martes, 29 de septiembre de 2020

Los olvidados, 4.


La oveja, el cerdo, la cabra, el asno, eran los verdaderos inocentes.

(Viene de la entrada anterior, apartado 1c). El 15 de febrero de 1953 el guardia 2º jefe de pareja Francisco Gil Climente de la Comandancia del distrito del término municipal de Gines formuló una denuncia en el juzgado de paz de Castilleja de la Cuesta por pastoreo sin autorización contra Adela. "Hallándose el que suscribe y el de su clase Manuel Falcón Bonilla prestando el servicio propio de su instituto por la demarcación de este Puesto, al llegar a las 17,30 horas del día de ayer al Camino la Cruz y sitio conocido por ídem, término municipal de Castilleja de la Cuesta y propiedad del vecino (en blanco), fue sorprendido el que dijo llamarse José Fernández Oliver, de 60 años de edad, casado, natural y vecino de Castilleja de la Cuesta, con domicilio en Calle Real n.º 111 (o 109), el cual daba de apacentar a 20 cabezas de ganado cabrío de su propiedad.
Preguntado si poseía permiso, del cual carecía para pastar en dicho camino, por cuyo motivo se le hizo saber quedaba denunciado ante la digna autoridad de V. para los efectos que en justicia procedan, por haber infringido el artículo 594 del vigente Código Penal ordinario.
El 23 de febrero Enrique Calderón Cansino, juez de paz de nuestra Villa, ordenó proceder a la celebración del juicio verbal de faltas, señalando a tal efecto el día 7 de abril a las 18 horas en el juzgado sito en la calle General Franco (Calle Real) n. 64, y que fuesen citados el fiscal, el denunciado, el perjudicado y los testigos si los hubiera.
Habiéndosele leído por el secretario la denuncia presentada, el denunciado se ratifica en el contenido de  aquélla, bajo promesa que presta en legal forma.
El denunciado manifiesta: Que es cierto cuanto se hace constar en el escrito denuncia de la Guardia Civil de Gines.
El Sr. Fiscal solicita de acuerdo con el artículo 594 del Código Penal vigente, se le imponga al denunciado la multa de diez pesetas, costas y demás gastos de este juicio.
El denunciado nada tiene que oponer.
El Sr. Juez, no teniendo las partes nada más que oponer, dio por terminado el acto que firman los concurrentes, haciéndolo a ruegos del denunciado don Juan Tovar Oliver, de que doy fé. El secretario, Antonio Villadiego.


La multa en papel de pagos al Estado

El 22 de marzo de 1963 fue denunciado por la guardia civil de Castilleja por pastoreo abusivo en la finca de la Estadilla propiedad de don Teodoro Arana Larrinaga, señalando el juez de paz Francisco Caro Ortiz la celebración del juicio el 25 de marzo a las 10 de la mañana en el juzgado, sito en la casa-ayuntamiento, y mandando citar al denunciante, al denunciado y al perjudicado. Actuaría de fiscal Antonio Carmona. El agente delegado citó a don Teodoro Arana, a Adela, al fiscal y a la parte denunciante —guardia civil— "si tuviese a bien asistir". Iniciado el juicio en dicho día 25 sin la comparecencia de la guardia civil, por don Teodoro se presentó su capataz Antonio Durán Guerrero (ver sobre Antonio Durán Historia de los apellidos, 18. Junio de 2019). Dada lectura a la denuncia por el secretario, se ratificó en ella el denunciado José Fernández Oliver, quien manifiesta que no es que estuviese pastando con el ganado, sino que lo hizo por acortar el camino ya que en dicho momento está lloviendo mucho, y como existe un camino, esa fue la causa de que atravesara la finca.
Concedida la palabra al representante del perjudicado don Antonio Durán Guerrero, este manifiesta que él se atiene a las manifestaciones hechas por la Guardia Civil.
Concedida la palabra al Sr. Fiscal para que emita su dictamen, dice que estima que los hechos denunciados y que considera probados, son constitutivos de una falta prevista y penada en el artículo 586 del Código Penal, de la que considera responsable en concepto de autor al denunciado José Fernández Oliver. solicitando se le imponga la pena de dos pesetas de multa por el ganado asnal y una peseta por cada una de las cabezas de ganado lanar y cabrío, mas los gastos y costas de este juicio e indemnización al perjudicado según la tasación pericial.
Las partes no tuvieron nada que oponer a todo lo sobredicho.
En el mismo día el juez emitió su sentencia y falló que: "Debo condenar y condeno al referido don José Fernández Oliver a la multa de dos pesetas por el ganado asnal y veinte pesetas más por el ganado lanar y cabrío, así como a la indemnización al perjudicado de veinticinco pesetas y los gastos y costas de este juicio. Así por esta mi sentencia, la pronuncio, mando y firmo. Francisco Caro Ortiz".

Don Teodoro Arana no tenía problemas con los sorpresivos chaparrones ni con los caminos intransitables. como a menudo los tenían los pastores, labriegos y gente menesterosa en general. La carretera de Sevilla a Huelva que conducía a su hacienda San Ignacio era mantenida en inmejorables condiciones a costa del contribuyente, y si caía agua le era indiferente a bordo de su automóvil último modelo.

 

Teodoro Arana pronto se motorizó, llegando a ser presidente de la Federación Regional Andaluza de Automovilismo, con sede en Sevilla. En la foto superior de finales de los años 20, tomada por él mismo desde el interior de su Rolls-Royce en la avenida de la Constitución —entre el edificio de Correos y el Archivo General de Indias—, se manifiesta otra de sus aficiones: la fotografía.


La familia de su esposa tampoco tenía graves problemas de tránsito. Hasta los niños pequeños de ella podían ordenar al lacayo echar el capó de su moderno vehículo, el que esta foto del año 1909 muestra estacionado a la puerta de su mansión sevillana en la calle Reyes Católicos n.º 5. Vivían en el año 1901 en ella Manuel Sáinz de Rozas, natural de Santander, propietario, hijo de Dámaso Sáinz de Rozas López de Santa Olalla y de Ramona Sáinz de la Calleja Sáinz Trápaga, con 25 años de residencia en Sevilla; su esposa María Josefa Marañón Lavin, natural de Cuba, hija de José Marañón Martínez y de Elvira Lavín Gavilán, con 35 años de residencia en Sevilla. Y sus hijos, Ángel de 22 años, Manuel de 17, Elvira de 19, Miguel de 9, Ramón de 7, Josefa de 7, Ana de 5 —futura dueña de la hacienda de Castilleja— y Manuela de 3, todos nacidos en Sevilla.
En esta casa de la calle Reyes Católicos se suicidó en 1908 un hermano de María Josefa la cubana, tío carnal por tanto de Ana Sáinz de Rozas Marañón, la dueña de la hacienda San Ignacio.
"En Sevilla se ha suicidado, arrojándose desde la azotea de su casa al patio, el distinguido joven don Juan Marañón Lavín. El suicida tenía treinta y cinco años de edad, era soltero y contaba con una renta diaria de cinco mil pesetas. Desde hace algún tiempo notábansele perturbaciones en las facultades mentales. Le obsesionaba la monomanía persecutoria". Diario de Córdoba, 29 de julio de 1908.
"Para El Cantábrico. De Sevilla. El mercantilismo eclesiástico. Hace días fue enterrado con ceremoniosa pompa, en el cementerio católico de esta capital, don Juan Marañón Lavín. Dicen unos que se suicidó, arrojándose desde la azotea de su domicilio al patio, y aseguran otros que se cescerrajó un tiro debajo de la barba. Como el certificado de los facultativos que hicieron la autopsia no se ha hecho público (al menos la prensa no lo ha dado a conocer), más vale creer ambas cosas que írselo a preguntar.
El señor Marañón, que apaleó en vida los millones, puesto que gozaba de 5.000 pesetas diarias de renta, a pesar de atentar contra su existencia, murió dentro del seno de la Iglesia. Las esquelas mortuorias, publicadas en los periódicos, así lo han asegurado, y por si esto no bastara, el hecho de enterrarse en sagrado el cadáver y de celebrarse sinnúmero de misas por su alma, lo prueba plenamente. Es más: casi todo el episcopado español ha concedido las indulgencias propias del caso, y públicamente se ha dicho en caracteres tipográficos que el señor Marañón recibio los Santos Sacramentos y la bendición de S.S.
Hay, sin embargo, un detalle interesantísimo que da al traste con los formulismos con se que ha pretendido hacer desaparecer un delito que condena la Iglesia. El señor Marañón murió instantáneamente y mal pudo, por tanto, recibir los santos sacramentos y la bendición papal, a menos que los grandes capitalistas gocen de privilegios especiales para entrar de contrabando en el reino de los cielos. Todo pudiera ser, porque si la fe transporta las montañas, el dinero allana todos los obstáculos y vence todas las dificultades, por peliagudas y graves que sean.
Tratárase, en este caso, de un Juan Lanas cualquiera, y la cosa variaba por completo; pero don Juan Marañón, uno de los primeros capitalistas de Sevilla, emparentado con grandes personajes, no podía considerarse como un suicida vulgar. Comprendiéndolo así el Arzobispo de Sevilla obró en justicia, y el potentado sevillano recibió sepultura en el cementerio católico sin escrúpulos ni aspavientos de ninguna clase. Y se comprende perfectamente la disposición del prelado de la hispalense silla; de haberse enterrado el señor Marañón en el cementerio civil, no se hubieran dirigido preces al Todopoderoso con la suntuosidad y aparato que requiere el alma de un capitalista. Francisco Barrios. Sevilla, 7 de agosto de 1908". El Cantábrico. Diario de la mañana. 15 de agosto de 1908.
Nacido en 1873 en la capital de Andalucía, vivió desde niño con sus hermanos en la calle Reyes Católicos n.º 4. Estudió abogacía. Al margen de la tragedia que debió suponer el hecho para sus allegados, no deja de ser humorístico e incluso clínicamente interesante que un abogado padeciese manía persecutoria, un mal más propio de sus clientes, que son en general delincuentes acosados.


La última denuncia que consta en el Archivo Municipal de Castilleja trae fecha del año 1970. El denunciante es la guardia civil de nuestra Villa, el denunciado es el pastor Adela, y el responsable civil Francisco de los Reyes Goncet, dueño del ganado. A las 4,30 del 21 de febrero de dicho año el cabo 1º Francisco Rodríguez y el guardia 2º Cipriano Iglesias Plaza* sorprendieron en el sitio denominado Las Almenas a José Fernández apacentando 35 ovejas propiedad de Francisco de los Reyes Goncet, de 56 años de edad, ganadero, con domicilio en la calle General Franco n.º 67.
El 22 de febrero el juez de paz Pedro Adame Sirgo** hizo nombrar peritos prácticos en defecto de titulares a los vecinos Diego Delgado Carmona y Antonio Oliver Vega, casados, los cuales aceptaron el cargo el día 24. Los cuales en dicho día, ante el juez y el secretario, dijeron: "Que se han personado en el lugar de auto, objeto de esta denuncia, y reconocido el mismo no parecen daños de ninguna clase. Así lo dicen, se afirman y ratifican y firman con el Sr. Juez, doy fé.
El 20 de abril el juez Adame Sirgo señaló para el día del juicio el 8 de mayo a las 16 horas. Los terrenos donde pacían las ovejas pertenecían a la Urbanización Las Almenas en término de Castilleja y estaban destinados a obras. José Fernández Oliver dijo en el juicio que era cierto lo denunciado por la guardia civil. Francisco de los Reyes dijo "que es cierto que José Fernández Oliver le guarda su ganado, y que si entró el ganado en el lugar de auto fue porque lo ignoraría de que no podía hacerlo, y que está dispuesto a abonar la multa y costas que les sean impuestas a su empleado, no teniendo más que manifestar".
El ministerio fiscal pidió la imposición a Adela de una multa de 75 pesetas y pago de las costas y gastos del procedimiento, siendo responsable civil el referido dueño del ganado.
La tasación de costas fue:

Hasta sentencia en juicio,    100 pesetas.
Ejecución de sentencia,         30      ,,
Derechos del Registro,          20      ,,
Multa,                                    75      ,,    
Reintegro del expediente,      15      ,,
Mutualidad del expediente,   20      ,, 

Total, 255 pesetas.


 El pago de la multa en pólizas



A Adela se le otorgó un salvoconducto para viajar por el territorio nacional valedero por seis meses. Presentó la solicitud para obtenerlo el día 20 de agosto de 1945 ante el alcalde de Castilleja, con la garantía de dos avalistas: Fernando López Rosales y Adolfo Ruiz Morales, que atestiguaron la buena conducta del solicitante. En dicho día el alcalde mandó pasar la instancia al comandante de puesto de la guardia civil a fin de que informara sobre él.
Estos salvoconductos eran una tardía secuela de la Guerra Civil, y se les exigía a personas de toda condición social. Ver por ejemplo el de María Josefa Benjumea Medina en Historia de los apellidos, 6. Mayo de 2019.

