domingo, 19 de abril de 2020

Historia de los apellidos, 21i.




Por todo lo hasta ahora comprobado por nosotros parece evidente que fray Antonio Vázquez de Espinosa fue quien nombró al árbol de la quina-quina como tal, recogiendo el término de los indios bolivianos, los cuales conocían por dicho vocablo a un árbol específico, individual, concreto y real. Incuestionable y cierto es que del puño y letra de nuestro fraile carmelita se plasmó en papel por primera vez en la historia el dicho vocablo quechua quina-quina, en el año 1628 en Madrid.
Hay, de entre los autores estudiados en las entradas anteriores de esta Historia de Castilleja, uno de ellos que quiero citar para equilibrar en el platillo contrario de la balanza la autenticidad del carmelita, su buen hacer como investigador, su honradez como cronista: se trata de Sergio Villalobos en su obra Dos cronistas: Alonso Borregán y Fray Antonio Vázquez de Espinosa, ya referenciada en la entrada anterior, donde se pregunta "¿fue el objeto de su viaje desempeñarse como misionero? De ser así tendríamos que calificarlo de misionero ambulante, caso verdaderamente extraño. Más nos inclinamos a creer que fue algún otro motivo ignorado, y que sus actividades misionales no fueron sino aquéllas a que, como buen sacerdote, se veía obligado. Y se cuestiona:
Un segundo problema que plantea el viaje de Vázquez de Espinosa es acerca de las regiones o países por él visitados. [...] En muchos casos las referencias parecen ser las de un testigo de vista; pero no debemos dejarnos engañar, ya que, como demostraremos en el caso de Chile, fray Antonio toma de otros autores detalles que sorprenden por lo gráfico.
Si nos atenemos al itinerario establecido al  comienzo de este estudio, veremos que difícilmente pudo quedarle tiempo para viajar por Bolivia, el norte argentino y Paraguay, pues las fechas se suceden apretadamente sin interrupción geográfica. Aún más absurdo resulta un viaje a Filipinas, a pesar de que incluye entre los volcanes que conocía los de aquellas islas (1).
En el caso particular de Chile, Vázquez de Espinosa declara "aver gastado por alla lo mejor de mi vida", afirmación tan rotunda como extraña (2). Al parecer, este aserto estaría confirmado por la mención que hace del volcán Villarrica, entre los que conocía; pero igualmente incluye los volcanes de Filipinas y las Molucas, regiones que con toda seguridad no conoció.
[...] Se ha dicho que fray Antonio fue testigo presencial de las cosas que narra. Sus descripciones son, por lo general, animadas y parecen haber sido cogidas vivas por su pupila. Veamos, por ejemplo, el cuadro que traza de los alrededores de Valdivia y sus actividades portuarias: ´sobre una loma llana [está la ciudad] entre dos ríos, el uno caudaloso que llaman de Valdivia en 40 grados australes, dos leguas la tierra adentro de la mar, tiene este caudaloso Río de la Boca una isla mediana  con que haze dos  brazos a la mar, el de la parte Norte es el más hondable, y por el entraban los navios Rio arriba, hasta la ciudad con las velas arriba por ser tan hondable, limpio, seguro y sin corriente, hasta que surgían llegados a tierra, entre el convento de San Francisco  y Santo Domingo, con las proas en tierra, o los costados, y con unas cortas planchas que echaban de los navios, salian, y entraban los hombres, y mugeres de la ciudad, que era de gran recreo´.
La descripción geográfica es exacta. El arribo de los barcos y el espectáculo del activo comercio que de inmediato se iniciaba, parecen haber sido gozados por el mismo Vázquez de Espinosa. Pero no hay tal. En estos años, de la ciudad de Valdivia no quedaban más que un montón de escombros como huella de la última rebelión indígena.
Otro ejemplo. Describiendo la zona sur, habla del ´Río de la Laxa [llamado así] por una altissima laxa que hay en él de 25 estados de alto, de donde se despeña con gran furia, y corriente, pasasse el Rio por la banda de Leste antes del salto casi a nado los caballos, por ser caudaloso´. No parece más que un detalle que sólo pudo quedar en el recuerdo de quien tuvo que atravesar el río; pero si buscamos con paciencia en las páginas de la Descripción de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano de Antonio de Herrera, encontraremos la fuente de la noticia: ´el río que llaman de Laja, por una laja de veinte estados de alto que está en él, de la cual se despeña el agua del río. Pasanle a vado antes que se despeñe el agua´.
Con los ejemplos aducidos, de los que se encuentran muchos, no es posible buscar en las páginas del Compendio al ´´testigo de vista´´.
Otra prueba de que el cronista no estuvo en Chile son sus erróneas inclusiones de animales en nuestra fauna, tales como venados, gamos, avestruces, corzos y ardillas (3).
La relación histórica del Descubrimiento, Conquista de Chile y Guerras de Arauco proviene de dos cronistas ya en boga, Antonio de Herrera y el Inca Garcilaso de la Vega. Con un poco de paciencia se puede establecer claramente la sobreposicion de los textos, interrumpidos de vez en cuando por párrafos o noticias aislados tomados de otras fuentes. Aun datos geográficos, tales como ubicación de ciudades y lugares, la distancia entre ellos y su latitud, han sido tomados de la crónica de Herrera, que parece haber sido la columna vertebral de la obra".
Un autor a quien había leído Vázquez de Espinosa, aunque casi no lo utiliza, fue Ercilla. Un solo detalle nos ha permitido descubrirlo: aquel incidente protagonizado por los Catorce de la Fama, acaudillados por Juan Gómez de Almagro:
Aunque allí un español desfigurado,
que yo no digo aquí cual dellos era,
dijo, viendo tan poca gente al lado:
¡oh si nuestro escuadrón de ciento fuera!
pero Gonzalo Hernández animado,
vuelto al cielo, responde: a Dios plugiera
fueramos sólo doce, y dos faltaran (4),
que doce de la fama nos llamáran.

La Araucana, Primera Parte, Canto IV. Vázquez de Espinosa, en el parrafo 2010 del Compendio, anota que los españoles al verse atacados por los indios vencedores en Tucapel, dijeron: ´si como somos 14, dos faltaran, los doce de la famma nos llamaran´ " (5).

(1) En la Nueva España el [volcán] de la Puebla de los Angeles, que está pegado a la sierra de Tlascala que aunque ha echado fuego y humo y lo echa, está siempre nevado, y otros muchos que hay en aquellos reinos; en los del Piru y Tierra Firme hay el de la Grita en el Nuevo Reino y otros muchos que hay la tierra adentro. En el distrito de Quito hay muchos, como son el de Pichinche, Tunguragua que siempre está nevado por su altura, por estar debajo de la Equinocial, y de continuo echa cantidad de humo y fuego, el de Chimborazo y otros. En Arequipa el que está junto a la ciudad, aunque no ha echado fuego, y el de los Ubinas, que reventó en el año de 1600 e hizo con el fuego y ceniza notables daños en toda la tierra, que la dejó asolada, y la arrojó más de 500 leguas hasta Nicaragua; en los altos de Arica el de Atacama y Cozapa, y en Chile el de Villa Rica y otros muchos que hay en la Cordillera Nevada, que siempre están arrojando fuego y humo, y otros muchos que hay en aquellas dilatadas y extendidas regiones, que es imposible referirlos; también los hay en las Indias Filipinas y Malucas; el de Terrenate es muy célebre por el mucho fuego y cenizas que ha echado y echa, y todas sus faldas están llenas de árboles de clavos, y porque todos los referidos he visto, diré lo que alcanzare con mi corto talento sobre esta materia, para que cada uno juzgue lo que mejor le pareciere". Compendio y Descripción de las Indias Occidentales. Fray Antonio Vázquez de Espinosa.

(2) Antes de la guerra y levantamiento general de los indios de Chile era este Obispado [de la Concepción] muy rico y tenía grandísima jurisdicción; donde estaba la Iglesia Catedral era la Ciudad Imperial; tenía otras muchas provincias y ciudades que le pertenecían, que con la mayor brevedad y claridad haré la descripción de ellas, y en el estado en que estaban, con lo más notable que en sí contenían, que aunque para ellas hay diferentes caminos, por la costa y por el camino real, pondré con verdad lo que de capitanes y soldados prácticos de aquel reino, que lo han pisado y visto muchas veces; y con la luz que tengo de todo, por haber gastado por allá lo mejor de mi vida. Vázquez de Espinosa, obra citada.

(3) De este valle [de Copiapó al norte de Chile] 35 leguas al Sur, está el valle del Guasco, y entre los dos, el de Titon; en ambos hay viñas; hácese algún vino y se coge en abundancia maíz, trigo y otras frutas y semillas; hay muchas perdices, guanacos, corzos, ardillas de maravilloso pelo para forros con otras de valor y estima; está este valle del Guasco en 20 grados largos. Todos los indios de esta comarca son pescadores; no llueve en ella, como en los demás llanos del Pirú; tienen Puquios o Xagueyes, que son pozos donde beben, por la falta que hay de agua en toda aquella región y costa. [...] Su comarca [de la ciudad de Osorno] era de muy buenas y fértiles tierras, donde todo se daba con abundancia, todas las frutas de España y otras muchas que había de la tierra, árboles avellanos, pinares muy grandes cuyas piñas y piñones eran muy grandes, como los hay por aquellas regiones, que son como grandes bellotas, y otros árboles y maderas preciosas y de estima; era la última ciudad de la Tierra Firme del reino de Chile, hacia el estrecho de Magallanes, desde donde había a la ciudad de Castro, que está poblada en las islas del archipiélago de Chiloé al Oessudueste 48 leguas, las 30 por tierra y las 18 por agua, que era el distrito que tenía el Obispado de la Imperial, antes de la muerte del Gobernador Martín García de Loyola, que fue el fundamento y causa del levantamiento de los indios de aquel reino y la total ruina y destrucción de las ciudades de aquel reino.
Dos leguas de donde estuvo fundada la rica ciudad de Osorno, que iba en tan grande aumento y opulencia por la riqueza y fertilidad de sus tierras, había en la ciudad obrajes de paños y otras labores curiosas, y a las dos leguas una hermosa laguna, llamada de Gaeta, donde había gran cantidad de pescados regalados que era el regalo y sustento de la ciudad, mucha diversidad de aves, patos, ansares, garzas, martinetes, gallaretas y otras muchas; el puerto de que se servían era el de las Canoas, llamado de Osorno. Había mucho ganado de cerda; silvestre, gamos, venados, guanacos, vicuñas, tarugas, avestruces y otros muchos de diferentes especies. Vázquez de Espinosa, obra citada.

(4) Almagro, Cortés, Córdova, Nereda,
Morán, Gonzalo Hernández, Maldonado,
Peñalosa, Vergara, Castañeda,
Diego García Herrero el arriscado,
Pero Niño, Escalona, y otro queda
con el cual es el número acabado;
don Leonardo Manrique es el postrero,
igual en el valor siempre al primero.
La Araucana, Primera Parte. Canto IV.

(5) Gastada por los bárbaros [indios mapuches en rebelión] toda aquella noche [de fin de diciembre de 1553] en fiestas y borracheras, habiendo muerto al Gobernador [Pedro de Valdivia] y su capellán, como queda referido, tratando en su junta y consejo de concluir la guerra y acabar los españoles que quedaban en el reino, después de haber amanecido, llegó a vista del fuerte de Tucapel el capitán Juan Gómez de Almagro, que había salido del fuerte de Puren, un día después de lo que el Gobernador le había ordenado para ir en su socorro con 14 valerosos soldados, que por no haberse podido aviar y aprestar más presto, llegaron en su seguimiento un día después de la batalla, que como los bárbaros los vieron, les acometieron con gran grita y vocería; el buen capitán y los suyos pelearon con ellos valerosamente, que viéndose apretados y defendiéndose, dijeron: si como somos 14 dos faltaran, los doce de la fama nos llamaran, y habiendo muerto siete, con los otros siete que le quedaron mal heridos se fueron retirando a la casa de Puren. Vázquez de Espinosa, obra citada.



