Un estudioso del flamenco, Manuel Bohórquez Casado, natural de El Arahal, nos va a ilustrar sobre otro renombrado cantaor de nuestra Villa, también de la familia Oliver de ella y por tanto pariente en mayor o menor grado —que aclararé a su tiempo— de Manuel Oliver Dorado "Manolo de Triana". El referido investigador del cante hondo, además, vivió muchos años en Castilleja de la Cuesta, hasta finales del siglo XX, y tuvo ocasión de conocer los ambientes en los que se desarrolló antiguamente el cante andaluz castillejense. En 1983, en Radio Aljarafe, creó y dirigió el programa "El duende y el Tárab", que perduró 12 años logrando aficionar a lo hondo a multitud de jóvenes de la comarca.
Este flamencólogo pulcro, cuidadoso y fiable en sus documentaciones e investigaciones, que escribió en El Correo de Andalucía del 4 de septiembre de 1989 una nota necrológica con ocasión de la muerte de Oliver de Triana, ha indagado en la vida del castillejano y cantaor Antonio Silva Estrada "El Portugués":
En 1896 vivían en la calle Morgado n.º 15 en Sevilla, Antonio Silva Estrada, de 49 años, natural de Castilleja de la Cuesta, de profesión artista, hijo de Pedro y Gertrudis, con 41 años de residencia en la capital y domiciliado anteriormente en dicha ciudad en la plaza de Argüelles n.º 18 (1). Y su esposa Isabel Cantudo Morillo, de 32 años, natural de Jerez de la Frontera, hija de Manuel y de Catalina, con 12 años de residencia en Sevilla y con el mismo domicilio anterior de su marido.
(1) Extraña coincidencia o no, en la plaza de Argüelles n.º 18 nació y vivió Dolores López Caba, quien luego casada con mi tío por línea materna Francisco Copado tuvo cuatro hijos en Córdoba, tal y como se detalla en Los olvidados, 1. Agosto de 2020.
Año 1894. Plaza de Argüelles n.º 18. Antonio de Silva Estrada, de 38 años, natural de Castilleja, profesor de guitarra, ingresado en quintas en Sevilla en 1875. Con su esposa Isabel Cantudo Morillo (1a).
En la misma casa y año, Inés Jiménez Morillo, de Jerez, hija de José y Carmen, con su esposo José Muñoz y su cuñado Baldomero Muñoz, ambos sevillanos.
(1a) En 1899, viuda, vivía en la calle Jáuregui n.º 16, y al año siguiente en la calle Valle n.º 15 de Sevilla. Un año después, en 1901, vive en la calle Vara del Rey n.º 4 figurando como soltera.
Una hermana de Isabel, cuñada por tanto del cantaor Antonio Silva, estaba casada con un capitán malagueño, Enrique Conejo Guillot, comisionado en la isla de Cuba por 1898 —en la época de los Borges Fe de la entrada anterior*— y fallecido en Barcelona el 12 de mayo de 1917. Estuvo este matrimonio avecindado en Sevilla. Su hija Catalina Conejo Cantudo obtuvo pensión de orfandad del Ministerio de Defensa Nacional por orden de abril de 1938. Los Conejo Cantudo fueron 11 hermanos.
A tenor de lo que nos indican los censos de población hispalense, la pareja formada por la jerezana Isabel y el cantaor Antonio Silva era inestable, comenzando la relación siendo ella una joven viuda —o soltera— y separándose ambos esporádicamente algún que otro año, hasta la muerte de él en 1920.
* Personas cultas y cosmopolitas como fueron Eduardo, Juan, Antonio y Tomás Borges Fe, conocerían con detalle que el oficio de boticario ejercido en la Calle Real de nuestra Villa por su abuelo Antonio Borges Navarro tiene origen en la actividad de los chamanes, hechiceros y curanderos de las tribus primitivas. Es sabido que las enfermedades, en aquellas épocas lejanas y prehistóricas, considerábanse enviadas al común de los mortales por instancias divinas o supraterrenales, en general a modo de castigo, aviso o advertencia, y que quienes se dedicaban a la sanación —por medio de drogas, pócimas, hierbas, brebajes o cualesquier clase de métodos específicos— estaban en conexión con los espíritus y tenían capacidad de reconducir las voces de los muertos hacia el mundo de los vivos, "religando" ambos espacios, de donde procede el término "religión" y su concepto, ni más ni menos que tal y como son llamados "curas" —de curar, sanar, restablecer— a quienes dirigen a las comunidades de creyentes cristianos.
He hablado de reconducción de voces con la intención de resaltar que una de las herramientas de que se servían estos primitivos farmacéuticos era el canto y el recitado en forma de salmodias canturreadas monótonamente.
Tengamos en cuenta que en la remota antigüedad, en la que el ser humano divinizaba una gran multiplicidad de seres y objetos, el pájaro, animal musical por excelencia, fue una de las tales divinizaciones más próximas, más cercanas, más asequibles y a la mano, por sus características vitales. Divinización avícola que se debe en gran parte al espacio de su habitación, el aire, siempre en relación con la espiritualidad. En la religión católica un pájaro —el Espíritu Santo en forma de paloma— fecunda a la virgen inmaculada, que engendra así a Cristo.
En cierto aspecto la música en general, el cante hondo en el contexto que nos ocupa, con su poder de revulsivo, de purgante emocional a niveles psicosomáticos, eleva a sus intérpretes a categorías chamánicas y hechiceriles, y la aceptación de un palo por el oyente-paciente no es otra cosa que el reconocimiento de su valor terapéutico, en un terreno anímico tan profundo como oscuro e inexplorado donde se mezcla la estética y la medicina.
Pronto seguidamente vamos a referirnos a uno de los enfermos de la clínica del doctor Escudero en el chalé de Carmen Díaz (Ver Los olvidados, 12i. Marzo de 2021), un joven gran aficionado a la música y con el cual mantuve unos meses de trato y amistad.
Permítaseme, por lo dicho, equiparar audazmente a Oliver de Triana y a Antonio el Portugués con Antonio Borges Navarro o con Fernando Cansino.
