domingo, 28 de junio de 2020

Historia de los apellidos, 21u.



La transición entre 1870 y 1871 fue un calvario para nuestro amigo don Antonio de Orleans.
Copiamos de un periódico de Sevilla:
"Hace dos o tres días que al pasar un coche por el puente, se oyó una chifla espantosa.
Despertóse nuestra curiosidad y preguntamos:
—¿Quién va en aquel coche?
—Montpensier, a su palacio de Castilleja.
—Ya comprendemos: eso que han tocado será la nueva marcha real." La Discusión, 18 de octubre de 1870.

El duque de Motpensier se traslada a vivir por ahora a la casa que habitó el conquistador de Méjico en Castilleja de la Cuesta.
No es cierto que el duque de Montpensier se disponga a salir de España por ahora. En todo caso, abandonará la Península después de que ocupe el Trono Amadeo. La Esperanza, 14 de diciembre de 1870.

Con terror hemos leído en El Eco de España la siguiente noticia:
`Dícese que el duque de Montpensier es víctima estos días de un ataque mental de alguna consideración. Hay quien añade que sus amigos temen por su razón`.
¡Dios libre de tal desgracia al duque de Montpensier y a su familia!. La Esperanza, 4 de febrero de 1871.

"La Época" rectifica en los siguientes términos lo que dijimos anteayer respecto al estado en que se encontraba la razón del duque de Montpensier:
"Habíamos leído esta noticia en las correspondencias dirigidas desde Madrid a los diarios de provincias; pero personas llegadas ayer mismo de Castilleja, que han hablado con el duque de Montpensier, aseguran que este, aunque tendría motivos para perder el juicio, en vista de las ingratitudes y engaños de que ha sido objeto, lo conserva cabal y perfecto para juzgar toda la gravedad de la situación actual." La Esperanza, lunes 6 de febrero de 1871.
Tres días después, en La Igualdad, Diario Republicano Federal, del jueves 9 de febrero de 1871, se comunica que en Sevilla y su provincia triunfaron los republicanos, al igual que en Cádiz y su provincia;  por Castilleja de la Cuesta se había presentado don Mariano Rodríguez Torres. El periódico denuncia los excesos de salvajismo y barbarie, el derramamiento de sangre por los sicarios en las elecciones de diputados provinciales, tropelías, atentados de matones al servicio del Gobierno, que se siente tambalear. Hay ataques sangrientos en Palencia, en Astorga, en Burgos, en Elda y en otros muchos puntos; en Úbeda, donde se hace fuego por descargas cerradas sobre los pacíficos e indefensos electores republicanos porque habían ganado la elección y era preciso ahuyentarlos a tiros y bayonetazos, para facilitar el triunfo del candidato ministerial. Murieron dos republicanos y nueve fueron heridos, y los demás fueron apaleados y perseguidos hasta que encontraron refugio en sus casas o en las de sus amigos.
En los cuarteles se obliga a los militares a jurar lealtad a Amadeo I, sin una respuesta considerable a tales instancias ni por parte de la tropa ni por sus mandos. Muchos de estos son arrestados o cambiados de destino. Las sucursales de las "partidas de la porra" obligan a retirar candidaturas contrarias, disparan contra los balcones de los opositores, los encañonan por las calles clavándoles en el pecho las bocas de sus fusiles y revólveres.

La prensa inglesa pone el grito en el cielo ante las exigencias de los prusianos, vencedores de la guerra contra Francia. En París se prepara la candidatura republicana más revolucionaria, en la cual figuran Yumet, Gambetta, Víctor Hugo, Delescluze, Rochefort y Arago. El periódico sobredicho —La Igualdad— anuncia la Quina Laroche. Medalla de Oro. Elixir fortaleciente y febrífugo (extracto completo de las 3 quinas, colorada, amarilla y gris). Muy superior a los Vinos y Jarabes. Anemia, gastralgias, clorosis, debilidad, fiebres y sus consecuencias. Elixir que, ¡cómo no!, me trae a la memoria al carmelita fray Antonio Vázquez de Espinosa (ver Historia de los apellidos, 21h. Abril de 2020).
Estas españolas de marzo de 1871 son las primeras elecciones bajo el reinado de Amadeo de Saboya, con la Constitución monárquica de 1869. Organizadas por el gobierno del general Serrano, sucesor político de Prim, gobierno formado por la coalición de Partido Progresista (Manuel Ruiz Zorrilla), Unión Liberal (Francisco Serrano) y Partido Demócrata (Nicolás Rivero). La principal fuerza de la oposición es el Partido Demócrata Republicano (Francisco Pi y Margall). Los de Pi y Margall obtuvieron 52 escaños, y uno menos la Comunión Católico-Monárquica de Cándido Nocedal (ver abajo el parentesco de Cándido con el vecino de nuestra Villa Pablo Capetillo, marqués de Loreto). Los de Antonio de Orleans obtuvieron 7 escaños. 9 los conservadores de Antonio Cánovas, y la coalición gubernamental 235. Antonio de Orleans, presentado por la circunscripción gaditana, distrito de San Fernando, obtuvo 3.051 votos de 8.080 votantes (sufragio universal masculino), fue dado de alta el 26 de abril de 1871 y causó baja el 24 de enero de 1872. Este año la inestable situación política hizo que Práxedes Mateo Sagasta convocara nuevas elecciones, en abril.
El candidato de Castilleja Mariano Rodríguez Torres se afilió al Partido Demócrata, uno de los tres que protagonizaron la Revolución de 1868 que puso fin a la monarquía de Isabel II. Este partido cambió luego su nombre por el de Partido Republicano Federal, que tuvo, como acabamos de ver, a Pi y Margall por líder.
En Castilleja, en el Padrón de 1871. vemos al tío de Nocedal: N.º 19 de la Calle de Enmedio: Sor. Marqués de Loreto, casado, de 63 años. Sra. Marquesa de Loreto, casada, de 56. Criado del coche: Santos de la Prida, soltero, 49 años. Familia del carrero: José Brenes de Antequera, casado, 45 años; Dolores Robles Moreno, casada, 42 años; hijos, Rosario Brenes Robles, 27 años, Dolores Brenes Robles, 25, y Miguel Brenes Robles, 16. Criada de compra y cocina, Rosario Rufino Nogales, soltera, 23 años. Vecinos: don Narciso de la Plata, casado, 57 años, y doña Concepción Huelva, casada, 78  años. Sobrina, Josefa Hurtado Huelva, soltera, 16 años.



                               Antonio de Latour, secretario personal del duque de Montpensier

(Viene de la entrada anterior). Latour fue profesor de Historia en el liceo parisino Henri IV (2) al que asistían los hijos del rey de Francia Luis Felipe, del cual rey, Latour padre era bibliotecario. (Continúa en la siguiente entrada).


                                                                  Liceo Enri IV

(2) Durante la Revolución Francesa el monasterio benedictino fundado en el año 502 origen de este liceo fue desamortizado y declarado bien nacional. Nombrado así por Enrique de Borbón (1553-1610), rey de Navarra entre 1572 y 1610 con el nombre de Enrique III, y el primer rey de Francia de la Casa de Borbón entre 1589 y 1610 con el nombre de Enrique IV. Sus padres fueron Antonio de Borbón, duque de Vendôme, y la reina navarra Juana de Albret (2a), a la que Enri sucedió al morir, hecho ocurrido precisamente cuando ella iba de camino a París a la boda de él con la princesa Margarita de Valois. Enrique murió de manera parecida a como moriría Juan Prim (2b) en España muchos años después, aunque el primero fue apuñalado en vez de tiroteado: al regresar del palacio parisino donde había estado haciendo gestiones encontró una calle taponada por dos carretas, una de las cuales ocultaba a su asesino, François Ravaillac, un visionario católico de familia desestructurada, mendigo por las calles de París. "Se dictó sentencia sobre Ravaillac y fue condenado a muerte. El 27 de mayo de 1610 fue conducido a la Plaza de la Grêve. Allí fue quemado en diversas partes del cuerpo (pecho, caderas y piernas) con hierros al rojo vivo. La mano ejecutora del crimen fue quemada con azufre ardiendo y en las heridas de las quemaduras se vertió una mezcla de plomo derretido, aceite hirviendo y resina ardiente. Una vez terminado esto, se le ató de manos y piernas a cuatro caballos y fue desmembrado. Sus miembros fueron quemados y todo su cuerpo quedó reducido a cenizas". (Wikipedia).
En el transcurso de la Revolución Francesa se profanaron, mutilándolos, muchos cadáveres de la realeza, entre ellos el momificado de Enri IV. Su cabeza, tras pasar de manos en manos de varios coleccionistas, fue descubierta en poder de Jacques Bellager, quien la había adquirido por 5.000 francos a Joseph-Émile Bourdais, el cual en 1919 la obtuvo en una subasta por 3. Bellager pidio que fuera entregada al madrileño Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú, biznieto de Franco y de Alfonso XIII, pretendiente legitimista al trono de Francia, considerado por algunos sectores monárquicos galos (2c) como Luis XX.
(2a) La reina de Navarra Juana de Albret (1528-1572) del linaje nobiliario de la Casa de Albret o Labrit, procedente de la Gascuña, al suoreste de la actual Francia, reinó en la Baja Navarra, que formó parte del Reino del mismo nombre junto con la Alta hasta que en 1512 la conquistó Fernando el Católico; mas abandonada la región por el emperador Carlos V debido a su difícil defensa y control, se asoció al Reino de Francia al ascender su referido rey Enrique III de Navarra, primero de los borbones, al trono francés. Hoy la antigua Baja Navarra forma parte del departamento de los Pirineos Atlánticos. De acuerdo a la recomendación de la Real Academia de la Lengua Vasca, es parte del territorio denominado tradicionalmente Vasconia o Euskal Herria (Iparralde o País Vasco Francés). Juana de Albret, nombrada Juana III de Navarra, era hija de Enrique II de Navarra (1503-1555), conde de Foix, y de Margarita de Orleans (1492-1549), hija de Carlos de Orleans, quien descendía directamente de Carlos V de Francia (1338-1380); Margarita, mujer ilustrada y adelantada a su tiempo, fue autora del Heptamerón, que seguía el modelo del Decamerón de Bocaccio. A estas alturas de la genealogía, debemos, de la mano de la historiadora doctora María Narbona Cárceles, profundizar más —ver abajo el final de la nota 2c—, no sin antes aclarar que un tío de Juana de Albret, Pedro de Navarra o de Albret, participó en la academia de Hernán Cortés en Valladolid entre 1540 y 1545, ciudad donde mantuvo también negociaciones diplomáticas en favor de su hermano Enrique II de Navarra, para la restauración del Reino de Navarra. Para la elaboración de mucha de su ingente obra escrita Pedro de Navarra se inspiró en las tertulias académicas del marqués de Oaxaca, al cual siguió durante breve tiempo según algún historiador, aunque de ello no hay constancia documental, a Sevilla y a Castilleja de la Cuesta.  "El humanismo renacentista de Hernán Cortés. La radical seriedad de Hernán Cortés ante el misterio de la vida eterna la enfrentaba de un modo esencial con los problemas del humanismo. Su espíritu estaba siempre abierto hacia la curiosidad y tenía cuanto podía considerarse necesario para preocuparse de la dimensión humana. Con un profundo sentido renacentista había reunido en torno suyo, y a sus expensas, un número importante de personas de calidad, eruditos, letrados y hombres de letras, constituyendo algo así como una academia libre. En este cenáculo figuraban dos cardenales, ambos italianos, el cardenal Poggio, nuncio del Papa, y el arzobispo de Cagliari, Domenico Pastorelli, los hermanos Bernardino y Antonio Peralta, este último marqués de Falces, cuyo hijo sería tercer virrey de Nueva España, y otros más. El último en llegar daba el tema para la discusión y uno de los presentes tomaba nota por escrito de lo que se hablaba. Pedro de Navarra, que más adelante fue obispo de Comenge, fue uno de los que más notas tomó por escrito, de tal modo que luego escribiría varios volúmenes de diálogos titulados ´Diálogos dictados por el Ilustrísimo y Reverendísimo señor Don Pedro de Navarra, obispo noveno de Comenge ...´ (Tolosa 1565); dejando constancia el buen obispo que si pudo publicar tales `Diálogos` fue porque `las materias que entre estos insignes varones se trataban eran tan notables que si mi rudo juicio alcanza alguna parte de bueno, tuvo dellas principio: tanto que en doscientos diálogos que yo he escrito, hay muy pocas cosas que en esta excelente academia no se hayan tocado`. Lo cual supone un inmenso elogio tanto de la altura de la temática cuanto de la erudición,  conocimiento e ingenio de que en ella se hacía gala. Puede considerarse la obra del obispo Pedro de Navarra una especie de índice o tabla de contenidos de las sesiones de la academia que reunía Cortés en su casa de Castilleja de la Cuesta. Casi todos estos temas son de índole espiritual, religiosos, de doctrina política y de los temas que por entonces formaban el entramado de la problemática humanística renacentista. Así, por ejemplo, cuando en mayo de 1547 don Francisco de Cobos, el poderoso ministro del rey, se hallaba agonizando, la academia cortesiana escogió como tema de discusión para aquel día el relativo a la actitud que todo verdadero cristiano debía tener para morir bien. Como apunta Pedro de Navarra, `el sujeto de la disputa fue el principal privado del César`. Debía ser también por entonces tema preocupante para la conciencia de Cortés, cuya salud iba decayendo rápidamente. Escribe López de Gómara que fue a Sevilla, `con voluntad de pasar a la Nueva España y morir en México`. Esperaba la llegada de su hija mayor, María, que venía a España para contraer matrimonio con Alvar Pérez de Ossorio, hijo y heredero del marqués de Astorga, a quien ya había pagado Hernán Cortés veinte mil ducados de los cien mil en que se había fijado la dote". Mario Hernández Sánchez-Barba. Hernán Cortés. Historia 16. Quorum.
Entre los humanistas que pueden incluirse en la historiografía cortesiana, —sigue diciendo Mario Hernández Sánchez-Barba—, "ocupa el primer lugar Francisco Cervantes de Salazar, discípulo y traductor de Luis Vives. Se trasladó a México en 1551 y quizá conoció a Hernán Cortés en sus años de estancia en España y acaso en la academia de Castilleja de la Cuesta. Tuvo una importante amistad con el hijo de Hernán Cortés, don Martín. Fue profesor en la Universidad de México y fue nombrado rector de la misma en 1567. Escribió una `Crónica de la Nueva España`, que es sólo una parte de la colosal obra que planeó titular `Historia general de las Indias`. Según el eminente Millares, trabajó en esta obra desde 1557. Muy importante el estudio que sobre él y su `Crónica` hace Jorge-Hugo Díaz Thomé, en `Estudios de Historiografía de la Nueva España`, México 1945. Aunque se ha dicho que es seguidor de López de Gómara, lo cierto es que le contradice con bastante frecuencia. Se encuentra en la línea de quienes defienden y comprenden el dominio español, entendido como la configuración del reino o representación popular y peculiar de la monarquía hispánica. Entre 1548 y 1560 estiman los eruditos que se debió escribir el fragmento anónimo de una obra mucho más extensa, titulada ´De rebus gestis Ferdinandi Cortesii, que Juan Bautista Muñoz estima pudiera ser una obra del cronista de Indias Calvete de la Estrella. Son notables las coincidencias con López de Gómara".



