El pleito se fué alargando debido a que una de las partes litigantes —la del Gobernador— y muchos de los testigos estaban en Ultramar, y se necesitaron prórrogas y plazos de hasta diez meses para localizarlos e interrogarlos. Entre los de Antón Rodriguez Navarrete se contaban el mercader Alonso Ruiz, Pedro Díaz de Jerez y Hernando de Nebreda, que declararon tan tarde como en junio de 1530*. En este año, decíamos, la parte de Bastidas se encuentra en Indias, y está representada por el Procurador Francisco Jiménez. Un año después, el lunes 8 de mayo de 1531 Miguel Ortiz —que por entonces debía ser estudiante— dió poder a su hermano Antón Rodriguez, otorgado en la sevillana plaza de Santa Catalina en casa de un escribano conocido nuestro: Juan de la Rentería, el comprador del oficio de Bernardo de Ulloa previa intermediación de su hijo Francisco Mejía (Los Juanguren y el espadero 7, marzo de 2011).
Por entonces era fallecido don Pedro Pérez de Guzmán, por lo que doña María Ortiz experimentaba viudedad por partida doble.
En la misma casa de Juan de la Rentería en Santa Catalina, cuando alcanzó la mayoría de edad Miguel Ortiz y ya conseguido en Salamanca su título de Bachiller, —título que con letra de trazos seguros encabeza ahora su firma—, reemplazó el martes 11 de noviembre de 1533 a su hermano como gestor de los intereses de la familia en la deuda con los herederos de Bastidas, a saber: Isabel Rodríguez de Romera Tamaris su viuda, y el hijo de ambos, de igual nombre que el padre y Deán de la Santa Iglesia de Sevilla entre otros cargos.
Poco antes de ceder el apoderamiento, Antón Rodriguez había hecho una probanza con unos testigos, todos ellos sevillanos, cuyas edades denotan la extraordinaria dilatación del contencioso: Juan Guillén, de 70 años; Diego de Padilla, de 65 (marino al que le fue encomendada la cargazón); el Comendador Rodrigo de Grajeda, de más de 50; Juan Hernández de las Varas, de 50; el boticario Ordoño Ordóñez, de 50; Bartolomé Arias, de 50; Luis Diaz Navarrete (que surge de sopetón como hermanastro de Antón, o sea, hijo de Alonso Rodriguez Navarrete "y de otra madre"; de esta manera el trapero se nos desvela, además de dueño de haciendas y esclavos, un libertino consumado); Juan de Sevilla, de 35 años (nacido y criado pared por medio de la casa del dicho Alonso); el dorador Hernando de Toledo, de 50 años; Isabel Hernandez, viuda del batihoja Francisco Sanchez; Diego Perez el viejo, de 83 años; el corredor de lonja Pedro Ruiz, de 50; Alonso de Córdoba, de 60; María Sanchez, de 50 y viuda del librero Juan de Morales; Catalina Hernandez, de 60 años y viuda del zapatero Antón Martínez Garrote; Pedro García, tundidor.
Vivieron estas personas en la calle de La Trapería** o en sus inmediaciones, conocieron a Alonso y a Beatriz, y vieron crecer a sus hijos. Se refieren al año de 1507 como "el año de la pestilencia grande en Sevilla"***, y casi todas ellas fueron requeridas también por los herederos de Bastidas para declarar, además de un Juan de Loya, mercader.
Parece ya claro que Antón Rodriguez era hijo de Alonso. Queda por dilucidar qué parentesco tenía con nuestro Diego Ortiz de Juanguren. Éste dice claramente que su padre es el hidalgo Pedro Ortiz, más a la vez nombra, repetimos, como su hermano a Antón, en contradicción flagrante. Podríamos partir de una solución equidistante, y es que el trapero Alonso fuera tío político del hacendado castillejense. Beatriz sería en este caso su tía carnal, hermana del tal hidalgo Pedro. Sobre esta hipótesis, los Ortiz de nuestro interés no serían originarios de Baeza como lo era dicho trapero. Dejémoslo en este punto, por ahora, atendiendo al castizo dicho de "lo que sea, sonará".
Sobre Rodrigo de Bastidas**** ya tenemos una referencia en "Los esclavos 82e", febrero de 2010.
* Año de 1530. Diego Ortiz de Juanguren recuerda, mientras convalece, complicadas las secuelas de los traumatismos de la pelea con una neumonía insidiosa que le produjo un descuido por la noche con la ropa de cama y el consiguiente enfriamiento. Durante toda su vida hasta rondar la madurez, un tema recurrente del que oía hablar con semblantes serios a sus mayores fue el pleito con Rodrigo de Bastidas. De muy niño, cuando en los días de fiesta era llevado a la casa de la Alcaicería sevillana a visitar a la familia, rememoraba alguna que otra frase de sus tíos, captada entre juego y juego, acerca de la eterna y omnipresente querella, y luego de joven sabía de idas y venidas de escribanos cargados de legajos, de reuniones con testigos y de comentarios de vecinos y conocidos, siempre alrededor del centro gravitatorio que era la palabra clave: Bastidas.
