miércoles, 28 de febrero de 2018

Notas varias, 2t.



Hay que situar al capitán Francisco Vázquez Montero, hijo del obligado de las carnicerías castillejenses, en el contexto ayamontino de la guerra portuguesa de independencia que se inició en 1640. Quien le vendió el redituable lote —una joven madre esclava con su hija de 29 días— fue, según vimos en la entrada anterior, Juan de Montellano, al cual podemos seguir en sus actuaciones merced a una infinidad de publicaciones que sobre la mentada guerra, o rebelión, como ciertos historiadores quieren, han visto la luz. Nosotros nos limitaremos a efectuar algunas "catas" en semejante maremagnum de noticias históricas, protagonizadas en aquella zona especialmente por el Duque de Medina Sidonia como Capitán General, y por su primo el Marqués de Ayamonte como Gobernador, ambos sobrinos del Conde Duque de Olivares, y también por el Duque de Braganza en el campo contrario, (o no tan contrario considerando que la esposa de este último era hermana del susodicho Medina Sidonia, y que abundan los pareceres sobre que andaluces y portugueses participaban en el mismo conato de rebelión contra la Monarquía que Felipe IV representaba).
Primeramente una consideración importante respecto al marquesado de Ayamonte en Gines y al señorío del de Olivares en Castilleja. Con su frontera compartida, reducción a ínfima escala de los graves enfrentamientos que culminaron con el ajusticiamiento del de Ayamonte por orden del de Olivares en Madrid, el territorio de Castilleja y de Gines debió reflejar las fricciones que se manifestaron al más alto nivel, siquiera en forma de conflictos más o menos domésticos.
En resumidas cuentas: mientras que el Duque de Medina Sidonia (IX de tal título) era Capitán General del ejército en la fronteriza villa onubense, de tal villa era Gobernador el Marqués de Ayamonte, Señor de Gines. Ambos, primos entre sí, eran sobrinos del Conde-Duque de Olivares. Y por otra parte el abuelo de este Conde-Duque, don Pedro de Guzmán, 1er. Conde de Olivares y Señor de Castilleja de la Cuesta, era hijo del III Duque de Medina Sidonia. Para colmar el embrollo familiar, la esposa del portugués Duque de Braganza, coronado como Juan IV tras la rebelión portuguesa que nos ocupa, era hermana del mencionado IX Duque de Medina Sidonia, así que el conflicto de España-Portugal puede verse en uno de sus aspectos como un enfrentamiento entre cuñados. De hecho se acusa al Duque de reticencia a invadir Portugal, y de querer ver a su hermana coronada reina, diciéndose también que ésta lo instaba a unirse con los lusitanos en pos de enfrentarse a Felipe IV.

Con base en la obra de la "Duquesa Roja" que citamos a continuación, podemos saber que al hijo del carnicero de Castilleja de la Cuesta y capitán en Ayamonte según vimos, debieron movilizarlo, siendo ya militar profesional, por junio de 1641, cuando Medina Sidonia "cazaba" gente para formar el ejército que intentaría devolver Portugal a la corona hispana. En Sevilla, en derredor del palacio del Duque, se agudiza el descontento. Las justicias de los pueblos hacían lo imposible para estorbar la leva. Los curas se muestran reticentes a entregar los padrones eclesiásticos por los que se podía averiguar la edad de cada cual. Los reclutas de Huelva son encerrados en la cárcel para evitar que huyan antes de su traslado. Se pagan 100 reales a soldados veteranos para que guarden a los bisoños durante el trayecto. Los hombres son cogidos en los puertos, en las calles e incluso en sus casas, pues el monarca ha ordenado no reservar ni un solo individuo. Van 40 holandeses, cuya nacionalidad no parece estorbar [Holanda era aliada de los independentistas portugueses contra España]. Todavía el capitán Francisco Vázquez Montero debió tratar en Ayamonte con descendientes de la mujer y los cuñados de Saucedo, tratos que imaginamos tendrán algún reflejo en los protocolos notariales de aquellos años cuarenta, a los cuales protocolos accederemos en un futuro próximo.


