jueves, 23 de mayo de 2013

Un Señor sin cabeza (y dos).


Los Mariníes, bereberes del grupo Zanata (o Cenete, de donde viene jinete), gobernaron el oeste del Magreb entre los siglos XIII (1195) y XV (1468). Abundan documentos en archivos italianos, aragoneses y franceses que los describen, y el mismo Ibn Jaldún elaboró sus genealogías tribales. Eran pastores nómadas, y dieron su nombre a un tipo de lana (merina*) que producían y que exportaron a Europa por mediación de mercaderes genoveses en el siglo XIV. Cuando el imperio almohade se desintegró lo sustituyeron. Se les podría catalogar como "musulmanes nuevos" porque se convirtieron al Islam tardíamente. Muy dinámicos en lo que a militarismo se refiere, se nutrieron de jinetes árabes y de peones arqueros andalusíes, y se adueñaron del Mediterráneo occidental incluyendo enclaves del sur peninsular, a la vez que los castellanos pretendían extender la Reconquista hacia el norte africano, en parte para crear una zona de seguridad frente a la amenaza árabe, en parte por puro afán imperialista. Sus soberanos dispusieron de un ejército constituido también por kurdos, negros y cristianos reclutados en Aragón, Castilla y Portugal, que recibían entre cinco y cincuenta dinares de oro al mes como salario; esta variada composición de sus fuerzas armadas debió influir en los conflictos internos que llevaron a su decadencia y desaparición.
Conocieron gran prosperidad, no desconectada del crecimiento del reino de Mali y el desarrollo del mercado del oro a través del Sáhara en el siglo XIV. Con los Mariníes se difundió el sufismo, adquiriendo una forma particular magrebí que degeneró en el morabitismo; y las ciencias históricas experimentaron un extraordinario desarrollo.
Los granadinos, acosados ya por por ejércitos del norte de la Península, les solicitaron socorro, que obtuvieron en muy variadas formas y ocasiones. Aunque cuando por desavenencias circunstanciales con los Emires de Granada los Benimerines les intentaban tomar por las armas alguna ciudad, aquellos, estableciendo alianzas contra natura, recurrían a ayuda cristiana , lo cual da idea de la complejidad de la situación. La batalla del Salado en 1340 marcó el fin de las intervenciones de los mariníes en territorio peninsular, que en ocasiones habían llegado hasta las mismas puertas de Sevilla.
Es en este contexto y año donde se sitúa la muerte de Alfonso Jofre Tenorio, crónico y tenaz entorpecedor de las mencionadas alianzas entre mariníes y granadinos, en una batalla naval en aguas del Estrecho en abril de dicho 1340 que dejó viuda a Elvira y viuda también —en cierta forma—, a lo que quiera que fuese Castilleja de la Cuesta durante aquellos años: "... fue a pelear con la armada de los moros, que eran doscientas velas; los cuales desbarataron la armada de España, mataron al Almirante que había peleado como buen caballero, y cortáronle la cabeza, y enviáronla a Ceuta al Rey Alboaçen [el rey Albohacen de Marruecos, o sea, Abú Hasan], y echaron el cuerpo en el mar, y tomaron los moros veinte galeras de los cristianos ... ". (Documentos).



* Merina. Aunque la Real Academia de la Lengua hace proceder el término del latín maiorīnus, perteneciente al o a lo mayor, en la Encyclopaedia of Islam, de Brill, se expone la referida etimología con origen en los Benimerines. También en Wikipedia (en inglés), que cita a Joan Corominas: The two proposed origins for the Spanish word merino are: It may be an adaptation to the sheep of the name of a Leonese official inspector (merino) over a merindad, who may have also inspected sheep pastures. This word is from the medieval Latin maiorinus, a steward or head official of a village, from maior, meaning "greater". It also may be from the name of a Berber tribe, the Marini (or in Castilian, Benimerines), which intervened in the Iberian peninsula during the 12th and 13th centuries.

