viernes, 4 de marzo de 2011

Los Juanguren y el espadero 7

Luego declaró el tío de las acusadas, nuestro viejo hacendado:

Testigo, Diego Ortiz de Juanguren, vecino de Sevilla en la collación de San Martin, testigo presentado por parte de Catalina y Beatriz. A la primera pregunta dijo que conoce a las dichas Catalina y Beatriz desde que nacieron, a Francisco Mejía que lo conoce desde que era niño de edad de 3 años poco más o menos, y conoció a Bernardo de Ulloa y a Leonor Ortiz su mujer, padres de las dichas, desde antes que el dicho Bernardo de Ulloa se casara con la dicha Leonor Ortiz hasta que falleció, y que asimismo conoce al dicho Juan Mejía, padre del dicho Francisco Mejía. Tiene 63 años de edad poco más o menos, y es tío de las dichas doña Catalina y doña Beatriz de Ulloa, hermano de la dicha Leonor Ortiz, madre de las sobredichas, y que por eso no dejará de decir verdad, como cristiano, y que venza quien tuviere justicia. A la segunda y tercera preguntas, que ha visto la dicha escritura de que en la pregunta se hace mención, y que a ella se remite. A la cuarta, que este testigo vio que por renunciación que el dicho Bernardo de Ulloa hizo al dicho Juan Mejía su hijo del dicho Oficio de escribano público de la dicha ciudad de Sevilla, el dicho Juan Mejía fue recibido al dicho Oficio, y este testigo se lo vió tener y poseer, y ser escribano público de la dicha ciudad de Sevilla algún tiempo. De la quinta pregunta, dijo que al tiempo que el dicho Juan Mejía hubo el dicho Oficio de su padre, los Oficios de los escribanos públicos valían muchos dineros, y el dicho Oficio era muy bueno y de los antiguos, y tenía muchos registros de los antecesores del dicho Bernardo de Ulloa, y por esta causa, por ser como era tan bueno, cree este testigo que valdría y podría valer los 1.000 ducados contenidos en la pregunta, poco más o menos. De la sexta dijo que después que Bernardo de Ulloa falleció, vio cómo los otros hijos y herederos del dicho Bernardo de Ulloa se metieron en todos los bienes que quedaron y fincaron, y así los han tenido y poseído todos, estando el dicho Juan Mejía en la dicha ciudad de Sevilla, y nunca vio ni oyó decir que el dicho Juan Mejía ni otra persona por él lo contradijese, sino siempre lo vio pertenecer y poseer como cosa suya propia, y así es y ha sido. De la séptima dijo que este testigo sabe y vió que después que Bernardo de Ulloa falleció, el dicho Juan Mejía estuvo y residió continuamente en la dicha ciudad de Sevilla y en casa de la dicha Leonor Ortiz y de sus otros hijos y herederos de Bernardo de Ulloa, el tiempo contenido en la pregunta poco más o menos, y nunca en todo el dicho tiempo el dicho Juan Mejía pidió ni demandó cosa alguna a los otros sus