       
El palacio de Medina Sidonia, en la plaza del Duque en Sevilla, adquirido por el marqués de Palomares de Duero y por fin convertido en el Corte Inglés actual.

En Historia de una conjura, de Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia, Diputación Provincial de Cádiz, 1985, se cita al contador Juan de Montellano —quien vendió al capitán Vázquez la esclava y su hijita— una decena de veces. Como uno de los secretarios del Duque de Medina Sidonia, "Juan de Montellano es delegado a Marruecos [por el mes de agosto de ¿1640?] al frente de embajada rutinaria. Encuentros habituales entre dos civilizaciones que han de compartir las aguas de un estrecho. Por septiembre devuelve la visita el Rey Mogrebí a través de su embajador, que llega precedido por el regalo de una carroza, desembarcando en El Puerto de Santa María, donde es preciso ir a recibirle. Trae en cartera demanda de ayuda para la defensa de Zale. Se aloja con el séquito fuera de palacio, en casa arrendada al efecto, asistido de servidores y cocineros que condimentan los alimentos al gusto mahometano" (pág. 52).
La Junta de Guerra, formada en Ayamonte por el Conde-Duque de Olivares desde Madrid, incluye a un antiguo servidor del Duque de Medina Sidonia como secretario de Guerra del Rey: Matías González de Medrano. Cuando en junio acompañó al dicho Duque en su viaje a Sanlúcar quedó en su lugar Juan de Montellano, "antiguo servidor de los Medina Sidonia, que ha medrado en su casa. Llega a la Plaza de Armas (o sea, Ayamonte) por enero, en compañía de Francisco Jiménez, ambos caballeros en sendas mulas, para ocupar la función de Contador Mayor del Ejército, que había ejercido en la anterior jornada del Algarve. Tenía larga experiencia en las secretarías de estado y guerra de Sanlúcar. Declaró dos veces contra don Gaspar. En la primera se atiene a la verdad, pero en la segunda muestra singular virulencia hacia su señor" (pág. 88).
"Por junio, cuando todo indica que se prepara la guerra naval, D. Gaspar hace acopio de bizcocho, embalado en botijas peruleras, la mitad enceradas, y en sacos de lienzo. Monta el encargo 4.149 reales. Aunque los recibos van refrendados por el Veedor Leonardo de Soria [de la Junta de Guerra] y el contador Juan de Montellano, las probabilidades de recuperar la suma invertida son escasas, quedando buena parte en el capítulo de deudas personales del Duque, a favor del Pósito de Sanlúcar" (pág. 104).
Juan de Montellano (v. infra) fue a casa del Veedor Soria por orden del Duque "para "amenazarle", según palabras del Veedor, añadiendo que su jefe "está que salta", por haber intervenido en la detención y prisión del piloto Andrés de Rivera y de los dos remeros tripulantes de una lancha que había cruzado el Guadiana para llevar a Portugal a un espía lusitano al servicio de España llamado Garcés. Fue a la vuelta cuando Juan Sotomayor, de guardia con su barco, detuvo a la embarcación, remolcándola hasta Ayamonte, so pretexto de haber encontrado restos de sal en su fondo" (pág. 117).
"Para ambientar su declaración, contará el Veedor que Juan de Montellano fue a verle con el fin de comunicarle que habiendo escrito al de Medina, inquieto por las idas y venidas a Portugal decretadas por Ayamonte, este respondió agradeciendo la información y prometiendo poner remedio a una indisciplica que lamentaba. Asegura Soria que Andrés de Rivera hizo lo mismo y por idénticas razones" (pág. 122).
"Montellano, ocupado días más tarde en recoger testimonios de cuantos cruzan la frontera, para probar una inexistente concentración de tropas en zona portuguesa, se encarga de escribir al Rey, al Intendente de Sevilla y al Duque de Medina Sidonia, que continúa en Sanlúcar, exponiendo el peligro, solicitando refuerzos y haciendo patente el abandono que padece la Plaza" (pág. 128).
"El aviso de Montellano, tocante al zafarrancho organizado, debió llegar a Sanlúcar el 18, sorprendiendo a Medina Sidonia, pues sus espías no habían informado de los proyectos bélicos que se atribuían a los portugueses" (pág. 134).
"Apenas abandonó D. Gaspar Ayamonte, hizo otro tanto Leonardo de Soria, tras prolongada reunión con Isassy y Juan de Montellano (pág. 137).
"Con estas [embajadas ordenadas por el Duque] corrían otros criados mayores, más experimentados en la materia, como Juan de Lievana, Miguel Páez de la Cadena o Montellano" (págs. 147-48).
"Conocida la desgracia de Don Gaspar, se pierde el respeto a sus estados. Exenta durante muchos años, Huelva habrá de alojar una compañía de caballos, con la consiguiente incomodidad para los vecinos. El Corregidor escribe a Doña Juana, pidiendo haga lo posible por librarles de la carga. Consciente del recelo que inspira el nombre de su esposo, la Duquesa se humilla, suplicando el favor de Juan de Montellano, ahora secretario por el Rey en Ayamonte. Halagado y ansioso de popularidad, complace a la que fuera su señora, sacando a los milites de la villa" (pág. 170).

