Bartolomé de Vega, mientras limpiaba con un trapajo el polvo del agrieteado almud* de medir los áridos, bromeó con su sobrino, cuya sola presencia le había trocado el mal humor con el que acostumbraba a empezar el día por una saludable oleada de energía y esperanza:
— ¿Qué...? ¿cómo va esa vida de aguardentero? Mucho me temo que sin licor, si no fuera por el burro, no podría vuestra merced llevar a casa las dos fanegas ni haciendo un cuento de viajes, ¡¡jajaja jajajaja!! —Bernardo sonrió. La carcajada del viejo había resonado en la bóveda como algo a la vez fantasmagórico y entrañablemente familiar. El encargado de las semillas mostraba ojos y boca resaltando brillantes en mitad de su cara enharinada, como si pertenecieran a otra persona. Prosiguió en la misma línea:
— ¡¡ Ja jaja ... jajaja !! Y... ¿qué me cuenta de esos amores? Maria Alonso es una doncellita que vale un tesoro, sobrino. No abandones el cerco... ¡¡ jajaja !! —y le comenzó a cargar un celemín tras otro en los sacos que, al efecto, Bernardo había traído en el fondo de las angarillas. Enrasaba el recipiente con el borde de su mano extendida, devolviendo con un movimiento rápido y maquinal al montón el sobrante que desbordaba el cubículo. El trigo estaba seco y de dar y recibir, según la fórmula usada en los contratos. Sin dejar de bromear, prosiguió Bartolomé: —ya intercederé por tí ante su padre, mi buen amigo el señor don Andrés Suárez, Bernardito, ¡ ja jaja!. Pero a condición de que cuentes conmigo para el convite, ¿¡ eeeeh !? ¡ jajajaja ! ... —.
Cargado que estuvo el burrito con los dos sacos regresaron a casa. Bernardo iba pensando en la próxima siembra, y en que en el cobertizo del patio de su casa el carbón del horno de la caldera de pulpa de uvas estaba esperando la yesca, el eslabón y el pedernal. Le reconfortó pensar que dentro de un momento podría calentarse.
Si volvemos nosotros al Pósito, veríamos al viejo mayordomo apuntando la entrega con groseros garabatos en un cuaderno amarillento, apoyado en el repecho del ventanuco trasero y manejando una sucia y despeinada pluma de ganso que mojaba en un pocillo costroso de cuerno de buey, mientras un gatazo rubio de ojos azules lo observaba, pendiente de los movimientos de su mano. ("Como me tire el tintero le retuerzo el pescuezo", pensó el amanuense): "A dos días del mes de diciembre del año de mil y quinientos y noventa y siete. Dos fanegas de trigo a Bernardo de Oliver". Normalmente no hacía este trámite sin que al menos dos testigos de la entrega al labrador de turno estuviesen presentes, pero en esta ocasión debido a las circunstancias familiares se habían concertado en que luego, ya más entrado el día, buscarían a un par de amigos o tres que atestiguaran el préstamo.
El Pósito, como todo lo que está bien hecho —sillares de piedra serrana de Gerena—, resistió casi doscientos años sin que fuera necesario mas que algún somero mantenimiento de vez en cuando. Durante el siglo XVIII se diversificaron los géneros que podía almacenar, y tenemos documentadas tinajas de aceite con venta al por menor a los vecinos, cuyo contenido, que con el frío invernal adquiría una consistencia mantecosa, siendo imposible extraerlo para su despacho, se derretía manteniendo pequeños braserillos de carbón encendidos bajo las referidas tinajas.
