o lo que es lo mismo, el choco de las costas occidentales de Andalucía, sin ir más lejos, era manjar exclusivamente oceánico, o como máximo mediterráneo. Río Guadalquivir arriba se debió suministrar mucho pescado del mar a la metrópoli, pero hasta que no se efectuaron las "cortas", los meandros de aquella corriente no favorecerían tal industria. Aunque para el caso que nos ocupa. lo que importa es contemplar la posibilidad de que el trasiego de marinos y pescaderos por la Calle Real de Castilleja —única vía transitable hacia y desde la Vega— despertara, sobre todo en los jóvenes, un interés particular por las cosas de la mar.


En línea roja, límite del término municipal de la Villa de Tomares.



El Aljarafe, a orillas del lago de los tartesos.


Próximamente desarrollaremos la interesante documentación concerniente a los estudiantes santelmistas castillejanos, y las de otros emigrantes del siglo XVIII, además de los que restan de la segunda mitad del siglo XVII, entre estos últimos incluidos Leonor Vázquez de Ortega, natural de Castilleja de la  Cuesta, hija de Cristóbal de Ortega y de Isabel Millán, que fue como criada de Ignacio Pérez Caro*, almirante, gobernador, capitán general y presidente Real Audiencia de Santo Domingo (Isla Española), en su viaje a dicha isla el 8 de febrero de 1690; el capitán José Cabrera el menor**, dueño de la mitad de un navío, natural de Castilleja de la Cuesta, y difunto en Veracruz, con testamento; Bernardo Gómez, natural de Castilleja de la Cuesta, hijo de Tomé Roque y de Inés Gómez, casado con Catalina García, difunto en Santiago de Querétaro hacia 1784 y cuyos herederos fueron sus hijos Inés, Roque y Ana García Gómez; estos dos, padre e hijo, mencionados en la Carta de Francisco Fernández de Madrigal, [secretario del Consejo de Indias] al presidente y oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla, contestando a su carta de 6 de diciembre de 1678, en que remitían testimonio por donde consta que Francisco de Auñón administraba y tenía en su poder la hacienda de campo de Castilleja de la Cuesta, propiedad de Sebastián Gómez Carrillo***, en virtud de autorización del hijo de éste, Nicolás Gómez Carrillo, corregidor de Mariquita. Se les ordena dispongan el embargo de dicha hacienda; y algunos más.

* "Importante personaje era el sevillano Ignacio Pérez Caro, armador y almirante «ad honorem», compensado con Primera presidencia de Santo Domingo por haber llevado a su cargo familias canarias para poblar la isla, además de un donativo de 32.000 pesos [...] pese a lo cual fue depuesto por contrabando", en ¿Corrupción o necesidad? La venta de cargos de Gobierno americanos bajo Carlos II (1674-1700). Ángel Sanz Tapia. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Colección Ámerica.

** Autos sobre los bienes de José Cabrera, natural de Castilleja de la Cuesta, hijo de José Cabrera, vecino de Sevilla y Beatriz de Palencia, casado con Angela Romero y Trujillo. Falleció en Veracruz, con poder para testar a favor de Francisco de Soto Sánchez, vecino de Sevilla y Francisco Sánchez Durán. Heredero: su padre.
José de Cabrera, natural de Castilleja de la Cuesta, hijo de José de Cabrera, vecino de Sevilla, y de Beatriz de Palencia, casado con Angela Romero y Trujillo, vecina de Sevilla. Difunto en Veracruz, con testamento. Albaceas: Francisco Soto Sánchez y Francisco Sánchez Durán, vecinos de Sevilla. Heredero: José de Cabrera, si este hubiese muerto deja su herencia repartida entre su madre y sus hermanos: Roque y Leonicio de Cabrera. También deja cierta cantidad de dinero para Beatriz Ruiz de Lora y Catalina de las Cuevas y Palencia. Deja ciertas cantidades de dinero para misas y dote de doncellas pobres naturales de Catilleja de la Cuesta.

*** Como hacendado en Castilleja, su hijo Nicolás, corregidor de Mariquita, debe, en justicia, constar dentro del inmigrantado que estamos tratando. Nicolás heredó la hacienda, pero le fue embargada por el Consejo de Indias al haber sido alcanzado su padre como Contador que fue de la Caja Real de Panamá.


Jibia, choco o sepia, que de las tres formas se nombra.

 





Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...