Juan de Montellano, nombrado por Felipe IV secretario de guerra para "asistir" al Duque, en realidad tenía la misión de vigilarlo (www.fcmedinasidonia.com).

En primavera [de 1641] el tráfico de correos y espías entre las dos orillas del Guadiana se hizo fluído. Las lanchas salían de la ensenada de los Molinos, que estaba tras el castillo, desembarcando en la Junquera o en banda de San Antonio, junto a la ermita, puesto de  guardia  portugués, que no parece haber estorbado los contactos. Las señas eran “fusilazos” de luz,  lanzados con ayuda de un farol; el “santo” palabras comunes, como escarpín o media. Lo daba el teniente de maese de campo Andrés de Rivera, informando a las tripulaciones de los barcos luengos, para que no interceptasen a los agentes. El marqués de Ayamonte ( http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=guzman-francisco-de2 ) declaró no poder recordar a todos sus espías. Fueron muchos, porque “es evidente que quienes gobiernan una plaza, han de saber lo que hace el enemigo”.
En la madrugada del 11 de junio de dicho año de 1641 el cabo Juan de Sotomayor (subordinado de Martín de Sotomayor, hombre de Leonardo de Soria) detuvo con su barco a la embarcación del capitán Fernández Montesinos (hombre al servicio del marqués de Ayamonte), con dos remeros y pilotada por el familiar del Santo Oficio Andrés de Ribera, que llevaba a la orilla portuguesa a Garcés, portugués al servicio de España. Habían dado el "santo" los de la barca al cabo, quien los dejó seguir, pero al regreso los arrestó so pretexto de haber encontrado restos de sal en la barca. La remolcó, haciendo subir al capitán Montesinos a su barco para someterlo a interrogatorio, inútilmente pues se abstuvo de responder. Dejando a la tripulación arrestada en la barca, llevó al capitán al alojamiento del Capitán General, y considerando que no merecía despertar al Duque* ( http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=perez-de-guzman-gaspar-alonso ) a hora tan tardía, lo dejó en libertad, pero el resto de tripulantes de la barca fue encerrado en el cuerpo de guardia por el maese de campo Francisco de Guzmán. Enterado el Duque del suceso al amanecer, mandó soltar a los detenidos y arrestar a Juan de Sotomayor en el baluarte de las Angustias, contando Leonardo de Soria posteriormente que Juan de Montellano fué a su casa para "amenazarle" diciendo que su jefe "está que salta". El maese Francisco de Guzmán, principal responsable del enredo, fué mudado de destino, dándole a elegir entre Sanlúcar del Guadiana y Paymogo. Se resistió declarándose enfermo y permaneciendo encerrado en su casa durante un mes, y pidió licencia para dejar destino, que a punto estuvo de abandonar sin aguardarla, para tener libertad de publicar el "Cartel de Desafío", dirigido al Capitán General. De todo el asunto de la barca declaró ante el juez Antonio de Almeyda, criado de Clara Gonzaga, prima de Leonardo de Soria. Este criado dijo que a la sazón estaba alojado en casa del arráez Juan Luis, en el barrio de Busca Ruidos, y que en la noche del 11 de junio fué a dicha casa un criado del Marqués de Ayamonte en busca de su anfitrión el arráez para que le cruzase el Guadiana, "un mozo moreno de poco bigote negro, no muy alto, que trae güedejas" —no otro que el capitán Fernández Montesinos—. (De https://www.fcmedinasidonia.com/isabel_alvarez_toledo/fcmedinasidonia/7gaspar/9vida/6vida9.htm#_ftnref7 ).