Ya de puro viejo, entrado el siglo XIX, el Pósito se derribó desde los cimientos. En el solar se levantó una tahona con su despacho de panadería, la más importante del pueblo en aquella época, perteneciente a unos Cansino**. El señor padre de quien esto escribe trabajó en ella de aprendiz con unos 11 ó 12 años de edad, cuando la Dictadura de Primo de Rivera daba sus últimas boqueadas. Refería el panadero en ciernes rememorando su infancia: "había que levantarse muy temprano", y "todo lo que ganaba tenía que dárselo a mi padre". Era el tiempo de adquisición de marchamo industrial de las hasta entonces caseras tortas de Inés Rosales, cuando su "inventora" alquilaba el horno de dicha panadería porque el de su casa se le había quedado pequeño. Mi padre era un muchacho tímido ante aquel grupo de mujeres que, como una bandada de golondrinas, llegaba cada día con sus chácharas, bromeando y riendo. Una, no recordaba bien quién, le zahería respecto a sus orejas, muy separadas entonces —algo muy común en niños—, comparándolas con "soplillos del horno".
Mas la tahona que sustituyó al antiguo Pósito también al poco tiempo resultó insuficiente para Inés, debido a la gran demanda del archiconocido y redituable producto. Pero, para ver todos los detalles, http://www.inesrosales.com/centenario/html/es/primeros_anos/ . Durante el siglo XX surgió en aquel lugar del desaparecido Pósito un fuerte competidor en la fabricación de la torta de aceite: Andrés Gaviño, de orígen bormujano y cuya factoría, trasunto de la utilizada por doña Inés en sus comienzos como queda dicho, fué —reiteramos— la antigua tahona que sustituyó a nuestro almacén de trigo, cebada y centeno.
En la Plaza hace un rato que el sol ha abandonado a los tejados, al torreón de Salinas y al pináculo del campanario de Santiago. Se enciende con guiños el gran rótulo de neón de la fábrica de tortas Andrés Gaviño y su luz verde clara crea una atmósfera espectral. Los niños que corretean por el área parecen ser recién llegados de Neptuno. El cielo, el suelo y las paredes son irreales. Aquí y ahora lo blanco es celeste desfondado, lo rojo negro siniestro; por causa de la incredibilidad de los ojitos, los cerebros emiten insistentes señales de alarma, camufladas por el griterío alborozado de los infantes. Muchachas extraterrestres pasan envueltas en resplandores fosforescentes, comiento pipas de girasol con fruición, cuya sal parece lo único que las ancla al mundo castillejano. Está empezando su carrera la maravillosa década de los sesenta.
* Almud. Cajón de madera que se usa como patrón, con una capacidad de entre 4,5 y 11 litros según el lugar y la época de uso. En ocasiones tiene un almud y medio de capacidad y una separación en su interior para medir un almud por un lado y medio por el otro. El lado interno de sus paredes también puede contener rayas para medir cantidades más pequeñas. Almud de tierra: superficie que puede sembrarse con un almud de grano, aproximadamente 50 metros cuadrados.
Dice Federico Corriente en su Diccionario de Arabismos (Gredos, 1999) que almud es medida de áridos correspondiente a un celemín, del andalusí almúdd y este del árabe clásico mudd. Y sobre celemín anota que lo definió así Nebrija, y que hay que pensar que en los casos en que designa una medida mucho mayor lo hace por confusión con almudi, confusión fonéticamente comprensible, en la que cae el mismo Corominas y que mantiene Kiesler en su Kleines vergleichendes Wörterbuch der Arabismen im Iberoromanischen und Italienischen. Tübingen, Francke, 1994, pág. 242. Sobre almudi remite Corriente a almuédano, "el que llama a los musulmanes a la plegaria desde el alminar". Sobre el celemín la RAE sigue a Nebrija y a Corriente: "Medida de capacidad para áridos, que tiene 4 cuartillos y equivale en Castilla a 4,625 litros aproximadamente".
** Cansino. En el año 1852 vivían en aquel tramo de casas sobre el solar del antiguo Pósito, en la numerada con el 6, Juan Antonio Mellado, de 74 años, casado, natural de Sevilla con 36 años de residencia en Castilleja; Gertrudis Cansino Domínguez, de 67 años, casada, natural de Alcalá de Guadaira (Alcalá de los Panaderos), con 41 años de residencia en Castilleja; José María Díaz, de 50 años, casado, sirviente, natural de Sevilla con 4 meses de residencia en Castilleja; Gabriel Morales, de 19 años, soltero, sirviente, natural de Utrera con 6 meses de residencia en Castilleja; Francisco Fernández, de 17 años, soltero, sirviente, natural de Valencina, con 3 meses de residencia en Castilleja.