Casado con Concepción Negrón Chávez, procrearon a Carmen Fernández Negrón, quien a su vez casada con Manuel Ruiz Solano en 1950 tuvo a Manuel Ruiz Fernández el 6 de julio de 1951. Manuel Ruiz Solano era hijo de Manuel Ruiz Alcaina y Dionisia Solano Vega, naturales de Sevilla. Los padrinos en el bautizo de Manuel Ruiz Fernández fueron Juan Ruiz Solano y su hermana Mercedes, solteros vecinos de Castilleja.

* El guardia civil Cipriano Iglesias Plaza, denunciante del pastor Adela, era un hombre de estatura y corpulencia considerables, abdomen voluminoso, calva pronunciada y rostro congestionado con irregularidades de antiguas viruelas, y una nariz deforme, siempre rojiza o amoratada. Hablaba atropelladamente denotando una naturaleza nerviosa. Casado con Josefa Cáceres Leal, tuvieron tres hijos: Maria Isabel —quien se casó con José Bueno—, Tomás —casado con Rosa Santana— y Miguel Ángel —con Dolores Sierra—. La familia vivía en el cuartel de la calle del Convento. Maria Isabel era hermosa y discreta, muy reservada. Tomás Iglesias Cáceres fue amigo del que suscribe y dejó en él un muy grato recuerdo. Era una persona optimista y rebosante de buen y sano humor, arrollador y exento de malicia. 
Nunca lo vi enfadado, violento o desairado por nada ni por nadie. Perennemente con su sonrisa franca y abierta y sus ojos grandes en una cara con forma de pera, le apuntaba desde muy pronto el bozo de un bigotillo oscuro y unos pelillos negros diseminados por las quijadas. A Tomás le encantaban mis dibujos y caricaturas. Estudiamos juntos alguna que otra temporada en escuelas de refuerzo veraniegas y en los maristas de la barriada de la Inmaculada, creo recordar. Siempre agradable, con un bagaje de chistes renovados continuamente, empatizábamos profundamente. El onomatopéyico acrónimo de su nombre, TIC de Tomás Iglesias Cáceres, nos servía de motivo para bromas. Parecíame que el padre sentía celos por el éxito social del hijo. En sus años de jubilación aquél solía pasear a menudo por el pueblo, saludando ostentosamente a diestro y siniestro a sus amigos y conocidos. En muchas ocasiones compartimos bancos públicos charloteando de lo divino y de lo humano, pero su humor, comparado con el de su hijo, era chabacano y grosero, y su conversación resultaba desagradable en grado sumo. 
Habiendo seguido la profesión del padre, Tomás fue destinado a Barcelona y desde allí pasó a las Islas Canarias. Desde que se incorporó en el instituto armado se le veía muy raramente por Castilleja. Hace poco tuve noticias de él por la prensa, y me alegró saber que tuvo suerte en la vida, aunque por otra parte sus valores no sean los míos en lo que respecta a la Benemérita. Para mí la institución históricamente ha estado al servicio de las clases dominantes y, por ende, en contra de la clase obrera. Su tóxico corporativismo encubre, desde su fundación, graves delitos internos que acaban impunes, lo cual no es un distintivo particular de ella, ciertamente, sino que es generalizable a todos los cuerpos policiales y represivos. Su carácter militar hace a sus miembros cómplices de todo el complejo industrial-militar que convierte al mundo en un siniestro lugar de sufrimiento y explotación. Aspectos no menores son la falta de cultura y el materialismo de que adolece, o el racismo, el machismo y la homofobia latentes que la plaga. Para más inri ha asimilado, más que cualquier otra institución, la herencia nefasta del franquismo, negándose a condenarlo y ni siquiera a reconocer que en su mayor parte colaboró con los golpistas de 1936, lo que significa que la impunidad es ya crónica y ejemplo negativo. La lista sería interminable. Un detalle relevante: "Da la casualidad de que en ese instituto de enseñanza secundaria estudian hijos de guardias civiles que se han sentido muy molestos con las pinturas. La Asociación Pro Guardia Civil, con implantación en toda España, a través de su representante en Sevilla, Francisco Javier Delgado Arenas, le ha mostrado al director del Instituto su profundo malestar. Rufino de los Reyes, máxima autoridad académica en el centro y ex concejal socialista en Castilleja de la Cuesta, ha convocado a la asociación de guardias civiles y al pintor Antonio Garrido a una reunión el próximo 3 de marzo en el Instituto. Según comentó Delgado Arenas a ABC, como primera medida, el director del Instituto Las Encinas de Valencina de la Concepción, le aseguró que «está retirando la exposición»". Historia de los apellidos, 17. Junio de 2019.
Veamos las noticias de referencia respecto a TIC: "Una calle para el sargento Tomás. El Ayuntamiento y el pueblo de Santa María de Guía reconocieron ayer la labor de la Guardia Civil de Tráfico en el 50º Aniversario de su creación y centraron el homenaje en la figura del sargento primero Tomás Iglesias Cáceres, un sevillano que se enamoró de la Isla y puso todo su empeño en pasar el resto de su vida en el norte de Gran Canaria. En tres periodos estuvo destinado en el municipio, la última como jefe del puesto de la Benemérita, puesto que ocupó hasta su muerte, hace dos años.
Más de trescientas personas participaron anoche en el homenaje en la plaza de los Cinco Caminos, entre ellos su viuda, Rosa, y sus hijos, Tomás Yeray, Raúl y Macarena. En nombre de la familia, su hermano José Miguel señaló que desde los 15 años, junto al que luego fuera obispo de Jerez [Rafael Bellido Caro], utilizaba una moto para dar asistencia a los más necesitados de su pueblo natal, Castillejos [error, por Castilleja], y de toda la provincia de Sevilla.
Su pasión por las motos le llevó a pedir el ingreso en la Guardia Civil de Tráfico y el primer destino fue la localidad catalana de Martorell. Su amigo desde entonces, el comandante Manuel Anguita Cañas, recordó que en 1974 vinieron de vacaciones a las Islas y nada más regresar a Barcelona solicitaron un destino en Canarias. Cuando lo lograron, en el puesto de Tráfico de Albercón de La Virgen solo había un cabo y cuatro guardias.
Actualmente hay veinte agentes, resaltó su sucesor el cargo, el sargento Juan García Socas, quien precisó que Tomás Iglesias "era una persona muy querida y respetada, que, a pesar de no ser canario, se había integrado perfectamente y asimilado nuestras costumbres". Si algo le caracterizaba, añadió García Socas, "era el cariño y la entrega a los demás, no sólo como profesional, sino como vecino del pueblo".
En un vídeo sobre su vida se le ve simultaneando su tarea en la prevención de accidentes de tráfico con la participación activa en romerías y festejos musicales, a los que acudía con un tambor canario. Antes de destapar la placa con su nombre, el alcalde, Fernando Bañolas, resaltó que Tomás Iglesias "fue ante todo una buena persona y un buen amigo de todos los guienses".
En el acto de anoche también se recordó a los dos guardias civiles del puesto de Guía fallecidos con sus motos en acto de servicio, Juan Cortés Cuello de Oro (1975) y José González Alcalde (1991)". La Provincia. Diario de Las Palmas, 12 de octubre de 2010. J. Montesdeoca.
La madre de Tomás, Josefa Cáceres falleció —antes que su marido Cipriano— el 19 de febrero de 2000, a los setenta y nueve años. Vivía el matrimonio, ya jubilado, en San Juan de Aznalfarache.
La guardia civil de nuestra Villa, antes de la experiencia canaria de Tomás Iglesias Cáceres, ya tuvo vinculación con el archipiélago, —desde la década de los años 20 del siglo pasado—, por medio del jefe de puesto Vicente Plata Pardo. Lo referiremos inmediatamente.

** Pedro Adame Sirgo, hijo de Pedro Adame Tapia y Reyes Sirgo Rodríguez, casados en Sevilla en julio de 1917, y hermano de Manuel, Tomás, Josefa, Antonio y Ana. Casado con Magdalena Luque Perona, era empleado en el Banco Hispano Americano. Fueron Pedro y Magdalena padres de Cecilia, José, Reyes y Magdalena. Pedro el juez y empleado de banca murió a los 54 años de edad en Castilleja, el 5 de febrero de 1975. Vivía en la calle de Enmedio (José Antonio), n.º 30. Su hermano Manuel perteneció a Falange en la postguerra, y se casó el 2 de febrero de 1941 en San Lorenzo (Sevilla) con Rosario Palomino Vacas, sobrina del presidente de la Audiencia de Huelva. Por parte del novio actuaron de testigos dos militares: Antonio de Llano, teniente de Ingenieros, y Manuel González, del cuerpo de Aviación.
El abuelo materno de Pedro Adame Sirgo fue un guardia civil de Lora del Río (Sevilla), llamado Manuel Sirgo Parillo, establecido con su familia en la sevillana calle Bailén n.º 13 a principios del siglo XX.

 (1d) Hemos conocido en la anterior entrada al inquilino del Corral del Polaco Rafael Oliver Mellado, quien se libró del desahucio porque el casero José Jiménez Gutiérrez necesitaba un guardia que cuidara de su propiedad y el tal Rafael fue elegido al efecto, resultando así que pudo pagar el alquiler con su trabajo. 
Rafael Oliver Mellado, hijo de José y Rosario, murió con 62 años en el Corral del Polaco, de bronquitis, el día 19 de enero de 1933.
Hubo un supuesto caso de violencia intrafamiliar —al parecer mal interpretado— en el hogar de Rafael Oliver, reflejado en un expediente judicial de fecha de octubre de 1920.              :
Juzgado Municipal de Castilleja de la Cuesta. Expediente. Juicio verbal de faltas seguido contra Rafael Oliver Luque por malos tratos de obra y palabra a sus padres Rafael Oliver Mellado y Josefa Luque Sánchez, habiendo sido absuelto libremente y declarándose las costas de oficio.
Atestado instruido por maltrato de obra de hijo a padre. Vicente Plata Pardo, Cabo de la Guardia Civil de la Octava Compañía de la Comandancia de Sevilla afecta al Cuarto Tercio y actualmente Comandante del Puesto establecido en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, por el presente atestado se hace constar: Que serían las doce horas del día diez y siete del mes de Octubre de mil novecientos veinte, se presentó en esta casa cuartel el vecino de la misma Rafael Oliver Mellado, natural y vecino de esta Villa, de cuarenta y ocho años de edad, de estado casado y de oficio carrero, que hace cuestión de una hora entró en su casa un hijo suyo llamado Rafael Oliver Luque, de veinticuatro años de edad, un poco vevido (sic) al parecer, exigiendo a los padres, tanto a su madre como al declarante, ropas y otros efectos, con malos modales y groserías, maltratándolos de palabras y de obras sin causar lesión alguna, estando además incorregible por la falta de respeto y desobediencia a los mismos, y en vista de todo ello denuncia el hecho a la Guardia Civil, para los fines de justicia que proceda, no firmando esta su declaración por manifestar no saber, haciéndolo a su ruego el vecino de dicha Villa José Goncet Rosales, después de leída por mí esta su declaración y manifestar su conformidad, en Castilleja de la Cuesta en la hora, día y año expresados.
En vista de la anterior denuncia dispuso el que habla proceder a la detención del denunciado, la que se llevó a efecto a las doce y treinta horas del mismo día en su domicilio calle Granada sin número, por los guardias segundos de este puesto Joaquín Márquez Hidalgo y Antonio Márquez Salas, el cual convenientemente interrogado dijo llamarse Rafael Oliver Luque, de veinticuatro años de edad, soltero, y de oficio jornalero, que al entrar en su casa en la mañana de hoy y hablar con la madre sobre casamiento, entró el padre y preguntó a la madre que de qué se trataba, que cuando se enteró que era del casamiento le echó a la calle, que entonces el declarante le dijo le diera su ropa, entablándose una pequeña discusión entre ambos, y cogiéndole la mano con efecto de conducirlo a donde estaba su ropa, única agresión u ofensa que puede haberle inferido; que no tiene más que decir, que lo dicho es la verdad, en lo que se afirma y ratifica, y en vista de haberse disparatado en forma de decir que no puede firmar, no lo hace a pesar de saber, firmándolo la pareja que ha instruido así, el que certifico.


Firmas de los tres guardias civiles. A los cuales vamos a conocer más en detalle de inmediato.

A las 3 de la tarde del día 17 de octubre de 1920 la Benemérita de Castilleja hizo entrega al juez municipal Antonio Torres Cabrera del detenido Rafael Oliver Luque y de los dos folios del atestado. A las 3 de la tarde del día 28 fue señalado el juicio por el juez. Nombró fiscal a Nicolás Navarro López, y señores adjuntos a Fernando Navarro López y Alfonso Rodríguez Luque, citando a los guardias por medio de oficio al primer jefe de la Comandancia, al denunciante y al denunciado. Dio fe de todo ello el secretario Arcadio Rodríguez. En la propia fecha se puso en libertad al joven Rafael Oliver Luque.