hermanos, hijos y herederos del dicho Bernardo de Ulloa, antes se los vió tener y poseer pacífica y quietamente, y este testigo vió cómo muchas veces el dicho Juan Mejía trataba y trató casamiento con la dicha doña Catalina, y consentía y decía que le diesen por casamiento toda la hacienda que había quedado del dicho Bernardo de Ulloa a la dicha doña Catalina, y que a la dicha doña Beatriz que la metiesen monja, y a Pedro de Ulloa, que era hombre que no había menester hacienda, y que así es público y notorio. De la octava, dijo que después de haber sido Juan Mejía escribano público de la dicha ciudad de Sevilla el tiempo contenido en la pregunta poco más o menos, vió cómo lo renunció en Juan de la Rentería, y por el dicho Oficio le dio y pagó Rentería 600 ducados, y así fue en aquel tiempo muy público y notorio, y que este testigo se acuerda que al tiempo y sazón que el dicho Bernardo de Ulloa casó con la dicha Leonor Ortiz, hermana de este testigo, estaban todos juntos y vivían y moraban una casa el dicho Juan Mejía y el dicho su padre, y que porque el dicho Juan Mejía se mudase y fuese de casa del dicho Bernardo de Ulloa a vivir y morar a otra parte, el dicho Bernardo de Ulloa le dió y pagó 30.000 maravedíes, y para habérselos de pagar echó un tributo al monasterio de Santo Domingo de Portaceli, extramuros de Sevilla. De la novena pregunta, dijo siéndole leído el memorial, dijo que tiene noticia y conocimiento de todos los bienes en dicho memorial contenidos, y sabe y vió cómo los dichos bienes la dicha Leonor Ortiz y sus dos hijas los tuvieron y poseyeron por suyos y como suyos por tiempo de más de 30 años a esta parte, y hasta que la dicha Leonor Ortiz falleció; y después sus hijas los tuvieron quieta y pacíficamente hasta que el dicho Francisco Mejía les puso demanda por ello. De la décima dijo que este testigo sabe y vió cómo la dicha Leonor Ortiz es fallecida, puede haber el tiempo contenido en la dicha pregunta poco más o menos, porque este testigo vio estar muerta y fallecida a la dicha Leonor Ortiz, y se halló a su enterramiento, y que no sabe si hizo testamento1, mas que las dichas doña Catalina y doña Beatriz de Ulloa son habidas y tenidas por hijas legítimas y naturales de la dicha Leonor Ortiz y de Bernardo de Ulloa, y por sus hijas legítimas se las vió criar y nombrar y tratar. De la onceava, dijo que no la sabe. De la doceava, que este testigo vió y conoció que al tiempo y sazón que el dicho Juan Mejía falleció, dejó por sus hijos y herederos a Bernardo de Ulloa, Gregorio Mejía, Francisco Mejía, Hernando Chacón, y a una hija que no se acuerda este testigo de su nombre. Y de la treceava pregunta, se ratificó en lo dicho. Firmó de su nombre y le fue encargado el secreto.