                                 La Esperanza, 22 de agosto de 1871

(2b) Juan Prim murió por disparos de arcabuz el 27 de diciembre de 1870 hacia las 19,30 en la madrileña calle del Turco. Este día uno de los acusados de su asesinato, el coronel Felipe Solís Campuzano, secretario personal del principal sospechoso Montpensier, alegó haber estado en Castilleja de la Cuesta, "a 98 leguas de Madrid, como podían confirmar las autoridades militares sevillanas". Antes de ver una carta en la que Felipe Solís se defiende de sus acusadores afirmando lo dicho, expondré dos etapas de la vida de Prim que enlazan de alguna manera con nuestra Villa en la persona del capitán Oliver: la primera, su participación en la Primera Guerra Carlista desde 1834, a la que acudió con su padre, que mandaba como capitán una compañía del primer batallón isabelino de Cataluña dirigido por el capitán general Manuel de Llauder y de Camins. Francisco Oliver formaba parte del Regimiento de Infantería de Cataluña Peninsular, y un mes antes de que Prim — este a la sazón con 19 años— entrara por primera vez en combate contra los carlistas ya lo había hecho Oliver, en concreto "en la acción de Olazagoitia el 25 de julio y en la del Puerto de Baquedano el 31 [al año siguiente se repitió la lucha en Baquedano; ver la entrada anterior]; el 23 de septiembre en la acción de Zúñiga, en la de Orbizo el 25 de noviembre, y en la de Carrascal del 12 de diciembre" del mencionado año de 1834. Oliver era cinco años mayor que Prim. La segunda etapa del general reusense que enlaza con la del capitán castillejano es durante el ejercicio de la capitanía puertorricense del primero —1847—, que coincidió con el año final del segundo sirviendo en aquella plaza.
Dicho lo cual, transcribo al pie de la letra la carta defensiva del secretario Solís, fechada en septiembre de 1871:
Última carta de D. Felipe Solís.
Había pensado no contestar a la carta del Sr. López de 17 de agosto último, comprendiendo cuál es la índole que impulsa semejantes publicaciones; pero siendo en ellas más directos los ataques que dirige a mi honra que en las anteriores, y viendo los comentarios que hace una parte de la prensa por mi silencio, me decido por fin a contestar a sus groseros ataques, aunque con la firme resolución de ser esta la última vez que lo verifique, hasta que pueda presentarme ante los tribunales con la seguridad de que se ha de juzgar mi conducta con entera justicia.
En primer lugar no reconozco como mía la carta que inserta con las inciciales F.S., que sin duda habrá sido confeccionada en el mismo taller que las que fueron dirigidas a los Sres. Ríos Rosas y Campo-Sagrado. En ella se expresan circunstancias en las que no me he encontrado, pues ni he estado en Burgos desde mucho antes que hubiese ferro-carril, ni en Valladolid desde algún tiempo antes de la revolución. Bien extraño es que en su contenido aparezca que le he dado dinero, después de haber asegurado que nunca le había querido admitir. Respecto a la otra que inserta como entregada en Alhama, y de la cual no tenía yo conocimiento, no dudo que sea cierto, su objeto es bien claro, y supongo que en este caso será leída con el mismo desprecio que otras muchas de su clase y concluiría en la chimenea.
El Sr. López se manifiesta en sus escritos como amigo de D. Juan Prim y enemigo de la monarquía, dice que se ofreció al duque de Montpensier para descubrir sus secretos y entregarlos, cuyo encargo aceptó, no solo para servir los intereses de su partido, sino los de su amigo, que, según él, detestaba al duque de Montpensier. Ya que el Sr. López habla tanto de su amistad con el general Prim, es necesario que yo manifieste tambien cuáles han sido mis relaciones con este señor, para que el público juzgue y conozca toda la verdad.
Conocidos son de todo el mundo los preliminares de la revolución de septiembre, en los cuales me cupo tener una parte bien activa. En aquella época tuve necesidad de entrar en relaciones con D. Juan Prim, que consideraba entonces muy útiles mis servicios, los cuales fueron bien pronto olvidados por él. Algunos meses después, cuando se trató de la elección de rey  a favor de D. Fernando de Portugal, y este se negó a admitir el trono de España, no tuvo inconveniente el conde de Reus en volver a entrar en relaciones secretas conmigo, que se intimaron más después de haber sido rechazado por los clubs federales de Cataluña, a quienes quiso atraer para sus miras particulares. Los motivos y pormenores de esas relaciones, algunos pueden corroborarlos, y entre ellos muy particularmente el Sr. Topete.
Hízome llamar D. Juan Prim para manifestarme lo que convenía hacer con objeto de atraer a su partido al punto que debía llevarlo por medio de sus amigos íntimos, y sobre todo para que la prensa en que yo pudiese influir no lo estorbase en este plan con ataques intempestivos. Así lo hice, y no obstante este convenio, al marcharse poco después a París y Vichy, entró allí en tratos con el emperador, de los cuales podría dar algunas noticias uno de los hombres respetables del partido moderado, cuyo nombre creo innecesario pronunciar. Durante su ausencia se proyectaron con o sin su asentimiento varias candidaturas regias, siendo la del duque de Génova apoyada por Zorrilla y sus amigos, la que más vida tuvo, y hablando de ella, me dijo el general Prim: "El deseo de imponer Zorrilla su opinión y su actividad, han hecho que tome más cuerpo de lo que se creía, y por lo tanto no puedo oponerme abiertamente; pero como la duquesa de Génova ha puesto por condición para la venida de su hijo el que sea votado por la mayoría conservadora de la Cámara, en la mano de estos está el echarle por tierra si se mantienen firmes no votándole".
Todos saben lo que sucedió con lo que después se llamó "la lista del enfermo".
Deseó Prim que no le hostigaran, que la prensa amiga no fuese imprudente, aunque se presentasen otras candidaturas, para poder obrar con libertad, y que entonces él "pondría un palito entre las piernas de cada una de ellas para hacerlas fracasar", añadiendo que él no veía más solución, ni otra candidatura para sacar adelante la revolución, que la del duque de Montpensier, pero que convenía que su partido, que era celoso, fuese el que buscase en su mayoría esta solución, y entonces él echaría el peso de sus amigos en la balanza, pero que mientras tanto no quería influir directamente para no perder.
El tiempo pasaba y los acontecimientos se venía encima con tal rapidez, que era imposible entenderse por medio de tercera persona para marchar acordes, y entonces se convino cómo y de qué manera vendría el duque de Montpensier a Madrid, y de orden de Prim fui a buscarle. El plan fue que solo se detuviera en Madrid 24 horas, de paso para los baños, tanto para ponerse de acuerdo sobre la conducta que debía observarse, como para probar el efecto que causaba su venida entre los republicanos. Así se hizo. La Iberia se encargó del ataque, cuya respuesta, que se había convenido, llevé yo a Madrid. La Iberia, que desde octubre o noviembre, por razones que sus directores de entonces saben lo mismo que yo, y que hoy parecen olvidar, observaba una conducta que por algunos de sus colegas se le echaba en cara, fue la encargada de quitar los golpes. Sus números del mes de febrero de 1870 justifican cuanto digo, lo cual no podrán negar sus directores, a pesar de haber muerto el Sr. Carratalá.
Después de pasada la primera impresión, debía S.A. volver a Madrid y marcharse al cabo de algún tiempo, no pudiendo esto último verificarse en el plazo que se pensó por haber tenido lugar a los pocos días el inevitable y desgraciado lance del 12 de marzo, que no necesito publicar, y ya entonces cada cual fue levantando su careta.
La causa que se formó a S.A. con motivo del duelo quiso el general Prim que le sirviese de punto de apoyo, y así sucedió, por lo cual tuvo tantas peripecias e indecisiones; mas no quiso dar la cara aún, ni pudo ir contra la opinión pública que absolvía al duque de un acto en que toda la razón había estado de su parte.
Perdida aquella ocasión, necesitaba el general Prim buscar otro medio, no pudiendo por más tiempo desempeñar el doble papel que jugaba, y tuvo que marchar ya de frente al obstáculo que se le presentaba y que él había explotado tan indignamente antes de la votación de Rojo Arias, el cual sabrá por qué sostuvo su voto en contra de lo que me aseguró el día antes en casa del Sr. Abascal.
Las relaciones entre el duque de Montpensier y D. Juan Prim cesaron de ser por consiguiente desde entonces lo que antes eran; y como le era preciso a D. Juan quitarse de delante por cualquier medio a los que tantos cargos le podían hacer, creyó sin duda propicia la ocasión de explotar la irritación que su conducta hubiese causado, y de ahí el hacer variar el plan que tenía trazado a sus agentes.
Con tales antecedentes, creo que desde luego se podrá comprender que a nadie menos que a mí y a la causa que defendía podía convenir la muerte del general Prim, toda vez que, no solo no me reportaba ninguna utilidad, sino que me privaba de una persona que algún día quizás tuviese que responder a los grandes cargos que podía hacerle.
Desde Francia, con el nombre de M. Luz, escribió el tal López cartas sobre cartas por conducto de D. Juan Topete, para disimular más su intención, ofreciendo en todas ellas su adhesión, su simpatía y la de sus socios, y el deseo de poner en conocimiento del duque de Montpensier noticias reservadas del mayor interés. Como a otros muchos, se contestó que podía presentarse cuando quisiera, puesto que S.A. recibía a todo el mundo, y se presentó entonces con el nombre de Faustino Jáuregui, con deseos de revelar por sí y a nombre de sus amigos los planes de republicanos, carlistas y alfonsinos, con quienes estaba en relaciones. Entonces me manifestó que no podía revelar su verdadero nombre ni el de sus amigos, ni permanecer en Madrid por estar perseguido por D. Juan Prim; pero que me dejaba sus señas por si me convenía manifestarle alguna cosa, entregándome al mismo tiempo media tarjeta cortada al triángulo para que si tenía alguna noticia de interés que comunicarme, pudiese yo conocer su procedencia.
Diversas noticias dio, en efecto, y documentos que manifiestan sacaban sus amigos de aquéllos a quienes vendían. Diferentes visitas me hizo para contar relaciones más o menos verdaderas; pero la conducta observada por él, y el relato que me contó de la parte que había tomado en los tristes sucesos del cuartel de San Gil, por lo cual le creía sargento de artillería, me hicieron sospechar de su verdadera ocupación, convirtiéndose esta en realidad, cuando me ofreció los servicios de personas que jamás podían desligarse de aquellos que los sostenían.
Vino el mes de agosto, y en sus últimos días la entrega de los carlistas por los mismos que habían ofrecido ayudarlos, y cuando se me presentó el tal López o Jáuregui en septiembre, no tuve inconveniente darle a entender mi sospecha, y aunque procuró defenderse de mis ataques, desapareció para no verlo más, y tampoco contesté a las varias cartas que me escribió después de su prisión en el mes de noviembre. ¿Cómo, pues, ha podido saber lo que, según dice, hacía y tramaba yo? Si lo supo, ¿cómo no previno al general de las personas de quienes debía desconfiar? Así como me escribió a mí estando incomunicado, según dice, pudo haber escrito a aquel.
He dicho ya, y de ello hay pruebas, que me encontraba en Castilleja de la Cuesta cuando tuvo lugar el atentado del 27 de diciembre, es decir, a 98 leguas de Madrid, de cuyo suceso tuve conocimiento por las autoridades militares que había entonces en Sevilla, y me podrán responder de ello; y por lo tanto, caen por tierra todas las afirmaciones del señor López respecto a mi responsabilidad en este crimen. Si la hubiera habido por mis actos anteriores a la muerte del general Prim, debería saberlo este por su amigo Jáuregui. ¿No conocen todos, y  principalmente el señor juez, que nadie mejor que el general hubiese podido tomar contra mí medidas preventivas si los indicios contra mí eran tan graves?
¿Cómo es que el general, habiendo podido hablar antes de su muerte, no me designó  como a uno de los responsables? ¿Cómo es que para empezar las actuaciones contra mí, basadas en deposiciones de gentes que ya estaban presas en aquella ocasión, se ha tardado seis meses? ¿Es que conviene tomar ahora un camino como en los primeros días convino tomar otro? El resultado de la causa nos lo dirá; pero es bien extraño que fueran primero acusados y presos los republicanos, que van saliendo inocentes, y que en cambio seamos ahora las víctimas los montpensieristas, tenidos unos y otros por enemigos de la actual situación. Con conocimiento y consentimiento del general Prim, según asegura el Sr. López, vemos a este y a los suyos prestarse a servir de espías y delatores por amistad con el general Prim, se deja López meter en la cárcel, pero siguen sus entrevistas.
Sin duda para que pudiese servir de segundo testigo, se presenta en mi casa a deshora un desconocido, que dice llamarse César y Sostrada, y viene de parte de Jáuregui. Viendo que nada me podía sacar, hace el caballeresco acto de quemar sus credenciales, por si este medio me da confianza, y el que se me presenta perseguido y en aquellas horas, no teme ir dos días después en casa de mi madre, calle de Carretas, desde las once del día dos hasta las dos de la tarde. Espera en ella para verme con cuatro más, repite su visita al día siguiente, y viéndola infructuosa, temeroso de que puedan ser conocidos también sus compañeros, viene solo, y después de esta segunda visita, en que escuchó lo que se merecía, es cuando me escribe el tal Jáuregui desde el Saladero (a pesar de estar incomunicado, según decía), advirtiéndome que ha sido vendido por César (a) Sostrada, y que desconfíe de él. ¿Con qué objeto aquella carta, si dice él ahora que lo que quería era engañarme, suponiendo ha salvado papeles que me comprometen, por cuya creencia yo los olvido? Y si fue Sostrada el delator, ¿por qué ahora ha desaparecido? ¿Por qué se le cita en amable consorcio para que nos cubra el mismo manto? ¿Es para ligarme con él, por lo que hace diez años me pidió Jáuregui una recomendación en favor de un oficial de su mismo nombre, que como masón había sido preso por el general Caballero de Rodas, y por quien quería me interesase?
Después de estas explicaciones, el público puede juzgar mi conducta; me he ausentado, no porque temo la responsabilidad de un acto que no he cometido, sino porque veía lo que inútilmente iba a sufrir. Ejemplos vivos son Andreu, Roque Barcia y otros que el veredicto del juez, declarándolos inocentes, no los ha resarcido de las penalidades y vejaciones sufridas durante seis meses. Pero no son ellos solos, pues, si no estoy yo en la prisión, llevo tres meses huyendo, separado de mi familia y con una infame nota sobre mí, por la delación de un preso que no puede tener en ley derecho a ser testigo de crédito por las circunstancias que reúne.
Por solo causar escándalo se registró el palacio de San Telmo, que no es mi casa; después de los atropellos cometidos en ella para procurar mi arresto, se cita como vagabundos [en el sentido de no tener domicilio conocido] a personas honradas que tienen casa abierta y cuyo paradero se conoce. Hasta a amigos míos se les detienen partes telegráficos del extranjero en que les participan desgracias de familia, porque están firmados con un nombre igual al mío, y no les son entregados en quince días, y se les pide luego explicaciones sobre ellos.
Creo que quedan contestadas todas  las calumniosas delaciones del Sr. López, y concluyo repitiendo que esta será la última vez que lo haga; pero que me reservo el derecho de reclamar después contra mis indignos detractores y los que los protegen, cuando sepa que se me ha de hacer justicia. Felipe de Solís y Campuzano. Londres 8 de septiembre de 1871. La Época, 23 de septiembre de 1871.
La carta anterior fue reproducida también por La Regeneración de 26 de septiembre de 1871 en su página 2, que había publicado un extracto de ella días antes. En la misma página podemos leer una curiosa e hilarante noticia:
"Tiritando de espanto, y obedeciendo con la frente humillada, publicamos la siguiente carta que recibimos por el correo del domingo, en la misma forma que viene y sin atrevernos siquiera a variar la ortografía:
"Orihuela y Septiembre 18 del 71.
Sor Director de la Regueneracion.
Mi desconocido escritor hace serca de medio año me calentesobré cosas y mentiras que sin sustancias desía su Periodico, hoy me vuelvo a calentar mas y mas sobre cosas mas graves siendo yo un Liberal de nacimiento asiesque a uno a uno los desafio que a todos con la levita y la parroquia que llevan la aré yo saltar de su sitio.
Ará V. el fabor de poner y imprimir esta carta en dicha Regueneracion para que sepa todo el mundo que no le tengo miedo a ningun carlista.
Vivo Calle nueva n.º 1.
Los aborrece
Antonio Rubio
Ayudante Ynjenieros.
Viva Serrano. !Viva¡
Viva Mompensier. !Viva¡ !Viva¡
¡Viva! ¡Viva! ¡viva! ¡viva! ¡viva! ¡viva!"
Queda complacido el terrible comunicante. Ahora, cuando guste, puede pasar por esta redacción a recoger un bozal y  una albarda que le guardamos para su uso particular."
Respecto al coronel Felipe Solís, añado algunos datos genealógicos. Felipe de Solís y Campuzano, coronel de Caballería (o de Infantería según otras fuentes) y Ayudante de campo de S.A.R. el Duque de Montpensier, nació en Madrid el 20 de mayo de 1823 y murió en Villafranca de los Barros (Badajoz) el 30 de noviembre de 1907. Era hijo de Sebastián de Solís y Salamanca, nacido en Acebuchal (Badajoz) el 14 de junio de 1789, y de Josefa de Campuzano y Morente, quienes fueron velados en Acebuchal el 3 de marzo de 1825. Los abuelos paternos de Felipe fueron Felipe de Solis y Castañeda, nacido en Miajadas (Cáceres) el 2 de junio de 1755, alférez del Regimiento de Dragones del Rey y Caballero de Santiago en 1784, y Manuela Gutiérrez de Salamanca y Becerra, hija de Francisco Gutiérrez de Salamanca y  María Becerra Nieto. Los bisabuelos paternos fueron Sebastián de Solís Gragera, natural de Miajadas, y Ana María de Castañeda Cañamero.
El coronel Felipe de Solís y Campuzano se casó en Madrid el 17 de junio de 1851 con Mariana Gómez de la Cortina y Rivas, fallecida en Villafranca el 11 de abril de 1860, hija de José Justo Gómez de la Cortina y Gómez de la Cortina, III conde de la Cortina, y de Paula Rodríguez de Rivas y García Murviedro.