Y en la vecina casa numerada con el 9, Manuel Cansino Durán, casado de 37 años, panadero, natural de Castilleja; Ana Cabrera Oliver, de 36 años, su esposa, natural de Castilleja; y sus hijos Manuel, de 15 años, natural de Bormujos con 11 años de residencia en esta Villa, Fernando de 12, natural de Bormujos con 11 años de residencia en esta Villa también, Ana, de 6 años, natural de Castilleja, Francisco, de 8 años, natural de esta Villa de Castilleja, y Juan, de 3 años, idem; mas Antonio Jiménez, casado de 29 años, sirviente, natural de Sevilla con 8 meses de residencia en esta Villa, José Castaño Argüelles, soltero de 19 años, sirviente, natural de San Andrés (Asturias), con 8 meses de residencia, y José Márquez, casado de 34 años natural de Sevilla, sirviente con 1 año de residencia en Castilleja.
Casi 40 años atrás un Juan Mellado y dos Fernando Cansino (uno de ellos menor), vivían en la Plaza de Santiago, en el año 1818.
Hasta la fábrica de la Calle Real —en la foto, sus hornos— siguió empleado el joven aprendiz, luego autor de los días del autor de este blog, durante la Segunda República, con el lapsus de la movilización franquista, para luego en la postguerra recuperar su puesto de trabajo, que mantuvo ya casado y con sus hijos e hijas —yo entre ellos— crecidos. Figura como "tortero" en los censos y padrones de aquel tiempo. Un trabajo duro el de los hornos en julio y agosto, en jornadas desde las seis de la mañana hasta las tres de la tarde si mal no recuerdo, aunque quizá fueran todavía más amplias, del orden de diez u once horas diarias.
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Volvamos a situarnos en la Castilleja de entre el XVI y el XVII. Aquí aparecen más cuñados de El Espadero, y también aparecen sus suegros:
Bartolomé de Vega*, hijo de Juan de Vega y de Inés Martín, difuntos, vecino de esta Villa, otorga que recibe en dote y casamiento con Isabel de León su esposa, hija de Roque Muñoz, difunto, y de Ana Ruíz, vecinos de Villanueva del Camino**, 83.592 maravedíes, que recibe de dicha su suegra, parte de ellos en los siguientes bienes de ajuar: sábanas de lienzo casero con dos tiras de red anchas, sábana de anjeo***; delantera de cama con su tira de red y lienzo; almohadas; cojinicos labrados de azul; colchón; saya de paño amarillo con tres fajas de tafetán morado en 3 ducados; saya de paño azul con tres fajas y cuatro valencianas de terciopelo azul; ropilla de tafetán negro con sus valencianas de lo propio en 8 ducados; cuerpos de tafetán negro y mangas de lo propio en 2 ducados; corpiño de tafetán morado colchado en 8 reales; sábana de paño blanco con cuatro pasamanos aterciopelados blancos en 4 ducados; manto de anascote en 3 ducados; dos guadamecíes dorados en 4 ducados; toca de seda y sombrero y chapines con sus hebillas en 20 reales; cama de Holanda que tiene cuatro paños con el cielo labrado de negro en 24 ducados; dos medias sillas de cadera en 15 reales; mesa; arca; acetre; lebrillos verdes; sarten; cojines; caldera; trébedes; tinajuela; asador; candelero; jubón de Ruán; y camisas de mujer. Mas 34.500 maravedíes pagados por Vicente Orsuche, por el servicio que doña Isabel de León le hizo y por la limosna en dote que doña Isabel Robles de León le dió de los bienes del Licenciado Diego Sánchez, su tío, que dicho Orsuche paga como marido de la dicha doña Isabel de Robles de León****, y otra parte por la herencia del dicho Roque Muñoz, difunto padre de la esposa. Dado en la casa de morada de los otorgantes Bartolomé e Isabel en esta dicha Villa, en miércoles 15 de agosto de 1582, siendo testigos Diego López y Francisco de Aguilar.