 Colofón de la edición de Gregorio de Bedoya en Valladolid, 1641.

* Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, IX duque de Medina Sidonia, cuya extraña actitud [ante la sublevación de los portugueses] levantó muy pronto las sospechas en medios cortesanos (ver artículo sobre el Cartel de Desafío en http://www.janusdigital.es/articulo.htm?id=96 donde se cita a José Calvo Poyato:  “El correo no llegaba. La alarma cundió cuando no llegó a la mesa de Felipe IV el lenguado que todos los años los portugueses mandaban a su majestad para que en su mesa se cumpliese con este manjar la vigilia de la Inmaculada Concepción”. Calvo Poyato. Felipe IV y el ocaso de un imperio, Planeta, 1995).

La llegada a Lisboa de los fidalgos, que escaparon de la corte, se manifestó en las detenciones del 22 de julio. El mismo día el agente portugués Garcés [ver supra], se personó en la plaza de armas, sin hacerse anunciar. Camino del  convento de San Francisco fue abordado por los soldados de Diego Díaz, en presencia del capitán Maldonado.  Al ignorar el "santo" del día, fue llevado ante el auditor. Discreto, contó que huía de su país porque hirió a cierto hidalgo, que le exigía cumplir palabra de casamiento,  insistiendo en la demanda de ver al capitán general. Al estar ausente, Juan de Montellano, secretario en funciones, lo llevó ante el marqués de Ayamonte. Traía información sobre movimientos de tropas en Portugal y despacho de Fr. Nicolás, dirigido a Medina Sidonia, en el que figuraba la palabra “San Bento”, clave que no debía anunciar nada bueno. Remitida con los informes al rey, la carta paró en proceso, a tales alturas pergeñado, perdiéndose el resto de la documentación.
El revuelo formado al correr que se había detenido espía de Juan IV, complicó el regreso de Garcés. Encerrado en la cárcel por la forma, el de Ayamonte aprovechó que la gente estaba entretenida con el alarde del día de Santiago, para hacerle cruzar el río en la barca del arráez Juan Luis. Según los enemigos de los Guzmanes,  llevando secretos de la plaza, inexistentes pues  la falta de efectivos, se podía observar desde la orilla opuesta. Según ciertos soldados, uno de la compañía de Diego de Herrera, aquella noche se robó una barca, que estaba amarrada junto al monasterio de las Médulas. Amaneció abandonada en la rivera portuguesa, donde la recuperó el propietario. Al ser la que usó Garcés, el marqués se abstuvo de hacer averiguaciones.

Parece ser que desde Madrid se obligó al Duque, con base en chantajes, a desafiar al de Braganza en duelo, aunque no falta quien afirma que lo hizo motu proprio.