1.- No debía ser muy estrecha la relación entre los dos hermanos, cuando él no sabía siquiera si Leonor había hecho testamento.

A continuación, la declaración de un sobrino de Diego:

Testigo, Pedro Ortiz, vecino de Sevilla en la collación de Santa María en la calle de Catalanes1 y morador en esta Villa de Castilleja de la Cuesta [donde fue escribano público una temporada], testigo presentado por Catalina y Beatriz. Dijo que conoce a las dichas y a Francisco Mejía de más de 30 años a esta parte, y conoció a Bernardo de Ulloa y a Leonor Ortiz, y conoció a Juan Mejía, padre del dicho Francisco Mejía, de más de 40 años. Es de edad de 58 años poco más o menos, y es primo hermano de las dichas doña Catalina y doña Beatriz de Ulloa, porque la madre de este testigo y Leonor Ortiz, madre de las dichas, eran hermanas, y que por eso no dejará de decir verdad, como cristiano, y que venza quien tuviere justicia. Dice que vio la escritura de renunciación contenida en la segunda pregunta. Dice que vio también la escritura que Juan Mejía otorgó a su padre Bernardo de Ulloa. Dice que sabe que Bernardo de Ulloa, siendo escribano público de Sevilla, renunció dicho oficio en Juan Mejía su hijo, y este testigo vio la renunciación, y que después vio como el dicho Juan Mejía usó durante mucho tiempo el dicho Oficio de escribano público de Sevilla hasta que lo vendió a Juan de la Rentería, y asimismo que Bernardo de Ulloa dio a Juan Mejía mucha cantidad de bienes, porque el dicho Juan Mejía otorgase la escritura de renunciación, y lo sabe por haberlo oido decir a Bernardo de Ulloa y porque es público y notorio. Dice que cuando murió Bernardo de Ulloa valía más el Oficio de escribano público que dio a Juan Mejía, y los dineros y bienes que asimismo le dio, y otros gastos que asimismo hizo con el dicho Juan Mejía. De la sexta pregunta dijo que vio cómo Juan Mejía ratificó las escrituras de renunciación que había hecho a Bernardo de Ulloa, después de su muerte, y asimismo que después de fallecido, los otros hijos y herederos del dicho Bernardo de Ulloa se metieron en todos los bienes y hacienda que quedaron y fincaron, y nunca lo contradijo el dicho Juan Mejía, aunque estaba y residía en la ciudad de Sevilla hasta que falleció, y este testigo vio la escritura de ratificación que Juan Mejía hizo, y siendo vivo éste, este testigo le oyó decir muchas veces cómo estaba pagado de toda la legítima de su padre y madre, aunque tenía dineros demasiados antes que no de menos. De la séptima dijo que vio que Juan Mejía, después de la muerte de su padre, vivió y moró en Sevilla hasta que falleció, y que al parecer de este testigo viviría el tiempo contenido en la pregunta, y todo este tiempo los otros hermanos, hijos y herederos de Bernardo de Ulloa, juntamente con la viuda Leonor Ortiz, tuvieron y poseyeron todos los bienes que quedaron del dicho Bernardo de Ulloa, quieta y pacíficamente, sin que Juan Mejía u otro por él demandase cosa alguna de dichos bienes, y que si hubiesen demandado algo este testigo lo habría sabido, por el mucho trato y comunicación y conversación que tuvo con dicho Juan Mejía. Dice que sabe que Juan Mejía vendió el Oficio a Juan de la Rentería por el precio contenido en la pregunta poco más o menos, porque era Oficio antiguo y tenía muchos registros, y después de venderlo vio que Juan Mejía compró en el lugar de Gerena casas y tierras para sembrar, y muy buena hacienda, que hoy día la posee Hernando Chacón y su madre y otras personas, y que vale muchos dineros. De la novena, siéndole leído el memorial, dijo que tiene noticia de los bienes contenidos en él, porque este testigo, como dicho tiene, vio a Leonor Ortiz y a sus dos hijas poseer y tener dichos bienes, por más de 40 años, hasta que Leonor Ortiz falleció, y después vio cómo las hijas los tuvieron quieta y pacíficamente hasta que el dicho Francisco Mejía les movió este pleito. De la décima, que puede haber 3 años que Leonor Ortiz falleció, y lo sabe porque se halló a su enterramiento. De la onceava dijo que no conoce a la dicha Isabel de Cáceres ni a sus hijos y nietos en la pregunta contenidos, mas que siendo vivo Bernardo de Ulloa, este testigo le oyó decir cómo había traído pleito con los contenidos en la pregunta, y que les había pagado lo que les pertenecía de los bienes y herencia de la dicha Isabel de Cáceres. De la doceava pregunta dijo que este testigo se acuerda que cuando dicho Juan Mejía falleció dejó por sus hijos y herederos a Bernardo de Ulloa, Gregorio Mejía, Francisco Mejía y Hernando Chacón. De la treceava, se ratificó en lo dicho y firmó de su nombre, siéndole encargado el secreto.