                                          El Galeno Ilustrado de Alonso López Cornejo

El profesor de medicina Alonso López Cornejo, natural de Sanlúcar la Mayor (1), Alcalde por el estado noble de la villa de Salteras, famliar del Santo Oficio, médico de los Reales Alcázares de Sevilla y autoproclamado cuasi primer experto en la utilización terapéutica de la quina, quien enseñaría el oficio al castillejano Juan de Tovar López, se presentó en octubre de 1679 a la vacante que en la Universidad de Sevilla había dejado el doctor Andrés González Gordillo, natural de Utrera y fallecido dicho año. Cornejo leyó la cátedra de Prima de Medicina durante tres años, desde el 7 de diciembre de 1679 hasta fines de abril de 1680 en que fue ocupada por otro profesor de Juan de Tovar, el sevillano e hijo de médico Andrés Mastrucio. A este Mastrucio, tras cumplir su trienio, lo reemplazó el doctor Cristóbal Ruíz de Pedrosa y Luque, que aparece en el título del bachiller de Castilleja como Christophorus de Luque et Pedrossa. "Fueron estos hombres los que protagonizaron el movimiento, de ofensiva y de resistencia a un tiempo, contra los ´modernos´. Mastrucio tendría, seguramente, un papel secundario, pero López Cornejo, Luque y Ruíz de Pedrosa vertieron sus ideas galenistas en obras y opúsculos que, muy pronto, respondiendo a la tradición profesional, derivaron hacia el insulto personal, la difusión malevolente de los vicios y defectos supuestos de los oponentes dialécticos y la descalificación de sus conocimientos y de sus técnicas. Mentes abiertas y cerradas, ´progresistas´ y tradicionalistas. Es difícil definir por qué unos y otros se adscribieron a una u otra tendencia, el caso es que la polémica en que se enzarzaron los médicos de Sevilla en los últimos años del siglo se encuadra fácilmente en la querella de los ´antiguos´ y los ´modernos´. Como en otras partes, porque el comportamiento no es nuevo ni será el último de este tipo, la polémica en Sevilla, siendo unitaria, sólo se comprende si se considera el doble plano en que se desenvolvió: el institucional y el cientifico-ideológico. La Universidad, como institución, vigilante rigurosa del hermetismo corporativo, actuó a la defensiva frente a las innovaciones porque sus miembros, los catedráticos y el claustro médico universitario, pensaban que atentaban contra la situación de preeminencia que se expresaba y simbolizaba en el rito de los actos universitarios y extrauniversitarios.
No es casualidad que ninguno de los autores que entonces escribieron separaran ambos aspectos. De hecho, la polémica, y el consiguiente enfrentamiento, es anterior a los primeros pasos de la ´Tertulia´, que según uno de sus primeros componentes, el licendiado Juan Ordóñez de la Barrera, empezó a reunirse en torno a Juan Muñoz Peralta en 1697. La inició Cristóbal Francisco de Luque con la publicación de una obra que bautizó con el nombre de ´Apolíneo Caduceo´ y que debió de comenzar a escribir en 1693". José Antonio Ollero Pina. La Universidad de Sevilla en los siglos XVI y XVII. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1993.

(1) Amerita recordar al respecto que el cuñado de fray Antonio Vázquez también era natural de Sanlúcar la Mayor: "En la vª de Castilleja de la Qta en veinte y seis das. del mes de Junio de mill y seyscientos y diez y ocho aºs yo Jhoan Ramos çambrano beneficiado de la parrochial de Santiago esta vª de Castilleja de la Qta. aviendo precedido las amonestaciones y demas Requisitos necesarios despose a dionicio caro hijo de Fernan nuñez y de Joana gra. caro su mujr vezinos de Sanlucar La mayor el qual traxo fe de averse amonestado tres meses  con Ana mª hija de Joan vazquez de moron y de leonor gra vezinos desta dcha vª a los quales di las bendiciones nupciales siendo testigos y padrino Antonio Carrillo*, Alonso Lopez de Leon y miguel jeronimo vezinos de la dcha vª en fe de lo qual lo firme Jhoan Ramos çanbrano". Historia de los apellidos, 20e. Agosto de 2019. Por tanto, Dionisio [Ramírez] Caro fue coetáneo de los padres de Alonso López Cornejo.


No es aventurado suponer que en muchos de los habituales viajes de Alonso López Cornejo desde su Sanlúcar la Mayor natal hasta la capital hispalense y viceversa se haría acompañar, recogiéndolo o dejándolo en Castilleja, de su alumno universitario Juan de Tovar López y, por tanto, de que se hablaría entre el traqueteo del carruaje (1) de la maravillosa droga antipirética. 
Probablemente, como afamado médico que Cornejo era, conoció todos las villas y lugares del Aljarafe y trató íntimamente con muchos de sus vecinos, por exigencias de su profesión y por esa sociabilidad innata en las personas de su oficio. En la próxima entrada de esta Historia comentaré su obra El Galeno Ilustrado, finalizando así el tema de la quina a la espera de nuevos hallazgos documentales que lo completen de cualquier manera. Al respecto me atrevo a imaginar que de alguna suerte fray Antonio ya antes intercambiaba noticias con el mundillo intelectual sevillano e incluso con alguna que otra mente inquieta de nuestra Villa y que, o bien por vía epistolar o de cualquier otra forma el contenido del Compendio y de sus otros escritos ya había sido sospesado y discutido en algún círculo de estudiosos hispalenses religiosos o seglares.

(1) "El 1º de mayo del dicho año de 1641 don Sebastián [Melgarejo] vendió al vecino de Sevilla Andrés de Albarracín un coche* de baqueta colorada con su ¿enterado? verde y cortinas de damasco del mismo color verde, y dos mulas color castaño cerradas de edad, con sus guarniciones, por precio todo de 300 ducados, que recibió de contado. Dado en casa del escribano Pablo de Mercado". Historia de los apellidos, 21d. Marzo de 2020.
Una autoridad en la materia es Teresa Andrade-Wanderwilde Quadras, coordinadora de Historia del carruaje en España (Fomento de Construcciones y Contratas, Madrid, 2005) y además descendiente por línea directa del general de artillería Antonio Venenc y Andrada-Vanderwilde, que dió nombre por un tiempo a la calle del Convento en Castilleja, en donde su viuda Concepción Aguilar Guillelmi, nacida en Jerez de la Frontera en 1818 e hija de Juan de Dios Aguilar y del Viso y Agustina Gillelmy Valenzuela, fue vecina. El Ayuntamiento de Castilleja, siempre miserable y cicatero, cobró de la viuda el rótulo, su colocación en la calle y el papeleo consiguiente. 
El general Venenc tuvo tres hermanos: Amparo, Manuel y Trinidad, nacidos en Sevilla a principio del siglo XIX. Eran hijos de José María Venenc y Mercedes Andrada-Vanderwilde y Brakelman. Abuelo materno de nuestro general fue Pedro Andrada-Vanderwilde y Casens, nacido en Sevilla en 1717. De los bisabuelos, padres de este último, nos encontramos a don Jorge Juan Bautista Eufrasina de Andrada-Vanderwilde y de Bruyne, nacido en Amberes el 5 de febrero de 1682 y bautizado en la Catedral de Santa María. Vino a España y fue vecino de Sevilla y hacendado en Alcalá de Guadaira.  Otorgó poder para testar a su mujer en Sevilla el 28 de abril de 1717 y murió en 1737. Se casó en Sevilla en la parroquia de San Isidoro el 4 de abril de 1712 con doña Juana de Casens y Bogaerts, también natural de Bruselas, bautizada en Santa Catalina el 14 de mayo de 1687, hija de don Juan Casens y de doña María Bogaerts. Testó doña Juana Casens en Sevilla el 29 de septiembre de 1770 y falleció en esa misma ciudad, siendo enterrada en la Iglesia de San Bartolomé el 11 de octubre de 1770. Los Andrada-Vanderwilde se remontan a tiempos del emperador Carlos V, y ya en nuestros días emparentaron con los Benjumea y con los Salinas castillejenses.
"Fernando de Salinas Milá nació en Castilleja de la Cuesta en 1955, sexto hijo de los doce del pintor Manuel de Salinas Benjumea y de María Asunción Milá Sagnier, barcelonesa hija del conde de Montseny (https://www.youtube.com/watch?v=NYjq99sc-NI). Primos de Fernando son la periodista Mercedes Milá y el presentador Lorenzo Milá. Otro hijo del pintor y de la barcelonesa está casado con Blanca Andrada Vanderwilde, hermana del capitán Luis Andrade, fundador del Club Pineda (v.i), descendientes del general Venenc que dio nombre a la calle del Convento de nuestra Villa, sobre quien nos extenderemos próximamente. El castillejano Fernando de Salinas Milá, banquero y mano derecha de Isabel Pantoja, fue condenado en el Caso Malaya a un año, seis meses y un día de prisión y a pagar 891.000 euros de multa. Su hermano Leopoldo de Salinas Milá es padre de Alejandra de Salinas Harnden cuya madre es una aristócrata de orígenes rusos, siendo su abuela la princesa Marie Vassiltchikov, que abandonó San Petersburgo en 1919 con su familia y se mudó a Berlín donde se vio sorprendida por la Segunda Guerra Mundial. Marie terminó trabajando en el departamento de Información del Ministerio de Asuntos Exteriores del Tercer Reich, que más tarde se vería implicado en el fallido atentado del conde Von Stauffenberg contra Hitler, la conocida como Operación Valkiria". Historia de los apellidos, 5. Mayo de 2019.


 Ronda por la cabeza de quien esto escribe el problema filosófico que se ha dado en llamar "de los universales", que piensa debe tener algún vínculo, siquiera sutil, con la nominación del archifamoso árbol de las fiebres en concreto, y desde luego, con la personalidad del carmelita, puesto que su formación como teólogo tuvo que incluir asuntos filosóficos pormenorizados, despertando en él la pasión afanosa de valorizar las palabras.
 Los nombres, creo, no son inherentes a las cosas a que apuntan, sino  externos y ajenos a ellas. Lo que no tiene nombre no existe. La subjetividad individual, o sea, lo que generalmente habita y constituye lo que llamamos "persona", no es otra cosa que el amontonamiento desordenado y caótico de cosas —ya sean emociones, sentimientos, descubrimientos, visiones imaginarias, suposiciones o supersticiones— innombradas. Solo cuando se comunica —en el sentido de hacer común— alguna de esta cosas pertenecientes a los abismos síquicos de cada individuo mediante una denominación verbal que adquiere rango y marchamo social, la cosa denominada pierde su caracter y esencia individual para pasar al ámbito de la realidad comunal. Nombrar, dar nombre a algo, es en cierta forma arrancar o expulsar ese algo de lo particular que nos conforma como sujetos para incorporarlo al acervo público, sin ninguna posibilidad de vuelta atrás. El indio que comunicó a fray Antonio, señalando un árbol particular, que aquel ente vegetal era quina-quina, efectuó el proceso a que nos estamos refiriendo.
El nominalismo mantiene que sólo tienen existencia real los individuos o las entidades particulares.
Los sofistas trataron a menudo el problema de la naturaleza del nombre, όνομα; se trataba de saber si un nombre es por "ley", νόμος, o por "convención"; o bien si es "por naturaleza", φύση. Los sofistas se inclinaban hacia la primera opinión: un nombre no designa por su propia naturaleza la cosa; la designa porque se le hace designar la cosa. Es la tesis posteriormente llamada "nominalismo" (o uno de los aspectos de esta teoría). Hermógenes, personaje del Crátilo platónico, que representa en el diálogo las opiniones de Heráclito, estimaba que los nombres son justos por naturaleza, pero se hallan en constante cambio, como todas las cosas. Platón rechazó las opiniones de los sofistas y las de Hermógenes: los nombres son a la vez convencionales y constantes. Las cosas tienen una naturaleza fija y el nombre es adoptado para expresar esta naturaleza. Para Platón, el nombre es un órgano (Crátilo, 388 A), esto es, un órgano o instrumento destinado a pensar el ser de las cosas. Diccionario de Filosofía. José Ferrater Mora.



Libro de registros de bautizados en la iglesia de Santiago de Castilleja entre 1619 y 1661. (Nótese que para su portada se ha utilizado pergamino con una partitura musical manuscrita al parecer de principio del siglo XVI o acaso del XV).