Los Cansino son el puente que nos va a dar acceso a la farmacopea decimonónica de Borges y, retrocediendo aún más, al trágico final del boticario Salvador de los Reyes allá por el siglo XVIII:
" 'Entierro de Salvador de los Reyes. Fábrica, 50 maravedíes. En diez y ocho días del mes de octubre de mil setecientos cuarenta y siete años dí sepultura eclesiástica al cuerpo difunto de Don Salvador de los Reyes, marido que fue de Josefa de Rojas, vecino de esta villa de Castilleja, y para que conste lo firmé, fecha ut supra. Don Miguel Vázquez Forero'.
Una semana después de la muerte de su paciente sifilítico el cuerpo rechoncho del droguero apareció caído boca arriba en el suelo de su establecimiento. La última persona que lo vio vivo fue el Visitador de Boticas, que había llegado un rato antes a media mañana, encontrándolo en inmejorable estado de salud; aquél le juró, perfectamente normal, no ocultar nada, le mostró su título, justificó con unos papeles la puesta al día del alquiler del local, le dio acceso a los medicamentos para que comprobase que no había ninguno en mal estado, y una vez cumplidos todos los trámites montó en su mula el Visitador y marchóse calle de Hernán Cortes abajo para seguir su ronda de inspecciones por los pueblos cercanos. La muerte de Salvador debió ocurrir cuando doblaba la esquina de la Calle Real en dirección a Gines.
A las pocas horas el trágico acontecimiento era el tema de conversación del pueblo. Se decía que se había suicidado con un mejunje de su invención. Otros creían que no fue suicidio, sino que experimentaba en sí mismo los efectos de un fármaco. Y no faltaba quien culpase a algún envenenador francés.
Quizá la verdad solo la conociese el maestro cirujano, que fue quien lo descubrió, desbaratado junto a un sillón derribado en el fondo oscuro de la estrecha sala y con un libro abierto sobre su panzudo vientre: la edición madrileña de 1737 de 'Palestra farmacéutica Chymico-Galénica', de Félix Palacios Bayo, según pudo ver el horrorizado terapeuta. En el mechero humeaba una poción de láudano que llenaba el recinto de un aroma dulzón y suave. Normalmente Salvador regresaba a su casa a mediodía, para almorzar con su mujer y dormir luego una ligera siesta; quizá lo efectuara así también el día en cuestión, pero hubo de hacerlo solo, porque su esposa llevaba fuera más de veinticuatro horas atendiendo a una cuñada parturienta en la calle de Juan de Oyega, donde se quedó a dormir. De forma que Salvador se encontraba ya más de un día sin compañía cuando ocurrió el desgraciado suceso.
Había dicho la tarde anterior en la tertulia con su amigo el maestro médico que tenía un cocimiento al baño maría en la minúscula oficina de brebajes, y que debía vigilar que no se apagara el infiernillo de aceite que le había de proporcionar calor durante cuarenta y ocho horas para su completa realización, por lo que sus viajes desde casa al laboratorio eran continuos, cruzando la Plaza a horas intempestivas para comprobar la buena marcha de su preparado". Un aperador acosado (I). Julio de 2008.
Los Cansino son los farmacéuticos preponderantes durante el siglo XX y todo indica que continuarán siéndolo en el XXI.
"Los Cansino de Castilleja labraron su posición socioeconómica mediante la elaboración de pan, en concreto en sus obradores de La Plaza desde mediados del siglo XIX.
'Llevan la misión de exigir al alcalde 4.000 duros, lo mismo que habían hecho en Triana a su comisario de policía horas antes. El tal Alcalde de Castilleja, Fernando Cansino Durán, que lo fue hasta 1850, en evitación de daños mayores, hizo una rápida gestión para desembolsar del tesoro municipal la referida cantidad. [...] los caballistas, guiados probablemente por el aroma de pan recién horneado que flotaba en el ambiente, aporreaban la casa contigua a la del cohibido Alcalde. Manuel Cansino su hermano y vecino, a la sazón panadero, abrió y, atendiendo a las instancias más o menos razonadas de los intrusos, preparó un gran saco de hogazas y media docena de paquetes de repostería —hojaldres rellenos, carne de membrillo, roscos de anís—'. Historia de los apellidos, 21v. Julio de 2020". Los olvidados, 6g. Diciembre de 2020.
En una amena conversación en su rebotica, Julio Cansino Calvo, nieto del fundador de la farmacia callerrealenga, me comunicó muchos e interesantes datos de su abuelo y antecesor en el oficio. Al principio, antes de comenzar los estudios, un joven Fernando Cansino se empleaba en repartir a lomos de una mula el pan elaborado por su padre y tíos por los barrios periféricos de Camas —La Pañoleta, Caño Ronco— y por Santiponce, en la accidentada cornisa oriental de la meseta aljarafeña.
Luego se matriculó en la Facultad de Farmacia de Granada, la única existente en Andalucía. Allí tropezó con un profesor que le demostró tal animadversión, —"Mientras yo esté dando clases no aprobarás esta asignatura", solía espetarle el docente con la mayor crueldad—, que un buen día Fernando le propinó un puñetazo, lo cual le valió la expulsión. Continuó sus estudios en Madrid. Llegada la Guerra Civil y adscrito al ejército franquista, sufrió la rozadura de una bala en la mejilla derecha, lo que le dejó por el resto de su vida una alargada mancha oscura en la piel.
Establecido en Castilleja como boticario compuso un original medicamento reconstituyente, que fue incluido en el Registro de la Propiedad como de su creación. Era hombre generoso y liberal con mi informante Julio Cansino Calvo su nieto, a quien, por ejemplo, daba varios cientos de pesetas para que se las gastara en manzanilla en la feria de Sevilla.
El padre de quien esto escribe trabajó a sus órdenes como cobrador de facturas de medicamentos vendidos al fiado, siendo conocido en la familia como "Antoñito el Cobrador". Yo mismo a mi vez ayudaba a mi padre en la cobranza, lo que me sirvió para conocer todos los rincones del pueblo y me curtió en la virtud de la paciencia, ya que muchos deudores no vacilaban en hacerme volver una, dos o tres veces a sus hogares so pretexto de que "ahora no podían", de que "estaban esperando a que les pagasen el sueldo", o simplemente de que en aquel momento "no tenían tiempo".