Acta. En la villa de Castilleja de la Cuesta a veinte y ocho de Octubre de mil novecientos veinte, constituido el Tribunal municipal de la misma, compuesto por D. Antonio Torres Cabrera, Juez, y los Señores Adjuntos D. Fernando Navarro López y D. Alfonso Rodríguez Luque, asistido de D. Nicolás Navarro López y de mí el Secretario, comparecieron para la celebración del Juicio acordado los Guardias Civiles del puesto de esta villa D. Vicente Plata Pardo, Comandante de dicho puesto, y Antonio Márquez Salas y Joaquín Márquez Hidalgo quienes se hallan a sus órdenes; el denunciante Rafael Oliver Mellado, de esta vecindad, casado, jornalero y mayor de cuarenta años; su mujer Josefa Luque Sánchez; y el denunciado Rafael Oliver Luque, también de esta vecindad, soltero, jornalero y de veinte y tres años de edad; y siendo la hora prefijada, por orden de S.S.ª se dio principio al acto leyéndose por mí el Secretario el atestado que obra por cabeza.
El comandante del puesto en unión de los Guardias se afirmaron y ratificaron en su denuncia.
El denunciante Rafael Oliver Mellado manifestó que por una equivocación y error involuntario denunció el hecho a la Guardia Civil, negando que su hijo iba a faltarle al respeto porque le cogió las manos, sabiendo después que la intención de su hijo era evitar que le pegara.
Josefa Luque Sánchez manifestó: Que su hijo Rafael no le faltó ni de obra ni de palabra, y que su marido por un error de interpretación denunció lo que no había pasado.
El denunciado Rafael Oliver Luque dijo: Que ni aquel día ni nunca ha pasado por su imaginación faltar a su padre de obra ni palabra, y que intuyendo de que su padre le pegaría porque estaba algo bebido le cogió las manos, interpretándolo su padre en distinto modo y denunciándolo a la Guardia Civil.
Usando de la palabra, el Señor Fiscal dijo: Que no encontraba culpabilidad de ninguna clase contra Rafael Oliver Luque, de quien retira toda clase de acusación, para quien pidió la absolución completa.
Las partes se mostraron conformes con el dictamen Fiscal y el Tribunal, en vista de todo ello, absolvió libremente de toda clase de responsabilidad al denunciado Rafael Oliver Luque, declarando las costas de Oficio y mandando extender la presente diligencia, que leída y hallándosela conforme la firman con S.S.ª los concurrentes que saben hacerlo, y de los que como Secretario doy fe.


 Firmas de todos los concurrentes que sabian escribir

Tal vez la partida de casamiento del hijo acusado de maltrato explique que sus padres se opusieran a la boda. Consta en dicha partida que la elegida, —Guadalupe Ortiz—, era menor de edad, hija natural de madre desconocida, y no era vecina de Castilleja. Pero en la partida de defunción de él —ver abajo—, se la nombra Guadalupe Ortiz de los Reyes. 
En la Villa de Castilleja de la Cuesta, diócesis y Provincia de Sevilla, a trece de Febrero de mil novecientos veintiuno yo, don Fernando Fernández y Villavicencio, Pbro. Licenciado en Filosofía y cura regente de la de Santiago de de la Concepción de esta Villa, desposé y casé por palabras de presente que hicieron verdadero y legítimo matrimonio a Rafael Oliver Luque, natural y vecino de esta, de estado soltero, de veinticuatro años de edad e hijo de Rafael Oliver Mellado y Josefa Luque Sánchez, de profesión jornalero, juntamente con Guadalupe Ortiz, natural de Sevilla y vecina de esta e hija de Pedro Ortiz, de edad diez y ocho años. Fueron examinados y aprobados en Doctrina Cristiana y amonestados en tres días festivos consecutivos sin que hasta la fecha haya sido denunciado impedimento canónico alguno. Confesaron y comulgaron y por medio el consejo favorable de sus padres y se guardaron todos los requisitos necesarios para la validez y licitud de este contrato matrimonial, del que fueron testigos Miguel de los Reyes y Francisco de los Reyes, mayores de edad y vecinos de esta. En fé de lo cual lo firmo fecha ut supra.

La secuencia parece clara: Rafael Oliver Luque siente que "se le pasa el arroz", con 24 años y un salario de hambre y el futuro negro como el carbón. Conoce a la sevillana Guadalupe, muchacha de 18 años, desprotegida en su marginación social. Ella lo atosiga y acosa con el brillo de su fija mirada. Rafael se lanza al matrimonio. Sus padres se oponen, pensando más que en otra cosa en el bienestar y en el futuro de su hijo. Rafael busca consuelo en la bebida. Hay un percance malinterpretado en el hogar del Corral del Polaco. Intervienen la guardia civil y el juzgado. Todo se arregla. Rafael y Guadalupe se casan en la iglesia de Santiago, y son muy felices.
Rafael Oliver Luque murió con 62 años —de embolia cerebral según el médico Rafael López-Tarruella— en nuestra Villa, en la venta La Juanita, el 11 de abril de 1959. Por entonces ya era viudo de Guadalupe Ortiz de los Reyes.

Permítaseme ahora una especie de rápida revisión antropológica —puramente nominal— del Corral de la calle de la Granada durante el siglo XX.

En 1901 vivían en el Corral del Polaco las siguientes familias:
—Antonio Veloso Perona, de 41 años, jornalero agrícola. Su esposa Carmen Cansino López, de 38, natural de Gines. Hijos, Francisca Veloso Cansino, de 13 años; Carmen Veloso Cansino, de 10 años. Y Jose Cansino Durán, de 70 años, viudo, padre político, analfabeto.
—Diego Delgado Ruiz, de 50 años, natural de Valencina de la Concepción, jornalero agrícola, con 16 años de residencia. Su esposa Josefa Terrón Morales, de 59 años, analfabeta, natural de Bormujos, con 16 años de residencia. Hijos, Francisco de 16, Paula de 13, Antonio de 10 y Sebastiana de 5.
—Victoriano Villadiego Navarro, de 34 años, analfabeto, jornalero agrícola. Su esposa Josefa Tovar Goncet, de 29 años, analfabeta, jornalera agrícola. Hijos, Victoriano de 8, escolar; Florentina de 5, escolar; Rafael de 3; y Rocío de un mes.
—Francisco Ramos Caro, de 50 años, analfabeto, de oficio aguador. Su esposa Rocío Chávez Tovar, de 45, analfabeta. Hijos, Alejandro de 22, aguador, Carmen de 15, Rosario de 12, Concepción de 11, Dolores de 8, y Mercedes de 4.
—Enrique Vega Oliver, de 47 años, maestro albañil. Su esposa Dolores Veloso Perona, de 46, analfabeta. Hijos, Francisco de 15, Enrique de 12, Prudencia de 10, Antonio de 5, y José de 2. Y José Veloso Perona, de 27 años, viudo, hermano político, analfabeto, de profesión arriero.
Nótese que los Veloso, representados por Antonio Veloso Perona y por su hermana Dolores, eran de los vecinos más antiguos. Fue, como ya sabemos, un Veloso descendiente de éstos, Francisco Veloso Vargas quien, casado con la madre del pastor Adela se convertiría en su padrastro. Ver abajo, habitantes en el año 1920.

En 1910 vivían en el Corral del Polaco las siguientes familias:
—Antonio Oliver Acosta, de 70 años, viudo, vendedor de frutas. Rafael Oliver Mellado, de 39, carrero. Su esposa Josefa Luque Sánchez, de 40 años. Hijos, Rafael Oliver Luque de 14, José de 13, Josefa de 10, Rosario de 6, Francisco de 5 y Manuel de 2. 
—Antonio Quintanilla Oliver, de 45 años, zapatero. Su esposa Dolores Oliver Ramos, de 36. Hijos Antonio Quintanilla Oliver, de 15, jornalero fabril; José de 13, jornalero fabril; Amparo de 11, escolar; Carlota de 9, escolar; Concepción de 7, escolar; y Dolores de 5, escolar.
—Concepción Barrionuevo Navarro, de 39 años, viuda, analfabeta. Hijos, Francisco Polvillo Barrionuevo, de 15 años, analfabeto, jornalero fabril; y Juan Antonio Polvillo Barrionuevo, de 13 años, analfabeto, vendedor de dulces. Y la abuela Dolores Navarro Cabrera, de 78 años, viuda, analfabeta.
—Antonio Tovar Cabrera, de 63 años, analfabeto, jornalero agrícola. Su esposa Encarnación Chávez Tovar, de 60 años, analfabeta. Hijos, Francisca, de 38, soltera, analfabeta, sirvienta; Rosario, de 24, soltera, analfabeta, sirvienta; Ana, de 20, soltera, analfabeta, labores de casa; Rafael, de 18, analfabeto, obrero agrícola; Mercedes de 15, y el nieto Antonio Pérez Tovar, de 10 años, escolar, con domicilio en Sevilla y un mes de residencia en Castilleja.

En 1920 vivían en el Corral del Polaco las siguientes familias:
—Rafael Oliver Mellado, de 49 años, analfabeto, carrero de oficio. Josefa Luque Sánchez su esposa, de 50 años, analfabeta; y sus hijos Rafael, de 24, analfabeto, obrero agrícola, soltero; Josefa, de 20, analfabeta, sus labores, soltera; Rosario, de 16, analfabeta; Francisco, de 14, analfabeto; y Mercedes, de 9 años, analfabeta.
—Francisco Veloso Vargas, de 35, analfabeto, obrero agrícola. Adela Oliver Jiménez su esposa, de 50 años, analfabeta; José Fernández Oliver, hijastro, de 26 años, soltero, carnicero, analfabeto; Pedro Fernández Oliver, hijastro, de 24 años, soltero, analfabeto, obrero agrícola; y Eugenia Veloso Oliver, hija, de 9 años, analfabeta.
—Obdulia Luque Lozano, de 35 años, viuda, analfabeta, sus labores. Hijas, Concepción Palma Luque, de 12 años, analfabeta; y Josefa Palma Luque, de 8 años, analfabeta.
—Manuel González Aguallo, de 55 años, natural de Mairena del Aljarafe, analfabeto, de oficio leñero, con dos años de residencia. Su esposa Jesús (sic) Ballestero Calvillo, de 42 años, natural de Castilleja, analfabeta, sus labores. Hijas, Jesús, de 22 años, hembra, analfabeta, natural de Mairena, sus labores; Manuela, de 18 años, ídem ídem; Dolores, de 16, natural de Tomares, analfabeta; María, de 8, natural de Tomares; y Rocío, de 4, natural de Tomares.
—José Tovar Chávez, de 38 años, analfabeto, hortelano. Su esposa Adela Oliver Adorna, de 35, analfabeta, sus labores; Hijos, José, de 9 años, escolarizado; Adela, de 7, escolarizada; y Concepción, de 5, escolarizada.

En la entrada siguiente —Los olvidados, 5— repasaremos al brazo armado de la ley en Castilleja, los actores de la represión directa  que padecieron los desfavorecidos de nuestra Villa en aquellos años, un tiempo transcurrido en plena crisis de la Restauración denominado, repetimos, El Trienio Bolchevique (años 1918, 19, 20 y 21). En el mentado 1919 hubo sustitución bienal de concejales:

Castilleja de la Cuesta. Don José Bernal Rodríguez, Secretario del Ayuntamiento de esta villa. Certifico: Que la expresada Corporación en sesión ordinaria celebrada el día de hoy y a los efectos que determina el art. 45 de la ley municipal y Real orden de 24 de Noviembre último, acordó, por unanimidad, con vista de los documentos examinados al efecto, que las vacantes ordinarias que han de cubrirse en la próxima renovación bienal de Concejales de este Ayuntamiento, ascienden al número de cinco, por corresponderle cesar a los señores don Manuel Cansino Rosales, don Manuel Carmona Oliver, don Teodoro Oliver Jiménez, don Francisco de los Reyes Sánchez y don Fernando Oliver Caro, los cuales fueron elegidos en 7 de Noviembre de 1915 y posesionados en sus cargos en 1º de Enero de 1916.
Y para que conste y remitir al Excelentísimo señor Gobernador civil de esta provincia, para su inserción en el Boletín Oficial, expido la presente de orden del señor Alcalde y con su visto bueno, en Castilleja de la Cuesta a 4 de Diciembre de 1919.— José Bernal.—V.º B.º, El Alcalde, José de los Reyes Sánchez.