Todo lo cual formó en su espíritu una imagen demonizada del conquistador trianero que ahora, diluídos los límites y perfiles en su mente enfebrecida por la afección pulmonar, llegaba a confundir con el pajarero Haldón. Pese a todo y en su delirio de anciano enfermo, se sentía triunfador, en la vida en general y en este último conflicto, a pesar de que el resultado había sido tener que guardar cama y recibir atención médica. En todo caso, tenía claro como un faro en la noche tenebrosa de su imaginación que su contrincante estaba en peor situación, lo cual era una estimulante fuente de energía para sobrellevar su estado.
En efecto. Juan Martin Haldón intentaba reposar tumbado de espaldas en el colchoncillo, dejando pasar las horas negras del calabozo sin mover ni un músculo, con los ojos cerrados y el pensamiento, muy a su pesar, bullente. Voces mudas en la oscuridad le repetían insistentes que los pobres no tienen derecho alguno y que su peor pecado era haber formado una familia que, como las de todos los desheredados de la fortuna, estaba abocada a la miseria, a la esclavitud y a la servidumbre. Era así, la cruda realidad se le representaba vívida e hiriente, y aquella representación se reforzaba de forma insoportable cuando la puerta se abría y su esposa, portando alguna vianda, lo visitaba. Con un fuerte sentimiento de culpa le preguntaba mecánicamente por la pequeña Leonor, y ella le contestaba lacónica: "bien está, no os preocupéis". Por nada del mundo hubiera permitido que su hijita lo viera en semejante situación.
Luego, otra vez solo, volvían los fantasmas, y veía a los nietos de Juanguren, sonrosados y rientes, jugando bajo las umbrías arboledas de hermosas mansiones con surtidores de agua cristalina, entre maravillosas mariposas y pájaros que ni por asomo eran sus tristes zorzales, y las carcajadas infantiles iban en aumento, en aumento, hasta que percibía con sobresalto y horror que se convertían en pájaros crueles riéndose de él, y entonces se sabía derrotado y la amargura de aquel yugo añadíasele a la opresión del cepo hasta asfixiarlo y anularlo. La noche así era un suplicio psíquico que lo dejaban exánime durante el siguiente día.
** Calle de la Trapería, tiene que ser la que Antonio Collantes de Terán contempla como calle de Traperos en su Diccionario Histórico de las calles de Sevilla. Se trataría del segundo tramo de la hoy denominada calle Hernando Colón, que conecta la plaza de San Francisco con la calle Alemanes. Sastres, tudidores y mercaderes de paños la habitaron desde muy antiguo, y en tiempos de la Sevilla musulmana era arteria principal de la Alcaicería, "barrio de tiendas de artículos selectos y de alto valor en el mundo árabe". A fines del siglo XVI Morgado la describe de esta manera: "Y la otra suma riqueza de la Alcaycería o Alcaycería de Oro y plata, perlas, cristal, piedras preciosas, esmaltes, coral, sedas, brocados, telas riquísimas, toda sedería y paños muy finos. Es la Alcaycería vn barrio de por sí lleno de tiendas de plateros y escultores, sederos y traperos, con toda la inmensa riqueza que se vela de noche, con sus puertas y alcaide, que también de noche las cierra con llave".
Queda explicado así cómo el oficio de Alonso Rodriguez Navarrete se encontraba en las antípodas de lo que en nuestro tiempo se entiende por "trapero".
*** 1507, conocido como el Año de la Peste. Esta epidemia, que vació también el Aljarafe, se llevó a Alonso Rodriguez Navarrete y pocas semanas después, a su mujer Beatriz Ortiz. Cuentan que en más del 80% de los casos, un infectado contagiaba a alguien de su familia.
**** Rodrigo de Bastidas, natural de Triana y notario de profesión, se lanzó a la aventura como tantos otros lo hacían, sin distinción de clase social; hizo asiento para salir a descubrir, con los Reyes Católicos, el 5 de Junio de 1500. Fue Adelantado de Santa Marta de Indias. Lo hirió traidoramente Juan de Villafuerte, muriendo en Cuba en 1527, de resultas de las heridas recibidas. Vimos en "Los esclavos 82e" nota primera, —febrero de 2010—, que Rodrigo Álvarez Palomino fué elegido por "el común" para reemplazar al trianero Rodrigo de Bastidas en el gobierno de Santa Marta, apuñalado Bastidas en su bohío por uno de sus subalternos y muerto por ello poco después, en Cuba, en junio o julio de 1527. También tuvo un final trágico Palomino, ahogado en un río en el año 1528.