Julio Cansino todavía conserva en la referida rebotica los tarros de porcelana blanca con etiquetas manuscritas, con sus contenidos medicamentosos —ya caducados, naturalmente— que su abuelo había elaborado al modo artesanal, que exhibía en estantería tras el mostrador al fondo del despacho, y que todos los castillejanos de alguna edad recordamos. Entre ellos la celebérrima quina, que nos trae a la memoria a fray Antonio Vázquez de Espinosa (ver Historia de los apellidos, 21i. Abril de 2020).
La encomiable intención del actual boticario es formar un museo de la farmacia de Castilleja, para lo cual guarda también algunos medicamentos de los años 30 y 40 del pasado siglo, en sus cajas y envases originales.
Antes de que la Farmacia Cansino se instalara en la hermosa casa actual, que recibió como regalo de bodas Fernando Cansino de su padre —alzada sobre el solar de lo que fue un patio de vecinos—, estaba ubicada en esta otra en la esquina de la Calle Real con la calle Manuel García-Junco, que se conserva todavía en su estado original, aunque deshabitada.
Cuando el farmacéutico Fernando Cansino Vélez accedió a la vara de la alcaldía de Castilleja (ver Los olvidados, 6a. Octubre de 2020) heredó la nefasta gestión de su antecesor encarcelado, José María Cuesta Valladares, y entre los turbios asuntos de este último, Cansino tuvo que lidiar con las fraudulentas cuentas de la barriada de la Inmaculada. Este nombre de la dicha barriada es posterior al mandato de Cuesta Valladares, durante el cual se la denominaba "Grupo de Viviendas Protegidas".

Siendo como es la Inmaculada Concepción patrona del gremio de farmacéuticos, la pregunta que se plantea es: "¿Fue Fernando Cansino Vélez el que decidió llamar a la nueva barriada con tal título de la Inmaculada Concepción? No hay documentación descubierta al respecto, pero en mi humilde opinión, es altamente probable que así fuera. Recordemos, a más abundamiento, que los artífices de la construcción de la barriada castillejense fueron los arquitectos Alberto Balbontín de Orta y Antonio Delgado Roig. Antonio Delgado era hijo y nieto de boticarios, con oficina de farmacia —llamada "El Globo" y fundada en 1870— en la calle Tetuán n.º 20 en Sevilla, en los bajos de su casa natal. Antonio Delgado Roig fue hermano mayor de la sevillana cofradía de El Silencio, y su hijo Joaquín también lo fue, durante seis años (1998-2004). Joaquín, por vía materna, estuvo muy vinculado también a la hermandad de Pasíón.
"Por cumplir una promesa. También ha habido en Pasión, como en todas las cofradías de Sevilla muchas señoras que salían de 'extrajis' para cumplir una promesa. Así salió Francisca Espinosa de los Monteros Vila, la madre de Paquita Cansino, esposa del procurador Manuel Antonio Ruiz-Berdejo, presidente de la Asociación de Vecinos Plaza del Museo y Entorno. Cuenta Paquita que su madre salió de penitente con cruz para cumplir una promesa que había hecho al Señor de Pasión, del que era muy devota. Salió con la papeleta de su hermano, Juan Espinosa de los Monteros, y con la ayuda que le prestó para que no la descubrieran un amigo de éste, Miguel Recio. Su hijo Fernando Cansino Espinosa de los Monteros, y sus nietos Fernando y Julio Cansino Calvo, son hermanos de Pasión. Su hija Paquita, por su marido, está muy ligada a la Hermandad del Gran Poder". ABC, 16 de marzo de 2009.
Ahora corresponde, desde un enfoque antropológico, relacionar a la antigua brujería, al curanderismo y al chamanismo, con el fenómeno de la ascensión de la mujer a niveles divinos por parte de la Iglesia Católica, una maniobra de sacralización de la virginidad de raíz socio-política, instada para subsanar el declive de la demografía que, por causa de las epidemias de peste, se venía sufriendo en Europa. Estableciendo este modelo de "nueva mujer" se potenció su dedicación exclusiva a la reproducción en el seno de la familia tradicional, al tiempo que se la desarraigaba de sus vínculos con herejías, hechicerías y paganismos que venían suponiendo para la iglesia oficial una competencia peligrosa.
"María constituye una de las figuras más destacadas y, al mismo tiempo, más enigmáticas de la religión católica. La relativa escasez de datos que ofrece el Nuevo Testamento sobre su figura ha sido compensada con creces a través de una tradición forjada a lo largo de los siglos que ha recogido elementos procedentes de fuentes muy diversas, desde los evangelios apócrifos hasta la devoción popular pasando por el magisterio eclesial. Desde los tiempos de los primeros Padres de la Iglesia, María ha sido asociada irremediablemente a Eva, simbolizando las dos caras con las que el cristianismo, especialmente en su versión católica, concibe la feminidad. Así, a través de un juego de dicotomías y oposiciones mutuas, Eva ha sido tradicionalmente presentada como desobediente, rebelde, activa, sexualizada, pecadora, profana, manchada y castigada frente a una María obediente, sumisa, pasiva, desexualizada, corredentora, sagrada, inmaculada y premiada. El peso que la Iglesia católica ha otorgado a cada una de estas figuras ha ido basculando a lo largo de su trayectoria histórica pero es evidente que el XIX fue el siglo de María". Raúl Mínguez Blanco. Las múltiples caras de la Inmaculada: religión, género y nación en su proclamación dogmática (1854). Universitat de València.
El mismo año en que se celebró el Concilio Vaticano I, 1845, fue proclamada como patrona del gremio de boticarios la Inmaculada Concepción, como ejemplo y paradigma de poder de sanación, y de pureza de los medicamentos a elaborar y expender a los enfermos. A lo largo de la época isabelina, al terminar la carrera, los nuevos farmacéuticos, en un acto solemne, juraban fidelidad a dicha virgen utilizando unos guantes blancos. Recibían además un anillo a modo de alianza y compromiso con la ciencia.