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Y bien. En esta entrada he presentado diversos hechos y escenarios, siendo su aglutinante —que les otorga coherencia en el tiempo y en el espacio—  la dicha obra de la Duquesa Roja, ya sea la impresa que he citado o la que se ofrece digitalizada en la web de la Fundación, además de las otras publicaciones. Entre entre estos hechos se mueven los personajes relacionados de alguna manera con Castilleja de la Cuesta. Más temprano de aquellos cruciales años cuarenta, ofrecemos a modo de preámbulo este interesante documento:

El 29 de junio de 1606, estando en los Reales Alcázares de la ciudad de Sevilla, don Pedro Antonio Coloma*, conde de Elda, Capitán general de las Galeras de Portugal, y del hábito de Santiago, otorgó un poder ante el escribano hispalense Pedro de Castellanos para vender a un su esclavo, negro llamado Andrés y de 21 años de edad poco más o menos. Entre los apoderados está Francisco de Palencia, nuestro castillejano fiador de la mujer y cuñados de Juan de Saucedo. Veámoslo:

(En el margen superior izquierdo se abre el manuscrito con un dibujo que asemeja una tosca capital, en forma de "S" cerrada sobre sí misma, enmarcando el croquis de una especie de mar).



Poder para vender un esclavo. Don Antonio Coloma, conde de Elda, Capitán general de las Galeras de Portugal, del hábito de Santiago, estante al presente en la ciudad de Sevilla, da todo su poder a Pedro de Nareña y a Francisco de Vera, clérigo de evangelio vecino de Sevilla, y a Francisco de Palencia, vecino de Sevilla, y a Juan Escudero y a Juan de Fuentes, mayordomo del Conde de Olivares, vecinos de Olivares, a todos y cada uno in solidum para que puedan vender en cualquier parte y a quien quieran un esclavo suyo negro llamado Andrés, de 21 años poco más o menos, que está en Sevilla a su servicio, y lo vendan por esclavo cautivo habido de buena guerra y no de paz, y le aseguren que no es borracho ni ladrón ni huidor ni ético ni endemoniado ni tiene los ojos claros sin ver ni es casado, y que es sano y no enfermo, y que no ha cometido delito por donde merezca pena de muerte ni otra alguna civil ni criminal, y si pareciere otra cosa, que se lo puedan devolver. El otorgante se obliga a pasar por todo. Dado en Sevilla, estando en los Reales Alcázares de dicha ciudad, a 29 de junio de 1606, y su Señoría el dicho conde lo firmó en el registro y presentó por testigos de su conocimiento a dos hombres, que se dijeron llamar uno el licenciado don Gerónimo Abad de Beltrán, presbítero Capellán Mayor de Olivares, vecino de Sevilla en los Reales Alcázares, y el otro el capitán Tomás de Cardona, vecino de Sevilla en la collación de San Isidro. Fueron testigos de todo lo dicho Juan de ... y Pedro Pérez del Castillo, escribanos de Sevilla.

Francisco de Vera, clérigo de evangelio vecino de Sevilla, estante al presente en esta Villa de Castilleja de la Cuesta, en nombre y voz de don Pedro Antonio Coloma, conde de Elda, con su poder (v. s.), vende a don Gerónimo Abad de Beltrán, presbítero Capellán Mayor de Olivares, ausente, el dicho esclavo Andrés, que el otorgante y su parte tienen en esta dicha Villa —se añade que no es manco ni tullido ni con mal de bubas ni de dentro ni de fuera ni otra ninguna tacha ni lission (sic) ni enfermedad—. Y se lo vende por precio de 27.200 maravedies, que recibe en reales por mano de Francisco de Palencia ante el escribano Juan de las Cuevas y los testigos infrascriptos. Y Francisco de Vera en nombre del dicho conde de Elda entrega en el Señorío de esta Villa dicho esclavo de presente en esta Villa al dicho Francisco de Palencia en nombre del Capellán Mayor, para que lo haya y goce y disponga de él a su voluntad como cosa suya propia habida y comprada con sus propios dineros. Y Francisco de Vera obliga los bienes propios y rentas de la dicha su parte el conde de Elda. Dado en las casas del presente escribano que son al Señorío, 1 de julio de 1606. Testigos, Francisco Martín Chaparro, Juan Díaz de Palencia y Juan Marcos, vecinos de esta Villa.