                                                              Felipe Solís Campuzano

El coronel Felipe y Mariana tuvieron a Mariano Solís y Gómez de la Cortina, nacido en Sevilla el 14 de diciembre de 1858, casado con Joaquina Barranco González Estéfani, padres de Mariana Solís Barranco, VIII condesa de la Cortina.
Y también tuvieron a Josefa Solís y Gómez de la Cortina, nacida en Sevilla en 1854 y fallecida en Villafranca el 21 de julio de 1936, quien se casó en Villafranca el 19 de marzo de 1877 con Álvaro de Jaraquemada y Toro, nacido en Villafranca el 21 de noviembre de 1851 y fallecido el 18 de abril de 1898.
Álvaro y Josefa tuvieron a Joaquina de Jaraquemada y Solís (1877-1936); a Mariana, nacida en 1878 y casada con su tío político Antonio Rodríguez Zambrano y Vargas Zúñiga, viudo de su tía María Coronada Jaraquemada y Toro; a Luis; a Álvaro, nacido en 1881, casado en 1905 con Ascensión García Martínez, quienes tuvieron a Luis de Jaraquemada García, farmacéutico, fallecido en Madrid en 1989, casado con Manuela Abello Camacho, fallecida en Madrid en 1996. Sus hijos de estos últimos, María Jesús y Luis Manuel Jaraquemada Abello, casados con Agustín Molina Martín y con Cristina Bueno respectivamente, ambos con sucesión. Ver Estudio histórico sobre una familia extremeña, los Sánchez Arjona. Jaime de Salazar y Acha. En esta localidad de Acebuchal siguen en pie las casas-palacio de varias de estas familias: Gutiérrez de Salamanca, Solís, Becerra, Castañeda.
Volviendo a Felipe Solís Campuzano y a cómo nos acaba de decir en su carta de arriba que con ella contestaba a la de López del 17 de agosto último (de 1871), vamos a ver que antes, en 9 del dicho mes, el tal López había escrito otra, que resulta ser fuente inagotable para novelistas de tramas misteriosas: Veámosla:
Sin comentarios de ninguna especie, por estar el asunto bajo la acción de los tribunales de justicia, publicamos el siguiente comunicado que ha visto la luz en El Jurado Federal, y que han reproducido algunos periódicos de Madrid:
"Señor director de El Jurado Federal.
Apreciable amigo: He leído en su apreciable periódico un suelto en que se refiere sucintamente lo sucedido en esta cárcel en la noche del 3 acerca de cierta trama urdida traidoramente contra mi humilde persona; y como quiera que no esté bien detallado y pueda interesar al público esta peregrina historia, le suplico inserte en su diario las siguientes líneas, con lo cual complacerá a su afectísimo, José López.
Conspiración descubierta. Hace unos ocho días que cierto preso de esta cárcel de Villa, llamado Cipriano González, propuso al mozo encargado de la galería alta, en que me encuentro, que averiguase si yo tenía en mi poder y habitación unos papeles referentes a los autores y ejecutores del asesinato de don Juan Prim, y entre ellos una carta de don Felipe Solís, ayudante del duque de Montpensier, informándole de que se le había presentado una persona de fuera ofreciéndole 50.000 duros si se apoderaba de aquellos documentos.
Al mismo  tiempo le indicó los medios que le parecían más oportunos para llevar a efecto tan inicuo plan, y entre ellos el de darme cloroformo para narcotizarme y apoderarse de los papeles  durante mi estado de sopor.
Faltó tiempo al mozo encargado para darme noticia de la trama que se preparaba; y yo, en vista de su honrada franqueza, le aconsejé que siguiera interviniendo en el proyecto con mi reservada anuencia, para de este modo descubrir los autores de él.
Así lo hizo el digno encargado, Francisco Talavera, y cuando ya el asunto ofrecía oportunidad para satisfacer los vivísimos deseos del Cipriano, entonces el que suscribe preparó el anzuelo en que habían de caer sus `cloroformistas`.
Coloqué en el cajón de mi escritorio un pliego cerrado que contenía papeles insignificantes, cerrado y lacrado con sobre para el señor juez del distrito del Congreso.
Así preparado, pronto tuvo conocimiento el Cipriano González de dónde estaba la presa que tanto codiciaba, y la noche del 3, como a las nueve y media, cuando el que suscribe bajó a despedir a su familia, que había ido a visitarle como de costumbre, observó que el Cipriano subía al departamento del que expone, y que en aquel no habita, y sospechando la intención, subí yo también en el momento en que despedí a mi familia; entré en mi cuarto, busqué el pliego, y advertí que había desaparecido.
Sin detenerme bajé a la habitación del señor alcaide, el que, con una actividad digna de elogio, se colocó en la puerta del dicho departamento, y cuando el Cipriano bajaba con dirección al suyo, le detuvo y le ocupó el pliego robado.
Como el señor alcaide dió parte inmediatamente del hecho al juez competente, yo no tuve necesidad de hacerlo; el Juzgado incoó la causa criminal correspondiente, y yo he prestado en ella mi declaración.
A mí solo toca decir a los que buscan de una manera tan villana y cobarde medios criminosos para arrebatarme las pruebas de su maldad, hasta el extremo de atentar contra mi vida, que todos sus esfuerzos son ya estériles, puesto que, previendo yo sus inicuos intentos, he remitido al Juzgado y obrarán ya en el proceso, todos los documentos que se hallaban en mi poder referentes a las personas interesadas en el rapto de ellos.
Que ya nada conseguirán respecto a aquel intento; pero que si su deseo es asesinar por despecho o criminal venganza, tengan un poco de paciencia y esperen a que el Juzgado acuerde mi libertad, para entonces en las calles o paseos, en Madrid o en provincias, a la sombra de la noche y del misterio, que siempre busca el malvado, clavar en mí el puñal del asesino, y caiga sobre el traidor homicida la execración pública. José López. La Iberia, 9 de agosto de 1871.
El imputado López ( alias Jáuregui, o Madame Luz) es uno de los detenidos de primera hora, que primero guardará silencio pero al verse perdido, decide confesar y declara más de cuarenta veces, siempre implicando a Solís —Vol.4, folio 6441 [de los autos sobre Prim] a Montpensier, a Serrano, a Pastor. En dos ocasiones intentarán envenenarlo, pero una vez excarcelado, y después de haber sembrado la duda de si en verdad era un doble agente que trabajaba secretamente para Prim, sería agregado a la policía secreta, prestando importantes servicios a Romero Robledo y al conde de Xiquena, como informará en su día el diario El Progreso. Los grandes intrigantes nunca mueren. (Francisco Pérez Abellán. Libertad Digital, 12 de junio de 2012).
En la década de 1850 comenzó a fabricarse industrialmente el cloroformo, que había sido sintetizado veinte años antes por el químico alemán Justus von Liebig (1803-1873) a partir del cloral, y utilizado como sedante en psiquiatría en 1869 por otro alemán, el farmacéutico Oskar Liebreich (1839-1908). En Castilleja de la Cuesta moriría, en 1885, un experto en la utilización de cloroformo sobre parturientas, que además fue médico nada menos que de Isabel II. Se trataba de Manuel Benjumeda Toscano.
Ha fallecido en Castilleja de la Cuesta (Sevilla) el ilustrado doctor D. Manuel Benjumeda y Toscano, médico de S.M. la reina Isabel II. La Correspondencia de España. 11 de septiembre de 1885. También recogió su muerte en Castilleja y que fue médico de Isabel II El Siglo Médico, 1885, Volumen 32, pág. 618. En esta misma página del Siglo Médico, junto a la nota necrológica del médico Benjumeda, se publica un "Documento curioso. —Lo es sin duda, y digno de pasar a la historia, el siguiente parte que han publicado algunos periódicos de Córdoba:
Sr. Juez, le mando a su mercé una difunta, muerta esta mañana para que la ponga en el Registro  civil, le dió ayer un dolor cólico serrao y se murió sin confesion. Los padres y agüelos los lleva la parte apuntaos en un papel. La llevan subía en una borrica sarsillera que trabaja con el marío de la difunta en la leña, y encargaos que bayan por fuera de camino y la metan por detras del simenterio por si las gentes creen que tiene de esos bichos malinos con que da el cólera. Dígale al Sr. Alcalde que la salud es buena, ménos la difunta y la hija del tío Tobal Bargas que tiene calenturas. A los piés de Usía su servidor por mi suegro el Regidor José Mandonado. Señor Juez municipal de ... ".
En la Guía Zarzuela de 1878: Casa de socorro establecida en la calle del Almirante Apodaca, edificio de la Alhóndiga. Médicos encargados, D. Manuel Benjumeda Toscano y D. Manuel Arizmendi. Practicantes, D. Juan Santos y D. José Ruiz.
Según dicha Guía vivía entonces el médico Benjumeda en la calle Alhóndiga n.º 82.
Vivió antes en la calle San Eloy n.º 11 —en 1875—, natural de Cádiz, de 28 años de edad, soltero, médico, hijo de Manuel y Dolores, llamado a filas en Cádiz en 1867 con el n.º 390, exceptuado por enfermedad.
En la bibliografía de Historia de la anestesia en España, 1847-1940, de Avelino Franco Grande, Julián Álvarez Escudero y Joaquín Cortés Laíño, ARÁN Ediciones, 2005, se le cita por sus trabajos: Del uso de los medios anestésicos en la práctica de los partos. Tesis Doctoral. Cuadernillo manuscrito de 44 páginas. Cádiz, 1870; y Del cloroformo en los partos Periódico El Relámpago Médico, 1870, 3-4: 72-7.
(2c) Otros monárquicos franceses son los bonapartistas que abogan por Juan Cristóbal Bonaparte (nacido en 1986), y los orleanistas que apoyan a Juan de Orleans (nacido en 1965), que reclama el trono como Juan IV y está casado con una biznieta del II marqués de Yanduri. De estos marqueses era el palacio del mismo nombre situado en la sevillana Puerta de Jerez, terminado en 1904 por el arquitecto Jacobo Galí y Lassaleta. El palacio se comunica por detrás con el Alcázar, para que la reina Victoria Eugenia (1887-1969), esposa de Alfonso XIII (y madrina en los bautizos de Juan Carlos I y de su hijo Felipe VI) pudiera visitar a su amiga la marquesa de Yanduri. Requisado por Franco, le sirvió de residencia tras el 18 de julio de 1936. El palacio se alza en el lugar que ocupaba el de los condes de Cantillana  donde, en 1898 nacería el poeta y Premio Nobel Vicente Aleixandre.

Acabamos de exponer cómo una descendiente de Felipe de Solís Campuzano emparentó con la importante familia Jaraquemada. Hoy hay una plaza en Castilleja de la Cuesta nombrada Jaraquemada por Amparo Jaraquemada Guajardo-Fajardo, nacida en 1912 y esposa de Andrés Dorronsoro Montes (Sotosalbos, Segovia, 1898 - Sevilla, 1977), casados en Villafranca en 1937. Padres de Amparo fueron José Francisco Jaraquemada Quiñones y María del Carmen Guajardo-Fajardo. Hermano de Amparo fue Mateo Jaraquemada Guajardo-Fajardo, XV marqués de Lorenzana (nacido en Sevilla en 1907 y fallecido en Mérida en 1984), casado con María Josefa Ovando Carvajal en Fuente del Maestre en 1949.
"Ayer sábado se le dio sepultura a María Ovando Carvajal, marquesa viuda de Lorenzana, quien fue enterrada en el panteón familiar de la capilla de la iglesia del Convento Franciscano. María casó en Fuente del Maestre el 25 de septiembre de 1949 con el XV Marqués de Lorenzana y Maestrante de Sevilla, Mateo Jaraquemada Guajardo Fajardo Quiñones Estrada, quien habría nacido en Sevilla el 1 de noviembre de 1907 y fallecido en Mérida, hija de José de Ovando y Montero de Espinosa y María Dolores Carvajal y Grajera, siendo madre de 7 hijos.
El título de Marquesado de Lorenzana proviene de la familia Quiñones, oriunda del antiguo reino de León, y quedaría establecido en la villa de Fuente del Maestre a finales del siglo XVII. Desde allí emparentó con diversas familias extremeñas hasta recaer en la de los Jaraquemada." Juan Francisco Llano. La Gaceta Independiente, 30 de abril de 2017.

                                                           Plaza de Jaraquemada


En primer término el chalet Jaraquemada-Dorronsoro. Según cálculo aproximado, el solar estaba entre los terrenos de la hacienda de la marquesa de Loreto y los de la hacienda San Ignacio. En la esquina superior izquierda se ve la plaza de Jaraquemada. (Google Maps).

Amparo Jaraquemada y Andrés Dorronsoro fueron dueños del terreno de nuestra Villa donde se asienta la plaza referida. Recuerdo desde niño haber oido hablar en el pueblo del "chalet de Don Rosoro" extrañado de tan exótico nombre de varón, —Rosoro—, al que mi fantasía infantil asoció siempre con un imaginario hombre opulento de suaves manos rosadas y gordezuelas que manejaba un río caudaloso de monedas de oro. Poseyó Dorronsoro viñas alrededor de su chalet, impecablemente cuidadas, cercadas con vallas de reluciente alambre espinoso y postes de hormigón inmaculadamente blancos de cal todo el año. Recuerdo cierta historia que se contaba en la barbería de Amador en la calle de Hernán Cortés —jaulas con canarios, clientela parsimoniosa, ambiente pulquérrimo, luminoso, perfumado, fresco, radio encendida a todas horas—, oída cuando mi padre me llevaba a arreglar el pelo, siendo yo un niño inquieto al que había que poner delante el gato atigrado e hipnotizante del peluquero para mantenerlo quieto mientras la tijera trabajaba sobre su cabezón. La historia, comentada por todos en el pueblo, refería que el guarda de la viña del médico don Andrés había sorprendido a un vecino de Castilleja robando racimos de uva, y al inquirirle obtuvo del ladrón por respuesta, entre gemidos y lloriqueos, que lo hacía "para dar de comer a sus hijos", a lo que le respondió el vigilante: ¡Pero hombre ... Me las hubiera usted pedido! Y el barbero Amador remataba la narración ejecutando un lenguaje verbal de apoyo dirigido a los atentos y silenciosos parroquianos; la narración de Amador, al interrumpir el corte de mi pelambrera, me proporcionaba un respiro bajo la tensión de aquellas manos extrañas. A veces mi padre, extraordinariamente, se hacía afeitar cuando terminaban la faena conmigo. Cierta vez, siendo rasurado por el hijo mayor de Amador, muchacho alto y serio heredero del oficio paterno, un descuido le ocasionó una heridilla en la mejilla de la que brotó algo de sangre. El joven, entre disculpas, buscó el papel de fumar con que se solía entonces atajar las pequeñas hemorragias, y mi padre le dijo que no se preocupara, que no tenía importancia, a lo que le respondió, nervioso, el joven barbero: "¡no, no ... es que yo no puedo ver la sangre!". El nombre completo de Amador padre era Amador Martín Cáceres, y se casó con Amparo Silva de los Reyes en Castilleja en 1934. Los padres de Amador fueron Juan Martín Sierra y Dolores Cáceres Dominguez, naturales de Nerva, lo que podría explicar que mi padre fuera cliente habitual de la barbería ya que su esposa —mi madre— era también nervense. Y también podría explicar el interés del barbero por lo ocurrido en la viña de Dorronsoro, por el vínculo habido con sus propios padres en la onubense cuenca minera. La mujer del barbero, en cambio, era castillejana de pura cepa. Llamábase Amparo Silva de los Reyes, hija de Francisco Silva Luque y Brígida de los Reyes Cabrera. En el Padrón de 1970 aparece toda la familia en el n.º 3 de la referida calle Hernán Cortés: Amador y Brígida, y sus hijos Dolores nacida en 1936, Amador nacido en 1944, Juan nacido en 1945, y Pedro Miguel nacido en 1953.
"Pasó [Dorronsoro] su infancia en el pueblo segoviano de Turégano, realizó el bachillerato en Segovia y se licenció en Medicina en 1922. Presentó una excelente tesis doctoral sobre cirugía del nervio simpático. Tras una breve estancia en Madrid trabajando como médico de la Beneficencia y cirujano en el Hospital de la Princesa, desempeña labores de cirujano en los hospitales mineros de la compañía mineral Alkali, con sede en Riotinto. Instaló clínicas quirúrgicas en Valverde del Camino y Huelva. En una época histórica de situación de pobreza, operó de forma gratuita a todo valverdeño que pasaba por su quirófano, además de costearle medicinas y manutención hasta su recuperación.
Entre las dos clínicas mencionadas, realizó más de mil intervenciones en dos años. Este proceder derivaría en que en 1935 se le concediera la Cruz de Beneficencia con la categoría de primera clase. Se hizo muy popular entre los toreros, pues su destreza quirúrgica hizo salvar muchas vidas de los diestros de entonces, apodándole en esta zona como el dios chico. En su labor investigadora presentó más de treinta trabajos en las revistas médicas de la época, que le llevó a ser miembro de las Reales Academias de Medicina de Valencia y Sevilla. Al estallar la Guerra Civil, alojó y protegió en su clínica a la condesa de Moraclaros y su familia, así como a las monjas del convento Hermanas de la Cruz. En la contienda ocupó la dirección de distintos hospitales de campaña por toda la geografía española, acompañado de su material quirúrgico y un equipo que le siguió en su periplo. Contrajo matrimonio con su enfermera de campaña [Amparo Jaraquemada]. Realizó una memoria de las 6.790 intervenciones practicadas por su equipo durante la guerra, así como diversas ponencias, comunicaciones y publicaciones al respecto. Por su labor en este tiempo, recibe la Gran Cruz al Mérito Militar, Medalla de Campaña y Cruz de Guerra." Real Academia de la Historia.
Además de Mateo XV marqués de Lorenzana, fueron otros cuñados de Dorronsoro —hermanos de Amparo— Concepción (Sevilla, 1909), Carmen (Sevilla, 1911), Francisco, Álvaro (San Sebastián, 1923) y José, muerto en acción de guerra en Somosierra en 1936. La madre de Amparo y de todos ellos, suegra de "Don Rosoro", fue María del Carmen Guajardo-Fajardo y Estrada, hija del IV marqués de la Reunión de Nueva España, y de María Concepción de Estrada y Cabeza de Vaca. A los marqueses de la Reunión de Nueva España perteneció la hacienda de don Vicente Torres Andueza que se refiere en la entrada anterior, cedida al Ayuntamiento de Castilleja "por convenio urbanístico" para convertirla en la Casa de la Cultura que es ahora. Coincidí varios cursos en las aulas de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla con un alumno descendiente directo y heredero de los marqueses de la Reunión, el cual me refirió que en el traspaso de la hacienda hubo de todo menos "convenio urbanístico".
"Boda. En Sevilla ha contraido matrimonio la bella y distinguida señorita María Albarracín y Arias de Saavedra, con D. Javier Guajardo y Estrada, Marqués de la Reunión de Nueva España.
Bendijo la unión el Vicario Capitular del Arzobispado, Dr. D. Bartolomé Romero Gago. Entre los novios se han cruzado valiosísimos regalos, siendo el de él un collar de brillantes, valorado en más de 25.000 pesetas. Entre los regalos recibidos por la novia figura un traje de `chantilly`, de inmenso valor. Los nuevos esposos pasarán una temporada en la hacienda que posee en Castilleja de la Cuesta el Marqués de la Reunión". El Guadalete. 10 de mayo de 1907.