Esta simpática foto de la página de Facebook del farmacéutico castillejense Julio Cansino Calvo es idónea para retomar el tema del cante hondo y de sus intérpretes "chamanizados" Manuel Oliver de Triana y Antonio de Silva Estrada el Portugués.
Fernando Rodríguez Gómez, "Fernando el de Triana" (fallecido en Camas en 1940), en Arte y artistas flamencos, de Editoriales Andaluzas Reunidas, año 1935, trae una encomiástica referencia a Antonio de Silva cuando, al tratar del cantaor Fernando el Herrero, natural de Las Cabezas de San Juan, dice que el castillejano-portugués —su maestro— lo valoraba y apreciaba por sus interpretaciones de soleares, cañas, polos, serranas y malagueñas: "Este notable cantaor de la antigua cepa del famoso Antonio de Silva el Portugués", especifica Fernando el de Triana en su obra citada, en referencia a El Herrero. Y al tratar del tema de los cafés cantantes, escribe Fernando Rodríguez:
"Al gran maestro [Silverio] le seguían aquellos colosos del cante grande que se llamaron o apodaron Paco el Sevillano, José Lorente, Eduardo Porreta, Fernando el Mezcle, Carito, el Chato de Jerez, Ramoncillo el Hollero (sic), Antonio el Portugués, Diego el Marrurro y aquellos tres gloriosos cantadores, de imborrable recuerdo, que se llamaron Enrique Ortega, Salvaorillo el de Jerez y Juan Junquera".
Y añade:
"Era [Antonio de Silva] como un viejo catedrático dando clases en la Universidad. Era muy bueno en la caña, la serrana, el polo, las soleares clásicas trianeras, los antiguos fandangos, que no fandanguillos de moda, y, sobre todo, las malagueñas más primitivas".
Manuel Gómez Vélez, "Manolo de Huelva", nacido en Riotinto en 1892, genial guitarrista, opinaba de Antonio de Silva lo siguiente, según informó Paco Sevilla en su libro Queen of the Gypsies. The Life and legend of Carmen Amaya: Flamenco in the Theater Age, 1910-1960. Editorial Sevilla Press, 1999:
"Los polos son las canciones más antiguas. Todos los viejos me dijeron lo mismo cuando yo era niño. La primera vez que los oí fue en boca del cantaor más viejo que yo haya conocido, Antonio Silva El Portugués, español y de Sevilla, pese a que Silva sea un apellido portugués. Le conocí en Huelva, cuando acababa de aprender el oficio de sastre. Mi padre le invitó a casa y Antonio se trajo su guitarra. Aquella fue la primera vez que oí los polos".
Nuevo Diario de Badajoz, 7 de diciembre de 1901 (con su nombre en portugués)
El reconocido cantaor Miguel Milena, "Niño de Granada", declaró en entrevista de La Voz del 8 de junio de 1922 ser discípulo de Antonio el Portugués: "Yo también lo soy [hijo de Graná] y discípulo del mago (1) del cante Antonio el Portugués, ya fallecido". En esta entrevista que le hizo "El Reporter X", Milena se muestra crítico hacia las bases el Concurso de Cante Jondo que Manuel de Falla iba a organizar en Granada. Tomemos nota porque al respecto, un íntimo amigo y estrecho colaborador de Falla, el violoncelista granadino Segismundo Romero, vivió largos años en Castilleja de la Cuesta —en la barriada de la Inmaculada—, y en el cementerio de nuestra Villa reposan sus restos. Muy pronto ofreceré extensa noticia de la vida del músico Segismundo.
(1) Un adjetivo que encaja a la perfección en la tesis que sustento en esta entrada. La "magia" del cante hondo es un tópico entre comentaristas y críticos, con reminiscencias de las oscuras épocas antiguas que referí más arriba. Por otro lado, la persecución de la pureza del cante entre aquellos viejos intérpretes de finales del siglo XIX y principios del XX, quienes pugnaban por su conservación en las formas originales y prístinas, también tiene algo que ver con los curanderos-boticarios, con sus medicamentos y drogas "limpias", y con la Inmaculada Concepción, persecutores de los mismos fines si bien en otro plano. Todo ello es un conglomerado de elementos que de alguna forma más o menos definida se relacionan unos con otros, y que amerita un análisis más detallado y extenso que el que presento aquí, aunque más tarde pienso volver sobre el tema. Adelanto una mención a cierta sala de fiestas castillejense llamada "El Embrujo", que a finales del siglo XX fue un semillero de artistas tan reconocidos como la coplista Rocío Jurado, Chiquetete con su cuadro flamenco, o su prima Isabel Pantoja.
Otro de los discípulos de Antonio de Silva fue Manuel Celestino Cobo "Cobitos" (1896-1986), jerezano criado en Sevilla y trasladado a Granada tras su adolescencia, que transmitió, grabándolas, las soleares personales de su maestro.
En Recuerdos y confesiones del cantaor Rafael Pareja, de Triana (Ediciones de La Posada, 2001), su autor Juan Rondón Rodríguez dice que Pareja aseguraba que Antonio el Portugués había nacido en Castilleja de la Cuesta.
Se refiere a Antonio el Portugués, —colocándolo en categoría inmediatamente después de Silverio Franconetti—, Ernest Guasp en su artículo A la recerca dels gitanos. De Nina Raievska a la Cuenca ( Mirador: setmanari de literatura, art i política, 23 de enero de 1936):
"Li feia la competència, i gairebé l'igualava en prestigi, Antonio el Portugués, el que més valia després de Franconetti d'entre els cantadors que aleshores sonaven i que eren, entre altres, Paco el Sevillano, Lorente, Porreta, el Mezcle, Carito, Chato de Jerez, el Hollero, el Marrurro, Enrique Ortega, Salvaorillo el de Jerez i Juan Junquera".