Este es un buen momento para transcribir el último testimonio de vida de Miguel Vázquez de Morón, hermano de fray Antonio, escrito antes de que en el Censo de Pechos elaborado por el padre del médico Juan Tovar López —ver Historia de los apellidos, 21e, marzo de 2020— se consignase ya a su mujer como viuda. Tal testimonio o "fé de vida" obra en uno de los libros parroquiales de la iglesia de Santiago de nuestra Villa:
Información de Clara, hija de Juana González. Juana González, viuda de Francisco de Ojeda, vecina de Palomares, que primero lo fui con el dicho mi marido de la Villa de Castilleja de la Cuesta, digo que habrá veinte y dos años poco más o menos que yo bauticé en la iglesia del Señor Santiago de la dicha villa de Castilleja de la Cuesta una hija que le pusieron por nombre Clara, y para sacar una fé de cómo estaba bautizada en la dicha iglesia fuimos al libro donde se asientan y escriben los que en la dicha iglesia se bautizan y no se halló en él tal nombre, y conviene a mi derecho que V. Merced mande dar su comisión en forma al cura beneficiado de la dicha iglesia o a su teniente para que cualquiera de ellos haga la información con testigos que ofrezco presentar de cómo se bautizó la dicha mi hija en la dicha iglesia y quienes fueron sus padrinos, y constando al dicho cura o su teniente ser así, mande se ponga en el dicho libro de bautismos para que de él se saque una fé, dos o más, y se me entreguen.
Por tanto a V. Merced suplico mande hacer según y como tengo pedido y justicia para ello.
Y haga la dicha información el bachiller Domingo Calderón, cura de la iglesia de Santiago de la dicha villa de Castilleja de la Cuesta y se ponga un tanto del auto en el libro del bautismo y dé a ... a la dicha Juana González el testimonio que pide. En Villanueva [del Ariscal] a 6 de marzo de 1641. El licenciado don Pedro de Yegros Caballero (1). 
En la villa de Castilleja de la Cuesta en 6 días del mes de marzo de 1641 el bachiller Domingo Calderón, cura beneficiado de la iglesia del Señor Santiago de esta dicha villa, habiendo visto la comisión de esta otra parte del señor vicario don Pedro de Yegros Caballero, religioso de la Orden de Santiago, vicario de la villa de Villanueva del Ariscal y de esta villa, dijo que está presto de hacer y cumplir lo que por ella se le manda, y lo firmó. Licenciado Domingo Calderón. Francisco Pérez Navarro, presbítero.
Testigo. En la villa de Castilleja de la Cuesta en 6 días del mes de marzo de dicho año la dicha Juana González para la dicha información que tiene ofrecida presentó por testigo ante el dicho bachiller Domingo Calderón a Miguel Vázquez, vecino de esta dicha villa, del cual fue recibido juramento en la señal de la cruz en forma de derecho, y habiendo jurado prometió de decir verdad, y siéndole preguntado por el tenor de la dicha petición y comisión dijo = que conoció a Francisco de Ojeda, difunto, y conoce a la dicha Juana González su mujer, y los vio este testigo hacer vida maridable en esta villa más tiempo de veinte años, y sabe que los susodichos durante su matrimonio, entre otros hijos hubieron y procrearon a Clara, que será al presente de edad de veinte y dos años poco más o menos, a la cual dicha Clara este testigo la vio llevar a bautizar a la iglesia de Santiago de esta villa, y después de bautizada la vio llevar a su casa, y fue su padrino Alonso González, vecino de la villa de Salteras, que en aquel tiempo era obligado de la carnicería de Abajo de esta villa, y la bautizó Alonso Buitrago, presbítero teniente del licenciado Juan Ramos Zambrano, que en aquel tiempo era cura de la dicha iglesia, y esto es cosa muy pública y notoria, y lo sabe este testigo porque los susodichos vivían pared media de la casa de este testigo, y esto es la verdad para el juramento que hizo, y lo firmó  de su nombre, y que es de edad de cincuenta años poco más o menos, y lo firmó el dicho bachiller Domingo Calderón.
Testigo. En la dicha villa en dicho día 6 de marzo de este dicho año la dicha Juana González para la dicha información ante el dicho bachiller Domingo Calderón presentó por testigo a María Morena, mujer de Cristóbal Rodríguez Prieto, vecina de esta dicha villa, de la cual fue recibido juramento en la señal de la cruz en forma de derecho y prometió de decir verdad, y preguntada por el tenor de la dicha petición y comisión dijo que conoce a la dicha Juana González que la presenta por testigo y conoció a Francisco de Ojeda su marido difunto, y los vio vivir en esta villa y hacer vida maridable en una casa y compañía mucho tiempo, y sabe que durante su matrimonio, entre otros sus hijos hubieron por su hija legítima a la dicha Clara su hija, y esta testigo la vió nacer, y al presente tendrá la dicha Clara veinte y dos años poco más o menos, y esta testigo la vió bautizar, que se bautizó en la iglesia del Señor Santiago de esta villa, y fue su padrino Alonso González, vecino de la villa de Salteras, que entonces era obligado de las carnicerías de Abajo de esta villa, y la bautizó Alonso Buitrago, presbítero teniente de cura de la dicha iglesia, y esta testigo se halló presente a lo susodicho cuando la bautizaron a la dicha Clara, y por esta razón lo sabe y es la verdad y público y notorio para el dicho juramento que hizo, y no lo firmó porque dijo no sabía, y que es de edad de sesenta años poco más o menos, y firmó el dicho bachiller Domingo Calderón. Francisco Pérez Navarro, presbítero.
Testigo. En la dicha villa en 7 de marzo de dicho año la dicha Juana González presentó por testigo para la dicha información a Brígida Rodríguez, mujer de Miguel Vázquez, vecina de esta dicha villa, de la cual fue recibido juramento en la señal de la cruz en forma de derecho y ella lo hizo y prometió de decir verdad, y preguntada por el tenor de la dicha petición y comisión dijo que conoce a la dicha Juana González que la presenta por testigo y conoció al dicho Francisco de Ojeda, difunto, su marido, y los vio hacer vida maridable en unas casas y compañía en esta dicha villa más tiempo de veinte años, y durante su matrimonio, entre otros hijos tuvieron y procrearon a Clara por su hija legítima, y esta testigo la vio nacer y la vio bautizar en la iglesia del Señor Santiago de esta dicha villa, y la bautizó Alonso Buitrago, presbítero que por entonces era vicecura de la dicha iglesia, y fue su padrino Alonso González, vecino de la villa de Salteras que entonces vivía en esta villa y era obligado de las carnicerías de Abajo de esta villa, y la dicha Clara tendrá hoy veinte y dos años poco más o menos, y esto lo sabe por las razones que tiene dichas y es la verdad para el dicho juramento que hizo, y no lo firmó porque dijo no sabía, y que es de edad de cincuenta años poco más o menos, y lo firmó el dicho bachiller Domingo Calderón. Francisco Pérez Navarro, presbítero.
Clara. En la dicha villa de Castilleja de la Cuesta en este dicho día 7 de marzo de este dicho año de 1641, vista esta información por el bachiller Domingo Calderón, presbítero cura beneficiado de la iglesia del Señor Santiago de esta villa, y que por ella consta haberse bautizado en la dicha iglesia Clara, hija de los dichos Francisco de Ojeda y Juana González su mujer, vecinos que fueron de esta dicha villa habrá veinte y dos años poco más o menos, que fue su padrino Alonso González, vecino que fue de esta dicha villa, mandó que en el libro donde se asentaban los que se bautizan en la dicha iglesia se ponga y conste un traslado de este auto y de él se saquen todos los testimonios y fés que se pidieren y fueren menester para que conste cómo la dicha Clara se bautizó en la dicha iglesia, lo cual mandó en virtud de la comisión que para hacer la dicha información y proveer este auto en virtud de ella por el señor licenciado don Pedro de Yegros Caballero, religioso de la Orden de Santiago y vicario de Villanueva del Ariscal y su partido en ella, en 7 días de este dicho mes y año, y así lo proveyó, mandó y firmó. Domingo Calderón. Francisco Pérez Navarro, presbítero.


Firmas del presbítero Domingo Calderón y de Miguel Vázquez, el cual acusa ya la edad en sus torpes y vacilantes rasgos de escritura.

(1) El vicario de Villanueva del Ariscal Pedro de Yegros Caballero era sin duda pariente directo —probablemente tío— de Pedro de la Bastida y Yegros (Córdoba, c. 1645 – Madrid, 24 de agosto de1699). Caballero de Santiago, fiscal y oidor en Guadalajara, fiscal y oidor en México, consejero de Indias. Hijo de Bernabé Caballero de la Bastida, bautizado en Chillón el 11 de marzo de 1599, familiar del Santo Oficio de la Inquisición, y de María de Yegros, bautizada en Agudo del Campo de Calatrava el 20 de julio de 1608. Hermano suyo fue Alonso de la Bastida, bautizado en Chillón  el 19 de marzo de 1639, familiar y notario de la Inquisición de Córdoba, padre de Lorenzo Antonio de la Bastida, bautizado en Chillón (18 de noviembre de 1675), y muerto en Madrid (1717), caballero de la Orden de Santiago (1715), familiar del Colegio Mayor de Cuenca de Salamanca (1700) y luego su colegial jurista (1701), oidor en Granada (1706) y alcalde de casa y corte (1709). http://dbe.rah.es/biografias/75172/pedro-de-la-bastida-y-yegros
En el volumen II de Caballeros de la Orden de Santiago, siglo XVIII, escrito por Vicente de Cadenas y Vicent (Instituto Salazar y Castro, CSIC), encontramos a Lorenzo Antonio de Bastida y Sánchez nacido en Chillón el 5 de noviembre de 1675, hijo de Alonso de la Bastida, nacido en Chillón el 19 de marzo de 1639, casado con Inés Yegros, nacida igualmente en Chillón en 2 de abril de 1640, quienes tuvieron a Bernabé, Alonso, dicho Lorenzo, Pedro y María. Alonso era hijo de Bernabé Caballero de la Bastida, nacido en Chillón el 6 de noviembre de 1610 y de María de Yegros, nacida en Agudo del Campo de Calatrava el 20 de julio de 1608. Tuvieron a dicho Alonso, Gonzalo, Pedro y Juan. Inés Yegros era hija de Lorenzo Sánchez de Yegros, nacido en Chillón el 11 de marzo de 1599, casado con Elvira de Masa, nacida en Chillón el 7 de mayo de 1611. Tuvieron, además de Inés, a Juan, María y a otra María.


Para terminar, un dato biográfico de un hijo del doctor Alonso López Cornejo que alcanzó preeminencia en puestos gubernamentales. Como estudiante universitario que fue de la Hispalense, debió también acompañar a su padre y al bachiller castillejano Tovar en el hipotético carruaje de ida y vuelta a Sevilla.
Cornejo e Ibarra, José. Sevilla, 20.III.1688 – Madrid, 12.XII.1764. Consejero de Indias. Hijo de Alonso López Cornejo, bautizado en Sanlúcar la Mayor (29 de noviembre de 1656), alcalde de la Hermandad en Salteras (1688), y de Andrea de Ibarra y Góngora, bautizada en Sevilla (9 de mayo de 1656) y muerta bajo testamento otorgado allí mismo (23 de agosto de 1717).
Estudió en la Universidad de Sevilla y en ella se graduó de bachiller en Cánones (23 de octubre de 1707) y luego obtuvo los grados mayores de licenciado y doctor y leyó la cátedra de Decretales Mayores (1711- 1712).
Se trasladó a Madrid (1712) y allí comenzó a pretender y sirvió interinamente como agente fiscal para los negocios del Perú hasta que logró esa plaza en propiedad, pero para los asuntos de la Nueva España (3 de febrero de 1716) y al cabo de doce años, sobre consulta de la Cámara de Indias (31 de octubre de 1727), se le concedieron “honores de Ministro Asesor del Tribunal de la Casa de la Contratación de las Indias sin más sueldo que el que actualmente goza con el mencionado empleo de Ajente Fiscal, en cuio ejercicio se ha de mantener”, despachándosele el título correspondiente (22 de febrero de 1728) y prestó juramento de tales honores ante el Consejo de Indias (20 de mayo de 1728). Poco tiempo después fue nombrado gobernador de Almadén y superintendente de sus minas y fábricas de azogue (1729) y al año siguiente se le hizo merced de la opción “a la propiedad de la primera plaza de Juez Asesor del dicho tribunal de la Casa de la Contratación que vacase, y desde luego el sueldo correspondiente a ella comprendido el que presentemente estáis gozando como tal Gobernador y Superintendente” (29 de julio de 1730) y, al producirse la vacante por ascenso de Álvarez de Abreu al Consejo de Indias, se declaró que en dicha plaza se verificaba la opción de Cornejo e Ibarra, pero “sin que paséis a exercerla por ahora, respecto de hallaros sirviendo de mi real orden la dicha superintendencia de las minas de Azogue del Almadén” (23 de enero de 1731), despachándosele el título respectivo (21 de septiembre de 1731), pero no llegó a tomar posesión de su oficio en la Casa de la Contratación, pues fue promovido a una plaza de ministro togado del Consejo de Indias y en su lugar se proveyó a José Sánchez Samaniego (5 de junio de 1732).
Sin perjuicio de su ascenso al Consejo de Indias en 1732, sólo se le libró título de su plaza dos años más tarde (29 de julio de 1734), pues continuaba ocupado en la superintendencia de las minas de Almadén, y la comenzó a servir de inmediato (3 de agosto de 1734) y al cabo de nueve años se le concedió un sitio en la Cámara de Indias (9 de marzo de 1753) y once años más tarde se le daba licencia de asistencia (12 de enero de 1764) y no gozó mucho de ella debido a su pronta muerte.
Había contraído matrimonio con Teresa Leocadia Castaño Estrada, bautizada en Toledo (7 de septiembre de 1700), enlace del que nacieron tres hijos, entre ellos Andrés Bruno Cornejo y Castaño (1732-1797), caballero de Santiago (1736), colegial del Mayor de San Ildefonso de Alcalá (1748), alcalde hijosdalgo en Valladolid (1758), oidor allí mismo (1771), alcalde de Casa y Corte (1777) y consejero de Castilla (1785). Real Academia de la Historia. http://dbe.rah.es/biografias/75212/jose-cornejo-e-ibarra

sábado, 11 de abril de 2020

Historia de los apellidos, 21h.