                                      Placa en la Casa de la Cultura de Castilleja de la Cuesta

En Valverde del Camino se hizo una colecta para regalar las insignias de la Cruz de Beneficencia al doctor Dorronsoro, informa La Provincia del 30 de marzo de 1936. En este mismo periódico en fecha de 27 de diciembre de 1929 figura Dorronsoro enviando tabaco a los presos de la Cárcel Provincial. junto con café y tortas mas la entrega mensual de ropa "interior y exterior" que les enviaron una asociación de damas llamada "Ropero de San Dimas", mas las comidas que les obsequió la Junta de Patronato de Reclusos y Libertos.
El doctor tiene calle a su nombre en Valverde, en cuyo Archivo Municipal hay un testimonio de la escritura otorgada por don Javier de Dorronsoro, Alcalde Mayor de dicha villla, obligándose a pagar una fianza que le correspondía. Su fecha es de 1739-1748, mas no se si hay relación con los Dorronsoro de Sotosalbos.
Su tesis doctoral trató sobre la Cirugía del Tiroides. La Semana Médica Española, n.º 45 del año 1942, publicó un artículo suyo titulado "Cuerpo extraño en el esófago, con catorce meses de permanencia en el mismo". En 1940 vió la luz en Sevilla, en la Imprenta de San Antonio, otro de sus trabajos: "Heridas por arma de fuego; consideraciones clínicas". Fue Hermano Mayor de la hermandad de Ntra. Sra. del Rosario y Sto. Cristo de la Paz (Los Humeros) en la sevillana calle Torneo, en 1948-1956 y 1965-1972 http://www.humeros.org/index.html
Contratado por una empresa minera subsidiaria de Rio Tinto, ejerció en ella 14 meses. Luego se fue a la capital onubense y montó en ella una clínica privada en la calle La Fuente, en la que figuraba en su placa de la fachada "Especialista en Cirugía". Años después abrió otra clínica en Valverde del Camino, denominada Clínica de la Unión, que perduró hasta los años cincuenta. "Fue muy famoso por su arrojo y valentía operando. Cuentan que a veces operaba en su clínica de la calle La Fuente con la ventana abierta del quirófano a la calle y más de un curioso y muchos niños se paraban en dicha ventana a verlo operar." Historia del hospital provincial de Huelva. Rafael Sancho D´Herbe. Universidad de Huelva, 2013. Esta historia la he encontrado yo también, pero en el escenario de Valverde, donde operaba con las ventanas abiertas y arracimados en ellas multitud de curiosos. Entre ellos Lucía Capado y sus hermanos, acaso también sus hijos. La valverdeña Lucía se convertiría con el tiempo en mi abuela materna. Ya viuda, se estableció con sus cuartro hijos en Castilleja desde 1924. Tengo como tarea investigadora pendiente dilucidar si Dorronsoro tuvo parte en el hecho de que mi familia materna emigrara desde Valverde y Nerva a, —precisamente—, nuestra Villa. (Sobre los Jiménez de Nerva, ver Historia de los apellidos, 1. Abril de 2019).
El chalet de Andrés Dorronsoro conocería varios dueños, entre ellos Francisco Narbona:
"Fue director de periódicos, fundador de revistas, colaborador de apreciada firma en diversos medios, corresponsal de radio y televisión, escritor de libros. Y, sobre todo, periodista. Había nacido en Sevilla donde comenzó a darse cuenta de su verdadera vocación en la Facultad de Derecho cuando estudiaba la carrera que terminó en 1940. Trabajó en el Diario FE [Falange Española] que llegó a dirigir. Fundó «Diez Minutos» y se fue a Roma como corresponsal y delegado de RTVE. De allí volvió a su ciudad natal para hacerse cargo como primer director del Centro Territorial de Televisión en aquel romántico chalet de la Palmera, poniéndose al frente de ese grupo de entusiastas pioneros a quienes tanto debe la televisión andaluza: corría 1974 y el desaparecido y recordado Paco Pérez acababa de crear la cabecera de Tele/Sur con que empezaron a ser conocidos los informativos regionales.
Cuando dejó esa dirección en mayo de 1982 se consagró por entero a la investigación en la hemeroteca dando a la luz numerosas obras: «Un cierto divorcio», «Juan Belmonte», «De Prim a Carrero Blanco», ésta en colaboración con Enrique de la Vega con el que también produjo «La Maestranza y Sevilla» y otras más.
Padre de seis hijos, entre ellos la ministra Cristina Narbona, deja un testimonio recio de hombre de bien y un camino diáfano para los que quieran seguir su ejemplar trayectoria que conocimos perfectamente los que tuvimos la suerte de trabajar a sus órdenes." José Luis Garrido Bustamante. ABC, 28 de octubre de 2005. En cuya nota recordatoria vemos algo que encaja como un guante en esta serie de entradas de Historia de Castilleja: Francisco Narbona escribió un libro en colaboración con Enrique de la Vega Viguera titulado De Prim a Carrero Blanco: Cien años de magnicidios en España (1870-1973), Editorial Planeta, 1982.
Falangista, estudioso del mundo de los toros y aficionado a la tauromaquia —al contrario que su hija la ministra socialista Cristina Narbona—, corresponsal de Radio Nacional de España en Roma, quien esto escribe tiene grabada su voz metálica, nasal, cuando se emitían diariamente las noticias de Italia por la radio de lámparas que, situada en una repisa de tabla en la pared del comedor a una altura que hacía imposible el manipulado torpe de la chiquillería de la casa, el padre de familia había instalado. Primo hermano de Francisco Narbona fue un vecino de esta entrañable casa y calle de mis recuerdos infantiles en las que ahora transcurren mis solitarios y apacibles días de vejez. Este vecino era Juan Bautista Narbona Narbona, nacido en Osuna en 1905, casado con Rosa García Garrido, nacida en Madrid en 1918. Sus hijos fueron Juan, nacido en 1946, eminente médico de la Universidad de Pamplona, Rosa, nacida en 1949, y Jorge, nacido en 1953, entrañable amigo de la infancia con el que yo desperté al mundo exterior, fuera del ámbito familiar.
"El Dr. Juan Narbona García es un prestigioso neuropediatra, que fue Premio CNC en Neuropsicología Infantil 2013. Narbona ha desarrollado su labor profesional en el campo de la neuropsicología del desarrollo, tanto en el ámbito clínico, como en el de la investigación y la docencia. Fue responsable de la Unidad de Neurología Pediátrica en el Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina y Clínica Universidad de Navarra (Pamplona), como Especialista Colaborador desde 1 septiembre 1978 hasta 31 diciembre 1988. Luego, como Consultor Clínico de la Unidad de Neurología Pediátrica desde 1 enero 1989 hasta septiembre 2016 (jubilación)." http://consorciodeneuropsicologia.org/
El doctor Juan Narbona fue el último de su familia que habitó la casa familiar en la calle de quien suscribe, con su esposa y sus hijos, hasta que marchó a Navarra. Su hija María Narbona Cárceles es profesora en el Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios Arabes e Islámicos, Área de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza y nos va a echar una mano en lo que hemos intentado desarrollar arriba en la nota 2a sobre Enri IV y su madre, por ser una autora experta indiscutible en el tema de la monarquía navarra. Ha publicado La corte de Carlos III el Noble, rey de Navarra: espacio doméstico y escenario del poder, 1376-1415. Barañáin (Navarra) : EUNSA, 2006, además de abundantes artículos en revistas especializadas y colaboraciones en obras colectivas tanto en español como en francés. Nada más fácil que conectar a Carlos III el Noble con Pedro de Navarra, con la sobrina de este Juana de Albret, con el esposo de esta Antonio de Borbón, y con el hijo de estos dos Enri IV.


                                                       Hecho lamentable en el chalet

El último de los dueños, —o quizá arrendatario—, del chalet Dorronsoro-Jaraquemada de que tengo referencias fue Esteban Rosales, heredero de los Rosales que dieron prosperidad al pueblo de Castilleja con su célebre fábrica de tortas de aceite. Cuando la industria familiar de la afamada torta fue viniendo a menos, Esteban buscó en la restauración su modo de vida, e instaló en dicho chalet un mesón-restaurante que por las noches se transformaba en discoteca. Recuerdo que manteníamos los amigos de la familia Rosales en el salón del mentado restaurante una efímera tertulia vespertina, que no llegó a consolidarse por circunstancias ajenas a nuestras voluntades. Los descendientes de Esteban continúan hoy el negocio de los fogones en el vecino pueblo de Tomares.

Voy a terminar esta entrada aprovechando el haber sabido que el doctor Andrés Dorronsoro Montes enviaba tabaco a los presos de la Cárcel Provincial de Huelva durante la Navidad de 1929 —ver arriba, nota 2c—, para volver sobre un tema, el carlismo castillejano, que ya he tratado en varias ocasiones, la última en Historia de los apellidos, 21s. Junio de 2020.
"Entre los 14 carlistas presos por el alcalde y vecinos de Almonaster, llegados ayer a Huelva, figuran como general D. Juan Illanes de Figueroa, natural de Sevilla y vecino de Lisboa; D. Juan García Medina (1), comandante, natural de Ceuta y vecino también de Sevilla; D. José Bracho, natural de Carmona y vecino también de Sevilla; y D. José Ortiz Navarro, natural y vecino de Castilleja de la Cuesta, estos dos últimos oficiales". La Correspondencia de España. 7 de julio de 1874.
De entre estos presos resalta Juan Illanes, nacido en Sevilla en 1815 y participante en las tres guerras carlistas. Tras la muerte de Fernando VII marchó a Portugal con el gaditano Vicente González Moreno para ponerse a las órdenes del pretendiente Carlos María Isidro. Ambos fueron hechos prisioneros al declararse carlistas y ambos se escaparon de la cárcel y comandaron tropas contra los isabelinos en la Primera guerra. En la Segunda, por 1848, Illanes levantó una partida en Guadalcanal que actuó en la sierra de Cazalla burlando a las fuerzas de la Guardia Civil durante dos meses. De allí volvió a Portugal y luego a Londres. En París en 1869 el nuevo pretendiente Carlos VII le ratificó el nombramiento de comandante general de la provincia de Huelva, y luego de las dos extremeñas. En 1874 fue apresado con 17 subordinados suyos —14 según otros documentos—, que estuvieron prisioneros en la ciudad de Huelva, recibiendo el socorro de algunos tradicionalistas de la provincia Tras la guerra, permaneció siempre leal a la causa carlista. Illanes asistió a las honras fúnebres de Margarita, hija de Carlos III, muerta de repente en su palacio de Viareggio el 29 de enero de 1893. Tres años después fallecería este jefe del castillejense José Ortiz Navarro, en 1896 en Madrid después de tres semanas de ruda y penosa enfermedad. Estuvo casado con Felisa Ferreira. El "socorro de algunos tradicionalistas de la provincia" que queda referido emanó principalmente de Domingo Domínguez Brioso (2), quien lo explica de la siguiente manera:
Sr. D. Ramón Nocedal (3). Huelva 31 de Agosto de 1888.
Muy señor mío y distinguidísimo amigo: Quiere Dios que el hijo del Excmo. Sr. D. Cándido Nocedal (Q.S.G.H.) a quien los tradicionalistas no olvidarán, pase por todas las pruebas para brillar y triunfar al fin. Es natural que usted sienta en su corazón y en su alma el fruto recogido de sus atinados y constantes medios para defender la monarquía tradicional y desbaratar los planes de los enemigos, llámense Cánovas, Pidal, La Hoz, Vildósola, Canga, Llauder, Sangarren, y demás hombres de La Fe, periódico, de la Unión Católica y demás instrumentos.
Esté Vd. sereno, que más pronto  llegará a Vd. a la gracia del R..., perdida por haber defendido la doctrina tradicional en toda su pureza, que aquel  puñado de díscolos, hoy llamados leales, que fueron denunciados espontáneamente por el R... al desprecio de los leales de entoces.
Tenga usted ánimo sereno y esperanza en Dios, porque defendemos la mejor de las causas.
Pudiéramos preguntar al Sr. D. Juan Illanes y Figueroa, quiénes son los hombre de La Fe, cuando estando preso en esta capital, el año 1874, con 17 subordinados, les socorríamos los tradicionalistas de esta provincia, a pesar del disgusto y negativa del único suscriptor de La Fe que en esta capital había. Que se le pregunte también al dignísimo presbítero D. Félix Fernández, preso también, que me alentaba para que no faltasen recursos a los presos carlistas, y que no hiciéramos caso del que faltaba a la caridad.
Yo me adhiero y todos mis amigos a la manifestación de la prensa tradicionalista inserta en El Siglo Futuro de 22 del actual, por ser la verdad.
No queremos que los sagrados lemas Dios, Patria, Rey, se barajen y confundan, como se usa por los `leales` de hoy; queremos que se respeten como es debido, cada uno en su lugar, como lo respetan y enseñan los hombres de virtud y ciencia como Sardá y Salvany, Mateos Gago, Ortí y Lara, Burgos y Mazo, y otros mil que buscan la gloria, no en aparecer delante, sino en dar su último aliento trabajando en defensa de la Iglesia de Dios y de las tradiciones de la patria, como trabaja El Siglo Futuro y los 23 periódicos que le acompañan.
Puede usted hacer el uso que guste de esta carta, pero antes le ruego corrija sus muchos defectos, como es natural, escrita de prisa y sin dotes para ello.
Me repito de usted afectísimo amigo que lo admira y b.s.m. Domingo Dominguez Brioso. El Tradicionalista. Diario de Pamplona. 6 de septiembre de 1888.

(1) El carlista Juan García Medina, Sargento 1º de la Guardia Civil en 1850, vivía con su mujer María del Amparo Chaparro Sánchez, natural de Sevila, en la calle Menorca de la  parroquia del Sagrario sevillana. Juan su padre era de Cádiz, y  María Luisa su madre, de Gibraltar. Los padres de ella eran José Chaparro, de Sevilla, y  María Sánchez, de Cádiz. A Juan y María del Amparo les nació un hijo el 20 de noviembre de 1850, que bautizaron con el nombre de José.
Amparo Chaparro Sánchez, con 68 años, ya viuda del carlista, vivía en Sevilla en la parroquia de Santiago, calle Leoncillos n.º 16, en 1902, con su hija también viuda de 38 años Claudia García Chaparro, nacida en Las Mercedes (Málaga).