Es digno de resaltar que mientras Antón Rodriguez Navarrete seguía pleito contra Bastidas por deudas, Pedro de Cifontes lo hacía por lo mismo contra su sucesor en la gobernación de Santa Marta, el referido Rodrigo Álvarez Palomino.
Los restos del trianero Bastidas reposan en la capilla edificada por su hijo en la iglesia de la Catedral de Santo Domingo. Su mujer era Isabel Rodríguez de Romera Tamaris, y nacieron de esta unión Isabel de Bastidas y Rodríguez de Romera, quien se casó con Hernando de Hoyos, y
Rodrigo de Bastidas y Rodríguez de Romera, Deán, además de la de Sevilla, de la Iglesia de Santo Domingo por nombramiento de 7 de Octubre de 1521, y Obispo de Venezuela en 1531, el primero en tal cargo; lo fue luego de Puerto Rico y de Santo Domingo, y Visitador Real de Puerto Rico y dos veces Gobernador de Venezuela. Junto con su madre fundó mayorazgo el 24 de Mayo de 1551, con la condición de que para disfrutarlo era requisito indispensable usar como primer apellido Bastidas, y llamando como primer poseedor a su sobrino Rodrigo de Bastidas, hijo de Hernando de Hoyos y de la referida Isabel.
El apellido Bastidas es encomiado por muchos pseudogenealogistas como originado de la invención de una máquina de guerra, la bastida, que consistía en una torre de madera con ruedas, en cuya cima y debidamente parapetados los soldados podían acceder a las altas murallas de las ciudades sitiadas, acercando esta máquina a ellas.
Nos fiamos más de la información que proporciona nuestro guía en este asunto del trapero y el conquistador, el profesor Juan Gil.
Un buen ejemplo de mercader metido a descubridor lo constituye Rodrigo de Bastidas, que fue tildado de "nieto de judío çancarrón1" por los franciscanos estantes en La Española2 (cf. J. Meseguer, "El arzobispo Cisneros y la Iglesia misionera en América (1500-1512)", AIA, XLV [1985] 477). Como primera providencia, pues, despejo la nebulosa que se cierne sobre su genealogía, nunca suficientemente estudiada (pero cf. mis "Marinos y mercaderes, p. 23ss.). En esta familia de muy mediano pasar sólo destaca aparte de Rodrigo de Bastidas una prima suya, Leonor de Morales, que casó en primeras nupcias con Ruy López y en segundas con el licenciado Fernando de Rojas, que fue alcalde mayor de Sevilla. Los demás (Rodrigo y Juan de Bastidas, Cristóbal de Sanabria) son sombras que se mueven en torno a la figura del mercader enriquecido en las Indias: gracias a él Rodrigo llegó a ser obispo de Venezuela y después de San Juan, y Juan, arcediano de la catedral dominicana.
1.- Çancarrón, el pie enxuto sin carne. Este nombre han puesto a los hombres de poca suerte, y que en su professión saben poco. Tamarid dize ser nombre arábigo. (Covarrubias).
Zancarrón. Metaphoricamente se aplica al Professor de ciencias, que no sabe bien, ù de alguna arte, que entiende poco; porque assi como al zancarrón le falta la sustancia de la pulpa: assi al Professor ignorante la de su facultad. Zancarrón de Mahoma. Llaman por irrision los huessos de este falso Propheta, que van à visitar los Moros à la Mezquita de Meca. (Diccionario de Autoridades).
Vieja blanca a puros Moros,
Solimanes, y Albayaldes,
vestida sea el zancarrón,
y el puro Mahoma en carnes.
(Francisco de Quevedo, Las Musas).
2.- Aunque bastantes años después, franciscano en La Española fué también el cura de la Iglesia de Santiago don Rodrigo de Cieza: Fray Rodrigo de Cieza. Oficiales de el ... y Mi Señor que reside en la ciudad de Sevilla, en la Casa de la Contratación de las Indias. Fray Rodrigo de Cieza, de la Horden de San Francisco, que ha hecho relación que él tomó el hábito en la Isla Española... (Rodrigo de Cieza 15, enero de 2009).
Los padres del Gobernador Rodrigo de Bastidas fueron Ana de Bastidas y Alonso Fernández Ojos.
Otra relación entre él y Castilleja, si bien en extremo indirecta, es que socorrió con una flotilla de tres naves a Hernán Cortés en 1521.
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