1.- Calle de Catalanes, hoy Carlos Cañal y Albareda. Nombrada así por los naturales de Cataluña que residían en ella desde el siglo XIV, en tiempos de Pedro Ortiz la calle sufría las consecuencias de un caño de aguas residuales que iba desde el convento de San Francisco hasta la laguna de La Pajería, donde desaguaba, originando multitud de denuncias y quejas de los vecinos. En contraste, fue una de las primeras en ser pavimentada de ladrillos.

Sigue la deposición de una anciana, suegra de otro Ortiz:

Testigo, Ana Sanchez, viuda de Alonso Hernandez del Castillo, vecina de Sevilla y moradora en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, en casa de Juana Ramírez su hija, mujer de Pedro Ortiz [ver infra]. Conoce a Catalina, a Beatriz y a Francisco Mejía desde que nacieron, y conoció a Bernardo de Ulloa y a Leonor Ortiz su mujer, y a Juan Mejía su hijo, difuntos, de más de 40 años a esta parte. Es de edad de 63 años y no le tocan las Generales. De la segunda pregunta, dijo que se acuerda haber visto la escritura de renunciación, y que lo contenido en la pregunta es público y notorio. De la tercera, se remite a dicha escritura. De la cuarta, que vio tener y poseer al dicho Juan Mejía el Oficio de escribano público de Sevilla que fue de su padre, aunque no se acuerda durante cuanto tiempo. Dice que oyó decir a Bernardo de Ulloa que había gastado muchos maravedíes con su hijo el dicho Juan Mejía, y que había echado un tributo de 3.000 maravedíes por 30.000 maravedíes, para dar al dicho Juan Mejía. De la sexta, dijo que cuando Bernardo de Ulloa murió, sus hijos, hermanos de Juan Mejía, entraron en todos los bienes que quedaron, y esta testigo se los vio tener a ellos y a la viuda su madre, viéndolo y sabiéndolo Juan Mejía porque estaba y residía en la ciudad de Sevilla, y esta testigo lo vio entrar y salir muchas veces en casa de la dicha Leonor Ortiz. De la séptima, que Juan Mejía vivio en Sevilla hasta su fallecimiento, y que sus hermanos y madrastra1 tenían los bienes de Bernardo de Ulloa, y nunca oyó decir que Juan Mejía los demandase, siendo todo público y notorio. De la octava, que después de fallecido Bernardo de Ulloa, su hijo Juan Mejía vendió el Oficio de escribano, y después vio y supo cómo compró muchos bienes raíces y heredades, y que antes de vender el Oficio no poseía heredades ni esta testigo oyó decir que tuviese bienes algunos, sino el dicho Oficio2. De la novena, siéndole mostrado y leído el dicho memorial que (dos líneas en blanco). De la novena (sic), siéndole leído el dicho memorial, dijo que tiene noticia y conocimiento de los bienes en él contenidos, y que esta testigo se los vio tener y poseer a Leonor Ortiz y a sus dos hijas, teniendo la dicha Leonor Ortiz en su poder a las sobredichas Catalina y Beatriz, y vio que tuvieron los bienes por mas de 20 y de 30 años, hasta que Leonor Ortiz falleció, y después los tuvieron sus hijas quieta y pacíficamente hasta que el dicho Francisco Mejía les puso demanda. De la décima, dijo que Leonor Ortiz falleció hace el tiempo contenido en la pregunta, y que se remite al testamento que hizo. De la onceava dijo que no conoció a Isabel de Cáceres mas que fue público y notorio que fue mujer del dicho Bernardo de Ulloa, y que después de casado el dicho Bernardo de Ulloa con Leonor Ortiz oyó decir esta testigo muchas veces que los herederos de la dicha Isabel de Cáceres le habían puesto pleito, y le pedían los bienes y herencia de la dicha Isabel de Cáceres. De la doceava, que esta testigo se acuerda y vio que al tiempo que dicho Juan Mejía falleció dejó por sus hijos y universales herederos a Bernardo de Ulloa, Gregorio Mejía, Francisco Mejía, Isabel de Cáceres y a Hernando Chacón. De la treceava, que se ratificaba, y que no sabe escribir, y le fue encargado el secreto.

1.- De nuevo a Juan Mejía se le hace hijo de otra mujer, y no de Leonor Ortiz, que en la ocasión pasa a ser "su madrastra". Pero en la duda, y como quiera que constantemente se habla de "sus hermanos" en referencia a los hijos de Leonor, esperemos a alguna aclaración en futuras pesquisas en los archivos.

2.- Así se explica que se enfrentara a su propio padre por un alojamiento; debía estar prácticamente en la calle, con su esposa y cargado de hijos, cuando no encontró otra salida que "embutirlos" a todos en el hogar paterno. Hay que añadir su rápida conversión en terrateniente en Gerena, su muerte prematura, y el desparpajo con que dicta y dispone de las vidas de sus ¿hermanastros?: Beatriz para monja, con un poco de los bienes, a Pedro de Ulloa nada, porque no lo necesita ... , para que se nos presente como un personaje un tanto extraño.