(2) "Domingo Domínguez Brioso se definía como tradicionalista y confesaba haber socorrido a algunos carlistas en apuros como D. Juan Illanes Figueroa, cuando estuvo preso en Huelva en 1874 junto al resto de tradicionalistas de la provincia, y al presbítero Félix Fernández [...]. Domingo Domínguez Brioso fue un firme defensor de la unidad católica (2a), participó en las suscripciones carlistas y en las campañas de limosnas para el Papa y muestra su adhesión al manifiesto de la prensa tradicionalista.  Vive entre  San Juan del Puerto, a fines de la década de los 60, y Huelva, a mediados de los 70 y 80. Varios de sus hermanos eran asimismo carlistas, especialmente su hermana Margarita Blanca Domínguez Brioso. Poco sabemos de Antonio, y de Isabel. En cambio, su hermano José era miembro y vicepresidente del Comité progresista de Huelva en época de Isabel II, secretario  del Comité republicano en 1873 y su vicepresidente en 1891". http://historiavalverde.blogspot.com/2018/01/
(2a) "Nuestro Gran Centenario. Sr. D. Ramón Nocedal. Huelva, 13 de Junio de 1889. —Muy querido señor mío: En la parroquia de la Concepción de esta ciudad se ha celebrado un solemnísimo triduo para conmemorar el XIII Centenario de la Unidad Católica de España. El sermón ha estado a cargo, los tres días, del Padre Cadenas, de la Compañía de Jesús, conocido puede decirse en toda España como Apóstol incansable y que realmente es llevado del espíritu de la institución del grande Ignacio; dedicándolo todo a la mayor gloria de Dios, nada omite, nada perdona por instruir, por enseñar e inculcar las grandes verdades y los grandes y admirables principios de nuestra augusta Religión.
Bien quisiera yo poseer los conocimientos necesarios para poder transcribir los admirables conceptos, las profundísimas explicaciones que nos ha hecho, sin deslucir ni empañar su relevante mérito y el brillo esplendoroso de su insinuante palabra. Pero habré de renunciar a idea tan atrevida, concretándome solo a dar una idea.
Tres puntos ha desarrollado y explicado a maravilla dicho señor, en las tres noches, y cada uno a cual más interesante, manifestando así lo vasto de su saber, como el entusiasmo fervoroso de su corazón. El primero: Necesidad de que el Sumo Pontífice ejerza la autoridad real para poder gobernar y dirigir con independencia la grey que le está encomendada. El segundo: La Unidad Católica, su necesidad en España. Y el tercero: Necesidad del culto al Sagrado Corazón de Jesús.
Después de probar en la primera noche, contra los enemigos del Papado que se burlan y se mofan de su dolorosa situación, que el Romano Pontífice se halla realmente prisionero en el Vaticano por más que carezca de esposas y grilletes, hizo ver con valiosas razones de congruencia y de derecho la necesidad de que el Sumo Sacerdote sea Rey a la vez, porque estando en dominios ajenos y ejerciendo presión otro soberano sobre su autoridad, es imposible que pueda regir y gobernar a los fieles con la independencia, con la libertad que debe gozar todo gobernante. Recorrió a grandes y sublimes rasgos toda nuestra historia haciendo notar las páginas brillantísimas en que siempre se ha manifestado el respeto, el amor y la adhesión de España a tan veneranda y divina institución. Toques de luz admirable hizo resaltar en el grandioso cuadro que dibujó a nuestra vista cuando se refirió a los tiempos del gran monarca Felipe II y cuando nos describió la revolución de Roma adonde acudieron a  prestarle auxilio las naciones católicas, distinguiéndose Austria, Francia y España. Conmovido quedó el corazón de sus oyentes en esta noche, que después de hora y  media salimos animados de una sola idea, del respeto y amor al Romano Pontífice, rogando al cielo le sean devueltos sus Estados.
En la segunda noche, al tratar de la necesidad de la Unidad Católica, y penetrado también en el inmenso campo de la historia para probar la grandeza de España con la posesión de esa Unidad, nos manifestó paso  a paso, detalle por detalle, todas nuestras glorias, todas las epopeyas nacionales debidas a la unidad religiosa, a la Unidad Católica. Registró detenidamente todos los esfuerzos hechos en España contra las herejías, y las grandes victorias conseguidas siempre por los españoles a la sombra de la Religión. Hizo un estudio detenido del arrianismo, haciendo resaltar como perla brillante la gran figura de San Hermenegildo y su tío San Leandro, y de entonces hasta nuestros días recorrió como laboriosa abeja todas las flores preciosas del magnífico jardín de nuestra historia, haciéndonos percibir los delicados aromas y esa suavísima fragancia que embelesa nuestros sentidos, y que, penetrando al interior, producen en el alma los nobles sentimientos que inspira la Religión.
La noche tercera nos hizo conocer la necesidad del culto del Corazón divino de Jesús, exponiendo las vicisitudes por que ha pasado esta institución, saliendo siempre triunfante de sus enemigos, de sus perseguidores, que ya haciendo aparecer como idólatras a sus adictos, ya como hombres sin conocimiento y sin ilustración. Nos expuso los gloriosos resultados, los grandes provechos que la humanidad saca de este sagrado culto, y al manifestarse apenado por la tibieza que se observa en algunas poblaciones en los asuntos religiosos, exaltado su corazón, hacía un llamamiento hacia las provincias del Norte, haciendo notar el espíritu religioso que anima a sus habitantes, firmes, constantes guardadores de las ideas que de sus padres recibieron, acariciando siempre en su alma, de una manera intransigente, las bellísimas inspiraciones que recibieron desde la cuna, en cuyas provincias el culto del Sagrado Corazón de Jesús, su sola enunciación, conmueve a un mismo tiempo a veinte mil personas, que, animadas de una sola idea y de un mismo sentimiento, inclinan su frente hasta el polvo, haciendo subir tiernas plegarias al cielo para que desciendan a la tierra las bendiciones del Altísimo.
Gracias al Padre Cadenas.
¡Gloria al decimotercio Centenario de la Unidad Católica en España!
¡Gloria al segundo Centenario del culto al Sagrado Corazón de Jesús!
¡Gloria a la Religión católica, apostólica, romana!
¡Viva el Papa-Rey!
¡Viva la intransigencia!
Si Vd. considera que estas líneas no desdicen de su periódico, desearía las insertase en honra de los Centenarios y del virtuoso sacerdote de Loyola, y B.S.M.,
Domingo Domínguez Brioso. El Siglo Futuro 22 de junio de 1889. En la portada de este mismo número de El Siglo Futuro se elevan protestas de cuatro o cinco "iluminados" de Linares que se indignan porque en la Italia liberal se ha alzado un monumento al apóstata Giordano Bruno, lo cual —arguyen— es un horrendo atentado y un insulto a nuestro Santísimo Padre Leon XIII. A la protesta por el monumento  se unen dos zaragozanos excombatientes del regimiento de zuavos pontificios 25 años antes. Mas 15 catalanes y casi 50 vascos, cada cual con su nombre y apellido.
En El Siglo Futuro del 1 de agosto de 1876, en una lista de Limosna de los romeros a Su Santidad, aparece don Domingo Domínguez Brioso, de Huelva, por sí y sus hijos Carlos, Afonso y Margarita Blanca, con 20 reales. Y en el número del 23 de mayo de 1877, en otra colecta titulada Letanía de San José en la que la contribución se acompaña con una especie de jaculatoria u oración breve, el "iluminado" Domingo Dominguez Brioso aporta 10 reales y escribe: "Santísimo San José, Esposo de la Madre de Dios, que siempre habéis sido mi protector, y muy especialmente desde el 19 de Octubre de 1876, en que tuve la dicha de visitar vuestra santa casa de Loreto, rogad a vuestro Divino Hijo Jesús por el triunfo de la santa Iglesia católica, por nuestro amadísimo Padre e inmortal Pontífice Pío IX, por la conversión de los liberales, y por mis seis hijos y familia, con la misma prontitud que se otorgó mi petición de 19 de Marzo de 1877".
También firma su adhesión a un manifiesto de la prensa tradicionalista según aparece en La Fidelidad Castellana (Burgos) del 23 de octubre de 1888.
En este año de 1888 Ramón Nocedal fundó, con ideología de corte reaccionario, el Partido Católico Nacional, tras una escisión del partido carlista, "por considerar que el pretendiente Carlos de Borbón y Austria-Este sostenía una actitud conciliadora con el liberalismo. Su principal medio de difusión fue el diario El Siglo Futuro, desde el cual Ramón Nocedal acusó a Don Carlos de `traicionar las esencias del Carlismo`".
El manifiesto de la prensa tradicionalista, conocido como el "Manifiesto de Burgos", que firmó Dominguez Brioso como queda dicho, vio la luz el 31 de julio de 1888 y lo suscribían los periódicos expusados de la Comunión por Carlos VII, que eran El Tradicionalista (Pamplona) y otros nueve catalanes, varios castellanos y alguno valenciano, entre ellos El Siglo Futuro, y El Diario de Sevilla. Así nació el partido de Ramón Nocedal.
El Diario de Sevilla se publicó en esta ciudad entre 1882 y 1901, siendo considerado la versión local de El Siglo Futuro. Entre sus redactores estaban Francisco Mateos Gago, Luis Montoto y fray Diego de Valencina.
Fray Diego nació en Valencina del Alcor, hoy de la Concepción, en 1862, en la calle que en la actualidad lleva su nombre. Tomó los hábitos en 1881 en Valencia, pasó a Pamplona, y regresó a Andalucía donde fue Guardián de conventos de Sanlúcar y de Córdoba. Mentor de fray Leopoldo de Alpandeire. Popular por su oratoria, entre su obra literaria destacan varias recuperaciones de Fernán Caballero y un extenso estudio sobre saetas y campanilleros. A Cecilia Böhll de Faber la sacó del polvo del olvido, anotando con detalle varias de sus obras.
Miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, de la de San Fernando y de la de Madrid, cultivó la pintura y fue gran amigo del escultor imaginero Antonio Illanes.
Editó unas Poesías inéditas atribuidas al Maestro Fray Luis de León. Imprenta de la Divina Pastora. Sevilla, 1928, aunque fueron rechazadas "alegando buenas razones" por el jesuita José Llobera, experto muy autorizado, que publicó entre 1932 y 1933 en Cuenca en dos volúmenes las Obras poéticas de fray Luis de León.
Fray Diego de Valencina murió en Sevilla en 1950. "Brilló como predicador de fácil y ardiente palabra, y no habrá pueblo de la Archidiócesis de Sevilla y del Obispado de Córdoba y Badajoz que no haya escuchado a este auténtico y ferviente orador capuchino" dijeron en su necrológica del periódico ABC. Podemos imaginarlo en ese centro clandestino del carlismo recalcitrante que era la iglesia de Santiago de Castilleja de la Cuesta, atronando desde el púlpito a los estupidizados y groseros pueblerinos sus conceptos sobre la unidad católica de España, sobre el Papa-Rey, y sobre el corazón abierto de par en par del alucinado carpintero de Nazaret. Fue fray Diego director espiritual de la angelical y penitente Sor Asunción Galán de San Cayetano, religiosa agustina del convento de Fregenal de la Sierra (Badajoz).

 (3) Ramón Nocedal, casado el 9 de febrero de 1873 con María Mayo, natural de Madrid, de 20 años, hija de Manuel Mayo, natural de Manila, y de Luisa Albert, natural de Burdeos. Padrinos de la boda, Cándido el padre de Ramón, e Isabel Mayo de Martinez Baños. El abuelo de Ramón, padre de Candido, fue José María Nocedal y Capetillo, nacido en Torrenueva (Ciudad Real) aunque procedente de una familia vizcaína de Sopuerta (1a). José María era "adminstrador general de S.E. en esta corte" (Diario de avisos de Madrid del sábado 1 de enero de 1831).
"José María Nocedal Capetillo , fue miembro de la liberal emergente burguesía . Era un representante ejemplar de la clase que se benefició de la desamortización de Mendizabal, la compra de un número de fincas en la provincia de Ciudad Real y en Madrid, donde se convirtió en uno de los mayores propietarios urbanos de la mitad del siglo XIX. Un miembro importante del radical Partido Progresista, con el tiempo se volvió a su principal rival, el Partido Moderado. José sostenía financieramente a la Milicia Nacional de Madrid y fue uno de sus comandantes, a finales de la década de 1830, que dirigían el cuarto batallón. Fue elegido para el Senado en 1844 y 5 veces votado en la Cortes entre 1841 y 1857". (Wikipedia).
En el tomo VII de Memorias de la Sociedad Patriótica de La Habana, Imprenta del Gobierno, 1838 se nombra en las Junta general del 18 de diciembre de 1838, a un Santiago de Capetillo y Nocedal, del Consejo de S.M. e interventor y administrador de la Real Renta de Correos, propuesto y recomendado por la comisión redactora de Memorias.
(1a) Era hijo de Joseph Nocedal Pérez de Santiváñez y Antonia Capetillo Alcedo, ella nacida en Sopuerta el 7 de junio de 1702, hija de Antonio Capetillo Loyzaga (nacido hacia 1670) y de Jacinta Alzedo Cardon de Lapuente. Hermana de Antonio Capetillo Loyzaga fue Isabel, que se casó con Pedro San Juan de Santa Cruz.
La relación de los Nocedal con Pablo Capetillo Calvo está bien sustanciada: "Ha fallecido en Castilleja de la Cuesta (Sevilla), la señora doña Nicolasa del Campo y Arthuro de Capetillo, marquesa de Loreto, y tía política del Sr. D. Ramón Nocedal". La Correspondencia de España. 8 de abril de 1892. Tía política de Nocedal por parte de su marido el carlista Pablo Capetillo Calvo, por tanto.

lunes, 22 de junio de 2020

Historia de los apellidos, 21t.



En esta caricatura política de la época de la Revolución de 1848 —que produjo la proclamación de la II República francesa— un hombre con gorro frigio da un puntapié al padre de don Antonio de Orleans, Luis Felipe I (1773-1850), que abdicaría después. Su hijo Antonio, en este año de revoluciones europeas, y María Luisa Fernanda, huyeron a Inglaterra, de allí a Bélgica y luego a España. Como rival de la casa de Orleans y de sus seguidores en Francia, el presidente republicano y luego emperador Napoleón III se opuso a que don Antonio fuera entronizado en nuestro país. El abuelo del duque, padre de Luis Felipe, fue Felipe II de Orleans (1747-1793), partidario de la Revolución Francesa que, aun así, murió guillotinado durante el Reinado del Terror.


                                 Antoine de Latour con la hija del duque María de las Mercedes

Antoine de Latour (1808-1881), asiduo visitante de nuestra Villa, de los que para recuperarse del ajetreo capitalino venían de vacaciones a sus segundas residencias —en este caso el palacio de Montpensier tenía la ventaja sobre el de Sanlúcar y el de Villamanrique de su cercanía a Sevilla, más idóneo para una escapada improvisada o un refugio repentino, incluso paseando a pie—, fue escritor, poeta, historiador (1), hispanista e italianista. (Continúa en la siguiente entrada).