La polvareda espesa —en ocasiones turbulenta— que opaca la visión histórica del descubrimiento del árbol de la quina adquirió unas dimensiones particularmente grandes durante el siglo XVIII, en el cual siglo destaca el botánico José Celestino Mutis con sus obras sobre el tema (1), a quien don Sebastián acusaba, como vimos en la entrada anterior, de haberse apropiado del mérito que sólo a él correspondía. Además de en su Defensa y Demostración del Verdadero Descubridor de Las Quinas, don Sebastián defendió su postura en otra de sus obras: Cronología de la quina de Santafé de Bogotá. Demostración apologética de su descubrimiento en estas Cercanias. https://catalogoenlinea.bibliotecanacional.gov.co/client/es_ES/search/asset/68809
José Celestino Mutis —apunto de pasada— recibió el grado de Bachiller en medicina en la Universidad de Sevilla, el 2 de mayo de 1755, tal como lo había recibido el médico castillejano Juan de Tovar López setenta años antes.

(1) Siendo la principal el Arcano de la Quina, revelado a beneficio de la Humanidad. Parece ya desde el título, Arcano, que el sacerdote gaditano no quería comprometerse figurando definitiva y taxativamente como el afortunado que halló el árbol de la fiebre por primera vez, aunque eso sí, dejándolo a entender. De todas formas Mutis era un estudioso al que se acusó, especialmente en círculos académicos europeos, de haber sacrificado en sus escritos la objetividad de la ciencia en pos de veleidades literarias y artísticas.
Arcano, el vocablo, apareció en el castellano a mediados del siglo XVI. "Oculto, misterioso, profundo y recóndito; como pensamiento arcano, noticia arcana. Dícese también del hombre que es muy callado y misterioso en sus dichos y hechos. Arcano se suele usar como sustantivo, y es lo que uno guarda y reserva en sí, y no lo dice ni manifiesta. Regularmente se usa de esta voz para significar, no lo que es común y de poca entidad, sino lo que encierra y contiene materia grave y de grande aprecio; como cuando se dice los arcanos de los Príncipes no son fáciles de penetrar ni saber.
Arcanidad. Cosa recóndita que uno reserva en sí, como noticia especial, máxima de estado, resolución y secreto confiado, y así otras cosas; y así del que presume tener grandes inclusiones con los Ministros del gobierno y habla palabras preñadas y misteriosas, se dice que es hombre de muchas arcanidades. Es voz de uso moderno, introducida por los que se precian de cultos en el lenguaje". Diccionario de Autoridades.
"Arcānus, -a, -um [arca], adjetivo, arcano, oculto, secreto misterioso // fiel, discreto // -um, -i, nombre, arcano, misterio, secreto // lugar sagrado [ = Sancta Sanctorum ] // arcano; -nê, adverbio, en secreto, de modo misterioso". Nuevo diccionario etimológico Latín-Español y de las voces derivadas. Santiago Segura Munguía. Universidad de Deusto.
Todavía en la segunda mitad del siglo XX —y con posterioridad también— quedan reminiscencias de la confusión derivada del descubrimiento de la quina original, como lo reflejó Fernando Ignacio Ortiz Crespo en el título de su libro La corteza del árbol sin nombre: hacia una historia congruente del descubrimiento y difusión de la quina. Fernando I. Ortiz Crespo (1942-2001) "murió por hipotermia y paro cardíaco en La Mica, situada en las altas estribaciones del Antisana, donde se volcó la canoa que le permitía seguir, sin desvíos, el curso celeste de las aves migratorias que, en su vuelo del Ártico a la Antártida, cruzan cada año la Línea Equinoccial". Periódico ecuatoriano El Comercio, 31 de octubre de 2011. Fue Fernando Ignacio primera beca de la Fundación Charles Darwin, máster en ciencias por la Universidad de Missouri, asistente del Museo de Zoología de Vertebrados en la Universidad de Berkeley, California, PhD en Biología por ese mismo alto centro de estudios con laureada tesis sobre colibríes ecuatoriales, además de otros muchos títulos.


"La Quina primitiva, que después de tantas controversias acerca de a cual de las especies botánicas descubiertas posteriormente pertenece, y que aún no se ha averiguado si es la naranjada de Mutis, o la oficinal de Linneo, fue descubierta por los indios, y experimentada por ellos mismos para curar las fiebres muchos años antes de nuestra conquista de las Américas (1). Un corregidor de Loja después de haberla recibido de manos de un indio, y experimentado él mismo sus felices efectos en 1636, se la regaló en 1638 al Virrey del Nuevo Reino de Granada don Gerónimo Fernández de Cabrera, conde de Chinchón, de donde tomó el nombre de Cinchona; y la condesa su esposa, después de haberla hecho ensayar con felices resultados en el hospital de Lima, fue la primera europea que experimentó sus maravillosos efectos (2). Con tan alta recomendación vino a ser objeto de especulación para los jesuitas; éstos después la trajeron a España en el año de 1640, y la empezaron a recomendar con buen éxito... " (Prólogo del doctor Manuel Hernández de Gregorio, boticario de la Corte, de su edición del Arcano de Mutis, hecha en Madrid en 1828).

(1) El uso de la Quina era conocido de los Americanos antes de serlo de los Españoles, y según una carta manuscrita de Antonio Bolo, Mercader Genovés que había comerciado en estas regiones, citada por Dn. Sebastián Bado, los Naturales de aquel pais tuvieron por mucho tiempo oculto este específico a los Españoles. Lo que es muy creible en vista de la antipatía que aún conservan a sus Conquistadores. (Charles-Marie de la Condamine, Sur làrbre du quinquina, Mémories de l` Académie de Sciences, 1738). Condamine dice también que el doctor Juan de Vega, médico de los condes de Chinchón, que los acompañó en su regreso a España, vendió las primeras libras en 1640 a cien reales.
"No será importuno en este lugar recordar la justa observación que hace el mismo M. de la Condamine sobre la etimología u origen del nombre quina con que jamás se ha conocido ni conoce en el Perú, ni aun generalmente en el comercio de España la cascarilla de que vamos tratando, con el fin de completar la historia de su primer conocimiento por los europeos, y remitir al lector para su comprobación al fin de la segunda parte de este tratado; pues aunque aquel célebre académico apunta, que la denominación de quinaquina, que había sido propia de un árbol muy diverso del que lleva la cascarilla o quina de Loja, conocido y usado mucho antes del descubrimiento de este último por los jesuitas de la ciudad de la Paz como un excelente febrífugo*, se comunicó al cascarillo de Loja por la semejanza en las virtudes... [...]. Los nombres con que se conoce en las boticas y entre los facultativos la corteza llamada en el Perú y en el comercio cascarilla son los siguientes: quina, quinquina o kin-kina, kina kina, corteaa peruviana, loja, china-chana o china-canna, china-chinoe, corteza-febril, genciana índica, antiquartanario peruviano y palo de calenturas. A los polvos denominan polvos de los jesuitas, polvos de Lugo, polvos peruvianos, polvos americanos y polvos de Quarango". Historia Bibliográfica de la Medicina Española, Tomo IV. Obra póstuma de don Antonio Fernández Morejón. Madrid, 1846.
* Y antes que los jesuítas de la Paz, conocido por fray Antonio Vázquez de Espinosa, como estamos demostrando.

 (2) "En España fue el propio médico de los condes de Chinchón, el Dr. Juan de la Vega *, quien la introdujo hacia 1640, iniciando su comercio en Sevilla". (Miguel Ángel Puig-Samper. José Celestino Mutis, estudio crítico. Fundación Ignacio Larramendi, 2017).
* "La planta americana que adquirió una importancia considerable desde el siglo XVII fue la quina. Tradicionalmente se ha aceptado la leyenda de la condesa de Chinchón, esposa del virrey del Perú, según la cual fue esta dama la primera europea en utilizar el polvo de la corteza del quino y difundirlo. De ahí que Linneo la llamara Cinchona. Puede afirmarse que los médicos españoles fueron los primeros en ocuparse del uso terapéutico de la quina. Mencionaremos a tres de ellos: Gaspar Caldera de Heredia (1663), Gaspar Bravo de Sobremonte (1669) y Pedro Miguel de Heredia (1673).
Tal como ha estudiado López Piñero, en el primer capítulo del libro de Caldera (De pulvere febrifugo Occidentalis Indiae (1669) se dice que esta planta no aparece descrita en las obras de Monardes, Orta, Clusius y Acosta. Se afirma que los indios empleaban los polvos de corteza para combatir los temblores musculares producidos por el frío y que los jesuitas, basándose en un razonamiento analógico, empezaron a usarlos para tratar los escalofríos de las fiebres intermitentes cuartanas y tercianas. Estos religiosos llevaron el medicamento a un farmacéutico de Lima que lo ensayó y animó a probarlo en esta ciudad. En el segundo capítulo Caldera cuenta que fue Juan de Vega, médico del virrey, conde de Chinchón, y primer titular de la cátedra de prima de medicina de la Universidad de Lima, quien llevó gran cantidad de polvos y corteza a Sevilla diciendo que había hecho diversas pruebas con ellos en la capital del Perú. Caldera de Heredia era la principal figura médica en la Sevilla de 1641 y, sin lugar a dudas, fue uno de los primeros en emplear el nuevo remedio". (https://www.uv.es/IHCD/Farmacologia/farma16.htm)
"La llegada de la quina a Europa se produce, como en tantas otras ocasiones, a través de Sevilla, puerta de Indias, vía de entrada de novedades y maravillas procedentes del Nuevo Mundo. Sevilla como escenario y sevillanos sus primeros intérpretes. Fue Sevilla la que vio arribar, en 1639, a Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla (1589-1647), IV conde de Chinchón y virrey del Perú entre 1629 y 1639. Le acompañaba, en su séquito, Juan de Vega, médico complutense, que había ejercido como médico personal suyo, a la par que se había transformado en primer Catedrático de Prima de Medicina de la limeña Universidad de San Marcos. Durante esa década peruana, fue testigo del auge que tomaba una nueva especie vegetal, conocida por los indígenas como quinaquina o quarango. Crecía en los bosques lluviosos de las montañas andinas. Y decían que curaba las fiebres intermitentes. Una vez terminados sus servicios como médico virreinal, de regreso a la Península, Juan de Vega se instaló en Sevilla, en la Borceguinería. Trajo consigo, entre otras muchas cosas, una buena provisión de corteza de quarango que, libra a libra, iba suministrando a Diego Gómez Duarte, boticario de la calle Vizcaínos, para que la dispensase a los que acudieran con sus recetas. De ahí que la quina, el medicamento que curaba la malaria, también fuera conocido, entre los médicos españoles, como "Los polvos de Juan de Vega". Así lo cuenta Diego Salado Garcés,
médico natural de Utrera, catedrático que fue de Método en la Universidad de Sevilla, en su Apologético discurso (impreso por Thomas Lopez de Haro en las Siete Rebueltas, Sevilla, 1679) De https://eprints.ucm.es/32529/1/Pecia23-2.pdf
En efecto, el utrerano Diego Salado Garcés dice: "Juzguè certissimo que cargara la ponderacion sobre aver dicho (quando no consta de dichos Autores) que el Do&. Juan de Vega fue Cathedratico de Prima, y Decano en la Vniversidad de los Reyes, a que añado el que fue Capitan de la sala de armas de las casas Reales, el qual aviendo buelto à España, y viuendo en Sevilla en la Bolcigeneria, comunicando la corteça de Quarango solamente a Diego Gomez Duarte, Boticario en calle Viscainos, a quien la dava libra à libra, començò a vsar dichos polvos: por cuya raçon, como diximos en el Apologetico, se llama de su nombre para el rigor de los febricitantes".
La calle Bolcigeneria (Borceguinería o de los Borceguineros porque allí tenían sus tiendas estos fabricantes de zapatos o borceguíes) iba desde la plaza Virgen de los Reyes hasta la conflluencia de la calle Mesón del Moro, y así fue conocida desde el siglo XIII hasta que en 1869 fue denominada como Comuneros en recuerdo de las comunidades de Castilla enfrentadas a Carlos I y derrotadas en Villalar; en 1875 de nuevo se llamó Borceguinería hasta 1893 en que se acordó rotularla Mateos Gago en reconocimiento de Francisco Mateos Gago (1827-1890), teólogo, catedrático y decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, que vivió y murió en las inmediaciones. La calle Viscainos (Vizcaínos), desde la confluencia de la avenida de la Constitución y Plaza Nueva a la de García de Vinuesa y Cristóbal de Castillejo, se conoció primeramente como calle de Castro, se cree que por unos caballeros que participaron en la Reconquista, pero el nombre alternaba con el de Vizcaínos, que al parecer era la denominación popular de la calle, porque, según Peraza, aludía al establecimiento de una nutrida colonia vasca dedicada a la compraventa de hierro: "Gran número de vizcaínos que toda la calle ocupado han, y tratan y venden en ella los clavos, herraduras y toda cosa de armas de hierro, lanzas, hachas y hachetes pertenece". En el plano de Olavide (1771) se recoge como Vizcaínos, hasta 1888 en que se denominó con el nombre actual de Fernández y González, por haber nacido en ella el escritor Manuel Fernández y González (1821-1888), novelista prolífico e imaginativo, cultivador de relatos de fondo histórico. Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla. Antonio Collantes de Terán Sánchez.