Dolores Parrales Moreno "La Parrala"
Siguiendo a Manuel Bohórquez (v.s.) sabremos que El Portugués debió tener mucha vinculación con Huelva, donde probablemente estableció el primer contacto con su maestra, la moguereña Dolores Parrales Moreno, "La Parrala". Dolores era, a su vez, fiel seguidora de Franconetti, y a través de ella Antonio de Silva lo conoció y estudió. El ya referido Fernando Rodríguez (v.s.) en su biografía de esta cantaora de Moguer vuelve a mencionar a Antonio de Silva:
"La Parrala fue la maestra del que después fue gran cantador, Antonio Silva, el Portugués, que llegó a cantar admirablemente los cantes de Silverio, habiéndoselos aprendido de su notabilísima profesora, la cual se tomaba gran interés para que el Portugués dejara su oficio de carrero y se dedicara al cante, puesto que reunía condiciones para ello".
Bohórquez especula sobre los comienzos de El Portugués, al que sitúa tras abandonar Castilleja de la Cuesta con su familia, merced a los padrones de habitantes de la capital andaluza, en el centro flamenco sevillano entre la Alameda de Hércules, la plaza de Argüelles y la calle Morgado:
"Antonio Silva El Portugués tuvo que haberse criado en Sevilla capital y en buena zona flamenca, empadronado en zonas como Alameda de Hércules, Plaza de Argüelles y Morgado, siempre cerca de donde se cocían todos los guisos flamencos y estuvieron las mejores academias boleras.
Al no ser un cantaor de corte comercial, es muy difícil poder hacer una completa biografía de este artista porque no apareció apenas en la prensa de su tiempo, ni en los carteles. Empezaría a cantar y a tocar la guitarra en el inicio de la séptima década del XIX, ya con Silverio viviendo de nuevo en Sevilla y los primeros cafés cantantes funcionando cada noche. Era una época muy buena para formarse como cantaor porque estaban casi todos los artistas de Andalucía en Sevilla, en cafés como El Burrero, el Salón Silverio y El Filarmónico. Por otra parte, los artistas iban ya mucho a otras ciudades andaluzas como Málaga, Almería, Córdoba, Granada o Cádiz. Pero lo cierto es que no hay muchas noticias de cómo pudo ser la trayectoria de quien, por diversos testimonios muy fiables, como Fernando el de Triana o Rafael Pareja, era estimado como gran cantaor.
El final de Antonio Silva no fue nada agradable. En 1918, según el Diccionario Enciclopédico del Flamenco (Cinterco, 1988), se embarcó en una gira junto a Cobitos (v.s.), entre otros artistas, otro de sus discípulos, estando ya muy mayor y delicado de salud. Muy pocos aficionados sabrán que Manuel Celestino Cobos, aunque nació en Jerez de la Frontera, de donde eran su madre y abuelos maternos, se crió en Sevilla porque sus padres se afincaron en esta ciudad en 1897, cuando Cobitos tenía solo 2 años. Su encuentro con El Portugués tuvo que ser decisivo para dedicarse al cante, según me comentó la única vez que pude hablar con él en Granada:
'El Portugués era buen cantaor, pero también tocaba la guitarra muy bien y ponía los cantes como nadie. Te decía esto es en este tono, por aquí, y por eso fue siempre un maestro para mí y para Centeno, el Herrero, el Colorao, Rebollo, el Carbonerillo, Rengel…'
Poco tiempo después de esa gira con Cobitos cayó enfermo y se vio con problemas para comer, así que se reunieron unos artistas y le organizaron un beneficio, que es como se les llamaba entonces a los homenajes benéficos. El 5 de diciembre de 1919 se celebró un gran festival en el Salón Variedades, que a partir de 1918 comenzó a ser una sala importante para el flamenco. [...] Estaba en la calle Amor de Dios, 23, y Trajano, 14, o sea, que daba a dos calles de mucha historia de academias boleras y cafés. Acabó siendo el Cine Trajano. Como el guitarrista Antonio Moreno, que dirigía el cuadro, era muy amigo de El Portugués, se encargó de hacer un cartel de lujo para su homenaje, que quedó como sigue: El Cojo de Málaga, Fernando el Herrero, José Cepero, el Colorao de la Macarena, Manuel Vallejo, las hermanas Pompi y el Niño Gloria, en el cante. De tocadores, el propio Antonio Moreno, Pepe el Jerezano, Manolo Moreno, Currito el de la Jeroma y Manolo el Carbonero, que no era el cantaor de la Macarena, El Carbonerillo, sino un adolescente Niño Ricardo, discípulo entonces de Antonio Moreno. Y en el baile, Frasquillo y su discípulo Antonio García, que no era otro que Antonio Triana.
Fue un éxito artístico y económico sin precedentes y el Portugués pudo vivir cómodamente hasta su muerte, ocurrida algo más de dos meses después del beneficio, el 24 de febrero de 1920, en el número 37 de la céntrica calle San Eloy de Sevilla, cerca de donde el cantaor onubense Antonio Rengel tuvo su célebre Pensión Lisboa. Antonio Silva murió a los 67 años como consecuencia de un ateroma, una placa que obstruye las arterias hasta producir un infarto coronario. Un ateroma en la cabeza, es lo que hoy conocemos como un ictus".
Y respecto al nacimiento y bautismo de nuestro cantaor, Manuel Bohórquez ha demostrado fehacientemente que al menos el segundo hecho tuvo lugar en tierras de Portugal, lo que le valió su sobrenombre artístico.
Fue bautizado en la parroquia de San Juliáo de la ciudad costera de Figueira da Foz (Coimbra, Portugal), el 26 de abril de 1852. Según su partida bautismal, nació el 17 de marzo de 1851, habiendo así transcurrido un año hasta que recibió las aguas purificadoras. El flamencólogo Bohórquez se extiende en consideraciones tendentes a hacer a Antonio el Portugués nacido en Figueira, pero sin base alguna que así lo determine. Como vemos en la partida de bautismo que transcribo, sus abuelos maternos sí eran naturales del reino vecino.