De esta manera, de la misma forma que las aguas y las playas andaluzas recogen hoy en día los restos de los pobrecitos inmigrantes, así aconteció con los marinos de Alfonso Jofre y con él mismo. La diferencia estriba en que los de los subsaharianos de hoy están revestidos de dignidad y son muertos más respetables, porque en vez de buscar guerras y trapisondas para efectuar rapiñas, buscaban por medio del trabajo honrado el sustento para aliviar la miseria de los suyos. "Los mismos informes confirmarían también que hasta el propio hijo del almirante Alfonso Jufre se habría retirado de la contienda", dice en la nota 714 de la página 253 de La intervención de los Benimerines en la Península Ibérica, CSIC, 1992, el profesor Miguel Ángel Manzano Rodríguez, citando a las actas de los Procesos de las Antiguas Cortes y Parlamentos de Cataluña, Aragón y Valencia, VII, 110 y 111, que a su vez cita R. Thoden en Abu l-Hasan `Ali, Merinidenpolitik zwischen Nordafrika und Spanien in den Jahren 710-752 H./1310-1351, Friburgo en Bresgovia, 1973, pág. 214, nota 1. Con el gracejo que caracteriza y caracterizó a los sevillanos, no tendría precio saber lo que se dijo entonces en los corrillos ciudadanos sobre "la espantá" de este joven almirantillo que cuando se percató de que las velas que aparecían en el horizonte marino multiplicaban por mucho a las de la flota de su padre no lo pensó dos veces. En efecto, las fuerzas mariníes superaban con creces a las cristianas, a pesar de las idas y venidas del Señor de Castilleja ante el rey Alfonso XI, estante entonces en Sevilla, para conseguir más barcos. Y es que al mismo rey le era imposible tal cosa, porque los problemas internos de los aliados del monarca o enrevesadas estrategias interestatales impedían que recibiese la más mínima ayuda. Sabida esta circunstancia por Abu Hasan, aprovechó para transportar tropas magrebíes a Gibraltar, determinado a recuperar Al-Andalus, cosa que nuestro Almirante como policía del Estrecho, —y policía mal equipado, todo hay que decirlo—, tenía encomendado obstaculizar.
Sobre Abu Hasan, es muy interesante la lectura de El Musnad, escrito por Ibn Marzuq y traducido al castellano por María J. Viguera, Instituto Hispano-Arabe de Cultura, Madrid, 1977.

Para terminar, hagámonos eco de la genealogía propuesta por Sanchez Saus, quien emparenta a nuestro descabezado Almirante con Rodrigo Alonso. Antes y a modo de recordatorio repasemos la de este, que como es sabido recibió Castilleja de la Cuesta como premio de manos del rey su padre inmediatamente después de la toma de Sevilla, siendo por ello el primer Señor de nuestro pueblo.
El Nobiliario de Pedro Conde de Barcelos nombra a "D. Rodrigo Alonso, D. Aldonça Alonso, D. Teresa Alonso" como los hijos del rey Alfonso IX y de "D. Aldonça Martinez de Silva".  Señor de Aliger y de Castro del Río.  Adelantado Mayor de la frontera de Andalucía.  Gobernador de Zamora también en 1249.  Después de la conquista de Sevilla recibió Castilleja de Talavaca (sic) en Andalucía en 1249*. Casado con Inés Rodríguez de Cabrera, hija de Rodrigo Fernández de Cabrera “el Feo de Valdorna”, Señor de Cabrera y Ribera, y de su esposa Sancha Ramírez Froilaz.
En 1266 se encuentra a Rodrigo Alonso documentado por última vez en relación con Baena, aunque su vida se prolongó por lo menos dos años más. Ver M. González Jiménez, Edit. Diplomatario andaluz de Alfonso X, 332 y 385, docs. de 1266.03.20, Sevilla, y 1268.11.18, Córdoba, respectivamente.