 (1) De la calidad de Antonio Latour como historiador da cuenta lo que pensaba —o dijo que pensaba— de la Guerra hispano-marroquí (1a), a la que calificó de Cruzada. Con la genial ocurrencia de "cruzada" se aseguró en cualquier caso las simpatías de los sectores españoles más retrógrados.
En Viaje de S.A.R. el Srmo. señor Duque de Montpensier a Túnez, Egipto, Turquía y Grecia. Cartas (1b) por M. Antonio de Latour, traducida del francés por don Pedro L. A. Dupouy. Sevilla, 1849. Imprenta de El Independiente, calle de la Muela (1c), n.º 36, que este traductor Dupouy dedica a S.A.R, la Serma. señora Infanta de España doña María Luisa Fernanda de Borbón, Duquesa de Montpensier. Dupouy compara la obra de Latour con Las Mil y Una Noches, y a él con Chateaubriand y Lamartine, pero habla en su prólogo de la "degradación musulmana". El 26 de junio de 1845 Latour escribe la primera carta desde Túnez. Salió de Argel el 20 en la goleta Gómer (1d), mandada por M. Goubin. El Bey tunecino, Ahmed-Bajá-Bey (1e), admirador del rey de Francia  cuyos retratos colgaban de sus palacios, les hizo un recibimiento fabuloso. "Al concluir los deberes de etiqueta, no pudo menos el antiguo alumno de la Universidad de Francia de entregarse al recuerdo de Scipion y de Annibal". El Bey confiere la Orden de Nichan-Iftigrar (1f) a varios del séquito de Orleans, entre ellos al secretario Latour, y dictó amnistía, a ruego de don Antonio, para los soldados presos por faltas contra la disciplina. Por fin, parten hacia Alejandría. La segunda carta es del 7 de julio de 1845 en esta ciudad egipcia, a la que llegaron el 30 de junio a las 7 de la mañana, en la referida goleta. El virrey de Egipto es Mehemet-Ali (1g), que recibe a los franceses con no menor fastuosidad que el Bey. Se habló del "corte del Nilo", y el ingeniero M. Mougel, presente, pidió tres años para hacerlo, a lo que el Bajá le respondió: "tomad más hombres y más dinero, y hacedlo en dos". Mehemet-Alí les cuenta sus proezas en la guerra contra los Wahabites. Habitaba el Bajá en el palacio alejandrino de Rass-et-Tin (Cabo de las Higueras). Sus bandas de música tocaban La Marsellesa o La Parisienne a los invitados. La siguiente carta es fechada en El Cairo el 15 de julio de 1845. Habían salido de Alejandría el lunes 7, y viajaron, primero en un dahabieh, y luego en el vapor del Virrey, desde donde contemplaron las pirámides. En El Cairo Montpensier visitó, entre muchas otras, la mezquita de El-Azahar, entre el entusiasmo popular que tuvo que controlar la policía. De El Cairo a Suez fueron por el desierto. En esta última población encontraron anclado en el mar Rojo al buque de vapor de 200 caballos Archímedes, que esperaba a su comandante, a la sazón en París para dar cuenta de su comisión en Indochina. Montpensier, en dromedario, inspeccionó el proyecto del Canal. Cada vez que desembarcan para ver monumentos o pueblos se encuentran con caballos ensillados, asnos enalbardados y sirvientes y guías que las autoridades iban disponiendo a lo largo del itinerario. De vuelta a El Cairo, el 13 de julio celebraron oficio fúnebre en conmemoración de la muerte en accidente de carruaje del hermano mayor del duque, Fernando Felipe de Orleans (1810-1842). El 14 por la mañana partieron hacia el Alto Egipcio. La carta siguiente está escrita en Menfis el 29 de julio de 1845. Mientras cenan sobre cubierta en el vapor cuatro músicos con el kanun (clavicordio), pandereta y otros instrumentos de cuerda les interpretan "Duss´ia leili" (Mi bella noche), canción popular egipcia "la misma que todo París repite ha más de un año, y que se debe a Feliciano David (1h)". En la población de Esné, desterradas de El Cairo, encuentran a las almeas (1i)  que, fantasmales y vestidas de blanco cruzan furtivas por las esquinas. Muchas de ellas eran hombres vestidos de mujer, que cantaban y bailaban en las ferias acompañándose de castañetas de cobre. En Philoé leen en una losa de granito: "El 13 messidor del año VI de la república, un ejército francés mandado por Bonaparte ha bajado a Alejandría. Veinte días después, habiendo el ejército puesto a los mamelucos en fuga en las Pirámides, Dessaix, comandante de la primera división, los persiguió hasta pasar las cataratas, donde llegó el 13 ventoso del año VII. Los generales de brigada Davoust, Friand y Belliard; Donzelot, jefe del estado mayor; Latournerie, comandante de artillería; Eppler, jefe del 21 de ligeros. El 13 ventoso, año VII de la respública: 3 de marzo, año de J.C. 1799". Y debajo de ella, grabada por Champollion: "Esta página de la Historia no debe mancharse". En la zona de las cataratas los remeros van cantando: uno "nadie hay tan hermosa como mi amada", y los demás contestan "dile que venga". El 21 de julio están en el templo de Edfú, Luxor, Karnac, De regreso a El Cairo visitan las pirámides. Ya en la ciudad, un anciano piemontés antiguo combatiente en la batalla de Heliópolis les sitúa sobre la división de Regnier: "allí estaban los cañones, de este lado estaba Kleber". El 1 de agosto vuelven a Alejandría por el Nilo en el mismo barco que les había llevado a las cataratas, no sin antes recordar los sitios en que estuvo el rey san Luis (1j). De nuevo en el Gómer, pasan a Constantinopla. En el Kiosko de San Esteban de esta ciudad escribe Latour su siguiente carta, el 18 de agosto de 1845. Antes tocaron tierra en la isla de Rodas, vieron la Cos de Hipócrates y la Samos de Pitágoras, la Chio de Homero, la Lesbos de Safo. El día 16 a las tres de la mañana anclan en el  puerto de Constantinopla. Los recibe Fuad-Effendi en nombre del Sultán. Fuad vino a España a felicitar a Isabel II de parte de la corte otomana, y a su regreso permaneció en Sevilla algunos días visitando sus monumentos (1k). Su padre, poeta crítico con la guerra de los otomanos contra Rusia, fue desterrado y murió ahogado. Le dedicó  a su hijo Fuad los siguientes versos: "Imita al maravilloso pájaro, que, siempre en las alturas del cielo, tiene a mengua poseer un nido sobre la tierra; sosténte en tus alas más alto que el vulgo, y así como los reyes hacen de la pluma del humá un signo distintivo de su grandeza, tú serás también el ornamento de la corona". El sábado 23 los recibió el Sultán (1l). Otro día Montpensier asistió a un baile de derviches, bailó el rigodón (1m) con baronesas e hijas de ricos mercaderes. El Gómer se asomó al mar Negro. Abogó Orleans por la causa de los cristianos en Siria. La siguiente carta es del 15 de septiembre de 1845 en Atenas. Allí son hospedados por el rey Othon (1n), y el resto del mes lo dedican a visitar las provincias griegas. Tras pasar por la isla de Malta, el 1 de octubre entraba el Gómer en Tolón.
(1a) Se le podría admitir a Latour su ocurrencia de Cruzada siempre y cuando consideremos el concepto en forma realista, como el intento que fue de eludir los impuestos y gravámenes que los musulmanes de la zona del Nilo exigían a los cristianos occidentales que importaban especias por tierra desde el Extremo Oriente. Las maniobras militares no dieron resultado, y hubo que esperar a tiempos de Cristóbal Colón para soslayar la vía terrestre de importación de los apreciados condimentos culinarios. En el caso hispano-marroquí hubo intereses mineros y de otras clases, además del político que apunto a continuación: reinando Isabel II, desde 1840 los rifeños reivindicaba su tierra mediante ataques a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla y acoso a tropas destacadas en el interior del país. El último hecho defensivo de los colonizados, en agosto de 1859 hizo que el presidente del Gobierno Leopoldo O´Donnnell invadiese el sultanato marroquí —se dice que la guerra fue un invento generador de clima patriótico para acabar con las intrigas cortesanas catolico-papistas—. Un sevillano participante en esta guerra como mariscal de campo fue Carlos María de la Torre Navacerrada, nacido en 1809. En la infantería de la Guardia Real como capitán combatió contra la insurrección carlista en 1835 y. al mando de los Voluntarios de Navarra, fue herido gravemente en Mendigorria (ver abajo, apartado 1e). Tomaría parte en La Gloriosa y en 1869 fue nombrado capitán general de Filipinas. "En septiembre de 1869 preside la jura de la Constitución en el palacio de Santa Potenciana de Manila; la apertura de libertades es festejada por una minoría de filipinos ilustrados y liberales españoles, aunque no por la mayoría del pueblo, poco acostumbrado a eventos políticos de estas características. En el programa de festejos y como acto simbólico de la caída de la Monarquía, De la Torre ordena la demolición de la estatua de Isabel II; tras negarse los empleados municipales a cumplir dicha orden, la Junta municipal, como propietaria, reclama el busto que finalmente queda depositado en el ayuntamiento. Puede que este acto de insubordinación, conocido por el Gobierno de Madrid, llevara a éste a emitir un decreto por el cual quedaban cesados todos los funcionarios de la Administración filipina. Aunque en sus Memorias De la Torre considera que ésta fue una medida impopular para su mandato, la puso, sin embargo, en vigor a pesar de las protestas de los funcionarios cesantes que se vieron suplantados por peninsulares". (Real Academia de la Historia).


                                                                  Carlos María de la Torre

(1b) "Unas veces escritas en alta mar y sobre la cubierta de un vapor, a lápiz y con el cuaderno sobre sus rodillas, otras en las orillas de las cisternas del Cartago, otras a la sombra de las ruinas de Tébas, otras bajo el puente de Eurótas o en la tribuna de Atenas, echaba los sobres con los manuscritos en los buzones que milagrosamente aparecían en el itinerario", dice Latour.
(1c) Donde vivió de joven el luego jesuita Coloma, amigo de Fernán Caballero. La madre de él, por cierto, también lo era de ella y vino de Jerez a Sevilla alguna vez a verla. Por abril de 1872 llegó a la capital de Andalucía un hombre de confianza de Isabel II para entregar de manera secreta unos documentos importantes —sobre asuntos de La Restauración— al duque de Montpensier, y recaló en la casa de Cecilia en la calle Juan de Burgos. Por estar el duque de viaje y por la urgencia de una llamada de la esposa de este hombre desde París, dejó la documentación a Cecilia con el encargo de que la llevara a San Telmo. La anciana cayó enferma al siguiente día, y discurrió encargar al joven Luis Coloma la entrega, previniéndole de que no la llevara al duque hasta la noche siguiente y dándole una carta para que lo atendiesen conserjes y criados del palacio. A las 9 de la dicha noche —de un sábado— Luis tomó un coche y entregó la carta en mano al duque, el cual tras atenderlo lo despidió con amabilidad y entre bromas, refiriéndose a la fama de avaricioso que tenía, diciéndole: "—Y vea usted lo que son las cosas!... Mi padre nunca me decía —Ah Montpensier— sino —Ah Mon de-pensier!" [Mon, "mío". Dépensier, siècle XV. Cour. Qui aime dépenser, qui dépense excessivement. Dissipateur, gouffre, prodigue. Antonyme,  avare, économe. Petit Robert 1. Dictionnaire de la langue française].
Al domingo siguiente por la mañana entregaron a Luis una misiva de Cecilia, que guardó en su bolsillo, y después de oir misa, regresó a su hostal:  "Vivía yo a la sazón en una casa de huéspedes situada en la calle de Odonnell [antes calle de la Muela], número 24, como era entonces costumbre de todos los estudiantes, y sorprendióme mucho encontrar a mi vuelta el zanguán ocupado por la Policía, con grande aparato de fuerza. Causóme asombro aquel alboroto, porque era la casa muy pacífica y de las más acreditadas de Sevilla: mas ni por un momento pude imaginarme que fuese causa de todo aquello mi humilde persona. Abríme calle entre los polizontes y al llegar a mi cuarto, que estaba en la planta baja, cerróme el paso un Comisario, con larga levita, alta chistera y bastón con borlas en la mano. Preguntóme si yo era yo; díjele que sí y repúsome entonces que tenía orden del señor Gobernador [Antonio Machado Núñez, abuelo de los poetas Antonio y Manuel. Ver nota abajo 1e] de registrar mis habitaciones e incautarse de mis papeles.
Creció entonces mi asombro sin mezcla de inquietud alguna, porque harto sabía yo que nada compremetedor habían de encontrarme. Pero acordéme en aquel instante de la cartita de Fernán que tenía en el bolsillo, y como ignoraba si después de registrar mi habitación, registrarían también mi persona, temí comprometer a la buena anciana si encontraba el polizonte aquella carta y descubría en ella miasmas conspiradores. Disimulé, sin embargo, replicando al Comisario, muy indignado, que aquella orden del Gobernador no podía cumplirse ni consentiría yo jamás en que se cumpliese, mientras no me presentase antes otra orden del Juez autorizando el registro. Tenía yo en la punta de las uñas la flamante Constitución del 69, y sabía muy bien que esto era lo en ella dispuesto.
Sonrióse el Comisario al oirme, y presentóme en el acto un papel hecho cuatro dobleces: era, en efecto, una orden del Juez autorizando al Gobernador o a su delegado para penetrar en mi domicilio y registrar mis papeles. No tuve, por lo tanto, más remedio que conformarme; pero exigí entonces la presencia de dos testigos por mi parte, y fuéronlo, en efecto, un íntimo amigo  mío que acertó a llegar en aquel momento buscándome, y un coronel de caballería, persona muy respetable que vivía en la casa.
Entregué, pues, las llaves al Comisario y abrí yo mismo la puerta de mi aposento, pensando siempre en el modo de deshacerme de aquella carta que tenía en el bolsillo, entregándola con disimulo a cualquiera de mis testigos, pues esta sola había sido mi idea al exigir su presencia. No me fue posible, sin embargo, porque el Comisario había hecho entrar a otros dos polizontes, que puestos a un lado y otro de la  puerta, no nos perdían de vista.
Tenía mi cuarto una gran ventana que daba a la calle Odonnell, cubierta por una media persiana y un gran cortinón que llegaba hasta el suelo, y a ella llamaban a cada instante mis amigos, que tomaban mi casa como punto de reunión por ser tan céntrica y bien situada. Había yo abierto los cristales de esta ventana al entrar y dejado entreabierta la persiana y corrida la cortina.
Media hora hacía ya que duraba el registro, cuando llamaron fuertemente a la ventana: era el Conde de San Bernardo, Manolo Mariátegui*, como nosotros le llamábamos, joven de mi edad entonces, que veía a preguntarme si iba yo aquella tarde a los toros. Contestéle que sí desde dentro; y acudiendo prontamente a la ventana y recatándome tras la cortina, saqué con gran viveza la carta de Fernán del bolsillo y se la entregué por la reja, indicándole con un expresivo gesto que la ocultase o rompiese. Comprendió Manolo al vuelo mi gesto, y para mayor disimulo, díjome en voz alta que me esperaría en su casa para ir a los toros, y que contase con un asiento en el ´cajón´ que tenían ya tomado varios amigos... Quién nos había de decir entonces que treinta y cuatro años después había yo de ayudar a bien morir a aquel arrogante joven, a los dos días de ser nombrado Ministro de la Corona en el Gabinete de Villaverde! ...
Libre ya de esta inquietud, seguí presenciando el registro, que duró cerca de dos horas. Muebles, ropas, armarios, maletas, todo fue abierto y registrado con escrupulosidad nimia; leídas las cartas de la cruz a la fecha y recorridos los papeles hasta comprender bien de lo que trataban. Hizo el Comisario un paquete con algunos de éstos y muchas de aquéllas, y declaróme al cabo que era preciso llevar aquello al señor Gobernador para que él mismo lo examinase. Pedíle recibo de todo aquello y noté entonces que iban entre los papeles que se llevaba, las actas de la Asociación de Católicos, de que era yo secretario. Ocurrióme al punto la idea de agarrarme a esto y armar sobre ello gran alboroto, a fin de llevar la opinión por este cauce inofensivo y apartarla de la pista verdadera en que pudiese quedar comprometida Cecilia: porque evitar tamaño disgusto a la buena anciana, era mi sola preocupación y el único objeto de mis afanes.
Fuíme, pues, a ver al Arzobispo [el cántabro Luis de la Lastra y Cuesta, fallecido en Sevilla cuatro años después], al Presidente de la Asociación de Católicos, que lo era el anciano y respetabilísimo  señor D. Joaquín de Goyeneta [que había sido alcalde de Sevilla elegido por José Bonaparte], al Vicepresidente D. Diego Benjumea [Pérez de Seoane, nacido en Sevilla en 1834, abogado y ganadero, casado con Mercedes Burin] y a otra porción de personas influyentes, y tales trazas me dí achacando ante ellas el registro al deseo de apoderarse de las Actas, y tal alboroto armé publicando una carta en La Legitimidad de Sevilla [periódico alfonsino], narrando y ridiculizando el caso, que el Gobernador se apresuró a devolverme mis papeles y a enviarme sus excusas, y nadie sospechó, ni aun mis más íntimos amigos, ni la verdad del caso, ni la parte que en él había tomado Cecilia.
Cuando le referí todo a ésta, lloraba y reía la buena anciana al mismo tiempo, como una abuela que oyese contar la ingeniosa travesura de un nieto, para salir de un apuro en que ella misma le hubiese puesto". Luis Coloma. Recuerdos de Fernán Caballero.