Consumado el golpe de Estado de Primo de Rivera en septiembre de 1923 y en virtud de su Real Decreto puesto en práctica en octubre en Castilleja en sesión municipal extraordinaria con la presencia de Vicente Plata Pardo (v.s.), comandante del puesto del instituto armado, fueron cesados los concejales Antonio Chávez Ortiz, Juan Antonio Oliver Cabrera, Manuel Carmona Oliver, José Ortiz Jiménez, José Tovar de la Rosa, Francisco de los Reyes Sánchez y Fernando Oliver Caro, y los vocales Manuel Cansino Rosales, Vicente Oliver Negrón, Antonio Negrón Oliver, Antonio Rodríguez Chávez, Pedro Muñoz Silva, Manuel Lara Gálvez, Francisco Prieto Pinto, Manuel Oliver Caro y Teodoro Oliver Jiménez.
El nuevo Ayuntamiento quedó como sigue: Manuel Cansino Rosales, alcalde; Francisco Prieto Pinto, teniente de alcalde; Teodoro Oliver Jiménez, regidor síndico; Antonio Rodríguez Chávez, regidor interventor; Manuel Lara Gálvez, depositario de los fondos municipales; mas los vocales asociados Antonio de los Reyes Cabrera, Fernando Navarro López, Antonio Ortiz Rosales, Francisco Lerma Pera, Antonio Chávez Rodríguez, Baldomero Tovar Carmona, José Oliver Chávez, Vicente Rodríguez Marín y Manuel Villar Gutiérrez.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Los olvidados, 3.

 

Fotografía engañosa, burda en su mezquindad, completamente manipuladora, descaradamente favorable a las clases dominantes por cuanto tiene de intento de desactivación de la lucha social, mostrando a los inquilinos como borreguillos sumisos. Porque hemos de notar que, aparte del elegante señorón del centro —probablemente alguna autoridad, periodista artero, casero o delegado—, no hay presente ningún otro varón adulto, ni siquiera joven. Se palpa el engaño a que para posar mostrando alborozo han sido sometidas la chiquillería inocente y las amas de casa analfabetas, embutiendo a posteriori el pie de foto que distorsiona lo que en realidad muestra la escena.

El doctor Vallina se hizo merecedor con todos los honores de la enemistad de la burguesía de la época, a causa de su consideración de las causas sociales como el origen y desarrollo de muchas enfermedades, entre ellas las mentales. Él creía firmemente en que la eliminación de la dominación económica de los menos sobre los más, —incluso por medios violentos—, conllevaría la eliminación de muchos males y dolencias que aquejaban sobre todo a los pobres. Para el anarquista sevillano, como es de recibo, no existía el destino, ni los designios divinos, ni el derecho de cuna y nacimiento, ni tan siquiera los defectos atribuibles a las clases desfavorecidas. La culpa de la situación sanitaria en los corrales de vecinos recaía según su leal saber y entender en las clases explotadoras representadas por los caseros y por sus delegados. Y en general, la defectuosa sanidad de las comunidades recaía sobre las élites, las verdaderas culpables.

Pedro Vallina en 1931

El doctor Pedro Vallina sufrió destierro en la zona norte de Badajoz a consecuencia de su intervención en diversas cuestiones sindicalistas, entre ellas la de los inquilinos en 1919. Fue puesto en libertad el día 31 de abril de 1922 (1). El 10 de diciembre siguiente presidió en Sevilla un mitin en el teatro del Duque para exigir responsabilidades al Gobierno por los desastres de julio de 1921 en Melilla y por las represiones de los últimos años contra las organizaciones obreras. Los oradores "se expresaron en tonos violentísimos, teniendo el delegado gubernativo que llamar varias veces al orden". ABC, 12 de diciembre de 1922. Al otro día el gobernador civil remitió al fiscal del rey el informe de la comisaría de vigilancia respecto a las palabras pronunciadas en dicho mitin por algún orador (en concreto por el concejal Hermenegildo Casas) atacando a las instituciones. "Sindicalistas deportados. Sevilla 4, 2 tarde. En el tren correo de hoy sale para Cádiz, en cuyo puerto embarcará para Casablanca, en donde fijará su residencia, el médico D. Pedro Vallina, significado entre los elementos avanzados de esta capital, y que desde hace muchos meses se hallaba preso en la cárcel como consecuencia del abortado complot comunista de Diciembre último. Dos ayudantes del doctor Vallina, también detenidos entonces, serán puestos en libertad, en cuanto éste haya embarcado para Casablanca". ABC, 5 de abril de 1924. (2) Se encontraba el 13 de mayo de 1930 Vallina en Dos Hermanas de regreso en libertad de otro extrañamiento, y al conocerse en Sevilla que venía a dar un mitin formaronse numerosos grupos de obreros, quienes rompieron algunos cristales en la calle Sierpes, siendo luego disueltos por la fuerza pública; el doctor, al conocer los hechos, suspendió el viaje. Por medio de una hojilla clandestina se había convocado a los obreros en la Alameda de Hércules para recibirle, a pesar de no estar autorizadas las manifestaciones públicas con tal motivo. Intervinieron fuerzas de Seguridad, de Caballería y de Infantería, menudeando las cargas, las carreras y los cierres de establecimientos. En la Campana y calle Martín Villa hubo encontronazos. Resultaron dañados algunos comercios. El 20 y 21 de julio de 1931 en Sevilla se dejó sentir una huelga general revolucionaria, produciéndose muchos heridos y varios muertos. Se disparaba contra la policía y guardia civil desde balcones y azoteas. En Dos Hermanas el pueblo se amotinó contra la Benemérita, cuyos refuerzos llegados desde Sevilla dispararon sobre la multitud causando 16 heridos entre los paisanos, 14 de ellos graves. En la capital explotaban petardos por doquier, y en los pueblos de la provincia la tensión se hacía sentir a todas horas. En la madrugada entre estos dos días 20 y 21 "un escuadrón de la Guardia civil, que se hallaba apostado en la carretera de Alcalá de Guadaira, maniobró, consiguiendo copar a ocho camiones que venían para Sevilla repletos de campesinos, dispuestos a tomar parte en los sucesos que se anunciaban para el día de hoy. Al frente de dichos campesinos venía el conocido agitador doctor Vallina". ABC, 21 de julio de 1931. La llamada Semana Sangrienta del verano de 1931 dejó en Sevilla 20 muertos y más de 200 heridos. "Eran los primeros meses de la II República proclamada el 14 de abril de 1931. Los sucesos de Sevilla, con numerosos enfrentamientos entre sindicalistas y fuerzas del orden, se desencadenaron después de la huelga general convocada en julio de 1931. [...] Los enfrentamientos se produjeron en numerosos puntos de Sevilla y provincia pero tuvieron tres epicentros: el bombardeo por el Ejército de la taberna Casa Cornelio, la muerte a tiros de cuatro detenidos en el Parque María Luisa a los que aplicaron la “Ley de Fugas” y el asalto al cuartel de la Guardia Civil en la Plaza del Sacrificio. [...] El 22 de julio se produjo la muerte por disparos de cuatro sindicalistas anarquistas que eran trasladados por unas fuerzas paramilitares a los sótanos habilitados como cárcel en la Plaza de España. Ocurrió en una de las principales avenidas del Parque María Luisa y se les aplicó la Ley de Fugas. [...] Casa Cornelio era una taberna situada donde ahora está la basílica de la Macarena y se afirmaba que allí se reunían los anarquistas que habían organizado la huelga general. Fue bombardeada a las 17:25 horas del  23 de julio de 1931 por orden del Ministerio del Interior y ejecutado por la Guardia Civil y la Caballería del ejército [apoyados por avionetas armadas con ametralladoras que sobrevolaron la ciudad a veces a 20 metros de altura]. Recibió el impacto de 22 cañonazos que dejaron la casa totalmente en ruinas. [...] Ese mismo 23 de julio, Leopoldo Ruiz Trillo, general de la Segunda División, declaró el estado de guerra “al no haber sido suficientes las enérgicas medidas tomadas por las autoridades para la pacificación moral y material de Sevilla y su provincia”. [...] El bando militar prohibía la formación de grupos de mas de cuatro personas en la vía pública, portar armas de fuego y los actos que significaran “un atentado a la libertad del trabajo”. [...] Advertía de que la fuerza pública “tiene órdenes concretas para hacer fuego sin previo aviso contra los grupos de cuatro o más individuos siempre que infundan sospechas”. También avisaba de que “es peligroso asomarse a los balcones o azoteas, así como permanecer en la calle”, ya que contra los que lo hagan “puede disparar la fuerza sin aviso”. Amanda González de Aledo: El estado de guerra decretado en Sevilla en 1931. Diario de Sevilla, 23 de marzo de 2020. El doctor Vallina y el comunista Manuel Adame Misa —quien pocos días antes había agredido al alcalde de Bormujos— fueron encerrados en el castillo gaditano de Santa Catalina.

Menos algún día, muy pocos, en que no pudo atender a su parroquia por algún ineludible compromiso, el médico Juan Manuel Lara visitó o recibió enfermos de Castilleja durante todo el Trienio Bolchevique (ver abajo, 1a). En estos tres años —o cuatro según algunos historiadores a los que sigo—, la primera defunción el 6 de enero de 1918 se debió a una bronquitis crónica. Las demás causas de muerte que certificó Lara en dicho periodo fueron tuberculosis pulmonar (muy frecuente), difteria, laringitis aguda, bronquitis aguda, insuficiencia mitral, dicteria (sic) laríngea, senectud, gangrena, gastroenteritis, obstrucción intestinal, hemiplejia cerebral, sarcoma cerebral, insuficiencia aórtica, miocarditis aguda, bronquitis gripal, falta de desarrollo (párvulos), esplenomegalia, fiebre colibacilar, hemorragia cerebral, epitelioma de la mejilla, bronconeumonía, tuberculosis laríngea, fiebre tifoidea, peritonitis tuberculosa, endarteritis obliterante (secuela de la sífilis), tuberculosis intestinal, cáncer de recto, caquexia, infección colibacilar, atrepsia, septicemia, infección gripal, meningitis, parálisis general, meningitis tuberculosa, encefalitis, uremia, angina de pecho, paludismo. La última fué el 27 de diciembre de 1921 a causa de hemorragia cerebral. Hubo un caso por "enfermedad desconocida". En el Corral del Polaco el 17 de agosto de 1919 murió de bronconeumonía Manuel Ortiz Pérez, hijo de Juan y Dolores, de 78 años, jornalero, casado con Dolores Navarro Ortiz. Se le hizo funeral y transporte de quinta clase. El casi octogenario Manuel abrió la siniestra lista de fallecimientos del Corral en dicho Trienio.

Al respecto de la concepción que Vallina tenía de la causalidad politicosocial de las enfermedades, pongo en blanco y negro la que tenía nuestro médico Juan Manuel Lara, expresada con meridiana claridad en un artículo que desde Dos Hermanas en 1972 envió a Arjonilla para su publicación en la revista local de actualidad. Lo trasncribo:

"San Roque, Médico.

San Roque, que eres médico divino
con prodigios y milagros
libranos de pestes y males
ROQUE SANTO PEREGRINO.
(Alfonso X "El Sabio")

Con esta copla de la Edad Media, se demuestra que ya en esa lejana época, se conocía la actuación milagrosa de nuestro querido patrono para curar enfermos que padecían: PESTE, LEPRA, TIFUS, COLERA ...
De esta última enfermedad —que la sufrieron todos los habitantes de los pueblos vecinos, librándose el nuestro de padecerla por la intersección de nuestro Santo— procede la promesa de comer de vigilia el día de San Roque, cuando en todos los pueblos, en los días de sus fiestas patronales se consume carne, en cantidad y de la mejor calidad.
Promesa que cumplimos todos los arjonilleros, aún los que estamos años y años ausentes de nuestra tierra.
Decía Marañón, que las cuartillas por delante es el espejo que descubre lo más hondo de nuestra alma, y yo al enfrentarme con el blanco papel me brota la inspiración para escribir de San Roque y de mi pueblo con el cariño que por ello siento. Pero hay que atenerse a las normas que señala la imprenta —concisión y brevedad— y así sólo expresaré con nostalgia —que según Martín Abril, es la poesía de la tristeza— algunos recuerdos de la infancia, lamentando al mismo tiempo, que las personas nos metemos en la vejez y nos acercamos a la muerte; y los árboles a cuya sombra jugábamos se mantengan firmes; las adelfas conserven en los arroyos su lozanía, su verdor y el color rojo y blanco de sus flores, y el ruiseñor siga prodigando sus trinos desde los árboles de las huertas y jardines en las noches templadas de primavera.
Siguiendo con los recuerdos —a pesar de vivir cerca de los monumentos notables de Sevilla— Catedral, Alcázar, La Giralda ... y de la admiración que como obras de arte me producen, no le hablan al sentimiento como este rincón de la Iglesia y de mi casa, donde sentado con mi madre en la puerta, nos envolvía dulcemente la sombra de la alta y esbelta torre.
El poeta expresó muy bien estos sentimientos con la copla con que termino este artículo.

Obeliscos y pórticos ajenos
no valen lo que patrios palomares
con los recuerdos de la infancia llenos.

Juan Manuel Lara Gómez, de la Sociedad de Escritores Médicos".