Uno de los autores (dos, que yo sepa a día de hoy) —el otro es Upson Clark— que mencionan a fray Antonio Vázquez de Espinosa en relación con la quina es Santiago Díaz Piedrahita: "En 1771 Francisco Redi se refiere a la especie que nos ocupa como “Corteza de quina-quina” o “cascarilla de Loja”. De otra parte varios cronistas como Bernabé Cobo en la “Historia del Nuevo Mundo” y Fray Antonio Vásquez de Espinosa, en el “Compendio y Descripción de las Indias Occidentales” hacen referencia al “árbol de las calenturas”. Pero nótese que Piedrahita no resalta lo más importante, que es el uso de la denominación original por parte del fraile carmelita: Quina-quina. Historia de La Medicina, Las Quinas en el Mundo y en Colombia. Dr. Santiago Díaz Piedrahíta, Presidente de la Academia Colombiana de Historia.
En esta entrada vamos siguiendo la pista de quien parece ser el  introductor de la quina en Europa, vía Sevilla, esto es, el doctor Juan de Vega, el mejor y más documentado por los historiadores. En pos de la suposición más coherente, deberemos establecer como hipótesis de trabajo que fue por su mediación como llegó el valioso antipirético al gabinete del sanluqueño doctor Alonso López Cornejo, de manos del boticario Diego Gómez Duarte.

"Es a partir de [la necesidad de dar un servicio eficaz al Monarca] que el rey puede gobernar sobre ese Imperio de papel que le construyen sus secretarios y oficiales. Ellos, y el caso de Díez de la Calle es palmario al respecto, deben mantener sus correspondencias, recibir las peticiones, conocer a las personas físicas o epistolarmente, lo que les sitúa en el centro de múltiples intereses y de no menos proyectos políticos y personales". Reseña de José Javier Ruiz Ibáñez en Espacio, Tiempo y Forma, número 32 de 2019, del libro de Guillaume Gaudin, El Imperio de papel de Juan Díez de la Calle. Pensar y gobernar el Nuevo Mundo en el siglo XVII.
Juan Díez de la Calle en su obra Memorial, resumen y compendio breve de cédulas, decretos y ordenanzas y otras cosas curiosas y necesarias para con más acierto ejecutar los despachos del Real y Supremo Consejo de las Indias y dar expediente a sus decretos y acuerdos [Manuscrito] / por Juan Díez de la Calle, oficial segundo de la Secretaría de Nueva España nos da primera noticia de la fecha de la frustrada impresión del Compendio y Descripción de las Indias Occidentales de fray Antonio Vázquez de Espinosa: año 1629. Aunque es pura lógica pensar que fray Antonio comunicó su descubrimiento ya desde el principio, como hemos sugerido, cuando se encontraba en las inmediaciones de La Plata hasta que en 1619 pasó a Lima. Podemos considerar, en última instancia, que oficialmente fue en este año de 1629 el de la más extensa divulgación del Compendio y por ende, de la quina.

En la edición del Compendio de 1992 (Historia 16) el carmelita Balbino Velasco Bayón (Lovingos, Segovia, 1926 - Madrid, 2013) nos ilustra con abundante documentación sobre los avatares del manuscrito del fraile castillejense:
"Esta obra [el Compendio de fray Antonio] ha tenido una historia azarosa. Se comenzó a imprimir en vida del autor, pero se interrumpió a su muerte. Lo afirma León Pinelo en la temprana fecha de 1636 (1). Biscaretus indica que se imprimieron algunos cuadernillos (2) que extractó Díez de la Calle (3). Debieron circular como anónimos porque, según Clark, en 1738 la nueva edición de la Biblioteca de León Pinelo enumera entre los anónimos en el vol. III, col. 1408-9, Compendio y descripción de las Indias Occidentales, del que sólo había visto dos libros; el primero, del Origen de los Indios y de donde procedieron sus ritos y costumbres y navegaciones que hacen a ella la Flota y Galeones su vuelta. El segundo contiene el Distrito de la Audiencia de la Española` (4).
Parece ser que en las bibliografías solamente permaneció el título, pero se perdió el nombre del autor. A la muerte de Vázquez se hizo cargo de la obra, según Biscareto, el cardenal Panfilio (5). Permaneció manuscrita, salvo las breves páginas impresas, durante más de tres siglos, en la Biblioteca Vaticana. En 1935 la identificó y describió perfectamente el padre Vargas Ugarte (6).
Fué el investigador norteamericano Charles Upson Clark quien la publicó en 1942, traducida al inglés".

(1) Antonio León Pinelo*, 1636, f. 91 v. Cuestión moral de si el chocolate quebranta el ayuno eclesiástico. "Fray Antonio Vázquez de Espinosa, Religioso de la Orden de N. Señora del Carmen, i muy versado, i entendido en todas las materias de Indias, por aver estado muchos años en el Perú, i en  la Nueva España, de que sacó muchos papeles, mapas, i relaciones en esta Corte, que sirvieron en negocios importantes, i tenia començada a imprimir la Descripcion de las Indias, de que hago mencion en mi Biblioteca **, quando murio; privandonos su muerte de la obra de mas provecho que tuvieramos en la materia; sacó a luz el año de seiscientos i veinte i tres un pequeño libro, cuyo titulo es, Confessionario general, luz i guia del cielo, con los tratos i contratos de las Indias del Perú, i Nueva España. En el qual llegando a tratar de lo que acerca del ayuno se deve preguntar, i saber del penitente en la confession, si ha ayunado los dias que manda la Iglesia, con los requisitos que pide, no haziendo colacion demasiada sin neçesidad; si ha comido carne por su autoridad en dias de ayuno, añade: O sin necessidad bebido Chocolate. En que declara i expressamente lleva la opinion de que quebranta el ayuno, i que no se puede beber en dia de precepto sin necessidad".
* Amigo de fray Antonio Vázquez, León Pinelo (1590-1660) buscó refugio en América hacia 1604 acosado por la Inquisición por su procedencia judeoconversa. Su abuelo había sido quemado en auto de fe realizado en Lisboa en 1596. Estudió con los jesuitas y en la Universidad de San Marcos de Lima, y pasó con su familia por Tucumán y Charcas (Sucre). Hacia 1622 —año de la repatriación de fray Antonio— llegó a Madrid junto con su hermano Diego. Llegaría a ser Relator del Consejo de Indias, Oidor de la Casa de la Contratación en Sevilla y Cronista Mayor de Indias.


** Epitome de la Biblioteca oriental i occidental, nautica i geografica ... / por el licenciado Antonio de Leon. En Madrid : por Iuan Gonzalez, 1629.

(2) Joaquín Smet, 1954, pág. 153. Some umpublished documenta concernig fray Antonio Vázquez de Espinosa, en Carmelus, 1. Roma, 1954, pags. 151-158). "There is no record of such a trip [de fray Antonio a Roma], and the contemporary Fr. Agostino Biscareto (d. 1638 or 1639), would surely have mentioned it in his sketch of the missioner`s life which we quote in these pages. [...] He was in the act of publishing his Compendium at Madrid when death overtook him early in January of 1630 (The enciclopedia universal, loc. cit. has him die in Seville, but Biscaretus seems to say he died in Madrid: "Sed valde dolendum est de viro isto quod diiutius non vixerit; nam dum imprimeret volumen historicum rerum Indicarum —etiam plura folia essent excussa— Matriti de medio tollitur in mense Januario 1630, et in nostro conventu proceribus quam plurimis comitantibus ae praecipuis eins cadaver deferentibus honorifice tumulatur ,, (Palmites, f. 26v). Perez declares that Biscaretus was present at the funeral: "Mortuus est Antonius Matriti in Januario mense incunte anno 1630, sepulchro inductus celebri pompa, ut scribit cen testis oculatus Augustinus Biscaretus,, (Misc. hist., f. 65r).

(3) En su Memorial, resumen o compendio breve de cédulas, decretos y ordenanzas. Ver supra. En esta obra recogió algunos párrafos de los libros 1º y 2º del Compendio.

(4) Charles Upson Clark, 1948, Prólogo al Compendio, págs. V-VI. "El manuscrito tiene actualmente la designación de Barberinianus Latinus 3584. Es probable que el Cardenal Barberini lo adquirió en el curso de su visita a España en 1725-26. En todo caso, se ve que el Cardenal lo tenía en alta estima; está encuadernado en tafilete rojo, repujado en oro, con las abejas barberinianas en las esquinas. La primera parte consiste de 80 hojas impresas a dos columnas, 30½ por 21½ cm.; después de una hoja en blanco viene la segunda parte, con 32 páginas impresas y 194 hojas escritas.
Como se ha dicho, la obra quedó en la obscuridad, pero se ve que unas hojas impresas llegaron a circular, porque en 1738 la nueva edición de la Biblioteca de León Pinelo enumera, entre los "Anónimos", en el Vol. III, col. 1408-9: "COMPENDIO, Y DESCRIPCION de las Indias Occidentales: solo hemos visto dos Libros: el Primero, del Origen de los Indios, i de donde procedieron sus Ritos, i Costumbres, i Navegaciones, que hacen á ellas la Flota y Galeones, i su buelta. El segundo contiene el Distrito de la Audiencia de la Española, imp. en fol. despues del Año 1626. Castellano," Hallé también en una carta del docto Jesuíta Joaquín Camaño* a su colega el enciclopedista Lorenzo Hervás y Panduro**, de fecha 1 de mayo de 1783 (MS. Vat. Lat. 9802), una cita del Añadidor de Fray Gregorio García, Libro III, Cap. 8, que se refiere a la circuncisión entre los Indios Guaicurú (nuestro párrafo 1802). Debe observarse, de paso, que en 1944 se publicó la parte del texto concerniente a México sobre las curas del docto Jesuíta Mariano Cuevas (Descripcion de la Nueva España en el Siglo XVII por el Padre Fray Antonio Vázquez de Espinosa y Otros Documentos del Siglo XVII*), y en 1943 el Gobierno de Guatemala publicó en facsímil del original la descripción de Centro-América ("La Audiencia de Guatemala. Primera Parte, Libro Quinto, del Compendio y Descripcion de las Indias Occidentales por Antonio Vázquez de Espinosa, Año de 1629. Tipografía Sánchez y de Guise." IV Centenario de la Fundacion de la Antigua Guatemala**.)
* Joaquín Camaño nació en Perú en 1737 y murió en Valencia (España) en 1820. Le correspondió por tanto, en pleno, la expulsión de los jesuitas de 1767, recalando en Faenza (Italia) donde se dedicó a la enseñanza de la filosofía, y luego pasó a Imola, a 30 kilómetros de Bolonia. Debemos relacionarlo, por ello, con los habitantes de la hacienda de San Ignacio de Castilleja y con el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla, tema pendiente de mayor desarrollo en esta Historia de nuestra Villa. "Faltaba una treintena de años para que el rey Carlos III decretara su expulsión radical del territorio hispano, en 1767, tras el motín de Esquilache del año anterior, que fue la gota que colmó el vaso, aunque en otras naciones de Europa ocurría tres cuartos de lo mismo, con el acuerdo de las demás órdenes religiosas, enemigas acérrimas del jesuitismo. Con todo ello la hacienda de San Ignacio quedó a la venta en subasta pública, y no tardó en ser adquirida por una rica señora sevillana, la cual se integró de forma tan completa en el pueblo que acabó casándose con un sencillo trabajador castillejano". Documentación (18a). Septiembre de 2008.
** El jesuita Lorenzo Hervás Paduro "padre de la lingüística comparada", nacido en Horcajo de Santiago (Cuenca) en 1735 y muerto en Roma en 1809, se asentó tras la expulsión en Córcega, luego en Forlí, en Cesena y por fin en Roma, donde trabajó en la Biblioteca Vaticana. http://www.cervantesvirtual.com/portales/lorenzo_hervas_y_panduro/
* "Now Father Mariano Cuevas, S.J., presents Vázquez´ original Spanish text of the portions referring to Mexico from a photostat [fotocopia] of the Clark manuscript. The introduction is, for the most part, a summary of the essential data in the introduction to the Smithsonian publication. Father Cuevas then presents Fray Antonio´ book I, which served as an introduction to the entire work, book III and IV, and chapters 2 to 5 of book V, which properly treat of New Spain". (The Americas, Vol. 3, Issue 3, January 1947, pp. 396-397). Mariano Cuevas (1879-1949) descubrió el testamento de Hernán Cortés, lo que supone que debió hacer más de una visita a nuestro pueblo de Castilleja. Las anteriores ediciones del testamento de Cortés —cuenta el padre Cuevas— no eran más que reproducciones de una recopia moderna plagada de erratas (254 palabras equivocadas), de omisiones de importancia, y en algunos puntos capitalísimos, mutilada; y sospechamos con fundamento que estas mutilaciones tuvieron su raíz en bastardos e injustos intereses. http://www.cervantesvirtual.com/obra/testamento-de-hernan-cortes-953421/ Ni que decir tiene que en una próxima serie de entradas de esta Historia de Castilleja deberemos desarrollar la estancia aquí del Conquistador y las circunstancias que sobrevinieron.
** Cuyo editor fue el doctor Adrián Recinos (1886-1962), embajador y ministro plenipotenciario de Guatemala en los Estados Unidos, España, Francia e Italia, con un profundo amor y un extenso conocimiento de la historia de la "Bella Guatemala". Con esta edición Adrián Recinos contribuyó al IV Centenario de la fundación de la Antigua Guatemala. (The Americas, Volume 2, Issue 1, July 1945, pp. 129-130).