"Aos veinte eseis dias do Mez d'Abril de Mil oito centos e cincoenta e dois, Baptisci solemnemente e púz os Santos Oleos a hum Menino, que se chamon Antonio, e nascio a dezasite de Março de Mil oito centos e cincoenta ehum, filho ligitimo de Pedro da Silva Olive, natural de Castilhega de la Cuesta, e de Gertrudes Estrada Balhesteiros Olive, natural de Sevilha, na Andalusia, e freguesía de S. Juliao. Avuelos Paternos, Pedro da Silva, natural de Castilhega de la Cuesta, e Dionizia Olive tamben da li: Maternos José María Estrada e Gertrudes Balhesteiros, naturales de Silva-Ferai. Padrinhos Manoel Joaquim Alves assistente na Bahira e natural desta freguezia da Figueira, por procuraçao que offrecio José da Silva Estrada, Irmao do Baptizado (1), e Maria Fortunata filha de Manoel Alves Pereira, residente n'esta Vilha. Epara constar fiz este afsento, dia mez e anno ut supra. Declaro que os Pais de Baptizado sao Hespanhoes esí appresentareo o Baptizando no tempo a cima dito. Nigario Jose Reburo Arovao".
(1) Este José de Silva Estrada hermano de Antonio el Portugués nació en Sevilla el 21 de marzo de 1841 a las 12 de la noche en la calle de la Cañaverería n.º 1, y en su partida de bautismo aparece el padre con la profesión de panadero y nacido en Sevilla, al igual que la madre, Gertrudis. Y los abuelos paternos, Pedro de Silva y Dionisia Caro, nacidos en Castilleja de la Cuesta, mientras que los maternos, José Estrada y Gertrudis Ballesteros, figuran con Sevilla como su naturaleza.
A los Silva de Castilleja los encontramos concentrados en la calle de Enmedio. Pedro de Silva Llorente vivía en la indicada calle, en el n.º 12, en el año 1818. Luego, en el padrón de 1852, con 76 años de edad y viudo de Dionisia Oliver Caro, lo volvemos a encontrar en el mismo domicilio. Sus hijos, tíos del cantaor Antonio el Portugués, fueron Antonio (1a), Manuel (1b), José (1c),
(1a) Antonio Silva Oliver, marido de Salvadora Oliver e hijo de Pedro de Silva Llorente y de Dionisia Oliver, compró, según escritura del 3 de diciembre de 1850, una casa a los hermanos Juan, Antonio, María Dolores y Josefa Adorna Vanderleye*, herederos de María de la Concepción Vanderleye, quien fuera hija de Luis Vanderleye** y viuda de Francisco Adorna. La casa en cuestión, con el n.º 59 de la Calle Real y justamente enfrente de la iglesia de la Inmaculada Concepción, lindaba por levante con casas de Diego Rosales Durán, y por poniente con casas de Manuel Oliver López. Tenía "un pasadizo o zanguán, una pieza de asistencia, una sala con su dormitorio, un soberado para encerrar granos, y un pedazo de corral cercado de tapias, con pozo de medianía". Luis Vanderleye la había comprado al doctor José Joaquín García, abogado de los Reales Consejos, vecino de la villa de Madrid.
Antonio Silva Oliver murió en 1877:
Antonio Silva Oliver. Casado. Como cura propio y Beneficiado de la parroquia de Santiago de esta villa, y párroco Castrense de ella, provincia y Arzobispado de Sevilla, mandé dar sepultura Ecctca. al cadáver de Dn. Antonio Silva Oliver, marido que fue de Salvadora Oliver, e hijo legítimo de Pedro Silva Llorente y Dionisia Oliver, todos naturales y vecinos de esta villa. Murió el día diez del corriente a las seis de la mañana y a los ochenta y siete años de edad, después de haber recibido el Sacramento de la Penitencia y Extremaunción y habiendo testado ante Dn. Fernando Ganzinotto y Morillo, Notario de Sevilla. Fue su muerte de una lesión orgánica del corazón según opinión médica, y fueron testigos Manuel Oliver Palomino y Antonio García Sánchez. Y para que conste lo firmo en Castilleja de la Cuesta a once de Enero de mil ochocientos setenta y siete. Miguel de Puya Granados.
* Algunos de los vendedores de la casa, nietos por línea materna de Luis Vanderleye, eran menores de edad, y uno de ellos tuvo por su tutor curador a Fernando Cansino Domínguez, quien casado con una Durán fue padre de los panaderos Cansino Durán, antecesores de los farmacéuticos que ya conocemos.
Fernando y Manuel Cansino Durán sufrieron varios encontronazos con la justicia de nuestra Villa, en una ocasión por despachar con medidas no contrastadas, engañando en el peso a sus clientes, en varias otras por tener en sus casas montones de estiércol, contraviniendo la normativa de salud pública, y en una última ocasión por mantener en el corral de su panadería cuarenta cabezas de ganado de cerda, lo cual también estaba prohibido por cuestiones de higiene.
** Los Vanderleye, de origen flamenco, tuvieron considerable preponderancia social en la Castilleja del Siglo de las Luces. Falleció Luis a causa de sífilis, lo que pudo ser el motivo del suicidio del boticario Salvador de los Reyes (v.s.):
"Por último anotamos que los testigos del documento testamentario, redactado en casa del escribano José Cordero Baena el día 10 de febrero de 1745, eran Salvador, el boticario que se suicidaría tras la muerte de su paciente sifilítico, Luis Vanderleye, hermano de Juan, el repugnante notario del cura don Miguel, y un personaje que va a dar motivo para un par de capítulos: el clérigo de menores, médico y amigo íntimo de uno de los hidalgos venidos a menos del clan de los Oyega, don Antonio de Narváez". Un aperador acosado (VII). Agosto de 2008.
(1b) Manuel Silva Oliver, casado con María del Carmen Oliver López, hermana del capitán Francisco Oliver. Otro hermano, José Oliver López, fue tatarabuelo de quien esto escribe.
En el año 1852 vivía Manuel Silva con su mujer e hijos en la Calle Real n.º 47. Por entonces tenían a María del Carmen, de 25 años de edad; Dionisio, de 22; Manuel, de 20; María Isidra, de 17; José, de 16*; y Lorenzo, de 12**.