Pero sigue insistiendo el galeno arjonillero en tan delirante asunto milagrero. En otro de sus artículos, enviado a su localidad natal tres años después, en 1975, vuelve a la supersticiosa carga, con unas expresiones impropias de una persona a la que se le ha de suponer objetividad y madurez científica:

"La fé en San Roque. Esta mañana que tenía dedicada a escribir la crónica anual para la revista PROGRAMA DE LAS FIESTAS DE SAN ROQUE, ha amanecido fría, lluviosa y triste. Yo confío que saldrá el sol pero ni no lo hiciera nuestro bendito San Roque me iluminará para inspirarme y escribir como Él se merece.
Mi fe en San Roque data desde los primeros años de mi infancia cuando me vestía de monaguillo para llevar el cirial en su procesión. Después, cuando las obligaciones de la profesión me lo permitía lo acompañaba en todo el recorrido. En estos últimos años me he limitado a ayudarle a subir las gradas de la puerta del Perdón pidiéndole al mismo tiempo la salud necesaria para volver al año siguiente para presenciar sus fiestas y rememorar las horas felices de la infancia y juventud.
Yo le estoy muy agradecido porque me ayuda a conservar la salud suficiente para poder venir todos los años. Pero como el fin natural de mi vida se aproxima, le haré este año una petición especial, que cuando llegue la hora de no poder venir me acompañe a la presencia del Señor. ¡Ahí es nada llegar de la mano de un santo tan privilegiado que se sacrificó por los humildes de infección y contagiosos!
Yo espero también que San Roque siga pidiendo por mi pueblo y Dios le conceda la facultad de presenciar las procesiones que tanta piedad y esplendor le dedica todo el pueblo de Arjonilla y que siga defendiendo a mis paisanos de las enfermedades contagiosas lo mismo que lo hizo en vida cuando todos los vecinos de los pueblos inmediatos sufrían el cólera y el nuestro se libró por su intersección.
El título de este artículo me lo ha inspirado la súplica de la madre de los Kennedy (el primero presidente y el segundo senador de los EE.UU.) "que le quitara Dios si le placía todos los dones tanto morales como físicos que le había concedido pero que no le quitara la Fe para que siguiera viviendo en medio de sus desgracias". Dr. Juan M. Lara Gómez (De la Sociedad de Escritores Médicos)".

(1) Este 1922 del regreso a Sevilla del médico anarquista desde su destierro pacense (1a), el casero castillejano José Jiménez Gutiérrez (1b) se empeñaba en poner en la calle a familias enteras del Corral del Polaco, como dos años después lo haría con Jose y Lucía mis abuelos. Alguna de estas familias que vamos a ver a continuación llevaban viviendo allí más de 20 años.
Arcadio Rodríguez Velasco, secretario del juzgado municipal de Castilleja, da fe de que el 11 de marzo de 1922 ante don Pedro Muñoz Silva, juez municipal, comparecieron para celebrar acto de conciliación el actor José Jiménez Gutiérrez, vecino de Sevilla, casado y mayor de edad, acompañado de su Hombre Bueno don Juan Mena Bernal, y como demandados José Fernández Oliver (1c), Manuel González Aguallo y Francisco Veloso Vargas, asistidos de sus respectivos Hombres Buenos don Francisco Ortiz Barrionuevo, don Diego Rosales Cabrera y don Lorenzo de Silva Oliver, todos de esta vecindad; compareciendo últimamente el también demandado Rafael Oliver Mellado (1d) asistido de su Hombre Bueno don Rogelio Delgado Peñuelas. El secretario leyó en voz alta la demanda por la cual el actor pide a los demandados se allanen a dejarle libres y a su disposición las habitaciones que ocupan en la casa de su propiedad sita en la calle de la Granada n.º 9 en el plazo de un mes, "por ser poseedor reciente y necesitarla para otros usos" —lo cual resulta falso de toda falsedad a tenor de lo que hemos visto dos años después, cuando seguía alquilando las habitaciones—. Los cuatro demandados se dieron por enterados y aceptaron marcharse siempre y cuando en dicho plazo de un mes "encuentren locales a donde poder trasladarse". Tras un tira y afloja entre demandante y demandados, el juez y los hombres buenos, en uso de las facultades que la ley les otorgaba, "intervinieron con sus buenos propósitos con el fin de avenirlos en sus respectivas pretensiones, consiguiendo de la parte actora que además del plazo concedido en la anterior demanda, amplíe este lapso de tiempo hasta el 30 de abril próximo venidero". Se extendió el acta, se leyó, y fue firmada por los que supieron hacerlo: el juez, Francisco Veloso, Mena Bernal, Lorenzo de Silva, Francisco Ortiz, Diego Rosales, Rogelio Delgado y el secretario.
Pero no fue el asunto a gusto de todos. Se agotó el plazo y los inquilinos no habían encontrado nuevos alojamientos, a pesar de la voluntad que pusieron en buscarlos. En el nuevo escrito de súplica presentado al juez por José Jiménez Gutiérrez el 15 de mayo de 1922 (su procurador era José Marín Lara) se dice: "Es un hecho tan innegable mi deseo de dar por terminado el arriendo, y así lo aceptaron los inquilinos en el acto de conciliación, allanándose a desalojar la casa, que desde el mes de febrero anterior no paga ninguno de ellos las rentas que venían satisfaciendo, adeudando por consiguiente las correspondientes a dicho mes y a los de Marzo, Abril y parte del actual."
El juez Pedro Muñoz provee al día siguiente y fija el nuevo juicio para el día 22 del referido mes a las siete de la tarde, haciendo saber al demandante la obligación que tiene de señalar domicilio en Castilleja para las diligencias que el Juzgado hubiera de practicar. El juez citó también a los "señores adjuntos" don Antonio Ortiz Rosales y don Manuel Tejada Sánchez para que formen tribunal. José Jiménez señaló por la casa en la que se habían de recibir las diligencias judiciales el número 99 de la Calle Real. El secretario fue también a notificar a los cuatro demandados al número 9 de la calle Granada aquella mañana, mas no los pudo hallar porque se encontraban en sus respectivas ocupaciones según le manifestó Josefa Luque Sánchez, esposa del demandado Rafael Oliver Mellado. Francisco Veloso se encontraba allí al volver el secretario por la tarde. En el caso del demandado José Fernández Oliver, ausente, lo hizo su madre, Adela Oliver Jiménez, tía abuela de quien esto escribe.


Firma de Francisco Veloso Vargas en el expediente de desahucio. Los Veloso Vargas eran hijos de Manuel Veloso Perona, jornalero, y  de Eugenia Vargas Luquez, casados en la Calle Real en 1885. Padres de Manuel, Juan Veloso García y Francisca Perona Tovar. Padres de Eugenia, Ramón Vargas de la Torre y Micaela Luquez Ortiz, todos de Castilleja. Veloso era apellido gallego traído a Castilleja en el siglo XIX por un emigrante que explicaría la preponderancia de cabellos rubios, ojos claros y piel blanca de la familia, observable hasta nuestros días. Adela se casó don Francisco Veloso, aportando al matrimonio un hijo, José Fernández Oliver. Después tuvo con Veloso más hijos.


Firmas de los señores adjuntos Antonio Ortiz Rosales y Manuel Tejada Sánchez

El 22 de mayo se constituyó en audiencia pública el tribunal municipal bajo la presidencia del juez Pedro Muñoz, los dos señores adjuntos y el secretario Arcadio Rodríguez, mas José Jiménez con su procurador José Marín Lara del Ilustre Colegio de Sevilla, quienes manifestaron que desistían de la demanda contra Manuel González Aguallo por haber desalojado ya la habitación que ocupaba, cuya llave ya ha sido entregada. Asisten también Rafael Oliver Mellado y Francisco Veloso Vargas y no así —por causas desconocidas— José Fernández Oliver, por lo que el tribunal acuerda que se le cite para el día siguiente a las 6 de la tarde, con apercibimiento de que si no comparece se le tendrá por conforme con el desahucio procediendo al desalojo.
Leyó el secretario la demanda, se ratificó en ella la parte actora, manifestando "que las rentas que venían satisfaciendo los demandados no exceden en su total anual de mil pesetas, solicita que a virtud de lo preceptuado en el artículo cuatrocientos noventa y seis de la Ley de Enjuiciamiento Civil y en anuencia con el artículo once de la Ley del Timbre de mil novecientos veinte, el señor Juez de acuerdo con los adjuntos fije como cuantía a este juicio una cantidad inferior a mil pesetas".
A las preguntas del juez contestaron los demandados. Rafael Oliver que no se había marchado porque no había encontrado dónde vivir con su familia, "y además porque el actor le había ofrecido que continuaría en dichas habitaciones por necesitarlo para la guarda y custodia de la finca". Francisco Veloso que desde luego reconoce el derecho del actor, y que se marchará tan pronto encuentre dónde irse, para lo cual hace continuas gestiones.
Replicó el demandante que, por convenir a sus intereses, se desistían también de todo el procedimiento contra dicho Rafael Oliver Mellado, y respecto a Francisco Veloso, pide que se continúe el juicio contra él. El señor juez dió por concluido el juicio.


Firmas de todos los concurrentes al juicio

A las 6 de la tarde el secretario fue a notificar a José Fernández Oliver, no hallando en la casa ni a él ni a nadie de su familia, de manera que entregó la citación a la vecina Josefa Luque Sánchez para que se la hiciera llegar. Al siguiente día, 23 de mayo, ante juez, secretario y adjuntos compareció José Jiménez con su procurador José Marín, y como demandado José Fernández Oliver, soltero y mayor de edad, que prometió marcharse de las habitaciones que ocupa tan pronto encuentre a donde trasladarse. Con ello se dió el acto por concluido.

Sentencia. El día 27 de mayo de 1922 el tribunal municipal formado por el juez y los dos señores adjuntos falló lo siguiente: "Que debemos declarar y declaramos haber lugar al desahucio de las habitaciones que ocupan en la casa número nueve de la calle Granada D. Francisco Veloso Vargas y D. José Fernández Oliver, a quienes se apercibirán de lanzamiento si no desalojan dichas habitaciones dentro del término que se diría, e imponiéndoles además las costas de este juicio.
El día 29 el secretario notificó a José Jiménez Gutiérrez en la Calle Real n.º 99, y no hallándolo dió copia a su hermano político don Narciso Rodríguez Rosales para que la hiciera llegar a sus manos.
Luego notificó a José Fernández Oliver, siendo su vecina Josefa Luque Sánchez quien, por estar ausente él, recibió la copia prometiendo entregársela. Seguidamente en la misma casa buscó a Francisco Veloso Vargas, encontrando su habitación cerrada, y Josefa Luque le manifestó que se encontraba fuera de la localidad, por lo que también ella recibió la copia de la notificación para entregársela cuando volviese.

El 8 de junio de 1922 ante el juez y el secretario compareció José Jiménez Gutiérrez, manifestando que al ser firme la sentencia de desalojo contra Francisco Veloso y José Fernández, solicitaba se les diera de plazo 8 días para que abandonaran las habitaciones que ocupaban.
Al no haber los demandados interpuesto recurso de apelación alguno, el juez proveyó que la sentencia se declarara firme. El secretario notificó a las partes, y en el caso de José Fernández —que esta vez se nombra con los apellidos de su madre, José Oliver Jiménez— fué Adela, dicha su madre, quien recibió la notificación por estar el hijo ausente.

El 21 de junio compareció el actor con su procurador y pidió el lanzamiento por haberse agotado el plazo de los 8 días. El juez accedió, "el cual se llevará a efecto sin consideración alguna y a costa de los mismos [demandados]".
En la propia fecha compareció José Jiménez Gutiérrez y dijo que los individuos José Fernández Oliver y Francisco Veloso Vargas habían desalojado las habitaciones que ocupaban, no necesitándose, por tanto, llegar al lanzamiento. Por lo que el juez mandó archivar el expediente.

(1a) Nótese que el tiempo de destierro de Vallina coincide con total exactitud con el conocido como Trienio Bolchevique. Creo, con base en evidentes fundamentos, que la huelga de inquilinos de Sevilla inauguró el periodo denominado por el historiador Juan Díaz del Moral de dicha forma: Trienio Bolchevique. Que fue en el tiempo un aspecto local de la formidable convulsión social que en todo el mundo produjo la onda expansiva de aquella magnificente deflagración revolucionaria ocurrida en Rusia al finalizar la Primera Guerra Mundial. Habitualmente se utiliza la expresión Trienio Bolchevique de forma restringida para referirse a las revueltas, manifestaciones y huelgas que se produjeron en la mitad sur de España, especialmente en el campo andaluz. "En un contexto social burgués, pero coincidiendo con el momento previo a la mayor intensidad de la agitación campesina, el 1 de enero de 1919 Blas Infante redactó el Manifiesto Andalucista de Córdoba". Wikipedia.
En marzo de 1919 los rusos detuvieron en Moscú a los miembros de la Cruz Roja húngara hasta que fuera liberada la misión bolchevique, detenida en diciembre en Budapest. En Lisboa en octubre de dicho año la policía detuvo a 6 bolcheviques portugueses procedentes de Brasil, al desembarcar en el puerto, y a otros 12 bolcheviques españoles que trataron también de hacerlo, dicha policía se lo impidió. En Han-Kan (China) en junio de 1925 un agitador bolchevique, detenido días antes, fue fusilado. Acusados de hacer propaganda soviética se detuvo en Viena a un estudiante, a un médico, a un ingeniero y a un periodista en mayo de 1928. En Lima detiene la policía a dos agentes soviéticos a los que se les ocupa gran cantidad de literatura y propaganda comunista.