(5) Illius scripta cardinalis Pamphilius, uti Nuntius Apostolicus penes se recepit (Joaquín Smet, 1954, pág. 153).

(6) Rubén Vargas Ugarte, I, 1935, pág. 106. Manuscritos peruanos en las bibliotecas del extranjero, I, Lima, 1935. El jesuita Vargas Ugarte (Lima, 1886 - Lima, 1975) estudió en su ciudad natal y viajó a España y a Italia, investigando a fondo en el Archivo General de Indias y en el Archivo del Vaticano. Fue prefecto de estudios en la Paz y Sucre (Bolivia) entre 1925 y 1930 y miembro de, entre otras instituciones, la española Real Academia de Historia.


Tirando del hilo encontramos un completo artículo en el Boletín de la Academia Chilena de la Historia, Santiago de Chile, tomo 22 (Jan 1, 1955): 116, cuyo autor es Sergio Villalobos, quien lo titula Dos cronistas: Alonso Borregán y Fray Antonio Vázquez de Espinosa. Por Villalobos sabremos que J. M. Beristain y Souza en el tomo I de su Biblioteca Hispanoamericana Septentrional de 1883 sostuvo que fray Antonio había nacido en Castilleja, al contrario que la Enciclopedia Espasa que afirma que lo hizo Jerez de la Frontera. "El ejemplar manuscrito y semimpreso del Compendio y Descripción de las Indias Occidentales fue visto por don Antonio León Pinelo, amigo del autor, que dio algunas noticias de él en 1629, en su Epitome de la Biblioteca Oriental y Occidental (ver supra). [...] Al año siguiente, 1630, el mismo León Pinelo en su Tratado de confirmaciones reales decia: `doy fin a la materia de los oficios vendibles, y de las encomiendas; de las cuales pone las que se proveen en las Indias, y su valor el Maestro fray Antonio Vázquez de Espinosa en su Descripción de las Indias, que comienza a imprimir, cuando este libro sale de las prensas, obra, que por la variedad, abundancia y noticia con que escribe de todas aquellas provincias, como quien las ha visto casi todas, satisfará a los doctos, y admirará a los curiosos`". También cita Villalobos a Pinelo en la Cuestión Moral si el Chocolate Quebranta el Ayuno Eclesiástico que acabamos de ver. Como así hace con el Prólogo de Charles Upson que ya conocemos, pero aporta un dato del todo interesante: "Allí [en la Biblioteca del Vaticano] lo encontró [el Compendio] en el siglo pasado Leopoldo von Ranke (1), que lo utilizó en su libro La Monarquía Española de los siglos XVI y XVII, aunque lo atribuyó en parte a Francisco Arrieta y en parte a Vázquez de Espinosa. Fue redescubierto por Mr. Charles U. Clark en 1929, encontrándose en Roma destacado por la Smithsonian Institution para buscar documentos inéditos relativos a las viejas culturas americanas. Interesado el investigador norteamericano en el manuscrito, prosiguió sus afanes hasta descubrir a su autor y publicar la obra [en 1942 en inglés, en Washington].

(1) (1) Leopoldo von Ranke (1795-1886) fue un historiador alemán. "No debe existir una teoría histórica, con esquemas previos que imponga sobre el pasado, como se hacía anteriormente. Ranke dice que sea el pasado el que hable, el historiador no tiene boca. Pone de manifiesto un método: el filológico, que consiste en el recurso a los documentos". (Wikipedia).


                                                             Biblioteca del Vaticano


miércoles, 1 de abril de 2020

Historia de los apellidos, 21g.



                                 Mapa de la región de Sucre, antigua ciudad de La Plata

Para terminar con Alberto Federico Bailetti Wiese, biógrafo del oportunista jesuita Agustín Salumbrino —oportunismo y jesuitismo van de la mano—, espigaré por fin algunos de sus más resonantes párrafos: "para el desarrollo de la enfermería y la farmacia de San Pablo, sin embargo nadie imaginó la trascendencia que tendría para el mundo con el descubrimiento de la quina y la cura de la malaria". Insiste en referirse al "reuma de la cabeza", "fiebre cuartana", "catarro", etc. del siglo XVII con el nombre decimonónico aplicado a la enfermedad concreta transmitida por el mosquito anopheles. Y utiliza el sustantivo quechúa "quina" sustrayéndolo de quien lo usó con toda propiedad por primera vez y antes que Salumbrino, oído a los indígenas bolivianos: el carmelita fray Antonio Vázquez (1). "Cantidad de vidas se salvaron [merced a la ¿quina? de Salumbrino], sobre todo entre la población africana e indígena del campo tan expuesta a la malaria. Lo mismo ocurrió en todo el mundo. ¿La medicina apareció atendiendo una necesidad del mercado como ocurre hoy en día? No, fue por amor a Dios y por  las mayorías necesitadas". Cuando Bailetti dice que "Salumbrino tenía un gran talento para el comercio como lo demostró desde muy joven al servicio del conde Marco Aurelio Manser. Asimismo, tenía un profundo conocimiento del negocio de farmacia adquirido en Milán y Roma. Tenía la virtud de los grandes empresarios" se acerca bastante a la realidad humana, como cuando dice: "No todos los superiores de la orden veían bien que la Botica se hubiera convertido en una próspera empresa. Prueba de ello es que poco tiempo después de morir Salumbrino, en 1656 el padre Leonardo de Peñafiel como Provincial del Perú estableció restricciones al comercio con seglares así como a que estos invirtieran en la Botica, como seguramente lo venían haciendo. Igualmente prohibía que se involucrara en grandes operaciones sin previa autorización del Provincial. En 1660 el padre Andrés de Rada instruyó que se dejara de vender al por menor viéndose en la necesidad de introducir tantas excepciones a la regla que prácticamente la disposición resultó inútil, como señala Luis Martín. Lo mismo debió ocurrir con las limitaciones a la venta de medicamentos a otras boticas y el control de precios ordenada por De Rada", o en este otro párrafo: "¿Sufrió en carne propia Salumbrino el ataque del Plasmodium? ¿Fue esta la gran batalla entre el flagelo que causó tanta muerte y dolor a la humanidad con el personaje llamado a infringirle su primera gran derrota? Su biógrafo [un jesuita anónimo] no aporta mayores luces sobre como sanó. Esto no es de extrañar pues en toda su biografía no se menciona al árbol de las calenturas o de la quina. Quizás su biógrafo ni el editor de su biografía eran conscientes a mediados del siglo XVII del gran aporte de Salumbrino a la historia de la medicina. Si sus contemporáneos consideraron que su vida merecía escribirse y publicarse fue por sus misteriosas visiones así como un ejemplo en la práctica de la medicina misionera y un gran maestro de caridad; no porque fuera un gran científico o talentoso empresario" (subrayado mío). Pero poco le dura al biógrafo del boticario el realismo, porque vuelve de inmediato a desarrollar su fantástica interpretación de la cura de la terrible enfermedad: "¿Cómo fue que Salumbrino se encontró con la cura de la malaria? Descartamos que haya sido un acontecimiento súbito, como el que ocurre en los cuentos. Fue más bien fruto de un largo y paciente aprendizaje de décadas de la identificación de la malaria a través de sus síntomas para hacer un adecuado diagnóstico así como de las propiedades de las plantas medicinales nativas. Es obvio que Salumbrino aprovechó el conocimiento de otros jesuitas que lo antecedieron en la Provincia del Perú o que le fueron contemporáneos. Su aporte consistió en experimentar con la corteza de quina y corroborar sus efectos. Esto no debió ser fácil, primero tuvo que romper los paradigmas de los conocimientos farmacéuticos de entonces renuentes a admitir que una sola sustancia simple pudiera curar un flagelo tan grave. Una cura así sonaba más a milagro o brujería que a ciencia. De otro lado tuvo que llegar a establecer la dosificación adecuada de administración del medicamento a través del ensayo error". En el paroxismo de su escalada llega a una comparación inaudita: "Esta concepción de la que participó Salumbrino fue y sigue siendo tan revolucionaria como la heliocéntrica de su contemporáneo Galileo Galilei, con quien compartió el mismo año de nacimiento y muerte (1564-1642). Salumbrino no ganó nada para sí con su trabajo ni siquiera fama en la posteridad. En la historia de la humanidad, versión oficial, se ensalza a los emperadores, reyes, papas, cardenales, generales y conquistadores. muchos de los cuales terminaron derrotados por el Plasmodium. No se le da lugar a un humilde enfermero y boticario como Salumbrino que derroto al parásito que hizo temblar y mató a tantos poderosos".