La carta, publicada en La Legitimidad, fue copiada en periódicos de todo el país, entre ellos el madrileño El Tiempo, y decía así:
"Sr. Director de La Legitimidad:
Mi estimado amigo: aquel profundo consejo de los filósofos antiguos —nosce te ipsum— que he procurado siempre seguir, ya no me es  posible observarlo. Ya no me conozco: ya no soy aquel inofensivo Luis Coloma, aquel estudiante de Derecho que el año pasado entró en quintas, y que si alguna vez hizo traición a la severa Temis, fue seducido por estas coquetas hijas de Mnemosine que —¡ingratas!— no le han dado ni una entrada de cazuela para sentarse en el Parnaso.
Ahora soy un conspirador peligroso: un Orsini [Felice Orsini, que atentó contra Napoleón III y Eugenia de Montijo con explosivos de su invención, muriendo en la guillotina en 1858] que prepara sus terribles bombas en el misterio de su cuarto de estudiante; un caballero de Casa-Roja [conspirador de ficción en una novela de Alejandro Dumas] que urde las conspiraciones más atrevidas, que hasta ahora han derrocado ministerios y hundido tronos. Dicen que el solapado Thiers [historiador, ministro del rey Luis Felipe y represor de la Comuna de París en 1871] me imita, y el astuto Bismark [el "Canciller de Hierro" que dirigió la guerra contra Francia, origen de la Comuna] rabia de envidia.
Crea V., señor, que tan radical ha sido mi transformación, que hasta más feo me encuentro. Júpiter me ha prestado su entrecejo, Agamenón sus miradas, el misterio sus sombras y un federal desengañado me ha vendido su larga y poblada barba.
Y no vaya V. a creer que debo esta metamórfosis a la vara de Merlín: la ha operado el Gobierno (porque sepa V. que yo me trato nada menos que con el Gobierno) con solo fijar en mí sus ojos de lince, a través de esos lentes de miedo que tan prodigiosamente aumentan los objetos. 
Así es que al crecer en importancia, he merecido una visita de la policía, que de contarle a V., por si alguna vez piensa escribir un sainete y le falta el argumento.
No encontré en esta señora, como yo pensaba, un Argos severo pero justo: ni tampoco, como me habían dicho, ese monstruo irritante nacido en el cieno de las revoluciones, de la combinación del despotismo y la anarquía. Solo ví una de esas comadres que van y vienen, traen y llevan, y juzgando siempre por su mala conciencia, en cada dedo se les antoja un huésped, y en cada mata ven un ladrón.
Presentóse, pues, esta señora en mi cada bajo la forma de un Comisario que sin duda por ser domingo o por venir de oficio, traía guantes negros y sombrero de copa alta: seguíanle tres representantes del `orden público`, y como cuarto pie de este banco, que si bien no servía a la policía de asiento, le servía de respaldo, un individuo problemático que a juzgar por una aterradora tranca en que se apoyaba, con el mismo aire de seguridad con que yo lo hubiera hecho en mis derechos individuales, pensé —Dios me lo perdone!— que era un representante de la partida de la porra.
La policía no se quitó el sombrero, sin duda porque venía resfriada, y suponiendo que al fin de la visita yo le ofrecería la casa, entró en la mía como Pedro por la suya. Entonces comprendí, señor director, que esa igualdad de que la situación blasona no es una farsa: querrá V. creer que con la misma escrupulosidad fueron registrados mis baúles que mis guantes, mis papeles que mis pacíficos calcetines que en vano aseguraban no haber tenido jamás preñez conspiradora?...
Qué escena tan terrible aquella, amigo mío! Allí eran de oír los lamentos y protestas de mis libros cuyas entrañas se registraron: el `Derecho Patrio`se tapaba el rostro avergonzado; la `Constitución` del 69 se escondió bajo la mesa como quien dice: `No` estoy en casa, y el `Criterio`de Balmes preguntaba a gritos por el `Sentido común`.
Esto por un lado: por otro, mis apuntes se declaraban en huelga, y cada cual tomaba un camino: más lejos, unos venerables zapatos que jubilé días antes, eran sacados a la pública vergüenza, y —pásmese usted, señor director!— estaban vacíos. En fin, señor, hasta el sagrado de mi mesilla de noche fue profanado, y reconocido su inquilino por una inquisitorial mirada digna de la penetración de Radamanto, o de la justicia de Minos.
De repente el inspector de policía descubre en un oculto rincón unos papeles cuidadosamente doblados; se apodera de ellos y porque no sabe griego no exclama como Arquímedes: —Eureka!— En la gravedad de su misión, sólo se permite decir: —Ya caíste, tres motas!— Examina aquellas pruebas palpables de mi delito, y encuentra en ellas las actas de la Asociación de Católicos de que soy secretario, y una porción de cartas de mi anciana abuela, que siempre he guardado con el respeto con que se guarda una reliquia, con el cariñoso agradecimiento que inspiran los consejos de una madre, con aquella dulce tristeza que infunde el recuerdo de una voz querida, con aquella melancolía con que se piensa en el tiempo que se ha ido y ya no vuelve; —ojalá y volviese!— el tiempo en que era niño!...
Una de las cartas que a pesar de que la escribió un corazón para que otro corazón la leyese, pareció sospechosa al Comisario, fue llevada en unión de alguno que otro papel insignificante en que olió miasmas conspiradores y de las Actas de la Sociedad de Católicos, a manos del señor Gobernador.
Cuánto me alegro de que estas últimas hayan llegado a su poder! Porque así habrá sabido, sin duda con entusiasmo, que esa Asociación de Católicos que no teme las burlas del vicio impío ni del indiferentismo cobarde, va fundando por todas partes escuelas en que el pueblo recibe una educación cristiana. Así vería con gusto, que a ella pertenece la mayor parte de la juventud sevillana; pero no de esa juventud gastada, cínica, destruida, que no cree, ni ama, ni espera, sino de esa otra juventud tan simpática, tan hermosa, que une los impulsos más blandos del corazón con los ecos de la más dulce alegría, cual es la que empieza, y que en en esta época traicionera se arma, como un ángel con una espada, con el razonado juicio de la edad madura: juventud que cree en Dios, ama a su patria y espera en el porvenir que le abrirá su camino: juventud que dobla la rodilla ante un confesor porque es humilde como cristiana, y no inclina la cabeza ante una voluntad despótica que se le impone, porque nació en España y tiene el corazón en el pecho!...
Pero no le parece a V., señor director, que se va la pluma y es esto algo más que el argumento de un sainete?...
Pero, qué quiere V? A los veinte años hierve tanto la sangre!
B.S.M. Luis Coloma.
P.D. —Caí por fin del pedestal en que sin solicitarlo me han colocado: devuelvo a Júpiter su entrecejo, a Agamenón sus miradas, al misterio sus sombras, y las barbas que compré he de venderlas para pestañas de santos.
Ya soy otra vez ciudadano pacífico! El señor Gobernador me ha devuelto mis inocentes papeles y me envía sus excusas.
En prueba de agradecimiento quiero contarle este cuentecillo que trae el Padre Isla en el prólogo de Fray Gerundio.
Fue a quejarse al alcalde una mujer, de que su marido le había vareado muy bien las costillas, lo más importunamente del mundo. Declaro, dijo el alcalde, que los palos fueron nulos, y se le apercibe al marido que otra vez los dé con motivo, tiempo y en sazón.

Sevilla 6 de Mayo de 1872.

Manuel Mariátegui. Su hijo anunció a los senadores la muerte de su padre en el siguiente documento.



Nombra Coloma en sus Recuerdos a Antonio Burin "el artillero que cuidaba su salud en Cazalla" y a su hermana Mercedes, la de Benjumea, sobrinos de Cecilia, "que tomaban baños en Sanlúcar", y a los tíos de ellos Manuel Castro y Pancha Castro.


                                                         La fragata (llamada corbeta a veces) Gómer.

(1d) La fragata de 450 caballos Gómer sirvió en el Caribe en 1843, y luego en la flota del Mediterráneo que mandaba el contraalmirante Romain-Desfossei. El 13 y 14 de septiembre de 1853 junto a otros barcos durante la Guerra de Crimea estaba a la vista de Constantinopla, a bordo el contraalmirante Lebarbier de Tinau, con 16 cañones. Actuó en el Archipiélago persiguiendo a los piratas (Historia contemporánea del Imperio Otomano. Francisco de Paula Vidal. Madrid, 1854). La Gómer, cuando llevaba a don Antonio y a su séquito, disponía de su propia compañía cómica, que hacía el telón del teatrillo de una vela vieja, los grumetes se peinaban y empolvaban como coquetas marquesas, poseían orquesta y disfrutaban de selectos refrescos venidos de París. En una ocasión ejecutaron La Taberna de Lustucru, "Comédie-vaudeville en un acte, représentée pour la première fois, à Paris, sur le Théâtre nationale du Vaudeville, le 24 février 1838". Sus autores, Étienne Arago (1802-1892) y Ernest Jaime (1804-1884). http://www.xn--thtre-documentation-cvb0m.com/content/le-cabaret-de-lustucru-ernest-jaime-%C3%A9tienne-arago


                                                            El bey de Túnez

(1e) Escribió un Compendio histórico y biografía de Ahmed-Bajá-bey el malagueño Serafín Estébanez Calderón (1799-1867), poeta, historiador, flamencólogo y arabista, autor de Escenas Andaluzas, amigo de Pascual de Gayangos. Estébanez participó en la Primera Guerra Carlista donde obtuvo la Cruz de San Fernando y la Especial de Mendigorria, a cuya batalla acaecida en 1835 dedicó el poema La Golondrina, versos que retratan la desolada campaña entre un ejército regular y la guerrilla en las barrancas navarras:

Ven, parlera golondrina,
Batiendo tu baya pluma, 
Y, posándote en mi reja,
Al sol naciente saluda.
Ven, ven, que el triste ser mío,
Como solícito escucha,
Nuevas en tu canto inquiere
De las vegas andaluzas;
De las vegas donde ahora,
En su solio de verdura,
Frangante la Primavera
Su cetro florido empuña.
Suelta el pico alborozada,
Tu loca voz desanuda,
Ya ruede en luengos gorjeos,
O alzada hasta el cielo suba;
Que a tus gárrulas carreras,
Bien cual a agua que murmura
En el lecho mis sentidos
Voluptuosos se arrullan:
Mis blandos párpados caen
Vencidos de tal dulzura,
Y en regiones encantadas
Revuela mi mente ilusa.
¡Ah! ¡En qué magicos celajes
En blandos sueños dibuja
La dulce imagen del suelo
Do vi mi infancia en ventura!
Celajes de azul y oro,
Que engañosos, ¡ay!, me adulan;
Mas al tocarlos se rompen
Y en la nada se sepultan:
Mas canta, canta, avecilla,
Que, en mi triste desventura,
Aun los vanos desvaríos
Mi amargo pesar endulzan.
Repite los propios ecos
Que te oí cantar adusta,
Cuando el techo visitabas
Que meció mi pobre cuna.
Donde solícita el nido
Colgabas, dándote ayuda
Con su paja los sembrados,
Con búcaro la laguna...
¿Mi pobre heredad, mi huerto
(Responde, sí, a mis preguntas)
Salvos del ábrego helado,
Crecen en pompa y frescura?
¿O ajena mano, allanando
La cerca en ávida astucia,
Mis pobos, sauces y almendros
Encierra en la heredad tuya?
¿Vive el moral do trepaba
Al frente de pueril turba,
Teñido el rostro y jugando
En lid de donosas burlas?
¿Va murmurando el arroyo
Entre espadañas y juncias,
Do su inspiración primera
Bebió arrobada mi musa?
¿En el monte la capilla
Alza su rústica cúpula,
Y en la tarde la campana
Tañe y las horas regula?
¿Por las noches el amante,
Al levantarse la luna,
En el pórtico sombrío,
Cual yo vagaba, no cruza?
¿O bien postrado a la reja,
El blando laúd no pulsa,
Encareciendo en suspiros,
Y en dulce voz sus angustias?
¿Alza como yo los ojos
Por la esfera tersa y pura,
Contemplando a Canopea
Girar lejana a las Ursas?
¿Y en el mar de tantos astros,
Ansiosa cual yo,no busca
Quién la adversa estrella sea
Que presida a su fortuna?
Mas a tí, loca avecilla,
¿Qué necio ardor te estimula,
Y a los páramos te trae
Que Cantabria al cielo encumbra?
Dejas allá verde el campo,
Y, entre rosales y murtas,
Los aromos y claveles
Mecer sus corolas rubias;
Al Betis y al Genil claro
Saltando entre blanca espuma,
O ensortijando jardines
En mil frondosas clausuras.
Dejas un sol con los rayos
Que más blandamente alumbra,
Y las vegas deliciosas
Como el Edén nunca mustias.
¿Y por qué truecas, ¡ay necia!,
Tantas dichas y hermosuras,
Peregrinando sin tino
Por los aires vagabunda?
¿Por qué, infeliz, di? Contempla,
Contempla aquí alzarse incultas
En cien montes las comarcas
Que el invierno eterno anubla.
Por allá el ancho Gorbea
Alza de nieve sus puntas,
Y allá sus crestas Andía
Entre las nubes oculta.
Allí Aralar a Tolosa
Con negras selvas escuda,
Y allí la Amescoa amenaza
Con sus frescas sepulturas.
A tantos montes y breñas,
Negras montañas se anudan,
Cual recintos de altos muros
Que el ancho reino aseguran.
Allá el Pirene y Moncayo
Corren y helados se juntan,
O por Idúbeda y Oca
A Guadarrama y Asturias.
No aquí las lejanas cimas
Cuando el sol muere o despunta
Cíñense rojos turbantes
O en oro y nácar se inundan.
Ni como el alto Neveda,
Con magica arquitectura,
Pirámides y castillos
Finge en vapores de púrpua.
Aquí en la sierra, espantosas
Alzadas polares brumas,
Cual para asaltar los cielos
Otras montañas figuran.
O bien moviéndose, torvas
Su faz horrible desnudan
En espantosos gigantes
Que los anchos aires surcan.
No aquí el céfiro en las flores
El llanto del alba enjuga,
Y en su cáliz leve alfójar
Ciernen saltando las lluvias,
Que en estruendosa violencia
Bajan en granizo, y turbias,
Rompiendo puentes, y al monte
Sorbiéndose furibundas,
Por iris cárdenas luces
Del relámpago relumbran,
Y por arrullos, el trueno
Muge en el valle y retumba.
La nieve allana los montes
Con las quebradas profundas,
Y de allí en rabioso grito
El huracán se derrumba.
Aquí al reclamo en el bosque
Lobos feroces aullan,
Y, por palomas, azores
Revuelan en la espesura.
Aquí por flores y rosas
Da hierro la tierra cruda,
Y por frutos sazonados,
Lanzas, cotas y armaduras.
Mas ¿por qué, compadecido,
Lamentar la suerte tuya
Cuando de aquí a breve plazo
Allá irás feliz cual nunca?
¡Cuando al deshojar otoño
La floresta taciturna,
A las Hespérides bellas
Volarás fausta y segura!
Antes mojarás tus alas
Del Ebro en las altas urnas,
Para ver la noble Burgos
Que a la fiel Castilla ilustra.
Verás allí los solares
Del Cid venerable alcurnia,
Y el cincel y los primores
De las góticas agujas.
O bien, sesgando allá el vuelo,
Verás los huertos del Turia,
Y el verjel adonde ostenta
Sus siete coronas Murcia.
La Alhambra y Jeneralife,
Su almimbar y medias lunas,
Y el laurel embovedado
De los palacios de Muza.
La banda fértil que en verde
Esmeralda el mar circunda,
Desde la mora Almería
A las hercúleas columnas.
Banda feliz que dejaste
En flóridas vestiduras
Y que a tu vuelta en mil frutos
Rica hallarás y fecunda.
Verás del frondoso huerto,
Que mil festones columpia,
Contra el verde, en cien colores,
Pender en sazón la fruta.
Verás la frondosa oliva,
Y en su cáliz rubicunda
Destilar miel la granada,
Las vides brindar sus uvas,
Pérsicas uvas que al iris
Sus ricos matices hurtan,
Y que en racimos de ámbar
Rubís y perlas agrupan.
Con las toronjas de oro,
Los cidros lucir su albura,
Y las palmeras y el dátil
Que al moro el Atlas tributa.
Con los plátanos, la caña
De Oriente manando azúcar,
Que en mi natal paraíso
El sol nada nos rehúsa.
Allí hallarás, por contiendas,
Danzas, amor y ternuras,
Los requiebros por rencores,
Por lides, blandas repulsas.
Mientras aquí, ¡duelo impío!,
Quedaré en la acerba lucha
Que españoles y españoles
Con fuego y sangre disputan.
Donde al grito del soldado
Responde el buitre en la altura
Con sesgo vuelo, y, graznando,
Su horrendo banquete augura.
Donde en civiles rencores
Se pierde en funesta pugna
Natal valor que enfrenara
Las extranjeras injurias,
Que unciera de nuevo el orbe
A la española coyunda,
Si una ley, si un solo intento
Blanco ofreciera a su furia.
Valor, valor heredado
Desde las Navas a Otumba,
Y que en luz de gloria abraza
Hasta Bailén desde Munda....
De tal lid, ¡ay, golondrina!,
Más azorada en tu fuga
Huirás, huirás a tu asilo,
En las playas de Yugurta.
Mientras yo, acaso, entre breñas,
Por Ulzama o la Borunda,
Hallaré, sin prez ni gloria,
Triste y olvidada tumba.

A su experiencia bélica en el norte peninsular también dedica Estébanez el siguiente soneto:

Yo vi en las crestas de Aralar y Andía
Y en los oscuros valles de Navarra,
En lucha fabulosa por bizarra,
Despedazarse España en rabia impía.
Mas la hispana altivez en mí crecía,
Viendo en la fratricida cimitarra
Fianza de que nunca extraña garra
Presumiera apresar la Patria mía.
Juntos hendiendo el aire ambos pendones,
¿Quién ya osara encender la hispana saña?
¿Quién desunir castillos y leones?
La sangre nuestra entinta la campaña;
Mas también escribió en nuestros blasones:
¡Eterna independencia, viva España!