Un recorte de prensa de la época

(1b) Aunque no consta en el archivo parroquial de Castilleja partida de defunción de María Ana Jiménez Gutiérrez —la dueña real del Corral del Polaco, ya que su hermano José actuaba solo como su apoderado—, van emergiendo otros datos sobre su persona en la documentación que manejo día a día:
En el padrón de diciembre de 1920 —año en que adquirió dicho Corral—vivía en la calle Marqués de Loreto n.º 3, viuda, con 54 años de edad, analfabeta, vecina de San Juan de Aznalfarache y con un mes de residencia en Castilleja. Con ella sus hijos Joaquín Cansino Jiménez, de 28 años, soltero, analfabeto, obrero agrícola, vecino de San Juan y residente en esta Villa desde hacía un mes; Concepción Cansino Jiménez, de 20 años, soltera y analfabeta, de ocupación sus labores; Carmen Cansino Jiménez, de 15 años, ídem, ídem; y Rosario Cansino Jiménez, de 12 años, ídem, ídem. De Concepción Cansino Jiménez he encontrado la partida de defunción, por la que sabemos que al morir —en Sevilla el 4 de junio de 1976 con 75 años de edad— era viuda de Rafael Rodríguez Pinto. Vivía en nuestra Villa en la calle Arcadio Rodríguez Martínez, n.º 6, y fue sepultada en Castilleja el mismo día de su fallecimiento.
María Ana Jiménez Gutiérrez era vecina de José María Rodríguez Barrionuevo, quien habitaba el número 1 y al que estudiaremos porque significa la continuación de la lucrativa actividad de desahucios de inquilinos en nuestro pueblo.
Vivían en la calle Marqués de Loreto, n.º 1 en diciembre de 1920: 
—Vicente Oliver Rodríguez, de 34 años, analfabeto, obrero agrícola. Su esposa Rufina Pacheco Iglesia, de 30 años, analfabeta.
—José María Rodríguez Barrionuevo, de 44 años, analfabeto, vendedor de frutas. Su esposa Josefa Polvillo Caro, de 39 años, analfabeta.
—Juan Rodríguez Rodríguez, de 46, analfabeto, obrero agrícola. Su esposa Ángeles Pérez Rodríguez, de 46, analfabeta, natural de Valencina, con 17 años de residencia en Castilleja. Hijos, Victoria, de 16, analfabeta; e Ildefonso, de 12 años, ídem.
—Juan Manuel Alcántara Rodríguez, de 34 años, analfabeto, obrero fabril. Su esposa Carmen Pacheco Iglesia, de 32, analfabeta. Hija, Concepción Alcántara Pacheco, de 4 años.
—Francisco Carrasco Garrido*, de 38 años, analfabeto, natural de Ronda (Málaga), mozo de equipajes, 2 años de residencia en Castilleja. Su esposa, Ana Rubio Fernández, de 37, analfabeta, natural de Málaga, 2 años de residencia. Hijos, Francisco de 14, natural de Sevilla, pintor; Ana de 12, natural de Sevilla; María de 8, natural de Sevilla; y José de 6, natural de Sevilla, todos con 2 años de residencia en Castilleja.
* Este mozo de equipajes era hijo de Francisco Carrasco y de María Garrido, y nieto por línea paterna de Francisco Carrasco y Beatríz Sierra, y por la materna de Francisco Garrido y Francisca Guerrero. El 18 de noviembre de 1872 murió en Ronda su hermana de 4 meses de edad Francisca Carrasco Garrido, por enfermedad de viruelas. Vivían en la calle Setenil y firmó la partida de defunción alguien que luego dejaría sentir su ideología carlista en nuestra Villa: el cura Miguel de Puya. De calentura murió otra hermana de 6 meses, María, el 22 de mayo de 1874.
"Miguel de Puya Granados era hijo del confitero rondeño Francisco de Puya y de María Granados. Su hermana María de las Mercedes Puya Granados se casó con 28 años de edad con el escribiente de 30 Manuel Calvente en Ronda el 10 de febrero de 1856. Otra hermana, Antonia Puya Granados, casada con el botinero José Ruíz, también vecinos de Ronda, bautizaron en ella a su hijo Antonio, nacido el 17 de marzo de 1854. Proliferaron en dicha población malagueña los Ruiz Puya y los Calvente Puya descendientes de estos dos matrimonios". Historia de los apellidos, 21r. Junio de 2020.
Hay otro aspecto interesante del rondeño Carrasco, mozo de equipajes inquilino en Marqués de Loreto n.º 1. Y es la probable conexión que pudiera haber tenido con los antepasados de Andrés Rueda de la Rosa, posterior inquilino del número 1 de Marqués de Loreto y del cual vamos a saber mucho inmediatamente. Si bien dichos antepasados de este último no eran precisamente de Ronda, sino de Arriate, su aldea satélite.

El mencionado vendedor de frutas José María Rodríguez Barrionuevo era hermano de Juan Antonio, quien el 15 de agosto de 1935 con 57 años de edad formalizó contrato de inquilinato del cuarto 3º de la casa número 1 de la calle Marqués de Loreto con Andrés Rueda de la Rosa, de 28 años de edad, natural de Castilleja, casado, jornalero. El tiempo del arrendamiento, un año. El precio, 300 pesetas en total, a pagar fraccionadamente cada mes. Andrés Rueda de la Rosa era mi tío político, casado con Pilar Oliver Tovar, hermana de mi padre.
El 13 de diciembre de 1939 el casero Barrionuevo y su hombre bueno Antonio Villadiego Jiménez comparecieron ante el juez municipal suplente Eduardo Míguez Ortiz —por indisposición de Pedro Muñoz Silva el propietario— y ante la secretaria interina Concepción García Recio, para demandar de conciliación a la viuda de 65 años de edad Dolores Cabrera Navarro, la cual no compareció a pesar de haber sido citada en forma. Había contratado inquilinato el 1 de noviembre de 1935 en la misma casa que Andrés Rueda, también por un año y precio de 330 pesetas a pagar en fracciones mensuales. Firmó el contrato en su nombre Francisco Chávez Cabrera. El casero les dio de plazo a ella y a Andrés Rueda hasta el 15 de junio de 1940 para desalojar las habitaciones que ocupaban en su casa, por necesitarlas él para que habitase su familia. Se obligó a pagar a los demandados la indemnización legal establecida. El 15 de diciembre de 1939 compareció Andrés Rueda sin acompañamiento de hombre bueno por no necesitarlo según dijo. El actor le ofreció 150 pesetas de indemnización, importe de seis mensualidades, que quedaron depositadas en el juzgado porque Andrés se negó a recibirlas. También se negó a firmar el acta. Expirado el plazo, el casero volvió al juzgado el 24 de junio de 1940 para presentar su demanda de desahucio y lanzamiento, apercibiendo que los dos inquilinos habían perdido su derecho a la indemnización por no haber desalojado las viviendas en dicho plazo. El juez suplente señaló para el juicio de conciliación el día 8 de julio. Al intentar notificar la secretaria a Andrés Rueda en su domicilio, su esposa Pilar Oliver Tovar manifestó que no se encontraba en él, recibiendo ella misma la citación. Firmó por dicha Pilar Eduardo García Núñez. Y por Dolores Cabrera Navarro la recibió su hija Dolores Chávez Cabrera. El día 8 se presentó Barrionuevo con su hombre bueno Antonio Villalobos Álvarez, y Andrés y Dolores con sus hombres buenos Pedro Joaquín de Azcue y Haro y Ángel Luque Salguero respectivamente. No hubo allanamiento a pesar de las exhortaciones de los hombres buenos, y el juez señaló el día 10 para la celebración del juicio. Al cual fueron los demandados acompañados por el procurador de Sevilla Pedro Joaquín de Azcue y Haro, que habló por ellos, diciendo que la firma del contrato de Andrés es falsa*, que no suscribió contrato alguno, que si bien entregó los impresos al propietario para que los firmase, este nunca se los devolvió, y que por tanto solo existe un contrato verbal. Negaron ambos la necesidad del casero de ampliar las habitaciones de su familia, ya que posee además de la casa número 1 de Marqués de Loreto otras ocho: la n.º 5, la n.º 11 y la n.º 25 en la calle General Venenc (entonces Queipo de Llano); la n.º 4 y la n.º 7 en la calle Calvo Sotelo; y la n.º 13 —además de la n.º 1— en la referida calle Marqués de Loreto. Por otro lado el demandante no especifica qué miembros de su familia están en necesidad de vivienda, sino que se refiere ambiguamente a "sus familiares ascendientes o descendientes", por lo que no puede ni afirmar ni negar que la necesita al carecer de base de discusión. La defensa alega que estando en vigor un contrato no se puede sentenciar desahucio, para lo cual recurre a un antecedente de revocación de una sentencia dada por el Juzgado Municipal número 4 de Sevilla en juicio a instancia de doña Francisca Rueda contra Francisco Jaramillo, vecinos del Barrio de León en dicha capital. El actor responde, entre otros razonamientos, que las habitaciones las quiere para la familia de su hijo Juan Antonio Rodríguez Carmona, que consta de esposa, tres hijos y dos criadas, que viven en la misma casa que los demandados. Este su hijo lleva viviendo 9 años en dicha casa. El juez recibió a prueba el juicio por término de 12 días, señalando para la confesión de los demandados el día 15.
El 15 de julio de 1940 se continuó el juicio. Juez suplente, el mismo Eduardo Míguez. Secretaria, la misma Concepción García. Solo compareció el casero demandante Juan Antonio Rodríguez Barrionuevo. Se señaló el día 20 a las 4 de la tarde para la continuación del juicio. Este día se presentó Andrés Rueda y Dolores Cabrera. El primero, bajo juramento, declaró estar abonando ciertas rentas estipuladas, que no son las que refleja el contrato; y que ocupa con su familia siete habitaciones de la casa. La segunda dijo que no se había marchado de la casa porque su dueño no la necesitaba para nada; y que, igualmente, ocupa con su familia siete habitaciones. El actor respondió que necesita las habitaciones para su hijo y para él mismo, para vivir con más desahogo; que no puede edificar más por no existir ni corral ni patio para ello.
Inspección ocular. En dicho día 20 de julio el juez suplente, la secretaria y el demandante fueron a la casa n.º 1 de la calle José Antonio Primo de Rivera (antes Marqués de Loreto) para proceder a la inspección ocular, dando el siguiente resultado: al entrar a mano izquierda existen dos habitaciones, apareciendo en la primera el comedor y en la otra el dormitorio con dos camas, una de ellas la del matrimonio y otra de a cuerpo, y existiendo poca distancia de una a otra por ser las habitaciones de unos cuatro metros cuadrados, manifestándose en este acto por el hijo del actor que en la segunda habitación faltan que poner dos camas más, que no existen ahora por estar la familia en Rota. Seguidamente se pasó a otras dos habitaciones a mano derecha, la primera de unos tres metros de largo por cuatro de ancho aproximadamente, donde existe una máquina de coser y varios objetos, el actor hace constar que la segunda habitación se encuentra en estado de inhabitabilidad, siendo dichas habitaciones las desalojadas por el inquilino don Vicente Trujillo al requerimiento que se le hizo por necesitarla el actor para su hijo.
El señor Rueda suplica al Juzgado que si así lo apreciase haga constar que en cada una de estas dos habitaciones caben dos camas.
Seguidamente se pasó al piso principal, encontrándose dos habitaciones inhabitables a simple vista, cuya apreciación se interesa del señor juez.
Seguidamente se pasó a un patio que existe amplio a cuyo fondo aparece una habitación que, abierta, resultó ser un salón destinado a bodega de unos veinte metros de largo por unos cuatro de ancho, en cuyo extremo izquierdo existe una cocina pequeña para el uso del hijo del actor.
Por el demandado señor Rueda se hace constar que recientemente se han quitado dos tabiques de la bodega y que existe diferencia de blanqueo entre la cocina y la bodega.
Igualmente hace constar que existe un corral muy extenso que no está utilizado para nada, y que el señor Rueda a su juicio cree puede ser edificado, y que el señor Juez lo tenga en cuenta para en su día.
El actor igualmente hace constar y solicita sea tenido en cuenta por el Señor Juez que las habitaciones ocupadas por el hijo del actor son dos, insuficientes para la familia que éste tiene, y que las dos habitaciones vacías son inhabitables, estando pendiente de la resolución que haya de este asunto para proceder a las obras necesarias que las coloque en unión de las que ocupan los demandados en condiciones de habitabilidad. Y con ello se dio por terminada la diligencia de inspección.
* No se vio obligado a esforzar mucho la vista el procurador Pedro Joaquín de Azcue y Haro para determinar que la firma del contrato era falsa. Las siguientes fotos lo dejan claro. La primera es la foto del contrato. En la segunda he ampliado la firma que consta en él, atribuida engañosamente a la mano de mi tío Andrés Rueda. Las siguientes fotos muestran las reales y verdaderas firmas de Andrés, quien las trazó en varios folios del grueso expediente de desahucio.