(1) Del fraile castillejense no se puede decir que no estuvo interesado en las lenguas y hablas del Nuevo Mundo, o que le resultó indiferente nombrar con exactitud a todo lo que se ofrecía a sus ojos llenos de curiosidad. A lo largo de su obra se echa de ver la entrega, cuidado y pasión que tenía por las palabras, especialmente por las que iba aprendiendo de boca de los indios. Precisamente en los capítulos que en el Compendio dedica a la descripción de la ciudad de La Plata en cuyas inmendiaciones medraba el árbol de quina-quina, es patente este interés, cierto que no ajeno al de otros cronistas elaboradores de los primeros diccionarios de lenguas vernáculas (a). Así, fray Antonio nos traslada gran cantidad de vocablos de aquellos pueblos: "Chuquisaca en lengua de los indios naturales" [La Plata, donde por cierto, también había comerciantes italianos en número de 27], "guayras, que así llaman los indios a unos hornillos en que funden metales de plata", "los indios que residen en esta ciudad hablan la lengua Quichua que es la general del Inca, otros hablan la Aymara, y otros la Puquina, cada uno conforme a su natural". "... en el trato de ropa de la tierra para los indios e indias, que son unas fajas con que se fajan la cintura que llaman Chumbis, y un género de calzado hecho de lana de colores a modo de rollos hechas unas lazadas que las atan sobre unas suelas de cuero crudo; llaman los indios a este género de calzado ojotas", "venden también vasos de madera, matizados de diferentes colores, que llaman cueros, en que los indios beben su bebida de chicha". Además de los árboles que lista —ver la entrada anterior— el carmelita menciona las hierbas de "payco, contra humores fríos", "chuma, un cardón espinoso", "chuquicanglia, toda de espinillas", "guay, contra todo género de dolores", "chamico, muy medicinal", "coruincho, con flor amarilla y blanca", "pinco-pinco, con el mismo efecto que la zarzaparrilla", "chucochuco, que sana heridas", "ucochacora o ucucha, que quiere decir ratón, remedio para sanar éticos", "yuralmaycha, eficaz contra el tabardillo"; y entre las frutas, nombra a "tintin, similar a la granadilla", "xiquirna, raíz a manera de nabo", "sapallos, similares a las calabazas", "achocha, a manera de pepino", "ucho, suerte de pepino llamado ají por los españoles"; de las semillas de sembradura se refiere fray Antonio al maíz, a la quinua, papa, ocas, yuca, maní, y al palo llamado "taclla" que usaban los indígenas para labrar la tierra, o al palo "caucana" usado para deshierbar; como hidrónimos de la zona, el arroyo "Quirpincacha", el "Churuquilla", el río "Cachimayu", el "Pilcomayu", el "Mojotoro"; en el campo de la zoología, el fraile se refiere a "linchupa", una abeja negra y redonda, "tocto, mayor que la anterior", "yao o matechey, de colmena grande como botija perulera", "lichiguana, amarillas y negras", "guancoyro, grandes como aceitunas manzanillas"; sobre aves nos habla de tres géneros de perdices: "guaycos, picasas y yutos", y los "chiguacos, como tordos", "papagayos", "quinti", "tacataca", "yuro", "taracchis", "palcos", "tiquitiquis", "alcamaris", "sucaras" y "cóndores"; entre los vertebrados mamíferos, la vicuña, el guanaco, el oscollo, el caraviuchaque, la anatuia, el otorongo, el poma, el lilisti, el atoc, la viscacha y el siqui. Todos ellos circunscritos solamente a la región de Charcas en la que se encontraba La Plata.
(a) Todos los cronistas, o en su mayoría, contemplaron con enorme curiosidad e interés las lenguas indígenas, como queda dicho. Al respecto nos cuenta el jesuita Gerónimo Pallas en su Misión a las Indias, con advertencias para los religiosos de Europa que la hubieren de emprender, cuya publicación fue aprobada en Lima el 24 de abril de 1620: "Síguese el collegio de Chuquisaca, ciudad fundada cerca de Potosí y por esta raçón llamada por otro nombre ciudad de la Plata, la qual se ilustra con su Yglesia Arçobispal, y real audiencia y chançillería, aquí fundó la compañía [de Jesús] casa el año de mil y quinientos y noventa y uno, y residen de ordinario veynte y dos sujetos, los dies sacerdotes, léense una cátreda de lengua de Yndios y otra de theología moral, ambas de mucho aprovechamiento y utilidad para los clérigos de aquella ciudad, con más los estudios de gramática, que estos los ay en todos nuestros collegios; y es para decir una particularidad deste collegio de Chuquisaca que tiene en su Yglesia una congregación de las señoras más principales de la ciudad, y todas confiesan y comulgan cada mes y se llaman esclavas de nuestra señora".
Resulta extraño que gozando en La Plata de una "cátedra de lenguas de indios" los jesuitas, no mencionaran el árbol de la quina-quina por su nombre autóctono, como sí lo hizo el carmelita de Castilleja de la Cuesta. ¿Pesó para tal omisión la secular enemistad entre los ignacianos y los del monte Carmelo? Tal enemistad está ilustrada y valgan estos ejemplos que lo demuestran:
 "Tan pronto como los Jesuitas supieron lo que se trataba [una Comisión de investigación nombrada por la Orden del Carmen], se alarmaron con las voces que circulaban de que se iban a copiar unas cartas que Santa Teresa había escrito contra los jesuitas, y que se acababan de descubrir. En una de estas cartas, dirigida a don Jerónimo Reinoso, canónigo de la iglesia de Palencia, fechada en Burgos el 20 de mayo de 1582, dice la Santa: "verá vuestra merced algo de lo que pasa de la Compañía, que verdaderamente parece comienzan enemistad formada, y fúndala el demonio con echarme culpas por lo que me habían de agradecer, con testimonios bien grandes, que de ellos mesmos podrían dar testigos en algunos (¡todo va a parar en estos negros intereses!) que dice, que quise, y que procuré; harto es no decir que pensé; y como yo creo que ellos dirán mentira, veo claro que el demonio debe andar en este enredo. Ahora dijeron a Catalina de Tolosa [protectora de las carmelitas en Burgos], que porque no se les pegase nuestra oración, no querían tratasen con las Descalzas. Mucho le debe ir al demonio en desavenirnos, pues tanta prisa se da". Escritos de Santa Teresa añadidos e ilustrados por don Vicente de la Fuente. Tomo II. Biblioteca de Autores Españoles, 1862.
"Controversias con otras órdenes. A mediados del siglo XVII los carmelitas habían alcanzado su cima. En este periodo, sin embargo, se vieron envueltos en controversias con otras órdenes, particularmente con los jesuitas. Los objetos especiales de ataque fueron el origen tradicional de los carmelitas y la fuente de su escapulario. La Sorbona, representada por Jean Launoy, se unió a los jesuitas en su polémica contra los carmelitas. Papebroch, el editor bolandista [por Jan Bolland, jesuita (1596-1665)] del Acta Sanctorum, fue contestado por el carmelita Sebastián de San Pablo, quien hizo tan serias acusaciones contra la ortodoxia de los escritos de su oponente que la misma existencia de los bolandistas se vio amenazada". http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_carmelitas
" Cuando la primera invasión armada de los portugueses del Brasil contra las reducciones de los omaguas fundadas por el padre Fritz [Samuel Fritz, jesuita misionero natural de Ornavía en Bohemia], en compañía de los soldados andaba un fraile carmelita calzado, el cual con una arma de fuego amenazó al misionero, intentando matarlo; en la segunda invasión contra el nuevo pueblo fundado por el mismo padre Fritz, volvió el  fraile, y, diciendo bravatas escandalosas, amenazaba otra vez al jesuita; el fraile carmelita se llamaba Antonio Andrade y no era sacerdote sino corista, muy ignorante, pero atrevido y emprendedor. La enemistad de los jesuitas y de los carmelitas calzados en el bajo Marañón es uno de los sucesos más lamentables de la historia de las misiones. [...] En cuanto a los escándalos cometidos por frailes carmelitas contra los misioneros jesuitas del Marañón, bueno es advertir que los narradores de estos hechos son los mismos jesuitas". Historia General de la República del Ecuador. Tomo VI. Federico González Suárez. Quito, Imprenta del Clero, 1890.
"But scarcely have I returned to Zuruite when a tonsured Religious named Fr. Antonio de Andrade, a companion of Fr. Guillerme, went with some soldiers on my heels, and attacking with fury one of my canoes, took a Chief prisoner, that was going upstream with me. However afterwards the following day he returned to deliver him up to me, contenting himself with uttering a thousand threats against me and my poor catechumens, that he would carry us all laden with fetters to Gran Pará". Journal of The Travels and Labours of Father Samuel Fritz in The River of The Amazonas between 1689 and 1723. George Edmundson. New York, 2016.
Y posteriormente, algo que acaso podría explicar el "enterramiento en vivo" hasta el siglo XX del Compendio, obra principal de fray Antonio Vázquez de Espinosa:
"A los jesuitas desterrados no les cabía duda de que las otras reglas, especialmente los dominicos, agustinos, franciscanos, carmelitas y bernabitas, habían contribuido a la opresión de los jesuitas en la persecución de que era objeto la Compañia en el XVIII europeo. [...]  Recomendaba [fray Gregorio del Carmelo, general de la Orden] dos actitudes fundamentales para el recto proceder diario de los carmelitas. En la primera parte del escrito insistía en que nadie debía dudar, en ninguno de los conventos de su jurisdicción, de lo justo y necesario de la expulsión, ni olvidar que había sido adoptada por el Soberano, a quien se debía profesar, no sólo la mayor obediencia, sino también la comprensión por ser quien velaba por la tranquilidad y justicia de sus pueblos". Inmaculada Fernández Arrillaga. El papel del clero en la expulsión de los jesuitas decretada por Carlos III en 1767. Universidad de Alicante.


Fray Antonio Vázquez Espinosa estuvo en Lima: "Siquiera como recordatorio de su hermano religioso. En este 1619 del otorgamiento de la dote él se encontraba en Lima y con un buen susto en el cuerpo: "Y estando yo en la ciudad de los Reyes el año de 1619 jueves primero de cuaresma, un día después de ceniza como a las once de la mañana vino tan grande temblor que asoló casi toda la ciudad [de Trujillo] echando todas las casas por tierra y los templos que eran muy buenos y toda la fábrica muy bien edificada, donde murieron más de 400 personas". Historia de los apellidos, 20r. Noviembre de 2019.
De lo cual puede con todo derecho colegirse que contactó con los jesuitas de la Botica de Salumbrino, y no es de extrañar que intercambiara conocimientos con dicho farmacéutico salvados de alguna manera los recelos entre las dos órdenes siquiera a un nivel personal. Con toda probabilidad se sirvió nuestro carmelita de algún remedio de la Botica durante su estancia en la ciudad. En el otro sentido, los jesuitas de Lima tenían enfermerías en todas sus haciendas y posesiones, en las que hay que incluir su centro de estudios de La Plata.
Digna de resaltar es la expresión de fray Antonio que anoté en la anterior entrada: " Del árbol quinaquina se saca una resina de color de hígado", considerando que cuando el parásito protozoo de la malaria penetra en la corriente sanguínea humana vía la saliva del mosquito, viaja en ella hasta alcanzar el hígado, en donde toma residencia. Las células hepáticas infectadas pronto "explotan", diseminando millones de protozoos en el sistema circulatorio de la sangre e invadiendo sus células rojas, que a su vez también explotan multiplicando el Plasmodium por todo el cuerpo. El ciclo recurrente conduce a una cascada de síntomas: fiebre, resfriados, dolores de cabeza y de músculos, ictericia (ojos y piel amarillos), vómitos y diarrea, anemia y profunda bajada de la presión arterial, que lleva al coma y, por fin, a la muerte.
Aquí también se hacen eco de las aseveraciones de Bailetti, aunque dejan claro que Salumbrino "fué asistido por la sabiduría de los pueblos indígenas" (¿vía fray Antonio? Estoy seguro de que sí):
Father Salumbrino had his work cut out for him caring for so many persons ill from malaria, but he was assisted by the wisdom of the indigenous people. Locals native to the Amazon region had long used bark of the cinchona tree to treat fevers and relax muscles. The bark contained quinine, the key ingredient for antimalarial drugs still used today, Jesuits in the field particularly in the Loxa region northeast of Lima, began to collect the bark". Enviromedics. The Impact of Climate Change on Human Health. Jay Lemery and Paul Auerbach. Rowman & Littlefield. 2017.

Varios son los personajes a quienes se atribuye el descubrimiento de la quina según estamos viendo. Desde al sevillano Monardes a este jesuita Agustín Salumbrino —calificado literalmente por Bailetti como "Salvador de Roma"—, o hasta a la marquesa de Chinchón.
Más tardíamente aparece en España alguien que a bombo y platillo se autoproclama tal descubridor: el médico don Sebastián López Ruíz (1), que publicó su Defensa y Demostración del Verdadero Descubridor de Las Quinas del Reino de Santa Fe, con Varias Noticias Útiles de este Específico, en Contestación a la Memoria de don Francisco Antonio Zea. Su Autor, el mismo Descubridor D. Sebastián José López Ruíz, Honorario de la Real Academia  Médica de Madrid. Año de 1802.


(1) Sebastián José López Ruíz (Ciudad de Panamá, Panamá, 1741 - 1832). "Médico y naturalista panameño, formado en artes, medicina, jurisprudencia, física y filosofía. Conocido por su disputa con Celestino Mutis por el descubrimiento de la quina. Tras un envío de quina al rey de España, que fue analizada en el Jardín Botánico por Casimiro G. Ortega y Antonio Palau, obtuvo de la corona española un sueldo anual para continuar su investigación sobre esta planta. Así, viajó por el virreinato, observando y describiendo las poblaciones, la geografía, los recursos agrícolas y mineros. Tuvo la oportunidad de estar en contacto con los naturalistas de la Expedición al Virreinato del Perú. Escribió una monografía sobre los indios Andaquíes, fruto de la observación directa. Viajó una segunda vez a España, donde colaboró con el Memorial Literario de Madrid y publicó su "defensa y demostración del verdadero descubridor de las quinas del Reyno de Santa Fe". Fue nombrado miembro de la Real Academia de Medicina y de la Real Sociedad Médica de París, y condecorado "Botánico de Real Orden" en España gracias a la influencia de Ortega". http://www.larramendi.es/poligrafos_y_autores/es/consulta_aut/registro.do?control=FILA20140534104


Del Diccionario de gobierno y legislación de Indias (Q-QUI), Archivo General de Indias.