Alonso López, vecino de la Villa de Castilleja y arrendador de la alcábala del viento de dicha Villa, recibe de don Pedro Antonio Coloma, conde de Elda, y de Francisco de Vera en su nombre, todos los maravedíes que montó el alcábala del esclavo Andrés, que vendió el día de la fecha a don Gerónimo (v. s.) en precio de 800 reales, y la alcábala montó a razón del diez por ciento conforme al recibimiento del otorgante, el cual se da por entregado, contento y pagado, a lo cual obliga su persona y bienes habidos y por haber. Dado en esta Villa a 1 de julio de 1606, siendo testigos Juan de Miranda, Roque de las Casas y Luis Martín.


* En El Gran Duque de Osuna y su marina, de Cesáreo Fernández Duro, Madrid, 1885, leemos:
Don Pedro Antonio Coloma, conde de Elda. Este personaje, que no merecía al Duque de Osuna el mejor concepto, era de los más nobles y calificados señores del reino de Valencia; hijo primogénito de Juan Coloma, primer conde de Elda, virrey de Cerdeña; hermano de D. Carlos, clásico historiador de las guerras de Flandes, de D. Alonso, obispo de Barcelona y de Murcia, y de D. Francisco, general de galeones de Indias. Don Pedro Antonio Coloma y Calvillo fue, como su padre, Virrey de Cerdeña, y en 10 de julio de 1604 recibió el título de Capitán general de las galeras de Portugal, reemplazando en este cargo al segundo Marqués de Santa Cruz.
Navegando a Sanlúcar con tres de las dichas galeras en 1606, a tiempo que se habían celebrado las paces con Inglaterra, encontró un corsario de esta nación, que continuaba las hostilidades en su provecho y contestó con insolencia a las intimidaciones que le hizo; roto el fuego por ambas partes, se defendió, causando a las galeras treinta muertos y muchos más heridos, por lo que apenas rendido, lo mandó ahorcar el Conde de una verga.
En 1610 acudió a la expulsión de los moriscos de Valencia, reuniéndose en la costa 13 galeras de España, mandadas por D. Pedro de Toledo, que tuvo el mando general; 17 de Nápoles, con el Marqués de Santa Cruz; nueve de Sicilia, con D. Pedro de Leiva; 15 de Génova, con el Duque de Tursi; cuatro de Portugal, que eran las que llevaba Elda; cuatro de Barcelona, con D. Ramón Domps, y 14 galeones de la armada de D. Luis Fajardo; de suerte que venía a ser la fuerza de 62 galeras y 14 galeones, con 7.700 soldados de desembarco. Es de presumir que no desempeñaría satisfecho este servicio el de Elda, sacando de la tierra, entre tantos expatriados, a sus propios vasallos.
Asistió después a la toma de Larache, ascendiendo a la Capitanía general de las galeras de Sicilia en 1615; mas no se dio prisa en acudir al nuevo servicio, disculpando la ausencia, de modo que en Real cédula de 23 de mayo de 1616 se dispuso que no se le descontaran los sueldos de diez y nueve meses que faltó de las galeras. Asistió, como se ha visto, al combate naval del Adriático, y acabado, desde Brindisi se fue con las galeras a Mesina, sin orden, a pretexto de andar moros en la costa, que fue lo que motivó la queja del Duque de Osuna.
Tratando de su casa y familia el Marqués de Molins (discurso contestando al de D. Alejandro Llorente en la recepción pública de éste en la Academia de la Historia) consigna que fue caballero de eximia piedad, fundador del convento de Franciscanos del pueblo de su título. Casó tres veces: la primera con doña Beatríz Corella, hija del Conde de Concentaina, la cual no tuvo hijos, pero adoptó como tales a los pobres, fundando en Elda un hospital que aun subsiste, bien que despojado de los bienes que le legó su fundadora. Casó luego el Conde con doña Francisca Manrique y con doña Juana Enríquez, no teniendo sucesión sino de la última, y murió siendo General de las galeras de las galeras de Sicilia (Haro, "Nobiliario", tomo II, pág. 270. Condado de Cantillana).