Contrato fraudulento


La firma falsificada en el contrato






Firmas de puño y letra de Andrés Rueda de la Rosa

A finales de la década de los 50 del siglo XX el procurador Pedro Joaquín de Azcue estaba roído por las deudas. Por reclamación de un préstamo hipotecario de 300.000 pesetas a instancia de María de Gracia Villa Calvo y su marido Antonio Vilas Sanjurjo en enero de 1959 se vendió en pública subasta una casa de su propiedad, sita en calle Virgenes n.º 20 de Sevilla. Por el mismo motivo y 50.000 pesetas a instancia de José María Revilla Pérez en octubre de 1958 otra casa-corralón de su propiedad que antes fue horno de pan cocer llamado de las Rejas, en la calle San Hermenegildo n.º 31 de dicha ciudad.

El epílogo al juicio de desahucio de Andrés Rueda de la Rosa y de Dolores Cabrera Navarro —epílogo sin final, porque el resto de las actuaciones obra en los archivos del Distrito judicial n.º 4 de Sevilla— es el que sigue:
Andrés Rueda presentó sus posiciones: que el actor no tiene necesidad de dejar la casa en que vive para trasladarse él y su familia a la que es objeto de desahucio; que el actor ha reconocido que la casa en que vive es sumamente amplia para las necesidades de él y su familia; que Juan Antonio Rodríguez Carmona, quien vive desde hace 9 años en la casa objeto de desahucio nunca se le ha ocurrido decir que necesita toda la casa, siendo así que en realidad tiene bastante con las habitaciones que ahora ocupa; que en otra casa del actor, donde vive el padre del demandado, se le ha quedado vacías unas habitaciones, y las ha arrendado sin tener en cuenta la ficticia necesidad de ocupar más espacio que alega, cuando hubiese podido  arrendarlas a cualquiera de los demandados —él y la viuda Dolores—, facilitando así que la casa objeto de desahucio quedara libre.

El 26 de julio de 1940 se continuó el juicio. Dolores Cabrera no apareció. José Bernal Rodríguez, secretario del ayuntamiento, certificó que en los padrones no constaba el tiempo que Juan Antonio Rodríguez Carmona llevaba domiciliado en la calle José Antonio Primo de Rivera n.º 1.
El 29 de julio Barrionuevo acusó a los demandados de obrar de mala fe. El juez, tras examinar los resultados anteriores y formular sus considerandos, finalizó:
Fallo: Que debo declarar y declaro haber lugar al desahucio pretendido en esta demanda a nombre de don Juan Antonio Rodríguez Barrionuevo respecto de los departamentos que respectivamente llevan en arrendamiento en esta Villa en la calle Marqués de Loreto hoy José Antonio Primo de Rivera número uno los demandados doña Dolores Cabrera Navarro y don Andrés Rueda Rosa, a los cuales también debo condenar y condeno a que en el plazo de cuarenta y cinco días desalojen y dejen a la libre disposición del expresado demandante, bajo apercibimiento de lanzamiento en su caso, sin hacer expresa condena de costas contra ninguna de las partes. Y por esta mi sentencia la pronuncio, mando y firmo. Eduardo Míguez.

El 2 de agosto de 1940 comparecieron ante el juez suplente Dolores Cabrera y Andrés Rueda, y apelaron ante la superioridad la anterior sentencia. El juez dio 10 días a las partes para volver a comparecer ante el juez superior. El 7 de agosto Eduardo Míguez ordenó elevar el expediente al señor juez de Primera Instancia del distrito n.º 4 de Sevilla, con atento oficio.

Andrés Rueda de la Rosa era hijo de Andrés Rueda Lozano, nacido en Arriate (Málaga) el 9 de agosto de 1880. Y nieto de Andrés Rueda Rosado y Ana Lozano Caballero. Y biznieto de Andrés Rueda García y Ana Rosado Medinilla, y de Alonso Lozano Medrano y María Isabel Caballero Moreno. Todos ellos de Arriate. 
Nació Rueda Lozano en la calle Málaga de dicho Arriate. En su partida de nacimiento figuran: testigos, Antonio Lopez Marin, natural de Arriate, casado, labrador; Rafael Ruiz Vargas, natural de Arriate, casado, labrador, con domicilio en la calle Ronda. Juez Municipal, Rafael Lopez Marin; Secretario, Jose Lopez Becerra. Compareciente, Juan Marin Rodriguez, natural de Arriate, casado, jornalero, con domicilio en la calle Málaga y con cédula nº 723, que declara como pariente.
Zapatero de profesión, Andrés Rueda Lozano, quien como acabamos de ver también era arrendatario del casero Juan Antonio Rodríguez Barrionuevo, emigró a Castilleja introduciendo en nuestra Villa el apellido Rueda.
El 26 de julio de 1907 a las 9 de la mañana en la Calle Real n.º 27 nació Ángel (sic) Rueda de la Rosa, hijo de Ángel (sic) Rueda Lozano y de Carmen de la Rosa Gómez, casados en esta Villa en 1906. Carmen, natural de Castilleja, era hija de Francisco de la Rosa Negrón y Carmen Gómez Jiménez, el primero natural de Tomares y la segunda natural de Castilleja. Los padrinos en el bautizo del niño, acontecido en La Plaza, fueron Francisco Luque Sánchez y su esposa Josefa Prieto Pinto, y los testigos Antonio Vega Luque y José Vega Veloso.
En la partida de matrimonio de Rueda Lozano y Carmen Gómez consta el nombre correctamente: Andrés Rueda Lozano, natural de Arriate, soltero, de 26 años de edad, hijo de Andrés y Ana. Su esposa Carmen tenía 23 años. Los testigos de la boda, Francisco Silva Luque y Juan Salguero.
Los padres de Carmen Gómez Jiménez fueron Miguel Gómez Parra, natural de Grazalema, y Josefa Jiménez Oliver, natural de Castilleja de la Cuesta.


En 1920 vivían en la calle General Venenc (Convento) n.º 17 Andrés Rueda Lozano, de 40 años, zapatero, con 2 años de residencia en Castilleja (pasó temporadas anteriores en Tomares). Su esposa Carmen Rosa Gómez, de 37, natural de Castilleja. Hijos, Andrés de 13 nacido en Castilleja, zapatero, Francisco de 11 nacido en Castilleja, Manuel de 8 nacido en Tomares, Ana de 5 nacida en Castilleja, y José de 2 nacido en Tomares.
En este n.º 17 que alquilaba Juan Antonio Rodríguez Barrionuevo vivía también una hermana de la mujer de Rueda el zapatero, Ángela Rosa Gómez, de 41 años, casada con Manuel Fernández Cabrera, con 3 hijos. Y otros inquilinos, como José Oliver Chávez, viudo de 62 años, con dos hijos, Romualdo y Francisca Oliver Rodríguez; Carmen Caro Oliver con sus hermanos Juan, Modesto, Rafael, de 24, 18, 13 y 10 años respectivamente; y Modesto Caro Chávez, de 64, casado con Antonia Polvillo Caro.
Con barba cana y recortada, chaleco interior y reloj de bolsillo al uso de aquellos tiempos, Andrés Rueda Lozano da la imagen del progresista de principios del siglo XX, cuando el gremio de los zapateros era uno de los más reivindicativos del país.
"En el siglo XIX los zapateros, como oficio, tenían reputación de radicalismo en los tres sentidos. Eran militantes tanto en los asuntos propios de su oficio como en movimientos más amplios de protesta social. Aunque los sindicatos de zapateros estaban limitados a ciertas secciones o localidades de un oficio muy nutrido, y sólo eran eficaces de modo intermitente, estuvieron organizados a escala nacional bastante pronto, tanto en Francia cono en Suiza, por no hablar de Inglaterra, donde el sindicato de Londres, fundado en 1792, se amplió a escala nacional, según se dice, en 1794. los zapateros y los carpinteros fueron los primeros miembros de la Federación de Trabajadores de la Región Argentina (1890), primer intento de crear un grupo sindical nacional en ese país. De vez en cuando organizaban huelgas a gran escala, y durante la monarquía de Julio se contaban entre los oficios más propensos a la huelga en Francia. También ocupaban un lugar prominente en las multitudes revolucionarias. Existe abundante documentación sobre su faceta de activistas políticos. [...] No caben muchas dudas de que el papel del zapatero disminuyó cuando el centro de gravedad del movimiento se desplazó hacía las industrias a gran escala (metales, minería, ferrocarriles...) y el empleo en el sector público...Entre los cincuenta y un ex artesanos que en 1951 fueron elegidos a la cámara francesa, había un solo zapatero (socialista) y aunque el Partido Socialista español tuvo a Francisco Mora, zapatero, como secretario durante un tiempo, la ocupación que dominaba de manera clara a ese grupo de artesanos era el ramo de imprenta". Eric Hobsbawn. El mundo del trabajo. Estudio históricos sobre la formación y evolución de la clase obrera. Crítica, Barcelona, 1987. (En https://historiadelmovimientoobrero.blogspot.com/2015/07/zapateros-revolucionarios-eric-hobsbawn.html).

El tema zapateril castillejano siempre rememora en mí una racha de recuerdos gratos de la infancia, cuando mi madre nos instaba con encarecimiento a hacer una visita a un enigmático personaje al que los mayores en mi casa llamaban "El primo el Zapatero". La visita solía efectuarse en días señaladísimos, como el domingo de Resurrección, Navidad o Corpus. Era a mediados de la década de los 50. Entonces de la mano de mis hermanas yo, todos engalanados, escamondados y perfumados, bajábamos Calle Real abajo portando con delicadeza algún presente de dulces caseros envueltos con primor, y llegados a nuestro destino —una pequeña plazoleta o patio abierto a la Calle, justo enfrente de la salida de García Junco, en el lomo de la Barranquilla—. Al fondo de este patio se alzaba una casa misteriosa de dos pisos, con puerta doble de madera descolorida y sobre ella un balcón amplio con sus persianas despintadas y siempre echadas. La fachada pedía a gritos el socorro de un encalado urgente que la librara del azote de la lluvia y de los rigores del sol. Llamábamos tímidamente con golpecitos en los tablones desajustados y una voz desde lo alto, remota como la de un dios, nos invitaba a subir. La escalera de madera, lóbrega y crujiente, estaba siempre llena de polvo y conducía a una estancia amplia que hacía de taller de reparación de calzado, cocinilla ahumada en un rincón, y dormitorio con una inmensa cama siempre deshecha, de cabezal de forja formando ramas y floraciones, todo ello muy atacado de óxido y mugre. En un rincón se amontonaba lo que la primera vez me pareció una gigantesca montaña de zapatos, viejos en su mayoría, quizá a la espera de la intervención del maestro. Imaginé que los fantasmas de sus dueños en confusa pila estaban allí presentes, aplastándose unos a otros en impalpable maraña, a la espera de que el remendón metiera mano a los desgastes, descosidos y roturas de sus botas, sandalias, zapatos y alpargatas. Algunas veces el Primo el Zapatero estaba en la cama, y nos quedábamos de piedra en el centro de la sala viendo a aquel hombre cubierto con un viejo pijama, ya entrado en años, algo retaco y rechoncho, de piel blanca, mirada apagada aunque limpia, y voz amable pero de pocas palabras.


En este plano de la zona en 1902 se muestra al detalle la desembocadura de la calle de la Cruz (hoy Manuel García Junco) a la Calle Real, y enfrente no uno, sino dos patinillos abiertos, o más bien un patinillo y una barreduela o callejoncillo ciego. Hoy todavía se conserva parte de patio con la vieja casa del zapatero al fondo, cerrada y en estado ruinoso. De paso notemos cómo la hacienda San Ignacio, que es la última edificación a la izquierda, está aislada del pueblo por tierra tapiada pero sin edificar.
Las visitas a la casa del patinillo solían ser cortas, siempre finalizadas con dos reales o una peseta que, extrayéndolos de un monedero de cuero, el anciano zapatero ponía en nuestras manitas abiertas. Nos íbamos entonces pisando con gran precaución en el piso de madera que parecía quejarse del peso tenue de nuestros cuerpecillos. Yo me fijaba con temor en las rendijas que entre los tablones mal ajustados dejaban ver la luz de la sala baja.
Desde aquellos rosados días de la infancia, siempre que pasaba por delante del patinillo, a cualquier hora, me fijaba en la casa y en su balcón. Hoy siempre miro ya su ruina hueca. A veces, en alguna tarde calurosa de verano, se le podía observar disfrutando de la agradable marea atlántica en camiseta de tirantas, apoyado en la baranda, mirando sin mirar a los transeúntes. La última vez que lo vi fue en el autobús, de regreso de la capital, habiendo yo dejado atrás ya la frontera de los 20 años. Me senté a su lado sin reparar en quien era, hasta que lo reconocí. Intercambiamos algunas palabras. Me dijo que venía de Sevilla de comprar pescado frito para almorzar y, en efecto, me mostró un paquete aceitoso de papel de estraza que llevaba en las manos.