Manuel Silva Oliver moriría en 1875:
Manuel Silva Oliver. Viudo. Como cura propio y Beneficiado de la iglesia parroquial de Santiago de esta villa, Provincia y Arzobispado de Sevilla, y Cura Castrense de ambas parroquias, mandé dar sepultura Eclessca. al cadáver de Dn. Manuel Silva Oliver, marido que fue de Carmen Oliver López e hijo legítimo de Pedro Silva Llorente y de Dionisia Oliver Caro, todos naturales y vecinos de esta villa. Murió de una diarrea crónica según opinión médica, después de haber recibido los Stos. Sacramentos de la iglesia, y a los setenta y cuatro años de edad, no testando por no tener bienes; fueron testigos Francisco Rosales Ortiz, Manuel Oliver Palomino y Dn. Francisco Ortiz Camacho. Y para que conste firmé la presente en Castilleja de la Cuesta a veinticinco de Mayo de mil ochocientos setenta y cinco. Miguel de Puya y Granados.
* José Silva Oliver. Andando el tiempo fue de oficio capataz de hacienda y casóse con Antonia Pacheco Ramos. Murióseles uno de sus hijos con 7 años de edad, el párvulo José Silva Pacheco, el cual falleció en la calle de Enmedio n.º 15 a las 5,30 de la noche del 27 de diciembre de 1879, según certificó el facultativo don José Payán. Testigos, Manuel Pacheco Aguilar y Narciso Pérez Montiel. Su partida de nacimiento es la que sigue:
En la villa de Castilleja de la Cuesta correspondiente a la Provincia y Arzobispado de Sevilla, Abadía suprimida de Olivares, y en la actualidad sujeta a la jurisdicción Ecletca. del dicho Arzobispado, Yo, Dn. Miguel de Puya y Granados, Pbro. Cura propio y Beneficiado de la iglesia parroquial del Sor. Santiago, Párroco Castrense de esta expresada villa, bauticé solemnemente a un niño que nació el día veinte y ocho del corriente a las once de la mañana, hijo legítimo y de igual matrimonio de José de Silva Oliver, de oficio capataz, y de Antonia Pacheco y Ramos, siendo sus abuelos paternos Manuel de Silva Oliver y Carmen Oliver López, y los maternos José Pacheco Navarro e Isidora Ramos Rodríguez, todos naturales y vecinos de esta dicha villa, y se le puso por nombre José, Antonio, Rafael, Julián de la Stma. Trinidad; fueron sus padrinos José Pacheco Ramos y su hermana María Josefa, solteros, a quienes advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones que habían contraído, siendo testigos Juan Villadiego y Manuel Sánchez, acólitos. Y para que conste extendí y autoricé la presente partida en el libro de bautismos de dicha parroquia, a treinta y uno de Enero de mil ochocientos setenta y dos. Miguel de Puya y Granados.
** A este Lorenzo Silva lo vamos a encontrar años después en el negocio del teatro de la Calle Real (ver Los olvidados, 12i. Marzo de 2021), lo que podría ser un indicio de los condicionantes y circunstancias motivadores de la futura carrera de su sobrino El Portugués como intérprete de cante hondo:
"Señor Juez Municipal de esta Villa. José García Rodríguez, vecino de esta Villa, con cédula personal de novena clase, de estado casado, carpintero: Solicita de Vd. se sirva citar a Narciso Rodríguez Oliver a acto de conciliación con el que habla, que contra él tengo que ejercitar las acciones y derechos con arreglo a la Ley, para que me entregue los enseres mobiliarios con 160 sillas del Teatro, que existen en su casa, Calle Real n.º 99, lo que amistosamente no he podido conseguir. Castilleja de la Cuesta a 13 de septiembre de 1882. José García.
Acta. Se señala para el acto conciliatorio que esta parte solicita las tres de la tarde del día catorce de este mes, en los estrados del Juzgado, Calle Real n.º 15. Cítense a las partes para que por sí o por medio de apoderados y asociados y hombres buenos concurran a la diligencia. Entregado al demandado.
Acta de Conciliación. Don José García con don Narciso Rodríguez. En la villa de Castilleja de la Cuesta a catorce de septiembre de mil ochocientos ochenta y dos, ante Dn. Fernando Cansino Cabrera, Juez Municipal, y Dn. Francisco Ortiz Camacho, Secretario, han comparecido a celebrar acto de Conciliación, por una parte y como demandante Dn. José García Rodríguez, vecino de esta villa, con cédula personal de novena clase, de estado casado, carpintero y mayor de edad; y por la otra como demandado Dn. Narciso Rodríguez Oliver, de igual domicilio, casado, propietario y también mayor de edad. Y el primero expone: Que, reproduciendo su demanda, pide que el Dn. Narciso Rodríguez se allane a entregarle el escenario, sillas, lucernas y demás enseres que pertenecen al Teatro establecido en la casa del Dn. Narciso, porque todo ese mobiliario le pertenece en propiedad y pleno dominio, y que sin embargo que se lo ha reclamado en términos amigables, no ha podido conseguirlos. Enterado el demandado Dn. Narciso Rodríguez Oliver, contesta: Que está pronto a entregarlo todo, siempre que se le abonen ciento setenta y cinco pesetas que le deben de rentas vencidas de la casa que ocupa el citado Teatro. El actor replica: Que está pronto a acceder a lo dicho por el demandado, siempre que éste deje que saque su Teatro con el mobiliario, que le corresponde como ha dicho, y que vendiéndose poco a poco el mobiliario dicho, irle pagando al Dn. Narciso hasta que se le reintegre de sus legítimos intereses; cuyo dinero entregará así y por partidas, como se vaya vendiendo, al Sr. Juez Municipal, para que éste le vaya haciendo entregas para el dicho efecto al Dn. Narciso Rodríguez. El mismo Sr. Dn. Narciso Rodríguez contrarreplíca: Que está en todo conforme con lo manifestado por el García Rodríguez, siempre que no se falte a lo manifestado por todos. Los hombres Dn. Francisco Ortiz Barrionuevo y Dn. Lorenzo de Silva Oliver, como asociados, en vista de la conformidad prestada por estas partes, se abstuvieron de hacer proposiciones de avenencia; y el Señor Juez Municipal, vista asimismo la avenencia tenida por estas partes, condenó a las mismas a estar y pasar por lo pactado, dando por terminada esta acta de Juicio, que firma con los concurrentes a él que saben hacerlo. Y de todo ello, como Secretario, Certifico. Fernando Cansino. José García. Lorenzo Silva. Francisco Ortiz".