* Es el mayordomo del Pósito que atendió a su sobrino Bernardo el Aguardentero. Hermano de Marina (casada con Francisco Miguel) y de Magdalena (casada con Bernardo de Oliver el Espadero).
** No encontramos este topónimo en la península ibérica.
*** De Angeu, nombre provenzal del ducado de Anjou, en Francia, de donde procede. Especie de lienzo basto. RAE.
**** Extraña la coincidencia de nombre y apellido entre la esposa de Bartolomé y la de Vicente. Pero en aquella época y según nuestros usos actuales, la transmisión de apellidos reserva muchas sorpresas. Teresa Robles de León, viuda del Hijodalgo Notorio Juan de la Cueva Melgarejo, pidió reconocimiento de hidalguía en 1593.
Bartolomé de Vega y su mujer Isabel de León, vecinos de esta Villa, venden a Juan Flores Taboada, vecino de Sevilla en la collación de San Vicente, un pedazo de viña en Gines que se nombra ¿La Hijuela? de una aranzada, linde con viñas del comprador y con viñas del Licenciado Valladares y con la hijuela que va a Gines. Con declaración que la leña que está en dos ¿higueras?, de acebuche, y algarrobo, y cinco pies de aceitunos que están en dicho pedazo de viña, no entran en la venta, porque la dicha leña es de Juan Donaire, porque la ha de sacar y llevar libremente, porque es suya, de aquí a fin de septiembre. La cual viña tiene un cargo de 62 maravedíes de tributo que se paga al Marqués de Villamanrique, Señor de Gines. Y se la venden por precio y cuantía de 550 reales. Dado en esta Villa, en el Señorío, estando en casa de Juan Flores Taboada, domingo 17 de junio de 1582. Testigos, Juan Sánchez Venegas y Alonso Martín Revuelta el viejo.
Firma de Juan Flores Taboada
Diego de Vega, vecino de Sevilla en la collación de Santa María y estante en esta Villa, como hijo y heredero de Juan de Vega y de Inés Martín Revuelta, sus padres difuntos, vende a Bartolomé de Vega su hermano, vecino de Castilleja de la Cuesta, toda la parte que le corresponde de unas casas con sus palacios, patio, corral, y todo lo anexo, que es la quinta parte de ella, linde con casas de Leonor Martín y con casas de Francisco Miguel, con cargo de la quinta parte de 40 ducados de principal, y el tributo que saliere de ello, que se pagan a Lucía de Vega y a los herederos de Diego Rodríguez, y una fiesta perpetua que se dice por el ánima de Cristóbal Martín Bermejo y sus herederos. Y es condición que quede a cargo del otorgante Diego de Vega la parte que le cupiere pagar de la herencia de Juan de Vega su hermano, porque está en Indias*, y la partieron entre todos los herederos. Y la dicha quinta parte de la casa se la vende por precio de 200 reales (6.800 maravedíes), que recibe del dicho Bartolomé al contado. Dado en esta Villa de Castilleja, estando en casa del escribano Hernando de las Cuevas, que es en el Señorío, martes 19 de junio de 1582. Testigos, Juan Sánchez Venegas, Diego López y Francisco de Villadiego, vecinos de esta Villa.
* "Que está en Indias" implica que vive. No se entiende, por tanto, que hallan heredado de él sus hermanos.
Andrés de la Fuente y Catalina de Vega su mujer, vecinos de esta Villa, venden a Bartolomé de Vega, hermano de ella y vecino de esta Villa, presente, la quinta parte de dichas casas (ver supra) que le tocó a ella en la dicha herencia, con el mismo tributo y fiestas, y queda también lo del indiano. Y le venden la dicha quinta parte por precio de 211 reales. Fecha y testigos, idem idem.
Y, a estas alturas, ya va siendo necesaria una actualización del árbol genealógico:





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