*  Szabolcs de Vajay. "From Alfonso VIII to Alfonso X". En: Studies in Genealogy and Family History in Tribute to Charles Evans on the Occasion of his Eightieth Birthday. 366-417, 1989.

Veamos esa anunciada genealogía, con la que comprobaremos como "el pastel" se repartía dentro del mismo clan.
LINAJES SEVILLANOS MEDIEVALES. Rafael Sánchez Saus: Rodrigo Alonso, hijo del rey Alfonso IX de León y de Aldonza Martínez de Silva. Su hermano, Pedro Alonso, maestre de Santiago y muerto en 1226; un hijo de éste, llamado Diego Alonso, se casó con una hija (de nombre desconocido) de Ruy Tenorio.
Según Carolina Michäelis de Vasconcellos, citada por A. Ballesteros Baretta en "Alfonso X el Sabio", Barcelona, 1963, pág. 814, dice que quien casó con la hija de Ruy Tenorio fue Rodrigo Alonso o Pedro Alonso, tío y padre respectivamente de Diego Alonso, y que de uno de ellos proceden directamente los Tenorio.
Siguiendo a Sánchez Saus, Pedro Ruiz Tenorio, hijo de Diego Alonso, tuvo en su matrimonio, entre otros, a Gonzalo Pérez Tenorio, el cual engendró a Diego Alonso Tenorio, quien, casado con Aldonza Jofre de Loaysa ( hija de uno de los primeros pobladores de Sevilla, Jofre de Loaysa, poseedor de un importante repartimiento que luego pasó a su nieto —nuestro Almirante—), engendró al dicho Almirante cuya esposa Elvira Álvarez recibió Castilleja de la Cuesta en donación de la Orden de Santiago.
Dice también Sánchez Saus de Elvira Álvarez o Sánchez Velasco, también llamada doña Elvira de Ayala, señora de Alhendín y Bobadilla, hija de Sancho Sánchez de Velasco, adelantado de Castilla, y de doña Sancha García, que en 1334, a 5 de noviembre, esta señora arrendó a la Orden de Santiago los lugares de Villanueva del Ariscal y Castilleja de la Cuesta, incluida la potestad jurisdiccional, con la condición de que fuesen poblados. Sus fuentes respecto a la dueña de Castilleja son igualmente F. Pérez Embid, "El almirantazdo de Castilla hasta las capitulaciones de Santa Fe", Sevilla, 1944, pág. 115; y L. Salazar y Castro, "Historia genealógica de la casa de Silva", Madrid, 1685, primer volumen, pág. 184 (ASCENDENCIA DE DOÑA VRRACA TENORIO. TABLA GENEALOGICA. 1º.- El Rey Don Alonso IX de Leon, y Doña ALDONZA MARTINEZ DE SILVA).

Hay que añadir que al Almirante se le otorgó el señorío de Moguer, donde fundó un monasterio en el que está enterrado, junto a doña Elvira y a otros familiares. Es inexplicable como se recuperó el cuerpo decapitado, y si la cabeza fué devuelta por Abú Hasan, existiendo gran cantidad de versiones al respecto. Y añadir también que Alfonso Jofre Tenorio tuvo cinco hijos con doña Elvira. Uno de ellos, llamado Juan Jofre Tenorio Álvarez de Toledo fué comendador de la Orden de Santiago en el castillo de Estepa desde 1336 hasta 1340, el año de la muerte de su padre. Y el primogénito fué don Juan Tenorio, halconero y repostero del rey Pedro I el Cruel, entre otros títulos. El catedrático de Literatura de la Universidad de Harvad Francisco Márquez Villanueva afirma que “el personaje teatral de don Juan Tenorio que presenta Tirso de Molina en su obra El Burlador de Sevilla, y que se recoge más tarde en toda la literatura hispánica donjuanesca, está basado en el personaje histórico Juan Jofré Tenorio Álvarez de Toledo, comendador santiaguista de Estepa.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...