Testigo, la dicha Juana Ramírez, mujer del dicho Pedro Ortiz, difunto que Dios haya1, vecina de Sevilla y moradora en esta Villa de Castilleja de la Cuesta. Conoce a Catalina, Beatriz y Francisco Mejía de más de 25 años a esta parte, y conoció a Bernardo de Ulloa, Leonor Ortiz y Juan Mejía, que son fallecidos. Dijo que es de edad de 50 años poco más o menos, y que no le empecen las Generales. De la segunda dijo que la sabe porque esta testigo se halló presente al tiempo que Juan Mejía renunció todos los bienes y herencia de su padre Bernardo de Ulloa. De la tercera, se remite a lo dicho en la segunda. De la cuarta, dijo que vio y se acuerda que el tiempo que Juan Mejía otogó las escrituras en las preguntas anteriores contenidas, de la renunciación, fue de concierto entre él y su padre que para que el dicho Juan Mejía otorgase la dicha escritura, el dicho Bernardo de Ulloa renunciaría en él el Oficio de escribano, y después esta testigo vio cómo Juan Mejía fue recibido como escribano público de la dicha ciudad de Sevilla, en lugar de su padre, y esta testigo le vio usar dicho Oficio, y fue público y notorio que Bernardo de Ulloa, además del dicho Oficio dio otros muchos bienes a su hijo Juan Mejía. De la quinta, dijo que cuando Bernardo de Ulloa renunció en su hijo dicho Oficio, este valdría los 1.000 ducados contenidos en la pregunta, o poco menos, porque era muy bueno y de los antiguos, y que esta testigo oyó muchas veces quejarse al dicho Bernardo de Ulloa del dicho Juan Mejía, diciendo que le echaba a perder, y que todo cuanto ganaba le llevaba ... , y que en dicho tiempo se decía muy públicamente que el dicho Bernardo de Ulloa andaba muy alcanzado por causa de los gastos que hacía con dicho Juan Mejía su hijo. De la sexta dijo que después que Bernardo de Ulloa falleciese, Juan Mejía su hijo nunca pidió ni demandó a la dicha Leonor Ortiz ni a los otros sus hermanos y hermanas que fueron herederos del dicho Bernardo de Ulloa, cosa alguna de los bienes de la herencia, y que estando residiendo Juan Mejía en Sevilla, los otros herederos y Leonor Ortiz se entraron en dichos bienes. De la séptima, que vio cómo después de fallecido el dicho Bernardo de Ulloa, su hijo Juan Mejía estuvo y residió en Sevilla continuamente más de 15 años, hasta que falleció, y en ese tiempo Leonor Ortiz y sus hijos herederos poseyeron los bienes sin contradición de Juan Mejía. De la octava dijo que después de haber tenido mucho tiempo Juan Mejía el Oficio de escribano, lo vendió a un Juan de Rentería por mucha suma de maravedíes, y que con ellos había comprado tierras de pan sembrar y otras heredades en el lugar de Gerena, y esto fue público y notorio, y que ha oido decir que dichas tierras son muy buenas y que valen muchos maravedíes, pero que no sabe cuantos. De la novena dijo que tiene noticia de los bienes contenidos en el memorial que se le leyó, y sabe que los han tenido Leonor Ortiz y sus hijas, hasta que la primera falleció, y después los tuvieron sus hijas quieta y pacíficamente hasta que Francisco Mejía los demandó. A la décima, que la sabe porque esta testigo ... el testamento de la dicha Leonor Ortiz. De la onceava, que no la sabe. De la doceava, que sabe y se acuerda que al tiempo que Juan Mejía falleció, dejó por hijos y herederos a Gregorio Mejía, Bernardo de Ulloa, Francisco Mejía, Isabel, y Hernando Chacón. De la treceava, dijo lo que dicho tiene, y que además se acuerda esta testigo que cuando Bernardo de Ulloa renunció el Oficio de escribano en su hijo Juan Mejía, éste prometió de dar y pagar a los herederos del dicho Bernardo de Ulloa su padre 50.000 maravedíes, y le dio en prenda de los dichos 50.000 maravedíes una esclava negra que no se acuerda cómo se decía, y ciertas prendas, las cuales dichas prendas esta testigo oyó quejarse muchas veces a la dicha Leonor Ortiz cómo el dicho Juan Mejía se había llevado dichas prendas y nunca le había pagado los dichos 50.000 maravedíes, y que le ... en traspaso diciendo que se lo pagaría en trigo, y que en uno ni en otro se los pagó. Y dijo que no sabía escribir, y le fue encargado el secreto.

1.- Este Pedro Ortiz, difunto, tiene que ser el hermano de Diego que litigó con las autoridades del almojarifazgo del vino de Sevilla, visto en el capítulo anterior. Pero recordemos lo dicho en el capítulo 2 de esta serie sobre los Juanguren: A todo este grupo [de pasajeros a Indias] acompañaba en el periplo Francisca Ortiz, vecina y natural de Sevilla, soltera e hija de Pedro Ortiz de Juanguren y de Juana Ramírez. Año de 1555.
¿Marchaba con su primo hermano Íñigo Ortiz de Juanguren, en la misma nao "Nuestra Señora del Rosario"?

Y como colofón de este asunto y necesaria referencia cronológica, porque ignoramos la fecha del pleito de los Ulloa, diremos que Bernardo de Ulloa ejerció entre 1507 y 1515; su hijo Juan Mejía entre 1517 y 1522, y Juan de la Rentería entre 1523 y 1544. Consta además un Pedro de la Rentería, que imaginamos hijo de este último, entre 1544 y 1546. Todos ellos en la ciudad de Sevilla.

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