En la Defensa y Demostración del Verdadero Descubridor de Las Quinas (Santa Fe, 19 de octubre de 1801) Sebastián López comienza quejándose de determinado editor de un periódico madrileño que se niega a publicársela por temor a indisponerse con ciertas personas importantes. Luego copia al pie de la letra el informe dado por el doctor don José Celestino Mutis (1) tras reconocer unas partidas de quina enviadas a España desde América. Posteriormente —cuenta don Sebastián— Francisco Antonio Zea (2) con base en el informe de Mutis —su maestro— insertó una Memoria sobre la Quina en el tomo II de sus Anales de Historia Natural, impreso en Madrid en 1800. En resumidas cuentas, Celestino Mutis intenta atribuirse el descubrimiento de la quina, atribución apoyada y refrendada por Zea. Habiendo Mutis asegurado en su informe que había recorrido con detenimiento las zonas de arbolado de quina, Sebastián López lo contradice punto por punto: "A principios de 1761 vino don José Mutis de España con el señor Virrey que fue don Pedro de la Cerda. Desde entonces era botánico según lo afirma él mismo en varios escritos, constando uno de ellos inserto en el expediente citado. Desembarcó en Cartagena; subió el río de la Magdalena y siguió la ruta de Opón para salir a Puente Real y Vélez. En aquellas cercanías y tránsitos hay multitud de árboles de quina. Transitó por el monte del Moro, donde también los hay, y en ninguna parte los conoció; llegó a Santa Fe, y don Miguel Santistevan le regaló hojas, flores y frutos de la quina de Loja, e hizo sobre ella varias meditaciones. Al año siguiente de 62 volvió a Cartagena por el gran monte del camino de Honda, lleno por todas partes de quina, y donde se tropieza con los árboles de todas sus especies. Tampoco allí los conoció siendo botánico, y teniendo ya consigo los esqueletos de ella. Lo mismo le sucedió a su regreso por el propio camino de Honda que se atraviesa en cuatro días". Y continúa el autor de la Defensa y Demostración narrando los viajes científicos de Mutis desde 1766 hasta 1770 por diversos parajes del área de crianza del árbol en Santa Fe ("largas expediciones botánicas" dice el mismo Mutis), "pero ni a la ida, ni en su mansión, ni a la vuelta siquiera los columbró".
"A pesar de estos y los antecedentes hechos se me despojó, y me mantengo privado, de la comisión de la Quina (habiendo logrado Don Jose Mútis oscurecer, destruir y apropiarse de mi mérito), la cual ya está en otras manos, con irreparables perjuicios míos".
Otro de los que proclamaron a José Celestino Mútis por descubridor de la quina fue el botánico del Rey Hipólito Ruíz, que estuvo en el Perú y elaboró una obra, Quinología Peruana, donde reconoce el mérito al gaditano: "que don José Mutis descubrió la quina de Santa Fe, y que yo la llevé a la Corte". Sebastián López, estando en Madrid entre 1792 y 1796, contradijo también a este último.
Al respecto, José Mutis publicó entre 1793 y 1794 el Arcano de la Quina, revelado a beneficio de la Humanidad —que seguidamente comentaré—, vindicando la autoría de su descubrimiento. "Sin embargo no se extingue el contagio de la usurpación; y aunque desfigurado, según noticias, trasciende a París, y se reimprime en Madrid la que se me hizo de esta Quina. Mr. Rieux (3), que había estado por acá, copia allí truncado el Arcano; lo traduce al francés, y lo remite como propio a la Convención Nacional. Logra vivas sensaciones en aquellos Sabios, que no pudieron precaver la sorpresa, y se le remite al Embajador de la República, residente en nuestra Corte, con encargo de que conozca a Rieux, y lo recomiende" sigue arguyendo en su defensa don Sebastián. El plagio de Rieux se insertó impreso en el Semanario Económico y su autor consiguió ser nombrado por la Corte hispana Comisionado de los Ramos de Quina, Canela y otros de este Reino, con 2.000 pesos de sueldo. Rieux se retiró a una hacienda que había comprado cerca de Honda y entabló negociaciones con varios personajes, entre ellos don Pedro Pinillo, rico comerciante de Mompóx, para la remisión y venta de cargas de quina.
Por otra parte, Zea el díscipulo de Mutis ya referido, "con distintas miras, tampoco de las más arregladas, peinó y copió en su dialecto el mismo papel Arcano, dándole el título de Memoria sobre la Quina, &c. Esta Memoria, que contiene muchos ´olvidos´, se imprimió como dejo dicho" dice don Sebastián López en su Defensa y Demostración, y cita uno de su párrafos: "Aunque no puedo dudar de la verdad y exactitud de tan importantes descubrimientos, hechos en el suelo nativo de la quina en el espacio de treinta y siete años por un Sabio tan célebre como el Señor Mutis". Añadió Zea en su Memoria "que las especies de Quina que se dicen descubiertas por mí (López), son las oficinales del Señor Mútis", y que "El Señor López podrá colectar plantas nuevas, mas no determinarlas hasta que se dedique a la Botánica". A lo cual se pregunta López: "¿Y no hubiera podido otro cualquiera hacer lo mismo sin ser botánico? [...] ¿Qué pericia ni luces botánicas tuvieron los indios gentiles de los montes de Loja y de otros, para conocer con determinación, aunque no sistemática, usar, y dar a conocer con sus virtudes y aplicaciones aquellos árboles de Quina y sus cortezas a los españoles y descendientes?".
Termina don Sebastián López descubriendo y acusando a otro "a quien picó el prurito de Descubridor de la Quina": el Teniente Coronel Graduado don Antonio de la Torre Miranda, que al regresar a España en 1786 hizo imprimir en El Puerto de Santa María (Cádiz) un papel intitulado: Noticia individual de las poblaciones nuevas fundadas en la Provincia de Cartagena, en el cual caía en la tentación de Descubridor y lograba convencer de ello a don Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, que informó en Madrid el 5 de octubre de 1788 diciendo: "que el expresado Don Antonio había descubierto en el terreno de Fusagasugá gran porción de selecta Quina".

(1) José Celestino Mutis. José Celestino Mutis y Bosio (Cádiz, España, 6 de abril de 1732 – Santa Fe de Bogotá, Virreinato de Nueva Granada, 11 de septiembre de 1808) fue un sacerdote, botánico, geógrafo, matemático, médico y docente de la Universidad del Rosario, en Santa Fe (actual Bogotá), universidad donde actualmente reposan sus restos. Es uno de los principales autores de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII. (Wikipedia).


                                                                               Mutis

(2) Juan Francisco Antonio Hilarión Zea Díaz (Medellín, 21 de octubre de 1776-Bath, 28 de noviembre de 1822) fue un científico, político, periodista y diplomático Colombiano. En 1805 como director del Real Jardín Botánico de Madrid publica en el Semanario de agricultura y artes la noticia de la plantación de árboles con carácter festivo en Villanueva de la Sierra dando pública fe de la celebración del primer Día del Árbol en el mundo. (Wikipedia).


                                                                        Zea

(3) Luis de Rieux. Luis Francisco de Rieux y Sabaires (1755-1840) fue un médico y militar francés que sirvió en las fuerzas patriotas durante las guerras de independencia hispanoamericanas. Nació en Montpellier, Reino de Francia, en 1755 y estudió medicina para graduarse como cirujano. En 1784 el gobierno de París le encargó realizar estudios científicos en Saint-Domingue para determinar su potencial económico. Al año siguiente llegó a América, donde pasó a trabajar para las autoridades españolas, destacando el encargo del virrey neogranadino Francisco Gil de Taboada de reformar el Hospital Militar de Cartagena de Indias. El siguiente virrey, José Manuel de Ezpeleta, le encargaría estudiar las quinas del río Magdalena. Posteriormente se instaló en Santafé de Bogotá para ejercer la medicina y a su plantación cafetera La Egipciana, en las alturas de Honda. (Wikipedia).
La vida de Rieux es novelesca. Alfredo Cardona Tobón, historiador, novelista e ingeniero, dice de él en su muy bien documentado blog: "El doctor Luis Francisco de Rieux murió en la hacienda “Peladeros” en Mariquita el 26 de setiembre de 1840 rodeado del cariño de los suyos y de la veneración de los labriegos de la región. Fue un gran hombre, un francés que hizo de la Nueva Granada su segunda patria, un científico e investigador a quien  los azares del destino llevaron al destierro, a la cárcel y a los campos de batalla. Rieux nació en Montpellier en 1755.  Obtuvo el grado de médico cirujano y en 1784 el gobierno francés le encomendó la misión de adelantar estudios científicos en la isla de Santo Domingo para determinar el potencial de la isla. Un año después el virrey Caballero y Góngora integró a Rieux en la nómina de los investigadores de la Expedición Científica y más tarde el virrey Gil  y Lemus le encargó la reforma del Hospital Militar de Cartagena; posteriormente el virrey Ezpeleta le encomendó el estudio de las quinas del rio Magdalena y al acabarse los recursos para este trabajo Luis Francisco de Rieux se avecindó en Santa Fe donde ejerció exitosamente la medicina. A la par de su profesión, este francés con nacionalidad española, se dedicó a las labores del campo en la hacienda “La egipciana” ubicada en la parte alta del territorio de Honda, donde plantó los primeros cafetales del virreinato y emprendió otros cultivos con noventa negros del rey  por quienes pagaba doscientos pesos anuales. De carácter abierto y festivo Rieux conquistó de inmediato la simpatía de los santafereños; sus ideas liberales lo acercaron a Nariño y demás criollos de ideas avanzadas.  Acompañado por su esposa Valeria asistió asiduamente a las tertulias organizadas por Antonio Nariño donde se comentaban las últimas noticias de ultramar mientras las damas en tertulia anexa hablaban de asuntos sociales y hogareños. Riuex ejerció una notable influencia sobre Nariño y otros criollos; no en balde las autoridades españolas lo señalaron posteriormente como el elemento peligroso que pervirtió con su trato a don Antonio Nariño y perdió con sus máximas a don Pedro Fermín de Vargas. Nariño entregó a Rieux la única hoja de los Derechos del Hombre que logró circular y que, por cierto, fue la perdición del médico. Los subalternos de la Real Audiencia revolcaron y saquearon la casa de Rieux buscando material que lo incriminara en los supuestos planes subversivos y detuvieron al galeno en Cartagena donde atendía funciones oficiales. Al igual que Nariño, Zea, Cabal y demás implicados en actividades contra la corona española, a de Rieux lo embarcaron en un bergantín rumbo a una cárcel de España, aislado y encadenado como al más culpable, más temido y mayor inspirador de los movimientos subversivos. Por gestiones del gobierno francés le dieron la ciudad de Cádiz como cárcel, lo que aprovechó para huir al norte de África y adelantar desde allí su defensa que culminó en 1799 con la declaración de inocencia impartida por el Concejo de Indias que declaró su causa “cortada y concluida”. Por los perjuicios causados, el gobierno español  reconoció a Rieux una indemnización y la devolución de los bienes embargados; pero como conocía los enredos y la ineficiencia de la justicia española solicitó, en cambio, la Jefatura de minas de Santa Fe. Su esposa había fallecido en medio de la mayor pobreza y su hijo estaba en manos de una familia amiga,  poco le quedaba en la Nueva Granada; sin embargo pudo más el apego a una tierra que consideraba su patria y de inmediato organizó su regreso a Santa Fe. Pero nuevas pruebas lo esperaban: al llegar a La Habana el barco naufragó y en la ruta a Charleston el navío que lo recogió también zozobró. De regreso a Europa en un  buque de bandera francesa, marineros ingleses los abordaron y Rieux fue a dar a una cárcel, de donde salió después de varios meses de prisión para dirigirse a Madrid y conseguir allí una comisión para la mejora de la quina, la canela y otras especias en la Nueva Granada. Mientras la corte española lo consideraba inocente, en Santa Fe la Real Audiencia lo consideraba sumamente peligroso. Sin embargo, pese a las enconadas acusaciones, Rieux llegó a Santa Fe y empezó su trabajo, vigilado continuamente por los enemigos que solo lo dejaron en paz después del 29 de julio de 1810, pues los Oidores fueron a parar a la cárcel o al exilio. En 1811 ingresó al ejército republicano como comandante del destacamento de Simití y en 1813 atiende la línea del río Magdalena con el título de capitán. En la lucha entre federalistas y centralistas Rieux estuvo siempre al  lado de Nariño y con el grado de coronel lo acompañó en el combate de Ventaquemada y en el triunfo en San Victorino. En 1815 Rieux con 500 hombres defiende el castillo de San Felipe y al caer Cartagena en manos de Morillo, escapa a la isla Margarita y luego se une a las tropas de Mc Gregor en la campaña de la Guajira y Zulia. Más  que un militar Rieux fue un investigador autor de varios tratados sobre botánica; amó al campo y a la naturaleza. Su carrera como oficial se vio truncada por la derrota en Santa Marta, ciudad que perdió ante el ataque de los indígenas realistas y las tropas españolas. Fue senador, gobernador del Zulia, ministro de Guerra...  fue un hombre de ideas y un empresario. En la época anterior a la independencia fue el faro que iluminó las mentes de los precursores". http://historiayregion.blogspot.com/2013/08/luis-francisco-de-rieux.html
En el Archivo General de Indias, digitalizados en el Portal de Archivos Españoles en Red (PARES) exiten abundantes documentos sobre Luis de Rieux: abono de sueldos como médico del Hospital Militar de Cartagena del año 1800; y documentos referentes al reo Luis de Rieux, instancias del dicho, oficio del embajador francés Guillemarde en su favor, expedientes, memoriales, minutas de oficio y cartas, todo ello del año 1795.

También referidos en general a la quina existen numerosos documentos, muchos de ellos digitalizados, en el mencionado Archivo.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...