Otros inquilinos de Juan Antonio Rodríguez Barrionuevo fueron José Romero de la Osa Ortega, quien le pagaba 60 pesetas mensuales por habitar la casa de la calle Calvo Sotelo; Manuel García, 27 pesetas por vivir en dicha casa; y Francisco Veloso —al que ya conocemos del Corral del Polaco—, 20 pesetas por vivir en una de las de la calle Queipo de Llano (antes calle General Venenc).
En los autos del juicio extractados más arriba se ha hecho referencia a una casera sevillana y a dos inquilinos en el barrio de León de aquella ciudad. Creo que es una curiosa coincidencia el apellido Rueda de ella, aunque al parecer natural de Málaga, cuyo nombre completo era Francisca Rueda Muñoz, soltera y vecina de Sevilla. Los inquilinos que quiso desahuciar eran Francisco Jaramillo Mejías, casado y jornalero, y Rosa Macipe Taravillo, viuda, que vivían en dicho régimen de alquiler en la calle José León Sanz n.º 22 del referido barrio de León.

En cuanto a la familia de Juan Antonio Rodríguez Barrionuevo, diremos que era hijo de Joaquín Rodríguez Ortíz y de Elisa Barrionuevo Torres. Elisa Barrionuevo Torres falleció con 84 años de edad el día 4 de noviembre de 1920 en la calle General Venenc n.º 11, viuda ya de Joaquín Rodríguez Ortiz. Una hermana de Elisa, Carmen Barrionuevo Torres falleció con 80 años de edad el día 4 de mayo de 1920 en la calle Granada n.º 12, viuda de Fernando Carmona Tovar, casados en 1872. En la Calle Real n.º 39 les había nacido su hijo Juan Antonio Carmona Barrionuevo —primo hermano del casero— el 24 de enero de 1883, el cual se casaría el 23 de octubre de 1915 con Carmen Quitanilla Tovar, hija de José y Carmen.
Los Barrionuevo Torres eran hijos de Francisco Barrionuevo Rodríguez y Concepción Torres Negrón. Otro de ellos además de Elisa fue Juan Antonio —que daría nombre a su sobrino el casero—, casado con Dolores Navarro Cabrera. Concepción Barrionuevo Navarro, hija de este Juan Antonio, vivía en la calle Marqués de Loreto n.º 25, y ya viuda de Francisco Polvillo falleció con 45 años de edad el día 2 de marzo de 1918 por insuficiencia mitral según el facultativo Juan Manuel Lara.
Otro hermano del casero fue Francisco Rodríguez Barrionuevo, que falleció el 12 de diciembre de 1938 con 70 años de edad. Vivía en la Calle Real, casado con Ana Cabello.

(1c)  Cuando siendo muy niño conocí —siquiera de vista y a lo lejos—,  al primo hermano de mi padre, José Fernández Oliver, era ya anciano, aunque muy activo y pleno de energía vital. Usaba amplia mascota, a veces boina y, enemigo acérrimo del frío, solía vestir un grueso, deforme y desgastado tabardo descolorido del que solo se desprendía en los tiempos más tórridos del año. De aspecto fosco y sombrío, la seria cara aceitunada plagada de arrugas y sin afeitar, los ojos perdidos entre los pliegues circundantes, las largas jornadas en la soledad de los campos pastoreando su rebaño de ovejas le habían dado un aura de viejo sabio, aunque reacio a todo trato social. Profundo conocedor de hierbas aljarafeñas, amigo íntimo de la candela invernal crepitando a la puerta de su choza. Cabalgaba en un borriquillo casi oculto por los albardones y alforjas, con las largas piernas calzadas con botas o alpargatas según la estación, colgando hasta el suelo casi marcando con las punteras dos a modo de rodaduras en el polvo de los caminos, y custodiado como un gran personaje por media docena de perros de todo pelo, hechura y clase, mudos, cabizbajos y ensimismados. Vivía semanas enteras como un viejo ermitaño en la llamada Caseta del Capitán en la zona que hoy es la barriada del Faro, caseta en cuyo solar justamente se alza ahora el Bar Espuela. En los buenos tiempos de José —al que todo el mundo conocía desde niño como "Adela", por su madre— el área del Faro era pedazos de olivar, sementeras, viñas y simple terreno de pasto, con bosquecillos de pinos aquí y allá, cuya comunicación con la calle Diego de los Reyes la dispensaban tres o cuatro senderillos polvorosos en verano e impracticables por el barro en el invierno. Siempre consideré —y sigo considerando— a mi tío Adela el último representante de los pastores genuinos del Aljarafe occidental, una remota estirpe de gloriosos ganaderos que hundían sus raíces en los siglos áureos de la civilización tartésica. Hay que mencionar que la mentada Caseta del Capitán perteneció a un antepasado de José y mío, Francisco Oliver López (ver sobre este militar por ejemplo Padrón 1k. Noviembre de 2015), quien la mandó construir para su solaz, aunque por los tiempos de Adela era poco más que un sombrajo destartalado sobre cuatro paredes desmoronadas.


La llamada Caseta del Capitán, nombrada así por Francisco Oliver López, que aparece en primer lugar de la lista de este Registro de Caseríos del año 1859 en el pago del Morisco, luego en el siglo XX pasaría a ser el refugio de Adela el pastor.

Bien es verdad que el respeto y admiración que me inspiraba el viejo pastor no eran compartidos por otros niños del pueblo. Cierta pandilla callerrealenga solía acosarlo cuando bajaba a lomos de su burrito por lo que hoy es la calle Doctor Fleming, entonces una cañadilla desolada de tierra amarilla orlada de altas y espesas chumberas entre las que sobresalía la estampa aérea de algún pino monumental. Le gritaban desde lejos "¡Adelaaa ... ¿y la hoceeee?", o también "¿los borregos tienen la lengua azuuuul?", y el hombre hacía ademan de bajar de su montura agitando sobre sí el nudoso mazo de su chivata de acebuche, y de perseguirlos hasta la esquina de la Calle Real, donde la chiquillería aterrorizada se dispersaba en carreras desenfrenadas por las callejas del pueblo. Siempre me intrigó lo de la "lengua azul" y lo de la "hoce", hasta que averigüé que lo primero se refería a una enfermedad ovina —trasmitida por mosquitos infectados con el "bluetongue virus"—, y lo segundo a la herramienta de mano con que se corta la hierba, la ancestral hoz. Me informaron que unos niños traviesos le habían escondido la referida herramienta en un descuido, y que se pasó la jornada buscándola por los matorrales mientras ellos lo observaban de lejos, ocultos, sofocando las risas.
Su madre Adela Oliver Jiménez, según referencias obtenidas por mí de quienes la conocieron y trataron, era un espíritu independiente, una persona adelantada a su tiempo que vivía su circunstancia existencial sin que le afectaran ni imposiciones sociales, ni chismes ni habladurías, al contrario de sus otros hermanos Ramón —mi abuelo— y Teodoro —el guardia de la hacienda La Pintá—, muy preocupados por no desintegrarse del cuerpo social castillejense. Adela, ya viuda, se granjeó muchas murmuraciones por su trabajo de cocinera en cierta lejana venta de no muy buena fama, creo recordar que por la campiña sevillana. Lo cierto y verdad es que sacó adelante a sus hijos trabajando.
Hay algo en lo que José Fernández Oliver alias Adela batió todas las marcas, y fue en el número de denuncias que tuvo que enfrentar a causa de que su ganado gustaba de introducirse en frescos y nutritivos sembrados ajenos.
Se le siguió juicio de faltas por la introducción de cinco cerdos de su propiedad en la sementera de cebada propia de Lorenzo de Silva Oliver, al pago del Valle. Tenía entonces 26 años y vivía en el Corral del Polaco. Fue denunciado al juez municipal por los guardias civiles segundos Juan Clavería Pedraza y Juan Ruiz Negrón, que encontraron a los cerdos in fraganti, atiborrándose de la nutritiva y sabrosa cebada sin nadie a su cuidado. El 11 de enero de 1921 proveyó el juez, convocando el juicio de faltas para el día 20 de dicho mes a las 2 de la tarde, y citando para dicho acto al perjudicado don Lorenzo de Silva Oliver, al señor fiscal, a los señores adjuntos, a los guardias denunciantes por medio de oficio librado al jefe de la comandancia, y al denunciado José Fernández Oliver. Y para el aprecio del daño causado por los cochinos, al perito don José Rodríguez Oliver. Firman don Antonio Torres Cabrera, juez municipal suplente, y el secretario Arcadio Rodríguez. Arcadio notificó y citó al fiscal Nicolás Navarro López y a los señores adjuntos Mariano Andújar Matute y Ruperto de los Reyes Chávez. Luego remitió atento oficio al señor teniente coronel jefe de la Comandancia de la guardia civil de la provincia para la citación de los guardias denunciantes, y luego encomendó al alguacil del juzgado las citaciones a Lorenzo de Silva y a José Fernández, y por fin al perito José Rodríguez Oliver. Al siguiente día, 12, este perito, casado, obrero del campo, de 60 años de edad, compareció ante juez y secretario y dijo bajo juramento que "habiendo visto la cementera de cebada habida en la haza de tierra que en el pago del Valle de este término posee don Lorenzo de Silva y Oliver, en la cual le ha notado un daño al parecer causado por ganado de cerda, apreciado según su leal saber y entender en la suma de una peseta".
El 20 de enero, constituido en audiencia pública el tribunal municipal comparecieron Lorenzo Silva, viudo, propietario, de más de 70 años de edad, y los dos guardias civiles denunciantes, y no habiendo comparecido el denunciado a pesar de haber pasado con exceso la hora señalada de su citación sin haber alegado causa justa, se dispuso la continuación del juicio. Los guardias se ratificaron y el perjudicado renunció a la acusación, reservándose tan solo la indemnización de los perjuicios. El fiscal estimó el hecho como falta, siendo del parecer de la imposición a José Fernández de una multa de una peseta y 33 céntimos, más el daño causado y las costas del juicio. Conformes los presentes, se mandó extender el acta.
Justamente un año después como hecho a propósito, el 10 de enero de 1922, doña Carmen Reyes Silva, viuda, propietaria, con domicilio en la Calle Real n.º 75, denuncia haber sorprendido a José Fernández alias "Adela" pastoreando con 3 cabezas de ganado cabrío en su finca de arboleda denominada del Valle. Esta vez está presente el pastor, el cual reconoce la falta al llegar la pareja de la guardia civil y admite la denuncia que, escrita por el guardia 2º Enrique Gallego Jiménez, es elevada al juez municipal de nuestra Villa. El 12 de enero Pedro Muñoz Silva señala el nuevo juicio para el día 16 a las 7 de la tarde, citando a los señores adjuntos don Antonio Ochoa Ferrandi y don Manuel Cansino Navarro; al fiscal don José Navarro Palma; a la perjudicada doña Carmen Pérez Silva; a los guardias Enrique Gallego Jiménez y Juan Ruiz Negrón; y al denunciado Adela. Y para el aprecio del daño causado, al mismo perito, José Rodríguez Oliver. Citados todos en forma, el perito —ahora corregido: José Oliver Rodríguez—, casado, labrador, declaró su aprecio del daño el día 13 tras haber reconocido la arboleda frutal de doña Carmen: "notó un daño al parecer causado por ganado cabrío que según su leal saber y entender apreciaba en la cantidad de una peseta". El 16 de enero se constituyó el tribunal municipal, suplido el fiscal —enfermo— por don Francisco Prieto Pinto. No comparecen ni la perjudicada ni el denunciado, a pesar de lo cual se dispuso la continuación del juicio y cuando los guardias se ratificaban en su denuncia apareció doña Carmen. La cual manifestó que no se mostraba parte en el procedimiento, reservándose únicamente la indemnización del daño. El fiscal pidió la multa de 25 céntimos de peseta —un real— por cada una de las cabezas de ganado denunciado, y de conformidad todos los presentes, se vió para sentencia. El 17 de enero se emitió el fallo: tres reales, más el daño causado y las costas del juicio. José Fernández satisfizo la multa en tres pliegos de papel de pagos al Estado de la clase 9ª serie B números 39.222 y los dos siguientes correlativos, y en metálico el importe de las costas. (Continúa en la siguiente entrada).


Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...