Para Gerónimo Abad de Beltrán, natural de Elda y por lo tanto paisano de don Pedro Antonio Coloma, ver http://condeduquedeolivares.es/index.php/component/tags/tag/53-capilla-mayor : "Además de las [reliquias*] traídas a Olivares, también envío [el II Conde de Olivares] otra muy importante a San Isidoro del Campo en Santiponce; el cuerpo entero de San Eutiquio mártir, que le había regalado Sixto V y que fue trasladado en 1590 a Sevilla, aunque su entrega se realizó en noviembre de 1600 por el Capellán Mayor de Olivares el licenciado Gerónimo Abad Beltrán, quien cumplió, en nombre del Conde, la misión de su entrega al Prior del Monasterio de San Isidoro del Campo con celebre pompa que se conserva descrita en su arca funeraria. El acto estuvo revestido de gran solemnidad por el acompañamiento de caballeros, gran número de gentes del pueblo y la capilla de música de la catedral de Sevilla". He aquí al capellán traficando con fiambres, probablemente asistido de su esclavo Andrés, "habido de buena guerra y no de paz" aunque nunca España tuvo enfrentamientos bélicos con ningún país del África negra, mas como apunta certeramente en La esclavitud en Ayamonte su autor (ver la entrada anterior:  Antonio Manuel González Díaz. La esclavitud en Ayamonte durante el Antiguo Régimen, siglos XVI, XVII y XVIII,), la hipócrita fórmula servía para acallar las conciencias.


La capilla de las reliquias, mandada construir por don Enrique de Guzmán, II Conde de Olivares, en dicha Villa cabeza de su Estado.


                                                        San Eutiquio,

* "La II Condesa de Olivares se encargaba de visitar iglesias y monasterios en Roma, donde previa autorización encargaba la extracción de numerosas reliquias de santos y mártires, cada reliquia llevaba incorporada su “auténtica” o certificado de autenticidad de la misma". Una pasión de coleccionista como otra cualquiera, si bien bastante morbosa; eso sí, revestida de misticismo y devoción cristiana. También coleccionaba, con su marido, obras de arte.

Don Gerónimo, feliz poseedor de un joven esclavo negro adquirido en nuestra Villa mediante Francisco de Palencia, fue ilustrísimo señor Obispo electo de Calahorra (aunque no debió tomar posesión del cargo, ya que no aparece en el episcopologio calagurritano), canónigo de la villa de Olivares y doctor en ambos derechos. Don Gerónimo Abad y Beltrán, natural de Elda ( http://www.raicesreinovalencia.com/sala/Biblioteca/novelda/ABAD.pdf, con su árbol genealógico hasta nuestros días ).

2 comentarios:

MIGUEL ANGEL dijo...

Muy interesante su blog. Y en particular me ha interesado la información que da sobre el conde de Elda y la venta de un esclavo. ¿Podría decirme la referencia de donde saca ese documento?.

Antonio dijo...

En el Archivo Histórico Provincial de Sevilla. Protocolos notariales de Castilleja de la Cuesta. Año 1606.

Los olvidados, 12q.

  [...] la implantación de las organizaciones obreras parece que fue, y actualmente de manera notable, bastante débil en el Aljarafe. Quizás...