Serafín dedicó otros sonetos a Isabel II y a la reina su madre. Fue jefe político de Sevilla en 1838, donde un año antes había organizado su Biblioteca Provincial. Biografió al cantaor Antonio Ortega Heredia, el Fillo, (1806-1854), gran patriarca del cante gitano andaluz que solía ir mucho a Morón de la Frontera —ver la entrada anterior—, donde conoció al sevillano Silverio Franconetti (1831-1889), cantante payo criado en Morón, de padre romano, al cual animó a interpretar, llegando éste a cantar ante Isabel II. El Fillo, hijo de Francisco Ortega y Josefa Heredia, se casó el 19 de junio de 1829 con la sevillana María de los Santos Vargas, hija de Ramón Vargas y Josefa Filigrana, y murió en Sevilla, de tisis. Su hijo Francisco Ortega Vargas (1831-1878), casado con la rondeña María Amaya (La Andonda), murió en Triana. Para su descendencia hasta nuestros días ver http://calycante.blogspot.com/ El investigador y crítico de flamenco Manuel Bohórquez ha descubierto que el tatarabuelo paterno de Manolo Caracol era primo hermano del Fillo. Un flamencólogo de la época dedicado a estos autores, Antonio Machado Álvarez, Demófilo, (1848-1893) padre del poeta Antonio Machado, está relacionado por parentesco con la familia Machado de la Rosa de Castilleja de la Cuesta. Su descendiente Manuel Carmona Rodríguez me proporcionó el dato (ver Padrón 1x. Diciembre de 2015 y en la nota 1c de arriba, Recuerdos de Luis Coloma).
Sobrino de Serafín Estébanez Calderón fue el también malagueño Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897), político, historiador y principal valedor de Alfonso XII, asesinado por el anarquista italiano Michele Angiolillo (1871-1897) como venganza por la represión ejercida sobre los detenidos por el Atentado de la Procesión del Corpus el 7 de junio de 1896 en Barcelona, cuyo principal acusado fue otro italiano, Tomás Ascheri Fossatti (1869-1897), al cual la Guardia Civil torturó inmisericordemente en el Castillo de Montjuic para que aceptara la autoría del lanzamiento de la bomba. Algunos de estos anarquistas que se libraron del pelotón de fusilamiento o del garrote fueron deportados a los confines del Sáhara Español. 
En la citada batalla de Mendigorria de la Primera Guerra Carlista estuvieron, además de Serafín Estébanez, el sevillano Carlos María de la Torre (ve arriba, apartado 1a) al mando de los Voluntarios de Navarra, y formando parte de estos Voluntarios el castillejano Francisco Oliver, en cuyo Expediente militar, pág. 3 —Campañas y Acciones de Guerra en que se ha hallado— leemos que en el año 1835 participó: "En la de Armendoz [Almandoz, en Navarra] el 2 de enero, en la de Puerto Belate [al norte de Navarra en las estribaciones de los Pirineos] el 6 de febrero, en la de Liaga (?) el 7 del mismo, en el sitio y bombeo de dicho pueblo desde el 7 al 12, en las del 1º y 13 de marzo sobre las alturas de Lecaroz, sitio y bombeo de Elizondo hasta el 12 del mismo, en las de Amoniz el 29 y 30 del mismo mes, en el Puerto de Baquedano el 22 de abril*, en el levantamiento del sitio de Bilbao el 1º de julio, en la batalla de Mendigorria el 16, en la de los Arcos y otra en Mendigorria el 2 y 11 de septiembre en la de Salvatierra [al nororiente de Álava] y Castillo de Guevara, en la segunda voladura y acción sobre el puente de Belascoain el 1º de noviembre, y en las alturas sobre Estella en 15 y 16 del mismo".
* El 18 de abril de 1835 alcanzó el grado de Sargento 1º por "gracia general", y el 1º de junio de dicho año le fue confirmado el mismo grado por antigüedad. Como Serafín Estébanez Calderón, Francisco Oliver López también recibió la Cruz de Mendigorria. Esta batalla siguió al sitio de Bilbao en donde Zumalacárregui resultó herido de muerte.


                                                            La Cruz de Mendigorria

                                                                       Almandoz


                                                     Puerto Belate (calzada romana)

                                     Mendigorria (del euskera "mendi", monte, y "gorri", rojo)


                               El puente medieval de Belascoain, volado por los Voluntarios de Navarra


                                                                      Elizondo


 Lecaroz




Condecoración de Nichan-Iftigrar que el bey de Túnez concedió a Antonio de Orleans, a Antonio Latour y a los restantes miembros de la expedición.

(1f) "En Túnez, la Orden de la familia Husaynita, también llamada Orden de la Sangre o Nichan ad-Dam, [ نيشان دم ], fundada por el Sultán Sadi Ahmed I Bey en 1839-1840, estaba reservada a los miembros de la familia reinante y a los soberanos extranjeros, constando de una sola clase de caballeros. Fue concedida hasta 1957 cuando cayó la monarquía husseinita. La condecoración consistía en una estrella de diez rayos cuajados de brillantes, la cinta era verde con dos ribetes rojos próximos a los bordes, y se llevaba al cuello. El emperador Napoleón III fue miembro de la Orden". Sebastián Feliu y Quadreny. Diccionario Heráldico Mundial de Órdenes de Caballería.
Francisco Oliver López fue caballlero de la Orden de San Hermenegildo. "Fernando VII, rey de España, fundó esta orden en 28 de noviembre de 1814, y por real decreto de 19 de enero de 1815 se declaró que estaba destinada para recompensar a los generales y oficiales de todas las armas de mar y tierra su constancia en el servicio militar.
Con otro real decreto de 10 de julio del propio año fue aprobado un nuevo reglamento, que derogaba el de 19 de enero.
El rey es gran maestre y jefe de la orden, que se compone tan solo de grandes-cruces y caballeros.
La insignia es una cruz paté de oro, esmaltada de blanco; el centro de azur, con la imagen de san Hermenegildo a caballo, llevando en la mano derecha una palma; y la bordura de azul celeste, con la inscripción en letras de oro: `Premio a la constancia militar`. En la parte superior una corona real, pendiente de una cinta carmesí con los extremos blancos.
Los oficiales que cuentan veinte y cinco años de servicio, con una conducta irreprensible y sin nota fea, son acreedores de derecho a la cruz de san Hermenegildo, y la llevan en el costado izquierdo del uniforme.
Los capitanes generales de los ejércitos, y los generales con cuarenta años efectivos de servicio activo en la clase de oficiales, son grandes-cruces natos de esta orden. Los de esta clase usan una placa de oro igual a la venera, en el costado izquierdo del uniforme, y una banda ancha de los mismos colores de la cinta.
Las demás clases desde brigadieres hasta subteniente inclusive, que cuenten también los cuarenta años de oficial, usan la plaza bordada, pero no la banda". Bruno Rigalt y Nicolás. Diccionario Histórico de las Ordenes de Caballería. Barcelona, 1858.
(1g) Considerado el fundador del Egipto moderno, logró cierta independencia frente a las grandes potencias y gran autonomía respecto del Imperio otomano. Vemos cómo cuenta a Antonio de Orleans sus combates contra los wahhabíes en 1811. Francia, para conseguir apoyo bélico en Argelia, negoció con él en 1827, pero no hubo acuerdo, y como muestra de buena voluntad Mehmet regaló a los franceses los dos obeliscos de la entrada al templo de Luxor. Uno llegó a París en 1833 y tres años más tarde el padre del duque mandó erigirlo en la Plaza de la Concordia, donde se levantó una guillotina durante la revolución. El otro se quedó en Egipto por la imposibilidad técnica de su traslado.
(1h) "Músico compositor francés, nació en 1810. Además de un gran número de romanzas, nocturnos, melodías y otras piezas de piano y quintetos, sonetos y sinfonías para varios instrumentos, ha escrito las siguientes obras que le han dado gran reputación: El desierto, oda sinfonía; Cristóbal Colón, oda sinfonía; Moisés en el Sinaí, oratorio en dos partes; El Eden, misterio en dos partes; La Perla del Brasil, ópera en tres actos; El fin del mundo, ópera en cuatro actos". mcnbiografias.com
"El autor del `Desierto`, Feliciano David, a quien se suponía enfermo en Moscow, está ya de vuelta en París". La Escena. Revista semanal de música. Madrid, 22 de abril de 1866. 
(1i)  Frédéric Lagrange cuenta en Músicas de Egipto (AKAL, 2006, traducción de Carmen Julia Gutiérrez),  "La almea (alima, mujer instruida en el canto) se hacía llamar `usta`, término usualmente reservado a los artesanos propietarios de sus negocios. Este título le daba un status de profesional igual al de los hombres. La almea no debe ser en absoluto confundida con la ghaziya, danzarina profesional en el límite de la prostitución, categoría a la cual pertenece sin duda la célebre Kutchuk Hanem, a la que Flaubert intentó seducir [...] He aquí un ejemplo de lo que se cantaba en las fiestas:

Si tienes miedo de mi madre, mi madre sabe guardar los secretos.
Si tienes miedo de mi padre, mi padre se ha ido a Mansura.
Si tienes miedo de mi hermana, mi hermana es una conocida coqueta.
Si tienes miedo de mi marido, mi marido toma hachís.
Si no sabes donde vivo, hay un foso delante de mi casa.
(Mohammed `Umar, Kitab hadir al Misriyyin wa sabab ta`ajjurihim. 1902). 

En el Prólogo de Músicas de Egipto de Lagrange dice Christian Poché: "Un movimiento turístico [en el siglo XIX] aprovecha la navegación regular de los paquebotes de las mensajerías marítimas, atraviesa el Mediterráneo, asiste con deleite y concupiscencia a la evolución de las `almeas`, cuya reputación ha atravesado el suelo egipcio desde hace un siglo: ellas alimentaron de fantasmas diversos una sociedad francesa gazmoña y pudorosa. Será en Occidente donde nazca el mito egipcio de la danza de los siete velos". Lagrange, nacido en París en 1964, profesor de árabe en la Universidad de París-IV-Sorbona. Exacto representante de esta sociedad pudorosa era Antonio de Latour, que se escandalizaba de ver en las aldeas egipcias a las mujeres medio vestidas y a sus hijos desnudos en el Nilo, sin considerar que con temperaturas de más de 40 grados no tenían otra opción. Latour, con la hipocresía que le había hecho merecedor de un importante puesto en la corte del duque de Orleans, —igual de servil que su protegida Fernán Caballero—, ejercía a las mil maravillas de educador de su hija, María de las Mercedes (ver foto arriba) consevándola entre algodones para que la mala fama de su pretendiente y primo hermano Alfonso XII no la afectara. Hay dudas de si la joven, por conductos extraoficiales, estaba al tanto de los escarceos amorosos de su primo, pero lo que sí es seguro es que Latour lo estaba y que los conocía con todos los detalles.
(1j) El rey San Luis, Luis IX de Francia (1214-1270), fue nieto de Alfonso VIII, esto es, primo hermano del rey castellano Fernando III el Santo. Uno de los hijos de Luis, Roberto (1256-1317) se casó con Beatríz de Borbón. El duque Luis I de Borbón, hijo de ambos, fue el fundador de la Dinastía Borbón. Es Borbón topónimo de Bourbon-l´Archambault, comuna francesa situada en el departamento de Allier de la región de Auvernia-Ródano-Alpes.
(1k) "Desilusión popular. En agosto de 1844 se anunció la inminente llegada a Sevilla del embajador turco, Fuad Effendi, que arribaría a la ciudad desde uno de los vapores que hacía la línea Cádiz-Sanlúcar-Sevilla. El embajador fue recibido en el muelle por la autoridad militar del distrito y una grandísima espectación popular acerca de la notoriedad que se podía esperar de un embajador de país tan exuberante y pintoresco en sus atuendos, o al menos en la idea preconcebida que todos poseían sobre el tópico: turbantes, camisas multicolores, pantalones de los bombachos, zapatos con puntas mirando al cielo, cimitarra o alfanje a la cintura...
En vez de todo eso descubrieron a un señor de piel morena, absolutamente encantador que vestía a la última moda de París o Londres —o sea, traje con chalequillo, camisa, corbata y zapatos de piel— y cuya única diferencia con un europeo cualquiera era ir cubierto con el tradicional fez rojo, cosa esta que no satisfizo las expectativas de todos acerca de que el embajador hubiera aparecido ataviado poco menos que como un personaje de Las mil y una Noches o Aladino y la lámpara mágica. El pueblo que salió a recibirlo, tanto el que lo esperó en el muelle a su llegada como el que lo fue a ver posteriormente en las diferentes visitas que hizo por la ciudad, se volvió con gran desilusión porque el embajador y sus acompañantes vestían al último grito europeo, tal como suele decirse.
El diplomático permaneció casi una semana en Sevilla donde no perdió el tiempo. Visitó sobre todo fábricas, tanto públicas como privadas, tomando notas de los procedimientos de elaboración de los productos que se manufacturaban en las diferentes industrias que visitó. Siempre atento, simpático y muy amable, rogó que no le escoltara una guardia adjudicada por mor de su categoría cuando se retiraba por la noche a descansar, como queriendo no molestar con su presencia. Partió para Madrid seis días depués de su llegada a Sevilla". Ángel José Hidalgo Garrido. Enigmas y leyendas de Sevilla. Almuzara, 2019.
"Sevilla 5 de Agosto. El Sr. Fuad-effendi, ministro plenipotenciario de la Puerta Otomana, se ha alojado en la hermosa casa que se llamaba de Andueza*, calle de las Armas. Ayer mañana lo han felicitado todas las autoridades políticas, militares, eclesiásticas y municipales.
También hubo ayer un banquete suntuoso en obsequio del ilustre huésped, costeado por el ayuntamiento, al que asistieron convidadas comisiones de todas las autoridades civiles y eclesiásticas y demas dependencias del Estado". Gaceta de Madrid, n.º 3619 del 11 de agosto de 1844.
* Propiedad de don Vicente Torres Andueza, vecino de Castilleja de la Cuesta. "El señor Torres Andueza consta como vecino de Castilleja en tiempos de la Primera Guerra Carlista. Comerciante al por mayor, en 1816, 1817 y 1824 fue Cónsul del Consulado Terrestre y Marítimo y en 1818, 1821, 1826 y 1827 Prior del mismo". Padrón 1m. Noviembre de 2015. 
Considerando que la visita de Fuad-Effendi estuvo motivada por intereses comerciales se explica que don Vicente, importante figura sevillana de esa actividad, lo alojara en su palacete de la calle de las Armas —hoy Alfonso XII, calle donde, por cierto, murió Pedro de Cieza de León, "Príncipe de los Cronistas de Indias" y hermano del cura de Castilleja don Rodrigo de Cieza—.


El autor de esta Historia de Castilleja en el patio de la casa de Andueza, en la actualidad conocida por Casa de Galindo, su posterior propietario.




(1l) El virrrey Mehmet Alí (1769-1849), modernizador de Egipto. Sobre lo que contó al duque de Montpensier, se dice en Wikipedia: "En 1811 combatió la insurrección de los wahhabíes en el principio de la Guerra Otomana–Wahhabi, a petición del Imperio otomano, lo que le permitió extender su autoridad sobre el Hiyaz. Al partir a la guerra dejó a su hijo Ibrahim Bajá en el gobierno. En 1815, mientras combatía a las tribus rebeldes, recibió informes sobre la huida de Napoleón de la isla de Elba y sobre una posible invasión otomana de Egipto. Esta difícil situación internacional podría hacerle perder el gobierno del país, por ello partió en cuanto pudo hacia El Cairo. El 18 de junio (día de la batalla de Waterloo) llegó a la capital. La campaña pasó entonces a ser dirigida por su hijo Tusun. En 1816, Ibrahim sustituyó a su hermano (muerto en combate) y en 1818 acabó definitivamente con la insurrección.
Esta campaña significó el control egipcio de las Ciudades Santas de La Meca y Medina y de la costa oriental del Mar Rojo. Con ello Mehmet Alí se convirtió en salvaguarda del Peregrinaje y consiguió zonas estratégicas para controlar las rutas comerciales de Arabia. El ejército que luchó en Hiyaz estaba compuesto principalmente por las tropas albanesas con las que Mehmet llegó a Egipto. A su regreso causaron una serie de incidentes violentos que obligaron al valí a reformar el Ejército".
(1m) El baile del rigodón "es una danza de origen francés, de los siglos XVI y XVII, de ritmo binario y cuya invención se atribuye a Rigaud, del que no se conocen más detalles al respecto.
Es una especie de contradanza que se baila entre dos o más parejas con variedad de figuras. El aire es a dos tiempos y se divide en dos retornos fraseados de cuatro en cuatro compases empezando por la última nota del segundo tiempo. El paso se efectúa en el primer lugar sin avanzar, retroceder ni ladear por más que las piernas ejecuten muchos movimientos.​
Al convertirse en una danza de moda en la corte francesa durante el siglo XVII, se incorporó en los espectáculos escénicos de Lully y Rameau. En el siglo XVIII se incluía en ocasiones en la suite alemana". (Wikipedia).
(1n) El rey Othon I de Grecia (1815-1867), hijo de Luis I de Baviera y de la princesa Teresa de Sajonia-Altenburgo. El Reino de Baviera, hoy parte de Alemania, existió desde 1806 hasta 1918, en que fue disuelto tras la Guerra Mundial. El padre de Luis I, abuelo por tanto de Othon, fue Maximiliano I, quien profesó una gran simpatía por Francia y por las ideas de la Ilustración, y fue aliado de Napoleón hasta 1813.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...