Firma de Lorenzo Silva Oliver, primo hermano de Antonio el Portugués y participante en la empresa teatral callerrealenga, donde es lógicamente imaginable que se celebraran jornadas musicales y flamencas.
Desde antiguo y como aconteció en todas las comunidades más o menos numerosas y complejas, la música estuvo presente en ámbitos familiares o en plena calle castillejense. En Castilleja privaba la espontaneidad de algunos aficionados a la vihuela o a la guitarra, al cante y al baile, quienes constituían coros informales en fiestas públicas o privadas. He documentado ciertos conflictos surgidos entre estos grupos, en general de gente joven y jaranera, y las autoridades del pueblo.
En el lado opuesto, los músicos profesionales también tuvieron presencia en la Villa, siendo una de las primeras de estas presencias el grupo de instrumentistas de la catedral hispalense que con ocasión del cumpleaños de cierta monja del convento de dominicas, allá por el siglo XVII, fueron contratados para amenizar el evento.
Anteriormente destaca un maestro, Pedro Fernández de Castilleja, sobre el que tenemos pendiente unos apuntes biográficos:
Como muy bien expone Jacques Attali en Ruidos. Ensayo sobre la economía política de la música (Ruedo Ibérico, 1977), desde otra perspectiva mucho más prosaica y moderna que la mágico-hechiceril contemplada más arriba en esta entrada —aunque compartiendo bastantes elementos comunes—, y considerando el órgano humano de fonación como otro instrumento musical, la política no es ajena al fenómeno:
"Mucho más que los colores y las formas, dan forma a las sociedades los sonidos y sus combinaciones. Con el ruido nació el desorden y su contrario: el mundo. Con la música nació el poder y su contrario: la subversión. En el ruido se leen los códigos de la vida, las relaciones entre los hombres. Clamores, Melodía, Disonancia, Armonía; cuando le da forma el hombre con herramientas específicas, cuando invade el tiempo de los hombres, cuando es sonido, el ruido se convierte en fuente de proyecto y de poderío, de sueño: Música. Almendra de la racionalización progresiva de la estética, así como refugio de la irracionalidad residual, instrumento de poder y forma de ocio.
Por doquier códigos analizan, marcan, restringen, adiestran, reprimen, canalizan los sonidos primitivos del lenguaje, del cuerpo, de las herramientas, de los objetos, de las relaciones con los demás y consigo mismo.
Toda música, toda organización de los sonidos resulta entonces una herramienta para crear o consolidar una comunidad, una totalidad; es vínculo de un poder con sus súbditos y, por lo tanto, más generalmente, un atributo del poder, sea cual fuere. Una teoría del poder exige, pues, en la actualidad una teoría de la localización del ruido y de su conformación. Instrumento de señalización de su territorio por las aves, el ruido se inscribe, desde su origen, en la panoplia del poderío. Equivalente al enunciado de un espacio, indica los límites de un territorio, los medios de hacerse escuchar en él y de sobrevivir extrayendo de él el alimento (1). Y como el ruido es fuente de poder, el poder ha estado siempre fascinado por su escucha. En un texto extraordinario y poco conocido (2), Leibniz describe minuciosamente la organización política ideal, el 'Palacio de las maravillas', autómata armonioso, donde se despliegan todas las ciencias del tiempo y todas las herramientas del poder: 'Estas edificaciones estarán construidas de tal manera que el dueño de la casa pueda oír y ver todo lo que se dice y hace sin que se le aperciba, por medio de espejos y tuberías, lo cual sería una cosa muy importante para el Estado y una especie de confesionario político'. Escuchar, censurar, grabar, vigilar son armas del poder. La tecnología de escucha, de ordenación, de transmisión y de grabación del ruido se inscribe en el centro de ese dispositivo. El simbolismo de las palabras heladas, de las Tablas de la Ley, de los ruidos registrados y de la escucha son sueños de politólogos y fantasmas de hombres de poder: escuchar, memorizar, es poder interpretar y dominar la historia, manipular la cultura de un pueblo, canalizar su violencia y su esperanza. ¿Quién no presiente que en la actualidad el proceso llevado al límite extremo está haciendo del Estado moderno una gigantesca fuente única de emisión de ruido, al mismo tiempo que una mesa de escucha general? ¿Escucha de qué? ¿Para hacer callar a quién?
La respuesta la dan, clara e implacable, los teóricos del totalitarismo. Todos ellos, indistintamente, han explicado que había que prohibir los ruidos subversivos porque anuncian exigencias de autonomía cultural, reivindicaciones de diferencias o de marginalidad: la preocupación por el mantenimiento del tonalismo, la primacía de la melodía, la desconfianza con respecto a los lenguajes, los códigos, los instrumentos nuevos, los rechazos de lo anormal aparecen en todos estos regímenes, traducción explícita de la importancia política de la represión cultural y del control del ruido. En eso, la música se expresa como no inocente".
(1) 'Sea, pues, que se busque el origen de las artes, sea que se observe a los primeros pregoneros, se ve que todo está relacionado en su principio con la manera de procurarse la subsistencia'. J. J. Rousseau, Essai sur l'inégalité.
(2) 'Drôle de pensée touchant une nouvelle sorte de représentations' in E. Gerlend, Leibnizens Nachgelassene, pp. 246-250, publicado por Y. Belaval, NRF [Nouvelle Revue Française], octubre de 1958, y citado por Michel Serres en 'Don Juan ou le Palais des Merveilles', Les Études Philosophiques, n.º 3, 1966, p. 389.
Es idóneo el momento para recordar lo que, refiriéndose a la rapidísima manera en que se propagaban las noticias en la Sicilia del siglo XIX, Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa, dice en su novela histórica El Gatopardo: que, más que Trinacria, la isla italiana debía tener como símbolo la siracusana Oreja de Dionisio, una cantera que aquel tirano convirtió en prisión, cuyas excepcionales condiciones acústicas le permitían oír todo lo que hablaban los presos: "Hace [la Oreja] resonar el más leve suspiro en un radio de cincuenta metros".
(Continúa en la entrada siguiente)
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